Rosas

Rosas

lunes, 18 de abril de 2016

"El General Eduardo Lonardi y la Revolución Libertadora", de Julio Horacio Rubé

Por Rosendo Fraga


El autor es un reconocido historiador que ha actuado tanto en la investigación como en la docencia. En mi opinión, su libro sobre el Plan de Pacificación del General Lonardi en el derrocamiento de Perón entra en el género de lo que puede llamarse el personaje y su tiempo, al analizarse la interacción entre un hombre y la época en la que actúa.
Si bien la historia es inagotable en cuanto a que siempre pueden surgir nuevos elementos para reinterpretarla o conocerla mejor -razón por la cual nunca puede decirse que una obra agotó un tema-, sí puede afirmarse que este libro de Rubé es lo más completo que se ha escrito sobre esta temática.
Habiendo realizado una minuciosa tarea de investigación, no sólo revisando todo lo escrito y publicado sino también tomando numerosos testimonios de sus protagonistas o familiares directos, se ha logrado un libro muy completo y fundamentado, sin que por ello pierda amenidad el relato, que lo hace accesible al lector común interesado por la historia de divulgación.
Hay pasajes muy interesantes como en el primer capítulo, en el cual relata el incidente que en los años treinta involucra a Perón y Lonardi en la Agregaduría Militar en Chile, donde el segundo es expulsado al ser descubierto en una operación de espionaje que había iniciado el primero. Para algunos este fue el origen del enfrentamiento entre ambos, que después potencia y proyecta la diferencia política que los alcanza en los años cuarenta.
El libro muestra como Lonardi, un hombre ideológicamente afín a lo que suele denominarse nacionalismo católico, asume una posición crítica y rápidamente opositora al peronismo desde sus inicios, cuando todavía esta corriente político-ideológica tenía un apoyo mayoritario, y se intensifica con la ruptura de Perón con la Iglesia en 1954 (llegará a su máximo nivel el año siguiente, con la quema de las Iglesias en la ciudad de Buenos Aires). 
 
Tras detallar el rol de Lonardi en la conducción del movimiento revolucionario que derroca a Perón en septiembre de 1955, el autor se centra en el núcleo de su trabajo, el llamado Plan de Pacificación con el cual Lonardi pensaba restablecer la paz interior y la concordia política, integrando al peronismo y los sindicatos que habían sido el sustento más importante de Perón.
El autor muestra cómo esta idea política central no es una improvisación frente a las circunstancias, sino una idea política meditada y madurada por Lonardi. Los dos meses que dura su breve gobierno de facto lo muestran moviéndose con un objetivo político claro en este sentido.
Rubé, con acierto y precisión de historiador, logra recrear la época y sus fuertes conflictos y odios políticos, sin lo cual resulta incomprensible entender en su verdadera dimensión los fenómenos políticos del pasado. 
En mi opinión, quizás el error de Lonardi fue no advertir que su altura moral no era la del común y, en consecuencia, no pudo entender los resentimientos, egoísmos, rencores y pequeñeces de los seres humanos, que la política y el poder suelen potenciar y no atenuar.
Pienso que el plan de Lonardi tenía fuertes puntos de contacto con el de Urquiza un siglo antes. Pero éste, mejor conocedor de la esencia del alma humana, supo conducirse con más habilidad y, tras generar sanciones muy circunscriptas sobre miembros del régimen rosista, incorpora a sus personajes y estructuras más relevantes y plasma en el Acuerdo de San Nicolás, la conciliación con los gobernadores de Rosas que al año siguiente permite la sanción de la Constitución Nacional.
Con gran equilibrio, Rubé explica las diferentes corrientes internas que existen en esos momentos en el movimiento revolucionario, del cual, como precisa, el General Aramburu -que sucede a Lonardi en la Presidencia a consecuencia de una suerte de golpe dentro del régimen de facto- no era la vertiente más extrema.
La lectura de este libro permite comprender que las corrientes dentro de las Fuerzas Armadas en realidad eran tres: la de Lonardi, que proponía integrar al peronismo; la de Aramburu, que quería hacerlo en forma limitada y condicionada a través de lo que después fueron expresiones neoperonistas; y la sustentada por la Marina, que proponía excluir al peronismo de toda expresión y participación política.
Como sucedió en otros acontecimientos político-militares de la época, la división dentro del Ejército termina haciendo que finalmente se imponga en las elecciones de 1958 el proyecto de la Marina, que actúa como una Fuerza cohesionada.
Rubé reconoce que en realidad Aramburu termina encarnando, entre 1968 y 1970, el proyecto original de Lonardi cuando emprende negociaciones con el peronismo, que llegan incluso más allá del Plan de Pacificación de su predecesor al incluir el diálogo con el propio Perón, que en trece años ha pasado de ser un líder exilado sin capacidad de conducción efectiva a transformarse en la figura política más importante. 
 
Se trata de un libro de historia, pero que induce un mensaje hacia el presente, al mostrar cómo desechar los caminos de pacificación, optando por los del conflicto, no conducen al país hacia el mejor de los futuros posibles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario