Rosas

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martes, 31 de mayo de 2016

Sobre el hijo santafesino del General Manuel Belgrano

Por Ricardo R. Benavides
Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, siendo su padre un inmigrante ligur llamado Domenico Francesco Gaetano Belgrano Peri, nacido en Oneglia, ciudad-puerto cercana a Génova, Italia; y su madre, una criolla, nacida en Santiago del Estero, llamada María Josefa González Caseros.
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Luego de concluir sus estudios de nivel medio en el Real Colegio de San Carlos (origen del actual Colegio Nacional de Buenos Aires), y de finalizar sus estudios universitarios en España, de regreso al país conoció a María Josefa Ezcurra, nacida en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1785, integrante de una tradicional familia de la Gran Aldea, compuesta por sus padres, Juan Ignacio Ezcurra, de origen navarro de Pamplona, y la criolla Teodora Arguibel. Cabe apuntar que María Josefa tenía varios hermanos y entre ellos, a Encarnación, figura de vital participación en esta poco conocida historia de afectos, sentimientos encontrados y separaciones.
Como expresáramos, hacia el año 1802, cuando nuestro personaje se encontraba en plena juventud comenzó a frecuentar cada vez más asiduamente a María Josefa, ora en tertulias o saraos en casa de familias amigas, ora en encuentros furtivos, naciendo con el paso del tiempo un ardiente e irrefrenable amor, que perduró muchos años a pesar de los contratiempos que impedían su continuidad y cristalización definitiva.
Urgida intervención familiar
Pero al tomar conocimiento los padres de María Josefa de la incipiente relación afectiva que involucraba a su hija con Manuel Belgrano -cuyas pretensiones no aceptaban-, dispusieron, según costumbres de la época, que se celebrara prontamente su matrimonio con un primo de origen navarro, recién llegado del reino de España. Se llamaba Juan Esteban Ezcurra, y efectivamente se concretó, prolongándose la relación durante nueve largos años. Con posterioridad, por razones de índole política vinculadas con la Revolución de Mayo, y otras de carácter personal que se mantienen ocultas para la historia, se produjo la separación de cuerpos de los cónyuges, aunque se mantuvo incólume el vínculo matrimonial hasta el fallecimiento del esposo, acaecido en Pamplona.
A todo esto, Belgrano, que se había trasladado temporariamente a España para realizar sus estudios en las universidades de Salamanca, primero, y Valladolid, después, estaba de regreso en Buenos Aires con su flamante diploma de abogado o, para mejor decir, bachiller en Leyes, según la terminología de la época, título obtenido de manera brillante en una exitosa carrera universitaria. En esos momentos, fuertes sentimientos afectivos lo llevaron a reanudar, aunque en el mayor de los secretos, su relación con María Josefa, quien no había tenido hijos en el matrimonio con su primo.
Sin embargo, por disposición de la Junta de Gobierno, Belgrano debió marchar con urgencia a San Salvador de Jujuy para hacerse cargo de la conducción del Ejército del Norte o, más propiamente, del Ejército Auxiliar del Perú, mientras María Josefa permanecía en Buenos Aires con su familia paterna.
Pero poco después, en una actitud inusual para esa época de rigurosos principios sociales, María Josefa viajó en carruaje a San Salvador de Jujuy para encontrarse con su amado general, asumiendo los riesgos e inconvenientes de un periplo de esa naturaleza, dado lo inhóspito del trayecto y la ausencia mínima de comodidades y ámbitos propicios para descansar con alguna seguridad.
Embarazo en Tucumán, nacimiento en Santa Fe
Por fin, luego de 45 días de un fatigoso viaje cubierto de vicisitudes desagradables e inesperadas situaciones de peligro, nuestros personajes se encontraron en la mencionada ciudad del noroeste a principios de 1811, aunque pronto debieron trasladarse a San Miguel de Tucumán, luego del Éxodo Jujeño ocurrido en agosto de 1812 por determinación táctica del general. Allí vivieron sus momentos de máxima felicidad, quedando María Josefa embarazada en octubre de 1812.
En razón de las circunstancias personales de la futura madre y la vigencia del vínculo conyugal que la unía a Juan Esteban Ezcurra, ambos decidieron que lo mejor sería que el parto se produjera en un lugar alejado de Buenos Aires con el fin de evitar un previsible y fuerte reproche social. Así fue que se eligió la estancia de unos amigos, muy cercana a la ciudad de Santa Fe; probablemente una propiedad de Francisco Antonio Candioti o de Gregoria Pérez de Denis, aunque algunos historiadores sostienen que podría tratarse de un establecimiento rural de Juan Manuel de Rosas ubicado en cercanías de la Villa del Rosario. Lo cierto es que el 29 de julio de 1813 nació el niño que fue anotado y bautizado en la iglesia Matriz (Catedral) de Santa Fe como huérfano o expósito, partida en la que su madre figura como madrina de bautismo.
El niño vivió en Santa Fe algunos meses con su madre, y luego fue adoptado por una hermana de ésta, la ya mencionada Encarnación, quien recientemente había contraído nupcias con Juan Manuel de Rosas. Por eso, el futuro gobernador de Buenos Aires aparecerá en el futuro como padre de la criatura, en tanto que el niño se llamará Pedro Pablo Rosas, hasta la edad de veinte años. En ese momento, Rosas revelará que su verdadero padre había sido el General Manuel Belgrano y que su madre era María Josefa Ezcurra, a quien Pedro Pablo llamaba tía.
Blanqueo de la situación
Al conocer tales hechos, el joven Rosas decidirá adicionar a su apellido el de su padre biológico, pasando a llamarse Pedro Pablo Rosas y Belgrano, nombre con el que fue conocido en el transcurso de su larga carrera militar, en sus relaciones sociales y en sus negocios relacionados con la cría y engorde de ganado vacuno, que fue su principal actividad civil.
En el plano personal, primero será secretario de Rosas, a quien acompañará en su campaña al desierto y luego se incorporará al Ejército, donde alcanzará el grado de coronel, participando activamente en luchas contra los indios y los caudillos que combatían al Restaurador.
Luego de la caída de Rosas, al no contar con su apoyo, y habiendo el nuevo gobierno confiscado todos sus bienes, marchará a fines de 1855 a Santa Fe (antes había estado viviendo un tiempo en la ciudad de Rosario), donde las autoridades de esta provincia le habrán de encomendar tareas de defensa de las fronteras norte y oeste, acosadas de continuo por distintas tribus indígenas.
Transcurridos cuatro años en la zona del Litoral, regresará a Buenos Aires, y en 1859 será designado por el General Justo J. de Urquiza comandante de las fuerzas con asiento en Azul, sitio en el que concluirá su carrera militar.
Pero no fueron ésas sus únicas actividades; también se desempeñó como juez de Paz en Azul, provincia de Buenos Aires, donde el 29 de octubre de 1851 contrajo matrimonio con Juana Rodríguez, iniciando una familia en la que nacieron sus 16 hijos. Por otra parte, en Azul ejercía su actividad ganadera, llegando a poblar once estancias, lo que lo convirtió en uno de los más importantes estancieros de esa provincia. Todas ellas le fueron confiscadas luego de la caída del gobierno de Rosas.
Por fin, luego de una vida azarosa, el niño nacido en la provincia de Santa Fe en 1813 murió en Buenos Aires el 27 de septiembre de 1863. Su padre, el General Manuel Belgrano, había fallecido mucho tiempo antes, el 20 de junio de 1820; y su madre, el 6 de septiembre de 1856, ambos en la ciudad de Buenos Aires.
 Sobre el hijo santafesino del  General Manuel Belgrano 
 Acta. El documento que registra el nacimiento de Pedro Pablo como “huérfano de padres no conocidos” se conserva en el archivo del Arzobispado de Santa Fe.

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