Rosas

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martes, 1 de octubre de 2013

Guillermo Furlong

Por Prof. Carlos Pauli - Ing. Jorge A. Terpin
Con franqueza poco habitual, el padre Furlong nos relata sus primeros años: “Nacido en los campos santafesinos, al suroeste de Rosario, en la provincia de Santa Fe, vivió y se educó en la colectividad británica de esa ciudad y, cuando en 1902, ya en sus trece abriles, pasó al colegio que en la ciudad de Santa Fe dirigían los jesuitas desde 1611, ignoraba aún el habla castellana, y si bien conocía en sus grandes líneas la geografía y la historia del Reino Unido de la Gran Bretaña, vaga por demás e imprecisa era la idea que entonces tenía, de lo que era el país en que había nacido”.
En efecto, Guillermo Furlong Cardiff nació en Arroyo Seco, provincia de Santa Fe, el 21 de junio de 1889 en el seno de una familia de inmigrantes irlandeses. Inició sus estudios en 1896 en el Colegio de la Sra. Woods de Rosario, continuándolos al año siguiente en el Colegio Británico St. Bartholomew. En marzo de 1902, ingresa al Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, al que consideró “nuestra más querida Alma Mater” y si bien se relacionó con muchos padres jesuitas, destaca “por sobre todos ellos, el entonces maestrillo Julián Hurley y el santo portero Hno. José Marcos Figueroa”.
Con 14 años, en abril de 1903 ingresa al Noviciado de la Compañía de Jesús en Córdoba para dirigirse a España en 1905 donde inicia estudios de humanidades y continúa los de ciencias en el Colegio de Gandía (Valencia). Posteriormente, en el monasterio de Veruela (Aragón), comienza sus investigaciones históricas que continuaría a lo largo de toda su vida. En 1911, se lo destina a EE.UU., para completar los Estudios Superiores en el Woodstock College de Maryland y en 1913 la Georgetown University de Washington, le otorga el título de Doctor en Filosofía, a la vez que realiza estudios de Paleografía en la Library of Congress de Washington e investiga en repositorios de Baltimore y en la Hispanic Society Library de Nueva York.
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Banda del Colegio en 1896.
De regreso en Buenos Aires, ejerce la docencia en el Seminario Pontificio y en el Colegio del Salvador. En 1920, regresa a España donde en el Colegio Máximo de Sarriá de Barcelona cursa estudios de Teología, a la vez que investiga en varios archivos, fundamentalmente en el General de Indias. Fue ordenado sacerdote en 1924, regresando a Buenos Aires al año siguiente.
Investigador incansable
Ya por entonces, es un incansable investigador, tanto en archivos españoles como en los de Francia, Alemania y Bélgica, a los que sumó los americanos: Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile y Estados Unidos, frecuentando no sólo el Archivo General de la Nación y el museo Mitre sino además las bibliotecas privadas de los grandes estudiosos de su época. En 1929, publica Glorias Santafesinas, su primer trabajo sobre temas históricos.
Su desempeño como docente en el Colegio del Sagrado Corazón de Montevideo a partir de 1930, le posibilitó contactarse los archivos e historiadores uruguayos. Además fue alumno suyo, Lauro Ayestarán, quien con el paso del tiempo sería el destacado musicólogo que estudió y difundió la actuación del gran Doménico Zípoli en tierras americanas, a partir de las noticias brindadas por Guillermo Furlong sobre la presencia de ese gran músico en el Río de la Plata.
El 24 de junio de 1939, es designado Miembro de Número de la Academia Nacional de la Historia, y en su presentación, José Torre Revello expresó “una sola entre sus tantas obras, la titulada ‘Cartografía jesuítica’, le da categoría y jerarquía para figurar en primera fila entre los hombres dedicados al estudios de esa rama de la historia colonial en el Nuevo Mundo”.
La diversidad de su tarea sin descanso -“tenía el esfuerzo largo y corto el descanso. Más aun, no tenía descanso; era apenas una pausa entre dos acciones”-, lo lleva a fundar en 1942 la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, siendo su primer vicepresidente a la vez que dirige la Revista Archivum desde 1959 a 1974.
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En 1922, la Academia de Literatura culminó sus actividades anuales con la presencia de Jacinto Benavente. En la foto: “Dr. Errando - Salvador Cabedo - Ricardo Pugo - Pbro. Alfonso Durán - D. Jacinto Benavente - P. Joaquín Añon, rector - Horacio Caillet-Bois - Pbro. Carlos Sánchez”.
En 1956, funda con otros especialistas la Academia Nacional de Geografía, la que presidió en tres oportunidades, siendo designado en función de sus méritos, presidente Honorario. A ello sumó su actividad en más de un centenar de instituciones de las que formó parte, tanto nacionales y extranjeras, con las que colaboró con su habitual generosidad, y le valieron reconocimientos como la condecoración de la Orden de Isabel la Católica, otorgada en 1952 por España.
De su obra, que suma alrededor de dos mil investigaciones y cuya enumeración escapa a las posibilidades de este escrito, se deben destacar: “Nacimiento y desarrollo de la filosofía en el Río de la Plata 1536-1810” que publicada en 1952 recibe el Premio Nacional de Historia en 1957, a la que se suma en 1969, la monumental “Historia Social y Cultural de Río de la Plata 1536-1810”, fecha en que el autor confiesa: “Lo único que lamentamos es el haber compuesto esta obra hallándonos en los suburbios del octogésimo año en nuestro ya largo vivir, cuando la memoria es frecuentemente infiel y cuando la vista se obnubila e impide la visión clara de los impresos, cuanto más de los manuscritos, ennegrecidos con la pátina de los años”.
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Presidentes de la Congregación de María Inmaculada y San Luis Gonzaga 1890-1900, Sección de Pupilos, que fuera constituida el 15 de agosto de 1890.
No se puede dejar de mencionar dos obras muy caras a su afecto, la edición en 1935 de “Nuestra Señora de los Milagros”, y en 1962 “Historia del Colegio de la Inmaculada de la ciudad de Santa Fe”, “cuya composición nos encomendó en 1959 el entonces y actual rector, padre Juan Moglia” para celebrar el Centenario de la Reapertura del Histórico Colegio del que si bien fue alumno sólo un año, guardó un entrañable e inextinguible afecto.
Ese mismo año, se edita “Misiones y sus pueblos de Guaraníes” y en virtud de “su amplia y valiosa labor historiográfica desarrollada a lo largo de medio siglo”, la Universidad del Salvador lo nombra Doctor Honoris Causa, grado que también le es otorgado por la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1971. Fallece en Buenos Aires a los 86 años de edad, el 20 de mayo de 1974.

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