Rosas

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miércoles, 14 de noviembre de 2012

La Historia Oficial, Clarín y un plumífero

Por el Dr. Jorge Sulé

Cuando ya creíamos apagadas las grotescas alucinaciones contra Rosas, fruto del acalorado partidismo político post Caseros, vemos aparecer entre las cenizas de la historia oficial algunos rescoldos mortecinos que ya no pueden dar luz sobre las generalidades de una interpretación genuina y leal de la historia argentina.
Estos rescoldos anacrónicos han sido sacados de sus cenizas por el diario “Clarín” en su edición del domingo 28 de noviembre alentados por el soplo denigratorio de un tal Marcelo Moreno, su autor firmante.
No nos referiremos al cargo “pecaminoso” de estanciero que el autor le endilga a Rosas, ni tampoco nos referiremos al “impiadoso masacrador de indios” que también le prodiga. Sobre la extracción sociológica de Rosas y la direccionalidad de su gestión política y económica ya se ha escrito mucho por lo que el autor de la nota debería estar actualizado, en cuanto a las relaciones de Rosas con los indios le recomendamos que consulte los propios testimonios de los indios de la época, aunque sabemos que las obras revisionistas fueron y son en gran parte silenciadas antes que refutadas o calumniadas antes que leídas. Por lo que vamos a detenernos en una perla que el autor cree encontrar para denigrar a Rosas y de paso pretende politiquear con la historia intentando un patético paralelismo entre Videla y Galtieri con Rosas.
Se trata del juicio que se les efectuó a los Reinafé –gobernador federal de Córdoba- y sus hermanos, acusados del asesinato de Quiroga ocurrido en Córdoba el 16 de febrero de 1835.
El contexto histórico es el siguiente: fusilamiento de Dorrego y sus oficiales en Buenos Aires, asesinato del gobernador Latorre de Salta, asesinato de Quiroga en Córdoba, conspiraciones de los unitarios para retornar al poder etc., anarquía en suma. La Sala de Representantes sin vacilar y unánimemente designa a Rosas gobernador de Buenos Aires con la Suma del Poder Público, contexto que el autor omite. Omite también decir que Rosas exigió el juicio de los criminales en Córdoba. Omite decir que José Vicente Reinafe, el gobernador, un día antes del asesinato, se trasladó a la Villa del Rosario preparando su coartada, delegando el mando en su ministro Domingo Aguirre. Omite decir que Aguirre nombra una comisión investigadora integrada por dos empleados del mismo gobierno, uno de ellos sobrino de Francisco Reinafe. Omite decir que la comisión designada da largas al asunto y finalmente acusa a una partida santiagueña. Omite decir que, vuelto José Vicente, sigue dando largas al asunto expresando “esperemos el bostezo de los pueblos sobre el acontecimiento del finado Quiroga el que creo que quede en los papeles” en carta a su hermano Francisco. Se suceden los meses; la impresión era que se echaba tierra y todo quedaría en el olvido. El 7 de agosto a José Vicente en la gobernación le sucede Pedro Nolasco Rodríguez, suegro de José Antonio Reinafé. Ya habían pasado seis meses sin decisión. Rosas entra en cólera y exige el enjuiciamiento de los responsables. Finalmente, ante las presiones de Rosas, Rodríguez anuncia la captura de los hermanos Reinafé, dejándolos escapar previamente.
Francisco escapa a Montevideo, José Antonio a Antofagasta, Guillermo se esconde en las sierras. Los únicos detenidos son José Vicente, que cuenta con la coartada de haber delegado el gobierno, y Santos Pérez, el jefe de la partida asesina.
Rodríguez, en un último intento en salvar a sus parientes, dispone la confección de un tercer sumario; nueva dilación. Rosas, con la anuencia de Estanislao López pide derechamente al congreso provincial que se elija gobernador a Manuel López. Después de otras dilaciones a cargo de Santiago Derqui, presidente del congreso cordobés, es nombrado Manuel López y éste remite a los presos que han sido recapturados a Buenos Aires.
Por resolución de las provincias, cosa que también omite decir el plumífero a sueldo; Buenos Aires a través de Rosas debe juzgarlos.
Rosas delega el sumario y la sentencia en Manuel Vicente Maza, detalle que también omite decir el plumífero de marras. Santos Pérez confiesa haber seguido directivas de sus superiores, Guillermo como José Vicente y José Antonio culpan a Francisco fugado a Montevideo. Los procesados nombran a sus defensores. Uno de ellos Marcelo Gamboa presenta un escrito. No hace una defensa de fondo sino una requisitoria contra la falta de una constitución escrita. A su entender, los Reinafe no podían ser juzgados por una delegación de los gobernadores provinciales por Buenos Aires y pide publicar su defensa. Rosas se molesta con duro lenguaje “solo un atrevido insolente, pícaro legista…etc” ha podido presentarse bajo la apariencia de ejercer un derecho de defensa “un pedido de publicar un escrito de propaganda política”. Rosas lo condena a subrayar “uno a uno los renglones de su atrevida presentación”, no salir a más distancia de veinte cuadras de la Plaza de la Victoria, no ejercer su profesión de abogado. “No cargar la divisa federal” si no cumpliese sería “paseado por las calles en un burro celeste”. No se sabe si Gamboa cumplió la pena de subrayar “los renglones”…ni de alejarse más de veinte cuadras, posiblemente cumplida por tratarse de una ciudad cuyo radio urbano no pasaba de quince cuadras. Pero no fue cumplida la de no ejercer su profesión porque ese mismo año firmaba escritos profesionales, incluso siguió el proceso de los Reinafé. Todo esto lo omite el turiferario de turno. Gamboa no fue perseguido ni paseado en el burro celeste ni sufrió arrestos ni visitas de la policía en los tiempos difíciles de 1840 y 1843. Ni tampoco Gamboa después de Caseros reclamó por alguna persecución en épocas de Rosas. Maza se pronuncia finalmente aconsejando el fusilamiento de Santos Pérez, los Reinafé que quedan y 17 de los 28 efectivos de la partida. Pasó la sentencia a Rosas que pide dictamen al asesor de Estado Dr. Lahitte quien solicita su confirmación. Los defensores, entre ellos Gamboa a quien se le ha levantado la inhibición, piden que se conmuten las penas. Rosas solicita informes a Maza y Lahitte que se pronuncian por el cumplimiento de la sentencia pero aconsejan se rebajen la de los soldados.








En la sentencia definitiva del 9 de octubre de 1836, de 17 soldados sentenciados se reducen a 3. El 26 de ese mes se efectúa la ejecución de los asesinos de Quiroga.



El Sr. Moreno en su nota en Clarín alijeró las cosas, silenció hechos y circunstancias, descontextualizó el relato, se valió de gazapos repetidos y descalificados por la investigación y quiso politiquear con la historia.



Esto último un escritor que estime su oficio no lo debe hacer y es definitivamente imposible cuando no se sabe historia ni se interpreta medianamente la política.

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