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jueves, 30 de noviembre de 2017

El "martes negro": 29 DE OCTUBRE 1929

Fernando del Corro*
 
Una burbuja de enormes características provocó la catástrofe de 1929 cuando todavía el mundo no había alcanzado el actual nivel de integración, pese a lo cual fueron pocos los países que escaparon a la misma y, entre ellos, el más importante fue China, la disparadora del proceso que nos llevó a la actual crisis desatada en 2007, en pleno desarrollo.
El 29 de octubre de 1929 también fue llamado el "martes negro", cuando la burbuja especulativa de Wall Street estalló de una manera que, aunque esperada por algunos, sorprendió a los mercados de los Estados Unidos de América y se trasladó a la periferia, con consecuencias que duraron varios años.Lo que pasó el martes 29 de octubre de 1929 había sido anticipado por la propia bolsa neoyorquina el jueves anterior, el 24 de octubre, cuando se produjo un colapso que determinó pérdidas por 6.000 millones de dólares estadounidenses de entonces, cuyo poder de compra es incomparable en estos tiempos. Se puede calcular en alrededor de 210.000 millones.
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Pero el aviso no fue muy tenido en cuenta. "Todo ha pasado", dijeron entonces los "analistas de mercados", a pesar de lo cual la tendencia siguió marcando la debilidad de papeles cuyos valores habían sido inflados especulativamente en los años previos. Y el martes estalló la bomba que provocó una pérdida en poco tiempo de u$s 50.000 millones, unos u$s 1,75 billones de hoy, mientras los accionistas se arrojaban por las ventanas de Wall Street. Los papeles habían crecido al margen de los activos que representaban en un sistema capitalista que había comenzado a alejarse de los principios liberales de ganancias ligadas a la generación de riqueza, tal como reclamaban los clásicos comenzando por el escocés Adam Smith, para reinstalar criterios mercantilistas donde la especulación y las prácticas monopólicas adquieren preeminencia.  China y un pequeño grupo de, también pequeños países, se salvaron de la crisis, aunque luego tuvo la propia por otras razones. Fue el club de las escasas naciones que se habían mantenido fieles al "patrón plata" que, además, poco después, rápidamente vieron mejorar su situación cuando el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, presionado por los estados productores de ese metal en el país, volvió al referido "patrón plata". Un tema muy bien estudiado por el economista monetarista Milton Friedman.  Hoy, ocho décadas y media después de aquellos tiempos y tras el caos existente en 1949 cuando llegó al gobierno Mao Ze Dong tras desalojar del poder a su concuñado Jiang Jie Shi (ambos eran yernos de Sun Yi Xian, el fundador de la República en 1911), hoy ese enorme país asiático comparte el liderazgo de la economía planetaria medida en poder de compra. El otro gran país que se mantuvo al margen fue la ex Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas que, conducida por Iosif Vissarionovich Dzhugashvilli (Stalin) se hallaba en un gran proceso de desarrollo industrializador en base a las normas establecidas en el “Plan Quinquenal” de 1928.
Los EUA pasados tres cuartos de siglo se encontraron  en una burbuja financiera que prenunciaba una crisis recesiva alertada por algunos economistas como el turco Nouriel Roubini, en 2005; Alan Greenspan, ex titular de la Reserva Federal de los EUA, o el brasileño Ricardo Amorim, quién se ha especializado en estudiar el endeudamiento de los ciudadanos de ese país y su relación con otra burbuja, la inmobiliaria; y yo mismo, en una nota publicada por Télam a comienzos de marzo de 2007.
El tema era sencillo: una persona compraba una casa a u$s 100.000 y un banco le prestaba u$s 90.000. La propiedad pasa a costar 120.000 y entonces el propietario va otra vez al banco y pide una hipoteca adicional para, por ejemplo, cambiar de auto. El bien sigue aumentando y llega a u$s 150.000, entonces el deudor va al banco y requiere más para hacer un viaje de placer. En consecuencia termina debiendo el 90% pero de 150.000, bastante más de lo que pagó la casa originalmente.
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Ello se financiaba con bonos del Tesoro estadounidense que compraban otros países, en primer lugar China que de ese modo financiaba sus propias exportaciones a ese mercado. Los chinos le vendían a los estadounidenses y con ese dinero compraban los bonos merced a los cuales se mantenía el ritmo de alto consumo en la entonces indiscutida primera potencia.
En 1929 también se vivía en la gloria del consumismo de las capas medias. El capitalismo mundial se había olvidado de la crisis de 1873 desatada en Viena y cuya expansión mundial llegó también a todo el planeta, incluida la Argentina con su colapso de 1890 durante la presidencia de Miguel Angel Juárez Celman, la que tuvo trascendentes repliques en la región y en la Península Ibérica y que obligó a la intervención de los gobiernos del Reino Unido, Francia y Rusia.
Había pasado la guerra con España de 1898 y los EUA ya eran la primera potencia económica del planeta y su sistema financiero por entonces competía ventajosamente con el de Londres y la bolsa de Nueva York se había convertido en el primer centro de especulación por lo que lo del jueves 24 no generó el alerta merecido y así llegó el colapso del martes 29.
Las medidas ortodoxas aplicadas fueron empeorando la situación hasta que su principio de reversión se dio en 1933 de la mano del “New Deal” del presidente Franklin Delano Roosevelt asesorado por el economista inglés John Maynard Keynes. Se apoyó a los sectores en problemas, se creó el Departamento de Trabajo que permitió emplear a unas cuatro millones de personas, en su mayoría en tareas de baja productividad, y se impulsaron las empresas estatales de las cuales la más exitosa y trascendente fue la Autoridad del Valle de Tennesse (TVA), la actual gran generadora de energía eléctrica y madre del enorme desarrollo económico-social de esa cuenca fluvial.
La guerra iniciada en 1939 terminó de solucionar el problema y ser la madre de los “30 años felices” del capitalismo entre 1945 y 1975, aunque sólo para los países centrales mientras en la “periferia” se vivían otros problemas que afectaban a la mayor parte de la población mundial.
Los viejos romanos decían “historia magistra vitae est”. Los economistas del primer lustro de nuestro siglo, salvo algunas contadísimas excepciones, no lo entendieron y así se entró en la tercera gran crisis del capitalismo, acerca de la cual muchos aún miran para otro lado.
Mientras, la economía china crecía a un ritmo vertiginoso en términos reales, pero la volatilidad financiera mundial también creó en el país una burbuja bursátil expresada en Shanghái. Sobre ella operó el gobierno de Beijing que, por otra parte, en los últimos años ha hecho esfuerzos por enfriar el crecimiento, aunque sin poder evitar que éste continuase.
En esta realidad contemporánea los bancos chinos, en tanto, otorgaban créditos con mucha facilidad, lo que, entre otras cosas, hizo que 1,3 millones de personas (el uno por mil de la población) se hayan endeudado con aquellos para dedicarse a realizar inversiones bursátiles provocando una fuerte suba de las acciones.
De ahí la importancia de una estrategia asentada en los pactos regionales y que en el ámbito mundial se apoye en las grandes economías emergentes de nuestros tiempos como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica), o el incipiente NAC (Noruega, Australia y Canadá) en un marco en que el sistema mundo con el dólar estadounidense como gran referente se desintegra, el euro no alcanza a reemplazarlo y cobran fuerza otras alternativas monetarias, como las virtuales, y se recupera ideas de grandes economistas olvidados como el argentino Jean Silvio Gesell.

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