Rosas

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viernes, 1 de noviembre de 2019

ROSAS EN 1829

JOHN MURRAY FORBES. (Once años en Buenos Aires)
El 3 del corriente (noviembre), este personaje extraordinario llegó del campo, escoltado por cuatro soldados de caballería. Plenamente convencido como estoy, del camino noble y patriótico que él ha seguido hasta ahora, y que la salvación de la provincia se debe en gran parte a su magnanimidad y a su moderación en el momento del triunfo, fui a visitarle sin pérdida de tiempo;
pero no estaba en su casa. Tan pronto como se lo permitieron sus ocupaciones más urgentes retribuyó mi visita y tampoco me encontró. El 10 del corriente fui de nuevo a verle y tuve esta vez más suerte; nada pudo ser más cordial que la manera con que me recibió: hizo despejar la habitación de todo otro
visitante y en los términos más afectuosos y corteses llevó la conversación al tono más franco y confidencial, hablándome libremente de los motivos de su conducta pública. Refiriéndome a la gran cuestión del día le insinué que una de las dificultades que se presentaban para restablecer la antigua Junta, es que ello estaría reñido con las estipulaciones de las dos convenciones generales del 24 de junio y del 24 de agosto. Después que esa idea había sido inculcada por todos los medios posibles en el espíritu público, yo me sentí atónito al descubrir que la interpretación del general Rosas sobre esas convenciones era diametralmente opuesta de la que se le había atribuido.
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Me dijo, sin reservas, que la gran mayoría del pueblo reclamaba la restauración de la vieja Junta y
que él nada encontraba que lo impidiera en las estipulaciones de las dos convenciones.
(9 DE DICIEMBRE) Uno de los primeros y más importantes actos de la restablecida Junta
Provincial, actualmente en sesión, ha sido la elección de gobernador. 
Ésta ha recaído unánimemente en don Juan Manuel de Rosas, que asumió ayer públicamente el mando después de prestar el juramento de ley.  A las 2 de la tarde el cuerpo diplomático, previa invitación, concurrió al Fuerte a felicitar al nuevo gobernador. En contestación a las pocas palabras de
congratulación que le dirigí en esta oportunidad, me declaró que la primera preocupación de su gobierno sería de estrechar aún más las relaciones de amistad con el Presidente y la nación norteamericanos.  En comunicaciones anteriores he tratado de hacer un esbozo, siquiera imperfecto, de este hombre extraordinario. En términos generales, es una persona de educación limitada pero se parece a esos farmers de mucho carácter que abundan en nuestro país y que son considerados, con justicia, la mejor garantía de nuestra libertad nacional. Rosas, sin embargo, difiere de cualquier cosa conocida entre nosotros, ya que él debe su gran popularidad entre los gauchos, o campesino común, al hecho de haberse asimilado casi totalmente a su manera singular de vida, su indumentaria, sus labores y aun sus sports. Se dice que no tiene competencia en cualquier ejercicio físico, aun aquellos más violentos y difíciles de aquella raza de hombres semisalvajes. Es  sumamente suave de maneras y tiene algo de las reflexiones y reserva de nuestros jefes indios. No hace ostentación alguna de saber, pero toda su conversación trasluce un excelente juicio y conocimiento de los asuntos del país y el más cordial y sincero patriotismo.
Ayer apareció en un papel que le es completamente nuevo. El cuerpo diplomático y consular era numeroso y cada uno de ellos cambió con el gobernador una frase congratulatoria, que de parte del gobernador fue articulada en tono tan bajo que sólo podía ser oída por aquel a quien iba dirigida. Hubo poca conversación general, pero como mi sitio era inmediato al gobernador, me tocó recibir más de lo que me correspondía, de su atención.  Sus modales exteriorizan una atrayente modestia, acompañados, sin embargo, de esa natural desenvoltura que es común a la gente de este país. Vestía un rico uniforme militar, y me confesó, con toda ingenuidad, que era la primera vez en su vida que usaba semejante prenda, aun cuando es bien sabido que ha tenido el rango y autoridad de comandante general en este país, desde hace más de nueve años. Ha ejercido esta alta autoridad vistiendo siempre la común indumentaria de los paisanos, participando en todos sus trabajos y
privaciones, dándoles continuo ejemplo de coraje, paciencia y constancia.
Mucho se espera de sus condiciones personales pero la gran dificultad del  momento es la organización de un ministerio patriótico y popular.  

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