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miércoles, 21 de diciembre de 2016

ARTURO SAMPAY; LA CONSTITUCIÓN JUSTICIALISTA DE 1949

Por Alberto González Arzac

En “La crisis del Estado de Derecho liberal burgués” Sampay propicia que la persona no sea absorbida por los entes estatales o corporativos a contrario sensu de las tendencias europeas en el marco del fascismo en general. El disertante señala que los movimientos nacionales europeos provenientes del socialismo se fueron apartando de tal corriente pero siempre procuraron el fortalecimiento del Estado más que la persona. Perón leyó esta obra y fué influido en su concepción justicialista.  En “La filosofía del iluminismo en la Constitución Argentina de 1853” ya advierte que el liberalismo ha ido modificando sus lineamientos originarios y, en tal sentido, introduce el sufragio universal, leyes sociales, instituciones económicas (vgr. Juntas de Carnes y de Granos, C.A.P., etc.).
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Perón y Sampay se conocieron en el departamento de la calle Posadas donde vivía con Evita generando un mutuo aprecio y reconocimiento. En esta ocasión el Dr. González Arzac recordó la frase de Gilbert K. Chesterton quien decía que “…cuando viene la revolución los últimos en “desaprender” son los intelectuales…”. Con el advenimiento de la Revolución del 4 de junio y el ascenso de Perón a la Presidencia, Arturo J. Sampay es designado Fiscal de Estado de la Provincia de Buenos Aires donde a partir de 1946 promueve las demandas contra los grupos Bemberg y CADE generándose el odio de toda la oligarquía y mala palabra para el resto de su vida.  Luego interviene en la provincialización total del Banco de la Provincia de Buenos Aires al igual que como redactor del proyecto de modificación a la Constitución Nacional, electo constituyente por la Provincia de Buenos Aires, disertante en la Convención y participante en diversas comisiones. El conferencista expresó que lo que se pretendía con la reforma constitucional era convertir esa democracia de círculo en una democracia de masas y para ello estableció la elección directa de presidente y vice como así también de senadores y diputados, a fin de evitar el contubernio habido en los colegios electorales o en las legislaturas provinciales (pues esas elegían los senadores nacionales).  Dicho en otras palabras, se eliminaron los “intermediarios partidocráticos”.  Esto implicó la superación de los “colegios electorales” y se eliminó la “no-reelección” (la cual frustró oportunamente un segundo mandato a Hipólito Yrigoyen). Pero, amén de ello la reforma constitucional implicó una serie de reformas en diversas áreas:
– Económica: implantando como principio el de la justicia social y la función social de la propiedad (en lo que hace al trabajo, campo, empresas, Estado)
– Social: con la instauración de los derechos del trabajador, ancianidad, familia, mujer, etc. superando la concepción individualista del liberalismo, el cual había consagrado al individuo desgajado de las sociedades a las cuales pertenece naturalmente (familia, sindicato, localidad, etc.) relegándolo como persona.
– Cultural: imponiendo las 3 banderas del justicialismo como lo fueron la soberanía política, la independencia económica y la justicia social y la difusión de la cultura nacional (entendido como lo propiamente americano y no importado sin transvasamiento alguno).
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Recordemos la creación de la marcha “Aurora” sobre la música de una ópera del maestro H. Panizza y que con letra de H. C. Quesada y L. Illica fue cantada en todos los colegios del país al izarse y arriarse la bandera nacional.
– Art. 40 de la Constitución Nacional: el mismo consagró los derechos del Estado y la comunidad nacional a usufructuar los recursos naturales cuestión que afectó profundamente los intereses foráneos no sólo actuales sino futuros y que concitara tanta polémica, no obstante lo cual el presidente del bloque radical opositor Moisés Lebensohn apoyó la redacción.
Entonces y luego se polemizó respecto a si este artículo generó controversias entre Perón y Mercante-Sampay lo que el disertante estimó que no. Sabe que Perón recibió reclamaciones de embajadores de las potencias extranjeras y que el presidente lo comunicó personalmente a ambos pero sin que se generara conflicto alguno.
El bloque opositor radical con su vocero Moisés Lebensohn y el único conservador se retiraron de la Convención cuando se discutió el punto de la“no reelección” del presidente, no obstante lo cual los diputados y senadores opositores juraron por el texto de la Constitución Nacional reformada en las respectivas Cámaras encontrándose entre ellos Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, etc.
Dicha Constitución fue derogada por un bando militar suscripto en 1956 por parte de Pedro E. Aramburu e Isaac Rojas y sus ministros, lo que implicó la instauración del “Estatuto del Coloniaje” máxime cuando pocos días después dichas autoridades adhirieron al Fondo Monetario Internacional, verdadera carta de la República Argentina a partir de entonces. Paralelamente se dictaba el decreto 4161/56 por el cual se reprimía duramente a los peronistas en su libertad, en sus derechos cívicos y su patrimonio con prisión, pérdida de derechos políticos y civiles e incautación de bienes.
Hacia 1952 Sampay llevó a cabo un viaje a Europa haciendo conocer el nuevo texto constitucional el cual hizo llegar a universidades, foros, gobiernos y, entre otros políticos, a Amintore Fanfani en Italia y a Charles de Gaulle en Francia.
Por entonces, en la provincia de Buenos Aires se llevó a cabo una puja por parte del mayor Carlos Aloé para ocupar la gobernación y consagrado este, comenzó una persecución de quienes acompañaron a Mercante en su gestión lo que implicó a Jauretche y a Sampay, entre otros.
Por recomendación del Cardenal y Arzobispo Primado de Buenos Aires Cardenal Santiago Luis Copello, Sampay fue llevado a un convento y con la documentación (vieja cédula de identidad de la Policía Federal) de un sacerdote fallecido trasladado al exterior radicándose en Paraguay y luego en Bolivia y, finalmente, en Uruguay hacia 1958 en coincidencia con las elecciones que ganó su amigo Luis Alberto de Herrera en la República Oriental del Uruguay, luego de más de 50 años que no gobernaba el Partido Blanco.
No olvidemos, que Sampay había conocido en Buenos Aires a los exiliados Víctor Paz Estensoro (Bolivia), José María Velasco Ibarra (Ecuador) y Luis Alberto de Herrera (Uruguay), fundamentalmente a partir de las mesas del“Café Tortoni” presididas por Alberto Contreras, quienes luego asumirían las presidencias de sus respectivas naciones.
Cuando asumió Frondizi como presidente de la Nación el 1º de mayo de 1958 en función del pacto Perón-Frondizi donde intervino Rogelio Frigerio y Enrique Oliva en el mecanografiado del mismo, se permitió el regreso de los exiliados en el exterior. Entre ellos se contó a Arturo J. Sampay.
Pero a Sampay no le fueron reconocidas sus cátedras ni cargos, e incluso Frondizi sólo lo recibió en secreto, máxime cuando el ideario de aquel estaba en contra de la política de privatización del subsuelo nacional, en contra de lo proclamado durante toda su campaña al frente de la Unión Cívica Radical Intransigente y lo prometido largamente.
Tanto es así que el Colegio de Abogados de la Plata no le permitió participar de una conferencia o mesa redonda a pesar de la invitación cursada por uno de sus directivos, dedicándose a vivir de los asesoramientos jurídicos, en especial de una empresa uruguaya.
Sampay “vivía un exilio interior en su propia patria” como a tantos le aconteció luego de la caída del General Perón y su gobierno en 1955.
A partir de 1960 llevó a cabo viajes a Montevideo y Santiago de Chile para asesorar en materia de derecho constitucional en razón de los procesos de dictado de nuevas cartas fundamentales en los países hermanos. En Chile fue recibido tanto por Frei como por Allende en 1967 y 1971 respectivamente, especialmente en lo que hace a la inteligencia del art.40 de la Constitución justicialista.
En el orden internacional cuando de Gaulle asumió el poder en Francia y decidió reformar su sistema constitucional llamó a sus asesores y les hizo entrega de la Constitución justicialista que oportunamente le regalara Sampay, diciéndoles que la tuvieran en cuenta a los efectos de pergeñar un sistema presidencialista.
También se advirtió su influencia en la reforma constitucional prohijada por Chávez en Venezuela hacia 1999 como en la ley de hidrocarburos del año2006 por parte de Evo Morales, por obra de Andrés Solís Rada su ministro de Energía hasta su renuncia por discrepancias con el presidente boliviano.
Durante muchos años la obra de Arturo J. Sampay mereció el respeto y consideración en el exterior, estudiándose en universidades europeas, latinoamericanas, etc. pero recién ahora ha comenzado a ser tenida en cuenta en el ámbito universitario argentino.
El jurista Sampay falleció el 14 de febrero de 1977 en la ciudad de Buenos Aires.

miércoles, 6 de julio de 2016

Don Bernardo de Irigoyen contra Manuel Quintana

POR ALBERTO GONZÁLEZ ARZAC

EL BANCO INGLES Y LA CAÑONERA
EL BANCO DE LONDRES Y RIO DE LA PLATA

En 1862 el Banker’s Magazine anunció la formación del London, Buenos Aires & River Plate Bank (Limited), con capitales provenientes de comerciantes londinenses. La sociedad se radicó en nuestro país con el nombre de “Banco de Londres y Río de la Plata”; fue el primer Banco extranjero fundado en el país e instaló su sede en la calle Piedad (hoy Bartolomé Mitre), de Buenos Aires, abriendo luego sucursales en Montevideo, Rosario y Córdoba. El director residente del Banco fue el doctor Norberto de la Riestra, economista y político que emigró a Londres durante el gobierno de Rosas, regresando tras el derrocamiento de éste como representante de los banqueros Nichelson-Green; era un influyente político (habría de ser ministro de Hacienda durante la presidencia de Avellaneda) que, poco antes de ser designado por el Banco de Londres, había abandonado el Ministerio de Hacienda de la provincia de Buenos Aires. Anota Ortiz en su “Historia Económica de la Argentina” que el Banco inició sus operaciones con un capital de casi 300 mil libras.
En 1867 el Banco instaló su sucursal Rosario; fue la primera casa bancaria de Santa Fe, ubicada en uno de los centros más importantes dentro de la estrategia espacial de los capitales británicos, por ser Rosario puerto y estación terminal (Ferrocarril Central Argentino); gozaba del privilegio de emitir billetes, acordado ya por la Legislatura de Santa Fe el 22 de noviembre de 1865, y servía de agente a la política comercial inglesa en esa importante zona agropecuaria.
La formación del Banco de Londres y Río de la Plata no era un episodio aislado, sino que respondía a una política evidenciada en la actitud de los capitales ingleses durante los años que sucedieron a 1860. El imperio de la Constitución Nacional y el afianzamiento del gobierno federal dieron por ese entonces las garantías al comercio inglés, que habían consagrado las cláusulas del Tratado anglo-argentino de 1825, pero que habían permanecido casi en suspenso por el recelo que entre los inversores causaba la situación de anarquía interna vivida por el país, o por las particulares características de la política de Rosas. Comenzaba así a hacerse sentir en toda su magnitud la “potencia expansiva” de los intereses, a la que Díaz Cisneros considera actitud típica del concepto moderno de imperialismo: “Mantener el dominio de los medios de producción, el control de los mecanismos creados para absorber la energía económica, concentrarla en manos de grupos dirigentes y aplicarla a su propia reproducción financiera”; en su apreciación, “el imperialismo es la dominación económica que origina la dominación política, es el vasallaje económico y político”. Es —en simples palabras— la actitud que desde otro punto de vista habrían de definir los hermanos Irazusta: “Para los ingleses, lo primero es que se reconozca su rango imperial, que se les rinda el homenaje debido a su grandeza y, si es posible, sumisa pleitesía”.
EL BANCO PROVINCIAL DE SANTA FE:  Pocos lustros después, en el último cuarto del siglo XIX, los intereses económicos nacionales habían adquirido ya fisonomía propia, creando cierta tensión con las empresas extranjeras.  La producción de lanas y cueros era excelente, y comenzaba a incrementarse la producción agrícola. Gran Bretaña no podía absorber ya totalmente los productos argentinos, en constante aumento, y mermaban las importaciones de manufacturas británicas. Las empresas ferroviarias y Bancos extranjeros ocuparon el banquillo de los acusados ante la prensa no interesada, ante el Congreso de la Nación y, en definitiva, ante la opinión pública. Los ferrocarriles embolsaban ganancias originadas en las cláusulas de garantía y los Bancos servían a la política de las empresas foráneas, sin prestar apoyo crediticio en la medida requerida por los nacionales.   Sabido es que los grupos económicos y las élites políticas argentinas, asimilaban más la idea de “poder” a la posesión de tierras que al poderío financiero, ejercido por la banca británica. Con excepción del Banco de la Provincia de Buenos Aires, no había instituciones importantes argentinas. Esto motivaba un desamparo de las empresas de origen nativo, que en la provincia de Santa Fe el gobierno local pretendió subsanar mediante la creación del “Banco Provincial de Santa Fe” (1874), cuyo principal accionista era el propio Estado. La provincia mostraba al país un novedoso impulso a la colonización agraria; en 1870 tenía 36 colonias que orientaban al país en la explotación del trigo, maíz y lino, y eran de fundamental importancia en el proceso emprendido hacia una producción agrícola exportadora. La necesidad de una política crediticia que ayudara el proceso era, pues, evidente.  Respecto del cultivo de cereales y lino en el Litoral, Sommi ha señalado que la región tuvo dos caminos para su desarrollo agrario. En la zona de Santa Fe se destacó el de la colonización, basada en el colono propietario de la tierra que trabajaba; contrariamente a la zona bonaerense, estructurada en base al latifundio. Esto indica también una contraposición entre los intereses santafesinos y los de la oligarquía porteña, vinculada al capital inglés. Por otra parte, si bien la producción de cereales y lino estaba destinada a abastecer el mercado del Reino Unido principalmente, la conversión de una Argentina importadora en exportadora, a la vez que producía una baja de precios en el mercado británico, hería intereses creados vinculados a nuestro comercio de importación agrícola.   Pese a que el Banco de Londres y Río de la Plata era también accionista del Banco Provincial, no tardaron en chocar ambas instituciones financieras, representativas de intereses tan diametralmente opuestos. La sucursal Rosario del Banco de Londres (al que se denominaba “Banco inglés”) se propuso asfixiar al Banco Provincial, presentándole al cobro en 1875 una gran cantidad de papeles. El propio encargado de negocios inglés en Buenos Aires habría de reprochar tiempo después al presidente del Directorio del Banco inglés, que “en más de una ocasión había abandonado sus prácticas ordinarias y reunido gran cantidad de billetes provinciales, con el fin de presentarlos simultáneamente al cobro, sin previo aviso, al establecimiento nativo y rival que, según se sabía, se hallaba en dificultades”.   La respuesta del Banco Provincial no se hizo esperar. El 2 de junio de 1875 el gobernador de Santa Fe, Servando Bayo, asumiendo su defensa, logró sancionar una ley de suspensión del privilegio del Banco inglés, relativo a la emisión de billetes, quedando reservado el mismo únicamente al Banco Provincial.  Bayo no era un enemigo fácil para el Banco de Londres. Gobernador progresista, además de crear el Banco Provincial, promulgó la ley de colonización, creó más de 60 escuelas y realizó innumerables obras en Santa Fe. Había sido capitán del Ejército derrotado en Cepeda, y era un hombre querido y de carácter férreo, cuyo prestigio se acrecentó por los auxilios prestados durante su gobierno al sofocamiento de la revolución mitrista de 1874. Su personalidad está definida en la contestación dada al presidente Avellaneda, cuando éste le observó que Santa Fe era la provincia que en ese episodio había cooperado más con el gobierno nacional y la que menos gastos reclamaba:         “Señor presidente —-contestó—, la cosa es muy sencilla: ni he robado ni he dejado robar a nadie”.    El Banco de Londres no encontró mucho auspicio en su reacción contra el gobierno santafesino. Intentó promover la solución diplomática del asunto, con el apoyo del gobierno inglés, y la judicial iniciando litigio contra la provincia, por entender que la medida violaba los derechos de su cédula. Momentáneamente el eco de sus reclamos fue muy pobre, pues la propia embajada británica en Buenos Aires entendió que no podía esperarse “ninguna intervención por parte del gobierno de Su Majestad”; y la Corte Suprema de la Nación falló en febrero de 1876, no haciendo lugar a la demanda interpuesta, con costas. El alto tribunal estaba integrado por los doctores Salvador M. del Carril, José Barros Pazos, J. B. Gorostiaga y J. Domínguez. El dictamen del Procurador General, doctor Carlos Tejedor (cuyos fundamentos fueron admitidos por la Corte), entendía que era pertinente el rechazo de la demanda, por cuanto “las sociedades anónimas, sea como casa principal, o como sucursales, tienen su domicilio en las provincias de soberanía propia, donde se hallan establecidas, y si por esta circunstancia, la de Rosario carecería de fuero nacional, tiene que carecer también la que pretende avocarse el domicilio y representación de aquella". Sostuvo, por otra parte, que “la emisión de billetes con curso forzoso en las oficinas públicas, no es un simple hecho industrial o de comercio libre”, y “no siéndolo la ley de Santa Fe de 22 de Junio, ningún artículo de la Constitución Nacional ha violado” (“Fallos”, t8, 2* serie, páginas 156 a 160).
PROCESO DEL CONFLICTO:   A principios de 1876 el panorama financiero no era alentador en nuestro país, al punto que el Banker’s Magazine informaba que el Banco Mercantil del Río de la Plata (formado por capitales franceses y británicos) estaba al borde de la liquidación, y aun el Banco de Londres pasaba dificultades, reduciendo sus dividendos. El año anterior había terminado con quiebras que superaron 10 millones de libras en el último trimestre, consecuencia de la depresión económica. Con un capital muchas veces inferior al de los Bancos mencionados, el Banco de Santa Fe debía sumar a las dificultades propias de la plaza, la competencia de la sucursal Rosario del Banco de Londres, cuya solidez y disposición para efectuar operaciones en oro estaban lanzadas, a pesar del momento económico, hacia el monopolio de los negocios crediticios de Santa Fe y la destrucción del Banco Provincial.   El gobernador de Santa Fe contestó las hostilidades del Banco de Londres el 19 de mayo de 1876, con medidas valientes y drásticas: decretó la liquidación de la sucursal Rosario, considerándola ruinosa para los intereses públicos, y ordenó una acción criminal. Con asistencia de la fuerza pública fueron cerradas sus puertas, sellados sus libros, arrestado su gerente, y se ordenó un embargo, exigiéndosele depositar 50.600 pesos oro en el Banco Provincial, en garantía del papel moneda cuya conversión la provincia había dispuesto, sin que el Banco inglés hubiera cumplido.   El Banco de Londres movió sus influencias en el comercio rosarino, organizando una reunión “espontánea” en el teatro Olimpo, para solicitar al gobierno de Santa Fe la derogación del decreto de liquidación. Se nombró una comisión para acordar una entrevista entre el ministro de Finanzas de la provincia, el directorio del Banco Provincial y el gerente del Banco de Londres, donde el ministro propuso que éste proporcionara soluciones, acordando un préstamo al Banco Provincial para que pudiera superar la difícil situación financiera que vivía. Finalmente esa propuesta no tuvo eco, y los apremios de la entidad santafesina serían solucionados con un préstamo del gobierno nacional. 
LA CAÑONERA "BEACON”: El arma más poderosa del Banco de Londres era la gestión diplomática, que intento nuevamente por vía del encargado de negocios británico en Buenos Aires, St. John, y del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania, dado que el gerente de la sucursal Rosario, Mr. Maschwitz, era de esa nacionalidad.  St. John recurrió a una vía que puede considerarse insólita dentro de la dúctil habilidad diplomática inglesa: pidió al comandante de la cañonera británica "Beacon”, capitán Dunlop, que estaba en Montevideo, que remontara el río Paraná con destino a Rosario. Paralelamente acordó una audiencia con el ministro de Relaciones Exteriores, doctor Bernardo de Irigoyen, a la que acudió en compañía del doctor Manuel Quintana, consejero legal del Banco de Londres.    El doctor Quintana —que habría de ser presidente de la Nación— era un eminente jurisconsulto, catedrático que había ocupado el decanato de la Facultad de Derecho y el rectorado de la Universidad, pero en la entrevista de marras le tocó esgrimir el no muy Jurídico argumento de la cañonera.   "Entonces el doctor Irigoyen —relataría luego St. John— se volvió hacia mí y dijo que lamentaba que yo hubiera dado semejante paso, pues éste haría más difícil un arreglo con las autoridades provinciales”. “En seguida —agregó St. John— expliqué a Su Excelencia que el paso que yo había dado no representaba una amenaza, sino que era una sencilla medida de precaución, que yo había tomado en vista de la representación que me había confiado el Banco de Londres y Río de la Plata al enterarse de las irregularidades ocurridas, y que me parecía conveniente ofrecer de esa manera un lugar seguro a una gran cantidad de bienes británicos”.     A la reclamación realizada por el gobierno de Su Majestad británica, el ministro de Relaciones Exteriores contestó con Una firme posición jurídica en notas del 23 de junio y 21 de agosto de 1876, negando para el Banco de Londres y Río de la Plata derecho alguno a la protección diplomática británica: "El Banco de Londres es una sociedad anónima que sólo existe con fines determinados. Las personas jurídicas deben su existencia a la ley del país que las autoriza y, por consiguiente, no hay en ellas nacionales ni extranjeros; no hay individuos de existencia natural con derecho a protección diplomática. No son las personas que se unen; son simplemente los capitales bajo formas económicas, y según el sentido mismo de la palabra no tienen nombre, nacionalidad, ni responsabilidad individual involucrada. El hecho de que las acciones hayan sido suscriptas por individuos de una nacionalidad es eventual, y no puede desnaturalizar la esencia de la sociedad. Esas acciones se transfieren, y las que hoy están en poder de los ingleses, pueden pasar fácilmente a manos de ciudadanos de otra nación”. 
El ministro Bernardo de Irigoyen era uno de los abogados más prestigiosos de Buenos Aires y un funcionario ponderado y prudente. Su personalidad le permitió ser canciller de los gobiernos de Avellaneda y Roca, desempeñar las carteras de Interior y Hacienda, otros importantes cargos y ser una figura “presidenciable” durante largo período. Las argumentaciones Jurídicas expuestas en este caso dieron origen a una posición sostenida casi unánimemente por los juristas argentinos: Zeballos, Margarita Argúas, Lazcano, Saavedra Lamas (como delegado argentino a la conferencia de jurisconsultos de Río de Janeiro, 1927), Romero del Prado, Ennis, y otros más han defendido su tesis. En 1888, representando a la Argentina —juntamente con el doctor Roque Sáenz Peña— en el Congreso Interamericano de Derecho Internacional Privado reunido en Montevideo, al sostener el principio del domicilio, el propio doctor Manuel Quintana habría de admitir esa posición.  Estanislao Zeballos, al comentar el “Manual de Derecho Internacional Privado” de André Weiss, decía en su glosa que dentro de los sistemas iusprivatistas que -como el nuestro-adoptan el sistema del domicilio (lex domicilii), “no es admitida la división de las sociedades comerciales en nacionales y extranjeras. No admiten dichas legislaciones que las sociedades comerciales tengan nacionalidad. Su radicación en una soberanía dada que determina la jurisdicción y la ley a que están sometidas, depende de su domicilio general o especial. Por eso, en nuestro Derecho solamente hablamos de sociedades comerciales locales o constituidas en pais extranjero. El sistema de Derecho Internacional Privado sostenido por la Escuela Argentina elimina de sus soluciones todo elemento político, para buscarlas en el terreno exclusivamente científico”.
La posición doctrinal argentina habría de ser adoptada finalmente por el Tratado de Montevideo sobre Derecho Civil y Comercial, entendiéndose que atribuir nacionalidad a las sociedades implicaría —según el criterio del delegado peruano, doctor Bustamante y Rivero— “el peligro de someter a las leyes de los países en que medra el gran capitalismo los actos de las entidades o compañías que, teniendo en ellos una sede directiva simplemente formal o estática, desenvuelven en realidad sus actividades en el medio social, cultural o económico de otro u otros países menos evolucionados. Si en el orden civil —agregaba— este criterio entraña riesgos, pues anula la posibilidad de que cada Estado supervigile por sí las orientaciones y los actos que dentro de su territorio desenvuelven, en materia de fundaciones, de instrucción, de beneficencia o de agricultura, las entidades o asociaciones cuya sede directiva radica en el extranjero, en el orden comercial su peligrosidad es mayor aún, pues abre la puerta a la penetración económica incontrolada de los grandes países manufactureros y del capitalismo imperialista, en los países pequeños productores de materias primas y consumidores de manufactura importada”.
En rigor de verdad, el Derecho Internacional Privado -aun cuando respete principios fundamentales de Derecho natural, como entidades permanentes— evoluciona paralelamente a los cambios políticos, económicos y técnicos evidenciados en los pueblos; los principios particulares que puedan discutir las naciones son meras adecuaciones, condicionadas a su interés, de aquellos principios del Derecho natural y —como tales— son circunstanciales y mutables. Asi como las doctrinas del ius sanguini y del ius soli dirimen la nacionalidad de los individuos de conformidad al interés nacional de los países que las sustentan, también en el campo del Derecho Internacional Privado se observa que el advenimiento de naciones unificadas en la Europa continental produjo el nacimiento del “sistema de la nacionalidad”, como superación del “sistema territorial”, que en esos países tuvo vigencia durante la era feudal. Procesos similares se han ido produciendo en nuestra patria. En 1825 aún no habíamos resuelto varios problemas que demandarían todavía el holocausto de muchas vidas, y sin embargo todo nuestro Derecho público y privado comenzaba ya a estructurarse en torno a los compromisos contraídos en el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación suscripto con Inglaterra, porque nuestros gobiernos habían puesto sus esperanzas en que el “progreso nacional” dependía de la venta de nuestros productos ganaderos al Imperio' británico y de las inversiones inglesas en nuestro suelo.   La adopción de la lex domicilii, por oposición al sistema de la nacionalidad, demostró cómo —no obstante— nuestro país trataría de salvar los efectos del cosmopolitismo resultante del aluvión humano e inversor europeo, buscando aplicar la ley territorial a los inmigrantes que venían a trabajar nuestro suelo y a las entidades jurídicas que darían personería al capital. El mismo Vélez Sársfield apuntó en la nota al artículo 10 del Código Civil la esencia territorialista de nuestro sistema, citando a Savigny, al agrupar a la ley del lugar (lex rei sitae) y del domicilio (lex domicilii) dentro de un mismo y único principio: el de la “sumisión voluntaria". Se trataba de una política legislativa coherente, porque este sistema en el ámbito del Derecho privado, íntimamente relacionado con el del ius soli para discernir la ciudadanía —impuesto por nuestros constituyentes— conformaron el esqueleto jurídico sobre el que habría de tomar cuerpo nuestra nacionalidad.  El incidente diplomático anglo-argentino de 1876, evidenció en el campo institucional que, aun respetando las vinculaciones con Inglaterra, nuestros gobernantes iban advirtiendo un cambio y asimilando una mutación doctrinaria en un país que había adquirido ya su personalidad política, su individualidad económica y su formación jurídica; porque si Argentina hubiera aceptado el criterio de atribuir nacionalidad a las personas jurídicas, habría dejado al descubierto los intereses nacionales frente a las compañías formadas con fondos de origen inglés.
Jurídicamente, la posición argentina se mantuvo firme durante el conflicto, pero los argumentos no sirvieron para alejar del puerto rosarino a la cañonera Beacon, cuya presencia alentaba el gerente del Banco de Londres, “en vista del efecto que un barco de guerra ejerce en esta gente”. Más bien, desde el punto de vista británico, el planteo jurídico fue considerado displicentemente como una “abstrusa especulación legal”.    Los autores ingleses que han analizado el episodio no se han puesto de acuerdo en las causas que llevarían al arreglo de la enojosa cuestión. Baster (The International Banks, Londres, 1935) entendió que la presencia de la cañonera y el “severo lenguaje” del representante de Su Majestad en Buenos Aires, fueron las “razones” que llevarían a la solución. En cambio Ferns (Britain and Argentine in the FAneteenth Century, Oxford, 1960), que estudió minuciosamente los hechos, se inclinó a valorar “la acción de las fuerzas políticas argentinas que buscaban un arreglo razonable”. Tal vez ambas cosas tuvieron influencia, pero los mencionados autores omitieron considerar la importancia de uno de los principales instrumentos de la política británica. Obsérvese que Ferns (cuya obra es completa en lo que hace al estudio de documentación del Foreing Office, del Almirantazgo, del War Office, del Board oí Trade y del Companies Registration Office) no menciona a lo largo de su libro, en ninguna ocasión, la trayectoria de las Logias masónicas, que tanta influencia tuvieron en nuestra historia durante los períodos en que más se hizo sentir la política inglesa.  La etapa de efectiva conciliación comenzó en julio de 1876, con la llegada a Buenos Aires de Mr. George Drabble, presidente del Directorio del Banco de Londres y Río de la Plata. Era el nombrado uno de los más eficientes hombres de las finanzas británicas, con intereses personales en Rosario y sus zonas de influencia. Llegó a nuestro país con su hermano Alfred, para dedicarse a negocios de importación de manufacturas de algodón hacia 1848; a ese comercio estaba ligada su familia, que era de negociantes de Liverpool y Manchester. Poco después se incorporó a la masonería, en la Logia distritual inglesa de Buenos Aires. En 1850 había comprado Drabble una estancia y posteriormente acciones del Ferrocarril Central Argentino y Ferrocarril Sur. Fue director en 1853 del Banco y Casa de Moneda. Cuando en 1867 regresó a su país, era ya poderoso y conservaba inmensos intereses aquí. En 1870 proyectó e instaló la Compañía de Tranvías de la Ciudad de Buenos Aires. En 1880 habría de fundar The River Píate Fresh Meat Company Ltd., dedicada a la carne de carnero congelada, con frigoríficos en Campana y Colonia; luego (1882) reorganizaría la Compañía del Ferrocarril Campana (llamado después Buenos Aires-Rosario), ocuparía cargos directivos en varias compañías ferroviarias, etcétera. Las aspiraciones de Drabble posiblemente eran menos rigurosas que las de otros funcionarios del Banco de Londres, pues dado el carácter de sus negocios y su vinculación al área económica de Rosario, había superado la mezquina competencia entre el Banco de Londres y el Banco Provincial en la disputa de la plaza, pretendiendo —en realidad— que su Banco prosiguiera desarrollando operaciones en Santa Fe, renunciando a otras aspiraciones que para él eran secundarias. Dado el estado de cosas y la tensión existente, no era fácil su empresa; pero, buen diplomático de los grandes negocios, Drabble no podía dejar de ser amigo personal del ministro Irigoyen. Su estrategia incluyó una visita a Rosario del gerente del Banco de Londres en Montevideo, que era a su vez amigo personal del gobernador santafesino.    Ferns relata así la culminación de las exitosas negociaciones: “En una velada, el encargado de negocios vio al presidente de la República, doctor Avellaneda, y al presidente de la Cámara de Diputados. Les hizo saber que el Banco inglés, en el caso de que se permitiera funcionar en Rosario, aceptaría los billetes del Banco Provincial y que ello aumentaría el valor de éstos. El presidente asintió y volviéndose hacia el congresal, dijo: «Realmente, tenemos que arreglar este asunto».   Se revocó el decreto de liquidación. Durante algunos meses el Banco de Londres y Río de la Plata mantuvo una posición de dignidad y afirmó que era menester no sólo una revocación, sino además una confirmación de la cédula de privilegios del Banco. Pero al fin se reabrió la sucursal en Rosario, el barco de Su Majestad, Beacon, se retiró...”, y las aspiraciones de Drabble se cumplieron.
PAPEL DE LA MASONERIA:  En ésta, como en otras circunstancias de la historia, nacional, no puede omitirse consignar el papel de las Logias masónicas, cuya importancia ha sido analizada por Pérez Aznar al considerar las fuerzas políticas actuantes en nuestro país hasta 1890 (“Revista de Historia”, N 1, año 1957), afirmando que “constituyó en nuestro país una fuerza predominantemente política”.  La organización de la “masonería especulativa moderna” data del siglo XVIII; es considerada Logia-Madre la “Gran Logia de Inglaterra”, fundada en 1717, cuya dirección asumiría la realeza británica en 1782, con la Gran Maestría de S. A. Real Enrique Federico, duque de Cumberland, al que sucedió en 1790 el principe de Gales, quien —a su vez— ascendió al trono en 1810, con el nombre de Jorge IV. A partir de aquel entonces, la masonería asumió un importante rol en la política, la difusión de las ideas, la diplomacia y el comercio británico; en breve fueron superadas las disidencias entre las Logias, acordándose en 1813 la formación de la actual “Gran Logia Unida de Inglaterra”. En nuestro país, a la formación de las primeras Logias sucedió en 1857 la “Gran Logia de la Argentina” y la institución de la Gran Logia distritual inglesa, que estableció las relaciones entre la Gran Logia Unida de Inglaterra y la de Argentina. A consecuencia del Congreso Parcial de Supremos Consejos Masónicos (Lausana, 1875), quedó establecido en nuestro país el agrupamiento en la siguiente forma: dos Supremos Consejos, una Gran Logia, Logias inglesa, francesa, alemana e italiana, y una Confederación Masónica.  Al producirse los acontecimientos consignados en este artículo, era Gran Maestre de la Logia inglesa el príncipe Eduardo (nombrado en 1874), quien habría de ascender al trono en 1901; durante su gestión la masonería alcanzó importancia en el nuevo y viejo mundo, fundándose cerca de 1.300 Logias. En la Argentina, según Lappas, hacia 1859 la Gran Logia contaba ya con 15 Logias que agrupaban casi 900 miembros, caracterizadas personalidades de la política, las ciencias, las fuerzas armadas, el comercio y las artes en nuestro país. Pero en 1876 la masonería argentina estaba anarquizada en tres fracciones, encabezadas por los Grandes Maestres Urien, Cazón y Albarellos, por lo que la masonería inglesa destacó —para dirimir los conflictos— a su Gran Maestre Mr. Richard Briscoe Masefield, quien ejercía su función en los momentos del acontecimiento aquí relatado.  El poderío político de la masonería se advierte en el párrafo del significativo discurso pronunciado por Mitre en 1868: “Los otros cuatro presidentes, Hermanos, se han encontrado una vez juntos y arrodillados al pie de estos altares; el general Urqulza, que acababa de serlo; el doctor Derqui, que lo era entonces; yo, que debía ser honrado más tarde con el voto de mis conciudadanos, y el Hermano Sarmiento, que va a dirigir bien pronto los destinos de la Nación”. En realidad, los Estatutos de la Gran Logia Argentina la definen como institución “esencialmente filantrópica, filosófica y progresista”, cuyo “carácter pacífico” le “prohíbe ocuparse de asuntos políticos o religiosos, recomendando a sus miembros el respeto a las leyes del país y a la fe religiosa y opiniones políticas de cada uno de ellos, mientras tengan por base la moral”.
Debió haber sido importante la influencia ejercida por Mr. Richard Briscoe Masefield y sus compatriotas, integrantes de la Logia distritual inglesa, en la solución buscada en esos momentos por el Hermano Drabble para el Banco de Londres y Río de la Plata, junto a los gerentes y directores de la sociedad (que en su mayoría eran también masones), el encargado de negocios de Su Magestad, St. John, el consejero legal del Banco, doctor Manuel Quintana —que desde 1873 era “iniciado”—. 

El episodio culminó como las novelas, especialmente porque la “amistad” anglo-argentina superó las discrepancias y continuó por muchos años. Los personajes no tuvieron un papel menos feliz. Don Servando Bayo salvó al Banco Provincial del desastre financiero. El Banco de Londres y Río de la Plata, salvó a la sucursal Rosario de la liquidación. George Drabble protegió sus intereses y volvió para Inglaterra, desde donde ordinariamente los manejaba. Mr. Richard Briscoe Masefield cumplió las altas funciones encomendadas. El doctor Bernardo de Irigoyen, que defendió con firmeza su tesis juridica, pudo decir con toda dignidad en su testamento: “He ocupado altos puestos públicos; he tenido influencia política durante 20 años y quiero declarar en este momento, en que, pensando en una vida futura, no es permitido apartarse de la verdad, que no he tenido directa ni indirectamente participación en ningún negocio con los gobiernos”.   Aunque se crea mentira, tampoco apareció desmerecida la actitud del doctor Manuel Quintana, cuyos méritos le valieran tiempo después la elección por una junta de notables para ocupar la Presidencia de la Nación. Su fisonomía señorial, su vestimenta atildada y su cuidadosa toilette, confirmaban a cada instante sus dotes de gran señor, aunque esta o aquella actitud pudieran haberlo puesto en duda. En cuanto a su pecado venial, cometido contra nuestra soberanía, fue prontamente reparado en oportunidad de concurrir como delegado argentino a la Conferencia Internacional Panamericana organizada por el gobierno de los Estados Unidos. Allí fue el paladín en la defensa de los países de América Latina, proclamando que “en el Derecho internacional americano no existen naciones grandes ni pequeñas: todas son igualmente soberanas e independientes; todas son igualmente dignas de consideración y respeto”; y sepultando el proyecto norteamericano de arbitraje continental compulsivo debajo de una lápida esculpida con su talento: "No aceptaremos forma alguna de arbitraje que acarree el predominio de una nación fuerte de América sobre las débiles”.

martes, 15 de julio de 2014

"Un nuevo compañero hace guardia sobre los luceros"

Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

“¡Qué amigo de sus amigos!
¡Qué señor para criados
Y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué Maestre de esforzados
Y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracias para donosos!
¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los sujetos,
Y a los bravos y dañosos
Un león!

“Los libros de Alberto González Arzac son una fiesta para el espíritu y para la inteligencia: resultan de una trayectoria política intachable; de una defensa permanente de los intereses nacionales y populares; del análisis riguroso de temas fundamentales; y se concretan en lúcidos trabajos de doctrina e investigación, expresados en muy buena prosa. Por eso no solo ilustran, sino que da gusto leerlos y además no envejecen. (…) Resulta notorio el contraste con las decenas de libros de chismes políticos que se publican, cuyo nivel de abstracción más alto es la anécdota. Alberto González Arzac está en la línea y la estirpe de los juristas e historiadores argentinos ilustres, defensores de las conquistas y las instituciones inherentes a una Nación libre, justa y soberana, como Arturo Sampay, Pedro Ramella, Diego Luis Molinari y José María Rosa. este libro es una prueba más” escribió no hace mucho Alfredo Eric Calcagno al referirse a “Constitución y factores de poder”, uno de los últimos libros de la prolífica y fecunda obra intelectual de nuestro Alberto.
Conocí a Alberto González Arzac a mediados de la década de los ochenta cuando de a poco nos reponíamos del desastre del Malvinas y de la primera derrota electoral del Peronismo. Eran tiempos de febril actividad política signada por un marco internacional adverso y por la agitación interna que produjo el juzgamiento de las Juntas militares de la última dictadura. En 1983 habíamos fundado el “Centro de Estudios Políticos” presidido por un gran amigo: Fermín Chávez y solíamos reunirnos en los tradicionales “pucheros” del legendario “Círculo del Plata” que dirigía su fundador, don Marcelo Sánchez Sorondo. Todo el Parnaso político disertó en la casona de la calle Bolívar 887, con la más absoluta libertad, aún representado expresiones políticas no muy afines con las que compartía la mayoría de los asistentes. Alberto fue siempre, cuando asistía, una de la figuras descollantes.
Jurista e historiador, había nacido en la ciudad de Mar del Plata el 27 de enero de 1937 dado que su padre fue un alto oficial de la Marina de Guerra. Nació y creció en la plaza pública, al decir de Avellaneda, como aquellos hijos de Amílcar o de Asdrúbal “que nacían en los campamentos de la travesía sobre los escudos de armas de Cartago” Su vocación fue la vida pública.
Hizo sus estudios primarios en el barrio de Núñez de Buenos Aires y continuó cursando en el Colegio Nacional y en la Universidad de La Plata, para recibirse de Doctor de Ciencias Jurídicas y Sociales de La Plata. en la década de 1950 militó en la juventud radical platense y, en la década siguiente, trasbordó al peronismo. González Arzac fue uno de los pocos ejemplos de los que se hicieron justicialista “en las malas”, no como algunos patéticos ejemplos que hemos visto en los últimos tiempos. En 1956 tuvo que ver lo la creación del gremio de Empleados Judiciales; realizó cursos de especialización y escribió sus primeros trabajos jurídicos y sociales. En 1962 el Consejo Federal de Inversiones le editó un libro sobre la Zona Latinoamericana de Libre Comercio. Por esa época comenzó su reivindicación de la Constitución de 1949, con textos en revistas como Todo es Historia y Polémica. Uno de sus últimos aportes a dicho tema apareció en Desmemoria ( enero-abril 2000), titulado “Los Figuerola y la Constitución”. Entre sus libros se destacan: La Constitución de 1949 (1971); La esclavitud en la Argentina (1973); Lineamientos Regionales del Plan Trienal (1973); El papelón de Manuel Quintana (1974); Sampay y la constitución del futuro (1982); La torta Menguante (1982); Federalismo y Justicialismo (1984); Caudillos y Constituciones (1994); Pablo Ramella, un jurista en el Parlamento (1999); De Angelis y las Malvinas (2008); El pensamiento filosófico de Pedro de Angelis (2008); El pensamiento constitucional de San Martín (2008); La época de Rosas (2012) Constitución y factores de poder (2012) y otros.  Ocupó funcionas tales como Secretario General de la Gobernación de Buenos Aires (1962-63), Asimismo del Consejo federal de Inversiones (1973-1976), e Inspector General de Justicia de la Nación (1989-90). En 1990 denunció airadamente las privatizaciones de Entel y Aerolíneas Argentinas y renunció a su cargo: Tuvo cátedras en las Universidades de Buenos Aires, de Lomas de Zamora y en la John F. Kennedy.
Una faceta menos conocida fue su actuación como ARGA, seudónimo humorístico y caricaturesco que Alberto Ricardo González Arzac usó para realizar dibujos y tiras cómicas en la prensa militante desde más de medio siglo atrás dado que había estudiado dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Las bellas artes también fueron objeto de sus inclinaciones, caracterizadas por el cultivo de las manifestaciones artísticas en todas sus expresiones. Prueba de ello, su magnífica creación coral de la “Cantata Sudamericana” que recorrió el país y parte de Hispanoamérica. Esas mismas iniciales utilizó en colaboraciones humorísticas de la revista “Quehacer Nacional”, dirigida por Arturo Peña Lillo, en la década del 80; allí incursionó en la sátira a través de “cartas abiertas” que cuestionaron duramente al último proceso militar. Otro tanto realizó en su libro “La torta Menguante”, en tiras económicas del diario “La Voz”, artículos en la revista “Línea” y otros de su actuación periodístico. Con el seudónimo ARGA fue publicando sendos trabajos sobre la caricatura en la época de Rivadavia y de Rosas y un “Manual sobre Zoología Presidencial. Durante todo el año 2006, recordando el bicentenario de la Reconquista, la revista ABC publicó “Aventuras de corsarios en Buenos Aires” y en el 2011, “Historieta de los golpes de Estado”.
Una de sus últimas iniciativas fue la realización de las jornadas “Aportes del Revisionismo a la Historia Nacional” realizada en los meses de julio y agosto del año pasado en la Biblioteca Nacional. En las mismas, lamentablemente, no pudo participar dado que ya su salud había entrado en declive. Llegado el momento de la vida en el cual podía acogerse a los beneficios de la tranquilidad y las afabilidades del retiro, no trepidó en aceptar el desafío de representar al Estado como Síndico ante Papel Prensa y asumir como Presidente del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas” dependiente del actual Ministerio de Cultura de la Nación.
“Era siempre impetuoso y había aprendido además a contenerse. Creía en las fuerzas populares y respetaba los grandes intereses sociales. Era audaz ante el peligro como en los días primeros de su juventud pero sabía agregar a la audacia la firmeza en los mismos propósitos” dijo el presidente Avellaneda en las exequias de Adolfo Alsina. Así de consecuente fue este militante, consciente que estas nuevas responsabilidades significaban - tanto en el plano físico como en el simbólico - una inmolación.  González Arzac fue siempre un político. Hoy “los políticos” no están de moda, tal vez por su mediocridad; pero no exageremos, despreciando al rudo jardinero que remueve abajo para que florezca arriba. Alberto González Arzac tuvo la ventaja de estudiar primero en la vida que en los libros. Es peligroso concluir la formación mental antes de vivir, en vez de un hombre resulta un sonámbulo de biblioteca.
Tal vez fincó su eficacia en estar en constante evolución, desprovisto de sistemas, pero siempre encuadrado en el campo nacional. Así, libre de ataduras, se entregó a su gran instinto, sin tomar  a la realidad del país como conejo de experimentación de sus ideologías. Enardecía a sus auditorios con sus nobles pasiones, pero sabía y podía contenerlas.
El mismo día de su deceso fuimos sorprendidos  con el nombramiento estrambótico de un funcionario a quien - si bien no ponemos en duda sus méritos académicos - por trayectoria política y por definición ideológica, no consideramos la persona más idónea para representar un “Pensamiento Nacional” del cual adjuró apenas aceptó el nombramiento. Y esto es tan solo la continuación de la propuesta de escribas de menor cuantía, que proclaman “traicionar” el pensamiento de los Grandes Maestros en una Ordalía o acto propiciatorio de tal manera “superarlos y entrar en la modernidad”. También podríamos demoler los monumentos a los héroes de la independencia para solicitar nuestro ingreso a la Unión Europea.
Ahora descubrimos que los que fatigaron despachos en las administraciones de turno, para encontrar lugar entre los portadores de la litera del cónsul o magistrado del momento, son fiscales de la historia y de la Patria. Pero no con el desinterés de un Cincinato sino con la avidez de un cortesano. Incluso, los miembros del “Instituto” que presidía tan dignamente, algunos de trayectorias guadalosas e inquietantes, fueron incapaces de enviar una corona de flores a su funeral y solo días después de su muerte publicaron una mención en el obituario de los diarios. Cuando depositamos sus restos en la bóveda familiar en la ciudad de La Plata, tan solo dos de los integrantes del mismo - quienes fuimos sus más fieles colaboradores - acompañamos a su “hijo adoptivo”, Facundo Biagosch, en el último adiós.
Esta es la moneda con que pagan las almas impuras y los espíritus mezquinos. Alberto tenía ese magnetismo poderoso que orienta todas las agujas hacia el mismo norte, que en el fondo debe ser una acumulación de vida ultrapotente. Me lo imagino interrogando “¿Qué les pasa?”, agregando la palabra viril y argentina con la que los capitanes de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires y los defensores de la Vuelta de Obligado llevaban sus soldados  a la muerte. Merecía el entierro de un César y aún espera a su Marco Antonio.
Quisiera tomar como propias las palabras de Octavio Amadeo al despedirse de Adolfo Alsina, otro arquetipo al que nos gustaba remontarnos: “Su muerte fue como el hundimiento en el mar de un buque insignia; poco después las aguas se aquietaron sobre lo irreparable, para probar una vez más cuán efímeros pasan los hombres por la vida”
El 5 de junio de 2014 llevamos su silencio al sonar de las campanas.
Buen viaje, amigo.


José Luis Muñoz Azpiri (h)

martes, 3 de junio de 2014

Falleció Don Alberto González Arzac

Nacido en Mar del Plata en 1937, se graduó de abogado en la Universidad Nacional de La Plata, donde se vinculó primero a la intransigencia radical y luego al peronismo, donde militó durante más de medio siglo desde posturas nacionalistas.
Nunca abandonó su oficio de abogado litigante que lo llevó a defender, entre otros, al historiador José María Rosa, de quien se consideraba un discípulo y en los últimos años llegó a presidir el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas".
Activo reivindicador de la Constitución Nacional de 1949, le dedicó artículos y libros como "La Constitución de 1949" (1971), "Sampay y la constitución del futuro" (1982), "Federalismo y Justicialismo" (1984) y "Caudillos y Constituciones" (1994).
Se desempeñó como secretario general de la gobernación bonaerense en los años 1962-63, como secretario general del Consejo Federal de Inversiones del `73 al 76, y fue docente en las universidades de Buenos Aires, Lomas de Zamora y John F. Kennedy. Académico, ensayista y militante político, en la década del noventa fue un severo crítico de las privatizaciones del menemismo y renunció a su cargo de Inspector General de Justicia, haciendo públicas sus disidencias.
A comienzos del 2010, comenzó a preparar por encargo de la Secretaría de Comercio el informe "Papel Prensa. La Verdad", una pormenorizada investigación sobre el proceso de venta forzada de las acciones de la primera planta elaboradora de papel de diario del país de la familia Graiver a los diarios Clarín, La Nación y La Razón.
La documentación, expuesta en agosto de ese año en la Presidencia de la Nación, fue la base de la denuncia judicial hecha por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que ahora se tramita ante la justicia federal, que calificó a esa operación como un "delito de lesa humanidad".

Será velado hasta las 13 en Carlos Calvo 1874 y luego trasladado a La Plata para su sepelio

DESCANSE EN PAZ QUERIDO COMPAÑERO.

martes, 22 de abril de 2014

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "CINCO MUJERES DE ROSAS"

 


Viernes 25 de abril          18, 30 hs.

El Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas invita a la presentación del libro “Cinco Mujeres de Rosas” del Dr. Jorge Oscar Sulé. Presentación a cargo del Dr. Alberto González Arzac.
Lugar: Montevideo 641    C.A.B.A.
En esta breve obra Sulé ha cambiado de mira, porque aborda la personalidad de Rosas, su ética y su comportamiento. No hay lugar aquí para el embuste ni para la adulación. Nos muestra un Rosas íntimo, un Rosas humano, en la calidez de sus sentimientos, con las grandezas y miserias de cualquier persona, que son diferentes a los éxitos y fracasos de un personaje histórico. Los relatos del autor, lejos de empequeñecer al Rosas prócer, lo enaltecen porque lo muestran mundano. Es así cómo el lector puede abordar la lectura compartiendo la vida de una personalidad como lo hacemos a diario con otros semejantes.

Alberto González Arzac

martes, 1 de mayo de 2012

Alejandro Olmos...un patriota silenciado

Por Alberto González Arzac
Alejandro Olmos, fue un político importante en la segunda mitad del siglo XX a pesar de que no ocupara cargos ni figurara su nombre en los medios de comunicación masiva. Fue un periodista notable, de pluma tocante, emotiva y valiente. Fue un escritor y pensador político privilegiado, cuya palabra oral o escrita se escuchó con respeto. Y fue un bohemio, capaz de tumbar tabúes como el de la deuda externa, pero incapaz de sacar provecho personal de los valiosos servicios a la Patria.
El Foro Argentino de la Deuda Externa – Regional Mar del Plata ...
Ha sido sistemáticamente silenciado, podría decirse ocultado; al punto que Norberto Galasso en el bosquejo biográfico realizado para la reciente cuarta edición del libro de Olmos sobre 'La Deuda Externa' pudo afirmar que para los diccionarios y enciclopedias del siglo XX 'Olmos, Alejandro no existe'. Tampoco para los historiadores del siglo que se fue.Sin embargo Olmos en los años '40 fue un joven político que se entrevistó asiduamente con Juan D. Perón, con Evita, con John W. Cooke, los curas Hernán Benítez, Virgilio Filippo, dirigentes de todos los partidos y que en los años '50 adquirió notoriedad en la resistencia contra la dictadura militar.
Alejandro Olmos - Nuestra Historia en Taringa!
Fue un periodista brillante, que llegó a Buenos Aires desde Tucumán durante la 'década infame' acompañando nada menos que a José Luis Torres, para después actuar junto a otros grandes, como Enrique Oliva (Francois Lepot), Fernando García della Costa, Américo Barrios, Atilio García Mellid, Valentín Thiebaut, Rodolfo Walsh y tantos más.Fue estudioso, pensador político y escritor que alternó inquietudes intelectuales con Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Leonardo Castellani, Leopoldo Marechal, Ernesto Palacio, Arturo Sampay, José María Castiñeira de Dios, Fermín Chávez, José María Rosa, Osvaldo Guglielmino y muchos otros.
La familia Olmos es una estirpe arraigada en Tucumán: apellido castellano de tenientes gobernadores coloniales del siglo XVII, de militares y funcionarios de la Independencia y de uno de los constituyentes de la fugaz República de Tucumán en 1820. Nuestro homenajeado sonrió evasivamente alguna vez que le inquirí sobre sus antepasados porque su proverbial modestia le incomodaba referirse al tema (incluso entre amigos), aunque ostentaba con orgullo su condición lugareña de tucumano.

Fuente: Video: Jorge Lanata-¿Quién era Alejandro Olmos? -El juicio ...
Algunos pantallazos de la fecunda vida de Alejandro Olmos ilustran acabadamente su accionar político desde 1945, cuando ingresó con sus ideas nacionales al naciente movimiento peronista. En agosto de 1946 ya se estaba oponiendo a que el gobierno de Perón ratifique las Actas de Chapultepec y la creación de la OEA (Organización de Estados Americanos). Esa libertad de criterio sería un valor fundamental que alguna vez Cooke le recriminó delante de Perón, pero éste comprendió perfectamente por qué Olmos -por sobre las discrepancias- continuó adhiriendo al peronismo sin afiliarse jamás al Partido Justicialista. Es que (al igual que Jauretche, Scalabrini Ortiz o Sampay) Olmos fue un político que supo participar manteniendo su independencia.
En noviembre de 1955, pocas semanas después del golpe de Estado que derrocó a Perón, Olmos comenzó a publicar 'Palabra Argentina', periódico tabloide de ocho páginas que componía el taller de Fontevecchia (padre), desde donde combatió a la dictadura militar pese a que el Decreto 4161 calificaba como delito cualquier publicación peronista. Cambió varias veces de formato, de periodicidad, de imprenta, mas invariablemente sufrió persecución, allanamientos, secuestro de ediciones, censura y cárcel. Nada lo detuvo porque 'Palabra Argentina' circulaba de mano en mano en miles de ejemplares que se editaban en la clandestinidad, como recordó Miguel A. Moyano en su obra sobre el periodismo de la resistencia.
Fustigó desde allí la derogación por bando militar de la Constitución de 1949 y las atrocidades que la sucedieron: incorporación al FMI, Plan Prebisch, matanzas de Lanús y José León Suarez y los fusilamientos del general Juan J. Valle y otros militares, entre los que se contó su primo hermano y gran amigo, coronel Ricardo Ibazeta. Y siguió por años así, denunciando arbitrariedades como el Plan Conintes, en defensa de miles de trabajadores detenidos sin acusación ni juzgamiento. Es que Olmos fue periodista de la libertad, capaz de combatir la dictadura aún desde la cárcel.
Las 160 ediciones del periódico son un testimonio de nuestra historia contemporánea. De la correspondencia entre Perón y Cooke puede extraerse una expresión reveladora de la importancia que tuvo 'Palabra Argentina', cuando Cooke le escribió a Perón aludiendo alguna diferencia de opiniones con Olmos y expresando: 'General, lo que pasa es que a Palabra Argentina la leen un millón de argentinos'. Eramos entonces casi veinte millones de habitantes y ningún diario comercial superaba la tirada de ese periódico prohibido. Digo esto para aquellos que no recuerdan quién fue Olmos: sepan que fue tanto o más que otros periodistas famosos que no acusaron dictaduras sino que las sirvieron, ni saben lo que es la libertad de prensa porque la confunden con los intereses empresarios.
 Al conmemorarse el primer aniversario de los fusilamientos de junio de 1956, Olmos organizó en el número de 'Palabra Argentina' aparecido el 4 de junio la 'columna del silencio' en esta Capital. Una multitud de varias cuadras, muchos miles de personas, caminaron silenciosamente desde Córdoba y 9 de Julio a la Plaza San Martín para depositar flores en el monumento del Libertador sobrellevando la represión policial, los gases lacrimógenos, los carros de asalto y las detenciones. 'Cada mujer, cada hombre habrá de llevar una sola flor -decía Olmos- para depositar como símbolo de solidaridad en el dolor. No habrá vivas ni mueras. No hará uso de la palabra orador alguno. No puede haber nada más elocuente que el silencio'. Es que Olmos sabía enfrentar las bayonetas con una flor y también era ducho en calibrar la fuerza devastadora del silencio.Aquella enorme concurrencia presagió la derrota del gobierno militar frente al 'voto en blanco' en las elecciones de constituyentes de 1957, que se realizaron poco después. Olmos fue preso, pero la marcha muda dinamitó pacífica y silenciosamente las veleidades constitucionales de la dictadura, como semanas después lo haría el voto de la ciudadanía. No existían entonces las encuestas, pero Olmos era pionero de las estimaciones electorales. Su perspicacia suplía los modernos métodos de hoy.Con similar entusiasmo participó Olmos de las inquietudes del 'revisionismo histórico', realizando trabajos relativos a las relaciones de José de San Martín con Juan Manuel de Rosas en el seno del Instituto de Investigaciones Históricas que lleva el nombre de éste y organizando al promediar el siglo una 'Comisión de Repatriación' que estuvo integrada por personalidades: Manuel Gálvez, Ernesto Palacio, José María Rosa, John W. Cooke, Luis Soler Cañas y otros. Es que Olmos fue celoso de la Soberanía argentina y devoto de los próceres que velaron por ella.
Cuando algunos revisionistas se embarcaron en el golpe militar de 1955, Olmos les dijo: 'Amigos, ustedes están equivocados. Esto es un nuevo Caseros'. Y en 1973 cuando otros amigos quisieron proponerlo para cargos en el gobierno democrático instalado ese año, Olmos les contesto: 'Yo no sirvo para esto; en los momentos difíciles, sí. En los del triunfo, no'.Y los instantes dramáticos volvieron en 1976, cuando se reintegró a la lucha. Dudas no caben que la mayor virtud de Olmos fue haber desnudado entonces la deuda externa 'que siempre nos ocultaron', como decía él. 'La mayor estafa al pueblo argentino', como la calificó Diego Musiak en un film documental que resume los desvelos de Olmos.
Estaba dando sus últimos coletazos el Proceso militar en 1982 cuando Olmos inició una denuncia en el Juzgado Criminal Federal N° 2 destinada a arrancarle a la Justicia una decisión histórica, 'impulsada titánicamente y patrióticamente por Don Alejandro, hasta consumir los últimos días de su existencia', dijo el doctor Juan Carlos Foerster que fue secretario de ese juzgado, quién apuntó que gracias a ello 'la República Argentina es el único país del mundo que pudo realizar la investigación judicial de su mal llamada deuda externa, teniendo dicha investigación trascendencia internacional'.Olmos aportó las pruebas necesarias para demostrar que se trató de una deuda fraguada y en febrero de 1990 dio a conocer su libro 'Todo lo que usted quiso saber sobre la deuda externa' corriéndole el velo a la impudicia.
Nac&Pop | ALEJANDRO OLMOS, EL PATRIOTA DE LA DEUDA EXTERNA, ESE ...
Fue groseramente silenciado porque desentonaba con la intentona neoliberal de aquella Argentina dolarizada que quería penetrar en el 'primer mundo' con euforia privatizadora y seducida por el apetito de las 'relaciones carnales'.Olmos nos mostró la realidad que muchos no quisieron ver. Aportó pruebas, documentos, testimonios, pidió indagatorias, informes, pericias, que decían como se habían endeudado las empresas públicas y el país perjudicando al Estado nacional y permitiendo lucros indebidos de los acreedores.Como la Justicia era lenta Olmos instó la formación del Foro de la Deuda Externa para movilizar la opinión pública y en 1995 llevó también su denuncia a un Jurado Popular presidido por Adolfo Pérez Esquivel que por primera vez cumplió viejas cláusulas constitucionales sobre este tipo de juicios. Tuve el honor de presidir la Cámara de Sentencia que impuso condenas morales a José A. Martínez de Hoz, Domingo Cavallo y otros cómplices.
Olmos no sólo ejerció su apostolado por el interior del país, sino que también concurrió especialmente invitado a foros internacionales, donde demostró la realidad y el fraude del endeudamiento de naciones sometidas al imperialismo financiero.   Pocos días antes de morir Norberto Chindemi le hizo un hermoso reportaje. El cuerpo de Olmos se agotaba pero su pensamiento era viril, conservaba la fuerza de siempre. Por ello sus convicciones trascendieron su vida mundana.Finalmente, después de dieciocho años, cuando ya Olmos había fallecido, el Juez Jorge Ballesteros en Buenos Aires dictó sentencia considerando prescripta la acción penal, pero con la particularidad de reputar veraces numerosas denuncias, elevando las actuaciones al Congreso de la Nación, en cuya Cámara de Diputados se encuentra.Desde entonces, hasta el FMI ha debido hacer su autocrítica sobre la deuda externa argentina; incluso admitió alguno de sus errores. El que no ha reaccionado aún es el Congreso Nacional, como cuando Alejandro Olmos transitaba estos pasillos reclamando infructuosamente el cumplimiento del precepto constitucional que lo obliga a actuar en cualquier arreglo de la deuda externa. Por eso, todos valoramos este homenaje de senadores y diputados que hace alentar esperanzas de que el Congreso un día no lejano cumpla con la cláusula que la Constitución argentina tiene desde 1853. Será entonces cuando el recuerdo de Olmos se convierta en voz de la conciencia colectiva para lograr del Congreso una decisión histórica que ponga fin a esta estafa contra todos los argentinos.

domingo, 22 de enero de 2012

La Constitución Nacional de 1949

Por Mario Fraire y Mario Di Blasio

El 24 de junio en el Instituto de Estudios Históricos Juan Manuel de Rosas- Montevideo 641 - y con la presentación de Alberto González Arzac y Alberto Gelly Cantilos como panelistas se presentó la 2da edición de "La Constitución de 1949: Una causa nacional" del doctor Luis Alberto Terroba con el propósito de debatir sobre la soberanía política, el nacionalismo económico y la justicia social de toda la Argentina.
Luis Alberto Terroba, calificó a "los sucesivos reglamentos jurídicos surgidos en el período a partir de 1955, como meros estatutos provisorios, sin más validez ni estabilidad real que las Constituciones de 1819 y 1826- con la gravedad al presente- del origen espúreo de la sistematización constitucional que se pretende validar". Tras la disertación descriptiva del proceso que llevó a la sanción de la Constitución de 1949, y la crítica del ilegal e ilegítimo proceso de su derogación por el golpe de 1955, el doctor Terroba, planteó el proceso de ocultamiento de la válida pirámide jurídica surgida en aquel año de 1949, exponiendo también el nucleo golpista de quienes sustentan explícita o implícitamente la teoría "del hecho consumado", que manifiestan superficialmente supuestos valores democráticos y en lo concreto sostienen las consecuencias del golpe de 1955 y los intereses de la dependencia.
La Constitución de 1949 realizó importantes reformas en materia política, económica, social y cultural, contribuyendo a la admisión del rol natural de las agrupaciones intermedias entre el Estado y el ciudadano, desde la familia y sindicatos hasta los municipios y regiones. Logró guardar celosamente la soberanía nacional y la protección de los recursos naturales y las del trabajador argentino.
La Constitución Nacional de 1949 -señala el autor- es la única Constitución de la República Argentina que ha sido votada y sancionada por los argentinos en condiciones de absoluta legitimidad política y legalidad jurídica.

jueves, 14 de julio de 2011

González Arzac, un viejo Peronista Rosista

Por Alberto González Arzac

Con (Alberto) Federico y con (José Luis) Coraggio trabajamos nada menos que cuarenta años atrás, en el Consejo Federal de Inversiones en un trabajo que se denominó Base para el desarrollo regional argentino que fue uno de los grandes trabajos que se realizaron para la reconstrucción en ese momento de la economía nacional.  Hoy estamos nuevamente en presencia de un Estado debilitado que ha sido más que eso, totalmente desguasado. El Estado nacional argentino no presta más educación, no da más servicios de salud, no tiene más servicios de seguridad, es decir ha ido caducando en cada una de las actividades que la nación precisa de su Estado y por eso es que se dice de continuo que hay que refundar el Estado. Es cierto, hay que darle nuevos roles al Estado y eso se hace mediante una Constitución. La Constitución del Estado es la norma fundamental que da todo el espectro de todas las actividades del Estado y fija las grandes finalidades de ese Estado.Entonces es el momento de volver a las ideas que Perón diseñó allá por 1949, fundamentalmente al exponer cómo era la comunidad organizada en el Congreso Nacional de Filosofía que ese año se realizó en la ciudad de Mendoza.  
Seguramente mi amigo, el filósofo Alberto Buela, hizo referencia a algo de esto. Pero yo vuelvo a tomar el tema de la comunidad organizada de Perón con respecto a las pautas constitucionales, porque Perón, en aquel famoso discurso que después se publicó como libro con el título La comunidad organizada, hizo conocer la profundidad filosófica de ideas que fueron adoptadas como normas jurídicas superiores, ese mismo año, paralelamente a la Constitución Nacional de 1949.  Por eso Perón habló de la gestación del constitucionalismo y de su evolución, incluso antes de la Carta Magna Inglesa de Juan Sin Tierra en 1215, que generalmente el constitucionalismo liberal toma como punto de partida de las cartas constitucionales. Y Perón, mucho más allá, rememoraba a Eurípides que, en la antigua Grecia, era un escritor en cuyas obras participaba la masa exponiendo desde el coro las inquietudes y los pareceres colectivos.  La cita de Eurípides no era literaria para Perón, era política, porque él estaba acostumbrado ya al diálogo con el pueblo en los memorables actos de la Plaza de Mayo; también mencionó repetidas veces a Aristóteles reflexionando sobre la afirmación de este filósofo estagirita que dice que el hombre es un ser ordenado para la convivencia social; el bien supremo no se realiza, por consiguiente, en la vida humana, sino en el organismo súper individual del Estado; la ética –decía Aristóteles– culmina en la política.   Este era el punto de partida de lo que Perón decía acerca de la comunidad organizada, y así lo planteó desde el Congreso Nacional de Filosofía en Mendoza cuando diseñó su pensamiento, su ethos social mientras en el Congreso de la Nación en Buenos Aires, se sancionaba la Constitución Nacional de ese año.    Al punto que uno de los hombres que había trabajado en este aspecto en la elaboración del pensamiento para la exposición de Perón en Mendoza fue el Dr. Arturo Sampay, constituyente y miembro informante en la Convención Constituyente de 1949.    Perón trocó las viejas concepciones elitistas de la Constitución de 1853 por nuevas concepciones sociales escritas en la Constitución de 1949; la República minoritaria de 1853 se convertía en la democracia de masas de 1949. El privilegio de pocos de 1853, en el derecho de mayorías de 1949.
La Constitución de 1853 garantizaba la libertad de un sector minoritario del pueblo, la Constitución de 1949 garantizaba la justicia para todos los sectores del pueblo, la justicia social era el contenido esencial de la libertad garantizando el derecho de todos los ciudadanos, fructificando en derechos del trabajador, de la ancianidad, de la familia, de la educación y de la cultura que beneficiaban a todos los argentinos.   La autodeterminación popular era contenido de la libertad, abriendo la democracia a todos los sectores, por eso recién en la Constitución del ’49 se reconoció el voto de las mujeres, se extendió a los habitantes de los territorios nacionales, que antes eran kelpers en su propio país, iniciando el tránsito para que esos territorios se convirtieran en las nuevas provincias argentinas hoy existentes y se implantó el voto directo para las elecciones presidenciales y de senadores nacionales destruyendo el antiguo sistema de contubernio de los colegios electorales y de las combinaciones en las legislaturas locales.    Perón decía al respecto: “difundir la virtud inherente a la justicia y alcanzar el placer, no sobre el disfrute privado del bienestar, sino por la difusión de ese disfrute, abriendo sus posibilidades a sectores cada vez mayores de la humanidad, he allí el camino”,Y ese fue el derrotero seguido por la Constitución de 1949 que opuso al espíritu declamatorio de la Constitución liberal la voluntad realista de la Constitución social.   Al individuo aislado en que pensó la Constitución liberal lo trocó por la persona que vive comunitariamente pensando en la Constitución social, al conjunto de individuos yuxtapuestos que tuvo en cuenta la Constitución liberal le opuso el pueblo dentro de una comunidad organizada pensado por la Constitución social.   Por eso la Constitución de 1949 habló, como no se hacía antes de la Constitución liberal, de la familia como núcleo primario de la comunidad, de las organizaciones libres del pueblo, donde esos individuos, esas personas y familias se congregan, del gremio o el sindicato donde se organiza el trabajo, de las universidades, donde se organizan los estudiantes, los técnicos y los científicos y de las regiones donde se organizan las provincias para objetivos de interés común.   La constitución liberal había concebido al individuo aislado, aquel individuo aislado de Rousseau, que estaba necesitado de acordar la formación de un Estado por medio de un contrato social. En cambio la Constitución social concibió a personas sociales, que viven y se organizan naturalmente en comunidades que también son un efecto natural como la familia, el gremio, las organizaciones libres del pueblo. Y todas las instituciones constitucionales adquirieron entonces una función social    Tenían función social el derecho de propiedad, que ya no era absoluto, la empresa, el trabajo, los recursos naturales y el propio Estado. Por eso es que para Perón la norma jurídica impone criterios a la comunidad, pero la ordenación suprema donde se conjugan la ética, la moral y el derecho conforma la comunidad organizada, concepto al que Perón sintetizó como imagen del orden de armonía, de justicia en la vida de los pueblos. Muchas gracias.  
(*) Abogado, Doctor en Ciencias jurídicas y sociales (Universidad Nacional de La Plata), académico del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Discípulo y amigo del Dr. Arturo Sampay, padre de la Constitución Argentina de 1949. Actualmente ha sido nombrado por la Presidenta de la Nación como representante del Poder Ejecutivo en Papel Prensa S.A.

lunes, 20 de junio de 2011

Nuevo Presidente del Instituto Nacional de Investigaciones Juan Manuel de Rosas

El abogado Constitucionalista Alberto González Arzac asumió hoy la presidencia del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.
El flamante presidente expresó que el Instituto "es el que desde 1938 ha venido terminando paulatinamente con aquello que Ernesto Palacio denominara `historia falsificada´ y fue edificando una `historia documentada´".
Rememoró que en toda nuestra historia "sufrimos diversas persecuciones, hasta llegar a lo más insólito: que el presidente De la Rúa desnacionalizara el instituto, un verdadero absurdo".
Sobre ese episodio agregó que "como absurdo que era, el Congreso bajo su mismo gobierno votó la ley de nacionalización del instituto, convirtiéndolo en el primero de su tipo. Lo votó por unanimidad, hasta sus propios legisladores fueron en contra de ese disparate".
González Arzac aseguró, además, que "a costa de los riesgos y del sacrificio, se consiguieron cosas, como la reivindicación de las figuras de los caudillos provinciales, la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas y la reafirmación de la soberanía en la batalla de Obligado".
Aludió luego a la "colaboración de todos" para "seguir con la reivindicaciones históricas".
En este sentido explicó a Télam que "hay que seguir todo lo que constituyó la Confederación Argentina, los gauchos, los negros, los indios, eso es lo que la ley nos impuso y es lo que venimos haciendo".
González Arzac destacó que "restaurar el lugar de la Vuelta de Obligado fue un acto fundamental por parte de la Presidenta, porque tomó partido en algo que otros gobiernos habían esquivado, un concepto acabado de la soberanía nacional".
Estuvieron presentes en el acto el historiador Pacho O´Donnell; el Historiador Arturo Pellet Lastra; la titular de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, Delmira de Cao; el general Fabián Brown, director del Colegio Militar; el politólogo Marcelo Gullo; el historiador y ensayista José Luis Muñoz Azpiri (h); Fabián Dantonio, titular de Ediciones Fabro, y varios académicos del Instituto Juan Manuel de Rosas.