Rosas

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sábado, 31 de agosto de 2013

Julio Irazusta, según la mirada de una investigadora japonesa

Por Marcelo Lorenzo

Este 6 de mayo se conmemoró un nuevo aniversario de quien fuera la cabeza fundamental del movimiento historiográfico denominado “revisionismo” y uno de los iniciadores del movimiento político “nacionalista”. Aunque parezca increíble, los escritos y la acción del gualeguaychuense han llamado la atención de una investigadora japonesa, Noriko Mutsuki, quien escribió un libro sobre él.o

¿Cómo encasillar a Julio Irazusta (1899-1982)? No sólo por la multifacética personalidad de quien nació y murió en Gualeguaychú: filósofo político, historiador revisionista, crítico literario, militante nacionalista, o ensayista de temas universales.
Más bien porque el personaje no es fácil de asir. El gualeguaychuense fue todo menos un repetidor de ideas ajenas. Fue un creador en sentido pleno de la palabra. Se podrá o no estar de acuerdo con sus planteos, pero son tan originales que a veces las hermenéuticas fallan por no estar a la altura.
Sus ideas y actuación pública pueden desconcertar a quien no está habituado a los matices, o no es capaz de disolver las aparentes paradojas para hallar las sutiles continuidades.
Veamos algunas de estas paradojas.
El que admiraba la tradición política empírica de Inglaterra, y de hecho había estudiado en Oxford, donde quedó fascinado por Edmund Burke, fue no obstante el implacable censor argentino del imperialismo británico en el Río de la Plata.
Quien pudiendo catalogarse de “conservador”, al punto de ser influenciado por un Charles Maurras, por un Antonio de Rivarol o el citado Burke, hacía un planteo “revolucionario” en Argentina, a la que consideraba subordinada política y económicamente.
Alguien que por su origen y posición -pertenecía a una familia terrateniente provinciana- pudiera ser asimilado a la oligarquía vacuna que gobernaba el país, devino en un “des-clasado” al criticar la deserción política de la élite dirigente tradicional, a la que acusaba de “anglófila”.
El soberbio historiador de Juan Manuel de Rosas, a quien revindicó por la defensa de la soberanía nacional frente a la leyenda negra de la historiografía liberal, nunca se enamoró de la dictadura ni la aconsejó para el país.
El que pudiera ser considerado como un pensador “economicista”, como algunos de hecho lo tacharon, al escandalizarse por la importancia que le dio al factor económico en toda su obra, profesaba empero admiración por la doctrina del bien común de Tomás de Aquino.
Ese realismo, justamente, le hacía suscribir la frase de su hermano, Rodolfo Irazusta, quien decía: “Es evidente que el espíritu está primero… pero nadie duda que las actividades materiales, que están en el tercero o cuarto lugar, ocupan el primero cuando se trata de vivir; y el espíritu no marcha si el cuerpo no se alimenta”.
Perteneció a una generación que buscaba la “liberación nacional”,  pero mientras la mayoría de sus intelectuales abrazó en masa al movimiento peronista -desde un Manuel Gálvez, pasando por un Arturo Jauretche hasta un Raúl Scalabrini Ortiz-, Irazusta sin embargo no sólo no se plegó al régimen, sino que lo acusó de seudo-nacionalismo, al afirmar que era la cara fascista del viejo régimen subordinado.
Con ojos asiáticos
Como se ve, el personaje y su ideario tienen la impronta de la complejidad. De hecho adentrarse a su vasta obra escrita, acobarda al más osado. Pero aparentemente nada de esto ha detenido a Noriko Mutsuki, una investigadora japonesa que en 2004 escribió “Julio Irazusta -Treinta años de nacionalismo argentino-” (editorial Biblos).
Esta biografía intelectual de Irazusta como hombre público sorprende por el carácter de la autora. No sólo se trata de una estudiosa extranjera, lo que en sí mismo ya es un hecho significativo (aunque no es la primera vez que la mirada escrutadora sobre lo nuestro viene de fuera). Lo realmente llamativo es que provenga de una cultura no occidental. Una pregunta se impone: ¿qué sabemos nosotros de la historiografía japonesa?
Según relata la propia Mutsuki, al comienzo del ensayo, llegó a Irazusta porque su interés como investigadora de la Universidad de Hiroshima -donde estudió Relaciones Internacionales e Historia Diplomática- fue averiguar el porqué de la “neutralidad argentina” durante la Segunda Guerra.
“Me interesó este hecho que había pasado casi desapercibido en Japón aun hacia fines de la década del 80, salvo por una tesis de maestría presentada por el profesor Hiroshi Matsushita en 1970 para la Universidad de Tokio, y deseé saber las razones que explican esa política exterior argentina y qué ventajas o qué desventajas tuvo para el país”, comenta.
Pero pronto se dio cuenta de que más importante que esa política gubernamental -el neutralismo en sí- fueron las ideologías y los motivos que la sustentaron, asociados al nacionalismo. “Así que, después de concluida la tesis de maestría, mis preocupaciones se orientaron hacia el nacionalismo argentino”, señala.
Mutsuki relata que en 1993 tuvo la suerte de viajar a Argentina por primera, oportunidad en la que conoció a Fernando Devoto, miembro del Instituto Ravignani, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien le sugirió la posibilidad de estudiar el tema, como base para una tesis doctoral a presentar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
“Así, a lo largo de diez meses, con la orientación de Devoto fue concretando un plan de tesis titulado ‘Dos nacionalistas argentinos’ y reuniendo los materiales necesarios para llevar adelante la investigación”, explica la historiadora.
Esos dos nacionalistas eran Julio Irazusta y Raúl Scalabrini Ortiz. Sin embargo Mutsuki refiere que finalmente se inclina por centrar su estudio en Irazusta, ante el hecho de que Scalabrini Ortiz no dejó una autobiografía sistemática. Esta carencia conspiraría, dice, “contra un balance equilibrado en la comparación de ambas figuras”.
¿Cuál es el enfoque, finalmente, que adopta la investigadora japonesa? “Abordé centralmente a Irazusta, para desde allí intentar esclarecer sus relaciones con otros nacionalistas y la de los nacionalistas con los gobiernos argentinos, lo que serviría para entender continuidades y cambios del nacionalismo. Luego de cursar seminarios y como resultado de casi dos años de trabajo pude concluir la presente tesis”, refiera Mutsuki.
Como se ve, la investigadora asiática aborda el nacionalismo argentino a través de Irazusta. No es un panegírico al gualeguaychuense ni mucho menos -de hecho detecta algunas tensiones en la evolución de su pensamiento, fraguado en la actividad política- pero tampoco es un ensayo demonizador.
Es interesante, en realidad, la puesta en escena del “republicanismo” que encabezaba Irazusta, en el conjunto de la constelación nacionalista, donde dominaban personalidades políticas e intelectuales muy fuertes.
Devoto, que escribe el prólogo del libro, destaca la importancia de la “distancia” que aporta Mutsuki, que como extranjera en todo sentido, no está contaminada a priori por las polémicas culturales y políticas que despierta el nacionalismo en Argentina. De hecho, resalta “el tono mesurado, distendido y sin adjetivos que domina en el libro”.
Y aunque la reconstrucción que realiza la historiadora oriental podrá discutirse -decimos nosotros-, su libro renueva la visión sobre un intelectual de fuste como Julio Irazusta, al tiempo que aporta una mirada original a la comprensión del polémico movimiento nacionalista.

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