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domingo, 31 de julio de 2022

Hace 33 años llegaban al país con un gran reconocimiento Oficial y Popular los restos del Restaurador

Por Julio R. Otaño 

El 20 de noviembre de 1973, el Presidente Juan Domingo Perón convocó a Manuel de Anchorena a efectos de ofrecerle la embajada en Gran Bretaña y encomendarle dos temas: avanzar en la solución diplomática del tema Malvinas y la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas. Durante su exilio, Perón manifestó reiteradamente sus ideas sobre el deseo de que la figura del Restaurador fuera reivindicada y sus restos descansaran en nuestra patria. 

El 30 de septiembre de 1989 los restos del defensor de la soberanía argentina llegaban a su país, con una comisión integrada por Manuel de Anchorena, Eugenio Rom, Martín Silva Garretón, Ignacio Bracht Olmedo, Juan Manuel Palacio, Roberto Rimoldi Fraga, José Rodríguez Ortiz de Rozas, Carlos Rubén French y Carlos Ortiz de Rozas. Gran labor tuvo en este acontecimiento la Comisión Popular Pro Repatriación de Rosas integrada por César Castex, José María Di Giorno, Emilio Hardoy y Susana Anchorena de Balcarce.

Se cumplía uno de los sueños de mi adolescencia....y estuve acompañando los restos de la cureña desde darsena Norte hasta Recoleta...Día Inolvidable.



viernes, 15 de octubre de 2010

Los restos de de Juan Manuel de Rosas

 Por Daniel Schavelzon

Lo de Rosas fue público, notorio y escandaloso, una falta de respeto a la antropología forense y al sentido común: recordemos que cuando el 30 de septiembre del año 1989 se repatriaron sus restos, los encargados de hacerlo mandaron a una empresa a excavar el lugar utilizando una pala mecánica; los responsables llegaron tarde tras quedarse dormidos y al ataúd -detalle esencial- lo habían dejado en la vereda. Más tarde, lo abrieron sin control científico alguno -ni una foto siquiera-, sacaron todo lo que había dentro para repartírselo sin dudar un segundo. Uno de los presentes, para más señas vendedor de departamentos, exhibía orgulloso en su casa la dentadura de Rosas, hasta que hubo que denunciarlo públicamente. Por supuesto, el sarcófago original de plomo fue fundido y vendido; y ni decir que los huesos, sin tratamiento alguno, sin siquiera los cuidados mínimos de un conservador, quedaron convertidos en polvo ¡y el embajador responsable -un Ortiz de Rozas- lo publicó, orgulloso, en el libro La repatriación de Rosas.