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jueves, 10 de febrero de 2022

22 de Febrero, Día de La Antártida Argentina

Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

Este es un homenaje a todos nuestros compatriotas que con esfuerzo y sacrificio han estado o están ahora, ejerciendo soberanía en la Artántida por 121 años. Un enorme abrazo a los integrantes de la Dotaciones de Base Marambio, Matienzo, Brown, Orcadas, Melchior, Petrel, Sobral, entre otras.  El polo Sur es un lugar solitario. En todas las direcciones se dilata un escenario de absoluta desolación, una extensión plana de hielo y nieve barrida por los vientos, cegadoramente blanca bajo el claro verano del Ártico, envuelta en la sombra impenetrable durante la larga noche antártica. Repelente. Inhóspita. Y desafiante.  No obstante, cuando en julio de 1816 nuestro país declaró la independencia de España, se constituyó de hecho en heredero de esos territorios que correspondían a la Madre Patria, dentro de los límites del Virreinato del Río de la Plata y que llegaban hasta el mismo Polo Sur en virtud de las Bulas Intercaeteras del año 1493 y el Tratado de Tordesillas.  


Casi todo el siglo XIX sólo conoció expediciones de aventureros y cazadores de focas en las islas Shetland y continente antártico entre los cuales los foqueros del Río de la Plata (a bordo del “Espíritu Santo”, “San Juan Nepomuceno” y otros) estuvieron allí antes que los europeos y norteamericanos (William Smith, Bellingshausen y Palmer) se atribuyeran el descubrimiento. Es decir, que lo que hoy consideramos como Sector Argentino de la Antártida, y lo fue desde que la patria nació y no necesita otra fundamentación por más que las haya y en abundancia.  Recién a fines del siglo XIX y comienzos del XX se reavivó el interés sobre el Sexto Continente que había sido previamente abandonado con el exterminio del codiciado lobo de dos pelos o foca peletera, con la instalación de un faro y un observatorio en la isla Observatorio del grupo Año Nuevo en 1901 y la intervención del alférez Sobral en la expedición del Dr. Nordenskjöld durante 1901 a 1903. Y allí nuevamente la Argentina, pese a ser un país de recursos limitados, sin los medios con que contaban otras poderosas naciones, estuvo presente en 1903 con la corbeta Uruguay, comandada por el entonces teniente de Navío y luego vicealmirante Julián Irízar, para rescatar la expedición sueca del nombrado Nordenskjöld que debió invernar forzosamente al ser destruido su barco Antartic. De esta manera, nuestro país efectivizó su participación en la gran Expedición Antártica Internacional. Un año después, el 22 de febrero de 1904, se izó la bandera nacional en la estación meteorológica de la isla Lauría, del grupo de las Orcadas del sur, ubicadas dentro del área considerada y comenzó así, la ocupación permanente más antigua en la Antártida de nación alguna, reafirmándose nuestra vocación de ejercer soberanía sobre lo que nos pertenecía. Durante 40 años fue ésa la única base permanente, recién en 1944 Inglaterra inauguró Faraday.   Al mismo tiempo que el observatorio, empieza a funcionar allí la primera estafeta postal antártica y en 1927 la primera estación radiotelegráfica oficial. En 1907 la Oficina Meteorológica Nacional establece otro observatorio meteorológico en Grytviken, Georgias del Sur. Durante esos años la corbeta Uruguay mientras realiza el relevo de las dotaciones de Orcadas y busca a la expedición de Charcot en las Shetland del Sur en 1905, efectúa levantamiento hidrográficos y trabajos específicos que darán lugar a la publicación en 1916 de la primera carta náutica argentina del Antártico, a las que siguieron otras de años posteriores; estas cartas, los faros y señales establecidas por nuestra marina de guerra en todo nuestro sector, fueron valiosas ayudas para los navegantes de todo el mundo que surcaron las rutas australes, con la seguridad que le ofrecían los datos meteorológicos de Orcadas.  En 1948 se incluye en la jurisdicción de la autoridad del Gobernador Marítimo del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, el Sector Antártico Argentino y las Islas del Atlántico Sur. Para esa fecha ya funcionan dos destacamentos navales argentinos en el Sexto Continente, Melchior y Decepción, y en 1951 la Primera Expedición Científica a la Antártida Continental Argentina funda la primera base en aquel continente bautizada General San Martín, gracias al tesón y la voluntad inquebrantable de un militar visionario: el general Hernán Pujato. Este soldado memorable fundó, asimismo, el Instituto Antártico Argentino, primera institución Científica del mundo dedicada exclusivamente a las investigaciones antárticas. El Instituto Antártico tiene una base permanente, Jubany, establecida a fines de 1953 en la isla 25 de Mayo, de las Shetland del Sur. El 29 de octubre de 1969 se fundó la Base Marambio. Y el 11 de abril de 1970 aterrizó allí el primer avión Hércules C-130. Aún en los peores meses de invierno, el Hércules C-130 va y viene de Marambio, es que en esa base existe una pista de aterrizaje de tierra compactada, de 1.20 kilometros de longitud y 40 de ancho, que permite el arribo de aviones con tren de aterrizaje convencional, es decir, con ruedas,. Entre las bases antárticas y Marambio se realizan vuelos con el DHC-6 Twin Otter, un avión que utiliza esquíes con lo que puede descender sobre el hielo. Durante la campaña de verano, se usan también helicópteros Bell 212 entre los campamentos científicos, las bases, Marambio y el eventual rompehielos que reemplaza momentáneamente al malogrado Irízar.   El 1° de diciembre de 1959 se firmó el Tratado Antártico, que entró en vigor el 13 de junio de 1961. Los países signatarios originales fueron la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Sudáfrica y la Unión Soviética.   Básicamente el tratado compromete a las naciones a no utilizar al continente para otros fines que no sean de investigación científica y cooperación internacional, y prohíbe toda forma de contaminación o de actividad bélica. Un acuerdo firmado en Madrid en 1991 complementa este tratado y consagra a la Antártida como “reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia.”    Sin embargo, a cuarenta años de la guerra de Malvinas, Gran Bretaña ya reclama el control soberano de casi un millón de kilómetros cuadrados del lecho marino encuadrado dentro de la porción del continente antártico hoy reivindicada por nuestro país. Cabe recordar que con fecha 20 de octubre de 2010 el Honorable Senado de la Nación Argentina sancionó la Ley N° 26651, que establece la obligatoriedad de utilizar en todo los niveles y modalidades del sistema educativo, como así también su exhibición pública en todos los organismos nacionales y provinciales, el mapa bicontinental de la República Argentina que fuera confeccionado por el Instituto Geográfico Nacional, el cual muestra el sector antártico en su real proporción con relación al sector continental e insular. Es por ello que debemos permanecer alertas. La Antártida, en ese sentido, nos ofrece una gran oportunidad: es uno de los pocos espacios donde existe una política de Estado que se ha mantenido a lo largo de cien años, un proyecto que comparten los sectores políticos, científicos y militares. Y eso no es poco.

viernes, 19 de julio de 2019

¿Quién le teme al General Hernán Pujato?

por Ricardo Luis Acebal
Fue reconocido en vida como “Ciudadano Ilustre de Diamante”, fue nombrado Comandante Honorario del Comando Antártico del Ejército y fue homenajeado por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación el 14 de agosto de 1991. ¿Por qué entonces no hay calles y avenidas, plazas, o lugares públicos que se llamen“General Hernán Pujato”? ¿Cuántas horas en un año le dedican a él en lasescuelas primarias, secundarias, terciarias y en las universidades nacionales?  En el año 2010 visité por primera vez Ushuaia. Con la inestimable compañía del coronel Valentín Ugarte recorrí la “costanera”, próxima al puerto y al ahora museo que otrora fuera la cárcel más temida por cualquiera que estuviera en situación de ser penado.  Don Ugarte me mostró los bustos que se han instalado para que todo visitante reconozca a los pioneros de la presencia del hombre en el Continente Antártico: Garlach, Sobral, Irizar, Giro Taper. Como es fácil colegir a todo argentino que recorra ese sitio le interesa la historia de esos héroes, sobre todo la de los compatriotas. Y el coronel me hizo notar que allí “falta” un busto, el del general Hernán Pujato.
La pregunta que yo hice fue ¿Quién fue Hernán Pujato? Ya que a mí nunca en la escuela primaria, ni en la secundaria y tampoco en algunos de los terciarios que he frecuentado nadie me había dicho nunca que había un héroe argentino a quien todos los argentinos (civiles y militares) le debemos la afirmación de nuestros derechos en la Antártida y que se llama Hernán Pujato.  Tampoco me había tocado pasar por una calle, una plaza, una estación de ferrocarril, un apeadero, un barrio lejano al centro, etc. que se llamara Hernán Pujato, o General Pujato…Valentín Ugarte me ilustró abundantemente acerca de ese oficial entrerriano que un día le propuso al general Perón un plan para que el Ejército Argentino fundara bases en nuestro sector antártico y entonces los científicos pudieran instalarse y hacer todas las investigaciones necesarias evaluadoras de lo que en 1949 era un misterio: ¿qué cosas útiles hay para el hombre en ese continente donde las temperaturas se miden en decenas de grados bajo cero y las tormentas vienen con vientos de hasta 300 kilómetros por hora? También me contó que Perón le dio su apoyo y lo nombró comandante de esa operación antártica. Había que hacerlo todo. No había un rompehielos y al no contar con el apoyo de la Marina de Guerra había que conseguir un buque mercante que reuniera las condiciones de seguridad para cruzar los muy peligrosos mares que separan al continente americano del antártico
Pujato seleccionó su equipo, se consiguió que la Naviera Pérez Companc suministrara un barco cobrando al Estado por todo concepto ¡un peso moneda nacional! para que, previo su acondicionamiento, se pudiera utilizar para tamaña tarea.  El “Santa Micaela” partió con toda la dotación el 12 de febrero de 1951, despedido con todos los honores por Perón y Evita. Las labores de preparación concluyeron en 1951, y el 12 de febrero de ese año el transporte patagónico Santa Micaela, propiedad de la empresa naviera argentina Pérez Companc, comandado por el capitán Santiago Farrell, zarpó con el material necesario para construir una instalación permanente en el territorio antártico. La Primera Expedición Científica a la Antártida Continental Argentina erigió el 21 de marzo la base San Martín, en la bahía Margarita, el primer asentamiento humano al sur del círculo polar antártico y la primera base científica argentina en el territorio continental antártico. A partir de la base, equipos en trineo recorrieron la zona, recabando información geográfica. En estas misiones relevaron unos 105.000 km. cuadrados, bautizando con nombres argentinos los accidentes geográficos cartografiados.   Ese mismo año, Pujato fue nombrado general de brigada y titular del recientemente creado Instituto Antártico Argentino (IAA); insistió, de acuerdo con su plan, en que éste dependiera del Ministerio del Asuntos Técnicos, no de las autoridades militares, afirmando que la tarea principal de las bases antárticas era la investigación.  En 1952 se experimentó con las comunicaciones aéreas; el 7 de febrero dos hidroaviones partieron de Río Grande, en Tierra del Fuego, y aterrizaron en la Antártida, regresando tres días más tarde. En marzo, el ARA Bahía Aguirre llevó a la base San Martín el primer helicóptero empleado para la fotografía aérea en la Antártida. En 1954, pese a los informes desfavorables, promovió la compra de un  rompehielos; finalmente se adquiriría en Alemania el rompehielo ARA General San Martín, con la intención de alcanzar el final del mar  de  Weddell. El 20 de dic. 1954 zarpó, con Pujato a bordo, con la impedimenta necesaria para instalar la base antártica Belgrano.   El 18 de enero de 1955, tras alcanzar la costa sur del mar de Weddell, se fundó ésta, la más austral del mundo en su momento. Las tareas de exploración se llevaron a cabo por tierra, empleando trineos, y por aire, con dos monoplazas traídos a tal efecto, que alcanzaron los 83º 10' de latitud sur; Pujato piloteó personalmente muchos de los vuelos de reconocimiento. El éxito le valió el nombramiento de general de división. ​  El 16 de septiembre de 1955 el Presidente Juan Domingo Perón fue derrocado y a su regreso ninguna comitiva oficial lo recibió. Las condecoraciones que Perón le había otorgado le iban a jugar en su contra, y Pujato fue llamado a comparecer por las nuevas autoridades, que lo habían sumariado. Posteriormente por decisión del gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu  pasó a situación de retiro y apartado de sus cargos.  No había podido alcanzar el Polo Sur, pero ya había encontrado quien pudiese terminar lo que él comenzó: el coronel Jorge Edgar LealSeis años más tarde, en momentos en que Pujato se alejaba para siempre de las bases antárticas, llegó para hacerse cargo de la Base Belgrano el entonces mayor Jorge Edgard Leal. Este salteño sería quien cumpliría en 1965 el sueño incumplido de Pujato: arribar por tierra al Polo Sur.  Esta historia es apasionante, no solo por las hazañas y los “records” que estos héroes protagonizaron y obtuvieron jugándose sus vidas, sino porque nos demuestra que con espíritu sanmartiniano como el de Pujato podemos enfrentar cualquier desafío. Con inteligencia, con patriotismo (que significa hacer lo que se hace pensando en TODOS los que conformamos la Patria y no solo en un individuo y/o un sector minoritario de la sociedad) y con la fe y el optimismo imprescindible, que le dan valor cero a expresiones como “no se puede” o a palabras como “bajón”.  Fue reconocido en vida como “Ciudadano Ilustre de Diamante”, fue nombrado Comandante Honorario del Comando Antártico del Ejército y fue homenajeado por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación el 14 de agosto de 1991. ¿Por qué entonces no hay calles y avenidas, plazas, o lugares públicos que se llamen.   Con sus años y toda su experiencia a cuestas y a fines de no molestar, obligando a su cuidado a su familia, el General Pujato decidió internarse en el Hospital Militar de Campo de Mayo, allí ocupó hasta su muerte una humilde y sencilla habitación. Recibía a sus amistades con una bata de la Institución. Donó sus salarios de militar retirado a ese Hospital para contribuir a su manutención y no causar erogaciones al estado. Quienes lo atendían y los que lo visitaban gozaban de su sabiduría y le pedían que les relatara sus acciones antárticas a lo que jamás se negó.  Recibió el reconocimiento de sus conciudadanos en vida.  Falleció a los 99 años de edad en el Hospital Militar de Campo de Mayo. Sus restos fueron llevados a la Antártida, y descansan en el islote Bárbara, cercano a la Base San Martín.   “General Hernán Pujato”? ¿Cuántas horas en un año le dedican a él en las escuelas primarias, secundarias, terciarias y en las universidades nacionales? En otras palabras ¿qué se hace efectivamente para que el pueblo argentino tenga aunque sea una mínima idea sobre lo realizado por este patriota argentino del Siglo 20? ¿Acaso esta muestra de “ninguneo” se debe a que para el “poder económico” que domina nuestro país el ejemplo de honestidad, desinterés y entrega hacia la comunidad nacional dado por este patriota es mejor mantenerlo lo más en secreto posible? ¿Quién le teme al general Hernán Pujato?