Rosas

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lunes, 22 de julio de 2019

El Gral. San Martín y los Chatarreros


Por Enrique Díaz Araujo
La situación ha sido bien sintetizada por uno de los más caracterizados historiadores oficialistas. Luis Alberto Romero, pontífice y factotum de la historiografía «democrática» (él es a la Historia lo que Mempo Giardinelli a la Literatura, Jaime Barylko a la Filosofía y Tomás Abraham a la... que sea), ha escrito que: 
«La derrota militar (de Malvinas) abrió el camino a la democracia y a la posibilidad de rever imágenes de la historia...El nacionalismo militar del Estado alimentó una actitud paranoica: la Argentina «tenía un destino de grandeza»... Los ciudadanos necesitan afrontar otra discusión: qué imagen de San Martín debemos recuperar para la democracia...Necesitamos contar otra historia...San Martín no puede ser un héroe divino como Aquiles...Al fin, cambiarle la historia al paciente es una buena forma de terapia».   Al pronto, ese texto inclina al cotejo con aquel otro que hace unos años publicara el desinhibido Carlos Escudé, en el que sostenía que la reivindicación malvinera era un acto demencial: Vemos ahí cómo tanto el alto funcionario del área de Estudios Sociales de la Ciudad de Buenos Aires durante la Intendencia Procesista del Brigadier Osvaldo Cacciatore, cuanto el ex asesor del canciller Guido Di Tella y propiciador de la entrega de Malvinas y el Beagle, se inclinan por diagnósticos patológicos del patriotismo aún subsistente -¡milagrosamente subsistente!- en el país. Quienes todavía creen en la Patria, o en su integridad territorial, demográfica y cultural y los que cometen el imperdonable error de soñar con un destino peraltado de grandeza nacional, serían unos locos de atar. Y ellos, psiquiatras autodesignados y autopatentados, a base de imágenes sensoriales subjetivas y televisivas, adecuadas a esta «Democracia de la Derrota», nos reinventan una «Historia Derrotista».  
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¡Feliz culpa! ¡Feliz derrota! que nos deparó tan hermoso bien. Democracia Malvinera. Democracia de la Derrota. Un demoentreguismo como el que nosotros impusimos por la fuerza de la armas en el Paraguay, en 1870, con el Triunvirato formado por Loáizaga, Díaz de Bedoya y Rivarola ... Por otra parte, enseguida vemos que aquel esfuerzo antihistórico se emparenta además con lo que muchos de los demócratas malvineros denominan «el cambio de los paradigmas sociales, en tiempos de la globalización». Aforismo que, traducido a un mejor castellano, quiere significar la conveniente pérdida de nuestra cultura nacional para reemplazarla por otra más aceptable para el triunfante Imperio Norteamericano.  En este punto, es ineludible recordar el texto del novelista checo Milán Kundera, cuando, mentando las técnicas empleadas por el Imperio Soviético que esclavizó a a su Patria, escribió que: «Para liquidar a las naciones, lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su Historia.Y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra Historia»  La apuesta reside en cambiar la memoria de los hombres». Es decir, que los proyanquis marxistas posmodernos de hoy, calcan los métodos de los prorrusos marxistas stalinistas de ayer.  En eso, ni más ni menos, es en lo que están. Y, para que olvidemos quienes somos, ellos deben comenzar por intentar destruir los símbolos nacionales. Luego, en este período de nuestra trágica historia, de enorme indigencia intelectual y de inmensa insolvencia moral, nacido de la derrota del 14 de junio de 1982. 
La gente sencilla y decente se pregunta: ¿cómo son posible semejantes atentados ...? La respuesta es simple, aunque un tanto dolorosa.  La Argentina es un país vencido, y convencido por los vencedores de Malvinas. En lugar de las fuerzas militares de ocupación, como en la Francia de los años '40, acá vigilan los inspectores del FMI, del Department of State y de «Amnesty International ». En su nombre, y con su visto bueno, gobiernan los políticos y aprueban las empresas multi-mediáticas con sus comunicadores de prensa (los periodistas de la «mala leche»).  Como en aquel París ocupado, ellos son los «colaboracionistas»  En su pasaporte, los dueños de la globalización han puesto un sello que dice: «democrático», que les permite circular por donde les guste; sin él, el habitante común queda rebajado a la situación de paria, sólo apto para ingerir la papilla «democrática». Luego la cultura (o contra-cultura) que se difunde es la que permiten los globalizadores, y no otra. Vencer y convencer.  Se destruye el orden familiar de sacrificio austero y mutua tolerancia y en su reemplazo se yerguen los «parejeros», con su egoísmo trascendental, dando consejos sobre el aborto, el Sida, la planificación filial y otras yerbas. Esto es: la miseria moral, que precede y sustenta la miseria económica. Miseria moral en cuya cuna se mece el delito.   El procedimiento para instalar el nihilismo, destructor de la moral social, es conocido. Lo primero consiste en la desacreditación de lo Sacro. Puesto que todo Poder proviene de lo Alto, el Principio de Autoridad natural depende de la legitimidad de esa concepción teocéntrica. Entonces, para astillarlo, nada mejor que reemplazarlo por la teoría de los «consensos» pluralistas y voluntaristas de tipo calvinista.  Nos incumhe hoy ocuparnos del caso de los «chatarreros» sanmartinianos. Llamamos «chatarreros» a esos individuos, dada su vocación irrefrenable por la escoria, su obsesión en sacarle el bronce a las estatuas, con nocturnidad de ser posible. En efecto: con vistas a «humanizar» la imagen del Gran Capitán de los Andes, en diversos libros de vasta circulación y publicidad, le han endilgado una amplia gama de cualidades sobresalientes.San Martín sería, en su sucia versión: hijo ilegítimo, mentiroso, onanista, masón, agente inglés, adúltero y cornudo a un tiempo, opiómano y borrachín, desamorado y mujeriego, «tape de Yapeyú», militarote engreído, e ingrato ante las peticiones «in extremis» de su esposa, «Rey José», indolente en la guerra, enriquecido ilícitamente, etc., etc. De todo, menos bonito, se le ha dicho en este magnífico, «democrático» y «humanístico» recordatorio del sexquicentenario de su muerte. Por cierto, aclaran en seguida los sujetos, que nada de lo enunciado afecta el «buen nombre y honor» del General; coartada pueril que, no obstante su endeblez, les ha permitido continuar profiriendo sus injurias y calumnias en la más perfecta impunidad (puesto que, al parecer, los organismos oficiales e institutos nacionales a quienes les compete custodiar la memoria del prócer, han optado por la inacción). Tal vez, como se trata nada más que de San Martín o del Himno Nacional, la cosa carece de importancia... En una carta del 23 de febrero de 1819, San Martín definía al grupo de Alvear y Carrera, que lo injuriaba con pertinacia, como «los anarquistas de Montevideo». Ahora, los «anarquistas» adversarios del Gran Capitán, se hallan radicados principalmente en Buenos Aires, aunque en ciertas ciudades del interior también abunden nutridos lotes de «humanizadores». Ellos configuran el «partido de los malvados», del que hablara el Libertador, en su carta a Tomás Guido, del 15 de diciembre de 1816. Partido subsistente y proliferante.  No quedan dudas que esos escritores, auspiciados por la prensa amarilla, han hecho todo el mal que han podido. No debe olvidarse en este recordatorio a un «multimedio», «progresista» por definición, cuyos directorios y origen de sus capitales constituyen un secreto guardado bajo siete llaves. Con sus radios, diarios, redes televisoras y casas editoriales ha contribuido decididamente a esta campaña contra el Libertador, tocando la trompeta derrotista. 
Ellos conocerán sus motivaciones.  Sin embargo, no creemos que se deba dar demasiada beligerancia a esa laya de personas. Hay que advertir nada más que los cofrades de la logia progresista han hallado un santo y seña unitivo del que ninguno se ha privado de usar, en la faena de «desbroncear», para no quedar afuera de este gran banquete antisanmartiniano. Y hasta pujan entre ellos para ver quién profiere una torpeza mayor. En fin: que de todo hay en la viña del Señor (aunque abunde más la cizaña que el trigo).
El sector más ignaro del chatarrerismo, esto es, el del periodismo, cree que las calumnias ahora publicadas constituyen una novedad historiográfica. Por eso, además de las concomitancias antes apuntadas, aplauden a los «novedosos». Ciertamente, que nada hay de nuevo en este terreno difamatorio. Enseguida veremos de qué manera se gestó esta empresa infamante por José Miguel Carrera y Carlos de Alvear. Pero, sin necesidad de ir tan lejos, los embobados pendolistas, antes de elogiar la «nueva» producción, podrían haber consultado las más divulgadas obras de la historiografía chilenista, como las de Benjamín Vicuña Mackenna o de Miguel Luis Amunátegui Reyes, quienes siempre que podían darle una mano de bleque al General no se privaban de hacerlo. 
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O ya, sin términos medios, examinar la producción carrerista chilena. Las del presidente del «Instituto Histórico Carrera» Eulogio Rojas Mery, las del uruguayo Silvestre Pérez, o, sobre todo, las de José Miguel Yrarrázaval Larraín, de refinada maldad antiamericana.  Asimismo, podían haber registrado la bibliografía españolista contraria al Libertador. No decimos que se pusieran a leer a Torrente o a García Camba, pero sí el manualito de Mariano R. Martínez, J. de San Martín íntimo.   Ahí hubieran conocido, para su sorpresa, que argumentos como el del peculado de Alvarez Condarco, el enriquecimiento ilícito o su desamor por su esposa Remedios, eran bastante más antiguos que lo que ellos suponían Claro que éstos de acá se han ahorrado esos trabajos investigativos. Les ha bastado con arrimarse a un fuego que bien calienta, el de una familia que hace 185 años cultiva el odio al Libertador como una plantita de invernadero.Y allí se han encontrado con la fuente de la sabiduría ... Nada más decimos . Simplemente, que es de esperar que no se vayan a hacer después los olvidadizos, apareciendo de rondón en los consabidos homenajes que anualmente tributan a San Martín los «cartoneros». En cualquier supuesto, reclamamos que los descendientes de los pueblos que dieron su sangre en la campaña libertadora los recuerden perdurablemente como los traidores que son.  Bien, lo seguro es que del acartonamiento clásico hemos pasado ahora a la difamación sistemática. Desprecio que, por supuesto, ha contado con el beneplácito de los prohombres del periodismo miserable.
Nosotros, que no disponemos ni de prensa ni de medios, por el solo hecho de haber nacido en este país, nos sentimos moralmente obligados a resguardar la memoria de nuestro Gran Capitán. Empero, no contamos con espacio ni con ganas suficientes para contestar como ellas se merecerían todas y cada una de esas falsedades. De ahí que nos contentaremos con refutarlas de forma suscinta.  

domingo, 21 de julio de 2019

“Perón íntimo” es una minuciosa reconstrucción de los dos años que el entonces Coronel pasó en aquel país, en base a documentos inéditos y una correspondencia privada que nos revela al pre Perón

por Claudia Peiro
Ignacio Cloppet es historiador por afición, pero eso no lo hace menos riguroso a la hora de recopilar y analizar documentos. Perón íntimo. Historias desconocidas (Areté 2019) es su libro más reciente -pero muy posiblemente no será el último-, ya que, aunque se ha escrito mucho sobre la vida y la trayectoria política del tres veces Presidente de los argentinos, quedan todavía tramos de su aventura humana por iluminar.    Y esa es la contribución esencial de este nuevo libro de Cloppet -autor también de Los orígenes de Juan Perón y Eva Duarte y de Perón en Roma– que reconstruye lo que podemos llamar la prehistoria de Perón y que, entre otros atractivos, tiene el de incluir una correspondencia diferente a aquella que estamos acostumbrados a leer de Juan Domingo Perón: análisis de coyuntura, instrucciones de un jefe exiliado, planes de gobierno. Acá estamos frente al que todavía no es un hombre público sino uno que transita la etapa de su formación y preparación para el ejercicio del poder. Y aunque ya se percibe su agudo espíritu de observación y su naturaleza metódica y organizada, el Perón que aquí se muestra es uno familiar, confidente y coloquial, en cartas dirigidas a su cuñada, María, hermana de su fallecida primera esposa Aurelia Tizón.
En ellas, Perón vuelca algunas de sus impresiones sobre Italia y los acontecimientos en una Europa que está entrando en una sangrienta contienda; corren los años 1939 y 40. Como bien señala Cloppet, "nadie sabe a ciencia cierta qué vio y qué pensó Perón en la Italia fascista", por lo tanto "estas cartas son los primeros" y tal vez únicos "testimonios frescos y reales de puño y letra de Perón".
El autor también reconstruye la trayectoria de uno de los principales amigos de Perón en Italia, el marqués Luigi María Incisa Di Camerana, que luego se instalará en la Argentina y se convertirá en un gran promotor de las inversiones italianas en nuestro país.
— ¿Cómo llegan a su poder cartas inéditas de Perón, lo que es una gran suerte para un investigador? 
— Es cierto, gozo de suerte; pero también el producir ensayos, artículos y libros que llegan al alcance de quienes conservan documentos y no los han compartido porque los reservan como un tesoro o porque son parte de la intimidad familiar. De esa manera tengo el beneficio de no tener que estar rastreando sino que espero y llegan a mi poder. Así fue con algunas de las cartas que he publicado en este libro, Perón íntimo: a partir de una buena relación con la familia de la primera esposa de Perón, Aurelia Tizón, he podido acceder a fotos, documentos y papeles que nunca se habían visto en la historia.
— Existe mucha correspondencia de Perón, pero mayormente del Perón público. La diferencia con las cartas que usted publica es que son de cuando todavía no era una persona conocida.
— Es cierto. Perón tiene una gran producción como correspondencia en su vida pública y en el exilio más que nada, pero de lo que fue el pre Perón, que era un hombre que observaba muchísimo, no es mucha la correspondencia que se conoce, y lo llamativo es que él elegía muy bien a quién compartir las experiencias que, en este caso, tuvo durante los dos años que estuvo destinado a Italia. Tuvo una misión previa en Chile, donde desarrolló una intensa actividad como militar: académica, social, institucional, y hasta podríamos decir rozando lo político, y en Chile es donde él comienza a concebir lo que yo llamo el proto peronismo. Está dos años en Santiago, vuelve a Buenos Aires, muere su primera esposa, y él va destinado a Italia. Pienso que en esos destinos él iba madurando intensamente la idea de cambiar la sociedad argentina. Recordemos que Perón no proviene de una familia pobre, sino acomodada, su abuelo fue diputado mitrista, doctor en medicina, único doctor recibido en 1868, y Perón había visto las injusticias de la oligarquía en su familia, porque su abuela había sufrido discriminación, tuvo hijos con el médico que por mucho tiempo no fueron reconocidos.
Perón junto a su primera esposa, Aurelia Tizón, y un amigo, en Puente del Inca
Perón junto a su primera esposa, Aurelia Tizón, y un amigo, en Puente del Inca
— Pero al final se casan sus abuelos.
— Sí, en 1881 en San Justo, en la Catedral de La Matanza. Pero Perón eso lo mamó porque vivió con la abuela. A Perón lo forman su abuela Dominga y sus tías, hijas de un primer matrimonio de Dominga. Se lo acusa de populista a Perón pero él desde pequeño tiene una gran formación sensible. A los 6 años le recriminaba a su padre que los peones comieran fuera de la mesa, y eso muestra un Perón inquieto, un Perón tendiente a incluir y no a desunir, ya de pequeño. Perón tenía un gran poder de observación y de absorción de lo que veía, y en Italia fue sacando experiencias, pero también tuvo aspectos muy críticos sobre las doctrinas totalitarias. Generalmente a Perón se lo asocia con el fascismo, con las doctrinas totalitarias, y en realidad no tenía ninguna proximidad con esas ideas. Y en este libro yo lo demuestro a través de las que fueron sus relaciones, de quiénes fueron sus amigos, algo muy importante, porque cuando analizamos a un personaje tenemos que ver también cuáles fueron las figuras de ese segundo y tercer orden que gravitaron sobre su personalidad.
— También hay que evitar el anacronismo porque una cosa es lo que opinara en el año 39… mucha gente en ese momento podía tener opiniones positivas o no necesariamente negativas sobre la figura de Mussolini.
— Lo que Perón tiene es una mirada sobre la figura, la personalidad de Mussolini, pero una cosa es observar al personaje, cómo se movía, cómo actuaba en el ámbito de la política italiana, y otra cosa es acercarse o aproximarse a la doctrina o a lo que esa persona estaba realizando. Muchos historiadores o escritores o periodistas de investigación quieren ponerle el mote de fascista pero no hay pruebas concretas de una proximidad de Perón con el fascismo, no las hay, no existen. Y yo me apoyo en dos personas que han estudiado la figura de Perón que no tienen la contaminación argentina vernácula. Uno es el politólogo francés Alain Rouquié y otro es Raanan Rein, un peronólogo, vicepresidente de la universidad de Tel Aviv, que me engalana con el prólogo. Ellos tienen una teoría muy clara sobre esa ajenidad de Perón con los totalitarismos y eso en el libro yo lo explico, lo ahondo y, es más: me encantaría poder debatir con aquellas personas que siguen sosteniendo lo mismo, se publican muchos libros sobre Perón y su vinculación con el fascismo y trillan y trillan y repiten todos lo mismo.
Carta manuscrita de Perón a su tío Conrado
Carta manuscrita de Perón a su tío Conrado
— El otro gran argumento es el del posterior refugio a criminales de guerra en la Argentina, en el que también se tergiversa mucho. Usted afirma que los italianos que vinieron, lo hicieron por su cuenta y que Perón no tuvo nada que ver con ello. Tampoco Argentina fue el principal refugio de los criminales de guerra alemanes.
— A ver, Perón no tenía un programa sistemático para recibir a estos criminales, no lo tenía y tampoco estaba enterado. En el caso de Italia, aquí estuvo escondido dos años Cesare María de Vecchi, que fue uno de los quadrumviros que hizo la Marcha sobre Roma, que fue el primer embajador italiano ante la Santa Sede, tras los acuerdos de Letrán, y luego fue uno de los grandes fascistas que termina enfrentándose con Mussolini y es condenado a muerte en ausencia. Ese señor llegó a la Argentina de la mano de los salesianos; Perón nunca supo que estaba acá. Es más, no tuvo ningún vínculo y en sus memorias se explica que no llegó por Perón, y éste no lo vio en los dos años que estuvo en la Argentina, y estamos hablando de una de las figuras más importantes del fascismo.
— De todos modos, no era un criminal de guerra. Había sido funcionario del régimen pero no se le adjudican crímenes de guerra.
— Exactamente. No era como con los alemanes. Ahora, si vamos al caso de los alemanes, tampoco estaba Perón al tanto de quiénes venían; había quizás una segunda, tercera o cuarta línea de funcionarios que pudieron estarlo, pero cuántas veces las segundas líneas hacen cosas de las que la primera línea no se entera, y esas cosas no se le pueden achacar a Perón. Además, el gobierno peronista del 46 al 55 fue la época en la que los judíos fueron menos perseguidos en la Argentina, tuvieron una primavera sin discriminación ni persecuciones, a diferencia de la década infame o la anterior con la Semana Trágica y todos los movimientos nacionalistas, y con posterioridad al 55. Durante el gobierno de Perón eso no se dio, como lo explica claramente Raanan Rein.
El coronel Perón en Italia
El coronel Perón en Italia
— Además las grandes potencias vencedoras de la guerra fueron las principales recicladoras de cuadros nazis, científicos especialmente.
— El otro día estaban entrevistando al único ingeniero argentino que colaboró en el programa espacial Apolo XI y recordaba que fue creado por un ingeniero nazi,aunque algunos fueron criminales y otros científicos que no necesariamente tenían que ver con los actos criminales, ni por ser alemanes eran todos nazis. A veces todo se pone en una misma bolsa y eso es lo que le pasa a Perón con nuestros queridos colegas y detractores, que intentan vincularlo a esa doctrina; se nota que no han leído una línea de Perón, que no saben cómo se formó y de dónde surgen sus ideas. Y que me digan dónde encuentran un acto pagano, un acto de discriminación, o un acto de exclusión de la gente, si algo hizo Perón en su obra de gobierno fue recibir a todas las comunidades y respetarles sus identidades de pueblos inmigrantes a la Argentina, si bien Perón resaltó siempre la hispanidad, él no quería hacer católicos a los musulmanes, por ejemplo, no tenía conductas totalitarias para convencer a la gente. Este libro intenta aproximar estas cuestiones como para que podamos empezar a desmitificar y aclaremos las cosas; la historia se escribe con documentos, si no tenemos documentos hacemos fábula, hacemos construcción, hacemos ideología. 
— La novedad de su libro es que podemos leer cartas privadas de Perón, que no estaban destinadas a personas públicas.
— Son las cartas frescas de Perón, vírgenes, con quiénes se reunía en Italia, quiénes eran sus amigos. Sus amigos en Italia no eran fascistas, tuvo un solo amigo fascista, yo no lo oculto, que era Ercole Zanetti, un médico, que estaba en la milicia voluntaria fascista, pero era un hombre de un rango inferior. Perón se entrevista además con muchas otras personas que no tenían nada que ver con el fascismo, con el padre Carlos Gnocchi que era el capellán de los Alpinos, con Monseñor Schuster que fue un gran enemigo del nazismo y del fascismo, que fue arzobispo de Milán, y luego con los alpinos que eran sus amigos, que fueron todos antifascistas. Yo lo cuento a través del diario del marqués Luigi María Incisa Di Camerana, que fue el gran amigo alpino de Perón, es un diario inédito al que accedí, y que nos muestra cómo y quiénes eran los amigos de Perón de ese entonces.
A la izquierda, en primer plano, Luigi María Incisa di Camerana. Perón, la esposa del marqués y Evita, en la entrada del Palacio Unzué
A la izquierda, en primer plano, Luigi María Incisa di Camerana. Perón, la esposa del marqués y Evita, en la entrada del Palacio Unzué
— Es interesante que Perón, siendo militar y en aquellos años, le dio a la mujer una participación política impresionante. Hoy hay un auge de un movimiento feminista a-histórico que desconoce esto, como si la Argentina hubiera nacido hoy. Usted vincula esa conducta de Perón al papel de las mujeres en sus primeros años, en su formación inicial.
— Es cierto. La Argentina está viviendo una especie de ebullición como si la mujer argentina nace con este movimiento feminista. Es no entender la historia argentina, en la que ha habido grandes mujeres, no hablemos de Evita, podemos ir hacia la historia y vamos a encontrar mujeres que han sido baluartes y estandartes de la argentinidad y que han defendido al sexo, o al género, como les gusta decir hoy, y han sido grandes mujeres y eso no es una cosa nueva. Perón, de niño, va con sus padres a vivir a la Patagonia en 1901, Y en 1904 regresa a Buenos Aires y se queda al cuidado de sus dos tías, Vicenta y Baldomera Martirena, hijas del primer matrimonio de su abuela, que su abuela se casó dos veces, primero con un señor Martirena, y  después con Tomás Liberato (Perón), y Perón tiene una formación matriarcal, es una formación estrictamente de mujer y a Perón la sensibilidad se la brindan las mujeres, lo educan en esa sensibilidad que él tiene desde sus propias entrañas y eso es lo que a Perón le hace ver la importancia de la mujer en la formación humana, afectiva y social. Él va incorporando esa idea de que la mujer tenía que tener un protagonismo en la sociedad y en la política y por eso la elige a Evita, porque necesitaba una mujer joven del estilo de Evita, una mujer con una gran voluntad, una gran fortaleza, una mujer que rompiera las estructuras sociales del establishment. Por eso Perón no se casa con su tía, Mecha Perón, con la que tuvo un romance. Tampoco se casa con María Tizón, la cuñada, que era la otra mujer que estaba dando vueltas cuando llega Evita a la vida de Perón, Perón elige la mujer para fracturar el establishment social y aparte para romper con sus camaradas que le querían imponer con qué mujeres tenía que casarse y él ve en Evita un gran futuro para su movimiento.
— Socialmente fue algo rupturista, sobre todo para era un hombre del Ejército. 
— Pero Perón fue un transgresor, un transgresor en el buen sentido de la palabra. A  mí me encantaría que estas feministas lo reconocieran a Perón como uno de los hombres…
— Es difícil porque el feminismo actual se plantea de entrada como una guerra contra el varón.
— Bueno, pero la realidad es que le deben a Perón muchísimas de sus conquistas.  Perón se acordó de las mujeres mucho antes de que muchas de esas señoras o señoritas pensaran que tenían que poner un antes y un después en la vida de la Argentina.Perón ha tenido una gran sensibilidad hacia la mujer, en este libro lo explico, porque no es un tema menor completar la humanidad de Perón, porque para poder conocer al estadista y al hombre extraordinario tenemos que conocer su intimidad. Eso me parece clave y es lo que trato de hacer en mis investigaciones, y si no encuentro un papel, no lo invento, si no encuentro una relación, no la imagino, porque ese es el peligro cuando se hace historia usando comodines que no son hechos reales sino imaginaciones. 
El marqués Luigi Maria Incisa di Camerana, Eva Perón y Juan Perón
El marqués Luigi Maria Incisa di Camerana, Eva Perón y Juan Perón
— A diferencia de la correspondencia política que él mantuvo, sobre todo en el exilio, que en su mayoría eran cartas que podían llegar a publicarse y que podrían ser leídas por mucha gente, porque eran instrucciones políticas, análisis de coyuntura, etcétera, en las cartas que usted reproduce asoma un Perón diferente, íntimo, como dice el título de su libro.
— Sí, lo que Perón hace es elegir una destinataria, fíjese que elige todas mujeres, su cuñada y sus dos sobrinas para escribir, no elige a ninguna otra persona, y Perón las toma como las confidentes, como cuando uno llega a su casa se encuentra con su mujer o su marido y le cuenta todo lo que pasó, bueno, Perón les abre el corazón y describe todo lo que observa y eso me parece que es la genialidad de esta correspondencia, porque es un Perón fresco, virginal, no contaminado, aunque no digo que la contaminación sea mala, pero cuando 20, 30 años después de los hechos le preguntan sobre esas experiencias, Perón ya no tiene la frescura de esas cartas escritas a mano o a máquina en el momento en que él observa, él ya está en la contaminación de haber sido presidente, de que lo han derrocado, que está en el exilio, él ve toda una experiencia diferente a la de esa mirada de 30 años atrás. Esto es lo bueno de ir a la fuente fresca, esa fuente que no ha sido manoseada por la experiencia de la vida. Sino que lo muestra tal cual era Perón en ese momento.
— Aparece un Perón turista, un turista muy especial, estudioso, como siempre, y ordenado. Recorre toda Italia. Sistemáticamente, estudia, visita y va sacando conclusiones.
— Es cierto, él recorre Italia con un Fiat, la recorre prácticamente dos o tres veces en auto, porque era un hombre inquieto, quería aprovechar, es triste cuando la gente no aprovecha las cosas que tiene, así como la Argentina no aprovecha tantos beneficios, como tener un Papa argentino, por ejemplo, que lo vituperamos, es tremendo, eso es ser artífice de tu propia derrota, es ser un suicida. Pero volviendo a Perón, en Italia él aprovecha todo lo que observa y tiene miradas interesantes, pensemos que era un Perón formado en el colegio militar, que era la categoría A de la Argentina. Era un hombre que sabía poner el ojo, que tenía una gran intuición y eso le permite ser un turista calificado como digo en el libro, porque que te cuente Perón lo que ve es genial, las observaciones que él hace, lo que opina sobre el Papa, cuando lo ve a Pío XII, que lo ve en dos oportunidades, a Mussolini no lo vio, eso es falso…
— ¿Por qué cree usted que él dice que lo vio si no lo vio? ¿Es parte de la construcción de un personaje?
— Es parte de una construcción política en un momento determinado, así como encontramos en Perón que en algún caso les hace un guiño a uno, le hace un guiño a otro, no hay que olvidarse que cuando Perón dice que estuvo con Mussolini, él ya estaba en el exilio, son todas entrevistas de cuando Perón estaba con el trago amargo del destierro y del exilio, cuando se está en esa situación y se intenta volver a la Argentina o reconstruir la Argentina, él tiene que aferrarse a todo lo que tiene a su mano, que es lo que hizo Perón en ese exilio. Él juega porque él no necesitaba asesores de imagen, él era su propia imagen, su propio marketing.
Perón, con una novia italiana
Perón, con una novia italiana
— Hay un comentario que sorprendería a más de uno que es cuando Perón dice que los argentinos tenemos todo regalado, la Argentina tan abundante en recursos naturales, que no tenemos tendencia al esfuerzo y al sacrificio, y nos quejamos de nada…
— Precisamente, Perón llega a Italia y observa que hay grandes privaciones en la sociedad italiana y es entonces cuando dice: a nosotros nos viene todo de arriba, tenemos todas las riquezas y en el fondo no las aprovechamos. Es lo que hablábamos antes, como el argentino desaprovecha y Perón hace esa observación en una carta del año 39 a su cuñada: mirá, nosotros que tenemos todo, dónde estamos; y esta gente que se sacrifica, que construye, que va para adelante…
— Que no se queja.
— No se queja, es cierto, nosotros somos los reyes de la queja. 
— Bueno, además son cartas de gran frescura, hasta cuenta chistes, escribe dos párrafos en italiano, bastante bien escrito.
— Bastante bien. Y en ese momento no había Google para hacer la traducción simultánea, hay que decirlo…
— Era un correcto italiano.
— Sí, Perón antes de irse hablaba bien el italiano, lo había practicado, su bisabuelo había nacido en Génova y había llegado a Argentina en el año 1831, así que por el lado Perón tenía muchos años en Argentina, al margen de que por el lado de su madre, Toledo, tenía 16 generaciones en Argentina.
Junto a sus camaradas alpinos
Junto a sus camaradas alpinos
— Claro, tenía una parte muy criolla y otra, sí, de inmigrante…
— Pero esta conjunción de lo criollo con inmigrante es lo que a él le permite tener una gran mirada sobre la Argentina, y una gran comprensión de las necesidades de la Argentina.
— Al respecto me llamó la atención la parte en que alguien dice que se extrañó de que Perón no quisiera buscar eventuales parientes en Italia. A mí en cambio me gustó, porque últimamente hay una suerte de berretín de los argentinos, de ir a buscar un origen afuera. En cambio a Perón no parece interesarle. Es argentino y eso le basta.
— Hay una explicación, es cierto que hay una especie de furor…
— Un berretín.
— Sí, hay un berretín, un furor por saber de dónde venimos, es cierto que para transcribir mis libros busqué los orígenes de Perón, porque nunca se lo supo a ciencia cierta, lo mismo pasó con Evita, yo también descubrí los orígenes de Evita, de dónde eran los Duarte, de dónde eran los Ibarguren, se decía que eran vascos pero ¿de qué pueblo? Ahora, Perón es cierto, Perón no fue un nostálgico y eso me parece que le da esa proyección de revolucionario, de progresista, de hombre adelantado, de no mirar hacia atrás.
La ficha de Migraciones que registra su salida del país con rumbo a Italia
La ficha de Migraciones que registra su salida del país con rumbo a Italia
— ¿Cree posible que aparezcan otras cartas de ese período a otras personas?
— Estoy detrás de unas cartas que él escribió al Coronel Descalzo, que fue el capitán que lo formó, incluso publico en este libro una carta de Perón a Descalzo en la que él confiesa su esterilidad, Descalzo se estaba casando y Perón le escribe: "Espero que Dios le dé los hijos que a mí me ha negado para siempre". Hay otras cartas que Perón le escribió a Descalzo que están manos de un coleccionista que no me las ha querido compartir para esta edición, pero no hay mucho más porque yo he rastrillado las relaciones de Perón en ese momento, bueno Perón era muy amigo de mi abuelo, mi abuelo fue su abogado, fue confidente, hicieron esgrima juntos, fueron seleccionados para ir a París en el año 24 a las olimpiadas, y yo tengo cartas anteriores y posteriores a esa época. Él no escribía mucho desde Italia, la correspondencia que hay yo la he agregado, una carta a su tío Conrado, alguna correspondencia con algún amigo, con el Padre Dalesio que era el sacerdote de la Iglesia de la castrense. Por eso esta es una correspondencia realmente muy llamativa porque vemos a un Perón despojado, que cuenta lo que ve sin anestesia y eso es lo que me parece que es un valor agregado al conocer al personaje. Félix Luna y Joseph Page dicen, lo dicen los dos, que nadie sabe a ciencia cierta qué vio y qué pensó Perón en la Italia fascista, éstas cartas son los primeros y no sé si los únicos, testimonios frescos y reales de puño y letra de Perón. Acá sabemos, acá no hay especulación, acá no podemos empezar a hacer un tubo de ensayo y creer que vamos a construir al Perón fascista, por lo que él observó en Italia. 
— ¿Los originales de esas cartas están en poder de la familia?
— Sí.
— Me hace pensar en que, tal vez por las muchas rupturas institucionales que hemos sufrido, no cuidamos la memoria. Hace poco estuvo aquí Herbert S. Klein, de la Universidad de Stanford, donde tienen un inmenso archivo sobre Perón, y se preguntaba cómo era posible que no hubiera aquí un instituto que guardara el archivo de la historia de Perón y del peronismo. Pero aquí la gente se debe preguntar ¿a quién le voy a donar esto?, ¿a quién se lo doy si lo quisiera dar?, ¿al Estado argentino? 
— Bueno, yo tengo varias cosas en el archivo, correspondencia de gente de la política argentina; han llegado a mis manos porque la gente te lo facilita, tengo muchos originales también. Ahora, si hoy yo tengo que pensar a qué institución se los doy, verdad es que en Argentina tengo mis grandes dudas. Porque hay una gran desidia, una gran falta de interés. Pensamos en Buenos Aires. Es una ciudad desquiciada. ¿Está bella?: sí. ¿Tiene personalidad?: no Porque han tirado abajo todas las casas. Uno se va un año de Buenos Aires y vuelve y todas las casas que había están cambiadas por edificios de alto, y entonces es una ciudad y es un país que no tiene cultura, es tristísimo, que reniega porque se deshace de la cultura. Entonces así como no conservamos las construcciones, no conservamos los monumentos, no conservamos los edificios, qué van a conservar un papel, el papel lo tiran, entonces la gente qué hace, se aferra. O esos papeles se van afuera del país. Estoy ahora empezando mi nuevo libro, sobre las claves secretas de Perón, yo sé que tendría que viajar a Stanford para ver la correspondencia, porque acá no hay prácticamente correspondencia, se estima que Perón publicó en el exilio casi 14 mil cartas, si uno hace la división por día son dos cartas y media por día, algo muy plausible en Perón.
Carta de Perón a sus sobrinas políticas
Carta de Perón a sus sobrinas políticas
— De hecho, estaba todo el día escribiendo…
— Estaba todo el día en la máquina, se levantaba a las cuatro, cinco de la mañana, tomaba su mate, fumaba su cigarrillo y se ponía a escribir, después dormía una siesta y volvía al trabajo y después tenía las entrevistas, los encuentros; es un promedio de dos cartas y pico por día o dos documentos escritos por día, bien, ¿cuántas cartas se conocen de Perón? Mil y pico de cartas, ¿dónde están las 12.500 que faltan? Es tremendamente grave lo que sucede en Argentina, porque si no podemos cuidar la memoria, cómo vamos a cuidar a la gente, un país sin memoria es un país que no tiene trascendencia. No le vamos a dejar un país feliz a nuestros hijos si no conocemos nuestro pasado.
— Sobre Perón se ha escrito mucho. Pero ¿qué aspecto de su trayectoria y su vida cree que todavía falta iluminar mejor o revisar?
— Creo que toda la historia de Perón debe ser revisada, porque cuando la historia se escribe o se construye en medio de grandes contiendas antagónicas como ha habido en estos últimos 45 años o 75 años; esa historia está contaminada, ya sea por detractores o por panegiristas. Cuando me ha tocado revisar hechos sobre su vida privada, me encuentro con grandes sorpresas, con muchas mentiras, cosas que se han ocultado, no sé si era para protegerlo a Perón o si para criticarlo. Entonces a mí me parece que la historia debe ser revisada y escrita sin esa contaminación del apasionamiento desmedido, sin los motes, sin los prejuicios, la historia ha sido escrita por muchos prejuicios por historiadores que nos quieren mostrar al Perón que ellos imaginan o proyectan. Tenemos que buscar las fuentes, las fuentes están, y esas son las que nos van a ayudar a darle luz a la vida de este personaje tan importante. 
Perón junto a su primera esposa y otras integrantes de la familia Tizón