Rosas

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lunes, 10 de junio de 2013

La guerra del Pacífico o del "Guano"



Por el Prof. Jbismarck
La triste historia del siglo XIX en América tiene una página especial con la pérdida de Bolivia de su salida al mar. Eduardo Galeano en su obra las venas abiertas de América Latina lo expone brillantemente
La historia del salitre, su auge y su caída, resulta muy ilustrativa de la duración
ilusoria de las prosperidades latinoamericanas en el mercado mundial: el siempre
efímero soplo de las glorias y el peso siempre perdurable de las catástrofes.
A mediados del siglo pasado, las negras profecías de Malthus planeaban sobre el Viejo Mundo. La población europea crecía vertiginosamente y se hacía imprescindible otorgar nueva vida a los suelos cansados para que la producción de alimentos pudiera aumentar en proporción pareja. El guano (excrementos de las aves) reveló sus propiedades fertilizantes en los laboratorios británicos; a partir de 1840 comenzó su exportación en gran escala desde la costa peruana. Los alcatraces y las gaviotas, alimentados por los fabulosos cardúmenes de las corrientes que lamen las riberas, habían ido acumulando en las islas y los islotes, desde tiempos inmemoriales, grandes montañas de excrementos ricos en nitrógeno, amoniaco, fosfatos y sales alcalinas: el guano se conservaba puro en las costas sin lluvia de Perú
Las aves guaneras son las más valiosas del mundo, escribía Robert Cushman Murphy mucho después del auge, «por su rendimiento en dólares por cada digestión». Están por encima, decía, del ruiseñor de Shakespeare que cantaba en el balcón de Julieta, por encima de la paloma que voló sobre el Arca de Noé y, desde luego, de las tristes golondrinas de Bécquer. (Emilio Romero, Historia económica del Perú, Buenos Aires, 1949.) . Poco después del lanzamiento internacional del guano, la química agrícola descubrió que eran aún mayores las propiedades nutritivas del salitre, y en 1850 ya se había hecho muy intenso su empleo como abono en los campos europeos.
Las tierras del viejo continente dedicadas al cultivo del trigo, empobrecidas por la erosión, recibían ávidamente los cargamentos de nitrato de soda provenientes de las salitreras peruanas de Tarapacá y, luego, de la provincia boliviana de Antofagasta Gracias al salitre y al guano, que yacían en las costas del Pacífico «casi al alcance de los barcos que venían a buscarlos» el fantasma del hambre se alejó de Europa. La oligarquía de Lima, soberbia y presuntuosa como ninguna, continuaba enriqueciéndose a manos llenas y acumulando símbolos de su poder en los palacios y los mausoleos de mármol de Carrara que la capital erguía en medio de los desiertos de arena. Antiguamente, las grandes familias limeñas habían florecido a costa de la plata de Potosí, y ahora pasaban a vivir de la mierda de los pájaros y del grumo blanco y brillante de las salitreras. Perú creía que era independiente, pero Inglaterra había ocupado el lugar de España.
El país se sintió rico. El Estado usó sin medida de su crédito. Vivió en el derroche, hipotecando su porvenir a las finanzas inglesas.» En 1868, según Romero, los gastos y las deudas del Estado ya eran mucho mayores que el valor de las ventas al exterior. Los depósitos de guano servían de garantía a los empréstitos británicos, y Europa jugaba con los precios; la rapiña de los exportadores hacía estragos: lo que la naturaleza había acumulado en las islas a lo largo de milenios se malbarataba en pocos años. Mientras tanto, en las pampas salitreras, cuenta Bermúdez, los obreros sobrevivían en chozas «miserables, apenas más altas que el hombre, hechas con piedras, cascotes de caliche y barro, de un solo recinto».
La explotación del salitre rápidamente se extendió hasta la provincia
boliviana de Antofagasta, aunque el negocio no era boliviano sino peruano y,
más que peruano, chileno. Cuando el gobierno de Bolivia pretendió aplicar un impuesto a las salitreras que operaban en su suelo, los batallones del ejército de Chile invadieron la provincia para no abandonarla jamás. Hasta aquella época, el desierto había oficiado de zona de amortiguación para los conflictos latentes entre Chile, Perú y Bolivia. El salitre desencadenó la pelea. La guerra del Pacífico estalló en 1879 y duró hasta 1883. Las fuerzas armadas chilenas; que ya en 1879 habían ocupado también los puertos peruanos de la región del salitre, Patillos, Iquique, Písagua, Junin, entraron por fin victoriosas en Lima, y al día siguiente la fortaleza del Callao se rindió. La derrota provocó la mutilación y la sangría de Perú. La economía nacional perdió sus dos principales recursos, se paralizaron las fuerzas productivas, cayó la moneda, se cerró el crédito exterior.
Bolivia, por su parte, no se dio cuenta de lo que había perdido con la guerra: No sólo su salida definitiva al mar sino tambien la mina de cobre más importante del mundo actual, Chuquicamata, se encuentra precisamente en la provincia, ahora chilena, de Antofagasta. Hubo un gran patriota argentino que abandonó su carrera política y luchó contra Chile en el morro de Arica, rindiéndose mal herido y cuasi fusilado....Años despues fue un digno Presidente de la Nación Argentina (lo que no es poco) Roque Sáenz Peña.

3 comentarios:

  1. Galeano? estamos todos locos? ahora sí me convenci de que Bismark no es el emérito Profesor Carlos Adamo Barbera. Jámas citaria a un marxista declarado como ese señor...

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  2. Carancho de Monte28 agosto, 2010 19:45

    Coincido en parte con el Sr. Anonimo, pero creo que el Prof. Bismark cita a ese autor oriental casi como una burla hacia una burguesia que basaba su prosperidad en algo tan efimero como las deposiciones de las gaviotas.
    Sin duda pronto habra articulos del maestro Barbera, tan solicitado por la tribuna.

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  3. Se puede decir que en la guerra del guano a los peruanos les fue como la mierda.

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