Rosas

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sábado, 31 de octubre de 2015

José Gervasio de Artigas



Por Jorge Abelardo Ramos
Artigas pertenecía a una de las 7 familias que fundan la ciudad de Montevideo. Su abuelo, el aragonés Juan Antonio Artigas, había sido Alcalde de la Santa Hermandad por nombramiento del primer Cabildo de Montevideo.13 El futuro caudillo era la tercera generación de militares y hacendados orientales que combatía en la frontera contra el vecino portugués; éste invadía regularmente la Banda Oriental y fomentaba el contrabando de ganado. Su padre, Martín José Artigas fue capitán de milicia, el más alto cargo militar a que podía aspirar un criollo de la época.
La juventud de Artigas transcurre justamente en la frontera con el portugués. Su carácter se forja enfrentando las correrías de los contrabandistas en el cuerpo de Blandengues al servicio de España. La particular psicología del hombre de frontera, con su agudo sentido de la soberanía territorial, encuentra su más demostrativo ejemplo en la personalidad de Artigas. A este oscuro oficial del Rey la historia la reserva una relación con otro hombre excepcional. A fines del siglo XVIII residía en la Banda Oriental, desde hacía veinte años, una de las grandes personalidades de la Ilustración española, Don Félix de Azara. Era un militar y un hombre de ciencia, naturalista, geógrafo, ingeniero y civilizador.    El propósito de Azara, con quien colabora Artigas, consiste en arraigar población en la frontera para imprimir solidez demográfica y económica a la demarcación. Por esa razón recomienda al Rey "dar libertad y tierras a los indios cristianos" y "repartir las tierras en moderadas estancias de balde a los que quieran establecerse cinco años personalmente, y no a los ausentes". 
 
Estos últimos, habían llegado a ser grandes propietarios, sea por mercedes reales o por favoritismos locales, aunque no eran en realidad estancieros, sino comerciantes del puerto.     El reformismo agrario de los Jovellanos parecía asumir mayor fuerza en América que en España. Artigas fue designado por Azara para "la tarea de repartir las mercedes de tierra entre los pobladores. Peninsulares, criollos, indios y negros de varia condición social y económica, fueron los pobladores".
Entre los beneficiarios abundan los apellidos guaraníticos.
Cabe imaginar las estrechas relaciones entre el militar gaucho que distribuye tierras y los indios cristianos de las destruidas misiones, que por primera vez en décadas reciben apoyo del orden vigente. Pero si los indios guaraníes fijan su atención en Artigas, también Artigas aprenderá junto a Azara la esencia de una política agraria democrática, (en el sentido original de esta expresión y no en su pervertido uso actual).   Será muy claro para Artigas que los guaraníes son mucho más civilizados y dignos de confianza que los sórdidos consignatarios de cueros y astas de Montevideo, enriquecidos a costa de la sangre y del esfuerzo de los pioneros fundadores de la ciudad.    En los indios que se disponen a vivir riesgosamente en la gran frontera, a defenderla y a trabajar la tierra, Artigas advierte a los civilizadores; en la burocracia española que desdeña los informes de Azara, un carácter obtuso y formalista que resultará fatal a la integridad territorial; en los grandes comerciantes montevideanos, propietarios de inmensas rinconadas, un parasitismo venal que le repugna. Cuando los portugueses se apoderan en 1801 de las Misiones Orientales, la colonización iniciada por Azara y Artigas, es destruida por los esclavistas, sin que los militares españoles reaccionen.  Al levantar en 1811 la bandera de la revolución, detrás de Artigas se alistarán los indios misioneros.     El caudillo indígena de las Misiones, Andrés Guaycurarí, será el hijo adoptivo de Artigas.    Desde entonces el célebre e indomable Andresito firmará como Andrés Artigas. Los indios de las Misiones llaman al caudillo Caraí-Guazú.
Al ponerse en marcha la revolución artiguista, al odio concentrado de godos, porteños y portugueses se añadirá la alarma de los grandes comerciantes y estancieros de Montevideo, que rechazan sus repartos de tierra.   Artigas faculta a sus oficiales, como Fernando Otorgues, Encarnación Benítez, el mulato Gay y otros, a entregar campos de españoles o enemigos de la patria.   Ninguna política podía ser peor para la gran burguesía del Puerto. En ese hecho decisivo se funda la defección de la clase estanciera y de sus principales lugartenientes, como Fructuoso Rivera, que capitula ante el portugués.   Toda la burguesía comercial de Montevideo y todos los estancieros que no deseaban vivir en la campaña, traicionan a Artigas y a la Banda Oriental. Es la misma "gente decente" que recibirá al general Lecor bajo palio cuando las tropas portuguesas se apoderan de la ciudad y se arrodillará ante el Emperador del Brasil. Con Artigas, nieto del fundador de Montevideo, quedarán tan solo los paisanos pobres y los indios guaraníes.
Todo lo cual explica que durante casi todo el siglo XIX se impondrá en el Uruguay la locución "más malo que Artigas" y la formación de su leyenda negra. Mitre, López y la historiografía del separatismo porteño lapidará como "bárbaro" al caudillo que consideró hermanos a los indios y se propuso hacer de la Banda Oriental una provincia en el seno de la Nación sudamericana.
Su acción militar y política se prolonga sólo diez años. Inicia la lucha contra los absolutistas españoles en la Banda Oriental y los gauchos, hacendados e indios que lo siguen lo proclaman "Jefe de los Orientales". Al mismo tiempo, los portugueses, con la sombra británica que los había seguido hasta América, aprovechan las dificultades del reino de España e invaden la Banda Oriental.
Artigas se vuelve contra ellos, después de vencer a los españoles. Esta titánica lucha se complica por la resistencia de los gobiernos de Buenos Aires a prestarle su ayuda. Por el contrario, facilitan la acción portuguesa ante la ira de Artigas y de todas las provincias. Los diputados orientales artiguistas a los Congresos convocados por Buenos Aires son rechazados.
Su caudillo es infamado en la prensa porteña y su cabeza puesta a precio. Los propios estancieros orientales, que en el primer período artiguista lo habían acompañado, lo abandonan. Sólo compone su ejército una muchedumbre de paisanos andrajosos e indios indómitos descendientes de aquellos guaraníes de las Misiones jesuíticas. Uno o dos letrados, y secretarios que escriben al dictado en campamentos móviles, difunden las proclamas, bandos, manifiestos y correspondencia que sostiene con los jefes revolucionarios.      Su prestigio se propaga más allá de su provincia natal. Las nuevas provincias que surgen después del dominio español -Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, las Misiones, Córdoba- le otorgan el título de "Protector„de los Pueblos Libres".
¿Por qué este amor y por qué aquel odio? Artigas es el único caudillo de las guerras de la Independencia que combina en su lucha la unidad de la Nación con la revolución agraria y el proteccionismo industrial en los territorios bajo su mando. 
 
Todo era elemental, pero nítido en este movimiento popular revolucionario nacido en fa Banda Oriental y que buscaba crear la Nación dentro de los límites del viejo Virreynato.    Al no aceptar la hegemonía de Buenos Aires, y al esgrimir semejante programa, Artigas debía sufrir la agresión de los intereses porteños y extranjeros, que eran poco más o menos lo mismo, según se verá luego. Buenos Aires adula y corrompe a uno de sus lugartenientes de Entre Ríos, como antes sus estancieros y lugartenientes de la Banda Oriental habían accedido a las insinuaciones de los portugueses.
Derrotado en Tacuarembó por los veteranos portugueses de las guerras napoleónicas, perfectamente armados y con una abrumadora superioridad material, Artigas se repliega hacia Entre Ríos. Allí lo espera para traicionarlo uno de sus oficiales, Francisco Ramírez, que sobornado por el dinero de Buenos Aires, le asesta el golpe final. Sin darle tiempo a rehacerse, pues toda la campaña del interior argentino engendraba en pocos días ejércitos artiguistas, Ramírez emprende la persecución del gran caudillo, que, perdido ya, se interna en las selvas paraguayas y se acoge a la protección del Dr. José Gaspar de Francia, Supremo Dictador.
La ocupación portuguesa de la Banda Oriental y la pérdida del puerto de Montevideo, descalabra el sistema federal de los pueblos asociados a Artigas en la lucha contra la hegemonía de Buenos Aires. Los pueblos del Litoral se veían obligados a buscar un acuerdo con Buenos Aires, dueña del único puerto en condiciones de comerciar. En este hecho, señala Reyes Abadie, se encuentra la base material de la traición de Ramírez al Protector de los Pueblos Libres
Es en 1820. En el Paraguay permanece Artigas durante 30 años, donde muere después de ver desvanecida la esperanza de una Nación unificada.
Pues en su solar nativo, en la Banda Oriental, justamente, la perfidia angloporteña fundará en esa provincia, otra "Nación". Vencido e indomable, ya muy anciano, Artigas responderá con una frase tajante a la invitación de algunos amigos para regresar a la Banda Oriental después que esa tierra habíase transformado en "Estado Independiente" bajo la forma de República Oriental del Uruguay: "Ya no tengo patria".   Había fracasado en reunir a las provincias del Plata en Nación y rehusaba volver a su provincia convertida en "patria".
* La admisión de Artigas como "héroe nacional" fue muy lenta" en el Uruguay.   La oligarquía se resistió largo tiempo a beatificar al caudillo que había repartido tierras a gauchos e indios. Finalmente, cuando se resolvió a hacerlo, amputó a Artigas de las Provincias Unidas del Río de la Plata y lo convirtió en prócer de una de ellas.
Los ingleses fueron más categóricos. En The Cambridge Modern History, de 1949, que estudian los alumnos de la célebre universidad, se definía a Artigas como "jefe de contrabandistas, bandido y degollador" que introducía a sus enemigos en sacos de cuero cosidos y los arrojaba desde lo alto de la meseta del Hervidero. Esto ya lo habían descubierto hacía mucho tiempo los historiadores porteños de la Argentina, Mitre y Vicente Fidel López. 
 
Al caer derrotado Artigas por las intrigas de Buenos Aires, las tropas portuguesas ocupan la Banda Oriental y la incorporan al Imperio pro-británico bajo el nombre de "Provincia Cisplatina". La sumisión de la Corte Imperial de Río a Gran Bretaña no necesita ser demostrada, pues está expuesta en toda la historia europea y americana de las relaciones de la Casa de Braganza con el Imperio Británico. Traídos a América por la flota británica poco menos que a la fuerza, frente a la invasión napoleónica, los Braganza no habían cambiado su mansedumbre bajo el flujo del nuevo clima.

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