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sábado, 30 de mayo de 2020

Andresito: El final y después.


Por el  Prof. Jorge Enrique Deniri
La ocupación de Corrientes, reintegra en su cargo a Juan Bautista Méndez, perol os poderes efectivos son ejercidos por Andresito como Comandante General de las Misiones. En ese carácter, acuartela en la ciudad sus efectivos, vuelve a equiparse de armas, pertrechos, caballada e indumentaria, y logra completar sus preparativos a través de duras requisiciones y contribuciones forzosas, para reiniciar la lucha contra los portugueses en mejores condiciones materiales que nunca.
El 23 de marzo de 1819 abandona la ciudad, su objetivo son nuevamente las Misiones Orientales. Algunas versiones afirman que cumple nuevas órdenes de Artigas, pero no hay mayores elementos de juicio que abonen esa especie. En esa línea, Larguía sostiene que se buscaba cortar las comunicaciones entre Río Grande y Montevideo, empeñando formaciones guaraníes en diferentes teatros de operaciones, coordinadas con el grueso del ejército, bajo el mando del mismo Artigas.Empero, dados los medios de la época, la reducida capacidad táctica evidenciada por todos los beligerantes, y, sobre todo, las gravísimas limitaciones de las líneas de comunicaciones de Andresito, es poco probable que pueda hablarse de un“plan” en el sentido militar del término. Aprecio que un análisis exhaustivo evidenciaría quizá que se impartieron una serie de órdenes y directivas generales,más que una planificación centralizada y de detalle, en torno a una concepción estratégica de dimensiones poco menos que napoleónicas. Con toda su grandeza, Artigas nunca superó militarmente el nivel táctico, y sus enemigos aparecen semejantes. El tiempo y esfuerzo que hubieron de empeñar para vencerlo,evidencian el alto costo de su victoria final. La superioridad, sólo la lograron como efecto colateral de las acciones de Chagas contra los no combatientes.En esta incursión final, Andresito perderá la libertad y la vida.Logra un éxito inicial apoderándose del pueblo de San Nicolás, que fortifica y desde el cual rechaza en mayo un ataque de Chagas. Sin embargo, el 6 de junio,con sus fracciones divididas, - según algunos autores mientras intenta retroceder 
hacia San Nicolás para atrincherarse, tras un vano intento de entrar en contacto con Artigas –cae en una emboscada en el paso de Itá Curubí-.
No parece que Andresito maniobrara con un objetivo claro, sino más bien moviéndose a través de un ir y venir que lo expone al punto que sus enemigos pueden exitosamente tenderle una trampa.Según algunas hipótesis, lo condicionan problemas de remonta, sin embargo,nunca ha emprendido una acción ofensiva mejor pertrechado, y condicionar la reposición de sus equinos a la eventual captura de las tropillas enemigas de Río Grande habría constituido un grave error táctico, no sólo por la carencia de apoyo derivada de la indiferencia o directamente rechazo de las comunidades guaraníes de los siete pueblos, empoderadas por los portugueses, denunciándolo y presionando sobre sus desplazamientos, sino porque si realmente buscaba reunirse con Artigas, el menor riesgo para la maniobra hubiera sido por la ribera opuesta del río, en territorio amigo, incluso para conseguir caballada.  Mi hipótesis es que su principal problema de conducción, es que por primera vez guerrillea casi totalmente solo, sin que lo secunde alguno de sus  principales lugartenientes, como Acevedo, Miño o Campbell. Sin uno de esos grandes asesores a su lado, realizar las apreciaciones y tomar las decisiones correctas se le hace cuesta arriba, el coraje solo no basta, y así en Itá Curubí la masa de sus hombres es masacrada. Los que sobreviven, afrontan una encarnizada persecución portuguesa. Él, tiene menos suerte, el 20 de junio, una patrulla enemiga lo captura mientras intenta retornar a las Misiones Occidentales cruzando el río Uruguay por el paso de San Isidro.  Prisionero, las versiones tradicionales lo dan por muerto mediante veneno en el presidio de la isla Das Cobras. Sin embargo, las investigaciones del Profesor Machón demostraron que quedó en libertad cuando el conde de Casa Florez un español monárquico, realizó gestiones diplomáticas para liberar a los prisioneros artiguistas que, previo juramento de fidelidad al rey, fueron embarcados para repatriarlos. Luego, Machón descubrió que en realidad, aunque Andresito figura en la lista de embarque, por una riña de taberna antes de subir a bordo, fue detenido nuevamente. Allí se pierde todo rastro suyo.¿Qué pasa después? No sabemos.
Algunos imaginaron inclusive que, repatriado,terminó sus días entre los guaraníes de las comunidades de la Banda Oriental. Personalmente, considero, y es sólo una especulación más, que probablemente murió en Brasil, y no mucho después de ser aprehendido nuevamente. De otra forma, una personalidad descollante como la suya, no hubiera podido pasar desapercibida, y menos entre una comunidad del tipo de la guaraní misionera.Ese final, amargo y poco significativo, le llega a Andresito sin que Artigas haga nada en su favor. Otro elemento de juicio para percibir las “adopciones” de Artigas como herramienta política, independiente del afecto parental.  Paradójicamente, son sus enemigos, quienes tienen más clara su relevancia como caudillo, enfatizando que, caído él, las comunidades que lo siguieran hasta las últimas consecuencias, no vuelven a alzarse. Por eso, estimo difícil que lo hubieran dejado en definitiva en libertad, aunque lo hayan hecho figurar en los papeles.En ese terreno, sus admiradores actuales desarrollaron una mística empeñada en aclarar su fin, con una imposible aspiración última de lograr, a partir de las modernas técnicas de antropología forense, recuperar restos suyos para honrarlos, pero, no con epicentro en San Borja o Santo Tomé, sus presuntas localidades de origen; una brasileña y la otra correntina, sino en la actual provincia de Misiones, en Candelaria.  En Corrientes, el anatema de la historiografía capitalina clásica y sus continuadores, ha perdido fuerza, y a tono con los movimientos indigenistas en auge, con una marcada impronta ideológica de izquierdas, en los últimos años se desarrolló en la ciudad de modo sistemático, una campaña vulgarizadora que exaltó su figura y su trayectoria, llegando a calificarlo inclusive como “el primer desaparecido del siglo XIX”. Que hacer sobre todo mediático y de corte político -sindical, rico en lugares comunes, expresiones panfletarias y consignas centradas en un estereotipo que, se dice, revolucionario, de lo que es, y de lo que debe llegar a ser Latinoamérica.  En lo material, su culminación, fue la erección de lo que hoy es quizá el conjunto escultórico local de mayor envergadura. Una estatua de hierro reciclado de 17metros de altura, rodeada de otras de mucho menor porte de sus tenientes, en una plazoleta ubicada en un punto clave de la nueva Costanera. En lo formal, su ascenso a general, en otra decisión claramente de corte político ideológico, que revela la inserción nacional lograda por sus apologetas.  
En síntesis, de ser un desconocido para la mayoría hace dos décadas, hoy,merced a una afiatada invención histórica, Andresito es el héroe epónimo indiscutido de los misioneros, percibido cada vez más con ribetes heroicos por las poblaciones correntinas de la banda del río Uruguay.Llegado aquí, creo que cada quien deberá responderse a sí mismo los interrogantes fundamentales que alojan estas notas, más allá de los mitos y leyendas carentes de todo sustento, a favor y en contra suya, sopesando las que son claras verdades expuestas: Sabemos lo que, de grado o por fuerza, hizo Corrientes por Andresito, ¿qué hizo Andresito por Corrientes? Asimismo,asumiendo que aunque vencido fue un héroe, ¿Es y debe ser un héroe correntino?


sábado, 27 de julio de 2019

Artigas en su juventud II

Por Hugo Chumbita
El pacto con el poder A fines de 1796 se creó un Cuerpo de Blandengues, como el que existía en Buenos Aires, para vigilar la frontera y perseguir el contrabando. En febrero de 1797 el gobernador Olaguer y Feliú publicó un bando para reclutar voluntarios, ofreciendo indultar a cualquier perseguido que no estuviera acusado de homicidio o atentado con armas contra la autoridad. Artigas se acogió al perdón y reunió varias decenas de gauchos que ingresaron con él al servicio. La tradición oral dice que fue Artigas quien puso las condiciones, incluso la admisión de los miembros de su banda en el nuevo cuerpo. El manuscrito de Mitre afirma que el gobernador de Montevideo "negoció" el indulto con su familia. Sarmiento y Hobsbawm reflexionan en términos muy parecidos sobre este caso típico en que el Estado inviste como autoridad en el campo al rebelde para poder someterlo. El rebelde se convierte en gendarme. ¿Cómo se manejó Artigas en esa contradicción? Olaguer Feliú, que pasó a ser virrey, dió a Artigas gran autonomía al mando de una "partida volante", lo nombró capitán de milicias y después ayudante mayor de Blandengues. Pero el virrey siguiente, Avilés, rechazó en 1799 promoverlo a capitán, observando el extraño origen de su carrera y su rápido ascenso, por lo que no progresó más hasta 1810.
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El teniente coronel Curado, que viajó al Plata en ese tiempo en misión diplomática, describió en su informe el Cuerpo de Blandengues como una tropa que "se formó con facinerosos, indios y malhechores". No obstante, Artigas apreciaba a esos hombres, y los convirtió en una tropa eficaz para el mando que él ejercía. La escuela del protector En 1800 Félix de Azara pidió que Artigas lo acompañara como baqueano en su expedición para poblar la frontera, donde fundaron la población de Batoví. Artigas actuó expulsando a ocupantes portugueses, participó en las asignaciones de tierras y tuvo oportunidad de discutir con Azara los problemas de la zona: era necesario poblar, organizar la crianza como alternativa a la ganadería destructiva y regularizar la propiedad, pues el sistema de denuncia y compra a la Real Hacienda era inaccesible para los pobladores humildes, a menudo desalojados por acaparadores que las mantenían ociosas. Matizando la visión de que las ideas progresistas de Azara influyeron en Artigas, algunos historiadores observan que en cuanto a la distribución de tierras fue a la inversa, ya que aquél rectificó propuestas anteriores en las que recomendaba dar preferencias a "los más acomodados". El informe que elevó Azara propugnó dar libertad y posesiones a los indios cristianos y reducir a los infieles, redistribuir las tierras en favor de los auténticos pobladores y los pobres, regularizar los títulos de dominio y construir iglesias y escuelas. Al analizar las causas del contrabando, sostenía que la única forma de evitarlo y asegurar la frontera era legalizar y reglamentar el comercio con Brasil. Tras desempeñar otras comisiones, Artigas volvió a Montevideo y en 1803 pidió el retiro. Tenía 38 años, y un informe médico certificó que sufría una afección artrítica reumática.  En 1805 se casó con su prima Rosalía Villagrán. Lejos de ser una boda conveniente para ascender socialmente, él mismo explicó al solicitar la dispensa que era el modo de rescatar de la pobreza a una parienta huérfana de padre.  Su malestar provenía de las contrariedades con la autoridad, y otros hechos que difícilmente podría aceptar sin cargo de conciencia, como las expediciones contra los charrúas que comandó el capitán Pacheco en 1798 y 1801. Entrando en la madurez, Artigas no ignoraba la necesidad de imponer orden en la campaña, pero lo concebía a través de una política de integración y no de persecución a los gauchos, los indios y los pobres. A fines de 1805 el virrey Sobremonte puso a su cargo 68 presos para formar un escuadrón, a quienes se indultaba a condición de colaborar en la defensa de Montevideo. Pero a algunos se les revocó esa gracia, y cuando se le ordenó restituirlos, Artigas protestó, alegando que les había dado la seguridad de su liberación, tratándolos como "ahijados", y ofreció salir con ellos a la campaña, a pesar de sus "achaques", para garantizar su disciplinamiento. Entonces se les impuso diez años de servicio militar y autorizaron a Artigas a incorporarlos a su partida.  Después de las Invasiones Inglesas, el gobernador Elío encomendó a Artigas vigilar la zona al norte del río Negro, facultándolo para otorgar posesión legítima a ocupantes de terrenos realengos. Su influencia popular crecía, aunque recién en setiembre de 1810 fue ascendido a capitán, cuando lo enviaron a Entre Ríos a reprimir los brotes juntistas y él decidió sumarse a la revolución. La guerra montonera La guerra montonera de Artigas se basó en su experiencia anterior como bandolero y gendarme rural. Conociendo la capacidad de los gauchos, su movilidad ecuestre y su destreza con las armas de faena, los empleó como partidas guerrilleras, actuando en forma independiente o combinada con los cuerpos de ejército.  Claro que tuvo que actuar con mano dura para imponer disciplina. Durante el "éxodo" por la costa del Uruguay hizo juzgar y fusilar a tres "malevos" por robos y violencias, y en el bando que dirigió el 1º de diciembre de 1811 a sus fuerzas les advertía severamente al respecto.  Varias tribus charrúas le sirvieron de espías, lo auxiliaron para abastecerse, hostilizaron a los portugueses e incluso reforzaron las formaciones de combate frontal, a costa de graves pérdidas. En diciembre de 1811 deshizo una columna invasora en Belén con una fuerza mixta de 500 blandengues y 450 indios. Es notable cómo sumó sus astucias del baqueano con las técnicas políticas revolucionarias.  Su antiguo superior Viana recomendó al coronel Moldes precaverse, advirtiéndole cuál era su táctica: primero, hacer propaganda con "papeles" o panfletos; segundo, alejar las haciendas del lugar donde se sitúa el adversario; tercero, despojarle de las caballadas.  Saint-Hilaire afirma que Artigas tenía "las mismas costumbres de los indios" cabalgando tan bien como ellos y viviendo del mismo modo. Cavia señalaba que "siempre ha permanecido en campaña", y Sarmiento apunta también que "no frecuentó ciudades nunca". En 1815, la capital del Protectorado se situó a distancia de Montevideo y cerca de Arerunguá. Los visitantes se asombraban de la austeridad del cuartel de "La Purificación", donde imperaban las costumbres de los gauchos.  El saqueo del enemigo y las exacciones para abastecerse eran práctica usual en la época por cualquier fuerza armada. Hay innumerables testimonios sobre los hechos de rapiña que ejecutaban los cuerpos militares, en la Banda Oriental como en todo el escenario de las guerras externas e internas. En las guerrillas montoneras, además, es evidente que ello adquirió connotaciones de lucha social y de revancha contra la clase alta, como señalaron Sarmiento y Paz. 
Los comandantes de Artigas  Entre los comandantes de Artigas hubo gauchos e indios que cumplieron roles descollantes. De criollos como Pedro Amigo o José García de Culta se decía que eran ex bandidos. A veces el comportamiento de estos hombres y de algunos caciques fue motivo de protestas y obligó al Protector a intervenir, aunque los defendió de cargos injustos y a menudo les dió la razón. En 1815 el Cabildo imputaba al "Pardo" Encarnación Benítez haber esparcido "hasta cinco partidas" para hacer estragos -lo cual Artigas consideró exagerado, pues sólo mandaba doce hombres- y, entre otros crímenes, "distribuir ganados y tierras a su arbitrio". El joven guaraní Andrés Guacurarí Artigas, fue el brazo armado del caudillo para organizar la provincia autónoma de las Misiones. El irlandés Pedro Campbell, que acompañó a Andresito a Corrientes y lo apoyó con su flotilla del Paraná, era otro personaje excepcional, que se había hecho jinete y baqueano en las pampas, y con Artigas, se convirtió en navegante y corsario.  La utopía igualitaria La preocupación constante de Artigas en sus etapas de bandolero, gendarme y revolucionario fue impartir justicia con un sentido igualitario. "No hay que invertir el orden de la justicia" sino "mirar por los infelices" -le recomendaba al gobernador Silva de Corrientes-, "olvidemos esa maldita costumbre que los engrandecimientos nacen de la cuna".  Con relación a los pueblos indios, daba instrucciones para que "se gobiernen por sí" eligiendo sus propios administradores.  Artigas asumió de manera radical los principios liberales y republicanos de la emancipación. Él amalgamaba las costumbres de las pampas con las lecturas de Rousseau. Escuchando a hombres instruídos, interesándose por conocer el sistema federal norteamericano, expresó una síntesis del sentido común popular con las doctrinas progresistas de su tiempo, y reclamó fundar el poder político en los derechos de representación de los individuos y de las regiones, todos en pie de igualdad. Esto es notable en las medidas de gobierno que impulsó, y en particular en su plan agrario. Algunos autores han observado que el Reglamento de 1815 preveía la aprehensión de vagos para remitirlos al servicio de las armas, y la papeleta que los patrones debían dar a sus peones, que era la política habitual de control de los gauchos; pero esto se insertaba en un marco radicalmente diferente, en el que la obligación de trabajar iba aparejada con la posibilidad de adquirir la tierra.  La conflictiva aplicación del Reglamento afectó los intereses de grandes latifundistas, incluso porteños. La independencia, como todas las revoluciones, había engendrado un alzamiento popular que se tornaba amenazante también para la nueva capa dirigente, y el gobierno de Pueyrredón consintió la invasión portuguesa para liquidar ese peligro. En conclusión Artigas fue en su juventud un bandolero, pero no un delincuente común, sino uno de los casos excepcionales que Hobsbawm caracteriza como bandidos sociales. De esta manera se entiende la coherencia de su solidaridad con los pobres del campo. Al margen de la ley, fue un héroe legendario entre los gauchos, los indígenas y los demás paisanos que defendían  sus medios de vida, y el pacto con el rey no implicó que mudara de bando. En realidad adquirió así, reconocimiento formal como jefe de un cuerpo de ex foragidos, administrador de justicia y "regenerador" de indios y malvivientes, consolidando su ascendiente patriarcal en la campaña; lo cual chocaba con la ortodoxia militar y, más que una fractura, implicó una continuidad en su rol de líder gaucho. Además, aquella experiencia le permitió ver los problemas rurales desde el punto de vista del orden general.  Pero sólo la revolución le ofreció, al fin, la oportunidad trascendente de dirigir a su pueblo más allá de los objetivos reparadores tradicionales, con una amplia visión sobre los problemas de la fundación del Estado, de la producción rural y la integración de la nueva sociedad que emergía. Luchando por ello, aplicó una síntesis de los recursos del arte militar, las técnicas de agitación insurreccional y sus conocimientos de baqueano y changador para organizar la guerra de montoneras.  El movimiento artiguista fue así una expresión radical de la revolución, apoyada en la movilización rural. Si las montoneras, según Sarmiento, representaban la insumisión de la campaña ante la ciudad, hay que advertir que en esos tiempos era la rebelión popular contra las elites, y se produjo cuando éstas traicionaron la causa común de la independencia.  La montonera surgió en cierto modo de las bandas de gauchos y existe por lo tanto un lazo con el bandolerismo, aunque sería falso homologar ambos fenómenos como lo hizo Sarmiento. Las guerrillas federales tenían una dirección y una motivación política cualitativamente superior a cualquier forma de bandidaje o de protesta espontánea. Es verdad que son fenómenos que falta investigar más a fondo. Pero justamente, Artigas nos desafía a revisar la historia y la interpretación de la participación popular en la revolución americana.

sábado, 31 de octubre de 2015

José Gervasio de Artigas



Por Jorge Abelardo Ramos
Artigas pertenecía a una de las 7 familias que fundan la ciudad de Montevideo. Su abuelo, el aragonés Juan Antonio Artigas, había sido Alcalde de la Santa Hermandad por nombramiento del primer Cabildo de Montevideo.13 El futuro caudillo era la tercera generación de militares y hacendados orientales que combatía en la frontera contra el vecino portugués; éste invadía regularmente la Banda Oriental y fomentaba el contrabando de ganado. Su padre, Martín José Artigas fue capitán de milicia, el más alto cargo militar a que podía aspirar un criollo de la época.
La juventud de Artigas transcurre justamente en la frontera con el portugués. Su carácter se forja enfrentando las correrías de los contrabandistas en el cuerpo de Blandengues al servicio de España. La particular psicología del hombre de frontera, con su agudo sentido de la soberanía territorial, encuentra su más demostrativo ejemplo en la personalidad de Artigas. A este oscuro oficial del Rey la historia la reserva una relación con otro hombre excepcional. A fines del siglo XVIII residía en la Banda Oriental, desde hacía veinte años, una de las grandes personalidades de la Ilustración española, Don Félix de Azara. Era un militar y un hombre de ciencia, naturalista, geógrafo, ingeniero y civilizador.    El propósito de Azara, con quien colabora Artigas, consiste en arraigar población en la frontera para imprimir solidez demográfica y económica a la demarcación. Por esa razón recomienda al Rey "dar libertad y tierras a los indios cristianos" y "repartir las tierras en moderadas estancias de balde a los que quieran establecerse cinco años personalmente, y no a los ausentes". 
 
Estos últimos, habían llegado a ser grandes propietarios, sea por mercedes reales o por favoritismos locales, aunque no eran en realidad estancieros, sino comerciantes del puerto.     El reformismo agrario de los Jovellanos parecía asumir mayor fuerza en América que en España. Artigas fue designado por Azara para "la tarea de repartir las mercedes de tierra entre los pobladores. Peninsulares, criollos, indios y negros de varia condición social y económica, fueron los pobladores".
Entre los beneficiarios abundan los apellidos guaraníticos.
Cabe imaginar las estrechas relaciones entre el militar gaucho que distribuye tierras y los indios cristianos de las destruidas misiones, que por primera vez en décadas reciben apoyo del orden vigente. Pero si los indios guaraníes fijan su atención en Artigas, también Artigas aprenderá junto a Azara la esencia de una política agraria democrática, (en el sentido original de esta expresión y no en su pervertido uso actual).   Será muy claro para Artigas que los guaraníes son mucho más civilizados y dignos de confianza que los sórdidos consignatarios de cueros y astas de Montevideo, enriquecidos a costa de la sangre y del esfuerzo de los pioneros fundadores de la ciudad.    En los indios que se disponen a vivir riesgosamente en la gran frontera, a defenderla y a trabajar la tierra, Artigas advierte a los civilizadores; en la burocracia española que desdeña los informes de Azara, un carácter obtuso y formalista que resultará fatal a la integridad territorial; en los grandes comerciantes montevideanos, propietarios de inmensas rinconadas, un parasitismo venal que le repugna. Cuando los portugueses se apoderan en 1801 de las Misiones Orientales, la colonización iniciada por Azara y Artigas, es destruida por los esclavistas, sin que los militares españoles reaccionen.  Al levantar en 1811 la bandera de la revolución, detrás de Artigas se alistarán los indios misioneros.     El caudillo indígena de las Misiones, Andrés Guaycurarí, será el hijo adoptivo de Artigas.    Desde entonces el célebre e indomable Andresito firmará como Andrés Artigas. Los indios de las Misiones llaman al caudillo Caraí-Guazú.
Al ponerse en marcha la revolución artiguista, al odio concentrado de godos, porteños y portugueses se añadirá la alarma de los grandes comerciantes y estancieros de Montevideo, que rechazan sus repartos de tierra.   Artigas faculta a sus oficiales, como Fernando Otorgues, Encarnación Benítez, el mulato Gay y otros, a entregar campos de españoles o enemigos de la patria.   Ninguna política podía ser peor para la gran burguesía del Puerto. En ese hecho decisivo se funda la defección de la clase estanciera y de sus principales lugartenientes, como Fructuoso Rivera, que capitula ante el portugués.   Toda la burguesía comercial de Montevideo y todos los estancieros que no deseaban vivir en la campaña, traicionan a Artigas y a la Banda Oriental. Es la misma "gente decente" que recibirá al general Lecor bajo palio cuando las tropas portuguesas se apoderan de la ciudad y se arrodillará ante el Emperador del Brasil. Con Artigas, nieto del fundador de Montevideo, quedarán tan solo los paisanos pobres y los indios guaraníes.
Todo lo cual explica que durante casi todo el siglo XIX se impondrá en el Uruguay la locución "más malo que Artigas" y la formación de su leyenda negra. Mitre, López y la historiografía del separatismo porteño lapidará como "bárbaro" al caudillo que consideró hermanos a los indios y se propuso hacer de la Banda Oriental una provincia en el seno de la Nación sudamericana.
Su acción militar y política se prolonga sólo diez años. Inicia la lucha contra los absolutistas españoles en la Banda Oriental y los gauchos, hacendados e indios que lo siguen lo proclaman "Jefe de los Orientales". Al mismo tiempo, los portugueses, con la sombra británica que los había seguido hasta América, aprovechan las dificultades del reino de España e invaden la Banda Oriental.
Artigas se vuelve contra ellos, después de vencer a los españoles. Esta titánica lucha se complica por la resistencia de los gobiernos de Buenos Aires a prestarle su ayuda. Por el contrario, facilitan la acción portuguesa ante la ira de Artigas y de todas las provincias. Los diputados orientales artiguistas a los Congresos convocados por Buenos Aires son rechazados.
Su caudillo es infamado en la prensa porteña y su cabeza puesta a precio. Los propios estancieros orientales, que en el primer período artiguista lo habían acompañado, lo abandonan. Sólo compone su ejército una muchedumbre de paisanos andrajosos e indios indómitos descendientes de aquellos guaraníes de las Misiones jesuíticas. Uno o dos letrados, y secretarios que escriben al dictado en campamentos móviles, difunden las proclamas, bandos, manifiestos y correspondencia que sostiene con los jefes revolucionarios.      Su prestigio se propaga más allá de su provincia natal. Las nuevas provincias que surgen después del dominio español -Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, las Misiones, Córdoba- le otorgan el título de "Protector„de los Pueblos Libres".
¿Por qué este amor y por qué aquel odio? Artigas es el único caudillo de las guerras de la Independencia que combina en su lucha la unidad de la Nación con la revolución agraria y el proteccionismo industrial en los territorios bajo su mando. 
 
Todo era elemental, pero nítido en este movimiento popular revolucionario nacido en fa Banda Oriental y que buscaba crear la Nación dentro de los límites del viejo Virreynato.    Al no aceptar la hegemonía de Buenos Aires, y al esgrimir semejante programa, Artigas debía sufrir la agresión de los intereses porteños y extranjeros, que eran poco más o menos lo mismo, según se verá luego. Buenos Aires adula y corrompe a uno de sus lugartenientes de Entre Ríos, como antes sus estancieros y lugartenientes de la Banda Oriental habían accedido a las insinuaciones de los portugueses.
Derrotado en Tacuarembó por los veteranos portugueses de las guerras napoleónicas, perfectamente armados y con una abrumadora superioridad material, Artigas se repliega hacia Entre Ríos. Allí lo espera para traicionarlo uno de sus oficiales, Francisco Ramírez, que sobornado por el dinero de Buenos Aires, le asesta el golpe final. Sin darle tiempo a rehacerse, pues toda la campaña del interior argentino engendraba en pocos días ejércitos artiguistas, Ramírez emprende la persecución del gran caudillo, que, perdido ya, se interna en las selvas paraguayas y se acoge a la protección del Dr. José Gaspar de Francia, Supremo Dictador.
La ocupación portuguesa de la Banda Oriental y la pérdida del puerto de Montevideo, descalabra el sistema federal de los pueblos asociados a Artigas en la lucha contra la hegemonía de Buenos Aires. Los pueblos del Litoral se veían obligados a buscar un acuerdo con Buenos Aires, dueña del único puerto en condiciones de comerciar. En este hecho, señala Reyes Abadie, se encuentra la base material de la traición de Ramírez al Protector de los Pueblos Libres
Es en 1820. En el Paraguay permanece Artigas durante 30 años, donde muere después de ver desvanecida la esperanza de una Nación unificada.
Pues en su solar nativo, en la Banda Oriental, justamente, la perfidia angloporteña fundará en esa provincia, otra "Nación". Vencido e indomable, ya muy anciano, Artigas responderá con una frase tajante a la invitación de algunos amigos para regresar a la Banda Oriental después que esa tierra habíase transformado en "Estado Independiente" bajo la forma de República Oriental del Uruguay: "Ya no tengo patria".   Había fracasado en reunir a las provincias del Plata en Nación y rehusaba volver a su provincia convertida en "patria".
* La admisión de Artigas como "héroe nacional" fue muy lenta" en el Uruguay.   La oligarquía se resistió largo tiempo a beatificar al caudillo que había repartido tierras a gauchos e indios. Finalmente, cuando se resolvió a hacerlo, amputó a Artigas de las Provincias Unidas del Río de la Plata y lo convirtió en prócer de una de ellas.
Los ingleses fueron más categóricos. En The Cambridge Modern History, de 1949, que estudian los alumnos de la célebre universidad, se definía a Artigas como "jefe de contrabandistas, bandido y degollador" que introducía a sus enemigos en sacos de cuero cosidos y los arrojaba desde lo alto de la meseta del Hervidero. Esto ya lo habían descubierto hacía mucho tiempo los historiadores porteños de la Argentina, Mitre y Vicente Fidel López. 
 
Al caer derrotado Artigas por las intrigas de Buenos Aires, las tropas portuguesas ocupan la Banda Oriental y la incorporan al Imperio pro-británico bajo el nombre de "Provincia Cisplatina". La sumisión de la Corte Imperial de Río a Gran Bretaña no necesita ser demostrada, pues está expuesta en toda la historia europea y americana de las relaciones de la Casa de Braganza con el Imperio Británico. Traídos a América por la flota británica poco menos que a la fuerza, frente a la invasión napoleónica, los Braganza no habían cambiado su mansedumbre bajo el flujo del nuevo clima.

jueves, 31 de enero de 2013

Andres Guacurari


Por Jbismarck

Fue un indio guaraní. Nació en Santo Tomé o San Borja probablemente el 30 de noviembre de 1778. Vivió en Santo Tomé con su madre a partir de la invasión luso-brasileña de 1801. Fue educado por el cura del pueblo. Su nombre, como él lo escribía era Andrés Guacurarí; los luso-brasileños lo llamaban Artiguinhas o Andrés Tacuarí. Fue más conocido como Andresito. Pero fundamentalmente fue un americano, en el cabal sentido del término, como lo fueron Don José de San Martín, Don Manuel Belgrano, Don José Gervasio Artigas, Don Martín de Güemes y otros tantos hombres hijos de la revolución de 1810 y de la independencia declarada en 1816. Creyó, como todos sus contemporáneos, en el proyecto de una gran nación, libre y soberana, capaz de dar a sus hijos la felicidad y los principios del derecho que les fueran negados por siglos. Era un hombre que emergía de la cultura de las antiguas misiones jesuíticas, de una profunda educación e instrucción, capaz de leer y escribir en castellano, guaraní y portugués. Sus cartas denotan con toda claridad la consistencia de su proyecto político y sólidos fundamentos que lo sustentaban, proyectos y principios por los que luchó hasta sus últimas fuerzas junto al pueblo misionero.
No quepa duda de que su acción política y militar en esta región de la patria lograron frenar la ancestral ambición portuguesa de extender los límites lusitanos hasta el río Paraná. Hoy la figura histórica de Andrés Guacurarí debe ser reivindicada por el pueblo misionero como constructor de la identidad política y cultural de nuestra Provincia. Corresponde a nosotros, como misioneros, no permitir que su memoria caiga en el olvido y mantener vivo el fuego de sus ideales, que hoy siguen manteniendo tanta vigencia como en 1817, pues son eternos y parte de nuestra escencia: la Libertad, la Justicia, la Felicidad del Pueblo, el Orden, la Soberanía. Recordemos siempre que si hoy vemos flamear a nuestra enseña patria en el mástil de la Plazoleta Andrés Guacurarí, es por las vidas que ofrendaron aquél 2 de Julio un puñado de valientes misioneros, cuyos cuerpos anónimos yacen sepultados allí no más, a escasos metros del mástil, en la misma Plazoleta que exhibe al monumento de Andresito.

ANDRÉS GUACURARÍ Y ARTIGAS
Cronología histórica
1778, 30 de Noviembre
Andrés Guacurarí nace en el pueblo misionero de San Borja. Este pueblo, junto a San Miguel, San Lorenzo, Santo Angel, San Nicolás, San Juan Bautista y San Luis Gonzaga, conformaba el grupo de los siete pueblos de las misiones orientales del Uruguay. En 1796 o 1797 Andresito habría entrado en contacto con Don José Gervasio Artigas, el caudillo de la Banda Oriental, quien lo adoptó como hijo y lo educó, razón por la cual Andresito firmaba Andrés Guacurarí y Artigas. Hacia el año 1811 Andrés Guacurarí llegó al grado de Sargento del Cuerpo de Blandengues, en las tropas federales comandadas por José Artigas.
1815, 16 de Setiembre
En 1815 Andresito es designado “Ciudadano Capitán de Blandengues y Comandante General de Misiones”. Su primer objetivo fue recuperar los pueblos de la banda oriental del río Paraná, los que se hallaban en poder de los paraguayos por la cesión que hiciera de los mismos en el año 1811 el General Manuel Belgrano. El 16 de Setiembre se produce el combate de Candelaria. Las fuerzas paraguayas comandadas por el comandante paraguayo Isassi son derrotadas y las fuerzas guaraníes recuperan los pueblos de Candelaria, Santa Ana, San Ignacio Miní, Loreto y Corpus.
1816, Setiembre
Andresito inicia el plan para recuperar las Misiones Orientales, que comprendían los pueblos de San Borja, Santo Angel, San Lorenzo, San Miguel, San Nicolás, San Juan Bautista y San Luis Gonzaga, pueblos que estaban ilegítimamente bajo dominio portugués desde el año 1801. Eran territorios que habían pertenecido a la Monarquía Española y que por derecho pertenecían a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
1816, 21 de Setiembre
Andresito inicia el sitio al pueblo de San Borja, sede del cuartel general portugués. Luego de trece días de sitiar al pueblo, Andresito ordenó el ataque, pero el Brigadier Francisco Das Chagas Santos, Comandante portugués de las Misiones Orientales, recibió un refuerzo comandado por el Coronel José de Abreu desde Alegrete, ante lo cual Andresito ordenó la retirada y la dispersión de sus tropas.
1817, 14 de Enero
El Brigadier Francisco Das Chagas Santos con sus tropas cruza el río Uruguay en la barra del Aguapey y procede a destruir e incendiar los pueblos misioneros, a excepción de Apóstoles, San Carlos y San José, los que unicamente fueron saqueados. La campaña portuguesa, con su sembrado de muerte, saqueo, destrucción e incendios finalizó el 13 de Marzo. En un avance arrollador los portugueses destruyeron todos los asentamientos existentes sobre la costa del río Uruguay, desde Yapeyú hasta San Javier, llevándose al Brasil ganados, ornamentos de los templos, personas y todo tipo de bienes y útiles. Los crímenes que se cometieron contra la población indefensa en esta invasión despertaron el rencor y los deseos de venganza de los guaraníes sobrevivientes.
1817, 2 de Julio
Se libra la Batalla de Apóstoles, en la que las fuerzas portuguesas comandadas por el Brigadier Chagas fueron derrotadas por las fuerzas guaraníes de Andresito.
1818, 18 de Marzo
El Brigadier Chagas cruza nuevamente el río Uruguay y se dirige al pueblo de San Carlos, donde estaban acuarteladas las tropas de Andresito.
1818, 31 de Marzo al 3 de Abril
Se libra la Batalla de San Carlos. En la misma las fuerzas de Andresito son derrotadas por las fuerzas portuguesas. La fuerza misioneras se habían fortificado en el templo y en las casas del pueblo. Luego de cuatro días de lucha, el incendio del templo provocó el estallido del polvorín, provocando una gran mortandad en las fuerzas guaraníes, los que ya no pudieron resistir. Tras la derrota los misioneros se replegaron hacia la Tranquera de Loreto (actual Ituzaingó). Luego de su victoria en San Carlos los portugueses incendiaron lo que aún quedaba de los pueblos de San Carlos, Apóstoles y San José.
1818, 25 de Mayo
El Gobernador de Corrientes, Juan Bautista Méndez, es depuesto por el Capitán José Francisco Vedoya, partidario del centralismo porteño. Por orden de José Gervasio Artigas, Andresito se dirigió con sus fuerzas a Corrientes para sofocar el levantamiento de Vedoya y reponer en el poder al Gobernador Méndez.
1818, 2 de Agosto
Andresito vence a las fuerzas de Vedoya en la Batalla de Saladas, restaurando de esa manera el federalismo en Corrientes.
1818, 21 de Agosto
Andresito ingresa con sus tropas a la ciudad de Corrientes, asumiendo la función de Gobernador de la Provincia.
1819, 23 de Abril
Restablecido el orden en Corrientes, Andresito se retira con sus tropas del territorio provincial, regresando a Misiones. Comenzó entonces a reorganizar los pueblos misioneros. Luego de la devastación provocada por los portugueses era necesario reconstruir los pueblos, volver a organizar los cabildos, y reconstituir la economía y la producción que había quedado totalmente arruinada por el saqueo portugués. Pese a todas las adversidades, la voluntad, el trabajo y el esfuerzo de los misioneros inmediatamente comenzó a dar frutos, y el territorio que hasta hace un año todos creían había quedado desierto, volvía a resurgir.
1819, Mayo
En un nuevo intento por recuperar las Misiones Orientales, Andresito cruza nuevamente el río Uruguay y toma el pueblo de San Nicolás, transformándolo en su cuartel general. En este lugar es asaltado por el Brigadier Chagas y por refuerzos que arriban desde Alegrete. Los guaraníes no pudieron resistir y Andresito ordenó la retirada y la dispersión de sus tropas.
1819, 24 de Junio
Luego de haber intentado infructuosamente la recuperación de las Misiones Orientales, las tropas misioneras se habían dispersado en diversas partidas con el objetivo de volver a concentrarse nuevamente en alguno de los pueblos de la banda occidental del río Uruguay. El día 24 de junio Andrés Guacurarí junto a un grupo de milicianos guaraníes se hallaba preparando una jangada en el Paso San Isidro, para cruzar el río Uruguay, cuando imprevistamente fueron sorprendidos por una patrulla portuguesa, la que los reduce sin que pudieran ofrecer resistencia, haciéndolos prisioneros. Para Andresito era simplemente el fin de la lucha, que culminaba allí, en el Paso San Isidro, a escasos kilómetros de pueblo de Concepción. Junto a algunos de sus oficiales, fue llevado a Río de Janeiro y de allí a la prisión de la Fortaleza de Santa Cruz. Al poco tiempo lo trasladaron a la Fortaleza de Lague, ubicada en un islote rocoso en la Bahía de Guanabara, en cuyos calabozos estuvo un año y cuatro meses. En el año 1821 fue liberado, junto a otros compañeros de causa, pero por razones aún no muy bien conocidas fue nuevamente puesto en prisión, donde se cree falleció.