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viernes, 17 de agosto de 2018

EL ALMIRANTE BROWN Y JOSE GARIBALDI

Por: Roberto Antonio Lizarazu

La Historia nos ofrece permanentemente  hechos producidos en circunstancias extrañas y contradictorias. En la nuestra, uno de esos hechos inusuales, fue la participación de José Garibaldi al servicio del Gobierno Títere de la Banda Oriental, enfrentándose con la Confederación Argentina y puntualmente, en la batalla  que comentaremos en esta nota, con nuestro máximo héroe naval el Almirante Guillermo Brown. Esta batalla terrestre y naval es la de Costa Brava que ocurre entre los días  15 y 16 de agosto  de 1842, en el paraje de ese nombre, Costa Brava, en el río Paraná, cercano al límite entre las provincias de Corrientes y Entre Ríos. Giuseppe Garibaldi, quien termina siendo unas décadas más tarde, una de las  figuras más destacadas del proceso de la  unificación italiana, nace en Niza, en ese momento Reino de Piamonte el 4 de julio de 1807 y fallece en Caprera, Reino de Italia, el 2 de junio de 1882. Pero entre los años 1840/50, Garibaldi andaba por estas alejadas pampas contribuyendo a la fragmentación de estas incipientes naciones.
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Cuadro de situación en la Confederación Argentina.   Como consecuencia del Tratado de paz con Francia, y firmado en octubre de 1840 el Tratado Arana-Mackau, una de las consecuencias fue la pérdida del dominio del Río de la Plata, el Paraná y el Uruguay inferior por parte de la Banda Oriental.
Para 1841,  en la Confederación Argentina  se había intensificado la guerra interna y los triunfos y fracasos de unitarios y federales eran fluctuantes y alternados. El 28 de noviembre de 1840 Lavalle es derrotado en Quebracho Herrado por Manuel Oribe. El 19 de septiembre de 1841 Lavalle sufre otra derrota en Famaillá a manos del mismo Oribe. Luego muere en Jujuy el 8 de octubre de ese año.
Rosas llama a Oribe que cruce al litoral porqué Paz había triunfado sobre Echagüe en Caa-Guazú el 28 de noviembre de 1841 y amenazaba con un avance desde Corrientes sobre Entre Ríos. Justo José de Urquiza evacua al gobierno de Entre Ríos de La Bajada del Paraná y se refugia en la Isla del Tonelero, en jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires.  Dadas estas novedades, Rosas requiere los servicios de varios marinos de gran experiencia para formar una Escuadra de la Confederación. Son convocados y dados de alta: Guillermo Brown, Juan Bautista Thorne, el mítico sordo de la Vuelta de Obligado, Francisco Erézcano y Azcuénaga, Francisco José Segui,  Juan King y José María Pinedo. Varios de ellos, como Segui y Pinedo por ejemplo, habían sido dados de baja por un recordado decreto de Rosas del 16 de abril de 1835, que fue fundamentado por razones de política partidista. Pero ahora no era momento de hacer política. 
Por su parte Rivera, (colorado, unitario) quien había reemplazado a Oribe (blanco, federal) que andaba de campaña por nuestro interior, prepara su propia escuadra con la pretensión de llegar hasta Corrientes, donde se encontraban  Ferré y Paz, para colaborar con  las intenciones de pretender avanzar sobre Entre Ríos y eventualmente llegar hasta Buenos Aires y desplazar a Rosas del gobierno.
Pero previamente  debemos explicar el proceso de como  Garibaldi aparece involucrado en la Batalla de Costa Brava del 15 y 16 de agosto de 1842, dirigiendo una escuadrilla contra otra de la Confederaciónque comanda Guillermo Brown. 
Desde 1835 el Estado de Río Grande del Sur, mantiene un enfrentamiento con Río de Janeiro porqué mantiene ideas independentistas y varios dirigentes libertarios y carbonarios pretenden segregar ese Estado del Estado central, en ese momento, con pretensiones imperiales. El jefe de este movimiento era el libertario Coronel Bentos Goncalvez da Silva. Este proceso revolucionario se denomina como  “Revolución de los farrapos” (harapientos).  Garibaldi, de ideas libertarias y prófugo de Italia y Francia, aparece en Río Grande para apoyar la segregación y logra  que se le otorgue patente de corso para lograr financiamiento para la revolución, radicándose en Porto Alegre. Arma la nave “La Mazzini” con la cual hace algunas incursiones de rapiña por el sur del Brasil, en nombre de la revolución de los farrapos. Finalmente los separatistas son derrotados gradualmente por los imperiales  y Garibaldi termina refugiado en Montevideo   al servicio de Fructuoso Rivera. Para 1841 Garibaldi ya con su mujer Anita Ribeiro y su primer hijo Menotti, presta servicios de variada índole a Rivera. 
El combate fluvial y terrestre de Costa Brava ( 15 y16 de agosto de 1842). Rivera solamente pudo disponer de limitados recursos, sobre todo de calidad de personal, para competir el dominio fluvial en disputa,  precisamente con Guillermo Brown. Rivera designa a Giussepe Garibaldi como nuevo jefe de la escuadra oriental en reemplazo de Coe. La flotilla se componía de la corbeta “Constitución” de dieciocho cañones, el bergantín “Pereyra” de dos cañones, la goleta “Libertad”, cuatro faluchos y cuatro transportes de tropas y materiales.  
La escuadra de la Confederación quedó integrada por los  bergantines  “Echagüe”, “Americano”, “Republicano”, y las goletas “9 de Julio y “Chacabuco”. Aumentando sus efectivos por gestiones e iniciativa de Brown a siete buques y un total de setenta cañones, mas transportes de marinería (hoy infantería de marina) y diversos materiales bélicos y de aprovisionamiento.
La misión encomendada a Garibaldi era una misión imposible de concretarse. Había que remontar el Paraná, burlar el bloqueo de la Confederación, llegar a Corrientes y tomar contacto con Ferré. No se podía desconocer que para tales fines, tenía que superar, además de los buques de Brown, el obstáculo de la isla Martín García, que se encontraba artillada y algunos buques menores en la Bajada del Paraná que estaban al mando del experimentado Segui.
El 26 de junio de 1842, Garibaldi cuando pasa por la Isla Martín García, enarbola bandera argentina para engañar a las baterías. No engaña a nadie, pasa pero bajo fuego a discreción  que produjeron algunos daños. Mientras tanto Brown levó anclas desde Buenos Aires al tomar conocimiento de la presencia de la escuadrilla oriental en el Río de la Plata.
Recién el 19 de julio Garibaldi puede forzar el paso frente a la Bajada con acciones de combate con Segui. Detrás venía navegando Brown que al llegar a la Bajada incorpora a Segui con cuatro buques más: dos goletas y dos transportes de infantería.
El 15  de agosto, Brown da alcance a Garibaldi en el paraje llamado “Costa Brava”, cerca del límite de Corrientes y Entre Ríos, donde existe una estrechura del río y se produce el combate definitivo. El mismo se extiende desde el 15 al 16 de agosto. El combate se efectúa desde los buques y también en tierra. El “Echagüe” se apoyó en la orilla izquierda y Brown ordena el  desembarcado de infantería y cuatro piezas de artillería al mando de los hermanos Mariano  y Bartolomé Leónidas  Cordero. Ambos tenientes, que desde tierra hacen estragos al enemigo y mostraron en la acción heroico comportamiento.
En la noche del 15,  Garibaldi aprovecha la oscuridad para lanzar dos brulotes, que son interceptados por dos falúas, una dirigida por Bartolomé Leónidas Cordero y el otro interceptada por la falúa que dirige el Teniente José María Mayorga. Desde tierra Mariano Cordero y sus tiradores apoyan ambas acciones.
Para la tarde del 16 la escuadrilla garibaldina había consumido todas sus municiones y esa noche se produce el desbande de sus tropas. Garibaldi acodó los barcos “Constitución” y “Pereyra”, los roció con pólvora y aguardiente y llevó a los tripulantes a la goleta “Libertad”. La explosión y el incendio fueron tremendos. Aprovechando ese momento Garibaldi y algunas tropas desembarcan y regresan a Montevideo caminando. Brown ordenó, expresamente, que en esa huída pedestre no se le disparara a nadie.
Con el desastre sufrido por la escuadra riverista, Ferré y Paz solamente podían recibir ayuda oriental por el lado del río Uruguay. Pero estamos en vísperas de Arroyo Grande, que demorará por algunos años con las aspiraciones de los liberales unitarios de derrotar a Rosas. Cosa que sucederá recién diez años más tarde a manos de los federales urquicistas.
Llama la atención lo poco realista de esta acción bélica emprendida por los orientales y la subestimación que demuestran por los hombres de la Confederación.  Rivera y Garibaldi eran personas de extensa experiencia militar pero el plan nace muerto desde el principio. Habría que darle la razón a San Martín cuando afirmaba que “Hay algunos trasnochados que suponen que somos como las empanadas, que se pueden comer de un solo bocado”.

lunes, 5 de mayo de 2014

INGLESES ACRIOLLADOS Y MÁS CATÓLICOS QUE EL PAPA



Por: Roberto Antonio Lizarazu

Sabemos que con motivo de las Invasiones Inglesas en 1806 y 1807, numerosos súbditos ingleses, por diversos motivos,  terminaron radicándose en Buenos Aires y formaron familias en estas pampas, que perduran hasta nuestros días. Pero es un error suponer que fue la única circunstancia en que ocurre la migración inglesa a estos sitios, llenos de oportunidades beneficiosas para sus habitantes.  Por otras causas sucede lo mismo en otras ocasiones;  y  en este breve apunte comentaremos al respecto.

Debido a las numerosas deserciones que se producían en la flota inglesa de la Compañía Real del Asiento de Negros, que se ocupaba del infamante tráfico de esclavos negros, en todo el mundo y en nuestra gobernación,  las autoridades inglesas reclamaron a las españolas por sus súbditos que se distraían en regresar a los beneficios de la civilización y se mimetizaban en estas bárbaras y alejadas provincias del fin del mundo.

El 28 de septiembre de 1733, el rey de España Felipe V (el Animoso) expide una Real Orden dirigida al gobernador de Buenos Aires, en ese momento don Bruno Mauricio de Zabala (1717-1734)  por la cual  le indicaba lo siguiente:

Habiendo representado la Compañía Real del Asiento de Negros el perjuicio que ocasiona a sus intereses la quedada en ese puerto y Ciudad de Buenos Aires de varios individuos que en distintos tiempos han destinado para aquella factoría y de los que han desertado del equipaje de los bajeles en que se han introducido los negros, dando para su remedio minuta de sus nombres: Y teniendo S.M. presente los perjudiciales efectos de esta novedad, ha resuelto que V.S. solicite el paradero de los sesenta y cuatro individuos ingleses que comprende la memoria adjunta y de las providencias que fuesen necesarias para que, a excepción de los que se les permite por el artículo 11º para el manejo de los intereses de esa factoría, se restituyan a Inglaterra, en los bajeles de Asiento. Y en el caso de que algunos resistan su embarque por esta vía con motivo de haber abjurado su religión y abrazado la nuestra, se dispondrá su embarque de estos para Cádiz en los navíos del registro de D. Francisco de Alzaybar. (1)

Con su bonhomía que lo caracterizaba, nos explica el doctor Vicente D. Sierra como puede ser posible  que a los ingleses se les perdieran sesenta y cuatro de sus súbditos y no los puedan encontrar. En su obra Historia de la Argentina. Fin de Régimen de Gobernadores y Creación del Virreinato del Río de la Plata (1700-1800). Tomo lll, página 114, argumenta lo siguiente: Es un hecho cierto que algunos de los desertores habían abjurado de su religión para entrar en la Iglesia Católica. Es posible que la horrible visión de los barcos negreros les abriera la conciencia a la luz de la verdad. Entre los conversos de Buenos Aires, entre 1713 y 1741, se identifica a Juan Stephens, los hermanos Ricardo Dios y Juan Mecheron, ambos londinenses, a quienes recibió en el seno de la Iglesia fray Gabriel Arregui (entre 1713 y 1720) a  José Thompson, José Baset, Andrés Levenian, Juan Bornen, Felipe Pruden y Ricardo Bullen, a quienes bautizó, entre 1720 y 1727, el jesuíta P. José Guinet. Con posterioridad a 1727 fueron bautizados Roberto Young, Juan Elliot y José Nicholson.

El famoso jesuíta P. Tomás Falkner  (2) gran explorador de la Patagonia arribó a Buenos Aires como médico de un navío del asiento (barco negrero).  Era miembro de la Real Sociedad de Medicina de Londres, y con su conversión y entrada en la Compañía de Jesús, la Iglesia Católica ganó a un hombre que llegó a ser una de sus grandes personalidades. También ingresó a la Orden ignaciana el escocés Juan Elliot, convertido del calvinismo,  quien, como Falkner, era médico y cirujano del asiento.

Como era de esperarse, las autoridades de Buenos Aires, defendieron la presencia de estos desertores en su medio, dadas las notorias capacidades que mostraban los mismos, muchos de los cuales ya se encontraban en familia y con hijos.

Para 1738 Miguel de Salcedo ya había reemplazado como gobernador a Bruno Mauricio de Zabala, y fue quien se encargó de terminar de cumplimentar la Real Orden de 1733. Salcedo le pasó al Cabildo la responsabilidad de establecer quienes serían los vecinos que serían devueltos. Pero también el Cabildo  fue quien recibió varios requerimientos de calificados vecinos que solicitaban lo contrario. Todas las familias, las órdenes religiosas y la sociedad misma que se veía afectada con la medida, requerían el definitivo afincamiento de los antiguos desertores.


Los cabildantes con más sentido práctico -como ocurrió sistemáticamente- que las autoridades de la metrópolis, dispuso que la expulsión de estos extranjeros desertores,  no incluyera: a los que servían oficios mecánicos útiles a la ciudad, porque la principal prohibición comprendía a los tratantes y mercaderes. 

De hecho se excluyeron: A los casados con y sin hijos, a los que ejercían oficios mecánicos, herreros, carpinteros, sastres, zapateros, calafates, albañiles, barberos, sangradores, a los bautizados en nuestra Fe Católica; y especialmente a los médicos y cirujanos,  los que tan esenciales son a esta ciudad.
Indudablemente esta última referencia justificaba amparar a  Falkner y a Elliot, quienes por supuesto no fueron deportados, a pesar que para esa época la Orden se encontraba expulsada de los dominios de los Borbones, pero ya habían tratativas y negociaciones con la Santa Sede que a los pocos años se normalizaría.

Afirman los cronistas que estudiaron este tema, que de los sesenta y cuatro extraviados por los ingleses, solamente se devolvieron seis. De ninguno de ellos el Cabildo registró sus nombres, pero si los motivos: Dos pendencieros recalcitrantes con varias detenciones en nuestros calabozos, dos ebrios y dos cuatreros que se encontraban presos. Como vemos ninguno de ellos servía ni para marido.



Observaciones


(1) Francisco de Alzaybar (algunos autores lo denominan  Alzaibar). Rico empresario naviero y armador vasco. Se puede consultar una interesante biografía de Juan Carlos Alzaybar, descendiente de don Francisco, titulada Don Francisco de Alzaybar en la Población y Fundación de la Ciudad de San Felipe Real de Montevideo, impresa por El Siglo Ilustrado, 1926.

Los que estudiamos o leemos historia, tenemos la peregrina idea de que los sucesos históricos ocurren por generación espontánea, realizada por  alguna persona o grupo mítico  llenos de cualidades heroicas, ideas revolucionarias y/o virtudes guerreras, sin considerar, que siempre detrás del hecho está la financiación del mismo. Siempre hay alguien que previamente puso el dinero para hacer algo y que es tan importante como el primero.  Francisco de Alzaybar fue uno de ellos.

Un ejemplo documentado al respecto. Se lee en la infaltable Colección de Obras y Documentos Relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata, por Pedro De Ángelis, en su Tomo VI, Editorial Plus Ultra, Fundación de Montevideo, con prólogo del doctor Andrés M. Carretero, que: El 3 de julio de 1725, se firma la Cédula Real por la que se otorga a don Francisco de Alzaybar, para que poblara Montevideo, llamada San Felipe de Montevideo por Zabala, con familias de las Islas Canarias y a su costa.  Siempre alguien pone el dinero, y por supuesto luego pretenderá su interés.


Bibliografía General

Historia de la Ciudad de Buenos Aires. Enrique de Gandia y Rómulo Zabala. Ediciones Imprenta Mercatali,  Buenos Aires, 1936.

jueves, 30 de mayo de 2013

Costa Brava

Por: Roberto Antonio Lizarazu
La Historia nos ofrece permanentemente  hechos producidos en circunstancias extrañas y contradictorias. En la nuestra, uno de esos hechos inusuales, fue la participación de José Garibaldi al servicio de la Banda Oriental, enfrentándose con la Confederación Argentina y puntualmente, en la batalla  que comentaremos en esta nota, con nuestro máximo héroe naval el Almirante Guillermo Brown. Esta batalla terrestre y naval es la de Costa Brava que ocurre entre los días  15 y 16 de agosto  de 1842, en el paraje de ese nombre, Costa Brava, en el río Paraná, cercano al límite entre las provincias de Corrientes y Entre Ríos.
Giuseppe Garibaldi, quien termina siendo unas décadas más tarde, una de las  figuras más destacadas del proceso de la  unificación italiana, nace en Niza, en ese momento Reino de Piamonte el 4 de julio de 1807 y fallece en Caprera, Reino de Italia, el 2 de junio de 1882. Pero entre los años 1840/50, Garibaldi andaba por estas alejadas pampas contribuyendo a la fragmentación de estas incipientes naciones.
Cuadro de situación en la Confederación Argentina. Como consecuencia del Tratado de paz con Francia, y firmado en octubre de 1840 el Tratado Arana-Mackau, una de las consecuencias fue la pérdida del dominio del Río de la Plata, el Paraná y el Uruguay inferior por parte de la Banda Oriental.
Para 1841,  en la Confederación Argentina  se había intensificado la guerra interna y los triunfos y fracasos de unitarios y federales eran fluctuantes y alternados. El 28 de noviembre de 1840 Lavalle es derrotado en Quebracho Herrado por Manuel Oribe. El 19 de septiembre de 1841 Lavalle sufre otra derrota en Famaillá a manos del mismo Oribe. Luego muere en Jujuy el 8 de octubre de ese año.
Rosas llama a Oribe que cruce al litoral porqué Paz había triunfado sobre Echagüe en Caa-Guazú el 28 de noviembre de 1841 y amenazaba con un avance desde Corrientes sobre Entre Ríos. Justo José de Urquiza evacua al gobierno de Entre Ríos de La Bajada del Paraná y se refugia en la Isla del Tonelero, en jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires.
Dadas estas novedades, Rosas requiere los servicios de varios marinos de gran experiencia para formar una escuadra de la Confederación. Son convocados y dados de alta: Guillermo Brown, Juan Bautista Thorne, el mítico sordo de la Vuelta de Obligado, Francisco Erézcano y Azcuénaga, Francisco José Segui,  Juan King y José María Pinedo. Varios de ellos, como Segui y Pinedo por ejemplo, habían sido dados de baja por un recordado decreto de Rosas del 16 de abril de 1835, que fue fundamentado por razones de política partidista. Pero ahora no era momento de hacer política.
Por su parte Rivera, (colorado, unitario) quien había reemplazado a Oribe (blanco, federal) que andaba de campaña por nuestro interior, prepara su propia escuadra con la pretensión de llegar hasta Corrientes, donde se encontraban  Ferré y Paz, para colaborar con  las intenciones de pretender avanzar sobre Entre Ríos y eventualmente llegar hasta Buenos Aires y desplazar a Rosas.
Pero previamente  debemos explicar el proceso de como  Garibaldi aparece involucrado en la Batalla de Costa Brava del 15 y 16 de agosto de 1842, dirigiendo una escuadrilla contra otra de la Confederación que comanda Guillermo Brown.
Desde 1835 el Estado de Río Grande del Sur, mantiene un enfrentamiento con Río de Janeiro porqué mantiene ideas independentistas y varios dirigentes libertarios y carbonarios pretenden segregar ese Estado del Estado central, en ese momento, con pretensiones imperiales. El jefe de este movimiento era el libertario Coronel Bentos Goncalvez da Silva. Este proceso revolucionario se denomina como  “Revolución de los farrapos” (harapientos).  Garibaldi, de ideas libertarias y prófugas de Italia y Francia, aparece en Río Grande para apoyar la segregación y logra  que se le otorgue patente de corso para lograr financiamiento para la revolución, radicándose en Porto Alegre. Arma la nave “La Mazzini” con la cual hace algunas incursiones de rapiña por el sur del Brasil, en nombre de la revolución de los farrapos. Finalmente los separatistas son derrotados gradualmente por los imperiales  y Garibaldi termina refugiado en Montevideo   al servicio de Fructuoso Rivera. Para 1841 Garibaldi ya con su mujer Anita Ribeiro y su primer hijo Menotti, presta servicios de variada índole a Rivera.
El combate fluvial y terrestre de Costa Brava (15 y16 de agosto de 1842). Rivera solamente pudo disponer de limitados recursos, sobre todo de calidad de personal, para competir el dominio fluvial en disputa,  precisamente con Guillermo Brown. Rivera designa a Giussepe Garibaldi como nuevo jefe de la escuadra oriental en reemplazo de Coe. La flotilla se componía de la corbeta “Constitución” de dieciocho cañones, el bergantín “Pereyra” de dos cañones, la goleta “Libertad”, cuatro faluchos y cuatro transportes de tropas y materiales.
La escuadra de la Confederación quedó integrada por los  bergantines  “Echagüe”, “Americano”, “Republicano”, y las goletas “9 de Julio y “Chacabuco”. Aumentando sus efectivos por gestiones e iniciativa de Brown a siete buques y un total de setenta cañones, mas transportes de marinería (hoy infantería de marina) y diversos materiales bélicos y de aprovisionamiento.
La misión encomendada a Garibaldi era una misión imposible de concretarse. Había que remontar el Paraná, burlar el bloqueo de la Confederación, llegar a Corrientes y tomar contacto con Ferré. No se podía desconocer que para tales fines, tenía que superar, además de los buques de Brown, el obstáculo de la isla Martín García, que se encontraba artillada y algunos buques menores en la Bajada del Paraná que estaban al mando del experimentado Segui.
El 26 de junio de 1842, Garibaldi cuando pasa por la Isla Martín García, enarbola bandera argentina para engañar a las baterías. No engaña a nadie, pasa pero bajo fuego a discreción  que produjeron algunos daños. Mientras tanto Brown levó anclas desde Buenos Aires al tomar conocimiento de la presencia de la escuadrilla oriental en el Río de la Plata.
Recién el 19 de julio Garibaldi puede forzar el paso frente a la Bajada con acciones de combate con Segui. Detrás venía navegando Brown que al llegar a la Bajada incorpora a Segui con cuatro buques más: dos goletas y dos transportes de infantería.
El 15  de agosto, Brown da alcance a Garibaldi en el paraje llamado “Costa Brava”, cerca del límite de Corrientes y Entre Ríos, donde existe una estrechura del río y se produce el combate definitivo. El mismo se extiende desde el 15 al 16 de agosto. El combate se efectúa desde los buques y también en tierra. El “Echagüe” se apoyó en la orilla y Brown ordena el  desembarcado de infantería y cuatro piezas de artillería al mando de los hermanos Mariano  y Bartolomé Leónidas  Cordero. Ambos tenientes, que desde tierra hacen estragos al enemigo y mostraron en la acción heroico comportamiento.
En la noche del 15,  Garibaldi aprovecha la oscuridad para lanzar dos brulotes, que son interceptados por dos falúas, una dirigida por Bartolomé Leónidas Cordero y el otro interceptada por la falúa que dirige el Teniente José María Mayorga. Desde tierra Mariano Cordero y sus tiradores apoyan ambas acciones.
Para la tarde del 16 la escuadrilla garibaldina había consumido todas sus municiones y esa noche se produce el desbande de sus tropas. Garibaldi acodó los barcos “Constitución” y “Pereyra”, los roció con pólvora y aguardiente y llevó a los tripulantes a la goleta “Libertad”. La explosión y el incendio fueron tremendos. Aprovechando ese momento Garibaldi y algunas tropas desembarcan y regresan a Montevideo caminando. Brown ordenó, expresamente, que en esa huída pedestre no se le disparara a nadie.
Con el desastre sufrido por la escuadra riverista, Ferré y Paz solamente podían recibir ayuda oriental por el lado del río Uruguay. Pero estamos en vísperas de Arroyo Grande, que demorará por algunos años con las aspiraciones de los liberales unitarios de derrotar a Rosas. Cosa que sucederá recién diez años más tarde a manos de los federales urquicistas.
Llama la atención lo poco realista de esta acción bélica emprendida por los orientales y la subestimación que demuestran por los hombres de la Confederación.  Rivera y Garibaldi eran personas de extensa experiencia militar pero el plan nace muerto desde el principio. Habría que darle la razón a San Martín cuando afirmaba que “Hay algunos trasnochados que suponen que somos como las empanadas, que nos pueden comer de un solo bocado”.

jueves, 7 de febrero de 2013

El uso de la Bandera Azul y Blanca

Por Roberto Antonio Lizarazu

La revolución que puso fin al régimen asambleísta del General Carlos María de Alvear, que gobernó como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata pocos meses, desde el 11 de enero de 1815 hasta el 16 de abril del mismo año, produce un hecho histórico ajeno al del derrocamiento alvearista en sí. Es verdad que sobre este controvertido hecho del izamiento por primera vez de la bandera azul y blanca, varios autores opinan de manera diferente y dan por ocurrido el mismo suceso en otras oportunidades y bajo otras circunstancias, pero otros tantos autores, fundados en Diarios personales y Memorias de varios testigos presénciales de la mencionada Revolución de abril de 1815, dan por verdadero el hecho que nos ocupa en este comentario: el comienzo de la utilización en Buenos Aires de la bandera azul y blanca.
Probablemente el autor que más haya profundizado sobre este aspecto de nuestra historia, haya sido Dardo Corvalán Mendilaharzu, quien en su obra Los Símbolos Patrios, publicado en la Historia de la Nación Argentina, de la Academia Nacional de la Historia, Tomo VI, Segunda Parte, Buenos Aires, 1944. (Primera Edición), se precisan datos recopilados en Diarios y Memorias de varios testigos que estuvieron presentes ese día en la Plaza de la Victoria, como las imperdibles Memorias de Juan Manuel Beruti, por ejemplo, o los informes que elevaba a su gobierno el cónsul inglés Robert Staples o el cónsul norteamericano Thomas Lloyd Halsey que confirman lo sucedido respecto al comienzo de la utilización de nuestra bandera azul y blanca.
¿Y entonces cual bandera usábamos hasta ese momento? Muy sencillo, la que siempre habíamos usado, la española. Como veremos más adelante el día de la Revolución, varios personajes pretendieron utilizar la bandera inglesa con el objeto de obtener protección, lo que hace muy factible que ese día en pleno fragote se hayan usado las banderas españolas y las inglesas en algunos edificios y la azul y blanca por primera vez en el Fuerte y en la Plaza de la Victoria, de acuerdo al bando que había tomado el lugar. Veamos que tiene Corvalán Mendilaharzu para ilustrarnos.
La Revolución de abril de 1815.
Pero previamente para intentar comprender los hechos, nos detendremos en la Revolución de abril de 1815 y como culminación de ella veremos flamear por primera vez en el Fuerte de Buenos aires nuestra bandera. La misma y generalizada oposición que había sufrido Gervasio Antonio de Posadas en el cargo de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde el 31.01.1814 hasta el 10.01.1815; oposición que en esa fecha lo había obligado a renunciar, dejando el cargo de Director Supremo en manos de su sobrino Carlos María de Alvear, es la que hereda a partir de ese momento. El régimen asambleísta y netamente unitario del Directorio, iba a contrapelo de los principios originarios por la que se habían realizado los sucesos de mayo de 1810. No tenían el apoyo mayoritario de la ciudadanía que pretendía otra forma de gobierno y sobre todo otra manera más equitativa y equilibrada de representación. Un sistema federal que sume a las provincias sin restar a nadie.
Este malestar finaliza en una revolución para intentar cambiar la modalidad de la forma de gobierno, siendo ese golpe cívico militar el del 15 y 16 de abril de 1815. No voy a detallar la revolución en sí, por que lo que intento en este comentario es contar, una sola de sus consecuencias, probablemente la más importante de sus consecuencias, el comienzo del uso de nuestra bandera azul y blanca en la ciudad de Buenos Aires.
La Bandera Azul y Blanca en el Fuerte.
Digno broche de esta revolución fue el suceso recordado por Juan Manuel Beruti en sus clásicas Memorias, tantas veces citadas y utilizadas por los ensayistas. Dice así: “Ese mismo día, el 17 de abril de 1815, amaneció puesta en el asta de la fortaleza, la bandera de la patria, azul y blanca, primera vez que en ella se puso, pues hasta entonces no se ponía otra sino la española; cuya bandera la hizo poner el comandante de la fortaleza que el día anterior fue nombrado por Soler para su cuidado y defensa; el coronel Dn. Antonio Luís Beruti, con la cual se entusiasmó sobremanera el pueblo en su defensa, y desde ese día ya no se pone otra sino la de la Patria.”
En este punto conviene aclarar algunos detalles. Juan Manuel Beruti, el autor de estas Memorias, es hermano mayor de Antonio Luís Beruti, quien juntamente con French integraron el grupo de Los Chisperos, de activa participación en los días de mayo de 1810 y quien tiene una destacada actuación militar en la Guerra de la Independencia. Probablemente una de sus intervenciones más relevantes haya sido en Chacabuco bajo las directas órdenes de San Martín.
Toda la familia Beruti vivía en la actual calle Defensa al 200, a una cuadra del Fuerte, y Juan Manuel efectivamente debe haber visto lo que dice que vio. Es verdad que lo que menciona resalta la figura de su hermano Antonio Luís, pero razonablemente no se debería dudar de sus escritos en este aspecto. Por otra parte, como veremos más adelante, su observación es corroborada por otros testigos.
En el párrafo que sigue, se despacha a gusto contra Alvear, del cual, ambos hermanos Beruti eran enemigos políticos declarados. Ambos eran partidarios del partido político de Los Segregatistas, de tendencia republicana y federal y Alvear respondía en última instancia a la Logia Lautaro y era apoyado por el partido de Los Congresales.
Juan Manuel Beruti continúa en sus Memorias diciendo: “Así terminó la inaveniencia (sic) causada por Alvear; este hombre loco por su ambición de mando, perdió su honor, grados y patria para siempre, dejando un nombre de tirano ambicioso y un odio execrable en la historia de las Provincias Unidas, como el de Catilina en Roma, pues de éste a su persona y hechos no hay diferencia.”
Esta información está corroborada por el oficio del 5 de mayo de 1815, que el cónsul norteamericano en Buenos Aires, Thomas Lloyd Halsey, dirigió a James Monroe informándole de los sucesos que habían determinado la caída del régimen asambleísta. En dicho oficio detalla: “Desde entonces ha estado tremolando la bandera de la Patria.”
Por otra parte en la obra de Martín Matheu “Biografía de Domingo Matheu”, Buenos Aires, 1914. En esta obra Martín Matheu transcribe partes de una Memoria que escribiera su padre Domingo Matheu y que nunca fueran publicadas completas. Solo quedan algunas partes levantadas por terceros, entre ellos su hijo Martín. Escribe Domingo Matheu: “… el caso es que ante el peligro que amenazaba, algunos se preocuparon por mostrar una bandera para la revolución actual, y alguno sopló ¡La Inglesa! y coincide que en esos momentos el jefe de estación propone bajar tropas y enarbolar como símbolo de protección deferida a la gloriosa ciudad en aquel trance, pero en los mayores conflictos este pueblo tiene un instinto, intuición o claridades, que una vez que otra han lucido algunos de los muchos repúblicos elevados –las eminencias de nuestros fatales partidismos- así es que unísonos gritaron ¡Nada de la Inglaterra!, solos y con nuestra bandera”.
Que patriotas que supimos tener. Prefirieron estar desprotegidos pero bajo la bandera de la patria, que protegidos por la bandera de Inglaterra. Así fue como se izara por primera vez en el Fuerte la bandera argentina, el 17de abril de 1815.

jueves, 22 de marzo de 2012

Pueyrredón y Rivadavia; misión ante Austria y Rusia

Por Roberto Lizarazu

Cuando  las papas queman, los príncipes no aparecen, el miedo cunde y nuestros dirigentes políticos no se encuentran a la altura de las circunstancias; las misiones diplomáticas dirigidas por Rivadavia,  recorrían las cortes de Europa buscando soluciones en el extranjero. Cualquier país es bueno para pedir ayuda. Como veremos en este comentario les toca el turno a Austria y a Rusia. Si señores lectores, en 1817 representantes de las provincias Unidas del Río de la Plata le piden ayuda a Rusia.  Algunos conspicuos autores sostienen que hasta Manchuria no llegaron, porqué era invierno y había mucha nieve.  
Con fecha 3 de enero de 1817, Pueyrredón, que fue Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata desde el 9 de julio de 1816 hasta el 9 de junio de 1819, dispuso dar por finalizada la maratónica misión de Rivadavia en Europa, que venía desde el Segundo Triunvirato (1814).  Prácticamente desde un año atrás se encontraba varado en Paris, que como todos sabemos es un lugar ideal para vivir viaticando  sin hacer nada. Ya ni las más elementales noticias sobre la situación del país le eran comunicadas. El último oficio que recibió del gobierno fue en diciembre de 1816 dándole cuenta de la Declaración de la Independencia en Tucumán. Esta noticia hacía más de dos meses que era pública en Europa. Si carecía de comunicaciones sobre hechos de tanta importancia como la declaración de la independencia, no es extraño que se mantuviera sin instrucciones y sin respuestas a sus muchas cartas informativas sobre la situación europea. A pesar de ello considero de interés reproducir algunas de esas cartas que no eran respondidas y ni siquiera se les acusaba recibo por parte del gobierno. Ni Manuel García, que se supone que dependía de él y que se encontraba en Londres, le informaba nada. Cada personaje jugaba su propio partido de manera independiente y de acuerdo a sus intereses políticos y económicos.  

En fecha 31 de enero de 1817, en carta al gobierno dice: “… se dolía de la conducta de la corte de Brasil, pero desgraciadamente todos mis esfuerzos son hasta ahora inútiles, para saber las deliberaciones de ese Gobierno a este propósito, y qué es lo que ha hecho D. Manuel García , de quien, es bien extraño , no tengo ni una letra; de manera que sobre un asunto de tanta consecuencia no puedo, absolutamente, obrar ni hablar, y precisamente cuando la invasión de los portugueses en ese territorio ocupa tanto a la Europa, a quien generalmente desagrada.”

El 22 de marzo volvía a escribir afligido, advirtiendo “… que la causa revolucionaria debía atender tres objetivos vitales: las disposiciones existentes, o posibles, de las naciones cuyo influjo decidía los destinos en el momento; la situación particular de España, y la marcha que, como consecuencia de uno y otro, y de su propio estado, debían adoptar las Provincias Unidas.”
Conviene detenerse un momento en estos tres objetivos vitales para nuestra revolución e independencia. Considero que resumen exactamente el ideario rivadaviano sobre el particular. Primero tenemos que considerar las disposiciones de las naciones que deciden los destinos de las naciones, (Gran Bretaña y Francia); segundo tener en cuenta lo que podría querer España de nosotros y tercero las medidas que deberían adoptar las Provincias Unidas respecto de los puntos anteriores.

Al efecto Rivadavia añadía: “Nunca pensé que el Congreso demorase tanto en pronunciar sobre la forma de gobierno de este Estado; pero siendo demasiado urgente el hacerlo, yo estoy persuadido que es de suma importancia el declarar a ESE ESTADO EN MONARQUÍA, RESERVÁNDOSE LA ELECCION DE SOBERANO AL RESULTADO DE LA NEGOCIACION QUE EN SU VIRTUD ACUERDAN PARA CON LAS CORTES DE EUROPA. (El subrayado es del propio Rivadavia).

Algunos antecedentes de la misión ante Rusia.

 José Lanz fue uno de los tantos profesionales europeos que Rivadavia, durante su larga permanencia en Europa, contrató para trabajar en el Río de la Plata. José Lanz, un profesor de matemáticas y ciencias naturales español que vivía en Londres,   en 1816 viaja a Buenos Aires y como no se adapta a estas latitudes regresa a Gran Bretaña en mayo de 1817 donde se encuentra  con Rivadavia. Lanz si bien es verdad que  no nos sirvió como profesor, fue contratado nuevamente por Rivadavia para que le sirviese de correo con Pueyrredón y volvió al Río de la Plata con correspondencia para el gobierno. En carta del 30 de agosto de 1817, dice que “este método para informar al gobierno lo usaría  en cuanto se lo permitieran sus recursos, adelantando la noticia de que se preparaba una nueva expedición en Cádiz, y se rumoreaba que era propósito del Emperador Alejandro de Rusia auxiliar a España en sus propósitos ofensivos, si bien señalando que las demás potencias veían con desconfianza la actitud rusa, por ser la nación que menos relaciones e intereses tenía con la América. (1) Por otra parte, añadía Rivadavia, es muy poco probable que la Rusia hiciera sacrificios de buques, tropas y dinero, o sólo dinero, sin una indemnización más que proporcionada. Por su parte no creía que tal expedición  (la española que se preparaba en Cádiz) llegara tener más apoyo que el de la corte del Brasil, cuando ésta ha pedido a Lisboa un refuerzo de 4 a 6 mil hombres con la mayor urgencia, y que ya han salido en parte, y el resto si no se ha dado ya a la vela, no tardará en zarpar, según la noticia de los diarios.”

Misión del cubano Antonio José Valdés ante Austria y Rusia en representación de Pueyrredón.

Por carta del 30 de junio de 1817, dirigida al director Pueyrredón, Rivadavia decía que “el 14 de dicho mes había sido sorprendido por un artículo de uno de los diarios  de París, concebido en los siguientes términos: En La Gazeta de Bremen del 29 de mayo, se lee el artículo siguiente: En este momento se halla en ésta un diputado de Buenos Aires de paso para Viena, encargado de ofrecer el Reino de Buenos Aires a un príncipe Austriaco. Se dice que este Diputado deberá dirigirse a otra corte poderosa de Europa, en el caso que sus ofertas no sean admitidas en Viena.”

Rivadavia ya había recibido instrucciones del 3 de enero de 1817 firmadas por Pueyrredón, disponiendo su regreso por no haber “motivo alguno de conveniencia que pueda fundar su residencia en Europa”.  Rivadavia no pudo admitir que se enviara un nuevo comisionado, por lo que supuso se trataba de una falsa información. No lo era en realidad. En la misma fecha, el 3 de enero de 1817, Pueyrredón había confiado a Antonio José Valdés, un cubano que había sido director de “El Censor” a llevar pliegos a los emperadores de Rusia y Austria rogándoles nos adopten bajo sus poderosos dominios, y eventualmente designen algún príncipe que se haga cargo de nosotros. Valdés utilizaba el cargo de Diputado Representante de las Provincias Unidas  de Sud América.

En la carta que lleva Valdés, dirigida al emperador de Rusia, y sobre la cual requiero de los señores lectores la lean con detenimiento, Pueyrredón comienza diciendo que: “Estaba en el interés de Europa que América dejara de permanecer en la ignorancia y la servidumbre, para que cultivada, floreciera y abriera sus entrañas al género humano, sin ser patrimonio exclusivo de una Nación mezquina y suspicaz, que se abroga su dominio en virtud de un descubrimiento casual  (el descubrimiento de América) y de la famosa Bula de donación otorgada por Alejandro 6º,  (la Bula que divide América entre España y Portugal) Es constante que la naturaleza ha destinado la tierra a las necesidades del hombre en general, Y NO DA A NINGUN PUEBLO MAS DERECHO QUE EL DE APROPIARSE EL PAIS QUE LE ES SUFICIENTE, obstruyendo su beneficio con perjuicio necesario de los demás Pueblos”.

Este último párrafo, en el que subrayamos un concepto sorprendente, que ofrece todos los caracteres de una invitación a tomar posesiones en América, ya que era evidente que Buenos Aires a la cabeza de las Provincias Unidas de Sud América contaban con más tierra de la que necesitaban por su cantidad de habitantes. Por otra parte se debe tener en cuenta que de manera simultánea a la Guerra de la Independencia que se estaba desarrollando a pleno. El triunfo de Chacabuco fue el 12 de febrero de 1817. Los gobernantes gestionaban príncipes de cualquier nación del mundo y sugerían la ocupación de nuestros territorios a las potencias europeas. Existía una contradicción evidente entre las acciones militares de algunos héroes por la guerra de independencia de nuestra patria contra el anterior coloniaje español;  y las acciones políticas de los dirigentes portuarios que ofrecen el gobierno y el territorio nuestra patria a cualquier potencia que aspire a obtenerla.

Pero debemos continuar con los lagrimosos pedidos de Pueyrredón al Zar de Rusia. “La América sigue su denodada y sangrienta lucha (la Guerra de la Independencia) en la que reconoce la suma necesidad de un brazo poderoso que vigorice su aliento, y paralice las maquinaciones  y esfuerzos de sus enemigos. ¿Y quién, Señor, mas adecuado que V. M. I. (2) cuyo sólo nombre respeta toda la Tierra.

El oficio dirigido al emperador de Austria por Pueyrredón, y entregado por el inefable cubano  Antonio José Valdés, tiene las mismas características lagrimosas, y transcribiré algunos párrafos que considero importantes. Se iniciaba con una explicación de los antecedentes políticos de estas pampas, que a los austriacos le sonarían como si les hablaran en chino. Ahora veremos como Pueyrredón le pide disculpas al Emperador de Austria  de haber realizado las acciones de 1810 y sobre todo la declaración de la independencia en  1816. Todo un verdadero y vergonzoso disparate. Habla de los americanos en tercera persona. ¿Y él que era en 1810 y en 1816, súbdito de Gran Bretaña? “El proceso revolucionario establecido al ser invadida España por los franceses, los americanos creyeron que adoptar sus precauciones para no correr la suerte de su Metrópoli en Caso de ser desgraciada. Los gobiernos revolucionarios instalados en España pretendían dictar la ley a la América. Resistimos a sus pretensiones tan injustas y creamos gobiernos provisorios hasta la restitución del Sr. D. Fernando VII a su trono. Las juntas de la Península nos declararon la guerra. El regreso de Fernando VII encontró a estos pueblos en plena guerra.”  Si, estábamos en plena  Guerra de la Independencia.

“Creímos haber llegado entonces al término de tantos desastres; pero el rey (Fernando VII) mal aconsejado, sin encontrar que aplaudir en los gobiernos españoles, no consideró en nuestra resistencia los preceptos de unas autoridades que él mismo declaró nulas, la prueba ilustre de nuestra lealtad”.
“A los males consiguientes a una guerra sin fin, se había unido la expedición portuguesa, que se suponía realizada mediante un entendimiento con España, por lo que se recurre ante el emperador para que fuese el Protector de la América, título que acompañaría al de Pacificador de Europa,  con el que se lo reconoce en todo el orbe”.

Sorprendentemente la misión de Valdés ante Rusia y Austria se frustra por las inclinaciones detectivescas de Rivadavia. Por un confidente de la policía de Paris, por supuesto pago, Rivadavia es informado que el diplomático enviado por Pueyrredón  se trataba de un aventurero carente de escrúpulos y que vendía el producto (el reinado de Buenos Aires) a varios interesados a lograr la vacante. Valdés con ese objeto, según Rivadavia, había visitado al embajador español en París, el duque de Fernán Núñez, y mantenido  entrevistas con el Conde de Casa Flores. Valdés habría supuesto que a falta de príncipes no estarían mal un duque o un conde. Cualquiera que pague.

Posteriormente y por carta del 15 de febrero de 1818, y cuando en Buenos Aires ya se conocía el papelón, Rivadavia informa “que se trataba no solamente de un impostor sino también de un traidor, pues la embajada española dio a conocer un escrito suyo”.

Ya entonces se conocía la verdad en Buenos Aires, pues con fecha 31 de julio de 1818, Gregorio Tagle le escribió a Rivadavia diciéndole que se conocían otros chanchullos de Valdés.   

Como lo menciona Diego Luis Molinari en la bibliografía que señalo, “Pueyrredón recibió en este caso una dura lección. No se debe confiar en venales e  inescrupulosos periodistas”. (3)




(1) Esta es una errónea interpretación geopolítica de Rivadavia. Para la fecha Rusia de hecho era la poseedora de vastísimas  extensiones de América del Norte (Alaska) y competía tanto con Francia como con Gran Bretaña en los derechos de posesión de prácticamente todo el norte de Canadá hasta la Bahía de Hudson. También tenía un conflicto con Dinamarca sobre el dominio de Groenlandia, que es América y que recién se resuelve al finalizar la guerra ruso japonesa en 1905.



(2) V. M. I. es Vuestra Majestad Imperial.

(3) Diego Luis Molinari era un activo militante radical y siempre  la prensa liberal y luego la peronista fueron muy críticas con su obra. Irónicamente Molinari y Perón eran amigos personales y lo visitaba seguido en la Casa Rosada. También queda la correspondencia entre ambos de los años de exilio en España. Tal vez por eso la prensa antiperonista también era muy crítica con la obra de Molinari. Le pegaban de todos lados; y el cuando podía también respondía, como en este caso.

Fuente documental:  Diego Luís Molinari. “Fernando VII y la emancipación de América”, Buenos Aires, 1939. Reedición 1957.
Ricardo Piccirilli. “Rivadavia y la Diplomacia. Historia de una empresa monárquica frustrada”. Buenos Aires, 1945.
William Spence Robertson. “Russia and the emancipación of Spanish America 1816-1826, en “Hispanic American Historical Review”, tomo XXI, 1941.