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lunes, 5 de diciembre de 2016

A 60 años de su muerte: UN GRAN OLVIDADO: RAMÓN CARRILLO

Por Alejandro Olmos Gaona
'Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.” Repetía insistentemente Ramón Carrillo, el insigne médico argentino, muerto en la miseria el 20 de diciembre de 1956, en Belem do Pará, Brasil, a quienes hoy pocos recuerdan, y muchos literatos y escritores peronistas, que aburren con citas y elogios a otros de la época y posteriores, tienen archivado vaya a saber por qué razón.
Las primeras historias sobre Carrillo, las oí de mi padre, de quien era amigo, y después leí algunos textos fundamentales sobre política sanitaria que escribiera, y publicara EUDEBA, en la década del 70.
Descendiente de viejas estirpes provincianas, nació en Santiago del Estero el 7 de marzo de 1906, y desde adolescente se dio a escribir sobre algunos temas sociales que le interesaban.
Llegado a Buenos Aires, ingresó en la Facultad de Medicina, siendo un practicante destacado en el viejo Hospital de Clinicas, siendo redactor a su vez de la Revista del Círculo Médico Argentino y el Centro de Estudiantes de Medicina. Comenzaba a madurar en el la preocupación por los problemas sociales, la deficiente estructura sanitaria, criticando esa obsesión por la ideas extranjerizantes que impregnaban a los sectores académicos.
Se recibió de médico en 1930, a los 22 años, viajando a Holanda, Francia y Alemania para perfeccionarse, gracias a una beca que le otorgó la Universidad de Buenos Aires. Participó en Congresos en Europa a pesar de su juventud y al regresar al país, el espectáculo de la Década infame lo lleno de preocupaciones. No solo la medicina era una de sus preocupaciones, sino la situación social y sanitaria, que entendía afectaba a los más necesitados y era necesario cambiar. Se cuenta que conoció a Perón después de la revolución de 1943, y le propuso un proyecto que abarcaba la Salud Pública y la Educación. A los treinta y seis años de edad (1942) ganó por concurso el cargo de Profesor Titular de Neurocirugía de la Universidad de Buenos Aires. No obstante, en brusco viraje profesional, abandonó su brillantísima carrera como neurobiólogo y neurocirujano y renunció al prestigio y la tranquilidad que le podía brindar tal carrera para dedicarse al desarrollo de la medicina social (sanitarismo), desde donde podía realizar y concretar sus ideas sobre salud. Se cuenta que conoció a Perón después de la revolución de 1943, y le propuso un proyecto que abarcaba la Salud Pública y la Educación.
Siendo un destacado Neurocirujano, fue designado jefe del servicio del Hospital Militar, donde se volvió a encontrar con Perón el 17 de octubre de 1945, y al asumir este la presidencia lo designó Secretario de Salud Pública de la Nación.
La tarea que tenía por delante era enorme y en ella pondría no solo sus conocimientos médicos, sino esa profunda visión de sanitarista que lo acompañaría toda la vida. Las precariedades de los hospitales, la deficiente atención, la falta de insumos y equipamientos, lo llevaría a trabajar sin descanso para revertir una situación, obteniendo cambios notables, poniendo especial énfasis en la medicina preventiva, la medicina social y la atención materno infantil.
TRANSCRIBO MUCHAS DE SUS REFLEXIONES:
"La medicina moderna tiende a ocuparse de la salud y de los sanos y el objetivo principal es ya no curar al enfermo sino evitar estar enfermo".
"La medicina no sólo debe curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir, a vivir en salud y tratar que la vida se prolongue y sea digna de ser vivida."
"Las tareas de los higienistas no rendirán frutos si previamente no se consolidan las leyes obreras destinadas a dignificar la tarea en fábricas y oficinas, a mejorar sueldos y salarios y lograr los beneficios de jubilaciones y pensiones."
"A los fines de la Salud Pública, es más importante proporcionarle a la madre los medios para que, una vez que tenga al hijo, pueda defenderse de las contingencias posibles, o bien otorgar al padre los medios materiales para atender al nuevo hijo."

Su plan de modernización hospitalaria de 4000 páginas, intentaba una reforma integral del sistema, con una minuciosa descripción de problemas y las soluciones que debían implementarse. Como debía ser la atención médica, la infraestructura hospitalaria. Como se sintetizó en un trabajo sobre su vida:” Como parte de su estrategia para mejorar la estructura sanitaria, Carrillo dividió el país en zonas sanitarias y planificó para cada una de ellas la atención especifica de sus problemas, procurando lo que denominó -centralización normativa y descentralización ejecutiva, es decir que todos en la órbita de la Secretaría de Salud se regirían con las mismas normas y criterios, pero las decisiones y la atención directa quedaban bajo la decisión de cada uno de los centros de salud, aun en el caso de los más pequeños. Como ejemplo del buen funcionamiento de su estrategia puede mencionarse la llegada de la vacunación antivariólica y antidiftérica hasta los pueblos más aislados y distantes.
Creo la primera fábrica nacional de medicamentos, para no depender de los laboratorios extranjeros y fue pionero en el mundo en erradicar el paludismo. Los ancianos no estuvieron ausentes de sus desvelos estableciendo los Hogares para la Ancianidad con la Fundación Eva Perón, y también se ocupó de los niños, cuando se instalaron los Hogares escuela. Tuvo enfrentamientos con varios miembros del gabinete de Perón durante la segunda presidencia. Muchos obsecuentes con rasgo ministerial no podían tolerar el talento de Carrillo, su dedicación, sus esfuerzos.
Durante su gestión se inauguraron casi quinientos nuevos establecimientos sanitarios y hospitales (lista incompleta, cubriendo sólo el periodo 1946-1952), como el Hospital de Roque Sáenz Peña, Chaco, Hospital de Jobson-Vera, Santa Fe, Hospital de Pinto, Santiago del Estero; Hospital de Chos Malal, Hospital de Valcheta, Río Negro, el Hospital de Cruz del Eje y el Instituto de Gastroenterología, Hemoterapia y de Dermatología de Capital Federal.
Como padecía de una grave enfermedad viajó a tratarse a los estados Unidos, donde lo encontró el golpe militar que derrocó a Perón en 1955. El régimen militar declaró la interdicción de todos sus bienes y lo despojó de ellos a pesar de haberlos justificado minuciosamente.
Un empleo que consiguió en los Estados Unidos lo llevó a Belem do Pará donde colaboró en el Hospital del lugar, con total desinterés, hasta que un accidente cardiovascular el 28 de noviembre, lo llevaría a la muerte semanas después.
Sus notables investigaciones neurológicas fueron comentadas en todo el mundo, su talento como cirujano, fue siempre celebrado por sus pares, pero su trabajo social y su labor sanitaria merecen el reconocimiento de todos los argentinos. Fue uno de los grandes de nuestra historia, y hoy pocos lo recuerdan, mostrando ese olvido tan característico que nos aqueja a los argentinos, siempre exhibiendo el exitismo del triunfo superficial y de circunstancias."

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