Rosas

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jueves, 1 de marzo de 2012

El Padre Ezcurra ante los restos del Restaurador

Por el Dr. Julio R. Otaño

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Es un pequeño homenaje al Admirado y admirable Padre Alberto Ezcurra. Es curioso que no se encuentren documentales sobre la repatriación de los restos del Restaurador. Recuerdo que ese dia de setiembre de 1989 estuve con dos amigos, vestido con un poncho rojo punzo que me envió especialmente mi tio de corrientes,....Me ubiqué detras de la cureña y en medio de un gentío enorme fuimos caminando hasta el cementerio de la recoleta....recuerdo que cuando entramos en avenida callao desde los edificios arrojaban flores....Al llegar al cementerio y a pesar de la multitud me encontré con el inolvidable Jaime González Polero quien me invitó a concurrir al Instituto Juan Manuel de Rosas de Gral San Martín.. yo tenía un poco mas de 20 años y realmente nunca pensé que los restos del Ilustre patriota regresarían con todos los Honores a su patria, a la que habia amado tanto y a la que dedicó los mejores años de su vida...Ahi escuche una brillante y emotiva misa de cuerpo presente a cargo del Padre Alberto Ezcurra, quien realmente me hizo llorar de emoción y me sigue (aun 21 años despues) haciendo llorar emocionado.
Alberto Ignacio Ezcurra nació Buenos Aires el 30 de julio de 1937 y murió el 26 de mayo de 1993. Su sangre provenía de los más patricios apellidos de la Argentina. Era el séptimo hijo de una de las figuras claves del revisionismo histórico y uno de los fundadores del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, en 1938. Alberto Ezcurra Medrano, quien influye en el pensamiento y en la formación de su hijo, el futuro jefe del Movimiento Nacionalista Tacuara, la que para algunos fue la más popular organización de militancia juvenil de fines de los '50 y los '60.
Alberto Ezcurra Uriburu era un joven austero. Toda su vida usó lentes de gruesos cristales y marco negro bajo unas cejas espesísimas. Poseía una sólida y bastísima formación. Pero con la humildad que lo caracterizaba, jamás hizo alardes ni posaba de doctor. Era inteligente, astuto y muy estudioso. Su cuarto, en la casa paterna, parecía la habitación de un monje; la pared estaba toda pintada de blanco y su única ornamentación era un crucifijo que colgaba sobre la cabecera de la cama.
Era un gran orador; Poseía firmes convicciones y carisma. Admirado y cuestionado, ya que no tenía pelos en la lengua, llamaba a cada cosa por su nombre. Solía concurrir al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas donde recibía charlas de José María Rosa o Arturo Jauretche que les daban una versión de la historia distinta de la liberal, aunque también frecuentaban la trastienda da la librería Huemul, y asistían a conferencias de nacionalistas católicos como el Padre Julio Meinvielle, o de Jordán Bruno Genta.
En el año 1957 con algunos amigos funda el Movimiento Nacionalista Tacuara.
Ezcurra definía sus ideas y las de Tacuara de la siguiente manera: "Nuestro movimiento, que procura instaurar un nuevo orden, es cristiano en cuanto afirma la primacía de los valores espirituales y permanentes en el hombre y en la sociedad; nacionalista, en cuanto sostiene a la Nación como unidad social suprema, y socialista por su concepción económico-social, anticapitalista, revolucionaria y comunitaria". Tacuara terminó dividiéndose y disolviéndose y entonces Alberto Ezcurra retornó al seminario y terminó consagrado al sacerdocio; lo hizo primero en Paraná, Entre Ríos, y luego en San Rafael, Mendoza. Cuando el Padre Alberto misionaba elegía los parajes más desatendidos e inhóspitos, allí donde los criollos habían sido abandonados a su suerte por la perversidad del sistema dominante. Y volvía de la misión, rico en experiencias apostólicas y en decires campestres que solía aplicar en sus clases y cursos. El 26 de mayo de 1993 murió de un cáncer el cura Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu. Todo su intenso paso por este mundo fue "Milicia y servicio", la simbiosis de la "espada y la cruz".

5 comentarios:

  1. Me alegro Julio que tengas unas palabras para mi amigo casi de la infancia, el camarada Alberto.
    Recuerdo haberlo conocido en el 52, cuando al concurrir a conferencias en el Instituto Rosas, de la vieja casa de la calle Perú 252, identifiqué otro chico de mi edad (14 años) al que también le interesaba la historia y la política. Nos olfateamos como cachorros de la misma camada y desde allí iniciamos una excelente relación, que pese a no coincidir en todo, coincidíamos en lo básico.
    Recuerdo que Alberto se unía a la columna de la Alianza - a la que por entonces yo pertenecía - cuando había concetración peronista en plaza de mayo. - Pero Alberto, ¿que hacés aquí si vos no sos peronista? - Es que me encanta entrar a la plaza gritándo "SAN MARTÍN ROSAS PERÓN".
    Era sin dudas una persona de una gran inteligencia y una comprensión y respeto por el otro que hizo que fuese de mis más grandes amigos y - por que no - formadores.
    Una cosa quiero aclarar: Tacuara se fundó en momentos en que Alberto aún estaba en el seminario de los Jesuítas, por lo que no participó en la fundación del "Grupo Tacuara de la Juventud Nacionalista" como se llamó originalmente.
    Ya de sacerdote no tuve oportunidad de tratar con él y - confieso - tampoco lo busqué porque tenía temor de no coincidir plenamente con su posición en la iglesia.

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  2. Perdón; Mi comentario salió como "anónimo" porque para firmarlo el sistema me pedía pertenencia a las "redes sociales" y yo no soy pescado para ninguna red.
    Mi firma es:
    Eduardo Rosa

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  3. Carancho de Monte08 julio, 2010 16:16

    LA MUERTE DEL PADRE EZCURRA

    Todo está bien, me he puesto la sotana.
    El rosario se anuda entre mis dedos
    Y el viático me alcanza para el viaje.
    La clase ya fue dada, quedan libros
    Entre estampas, recuerdos y cigarros.

    Todo está bien, incluso esta madera
    Que bordea mi cuerpo y lo amortaja.
    Los rezos que sin llanto me despiden.

    Hago memoria: hay pan y un misal viejo.
    Dejé lista la misa de mañana,
    Una vez más diré que yo no escribo.
    La homilía y la arenga se improvisan
    Como el Ave María y el Magnificat.


    Todo está bien, llegaron camaradas.
    Conservan la bandera o el saludo,
    esa costumbre de tomar cerveza,
    discutir en voz alta, acalorarse,
    caminar marcialmente aunque los años
    crujan como un navío a la intemperie.


    Aquí en San Rafael el sol flamea
    -parece un estandarte al mediodía-
    la Ascensión del Señor tuvo su fiesta,
    Pentecostés me espera, ya en la Casa.


    Todo está bien, amigos, la liturgia,
    La unción de los enfermos, el recaudo
    De colocar a modo de epitafio
    La consigna de Job, marechaliana.


    Amé la tierra en su raíz antigua.
    Serví a los pobres cuando no era moda.
    Canté Caudillos en la eneida patria.
    No me perdonan el responso a Rosas.


    Todo está bien. Sirvieron el pescado
    Picante con el vino en damajuanas,
    Ayer de Paraná o de Buenos Aires
    Dos vocaciones nuevas me llamaron.


    Todo está bien. Ya vienen, ya me cargan
    (no parezco pesado esta mañana)
    el cementerio tiene vista al cielo.
    He dejado un licor para la vuelta.

    Antonio Caponnetto

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  4. Excelente la poesia de Caponetto...Querido Eduardo: intenta entrar con tu nombre que lo podes hacer...tenes la opcion de anonimo o nombre...queremos seguir disfrutando de tus notas.
    un abrazo Federal y Patriótico

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  5. El padre Ezcurra tiene muy merecido este homenaje.

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