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viernes, 26 de julio de 2019

ARTIGAS EN SU JUVENTUD: EL JINETE REBELDE

Por Hugo Chumbita*
La figura de Artigas me interesó desde que leí que Sarmiento le echaba la culpa de todas las calamidades y lo señalaba como el precursor del levantamiento de los bárbaros. En realidad, él encabezó una gran insurrección rural contra el bastión realista de Montevideo, tal como estaba previsto por el "Plan de Operaciones" que Mariano Moreno escribió en agosto de 1810; y seguramente fue Manuel Belgrano, que conocía bien la zona de Mercedes y Soriano, quien lo señaló como el hombre clave por su influencia entre la gente del campo.  Aquel formidable movimiento rural tuvo consecuencias trascendentes que marcaron la historia del siglo XIX en los países del Plata. La mayoría de la población vivía en la campaña, y las ciudades eran el reducto de las elites: por eso, sublevar el campo equivalía a movilizar al pueblo. Fue el origen de la rebelión federal que impuso la disolución del gobierno central de Buenos Aires en 1820. Y fue el comienzo de la guerra social en el marco de la lucha por la emancipación.
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Los historiadores de la época de la "organización nacional" condenaron la rebeldía de Artigas y sus "hordas" como una especie de bandolerismo. El libelo que publicó Pueyrredón en 1918, redactado por Sáinz de Cavia, trazaba la trayectoria de Artigas como un "capitán de bandidos" que se había convertido en "un nuevo Atila" de los pueblos que protegía.  Sarmiento lo retrató como arquetipo del caudillo bárbaro: un "contrabandista temible", investido comandante de campaña por transacción, que llegó a conducir "las indiadas" hostiles a la civilización.   Mitre comenzó a escribir una biografía de Artigas que dejó inconclusa. Lo llamó "caudillo del vandalaje", el "jefe natural de la anarquía permanente", aunque también vió en sus montoneras la expresión de una "democracia semibárbara".  Reivindicado oficialmente en Uruguay desde 1883, algunos historiadores revisionistas lo reclamaron también como "héroe argentino". Pero estos discursos tendieron a construir la imagen de un caudillo patricio, rechazando las "leyendas" sobre su pasado.  Sin embargo, la publicación del Archivo Artigas proporcionó las evidencias de sus andanzas ilegales. Dada la irracionalidad de la legislación monopólica española, como ha dicho Fernández Cabrelli (1991), casi nadie quedó fuera del contrabando en la época colonial.  El problema excede un simple juicio moral. Tiene que ver con una cuestión inquietante que atraviesa la historia de nuestros países y he tratado de plantear en mi libro Jinetes rebeldes, que es la contradicción entre la ley y la vida real de la sociedad.   Al estudiar la "prehistoria" de Artigas, mi marco teórico fueron los estudios sobre el bandolerismo y la resistencia campesina, en particular las tesis de Hobsbawm sobre el bandido social, que explica como éste encarna las demandas de justicia de los campesinos en el marco de una cultura tradicional.    Artigas provenía de una familia de modesto linaje, que había adquirido cierta fortuna. Su abuelo, José Antonio Artigas, era un soldado aragonés, analfabeto, que integró con su esposa el grupo que vino de Buenos Aires en 1724 a fundar Montevideo, por lo cual obtuvo la concesión gratuita de chacras y estancia. Fue cabildante y alcalde de Hermandad, o sea policía rural. El más destacado de sus hijos, Martín José, desempeñó funciones similares, participó del gremio de hacendados y se casó con Francisca Pasqual Arnal, otra descendiente de las familias fundadoras.
El tercero de los seis hijos de ese matrimonio habría sido José Gervasio, nacido en 1764, según un asiento de bautismo por lo menos dudoso, en el que se agregó la anotación en un folio posterior al que correspondía por la fecha, falsificando la firma del cura. Esto fue descubierto y publicado hace tiempo por Juan Alejandro Apolant, que constató la irregularidad del registro, pero en definitiva no cuestionó la autenticidad del contenido. Es poco convincente la explicación de que se falseó aquel acta sólo para salvar una omisión. A la luz de muchos casos semejantes -incluso el que descubrimos ahora de José de San Martín, que no era hijo de quienes se decía sino de un marino español y una india guaraní-, creo que hay razones para sospechar que existía algún "pecado de ilegitimidad". Las partidas no se adulteran para asentar los datos verdaderos, sino para ocultarlos. Creo que esto tiene que ser investigado y para aclararlo hay que buscar otras fuentes, partiendo de la tradición oral. No es un tema secundario. Mi hipótesis sería que es la clave de la huída de Artigas, del abandono de la casa de su familia alrededor de 1780 para internarse a "gauchar" en la frontera.  Cavia, que siendo escribano en Montevideo conoció a la familia, cuenta que difícilmente habría en la ciudad quien ignorara esa historia del joven Artigas cuando se fue de la casa paterna y se hizo famoso encabezando bandas de changadores.
Aventuras en la frontera: Mitre, en su biografía inconclusa, apoyado en el relato de su suegro Nicolás de Vedia, dice que llegó a ejercer un "dominio patriarcal" en toda la comarca; y cuenta, entre otros episodios, un tiroteo con sus perseguidores, que figura también en las Memorias del general Miller. Las leyendas dicen que Artigas detenía a los malvados con el fuego de su mirada y amansaba los caballos al estilo indio. Cavia apunta que en los archivos de Montevideo había numerosos testimonios de las depredaciones de la gavilla de Artigas, y conocemos algunos de tales documentos. En marzo de 1794, en las serranías donde nace el río Cuareim, una comisión del capitán De la Rosa, jefe de la guardia de Melo, avanzó contra unos changadores que cuereaban vacunos, y cuatro días después su campamento fue asaltado por la noche, perdiendo la caballada. Dos detenidos declararon después que allí se habían juntado varias cuadrillas que sumaban unos 50 hombres, una de ellas comandada por Artigas. Esto coincide con una versión que recogió Mitre, donde agrega que el capitán regresó "todo magullado" y fue objeto de burlas por sus colegas, desalentando las persecuciones contra Artigas.
Otros partes revelan que a fines de 1795, el gobernador de Montevideo instruyó al jefe de la guardia del Cuareim para interceptar dos grandes arreos de contrabando que iban hacia Batoví, uno de los cuales era conducido por "Pepe" Artigas. La partida del subteniente Hernández logró acercarse a él, que encabezaba unos 80 hombres armados. El subteniente movilizó sus tropas por ambos lados del arroyo Sarandí para atacarlos, pero una de las columnas se topó con 200 charrúas, que los acometieron y les causaron varias bajas. Hernández parlamentó con los caciques, quienes alegaron haberlos confundido con unos changadores que andaban por allí, pero era evidente que esos indios estaban colaborando con Artigas. Estos hechos hay que ubicarlos en el momento de fines del siglo XVIII, cuando los cuantiosos recursos ganaderos se valorizaban en función de la apertura comercial. Si bien toda la Banda Oriental era un espacio de frontera con Brasil, las aventuras del joven Artigas
transcurren en el área más específicamente fronteriza que se extendía más allá del río Negro.  En esa zona con abundantes pastos y hacienda salvaje, la autoridad colonial era ineficaz. Los los portugueses la pretendían e incursionaban desde Río Grande. Era además el territorio de los charrúas, minuanes y otras tribus que cazaban, criaban y domesticaban caballos y vacunos. Esas tribus, aunque rechazaron las reducciones y la evangelización, mantenían asiduas relaciones con los asentamientos hispano-criollos. Las autoridades trataban de reprimir las vaquerías sin licencia y el tráfico con Brasil, que extraía cueros y hacienda en pie e introducía tabaco, alcoholes y otras mercaderías. Si bien los ejecutores eran gauchos criollos o brasileños e indios, el contrabando era impulsado por los comerciantes de Rio Grande con la participación de estancieros, comerciantes e incluso funcionarios montevideanos. Era una fuente de trabajo para mucha gente y una necesidad para abastecer las poblaciones.  En cuanto a los gauchos y los indios "infieles", estos grupos marginales habían surgido
de manera similar en todas las áreas de frontera del Virreinato, en base a la libertad para disponer de los ganados que tradicionalmente se consideraban de propiedad común, y al extenderse el control y el régimen monopolista en la campaña fueron perseguidos con progresivo rigor como malhechores. El tema lo han explicado los autores que trataron la represión a los gauchos aplicando las ordenanzas de "vagancia".   La resistencia indígena también fue catalogada como bandidaje para justificar la represión y presenta una esencial analogía con la rebeldía de los gauchos, más allá de las diferencias culturales. Son variantes del conflicto típico focalizado por los historiadores del bandolerismo, en el cual la ley, al criminalizar lo que es parte de la cultura y la necesidad de vida de un grupo social, los califica masivamente de delincuentes. Como en toda la historia americana, el avance de los propietarios y la autoridad del Estado sobre los territorios de frontera despojó de sus recursos a las poblaciones autóctonas - criollos e indios, agricultores y pastores- a través de la "privatización" del ganado, la tierra y/o el agua. En la resistencia a ese proceso, se diluían las diferencias entre aborígenes, gauchos y bandidos, lo cual explica las formas de solidaridad entre ellos y la visión del poder que los engloba en la categoría de bandoleros. Es erróneo reducir el conflicto a un antagonismo de clase entre estancieros y gauchos como han hecho algunos historiadores, sin advertir que, especialmente en la situación periférica de la Banda Oriental y en relación a la administración del monopolio y el contrabando, existían otras rivalidades en el seno de los sectores propietarios y también intereses comunes de algunos de éstos con las poblaciones rurales.  La fama de Artigas celebraba sus habilidades de gaucho, aficionado a los naipes, bailarín, cantor y guitarrero. En esos años tuvo un par de hijos, fruto de sus amoríos, a los que reconoció y protegió siempre. Maggi ha resaltado la vinculación de Artigas con los charrúas, sosteniendo que habitó en sus tolderías y tuvo entre ellos mujer e hijo. Aunque no se puede considerar demostrado, hay abundantes indicios de su gran intimidad con las tribus. Mitre afirma que hacía justicia y aplicaba castigos ejemplares, incluso como árbitro en los litigios de los vecinos. Otros relatos sostienen que penaba a los malhechores e incluso "imponía contribuciones".  Las hazañas de Artigas burlando a la autoridad, su reputación de rebelde indomable, justiciero y amigo de los humildes, adquirían una dimensión heroica para los habitantes de la frontera, que dependían de manera directa o indirecta del contrabando. Gauchos, tribus indias, agricultores y criadores pequeños y medianos, peones y esclavos de las estancias, no constituían un campesinado homogéneo sino un conjunto de grupos con cierta movilidad estacional, pero compartían el rechazo a la autoridad realista y los valores tradicionales de la cultura de las pampas. Compartían o admiraban la vida libre de los gauchos, cuyo máximo exponente era precisamente el rebelde Artigas.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Orígen del General José de San Martín

Por el Prof. Jbismarck
El 25 de febrero de 2018 se cumplirán 240 años del nacimiento de José de San Martín,considerado como el Padre de la Patria de los argentinos.  El propósito de la Historia de San Martín por Mitre fue el de apropiarse de una figura fundante. De esemodo, los dueños del país podrían justificar su hegemonía titulándose herederos y continuadores de una causa casi divina. 
 
José María Rosa señaló que “No bastaba con la caída de Rosas ni con las masacres que siguieron a Pavón. Era necesario dotar a la nueva Argentina de una conciencia compatible con el dominio de una clase y el tutelaje foráneo. La patria ya no sería la tierra, o los hombres, o la tradición sino las instituciones copiadas, la libertad restringida, la civilización ajena”.Las mentiras debían hacerse carne a través de la imposición de una única versión de los hechos,repetidos hasta el cansancio a través de un estudio memorístico, acompañado de una liturgia sostenida en un calendario de homenajes a los héroes colocados en el panteón nacional. Para ello fue necesario ocultar todo aquello que pudiera generar inquietud y movilizar labúsqueda de respuestas.  La imposición de la Historia Oficial requirió sostener los argumentos pergeñados por Mitre, considerándolos como verdades absolutas e incontrastables. Luego, los textos escolares -y la enseñanza en el aula- los reprodujeron en síntesis que no permitían una lectura crítica. José de San Martín nació en 1778 en territorio español de padres españoles. En España regía (y rige) el Derecho de Sangre (Ius Sangunis), concepto jurídico por el que una persona adquiere la nacionalidad de sus ascendientes por el simple hecho de su filiación, aunque el nacimiento seproduzca en otro país. Sus padres regresaron a España cuando él tenía 5 años. Hizo sus primeros estudios y a los 11años se integró al ejército haciendo carrera y llegando al cargo de Teniente Coronel. Combatió envarias campañas contra diversos países y participó en 17 acciones de guerra. A sus 34 años, durantela invasión francesa a la península y con el rey español en poder de Napoleón, afirma Mitre que el6 de setiembre de 1811 “decidió regresar a la lejana patria”. La Historia Oficial lo condenó a permanecer en el bronce como un hombre de acción ajeno al carácter social de la revolución en la que participó en forma activa y decisiva. Algunos de los hechos falseados, mal explicados o nunca investigados son: Su verdadero origen; Su relación con la familia Alvear y especialmente el odio que le manifestara Carlos de Alvear. Existen pocas certidumbres acerca de hechos relevantes en la vida de José de San Martín: su nacimiento y educación, así como su ideología y posiciones políticas. Pigna no tiene dudas al afirmar que “El 25 de febrero[de 1778] nace José Francisco de San Martín en Yapeyú, el menor de cinco hermanos del matrimonio de Don Juan de San Martín y Gregoria Matorras”. Juan José Cresto sostiene que.."los ejércitos portugueses partieron de San Pablo y cometieron verdaderos genocidios. En 1817 asaltaron las Misiones y el 12 de febrero destruyeron el pueblito de Yapeyú, incendiaron sus casas y su parroquia con sus libros de bautismos y defunciones, perdiéndose para siempre las actas de nacimiento...”de los dos últimos hijos del matrimonio San Martín, Justo Rufino y José Francisco.  El Dr. Isidoro J. Ruiz Moreno (en “La filiación de San Martín”) hace referencia a trabajos como el de la Prof. Patricia Pasquali y remite a lo que él mismo llamó una “revista de poca divulgación,Ensayos y Rumbos, ...en septiembre de 1921”, en la que la se publicó una copia de la partida de nacimiento de San Martín, señalando como responsable a “un sacerdote dominico aficionado a los temas del pasado, fray Reginaldo Saldaña Retamar, a quien mucho debe la historia eclesiástica argentina.” Al respecto, Hugo Chumbita afirma queLa fe de bautismo nunca se encontró. Ello se atribuye a la devastación de Yapeyú en 1817, cuando los portugueses incendiaron el pueblo para destruir las bases guaraníes de la resistencia artiguista...Un acta de bautismo publicada en 1921, de lacual nunca apareció el original, era seguramente una invención para salvar aquella laguna documental”  .Chumbita afirma queSe equivoca Pasquali al sostener que no cabe “el menor asomo de duda” acerca de la fecha de nacimiento de San Martín. Mitre se contradijo en su biografía consignando dos fechas diferentes del natalicio. En su propia correspondencia, San Martín se contradijo no menos de tres veces. Se equivocó también Pasquali en una biografía del prócer (San Martín. La fuerza de la misión y la soledad de la gloria, 1999) al invocar como prueba una partida de bautismo inexistente, afirmación de la que no se ha rectificado y que la induce a perseverar en el error...” En síntesis, lo único que puede asegurarse es que San Martín nació entre 1777 y 1778. Juan de San Martín se desempeñaba -desde 1775- como teniente gobernador del departamento de Yapeyú. Según José A. Torre Revello, “Yapeyú había sido una de las reducciones más florecientes y ricas en tierras y ganados” fundada por los jesuitas.Norberto Galasso (“Vida de San Martín. Seamos libres. Y lo demás no importa nada”) destaca que “Difieren los historiadores respecto a la importancia y eficacia de la labor desplegada por Don Juan en Yapeyú, pero coinciden en que sucesivas rebeliones de indios minuanes -motivadas por algunas medidas adoptadas contra sus caciques- provocan un llamado de atención del virrey Vértiz, quien le advierte al gobernador que respete los fueros y privilegios que les corresponden a caciques y demás personas de ese pueblo. Pero los conflictos recrudecen y don Juan es desbordado por la protesta indígena, por lo cual el virrey lo destituye hacia fines de 1780. En febrero de 1781 abandona Yapeyú con su familia, trasladándose a Buenos Aires”.  Esta misma situación la trata José A. Torre Revello señalando que “El constante estado de intranquilidad en que se vivía en la región motivó el traslado de Gregoria Matorras de San Martín a Buenos Aires, trayendo consigo a sus cinco hijos.En la capital se le reuniría su esposo en los primeros meses de 1781”. En forma contradictoria,Torre Revello intentó salvar la figura de don Juan, al decir que “El capitán San Martín, con actividad y celo encomiables no sólo puso en estado de defensa el departamento a su mando, sino que lo impulsó por las vías del progreso, realizando diversas obras de carácter público”.  Pigna se suma también a la confusión, señalando que “Cuando José tenía apenas tres años (1781), toda la familia debió abandonar Yapeyú y trasladarse a Buenos Aires. El virrey Vértiz le ordenó a Don Juan hacerse cargo de la instrucción de los oficiales del batallón de voluntarios españoles. Los San Martín vivirán en la capital del virreinato hasta fines de 1783, cuando fue aceptado el pedido de Don Juan para regresar a España”.  Según Alfredo G. Villegas (Documentos Instituto Nacional Sanmartiniano), “El 25 de marzo de1784 desembarcaban en Cádiz, para trasladarse en abril o mayo a Madrid, donde durante más de año y medio estuvo clamando don Juan por el ascenso a teniente coronel y un destino en América.”  Elejército decretó su retiro, no convalidó su estatus militar, no aprobó su pedido de ascenso ni su retorno a América. Y como lo señala Alfredo G. Villegas,“Al fin don Juan obtuvo por única retribución de sus meritorios servicios el retiro sin ascenso y con agregación, como ayudante supernumerario [contratado], a la plaza de Málaga”. 
Su relación con la familia Alvear Afirma Rodolfo Terragno (“Diario íntimo de San Martín”) que “del Libertador se ignora, todavía, más de lo mucho que se sabe“. En relacióna su nacimiento y educación, algunas versiones son contradictorias. En otras existe ambigüedad. Por ejemplo, en su “biografía de San Martín”, Pigna afirma que “José, que tenía por entonces ocho años, se supone que estudió en el Seminario de Nobles de Madrid”, Alfredo G. Villegas, en un documento publicado por el Instituto Nacional Sanmartiniano, señala que “En Málaga completó nuestro Libertador sus primeros estudios en la escuela de Temporalidades, antiguo establecimiento que perteneciera a los jesuitas, y después encauzó decididamente su vocación por la carrera militar”. Para Bartolomé Mitre, “...después de una corta permanencia en una escuela de primeras letras en Buenos Aires, pasó San Martín a España en compañía de sus padres,ingresando poco después en el Seminario de Nobles de Madrid. Según el estudio realizado por Francisco Andújar Castillo, Universidad de Almería (en:“El Seminario de Nobles de Madrid en el siglo XVIII. Un estudio social”), el Seminario estaba“destinado a la educación de la nobleza. Desde mediados de la centuria el Seminario inició una lenta apertura hacia las «capas burguesas» de la sociedad, proceso que corrió paralelo a su progresiva «militarización». No obstante, la mayor parte de sus alumnos procedían de familias de la nobleza media y baja, de la administración del Estado, del ejército y de las oligarquías locales......los caballeros con padres en el real servicio sin otras rentas pagarían 8 reales diarios; los mismos pero con rentas adicionales abonarían 10”. ¿Estaba Juan de San Martín en condiciones de sostener a su familia y pagar el Seminario a su hijo José? “Desembarcada la familia San Martín, el cabeza de la misma acude a la Aduana Vieja para gestionar la devolución de los mil quinientos pesos -toda su fortuna- depositados en la caja de la fragata antes de iniciar el viaje a la península, como era de rigor en la época”. Si su padre no contaba con fortuna y su familia no provenía de una cuna noble, la inclusión del niño José en el Seminario de Nobles debe tener otra explicación. Otra hipótesis sobre la filiación de San Martín En 2012, el historiador Hugo Chumbita presentó un proyecto de ley ante la Cámara de Diputados de la Nación para que se“realicen los estudios genéticos que permitan establecer la filiación auténtica del Libertador”. Este proyecto se sumó a la Resolución de la Cámara de Diputados de la Nación aprobada enoctubre de 2006, declarando de interés parlamentario “la  determinación de la verdad histórica respecto al origen mestizo del general José de San Martín” Los diputados declararon que verían con agrado “que el Poder Ejecutivo, a través de los organismos que correspondan, implemente las acciones tendientes a fortalecer y facilitar las investigaciones desarrolladas en distintos ámbitos científicos y académicos para establecer la verdad histórica respecto de la filiación de José de San Martín.” La hipótesis del origen mestizo tomó forma cuando se conoció un libro de memorias escrito en elsiglo XIX por María Joaquina de Alvear y Sáenz de Quintanilla [nieta de Diego de Alvear] que incluye una "cronología de mis antepasados", consignando la filiación de José de San Martín como hijo de Diego de Alvear, "habido de una indígena correntina" Para Chumbita, la tradición correntina recuerda a la verdadera madre de San Martín como Rosa Guarú.  José Ignacio García Hamilton conocía este testimonio y en el año 2000 planteó la idea en su biografía novelada “Don José, la vida de San Martín”. En razón de las críticas, condenas públicas y agresiones recibidas, García Hamilton afirmó que “La versión de que San Martín podría ser hijo de Diego de Alvear y de una indígena guaraní desestabilizó también a personas dogmáticas, que con criterio racista y discriminador no permiten ni siquiera estudiar la posibilidad de que el héroe pudiera ser hijo natural, mestizo y adoptado”. José Ignacio García Hamilton difundió el contenido de las Memorias de María Joaquina de Alvear y Sáenz de Quintanilla, en las que la hija de Carlos de Alvear afirmaba que José de SanMartín era hijo de Diego de Alvear. El historiador Hugo Chumbita agregó información señalando que “Joaquina reitera el parentesco, al evocar la única oportunidad en que visitó a su tío, en Europa”. En su trabajo se cita otra parte de las Memorias de María Joaquina donde se afirma que:"...examinándolo bien encontré todo todo grande en 'él' grande su cabeza grande su nariz grande su figura y todo me par" tan grande en él cual hera grande el nombre que dejaba escrito en una página de oro en el libro denuestra historia y ya no vi más en él que una gloria que se desvanecía para no morir más. Este fue el general José de San Martín natural de Corrientes, su cuna fue el pueblo de Misiones e hijo natural del capitán de Fragata y General español Señor Don Diego de Alvear Ponce de León (mi abuelo)" Diego de Alvear Ponce de León, miitar miembro de la nobleza española, fue enviado por la Corona al Río de la Plata en 1774. Tomó parte en acciones contra portugueses e ingleses.  Hugo Chumbita y Diego Herrera Vegas (en “Cuatro puntos para el debate”) plantean que “Diego de Alvear llegó al Rio de la Plata como alférez de la fragata “Rosalía” en una escuadra que ancló en Montevideo el 10 de noviembre de 1774, según su foja de servicios y otros documentos concordantes......Pudo haber estado en Calera de las Vacas cuando aún estaba allí la familia San Martín-Matorras. Pudo haber estado en Yapeyú y sus alrededores entre 1775 y 1778, cuando actuó en diversas comisiones militares por la Banda Oriental y el río Uruguay. Es perfectamente posible que pasara por Yapeyú en recorridos preliminares a la tarea que le encomendaron de dirigir una partida demarcadora de límites (aunque ésta emprendió sus exploraciones más tarde, en 1784).”  Según el relato de Chumbita, “...en algún lugar de las misiones jesuíticas, el marino se relacionó con una joven guaraní, que engendró un niño. Alvear lo encomendó al teniente gobernador de la reducción de Yapeyú, el capitán Juan de San Martín, y a su esposa Gregoria Matorras, de 40 años, que ya tenía cuatro hijos. Ellos se avinieron a criarlo como propio y el niño fue José Francisco de San Martín”. Según los testimonios de su nieta, Diego Alvear fue quien le costeó los estudios a José de San Martín.  José A. Torre Revello (“Sus padres y sus hermanos”, en Instituto Nacional Sanmartiniano), transcribe pasajes del testamento de Doña Gregoria Matorrastras referirse a provisión económica destinada a la atención de las necesidades de sus hijos mayores, Manuel Tadeo, Juan Fermín y Justo Rufino, "para su decoro y decencia en la carrera militar", destaca que el que más le había costado era Justo Rufino, "actualmente guardia de Corps en la Compañía Americana", pues principalmente con él"se han gastado muchos maravedíes". A lo que añade, con entrañable acento: "Pero sí puedo asegurar que el que menos costo me ha tenido ha sido don José Francisco." ¿Cómo explicar esto, sabiendo que éste tomó lecciones de guitarra del compositor don Fernando Sors; que reunió una gran biblioteca, cuyo valor equivaldría a su sueldo integro de militar durante tres años; que tomó lecciones de canto, que nunca pidiera dinero a sus padres? En síntesis, en los últimos años ha crecido la hipótesis de que José de San Martín fue hijo del noble miembro de la Marina española Diego de Alvear y una indígena guaraní. Más allá de su cuna, lo cierto es que San Martín coincidió en la ciudad de Cádiz durante muchos años con la familia Alvear.  José María García León (“La Masonería gaditana. Desde sus orígenes hasta 1833”) aporta datos acerca de que “José de San Martín arribó a esta ciudad varias veces llegando por última vez en 1802 con ocasión de la formación del batallón de voluntarios de Campo Mayor. Permaneció en Cádiz, salvo diversas expediciones, hasta el 24 de septiembre de 1811, año en que salió para Londres. Hemos de pensar que dentro de la vida que el joven San Martín llevó en Cádiz, debió de tener contacto forzosamente con la red de conspiraciones que empezaba a tejerse”. Horacio Juan Cuccorese (“San Martín y las sociedades secretas”, Instituto Nacional Sanmartiniano) plantea que“Las sociedades secretas y las logias francmasónicas se multiplican en España como consecuencia de la invasión francesa. Se reunían principalmente en Sevilla y luego, al ser ocupada la ciudad por el invasor, en Cádiz. Una de las logias, posiblemente filial de la institución matriz con sede en Santa Fe de Bogotá, se reorganiza en Cádiz bajo la presidencia del joven Carlos de Alvear. La logia se denomina Sociedad de Caballeros Racionales. Sus ritos eran análogos a los masónicos, pero no era una logia masónica”. Según el estudio publicado por el Congreso de Diputados de España, a raíz de la invasión napoleónica a la península de 1808, “La España patriota, disgregada en un movimiento acéfalo de Juntas, entre levantamientos, sitios y guerrillas se unió finalmente en una Junta central Suprema, ydespués en una Regencia de cinco miembros, cuyos cometidos principales fueron la dirección de la guerra y la reconstrucción del Estado. En este punto los pareceres se encontraban divididos: había quienes deseaban seguir anclados en el Antiguo Régimen, quienes deseaban una reforma templada a la inglesa y aquellos que, influidos por las doctrinas y ejemplo de Francia, consideraban que la reconstrucción había de ser más radical. Éste fue el criterio que finalmente se impuso, y la Regencia convocó reunión a Cortes en la isla de León el día 24 de septiembre de 1810”. Quien estaba al frente de la gobernación político militar de la Isla de León era Diego de Alvear.