Rosas

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martes, 1 de mayo de 2012

Alejandro Olmos...un patriota silenciado

Por Alberto González Arzac

Alejandro Olmos, fue un político importante en la segunda mitad del siglo XX a pesar de que no ocupara cargos ni figurara su nombre en los medios de comunicación masiva. Fue un periodista notable, de pluma tocante, emotiva y valiente. Fue un escritor y pensador político privilegiado, cuya palabra oral o escrita se escuchó con respeto. Y fue un bohemio, capaz de tumbar tabúes como el de la deuda externa, pero incapaz de sacar provecho personal de los valiosos servicios a la Patria.


Ha sido sistemáticamente silenciado, podría decirse ocultado; al punto que Norberto Galasso en el bosquejo biográfico realizado para la reciente cuarta edición del libro de Olmos sobre 'La Deuda Externa' pudo afirmar que para los diccionarios y enciclopedias del siglo XX 'Olmos, Alejandro no existe'. Tampoco para los historiadores del siglo que se fue.Sin embargo Olmos en los años '40 fue un joven político que se entrevistó asiduamente con Juan D. Perón, con Evita, con John W. Cooke, los curas Hernán Benítez, Virgilio Filippo, dirigentes de todos los partidos y que en los años '50 adquirió notoriedad en la resistencia contra la dictadura militar.

Fue un periodista brillante, que llegó a Buenos Aires desde Tucumán durante la 'década infame' acompañando nada menos que a José Luis Torres, para después actuar junto a otros grandes, como Enrique Oliva (Francois Lepot), Fernando García della Costa, Américo Barrios, Atilio García Mellid, Valentín Thiebaut, Rodolfo Walsh y tantos más.Fue estudioso, pensador político y escritor que alternó inquietudes intelectuales con Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Leonardo Castellani, Leopoldo Marechal, Ernesto Palacio, Arturo Sampay, José María Castiñeira de Dios, Fermín Chávez, José María Rosa, Osvaldo Guglielmino y muchos otros.

La familia Olmos es una estirpe arraigada en Tucumán: apellido castellano de tenientes gobernadores coloniales del siglo XVII, de militares y funcionarios de la Independencia y de uno de los constituyentes de la fugaz República de Tucumán en 1820. Nuestro homenajeado sonrió evasivamente alguna vez que le inquirí sobre sus antepasados porque su proverbial modestia le incomodaba referirse al tema (incluso entre amigos), aunque ostentaba con orgullo su condición lugareña de tucumano.



Algunos pantallazos de la fecunda vida de Alejandro Olmos ilustran acabadamente su accionar político desde 1945, cuando ingresó con sus ideas nacionales al naciente movimiento peronista. En agosto de 1946 ya se estaba oponiendo a que el gobierno de Perón ratifique las Actas de Chapultepec y la creación de la OEA (Organización de Estados Americanos). Esa libertad de criterio sería un valor fundamental que alguna vez Cooke le recriminó delante de Perón, pero éste comprendió perfectamente por qué Olmos -por sobre las discrepancias- continuó adhiriendo al peronismo sin afiliarse jamás al Partido Justicialista. Es que (al igual que Jauretche, Scalabrini Ortiz o Sampay) Olmos fue un político que supo participar manteniendo su independencia.

En noviembre de 1955, pocas semanas después del golpe de Estado que derrocó a Perón, Olmos comenzó a publicar 'Palabra Argentina', periódico tabloide de ocho páginas que componía el taller de Fontevecchia (padre), desde donde combatió a la dictadura militar pese a que el Decreto 4161 calificaba como delito cualquier publicación peronista. Cambió varias veces de formato, de periodicidad, de imprenta, mas invariablemente sufrió persecución, allanamientos, secuestro de ediciones, censura y cárcel. Nada lo detuvo porque 'Palabra Argentina' circulaba de mano en mano en miles de ejemplares que se editaban en la clandestinidad, como recordó Miguel A. Moyano en su obra sobre el periodismo de la resistencia.

Fustigó desde allí la derogación por bando militar de la Constitución de 1949 y las atrocidades que la sucedieron: incorporación al FMI, Plan Prebisch, matanzas de Lanús y José León Suarez y los fusilamientos del general Juan J. Valle y otros militares, entre los que se contó su primo hermano y gran amigo, coronel Ricardo Ibazeta. Y siguió por años así, denunciando arbitrariedades como el Plan Conintes, en defensa de miles de trabajadores detenidos sin acusación ni juzgamiento. Es que Olmos fue periodista de la libertad, capaz de combatir la dictadura aún desde la cárcel.

Las 160 ediciones del periódico son un testimonio de nuestra historia contemporánea. De la correspondencia entre Perón y Cooke puede extraerse una expresión reveladora de la importancia que tuvo 'Palabra Argentina', cuando Cooke le escribió a Perón aludiendo alguna diferencia de opiniones con Olmos y expresando: 'General, lo que pasa es que a Palabra Argentina la leen un millón de argentinos'. Eramos entonces casi veinte millones de habitantes y ningún diario comercial superaba la tirada de ese periódico prohibido. Digo esto para aquellos que no recuerdan quién fue Olmos: sepan que fue tanto o más que otros periodistas famosos que no acusaron dictaduras sino que las sirvieron, ni saben lo que es la libertad de prensa porque la confunden con los intereses empresarios.

 Al conmemorarse el primer aniversario de los fusilamientos de junio de 1956, Olmos organizó en el número de 'Palabra Argentina' aparecido el 4 de junio la 'columna del silencio' en esta Capital. Una multitud de varias cuadras, muchos miles de personas, caminaron silenciosamente desde Córdoba y 9 de Julio a la Plaza San Martín para depositar flores en el monumento del Libertador sobrellevando la represión policial, los gases lacrimógenos, los carros de asalto y las detenciones. 'Cada mujer, cada hombre habrá de llevar una sola flor -decía Olmos- para depositar como símbolo de solidaridad en el dolor. No habrá vivas ni mueras. No hará uso de la palabra orador alguno. No puede haber nada más elocuente que el silencio'. Es que Olmos sabía enfrentar las bayonetas con una flor y también era ducho en calibrar la fuerza devastadora del silencio.Aquella enorme concurrencia presagió la derrota del gobierno militar frente al 'voto en blanco' en las elecciones de constituyentes de 1957, que se realizaron poco después. Olmos fue preso, pero la marcha muda dinamitó pacífica y silenciosamente las veleidades constitucionales de la dictadura, como semanas después lo haría el voto de la ciudadanía.

No existían entonces las encuestas, pero Olmos era pionero de las estimaciones electorales. Su perspicacia suplía los modernos métodos de hoy.Con similar entusiasmo participó Olmos de las inquietudes del 'revisionismo histórico', realizando trabajos relativos a las relaciones de José de San Martín con Juan Manuel de Rosas en el seno del Instituto de Investigaciones Históricas que lleva el nombre de éste y organizando al promediar el siglo una 'Comisión de Repatriación' que estuvo integrada por personalidades: Manuel Gálvez, Ernesto Palacio, José María Rosa, John W. Cooke, Luis Soler Cañas y otros. Es que Olmos fue celoso de la Soberanía argentina y devoto de los próceres que velaron por ella.

Cuando algunos revisionistas se embarcaron en el golpe militar de 1955, Olmos les dijo: 'Amigos, ustedes están equivocados. Esto es un nuevo Caseros'. Y en 1973 cuando otros amigos quisieron proponerlo para cargos en el gobierno democrático instalado ese año, Olmos les contesto: 'Yo no sirvo para esto; en los momentos difíciles, sí. En los del triunfo, no'.Y los instantes dramáticos volvieron en 1976, cuando se reintegró a la lucha. Dudas no caben que la mayor virtud de Olmos fue haber desnudado entonces la deuda externa 'que siempre nos ocultaron', como decía él. 'La mayor estafa al pueblo argentino', como la calificó Diego Musiak en un film documental que resume los desvelos de Olmos.

Estaba dando sus últimos coletazos el Proceso militar en 1982 cuando Olmos inició una denuncia en el Juzgado Criminal Federal N° 2 destinada a arrancarle a la Justicia una decisión histórica, 'impulsada titánicamente y patrióticamente por Don Alejandro, hasta consumir los últimos días de su existencia', dijo el doctor Juan Carlos Foerster que fue secretario de ese juzgado, quién apuntó que gracias a ello 'la República Argentina es el único país del mundo que pudo realizar la investigación judicial de su mal llamada deuda externa, teniendo dicha investigación trascendencia internacional'.Olmos aportó las pruebas necesarias para demostrar que se trató de una deuda fraguada y en febrero de 1990 dio a conocer su libro 'Todo lo que usted quiso saber sobre la deuda externa' corriéndole el velo a la impudicia.

Fue groseramente silenciado porque desentonaba con la intentona neoliberal de aquella Argentina dolarizada que quería penetrar en el 'primer mundo' con euforia privatizadora y seducida por el apetito de las 'relaciones carnales'.Olmos nos mostró la realidad que muchos no quisieron ver. Aportó pruebas, documentos, testimonios, pidió indagatorias, informes, pericias, que decían como se habían endeudado las empresas públicas y el país perjudicando al Estado nacional y permitiendo lucros indebidos de los acreedores.Como la Justicia era lenta Olmos instó la formación del Foro de la Deuda Externa para movilizar la opinión pública y en 1995 llevó también su denuncia a un Jurado Popular presidido por Adolfo Pérez Esquivel que por primera vez cumplió viejas cláusulas constitucionales sobre este tipo de juicios. Tuve el honor de presidir la Cámara de Sentencia que impuso condenas morales a José A. Martínez de Hoz, Domingo Cavallo y otros cómplices.
Olmos no sólo ejerció su apostolado por el interior del país, sino que también concurrió especialmente invitado a foros internacionales, donde demostró la realidad y el fraude del endeudamiento de naciones sometidas al imperialismo financiero.Pocos días antes de morir Norberto Chindemi le hizo un hermoso reportaje. El cuerpo de Olmos se agotaba pero su pensamiento era viril, conservaba la fuerza de siempre. Por ello sus convicciones trascendieron su vida mundana.Finalmente, después de dieciocho años, cuando ya Olmos había fallecido, el Juez Jorge Ballesteros en Buenos Aires dictó sentencia considerando prescripta la acción penal, pero con la particularidad de reputar veraces numerosas denuncias, elevando las actuaciones al Congreso de la Nación, en cuya Cámara de Diputados se encuentra.Desde entonces, hasta el FMI ha debido hacer su autocrítica sobre la deuda externa argentina; incluso admitió alguno de sus errores. El que no ha reaccionado aún es el Congreso Nacional, como cuando Alejandro Olmos transitaba estos pasillos reclamando infructuosamente el cumplimiento del precepto constitucional que lo obliga a actuar en cualquier arreglo de la deuda externa. Por eso, todos valoramos este homenaje de senadores y diputados que hace alentar esperanzas de que el Congreso un día no lejano cumpla con la cláusula que la Constitución argentina tiene desde 1853. Será entonces cuando el recuerdo de Olmos se convierta en voz de la conciencia colectiva para lograr del Congreso una decisión histórica que ponga fin a esta estafa contra todos los argentinos.

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