Rosas

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domingo, 21 de agosto de 2016

200 años del nacimiento de Merceditas de San Martín

Por Julio R. Otaño

"Esa mujer me ha mirado para toda la vida" (San Martín en carta a su amigo Mariano Necochea)   Poco después, y con solo quince años, Remedios de Escalada se casa con San Martín, casi veinte mayor que ella, en la Catedral de Buenos Aires. Disfrutan de una corta luna de miel pues los compromisos militares de su esposo los obligan pronto a separarse. Mientras San Martín marcha junto a los Granaderos a San Lorenzo, Remedios permanece en casa de sus padres. Es el comienzo de una corta vida en común.   No fue hasta dos años después que se reúnen en Mendoza, siendo su esposo gobernador de la provincia de Cuyo. Se integra con prontitud a las actividades políticas  Al poco tiempo una noticia le causó inmensa alegría al gobernador intendente de Cuyo, José de San Martín. Remedios, su esposa, le comentó sin rodeos que sería padre. Aquel hombre olvidó todas sus preocupaciones y con una sonrisa se puso a soñar.   El matrimonio San Martín esperaba ansioso la llegada de su primer hijo en la casa que habitaban desde 1814 y que pertenecía a la familia Alvarez (hoy Corrientes 343, Mendoza). El 24 de agosto de 1816, Remedios dio a luz a una niña. Cuenta la tradición, que doña Josefa “Pepa ”Álvarez, fue llamada con urgencia para asistir el parto de Remedios. La “Pepa ” estaba en su casa amasando y entró por una puerta trasera que comunicaba ambas casas. Cuando llegó recibió a la recién nacida con sus manos blancas de harina.
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La pequeña fue bautizada con el nombre de Mercedes Tomasa por el presbítero Lorenzo Güiraldes. Fueron sus padrinos: el sargento mayor don José Antonio Álvarez Condarco y la señora doña Josefa “Pepa” Alvarez.  En la madrugada del 25 de enero de 1817, San Martín, se despidió de su esposa Remedios y de “Merceditas ” como él la llamaba. Cuatro meses tenía Mercedes cuando su padre, el General San Martín, partió para realizar la campaña libertadora. Días después, madre e hija partieron hacia Buenos Aires y se alojaron en la casa de sus abuelos José Escalada y Tomasa Quintana.

Remedios estaba muy preocupada al no tener noticias de su esposo y de lo que ocurría en Chile, pero en la tarde del 26 de febrero, su hermano, el capitán Escalada, llegó a su casa trayendo la noticia de que se había vencido a los realistas en los llanos de Chacabuco y que Chile era libre. Tres meses después, el Libertador llegó a Buenos Aires, pero solamente pudo estar con su familia unos veinte días. Luego partió hacia Chile para proseguir con la campaña.

En el año 1818, San Martín llegó a la capital porteña y partieron los tres rumbo a Mendoza. Ya en la Chacra de Barriales, Merceditas celebró su segundo año de vida en su tierra natal. San Martín y Remedios pasaron juntos sus últimos días. Al agravarse la salud de su esposa tuvo que retornar con la niña a Buenos Aires, y el militar regresó a Chile para proseguir la campaña hacia el Perú.

La madre de Mercedes estaba muy enferma, la niña fue atendida por sus abuelos y luego por su tía María Eugenia, a quien Mercedes quería mucho y quien falleció al poco tiempo. Con Remedios muy enferma, la abuela Tomasa tuvo que encargarse del cuidado de la niña.   El 3 de agosto de 1823, su madre Remedios falleció de tisis.  Meses después, el General San Martín regresó a Buenos Aires sigilosamente (ya que Rivadavia, ministro de Rodríguez lo odiaba)  y ambos se reunieron en la casa de la familia Escalada. Mercedes amaba a su abuela Tomasa y no fue fácil separarla de ella y convencerla de viajar al viejo continente;  José de San Martín  no ha visto en siete años: pero considera que de quedarse con su abuela materna, será una malcriada consentida ("¡Que diablos!, la chicuela era muy voluntariosa e insubordinada, ya se ve, como educada por la abuela".)   Por eso se dedica, en una forma casi obsesiva, a supervisar su educación.  Estuvieron unidos a través de una relación signada por el cariño y el respeto. Más allá de las batallas y de las enfermedades, José Francisco de San Martín y su hija Mercedes Tomasa permanecieron cerca, aunque distara entre ellos cientos de kilómetros.  
Para el Libertador, la educación de su hija era una de sus principales prioridades y al llegar a Londres eligió uno de los mejores colegios: el HampsteadCollege. Finalizados sus estudios (se destacó en dibujo y música), la infanta mendocina partió hacia Bélgica, en donde se radicaron por un tiempo, y luego se establecieron en Francia.   La siempre agitada tarea del General no fue excusa para desentenderse de la educación de su única hija. Si bien se preocupó por formar a una “tierna madre y buena esposa”, no se olvidó de estudiar en detalle qué conocimiento se le impartía a la niña.  “Esta amable Señora con el excesivo cariño que le tenía me la había resabiado (como dicen los paisanos) en términos que era un diablotín. La mutación que se ha experimentado en su carácter es tan marcada como el que se ha experimentado en su figura”.  
El Libertador no se cansaba de repetir que “sin educación no hay sociedad”, y este concepto se lo transmitió a su hija durante toda su vida. Además, no faltaron las enciclopedias, las obras de Geografía, Derecho, Literatura, Bellas Artes y Agricultura en sus estantes. La educación que recibió Mercedes fue la que también le transmitió a sus dos hijas, María Mercedes y Josefa Dominga BalcarceLas máximas

Resultado de imagen para mercedes tomasa de san martin En su tranquilo retiro belga, en 1825, San Martín escribe las doce máximas relativas a la educación de su hija. Su intención fue que sirvieran de guía para la formación de su “infanta mendocina”.

1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una mosca, abriéndole la ventana para que saliese: “Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos”.

2. Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.

3. Inspirarle una gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

4. Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.

5. Respeto sobre la propiedad ajena.

6. Acostumbrarla a guardar un secreto.

7. Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.

8. Dulzura con los criados, pobres y viejos.

9. Que hable poco y lo preciso.

10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11. Amor al aseo y desprecio al lujo.

12. Inspirarle amor por la Patria y por la libertad.

 En 1831, Mercedes y su padre se enfermaron de cólera y fueron cuidados por el joven Mariano Balcarce, quien luego sería el esposo de la infanta mendocina.    Mercedes y Mariano se casaron el 13 de setiembre de 1832.

"Antes del nacimiento de mi Mercedes, mis votos eran porque fuese varón; contrariado en mis deseos, mis esperanzas se dirigieron a que algún día se uniese a un americano, hombre de bien, si posible, el que fuese hijo de un militar que hubiese rendido servicios señalados a la dependencia de nuestra patria. Dios ha escuchado mis votos, no sólo encontrando reunidas estas cualidades en su virtuoso hijo don Mariano, sino también coincidir en serlo de un amigo y compañero de armas”.

A excepción de dos años que pasa en Buenos Aires, la pareja residirá siempre cerca de San Martín. A pesar de que confiesa que quiso tener un hijo, es su hija Mercedes y las dos niñas que tendrá, quienes acompañan al General hasta su muerte.

"Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz." (San Martín, 1844)

Mercedes se transforma en la única compañía del Libertador en Europa. San Martín, sabiendo que Mercedes y Mariano Balcarce se aman, se regocija por la felicidad de su hija y escribe a la madre del futuro yerno: "La educación que Mercedes ha recibido bajo mi vista no ha tenido por objeto formar de ella lo que se llama una dama de gran tono, pero sí el de hacer una tierna madre y buena esposa; con esta base y las recomendaciones que adornan a su hijo de usted, podemos prometernos que estos jóvenes sean felices, que es a lo que aspiro".

 Esa hija y sus “dos nietecitas cuyas gracias no dejan de contribuir a hacerme más llevaderos mis viejos días”, vivirán, como su esposa Remedios, adorando a José de San Martín. Será Mercedes la custodia, tanto de los documentos y recuerdos del General, como de sus restos Después de la ceremonia, el General San Martín invitó a festejar a los novios en el restaurante ChezGrignon. Para la pequeña familia San Martín fue uno de los momentos más felices, después de tantos años de desdicha. Los recién casados viajaron a Buenos Aires, en donde tuvieron a su primera hija llamada María Mercedes y al regresar el matrimonio tuvo otra niña, Josefa Dominga.

El 28 de febrero de 1875, Mercedes Tomasa falleció en París a los 59 años de edad. Su esposo Mariano Balcarce murió en 1885 y su hija menor Josefa Dominga en 1924.

Sus restos, con los de su marido y María Mercedes, descansan desde 1951 en un mausoleo que hay en la Basílica de San Francisco, en la esquina de Necochea y España de Ciudad de Mendoza.  Niñita rebelde en la infancia , hija ejemplar en la adultez ... Mercedes fue el desvelo del General y la mayor razón de su existencia.

No es hasta después de su muerte, a los 58 años, que se permite que las cenizas de San Martín regresen A Buenos Aires, como él lo había deseado. Y es su nieta, Josefina Balcarce, única sobreviviente de la familia para el 1899, quien lega al Museo Histórico Nacional todos los muebles y objetos, guardados por ella en el mismo orden en que los tenía su ilustre abuelo.

Su única hija supo comprenderlo y cuidarlo con autentico cariño .Hasta su último suspiro estuvo a su lado, velando en sus enfermedades y ayudándolo a vivir una vejez tranquila y digna, tal como él se merecía.  Las máximas que en su momento San Martín escribiera para su pequeña hija y que aplicara en su educación tuvieron finalmente los frutos esperados.

Mas allá de su patriotismo profundo , San Martín nos guia en sus valores de vida, de hombría de bien, rectitud, honestidad, excelente paternidad.  Sólo los hombres que tienen esta actitud de vida reciben al final de la misma la mayor de las recompensas.     El 17 de agosto de 1850, el Cóndor Invencible levantó el vuelo a la eternidad. Había forjado en su retoño mendocino a la hija modelo.

sábado, 20 de agosto de 2016

El Colorado Ramos el Marxismo y Juan Manuel de Rosas (1950)

Por José María Rosa

Una de las paradojas de nuestros comunistas es que jamás afrontaron el estudio de la. historia argentina con criterio marxista. Herederos de aquel socialismo internacional de 1919, y a su través de los “intelectuales de izquierda” de principios de siglo, la concepción histórica de los comunistas nunca fue más allá de José Ingenieros.  Está filiación liberal los hizo continuadores de las preocupaciones de las minorías cultas contra los caudillos populares. No vieron en nuestra historia nada más que la iconografía barata de las antologías escolares: se emocionaron ante Rivadavia y ante Sarmiento, los hombres del progreso y de las luces. Todo lo otro era reacción y atraso, y aquello de “civilización y barbarie” fue su lema y su guía. Como comulgaban en los mismos cálices de la historia seria alguno de ellos llegó - previo un Jordán levemente purificador  - a meterse en la Academia del doctor Levene.
Ingenieros intentó hacer una interpretación económica del pasado argentino manejando con mayor novelería que comprensión los postulados de la lucha de clases y la infraestructura económica. Pero no atinó a darse cuenta de que con tales instrumentos necesariamente se quebraba el molde clásico de la historia oficial, que después de pasar por sus manos siguió como estaba en el siglo XIX. O peor tal vez porque Sarmiento hablaba con plena conciencia de civilización y barbarie, e Ingenieros no supo comprender el sentido clasista que había en la antinomia. Como tenía que encontrar en la historia una “lucha, .de clases” supuso que Rosas, patrón de estancias y dueño de saladeros, “debería” encontrarse en constante pugna con el proletariado de sus peones y obreros. Sobre esta suposición construyó todo el andamiaje: Rosas debió ser un tirano porque necesariamente su prepotencia patronal tenía que mantenerse por el terror. Sus enemigos debieron ser las masas proletarias a quienes dio como auténticos representantes los europeizantes rivádavianos de 1826, o los jóvenes dandys que redactaban “La Moda” en 1837.  No se detuvo mucho para pensar en la posibilidad de estas suposiciones: tenía que ser así, y eso le bastaba.  Los comunistas bebieron en tal fuente y las elucubraciones de Ingenieros pasaron a ser la guía marxista de la historia argentina.  No era Ingenieros un marxista, pero de cualquier manera era un pensador, un intelectual de izquierda. ¿ Qué era el comunismo sino la “izquierda”? . La mentalidad de Rodolfo Ghioldi no daba para más.  Orientación, La Hora, Argumentos, fueron los defensores más constantes de la historia oficial. Sarmiento y Rosas: era civilización y barbarie: proletariado y capitalismo. El catecismo” de Grosso con sus angelitos y sus réprobos servía paradojalmente a la derecha conservadora y a la izquierda comunista. Cuando el revisionismo llegó a. la liza, los marxistas se unieron a la batida general que nos decretó la oligarquía; nos persiguieron con santo horror convencidos de que éramos devotos de un culto diabólico, y, de que bajo la apariencia de tenidas históricas celebrábamos verdaderas misas negras donde se despotricaba contra la libertad y se rendía culto a la violencia y a la sangre, con el retrato de Sarmiento puesto cabeza para abajo,
Pero esta posición comunista llevaba en sí, aparte de su ingenuidad, una enorme contradicción que alguna vez haría crisis. No se podía descansar eternamente en la fidelidad de Ingenieros para interpretar marxísticamente la historia argentina. Alguien llegaría alguna vez que aplicara la. teoría económica, sin dejarse impresionar por los mitos escolares. Rodolfo Puígross pudo hacerlo, pero dócil a la disciplina partidaria debió atacar al rosismo por táctica política; sus libros sobre Rosas no están a la altura de sus otros estudios, los de Moreno por ejemplo. Es fácil señalar en ellos - como lo hemos hecho en esta Revista - equilibrios, vacilaciones y sofismas que muestran bien a las claras la discordancia entre la pluma y el pensamiento. Hoy que se ha alejado del partido esperamos trabajos más acordes a su versación histórica y su indudable talento.
No aceptamos la interpretación marxista de la historia, está de mas decirlo.  Somos de la vereda de enfrente, y nos separan de los discípulos de Marx muchas cosas. Pero oposición no quiere decir incomprensión; sería ridículo negar en 1950 el valor sociológico de Marx y la trascendencia política del marxismo.
Marx tuvo un gran acierto con la interpretación económica de la historia: que analizando los acontecimientos históricos encontramos en ellos causas materiales, es una verdad que ampliamente compartimos, pero para nosotros hay también motivos espirituales que obran en el devenir histórico. Los marxistas ven individuos movidos por sus apetitos, nosotros comunidades sociales guiadas por impulsos espirituales: las ideas de Patria, de Dios, de Rey, etc. ¿Qué importa si analizando profundamente estos ideales encontramos motivos económicos, una infraestructura material como dirían los marxistas? Es posible. Como es posible que analizando el amor a la madre encuentren los freudíanos un impulso sexual subconsciente. Pero ni el amor a la madre se manifiesta sexualmente, ni los hechos históricos se exteriorizan en forma de impulsos materiales.
Desconocer esos móviles materiales ocultos en la infraestructura social fue el gran defecto de los historiadores, anteriores a Marx. No comprender que eses móviles dejan de ser materiales cuando sé exteriorizan en movimientos sociales fue a su vez el gran error de Marx., O mejor dicho de los marxistas, porque su maestro algo habló del “entusiasmo caballeresco”, del “éxtasis religioso” en el Manifiesto Comunista.  Jorge Abelardo Ramos es un comunista de la IV Internacional. Es decir, pertenece al grupo reducido pero batallador de los  marxistas puros, que ven en el actual jefe de la U.R.S.S un traidor a la revolución comunista. Es la corriente trotskista que tiene sobre la stalinsta la apreciable ventaja de no precisar “posturas, tácticas” ni gastarse en difíciles defensas de la actualidad soviética. Se consideran los auténticos depo­sitarios del Evangelio de Marx y herederos de Lenin, y esperan hacer la verdadera revolución marxista traicionada por “la burocracia de Moscú”. No les obsta su escaso número ni la formidable inquina de sus poderosos e inescrupulosos adversarios. Se preparan con fe y con entusiasmo para cuando les llegue la hora. Y mientras tanto estudian y meditan. Como no tienen problemas de táctica ni obedecen a consignas del “partido”, estudian y meditan con libertad.
Y así Jorge Abelardo Ramos puede llegar a descubrir la gran verdad del revisionismo. Que “en América Latina los intelectuales y  militares sorprendentemente democráticos - aristócratas criollos en su mayoría -  introdujeron el estupefaciente del liberalismo - progresivo en Europa y reaccionario en América - y aherrojaron a las masas esclavas, gauchos, campesinos e indios”. Es nuestra misma idea expresada en estilo comunista. Y escribe un libro estudiando el proceso formativo de América Latina, especialmente de la Argentina.  De ese libro, que juzgamos acertado en muchas de sus conclusiones históricas, comentaremos las que nos interesan por la índole de nuestro Instituto: el capítulo que dedica a “Rosas: una política nacional en el Río de la Plata”.
Todo él problema argentino - dice Ramos -  gira alrededor de la antinomia librecambio-proteccionismo.  Buenos Aires era librecambista porque esta política interesaba a sus comerciantes y hacendados; el interior proteccionista en defensa de sus manufacturas artesanales, crecidas gracias al monopolio español. En 1809 Buenos Aires da fin al monopolio y abre su puerto al libre comercio; en 1810 hace la Revolución, y se afirma en el gobierno una “intelectualidad crecida al lado de la burguesía comercial  pero que también aportaba su propio utopismo: una mezcla de ceguera y fantasía”.  Librecambismo en política significó unitarismo, como defensa de las manufacturas fue federalismo; las guerras civiles entre el interior contra Buenos Aires, no tuvieron otra causa. Por un lado estas guerras, y por otro la ceguera y fantasía del equipo gobernante y el país acabó en una terrible crisis en la cual amenazó fragmentarse en catorce republiquetas independientes.
Entonces aparece el “poder fuerte” de Rosas, a quien califica de “enigma”, pues es estanciero poderoso y al mismo tiempo caudillo .de las clases populares. Pero además de estanciero y caudillo popular, Rosas tiene condiciones para elevarse “hasta abarcar el conjunto del problema nacional en el Río de la Plata”.  Considera que éste es su valor histórico ya que “de tal visión fueron incapaces los cultos representantes porteños de la burguesía mercantil, esos semidioses de nuestra historia escrita.
Rosas logra la unidad nacional por pactos con los otros caudillos. Termina con el líbrecambio, por la ley de aduana de1835 que inaugura una era de gran prosperidad económica; y se defiende tenazmente contra la coalición de los intereses imperialistas extranjeros, mientras “los discípulos criollos de la Enciclopedia compadecían desde Montevideo - esa eterna Ginebra de renegados, tan distinta de la Ginebra de los revolucionarios” a los caudillos que dictaban sus decretos sin ortografía sentados en un cráneo de vaca. Irritados con el destino no comprendieron a Rosas; tampoco se comprendieron a ellos mismos.  Rosas, al frente de sus orilleros, negros y gauchos, representó incomparablemente más que los unitarios afrancesados, que Echeverría y sus intelectuales de Mayo, que el anti-gaucho, antiopular e ímpopular Sarmiento: una política democrática, y fue en todo caso más progresivo que sus enemigos.  Fueron los triunfadores de Caseros los que acuñaron las formas jurídicas que nos rigen y escribieron la historia que se cree.  Todos ellos organizaron, no el país que ya estaba constituido por el sistema de los pactos interprovinciales, sino la oligarquía moderna.  Esta oligarquía montó una de las mejores máquinas administrativas  de las posesiones mundiales que disfrutaría el imperialismo.  La victoria extranjera sobre Rosas abre el período del coloniaje contemporáneo y la pérdida del proceso histórico nacional en desarrollo, Una subordinación qué dura un siglo”.
Dejemos de lado las causas económicas como sola explicación del proceso histórico argentino. Dejemos de lado algunos lunares que el autor cree necesario colocarle a Rosas, tal vez como alarde de imparcialidad. Pasemos por alto que Ramos no nos cita ni una sola vez como fuente de sus conocimientos, pese a haber tomado de las publicaciones de los autores revisionistas y de la Revista de este Instituto casi todo el bagaje histórico de que hace gala.  No nos fijemos en que su información sobre la traición unitaria, su exégesis sobre la política de Rosas, su interpretación del monopolio español, los efectos del librecambio de 1809 y la ley de aduana de 1835, está íntegramente tomada de escritores del Instituto, a los que sin embargo agravia, como “admiradores oligárquicos que envanecidos porque un británico (Hudson) se ocupara de una colonia en sus escritos, lo han exaltado (a Rosas) basta las nubes”. Perdonémosle que después de haberse apoderado de nuestras investigaciones afirmé con soltura que no le incomoda nuestra coincidencia. No hagamos caso de que en la solapa de su libro se pretenda nada menos que el descubridor del revisionismo: “Este libro sorprendentemente nuevo...” No insistamos en puntillos de amor propio ni recojamos alusiones que no nos alcanzan.  Anotémonos simplemente el clásico poroto del triunfo.
Lo que importa es que nuestra prédica haya germinado, aunque sea en campo tan distante del nuestro.  La verdad tiene que abrirse, camino y nadie la podrá detener. ¡Que vengan muchas de esas coincidencias aunque nos paguen con el mismo agradecimiento del señor Ramos!.
Cuando Ramos no “coincide” con nosotros y se pone a hacer historia por su cuenta, cae en los necesarios errores de quien no conoce el terreno que pisa. No nos referimos a la interpretación de los hechos, sino a los hechos mismos. Amablemente le señalaremos dos o tres errores graves que haría bien en corregir para su próxima edición, aunque descontamos desde ya su falta de agradecimiento:
1º) Artigas no fue “vencido por la oligarquía terrateniente y ganadera uruguaya después de Ituzaingó” (pág, 83 y 189). Lo fue por Ramírez en 1820 a poco de Tacuarembó.  2º) Los Colorados del Monte no “sostuvieron el gobierno unitario de Martín Rodriguez-Rivadavia, jaqueado por las montoneras provincianas”. (p. 89). Cuando los colorados luchan contra la montonera santafesina en julio y agosto de 1820 el gobernador era Manuel Dorrego; cuándo apoyan a Martín Rodríguez a principio de octubre, lo hacen contra el levantamiento porteño de Pagóla y los tercios cívicos. En ninguno de los dos casos era ministro Rivadavia, que todavía andaba por Europa. 3º) No fue “en su calidad de Gobernador de Buenos Aires, que Mitre rompió con el acuerdo de San Nicolás, forjado por Urquiza”. (p, 106).  El gobernador del Acuerdo era don Vicente López, Mitre; era entonces un diputado que hacía sus primeras armas políticas en las famosas jornadas de junio. El leader de la oposición a Urquiza fue Valentín Alsina.
No le criticamos estos errores que Ramos despectivamente llamaría minucias eruditas. No tienen mayor trascendencia en la tesis general de su libro, pero una corrección pondría más a tono las páginas consagradas a Artigas, a las montoneras y a la oligarquía, con aquéllas en que trata la unidad nacional, la política rosista o la situación económica de Rosas, en los cuales “coincide” con nosotros. Y, además, no se equivoca ni en el detalle.
¿Es posible una interpretación puramente marxista del hecho Rosas?.  En algún trabajo nuestro decíamos que “la apreciación de los actos públicos de Rosas ha de constituir un eterno , quebradero de cabeza para quienes interpretan la historia con criterio materialista. ¿En virtud de qué ley económica Rosas, hacendado y exportador de carnes, realizará una acción de gobierno que beneficia sobre todo a los industriales y agricultores?¿Que política de clase lo llevó a no doblegarse en 1838 ni en 1845 ante las pretensiones extranjeras, no obstante paralizar los bloqueos sus negocios de estanciero?” 1. No había otra explicación posible que el patriotismo del Restaurador, el haber comprendido que los intereses nacionales estaban por encima de sus negocios particulares y hasta de las conveniencias de su provincia.  Ramos, siguiendo.(por coincidencia) nuestras huellas, encuentra que la política de Rosas lejos de favorecer a los estancieros tuvo exclusivamente en cuenta los intereses generales y nacionales. Entonces, ¿qué es Rosas marxísticamente? - Un enigma, para Ramos: “Expandir sus empresas saladeras y convertirse en el principal exportador habría sido la gran finalidad de Rosas. Pero si éste fue uno de sus propósitos iniciales, en todo caso el detalle no agota el enigma”. Anotemos al pasar que eso de los propósitos iniciales es una suposición que va por cuenta y riesgo del autor, pues Rosas finiquitó todas sus actividades comerciales e industriales el día antes de subir al gobierno.
Pero lo cierto es - como dice Ramos - que “cuando Rosas
llega al poder hasta cierto punto se eleva por encima de su clase de origen para abarcar el conjunto del problema nacional en el Río de la Plata. Este es su valor histórico”. El autor no da base alguna para el dubitativo hasta cierto punto, pero de cualquier manera entiende que se eleva por encima de su clase de origen, anteponiendo los ideales nacionales y generales a sus intereses domésticos. Es decir, se va más allá del marxismo, como si fuera un dialéctico consciente, un político revolucionario, que es como los marxistas llaman al jefe comunista que sofoca sus propias aspiraciones materiales en beneficio de la causa. Pero como Rosas no es evidentemente un dialéctico consciente, Ramos se queda sin saber lo que es, y sin agotar el enigma sigue adelante. . . ¿No sería mucho más fácil suponerle patriotismo?
El enigma de don Juan Manuel no lo extiende a los otros caudillos del interior. Porque éstos - aquí también el autor marcha por su cuenta - eran representantes de las provincias, y las provincias eran entidades económicas artesanales y de pequeña industria doméstica. De allí a suponer que los montoneros y sus caudillos eran artesanos que defendían sus talleres, no media para Ramos distancia alguna .“De tal realidad ‘(el artesanado) se forja el irreductible coraje de las montoneras”, dice, agregando más adelante: “al frente de las mismas los caudillos defendieron con uñas y dientes la industria territorial.  ¡Perdón! Si Ramos nos hubiera leído más detenidamente habría “coincidido” con nosotros en que no todas las provincias vivían de las industrias. Que ni en la Banda Oriental ni en Entre Ríos, ni en Santa Fe hubo talleres artesanales de consideración, y como las montoneras fueron orientales, entrerrianas o santafesinas, no las debe suponer formadas por artesanos. Tampoco Artigas, ni Ramírez, ni López, fueron industriales, sino estancieros o militares. En cambio habría encontrado industrias en Corrientes y sabría que Ferré era carpintero de ribera: pero justamente Corrientes fue la única provincia del litoral que no tuvo montoneras, y Ferré su gobernador no era un caudillo, sino el primus inter pares de una oligarquía. Tampoco hubo montoneras en las provincias artesanales del interior en 1820. Las habrá después: pero ni en Catamarca ni en Tucumán ni en Salta, provincia de artesanales, sino en los llanos de La Rioja (Facundo, el Chacho, Felipe Varela, etc.), precisamente el único lugar del interior desprovisto de industria territorial.  No, La explicación económica que Ramos da de la montonera y los caudillos se resiente de falta de información. Tendrá que recurrir a otra cosa. ¿ El enigma tal vez, o aceptará la “conciencia dialéctica” de Estanislao López o de Francisco Ramírez ? .
Este libro nos ha producido sentimientos encontrados.  Por una parte saludamos alborozados la conversión al rosismo de los trotskistas, pero por la otra confesamos cierto recelo.
Nunca creímos en un peligro comunista para la Argentina. Era bien claro que mientras los “intelectuales de izquierda” abrevaran en la historia oficial no tendrían una conciencia verdadera del país. Andarían a los tropezones tomando a contramano en cada vuelta del camino. Es muy comprensible que si para ellos Rivadavia era en 1826 el “pueblo argentino”, en 1945 se equivocaran con Tamborini. Semejantes topos no podían significar nada serio para nuestra política.
Ahora es distinto. Estos comunistas de la IV Internacional no sabemos cuántos son ni quiénes son. Pero han dado con el revisionismo. Es decir, tienen los ojos abiertos y saben dónde asientan el pie.

viernes, 19 de agosto de 2016

A 204 años del Exodo Jujeño


Por el Prof. Jbismarck
El 20 de Junio de 1811 tuvo lugar la Batalla de Huaqui, en la actual República de Bolivia, en la ribera sur del lago Titicaca, a escasos kilómetros de la frontera con Perú. En ella, el ejército realista, al mando del Gral. José Manuel de Goyeneche, batió contundentemente a las armas patrias comandadas por el Gral. Antonio González Balcarce y el vocal -representante de la Junta, Dr. Juan José Castelli.   Producto de ello, el Ejército del Norte quedó destruido, y sus restos retrocedieron en desorden, harapos y casi desarmado, hacia el actual territorio argentino.  Los realistas no los persiguieron, ya que tenían que vencer primero las resistencias de los patriotas de Cochabamba.   Sin el accionar insurgente de Cochabamba, las epopeyas del Éxodo Jujeño y las Batallas de Tucumán y de Salta no hubieran sido posibles.   El General Manuel Belgrano fue nombrado nuevo Jefe de un Ejército que debía ser totalmente organizado y a ese fin de dedicó.  Los hombres salvados del desastre son recibidos por Pueyrredón en Jujuy y bajan lentamente hasta Salta.   
En Yatasto los encuentra Belgrano, el nuevo jefe, quien recibe los 800 hombres, reliquia del ejército del Norte, sin armas, desmoralizados, incapaces al parecer de luchar, otra vez, contra los hombres de Goyeneche.  La deserción es escandalosa - escribe al gobierno - y lo peor es que no bastan los remedios para convencerla, pues ni la muerte misma la evita: esto me hace afirmar más y más en mi concepto de que no se conoce en parte alguna el interés de la patria, y que sólo se ha de sostener por fuerza interior y exteriormente". La tarea que debe realizar es agotadora: reorganizar los cuadros, disciplinar los soldados, abastecer el ejército, dar ánimos a la población, crear, solo, en un puesto donde la improvisación puede ser falta para todos, un ejército armónico, disciplinado, apto para luchar contra los aguerridos regimientos que comandan los españoles.   Se vuelve, entonces, riguroso e inflexible, su intolerancia para cualquier falta del servicio, le enajenan la popularidad entre la mayoría, pero salvan á todos y con ello a la patria.   Dentro de las rígidas normas que establece en su ejército, se forman hombres que ilustrarán las armas argentinas: Manuel Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Cornelio Zelaya, Lorenzo Lugones. Son jóvenes entusiastas en cuyas almas arde la llama inextinguible de un patriotismo exaltado.    Los más destacados patriotas de Cochabamba le escribieron, para ponerse a sus órdenes.En los días siguientes, el ejército avanzó hasta Jujuy para distraer a Goyeneche; así éste dividiera sus fuerzas. De este modo, Belgrano procuraba aliviar el cerco sobre Cochabamba.  Conmovido, el general remitió a Buenos Aires: "Un cañoncito, dos granadas de mano y una bala de los arcabuces que usa el ejército de Cochabamba, a falta de fusiles: todo esto prueba el ardor de aquellos patriotas: si las demás provincias hicieran otro tanto, muy pronto se acabarían los enemigos interiores, y temblarían los que nos acechan”.    Goyeneche era implacable, a fin de demoler la resistencia revolucionaria. Buscaba ganar tiempo con Belgrano, mientras aniquilaba a los cochabambinos. Engañaba a los indios, diciéndoles que todo ya estaba arreglado con Belgrano y que no valía la pena luchar por una causa perdida.   Belgrano le pedía al primer Triunvirato algunos oficiales que lo habían acompañado en su campaña al Paraguay, pero que no le mandaran jefes mal dispuestos, pues "tengo a montones de lo más inútil, y de lo más malo que V. pueda pensar".   En julio de 1812 el mayor Manuel Dorrego notificó que Cochabamba había caído bajo las bayonetas enemigas; y el ejército real, ya desocupado, acometería ahora contra Belgrano, en Jujuy.   Sin más alternativa, luego de muchas dudas, sabiendo que todo el aparato realista se le venía encima, el 29 de julio de 1812, Belgrano emitió su famosa proclama, donde aplicaba, con la mayor severidad, las instrucciones del Triunvirato del 27 de Febrero, que le ordenaban dejar tierra arrasada al enemigo, en caso de retroceder; como efectivamente estaba por suceder. Este bando ordenó dejar desierta Jujuy para el 27 de Agosto de 1812.     José María Paz, oficial de la retaguardia del Ejército, recuerda: "atravesamos el pueblo de Jujuy en toda su extensión, sin permitirnos separarnos, ni aun para proveemos de un poco de pan. Acampamos durante tres o cuatro horas a la inmediación de la ciudad, y tampoco se nos permitió entrar, ni mandar nuestros asistentes a proveernos de lo más preciso: tan riguroso y severo era el general Belgrano". Pío Tristán escribiría: "Belgrano es imperdonable por el bando del 29 de julio". Era un "bando impío", ya que, las "tropas de Buenos Aires que ocupaban las ciudades de Jujui y Salta... con orden de su comandante Belgrano para que todos los habitantes evacuasen aquel territorio, llevándose los archivos y aún los armamentos y vasos sagrados de las iglesias".   Empezaba así la epopeya más dura, dolorosa y gloriosa del Norte Argentino, en su lucha por la Independencia.   En  agosto de 1812 se produce la invasión del ejército español, compuesto de 3.000 hombres, a las órdenes del general Pío Tristán, primo de Goyeneche y como él, natural de Arequipa. El 23 de agosto de 1812, dispuesta ya la retirada, lanza Belgrano su famosa proclama a los pueblos del norte: "Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, os he hablado con verdad... Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres . . . ".  La orden de Belgrano era contundente: había que dejarle a los godos la tierra arrasada: ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles.  Desconfiaba profundamente de las oligarquías locales, a las que llamaba "los desnaturalizados que viven entre nosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud".    Belgrano no les dejó alternativa: o quemaban todo y se plegaban al éxodo, o los fusilaba.  El resto de la población colaboró fervientemente, perdiendo lo poco que tenían, que para ellos era todo.     Aquel impresionante operativo comenzó a principios de agosto de 1812. La gente llevaba todo lo que podía ser transportado en carretas, mulas y caballos. Se cargaron muebles y enseres y se arreó el ganado en tropel. Los incendios devoraron las cosechas y en las calles de la ciudad ardieron los objetos que no podían ser transportados.   Cuando el ejército español llegó a las inmediaciones, encontró campo raso. Las llamas habían devorado las cosechas y en las calles de la ciudad ardían aquellos objetos que no pudieron ser transportados. Todo era desolación y desierto. El éxodo llegó hasta Tucumán, donde Belgrano decidió hacer pie firme. Pero la vanguardia realista había perseguido y hostigado a los patriotas y finalmente las atacó. El 3 de septiembre de 1812 se libró el Comabte de Las Piedras, a orillas del río del mismo nombre. En esta ocasión la victoria fue para los patriotas.   Los voluntarios de Díaz Vélez, que habían ido a Humahuaca a vigilar la entrada de Tristán y habían vuelto con la noticia de la inminente invasión, fueron los encargados de cuidar la retaguardia. El repliegue se hizo en tiempo récord ante la proximidad del enemigo. En cinco días se cubrieron 250 kilómetros y poco después la marca humana llegaba a Tucumán. Al llegar allí, el pueblo tucumano le solicitó formalmente a Belgrano que se quedara para enfrentar a los realistas.   El 24 de septiembre de 1812 obtuvo el importantísimo triunfo de Tucumán. Animados por la victoria, Belgrano y su gente persiguieron a los realistas hasta Salta, donde los derrotaron el 20 de febrero de 1813.   Belgrano sabía que estaba en el buen camino y conocía quienes eran sus aliados y quienes, sus enemigos. Así se lo hacía saber a su entrañable compañero, el valeroso estratega salteño Martín Miguel de Güemes: "Hace Ud. muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos, porque, ¿qué otra cosa deben ser los gobernantes que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público? Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria que es la recompensa que deben esperar los patriotas”.


martes, 2 de agosto de 2016

La renuncia de Bernardino de la Trinidad González de Rivadavia

POR JOSÉ LUIS BUSANICHE
En plena primera guerra Las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil se buscaba la aprobación de una Constitución centralista y oligárquica, que sería rechazada, porque era engendro del fraude y de la mala fe, el ejército argentino al mando de Alvear, fuerte de seis mil doscientos hombres, acampaba sobre el arroyo Grande, afluente del río Negro en la Banda Oriental —diciembre de 1826— y a fines de ese mes, desplegando una estrategia que honra al general en jefe como militar, se movía en dirección a la frontera brasileña por donde no lo esperaba el enemigo, dejando cortado al ejército imperial.   La escuadra brasileña, con intención de encerrar al ejército de Alvear penetró con audacia por el río Uruguay pero fue completamente derrotada por Brown en la gloriosa batalla del Juncal el 10 de febrero de 1827. ¿Cómo vería el mediador Ponsonby aquellas acciones que contrariaban las promesas de paz de don Bernardino Rivadavia?   Alvear había lanzado una proclama en el Uruguay que para el diplomático mediador “despertaba sospecha sobre la sinceridad del Presidente y de su gobierno”. Se acercó entonces a él para expresarle su inquietud y se le contestó por el mismo Rivadavia que “no tomara en consideración el contenido de la proclama”. “Oigo de la mejor fuente escribió también Ponsonby- que el Presidente teme dirigirse al general para que “evite una batalla a pesar de que está convencido de que nada debe arriesgarse mientras sea posible la paz”. Agrega Ponsonby que el gobierno ha fracasado, que la constitución será rechazada por las provincias, que el Congreso no tuvo poder legal para nombrar presidente permanente, que el gobierno carece de derecho para invocar autoridad sobre la provincia y que, rechazada la constitución, el presidente mismo debe darse oficialmente por caducado.
Y he ahí que Alvear triunfa en la batalla en Ituzaingó el 20 de febrero de 1827 y la noticia es conocida pocos días después en Buenos Aires, La espléndida victoria exalta los ánimos e inflama el patriotismo. La multitud se arroja a las calles empujada por el entusiasmo. ¡Ituzaingó!. .. ¡Ituzaingó!. . . ¡Victoria!.. . ¡Victoria!,. . Bullen de gente los sitios públicos; los discursos, las arengas, enardecen a la muchedumbre.
Pero hay un hombre (el hombre más ilustrado del país según Ponsonby) que, en medio de aquel bullicio y acaso abriéndose camino entre la multitud, llega a casa del enviado inglés y pide hablar con él. Es el ministro de relaciones exteriores de Rivadavia, don Manuel José García. Va en nombre del Presidente, muy preocupado. “Me renovó -escribe Ponsomby- las declaraciones del  presidente, sinceras y bien conocidas respecto a su anhelo de estrechar las relaciones de su país con el Brasil tan íntimamente como sea posible, y de apoyar, en vez de atacar, la forma de gobierno allí existente y a Su Majestad Imperial".
Un mes antes de Ituzaingó, Ponsonby había escrito a Canning: “Este gobierno teme el derrocamiento del Emperador y la destrucción de su poder en el Brasil porque conoce los peligros a los que él mismo estaría expuesto. El gobierno de Buenos Aires considera la estabilidad del trono del Emperador como algo de primordial interés para este Estado y está deseoso de contribuir a su sostenimiento. Está anheloso de sellar una .alianza estricta con él y de proporcionarle toda la asistencia que esté en su poder ofrecerle”.
Con estos antecedentes, ¿cómo no habría de pasar a la posteridad la victoria de Ituzaingó con el nombre de victoria paralítica? La parálisis estaba pronunciada de antemano. Ni avanzó el ejército en persecución del enemigo ni el gobierno se preocupó por remitir los refuerzos más indispensables. ¿Para qué? En marzo había sido conocida en Buenos Aires la victoria y en abril salió el ministro don Manuel José García en misión diplomática para Río de Janeiro. Iba en busca de la paz en nombre del presidente. En el interior los pueblos habían rechazado la constitución que se les obsequiara. Los primeros en rechazarla fueron los pueblos en armas a los que se había negado la calidad de ciudadanos, porque eran pobres o porque no sabían leer ni escribir. Para dejar bien definida su actitud, las provincias de San Juan, San Luis y Mendoza firmaron en abril, después de rechazar la constitución, el tratado de Guanacache; y en mayo, por iniciativa de Bustos, las provincias de Córdoba. Santa Fe. Entre Ríos, Corrientes. Santiago del Estero, La Rioja, Salta, Mendoza, San Juan, San Luis y Banda Oriental, habían firmado ya un tratado de alianza ofensiva y defensiva y se prometían invitar a Buenos Aires. Catamarca y Tucumán para darse todas una constitución Federal.   Entretanto, se obligaban a combatir a las autoridades nominadas nacionales. El tratado abordaba el problema de los puertos y reconocía como libres y hábiles para el comercio y tráfico los puertos de Corrientes, Santa Fe, Bajada, arroyo de la China, Gualeguay y Gualeguaychú.  Se comprometían también a sostener la integridad del territorio y a prestar auxilios a los orientales en la guerra contra el Brasil. No parece super-fluo consignar que, ya en 1825, Santa Fe había reclamado ante la provincia de Buenos Aires por el derecho que ésta se atribuía “para no permitir el libre comercio de buques extranjeros y el franco trasbordo de las mercancías de ultramar, disfrutando [Santa Fe] de puertos los más cómodos para semejantes relaciones de que reportaría ventajas incalculables. Cese ya --decía el documento— esa extraña conducta prohibitiva tan extraña a la voz de la justicia”.
 
El gobierno de Buenos Aires dijo que “se trataba de una conducta estipulada solemnemente por la provincia de Santa Fe”.   La respuesta fue firmada por García, ministro entonces de Las Heras, el mismo que ahora, como ministro de Rivadavia (abril de 1827), estaba en Río de Janeiro para firmar la paz con el imperio.
En verdad, el envío de ese comisionado debió haberlo hecho el presidente Rivadavia antes de la batalla de Ituzaingó si estaba ya decidido —como lo asegura Ponsonby— a prescindir de la guerra para solucionar el conflicto. Hacerlo después de una victoria, podía despertar. suspicacias y diplomáticamente seria ineficaz porque el Emperador, que no se tenía por vencido y disponía de mucho dinero, estarla bajo los efectos irritantes del descalabro.   El ministro inglés en Brasil, Gordon, decía que la paz hubiera sido posible dos meses atrás (es decir antes de Ituzaingó) pero que al presente (mayo de 1827) le padecía imposible. “[El Emperador] —dice Gordon— está en un estado de exasperación extraordinaria después de la desgracia de sus armas, mira como una ignominia el triste resultado de sus operaciones militares, está persuadido de que para no sufrir el desprecio de las potencias extranjeras y para no degradarse delante de sus propios subditos es necesario hacer los últimos sacrificios y esta dispuesto a hacerlos hasta reparar sus recursos”.
Lo cierto es que el ministro Garcia firmó en aquellas circunstancias un tratado preliminar por el cual las Provincias Unidas “reconocían la autoridad del Imperio con expresa renuncia a todos los derechos que podrían pretender al territorio de Montevideo, llamado hoy Cisplatino”. Cuando llegó la noticia a Buenos Aies de lo pasado en Río de Janeiro y de que dos meses después de Ituzaingó Rivadavia devolvía la Banda Oriental, la población estalló en un movimiento unánime de indignación. García estuvo en Buenos Aires el 21 de junio. Forbes dice que la indignación era contra García y en no pequeña medida contra Ponsonby, pero este último asegura que Rivadavia fracasó por el odio concentrado contra él. Según Ponsonby, la vida de García peligró. Las paredes se cubrieron de papeles insultantes. El 25, Rivadavia elevó al Congreso la convención preliminar, condenándola en términos que no cuadraban en quien había mandado al sacrificio a los soldados de Ituzaingó después de las declaraciones hechas a Ponsonby. Don Vicente Fidel López afirma que Garcia cumplió instrucciones verbales de Rivadavia, El 28 el presidente presentó su renuncia.
Entretanto Bustos, gobernador de Córdoba, se había dirigido a los agentes extranjeros “protestando de la manera más solemne contra la autoridad asumida por Rivadavia sobre cualquier tratado o convención que pudiera [el agente] firmar con él en su pretendido carácter de presidente"
Don Bernardino Rivadavia había fracasado en su “aventura presidencial” como había fracasado en sus empresas mercantiles: la sociedad de minas y la sociedad de agricultura. El señor Head, por lo que respecta a las minas, el señor Barbel Beaumont en lo tocante a la sociedad de agricultura, escribieron sendos libros para hacer saber al público que hablan sido engañados. No repetiremos lo que han dicho contra él ambos empresarios que, sin duda se convirtieron en sus enemigos, ni lo que dijo Canning, ni las expresiones de Ponsonby a propósito de su silueta física grotesca, de sus maneras inflamadas, su hablar enfático y su orgullo desmedido. Pero el general Miller, amigo y admirador de Rivadavia y muy benévolo en sus juicios, por lo general, dice, sin embargo: “En la persona de Rivadavia se halla una afectación de superioridad y un orgullo que repugna”.   Contraponiéndolo a Las Héras, se expresa así: “Las Heras se había distinguido en el campo de batalla, mientras Rivadavia andaba a su voluntad de una capital europea en otra, donde quizás habría permanecido en una relativa oscuridad si no hubiese sido por la bizarría de Las Heras en Cancha Rayada”.
Ponsonby informó a su gobierno que la renuncia del señor Rivadavia “era fruto de su propia ineptitud”, que no era consecuencia de la coacción; es decir, que sus mismos errores habían determinado la situación en que había venido a parar el país. El Congreso, ante una situación semejante, y en momentos en que se decía con insistencia que los ejércitos de las provincias avanzaban sobre Buenos Aires como en el año 20, aceptó la renuncia del presidente, autor de todo aquel desaguisado y eligió en su lugar, con carácter provisorio, a don Vicente López y Planes, El nuevo magistrado, por primera providencia convocó a elecciones al pueblo de Buenos Aires para la elección de representantes con el designio de restaurar la autonomía provincial. Formada la nueva sala o legislatura de la provincia, eligió gobernador al coronel Manuel Dorrego, figura prominente del nuevo partido federal de Buenos Aires, joven e ilustre guerrero de la independencia que, con su actuación en el Congreso nacional, había dado testimonio de arraigadas y sinceras convicciones democráticas y federales.  Era periodista de pluma fácil, agudo ingenio y seria información en materia política, obtenida en los Estados Unidos, donde había estado desterrado por el director Pueyrredón. Sus discursos eran ágiles, exentos de toda retórica, certeros y contundentes. A veces deficientes de forma pero no propiamente defectuosos.

La misma legislatura que había designado a Dorrego. removió del Congreso nacional a los diputados de Buenos Aires y el día 18 el famoso Congreso comunicaba oficialmente su disolución. En dieciséis meses, ¡cuánto daño irremediable, determinado por el orgullo, la ambición y la codicia, había caído sobre el país! El historiador don Vicente Fidel López, nada sospechoso de afecto a las provincias y sus caudillos, la llama  “aventura presidencial”.

lunes, 1 de agosto de 2016

José de San Martín y Juan Manuel de Rosas: Sus tres ejes de coincidencia

Por Jorge María Ramallo
San Martín y Rosas no se conocieron personalmente. Tuvieron Una relación estrictamente epistolar que podemos ubicar cronológicamente entre el 5 de agosto de 1838 y el 15 de agosto de 1850, es decir, durante el lapso de doce años.
Los temas tratados en esa correspondencia giran en torno de tres ejes de coincidencia:

1o La situación personal de San Martín, por entonces exiliado en Francia.
2o La situación de la Confederación Argentina, acosada por las dos primeras potencias del mundo en aquella época.
3o La situación europea, conmovida por los comienzos de la revolución social.

1. La situación personal de San Martín:
Con respecto al primer eje de coincidencia, vinculado con la situación personal de San Martín, éste le confía a Rosas en carta desde Gran Bourg, cerca de París, del 5 de agosto de 1838 -con la que inicia la correspondencia- las causas de su ostracismo en 1824, que atribuye  al "gobierno que, en aquella época, mandaba en Buenos Aires", " y a los hombres de la oposición que "hacían circular la absurda idea que mi regreso del Perú no tenía otro objeto que el de derribar la administración de Buenos Aires"; y, posteriormente, en 1829, porque a su regreso a Buenos Aires se encontró con la guerra civil;  “preferí un nuevo ostracismo -le dice- a tomar ninguna parte en sus disensiones, pero siempre con la esperanza de morir en su seno".
En la misma carta, San Martín también le refiere a Rosas las precarias condiciones de salud en que se encontraba: "seis años de males no interrumpidos han deteriorado mi constitución, pero no mi moral, ni los deseos de ser útil a nuestra patria".   En consecuencia, le ofrece sus servicios en el conflicto iniciado con Francia en marzo de ese año "para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que se me destine".
Rosas con su respuesta, de fecha 24 de enero de 1839, procura satisfacerlo. A tal efecto le propone "prestar en lo sucesivo a esta República sus buenos servicios en Inglaterra o Francia". Y le agrega: "Al hacer a usted esta franca manifestación, sólo me propongo darle una prueba del alto aprecio que me merece la importancia de su persona, recordando lo mucho que debe a sus afanes y desvelos la independencia de esta República, como las de Chile y Perú, más no exigir a usted ninguna clase de sacrificio que sea penoso, ni menos que se prive del placer que podrá tener en volver cuanto antes a su patria, en donde su presencia nos sería muy grata a todos los patriotas federales".   Al respecto, San Martín le contesta el 10 de julio siguiente: "que destinado a las armas desde mis primeros años, ni mi educación, instrucción ni talentos no son propios para desempeñar una comisión de cuyo éxito puede depender la felicidad de nuestro país" . Por lo cual, no acepta el ofrecimiento.
 
En ese mismo año 1839, Rosas lo designa ministro plenipotenciario en el Perú (17 de julio de 1839), cargo que San Martín, por las mismas razones, tampoco acepta.
Posteriormente, en 1848, en otra manifestación de su deseo de ayudar a San Martín, Rosas nombra a su yerno, Mariano Balcarce oficial de la Legación Argentina en París, a quien después autoriza a acompañarlo si tuviera que retirarse de esa ciudad por los graves acontecimientos revolucionarios de que era escenario, como efectivamente ocurrió despues.
Además, desde 1844, le rinde homenaje en todos los mensajes anuales que dirige a la Legislatura,  lo que conforta espiritualmente a San Martín, según se lo hace saber expresamente en varias misivas

2. La situación de la Confederación Argentina.
En cuanto al segundo eje de coincidencia, referente a la situación de la Confederación Argentina, San Martín se pronuncia categóricamente por la defensa de la soberanía y del honor de la República, "contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla", como lo expresa claramente en su testamento del 23 de enero de 1844, al legarle a Rosas el sable que lo había acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud
Entiende, además, como lo expresa en carta del 10 de mayo de 1846, que la contienda con las dos primeras potencias de Europa "es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España".
En consecuencia le ofrece nuevamente sus servicios a Rosas.  Este le contesta el 20 de mayo de 1847, diciéndole que: "La influencia moral de los votos patrióticos americanos de usted importa un distinguido servicio a la independencia de nuestra patria y del continente americano, a la que ud consagró con tan glorioso honor sus florecientes días".   Hecho que se había puesto en evidencia en 1845 en la famosa carta que San Martín le dirigió al cónsul general de la Confederación Argentina en Londres, Jorge Federico Dickson, que fue publicada en los periódicos ingleses. Y, posteriormente, en 1849, en otra carta dirigida al ministro Binau en Francia.
A su vez, San Martín, en una extensa carta del 2 de noviembre de 1848 le manifiesta que "A pesar de la distancia que me separa de nuestra patria, usted me hará la justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo a mi achacosa vejez. Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa; esta satisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país no ha tenido nada que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos Estados Americanos un modelo que seguir".
Y en marzo de 1849, Rosas le contesta: "Aprecio intensamente las benévolas expresiones en cuanto a mi conducta administrativa sobre el país en la intervención anglofrancesa, en los asuntos de esta República. La noble franqueza con que Usted me emite sus opiniones da un gran realce a la justicia que Usted hace a mis sentimientos y procederes públicos. Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y la dignidad de las Repúblicas del Plata, y cuanto más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano". Y concluye con estas precisas palabras de homenaje al General San Martín: "Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo".

3 La situación europea:
En lo que se refiere al tercer eje de coincidencia, sobre la alterada situación europea, ante la revolución social iniciada en Francia con los graves sucesos de febrero de 1848 en París y su amenaza de extenderse al resto de Europa, San Martín, en carta a Rosas del 2 de noviembre de 1848, escrita desde Boulogne Sur Mer -que ya hemos citado- se pronuncia por la defensa de los valores tradicionales contra la acción subversiva de los revolucionarios, según afirma: "por las predicaciones diarias de los clubes y la lectura de miles de panfletos". Cabe agregar que en correspondencia paralela al mariscal Ramón Castilla, San Martín se refiere concretamente a "los desorganizadores partidos de terroristas, comunistas y socialistas, todos reunidos al sólo objeto de despreciar no sólo el orden y civilización, sino también la propiedad, religión y familia" (15 de abril de 1849).
Rosas le responde en consonancia, en carta de marzo de 1849 -también citada- atribuyendo los males del momento a que "los clubes, las logias y todo lo que ellas saben crear de pernicioso y malo, tienen todo predominio", por lo cual, continúa: "no es posible atinar qué resultados traigan, y si la parte sensata y juiciosa triunfará al fin de sus rapaces enemigos y cimentará el orden en medio de tanto elemento de desorden".
Finalmente, en su última carta a Rosas, del 6 de mayo de 1850, a tres meses de su desaparición, San Martín lo felicita: "Por tantos bienes realizados [...] como igualmente a toda la Confederación Argentina". Y le agrega, con palabras de honda gravitación y trascendencia: "Que goce Usted de salud completa, y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Usted su apasionado amigo y compatriota".
Rosas le contesta el 15 de agosto de 1850, en carta que ya no llegará a su conocimiento, en los siguientes términos: "Sólo me resta devolver a usted, a nombre de la Confederación Argentina y mío, las felicitaciones que nos dirige, deseando que el viejo soldado de la independencia pueda vivir largos años en salud, para que veamos nuestra querida patria independiente, tranquila, libre y feliz".

Así quedó rubricada esta relación, tan singular como trascendente, de la cual el sable del Libertador es un símbolo Imperecedero.

domingo, 31 de julio de 2016

EL AÑO XX: JOSÉ ARTIGAS, PANCHO RAMÍREZ Y ESTANISLAO LÓPEZ.

POR JOSÉ LUIS BUSANICHE
Francisco Ramírez, había firmado el tratado del Pilar a sabiendas de que traería su rompimiento con Artigas. En efecto: Ramírez firmaba como gobernador de Entre Ríos y en rigor era el Comandante General del ejército artiguista y en ese carácter había cruzado la provincia de Santa Fe, y teniéndolo como tal se le incorporó con sus tropas el gobernador de esta última provincia. Por eso comandó Ramírez y no López el ejército en Cepeda y por eso el comandante dio a su jefe Artigas inmediata cuenta de la victoria.   Pero pocos días antes de firmarse el tratado llegó a Buenos Aires la noticia de la destrucción de las armas artiguistas en la Banda Oriental, cumplida por los .portugueses en la batalla de Tacuarembó, con el añadido de que el Protector había pasado a Entre Ríos con los restos de su ejército en derrota. Tal suceso, en aquellas circunstancias, despertó la ambición del vencedor de Cepeda decidiéndolo a tratar por su propia cuenta y acaso imaginar una seductora hegemonía. López se hallaba en otra situación. Aunque adicto a la Liga Federal (liga de hecho, también, porque no existían patios formales) no se debía por entero al Protector, como Ramírez, ni se había formado como este último en sus ejércitos. Lo cierto es que, una vez conocida la derrota de Artigas, Ramírez, ni consultó a su jefe, ni firmó ad-referendum como comandante de las armas orientales, sino como gobernador de Entre Ríos y no podían ocultársele las graves consecuencias que debían sobrevenir. Por eso, una vez agasajados los vencedores en el cabildo de Buenos Aires, y percibidos algunos auxilios en armas (indemnizaciones de la campaña militar), se dispusieron a volver a sus provincias como lo establecía el tratado Pero hubieron de permanecer días más en la capital para asegurar en el poder a Sarratea porque el coronel Juan Ramón Balcarce, jefe directorial salvado con su división en Cepeda, trató de arrebatar el poder al flamante gobernador apenas los federales anunciaron su partida. Sarratea fue afirmado en el mando, se inició proceso contra los autores del proyecto monárquico y fueron publicadas en folleto las actas secretas que daban testimonio del negociado . 
López se retiró con sus tropas en el mes de marzo. Ramírez en los primeros días de abril. Apenas llegado este último a su provincia, Artigas le pidió cuenta de su conducta. Ya había firmado en Ávalos (Corrientes), un convenio entre diputados de la Banda Oriental, Corrientes y Misiones que importaba el desconocimiento del tratado del Pilar y una alianza de tendencia artiguista. “El objeto y los fines de la convención del Pilar —escribió Artigas a Ramírez— sin mi autorización ni conocimiento, no han sido otros que confabularse con los enemigos de los pueblos libres para destruir su obra y atacar al jefe supremo que ellos se han dado para que los protegiese y esto sin hacer méritos de muchos otros pormenores maliciosos que contienen las cláusulas de esa inicua convención y que prueban la apostasía y la traición de V.S. Al ver este atentadono he podido vacilar y he corrido a salvar la provincia entrerriana de la influencia ominosa de V.S. y de la facción directorial entronizada en Buenos Aires”. Ramírez contestó con la misma arrogancia: “Vuestra Señoría ataca ahora mi provincia y ha llegado el caso de preguntarle: ¿Qué especie de poderes tiene V.S. de los pueblos federados para darles la ley a su antojo; para introducir fuerza armada cuando no se le pide y para intervenir como absoluto en sus menores operaciones internas?. . ” Los oficios se cruzan, contundentes, anunciando la guerra que no tardará en sobrevenir.
Artigas ha reconvenido también a López, pero en otros términos que fueron contestados así: "Cuando he leído las reconvenciones que V.S. me hace no puedo formarme otra idea sino.de que V.S. no estará completamente impuesto del actual estado y circunstancias de las provincias de la unión. ¿Cómo he de persuadirme de que V.S. menosprecia la felicidad común de ellas? Ello exigía con la mayor urgencia la convención que se ha logrado”.
La indignación de Artigas se descarga sobre su teniente de Entre Ríos, sobre todo cuando este último responde sarcásticamente a sus oficios. Avanza el Protector por la costa del Uruguay hacia el sur, se apodera del arroyo de la China venciendo la resistencia de López Jordán y sigue hasta Gualeguay donde, en el punto denominado las Guachas, choca con el mismo Ramírez y lo derrota. Pero el entrerriano se repliega hasta Paraná donde el oficial porteño Lucio Mansilla, enviado por Sarratea, le facilita oportunos auxilios, pone concierto en la tropa y la deja bien dispuesta para una próxima batalla. No tarda en llegar el Protector a quien le está reservada una completa derrota en el lugar denominado Las Tunas, cerca de Paraná.. (24 de junio). Aquellos pobres campesinos peleaban casi desnudos. Con la promesa de diez pesos (!) y un vestuario de los llevados por Mansilla fueron animados durante el combate los vencedores. Ramírez inició una persecución encarnizada, implacable.
En los meses de julio y agosto corre por Entre Ríos y Corrientes en demanda de su presa; en el mes de septiembre derrota nuevamente al Protector, ya cerca del Paraguay, y el vencido prefiere pedir asilo en esta república donde ha de sobrevivirse todavía treinta años. Pero ¿qué hubiera sido de él en manos de Ramírez?. . . Este último, sediento de venganza, exige con insistencia la entrega del vencido al dictador Francia, y aun amenaza con invadir su territorio. Pero desiste por último y se apodera de la ciudad de Corrientes donde disuelve el cabildo, ejerce cruelísimas venganzas y funda la República Entrerriana con Misiones, Corrientes y Entre Ríos, aprovechando los auxilios que le ha proporcionado Sarratea. Sojuzgada Corrientes, vuelve Ramírez a su provincia v escribe a su teniente del norte: “Poco importa que los correntinos ladren si no pueden morder, A usted le corresponde aplicar correctivos”. Había sacado de Corrientes. 20.000 caballos y 70.000 cabezas de ganado.
El Supremo celebró en Paraná .el fausto acontecimiento. En carta a un amigo, hizo breve y bien trazada reseña de la ceremonia: “Amigo: Voy a dar a usted una idea de la gran función que se está disfrutando de ella (sic) hoy día: primeramente una gran plaza para una gran corrida de toros que dura todos los días de Pascua; plaza de todo lujo con palcos correspondientes; hay unas grandes carreras, hay otras de títeres; hay unos bailes de un rango nunca conocido; hay unas grandes riñas de gallos; hay tres días de despojos en la plaza con infantería de morenos y correntinos; no tengo tiempo para dar a usted un detalle de cuanto va a haber de tanta función emprendida por todas partes. En fin, confórmese con el olor, como yo hago lo propio porque me ha probado mal el Paraná”.
Del jolgorio participaban oficiales porteños, de los enviados por Sarratea para terminar con Artigas, entre ellos el que no mucho después será gobernador de Entre Ríos, Mansilla.
El gobernante que había contribuido desde Buenos Aires a la eliminación del Protector, ya no estaba en el poder.   Apenas retirados Ramírez, y López de Buenos Aires en abril de 1820, viose obligado a convocar a elecciones; lo hizo en mayo y como en las elecciones aquellas, de gente decente de fraque o levita (la que había decidido todo en la ciudad desde 1810, la llamada “parte principal y más sana del vecindario", doscientos vecinos a lo más), eligio para el cargo a don Ildefonso Ramos Mexía.
 El nuevo, gobernador se apresuró a poner en libertad a los congresistas presos, debían responder a la acusación de haber pretendido entregar el país al príncipe de Luca. Con esta medida y otras análogas, recrudeció la lucha de facciones en Buenos Aires y otra guerra civil se desató en el litoral argentino López, gobernador de una provincia lindante con la que, ahora había caído en manos de los directoriales, se dispuso a intervenir antes de ser atacado.
Incitábanlo a ello dos personajes que en mala hora fueron acogidos en su ejército porque —pescadores en rio revuelto— no buscaban otra cosa que el desorden para lograr el poder: eran Alvear y José Miguel Carrera.  Ambos habían llegado de Montevideo para incorporarse a los federales: el primero con el designio de volver al gobierno después, de haber sido expulsado como lo fue en 1815. El segundo había logrado que Sarratea pusiera bajo sus órdenes una división de chilenos llegada después del desastre trasandino de 1814, que le serviría de base —así lo proyectaba él— para armar un ejército, cruzar la cordillera y desalojar a O’Higgins del poder. Le empujaba un fierón sentimiento de venganza por la muerte de sus hermanos. Carrera era hombre de buen entendimiento, de mucho atractivo personal y extraordinaria  osadía.  López recelaba —y con razón— que la facción directorial terminara en poco tiempo con los sacrificios que habían culminado en Cepeda y en el tratado del Pilar.  Por otra parte, los términos del tratado no se cumplían mientras las provincias daban —todas menos Buenos Aires— testimonio de adhesión a la causa federal. Santiago del Estero, separándose de su antigua intendencia, Tucumán, había declarado en el mes de abril: “Art. 19 Declaramos por la presente acta nuestra jurisdicción de Santiago del Estero uno de los territorios unidos de la Confederación del Río de la Plata. Art. 20 No reconoceremos otra soberanía ni superioridad sino la del congreso de nuestros co estados, que va a reunirse para organizar nuestra confederación. Art. 21 Ordenamos que se nombre una junta constitucional para formar la constitución provisoria y organizar la economía interior de nuestro territorio según el sistema provincial de los Estados Unidos de la América del Norte... etc:.”.
Decía López: “Los representantes de Buenos Aires elogian públicamente al congreso disuelto; no se cumplían las estipulaciones del Pilar; no ha concurrido el diputado a San Lorenzo porque Buenos Aires teme perder el monopolio comercial y proyecta quitar a las provincias el poder adquirido a fuerza de fatigas”.
En junio se puso López en campaña con Alvear y Carrera. Paralelamente, las facciones políticas y los caudillos militares, disputábanse el poder en Buenos Aires. Soler se levantó contra el gobernador Ramos Mexia; éste entregó el mando al cabildo de...Buenos Aires y a su vez el cabildo de Luján designó gobernador al jefe sublevado. El cabildo de Buenos Aires confirmó a Soler. (20 de junio de 1820..muerte del Gral Belgrano)   Era natural que Soler, gobernador ahora y jefe del ejército, se opusiera a las tropas de López que pisaban ya la provincia. Chocaron en la Cañada de la Cruz. Soler sufrió una completa derrota y_huyó a Montevideo.

El cabildo de Luján eligió gobernador a Alvear pero una “junta electoral” formada en Buenos Aires,' eligió para el mismo cargo a Dorrego que al frente de un nuevo ejército hizo retroceder a las fuerzas federales hasta San Nicolás. Después derrotó a López, en Pavón; pero, repuesto el santafecino, le infligió tremendo castigo en la sangrienta batalla del Gamonal el 2 de septiembre de 1820