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sábado, 14 de julio de 2018

"Hortensio Quijano" - 2da parte


Por Cecilia González Espul
SEGUNDA ETAPA (1935-1943)  La conducción de Alvear convirtió al partido radical en un mero organismo para ganar elecciones. Sólo veía la realidad del país a través del cumplimiento o no
del sufragio universal, era una cuestión que tenía sólo en cuenta el funcionamiento político formal, pero dejando de lado las cuestiones económicas y sociales, y no tomando conciencia de la incidencia de factores externos como el del imperialismo. Para Alvear, como para los hombres del régimen, no había que oponerse a los grandes poderes internacionales, negando a los argentinos la posibilidad de una independencia económica. Por ello la participación en los gobiernos del régimen, no sólo significó la convalidación del fraude, como el de Fresco en Buenos Aires, sino también la complicidad con todas las leyes de entrega y negociados que se realizaron. Pacto Roca-Runciman. Creación del Banco Central, la Chade, negociados de los frigoríficos ingleses denunciados por Lisandro de la Torre. De las tierras de El Palomar, de la corporación del transporte,  política petrolera que  abandonó la defensa de nacionalización y monopolio del Estado del petróleo por formas de explotación mixta. Ingreso a la Liga de las naciones. 
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 Alvear creía que no se podía gobernar el país sin la aquiescencia de los grandes poderes internacionales, sin ver la acción corruptora que ejercían en defensa de sus intereses y en detrimento de los nacionales. En ello coincidía con el ministro de la Concordancia Pinedo que decía: "Somos pequeños satélites en la órbita de las grandes naciones mundiales."  Al respecto sostiene John W. Cooke en "Apuntes para la militancia": "El radicalismo claudicó ante la invasión imperialista por dos razones: en parte, porque los defensores del interés británico escalaron posiciones y fueron copando los altos organismos partidarios; pero esto fue posible, en gran medida, porque el partido no tenía conciencia del problema imperialista (no tenía conciencia siquiera de que era un problema). Constantemente los ingleses extendían su control en los puntos clave de la economía: el radicalismo no alertó a la opinión, no se escandalizó, no vio que la Nación estaba siendo desgarrada. Los grupos entreguistas se encumbraron e impusieron una línea cada vez de mayor acuerdo  con el gobierno conservador: había reacción interna contra el contubernio" y contra algunos casos flagrantes de participación en escándalos notorios, pero enjuiciados como transgresiones éticas y principistas, no como atentados contra la soberanía del país."   Esta coparticipación con el régimen recibió muchas críticas de los viejos yrigoyenistas que fueron siendo desplazados del partido. Ricardo Rojas y Adolfo Güemes declinaron sus candidaturas a diputados por estas razones.  En el caso de Hortencio Quijano, vemos que como delegado por Corrientes ante el Comité Nacional del partido, tuvo decidida participación en el mantenimiento de una postura intransigente, cuando ya habían claudicado la mayoría de las otras provincias. Así en los comicios de marzo de 1938 para elegir diputados en 13 provincias, Corrientes fue la única,  ante lo inevitable del fraude, en negarse a concurrir a las elecciones, la única en continuar con la abstención electoral.    Hubo sin embargo muchos radicales que formaron grupos opositores a la conducción alvearista, pero el que más se destacó fue el de Forja, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, que se constituyó en junio de 1935, bajo la dirección del doctor Luis Dellepiane, y que integraron entre otros Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Atilio García Mellid, Oscar Cuzzani, Conrado Míguez, René Orsi.  Su primer manifiesto del 2 de septiembre de 1935 denunciaba que se había impuesto en la República " una tiranía económica en beneficio de capitalistas extranjeros, a quienes se les había acordado derechos y bienes de la Nación Argentina, y acusó a las autoridades del radicalismo por mantener en silencio estos graves problemas, por el abandono de la intransigencia histórica con que sostuvo la soberanía popular contra la dominación de las compañías explotadoras extranjeras y contra la dominación política  de las oligarquías internas que sirven a aquellas organizaciones".    "Hoy el Radicalismo está sumido en la arrebatiña en que algunos de sus representantes subalternizan sus esfuerzos, a la vez que procuran corromper a la juventud radical, sustituyendo en su mente todo ideal de redención nacional por la esperanza de enriquecimiento personal a cualquier precio." Para pertenecer a Forja había que ser afiliado radical. En 1940 se derogó esta condición, y la entidad entró en crisis. Algunos radicales como Dellepiane aun confiaban en que se podía cambiar el partido luchando desde adentro. Sin embargo su influjo en la formación de una conciencia nacional antiimperialista fue enorme.  Con la llegada del peronismo se disolvió, y la mayoría de sus miembros apoyaron este movimiento. El levantamiento de la abstención ocurrió cuando aun no había concluido el gobierno de Justo. La consecuencia fue el logro de bancas en la legislatura y en el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, donde obtuvieron una representación mayoritaria. En 1936 dichos concejales votaron favorablemente junto a los conservadores el proyecto por el que se legitimaban los abusos y transgresiones cometidas por la CHADE, compañía inglesa de electricidad, y se prorrogaba por 25 años más la concesión.   Alvear ordenó votar favorablemente. La Compañía sobornó a los concejales para que votaran a su favor. La campaña electoral del radicalismo y la construcción de la Casa Radical se financió con dineros provenientes de la coima. Alvear protegió a los concejales chadistas y no se opuso a que fueran promovidos a jerarquías políticas superiores.   Mientras tanto las mafias, el juego, la prostitución y la inmoralidad se enseñoreaban en las grandes ciudades del país. En las elecciones de 1938 triunfó la fórmula de la Concordancia, Roberto M. Ortiz- Ramón Castillo, el primero radical antipersonalista, abogado de las empresas británicas, el segundo conservador, en comicios fraudulentos, como los ocurridos en las elecciones a diputados en las provincias, donde participaron los radicales, avalando el fraude. La única provincia que se mantuvo en la abstención electoral fue Corrientes. Su delegado ante la Convención radical era Hortencio Quijano.     Pero no sólo cometieron fraude los conservadores, la corrupción había llegado también al seno del partido, produciéndose el fraude en las elecciones internas del partido radical de la capital federal. Era la "trenza radical" que se beneficiaba con la obtención de canonjías y puestos públicos en la Municipalidad.  Dos fueron las cuestiones que ocuparon a los líderes radicales durante el gobierno de Ortiz. La primera consistía en la posibilidad que había abierto Ortiz  de restablecer la normalidad electoral. Que lo llevó a intervenir la provincia de Buenos Aires, gobernada por Fresco, ejemplo del fraude más desembozado. 
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Por lo tanto era preferible esperar a las elecciones generales de mayo de 1940 y postergar todo debate ideológico y todo tipo de lucha, para concentrarse solamente en  la obtención de todos aquellos cargos que les dejara el fraude, ante la creencia de un cambio que se produciría desde las esferas del poder. El otro tema se refiere al estallido de la segunda guerra mundial en 1939, que dividió al país en aliadófilos y germanófilos, siendo los partidarios de la neutralidad, posición ya sostenida por Yrigoyen en la primera guerra, considerados como partidarios de Alemania, y acusados de nazis. Alvear, como no podía ser de otra manera, era apasionadamente aliadófilo. Esta posibilidad que el abogado de las empresas británicas Ortiz ofrecía a los radicales está también ligada a las conveniencias de Inglaterra.  Sostiene Félix Luna: "Inglaterra busca fortalecer los lazos con Argentina proveedora de trigo y carnes.   Conviene un gobierno legal y no sostenido por el fraude, y un gobierno radical no resultaba peligroso a los intereses británicos."   Pero para desdicha de las ilusiones de Alvear, Ortiz enfermó gravemente, era diabético, y tuvo que pedir licencia, y posteriormente renunciar al cargo de presidente, falleciendo al poco tiempo, siendo reemplazado por el conservador Castillo. Las cosas cambiaron. Con Castillo se volvió al fraude, cometido a favor de los conservadores en Santa Fe a fines de 1940,  en Mendoza, a  principios de 1941, y en Buenos Aires en diciembre de 1941. A pesar de estos hechos  y a pesar de las voces de protesta dentro del partido continuó la colaboración radical con el oficialismo en la tarea parlamentaria. Pero los concejales implicados en el caso de la Chade fueron absueltos. En el negociado de la venta de las tierras de El Palomar tres legisladores radicales fueron cómplices, uno se suicida. Cada vez es mayor el desprestigio del radicalismo bajo la conducción de Alvear. Y en mayo de 1942 pierde las elecciones en la capital federal a manos del socialismo.    Al poco tiempo muere Alvear, quien abandonando la política yrigoyenista, convirtió al radicalismo en un partido liberal, pro británico, envuelto en hechos de corrupción y convalidando el fraude.  La jefatura del partido pasó a Gabriel Oddone de Córdoba, que marcaba la gravitación del radicalismo cordobés bajo el liderazgo de Amadeo Sabattini, de un tinte más nacional e intransigente, que había sido gobernador de Córdoba de 1935 a 1940. Aun así para las próximas elecciones presidenciales surgieron dos posturas: una que propugnaba la unión con otros partidos para enfrentar al oficialismo, y que no trepidó en propiciar la mismísima  candidatura de Justo, que en enero de 1943 murió, o la de Ramírez, ministro de Castillo. El Movimiento de Intransigencia y Renovación surgido en Córdoba y del que participaba Arturo Frondizi, se opuso a la formación de una Unión Democrática (alianza con el partido Demócrata Progresista y el partido Socialista)propiciando la proclamación de una fórmula sólo con radicales.  Pero triunfó la postura unionista.   En los años anteriores a 1943 llegaron del interior 800.000 personas. Y en ese mismo año el valor de la producción industrial había superado al de la producción agrícola.  Dentro de este contexto Castillo tomó medidas que tuvieron un tinte nacionalista. Durante su mandato se adquirieron dieciséis naves italianas, cuatro danesas y tres alemanas para la marina mercante nacional, fue nacionalizado el puerto de Rosario y el gas. En la Conferencia de Río de Janeiro  de 1942, la delegación argentina mantuvo la política de neutralidad frente a la guerra mundial, a pesar de la presión de los Estados Unidos que habiendo entrado en la guerra después del ataque japonés a Pearl Harbor, buscaba que todos los países de América rompieran relaciones con las potencias del Eje. Castillo es un caso que merece un estudio más detenido. Dice de él Félix Luna: "Procedente de viejas cepas conservadoras, desdeñoso de la democracia, terco y autoritario, Castillo era un nacionalista intuitivo cuya política se cifraba en dos claves: mantener la neutralidad y no entregar el poder a los radicales." Sin embargo Castillo prohijó la candidatura del conservador salteño Patrón Costas decidido defensor de la causa aliada. En estas circunstancias se produjo el golpe militar que depuso a Castillo, el 4 de junio de 1943.- La logia militar GOU (Grupo de Oficiales Unidos) de tinte nacionalista, de la que formaba parte, el coronel Perón, tuvo una influencia decisiva en la revolución del 43.   Dos fueron sus jefes iniciales, uno por dos días, el general Rawson, y el otro por casi nueve meses, el general Pedro Pablo Ramírez. Este se vio obligado a abandonar la postura neutralista frente a la guerra, y decretar la ruptura de relaciones con las potencias del Eje. Falto de apoyo fue reemplazado por el ministro de Guerra, el general Farrell. La figura más relevante de su gobierno fue la de Perón como Secretario de Trabajo y Previsión, que reemplazó al Departamento Nacional del Trabajo, cargo desde el que llevó adelante una legislación a favor del obrero, y logró unificar la CGT. Fue además  ministro de guerra y vicepresidente. Su política obrera y la acumulación de poder pusieron en su contra a los partidos tradicionales, radicales, socialistas, conservadores, comunistas, y a las clases altas, la Bolsa de Comercio, la Unión industrial, los ganaderos, la prensa,  quienes contaron con el apoyo del embajador de Estados Unidos, Braden y a ciertos grupos en el ejército. Finalmente lo deponen y lo envían preso a Martín García.  Sin embargo dentro del radicalismo yrigoyenistas Perón encontró adeptos, y el gobierno de Farrell cuando fueron desplazados los nacionalistas más recalcitrantes, formó un gabinete con hombres de esa corriente. Armando G.Antille, ministro de Hacienda, Juan I. Cooke, de Relaciones Exteriores y Hortencio Quijano de Interior, quien reemplazó al general Perlinger opositor de Perón. Fue por el brevísimo tiempo de tres meses, de agosto a octubre de 1945.  Esto les valió ser expulsados del partido.  Quijano se propuso buscar adeptos radicales hacia el gobierno de facto, pero sin mucho éxito, pues era un poco un salto al vacío, y conllevaba el ser considerado traidor por sus correligionarios. Félix Luna transcribe un discurso de Perón , ya presidente electo, en mayo de 1946, donde nos relata como inició los contactos con Quijano. "Hace un año y ocho meses se trataba de dar orientación  política a la revolución. Buscamos darle la orientación del viejo Partido Radical que se había mantenido puro en los últimos quince años. Así procuramos formar una fuerza en ese sentido dentro del gabinete, pero debíamos librar una verdadera batalla dentro del mismo e hicimos luego un acercamiento con hombres del radicalismo. Comencé a hablar con políticos de nuestro país y, después de eso, tras muchas conversaciones con los más capacitados, me tocó elegir al que debía ocupar el Ministerio del Interior.    Fue el doctor Quijano, con quien conversé por tercera vez en el despacho del Ministerio de Guerra. Confieso que no había encontrado político más identificado con el pensamiento revolucionario." Perón intentó también atraer a uno de los  más relevantes radicales, el dirigente cordobés y gobernador de esa provincia Amadeo Sabattini, pero sin éxito. Perón, en una entrevista en el despacho del administrador de Ferrocarriles del Estado, mayor Juan Cuaranta, le ofrece que el radicalismo ocupe todos los cuerpos electivos del próximo gobierno, de vicepresidente para abajo, con la condición que el candidato a presidente fuera propuesto por el ejército. Sabattini quedó en contestar, cosa que no hizo. Su postura era que el candidato a presidente tenía que salir del radicalismo.  El comentario de Perón ante sus colaboradores, según cuenta Félix Luna, fue: "¡Este Sabattini no entiende nada y su cerebro cabe en una caja de fósforos!"    Y en un relato de la entrevista sostiene: ...no me pude entender con él: era totalmente impermeable. Era un hombre frío que no tenía ninguna posibilidad de entrar en una cosa como la nuestra...Él estaba en los viejos cánones....era un hombre que estaba con las fórmulas viejas; y en primer lugar él estaba ...¡con Sabattini!  Por su parte este admirado dirigente radical por el autor del libro citado consideraba al gobierno de facto como: "una dictadura fascista regenteada por los jesuitas eso no lo duda nadie ni lo he dudado desde la primera hora".   Era imposible que ante ese juicio pudiera acercarse a Perón. Sabattini, consideraba un contubernio una alianza con los conservadores y más aun con los comunistas.   El aconsejaba la alianza con las otras fuerzas democráticas solamente para voltear al gobierno militar, paro luego presentarse con banderas y candidatos propios a las elecciones. Sin embargo a pesar del respeto y admiración de muchos de su partido no pudo imponer sus ideas.  La mesa directiva de la UCR, siguiendo la tradición alvearista, apoyó la unión con las restantes fuerzas opositoras: los conservadores, los socialistas, los demócratas progresistas y los comunistas, dando origen más adelante a la Unión Democrática, que contaba con el público apoyo del embajador de Estados Unidos, Spruille Braden. Era el contubernio oligárquico-comunista. De ella dirá Belloni: "olla podrida donde se encontraba de todo, desde las olímpicas damas de beneficencia hasta embajadores extranjeros." Sin embargo es interesante conocer cuáles fueron los argumentos de aquellos que se acercaron a Perón, al que consideraban un continuador de Yrigoyen,  ante la claudicación del partido, que los consideró colaboracionistas y los expulsó.   Un miembro de la convención nacional de la Unión Cívica Radical, el doctor Antonio Lilué, presentó al comité central del partido un proyecto de declaración  el 3 de agosto de 1946, por el cual sostenía que el partido radical, "demócrata  de masas, nacionalista y argentinista, reafirma los postulados de  justicia social, recuperación económica y soberanía nacional, ante el peligro inminente que representa la conjunción de las fuerzas reaccionarias, nacionales e imperialistas ... apoya al gobierno del general Juan D. Perón, en  tanto no se desvíe de esos propósitos...No apoyar la obra de gobierno, por la cual hemos estado luchando durante tantos años, porque no haya sido efectuada por un gobierno surgido del seno de nuestro partido, significará haber realizado la mayor traición al pueblo y al partido."    El proyecto no fue considerado y el autor fue expulsado del partido. Lo mismo le ocurrió a Quijano, Antille y demás participantes radicales del gobierno revolucionario. Los sucesos de octubre de 1945, que marcaron el comienzo de una nueva época en la historia argentina, no son tema de este artículo. Sólo haré referencia a la actuación que le cupo a Quijano como ministro del Interior en esas cruciales circunstancias, en las que permaneció en su cargo, mientras otros renunciaban , y defendió a Perón todo lo que pudo.   
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En la reunión en Campo de Mayo que tuvo el general Farrell con el jefe del regimiento el general Avalos, y demás oficiales, donde se le exigió el alejamiento de Perón de todos sus cargos, estaba presente también el ministro Quijano. Este fue el encargado de comunicar a la prensa lo sucedido, pero presentó los hechos de tal modo, que la defenestración de Perón quedaba como un espontáneo renunciamiento con el objeto de facilitar el próximo llamado a elecciones para el 7 de abril de 1946, con el que se había comprometido el gobierno. Mientras tanto Sabattini, "el único dirigente opositor que en ese momento entendía el país", según Félix Luna, llegó a Buenos Aires llamado por el general Ávalos, en tratativas para formar una eventual fórmula Sabattini-Ávalos, comprometiéndose a rodear con radicales yrigoyenistas al gobierno de facto, en caso de que Perón fuera desplazado. Perón había expresado a sus íntimos, según cuenta Eduardo Colom: "Todo esto es cosa de ese tanito de Villa María... Lo ha enloquecido a Ávalos. Le prometió la Vicepresidencia y ese irresponsable ha jugado el destino de la Revolución." Perdió una oportunidad histórica, como le señalaron oportunamente tanto Frondizi como Jauretche, quienes le aconsejaron que aceptara el ofrecimiento de Ávalos para evitar que volvieran los conservadores. Ello se debió a una interpretación equivocada de la realidad. Pensaba que Perón, ya detenido en Martín García, estaba terminado.   La cuestión fue que Sabattini y los que integraron la Unión Democrática no imaginaron ni comprendieron la significación del 17 de octubre, y el protagonismo que tuvo un elemento con que los radicales creían contar, y que a los conservadores no les interesaba contar: el pueblo.  Ese pueblo que cambió la historia ese 17 de octubre de 1945 aclamaba a Perón en la plaza con cánticos fervorosos, y entre ellos uno también dedicado a nuestro personaje: "¡Perón encontró un hermano, Hortencio Jota Quiijano!"Ahora había llegado el momento de la preparación para la lucha electoral, una lucha bastante desigual, teniendo en cuenta la coalición de fuerzas e intereses que debía enfrentar, a pesar del apoyo evidente del gobierno de facto. La Unión Democrática con su fórmula de la bosta, como la llamaban los muchachos peronistas, "Tambo, orín y mosca", fórmula antipersonalista, tenía como lema de campaña: Democracia contra nazifascismo, como contrapartida Braden o Perón, cuatro palabras que sintetizaban dos formas diferentes de comprender la realidad nacional.  En octubre de 1945, radicales yrigoyenistas constituyeron la Junta Reorganizadora de la UCR, con dos delegados por distrito presidida por Quijano, que luego pasó a denominarse Junta Renovadora. Hubo una reñida puja entre Antille y Quijano por la postulación a la vicepresidencia de la que salió triunfante Quijano por aclamación, método según Luna no reglamentario. Además de los radicales yrigoyenistas, apoyaron a Perón el Partido Laborista de Cipriano Reyes, del que Perón fue su primer afiliado, los nacionalistas, los forjistas, y también algunos conservadores y socialistas. Hay en Félix Luna, quien refleja la actitud de los antiperonistas o gorilas como el mismo reconoce que fue en su juventud, un juicio no sólo peyorativo sino también erróneo sobre Hortencio Quiijano. El juicio erróneo, que lleva implícito un tiro por elevación a Perón, es el de considerarlo como un alvearista. Perón sólo podía tener afinidad con los radicales de tradición yrigoyenista, como lo fue en realidad Quijano. Su militancia en el radicalismo de Corrientes fue durante la primera presidencia de Yrigoyen, donde integró la fórmula radical para gobernador de la provincia que fue vencida. Luna sostiene erróneamente que era una disidencia antipersonalista, cuando ésta surgió después, durante la presidencia de Alvear. En ese tiempo Quijano se dedicó a la actividad privada. Participó nuevamente de la política partidaria, luego de la caída de Yrigoyen, durante la jefatura de Alvear, pero eso no significa que fuera antipersonalista o alvearista. Vimos como Corrientes se mantuvo en la abstención electoral, ya abandonada por el partido, cuando Quijano era delegado de dicha provincia ante el Comité Nacional.   Por eso consideramos una interpretación falsa o mal intencionada cuando dice: "...los radicales de la Junta Renovadora...sólo podían aportar la exaltación de la tradición yrigoyenista, lo que en muchos casos resultaba insincero como ocurría con Quijano, que siempre fue alvearista." Para completar su desvalorización de esos radicales que se jugaron por Perón, en un momento nada fácil, sostiene: "Los nacionalistas podían portar a su campaña el ingrediente intelectual que no podían darle los caudillejos radicales de Quijano ni los dirigentes sindicales"  . Creo que Félix Luna los subestima. En febrero de 1946 se realizaron las elecciones y triunfó la fórmula peronista. Otra visión de Quijano daban los primeros peronistas de entonces. El periódico "Oratoria, una voz llana y lisa del pueblo que no se vende", vocero del Centro de Oradores Juan D.Perón", dirigido por Atilio Pingitore, en su N°1 del 4 de junio de 1946, retrata al vicepresidente de la Nación de la siguiente manera: "Identificado con la Revolución desde el primer momento,....puso no sólo su energía extraordinaria al servicio de la "Causa", sino también su lucidez, serenidad, su inteligencia y hasta vertió en ella toda la magnanimidad de su corazón gaucho y patriota.  Verdadero piloto de tormenta, como se le dio en llamar, el doctor Quijano ha sido una revelación para el país. ...Confiémos en él, augurémosle en la nueva etapa de la Revolución, que el acierto lo premie y lo distinga ante Dios y la Patria." pág.4  En el ejercicio de la vicepresidencia presidió la misión especial argentina a la transmisión del mando presidencial en Chile, donde fue distinguido con la Gran Cruz de la orden del Mérito de ese país. De acuerdo con la política de Perón de integración hispanoamericana, se destacó en la profundización de las relaciones con Brasil para crear el ABC.   Como presidente del senado, en 1947, participó en el juicio político a los jueces de la Suprema corte de Justicia y en la destitución de los jueces Antonio Sagarna, Benito Nazar Anchorena y Francisco Ramos Mejía, jueces de la oligarquía. La defensa del juez Sagarna estuvo a cargo de Alfredo Palacios. En un entredicho con Quijano, éste niega al diputado socialista ingresar al recinto y lo obliga a presenciar la sesión desde el palco. La oposición buscó siempre ridiculizarlo y Américo Ghioldi desde el periódico La Vanguardia, lo apodó Jazmín, en alusión a su nombre de pila. En 1947 le fue encomendada la presidencia de la campaña contra el agio, la especulación y los precios abusivos. En 1952 integró nuevamente la fórmula encabezada por Perón, ante el histórico renunciamiento de Evita, que triunfó en los comicios sobre la fórmula radical Balbín-Frondizi. Pero su salud estaba peor que la de Eva. Murió poco tiempo antes que ella, a los 68 años, el 3 de abril de 1952. Ocurriendo la paradoja, que le tocara a Evita ocupar su lugar en las ceremonias de asunción del mando.   En las honras fúnebres el ministro del Interior Angel Borlenghi expresó: "Con el doctor Quijano parten casi setenta años de argentina vivencia, de gaucho sentir. De cepa criolla... fiel a su destino de criollo, de hombre íntimamente ligado por su urdimbre temperamental a las cosas de esta tierra, que el quería entrañablemente." El presidente del Senado, contraalmirante Tessaire coincidía al decir: "expresión noble y auténtica de las más puras esencias de nuestra tierra."  
 CONCLUSIÓN:  La política de pactos, acuerdos y alianzas ha sido una constante en la historia política argentina. Uno de los más recordados fue el Acuerdo entre Roca, Mitre y Pellegrini, el mismo consistía en evitar la lucha electoral repartiéndose los cargos antes del comicio. Contra esa burla a la voluntad popular se levantó la voz intransigente de Alem, lo que dio origen a la división de la Unión Cívica y la creación de la Unión Cívica Radical, en 1892.  Otro hecho semejante fue la alianza de los diputados "galeritas" o antipersonalistas con los conservadores, en contra de los personalistas o yrigoyenistas, durante el gobierno de Alvear. Esa alianza con los hombres del régimen "falaz y descreído", Yrigoyen la denominó "contubernio". Estos mismos hombres luego de la caída del viejo líder, se unirán a los conservadores en la llamada Concordancia. Triunfaban sólo por el fraude o por la abstención del radicalismo tradicional. La conducción de Alvear eliminó a los seguidores de Yrigoyen del partido, y abandonó sus principios. Lo importante era ganar elecciones y obtener cargos, participar del festín en el que se rifaba la patria. No todos los radicales quisieron formar parte de esa comparsa, algunos pretendieron luchar desde adentro, y otros fueron expulsados del partido cuando participaron del gobierno revolucionario del 43, como fue el caso de Quijano, Antille, Cooke(p), quienes luego ocuparan distintos cargos en el gobierno de  Perón. Fueron hombres que no estaban guiados por intereses personales, por la ambición de los cargos y las prebendas, no fueron fruto de especulaciones partidarias y componendas, de contubernios como diría Yrigoyen. En la actualidad no se usa ya la palabra acuerdo, sino consenso, o concertación plural, pero el tema sigue siendo el mismo: ¿cómo ganar las elecciones? No se busca someterse a la voluntad soberana, a lo que el pueblo quiera. Se busca por medios artificiales, por componendas o contubernios lograr el objetivo que todos los que están en la carrera política quieren: los cargos y en definitiva el poder. Los discursos de los que tienen posibilidad de triunfar son intercambiables, por eso pueden formar parte del gobierno, o de las listas de candidatos,  hombres provenientes de diferentes partidos.  Muy distinta fue la actitud de hombres como Hortencio Quijano, que apoyaron la formación de un nuevo partido, o movimiento, que muy bien puede considerarse la continuación del iniciado por Yrigoyen en 1916, expresión de un nacionalismo popular. La situación actual nos muestra la disolución de los dos grandes partidos políticos tradicionales: el radicalismo y el peronismo. Ambos están fragmentados y realizan diferentes alianzas en que todo está mezclado como el Cambalache de Discépolo, obra que escribió en plena Década Infame. ¿Quiénes actúan como concordancistas, quiénes cómo alvearistas? Al que le quepa el sayo que se lo ponga. Pero los argentinos debemos encontrar un nuevo camino como el que marcó Forja y José Luis Torres en su momento, y que tuvo en Hortencio Quijano a uno de sus ejecutores.

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