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domingo, 31 de marzo de 2019

Los APODOS de los Presidentes (1862-1943)


Por Miguel Angel Scenna
El hecho de ser el Presidente de la República el conductor y cabeza visible del Ejecutivo, lo expone en permanente escaparate frente a la atención pública. De allí que frecuentemente sea blanco del afecto o desdén de los ciudadanos, según simpaticen o no con su persona. Y una de las maneras más corrientes entre nosotros de expresar adhesión o repulsa, es colgar un mote al apellido legal. También se dan casos en que el sobrenombre laminar, de entrecasa, del Presidente, trascienda al círculo íntimo y se generalice en el ámbito nacional.  Recordemos algunos casos. Mitre fue llamado permanentemente Don Bartolo desde sus tiempos de coronel, con gran disgusto de su parte, que prefería el legítimo Bartolomé. En cuanto a Sarmiento, sabemos que fue El Loco por antonomasia, o Don Yo, y que nunca se resignó del todo a tales apodos. Avellaneda fue llamado Chingolo porque su baja estatura y altos tacones lo obligaban a caminar a pasos cortos, casi a saltitos como un pájaro. 
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Julio Argentino Roca fue Indiscutiblemente el Zorro como reconocimiento unánime a su Insuperada astucia, y él recogió el apodo con evidente placer. Juárez Celman, aborrecido por los porteños, fue para ellos El Burrito Cordobés. Carlos Pellegrini, con su apellido y hermosa estampa da Vercingetorix criollo, fue para amigos y enemigos El Gringo y por su parte nunca renegó del nombre que la dio el pueblo. Menos suerte tuvo Luis Sáenz Peña, El Pavo para la oposición, por su opaca personalidad, carente de decisión y energía. En cambio su Hijo fue Roque I por el fastuoso tren protocolar que impuso en la Casa Rosada A Victorino de la Plata lo llamaron El Coya por su innegable sangre India, no desmentida por una larga estadía de veinte años en Londres (dicen que hablaba Inglés con tonada salteña).
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Todos sabemos que a Yrigoyen lo llamaron El Peludo por su escasa propensión a mostrarse en público o exhibir dotes oratorias. Y tal vez haciendo juego de palabras, Alvear fue El Pelado, apodo que no necesita explicación mirando un retrato de don Marcelo. Posteriormente a su caída y hasta su muerte, Yrigoyen pasó a ser El Viejo, Al general Uriburu se lo conocía en los cuarteles como von Pepe por su devota admiración por el ejército alemán del Káiser; tras la revolución del 30. Los radicales lo llamaron de dos maneras; para unos era Ocho y Veinte por la dirección de las guías de su espeso bigote. Otros, jugando con su apellido, lo llamaron Arreburro.
 Años después, con la revolución del 43 y la emergencia al plano presidencial del general Ramírez, hizo que todo el país se enterara del apodo que sus compañeros de armas le endosaran desde sus tiempos de Colegio Militar; Palito, por la menuda y esquelética figura del mandatario. Para todo el mundo y sin disidencias, Farrell fue El Mono, y también en este caso basta ver una fotografía para explicárselo todo. En cuanto a Perón, en su segunda Presidencia vio resurgir un viejo sobrenombre de sus años juveniles, y como Pocho se lo conoció en el país entero.  Aramburu fue El Vasco, no sólo por el apellido sino por su rostro francamente euskera. Y Frondizi no pudo ser sino El Flaco por su magra silueta. Respecto a lllia, la blanca cabellera, los hombros caídos y modales pausados impusieron el apodo de El Viejo, sobrenombre que también aplicaron ahora los peronistas para referirse a su líder. Y terminemos esta rápida secuencia recordando el sobrenombre de Lanusse, Impuesto por sus camaradas de armas en gracia a que no se tiñe los cabellos: Cano.
 "EL GENERAL". — Síntoma preciso del ascendiente alcanzado por un Presidente, aún fuera del poder, es el reemplazo de su nombre y apellido por título o grado erigido en paradigma. Así. Desde principios de siglo hasta 1934, cuando se hablaba del Doctor, no hacía falta aclarar que se hacía referencia a Yrigoyen, puesto que en un mundo pululante de doctores, no había más "Doctor" que el jefe radical. Algo similar ocurre con los militares, y si tenemos en cuenta que desde Urquiza a Lanusse se han sucedido 36 Presidentes, 16 de los cuales fueron hombres de armas, no es extraño que siempre haya habido un General —y uno solo— para la expectativa pública.
 Desde 1860 a 1906 El General por antonomasia fue Bartolomé Mitre. A su fallecimiento, el titulo fue heredado por Julio A. Roca, que lo retuvo hasta su muerte. Al desaparecer el conquistador del Desierto en pleno auge de los gobiernos civiles y la profesionalización del Ejército, nadie recogió por el momento el galardón extraoficial, y ya no hubo un General en boca del pueblo, sino todos los generales del escalafón, que cumplían sus funciones en el anonimato.
 Las cosas variaron a partir de 1930. Pero ni Uriburu ni Justo alcanzaron a trascender con su grado más allá del circulo de adictos. Lo mismo ocurriría con Ramírez y Farrell, que tampoco lograron llegar al plano popular. La costumbre se reencendió con Perón y nuevamente hablar de El General significó referirse a un preciso y determinado personaje. Todavía hoy lo conserva entre la masa de sus adictos. Posteriormente, ni Lonardi. ni Ongania, ni Levingston —el primero y al último por su breve paso por el poder, el segundo por su escasa popularidad— ganaron mérito» suficiente» para lograr el título. Solamente Aramburu fue el General para buena parte de los argentinos. Resta Lanusse, que aun siendo teniente general, no es aún El General. Quien retome el tema en el futuro podrá aclarar el enigma y decir si lo consigue, así como si ese futuro nos depara todavía más Generales.

jueves, 28 de marzo de 2019

Un carácter que se forjó enfrentando todas las adversidades

Por Ignacio Cloppet (*)
En la Argentina del siglo pasado, la mujer tenía un sitio más que relegado. Las únicas que se destacaban, eran las de la alta sociedad y las que pertenecían a las “familias bien”.  Las otras eran ignoradas, sometidas, descartadas. Digamos que la aparición de Eva Duarte de Perón en el escenario público, es un punto de inflexión, un cambio sustancial en la realidad social y política de un país.  Eva Duarte fue una mujer extraordinaria, con sus aciertos y con sus falencias. La verdad es que su imagen traspasó las fronteras de lo imaginable, más bien se convirtió en un mito.
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Es importante destacar y conocer su origen, para entender más cabalmente su conducta en su corta vida. El poeta Bernárdez dice en un verso: “…Lo que el árbol tiene de florido viene de lo que tiene de soterrado…”.
Generalmente, le han achacado que era una mujer pobre, que su familia no tenía recursos y que vivía en las periferias. Esto no es del todo exacto, pues sus orígenes tienen una rica historia y es bueno compartirla. Por su padre, eran vascos de Iparralde, o sea vascos en Francia, con caserío y que gozaban de buena posición. Por su madre, los Ibarguren eran de Egoalde, vascos en España, donde sus ancestros se remontan al siglo XV, destacándose en la vida social y política. Una vez llegados a América, fueron guerreros y pelearon junto al general Oribe en la guerra civil del Uruguay. Por su madre, Evita fue fruto del mestizaje, con ancestros criollos también antiguos, que la emparentaban con uno de los conquistadores de América.  Estos son sus antecedentes familiares. De ahí se entienden algunos rasgos de su enorme personalidad. Una mujer de firme carácter, fuerte, carismática, y por sobre todo de una gran sensibilidad social.
Fue la última hija (la quinta) de la unión de Juan Duarte y de Juana Ibarguren, una de las criadas de una estancia que administraba. Duarte además, tenía su familia legítima en Chivilcoy, fruto de la unión con una prima hermana suya, con la que tuvieron once hijos legítimos.
Cuando Evita fue bautizada en noviembre de 1919, Duarte había enviudado, por lo que la reconoció como su hija en ese acto sacramental. Desde entonces quedó viviendo con su segunda familia en Los Toldos, siendo recordado como un padre presente. A los pocos años, Duarte murió en un accidente, lo que significó que su familia quedara desprotegida.
De esta forma Eva creció, enfrentando adversidades. La pérdida del status, ser hija natural, sufrir privaciones, y con su madre como único sostén. Con mala entraña, hay quienes sostienen que esa situación es la que la transformó en una resentida.
No cabe en Evita ese calificativo. Si algo fue, es una revolucionaria. Su coraje fue reconocido por el Cardenal Roncalli, luego Juan XXIII en Notre Dame cuando Evita le contó su proyecto de ayuda social: “Si de verdad lo va a hacer –le dijo– le recomiendo dos cosas: que prescinda por completo de todo papelerío burocrático, y que se consagre sin límites a su tarea. Señora, siga en su lucha por los pobres. Pero sepa que cuando esa lucha se emprende de veras siempre termina en la cruz”.
A cien años de su nacimiento, hoy la seguimos recordando. Es tiempo tal vez de que haya en nuestro país más mujeres como ella, firmes, de una sola pieza, que formen parte de una Argentina más justa, donde se  descarten discriminaciones.

sábado, 23 de marzo de 2019

Don Vicente D. Sierra: un paradigma de la Hispanidad

Por Carlos Pesado Palmieri
El Tata Sierra a quien le rindo vasallaje intelectual y con el que me he sentido ligado desde mi juventud a su magisterio católico, hispánico y nacionalista, en el enriquecedor y caudaloso cauce de la tradición argentina.   Me place frente a ustedes afirmar, y a en retiro efectivo del magisterio, que el más antiguo de mis alumnos, como el último de ellos, en todas mis cátedras superiores de Historia Argentina y Americana, al cabo de 54 años de docencia, ha tenido como bibliografía obligatoria al silenciado arquetipo de la Hispanidad: Don Vicente Sierra Como miembro de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, y como viejo docente de Historia en la Universidad del Salvador ,instituciones en las que se destacaron sus aportes historiográficos, enaltecido participo hoy aquí, brindándoles mis aproximaciones  a su personalidad y algunas confidencias personales sobre el querido e inolvidable maestro.  Mis palabras vienen pues a confiar en altavoz, ante amigos comprometidos con la Fe cristiana y el honor patrio, el justo reconocimiento a quien los sirviera con insobornable lealtad. 
 
Vicente Dionisio Sierra, porteño de vida y muerte, nació en esta ciudad que hoy pese a seguir siendo nuestra Capital Federal no es conocida ya  como de la “Santísima Trinidad y puerto de Santa María del Buen Ayre”, sino como Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 9 de enero de 1893, y murió en ella, treinta y cinco años atrás, a los 89 años de edad, el 29 de julio de 1982.  Sus padres eran Vicente Sierra y Francisca Quintana, su esposa María Luisa Larotonda, su hija, María Luisa, y el domicilio último donde lo visitábamos: Billinghurst  al 1700.-  Tiempo ha dejé inconcluso un trabajo que me encomendara oportunamente la Fundación Nuestra Historia, sobre la Bibliografía de Vicente Sierra, tarea que inicié, cuando en ocasión del Quinto Centenario, le hicimos un homenaje en el muy querido Instituto de Cultura Hispánica, dirigido entonces por el Dr. Ángel Centeno. Mis manuscritos de entonces no los he hallado más, dado mi Archivo-Biblioteca anárquico y mis limitaciones temporales de siempre, pero recuerdo que abandoné aquel esfuerzo, un poco por las tareas docentes, entonces multiplicadas y por la numerosa cantidad de contribuciones que hasta  con seudónimos Sierra había efectuado como articulista, en infinidad de medios, a la vez que como conferencista y expositor en cursos y seminarios en cenáculos diversos. 

Lo recopilado ocupaba muchas carillas pero toda labor inconclusa es inútil, y está destinada desgraciadamente a perecer. En las biografías sumarias expuestas en la publicación de la Galería de Directores de la Biblioteca Nacional leemos: 1973-1976: “ VicenteD.Sierra(1893-1982), historiador y autor de una vasta historia de la Argentina, escrita desde una perspectiva católica y revisionista, fue director del Instituto de Investigaciones Históricas de la UBA durante la primera presidencia de Perón; en el transcurso de su tercer gobierno, fue designado como Director de la Biblioteca Nacional en reemplazo de Jorge Luis Borges”. En otra apostilla de autor desconocido, señalando su procedencia ideológica juvenil se destaca fuera militante socialista, autor de la mejor biografía del líder de ese partido, Juan B. Justo. Norberto Galasso, en su trabajo De la Historia Oficial al Revisionismo Rosista, le dedica a nuestro protagonista breve líneas: “Se trata de otra importante figura de aquel revisionismo. De posición marcadamente católica, Sierra rechaza la leyenda negra de la colonización española, pero, llevado de su fervor religioso, cae en el error simétrico idealizándola en el “Sentido misión al de la conquista. ”Lo califica sencillamente de historiador laborioso. Bueno, aceptémoslo ante tanta omisión desde nuestras propias filas, algo fue al menos el Tata Sierra, para el polémico publicista de orientación marxista. Pero bien se señala en el Nº204 de El historiador maldito de mayo de 2004: “que ignorado y menospreciado por la historiografía oficial, su obra constituye, sin embargo, un fenomenal aporte al estudio y la interpretación de nuestra historia”. Una digresión agrego aquí: Aquella individualizada historiografía oficial, nacida de las plumas liberales hoy merece desafectársela de ser la responsable única de dañar la verdad histórica. La Historia falsificada como bien la calificara Ernesto Palacio casi 80 años atrás, debiera tener un correlato justiciero: Se construyeron en el lapso transcurrido, tantas historias oficiales como regímenes hemos concebido. Prosigo ahora, la cita textual: “Autodidacta ejemplar inició su carrera académica como profesor en colegios secundarios del Gran Buenos Aires, privilegiando durante muchos años la tarea docente por sobre otras actividades. Luego, fue convocado para desempeñarse como director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y como profesor de Introducción a la Historia en la misma Facultad. Además, fue, profesor titular de la cátedra de Historia de la Ideas Políticas Argentinas en la Facultad de Ciencias Políticas de la USAL, siendo inicialmente profesor en el Colegio del Salvador. ”En el Quién es Quién en la Argentina, edición de 1968, se especifica su labor como funcionario público desde el año 1946 en que se hizo cargo de la Secretaría de Servicios Públicos, Abastecimientos y Limpieza de la Ciudad de Buenos Aires. Más tarde, fue secretario de la Comisión de Construcciones Universitarias y después Director Nacional en el Ministerio de Transporte de la Nación entre 1948 y 1957. Aportemos algunos datos biográficos más. Entre 1960 y 1966 presidió la Junta de Historia Eclesiástica. Dos palabras para ese estadio de nuestra JHEA. Del tomo 5° de enero/diciembre de 1961, de su clásica publicación: Archivum, extraigo,-no sin confesado pudor, la constitución de su Junta Directiva, y lo hago porque soy actual vocal de la misma en un segundo período y observo estos nombres: Presidente de Honor Excmo. Sr. Cardenal Antonio Caggiano, Presidente Vicente D. Sierra, Secretario R .P. Leopoldo J. Palacio, Pro Secretario Carlos Romero Sosa, Tesorero Prof. Junta de Historia Eclesiástica Argentina Boletín Digital Número 2-20176 Adolfo Ribera, Director de Publicaciones R.P. Guillermo Furlong S.J.; Vocales: Mons. José Alumni, Dr. José María Mariluz  Urquijo, R.P.Pedro Grenón, Mons. MiguelVergara, Sr.Enrique Udaondo, Pbro. Federico Compañy, Pbro. Ramón Rosa Olmos, Sr. Guillermo Gallardo. Dios mío! Que nombres de la intelectualidad católica argentina se aunaban medio siglo atrás en esta misión.  Y no leo la nómina de todos sus socios porque me empequeñecería aún más. Sierra termina el 23 de mayo de 1966, pasando a presidir la Junta Don Guillermo Gallardo, ésta crece en un número significativo de miembros activos y correspondientes en el interior del país y en el exterior aún denominados socios. Desde el número octavo de Archivum, la dirección de Publicaciones la comparte el Padre Furlong con el  aún llorado Prof. Don Enrique Mayocchi.   En la Crónica de ese año Don Guillermo Gallardo hizo un cálido elogio de sus predecesores en la presidencia: Mons. Fasolino, Tomás Solari y Vicente D. Sierra. Durante el período presidencial de Sierra, los articulistas de la Revista, siempre bajo la prolija supervisión del Padre Furlong, fueron entre otros autores: Pascual Paesa, Cayetano Bruno, Néstor Auza,  Manuel Cárdenas, Alfredo Díaz de Molina, Rubén P. González, Orestes Di Lullo, Guillermo Gallardo, Jorge María Ramallo,  Américo Tonda, Nicolás Fasolino, Ludovico García de Loydi, Pedro Santos Martínez, Emilio Breda, Guillermo Furlong, José Brunet, Raúl de Labougle y Oscar L.Ensick.   El 18 de octubre de 1973, Sierra sucedió a Jorge Luis Borges en el cargo de Director de la Biblioteca Nacional, que ejerciera hasta el 4 de marzo de 1976. Fue además miembro del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas desde sus inicios, e integró el Consejo Honorario de la Fundación Nuestra Historia. La Universidad del Salvador le otorgó el título de Dr. en Historia Honoris Causa y fallecido impuso al Aula Magna del rectorado su nombre.  Su bibliografía principal Razones de síntesis nos llevan a destacar sólo sus principales obras entre las que sobresalen : El sentido  misional de la conquista de América (1942) obra fundamental ésta que casual o causalmente cumple también 75años de existencia, firma su primera edición Don Vicente en Olivos, febrero del 42. Carlos Ibarguren hace un breve pero sustantivo  prólogo. El ejemplar que poseo es la 3ª edición y es de septiembre de 1944, en los primeros meses de ese año había aparecido la 2ª, fue una obra que conmovió entonces y se constituyó en el pilar del hispanismo lúcido de fuerte cosmovisión católica; Historia de las ideas políticas en la Argentina (1950); Así se hizo América (1952), que recibiera el Premio “Reyes Católicos”; Historia de la Argentina (en10 tomos, publicados entre 1956 y 1972), Los Reyes Católicos; En torno a las Bulas Alejandrinas de1493 (1953); La expansión de la Hispanidad en el s.XV y El hombre argentino y su historia, publicada en 1966. Merecen también ser recordados, sus trabajos sobre: Las doctrinas sociológicas de Echeverría; Los jesuitas germanos en la conquista espiritual de Hispano-américa (1944); El hombre, la sociedad y el estado en la doctrina peronista (1948, y Filiación ideológica de la Revolución de Mayo (1960).


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Este notable escritor de profunda y sincera religiosidad e historiador de fuste, hace años es sujeto de la conspiración del silencio que afecta también a las más relevantes plumas del revisionismo histórico tradicional argentino, por su raíz católica e hispánica. Ni se lo estudia, ni se lo discute. Es otro más de los “desaparecidos” intelectuales. No hay reediciones de sus obras y está ausente hasta de nuestros mismos círculos universitarios. La Argentina plural es un engaño y el pensamiento único su amo. Sabido es que esa obra fundamental de la que escribiera los 10 tomos iniciales, en un proyecto inconcluso de 12 volúmenes, fue dedicada “A mi Patria”, siendo su primera edición de julio de 1956, y la segunda que poseo, editada ocho años después en diciembre de 1964, año en que iniciara mi profesorado en Historia, en el Instituto del Obispado de Lomas de Zamora, “Pbro. Dr. Antonio Sáenz”, del que fui su director a partir de 1983 hasta2012.   En oportunidad que visitara a Don Vicente en su domicilio, siendo novel profesor con veinticincoaños, acercándole el trabajo histórico de Oscar Alende, vecino de Banfield y ex gobernador de Buenos Aires, “Marcha al Sur”, con su dedicatoria personal, llevé mi atesorado y marcado primer tomo y le pedí la suya.  El maestro, con su bonhomía proverbial, ojeó primero el ejemplar marcado en varios de sus capítulos sonriendo, y luego confirme, clara y elaborada caligrafía, en tinta azul de lapicera pluma dejó asentado: A Cárlos (con ese acento decimonónico que sigo usando), Pesado Palmieri, con el deseo que en su labor pedagógica trabaje para fortalecer la conciencia histórica de sus alumnos. Con el afecto de Vicente Sierra. Aunque bien se sabe he sido yo ajeno a todo contagio de materialismo histórico, vaya plusvalía que esas páginas encierran, para quiénes a mi muerte, no sepan qué hacer con la biblioteca que les dejo. En cambio, yo rescato en esta jornada de reminiscencias, destacada sin citaciones de su memorable Prólogo en la referida obra cumbre suya: “Los argentinos de hoy tienen un que hacer que no es el mismo del pasado; necesitan dominar su historia en función de ese que hacer con objeto de que les ilumine el futuro, para lo cual han de comprenderla con su mentalidad actual y no con la de sus compatriotas de ayer“   Hasta ayer eran vitales las fórmulas políticas; ahora lo vital es fortalecer la nacionalidad. ” “La vida es una unidad(...)No es concebible la auténtica historicidad sin la temporalidad; lo histórico necesitad el tiempo porque, como hemos dicho, viene a ser permanencia del pasado en el presente y proyección del presente en el futuro”. “Confiamos esta obra al amor del pueblo argentino por su pasado, el orgullo por su presente y a su fe en el porvenir”.  En ese primer tomo agradece en especial Sierra las colaboraciones de Luis Miracle(h), del R.P.Guillermo Furlong, del Dr. Raúl A. Molina y del Dr. Roberto H. Marfany.   

Al Tata Sierra lo había leído mucho y detenidamente antes de mis estudios sistemáticos de la disciplina.  Lo hacíamos, en reunión de amigos de la Juventud Católica Argentina a fines de la década de los ’50, lectura y discusión de los temas abordados en su monumental Historia de la Argentina.  De aquellos “convivium” en nuestra adolescencia proviene la adhesión al revisionismo histórico clásico, bien ajeno a las imposturas de mutantes ideológicos, ajenos al método y a la recta intención.  Luego asistimos a varias de sus conferencias y fuimos inicialmente presentados por un grupo de sus alumnos en el SaLvador.  Catolicismo e Hispanidad eran los núcleos fuertes vinculantes con su magisterio.  Mi primera visita a su domicilio llevándole el libro Marcha al Sur, ya la he relatado.   Recuerdo también nítidamente su conferencia en el Colegio Euskal Echea de Llavallol, cuando presentándole algunos de mis alumnos que me acompañaban a escucharlo, al querer halagarlo citándolo como un “padre de la Hispanidad”, nos contestó risueño: “No soy el padre sino el abuelo de la Hispanidad”.

Junto al Dr.MatíasSuárez,al que reemplacé en su cátedra de Historia de América en la Facultad de Historia y Letras de la USAL y fui su adjunto en igual materia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, pude años más tarde tratarlo más íntimamente, y ya fallecido, accedí a leer algunos de los capítulos originales del tomo XI, que Matías trabajaba y de cuya suerte final, no supe más nada, luego del  accidente en que perdiera la vida mi querido colega y amigo. Me hago un deber recordar aquí las evocaciones sensibles del maestro en pláticas con su hija María Luisa junto al Dr. Suárez y aquella Comisión de Homenaje a su figura y trayectoria, que convocara y presidiera el Ministro de Cultura y Educación. Prof. Antonio Salonia. De aquellos reconocimientos y reuniones recuerdo al menos un logro perdurable: el primer establecimiento educativo que llevó su nombre fue un Colegio de enseñanza secundaria ubicado en el Barrio San José del Partido de Lomas de Zamora.   Años después su hija donó la Biblioteca del querido maestro a la Pontificia Universidad Católica “Santa María de los Buenos Aires”, cuando aún estábamos en la sede de Bartolomé Mitre, con la Facultad de Filosofía y Letras y su Biblioteca. E importante legado lo recibió en nombre de la facultad el profesor del claustro Dr. Juan Carlos Zuretti, quien citó nuestras palabras “in memoriam”, que pronunciáramos en nombre de la Fundación Nuestra Historia, en la necrópolis de la Chacarita el 30 de junio de 1982. Fue sin duda ello, una decisión de sus descendientes. He sido profesor de ambas casas de altos estudios, pero sabido es la fuerte vinculación que Don Vicente Sierra tenía con la Universidad del Salvador, que a su fallecimiento, impuso al Aula Magna del Rectorado su nombre. Razones suficientes hubo, seguramente, para su destino final en la UCA. Es de lamentar la pobre valoración efectuada por terceros, años más tarde, del rico repositorio recibido, tanto como la omisión voluntaria de las obras de Vicente Sierra en varios de los programas analíticos pertinentes de la carrera en esta Casa, tanto como en la USAL, quizá para confirmar aquel aserto de “nadie es profeta en su tierra”.  Don Julio Irazusta fallecía en mayo, ondeando el pabellón nacional en las Islas y el Tata Sierra moría a fines de julio en medio de la impotencia y el dolor de la derrota, del escarnio y la vergüenza, precisamente en el Día de la Cultura Nacional que propiciara Julio César Gancedo en homenaje a Ricardo Rojas. Termino recordando valoraciones disímiles en nuestra crucificada Patria a la espera de su Resurrección, de la sociedad reflejada en sus medios de comunicación. La muerte de Vicente D. Sierra y la de Alcibíades Lappas, historiador de la Masonería argentina, censadas por los avisos fúnebres de La Nación, de la familia Mitre. No más de cinco para el primero, y el resto de la página para el segundo. Ciertamente no estuve en el sepelio de este último, recuerdo en cambio el medio centenar de argentinos que nos congregamos en la Chacarita donde efectuó el responso el Padre Sánchez Abelenda, pronunció palabras el Profesor Jorge M. Ramallo por la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, recogidas en Archivum XIV, Buenos Aires, 1984, e hizo lo propio por la Fundación Nuestra Historia quien les habla, insertas en Nuestra Historia, Revista de Historia de Occidente, Nº30, de diciembre de 1982. Con ellas cierro esta corta pero sincera evocación de Don Vicente Sierra, un paradigma de la Hispanidad. Vicente D. Sierra: in Memoriam Oración fúnebre pronunciada por el miembro del Consejo Directivo de lo Fundación Nuestro Historia, Prof. Carlos Pesado Palmieri, en las exequias del Profesor Doctor Vicente D. Sierra, el 30 de julio de 1982. Venimos a despedir los restos mortales de Don Vicente Sierra en nombre de la Fundación Nuestro Historia, a cuyo Consejo Honorario perteneciera el maestro de la Hispanidad, desde los inicios de la institución El pensamiento nacional y la América católica, última posibilidad de sustantivar a Occidente, han perdido uno de sus más preclaros hombres. El maestro Sierra fue el argentino que en el campo historiográfico efectuó los aportes más lúcidos para la afirmación de la personalidad del mundo hispánico en la cultura occidental. Pensó e hizo la Patria por sobre      sus noches y derrotas, y supo enseñarnos que la Argentina forjada al través de la patria originante: España, plasmó su identidad nacional con dolorosos sacrificios. Que conoció la traición; el desarraigo y el egoísmo; que padeció a los débiles y a los tibios y que supo de odios y venganzas infecundos, y que aún signado su destino por eventuales vencedores, también supo el carácter nacional, cobijar el llanto del vencido. Cuando aún el corazón llora ausencias memorables,-noble Julio Irazusta-nos sorprende su ida para probar, aún más nuestra fortaleza.

El "tata” Sierra cavó los dentros de nuestra identidad, negada o mancillada; forjó discípulos con la grandeza del maestro, conocedor que tan sagrado ministerio requiere la colaboración del tiempo con la heroicidad. Y esa fue su nobleza. Fue un hombre de ejemplo que es de todos los apostolados, el de mayor fidelidad   evangélica y su conciencia de eternidad le permitió obrar, vocado por la unidad de destino de nuestro continente cultural, que supo desentrañar en sus esencias constitutivas. No estuvo tentado por los pecados de esta sociedad de provecho, que algunos todavía pretenden signarla como arquetípica. Fue protagonista e intérprete de la Argentina doliente, cuyos estadios históricos analizó con propiedad, seguro, como supo afirmarlo que “la Historia no es un proceso estático y que las definiciones no son posibles en las ciencias‘ empíricas como no son en las ideales". Solía repetir que“ podía definirse un triángulo, pero no la Revolución de Mayo. La Teología puede definir, la Historia no”. Nervio motor y clara inteligencia sumó su infatigable labor intelectual para el renacimiento del “sentido de una cultura que tiene la categoría de lo humano porque se fue constituyendo-en el decir de Carlos Pereyra por virtud del esfuerzo, la sangre y el espíritu de un pueblo, que tuvo a Dios por preocupación esencial y a la Gracia como el más alto de los dones”. Y lo hizo con esa sencillez ajena a todo desliz de soberbia, que se enraiza sólo en los grandes espíritus sabedores del mensaje dorsiano: “Todo pasa, pompas y vanidades, la nombradía como la oscuridad. Nada quedará de lo que ayer fue la dulzura o el dolor de nuestras horas, su fatiga o su satisfacción. Una sola cosa nos será contada y es la obra bien hecha. ”Quienes hoy nos sentimos conmovidos por su temporal alejamiento, damos fe que ha ganado la paz de su descanso eterno por su Obra Bien Hecha. Deudores de su magisterio y amistad lo despedimos, hasta que la Voluntad de Dios decida, nuestro postrer y definitivo encuentro. Posdata Requerido a entregar estas sencillas páginas el año pasado como introducción a trabajos de Don Vicente a ser nuevamente editados por la Fundación Hernandarias, y habiendo fallecido unos meses atrás nuestro querido amigo el Prof. Jorge M. Ramallo, creo justo evocar a ambos con el fragmento final de las palabras de despedida de este último al gran maestro, que se publicara como anteriormente hiciera referencia en la Revista Archivum de nuestra Junta de Historia Eclesiástica Argentina en el año 1984: “Sabemos todos los que aquí estamos y los que forman la legión de los que piensan como nosotros identificados en igual amor a Dios y a la Patria, que la pena que hoy nos embarga irá haciéndose respetuoso recuerdo, homenaje de veneración, afectuosa memoria. Recordaremos siempre a Vicente Sierra con admiración y reverencia, pero si su obra, como creemos firmemente, no ha pasado en vano, también la recordará el país, al que dedicó sus afanes con inteligencia, con patriotismo, con honrado corazón, desentrañando su origen y avizorando su destino, que quiso, como nosotros, que fuera de grandeza inmarcesible”.

viernes, 22 de marzo de 2019

Granadero Francisco González (1781-1881)


Nació en Santander en 1781 y llego a Bs as muy joven.  Se estableció en el pueblo de "los santos Lugares de Jerusalem" (actual partido de Gral San Martín).   A fines de 1811, se levantó en este lugar una Posta de Correos, pasando a formar parte del Real Itinerario de Postas de Buenos Aires al Paraguay; hito primigenio que confirmara la importancia de este pago de campaña.   La posta no fue solamente albergue de viajeros hacia el norte y oeste, sino también etapa obligada de los ejércitos patriotas en campaña. En enero de  1813 el entonces Coronel Don José de San Martin, con sus flamantes granaderos, para recambio de caballada en su viaje, acampan en Santos Lugares, posta inicial a la campaña militar que culminó en el combate de San Lorenzo (3 febrero de 1813).  Probablemente el 9 de febrero volvió a pasar el coronel San Martín por Santos Lugares de retorno a Buenos Aires, triunfador de su primer combate en tierras americanas, al frente de su caballería, conduciendo los dos cañones, el estandarte y demás pertrechos tomados al enemigo.  Cabe finalmente destacar que el viaje a caballo de ida y vuelta a San Lorenzo desde Buenos Aires, aproximadamente cuatrocientos cincuenta kilómetros, sin contar entonces con puentes y taludes para salvar los ríos, cañadas y bañados, hoy resultaría una extraordinaria hazaña.
En diciembre de 1814 Francisco González revista en la primera compañía del segundo escuadrón y luego en la primera compañía al mando del teniente primero Juan Manuel Gómez. 
En la campaña del norte intervino en diversos hechos de armas como Mochara, Venta y Media y Sipe-Sipe.   Luego en la organización del ejercito de los Andes pasa con su regimiento a Chile y participa en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, donde fue herido haciéndose acreedor del Escudo que exhibían los granaderos en el brazo izquierdo con la leyenda ''La Patria a los Vencedores de Maipo -5 de Abril de 1818".   En 1820 junto a su regimiento pasa al Perú.  Aquí luego de Pisco interviene en la acción de Chancay.   En 1821 figura regresado a Buenos Aires donde contrajo enlace en segundas nupcias con Dona Juana Manuela Altamirano.
En 1826 participa en la guerra con el Brasil donde intervino en la batalla de ltuzaingó.
Mas adelante en un censo de registro del año 1835 figura instalado con negocio de pulpería en los Santos Lugares (hoy día General San Martín).    
En 1852, año de la batalla de Caseros, habitaban Santos Lugares entre otras, las familias de: Alonso, Dasso. Figueroa, Polero, Rigaud,  Zamora, Canales, Llanos, Rovira, Lucero, González, Pico, Fernandez, Ortiz, Carrasco., Luduena, Busto, Pineda, Urien, Pavon, GOmez, Cepeda, Suarez, Parra, Alvarez, Olguin, Salguero, Reyes, etc. 
Fue ese año 1852 de real e histórica trascendencia para Santos Lugares.  Horas intensas se vivieron en el pequeño pueblo, ya que a pesar de que muchos de sus habitantes dependían de una manera u otra de las actividades del campamento. no dejaban de pasar días de angustias con las noticias de la llegada de poderosos ejércitos extranjeros como los del Imperio del Brasil (aliado a Justo José de Urquiza). 
El 3 de febrero, en campos de Monte Caseros es abatido el Gobierno de Rosas y a las tres de la tarde las tropas victoriosas del Ejercito Aliado entran en el Cuartel de Santos Lugares.   Por segunda vez tócale a las históricas tierras del Partido de General San Martin ser testigo de un hecho de armas, que había de hacerlo figurar para siempre en las páginas de la historia patria.
González tuvo que defender a su familia como lo había realizado en muchas oportunidades con su patria adoptiva.  Los brasileños y aliados saquearon el primitivo pueblo y el otrora orgulloso Campamento Militar de la Confederación Argentina.
Como Ultimo acto simbólico de soldado, participó en la ceremonia de recepción de los restos mortales del General José de San Martin, acaecido en Mayo de 1880. Francisco González tenía entonces 99 años.
El 11 de abril de 1881 falleció a los cien años de edad, nuestro héroe de la Independencia, Alférez de Granaderos de San Martin, Don Francisco González. Ello dio lugar a la realización de homenajes y  grandes honras fúnebres con la participación de las autoridades civiles y militares, las fuerzas vivas y todo el pueblo. Como se recordara el ''Héroe'' fue uno de los pocos integrantes del primitivo regimiento, que luego de haber participado en toda la campaña libertadora,  volvió a su lugar natal que hoy lo recuerda orgulloso y en el cual persisten sus descendientes.
Sus exequias fueron una significativa demostración de duelo popular.  El entonces presidente de la Municipalidad Dr. Adolfo Miranda Naón participó al superior gobierno de la provincia la siguiente comunicación: "Tengo el honor de dirigirme a Vs. comunicándole que en el día de ayer ha dejado de existir en este pueblo, a la edad de 100 años, el Sargento de la Independencia Don Francisco González, ascendido al grado de alférez por el Excmo. gobierno de la Nación el 25 de Febrero de 1878, con motivo del centenario del General Don José de San Martin.  La Municipalidad que presido, se ha asociado al duelo que esta perdida produce y ha resuelto que sea costeado por ella los gastos que ocasione el entierro. Dios guarde a Vs.
Fdo. A. Miranda Naon. Presidente.
Obdulio Marquez. Secretario. "
Sus restos se encuentran en la actualidad en el Monumento al Gral. San Martín ubicado en la plaza Principal del Partido.

viernes, 15 de marzo de 2019

Una nueva teoría sobre la misteriosa muerte de Juan Duarte

Por Ignacio Cloppet
Hace mucho tiempo que la muerte de Juan Duarte está rodeada de misterio. Se ha especulado sobre lo que habría realmente sucedido. Por un lado, hay quienes sostienen que fue mandado matar, y entre los autores intelectuales de ese supuesto asesinato se le atribuyó responsabilidad al entonces Presidente de la Nación, Juan Perón.  La otra versión, y que es la más instalada, es que Duarte se habría quitado la vida la noche del 8 de abril de 1953, según se cuenta, pues estaba atravesando un muy mal momento, sospechado de corrupción, acorralado, subsumido en una depresión que lo habría llevado a tomar esa drástica decisión. Es cierto que el misterio le ganó al suceso, el que nunca fue esclarecido. También es innegable que hubo varias irregularidades relativas a la supuesta escena del crimen, que fueron muy bien descritas y reseñadas por mi colega Marcelo Larraquy en su nota publicada en Infobae. Hace algunos años, en una de las tantas conversaciones que mantuve con el historiador Enrique Pavón Pereyra, de gran cercanía con Perón, le pregunté cómo había muerto Juan Duarte. Pavón Pereyra al principio se quedó callado, me miró, luego me comentó que era un tema delicado, y seguidamente me relató lo que una vez, según me dijo, le había confiado el mismo Perón.  Después de la muerte de Eva Duarte, las acciones de su hermano Juan se habían devaluado, no solo en el ámbito de sus negocios, sino además en el político, y con el mismo Juan Perón, quien ya le había perdido la confianza. Los hechos de corrupción estatal se habían transparentado y por ese motivo Perón había ordenado la creación de una Comisión de Control del Estado, a cargo del general Justo León Bengoa.
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Entre los sospechados e investigados estaba su cuñado Juan Duarte, que había sido citado por la comisión para declarar el jueves 9 de abril de 1953, ya que existían en su contra algunos cargos por hechos de corrupción. Esa terrible y grave noticia le cayó muy mal a Duarte, quien se enojó muchísimo con Perón, considerando que le había soltado la mano.El miércoles 8 de abril Perón pronunció un encendido discurso por radio, donde ponía al descubierto los hechos de corrupción de su gobierno, y entre otras cosas dijo: "Robar al pueblo es traicionar a la patria". Al final de ese día, Perón se retiraba de la Casa Rosada. Iba acompañado de su custodia, tres efectivos de la Policía Federal, caminando por el Patio de Honor, que también se lo conoce como Patio de las Palmeras.  En ese instante se cruzó con Juan Duarte –que ya había renunciado al cargo de secretario privado–, quien lo increpó violentamente. Perón y Duarte estaban frente a frente. Duarte comenzó a insultarlo y a recriminarle a Perón, que lo escuchaba pacientemente sin responder las ofensas que estaba recibiendo. Esa situación hizo enfurecer aún más a Duarte, víctima de un trastorno explosivo que le provocó, entre otros síntomas corporales, sudoración en su cara. Tan fuera de sí se hallaba que, en un momento con gestos violentos, hizo un movimiento con la mano derecha llevándola dentro de su saco, como para sacar algo. En ese instante, la custodia de Perón interpretó que Duarte podría estar armado, y con el fin de salvaguardar la vida del presidente, le efectuaron un disparo que impactó en la cabeza de Duarte, que cayó muerto rápidamente.  Según esta versión, Duarte no estaba armado. El ademán de su mano dentro del saco fue para sacar un pañuelo, seguramente con el sencillo objetivo de secar el sudor de su cara. De esta forma habría muerto trágicamente Juan Duarte, en un hecho confuso, ante la presencia de muy pocos testigos. Perón y tres de sus custodios. El jefe de la Policía Federal, el comisario Miguel Gamboa, hombre de absoluta confianza de Perón, fue quien tuvo que intervenir en los detalles de este trágico accidente.  En la historia argentina hay muchas otras muertes que no se esclarecieron. Vaya uno a saber por qué hubo y sigue habiendo tanto misterio en la muerte de Juan Duarte. A las versiones que se barajaron hasta hoy, ahora agregamos esta nueva, que el mismo Perón se la habría confesado a su biógrafo oficial, y que el destino hizo que nunca se publicara  

La Catedral de Gral San Martín: origen y demolición

Por José Vicente Valdez Tritti
La inestable situación política creada por el conflicto de la Provincia Autónoma contra la Confederación Argentina, desinteresó momentáneamente al Gobierno porteño sobre los problemas del pueblo de Santos Lugares y de su reclamada planta urbana, que ahora solicitaba el Cura Párroco Don Sebastián Pérez y todos los vecinos.  El edificio de la parroquia de Jesús amoroso fue reparado y se compró un órgano y dos campanas, ampliando la Casa del el informe del 30/8/1857 la Comisión dice: "El Templo ha recibido algunos recursos, su digno Cura el Sr. Don Sebastián Pérez  ha costeado el blanqueo del frente del Templo y ha empleado la suma de seis mil pesos en la un órgano que hacía notable falta.  El vecindario ha contribuido generosamente fondos necesarios para la compra de dos campanas que se hallan ya colocadas, en vista la Comisión construir las habitaciones precisas para el Sr. Cura, los recursos necesarios por hallarse en muy mal estado las que actualmente”. 
 Demuelen la Parroquia
Llaman a Licitación para una nueva Parroquia: En 1872 se hace una licitación para construir el nuevo Templo Como la parroquia de San José de Flores era apadrinada por Rosas- fue demolida y se construyeron nuevos templos, se ordenó la demolición de Jesús Amoroso en momentos que los funcionarios descendientes de unitarios en el gobierno no estaba dispuesto a permitir la existencia de monumentos del Restaurador.  La construcción fue iniciada en por la firma José Barrio & Cía. Los planos fueron modificados varias veces.  No alcanzaron a terminar los revoques exteriores de los costados que quedaron con ladrillo a la vista.  Finalmente se inauguró y bendijo el 25/3/1874, ante la presencia de autoridades civiles y eclesiásticas efectuándose festejos populares de gran importancia: Fuegos artificiales, música y adornos en la Plaza Central, organización de bailes y una mesa de 100 cubiertos de medio tenedor para un asado fueron los festejos para su inauguración.  Construcción del altar: El 26/6/1877 se formó una primera Comisión para recolectar fondos destinados al altar mayor de la catedral, con los señores José María Bosch, Manuel Bilbao, Juan Malcoln y Demetrio Márquez. Hubo otras varias comisiones y recién el 16/1/1881 se dispuso la construcción del altar a la firma Daniel Pereti & Cía. 

 En 1878 se repararon las torres  luego los revoques y pintar el interior del templo y el cielo raso. En 1883, cuando se realizó la fiesta popular de inauguración del altar mayor con un bazar y una rifa para recuperar los gastos.  El estilo arquitectónico del frente de la parroquia fue modificado a inicios del siglo XX, cuando se le quitaron los azulejos que tenía en sus dos torres, para reemplazarlos por zinc para imitar una pizarra.  
La Catedral siguió siendo el orgullo de Gral. San Martín hasta que durante llamado “Proceso de Reorganización Nacional” decidieron destruirla.  Ante un conflicto con Chile se aconsejaba -en voz baja- la creación de refugios subterráneos para casos de bombardeos. De pronto en San Martín se crearon obras subterráneas en el espacio del viejo edificio municipal (estacionamiento) y la parroquia (Capilla de San Pedro). El 10/ 10/1978 el gobernador general Ibérico Saint Jean y autoridades nacionales visitaron San Martín para inaugurar el nuevo edificio de la Municipalidad "Ejército de los Andes", que fue bendecido por el obispo monseñor doctor Manuel Menéndez; Habló el intendente comisionado Cnel. Juan Pedro Narváez y hubo un vino de honor en el Liceo Militar General San Martín. El académico H. Gammalson dijo que a los desatinos "se sumó últimamente la utilización de un tercio de la plaza para levantar allí el edificio Municipal, cuando se contaba con terrenos enfrente más amplios de propiedad de la comuna y libres de ocupantes y que posteriormente no se llevará a la justicia a ediles y otros responsables de tamaño despropósito".   Deciden demoler la Catedral: La Iglesia Católica poco afecta a las tradiciones históricas no les importó que la catedral estuviera por cumplir 105 años de vidal.  En 1979 los vecinos de San Martín y los fieles fueron informados que sería destruida. De pronto monseñor Menéndez, el cura párroco Pedro locales aprobaron los planos para construir una nueva catedral moderna con un seguro subsuelo. El 11/5/1979 citados por el vicario coadjutor de la catedral Jesús Estela se realizó en una dependencia de la Casa Parroquial una reunión para informar sobre la demolición de la Catedral y la construcción de otra en su lugar. El 18/6/1979 se suspendieron las actividades de la iglesia porque "El edificio corría riesgo estaba construido con vigas sobre base de adobe", dirá años más tarde el Padre Roberto De Francesco. Se retiran los restos del R. P. Juan Duff.  El 21 de junio se realiza un remate público para subastar los tas, vitrinas, vitraux, etc.   El Obispo Menéndez apoyó la obra de la congregación de los agustinos recoletos y San Andrés y el 10/5/1980 inauguró el nuevo templo de la parroquia de Luján de la calle L. M. Campos 543. Presidió la ceremonia monseñor Menendez y bendijo el sagrado recinto y el importante Seminario, oficiando una rada con sacerdotes agustinianos. Asistieron el Intendente Municipal, Juan Pedro Narváez y el secretario de Gobierno, coronel (R) Juan Lorenzo.   El 28/6/1981 en homenaje al Día del Pontífice, se inaugura la parte subterránea de su Catedral, donde monseñor Menéndez bendijo las instalaciones bajo la advocación de San Pedro. Asistieron funcionarios municipales y eclesiásticos, delegaciones educacionales y numerosos fieles  Las obras inauguradas son la capilla cripta, el baptisterio, la capilla del ac. la capilla penitencial y la bóveda para clérigos. La capilla subterránea sería el principio de la futura catedral. El 3/10/1982 monseñor Menéndez nombró párroco de la Catedral de Jesús Amoroso de Gral. San Martín. al R. P. Pedro Estela, que era el vicario Coadyuctor y le tomó el juramento canónico. El 2/9/1982 falleció en el Sanatorio San José de la Capital Federal monseñor Clovis Fernández Mendoza a los 85 años edad. Había sido cura de Jesús Amoroso desde 1944 y la memoria popular lo recuerda amistosamente por la ayuda espiritual que supo brindar a los enfermos que diariamente visitaba. Era un gran Nacionalista y participaba de los homenajes a Don Juan Manuel de Rosas. La Junta Parroquial hizo celebrar un solemne funeral el 2/10/1982 en 1 Capilla San Pedro a un mes de su fallecimiento
2002/3. Cambian nombre de la sede eclesiástica: A fines del mandato de Monseñor Rossi se cambió la advocación de la catedral por la de "Jesús Buen Pastor", acabando por decreto con la historia y hábitos centenarios de nuestro querido protector "Jesús Amoroso" sin ninguna explicación, cuando todavía la sede sigue siendo provisoria dado no se ha construido la nueva Catedral. Muchos vecinos confian que se levante un edificio similar al anterior y mantenga su advocación a "Jesús Amoroso". Las autoridades eclesiásticas cambiaron el nombre sin hacer los festejos habituales de la Iglesia en sus momentos de cambio, sin consultas ni convocatorias. Un día apareció un cartel que decía que la Parroquia se llamaba "Jesús Buen Pastor" y dejó de ser "Jesús Amoroso", ante el silencio atónito de sus fieles y la poca o nula información de los periódicos locales.

viernes, 8 de marzo de 2019

Rosas y la Parroquia de Jesús Amoroso en la Plaza de Gral. San Martín

Por Jaime González Polero
Curato en Santos Lugares. La gente del pueblo de Santos Lugares dependió del Curato de San Isidro hasta el 12/4/1825, cuando el Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires - Manuel J. García- concertó la división del Curato de San Isidro, designando a Bernabé Márquez, José Arévalo y Martín J. Ocampo para que formen una Comisión y procedan a tomar todos los recaudos necesarios para proponer al gobierno la mejor demarcación de territorios entre San Isidro y el futuro curato de Santos Lugares. Dice Víctor Yantorno de "Caras y Caretas N° 1866 de 1934" dice que para 1825 en toda la zona de los franciscanos y mercedarios el único poblado era el humilde caserío de San Martín que se levantaba junto a una pequeña capilla de escasas dimensiones perteneciente a misioneros franciscanos de los Santos Lugares.
  

La Parroquia de Jesús Amoroso : La Curia Eclesiástica de Buenos Aires el día 10/6/1825 erigió oficialmente la Parroquia de Santos Lugares bajo la advocación de Jesús Amoroso en la Capilla de La Calera de los ex-frailes franciscanos y la segregó de la de San Isidro. La capilla había sido levantada en el otro extremo de los campos de los franciscanos (hoy barrio de Belgrano) y se extendían hasta el centro de Gral. San Martín, donde estaba la Capilla de 1800. El primer cura párroco de Jesús Amoroso fue el Dr. Feliciano José Pueyrredón (hermano del ex Director Supremo) designado el 23/8/1825 y el 30/8/1825 -día de Santa Rosa de Lima-, se ofició la primer misa. El primer bautizado que figura en los archivos de la Parroquia de Jesús Amoroso del Libro de Bautismos de 1825 fue Ramón Benigno de Duarte, nacido el 16/2/1825.  Los vecinos de Santos Lugares pidieron el 25/11/1834 al provisor del obispado R. P. Miguel promover a la categoría de parroquia  la capilla de los ex-padres franciscanos de Santos Lugares, mientras los vecinos construían una iglesia más grande en los terrenos donados Curia por doña María Francisca Arroyo de Barros (en el terreno de la actual ). Nueve años después de la fundación de la Parroquia de Jesús Amoroso en el 17/12/1834 el R. P. don Miguel García decretó el traslado de la parroquia Lugares a San Martín, argumentando que era un paraje más céntrico", que terminando la construcción de una nueva iglesia más apta para el servicio y destacando además, que se hallaba "en los terrenos llamados de la Virgen".   Este apoyo del obispado, más fondos personales de D. Juan Manuel de Rosas -muy devoto- y el aporte de los vecinos.   Desde 1831 el gobernador Rosas había iniciado la reconstrucción de varias iglesias abandonadas de Buenos Aires, construyó nuevas iglesias y ante la falta de curas incluyó en la nomina oficial a los sacerdotes católicos. Entre ellas la de San José de Flores.  El ministro inglés Hamilton (protestante) el 14/4/1835 cuando se enteró que Rosas estaba reconstruyendo iglesias en Buenos Aires definirá a los partidarios religiosos de Rosas como  el resto fanático y embrutecido del dominio español Agregando también que...algunas de las modificaciones...lejos de ser mejoras (estaban) destinadas más bien a restaurar y perpetuar ( ...) costumbres no civilizadas y postración mental (...) como las corridas de toros y la reapertura de los conventos de los dominicos.   El tema era importante para el gobierno provincial porque no tenía los registros propios de los nacimientos y defunciones de los nuevos poblados y dependía de las pocas parroquias que podían hacer los registros.     
La Parroquia de Jesús Amoroso en San Martin: La parroquia fue inaugurada el 8/ 12/1836 en San Martín, donde hoy está la Catedral. El cura explicó el en esta carta:   “Santos Lugares de Rosas el 14/12/1836, 27° aniversario de la d, 21° de la Independencia y 7o de la Confederación Argentina", el Cura Vicario de Lugares de Rosas, Pascual Alejandro Rivas informa al Juez de Paz de San Isidro: que después de festejos cívicos que se iniciaron el día 6 precedente de la Víspera y día 8 de diciembre que se colocó el Nuevo templo dedicado a su legítimo Patrón Jesús Amoroso, el Se. visor Dr. Dn. Miguel García, Canónigo Dignidad de Presbítero honró a este acto, dignándose bendecir el dicho Templo con un numerosísimo compañamiento. A  9 de la mañana se inició la Función de Iglesia con la solemnidad propia del lugar y con arreglo a las escasas facultades del que suscribe y su vecindario: el Canónigo Dr. Dn. José ia Terrero debió haber cantado la misa, mas no tuvo este pueblo tal honor por una divertida equivocación se precisó a cantarla el Cura que habla: el referido Sr. Provisor un Panegírico tan erudito y edificante, que el Vecindario con el Cura sentirán muchísimo el que no vea la luz pública; en él no solo se tocaron los corazones de los fieles : concurrir al nuevo templo a implorar e impetrar todos sus consuelos, sino que aludió a la especial protección de la Paloma sin mancilla, N. S. de la Concep. nuestra Madre Santísima, en cuyo día se celebra tan augusta ceremonia, y moviendo asimismo a los fieles a la gratitud que debían a Nuestro Ilustre Restaurador de la Leyes y Ejemplar Protector de  Religión Santa Que exclusivamente había edificado este delicioso Templo en que ya se celebraban los incomprensibles misterios de la Divinidad: concluida la función en que nos honra la Sra. Heroína de la Federación Dña. Encarnación Ezcurra de Rosas, la Sra. María de los Dolores Fernández, Viuda del memorable Sr. Gral D. Juan Facundo Quiroga y otras señoras de Categoría; el Sr. Provisor y Cura Rector de la Parroquia de la Piedad D. Tomás Gaete honraron al que suscribe acompañándole a su mesa en la que reinó la más cordial y sincera complacencia, diciéndose al mismo tiempo muchos brindis tan análogos a las actuales circunstancias que llenaron de una completa alegría los corazones de todos los circunstantes; después, de concluidos estos actos en los que reinó el amor más sincero y fraternal, siguieron los bailes, y músicas y demás diversiones del Pueblo sin haber ocurrido el menor desorden; todo lo que pongo en conocimiento del Sr. Juez de Paz para su conocimiento, y fines que hallare por conveniente. Dios g. al Sr. Juez de Paz ms. Años. Firmado por Pascual Alejandro Rivas"
 1852. Dibujan la Parroquia de Jesús Amoroso de San Martín: En la reunión del 14 de abril participó el calígrafo, dibujante y pintor Juan Manuel Besnes e Irigoyen, que pintó varias acuarelas que hoy se encuentran en la Biblioteca Nacional de Montevideo entre las cuales figuran dos de Santos Lugares: una presenta en primer plano a la Iglesia "Nueva" con un gran espacio abierto enfrente y al fondo algunos edificios del pueblo y la otra muestra los dos pilares de entrada al cementerio, pruebas fehacientes de su existencia antes de la fundación; la acuarela muestra hacia el Este la casa del Sr. Blas D'Espouy, en la que Urquiza ofreció el asado a sus convidados el 14/4/ 1852, construida cubriendo los muros de la Capilla Vieja y el convento, mandada levantar por Carlota Vieytes, que más adelante será de Don Demetrio Márquez y los Doctores José R. Cabral y Juan M. Guglialmelli, mejorada sucesivamente. Roberto Conde dice que en el frente de la capilla- parroquia habia un mármol que indicaba que Juan Manuel de Rosas fue el fundador de la misma.
1853. Amplían el edificio: El edificio de la parroquia de Jesús Amoroso fue ampliado en 1853 a pedido de los vecinos y con materiales de las casas demolidas del ex-Cuartel de las Crujías. que con el producto de las ventas de sus tierras se sufragarían los gastos de la Iglesia por su alma.