Rosas

Rosas
Mostrando entradas con la etiqueta Moreno Mariano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Moreno Mariano. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de mayo de 2022

Hugo Wast (1883-1962)

Por el Prof. Jbismarck
Bajo el pseudónimo de Hugo Wast, tomado a partir de la redacción de su tercer novela, Flor de durazno, encontramos a Gustavo Martínez Zuviría. Nacido en 1883 en la ciudad de Córdoba y perteneciente a una familia acomodada con tradición militar, Martínez Zuviría recibió una marcada educación católica y realizó estudios de Derecho en la Universidad de Santa Fe. Comenzó a incursionar desde temprano en la literatura (escribió su primer novela, Alegre, a los veintidós años) y redactó artículos para La Nación y Caras y Caretas; su vocación literaria no se vió interrumpida por su labor docente en el Colegio Nacional de Santa Fe y en la Universidad de Santa Fe, llegando a escribir más de treinta libros que contaron con gran acogida entre el público y que se destacaron por su predilección por el heroísmo romántico. Su obra El Kahal y Oro (1935), fue intensamente criticada por su antisemitismo. El respaldo y aval de los círculos católicos y nacionalistas luego de estas críticas se refleja en su carrera política: candidato a la vicegóbernación de Santa Fe y elegido diputado nacional en 1916 por el Partido Demócrata Progresista, abandonó sus filas debido a sus desacuerdos con la orientación laicista del partido. Luego de abandonar el país entre 1927 y 1930 para viajar por Europa y Estados Unidos, regresó posteriormente al golpe de Uriburu, siendo nombrado en 1931 director de la Biblioteca Nacional, puesto que no abandono hasta 1955. 
Miembro fundador de la Academia Argentina de Letras, fue designado en 1937 presidente de la Comisión Nacional de Cultura, y en 1941 interventor de la provincia de Catamarca. Su carrera como funcionario estatal llegó a su cumbre durante el gobierno del presidente de facto, Pedro Pablo Ramírez, cuando fue nombrado ministro de Justicia e Instrucción Pública. Se intervinieron las universidades nombrando a miembros de las filas católicas como funcionarios, se suprimió la política gremial estudiantil y se impuso la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Sin embargo, ante la ruptura de relaciones del país con el Eje, Martínez Zuviría renunció a su cargo junto a un nutrido grupo de católicos nacionalistas que se desempeñaban en el gobierno. Luego de esta experiencia, se alejaría de la actividad política, dedicándose a la escritura. Murió el 28 de marzo de 1962. 
El Año X (1960) Martínez Zuviría escribió El Año X con el propósito de caracterizar la Revolución de Mayo como una revolución militar y católica, sin ninguna intervención popular. A partir de esta idea, destaca a la figura de Saavedra como jefe militar de la revolución al tiempo que pretende demostrar que Moreno es una construcción historiográfica liberal; para esto acude a las fuentes más consultadas por los historiadores, a los que acusa de lo que denomina una construcción "dirigida" de la historia. Revaloriza la tradición hispánica en contraposición al liberalismo, exaltando el legado católico. Selección de fragmentos 
"5 verdades que todavía parecen blasfemias:
I. La Revolución de Mayo fue exclusivamente militar y realizada por señores. 
II Nada tiene que ver con la Revolución Francesa. 
III. El populacho no intervino en sus preparativos, ni comprendió que se trataba de la independencia. 
IV. Mariano Moreno tampoco intervino en ellos y después su actuación fué insignificante cuando no funesta. 
V. Su principal actor fue el jefe de los militares don Cornelio Saavedra." 
"Para comenzar digamos algo que probablemente nunca se ha dicho: los patriotas del año X no entendían la palabra 'pueblo' como quieren entenderla ciertos admiradores de la revolución francesa, falsificadores de la nuestra ahora. Los demagogos mutilan el sentido de esa palabra. Para ellos solamente es 'pueblo' la masa plebeya, informe y enorme, caprichosa, infalible, sacrosanta, poseedora de todos los derechos y no atada por ninguna obligación. Es decir, la parte primitiva de la sociedad, más fácil de ser manipuieada, engatusada con discursos y ganada con donativos. 
Para los patriotas del año X 'pueblo' no era solamente la plebe, sino el conjunto de los habitantes del país, ignorantes e instruidos, ricos y pobres, capaces e incapaces de pensar por su cuenta, sacerdotes, militares, hacendados, abogados, comerciantes, artesanos, menestrales, pulperos, sirvientes, esclavos... iguales todos en sus derechos específicos, a los ojos de Dios, que los había creado y redimido con la Sangre de Jesucristo, pero desiguales en sus aptitudes y en sus derechos sociales, conforme a las circunstancias en que vivían. Los hombres de Mayo, que sabían su catecismo y por ello conocían esa igualdad esencial y esa desigualdad accidental, cuando mataban de resolver problemas de gobierno, que en aqi ¿ellos tiempos se resolvían a menudo en asambleas del pueblo o cabildos abiertos, jamás convocaban a la plebe, a los esclavos, los sirvientes, los menestrales, casi siempre analfabetos y a quienes tampoco les atraía meterse en tales honduras. Convocaban a los que las solemnísimas actas de dichas asambleas llaman 'vecinos de calidad', o Vecinos de distinción', o como reza la más solemne de todas, la del 25 de Mayo de 1810, 'la parte sana y principal del vecindario', que representaba por derecho natural, no por elección de nadie, a la totalidad del pueblo. (...) Los patriotas del año X, cuyo espíritu buscan afanosamente ciertos historiadores, deseándolo hallar distinto de cómo fue, no creían que las discusiones y resoluciones de aquellas asambleas de vecinos de distinción, pequeña minoría en comparación de los vecinos que no habían sido convocados, habrían de mejorar por que interviniera en ellas la parte menos principal del vecindario, es decir la turbamulta, que es la inmensa mayoría. Esa inmensa mayoría sentíase perfectamente representada por aquella minoría selecta, que conocía sus problemas y sabía defender sus intereses.  Se ve, pues, que los hombres de Mayo, aunque tenían un concepto del 'pueblo' más amplio y generoso que el que tienen los demagogos actuales, no eran partidarios del sufragio universal sino del voto calificado." (Wast 1960: 31-32) "Es que la Revolución de Mayo no la hizo el pueblo, la hicieron los Comandantes de los cuerpos militares, con un grupo de eclesiásticos y de civiles, que venían conspirando secretamente. El pueblo —lo que ahora llamamos pueblo—, no tuvo intervención en ello: ni conocía el complot, ni convenía que lo conociera. El pueblo nunca es motor, sino movido y siempre marcha disgregado, buscando instintivamente la gran personalidad que lo guíe. Cuando halla un jefe se convierte en una fuerza orgánica. Es verdad que ese jefe que lo subyuga y lo fanatiza, a cada paso lo invoca como si su poder le viniera del pueblo. Es que con esto legaliza su situación y mantiene su prestigio, haciendo creer que no trabaja en provecho propio, sino por el bien común; pero sabe que el amo es el mismo, porque es la idea y la voluntad. Si alguna vez un pueblo se ha manifestado apático para un gran movimiento ha sido el pueblo de Buenos Aires en los días de Mayo. No importa que pintores complacientes nos muestren una muchedumbre frenética, agolpada bajo la lluvia ante el Cabildo y armada no con fusiles, sino con paraguas. Mentira histórica. Nuestro pueblo de antaño nunca se defendió de la lluvia con otra cosa que con el poncho criollo. Le repugnaba el paraguas como un adminículo afeminado, especie de bastón con polleras.

martes, 26 de mayo de 2020

El periodismo y el amanecer de Mayo


por José Luis Muñoz Azpiri (h)*
Un detalle del Espíritu de Mayo es la Libertad de Prensa y Expresión, no solo los forjadores de la nacionalidad sino casi todos los forjadores del alma patria han encontrado en la prensa el instrumento de su predestinación. Hay quien  ha supuesto inclusive que, en nuestro país, la historia del periodismo se confunde con la historia de la nación.. La cultura argentina es fruto del pensamiento español y americano, con influencias francesas e inglesas, aplicadas a la acción social. La especulación "in abstracto" apenas ha tenido campo de actividad en nuestro país. Y el periodismo ha sido, fundamentalmente, vocero de dicha inquietud social.
Gazeta de Buenos Ayres - Wikipedia, la enciclopedia libre
 Cuando a un hombre como Mitre, que había sido militar, político, gobernante, poeta e historiador, se le pregunta en un registro electoral de parroquia, cuál es su profesión , responde: "Tipógrafo", o sea, periodista, ciudadano dedicado a difundir y multiplicar los actos del pensamiento, merced a los cuales la vida se transforma en verdad. Ejerció Mitre el periodismo en cuatro repúblicas durante setenta años de ininterrumpido batallar ciudadano y político, su carrera de hombre de prensa abarca, en verdad, su vida toda. Y casi lo mismo podría afirmarse de Sarmiento, cuya obra capital apareció, por entregas, en un periódico y de Echeverría, de Alberdi, de los Gutiérrez y los Varela, como antes pudo haberse sostenido opinión equivalente, de Moreno, Belgrano, Monteagudo o Vieytes.
            Moreno es el patrono civil del periodismo nacional, funda la "Gazeta de Buenos Aires" el 7 de junio de 1810. A pocos días de la Revolución de Mayo, acontecimiento del cual  se celebran 210 años en la actualidad, se dio a publicidad una orden de la Junta, firmada por el Secretario de la misma en la cual se decía:
            "Ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de "Gazeta de Buenos Aires", el cual, sin tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el "Semanario de Comercio", anuncie al público las noticias interiores y exteriores que deben mirarse con algún interés. En él se manifestarán igualmente las discusiones oficiales de la Junta con los demás jefes y gobiernos, el estado de la Real Hacienda y medidas económicas para su mejor y franca comunicación de los motivos que influyan en sus principales providencias, y abrirá las puertas a las advertencias que desea  de cualquiera que pueda contribuir con sus luces a la seguridad del acierto."
            Dicha orden se publicó el día 2.  En la primera página del periódico se reprodujo una sentencia de Tácito, Autor muy difundido en dicha época, al igual que todos los latinos, referente a los "raros tiempos" en que hay libertad para "decir lo que se siente", frase extraída del libro primero de las "Historias". En España escribió también Quevedo:
            "¿Siempre se ha de pensar lo que se dice,
            nunca se ha de decir lo que se piensa?"
 La histórica Gaceta de Buenos Aires y el Día del Periodista ...   Precisamente, para poder decir "lo que se piensa", apareció "La Gazeta". Dos principios paralelos definieron el programa del periódico: el primero de los cuales se sostenía que "el pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes"; y el por el segundo, se defendía y fomentaba "la libertad de escribir". Uno y otro anhelo constituyen actualmente los pilares de todo periodismo bien encaminado.
            En la edición del 25 de octubre de dicho año, se pide "que el funcionario tema la censura pública, que el magistrado sea inexorable en sostener los derechos de la justicia; el gobernador, infatigable en promover el bien de su pueblo; el ciudadano siempre dispuesto a sacrificar a la patria sus bienes; que conozcan todos que los empleos no honran sino al que se honra a sí mismo por sus virtudes; que un hombre desconocido, pero con virtudes y talentos, no sea jamás postergado por otro en quien el lustre de su casa no sirve sino para hacer más chocante la deformidad de sus servicios; que se promueva a toda costa el honor y la ilustración de la milicia, el respeto del clero, la seguridad del artesano, los privilegios del labrador y la libertad del comerciante". Es prosa ésta forjada en los modelos neoclásicos, a través del filtro francés, y puesta al servicio de los más altos ideales de patria y republicanismo.
            Al efecto que el funcionario "tema la censura pública", la Revolución dictó, en octubre de 1811, la libertad de imprenta. El decreto respectivo, inspirado en las lecciones de Mariano Moreno, es de fecha 26, y su artículo primero reza así: "Todo hombre puede publicar sus ideas libremente sin censura previa. Las disposiciones contrarias a esta libertad quedan sin efecto". Para entonces, el fundador de la "Gaceta" había sido reemplazado en la dirección del periódico por el diputado por Córdoba, Gregorio Funes, y el abogado porteño Pedro José Agrelo, sucesivamente.
            La Constitución de 1819 estableció la libertad de prensa como "esencial para la conservación de la libertad civil en el Estado". Hoy día, como sabemos, el delito de prensa supuestamente no existe en el país. Un periodista sólo puede ser sancionado por aquellos delitos comunes que haya cometido mediante la letra impresa, como la calumnia, la injuria, la extorsión, la incitación al crimen violaciones todas de lay que son sancionadas por el Código penal. Bajo ningún concepto resulta lícito "dejar en paz al incendiario y procesar a quienes lanzan las campanas al vuelo para anunciar un incendio" según ejemplificaba el moralista francés Nicolás Chamfort. Un diario expresa la opinión popular, no la crea o inventa. Aceptar la existencia del delito de prensa equivaldría, por ejemplo, a tipificar una ley acerca de los homicidios cometidos con arma blanca y otra sobre los homicidios realizados por arma de fuego.
            El pensamiento de los fundadores de la nacionalidad entrevió en esta libertad la condición primera y esencial para el mantenimiento de la pureza en la vida pública. Ya se había manifestado al respecto, un siglo antes en la Cámara de los Comunes, un insigne orador británico:
            "Concededme tan sólo la libertad de prensa y permitiré que el primer ministro mantenga una Cámara de los Lores venal. Le dejaré también una Cámara de los Comunes corrompida y servil. Consentiré en que se use y se abuse de su oficio. Le dejaré todos los poderes que le ha conferido su posición para comprar sumisiones y abolir, mediante la intimidación, toda resistencia. Pese a ello y armado únicamente con la libertad de prensa, iré adelante, solo y sin miedo y atacaré a todo su poderosos aparato político. Abatiré la corrupción y la sepultaré bajo la ruina de los abusos que pretendía encubrir".
            Mediante la prensa, recordaba Sarmiento "los pueblos mandan, la opinión se forma y los gobiernos la siguen mal se su agrado..." Cierta vez Bismarck se refirió a los gobiernos que tenían que pagar los platos rotos por el periodismo, pero olvidó sin duda las veces en que el periodismo ha debido pagar por los platos rotos de los gobiernos, con restricciones, censuras, persecuciones y, en los ominosos años de las dictaduras, con las "desapariciones", tanto de los medios de comunicación como directamente de la propia existencia en este mundo.
            Por otra parte, patria, nación, liberalismo o democracia hoy son palabras polisémicas cuyo significado es absolutamente dispar dependiendo de quién las pronuncia, por lo que se hace imprescindible definir perfectamente qué queremos decir con ellas cuando somos nosotros los que las utilizamos puesto que quien quiera capitalizar nuestro hartazgo no sé parará a hacerlo y las empleará como mejor le convenga para sus intereses. Antes de plantear siquiera una discusión o una protesta debemos saber qué significado se da a las palabras que se utilizan en el contexto que nos rodea. De lo contrario, podemos encontrarnos en Plaza de Mayo proclamando consignas libertarias y estar defendiendo la tutela externa o desfilar por Av. de Mayo gritando “¡Abajo el gobierno!” para defender más de lo mismo.
             En esto días que se recuerdan los 210 años del acontecimiento fundamental de nuestro pasado, convocatoria que no habrá de ser desoída por ningún compatriota cualesquiera sean su ideología o condición social y la cual habrá de representar, sin duda, una prenda de paz y de unión entre los argentinos, asociados, en conformidad de esfuerzo y de pensamiento, bajo el signo de la vocación republicana y la libertad, nos resulta sobremanera grato evocar el destello de Mayo que ha representado el funcionamiento de un periodismo libre, digno y severo en nuestro país. Merced a él pudo tener pié de ejecución y convincente logro el anhelo expresado por los integrantes de la Asociación de Mayo y su fundador en la "Ojeada retrospectiva" y "El Dogma Socialista" a través de la serie de proposiciones eslabonadas a la manera de los modelos de Lamennais, que transcribe en dichos escritos:
            "Queríamos que el pueblo no fuese, como había sido hasta entonces, un instrumento material del lucro y poderío para los caudillos y mandones, un pretexto, un nombre vano invocado por todos los partidos para cohonestar y solapar ambiciones personales, sino lo que debía ser, lo que quiso que fuese la Revolución de Mayo: el principio y fin de todo. Y por pueblo entendemos, hoy como entonces, socialmente hablando, la universalidad de los habitantes del país; políticamente hablando, la universalidad de los ciudadanos; porque no todo habitante es ciudadano, y la ciudadanía proviene de la institución democrática.... Queríamos descentralizar el poder, arrancárselo a los tiranos y usurpadores para entregárselo a su legítimo dueño: el Pueblo"
            Tal, el sentido de la fecha que conmemoramos hoy.

* Miembro de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas" del Ministerio de Cultura de la Nación.


domingo, 24 de mayo de 2020

Hace 210 años.....


Por el Prof. Julio R. Otaño
La “revolución de Mayo” de 1810 es uno de los fenómenos más complejos de nuestra historia. Sus actores tenían tendencias conservadoras y radicales, que iban desde el afán independentista hasta la sincera adhesión al rey, y desde el mantenimiento de la monarquía hasta la instalación de un régimen republicano y popular.  No existió la imaginaria división de criollos y españoles. La ciudad estaba dividida en bandos de ideas y no de nacionalidades
 Archivo:Primera foto del cabildo.jpg - Wikipedia, la enciclopedia ...  Daguerrotipo más antiguo del Cabildo 1850 Época de Rosas
La Juntas surgen en España ante la invasión napoleónica y el confinamiento del Rey Fernando VII Cada “Junta” se hizo depositaria de la soberanía local a nombre del rey. Las que poco tiempo después, delegaron sus poderes soberanos en la Junta Central de Sevilla. Y declaran la guerra a Napoleón Bonaparte, para ello buscaron la alianza con el enemigo histórico, Inglaterra, en guerra contra Napoleón. En el convenio Apodaca-Canning del 14 de enero de 1809 la Junta tuvo que otorgar facilidades al comercio con Inglaterra.  De Hecho el comercio de Gran Bretaña se convierte en el dominante en toda Latinoamérica.   Los reinos o provincias americanas también expresaron su repudio al invasor francés y a Napoleón. Juraron fidelidad a Fernando VII y quedaron de hecho y de derecho sometidas a la Junta Central. Pero también tenían derecho a reasumir la soberanía y crear juntas como en España, y a estar representadas en la Junta Central y en las Cortes Generales.  La Junta de Sevilla retoma la tradición de los Austrias. Sin embargo la igualdad política entre la metrópoli y las provincias no se verificó porque en la Junta los reinos peninsulares estaban representados por 26 diputados y los americanos por sólo nueve, y en las Cortes, España 250 diputados y América 30.
El 21 de mayo de 1810 una multitud armada se presentó en las afueras del Cabildo de Buenos Aires para exigirle a los gobernantes la renuncia del virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, y una convocatoria amplia para debatir la situación del Virreinato. El mismo Virrey accedió al pedido y convocaron a un Cabildo Abierto para el día siguiente.  A las nueve de la mañana del 22 de mayo, de los 450 hombres invitados al debate, se hicieron presentes 250, quienes debatieron durante más de cuatro horas sobre la continuidad, o no, de Cisneros en el cargo, en el contexto de una España debilitada por la ocupación de casi la totalidad de la península ibérica por las fuerzas de Napoleón Bonaparte. Además, la Junta de Sevilla, quién había nombrado virrey a Cisneros, se había disuelto, poniendo en cuestión la legitimidad de su mandato.
En el debate del Cabildo Abierto había dos posiciones enfrentadas. Por un lado, quienes se pronunciaron a favor de la continuidad de Cisneros en el mando. Y por el otro, los que exigían la renuncia del virrey, teniendo en cuenta que había caducado la autoridad que lo había nombrado para el ejercicio del gobierno, por lo tanto, el poder debía recaer en los representantes actuales del pueblo para que estos elijan un nuevo gobierno.  Las voces más destacadas del debate las tuvieron, por el lado de los conservadores, el obispo de Buenos Aires Benito Lué y el Fiscal Villota. Y por el lado de los revolucionarios, Juan José Antonio Castelli y Juan José Paso. Después de una votación, se resolvió que el virrey debía ser reemplazado por una Junta Provisoria Gobernativa.  
Sin embargo, Cisneros realizó una maniobra para presidir esa Junta. Él conservaría la comandancia de las armas y debía ejercer el poder junto con dos españoles moderados (Solá e Inchaurregui) y dos criollos revolucionarios (Saavedra y Castelli). Los criollos y especialmente las milicias cercanas a Saavedra,  se manifestaron en contra y se organizaron para conformar una nueva junta.
El 24 de mayo de 1810, 476 vecinos firmaron una solicitud de creación de una Junta Provisoria Gubernativa, la cual fue designada la mañana del 25 de mayo y quedó constituida por Cornelio Saavedra como presidente; Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios; y Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Domingo Matheu, Juan Larrea y Manuel Alberti como vocales. Si bien todavía faltaban varios años para conseguir la independencia total de España, y esta Junta juró fidelidad al Rey Fernando VII, marcó el inicio de la constitución del primer gobierno patrio. 
Por ello atenerse sólo a las actas capitulares para interpretar el 25 de mayo no permite una comprensión profunda del fenómeno.  Para algunos "había llegado la ocasión de alcanzar la independencia política, y con ese fin constituyeron una sociedad secreta Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso, Hipólito Vieytes, Juan José Castelli, Agustín Donado y muchos que, como ellos, habían aprendido en los autores enciclopedistas franceses el catecismo de la libertad." Para otros  nuestra revolución forma parte de una reacción Continental, no para separarnos de España sino para liberarnos juntos del yugo absolutista de Fernando VII.
En cuanto a sus grandes figuras: Cornelio Saavedra será el heredero del prestigio y popularidad de Liniers y  como éste, no lo transformó en un auténtico liderazgo.  Le faltó imaginación, fortaleza y conciencia de lugar y hora.   Tenía el dominio del pueblo y del ejército y sin embargo dejó que otros le quiten el gobierno;  Moreno quien se quedó con la Revolución, no era hombre de multitudes, ni siquiera como Castelli o como Paso de los grupos del Café de Marcos. Antes de 1810 vivía confinado en su bufete, y lo siguió estando en su despacho de la Fortaleza. Era un intelectual pero Ha bebido las enseñanzas de los revolucionarios europeos en aquella rica biblioteca del Alto Perú. Pero no se enajena en ellas. No incurre en el error de esos ‘jóvenes afrancesados’ que años más tarde recitan discursos progresistas mientras traicionan el país apoyando una invasión extranjera. (la generación del 37)  Según Ernesto Palacio “Era un político práctico que no estaba atado a ninguna doctrina que no fuera el bienestar de su patria y su gente, los criollos e indios olvidados por el viejo sistema colonial. Aquellos que ensalzan a Moreno como el más alto exponente del liberalismo olvidan que su defensa de la libertad estaba condicionada por los intereses superiores de la Nación y del primer gobierno que asumía la representación de los criollos.  Cuando escribio sobre la libertad de escribir, remarcó que se daría esa libertad pero siempre y cuando no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión y a las determinaciones del gobierno”.  La organización y edición de la Gaceta fue obra fundamental de Moreno, ya que la causa patriota necesitaba una voz que hiciera conocer los puntos de vistas de la Junta, el periódico que dirigió Moreno permitió que en las provincias se conocieran las medidas y opiniones del gobierno. Se publicaba dos veces a la semana y en algunas ocasiones aparecía un número extraordinario. Según cuenta su hermano Manuel, hasta su alejamiento del país, Mariano fue su exclusivo redactor.   Cuando en el mes de diciembre se dio a conocer el decreto que prohibía conceder empleos a los españoles, algunos criollos protestaron por la medida, que no alcanzaba a los que estuvieran empleados a esa fecha. Manuel Moreno opinaba que esta decisión estaba dirigida a terminar con la discriminación que existía hasta el momento, la que impedía a los criollos ocupar cargos de mayor responsabilidad, pero el decreto está destinado a que los enemigos de la Junta se enquistaran en la administración pública para boicotear las medidas que propiciaban el cambio de sistema. A quienes criticaban a Mariano por su intransigencia, su hermano Manuel les contestaba: “Querer una revolución sin males es tan quimérico como una batalla sin desgracias, y así los culpables de las acaecidas en Buenos Aires, que por su fortuna han sido muy raras, son los promotores de la revolución misma”.

jueves, 13 de febrero de 2020

Mariano Moreno según su suegra....

Por Ancafilú
Mariano Moreno y Guadalupe Cuenca se casaron en mayo de 1804. Durante los siete años que duró el matrimonio estuvieron muy unidos y se puede sospechar que como los dos tenían fuerte carácter, la convivencia tendría sus cortocircuitos, pero no alcanzaban a empañar el amor y la admiración que tenían el uno por el otro.
Es poco lo que se sabe de Guadalupe Cuenca. Pero con solo leer alguna de las cartas para su “amado Moreno” (así lo llamaba ella), su fortaleza y su capacidad quedan a la vista. Sin lugar a dudas, no era mujer de bordado y tertulias. 
Pero pocos historiadores supieron descubrir que al lado de Moreno hubo una mujer enérgica y decidida que valía la pena conocer.
Mariano Moreno: las desesperadas cartas de amor que su esposa le ...
Así como Guadalupe amaba a Moreno, su madre, Manuela Cuenca, lo odiaba. 
La suegra del secretario de la Primera Junta escribió: “Yo tuve la desgracia de haber casado a mi hija con don Mariano Moreno, abogado de ésta. Luego que logró enlace, se apoderó de toda mi casa, abusó de mis docilidades y, con achaque de trasladar toda la familia, se hizo dueño de plata labrada, alhajas y muebles, vendiendo unas y conservando otras, con tal ascendiente y despotiqueces que ya yo abatida y sin espíritu, callaba y sufría porque no padeciese dicha mi hija”.
El motivo del disgusto de doña Manuela Cuenca tenía que ver con una deuda que ella había contraído con una iglesia. Como no podía saldarla, recurrió a su yerno, que era abogado. Pero las cosas no salieron como ella esperaba.   
El documen­to original se halla en un archivo privado boliviano y fue dado a conocer por Historiador Enrique De Gandía en su libro sobre Moreno y Revela, simple­mente, aspectos privados del secretario de la Junta de Mayo.
Todo el documento denuncia un odio mortal de doña Manuela hacia Moreno. “Son las palabras de todas las suegras que detes­tan a sus yernos —comenta Gandía—.   Se hacen las víctimas y presentan como maldades los trabajos y sacrificios de los maridos de sus hijas”.
Brevemente, señalemos que Manuela Cuenca estaba eje­cutada por la justicia en vista de deudas que no podía pagar, pues se encontraba en la miseria. 
El monasterio de Santa Clara era el acreedor, y pretendía la entrega de los portones y las vidrieras de la vieja y espléndida casa de los Cuenca, que habían sido hipotecados por Mariano Moreno.  En su escrito de descar­go, la suegra lo acusa de haber vendido los muebles y de haber estado en connivencia con el administrador del monasterio, de haberle hecho firmar a ella un escrito de consentimiento de tales actos, dejándola luego plantada “a pedir limosna y se marchó con su mujer, cargando con cuanto era mío y de mis hijos, como si fueran despojos del enemigo”. 
“Tendríamos, pues —argumenta Gandía con gracia no exenta de lógica—, un yerno explotador, un administrador de monjas que era un crápula, una suegra que firma sin saber lo que hace, una hija que deja arruinar a su madre y a sus hermanos menores, y unos hermanos mayores que se dejan explotar y arruinar sin abrir la boca”.  
Cabe señalar que este típico problema de intereses fami­liares se producía en 1817, Moreno no podía defenderse: el odiado yerno estaba en el fondo del océano. Había muerto

sábado, 29 de junio de 2019

La Revolución de Mayo y el Pueblo....

Por Hugo Wast
La Revolución de Mayo fue una revolución militar y católica, sin ninguna intervención popular.  Saavedra fue el jefe militar de la revolución al tiempo que Moreno es una construcción historiográfica liberal;   5 verdades que todavía parecen blasfemias:
I. La Revolución de Mayo fue exclusivamente militar y realizada por señores.
IL Nada tiene que ver con la Revolución Francesa.
III. El populacho no intervino en sus preparativos, ni comprendió que se trataba de la independencia.
IV. Mariano Moreno tampoco intervino en ellos y después su actuación fué insignificante cuando no funesta.
V. Su principal actor fue el jefe de los militares don Cornelio Saavedra.
Para comenzar digamos algo que probablemente nunca se ha dicho: los patriotas del año X no entendían la palabra 'pueblo' como quieren entenderla cienos admiradores de la revolución francesa, falsificadores de la nuestra ahora.
Los demagogos mutilan el sentido de esa palabra. Para ellos solamente es 'pueblo' la masa plebeya, informe y enorme, caprichosa, infalible, sacrosanta, poseedora de todos los derechos y no atada por ninguna obligación. Es decir, la parte primitiva de la sociedad, más fácil de ser manipuleada, engatusada con discursos y ganada con donativos.
Resultado de imagen para año X hugo wast 
Para los patriotas de! año X 'pueblo' no era solamente la plebe, sino el conjunto de los habitantes del país, ignorantes e instruidos, ricos y pobres, capaces e incapaces de pensar por su cuenta, sacerdotes, militares, hacendados, abogados, comerciantes, artesanos, menestrales, pulperos, sirvientes, esclavos... iguales todos en sus derechos específicos, a los ojos de Dios, que los había creado y redimido con la Sangre de Jesucristo, pero desiguales en sus aptitudes y en sus derechos sociales, conforme a las circunstancias en que vivían.
Los hombres de Mayo, que sabían su catecismo y por ello conocían esa igualdad esencial y esa desigualdad accidental, cuando mataban de resolver problemas de gobierno, que en aquellos tiempos se resolvían a menudo en asambleas del pueblo o cabildos abiertos, jamás convocaban a la plebe, a los esclavos, los sirvientes, los menestrales, casi siempre analfabetos y a quienes tampoco les atraía meterse en tales honduras.
Convocaban a los que las solemnísimas actas de dichas asambleas llaman 'vecinos de calidad', o Vecinos de distinción', o como reza la más solemne de todas, la del 25 de Mayo de 1810, 'la parte sana y principal del vecindario', que representaba por derecho natural, no por elección de nadie, a la totalidad del pueblo. (...)
Los patriotas del año X, cuyo espíritu buscan afanosamente ciertos historiadores, deseándolo hallar distinto de cómo fue, no creían que las discusiones y resoluciones de aquellas asambleas de vecinos de distinción, pequeña minoría en comparación de los vecinos que no habían sido convocados, habrían de mejorar por que interviniera en ellas la parte menos principal del vecindario, es decir la turbamulta, que es la inmensa mayoría.
Esa inmensa mayoría sentíase perfectamente representada por aquella minoría selecta, que conocía sus problemas y sabía defender sus intereses.Se ve, pues, que los hombres de Mayo, aunque tenían un concepto del 'pueblo' más amplio y generoso que el que tienen los demagogos actuales, no eran partidarios del sufragio universal sino del voto calificado.
Es que la Revolución de Mayo no la hizo el pueblo, la hicieron los Comandantes de los cuerpos militares, con un grupo de eclesiásticos y de civiles, que venían conspirando secretamente.
El pueblo —lo que ahora llamamos pueblo—, no tuvo intervención en ello: ni conocía el complot, ni convenía que lo conociera. El pueblo nunca es motor, sino movido y siempre marcha disgregado, buscando instintivamente la gran personalidad que lo guíe. Cuando halla un jefe se convierte en una fuerza orgánica.
Es verdad que ese jefe que lo subyuga y lo fanatiza, a cada paso lo invoca como si su poder le viniera del pueblo. Es que con esto legaliza su situación y mantiene su prestigio, haciendo creer que no trabaja en provecho propio, sino por el bien común; pero sabe que el amo es el mismo, porque es la idea y la voluntad.
Si alguna vez un pueblo se ha manifestado apático para un gran movimiento ha sido el pueblo de Buenos Aires en los días de Mayo.
No importa que pintores complacientes nos muestren una muchedumbre frenética, agolpada bajo la lluvia ante el Cabildo y armada no con fusiles, sino con paraguas.
Mentira histórica. Nuestro pueblo de antaño nunca se defendió de la lluvia con otra cosa que con el poncho criollo. Le repugnaba el paraguas como un adminículo afeminado, especie de bastón con polleras.

viernes, 28 de junio de 2019

La Representación de los Hacendados de Mariano Moreno y su ninguna influencia en la Revolución de Mayo

 Por Diego Luis Molinari
Consecuencias de las disposiciones de 1778 que liberan, en parte, el comercio; auge de la burguesía y emergencia de la dase media.  No fueron las que se traducían por un mayor ó menor número de bajeles, que entraban ó salían, ni en el saldo favorable no de las importaciones y exportaciones, sino, en la influencia que todos estos fenómenos tenían, en la organización social de la época.
El comercio experimentó un vuelco completo en sus. antiguos métodos. Los capitales se distribuyeron en proporción diversa. La clase burguesa fue consolidándose y se convirtió en una verdadera fuerza dentro de la organización social. La generación que surgía aprovechaba los resultados benéficos que resultaron de aquella medida, sea en favor del mayor adelantamiento material, sea en favor del mayor progreso en la cultura. Los individuos de mayo de 1810 eran los. que se habían educado en el ambiente fomentado por este decreto.  Belgrano era hijo de un comerciante que se había enriquecido bajo el amparo de las disposiciones de 1778; Moreno había podido desenvolverse en la situación económica creada por el mismo.  
Resultado de imagen para mariano moreno y los hacendados   Resultado de imagen para mariano moreno y los hacendados   Resultado de imagen para mariano moreno y los hacendados
Las fuerzas económicas, libertadas por el decreto, fomentarían, en último análisis, la creación de una dase media, ávida, vanidosa, amiga del fasto y pagada de los honores, que estaba destinada á desempeñar el papel principal en la revoluciones del principio del siglo XIX.  La separación de los procesos históricos americanos de los europeos, no obedece sino á un criterio equivocado acerca de la verdadera naturaleza de la vida política y económica internacional. 
El centro de la monarquía estaba en Europa. Sus destinos se jugaban desde la corte, estuviese ésta en Aranjuez o en Bayona. La repartición de sus dominios se verificaba en base al concepto patrimonial de la soberanía: y .como los pueblos no habían tenido tiempo para acostumbrarse á otro, acataban, si no voluntaria a los menos resignadamente, la fijación de sus amos y de sus destinos.
Toda nuestra historia del año 10 al 16, se ve influenciada  por los sucesos de Europa; y querer hallar solamente en los episodios que se producen en nuestro país, la clave de ellos, es olvidar lamentablemente la interrelación necesaria que suponían con los que allá se producían.  La función económica que desempeñaba el virreinato el Río de La Plata era la de enviar al mercado mundial cueros, harinas y carne salada ó en tasajos. Las continuas guerras por las que atravesó la Europa á fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, produjeron gran demanda de tales artículos; y cada paz formalizada, que no era sino el preludio de una nueva guerra por iniciarse, daba ocasión,  á que los artículos que no habían podido salir por el régimen de las licencias, siguieran su flujo al exterior de un modo repentino.
Mientras Inglaterra necesitaba de las materia primas, requería al mismo tiempo un mercado para las suyas manufacturadas.
Es inútil querer señalar la enorme literatura que sobre el carácter comercial de la lucha entre Inglaterra y Francia se produjo en esa época. Lo interesante es saber que Inglaterra llevará la mejor parte.  Durante el siglo XVIII experimenta un gran cambio en su vida económica y su constitución social. La industrial revolution la convierten, de agrícola y comerciante, en industrial por excelencia é imperialista por necesidad
Las consecuencias finales del sistema continental vinieron á ser, en lo que nos interesa, las siguientes: situación privilegiada de Inglaterra para apoderarse de los mercados hispanoamericanos, que le era impuesta por imperiosa necesidad,; y que aprovechaba con todos los medios, y métodos de comercio más atrevidos: situación que vinieron á resolver de un modo imprevisto los sucesos de 1808 y de 1809. 
El 1ro de mayo de 1807 Castlereagh preparó un memorándum sobre los asuntos de la América española. Establecía que no quedaban otros caminos que el conquistarla ó el de independizarla y que esto último era lo único factible.
Esta opinión, determinada por el triste fin que habían tenido las fuerzas invasoras en el Río de la Plata y la expedición de Miranda en Caracas, no fue lo suficientemente poderosa como para que el gabinete inglés, ante el dilema «emancipación ó conquista», se decidiera preferentemente por lo primero. En ese mismo momento, en efecto, se producía la segunda invasión inglesa á Buenos Aires, con el fin de consolidar una conquista, y se preparaba sigilosamente en Cork una expedición que parecía destinada a emancipar á Venezuela.
Esta expedición, en lugar de dirigirse a América, se dirigió á España. En vez de ir á desintegrar la monarquía española, pasó á defender esta misma integridad territorial, al lado de las juntas que se formaban en la metrópoli. 
El cambio teatral de frente tiene una explicación. El interés primordial de Inglaterra era comercial. Lo que buscaba eran mercados para sus productos; mercados que no había podido conquistar ni que estaba'directamente interesada en emancipar. En cambio la situación anárquica de la península, con una serie de gobiernos híbridos, le presentaba la oportunidad de conseguir fácilmente por medio de tratados leoninos, lo que no hubiera conseguido sino muy á duras penas por medio de la fuerza.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La muerte de Moreno



  "A esto siguió una terrible convulsión -relatará su hermano Manuel, acompañante en la fatal travesía- que apenas le dio tiempo para despedirse de su patria, de su familia y de sus amigos".  
 Cornelio Saavedra, moderado y conciliador con las ex autoridades coloniales, había logrado imponerse sobre Mariano Moreno, jacobino y rabiosamente antigodo. Para desembarazarse de él lo envía a Europa con una misión relacionada con la compra de armamento.  More­no acepta, quizás con la intención de dar tiempo a sus partidarios para revertir la situación y también para sal­var su vida. Un oficial de su secretaría en la Junta, Pedro Jimenez, declarará en la correspondiente investigación abierta años después por la Asamblea General Constitu­yente, que le había aconsejado que se alejase o se ocul­tase "pues corrían voces de que se le quería asesinar".
El encono de los saavedristas lo acompaña hasta el embarque. Los acompañantes de don Mariano, su her­mano Manuel y Tomás Guido, secretarios de la misión, lo escuchan susurrar: "Algo funesto se anuncia en mi via­je...”
La fragata inglesa "Fama" soltó amarras el 24 de ene­ro de 1811. A poco de partir Moreno, que nunca había gozado de fortaleza en su salud, se siente enfermo. Segu­ramente como consecuencia de las desazones políticas sufridas durante las últimas semanas.
Para paliar sus males el capitán le administra una pócima, “imprudentemente y sin nuestro conocimiento", apunta Manuel Moreno, quien añade: "Aunque quisimos estorbarlo desamparó su cama ya en este estado, y con visos de mucha agitación, acostado sobre el piso de la cámara, se esforzó en hacernos una exhortación admira­ble de nuestros deberes en el país en que íbamos a entrar, y nos dio instrucciones del modo que debíamos cumplir los encargos de la comisión, en su falta. Pidió perdón a sus amigos y enemigos de todas sus faltas; lla­mó al capitán y le recomendó, con el más vivo encareci­miento, el cuidado de su esposa inocente -con este dic­tado la llamó muchas veces-."
La historia ha inmortalizado sus últimas palabras: "¡Viva mi patria aunque yo perezca!". Luego se sumergió en la inconsciencia.
Mariano Moreno murió luego de una horrible agonía de tres días. Era el amanecer del 4 de marzo de 1811. Tenía 32 años.
"Su cuerpo fue puesto en el mar, a las cinco de aque­lla misma tarde, después de haberle tributado las demos­traciones compatibles con nuestra situación. La bandera inglesa, a media asta, y las descargas de fusilería anun­ciaron a las otras fragatas del convoy la desgracia sucedida en la nuestra, y el cadáver estuvo expuesto todo aquel día sobre la cubierta, envuelto también en la bandera inglesa".
Al poco tiempo de partir don Mariano hacia su nunca alcanzado destino londinense, su esposa -María Gua­dalupe Cuenca- recibió anónimamente un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros. "Era el anuncio de su próxima viudez", señala Enrique de Gandia en su Historia del 25 de Mayo.
Otro dato muy sugerente fue que el gobierno porteño haya firmado contrato con un tal Mr. Curtís, el 9 de fe­brero, es decir quince días después de la partida del ex secretario cae la Junta de  Mayo y sin conocer, por lo tanto la noticia de su muerte, aunque "para el caso de que falleciera"., adjudicándole una misión idéntica a la de Moreno para el equipamiento del incipiente ejército nacional. El artículo 11 de este llamativo documento aclara "que si el. señor doctor don Mariano Moreno hubiere fa­llecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, deberá entenderse Mr. Curtís con don Aniceto Padilla en los mismos términos que lo habría hecho el doctor Moreno."
En el navío "Fama" no había médico, función que cumplió el misterioso capitán, quien se negó al pedido de Guído y de Manuel Moreno para que desviara la nave a algún puerto cercano a fin de tratar al enfermo. Además la marcha del barco, y sin justificación evidente, se retra­só notoriamente.
Dicho oficial, cuyo nombre nuestra historia no regis­tra, jamás volvió a pisar Buenos Aires aunque sí regresó el buque.
Como es sabido, anoticiado, don Cornelio exclamó: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego". Efecti­vamente, el arsénico quema las entrañas... (2, 63, 67).


viernes, 29 de mayo de 2015

Apuntes sobre la Revolución de Mayo


Por José Pablo Feinmann

¡Cuántos puntos de vista hemos trazado sobre la Revolución de Mayo! ¿Tendrá sentido seguir discutiendo? ¿Qué discutimos? Puedo decir qué discutía yo en 1975 cuando escribí Filosofía y Nación y fui duro y crítico con Moreno y los suyos. Durante esos días, la organización político-militar Montoneros se había trenzado en una guerra aparatista –al margen de todo apoyo de masas; al margen, también, de todo intento de recurrir a ellas– con los grupos terroristas de la derecha del peronismo, respaldada por el aparato del Estado que presidía Isabel Martínez de Perón bajo los mandatos de José López Rega. Las discusiones que sosteníamos eran de superficie. No sé si en la Orga se discutiría algo o se sometería todo a la conducción de Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja. Años después, Perdía habría de reconocer que el “pasaje a la clandestinidad” fue el error más grande de la Orga. Fue uno de los tantos, pero determinó la militarización y el accionar violento, la criminalidad indiscriminada, el alejamiento total de las masas, de la población y, sobre todo, del sentimiento popular, que no era el de una guerra de muertes incesantes, muchas inexplicables, o de simples policías a los que –en su totalidad– se había condenado a morir donde se los encontrara. En esta coyuntura atroz se discutió la alternativa a la opción por los fierros, que, como siempre, fue la opción por la política. Pero no hay política en medio de las balas. Y tampoco hay masas ni población que se acerque a algo o que salga con cierta tranquilidad de su casa. Era, Montoneros, la vanguardia armada. No necesitaba del pueblo y el pueblo, para la vanguardia, siempre está al margen de la comprensión profunda de la historia. Puesto a escribir sobre la Revolución de Mayo no me fue difícil llegar a un trazado de historias con similitudes conceptuales, que ayudaran a la comprensión. Moreno y sus amigos eran la vanguardia ilustrada de Buenos Aires. No voy a comparar a Moreno y a Castelli con Firmenich y Perdía, pero la política se hace con los fierros o se hace con los pueblos. Moreno y Castelli no estaban extraviados y posiblemente fueran personajes trágicos, que le pedían a su tiempo algo que no podía entregarles. Grave error político. Un gran músico o un gran escritor puede –según suele decirse– “adelantarse a su tiempo”, pagará su gesto con la soledad y la incomprensión. Estos precios no los puede pagar un revolucionario. Salvo al costo de no hacer una revolución y quedar para la posteridad como un tipo bárbaro, lleno de buenas intenciones, pero fatalmente derrotado por mediocres que no volaban tan alto como él. ¿Pasó esto con Moreno?

Concedo, si quieren, que Moreno era un enemigo del Imperio Británico. Concedo que, en alta mar, según sugiere su hermano Manuel y afirman quienes hacen de Mariano un revolucionario, lo envenenó el capitán de la nave por órdenes del saavedrismo “reaccionario” o del mismísimo Imperio contra el que bravamente había luchado. Confieso que el Plan de operaciones es un gran texto político y que con gusto lo aplicaría hoy mismo en la Argentina. Imagínense: “Centralización de la economía en la esfera estatal, confiscaciones de las grandes fortunas, nacionalización de las minas, trabas a las importaciones suntuarias, control estatal sobre el crédito y las divisas, explotación por el Estado de la riqueza minera” (J. P. F., Filosofía y Nación, p. 36 de la edición de Legasa de 1986. El libro se publicó en 1982. Lo iba a publicar Amorrortu en 1976. Por supuesto no lo hizo). Y luego, en la parte económica del Plan, Moreno propone una de sus medidas más osadas: “Se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del Estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que debe evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan”. Sería fascinante traerlo a Moreno al presente argentino. Decirle, por ejemplo, que, en 2008, un gobierno nacional, democrático, perteneciente al partido de masas más grande del país y de América latina, intentó meter levemente su mano en el bolsillo de los señores de la tierra, no confiscarles su propiedades, no controlar el crédito, no nacionalizar nada, sino meramente retenerles un 3 por ciento de la renta de la que gozan y estalló la patria indignada. Tanto, que el gobierno tambaleó y si se mantuvo aún nadie sabe bien por qué, acaso porque esos mismos que quieren tirarlo tienen, a la vez, terror de gobernar el país con la gente que cuentan entre bobos traidores y malandras pendencieros.

Moreno parecía no comprender acabadamente una regla de oro de las revoluciones: nadie hace una revolución sin una base revolucionaria. Si pretendía ser un jacobino tenía que preguntarse –ante todo– si contaba con una burguesía revolucionaria. Jacobino sin burguesía gira locamente en el aire. Tenía, en Buenos Aires, a los que buscaban comerciar libremente con Gran Bretaña (y ya lo hacían a través del contrabando). A los comerciantes españoles, cada vez menos representativos. Y a los ganaderos bonaerenses, que buscaban exportar y miraban a los países del desarrollo europeo. Esto es tan sencillo que nada les ha costado verlo a Mariátegui, Milcíades Peña o José Luis Busaniche. El país tenía que salir de la órbita española. Había que echar de América a ese imperio decadente, inútil. El Plan tiene muchas concesiones a los ingleses. Si quieren no las vemos. Pero, ¿con qué poder pensaba Moreno hacer lo que proponía ese Plan? Puede conmovernos como Guevara en Bolivia. Pero no llevarnos a decir que la de Mayo fue una Revolución. Castelli puede conmovernos a orillas del lago Tiahuanaco, lugar al que convoca a las comunidades indígenas de la provincia de La Paz, a poca distancia del Titicaca. Claro que rechazamos la broma fascista de Hugo Wast que les hace decir a los indios una burrada infame como respuesta al discurso del orador de Mayo: “¿Qué preferís? ¿El Gobierno de los déspotas o el de los pueblos? Decidme vosotros qué queréis”. Y los indios: “¡Aguardiente, señor!”. Pero aun rechazando la injuria, la tomadura de pelo racista, era cierto que los indios no entendían el idioma de Castelli ni éste el de ellos. Es como Inti Peredo aprendiendo quechua en medio de la selva boliviana. O hablándoles a los campesinos de la Revolución Cubana. Lo que lleva a Guevara a confesarse que los campesinos lo miran con una mezcla de incredulidad y temor.

Lo que hizo Moreno fue introducir en el Plata la Razón Iluminista. Esta razón se centra en Buenos Aires y se desplegará desde ahí. Desde este punto de vista (salvo el interregno “bárbaro” de Rosas) será la razón occidental, la razón del tecnocapitalismo, la razón instrumental, la que triunfará en el Plata como triunfa en todo el mundo colonial. El único sentido lateral que hubo en este país ante esa racionalidad conquistadora fue el de las masas federales. (¿Por qué no Artigas antes que Moreno? ¿Por qué regalárselo a los uruguayos, si hasta muchos de ellos dicen que fue el más grande de los caudillos argentinos? ¿Por qué no Artigas, que era un líder de pueblos, un enemigo de portugueses y británicos y partidario de repartir las tierras a los pobres?) Y las masas federales fueron aniquiladas por el poder de Buenos Aires. Poder que –según nada menos que Alberdi– fue el que vino a centralizar la Revolución de Mayo estableciendo un reemplazo del coloniaje, no su sustitución. A partir de Mayo, Buenos Aires fue la metrópoli; las Provincias, la colonia. Esa lucha duró todo el siglo XIX y concluyó en el ’80, con la conquista del desierto y la federalización de Buenos Aires. Luego de aniquilar a los negros, a los gauchos y a los indios, Buenos Aires festeja el centenario de su revolución en 1910. Ahora, el Otro absoluto es nuevo y vino de afuera: es la chusma ultramarina. La opulenta capital también sabrá castigarla siempre que intente tomar o desordenar la casa.