El 12 de Octubre de 1916, con el acompañamiento de una mayoría popular auténtica, como desde hacía setenta años que no se veía en el país, Yrigoyen asume el poder.
Su programa, un poco confuso, estaba encaminado a restaurar los derechos y libertades civiles. Además de una acción, de un tipo muy genérico, que él denominaba "reparación nacional".
Se consideraba a sí mismo como una especie de apóstol, cuya misión era salvar al país. Por supuesto que de una oligarquía "falaz y descreída". Sólo contaba con el pueblo para esto. Ya que toda la estructura "tradicional" del país y del gobierno, estaba en su contra, y dispuesta a no dejarla gobernar en paz. Todas sus medidas de gobierno fueron criticadas. Algunas prácticamente sin analizarse siquiera.
Todas sus palabras fueron tergiversadas, o, torcidamente interpretadas.
Había soñado llegar al gobierno por una conspiración. No por el camino normal del comicio. Incluso él mismo, nunca pensó en llegar de esa manera.
No se encontraba cómodo en el papel de Presidente. Sentado en el mismo lugar desde donde la oligarquía había gobernado tantos años. Donde se había negociado tanta cosa "sucia".
Para diferenciarse, deliberadamente rompía con todos los "usos" de la época. En lo administrativo y en lo protocolar. Intervino casi todas las provincias y puso en ellas gobernantes del radicalismo, elegidos en comicios puros.
Dictó y propició leyes de contenido social. Leyes que favorecían a "los necesitados".
Pero no encontró comprensión. Ni entre sus opositores, ni dentro del círculo de sus propios "correligionarios".
Su carta más difícil, resultó ser con el tiempo, también la más valiosa. La neutralidad argentina durante la Primera Guerra Mundial. No fue comprendido, en esto, prácticamente por casi nadie. Sus propios ministros, no lo entendían. Sin embargo, impuso su criterio con una valentía y una tenacidad, como muy pocas veces vio el país.
Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de su actitud en los conflictos sociales de la época.
Había heredado una situación explosiva de sus antecesores. Y la expectativa que despertó su advenimiento, contribuyó aún más a alentar las esperanzas de los desposeídos, que lo contaban de su lado.
Se desataron una serie de huelgas. Todas de indudable tipo sindical, por lo menos en sus comienzos. Pero sus aprensiones y temores, lo llevaron a confundir el proceso y creerse ante una ola "maximalista".
Allí cometió el error más grave de su gobierno. Permitió que las "fuerzas del orden", tomaran cartas en el asunto. Ya sabemos como procedieron. En aquel entonces, todo ese aparato, estaba en manos de la oligarquía y sus "sirvientes". No
sólo eran enemigas de los sindicalistas, sino también lo eran del propio Yrigoyen, cuando se hicieron cargo de la "represión".
Todos recordamos la tristemente célebre Semana Trágica y posteriormente, aunque con algunos atenuantes, los hechos de la Patagonia.
Además, las "fuerzas del orden", no obstante ser las encargadas de reprimir, no por eso dejaron de recriminarle, ser el "responsable" de lo ocurrido. Los obreros habían sido "alentados" por la actitud "paternalista" del presidente.
A Yrigoyen lo sucede Alvear. Un representante de la vieja oligarquía "enancado"
en la estructura del radicalismo. Había varios de ellos. Ninguno era bueno.
Yrigoyen lo había puesto en la Presidencia porque creyó que, debiéndole todo, le iba a ser leal. No fue así. También pensó que con la presidencia de un oligarca, el radicalismo iba a tener acceso a todas las estructuras del poder, que se le habían negado a él.
No resultó. Lo primero que hizo Alvear, fue volver a su lugar de origen. Gobernó con y para la oligarquía, a la que siempre perteneció. Este hecho fue denominado por las gentes políticas de ese entonces como la "patada histórica".

No fue otra cosa que una traición. A su amigo y a su pueblo.
Eso fue exactamente.
Sobre su gobierno, podemos decir que se vio beneficiado, por la mejor época de nuestro comercio exterior. Esto como consecuencia de la situación europea después de la guerra. Hubo una demanda masiva de alimentos y eso trajo consigo una gran prosperidad.
Desde luego que esa prosperidad sólo llegó al pueblo común pálido reflejo, realmente se pudo haber hecho mucho más.
Los "secretos del poder", no sólo no interfirieron, sino que colaboraron con el Presidente. Así, completó su período en medio de la aprobación general de los grandes monopolios internacionales.
Tan sólida creyó su situación, que trató de imponer un sucesor de su agrado. Y de los monopolios, desde luego. Esta actitud, no fue muy "leal" que digamos para con su viejo amigo y Jefe del partido.
"Don Hipólito, que siempre fue remiso en lo que a candidaturas se refiere, advirtió la maniobra y se lanzó a la lucha con todo su espíritu. Se llevó todo por delante. Tenía todavía al pueblo de su lado.
En las elecciones de 1928 ganó por una abrumadora mayoría. Pese a los "palos en las ruedas" que le pusieron en todos los círculos de la oligarquía y sus servidores. En fin, el segundo gobierno de Yrigoyen, no fue como el primero. Realmente una lástima. Ya no se hablaba de "reparaciones". El hombre tenía ya muchos años y el fuego revolucionario se había apagado. La administración se paralizó y el Presidente quedó solo en el poder.
Esta era la oportunidad que estaba esperando desde hace años la oligarquía, súbitamente se dio cuenta de que tenía la posibilidad de apoderarse del gobierno y no la perdió.
El 6 de septiembre de 1930 tomó el poder. Por la fuerza, por supuesto. A partir de allí se inicia un regreso al "viejo régimen". Pero pronto descubren que ya es tarde. Ya, el país no es el mismo. El mundo, tampoco es el mismo.

Todo ha cambiado.
Ellos también deben cambiar. Y así lo hacen. Para mantenerse en el poder, deben recurrir a "métodos violentos" a los que nunca habían recurrido antes. Naturalmente, a muchos les causó repugnancia. No aceptaron compartir ni el poder ni la responsabilidad de esos hechos. Se alejaron.
Para colmo, a lo largo de la "nueva gestión", de la oligarquía, se van descubriendo negocios y manejos de toda clase.
Con el comercio internacional de carnes. Con otros productos, etc. Todo lo cual produce un escándalo en los medios de difusión y en el propio Senado de la Nación, donde cae abatido a balazos un senador de la bancada opositora.
Saltan los "negocios" más diversos. El juego clandestino. Las concesiones de electricidad, la venta de tierras en "El Palomar". Un proceso en el que intervienen ciudadanos extranjeros y que terminan en una acusación de "traición a la patria".etc.
Todo es matizado por una permanente política de fraudes, sobornos y violencia. La estructura de poder y el sistema, realmente, no daban para más. Sólo la innata ineptitud de los radicales impedía que tomasen el poder nuevamente.
Bibliografía:
Rom Eugenio "Así hablaba Juan Perón", A. Peña Lillo Editor, Bs. As. 1980.













El sentido orgánico de pertenencia política del peronismo era la clave para lograr la unidad del movimiento. Al no comprender el alcance revolucionario del peronismo, los dirigentes mantenían en sus concepciones las formas orgánicas del sistema liberal o de la izquierda dogmática, generándose entonces visiones divergentes respecto de las tácticas políticas.
final de la lucha era lograr las condiciones institucionales para poner en marcha la única herramienta de liberación posible que era un proceso de autodeterminación popular. Un pueblo liberado de sus ataduras coloniales y conciente de su responsabilidad política definiendo su destino como Nación. Esto provocaría el aumento creciente de solidaridades comunitarias hasta alcanzar la Unidad Nacional. Este objetivo solo era posible de poner en marcha desde el Estado por lo tanto el retorno al poder era imprescindible.
comprendían el sentido de la lucha en lograr una determinada rosca que los incluyera, o con la conquista de un determinado espacio político en el sistema demo-liberal (una gobernación, una diputación o componer un frente partidario). Los que se preciaban de una conducta más revolucionaria, más de base, se sentían más cómodos aspirando a estructuras políticas tipo partidos revolucionarios o vanguardias de acción más comprometida, sin contacto con rosqueros o dialoguistas. Estaban los que trabajaban en el ámbito sindical donde lo que prevalecía era garantizar los espacios de poder que les permitían mantener su reivindicaciones sectoriales así como su sindicatos u obras sociales. No se entendía que existía un núcleo de pertenencia superior que era el movimiento nacional, donde todos los cuadros individuales y sus organizaciones tenían una funcionalidad común.
Sin embargo pese a la eclosión política que protagonizaron y que obligaron al presidente De Gaulle a disolver la Asamblea Nacional, luego del adelantamiento de las elecciones parlamentarias y unos aumentos de sueldos otorgados a los obreros, todo se calmó y el sistema pudo absorber la crisis quedando como el referente romántico de una primavera anarquista. En Argentina el reflejo de esta experiencia encontraría una situación muy especial que la potenciaría de tal forma, que la transformaría en un evento de características realmente revolucionarias. Perón había logrado derrotar la maniobra de la democracia proscriptiva llevada adelante por la revolución fusiladora, con la complicidad de todos los sectores intermedios: sus partidos políticos e instituciones como la justicia, la iglesia, el ejército etc.. Había cercado al enemigo borrándole las apariencias de formalidad democrática y desnudando su patética imagen dictatorial. Si en el 55 los valientes resistentes peronistas se encontraron con una indiferencia de los sectores medios argentinos, los jóvenes de los sesenta recibirían la complacencia y el apoyo generalizado de la mayoría de pueblo. La acción política del peronismo había corroído la imagen democrática colonial desarrollada por los libertadores del 55. A diferencia del mayo francés que resolvería su conflicto dentro del sistema político, en la Argentina la unidad entre los jóvenes de clase media burguesa y los trabajadores se daría en una acción combativa contra una dictadura que comenzaba a retirarse, derrotada por la política de aislamiento que le tendía Perón.
Habían sido doce años de indignidad que generaron en la nuevas generaciones un rechazo visceral a la formalidad colonial del sistema político institucional que imperaba en el país. Se sumaba a esta situación la falta de acciones tácticas por parte de las dirigencias políticas en el propio Movimiento Nacional. Varias capas dirigenciales habían pasado desde 1955 y no se había podido consolidar una conducción del movimiento que sirviera de referente a esta nuevas generaciones. Su última maniobra táctica brillante: las tomas fabriles protagonizadas por millones de trabajadores, se había diluido ante la actitud claudicante de una dirigencia gremial que intentó capitalizar ese hecho para poner en marcha un proyecto político alternativo al de Perón.
Perón regresaba para consumar su cerco político y poner en marcha el frente de fuerzas sociales, económicas y politicas que aislarían la dictadura militar, accederían al gobierno y pondrían en marcha la reconstrucción del país. Era lógico que sus enemigos intentaran impedirlo. En sus filas había distintas posturas donde se expresaban desde las dialoguistas que habían comprendido que era hora de retirarse en orden, y hasta los que todavían abrigaban la esperanza de eliminar a Perón de cualquier forma.
Recién en la madrugada del Sábado 18 podrá Perón abandonar Ezeiza, para trasladarse a la residencia adquirida por el Movimiento, en la calle Gaspar Campos, de Vicente López. Circularán inciertos rumores, acerca de que sectores de las Fuerzas Armadas atentarán allí contra la vida del ex presidente. Los vuelos rasantes de los aviones navales en las proximidades de la residencia, traerán inquietantes recuerdos de un pasado que, por momentos, parecerá singularmente próximo.

