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viernes, 28 de febrero de 2014

Fundación del Fuerte de Buenos Aires 1536

El 2 de febrero de 1536 don Pedro de Mendoza funda la ciudad de la Santísima Trinidad y el puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires.
Como América con Colón, Argentina también nació de una confusión: la expedición de Sebastián Gaboto en 1527 organizó una “entrada a la tierra” desde el fuerte de Sancti Spiritu al mando del capitán Francisco César, que escuchó hablar a unos indios de “la Sierra de Plata” (que finalmente resultó siendo el cerro del Potosí en el Alto Perú). Las exageraciones fantasiosas de las mentes mercantilistas de los descubridores, después de las riquezas fabulosas llegadas a la metrópoli desde México y Perú, junto a la obvia confusión derivada del apellido del capitán, pronto iban a generar la leyenda de la Ciudad de los Césares, de tenaz persistencia durante largas décadas en aquellas cabezas. Presuntamente estaría ubicada cerca del río de Solís, y es lo que vino en realidad a intentar conquistar el primer Adelantado del Río de la Plata, don Pedro de Mendoza, de una de las más nobles familias de la península, aunque atacado por una sífilis bastante avanzada.
Se alistó así a la juventud dorada de España en la expedición más pretenciosa organizada hasta esa fecha, financiada por el propio Mendoza a cambio de una parte de los tesoros conquistados: 14 navíos, 1.500 hombres y unas pocas mujeres; se cargaron provisiones para 6 meses, 250 caballos de guerra ¡y ninguna vaca ni oveja!
El desencanto resultó terrible. Esta sería la Cenicienta de la conquista. Buscaban oro y encontraron barro, barro y más barro. Pero para colmo los constantes ataques de los indios querandíes, la falta de alimentos y la aparición de enfermedades obligaron a los orgullosos conquistadores a abandonar el lugar. Sólo quedaron unas pocas vacas, toros y caballos que con el tiempo se transformarían en la principal riqueza de estas tierras.
Escribió el soldado sobreviviente Ulrico Schmidl en su famoso Viaje al Río de la Plata de 1567: “La gente no tenía qué comer y se moría de hambre y padecía gran escasez. Fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta sus zapatos y cueros, todo hubo que ser comido. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que había muerto”.
Isabel de Guevara fue una de las pocas mujeres que participaron de la fracasada expedición y tal vez la primera feminista de América. Así le escribía a la reina de España veinte años después: “Vinieron los hombres en tanta flaqueza que todos los trabajos cargaban a las pobres mujeres, así en lavarles las ropas como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, a limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas y sargentear y poner en orden a los soldados. Porque en este tiempo –como las mujeres nos sustentamos con poca comida -, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres”.
Finalmente, algunos miembros de la expedición de Mendoza decidieron volver a España con el Adelantado (que murió de su enfermedad venérea en el viaje), y otros remontaron el río Paraná y fundaron en 1537 la ciudad de Asunción, que iba a tener la indiscutida preeminencia regional por más de un siglo. Allí fueron bien recibidos por los guaraníes. Los españoles lograron establecerse y formaron parejas con las indias, a discreción, dando lugar a la fenomenal experiencia del mestizaje intensivo.
Desde aquel “Paraíso de Mahoma” partió la expedición de don Juan de Garay que re-fundaría Buenos Aires en 1580, convirtiéndola en una de las pocas ciudades del mundo que fue fundada dos veces. Como no pudo prometerle a sus hombres ni oro ni indios mansos, porque no los había en el Plata, se comprometió entonces a entregarles tierra y ganado que sí abundaban en la región. Sesenta y dos hombres y una mujer acompañaron a Garay. Sólo diez eran españoles, el resto eran “hijos de la tierra” o “mancebos”, como se llamaba entonces a los criollos americanos. Poco y pobre comparado con la poderosa expedición de Mendoza.
Sin embargo, hay quien reniega de esta historia, y tiene su propia interpretación.
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Fundación Mítica de Buenos Aires
de Jorge Luis Borges
¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.
Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.
Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.
Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.
Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y sudestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.
Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.
El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN,
algún piano mandaba tangos de Saborido.
Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.
A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
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jueves, 7 de febrero de 2013

Argentina en el período Hispano

Por el Profesor Jbismarck
La ocupación del territorio se caracterizó por el establecimiento de un grupo de ciudades que actuaban a la manera de centros desde los cuales se operaba sobre las regiones no sometidas, procurando asegurar las comunicaciones. Desde Charcas a Buenos Aires y desde ésta a Asunción, aquellos poblados eran como postas. Algunas regiones como el conjunto catamarqueño calchaquí quedaran incorporadas a la civilización española y otras como el Chaco permanecerán impenetrables hasta fines del siglo XIX.. Para vencer a los indios adopto un sistema contrario a la legislación protectora del aborigen: los erradicó de su medio natural, trasladándolos en masa a otras regiones. Esto produjo tal impresión en aquellas comunidades que terminó con su espíritu guerrero. Sólo al impulso de la leyenda de los cesares se lanzó Hernandarias hacia el sur en el año 1604 y descubrió los ríos colorado y negro.
Volvemos a mencionar a Hernandarias quien poseía una visión política, que abarcaba el conjunto del sur continental y constituye más timbre de gloria para él que su valiente y empeñosa lucha por la moralización administrativa. Previó la necesidad de poblar la Banda oriental del río de la Plata, el alto Paraguay y la isla de Santa Catalina, y oponer una valla a la penetración portuguesa que era estimulada desde San Pablo. Desgraciadamente el consejo de Indias no escucha al gobernador criollo y sólo los jesuitas habían materializado la posesión española de las fronteras orientales con la creación de las reducciones o pueblos. Durante la unión hispano portuguesa, éstos decidieron hacer partidas o "bandeiras" que avanzaban sobre las tierras españolas y cazaban a los indios, especialmente los pacíficos y reducidos para venderlos luego como esclavos en el norte del Brasil. Esto lo hacían con la complicidad e indecisión de las autoridades españolas, y el único respaldo de los indios fue suministrado por los sacerdotes jesuitas. No se puede prever hasta donde habrían llegado los paulistas si los jesuitas no les hubieran dado instrucción militar a los indios. Los misioneros pusieron a algunos caciques capaces al frente de esta fuerza española en su estilo, e indígena en su composición, la que sorprendió y destrozó a una poderosa "Bandeira" en 1640, el mismo año en que Portugal se separó de España. Sin embargo no cesaron allí las pretensiones lusitanas. En 1680 Manuel Lobo fundó Colonia del Sacramento, casi enfrente de Buenos Aires. Cuando Buenos Aires fue elevada al rango de capital de provincia pasaba por un momento de expansión comercial notable gracias al contrabando. Los barcos extranjeros (portugueses, ingleses, holandeses y franceses) fingían llegar en arribada forzosa o se les decomisaba aparentemente la mercadería que traían. Esta se vendía luego a precios preconvenidos, recibiendo una parte el introductor y otra el contacto. Este vendía los productos en el interior, obteniendo grandes beneficios. El gobernador Góngora se prestó a los intereses contrabandistas, entonces la corona estableció la Aduana Seca de Córdoba y luego ésta fue trasladada a Jujuy
POBLACIÓN DURANTE EL SIGLO XVII
Hacía 1650 la población alcanzaba a 590.000 almas, de las cuales 70.000 eran blancos, 35.000 mestizos y 20.000 negros. Las ciudades son todavía poblaciones pequeñas. En 1620 Buenos Aires contaba unos 1.100 habitantes, Santa Fe 600, Corrientes no llegaba a 400, mientras que Córdoba tenía 2.600 habitantes. El Francés Massiac nos ha dejado esta descripción de Buenos Aires en 1644:
"La ciudad está situada sobre la ribera del río, se puede fortificar, pues se tiene todo a mano. Las casa no son muchas; están construidas de barro y paja. Son de una planta al igual que los conventos. Las iglesias están techadas de tejas. Las calles están sin pavimentar; no se encuentra ni una sola piedra en el campo. El único edificio público es el Ayuntamiento que sirve de cárcel. El agua que usan es la del río que es muy buena. Creo que habrá unas cien casas de habitantes adinerados, los demás no hacen más que vegetar; no hay mendigos. He contado alrededor de 2.000 mujeres casadas y solteras que viven la mayoría de su trabajo o de sus amores secretos. La mayor parte de los maridos están largo tiempo ausentes y se dedican a los negocios y a las minas. He visto unos 1.000 niños menores de 10 años y unos 60 religiosos o Padres. Estimo que había más o menos unas 6.300 almas; los juegos y las diversiones son las corridas de toros, las naipes y las carreras de sortijas"
El mestizaje entre españoles y aborígenes continúa. No sólo continúa vigente entre las clases humildes, sino que continúa en las clases altas con características clandestinas o ilegítimas extramatrimoniales, lo que constituyó as desacreditar al mestizo, que fue señalado como fruto del pecado. La población negra alcanzó un número destacado fueron destacados a tareas domésticas y rurales. El mestizaje afro europeo fue escaso y su producto, el mulato, fue mal visto y desconceptuado. Algo similar ocurrió con la unión de negros e indios, aún más infrecuente y peor calificada. En el siglo XVII el prestigio y el poder comienzan a radicar más en el dinero, representado en la posesión de tierras o en el ejercicio del comercio. En América contaban mas los DOBLONES QUE LOS BLASONES.