Rosas

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sábado, 31 de diciembre de 2022

La Confederación Argentina contra el Estado Unitario de Bs As. Cepeda (1859)

Por el Prof. Jbismarck
En la situación, de tirantez política que mantenían Buenos Aires y la Confederación, Urquiza era instado por parte de los dirigentes de su partido para que sometiera por la fuerza al estado separatista. Sirvió de motivo principal para la declaración de guerra una ley de represalias que el gobernador porteño, Valentín Alsina, dictó en contra de la ley de derechos diferenciales que en 1856 aprobó el Congreso de Paraná.  Mientras Bs as vive sin ahogos, la segunda — que comprende el resto del país — sufre, como siempre, escasez. El Congreso de Paraná, buscando una forma de mejorar sus finanzas y fomentar el desarrollo del puerto de Rosario, aprueba en 1856 un ley llamada de “derechos diferenciales”, por la cual se recargaban en la Confederación los derechos de aduana ya pagados a Buenos Aires — si no seguían directamente a aquélla—en la introducción de mercaderías procedentes de “cabos adentro” (cabos Santa María y San Antonio, al entrar al Plata), con excepción de las procedentes de Brasil, Uruguay y Paraguay, y las que llegaran directamente desde fuera de esos cabos; Rosario fue abierto al tráfico de ultramar. Esto ahondó los resentimientos y provocó un decreto de represalias de Buenos Aires. A fines de 1858 la atmósfera política estaba cada vez más cargada y se comprendía que el “statu quo” debía resolverse sólo por las armas, ya que Buenos Aires quería suprimir a Urquiza y readquirir la supremacía nacional, en tanto que los federales no se resolvían a perder sus posiciones
El 22 de octubre de 1858 se produjo el asesinato del general rosista Nazario Benavídez en San Juan, hombre de notorio prestigio en Cuyo, cuya actuación conocemos, asesinato que se atribuyó, al dinero e influencias de dirigentes de Buenos Aires, a raíz de lo cual y en atención a los preparativos militares de este estado, el Congreso de Paraná autorizó al general Urquiza para que resolviera pacíficamente o por la fuerza, si así era necesario, la incorporación del estado disidente a la Confederación. Por ley del 6 mayo de 1859, la Legislatura de Buenos Aires autorizó a su vez al gobierno a repeler por la fuerza la guerra “declarada de hecho por el gobierno” confederal. Una mediación del ministro de Estados Unidos (agosto) y otra de Francisco Solano López, de Paraguay (octubre), no produjeron resultado favorable para evitar las hostilidades, porque Buenos Aires erigía, entre otras cosas, la renuncia de Urquiza. los mas exaltados era el "viejo unitario" Valentín Alsina y el tísico Bartolomé Mitre.
A mediados de 1859 la escuadrilla de Buenos Aires dominaba los ríos Uruguay y Paraná, momento en que la Confederación empezó a armar algunos barcos en Montevideo. En el segundo de los ríos dos buques porteños, el General Pinto y el Buenos Aires, trataban de impedir el pasaje de las fuerzas de Urquiza hacia Santa Fe. El 7 de julio la tripulación del General Pínto, el mayor de los dos, se sublevó, hiriendo al almirante Murature, comandante de la flotilla, y se pasó a las autoridades nacionales, cambiando la situación naval.  El gobierno de Alsina había designado a Mitre \ ascendido a coronel mayor, siendo ministro de guerra, para comandar su ejército de operaciones. Este llegó a tener 9000 hombres (4.700 infantes y 4.300 jinetes, es decir, el primer ejército numeroso de llanura en que el arma de infantería es numéricamente superior a la de caballería) y 24 cañones. 
Cepeda. Mitre ba avanzado también hacia la frontera santafecina, pasando por Luján y Pergamino, y se encuentra próximo al arroyo del Medio (50 Km. sudeste de Rosario); espera cerrar desde dicho obstáculo el camino de Urquiza hacia Buenos Aires. No desconoce la pequeña superioridad numérica del adversario, que cuenta en realidad con 11000 plazas (10.000 jinetes y 1000 infantes) y 32 a 35 cañones — procedentes de Paraná — y sabe de la acometividad que caracteriza a la famosa caballería gaucha en tremaría, probada en tantos combates gloriosos, arma que desempeña todavía un papel preponderante en el combate, conferido por sus generales, y contra la cual la numerosa pero inferior caballería porteña, hará estériles esfuerzos; de ahí su resolución de permanecer a la defensiva.  En octubre una fracción mitrista, pasando el arroyo del Medio, sorprendió a una de Urquiza. El 23 del mismo mes Virasoro, por su parte, salió de cañada Rica y desalojó a- tropas de Buenos Aires de la orilla derecha del arroyo del Medio, las que se replegaron sobre el grueso en cañada de Cepeda — afluente del arroyo antes citado —. Este pasaje de las tropas adelantadas de Urquiza induce a Mitre a tomar una formación de combate que sirva para esperar el choque enemigo y que responda por lo pronto, a la necesidad de hacer frente a la masa de jinetes adversarios que han rechazado sin dificultad a la vanguardia de las fnerzas de Buenos Aires y que continúa su avance llevando una gran delantera a su infantería y artillería. El general de Buenos Aires no juzga prudente hacer medir en campo abierto a su caballería con la entrerriana, pues sería condenarla inevitablemente a la derrota. Prefiere reservarla en proximidades de la infantería para cuando se produzca la acción decisiva del atacante. Los batallones más amenazados por un posible ataque de aquella caballería han adoptado la formación más indicada para estos casos: el cuadro. El ejército de la Confederación, mientras tanto, se ha aproximado al campo de batalla. Los jinetes entrerrianos, una vez llegados a la vista de los porteños, han creído prudente esperar la llegada de las otras armas, para actuar simultáneamente, con más probabilidades de éxito. La formación de ataque es adoptada tranquilamente a 1.200 metros de la posición enemiga, donde se está fuera del alcance de la artillería de la defensa. Varias horas se emplean en los preparativos, pues hay que esperar también la llegada de las carretas del parque con la munición para reabastcccr a la artillería e infantería.
Mitre, por su parte, al ver que el adversario avanza hacia el centro de su línea, hace tomar la definitiva formación de combate desplegando en batalla a toda su infantería y artillería.
Terminados sus preparativos, Urquiza avanza al ataque. Pero al entrar sus tropas de infantería al sector de fuego de la artillería de la defensa, especialmente de la batería del centro, se ven eficazmente batidas por ella, y sin la cooperación de la propia artillería, que aún no está en condiciones de contrabatirla con eficacia. Adoptó entonces la resolución de hacer el vacío frente a la batería central enemiga; buscando por una marcha oblicua y divergente llevar el ataque contra ambas alas de la infantería. A su vez, la caballería atacante, adelantándose a las demás tropas, busca los flancos y la retaguardia de la posición defensiva, manteniéndose fuera de la zona de los fuegos enemigos. El ataque con la derecha lo realiza Urquiza mismo. La desbandada de la caballería porteña no tarda en producirse y la defensa queda con sus flancos desguarnecidos.
Mitre desorientado y sin reacción no es ya suficiente para salvar de la derrota al ejército porteño que, completamente cercado, debe aprovechar la noche (23 horas), para intentar abrirse paso, en una formación adecuada contra empresas de la caballería victoriosa, buscando hacia San Nicolás (80 Km,), el apoyo de sus fuerzas fluviales, donde llega el 26, luego de 36 horas de marcha continuada Allí se sostuvo un combate indeciso entre las escuadrillas de ambos bandos.  El 29 de octubre las fuerzas de Buenos Aires que se salvaron estaban de regreso en la capital para cooperar .en su defensa.  Pero el general Mitre obtiene el poder alejarse por la falta de una persecución tenaz y a fondo del día siguiente por parle de Urquiza, tendiente sobre todo, a disolver esa masa en retirada por medio de un intenso fuego de artillería, etc. Pero aún así no conseguirá el general porteño, sino a costa de grandes sacrificios, disponer de menos de la cuarta parte de su ejército, pues apenas 2.000 hombres y seis piezas de artillería llegarán a San Nicolás, habiéndose dispersado, caído en el campo de batalla o quedado en poder del enemigo todo el resto. Urquiza persiguió después con sus tropas, llegando a San José de Flores el 7 de noviembre, y no intentó conquistar la ciudad de Buenos Aires temiendo tal vez una gran efusión de sangre, bastándole observar la plaza con su poderoso ejército de unos 20.000 hombres. También es verdad que la ciudad, en que quedó un pequeño ejército de reserva, había sido reforzada con los infantes venidos de Cepeda (2.000) y sus milicias, y Mitre, artillero, se había ocupado de artillarla y fortificarla. Sería, pues, tarea muy ardua para un ejército con escasa infantería y artillería, conquistarla. Pudo sin ello Urquiza lograr su propósito: llegar a un avenimiento, exigiendo la renuncia del gobernador de Buenos Aires, que fué presentada acto continuo y aceptada por la Legislatura. El 10 de noviembre de 1859 se firmaba un pacto de Unión Nacional (reintegro de Buenos Aires a la Nación) en San José de Flores, ratificado el 11. Inmediatamente Urquiza sacó de la provincia la masa de su ejército. Fué actuante oficioso en las negociaciones el general Francisco Solano López, hijo del dictador de Paraguay. Mitre expresó en seguida en una proclamé: El adversario se retira “sin poder pisar el recinto sagrado déla ciudad de Buenos Aires".
El pacto citado establecía la incorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina con la sola condición de que, en el término de veinte días, se reuniría una Convención provincial de Buenos Aires para proponer las reformas convenientes a la Constitución Nacional dictada por el Congreso de Santa Fe, las que, a su vez, serían sometidas a la sanción definitiva de una Convención Nacional. Era la revisión del acuerdo ríe San Nicolás.  La victoria decisiva de Cepeda había permitido sitiar y bloquear simultáneamente Buenos Aires, para hacerla caer e imponerle su ingreso a la Confederación sin condiciones. En cambio, el pacto político, con la subsiguiente retirada de las fuerzas de Urquiza, dejó nuevamente a la rica provincia — dominada por los unitarios (liberales).— en aptitud de reponerse prontamente y reemprender la guerra, con cualquier motivo — como ocurrió — para volver a ejercer la supremacía en el país.

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