Rosas

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jueves, 30 de abril de 2015

Roberto Siminian presenta su libro “La Hora del Vecinalismo”




El edil vecinalista en el Frente Renovador realizará la presentación oficial de su libro este jueves 28 de mayo a las 18.30hs en el Salón Auditorio del Colegio de Abogados de San Martín, cito en Avenida Ricardo Balbín 1750, en San MartínIMG-20150521-WA0006 (Copiar).jpg

Bartolomé Mitre, un personaje siniestro


Por Sergio Ortíz  

El 19 de enero de 1906 murió Bartolomé Mitre, ex presidente de la Nación entre 1862 y 1868, ex comandante de la guerra fratricida contra el Paraguay comenzada en 1865 y terminada cinco años más tarde, y fundador del diario oligárquico "La Nación" en 1870, vocero de los terratenientes, monopolios e imperialistas.
otras instituciones mitristas son la Academia Nacional de Historia, la Academia Nacional de Periodismo, la Academia de Ciencias Morales y Políticas y otros sellos por el estilo, todas presididas por personeros suyos.  Por caso, la de Historia está a cargo de Miguel Angel de Marco y César García Belsunse, habituales columnistas del diario. La de Periodismo es dirigida por José Claudio Escribano, subdirector de la "tribuna de doctrina" donde estuvo los últimos cincuenta años. La de Ciencias Morales tiene poca moralidad porque cuenta a ex funcionarios de la dictadura como Alberto Rodríguez Varela, que ocupa el sitial "Pedro Eugenio Aramburu", Juan Aguirre Lanari, ex canciller de la dictadura, sentado en el "Justo José de Urquiza", y Rosendo Fraga, ex asesor del dictador Roberto Viola, ubicado en el "Cornelio Saavedra".
 

En esa academia de supuestas Ciencias Morales y Políticas también revista Horacio García Belsunse, quien el 16 de setiembre último publicó una nota elogiando la "Revolución Fusiladora" como la única revolución verdadera del siglo XX. ¿Dónde se publicó esa apología del delito? En "La Nación", por supuesto. Hablamos de la oligárquica familia que, con inversiones financieras poco claras, terminó siendo noticia por el asesinato de María Marta García Belsunse, del que está acusado su esposo.
El Partido de la Liberación repudia los actos del centenario de Mitre porque glorifican a uno de los dirigentes que abonaron el proyecto agroexportador dependiente de la Generación del ´80, ligado al imperialismo británico.
Todo lo vinculado con "don Bartolo" tiene ese sesgo terrateniente y antipopular. Por caso, su visión "liberal" de la historia, lo emparenta con lo sarmientino, en contra del gaucho, del indio, de las montoneras federales y de José G. Artigas; lima los aspectos jacobinos de Mariano Moreno y su plan de Operaciones en el Río de la Plata.
Como presidente lo descalifica haber encabezado el pacto de la Triple Alianza (Triple Infamia) con Brasil y Uruguay, para destruir la progresista nación de Paraguay y matar más de 300.000 personas. Todo eso en beneficio del Reino Unido y del "libre comercio", como el propio Mitre lo proclamó: "en la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio. Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado" Como periodista, lo aborrecemos por haber fundado el diario del establishment y vocero de la Sociedad Rural, que hizo suyas todas las causas injustas, desde la celebración de la criminal victoria sobre Paraguay hasta la mal denominada "Campaña del Desierto"; desde la condena a los primeros sindicatos y huelgas en el país hasta el apoyo a los golpes de Estado en 1930, 1955, 1966 y 1976; desde la apología del neoliberalismo y la deuda externa hasta la represión a las huelgas y piqueteros. 

 
El diario llegó al orgasmo con Jorge Zorreguieta en la secretaría de Ganadería, José A. Martínez de Hoz en Economía y Jorge R. Videla como dictador. La asociación con esos intereses ganaderos y exportadores se mantiene hasta hoy, cuando organiza Expochacra, con los fabricantes extranjeros y nacionales de maquinaria agrícola.
"La Nación" está asociada a los capitales españoles del Grupo Correo, con quien comparte junto a Clarín la empresa CIMECO, propietaria de La Voz del Interior de Córdoba y Los Andes de Mendoza.
Luego de fogonear la campaña por las privatizaciones durante los ´90, el matutino apoyó en su editorial del 17/12 la decisión de Néstor Kirchner de pagar la deuda al FMI aunque reclamándole que también pague al resto de los acreedores. "Además, es bueno reconocer que muchas de las reformas estructurales que reclama el organismo financiero internacional, lejos de ser negativas, resultan imprescindibles para dotar a nuestro sistema político y económico de la necesaria previsibilidad que reclamaría cualquier potencial inversor. Entre tales reformas, se encuentran la nunca tratada ley de coparticipación federal, un mandato de la Constitución de 1994 que jamás fue cumplido; la eliminación de los impuestos distorsivos, como las retenciones a las exportaciones y el impuesto al cheque, y la postergada renegociación de los contratos de servicios públicos", exigió la Gaceta Ganadera.
 

El medio fundado por Bartolo ni siquiera mantuvo su carácter no confesional sino que pasó a comulgar con las cúpulas reaccionarias de la Iglesia. Un detalle lo revela: su jefe de editoriales es Bartolomé De Vedia, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas que tiene el Premio Santa Clara de Asís, "por su contribución a la difusión del pensamiento cristiano", 1989; el Premio Estrada, de la Arquidiócesis de Buenos Aires, "por la permanente objetividad con que sirvió a la difusión informativa de las actividades pastorales y doctrinarias de la Iglesia", 1995; el Premio Educar Juntos, otorgado por el Arzobispado de Buenos Aires, 2002, y el Premio San Gabriel, otorgado por el Episcopado Argentino, 2002.
Entre sus columnistas hay que mencionar a Mariano Grondona, ex asesor del golpista Juan Carlos Onganía en 1966 y de la Fuerza Aérea de la última dictadura. En el 41º Coloquio de Idea, realizado en Mar del Plata el pasado 25 de noviembre, Grondona apoyó a los hipermercadistas acusados de cartelización y aumentos de precios. Arengó a los de 500 popes de Idea para que intervengan en la lucha política a favor de un partido de los monopolios y dejen de estar a la defensiva frente a un gobierno que calificó de "autoritario".
En síntesis, a "La Nación" hay que leerla con el punto de vista del mayor Bernardo Alberte, asesinado por la dictadura, quien decía: "leo ´La Nación´ porque es el parte diario del enemigo y tengo la obligación de saber qué piensa el enemigo".

General de División Enrique Mosconi



Nació en Buenos Aires el 21 de febrero de 1877, siendo hijo del ingeniero Enrique Moscóni y de doña María Juana Canavery.
Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 26 de mayo de 1891, y se graduó con diploma de ho­nor de subteniente de infantería el 20 de noviembre de 1894.
Su foja de servicios registra los siguientes ascensos:
26 de noviembre de 1896 Teniente 2º de Infantería
13 de junio de 1899 Teniente 1º de Infantería
12 de agosto de 1903 Capitán de Infantería
17 de octubre de 1907 Mayor de Ingenieros
3 de abril de 1912 Teniente Coronel de Ingenieros
31 de diciembre de 1917 Coronel de Ingenieros
31 de diciembre de 1925 General de Brigada
31 de diciembre de 1933 General de División
En el año 1899 desempeñó comisiones topográficas en la cordillera, en Mendoza, toman­do parte en los levantamientos topográficos y estudios estadís­ticos de la zona.
En el año 1900 formó parte de la Comisión que realizó los estudios del ferrocarril estraté­gico de Confluencia a Pino Ha­chado.  En junio de 1903 se graduó como ingeniero civil, en la Fa­cultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales de la Univer­sidad de Buenos Aires; en septiembre del mismo año se le reconoció como ingeniero mili­tar, siendo transferido al arma de Ingenieros.
Durante su prestación de ser­vicios en el Ministerio de Guerra, ganó el primer premio, entre 11 concursantes, para los proyectos de un cuartel de infantería y uno de caballería a levan­tarse en el lugar que hoy ocupa el Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín. En noviembre de 1904 viajó a Italia, Bélgica y Alemania, don­de realizó estudios para la cons­trucción de la usina hidroeléctrica y a gas pobre que funcionara en Campo de Mayo, adquiriendo además los materiales de hierro, sanitarios y eléctricos para los cuarteles que se levantaron en los años 1905/1910, siendo feli­citado por el Ministerio de Gue­rra por las grandes economías que obtuvo para el Estado, en estas adquisiciones.
De octubre de 1906 a octubre de 1908 fue incorporado al ejér­cito alemán en el Batallón 10 de "Pioners de Wesphalia", y tomó parte en las maniobras impe­riales de 1907. Cursó la Escuela Técnica de Artillería e Ingenieros de Charlotenburgo, y vol­vió a realizar maniobras como mayor en el Regimiento 48 de Infantería.  En Suiza realizó maniobras con la III División de Berna. En diciembre de 1909 fue nombrado vocal de la Comisión de Ingenieros que viajó a Euro­pa para realizar estudios y adquisiciones de materiales técni­cos del arma, y tomó parte en ejercicios de los cuerpos de Za­padores Pontoneros, Telegrafis­tas y Ferrocarrileros de Alema­nia, Francia y Austria Hungría.
 En 1910 patentó en Alemania y cedió al Ministerio de Guerra de la Argentina, un dispositivo para cambio de trocha en roda­dos militares.  Tomó parte en los grandes ejercicios técnicos realizados en el Elba en julio de 1913.   En junio de 1914 fue incorporado como Teniente Coronel al III Regimiento de Infantería de la Guardia, con el cual participó en maniobras de regimiento y de brigada.
Regresó al país en diciembre de 1914, y volvió a comandar el 1° de Ingenieros hasta 1915 en que fue nombrado Subdirector General de Arsenales de Guerra. A mediados de 1916 se le designó Director del Arsenal Esteban de Luca.  El 16 de marzo de 1920 se le nombró Director de Aeronáuti­ca, fundó el Grupo 1° de Aviación, y dio gran impulso al arma.
Director del servicio de Aeronáutica del Ejército en 1922, un día se irritó ante el reclamo de la West India Oil Co., filial de la Standard Oil de New Jersey, de cobrar por anticipado la nafta para los aviones. En su libro El petróleo argentino Mosconi mismo escribió el relato de la entrevista: “Advierta, le dije entonces, que el Servicio Aeronáutico del Ejército no debe un solo centavo a su compañía; que se trata de una repartición militar solvente y dependiente del Ministerio de Guerra y que, por lo tanto, no sólo me sorprenden sus manifestación y exigencia, sino que las considero impertinentes y no las acepto”. Mosconi se guardó lo que pensó y no dijo: “Allí, en el mismo escritorio, me propuse, juramentándome conmigo mismo, cooperar por todos los medios legales a romper los trusts. Designado director general de YPF el 19 de octubre de 1922, realicé tal propósito siete años después, para bien y progreso de nuestra Patria y mayor ventaja de sus habitantes”.   Cuando Alvear lo designó al frente de YPF, Mosconi se propuso estructurar una empresa fuerte y luego “tomar la dirección de nuestro mercado de consumo, llevando los precios a un nivel conveniente y equitativo para los intereses nacionales” para arrastrar a la baja “a todas las firmas importadoras”.
 
En 1926, al hacer su propio balance, consignaba Mosconi que “se opina comúnmente que el Estado es mal administrador”. Pero “el juicio es exacto cuando el Gobierno no traza ni mantiene normas de buena administración”. En 1922 la industria petrolera fiscal producía un promedio diario de 942 metros cúbicos, contra 2.61 de 1926. Mosconi envió técnicos a especializarse en los campos petrolíferos de los Estados Unidos, México, Venezuela y Europa. Sus estudios sirvieron de base para el Boletín de Informaciones Petroleras y para la creación de cursos complementarios de cinco meses para formación en el área en la Escuela Industrial de la Nación. El mismo espíritu animó en 1928 la fundación del Instituto de Petróleo en la Universidad de Buenos Aires con aprobación del rector, Ricardo Rojas. Rojas quería formar “técnicos argentinos aptos que nos libren de la declamación, más o menos patriótica”.
Mosconi quería una ley para nacionalizar los yacimientos, que veía difícil con la composición del Congreso en 1928. Esa herramienta sería “una valla infranqueable a los avances de empresas que, como la Standard Oil Co. en el norte, inicia y consolida sus conocidos sistemas de penetración y amenaza perturbar nuestro futuro económico y, por consecuencia, nuestra situación política”. El Senado no quiso aprobar la iniciativa de Hipólito Yrigoyen, presidente en su segundo mandato entre 1928 y 1930, y el golpe de Uriburu terminó de abortar la iniciativa.
El 9 de septiembre de 1930, se retira de YPF.  El ciclo de golpes de Estado del siglo XX comenzó el 6 de septiembre de 1930, cuando José Félix Uriburu derrocó a Hipólito Yrigoyen. Quedó en la historia con un mote: “Golpe con olor a petróleo”. Y algo se habrá olido en aquel momento el director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, el ingeniero y general Enrique Mosconi, porque sólo cuatro días después presentó su renuncia.
 
A las empresas petroleras inglesas y norteamericanas no les fue fácil conseguir que Uriburu, incluso con un gabinete afín a capitales de ese origen y de Alemania, lograra desmontar los ocho años de gestión de Mosconi.
No alcanzaron el arresto y la investigación a la que fue sometido el general. YPF se había convertido en una estructura industrial poderosa. La destrucción sólo sería posible 60 años después, en la primera presidencia de Carlos Menem. Y no es que en los dos años de Uriburu faltaron intentos. La Standard Oil, con matriz en los Estados Unidos, presionó para conseguir avances en Salta.  Sin chances de liquidar a YPF, la estrategia privada apuntó a ganar espacios en paralelo. De 1931 es la instalación de la destilería de Shell en Dock Sud. En simultáneo, las otras compañías presionaban para anular la reserva a favor de la explotación estatal dispuesta por el presidente radical Marcelo Torcuato de Alvear en 1924 para las cuencas de Chubut, Santa Cruz, Neuquén, Tierra del Fuego, La Pampa, Salta, Jujuy y Mendoza. 
Entre los años 1931 y 1932, permanece en Italia estudiando la Aeronáutica de ese país.
Cuando regresó fue designado Director General de Tiro y Gimnasia, y se retiró del Ejército con el grado de General de División, el 31 de diciembre de 1933.
Después de una larga enfermedad falleció el 4 de junio del año 1940.

CANICHE: LA RAZA FAVORITA DE PERÓN Y EVITA

caniches foto
A 60 años de la muerte de Eva Perón, recordamos su amor hacia los perros. Podría decirse que Perón ha quedado íntimamente ligado a la raza caniche. Las imágenes hogareñas de sus años de exilio en España, y el corto tiempo de vida en la Argentina suelen reflejar la simpatía que Perón tenía hacia los caniche.
Existe una fotografía muy conocida en la que Perón posó junto a Evita, sosteniendo cada uno un caniche. Ellos se llamaban Tinolita, la preferida de Eva y Monito, el perro de Perón. Ambos fueron fotografiados para revistas de la época.

El general Juan Domingo Perón tenía pasión por los animales, peroparticularmente por sus perros. Puchi y Canela, fueron sus caniches favoritos y sobrevivieron a Perón llegando hasta los 17 y 13 años de edad.
La casa de remates Christie´s sacó a subasta la lápida que cubría la tumba de Canela y llevaba la siguiente inscripción: “Canela, el mejor y más fiel de los amigos 1955-1966″. Era pequeña, gris, de piedra y se remató en 1.900 dólares. El amor hacia los animales que manifestó Evita no fue compartido por la última mujer de Perón, María Estela Martínez. En su caso se puede decir que apenas los toleraba .

Felipe Arana, canciller de la Confederación Argentina

 Por Manuel Gálvez
Felipe Arana, y su importancia en la historia argentina

Felipe Benicio de la Paz Arana y Andonaegui nació en Buenos Aires el 23 de agosto de 1786 e hizo sus primeros estudios en el Colegio de San Carlos.

Fue alumno de filosofía del doctor José Valentín Gómez, en los cursos de 1801 hasta 1803, y al año siguiente inició sus estudios de teología. Se graduó de doctor en leyes en la Universidad de San Felipe, de Santiago de Chile.

Al producirse la Revolución de Mayo, se contó entre los patriotas más decididos, y cinco años después fue designado miembro de la Junta de Observación.

Se distinguió especialmente como jurista; entendió en varias causas célebres y fue reputado como hombre de gran talento. Militó en la década de 1820 en el partido federal y enfrentó la política de Rivadavia, decididamente.

Fue elegido representante ante la Legislatura bonaerense, y en 1828 la presidió.

El 30 de abril de 1835 Rosas lo nombró ministro secretario de Relaciones Exteriores, con retención de su cargo de camarista que venía desempeñando desde 1830. En ausencia de don Juan Manuel, fue varias veces gobernador y capitán general delegado.

Los testimonios de amigos y adversarios políticos coinciden en afirmar que jamás cometió acto alguno desdoroso o repudiable, y que la bondad era una de sus características. En 1839 fue consejero del gobierno en materia de asuntos eclesiásticos; pero su desempeño más brillante fue como canciller del Restaurador.
Convención Arana - Mackau
Juan Manuel de Rosas Barón de Mackau

Llega a Montevideo, el 24 de septiembre de 1840, el contraalmirante francés Angel René Armando de Mackau, barón de Mackau. Trae instrucciones de Thiers, en las que habla de los "auxiliares" que ha tenido Francia en el Plata. Así también los califica Mackau, en su conferencia con Andrés Lamas: "La Francia no ha reconocido como aliados suyos ni a la República Oriental ni a las tropas que están a las órdenes del general Lavalle; ha visto sólo en ellas auxiliares que la casualidad le había proporcionado". A pesar de que el 17 de junio Thiers ha declarado que Francia no devolverá la isla Martín García, ahora envía a Mackau para hacer una paz que incluya esa devolución. ¿Qué ha pasado? Que Inglaterra acaba de firmar, el 15 de julio, un tratado con Rusia, Austria y Prusia. Francia ha sentido el drama de un aislamiento, sin más compañía que la del Egipto, y, temerosa de una guerra con esas cuatro potencias, quiere evitar todo peligro. Cuatro días antes de la llegada de Mackau, Rosas le escribe a Arana, gobernador delegado. Le recuerda su disposición a transar honrosamente para ambas naciones. Pero en caso de no ser posible un arreglo, debemos estar "resueltos a defender nuestra soberanía y honor, pereciendo antes mil veces que ser esclavos, y consintiendo primero marchar entre los gloriosos escombros de la más tremenda desolación y ruina, antes que pasar por una vergonzosa, humillante esclavitud". Dichas por él, estas palabras no son vanas.
consecuencias Thiers

Indignación de los unitarios con Mackau. Insultan, gritan, intrigan. Le hacen creer al almirante que en Buenos Aires ha sido "asesinado por los argentinos el inglés Cook". Mackau se lo comunica al ministro Mandeville, que interviene en el acercamiento de las dos partes. Y Mandeville, después de enterarse, le contesta que "el portugués que asesinó a Cook ha sido fusilado". El Nacional califica a la convención de "horrible y traidora". Dice que ellos vencerán solos a Rosas, ante quien "se ha puesto de rodillas el señor almirante". Y hasta habla de "la imbecilidad del negociador francés".
La convención, que se firma el 29 de octubre, al día siguiente de haber caído Thiers y sido reemplazado por Guizot, establece: el reconocimiento por el gobierno argentino - observemos la redacción, tan favorable a Rosas - de las indemnizaciones a los franceses "que han experimentado pérdidas o sufrido perjuicios"; el levantamiento del bloqueo y la entrega de Martín Garcia, tal como estaba en 1838; el retorno de los proscriptos, inclusive los combatientes, siempre que se entreguen dentro de ocho días y excepto los generales y jefes de cuerpo, los cual podrán volver si se hacen "dignos de clemencia e indulgencia", del gobierno de Buenos Aires; el respeto a la independencia del Uruguay; el trato de los franceses, mientras se estipule un convenio de comercio y navegación, como los súbditos de las otras naciones, aun de las más favorables.
Oribe Guizot

Mackau se despide entre las aclamaciones del pueblo. Al llegar a Montevideo el barco que lo conduce, sube a bordo un representante del gobierno. Mackau aprovecha para intentar un acercamiento entre ambas repúblicas, pero el ministro oriental sólo contesta agradeciendo. ¡No quieren, pues, la paz! Sin embargo, pronto veremos a Thiers, ahora en la oposición, cacarear que es Rosas quien quiere la guerra a todo trance.
confederación argentina

¡Triunfo inmenso del Restaurador! Amigos y enemigos lo reconocen. Y no se ha contradecido, como afirman mentirosamente los unitarios y algunos historiadores. Él siempre dijo que no podía tratar con Aimé Roger, que carecía de representación diplomática. No trató con Buchet de Martigny, que tenía exigencias intolerables. Rosas no se ha opuesto a conceder a los franceses una situación como la de los súbditos de Su Majestad Británica; pero no ha querido que eso nos sea impuesto por un empleadillo del consulado, ni menos por la violencia. La actitud de Juan Manuel de Rosas ha significado esto: la defensa de la dignidad nacional, tanto como de la integridad y de la independencia de la patria. Rosas ha luchado contra el brutal imperialismo europeo y ha obtenido un triunfo increíble tratándose de una insignificante nación sudamericana, un triunfo como ningún otro pueblo de la América española tendrá jamás, salvo el nuestro, pocos años más tarde, y por obra del propio Rosas.

tratados de paz Aimé Roger

Llegada del ministro inglés Southern (1848)
felipe arana Henry Southern

¿Va comprendiendo Europa que Rosas es indomable? Así ha de ser, porque el propio Lord Palmerston llega a declarar que Inglaterra ha reconocido a la Confederación Argentina el derecho sobre los ríos, cuya navegación debe dejarse a los ciudadanos y a los ribereños. Y para hacer las paces con Rosas y dejar todo terminado ha enviado a Buenos Aires un nuevo plenipotenciario, el sexto, que es el caballero Henry Southern. Pero aún quedan en Inglaterra enemigos nuestros. Uno de ellos es el diputado Disraeli, el futuro creador del Imperio Británico, que nos llama "colonia sublevada de segundo orden", y a quien Palmerston, contestándole en la sesión del 9 de agosto, dícele que las relaciones de Howden (fue un enviado anteriormente por Inglaterra para acordar la navegación de los ríos, entre otros temas) con Rosas fueron "de muy amistosa naturaleza", y que Southern sólo irá a reemplazar a aquel negociador.
En Francia también ha cambiado la opinión general. Sábese que las intenciones de la Monarquía, para el caso de fracasar la misión Gore-Gros, eran siniestras. Pero la República nos mira bien. Alguien le escribe al ministro de Cerdeña en Buenos Aires, le cuenta que Walewski habló con Lamartine, que mantiene sus viejas opiniones, lamenta que Guizot se plegara tan ciegamente a Inglaterra. No esperará el nuevo gobierno el resultado de la misión Gros. La cuestión ya no es para "desenlazarla" sino para "troncharla". Condena al gobierno caído por haber "creado dificultades inextricables, mezclándose en lo que no le concernía". Anuncia disposiciones para restablecer la armonía entre Francia y las repúblicas del Plata, y el próximo levantamiento del bloqueo. Todo esto lo dice Lamartine el 1 de mayo.

bloqueo anglo francés Alphonse de Lamartine

Todo el mundo en Francia, salvo Thiers y su círculo, quieren terminar con el conflicto. La Presse habla de cómo las dos naciones que han tenido "la imprudencia" de mezclarse en la cuestión del Plata, "no están menos cansadas y disgustadas que los pueblos a los que han atacado sin motivo, sin conocimiento de su verdadero interés y contra los principios más elementales del Derecho Internacional". Y buen número de comerciantes de Francia han pedido el levantamiento del bloqueo, ignorando, por la lentitud de las comunicaciones, que ya ha sido levantado para los puertos argentinos. Dicen los comerciantes que a Francia no le interesan los ríos secundarios, inabordables, por sus islas y bancos, a los buques de alta mar. Y preguntan: "¿Con qué derecho, por otra parte, pretendería Francia obtener la libre navegación de los ríos secundarios que penetran en el seno de la República?" ¡Qué triunfo significan estas palabras!
Pero ya está en Buenos Aires, desde el 5 de octubre, Henry Southern. Es un inglés simpático, sentimental y soñador. Con tan felices disposiciones no tarda en caer bajo la acción de los encantos de Manuelita Rosas. Y así, a los seis días de haber llegado, le escribe en su detestable español preguntándole si puede recibirlo a las dos de la tarde, porque "me hace falta el consuelo que siempre encuentro en su trato".
Ya está conquistado el inglés, mas si el Restaurador gasta con él toda suerte de cortesías, eso no le quita el ser valiente. Y lo es, como siempre. Ahí está en Montevideo el joven Martín Hood, hijo, nada menos, que de su amigo Tomás Samuel. Pero ni quiere reconocerlo como cónsul ni quiere tratar como plenipotenciario a Southern. ¿Y por qué? Porque antes de reanudar con Inglaterra, exige satisfacciones. Y pasan las semanas sin llegar a nada concreto. Para Rosas no existen otras bases que las propuestas por Hood. Y Southern no tiene poderes para tratar sobre ellas. Por fin, Rosas consiente en su convenio provisorio, que Southern enviará a Londres para su aprobación. Southern acepta cuanto quiere Rosas y dispónese a esperar la contestación de Londres.
Tratado Arana - Southern
Por esos mismos días, feliz casualidad, recibe Southern una gran noticia: el gobierno de Su Majestad Británica ha aceptado el convenio propuesto y lo autoriza para firmarlo. Y así se hace el 29 de noviembre de 1849.
¡Triunfo espléndido el de Rosas! El convenio establece la devolución de Martín García y de los buques de guerra; la entrega de los buques mercantes a sus dueños; el reconocimiento de que la navegación del Paraná es interior y sólo está sujeta y reglamentada a la Confederación Argentina; y que la del río Uruguay está sujeta a las leyes y reglamentos de las dos Repúblicas; y la aceptación de Oribe para la conclusión del acuerdo. Y Rosas se obliga a retirar sus tropas del Uruguay cuando el gobierno francés haya desarmado a la legión extranjera, evacúe el territorio de las dos Repúblicas, abandone su posición hostil y celebre un tratado de paz.

tratado arana southern
Pero todavía hay algo más. Se reestablece la amistad entre los dos países y - ¡atención! - Inglaterra se obliga a saludar al pabellón de la Confederación Argentina con 21 cañonazos. Ha triunfado en absoluto don Juan Manuel de Rosas, con la intermediación de su canciller Felipe Arana. Y ha triunfado sobre la más poderosa de las naciones de la tierra. ¡Cómo él tuvo razón al resistir a las exigencias británicas, a los argumentos de los embajadores y a los cañones imperialistas! Ahora esos mismos cañones abusivos y crueles en la Vuelta de Obligado y contra las barracas del Quebracho, van a hablar de nuevo, con las veintiún palabras de sus estampidos, en desagravio a nuestra patria, a la patria que con tanta energía, tanto honor y tanto amor defendió don Juan Manuel de Rosas.

Un coro unánime de admiración hacia Rosas entona nuestra América. Llegan cartas desde los Estados Unidos. Pero entre las adhesiones y los homenajes, nada tan interesante como la carta a Arana del general Carlos de Alvear, ministrio de la Confederación en Washington. Dice de nuestra patria el vencedor de Ituzaingó, que las "más gloriosas páginas de su historia son debidas al ilustre general, que ha tenido la energía, valor, habilidad y constancia para saber vencer todas las resistencias y todos los obstáculos que se le han querido oponer, saliendo al fin de tan terrible lucha victorioso". Y un año después, como el famoso Santa Cruz, ministro de Bolivia en París, ha publicado una carta en un diario contra Rosas, el presidente boliviano Belzú declara que Rosas representa a América ante la faz de Europa.
Tratado Arana - Leprédour (1850)
¡No habrá guerra! El gobierno francés manda a Goury de Boslau con nuevas instrucciones para Leprédour y al frente de trece buques de guerra. Parece una amenaza. Pero nada ocurrirá. Leprédour retorna a Buenos Aires el 10 de abril y reanuda las negociaciones. Y el 5 de agosto de 1850, Arana, autorizado por Rosas, y Leprédour, por el presidente Luis Napoleón, firman la convención de paz.
tratado arana lepre Luis Napoleón
Otro gran triunfo para Rosas, que no ha aceptado ninguna de las modificaciones que pretendía Francia: que las tropas argentinas en el Uruguay comenzaran a retirarse cuando empezase en Montevideo el desarme de los extranjeros; que la evacuación de Martín García, el levantamiento de los puertos de Oribe y el saludo al pabellón argentino se hicieran después del retiro de las tropas; y que Rosas llamase "gobierno" al de Montevideo y sólo "general" a Oribe. Se ha firmado lo que quiso Rosas: que comience el desarme de los extranjeros y queden junto a Oribe un número de soldados igual al de esos hombres; y no sólo hasta el fin de la operación sino hasta el retiro del Uruguay de las tropas francesas; que el bloqueo sea levantado inmediatamente; y la declaración de que el Paraná, y en una mitad del Uruguay, son argentinos y serán regidos por nuestros reglamentos y leyes. Rosas, el gaucho bárbaro, según Thiers, ha vencido a Francia, le ha impuesto un tratado que Thiers, que muchos diputados y escritores, juzgaron humillantes para la orgullosa nación.
convención aranaDebido a todos estos sucesos, los últimos 10 años (1840-1850), en los cuales el gobierno de Rosas mantuvo su firmeza y sobrevivió al bloqueo anglo-francés, el general San Martín, ya muy enfermo, en su testamento, lega el sable con el que llevó adelante la independencia y emancipación de España por Sudamérica, a Juan Manuel de Rosas, diciendo:

"COMO ARGENTINO, ME LLENA DE UN VERDADERO ORGULLO VER LA PROSPERIDAD, LA PAZ INTERIOR, EL ORDEN Y EL HONOR RESTABLECIDOS EN NUESTRA QUERIDA PATRIA"

 Después de Caseros, se retiró de la vida pública, sin ser jamás molestado por los vencedores.

El doctor Arana murió en Buenos Aires el 11 de julio de 1865, y en su sepelio habló el doctor Eduardo Lahitte, quien dijo de él:

"El señor Arana fue sin duda un hombre expectable por su probidad; un ejemplar padre de familia; buen amigo, modesto en sus costumbres, benefactor en sus acciones. Era digno de llevar el nombre de cristiano, que ostentó constantemente como primer blasón, como el más glorioso timbre de su nombre".

Rosas, que lo apreciaba en alto grado, lo llamaba familiarmente Felipe Batata. El novelista José Mármol lo ha tratado con notoria injusticia y arbitrariedad en su conocida Amalia, al convertirlo en personaje de comedia.

Estanislao López


Por Fermín Chávez

Estanislao López nació en Santa Fe el 22 de noviembre de 1786 y era hijo de una familia pobre y virtuosa. Su padre, Juan Manuel Roldán, era capitán de milicias provinciales y descendía de conocidas familias de la colonia. Se educó en las escuelas locales y a los 15 años salió de ellas para trasladarse a la frontera del Norte en calidad de soldado. Muy joven fue hecho cadete, calidad en la que permaneció largos años. La vida del campo, la guerra contra el indio y su contacto diario, dieron a Estanislao López agilidad y destreza suma en el caballo y la lanza. Conocedor de todas las argucias de los aborígenes, de sus ataques nocturnos, de su arte guerrero, más tarde aplicará estos procedimientos en su famosa táctica montonera y ella le permitirá ser invencible ante los generales de la Independencia, al frente de ejércitos regulares. En la frontera se relacionó con los caciques indios que luego supo halagar y hacer entrar en sus emprendimientos, conteniendo sus desórdenes y atropellos con mano de hierro, cuando fue necesario.  Sirvió en la Reconquista de Buenos Aires, en 1806, y después del estallido de la Revolución de Mayo se hallaba sirviendo como sargento, destacado en un pueblo de Misiones. Abandonó luego su guarnición para ir a solicitar al general Manuel Belgrano que le permitiese marchar con la división de Machain, que fue la primera que pisó el territorio paraguayo, el 19 de diciembre de 1810. Los 100 Blandengues santafecinos sobresalieron por su denuedo en aquella campaña azarosa.  Tomado prisionero en Tebicuary, López fue conducido a Montevideo, que se hallaba en poder de los realistas, y detenido con otros patriotas a bordo de la fragata española “Flora”, que servía de pontón. Una noche, sin ser sentido, se arrojó al agua, logrando llegar al campo sitiador del coronel José Rondeau. Permaneció en Montevideo, hasta que en el mes de octubre de 1811 fue levantado el asedio por el tratado firmado entre el Gobierno de Buenos Aires y el Virrey Elío. López regresó a Santa Fe, siendo uno de los pocos que llegaron a su provincia de los 100 Dragones santafecinos que se habían incorporado allí a Manuel Belgrano.  Cayó prisionero del coronel José Eusebio Hereñú en el combate del Sauce o del Espinillo, en 1815, juntamente con el coronel Holmberg. Hallándose en la ciudad de Santa Fe el capitán Contuso, su segundo, el teniente Estanislao López, aprovechó su ausencia para sublevarse en Añapiré el 2 de marzo de 1816. Siguió el ejemplo de López el día 7 la 2ª compañía encabezada por el sargento Marcelino Avellaneda. Pronto se le incorporó Mariano Vera, poniéndose a la cabeza de los sublevados. Otras sublevaciones producidas, dejaron al general Viamonte aislado en la ciudad de Santa Fe, esperando el auxilio que había solicitado a Buenos Aires, que se encontraba en San Nicolás de los Arroyos. López se hallaba entre los que estaban en abierta oposición con las fuerzas legales. Vera se proclamó gobernador, y desde la bajada de Andino destacó la compañía de Blandengues de Estanislao López, hecho ya capitán, quien en canoa pasó el río tirando su caballo, y siguiéndole del mismo modo la demás gente, a nado, con sus caballos y armas unos, a pie otros, y muchos sin arma alguna. En esta forma se apoderó de los barcos porteños, que estaban a las órdenes del general Matías Irigoyen.
Gobernador de la provincia de Santa Fe
El 31 de agosto se apoderaron de la ciudad de Santa Fe. Estanislao López fue el héroe de esta campaña y en compensación a su valor y energía, obtuvo del gobierno de la provincia, el grado de teniente coronel y el nombramiento de comandante general de armas. En marzo de 1818 emprendió una expedición contra los indios del Chaco, la que prosiguió con éxito los meses siguientes.
El 23 de julio de 1818, Estanislao López se nombró gobernador interino de la provincia de Santa Fe por sí mismo, lo que hizo conocer por medio de un bando público; separándose de este modo de la provincia de Buenos Aires. Posteriormente se alió con el caudillo José Gervasio de Artigas, de la Banda Oriental y con Francisco Ramírez de Entre Ríos. Su autoridad fue legitimada en julio de 1819 por una asamblea provincial, y a partir de entonces ejerció el gobierno durante veinte años, “en forma discrecional, pero entre sus contemporáneos”, como dice Susana N. de Molinas.
Separación de la liga artiguista
Después del tratado del Pilar se separó de la liga artiguista, junto con Francisco Ramírez, y en 1821 luchó contra el Supremo Entrerriano, hasta su derrota. El 6 de diciembre de 1821 fue reelecto gobernador de la provincia, funciones que mantendría hasta su muerte, acaecida el 15 de junio de 1838. Su mayor prestigio y poder fue ejercido entre 1828 y 1835, es decir, después del motín de Lavalle. En 1829 la Representación Nacional reunida en Santa Fe lo designó jefe del ejército nacional destinado a luchar contra Lavalle, a quien derrotó en Puente de Márquez, con el apoyo de Juan Manuel de Rosas.
Su amistad con los hermanos Reinafé, de Córdoba; su enemistad con Juan Facundo Quiroga, y la influencia que en su gobierno tuvo Domingo Cullen, fueron factores fundamentales en la vida de Estanislao López, cuyas tentativas en pro de la constitución confederal, de 1831, fueron desbaratadas por la alianza Rosas-Quiroga.
En la historia argentina se lo denomina impropiamente “el Patriarca de la Federación”, ya que tal título le correspondería a Artigas, o en todo caso a Mariano Vera. López suplió con inteligencia natural su deficiente formación cultural, y por eso mismo sufrió la influencia de fuertes personalidades que lo rodearon. Sus tesis de economía regional proteccionista, de 1830, sostenidas contra Buenos Aires, eran válidas, pero no contó con aliados suficientes para imponerlas, ya que Juan Facundo Quiroga, el jefe del federalismo del noroeste, nunca fue su amigo y don Juan Manuel de Rosas pudo fácilmente jugarlo contra la Comisión Representativa, en los preliminares de la firma del Pacto Federal del 4 de enero de 1831.
 ESTANISLAO LOPEZ
Estanislao López y San Martín
Rivadavia y sus satélites boicoteó la campaña libertadora de San Martín, a tal punto que este decide entregar el mando a Bolívar y retornar a su Patria.
Mientras San Martín permaneció en Mendoza, retirado en su chacra, Rivadavia y el gobierno de Buenos Aires lo hostilizó de todas formas. Primero le puso un mucamo como espía de sus movimientos y luego hasta le violaba su correspondencia privada. El propio San Martín se lo confiesa a O`Higgins en carta del 2º de octubre de 1827:
“…Mi separación voluntaria del Perú parecía me ponía al cubierto de toda sospecha de ambicionar nada sobre las desunidas Provincias del Plata. Confinado en mi hacienda de Mendoza, y sin más relaciones que algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar la desconfiada administración de Buenos Aires; ella me cercó de espías; mi correspondencia era abierta con grosería…” (Altamira, Luis Roberto: “San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”. Impresiones Pellegrini 1950. Museo Histórico Nacional. Su Correspondencia)
El 16 de agosto de 1828 el mismo O´Higgins lo conformaba en carta a San Martín:
“..ejerzan enhorabuena su rabia inquisitorial en nuestra comunicaciones privadas que ellos no encontrarán otra materia más que la misma firmeza y honradez que no han podido contradecir de nuestra vida pública. Hasta la evidencia se podría asegurar que las ocho o diez cartas que veo por su apreciable del 29 de septiembre del año pasado se han escamoteado como las que he escrito a Ud. paran en poder del hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino. Un enemigo tan feroz de los patriotas como Don Bernardino Rivadavia estaba preparado por arcanos más oscuros que el carbón para humillarlos y para degradación que su desastrosa administración ha dejado a un pueblo generoso, que fue la admiración y baliza de las repúblicas de América Sudeste. Hombre despreciable que no solo ha ejercido su envidia y encono contra Ud. no queda satisfecha su rabia, y acudiendo a la guerra de zapa, quiso minarme en el retiro de este desierto, donde por huir de ingratos busco mi subsistencia y la de mi familia con el sudor de mi frente…” (Altamira, Luis Roberto. Ibidem) (JS.p.36)
También a Chilavert le refiere San Martín sobre los ataques y calumnias que recibía por parte de la prensa rivadaviana. En carta del 1° de enero de 1825 le decía:
“…A mi regreso de Perú establecí mi cuartel general en mi chacra de Mendoza, y para hacer más inexpugnable mi posición, corté toda comunicación (excepto con mi familia), y me proponía en mi atrincheramiento dedicarme a los encantos de una vida agricultora y a la educación de mi hija, pero ¡vanas esperanzas! En medio de esos planes lisonjeros, he aquí que el espantoso “Centinela” (periódico rivadaviano) principia o hostilizarme; sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico retiro. Entonces fue cuando se me manifestó una verdad que no había previsto a saber: que yo había figurado demasiado en la revolución para que se me dejara vivir tranquilamente” (Comisión Nacional del Centenario. Documentación del archivo San Martín. Tomo I )
San Martín decide trasladarse a Buenos Aires a darle el último adiós a su esposa que agonizante reclamaba su asistencia. Pero San Martín debe postergar su viaje ante la certeza de un complot para interceptar su viaje para prenderlo o asesinarlo, y en carta a Guido del 27 de abril de 1828 da cuenta de ello:
“¿Ignora Ud por ventura que en el 23, cuando por ceder a las instancias de mi mujer de venir a Buenos Aires a darle el último adiós, resolví en mayo venir a Buenos Aires, se apostaron en le camino para prenderme como a un facineroso, lo que no realizaron por el piadoso aviso que se me dio por un individuo de la misma administración”. (Altamira, Luis Roberto: “San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”. Impresiones Pellegrini 1950. Museo Histórico Nacional. Su Correspondencia)
El 12 de agosto falleció la mujer de San Martín en ausencia de su esposo.
Así agradecían los “civilizados” al libertador de medio continente, mientras los “bárbaros”, según la definición sarmientina, le ofrecían su ayuda y gratitud; el gobernador “bárbaro” Don Estanislao López le remite la siguiente correspondencia:
“Se de una manera positiva por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V.E. a aquella capital será mandado juzgar por le gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales por haber desobedecido sus órdenes en 1817 y 1820, realizando en cambio las gloriosas campañas de Chile y Perú. Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que a su solo aviso estaré en la provincia en masa a esperar a V.E. en El desmochado para llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria”. (Altamira, Luis Roberto. Ibidem) (JS.p.37)
El “boleado” general Paz
El general Paz se aprestaba a llevar las armas sobre el litoral, mientras en la legislatura de Buenos Aires se denunciaban las intenciones de España de recuperar sus colonias. También se denunciaba la expedición, y se preparaban, en Colombia, Venezuela, Ecuador, Nueva Granda y México.
La guerra entre el interior y el litoral sobrevino inmediatamente. El gobernador de Santa Fé, Estanislao López, es nombrado general en jefe del ejército confederado. Quiroga operaba con éxito sobre Córdoba. El general Pacheco derrota a Pedernera en Fraile Muerto y los federales ocupan Tío, India Muerta y Totoral Chico. Quiroga toma Río Cuarto y avanza sobre San Luis y en el Río Quinto derrota a Pringles.
Convulsionada Córdoba y con Quiroga a su espalda, “el Manco” Paz decide ir sobre López. López rehuye el enfrentamiento y retrocede hasta los Calchines. Paz ordena a Dehesa marchar contra los Reinafé.
Casi llegada la noche, el general Paz escucha un tiroteo que supone de sus guerrillas con el enemigo, y se adelanta en reconocimiento de las fuerzas que se batían, acompañado con un ayudante, su ordenanza y un baqueano.
El manco Paz, que no quería poner en evidencia sus operaciones, manda a su ordenanza en busca del jefe de su guerrilla, y como aquel no volviera, Paz despacha el ayudante y sigue adelante con el baqueano, yendo a dar precisamente sobre el flanco izquierdo se su enemigo. Tal vez confundió a las partidas enemigas con su propia tropa, pese a la advertencia del baqueano que le advierte que está frente a las tropas de López. Duda en volverse, talvez receloso de “disparar de sus soldados”. Cuando advierte su error, ya era tarde. Los federales lo habían reconocido. Incluso uno grita su nombre, lo que aumenta la confusión de Paz.
Un federal bien montado, de apellido Serrano, se adelanta, lo persigue y le bolea el caballo. “El manco” cae al suelo, y es tomado prisionero.
Adolfo Saldías, en su “Historia de la Confederación Argentina” (T.II.p.237) refiere lo dicho por un testigo ocular, don Saturnino Gallegos, que se encontraba en la tienda de López cuando llega el prisionero.
Dice el señor Gallegos, en septiembre de 1882:
“En la madrigada del 11 de mayo de 1831 nos encontrábamos en Calchines acompañados, esperando las fuerzas de Buenos Aires que mandaba el general Juan Ramón Balcarce, para emprender la campaña contra el general Paz. El general López, su secretario coronel Pascual Echagüe y otro jefe lo acompañaba alrededor del fogón tomando mate, cuando se presentó un joven cordobés que dijo llamarse Serrano, anunciando que dejaba a corta distancia la partida que conducía prisionero al General Paz, cuyo caballo había boleado él mismo.
Si grande fue la sorpresa que produjo esta noticia, no lo fue menos la duda acerca de la veracidad del informante: aunque entre las señas quedaba, la de “manco” era incontestable. El general ordenó al señor Echagüe que sin demora montase una mitad de lanceros de 25 hombres con un oficial a la cabeza y acompañado del chasque Serrano fuese a encontrar la partida que se decía conducía al prisionero.
Verificado esto, y antes de mucho rato, regresó toda la gente y a la inmediación del general López desmontaba el señor Paz, en mangas de camisa, y quitándose un gorrete de tropa, que se le había dado en vez de la gorra que le quitó uno de los soldados. Don Estanislao López y demás de su círculo se pusieron de pie, y el prisionero, ofreciéndole con grandes instancias aceptase la única silla, que era una pequeña con asiento de paja, para sentarse, la que aquél rehusó con toda cortesía, sentándose en una cabeza de vaca de las que rodeaban el fogón. El señor López le ofreció entonces mate, café o té (el informante no recuerda qué aceptó); y al mismo tiempo ordenó a un asistente que subiese a su carretón y trajese un poncho de abrigo y una chaqueta para que el huéspedes cubriese, pues el frío era fuerte, diciendo al mismo tiempo:
-General, las únicas “capas” que podemos ofrecerle son las de “cuatro puntas” y de ponerse por la boca. -A lo que el general Paz contesto eran las mejores, y cuando vino se cubrió arrebozándose.
A poco se llamó al sargento que mandaba la partida apresadora, quien explicó la boleadura del caballo, que presentó (era un malacara choquezuela blanca), animal de buena apariencia y manos; y cumpliendo la orden que se le dio, se hizo entrega l general Paz de la casaca de que se le había despojado, gorra buena, etcétera.
Como ni el general López ni otro alguno abría conversación, el general Paz, rompiendo el silencio dijo; “Señor López, los soldados de usted son unos valientes y los míos unos cobardes, que me han abandonado a doce cuadras de mi ejército”.
El general López asintió con un movimiento de cabeza y el general Paz, continuó: “Dejo un ejército, que en moral, disciplina, armamento, etcétera, es completo y capaz de batirse con el que usted presentase, fuese el que fuese; pero falto yo, todo es perdido; pues Lamadrid, que es quien queda a la cabeza, es incapaz de sacar ventaja alguna de su posición, careciendo de aptitudes para llevar a cabo mis planes”
Tampoco consiguió que el señor López dijese más que palabras sueltas, ni cosa que pudiera dar ofensa ni halago al prisionero, y así continuó hasta que las tareas del día, entre las que tuvo lugar la de encontrarse con el ejército que llevaba al general Balcarce y otras, dejaron al general Paz encargado de los que le custodiaban.
Se ha querido decir que el general Paz fue insultado y amenazado a su llegada, lo que no es cierto; si bien causó un tumulto natural conocer su arribo, entre lo más se mostraba la algazara y retozo de los indios guaycurúes de la división que llevaba el general López, compuesta por mil hombre más o menos. Tampoco se puede negar que entre las consideraciones tenidas con el general Paz, no fue la menor su envío a santa Fe a cargo del capitán don Pedro Rodríguez, mozo altamente educado y elegido por el general López como la persona más propia para el desempeño de la comisión que se le confió”.
El general Paz, prisionero, fue bien tratado tanto por López como por Rosas. El mismo paz lo reconoce en carta a Rosas publicada en el Lucero el 3 de junio de 1831, en la que le declaraba que había sido generosamente tratado por López y que esperaba serlo del mismo modo en lo sucesivo (Memorias de Paz. Tomo II pag.335)
Paz sería luego trasladado a Buenos Aires y se le guardó toda consideración. Fue alojado en el cabildo de Lujan con libertad de movimientos y la sola obligación de hacer noche en el lugar. Luego Rosas le dio por cárcel la ciudad de Buenos Aires bajo palabra de no ausentarse, palabra que no cumplió “el manco”, escapando más tarde para formar un ejército para luchar contra Rosas.
Rosas, Estanislao López y el manco Paz
“El manco Paz” cae en prisionero de Estanislao López, y al concluir la guerra, éste se quería “sacar el bulto de encima, y lo consulta a Rosas. Este le contesta el 22 de febrero de 1832:
“Si hemos de afianzar la paz de la República, si hemos de dar la respetabilidad a las leyes, a las autoridades legítimamente constituidas, si hemos de restablecer la moral pública y reparar la quiebras que ha sufrido nuestra opinión entre la naciones extranjeras y garantir ante ellas la estabilidad de nuestro gobierno, en una palabra, si hemos de tener Paria, es preciso que el general Paz muera. En el estado incierto y vacilante en que nos hallamos ¿que seguridad tenemos que viviendo el general Paz no llegue alguna vez a mandar en nuestra República? Y se aquello sucediese ¿no sería un oprobio para los argentinos? Fuera de que nuestros hijos y descendientes, que vean algún día vivir a Paz tranquilamente entre nosotros y oigan la historia de los horrorosos desastres que ha causado en todos los pueblos, debería familiarizarse con la idea de los más grandes crímenes, o nos reputarán como hombres inmorales o imbéciles que no supimos valorar la magnitud de tan espantoso crimen…Sin embargo que antes de ahora he opinado por que se le conserve la vida, pensando después más detenidamente sobre este importante negocio…he variado de opinión”
El 12 de marzo, López le contesta a Rosas:
“He leído con mucha atención todo lo que usted me dice en orden al general Paz…a pesar que mi carácter es y ha sido siempre inclinado a la indulgencia, no puedo menos que confesar que el fallo de usted es imperiosamente reclamado por la justicia en desagravio de los atentados atroces inferidos a los pueblos y a las leyes. Si algún pretexto se presenta para salar la vida de este hombre es el mérito que contrajo en la guerra contra los brasileros en que no se puede negar que hizo un grande bien al país, más yo no me atrevo a decidir si esto sería lo bastante para salvar una vida que delitos espantosos convencen que debe quitarse” , y para no responsabilizarse por esto, pedía que la muerte de Paz fuese por el “pronunciamiento expreso de todos los gobiernos confederados o por cosa semejante”, pidiéndolo a Rosas que consultase a la Provincias.  Pero Rosas no estaba a tomar “el bulto” que le largaba López, y no queriendo comprometerse en la muerte de Paz opina que “si López de un modo privado y amistoso” le ha pedido su opinión, “yo francamente la he dado en los términos en que podía hacerse”, pero la decisión por la muerte de Paz correspondía solamente a su apresor, “lo mismo que yo aquí castigaría si el autor de taes delitos se tuviese en mi territorio”. Si López consultaba a las provincias, la nota debía firmarla él exclusivamente “que lo hizo prisionero y lo custodia en su territorio” (28 de marzo).   López insiste en “sacarse el bulto” de encima, y el 24 de abril le pide a Rosas que le redacte un borrador “para salir de una vez de este negocio”.
Pero a Rosas no lo iban a enredar fácilmente, y el 17 de mayo le contesta a López:
“Me excuso, compañero, hacer la redacción que me pide; esta obra es exclusivamente suya y nadie si no usted mismo es quien debe dirigir y firmar”.
Rosas envía la circular el 8 de octubre; Rosas se defirió su voto al de “las demás provincias”, y éstas se pronunciaron por que resolviera un consejo de guerra. El consejo nunca se reunió.
En 1835 López mandó a Paz a Buenos Aires y Rosas lo retuvo en el cabildo de Luján. Paz, que se había casado en la prisión, habitó en el piso alto como confinado, pudiendo salir con la única obligación de pernoctar allí. Luego, a pedido de Paz, Rosas lo tralada a Buenos Aires dándole al ciudad como cárcel. Le pagó sus sueldos y devolvió su escalafón militar. Paz no actuaría de la misma forma, abandonando la ciudad para formar un ejercito en contra de Rosas. (Rosa, L- María. Historia Argentina. T.II.p.160)
Rosas, López, Quiroga y “el moro”
La animosidad de Quiroga contra López venía de tiempos de la misión Amenábar-Oro, y se había exacerbado después de Oncativo. La diplomacia de Rosas consiguió apaciguar al “Tigre de los Llanos”, cuyos estallidos de cólera no llegaban al rencor permanente, y Quiroga había aceptado el mando de la División de los Andes que lo subordinaba a López, general en jefe del ejército federal. Pero sea por recelo a sus resonantes triunfos en Río Cuarto, Río Quinto, San Luis y Rodeo del Chacón, o porque López oyera a los interesados en perjudicar a Quiroga, en vez de ir contra Lamadrid con la totalidad del ejército federal, le encomendó al Tigre de los Llanos la tarea de aniquilar a los atrincherados en la Ciudadela: “¿Qué quiere decir la orden que dio (López) para marche contra los restos del ejército sublevado y el poder de las provincias aguerridas que más de una vez domaron el orgullo de los españoles, sino que el Señor General tenía interés ñeque la División de Los Andes fuese destruida?”, escribía Quiroga a Rosas. Se descargó airosamente el 4 de noviembre, pero presentó al día siguiente su renuncia del ejército.   Había otro motivo, al que Quiroga daba mucha importancia: Lamadrid se apoderó en La Rioja del caballo moro de Facundo, que quedó abandonado en Córdoba cuando su retirada después de el Tío. López, sin creer que “ese mancarrón”, como dice a Rosas, era el célebre caballo de Quiroga, se lo apropió. Quiroga no pudo conseguir que se lo devolviera, y su furor estallaría con estruendo.   De este caballo habla Paz en sus Memorias al mencionar las creencias populares sobre Facundo: “Tenía (Quiroga) un célebre caballo moro que a semejanza de la cierva de Sartorio le revelaba las cosas más ocultas y le daba los más saludables consejos… rodando la conversación (relata una sobremesa de oficiales), vino caer en el célebre caballo moro, confidente, consejero y adivino del general Quiroga. Fue grande la carcajada y la mofa en términos que picó a Güemes Campero (antiguo oficial de Quiroga), que dijo:
“Señores, digan ustedes lo que quieran, rían cuanto se les antoje, pero lo que yo puedo asegurar es que el caballo moro se indispuso terriblemente con su amo el día de la acción de La Tablada porque no siguió el consejo que le dio de evitar la batalla ese día: soy testigo ocular que habiendo querido el general montarlo el día de la batalla, no permitió que lo enfrenasen por más esfuerzos que se hicieron, siendo yo mismo uno de los que procuré hacerlo, y todo para manifestar su irritación por el desprecio que el general hizo de sus avisos” .  El 7 de noviembre de 1831, tres días después de Ciudadela, Ruiz Huidobro escribió a Mansilla el disgusto de Quiroga por “un caballo oscuro que él estimaba mucho” (que) se le tomó Lamadrid en San Juan y ahora se halla en poder del señor López… (Quiroga) desde que le dieron la noticia se halla como en poder desahogarse del disgusto: quiso retirarse en el acto del ejército, y se conformó en no hacerlo por causa de Don Juan Manuel hasta dar una batalla. Ahora se dispone de hacerlo… recelo otros resultados que quizás nos pongan de peor con morir sin venganza ni darle al general López dos días de gusto, y eso se debe a López que devolviese el moro y tranquilizó a Quiroga:   “Suponiendo fuese cierto que López tiene el caballo, y éste es oscuro, ha estado muy lejos de la intención de agraviarle reteniendo el animal que sólo él puede montar y lo mira como una alhaja de un amigo recobrada del enemigo para ponerlo en sus manos en la ocasión que creyese conveniente hacerlo”.
López se extrañó en carta a Rosas por la historia de ese maldito caballo “que puedo asegurarle, compañero, que doble mejores se compran a cuatro pesos donde quiera…no puede ser el decantado caballo del general Quiroga porque éste es infame en todas sus partes”. Sin embargo no lo devolvió.
Tomás Manuel de Anchorena, viendo que López no se desprendía del moro, escribió a Quiroga que desistiese de reclamarlo y que no hiciera de esa cuestión minúscula un asunto que podía perturbar la marcha de la República, comprometiéndose a pagar su valor. Enfurecido Quiroga contestó el doce de enero: “Estoy seguro de que pasaran muchos siglos de años para que salga en la República otro caballo igual, y también le protesto a usted de buena fe que nos soy capaz de recibir en cambio de ese caballo el valor que usted contiene la República Argentina, (por eso) es que me hallo disgustado más allá de lo posible”.
Sarmiento en Facundo menciona el incidente: “Sabe (Quiroga) que López tiene en su poder un caballo moro sin mandárselo, y Quiroga se enfurece con la noticia. ¡Gaucho ladrón de vacas! – exclama –, ¡caro te va a costar el placer de montar en bueno!” .

 Fuentes:
Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Confederación – Buenos Aires (1970).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Rosa, José María- Historia Argentina. T.IV.p.168.
Saldías, Adolfo – Historia de la Confederación Argentina – T.II.p.237 Memorias de Paz – Tomo II.
Sulé Tonelli, Jorge – La coherencia política de San Martín – Edit. Favro – Bs.As (2007).
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).

EN VEZ DE VOTOS, BOTAS

Por Mario Rapoport 
 
El 28 junio de 1966, un golpe militar, con la anuencia de sectores civiles, políticos y sindicales y una fuerte campaña previa de los medios de información –como la que soportaron Yrigoyen en 1930 y Perón en 1945 con resultados distintos–, depuso al presidente radical Arturo Illia.
Las Fuerzas Armadas abandonaban así el rol tutelar que venían ejerciendo desde la caída de Perón, en 1955, sobre gobiernos emergentes de un régimen deslegitimado por la proscripción del peronismo.
Al igual que en golpes anteriores, la desestabilización empezó mucho antes y los medios de la época tuvieron mucho que ver en ello, en especial los periodistas Mariano Grondona, Bernardo Neustadt y Mariano Montemayor, como señala Miguel Angel Taroncher en su libro sobre la caída de Illia.
Esos periodistas contribuyeron -como parte integrante del poder mediático, a la campaña de prensa sobre la base de coincidentes mensajes críticos contra el gobierno radical.
A través de ellos jugaban sofisticadas revistas de opinión un rol que en golpes anteriores habían desempeñado periódicos de lectura masiva.


  Las principales instituciones empresarias, por su parte, estaban también disconformes con lo que consideraban una excesiva intervención del Estado en la economía.
Un documento inédito de la UIA hablaba de -la burocratización total de la vida económica [...] que conduce gradual pero persistentemente a la absorción de la empresa privada por el Estado [...]”. La misma “toma varias formas pero, para las actividades más importantes, casi siempre se resuelve en la obligada transferencia de la propiedad del empresario privado al Estado.
Estos conceptos parecían dejar traslucir que el gobierno de Illia era una antesala del de Fidel Castro. (Ponencia de la UIA para la XXII Asamblea de Aciel a realizarse del 4 al 6 de junio de 1966.)
  Mariano Grondona, gestor del golpe en numerosos artículos, señalaba dos días después de haberse producido, las razones del mismo: -Arturo Illia no [había comprendido] el hondo fenómeno que acompañaba a su encumbramiento: que las Fuerzas Armadas, dándole el Gobierno, retenían el poder.
  El poder seguía allí, en torno de un hombre solitario y silencioso [el general Onganía]. [...].
  Siempre ha ocurrido así: con el poder de Urquiza o de Roca, de Justo o de Perón. Alguien, por alguna razón que escapa a los observadores, queda a cargo del destino nacional.
  Y hasta que el sistema político no se reconcilia con esa primacía, no encuentra sosiego”.
  El gobierno había cometido el error de creer que gobernaba cuando en realidad los votos de la elección de Illia seguían siendo botas.
  Pero la incógnita principal fue el rol que Estados Unidos jugó en el golpe.  Dos años antes, en 1964, el gobierno de Washington había tenido una influencia decisiva en la caída del presidente brasileño Joao Goulart, a quien consideraban un extremista.
  Existe la transcripción de un diálogo entre el presidente Johnson y el secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos Thomas Mann, el viernes 3 de abril de 1964, tres días después de ese golpe.
  -Mann: Espero que Ud. esté tan feliz respecto al Brasil como lo estoy yo. Lindon B. Johnson: Lo estoy. Mann: Pienso que es lo más importante que ocurrió en el hemisferio en tres años (tapes de la Casa Blanca, 1963-1964).
  En cambio, no surge de los documentos secretos que el Departamento de Estado hubiera intervenido directamente en la caída del primer mandatario argentino –en verdad no lo necesitaba–, pero estaba perfectamente informado de la existencia de sectores militares y civiles opuestos a los lineamientos programáticos de Illia y en procura de una oportunidad para provocar una intervención militar desde muy temprano, incluso desde antes de su asunción, en octubre de 1963.
  La carrera de Illia hacia los comicios de julio de 1963 se había desarrollado en un clima político interno signado por la proscripción del peronismo y de su líder, por lo que la UCR del Pueblo obtuvo la primera minoría y la nominación de su candidato en el Colegio Electoral con apenas el 25 por ciento de los votos.
  Este hecho cuestionaba la legitimidad de la victoria electoral; una marca de origen que constituiría el caballito de batalla permanente de la oposición política y, especialmente, de los sectores internos y externos que ya desde el inicio de la nueva administración comenzaron a tejer la trama conspirativa.
  El nuevo presidente accedería a la Casa Rosada con una minoría parlamentaria, hostilizado por la sistemática oposición de la dirigencia sindical y patronal y conviviendo con contradictorias tendencias conservadoras y populistas dentro del propio radicalismo.
 
Las políticas desplegadas, sin agitar demasiado las aguas, rescataban lineamientos básicos heredados de la intransigencia radical y del primer peronismo, con un trasfondo internacional marcado por propuestas económicas nacionalistas en boga en muchos países del Tercer Mundo.
  Esas orientaciones se manifestaron a través de cierta resistencia a las imposiciones del FMI, la concepción de un Estado inclinado al control y la planificación de la economía –como en caso de los productos farmacéuticos–, así como a la atención prioritaria al mercado interno.
  Se tomó también la decisión de denunciar y anular los contratos petroleros firmados por el presidente Frondizi.
  Por supuesto, los servicios de inteligencia norteamericanos estaban bien informados sobre los planteos golpistas y sus principales protagonistas. Así lo testimonia un cable de la CIA al presidente norteamericano Lyndon Johnson, que se encuentra en los archivos de su presidencia, localizados en Austin, Texas.
  Allí se daba cuenta de la decisión de los altos mandos militares argentinos de promover el golpe para el mes de julio, aunque la acción podía adelantarse si la crisis económica se acentuaba.
  El informe reseñaba la responsabilidad y seriedad de los objetivos del futuro gobierno militar y enumeraba entre los involucrados a los generales Juan Carlos Onganía, Julio Alsogaray, Alejandro Lanusse y Osiris Villegas (CIA, 2/6/66, Country Files, Argentine Memos, Vol. II, Box 6).
  Finalmente, el levantamiento militar tuvo lugar el 28 de junio y el gobierno surgido de la decisión golpista se autodenominó Revolución Argentina.
  El caudillo soñado por Mariano Grondona fue nombrado presidente con el objetivo primordial de mantenerse mucho tiempo en el poder: -un dictador es un funcionario para tiempos difíciles, afirmaba el inefable periodista.
  El nuevo régimen pretendía imponer un proyecto de largo alcance, dotando al Estado de una organización tecno-burocrática, que Guillermo O’Donnell denominó Estado Burocrático Autoritario, capaz de poner fin a las pujas intersectoriales y políticas locales en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que privilegiaba el accionar en el orden interno por parte de las Fuerzas Armadas contra los peligros del extremismo y la disociación social.
  Pero los tiempos económicos, sociales y políticos que proponía no pudieron llevarse a cabo.
  A través del Cordobazo la sociedad puso fin a esa forma criolla de pseudomonarquía.
  Mariano Grondona debió postergar por un tiempo sus sueños caudillescos, las Fuerzas Armadas se retiraron después de dos intentos frustrados de continuar en el mando y Perón volvió finalmente a la Argentina.
  Se abría una etapa vertiginosa cuyo desenlace dio paso al período más doloroso de nuestra historia, que comienza en 1976.
  El golpe militar que lo precedió diez años antes fue, sin duda, un primer ensayo.
  MR/
 
(*)  Economista e historiador. Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.