Rosas

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sábado, 1 de septiembre de 2018

La Conquista de América según Vicente D. Sierra y Eduardo Galeano

VICENTE D. SIERRA.    Desde el segundo viaje de Colón (1493), aparece aquello que Pedro Leturia (S. J.), llamó «sentido misional» del descubrimiento y luego de la Conquista. Tal sentido se lo imprimieron las bulas alejandrinas (sobre todo las dos Inter Caetera del 3 y 4 de mayo de 1493).   «Sentido misional» significa que se pospusieron las prioridades mercantiles, no que se las excluyera. «España trajo al Nuevo Mundo todo lo que poseía, y de todo ello, su mejor riqueza: su fe, su cultura, su estilo. No regateó nada. No trajo propósitos mercantiles porque ni los tenía ni los tuvo ni los tiene [...]. España no acumula gloria de piratas y corsarios ni se enriquece con la explotación bárbara de la esclavitud, que hacen el haber de un pueblo que los historiadores demo liberales  comprenden y admiran".   Pruebas de la primacía histórica del intento misional son, por ejemplo, el flujo interrumpido de misioneros (mendicantes, jesuitas), la actitud real ante el problema de la esclavitud (Isabel y Colón). Los  «repartimientos» y «encomiendas» con fines misioneros, la creación de las sedes episcopales (organización de la Iglesia), el control religioso (más que moral) de los pasajeros a las Indias, etc. 
 Resultado de imagen para vicente d. sierra el sentido misional del descubrimiento de américa Elementos básicos de la labor misional fueron, entre otros, las universidades, las escuelas, la imprenta: las gramáticas y vocabularios indígenas; los catecismos, confesionarios y sermonarios.  Después de la expulsión de los jesuitas, nadie se ocupó de los indios sino para exterminarlos o dominarlos en servicio de la civilización, y hoy día ni siquiera existen, en muchas zonas, escuelas para losrestos de las viejas razas indias.   Es que el normalismo tiene menos coraje para penetrar en la selva que aquellos misioneros, porque para la tarea hace falta menos pedagogía, pero más fe, más amor a los hombres y más amor a Dios. Y, a parejas de la evangelización, iba la promoción humana: introducción desde Europa de animales (caballos, vacas, ovejas, puercos, cabras, gallinas, pavos, palomas, etc.) y cultivos (vid, olivo, trigo, lino, hortalizas, naranjas, duraznos, melones, frutillas, guindas, manzanas, peras, bananas, etc.).  Las leyes en defensa y promoción del  indígena fueron a veces utópicas e inaplicables, «pero lo que admira es el espíritu que las anima».  Sin dudas hubo fallas, errores, pecados, pero no hay que exagerar, como Las Casas y los que lo siguen (demo liberales, indigenistas, filo  marxistas). El análisis histórico va día a día deshaciendo los infundíos de Las Casas, y ya no hay un solo historiador responsable que sostenga que, en todas las encomiendas, el maltrato del indio ley común.  La existencia de pecados e inmoralidades se explica en parte, porque el cuidado de España se centraba en lo religioso (dogmático) como la pureza de la fe y del dogma, más que en la selección moral.  La Casa de Contratación de Sevilla no dejaba pasar al Nuevo Mundo judíos, moriscos, herejes, conversos o reconciliados. Pero no hilaba tan fino en asuntos de moralidad privada.  Hay que admitir entre los indios de América diversos grados de capacidad, según las religiones y los pueblos. Por ejemplo, la incapacidad mental para la religión en nuestros pampas llegó a ser absoluta. 
EDUARDO GALEANO
La epopeya de los españoles y los portugueses de América combinó la propagación de la fe cristiana con la usurpación y saqueo de las riquezas nativas. La búsqueda del oro y de la plata fue, sin duda, el motor central de la  Conquista.  Colón llevaba consigo un ejemplar del libro de Marco Polo, cubierto de anotaciones en los márgenes de las  páginas. Los habitantes de Cipango (Japón) `poseen oro en enorme  abundancia y las minas donde lo encuentran no se agotan jamás... También hay perlas del más puro oriente en gran cantidad, redondas, y de gran tamaño y sobrepasan en valor a las perlas blancas.  Esta [la misión de exportar  productos a Europa] era la misión  fundamental que habían traído los  pioneros, aunque además aplicaran  el evangelio, casi tan frecuentemente como el látigo, a los indios agonizantes [...]. La economía colonial estaba regida por los mercaderes y los grandes propietarios de las tierras, quienes se repartían el usufructo de la mano de obra indígena y negra bajo la mirada celosa y omnipotente de la Corona y su principal asociada, la Iglesia.  He aquí pues individuados con la complicidad de la Corona y la Iglesia. ¿En qué se invertía ese capital producido por los despojos? El capital que restaba en América una vez deducida la parte del león, que se volcaba al proceso de acumulación primitiva del capitalismo europeo, no generaba en estas tierras un proceso análogo al de Europa para echar las bases del desarrollo industrial, sino que se desviaba a laconstrucción de grandes palacios y templos ostentosos, a la compra de joyas y ropas y muebles de lujo, al mantenimiento de servidumbre numerosa y al despilfarro en fiestas.    
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Las regiones hoy día más signadas por el subdesarrollo y la pobreza son aquellas que, en el pasado, han tenido lazos más estrechos con la metrópoli y han disfrutado de períodos de auge. Son las regiones que fueron mayores productoras de bienes exportados hacia Europa o posteriormente hacia Estados Unidos, las fuentes más caudalosas de capital: regiones abandonadas por la metrópoli cuando, por una u otra razón, los negocios decayeron [...]. Por ejemplo Potosí, Zacatecas, Guanajuato, Sucre, Huancacha (Bolivia). Suma riqueza, suma pobreza [...]. La extenuación de la plata (en Potosí) había sido interpretada como un castigo divino por las atrocidades y los pecados de los mineros. Atrás quedaron las misas espectaculares, como los banquetes y las corridas de toros, el culto religioso a todo lujo había sido también, al fin y al cabo, un subproducto del trabajo esclavo de los indios. Los mineros hacían, en la época de esplendor, fabulosas donaciones para las iglesias y los monasterios, y celebraban suntuosos oficios fúnebres. Llaves de plata para las puertas del cielo: el mercader Álvaro Bejarano, había ordenado, en su testamento de 1559, que acompañaran su cadáver `todos los curas y sacerdotes de Potosí [...]. Sucre cuenta todavía con su Torre Eiffel y con su propio Arco del Triunfo, y dicen que con las joyas de su virgen se podría pagar toda la gigantesca deuda externa de Bolivia [...] En otras palabras, Iglesia y capitalismo, aliados en el enriquecimiento, cómplices también de la pobreza. Los indios han padecido y padecen —síntesis del drama de toda América— la maldición de la propia riqueza [...].   La pobreza del hombre como resultado de la riqueza de la tierra [...]. En América, la riqueza engendra pobreza. Los efectos de la Conquista y todo el largo tiempo de la humillación posterior rompieron en pedazos la identidad cultural y social que los indígenas habían alcanzado [...].

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