Rosas

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miércoles, 31 de agosto de 2016

El Senador "Martín Fierro"; a 130 años de su muerte...

Por el Prof. Jbismarck
En un proceso histórico juegan tanto las ideas, como los hombres que las encarnan, como los intereses que los mueven, y todos ellos son abrazados como por círculos concéntricos por un tiempo y un lugar dados. Si no se lo ve en esa integridad, en esta complejidad, el fenómeno histórico se escamotea o se estereotipa. Es claro que si uno atiende a ciertos personajes típicos, un Bartolomé Mi­tre o un Facundo Quiroga por ejemplo, puede encontrar entre ellos tan marcadas diferencias de concepción del país y del mundo que le permitan sostener válidamente la existencia de dos líneas enfrentadas en la historia ar­gentina. 
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Pero otros hombres son más complejos, más atípicos, más incoherentes con sus ideas o menos conse­cuentes con sus intereses. Por eso el afán esquematizan­te pasado como un brasero no deja sino una historia tan simplificada, tan elemental e ingenua, que no puede ser cierta.
Esto es lo que ha pasado, en buena medida, con el caso de José Hernández.
Hay quienes leyendo alguno de sus escritos lo han visto como el abanderado del federalismo a ultranza (Manuel Gálvez, de Paoli y quienes lo siguen), mientras que otros utilizando artículos periodísticos distintos, lo juzgan como un progresista alberdiano-liberal (Beatriz Bosch, Pagés Larraya, etcétera). Y aún existe un criterio más o menos ecléctico, de situarlo como un federal tibio, re­formista (Martínez Estrada). Es claro que si solo se atiende a lo que Hernández expuso en sus artículos del "Eco de Corrientes" ("Candidaturas"), de "La Capi­tal" ("De mal en peor"), de "El Argentino" ("Biografía de Peñaloza"), o de "La Libertad" ("¿Por qué mataron Sr. Sarmiento?"), uno se enfrenta a un Hernández ene­migo decidido de la persona y de la política de Sarmiento. Lo mismo puede verificarse con respecto a Mitre (ver: artículo "La Oligarquía" de "El Río de la Plata o los artícu­los de "El Río de la Plata" que transcribe Pagés Larraya, o la mayoría de sus discursos legislativos del 80 (recopi­lados en La Actuación Parlamentaria) en especial el famoso sobre la "Capitalización de Buenos Aires", uno tiene que llegar a la conclusión opuesta. Si a su vez se admite que colaboró en "La Reforma Pacífica", o se leen los suel­tos de "El Río de la Plata" dedicados a simples cuestiones de administración provincial, la idea a formarse resulta la del eclecticismo político.  
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¿Pero qué pasa si se leen todos esos escritos?
Lo mismo sucede con las obras mayores. La sola lectura de La vida del Chacho (en particular el capítulo de "La política del puñal"), unida a la del Gaucho Martín Fierro, nos deja la convicción de estar ante un Hernán­dez federal entero y de una sola pieza. Pero quienes glo­san la Instrucción del Estanciero o La vuelta de Martín Fierro, tienen derecho a sostener todo lo contrario.
Entonces tiene que preguntarse el historiador: ¿Es imposible establecer la filiación política de nuestro per­sonaje? El remedio aparente se presenta declarando en forma lisa y llana que existe una variación —defección o traición si se quiere— dentro de los ideales políticos sustentados por Hernández.
En cierta medida esta es la conclusión lógica a la que arriban Martínez Estrada y Fermín Chávez. Martínez Estrada, en su gran estudio se aproximó al problema. "vo­cación política activa", como homo políticus específico.
Es decir, que ubicamos a Hernández dentro de aquella cate­goría de los apasionados por la política, de los mordidos por el virus de la cosa pública.
Por eso también cuando se menciona el habitual curriculum, con las expresiones: "periodista, legislador, convencional, taquígrafo, etcétera" y se incluye al pasar "político", se escamotea la médula del asunto. Hernández fue todo aquello y mucho más, pero su definición —exceptuando la de "Poeta"— es una sola: Político.
Y orientó su invicta pluma poética —que antes había sido acerada arma de combate— hacia la de­fensa del sistema de opresión del gaucho, en La Vuelta de Martín Fierro. Como lo ha dicho de manera incom­parable Martínez Estrada: "En la primera parte Hernán­dez era Martín Fierro, en la segunda Martín Fierro es Hernández".
Adolfo Alsina, conciliador, brindando el puente necesario para que el proceso no se fracture.
Lo que se fractura definitivamente, y queda arrum­bado en el desván de los trastos viejos es la Argentina anterior: la Argentina patriarcal, guerrera, rural, sin  alambrados, confesional, latina, hispana, mediterránea, autárquica; "gaucha", en la palabra-síntesis en la que vienen a coincidir sus amigos y enemigos.
Su última posibilidad de sobrevivir se desvaneció en Ñaembé, el 26 de enero de 1871 (aunque luego agonice en Don Gonzalo y Alcaracito). Es notable cómo el sistema de medición por décadas, utilizado arbitrariamente por la pedagogía histórica, En 1851, el pronunciamiento de Urquiza, en 1861, Pavón; en 1871 Ñaembé, en 1881 Roca en la Presidencia de la República, treinta años se ha dado vuelta como a un guante
Pero en el momento en que la Argentina criolla muere enciende en su apoteosis el más maravilloso poema hayan producido los argentinos: El Gaucho Martín Fierro.  
En la tarde del 22 de enero de 1853 el niño inglés William Henry Hudson presintió pasar los restos de una tropa derrotada, "dispersados hacia el sur como flor de cardo que se lleva el viento". Eran los hombres de don Pedro Rosas y Belgrano, que vencidos en el "Rincón de San Gregorio", se desbandaban para evitar la muerte que venía montada en los caballos de sus perseguidores.
Tenían buen motivo para apurar a sus cansadas ca­balgaduras. Allí, sobre la orilla izquierda del Salado en la estancia de Miguens, habían quedado los infantes, el parque y la artillería apresados por el ejército federal de Lagos, al mando de su jefe de estado mayor, general Gre­gorio Paz.  El 15 de diciembre de 1852 el ex juez de paz de Azul y fuerte hacendado sureño, hijo natural de Manuel Bel­grano y adoptivo de Juan Manuel de Rosas, en cumpli­miento de instrucciones del gobierno secesionista de Pinto del comandante del departamento, Rosas y Belgrano consiguió totalizar unos 2.300 hombres de las tres ar­mas, tropa bisoña en su mayor parte, que reforzó con 300 lanceros indígenas colocados a sus órdenes por el cacique Catriel  se aven­turaron no obstante a cruzar el Salado, que venía muy crecido, y allí fueron envueltos por las veteranas tropas de Gregorio Paz, quien les infligió la aniquiladora derro­ta de San Gregorio.
El autor de esos recuerdos era entonces un mozo de 18 años, a quien —de grado o por fuerza— se había incorporado a la milicia, e iba entre los que a uña de caballo escapaban de la persecución.
Aunque la vida de José Hernández —puesto que él era el joven miliciano— ha sido exhaustivamente estu­diada, con prolijos y cada vez más menudos detalles, nos­otros tenemos que proporcionar al lector una rápida sem­blanza biográfica. Como ya su hermano Rafael en el libro Pehuajó, dio los datos más trascendentes de su vida, sólo insistiremos en los aspectos que más interesan a nuestro asunto.
José Rafael Hernández Pueyrredón había nacido el 10 de noviembre de 1834, en la chacra de Perdriel, partido de San Isidro, luego de San Martín, Provincia de Buenos Aires, propiedad de los esposos Mariano y Victoria Pueyrredón.  Sus padres eran Pedro Rafael Hernández e Isabel Pueyrredón; sus abuelos paternos, José Gregorio Hernández Plata y María Antonia Venancia de los Sanios, y sus abuelos maternos, Teniente Coronel José Cipriano Pueyrredón y Manuela Caamuño. Fue bautizado el 27 de julio de 1835 en la Iglesia de la Merced de Buenos Aires y habían sido sus padrinos el abuelo Hernández Plata y la propia Virgen, tomada a ese efecto por el sacerdote. Entre sus familiares más conocidos se contaban sus tíos paternos, los coroneles Eugenio y Juan José Hernández (héroe de Ituzaingó, miembro del estado mayor de la Campaña del Desierto y muerto en combate en las filas rosistas en Caseros), y el materno, coronel de la guerra de la Independencia, Manuel Alejandro Pueyrredón. El después famoso pintor Prilidiano Pueyrredón, es su primo por vía materna y a esa misma familia pertenece su más conspicuo pariente, su tío abuelo el ex Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el Brigadier Juan Martín de Pueyrredón.
Como sus padres trabajaban en el campo, él ha vivido hasta 1840 con su tía Victoria (apodada "Mamá Totó"), año en que los Pueyrredón, tenidos por unitarios, se exi­lian y lo dejan en la casa de su abuelo y padrino en Ba­rracas. Desde allí concurrirá al Liceo Argentino de San Telmo, que dirige Pedro Sánchez, hasta que en 1846 (ya fallecida su madre el 11 de julio de 1843), el padre se lo lleve a las estancias del sur, donde se desempeña como ca­pataz de Juan Manuel de Rosas.  En la ciudad quedará su único hermano varón, Rafael Hernández, nacido el 1 de diciembre de 1840, y en la es­tancia "La Primavera", de Baradero, su hermana mayor Magdalena, casada con Gregorio Castro.
"Allá en Camarones y en Laguna de los Padres se hizo gaucho, aprendió a jinetear, tomó parte en varios entre­veros, rechazando malones de los indios pampas y pre­senció aquellos grandes trabajos que su padre ejecutaba y de que hoy no se tiene idea. Esta es la base de los pro­fundos conocimientos de la vida gaucha y amor al paisano que desplegó en todos sus actos".
De tales ocupaciones lo sacaron las convulsiones de la Provincia después de Caseros. Así se incorporó a las tro­pas de Rosas y Belgrano, y luego en busca de la revancha, el 8 de noviembre de ese mismo año entrará en un nuevo entrevero bélico. Ese día las tropas del general Manuel Hornos, la más prestigiosa espada del septembrismo, de­rrotan en "El Tala" a las partidas de federales porteños que manda el coronel Gerónimo Costa y que han invadido a la Provincia bajo el mando del ahora exiliado coronel Hilario Lagos, buscando cambiar la situación. Hernández ha entrado en batalla formando en el primer escuadrón de la caballería liberal a las órdenes del famoso rengo Sotelo.
¿Existe alguna razón política para explicar ese doble bautismo de fuego en las filas liberales?
Pagés Larraya cree que sí y lo atribuye a la suerte corrida por la familia Pueyrredón durante la dictadura de Rosas, lo que explica "por qué en 1853, a los 19 años, Her­nández tomó las armas contra las fuerzas de Hilario La­gos, que estaban integradas por fieles del rosismo. Pero se olvida que el padre del joven miliciano era un hombre de confianza, capataz y adicto fervoroso de don Juan Manuel; que "Isabel Pueyrredón simpatizaba con la causa de los federales, circunstancia que ahondó la divergencia con sus parientes"; que la misma "mamá Totó vuelve en 1849, viuda, se supone que al amparo de la amnistía que se concede al general Puey­rredón"; que él ha recibido con profunda aflicción la noticia de la muerte de su tío, el coronel Juan José Hernández, y que los niños Hernández han recibido educación federal.
La época es confusa para muchos de sus actores y Her­nández, por otra parte, no ha comenzado a formarse polí­ticamente y tomar posición". La edad del personaje avala este juicio, y quizás se podría añadir algo que no tiene nada que ver con la "ideología" del futuro poeta: son los probables lazos amistosos que lo ligan con Don Pedro Rosas y Belgrano, quien ha convocado al paisa­naje sureño más que contra Lagos, contra Urquiza, que lo auxilia. Cuando el caudillo del sur advierta la mendacidad de la argumentación con que Lorenzo Torres lo ha inducido a la empresa y queden en claro los verdaderos objetivos de la Revolución del Once, se pasará al bando de Urquiza e intervendrá en las sucesivas campañas contra Buenos Aires. Para entonces también Hernández habrá cambiado de colores.
Pero inmediatamente después de "El Tala" seguirá en el ejército porteño con el grado de capitán ayudante (teniente).  En 1857 muere su padre, fulminado por un rayo, en medio del campo. Y se cree que él participa en la guerra de fortines contra los indios y que se retira del ejército por causa de cierto duelo que tiene en 1857. Mientras tanto, su opinión políti­ca ha cambiado. No se ha vuelto precisamente urquicista, pero simpatiza con el partido, en cierto modo interme­dio, entre el Federal y el Liberal, llamado 'reformismo'... Este cambio de opinión del joven Hernández es perfecta­mente lógico. El amigo de los gauchos, el criollo de ley, tiene que estar en contra de los gobernantes liberales, que persiguen a los gauchos y que han hecho que la vida tran­quila en la campaña sea imposible. Ya no hay trabajo para el paisano. Los malones de los indios se suceden con frecuencia. Las estancias están arrasadas y uno de los perjudicados fue el padre del joven Hernández, quien, al morir, sentíase derrotado y desesperado.
Aún se podría agregar otra causa de orden psico­lógico a las ya apuntadas para explicar su cambio político. Es la que trae Pedro De Paoli: luego del combate de Villamayor se ha producido el fusilamiento de sus jefes y el día 4 de febrero de 1856 Hernández se encuentra con el ca­dáver del general Gerónimo Costa que es llevado en una volanta por su amiga y pariente, doña Mercedes Rosas de Rivera, hermana del Restaurador. Hernández colabora en obtener la autorización del gobierno para poder dar cris­tiana sepultura a los restos del héroe de Martín García y solo, junto a su amiga, acompaña hasta el cementerio los despojos mortales. Tal encuentro habría producido en su ánimo un shock que lo impulsó inmediatamente a afiliarse al partido "chupandino". El mismo Rafael Hernández nos mostrará qué pasó después. En el aludido discurso del Senado (del 17-XII-91), destaca Rafael el luctuoso hecho de Villamayor y añade: "A consecuencia de aquel hecho nefando, ocurrieron nue­vas revoluciones en la provincia de Buenos Aires. Se ha­llaba siempre revolucionada porque las proscripciones no nos dejaron vivir un momento y tuvimos que emigrar mi­llares de porteños para peregrinar veinticinco años fuera de nuestro país.  Concluyamos el itinerario de la mano del biógrafo fraterno. En la sesión del 26 de setiembre de 1892 en el Senado provincial, Rafael retoma el tema y dice: "Así resulta que íbamos a la provincia de Entre Ríos, a donde emigramos como dos mil porteños el año 57, y durante el tiempo que allí permanecimos, los porteños éramos el ele­mento más repudiado. Eran recibidos los alemanes, los rusos, los turcos, los judíos, pero los porteños, no". E in­sistiendo en la suerte corrida agrega: Pues bien; en la provincia de Entre Ríos durante muchos años yo no he visto más que a un porteño desempeñar un puesto público, lira el doctor Victorica, que ocupaba el puesto de secreta­rio del general Urquiza, y hasta puede decirse que no era funcionario público. Pero fuera de esa excepción yo no he visto que se haya nombrado ni para alcalde a un por­teño ..
En Santa Fe.. . ¡ qué diré! Con referirles a los Menores senadores que reinaba este refrán: '¡Porteño y víbora de la cruz no se pueden dejar vivos!' ¡Por ahí pueden calcular cuál era nuestra situación.  Entre tantos porteños emigrados, Hernández se rodeó de los hermanos González del Solar, Andrés, Nicanor y Melitón, de Martínez Fontes y de su inseparable más que hermano, ahijado, Rafael.
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Instalado en la Capital de la Confederación, consigue trabajo, como tenedor de libros, en el negocio del comer­ciante catalán don Ramón Puig (suegro de Ricardo López Jordán). A poco, y de seguro por las relaciones de su tío el coronel Pueyrredón residente en Rosario, es nombrado como oficial segundo de la teneduría de libros de la Con­taduría Nacional (el 1-1-1859, D. en Registro Nacional, t. IV, p. 180). Y luego de rendir un examen ingresa como taquígrafo a la Cámara de Senadores.
Mientras tanto, los sucesos de San Juan han caldeado el ambiente y el ejército de la Confederación se apresta a lograr "la integridad nacional" en los campos de Cepeda. En la batalla —junto a Rafael y a Leandro Alem— participa José Hernández como capitán.
Al volver de la guerra se reincorpora a sus tareas del Senado y empieza a desempeñarse como secretario pri­vado del vicepresidente, general Juan Esteban Pedernera, después de la incomprensible para ellos, derrota de Pavón, no cruzan el Paraná, sino que siguen la lucha a las órdenes del Presidente Derqui y bajo el mando in­mediato del General Virasoro y del coronel Laprida. Así concurre al encuentro de Cañada de Gómez con las tropas de Venancio Flores. Hernández y su hermano se salvaron entonces de entrar en la extensa lista de degollados
En esos fines del año 61 retorna a Paraná, para prestar servicios junto al vicepresidente a cargo de la Presidencia. "Pedernera recuerda al joven taquígrafo. Designa a José Hernández secretario de la presidencia. Esa es una verdadera definición política que señala la gravitación de Hernández en las filas federales.    No puede lle­gar a creer que Urquiza traicione a las provincias y a sus amigos. Junto con su secretario Hernández planea una serie de medidas para bloquear la expansión de las fuer­zas porteñas.  Ahí concluye la Confederación. "Puede decirse. que en este año de 1862" —anota Gálvez— "comienza para J. Hernández otra época de su vida. Su trabajo es única­mente el periodismo. Ha perdido el puesto de taquígrafo porque el Congreso Nacional ya no existe; y el de secre­tario del Presidente porque Pedernera ha disuelto el Poder Ejecutivo de la Nación en diciembre del año pasado. Hernández es ahora, tal vez desde hace un tiempo, un federal ferviente. Redactará 'El Argentino', en cuyas columnas ataca con tremenda violencia a Mitre, Presiden­te de la República, y a Domingo Sarmiento, Gobernador de San Juan".
En realidad el federalismo de Hernández, como diría Martínez Estrada, está "censurado", sometido a la vigilante tutela de Urquiza.
Pero es cierto que su actividad principal es el perio­dismo. Cuando a fines de 1863, cierre "El Argentino", colaborará en "El Paraná". Este diario lo dirige Manuel Martínez Fontes, con quien tiene íntima amistad. Viven juntos en la misma casa  y se casan casi a un tiempo con las dos hermanas González del Solar, Teresa y Carolina.   De esta última hará Hernández "su novia, esposa y compañera, niña dulce y de singular belleza, con quien había contraído enlace en la Iglesia Catedral de Paraná, el 8 de junio de 1863.
Se instalan a vivir en la misma cuadra, acera opuesta, que los Martínez Fontes. Esta felicidad privada lo compensa de los infortunios públicos.  Él, es de todas maneras un hombre alegre; "chispeante, oportuno, rápido y original", cuyos "chistes epigramáticos" ponían "la nota! bulliciosa", con sus "ocurrencias felices y siempre criollas".  Por su tendencia a la conversación demasiado fluida y sonora, de seguro ampliada en la enorme caja de resonancia de su voluminoso tórax, recibir' el apodo de "Matraca" y el de "Pepe Lata" después.
Nacen también sus prime­ros hijos: Isabel (el 1S-V-64) y_Manuel Alejandro (el 6-XI-65).
Pero esa época se corresponde asimismo con circuns­tancias políticas nacionales de trascendencia: la resisten­cia del Chacho, la caída de Paysandú y la guerra del Pa­raguay. Por el primero Hernández publicará en "El Ar­gentino", los artículos que reúne bajo el título de Rasgos biográficos del General D. Ángel Vicente Peñaloza, que en el mismo año 1863 reeditará en forma de folleto. A fines del 64, Rafael se traslada a Paysandú, donde el jefe de la ciudad sitiada, Leandro Gómez, le otorga el grado de Ayudante. En la insostenible defensa cae herido en una pierna por una bala de cañón; pese a lo cual consigue evadir el sitio y llegar hasta la isla Ca­ridad, donde funciona un hospital de campaña. Ello permite a José Hernández y a Carlos Guido Spano atender a otros refugiados, hasta que en el mes de febrero de 1865 se embarcan rumbo a Paysandú, aban­donada ya por el enemigo. El estado de la pequeña ciudad es realmente deplorable y deprimente. Por todas partes hay pruebas de lo que ha sido el sitio y la invasión.. . Pocos días permanecen en Paysandú que abandonan des­pués en compañía de Guido Spano, dirigiéndose nuevamen­te a Paraná, donde tiene José su mujer y sus hijos" .
"Esta época" —asegura Leumann— "fue de lucha di­fícil y de grandes sufrimientos morales para José Her­nández. La miseria y las vicisitudes tormentosas le des­truyen la felicidad doméstica. Contempla con pesar los acontecimientos que llevan insensible y fatalmente a la guerra contra el Paraguay. Con su amigo Carlos Guido Spano consideró luego que la triple alianza favorecía sólo al partido colorado del general Flores y al Imperio". Indudablemente que ya se habría formado la opinión que luego virtió en las páginas de "El Río de la Plata", cuando atacó a esa guerra "única en los anales de Sudamérica" que "paseó por todas partes sus estandartes malditos, y las combinaciones clandestinas, y las suges­tiones diplomáticas (que), dieron origen a la funesta alianza de intereses repulsivos" (ER, ps. 96, 88).
Por eso quizás permanece en Paraná, sin intervenir en el conflicto. Viene después la etapa correntina en la vida de José Hernández. Desde febrero de 1867 a noviembre de 1868, con algunos pequeños intervalos permanece en Corrien­tes. Es el clan de Hernández el que se traslada a aquella ciudad. Primero va su cuñado Melitón, en su carácter de médico para atender una peste. Luego Nicanor González del Solar es designado Juez del Crimen, y después es José, quien el 7 de marzo es nombrado Fiscal General de Estado (interino), el que se traslada con su mujer, hijos (allí nacerá su hija Mercedes el 24-XI-67) y hermano. Evaristo López, que está falto de personal administrativo de con­fianza, se rodea de estos foráneos que le vienen recomen­dados por Urquiza. Hernández acepta también (el 31 de marzo) ser secretario de la Legislatura, pero en junio renuncia por incompatibilidad. En octubre pasa al Mi­nisterio de Hacienda. También tiene una cátedra de gra­mática en la Escuela de San Agustín.  En un vapor con el sugestivo nombre de "Río de la Plata", Hernández se aleja de la escena correntina hacia Buenos Aires. Con amargura en el alma cree que ha de­jado atrás para siempre a Urquiza y con él al litoral.
Al amparo de la amnistía, por el fin de la Presiden­cia Mitre, regresa a su familia y a su chacra de Perdriel.
Pero él no estaba hecho para la vida recoleta o para los simples gozos familiares. Enseguida entabla contacto con los amigos de la generación de Paysandú. "Hernán­dez, entusiasmado ya por la presencia de sus amigos y las perspectivas de librar nuevas batallas de la inteligen­cia en una ardorosa lucha de cerebros, lanza la iniciativa de editar un nuevo diario. Y así el 6 de agosto de 1869, nace en Buenos Aires, con la dirección y propiedad de José Hernández, y la colaboración de José y Carlos Guido Spano, Miguel Navarro Viola, Agustín de Vedia, Maria­no A. Pelliza, Vicente Quesada y un mocito de Rosario, Estanislao Zeballos, el diario "El Río de la Plata"
El partido político restos de unitarismo, que había dominado 25 años, empezaba a dividirse en dos bandos. La figura de Alsina acentuaba sus perfiles federalistas y trazaba su propio rumbo. Incorporando a la vida pública los señores Vicente F. López, Bernardo de Irigoyen, Luis Sáenz Peña, Alvear, Lahitte, Gutiérrez, Vicente G. Quesada, Navarro Viola y Tomás Guido.
Estos tres últimos se conservaron siempre finí­simos amigos y muy consecuentes y cariñosos con Hernán­dez ... Ya estamos, pues, frente a la "evolución", que lo iba a apartar del federalismo.
En eso estaba, por aquellos años de 1869 y 1870, cuando la Revolución de López Jordán lo conmueve, lo saca de su proyecto reformista y lo lleva de nuevo a En­tre Ríos y a la causa federal. La decisión que se manifies­ta en las palabras del cierre del diario (22-IV-70) es personal; pero sin duda que Sarmiento le ha ayudado para tomar esa determinación.
Eso es lo que dice Rafael: "este diario de complexión robusta, que la administración Sarmiento mató de un golpe, escapando a la cárcel su re­dactor-propietario gracias a sus numerosos amigos"
Empieza acá su "intermedio insurgente en los en­treveros jordanistas".
El 7 de octubre se pone en comunicación con Jordán para darle valiosísimos consejos. El caudillo, ya sea por táctica para evitar la intervención federal, o por la limi­tación de su horizonte litoraleño, ha presentado la revo­lución como algo concerniente a Entre Ríos. Hernández le hace ver el grave error de su planteo:  "Ud. quiere, le dice, la felicidad de Entre Ríos, su prosperidad, su progreso, su engrandecimiento moral y material.. . esta aspiración es noble y legítima de parte suya; pero no puede realizarse, sino armonizan­do su suerte con la de las demás Provincias Argenti­nas, y haciendo que todas ellas participen de los mis­mos beneficios...".
Como ya hemos visto, en esta misma notable carta, justifica sin reatos de lenguaje la muerte de Urquiza, "el Jefe Traidor del Gran Partido Federal".
Después de esto se une físicamente al ejército de López Jordán y asiste a la batalla de don Cristóbal (12-XI-70) contra las tropas del general Gelly y Obes.
Y el 26 de enero de 1871 participa de la batalla de Ñaembé. Jordán ha seguido quizás su consejo, y se dispone a dar batalla a los correntinos de Baibiene; pero éstos auxilia­dos por la artillería nacional de Viejobueno y la infantería de Roca, vencen terminantemente al jordanismo  
También Hernández iría echando llamas por sus ojos mientras con sus compañeros galopaban hacia Federación ' y cruzaban el Uruguay, burlando la persecución del ejér­cito sarmientino del General Campos.
Casi un año va a permanecer en Santa Ana do Livramento, pequeña población brasileña (de abril de 1871 a enero de 1872). Pasa luego a Paysandú donde toma| contacto con el "Comité de emigrados entrerrianos", que representaba a más de 6.000 jordanistas exiliados en el Uruguay, el que lo propone como ministro al interventor Echagüe de Entre Ríos, para entablar una negociación, basado en la confianza "en su lealtad política", sin que su candidatura prospere. De allí sigue a Montevideo y por último regresa a Buenos Aires.
¿Cuáles son las condiciones de este regreso?
El primero es un viaje clandestino dictado por la des­esperación de ver a su familia, al enterarse del azote de la peste, la fiebre amarilla, que pesa sobre la ciudad por­tería. En el balandro del capitán Magnasco consigue atra­vesar el río y llegar hasta la chacra de Perdriel donde se reúne con los suyos. Breve encuentro con su mujer, sus hijos (está ahora la pequeña Margarita, nacida en su ausencia), su hermano y su vieja "Mamá Totó". Y regresa, para intentar una y otra vez el mismo itinerario. "Y nuevamente en el balandro unas veces, o en un simple bote, otras, Hernández toma el camino de las costas de Belgrano. Viajes furtivos, peligrosos porque Sarmiento ya conoce las incursiones del exiliado y ha ordenado a la policía vigilar la costa y el caserón con orden de prender al hombre, vivo o muerto".  Como la epidemia sigue haciendo estragos, la familia se traslada a la estancia "Cañada Honda" de Baradero, donde vive su hermana, Magdalena de Castro.
Entonces se produce la vuelta pública de José Her­nández. Se pregunta De Paoli: "¿Magnasco lo arregló con Sarmiento? ¿Mediaron influencias políticas? ¿Sar­miento se olvidó del periodista enemigo de su gobierno? Hernández llega en el mes de marzo a Buenos Aires y se aloja en el 'Hotel Argentino'.. . Más que hospedado, está escondido en el Hotel... ¿Es la condición del arreglo con Sarmiento'? ¿Le han impuesto que viva en Bue­nos Aires a condición que no escriba?  En ese encierro fructificará, según su propia confe­sión el 28 de noviembre de 1872, el "pobre Martín Fierro, que me ha ayudado algunos momentos a alejar el fastidio de la vida del hotel" Rafael le trae algunas comisiones de compra y venta de campos, con lo que lo ayuda económicamente. Pero la situación en lujar de mejorar, empeora... Hasta que la vigilancia policial se hace más estricta y el poeta de Martín Fierro debe abandonar una noche precipitadamen­te su casa ante la presencia policial que irrumpe en ella. Así, José Hernández ayudado por su hermano, Guido Spano y otros amigos, emprende otra vez el camino del des­tierro. Ya no hay nada que hacer, sino esperar a que concluya el período presidencial de Sarmiento. Pero la anunciada vuelta mon­tonera de López Jordán a Entre Ríos, lo obliga a radicar­se en Montevideo. Entre julio de 1873 a enero de 1875 vivirá en la capital oriental.
El l9 de enero de 1873 las fuerzas gauchas de López Jordán han invadido a Entre Ríos; saben de las diferencias de armas y de hombres con sus enemigos, pero ellos igual van cantando:
La represión la dirige personalmente el ministro Ge­neral Martín Gainza, el "Don Ganza" del Martín Fierro.  A pesar del éxito inicial de "Yuquerí" (28 de junio), las tropas jordanistas son vencidas el 8 de diciembre en "El Talita" y luego, al día siguiente, destrozadas por el uruguayo Juan Ayala en "Don Gonzalo". Nuevamente Jordán tiene que exiliarse en Santa Ana do Livramento.
Desde Montevideo, sirve de enlace a los jordanistas, y el l9 de noviembre saca con Héctor Soto el periódico "La Patria" para secundar más activamente el proyecto federal. De seguro que Sarmiento, con su in­transigencia total, ha colaborado a decidir la actitud del poeta. Precisamente el 28 de mayo de 1873 el presidente ha remitido al Congreso un proyecto de ley poniendo pre­cio a la cabeza de los jordanistas. Ofrece 100.000 pesos fuertes por la cabeza del Jefe; 10.000 por la del Dr. Ma­riano Querencio y 1.000 por la de los otros dirigentes.  
Era la ley de Lynch, trasladada directamente del far west. "López Jordán cuya cabeza quiso Sar­miento poner a precio, si bien el Congreso rechazó con honrada independencia la monstruosa ley, era un ciuda­dano argentino amparado en su propio extravío por la constitución que prohibe la muerte por delito político"
La importancia de Hernández se acentúa después del fracaso de la invasión. La derrota apareja, como es fre­cuente en estos casos, la división de los vencidos. Carlos María Querencio, que después de Don Gonzalo ha excla­mado "¡Que baraje otro!", se recupera de su desilusión y en Montevideo forma el "Comité Central" del jordanismo que repudia a su jefe natural. El suceso es grave para los exiliados, pues los Querencios cuentan con gran sim­patía en el Partido Blanco uruguayo (es conveniente re­cordar que ambos partidos usan igual divisa y que incluso han coordinado sus esfuerzos para hacer coincidir la revolución de Jordán con la de Timoteo Aparicio en el Uruguay) y llegaron a ser "protegidos del presidente Latorre
Si al Chacho lo abatieron los fusiles Ensfield y a Varela los Sharp, a López Jordán lo derrotarán los cañones Krupp y los fu­siles y ametralladoras Remington.
El presidente Sarmien­to probará su mortífera acción contra las paredes de una Escuela y luego enviará al Congreso un proyecto de ley poniendo precio a la cabeza de López Jordán y de sus se­guidores, con lo que justificaba el mote que le colgara el periodista mitrista Gutiérrez de ser "un Sandes del pensamiento".
El jordanista Carlos María Querencio le devolverá la gentileza, alquilando los servicios "profesionales" de unos pistoleros, los italianos Güerri, para que ma­ten al Presidente. Por fortuna ninguna de las dos salvajadas se consuma íntegramente.
Pero en su consecuencia, al ser vencido Jordan en Don Gonzalo (el 9-XII-1873), el interventor Gral. Ayala desata una feroz persecución, una de cuyas víctimas es el coronel Cecilio Berón de Astrada, cuyos despojos son entregados a los perros.
José Hernández, que desde el diario montevideano "La Patria" ha apoyado la revuelta, le prepara entonces (el 30 de mayo de 1874) al exiliado López Jordán el Me­morándum para el Barón de Río Branco, alegato éste que-es la verdadera capitulación moral de un partido, que desde Artigas, triunfante en Cepeda o derrotado en la Vuelta de Obligado, lo había hecho siempre envuelto en la bandera argentina. Aunque el pedido de protectorado extranjero no se concrete, su sola formulación escrita bas­ta para sellar la defunción de una causa.
Por entonces ha llegado Avellaneda a la Presidencia de la República, no obstante los esfuerzos revolucionarios del mitrismo en 1874 por impedirlo.  Con Avellaneda contará Adolfo Alsina con el hom­bre adecuado para concretar su proyecto pacificador. De­rrotados el federalismo y el mitrismo intransigentes, podrá él integrarse al establishment liberal.
Con la conciliación de los intereses de los ganaderos de su partido y los de los comerciantes porteños de filia­ción mitrista, ahora ligados por la relación agroexportadora-mercantil-importadora; con el modelo anglosajón de bipartidismo; con el espectro de Rosas agitado en los "funerales por las víctimas de la tiranía", para resucitar la tradición única unitaria y con la enorme fuerza unificadora de la masonería, en la que todos militan, Alsina propondrá a Mitre "la conciliación". En ella también los ex-federales, que renieguen de su pasado, tendrán un lugar.
Hernández, que desde "La Patria" ha ayudado al as­censo de Avellaneda, atacando a la revolución mitrista del 74, vuelve definitivamente a Buenos Aires a comienzos de 1875, para incorporarse al autonomismo. donde va están ubicados casi todos sus viejos amigos de la generación del 65. La "conciliación" lo inclinará al sector "republica­no" de ese partido. En él están también los jóvenes uni­versitarios, futura "generación del 80", que "quedaron colgados" con el arreglo, como gráficamente lo expresa Lucio V. López en La Gran Aldea. Detrás de Alem y Del Valle por algún tiempo, alternarán, como un partido di­ferenciado, en las elecciones provinciales.
Pero contra Alsina no se puede. La "gran muñeca" de los "crudos" (por oposición a los "cocidos" mitristas) tiene demasiado prestigio.
"Más que Mitre" —anota Al­varo Yunque— "por supuesto, hombre de acción compli­cado de intelectual y lleno de preocupaciones de superior jerarquía, Adolfo Alsina era 'el caudillo'. Y aún: _el cau­dillo porteño. Todas las características del porteñismo es­taban en él, aumentadas, que si no, no hubiese sido el caudillo de los porteños: bravo, elegante, cordial, simpá-tico, ruidoso, conversador, impulsivo, inteligente, vanido­so, altanero, brillante más que culto. Más astucia que sabiduría".
La imprevista muerte de Adolfo Alsina (el 29-XII-1877), destruye toda esa paciente labor de años, y sus seguidores quedan a la deriva de los caudillos menores hasta la disolución del partido.
Mientras los primates del autonomismo se disputan el favor del presidente Avellaneda, probándose anticipada­mente la banda presidencial, en forma silenciosa y cauta —como cuadra a un "zorro"— se alza la nueva estrella de la constelación política, que viene a cubrir el vacío de poderLo que sigue es su historia en el Autonomismo. Pri­mero se inscribe en la lista "mixta" del partido, para las elecciones de marzo del 77; que trata de zanjar las dife­rencias entre los sectores de del Valle y de Cambaceres.
Pe­ro viene la "conciliación", y él, en agosto del 78, se une al grupo "republicano", de Alem y del Valle. La razón de este cambio la dará en junio del 79 al decir: "Yo estaba en contra de la conciliación entonces y estoy en contra de la conciliación ahora, porque no creo que es ésa la política sobre la cual pueda fundarse el porvenir del país".
Así es elegido diputado provincial por esa fracción "y de este modo se incorporará al sistema entendido como la legalidad sostenida por sus antiguos enemigos". La adhesión a Alsina "nuestro ilustre jefe de partido", él la puso de ma­nifiesto en la carta de "Un Patagón" publi­cada en "La Patria", al anotar: "los elementos oficiales, significan Avellaneda. El personalismo es Mitre. Alsina era él pueblo".
El 30 de marzo del 79 es reelecto por la 3ra sección elec­toral y desde ese cargo le toca presenciar la crisis del 80.

El 30 de julio se cuenta entre los firmantes del ma­nifiesto de fundación del Partido Autonomista Nacional. "Allí están gran parte de los hombres representativos de las grandes fuerzas económicas criollas engarzadas con el capital europeo"    Durante ese lapso ocupa muchos otros cargos públicos de secundaria importancia. En 1880 es presidente de la Cruz Roja Argentina,..y. es incluido en la Comisión Exa­minadora del Ministerio de Educación. De 1881 a 1884 es vocal consejero consultivo del Monte de Piedad. En 1882 es vocal del Consejo General de Educación (hasta 1884); presidente de la Comisión de Provincias de la Exposición Continental, miembro de la Convención Reformadora de la Constitución Provincial (hasta 1885). En 1883 es co­misionado por el Ministerio de Educación a Corrientes; integra la comisión de la fundación de la ciudad de La Plata; es director del Banco Hipotecario y es sucesivamen­te diputado (1880) y senador provincial (1881, 1882 y 1885).  Esta trayectoria pública se compadece bien con su vida privada. En el 79 adquiere la "Librería del Plata", que mantiene un intenso movimiento de libros con Améri­ca y Europa .  También por entonces compra "una vasta quinta en Belgrano, en la extensión hoy delimitada por la calle Luis María Campos  y Cabildo, y al otro por Olleros y Esteco, esta última José Hernández actualmente, en el que "es hoy, y lo era entonces, el más hermoso de los barrios porteños". Tendrá también tres estancias; mil novillos, dos casas, dos conventillos en la ciudad... y dos terrenos en Rosario" Su profesión es, dice Manuel Gálvez, "ganar dinero y escribir versos". ..
En Belgrano vive con su familia, a la que se le han agregado nuevos hijos: María Josefa, nacida en 1877, y Carolina, en abril de 1879. Con los González del Solar de la mano, ha vuelto a la Masonería.  Por cierto que también por entonces se reconcilió con sus antiguos enemigos, Sarmiento y Mitre.   Rafael dice que su herma­no "trabajó mucho y no disfrutó nada", está aludiendo a la causa del abandono de la pelea con el libe­ralismo. Lo que siguió ya era previsible: "Y sepan que ningún vicio acaba donde comienza"
Su vida, cuyos últimos actos trascendentes fueron la publicación de La Vuelta de Martín Fierro en 1879 y la Instrucción del Estanciero en 1881, se extingue el 21 de octubre de 1886.

Por eso aquel "hijo que había dado nombre a su padre", lo reivindicó para siempre en la memoria de todos los argentinos.

Federico Brandsen

Sabía que iba a morir. La orden que había recibido sonó a sentencia de muerte. Al escucharla, el comandante del Regimiento Nº 1 de Caballería, teniente coronel Charles Louis Frederic de Brandsen presintió amargamente ese final. La batalla estaba en ciernes y no le quedaba otra que llevar adelante el polémico cometido. No ocultó su fastidio.
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 El entredicho con el general Carlos María de Alvear, jefe del ejército patriota y de quien emanó la consigna lo puso muy mal. Era una locura lo que le pedía. Lo sabía muy bien.
-¡Usted comandará una carga contra la infantería brasileña!, le espetó.  Frunció el ceño. Era una locura atacar de esa manera a una fuerza de 2000 mercenarios austríacos y alemanes. Se lo recalcó con crudeza.
-¡General, es un suicidio atacar a esa unidad de élite fortificada detrás de una profunda hondonada casi imposible de sortear!!!!
Alvear lo miró con severidad. No esperaba tal respuesta. Hizo caso omiso de sus argumentos y le gritó en la cara.
-¡Cuando el emperador Napoleón le daba una orden ¿usted dudaba en cumplirla?!
Brandsen sostuvo la mirada. Las palabras tocaron a su amor propio. Con una profunda crispación, dijo escuetamente.
-Está bien mi general, sé que voy a morir, pero cumpliré con lo que se me ordena. Saludó, dio media vuelta y se retiró.
En la carpa de campaña comenzó a vestirse con el uniforme del ejército imperial francés. Era el único que tenía. El resto de su equipaje lo había extraviado con el avance del ejército republicano. En eso estaba cuando sus pensamientos volaron lejos, muy lejos… Ya tenía 41 años. Había nacido en la Ciudad Luz el 28 de noviembre de 1875. Hijo de un médico holandés y luego de recibir educación en el Liceo Imperial de Francia, Brandsen ingresó en el ejército. Recordó que tras prestar servicios en la secretaría del Ministerio de Guerra, en 1811 se incorporó como subteniente de caballería en el Ejército del Reino de Italia, cuyo monarca era Napoleón Bonaparte y donde servían numerosos compatriotas.
Suspiró largamente al memorizar aquellos tiempos. En 1813, estuvo en la campaña de Alemania, donde cayó herido tres veces. Fue ascendido a teniente y nombrado ayudante de campo del emperador. En Bautzen, a la cabeza de un destacamento, tomó una posición prusiana. Por esta acción recibió la condecoración Real Orden Italiana de la Corona de Hierro de manos del Gran Corzo y con ella, el grado de capitán de caballería. Tras la abdicación de Napoleón en 1814, Brandsen regresó a Francia. En 1815, intervino en la campaña de los Cien Días que culminó con la batalla de Waterloo donde resultó herido otra vez.
Finalmente, en 1817 pidió la baja del ejército. En ese ínterin y en París, conoció a Bernardino Rivadavia quien lo convenció para que se uniera a la causa de la independencia americana. No dudó. En Calais y a bordo del navío Celeste puso rumbo a Buenos Aires. El 19 de diciembre de ese año, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata lo destinó al II Escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, como capitán de caballería en Las Tablas, cerca de Valparaíso, Chile y que combatía bajo las órdenes del general San Martín, Entre 1818 y 1819, Brandsen participó en la segunda campaña al sur del país trasandino que culminaría con la victoria de Bío Bío. Posteriormente, formó parte de la expedición libertadora al Perú. El 28 de abril de 1821, en Huaura, se casó con Rosa Jáuregui, nieta del virrey Agustín de Jáuregui y Aldecoa. Tuvieron tres hijos; uno en Lima y dos niñas en Santiago de Chile.
De pronto, volvió a la realidad. Con parsimonia ciñó su correaje, acomodó la espada y siguió recordando aquella acción de Nazca junto al mayor Juan Lavalle. Tampoco olvidó ese 8 de noviembre de 1820, en Chancay cuando con 36 Cazadores vencieron a una fuerza realista de casi 200 hombres. Así, ascendió a sargento mayor. San Martín lo puso al frente del regimiento de Húsares de la Legión Peruana de la Guardia con el grado de teniente coronel y con el que triunfó en Zepita. Luego, con la Caballería de la Vanguardia del Ejército del Perú intervino en Sica-Sica y en Ayo-Ayo donde contuvo la persecución enemiga para salvar los restos del ejército derrotado en esos encuentros. Entre 1822 y 1823 participó en otras operaciones contra los realistas. Encarcelado, desterrado y luego liberado por Simón Bolívar, el 5 de marzo de 1825 embarcó con su familia en el buque Livonia, a Santiago de Chile. Tras una breve permanencia en esa ciudad, regresó al Río de la Plata. El 23 de enero de 1826 el gobierno lo designó jefe del Regimiento 1 de Caballería con las jinetas de teniente coronel y se preparó parta luchar contra el Imperio del Brasil. Finalmente, llegó el 20 de febrero de 1827 y la fatídica orden.
Salió de la tienda de campaña y montó a caballo. Al paso, cabalgó al frente de sus hombres con el pecho cubierto de medallas. Alvear lo seguía unos metros más atrás como esperando que cumpliese con su orden. El guerrero napoleónico lo vio y se le acercó.
-General, por favor, no me ofenda, le pidió.
Entonces, Alvear luego de excusarse, se alejó. Frente al 2º Escuadrón, Brandsen ordenó una carga escalonada. A su lado, lo acompañaba su edecán, Ignacio Lavalle, hermano del general.
Blandió su espada y gritó:
-¡Escuadrón… marche…al galope…a la carga…!
Tal como lo había previsto, el ataque fracasó y la metralla enemiga rápidamente terminó con su vida y la de varios de sus soldados.
Sin embargo, luego de varios intentos, el empeño patriota dio resultados. Tras 5 y 6 horas de combate, las tropas imperiales tocaron a retirada. El triunfo de las fuerzas de la República es total. Las cargas encabezadas por Juan Lavalleja, Estanislao Soler, Lucio Mansilla y el general paz, entre otros, fueron decisivas. Finalizada las acciones, el propio Juan Lavalle recorrió la zona y encontró el cadáver de Brandsen entremezclado entre los cuerpos de sus hombres. Estaba completamente desnudo porque en su huída, los imperiales le habían quitado el uniforme y sus medallas. Metros más allá, yacía el cadáver de su hermano. El valiente guerrero fue promovido póstumamente a coronel y sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Su sepultura fue declarada Monumento Histórico Nacional. La ciudad y el partido homónimos de la provincia de Buenos Aires, llevan su nombre. En su honor, el Regimiento 1 de Caballería del Ejército Argentino, del que fuera primer comandante, se denomina Regimiento de Caballería de Tanques 1 “Coronel Brandsen”, con asiento en Villaguay, Entre Ríos.
Ituzaingó o batalla del Paso de Rosa se desarrolló en lo que hoy es el centro-oeste del estado de Río Grande del Sur. Allí chocaron las tropas aliadas de los insurrectos orientales y el Ejército Argentino, por una parte contra las tropas del Imperio del Brasil por la otra, por el control de la Banda Oriental en manos brasileñas desde 1820. Fue una victoria táctica de los aliados. Contribuyó al nacimiento de la convención preliminar de paz firmada 1828 y que reconoció como estado libre, independiente y soberano al Uruguay. El imperio sufrió 200 muertos, entre ellos su jefe, el mariscal José de Abreu Mena Barreto, 150 prisioneros y 800 extraviados. Las Provincias Unidas tuvieron 139 bajas de caballería y 9 de los Cazadores de Infantería.

Hallazgo : Entre los pertrechos abandonados por el ejército imperial se encontraba un cofre con una partitura de una marcha entregada por el emperador brasileño al marqués de Barbacena para que la interpretase tras obtener la supuesta victoria. Sin embargo, los patriotas vencedores se apoderaron de ella y la bautizaron “Marcha de Ituzaingó”. Sus sones son escuchados cuando la bandera Argentina se traslada en actos oficiales y es uno de los tres atributos que ostenta el presidente de la República junto con el bastón de mando y la banda presidencial.

martes, 30 de agosto de 2016

ALBERDI Y LA GUERRA DEL PARAGUAY

POR EL PROFESOR JBISMARCK

Se cumplen 216 años del nacimiento de uno de los intelectuales mas brillantes y discutidos de la Historia Argentina: Juan Bautista Alberdi.  Vamos a hacer referencia a un aspecto no tan conocido de su pensamiento: el referente a una de las páginas más tristes de la Historia Americana: la llamada “Guerra del Paraguay”.
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El 29 de agosto de 1810 nacía en San Miguel del Tucumán Juan Bautista Alberdi, hijo de Salvador de Alberdi, comerciante próspero de la región y vecino respetable, y de Josefa de Aráoz, quien pertenecía a una familia tradicional y aristocrática del noroeste argentino. A los pocos meses del nacimiento de Juan Bautista muere su madre, y cuando él tiene 10 años, su padre. Recibe la instrucción primaria en una de las escuelas que Belgrano donara a su provincia natal y luego estudiará Derecho en la Universidad de Buenos Aires.
A los 25 años Juan Bautista Alberdi, formaba parte de Asociación de Mayo; jóvenes románticos, idealistas y liberales, obnubilados por las nuevas corrientes filosóficas y encandilados los “las luces” de Europa, creen poder convencer al Restaurador Rosas de sus ideas. Alberdi lo llama “el Gran Rosas”. Pronto, al ver que Rosas no está en camino de aplicar las libertades ni filosofías de la Revolución Francesa, serán sus enemigos. Alberdi publica artículos en “La Moda” de crítica costumbrista, con el seudónimo de Figarillo. Este grupo de jóvenes afrancesados se sienten en cierta forma amenazados y Alberdi, temeroso, pide audiencia a Rosas: “Más tolerante que sus consejeros, me dispensó de ella, mandándome palabras calmantes por medio de Mariño” confesará Alberdi.  Emigrado en Montevideo (1838), junto a otros jóvenes se dedicará a combatir a Rosas.   Alberdi reconoce que emigran espontáneamente, sin ofensas ni odios y sin motivos personales, y solo por combatir la “Dictadura”. Desde “El Nacional” predica la alianza entre los emigrados y la escuadra francesa que bloquea y ataca. A la confederación. Cuales son los argumentos: “nosotros no somos hijos de nuestra tierra sino de la Humanidad” (...) “para los espíritus vastos y serios que saben no estacionarse en el círculo estrecho de la Nación, la patria es la Humanidad”.dice Alberdi.  En 1847 desde Chile, publica La Republica Argentina luego de 37 años después de la revolución de Mayo” donde dice ..”Rosas es un mal y un remedio a la vez”... “Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires “...”el nombre de Washington es adorado en el mundo, pero no más conocido”...”los Estados Unidos, a pesar de su celeridad, no tienen hoy un hombre público más expectable que el General Rosas” ...”se habla de él popularmente de un cabo al otro de América”...”no hay lugar en el mundo donde se ignore su nombre...” “Cual es la celeridad parlamentaria de esta época que no se haya ocupado de él”...  A pesar de ser un enemigo político de Rosas, honestamente ...”Si se pidiesen títulos de Rosas a la nacionalidad Argentina, yo contribuiría con un sacrificio no pequeño al logro de su rescate”....”El primer partido de América que haya repelido a los estados de Europa, es el de Rosas”.
A la caída de Rosas surgen las disensiones entre los emigrados Las intenciones constituyentes de Urquiza pondrán en funcionamiento el genio de Alberdi, dando origen a las Bases y puntos de partida para la organización nacional. La lucha política no atrae a Alberdi; pero se convierte en un decidido defensor de la política urquicista.   En 1854 Urquiza es designado presidente de la República y Alberdi es nombrado encargado de negocios ante los gobiernos de Francia, Inglaterra y España. Sin hacer escala en Buenos Aires, se embarca para Europa a bordo del "Lima".  El gobierno de Mitre lo remueve de su cartera diplomática. Publica en 1869 una serie de folletos denunciando el carácter de la guerra, reunidos bajo el títuloEL CRIMEN DE LA GUERRA 
En 1863 una revolu­ción fraguada en Uruguay contra el presidente uruguayo Pereyra (Blanco) por el coronel Venancio Flores (colorado), que había formado en las filas de los liberales mitristas que avasalla­ron el interior argentino, le dio ocasión al imperio de Brasil para algo de mayor alcance.    El gobierno paraguayo solicitado por el de Mon­tevideo en sus apuros, intervino en el conflicto ante la amenaza que para el equilibrio de la Amé­rica Austral, comportaba la descarada intromisión imperial Brasileña en el Plata. Lo cierto es que el Paraguay de Francisco Solano López resistió durante cinco años  a la Argentina de los liberales mitristas, al Uruguay de Venancio Flores y al Imperio del Brasil en la denominada “Guerra de la triple alianza” que algunos historiadores llaman de la “Triple Infamia”
Estos le llevaron guerra de exterminio. Esa guerra que resultó de la injerencia argen­tino-brasileña en el Uruguay; se inició con el bom­bardeo de Paysandú por la escuadra imperial, mandada por el almirante Tamandaré el 2 de ene­ro de 1865.
El asedio de la plaza por los revolucionados orientales en tierra y por los marinos brasileños en el agua, duró tanto que los pertre­chos de guerra de la escuadra imperial se agotaron.  Y entonces el arsenal de Buenos Aires suministró las bombas que faltaban a los atacantes para con­tinuar el bombardeo. Mostrando su beligerancia.
Solano López (Presidente Paraguayo) solicitó permiso para cruzar territorio correntino y atacar la ciudad Brasileña de Uruguayana; Mitre le contesta que no porque ÄRGENTINA ERA NEUTRAL” entonces Solano López ataca a Corrientes (previa de­claración de guerra) el 13 de abril de 1865; Provincias enteras se mostraban apáticas ante este ataque.
El gobierno nacional debió constantemente dis­traer tropas del ejército en guerra con el Paraguay, a cuidar su retaguardia en el interior. En la lucha fratricida las fuerzas de los dos países her­manos (Argentina y Paraguay) hicieron prodigios de valor y de heroísmo sin ninguna ventaja para ninguno de ellos, sino únicamente para el Brasil,   
Mitre, aliado a Brasil y al gobierno impuesto por este, declarara la Guerra al Paraguay, como de costumbre, con frases célebres: “Tres días en los cuarteles, tres semanas en campaña, tres meses en Asunción”. La guerra duraría cinco penosos años, y Mitre, como no podía ser menos, fue general de todos los ejércitos. No gana ni una batalla y los brasileros lo reemplazan. Una guerra injusta, un genocidio del pueblo paraguayo

Muchos se opusieron a esa guerra infame, entre otros el autor del Martin Fierro, José Hernández y Juan Bautista Alberdi….éste entabla con Mitre una agria polémica publica en la que entre otras cosas, refiréndose al propio Mitre, le enrostró la siguiente frase: “Si al menos hubiera yo tomado una escarapela, una espadas, una bandera de otro país, para hacer oposición al Gobierno del mío, como en Monte Caseros lo hizo otro Argentino contra Buenos Aires, con la escarapela Oriental, como oficial Oriental, bajo la bandera oriental y alienado con los soldados de brasil..” y opinando luego además sobre la política del mitrismo agrega:  “Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)    
"En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales, Mitre, Sarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras ellos tienen un Alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje”"

Juan Bautista Aberdi al hacer referencia a los Empréstitos y negociados para reconstruir el Paraguay luego de la guerra dice que “los empréstitos paraguayos tuvieron inspiraciones extranjeras al Paraguay”. Alberdi ve claramente esos episodios de vasallaje y extorsión financiera sobre Paraguay, y señaló los empréstitos como “un entuerto que por su origen e inspiración no fue paraguayo, sino exótico, y surgido desde fuera por gentes afiliadas desde mucho antes en la obra de destruir Paraguay, en el interés de un poder que aspira a absorberlo todo después de arrasado”, y dirá con razón: “López no dejó deuda exterior paraguaya. La tiranía no pensaba como el liberalismo de sus adversarios que han probado su ´patriotismo´ endeudando a su país en millones que su tesoro escaso no puede pagar. Hechos después de la guerra y como consecuencia suya, se diría que esos empréstitos han sido una prosecución de la campaña contra ese país, al coincidir sus efectos y condiciones desastrosas y el papel de sus inspiradores durante la celebre contienda”

“Toda la prensa del General Mitre - escribió Alberdi – ha recibido la consigna de imputarme el folleto titulado “Les dissensions des Républiques de La Plata er les machinactions du Brasil”, como un acto de traición…Que el folleto precitado sea o no mío, es cuestión de poca monta, desde que todas sus ideas me pertenecen” (Alberdi: Los intereses argentinos en la guerra)

La campaña de los “liberales Mitre y Sarmiento” siguió personalizándose en Alberdi porque su voz era la mas respetable y resonante de todas las que habían logrado sucumbir de esa hecatombe.

El ilustre pensador no dejó de presentarles batalla. En 1867 sintetizaba la esencia del problema: “Luego yo he sido atacado esta vez, no por defender al Paraguay, sino por defensor de la República Argentina; no por aparaguayado como se dice en Buenos Aires, sino por argentino; es el patriotismo nacional argentino bien entendido”         
Todavía en 1879, en conversación que tuvo en Paris con el doctor Ernesto Quesada, Alberdi le decía:
“Para consolidar tal ´Redención´ y uniformar el país en ese sentido, los hombres de Buenos Aires se enfeudaron a la política brasilera, y fomentaron la revolución Oriental de Flores, el escándalo de Paysandú y terminaron con el tratado de la triple alianza para arrasar al Paraguay y obligar a las provincias, so capa de la guerra internacional y merced al estad de sitio, a someterse a la política porteña. Consideré tal guerra como el más funesto error histórico y la mayor calamidad para nuestra nacionalidad: por eso la combatí desde el extranjero, como lo hicieron Guido Spano y la mismo Navarro Viola, que como verdadero patriota, debía mostrar a nuestras provincias el abismo que conducía tan monstruosa guerra, contraria a los intereses verdaderos de Plata y que solo serviría al Brasil para debilitar a sus linderos del Sud, consolidar su influencia agresivamente imperialista y legalizar sus usurpaciones territoriales...”( Entrevista celebrada en Paria, el 6 de junio de 1879. Quesada: La figura histórica de Alberdi)

La estadía de Alberdi en Buenos Aires no po­día ser pacifica. Su sola presencia era un factor de beligerancia. Cuando el Presidente Julio A. Roca, admirador confeso del padre de la Consti­tución, envió un mensaje al Congreso (14 de no­viembre de 1880) solicitando una edición de las obras de Alberdi, Mitre y "La Nación" declararon abiertamente la guerra contra lo que constituía la reivindicación oficial de sus ideas sobre la or­ganización nacional, sobre la guerra del Para­guay y otros tantos temas.
Los mitristas habrían de oponerse también al nombramiento de Alber­di como representante diplomático en París, ne­gando al Presidente Roca el acuerdo del Senado.
El 8 de agosto de 1881, enfermo y amargado, Alberdi volvió a Europa, embarcándose en el Equateur. Roca lo nombró ministro en Chile, pe­ro la enfermedad de Alberdi, agravada su viaje a Europa, le Impedirla ya definitivamen­te regresar.
Su misión en la patria estaba cumplida. La patria le daba un mezquino agradecimiento para remediar sus angustias económicas: el Presidente Roca lo nom­bró Comisario de Inmigración, y aún el Congre­so le acordó una pensión. No era mucho; pero si mucho mas que lo que dio a otros grandes hom­bres. Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884.
Sus restos fueron repatriados en 1889 y descansan en la Casa de Gobierno de la provincia de Tucumán.

Bibliografía:
García Mellid, Atilio  “Proceso a los Falsificadores de la Guerra del Paraguay
García Mellad, Atilio “Proceso al liberalismo Argentino”
La Gazeta”.com
Quesada Ernesto “La figura histórica de Alberdi”
Rosa, José María “Historia Argentina”
Rosa, José María “La Guerra del Paraguay y las montoneras Argentinas”

COMBATE DE PERDRIEL: 1RO DE AGOSTO DE 1806

Por el Prof. Julio R. Otaño


Al promediar 1805 el Mundo se encontraba dividido entre las dos grandes potencias enemigas; Francia a través del Emperador Napoleón queda dueña de Europa y Gran Bretaña dueña de los Océanos y Mares, con manos libres para conquistar mercados donde colocar su gran producción industrial.  España, aliada de Francia sería a través de sus colonias una de sus víctimas. 

El 24 de junio de 1806 tropas británicas de elite, desembarcan en Quilmes al mando de William Carr Beresford ocupando la ciudad de Buenos Aires al día siguiente. 

Prácticamente sin combatir,  1560 ingleses se apoderaron de una ciudad de 50.000 habitantes. Como señalan crónicas de la época en los 46 días de dominación inglesa hubo complacientes que agasajaron a los invasores con sus tertulias, sus dulces y sus valses y unos cuantos espías. 
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Pero muchos otros como Santiago de Liniers, Martín de Álzaga  y Juan Martín de Pueyrredón  buscaban reunir tropas e iniciar la reconquista.   

El primero se dirige a Montevideo a pedir ayuda al Gobernador Ruiz Huidobro mientras que Álzaga financia y organiza la resistencia dentro de la ciudad de Buenos Aires y Pueyrredón comenzó a agrupar gauchos y paisanos en los “Santos Lugares” (Gral San Martín).  

Para ello se arrendó los llamados “Caseríos de Perdriel”, propiedad situada a 4 leguas de Buenos Aires (Villa Ballester). Había tomado el nombre de su antiguo dueño, el francés Julián Perdriel, y después perteneció a Domingo Belgrano. 

Estaban cercados con espinillos, ombúes y Talas que bordeaban un foso, y tenía un edificio de dos cuerpos y azotea, cuyas habitaciones daban a un patio central, cerrado con una reja.   

Pueyrredón había reunido el contingente de gauchos, con los blandengues que el comandante Antonio Olavarría había recogido en la frontera. En ese histórico lugar, el 31 de julio de 1806 se encuentran reunidos aproximadamente 800 hombres con sus correspondientes caballadas.  

Enterado Beresford dispuso de inmediato que parte de las fuerzas quedaran acuarteladas en estado de alerta y otras, al mando del coronel Denis Pack, jefe del regimiento 71 Highlanders, se aprestaran a marchar, oficiando de guía el criollo Francisco González.    

En la mañana del 1 de agosto,  Martin Rodriguez desde la torre de la iglesia de “Los Santos Lugares” (Plaza principal de Gral. San Martín), divisó la llegada de los invasores y se dirigió rápidamente a Perdriel donde comunicó la novedad a Pueyrredón.  A la altura de las actuales instalaciones del Liceo Militar General San Martin y el Tiro Federal,  los británicos hicieron alto para organizar su despliegue.     Beresford dividió la infantería en dos alas, a derecha e izquierda de la artillería. La reserva permaneció a retaguardia al mando del Coronel Pack, cubriendo la artillería y al cuerpo de oficiales encabezado por Beresford.    A las 08.30, ambas fuerzas se enfrentaron y no tardaron mucho las experimentadas tropas inglesas en producir la dispersión de las fuerzas rioplatenses.

Sólo un centenar de hombres permanecía en el campo, Juan Martín de Pueyrredón se lanzó entonces en una carga sobre el flanco derecho para silenciar los cañones; mientras sus hombres se adueñaban de un carro de municiones, su caballo fue muerto por una bala rasa de cañón, quedando de pie y rodeado por la oficialidad británica, pero fue rescatado por la valiente intervención del Alcalde de Pilar, capitán Lorenzo Lopez;  Pueyrredón de un salto montó en ancas y ante el asombro de los ingleses, que no atinaron ni a tirotearlos, dado lo instantáneo de la acción, desaparecieron tras la loma.  Posteriormente se dirigió a la chacra de Márquez (actuales tierras de los talleres militares de Boulogne Sur Mer) para reagruparse y esperar a Liniers para avanzar sobre Buenos Aires. 

El número de bajas en ambos bandos fue bajo: veinte ingleses muertos y diez heridos, y sólo tres muertos y cuatro heridos entre los defensores.

Finalmente Liniers desembarcó el 6 de agosto en inmediaciones de la desembocadura del Río Reconquista y  Pueyrredón se incorporó a sus fuerzas con sus hombres.

El 12 de agosto se produciría finalmente el ataque y reconquista de la ciudad.

El combate de “Perdriel”, permitió que el Pago de Santos Lugares, hoy día Gral. San Martín comenzara a insertarse en la historia grande de la Patria. La importancia de este encuentro fue ratificado por el Cabildo de Buenos Aires, al otorgar, con autorización del Virrey, un escudo conmemorativo de la acción librada, entrega formalizada el 23 de diciembre de 1806.

viernes, 26 de agosto de 2016

HOMERO

Por Osvaldo Vergara Bertiche

Nacido en Añatuya, Provincia de Santiago del Estero, el 1º de Noviembre de 1907, vive solamente 44 años. Fallece en 1951, más precisamente el 3 de Mayo.Su verdadero nombre es Homero Nicolás Manzione Prestera.  Como un presagio, que es una señal que indica, previene y anuncia un suceso, sus padres lo bautizan Homero.

Homero, el griego, fue un poeta y rapsoda (recitador ambulante de versos), que vivió en la segunda mitad del siglo VIII, alrededor de 725-700 años antes de Jesús Cristo y su nombre significa en griego moderno: rehén.

Tradicionalmente se le atribuye la autoría de las principales épicas griegas, La Ilíada y La Odisea, la épica menor cómica Batracomiomaquia (‘La guerra de las ranas y los ratones’), el corpus de los himnos homéricos, y varias otras obras perdidas o fragmentarias tales como Margites. Algunos autores antiguos le atribuían el Ciclo Épico completo, que incluía más poemas sobre la Guerra de Troya así como poemas tebanos sobre Edipo y sus hijos.

Se lo considera ciego, y a pesar de dudas históricas, es el pilar sobre el que se apoya la épica grecolatina y, por ende, la literatura occidental.

En la figura de Homero, el griego, confluyen realidad y leyenda.

En nuestro Homero, Homero Manzi, confluyen realidad y recuerdo. La apreciación de una realidad que quedó en el tiempo; es decir: ¿dónde estará? o ¿dónde estarán?, ¿qué se habrá hecho) o ¿que se habrán hecho?, ¿por dónde andará? o ¿por dónde andarán?.

Homero Manzi es, entonces, un poeta elegíaco.

La Elegía (diccionario de la Real Academia) es una “Composición poética del género lírico, en que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o acontecimiento digno de ser llorado, y la cual en español se escribe generalmente en tercetos o en verso libre. Entre los griegos y latinos, se componía de hexámetros y pentámetros, y admitía también asuntos placenteros”.

Las invocaciones en formas de preguntas retóricas son típicas de la elegía.

Esta forma poética clásica tuvo gran influencia entre muchos de nuestros poetas; lo que denota la estatura intelectual de todos ellos.

Así también, Catulo, (sin acento) el latino, tenía una amada a la que escribía elegías; se llamaba Clodia. Otro poeta muy famoso, griego, fue Calímaco que escribía exámetros elegíacos a los héroes como Ulises.

Vamos a rescatar dos conceptos. Elegía es evocación, lloro, lamento de alguien que murió, o de algo que pasó y ya no está. Que puede llegar a ser placentero en algunos casos. Que tiene algún tópico para identificar el qué se habrán hecho, el dónde estarán, o el qué fue de aquél, y que podemos relacionar con palabras como lamento, melancolía, queja, evocación, tristeza. Es decir, es el llanto o el lamento de lo que ya no está o no puede volver nunca más.

Es buscar en el recuerdo algo y al mismo tiempo una forma de traerlo al presente.

Esta evocación a la que llamamos nostálgica no es necesariamente triste; es el pasado que sólo vuelve a través del recuerdo. Ese recuerdo que de alguna manera nos hace felices, porque fue digno. Es necesario, casi condición sine qua non, que todo autor de elegía haya sido protagonista o testigo de los hechos que memora.

Para ejemplificar la prosapia que tiene esta forma poética, que tomó Homero Manzi, podemos remitirnos a las Coplas a la muerte del padre, de Jorge Manrique, que fueron escritas casi 20 años antes del descubrimiento de América.

Cito solamente dos estrofas como ejemplo de qué es la poesía elegíaca y cómo Manzi la refleja.
Atienda el alma dormida, / avive el seso y despierte, contemplando, / cómo se nos pasa la vida, / cómo se nos viene la muerte, / tan callando / cuán presto se va el placer / cómo una vez otorgado da dolor, y cómo a nuestro parecer / cualquiera tiempo pasado fue mejor.

Primera cuestión a tener en cuenta: "cualquiera tiempo pasado fue mejor". Ahí está la evocación. Y la valoración de ese tiempo pasado.

En la última estrofa, son más de 48 octavillas, vemos que no es una elegía triste, sino que es laudatoria, o sea que contiene alabanzas, el poeta evoca al padre como un héroe que peleó contra los moros, que fue un hombre honesto, que fue amigo de los amigos, que fue un creyente, que sirvió a la corona de su rey verdadero.

Y termina diciendo:

Así con tal entender / rodeado de su mujer, / hijos, hermanos y criados, / dio la vida a quien se la dio, / la cual halló en el cielo su gloria, / y aunque la vida perdió, / dejónos harto consuelo su memoria.

Y esto, que es hermosísimo, es la segunda cuestión a considerar: "dejónos harto consuelo su memoria". La memoria consuela el pesar de lo que se ha perdido. El padre murió, pero Manrique dice tengo consuelo en la memoria, en el ejemplo que él dejó y evocándolo me siento bien.

Un tema de Manzi, ejemplo de elegía total, es Sur, quizás el más conocido de sus tangos, dice:
San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,Pompeya y más allá la inundación.Tu melena de novia en el recuerdoy tu nombre florando en el adiós.La esquina del herrero, barro y pampa,tu casa, tu vereda y el zanjón,y un perfume de yuyos y de alfalfaque me llena de nuevo el corazón.

Sur,paredón y después...
Sur,una luz de almacén...
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidrieray esperándote.

Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya...

Las calles y las lunas suburbanas,
y mi amor y tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé...

San Juan y Boedo antiguo,
cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.

Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

Siguiendo con esta alcurnia poética que tiene la elegía, podemos descifrar cómo Manzi lo lleva al cancionero popular.

Otro antecedente famoso de elegía es un soneto de don Francisco de Quevedo y Villegas, del siglo XVI, que escribe a su protector. Se llama Memoria inmortal de don Pedro Téllez Girón, duque de Osuna, muerto en prisión.

A este soneto Borges lo juzgó como uno de los más hermosos de la lengua castellana.

"Faltar pudo su patria al grande Osuna, / pero no a su defensa sus hazañas; / diéronle muerte y cárcel las Españas, / de quien él hizo esclava la fortuna. / Lloraron sus envidias una a una / con las propias naciones las extrañas; / su tumba son de Flandes las campañas / y su epitafio la sangrienta luna. // En sus exequias encendió el Vesubio / Parténope y Trinacria al Mongibelo; / el llanto militar creció en diluvio; / diole el mejor lugar Marte en su cielo; / la Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio, / murmuran con dolor su desconsuelo."

Esta poesía, también hermosísima que trata de ser triste, "murmuran con dolor su desconsuelo" en realidad pierde su tristeza y melancolía al ser tan grandilocuente la evocación del Duque de Osuna al decir "Su tumba son de Flandes las campañas, y su epitafio la sangrienta luna".

Manzi también murmura con dolor su desconsuelo cuando dice en el vals A su Memoria:
Hoy vuelves del recuerdo, madre mía,envuelta en la penumbra del pasado,trayendo la nostalgia de los díasque en horas de placer hube olvidado.

Y la evocación:

Vendrás, siempre, vendrás,
a consolar mi mal
cuando mi cerrazón busque luz,
cuando mi corazón te nombre más.

Estos antecedentes poéticos que se remontan a griegos y latinos, se encuentra presente, entonces, en nuestro poeta. Quizás cambian los tópicos, ya no era un héroe. Ahora es el viejo barrio, los amigos, los personajes urbanos, la mujer amada…

Homero Manzi, el poeta elegíaco por antonomasia, evoca su juventud, su adolescencia en el colegio Abraham J. Luppi, donde desde su ventana veía el farol balanceando en la barrera y el terraplén. Todo está narrado en Barrio De Tango:

Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,
durmiéndose al costado del terraplén.
Un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren.

Un ladrido de perros a la luna.
El amor escondido en un portón.
Y los sapos redoblando en la laguna
y a lo lejos la voz del bandoneón.

Barrio de tango, luna y misterio,
calles lejanas, ¡cómo estarán!
Viejos amigos que hoy ni recuerdo,
¡qué se habrán hecho, dónde estarán!

Barrio de tango, qué fue de aquella,
Juana, la rubia, que tanto amé.
¡Sabrá que sufro, pensando en ella,
desde la tarde que la dejé!

Barrio de tango, luna y misterio,
¡desde el recuerdo te vuelvo a ver!

Un coro de silbidos allá en la esquina.
El codillo llenando el almacén.
Y el dramón de la pálida vecina
que ya nunca salió a mirar el tren.

Así evoco tus noches, barrio 'e tango,
con las chatas entrando al corralón
y la luna chapaleando sobre el fango
y a lo lejos la voz del bandoneón.

He querido exaltar estas cuestiones, porque este poeta es uno de los pináculos de nuestra cultura. A diferencia de Quevedo no tuvo protectores, sino por el contrario, por su clara y pertinaz acción política fue perseguido y encarcelado, expulsado de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, y cesanteado en sus cargos de docente de Historia y Literatura.

Otros ejemplos de elegía, remarcan aún más la poética de Manzi, al mismo tiempo que ponen de manifiesto la nobleza de esta forma literaria.

La poesía de Miguel Hernández dedicada a su amigo Ramón Sijé, a la que le pusiera música Joan Manuel Serrat, dice:

"(En Orihuela su pueblo y el mío, se me ha / muerto como del rayo mi amigo Ramón Sijé, a quien / tanto quería.) / Yo quiero ser llorando el hortelano, / de la tierra que ocupas y estercolas, / compañero del alma, tan temprano. // Alimentando lluvias y caracoles, / y órganos mi dolor sin instrumento, / a las desalentadas amapolas / daré tu corazón por alimento. / Tanto dolor se agrupa en mi costado, / que por doler me duele hasta el aliento."

Es una elegía triste, desgarradora, emocionante, dolorosa.

Manzi en Discepolin le dice a su viejo y entrañable amigo, de la misma manera:

Sobre el mármol helado,
migas de medialuna
y una mujer absurda
que come en un rincón ...

Tu musa está sangrando
y ella se desayuna ...
el alba no perdona
ni tiene corazón.

Al fin, ¿quién es culpable de la vida grotesca
y del alma manchada con sangre de carmín?
Mejor es que salgamos antes de que amanezca,
antes de que lloremos, ¡viejo Discepolín!...

Otras elegías, como la de Jorge Luis Borges, son evocativas y no hacen más que llenar de dignidad a quien la evoca. En El Tango, dice:

"¿Dónde estarán?, pregunta la elegía / de quienes ya no son, como si hubiera / una región en que el Ayer pudiera / ser el Hoy, el Aún y el Todavía. // ¿Dónde estará (repito) el malevaje, / que fundó en polvorientos callejones / de tierra o en perdidas poblaciones, / la secta del cuchillo y del coraje? // ¿Dónde estarán aquellos que pasaron / dejando a la epopeya un episodio, / una fábula al tiempo y que sin odio, / lucro o pasión de amor se acuchillaron."

Borges explica de modo sencillo todo lo que cualquiera de nosotros no explicaría en 50 minutos de charla.

Borges plantea que la elegía es esa región donde el ayer se puede transformar en el hoy, el aún y el todavía.

Borges, que es un creador de regiones, él crea los orilleros, postula a poetas como Evaristo Carriego, inventa toda una poética y una región, no sólo geográfica, sino histórica, elige la región del ayer, que es un ayer feliz, el de los cuchilleros, valientes, dice que esto pervive en "esa ráfaga, el tango, esa diablura, / los atareados años desafía; / hecho de polvo y tiempo, el hombre dura / menos que la liviana melodía, / que sólo es tiempo."

Borges salva esta cuestión de la evocación; al pasado ineluctable que no vuelve, lo salva con la poesía y dice que también lo salva el tango, que dura más que el hombre, esa "liviana melodía".

Esta evocación nos hace regresar a un pasado que fue feliz. Una evocación que nos hace felices.

Esa es la clave que Manzi nos entrega en toda su obra..

En el tango El Último Organito, Homero no evoca a una amada, a la barra, o al amigo, sino a un objeto: “el organito, un simple objeto que cumple el papel de conjuro, una especie de sortilegio donde al mencionarlo se convocan antiguos recuerdos, vecinos, a la que abría las persianas y se cansó de amar, el caballo blanco, el rengo y el monito, el alma del suburbio”.

Es un tango claramente elegíaco, es una poesía evocativa, nostálgica pero también algo triste. Sin embargo uno se solaza en esa tristeza por la altura de su decir.

Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal,
con un caballo flaco y un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclan luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son,
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.

Arturo Jauretche en su libro Los Profetas del Odio señala que Manzi un día dijo: "Tengo por delante dos caminos: o hacerme hombre de letras o hacer letras para los hombres".

Instalado desde los nueve años en el suburbio de Buenos Aires, el entorno le permitió adentrarse hondamente en lo popular, observar en sus interminables caminatas, “atorranteando atardeceres”, a los habitantes de los barrios. Barrios que había descubierto, antes, Evaristo Carriego.

Cumplió lo prometido y escribió letras para los hombres, lo que significa letras entendibles, pero que también convierten a los hombres, expresión por seres humanos, en personajes centrales de cada historia.

Sus poesías pueden considerarse como discursos literarios, ya que tienen los elementos propios de páginas de la literatura: el escritor, el lector y el mensaje, en una época y en un medio determinado, y con todos los recursos del lenguaje: los temas, las relaciones intertextuales, los géneros y las figuras. Debido a ello no faltó algún distraído o malintencionado que le reprochara el propósito de "intelectualizar el tango".

Borges, en cierta oportunidad afirmó que con las letras de los tangos, bien podía crearse otra "comedia humana" al estilo de Honorato de Balsac. Manzi lo logró.

Es que en los tangos, milongas, valses, candombes y canciones de Manzi, aparecen numerosos ambientes, el arrabal, el barrio, los tipos humanos, la evocación del pasado, los sentimientos, el amor y hasta la política. Dicho de otra manera: temas orilleros, urbanos, sentimentales, filosóficos...

El suburbio, el arrabal, era transitado por pintorescos personajes; fueron desapareciendo poco a poco, avasallados por eso que llamamos progreso, y que marcó la decadencia de esa zona periférica ante el crecimiento de la gran ciudad.

Manzi lo expresa en Mano blanca

....Dónde vas carrerito porteño
con tu chata flamante y coqueta,
con los ojos cerrados de sueño
y un gajo de rueda detrás de la oreja
.......................

carrerito del barrio del Once
que vuelves trotando para el corralón.

Los sentimientos, como el amor en: Una lágrima tuya

Una lágrima tuya
Me moja el alma,
Mientras gimen las cuerdas
De mi guitarra
Ya no cantan mis labios
Junto a tu pelo
Diciéndote
Diciéndote
Lo que te quiero
..........................
puedas saber
que de tu llanto
no me olvidé
no me olvidé.

El amor, un "amor como desgarradura, como pérdida". En Fuimos:

Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
En las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada,
Fatalmente derramada sobre todas tus heridas
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve
Rosa marchitada por la nube que no llueve.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza,
Que no puede vislumbrar la tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir

Es tan triste vivir entre recuerdos...
Cansa tanto escuchar ese rumor
De la lluvia sutil que llora el tiempo
Sobre aquello que quiso el corazón.

En Ninguna

Esta puerta se abrió para tu paso.
Este piano tembló con tu canción.
Esta mesa, este espejo y estos cuadros
guardan ecos del eco de tu voz.

Es tan triste vivir entre recuerdos...
Cansa tanto escuchar ese rumor
de la lluvia sutil que llora el tiempo
sobre aquello que quiso el corazón.

No habrá ninguna igual, no habrá ninguna,
ninguna con tu piel ni con tu voz.
Tu piel, magnolia que mojó la luna.
Tu voz, murmullo que entibió el amor.

No habrá ninguna igual, todas murieron
en el momento que dijiste adiós.
Cuando quiero alejarme del pasado,
es inútil... me dice el corazón.

Ese piano, esa mesa y esos cuadros
guardan ecos del eco de tu voz.
En un álbum azul están los versos
que tu ausencia cubrió de soledad.

Es la triste ceniza del recuerdo
nada más que ceniza, nada más...

Los tipos humanos podemos apreciarlo en Eufemio Pizarro

Morocho como el barro era Pizarro,
Señor del arrabal;
Entraba en los disturbios del suburbio
con su frío puñal.
Su brazo era ligero al entrevero
Y oscura era su voz.
Derecho como amigo o enemigo
No supo de traición.
Cargado de romances y de lances
La gente lo admiró.
.....Con un vaivén de carro iba Pizarro,
perfil de corralón,
cruzando con su paso los ocasos
del barrio pobretón.
La muerte entró derecho por su pecho,
buscando el corazón.Pensó que era más
Fuerte que la muerte
Y entonces se perdió.

Eufemio Pizarro, fue un famoso y típico compadre, anarquista, que conociera Manzi, cuando, indultado por Yrigoyen, regresó del penal de Usuahia donde estuviera confinado.

En Milonga del 900, Manzi habla del orillero, no como lo hiciera Evaristo Carriego, para quien el guapo era "un cultor del coraje" por su valentía.

Para Manzi, era "un producto de la miseria circundante, de una sociedad que no brindaba alternativas".

Me gusta lo desparejo
y no voy por la "vedera".
Uso funghi a lo "Massera",
calzo bota militar.
La quise porque la quise
y por eso ando penando,
se me fue ya ni sé cuándo,
ni se cuándo volverá.

Me la nombran las guitarras
cuando dicen su canción.
Las callecitas del barrio
y el filo de mi facón.

Me la nombran las estrellas
y el viento del arrabal.
No sé pa' qué me la nombran
si no la puedo olvidar.

Soy desconfiao en amores,
y soy confiao en el juego.
Donde me invitan me quedo
y donde sobro también.

Soy del partido de todos
y con todos me la entiendo,
pero váyanlo sabiendo
¡soy hombre de Leandro Alem!

No me gusta el empedrao
ni me doy con lo moderno.
Descanso cuando ando enfermo
y después que me he sanao.

La quiero porque la quiero
y por eso la perdono.
No hay nada peor que un encono
para vivir amargao.

Aquí introduce un tema político, una declaración terminante “soy hombre de Leandro Alem”

El tango y la milonga en muchos casos expresaron hechos y protagonistas de la historia política argentina; sin embargo, con la desaparición de gobiernos y de ciertos políticos actuantes de ese entonces, las composiciones perdieron vigencia.

No así en Manzi, que siempre dio su testimonio, pero que sus letras políticas perduran por expresar lo inminentemente popular, lo profundamente arraigado en las masas, y que lo manifiesta en esa síntesis del proceso del campo nacional: en el tránsito del yrigoyenismo al peronismo. Escribió también dos milongas, una dedicada a Eva Perón y otra para Juan Domingo Perón.

La evocación del pasado en El Pescante

¡Vamos!...
cargao con sombra y recuerdo
¡Vamos!...
atravesando el pasado......
¡Vamos!...
al son de tu tranco lerdo
¡Vamos!...
camino al tiempo olvidado.

Los métodos de análisis del discurso, hacen referencia al carácter no unitario del mismo y a sus interferencias léxicas. El texto es considerado como el producto de un trabajo sobre textos anteriores o contemporáneos. Las relaciones intertextuales son variadas: parodia, polémica, comentario, imitación.

El tango, es también un discurso y por lo tanto aparecen las relaciones intertextuales, elementos tomados de otros textos, que cuando proceden de autores famosos, pueden individualizarse sin ninguna dificultad

Así Evaristo Carriego, en Has vuelto dice:

Has vuelto organillo........
El ciego te espera
Las más de las noches sentado
a la puerta..............

..............pianito que cruza la calle cansado
moliendo el eterno familiar
motivo................

Manzi en Viejo Ciego:

Con un lazarillo llegás por las noches
Trayendo las quejas del viejo violín.
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín..
.................

Parecés un verso
del loco Carriego
parecés el alma del viejo violín.
.............

a ver, viejo ciego, tocá un tango lento
muy lento y muy triste que quiero llorar.

Es que tanto el verso de Evaristo Carriego como el de Manzi recuerda esa figura del viejo ciego violinista, la de un ciego musicante.

Es aquí que debemos señalar que la poética de Homero Manzi se inserta como un todo continuo con aquella primigenia de Rubén Darío, luego la de Leopoldo Lugones, a renglón seguido la de Evaristo Carriego para culminar, justamente en Homero Manzi.

Horacio Salas en su libro “Tango” afirma al referirse a Manzi, que tuvo un "un lenguaje depurado, literario, pero al mismo tiempo popular. Con innegable influencia lorquiana".

No cabe duda, en algunas de sus canciones se nota una relación intertextual con Federico García Lorca. Las canciones de Manzi tienen características propias de las mejores páginas antológicas, lo que le da una verdadera calidad literaria.

Dice Federico García Lorca en Alba
Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.

La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.

La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.

Manzi en De mi casa a tu casa, un aire de bailecito

La carta que me has devuelto
"mis dedos" no la escribió,
se la dicté al escribano
contándoles “mis dolor”.

Me has privao de “tus ternura”
me has privao de “tus querer”.
Al final me resultaste
como todas “las mujer”.

Dicen que es necesario
cantar de noche para olvidar.
Dicen, pero no es cierto
porque los cantos recuerdan más.
………………………….

Desde mi casa a tu casa
una huella dibujé
los pastos la van borrando
desde que no me querés.

Pa' curarme de tus males
consulté con “los doctor”
ellos dicen que no tienen
remedio pa' “mis dolor”.

El cubano Nicolás Guillén en CANTO NEGRO

¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba,
serembe cuserembá.

El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.

Acuememe serembó,
aéyambó, aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!

Y Manzi en Calún Gangué

Calún Gangué
Yeye yumbá
yeye yumba
Calún gangué
yeye yumbá yumba

Calún gangué-é-é
Yeye yumbá calún,
calún gangué.

El amor para que dure
tiene que ser como el locro
un poquitito de trigo
un poquitito de todo.

Del otro lado del río
los unitarios están pero
no les tengo miedo
ni un poquitito de miedo
porque el río es federal.

Yeye yumbá calún
calún gangué-éyeye yumbá
calún calún gangué
yeye yumbá
calún calún gangué.

La piel de color moreno
el pelo color carbón...
¡Y en lo oscurito del pecho
donde duermen los recuerdos
colorado el corazón!...

Calún Ganguéyeye yumbá
yeye yumba,
Calún gangué
yeye yumbá yumbá
Calún gangué-é-é
Yeye yumba yumba
calún guangué-é-é
Yeye yumbá calún calún gangué.

Guillén y Manzi, intertextualmente realizan a través de sus poemas una reivindicación del negro, del mulato, ya que sin duda es el sector sufriente, maltratado, explotado, junto a los primigenios dueños de la tierra, por los detentores de la civilización, civilización entre comillas.

El lenguaje y sus recursos

Sabemos que el uso adecuado del lenguaje es importantísimo en la coherencia global del texto, en su macroestructura para dar así una significación exacta a las secuencias de las oraciones.

El cómo se dice permite conocer los recursos que utiliza el escritor en sus obras.

En los tangos, Manzi en algunos casos, desde la realidad circundante, en otros, a partir de sus propias emociones utiliza palabras cargadas de doble significación. Es decir, denotación y connotación.

La realidad, el mundo circundante que narra, está estructurado entre otros elementos por los acontecimientos, el tiempo, los personajes y el medio. En otras palabras: descripción, narración, diálogos y retratos.

La narración es una sucesión de hechos que transcurren en un tiempo y en Mañana Zarpa un Barco, la deja expresada de manera contundente:

Riberas que no cambian tocamos al anclar.
Cien puertos nos regalan la música del mar
Muchachas de ojos tristes nos vienen a esperar
y el gusto de las copas parece siempre igual.
Tan sólo aquí en tu puerto se alegra el corazón.
Riachuelo donde sangra la voz del corazón.
Bailemos hasta el eco del último compás,
Mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más.

La descripción es la presentación de rasgos distintivos de un objeto, de un lugar, de una escena observada o de una persona. La descripción identificada en la nostalgia de los afectos perdidos aparece en las letras que evocan el barrio, una ciudad, una calle, o simplemente algún rincón.

Justamente, en el tango Un Rincón dice:

Allí, tal vez, tal vez,
tu ayer encontraré.
Tu ayer cargado de silencio
volviendo por las calles del recuerdo.
La vida que se ha muerto y no se ha muerto.
Sombras, sueños.
Quemar, quemar el corazón
y luego recordar en un rincón.

En un rincón vivió el amor
la luz feliz, la luna llena.
Tus ojos grandes, tus manos buenas
y al fin la soledad del corazón.
En un rincón murió tu voz,
la luz más gris, más gris de amor.

Jorge Luis Borges hace una descripción literaria en La fundación mítica de Buenos Aires

La manzana pareja que persiste en mi Barrio
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.
Un almacén rosado como revés de naipe
Brilló en la trastienda y conversaron un truco
El almacén rosado floreció en un compadre....

Y Manzi en el tango Buenos Aires colina chata, hace exactamente lo mismo:

Sobre una colina chata
Garay trazó cuatro vientos;
por un costado La Pampa,
al otro lado un Riachuelo
y el río contra la espalda
y contra el pecho el desierto
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.

Garay trazó diez manzanas
sobre un cuadrado perfecto
y el sitio de las campanas
y el lugar de su gobierno
y las casas capitanas
y los tejados modestos
y el ámbito de la plaza
para los grandes recuerdos.

Garay trazó con su espada
la forma de un pueblo nuevo.
¿Cómo era la pampa aquella
sin gauchos y sin cencerros,
sin chinas, ranchos, ni güeyas,
sin boliches ni puesteros?
¿Cómo era entonces La Pampa
sin estancias ni potreros,
sin una sola guitarra,
sin el ladrido de un perro?...
¿Sin un mazo de baraja,
sin el grito de un resero,
sin un fogón y una casa,
sin un mate y sin un cuento?...

Sólo era una pampa pampa,
con un desierto desierto
y su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.

Qué raro que se quedaran
los españoles aquellos,
atados a las distancias
clavados a los silencios.
Tal vez porque ya eran otros
distintos de los primeros.
Tal vez porque ya eran criollos
a fuerza de sufrimientos.
Porque llegaron del norte
inaugurando senderos
madurados por los soles
y las lluvias de febrero.

Tanto uno de los principales escritores de la literatura argentina, como es Jorge Luis Borges, y Homero Manzi han hecho verdaderas descripciones literarias.

En la poesía las funciones del lenguaje son informativas, por las descripciones, pero expresivas al manifestar sentimientos.

En el tango de Manzi, se manifiestan los elementos propios de una obra literaria.

Es que la lírica expresa en su contenido el mundo interior del autor. Suele traducir estados de ánimo, emociones, pasiones, modos de valorizar.

En muchos temas, Manzi hace predominar lo subjetivo, como en Ay de mí, un triste campestre:

Sombra de pluma,
niebla flotando en el río.
¡Corazón ay de mí, ay de mí corazón!
Cerrazón del olvido.
Luz en mi noche,
poncho de amor en el frío.
¡Corazón ay de mí, ay de mí corazón!
¿Dónde está su camino?
Rueda entre nubes la luna,
adentro de la laguna.

También está presente el drama, que es una composición literaria dialogada en que se representa una acción por los personajes elegidos por el poeta, en un escenario determinado.

En el tango Hermana, Manzi uiliza la primera persona singular, y se introduce en la obra como un personaje, le habla a su hermana, es una suerte de diálogo, y la respuesta está implícita.

Te estaba zumbando un canto
adentro del corazón,
nunca debiste escucharlo,
que no era un canto de amor.

Siempre junto a la ventana,
siempre sobre el bastidor,
hermana de risa clara
distante como un adiós.

Te estaba llamando un canto
y ese canto te llevó.
Hermana, tu tristeza está en la mesa familiar,
mesa que ha enlutado tu destino,
y tu sonrisa de muchacha sin camino
en el hielo sin consuelo del hogar.

Hermana, por ausente, por perdida, por lejana,
eres más presente, más querida, más hermana...
Eres mucho, mucho más.
Tal vez te quisimos poco.
Tal vez te tratamos mal.
Nunca nos dijiste nada,
jamás te vimos llorar.

No abriremos tu ventana,
dormirá tu bastidor.
Jamás diremos tu nombre,
tu nombre también murió.

Te estaba llamando un canto
y ese canto te llevó.

En cuanto al lenguaje, Manzi usa casi en forma casi exclusiva expresiones de nivel culto, coloquial y familiar y utiliza muy poco el lunfardo o palabras consideradas vulgares.

Ciertos recursos poéticos sugieren el modo de sentir, de valorar, de imaginar del autor, y se traduce en la emoción, la fantasía y los deseos que trasuntan sus versos.

Así surgen imágenes, comparaciones, metáforas, apóstrofes, personificaciones, es decir, recursos semánticos que se relacionan con la significación o sea la connotación.

El mejor ejemplo es el tango Malena.

Malena tiene un lenguaje lleno de comparaciones, personificaciones y metáforas funcionales o sea expresar una idea con el signo de otra con la cual tiene cierta analogía

Malena canta el tango como ninguna (comparación o símil que es la relación de semejanza entre dos objetos)
En cada verso pone su corazón (metáfora)
...........................
A yuyo del suburbio su voz perfuma (sinestesia o cruce de sensaciones)
.............................
Malena tiene pena de bandoneón (metáfora funcional)
....................................
Tu canción tiene el frío del último encuentro (vivificación o atribuir cualidades propias de los seres animados)
...........................
Tu canción se hace amarga (vivificación) en la sal del recuerdo (metáfora)
............................
al rumor de tus tangos, Malena (imagen auditiva o recuerdo de una sensación)
..............................
Tus ojos son oscuros (imagen visual o recuerdo de una sensación) como el olvido (símil)
............................
tus manos, dos palomas (elipsis) que sienten frío (sinestesia)
tus venas tienen sangre de bandoneón (metáfora funcional
Tus tangos son criaturas abandonadas (personificación o dar características propias de las personas)
................................
cuando todas las puertas están cerradas (imagen visual)
y ladran los fantasmas de la canción (sinestesia)
Malena canta el tango (imagen auditiva) como ninguna (comparación)
Malena tiene pena de bandoneón (epifonema o la reflexión final).

El apóstrofe es una figura que consiste en cortar el discurso para, con vehemencia, dirigirse en segunda persona a seres abstractos o cosas o a sí mismo.

En el poema Tango aparece además, de esta figura, la enumeración, elemento común en las canciones de Manzi, que consiste en una serie de ideas referidas a un mismo asunto o enunciado de las partes de un todo.

¡Tango!
Piel oscura, voz de sangre
¡Tango!..
yuyo amargo de arrabal
¡Tango!...
chata, pingo, luna grande
.......................
guapo
recostado en el buzón...
Trampa
Luz de aceite en el garito...
¡Todo!
Todo vive en tu emoción.

Y también aparece la enumeración:

Percal y horario, ropa y costura
Pena de Agosto, tardes sin sol.
Luto de otoño, pan de amargura,
Flores, recuerdos, mármol, dolor.
Gorrión cansado, jaula y miseria
Alas que vuelan, carta de adiós.
Luces del centro, trajes de seda,
Fama y prontuario, plata y amor.

En esta última estrofa, en forma enumerativa, sin utilizar verbos, “con una sintaxis nominal, describe el destino de la piba de arrabal, la que cansada de la miseria, de su agobiante trabajo, de su soledad, ante una muerte cercana, deja atrás a la virtud, simbolizada en los tangos por el percal, se aleja de su medio, para transformarse en una milonguera o milonguita,atraída por las luces del centro, por la vida fácil del cabaret...”

Los temas de Manzi, 103 en total, como toda obra literaria, tienen todos los distintos niveles de lengua: expresión, información y apelación.

La fama, el reconocimiento de Homero Manzi fue más allá de las fronteras del país, fue un hacedor de la cultura popular, fue un militante social y político y poeta verdadero impulsor de una estética para el cancionero, que trajo como resultado su instalación definitiva.

Inspirado en formas poéticas muy nobles, de alta prosapia y antiguas, como es el caso de la elegía, han servido para desarrollar mejores sentimientos en los seres humanos.

Poeta popular, que comprendió cabalmente el espíritu del Pueblo al que pertenecía.

Manzi entendió que para acercarse poéticamente al pueblo no hacía falta hacerlo con chabacanería como escuchamos asiduamente. Y si no de muestra basta un botón: "Marta, sos la número uno, cuando pueda te vacuno" reza la letra de una cumbia villera muy difundida, entre tantas otras procacidades.

Si se compara complacientes y comercializados temas, con esta otra realizada por artistas, nos damos cuenta de la decadencia cultural a la que fuimos condenados por culpa de la colonización pedagógica.

Pero Manzi y tantos otros músicos y poetas respetables y de tanta prosapia necesitan, hoy más que nunca, de un auditorio que los reivindique y los aclame.

Y no sólo efímeramente, sino que los siga eternizando. Persisten con su son por generaciones y quedan en la memoria.

Y no hay contradicción. Existe un pasado que merece ser evocado y un futuro que tiene que ser construido para no volver a caer.

Quizás algunos nos señalen como elegíacos; pero lo elegíaco tiene que ver con las derrotas.

Muchas veces fuimos derrotados. Pero mientras llevemos adelante el sueño de la utopía la elegía nos sirve para evocar lo bueno que pudo haber habido en el pasado y servir de apoyatura para comprender el presente y construir un mundo mejor.

Para terminar, quiero compartir con ustedes las palabras de Horacio Salas refiriéndose a Homero Manzi: "Su mérito consiste en haber señalado el camino, mediante obras perdurables que hace tiempo, para horror de puristas, se codean con los mejores textos de la poesía argentina".

Manzi sigue manteniendo viva la canción. Manzi desde el pasado nos convida a repensar el futuro.