Rosas

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viernes, 30 de octubre de 2015

Bernardino González Rivadavia en 1824...



Por Jorge Abelardo Ramos

Rivadavia, "personaje de tono clásico y de maneras teatrales... que convencido de su importancia vivía en profundas meditaciones", Dios de los importadores ingleses, enemigo de San Martín y de Bolívar, personaje al que pronto veremos entregar la Banda Oriental a la "independencia inglesa" y que recibió la victoria de Ayacucho como un acontecimiento perturbador.  Era tan feo que sus adversarios aldeanos le llamaban el "sapo del diluvio". Vestía casaca redonda y espadín de traje de etiqueta cuando ejercía algún cargo público. Su figura tornábase ridícula cuando aparecía con su calzón tomado con hebillas y las medias de seda negra que ponían de relieve el vientre enorme y, las flacas piernas. 
 
El espectáculo adquiría un tono patético por el aire presuntuoso y distante de don Bernardino. Era la mejor encarnación de la "nobleza de toga" formada en las Universidades coloniales. Lejos de representar el espíritu revolucionario del "jacobinismo", como lo creerán cándidamente los liberales del tipo de José Ingenieros y los nacionalistas como Federico Ibarguren, Rivadavia expresaba en el Río de la Plata la contrarrevolución.
El cónsul norteamericano en Buenos Aires, John Murray Forbes, escribía a su Secretario de Estado, Adams: "Esta ciudad recibió loca de alegría la más importante noticia del Perú que jamás haya conmovido el corazón de este pueblo... salvas de artillería en el fuerte, fuegos de artificio por todos lados y acordes musicales por todas las bandas militares, acompañados por aplausos y cantos patrióticos de centenares de ciudadanos, por todos los ámbitos de la ciudad".
Añadía significativamente: "Hay personas de alto rango que han recibido la gloriosa noticia con reacciones equívocas, consternados por el anuncio de los patriotas de una próxima visita del gran regenerador, único que sería capaz de cambiar aquí la opinión pública".
Gabriel René-Moreno recuerda en su obra la campaña sistemática de la prensa porteña contra Bolívar en El Argos y El Nacional papeles oficiales del ministerio rivadaviano. "El Grupo de intelectuales de El Nacional era, sin disputa, la nata del unitarismo trascendente. Así califico al porteñismo, autor de los dos desasimientos del Norte y de Oriente en la Provincias Unidas, para los fines de una hacedera hegemonía concéntrica; así calificó al porteñismo del apartamiento del Plata en América para la más peculiar y expedita europeización de brazos, capitales y comercio.    Los contrarios, es decir, los amantes de la gran Patria argentina, promotores en Buenos Aires de la reconstrucción nacional en forma federativa dentro de los límites y con los vínculos del virreynato, mirando hoy más que nunca en menos aquellas viejas ideas y miras bonaerenses, sentíanse firmes, alentando unidos con la muchedumbre que celebraba en calles y plazas la victoria de América. Pero es la verdad que social y políticamente nunca pasaron de ser una porteña minoría... bien pronto, junto con la propia muchedumbre, fue esa minoría arrollada en la provincia por el particularismo positivista del otro bando".
Mientras el pueblo de Buenos Aires celebraba conmovido la victoria de Ayacucho, los ingleses se ocupaban de cosas prácticas. Se firmaba el tratado de amistad y comercio con Gran Bretaña: ésta reconocía diplomáticamente, en cambio, a las Provincias del Río de la Plata. El tratado era del mismo género que el firmado poco antes en Colombia y que mereció el conocido juicio de Bolívar. Pero en Buenos Aires no se libraba ninguna batalla por la independencia y tampoco había en la "ciudad hanseática" ningún Bolívar. El general San Martín había abandonado el país con riesgo de su vida, vencido por Buenos Aires. Era un proscripto en Europa. 
 
Poco antes el Deán Funes escribía al ministro Mosquera: "El General San Martín se halla aquí: es muy menguada la acogida que se le ha hecho. Parece que el 15 de éste se embarca para Londres llevando consigo a su hija". 

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