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viernes, 26 de julio de 2024

CONFESIONES DE UNA MASCARA_ JOSÉ LUIS MUÑOZ AZPIRI Y JULIO R. OTAÑO

Una linda charla sobre los orígenes del Instituto Rosas; el pueblo de Santos Lugares de Rosas, las corrientes historiográficas y la vuelta de obligado entre otros temas. Gracias pepe por la Invitación.....

 

martes, 10 de mayo de 2022

Panel Homenaje a los Miembros del Cuerpo Académico del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas, fallecidos

Por Claudia Alejandra Heredia

En el día de ayer se realizó un sentido homenaje a los Miembros del Cuerpo Académico y amigos del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas fallecidos en los últimos años. Se contó con la presencia de familiares y amigos a quienes fueron dirigidas emotivas palabras de recuerdos y anécdotas personales que nos permitieron, a quienes no tuvimos el placer de conocerlos personalmente, tener un acercamiento a sus ideas y trayectorias , despertando la inquietud y el deseo por profundizar en su obra y transmitirla. Fueron los oradores el Presidente del Instituto Nacional Dr. Alberto Gelly Cantilo quien dedicó unas palabras sobre los historiadores Omar Kraiker, Antonio Testa y para finalizar su experiencia personal como amigo del Prof. Jorge Oscar Sulé. Seguidamente, el Dr. Carlos De Santis se refirió al Profesor Carlos Barbera, fallecido a los 94 años. El Licenciado José Luis Muñoz Azpiri (H) hizo lo propio con el Licenciado Héctor Alberto Flores; el Dr. Julio R. Otaño, con notable orgullo y emoción, compartió con los presentes su experiencia como alumno del Profesor Dr. Arturo Pellet Lastra, finalizando su exposición con unas palabras de reconocimiento al mencionado historiador Jorge Oscar Sulé, y un especial agradecimiento a la generosidad de sus familiares, quiénes donaron su biblioteca personal a los Institutos Nacional de Investigaciones Juan Manuel de Rosas y de San Martín, cumpliéndose su voluntad de ser aprovechada por las futuras generaciones.














lunes, 28 de febrero de 2022

"Los funerales de la Argentina federal"

 Por Pepe Muñoz Azpiri

        "Como órgano del pueblo y de la multitud popular, el caudillo es del tipo opuesto al militar, que es por esencia órgano del gobierno, de quien siempre depende.

            El caudillo supone la democracia, es decir, que no hay caudillo popular sino donde el pueblo es soberano, mientras que el militar es de todos los gobiernos, y especialmente del despótico y monárquico. 

 

            El caudillaje que apareció en América con la democracia, no puede ser denigrado por los que se dicen partidarios de la democracia, sin el más torpe contrasentido (...)"

 

                                                                                   Juan Bautista Alberdi

 

Desde la aparición en el escenario universal de nuestra nación como nación independiente, coexisten dos proyectos de país antagónicos. Tanto en el plano político como económico, dos realidades se enfrentaron sangrientamente. Esta contradicción subsiste hasta el día de hoy. "La división argentina, no es política, es geográfica, no son dos partidos, son dos países" reflexionó amargamente el tucumano Juan Bautista Alberdi, al analizar el federalismo de los caudillos y la política unitaria de los grupos portuarios.

            Buenos Aires desarrolló un modelo hegemónico, basado en una burguesía mercantil, con el propósito de establecer un modelo librecambista que favoreciera su crecimiento económico. Su sustento ideológico era el racionalismo de la ilustración, las "luces" de la "civilización" que llegaban de Europa, a las cuales el país debía amoldarse. Esta teoría ahistórica del "progreso indefinido" fue impuesta al resto del país mediante bayonetas y expediciones punitivas. Se pretendió encajonar a la Argentina es esquema teóricos importados "en la filosofía sensualista de Condillac - decía José María Rosa - la ética utilitaria de Bentham, el liberalismo constitucional de Constant" como si la realidad histórica de un país se desarrollara en base a postulados predeterminados.

            Este fue un esquema de país, el puerto importador de manufacturas y la pampa productora de materia prima. La "granja próspera", la factoría "elegante" para la cual el resto del país no importaba

            La otra realidad fue el país real, el interior, cuyo incipiente desarrollo artesanal ya sufría la retracción económica producida por la apertura a las mercaderías británicas decretada por la administración borbónica.

            Su concepción de nacionalidad era telúrica, basada en el arraigo a la tradición de las antiguas comunas castellanas (Patria es el lugar donde se nace) y, en consecuencia, diametralmente opuesta a las concepciones intelectuales de los cenáculos portuarios.

            "El tema del espacio fue siempre vital para los federales. Parecían condicionados por definiciones geopolíticas precisas, - comenta Marcelo R. Lascano - animados por la previsión enunciada por Montesquieu. El espacio es destino, según el pensador, luego el alma de una nación cambia en la misma proporción en que su extensión aumenta o disminuye, en que se ensanchan o se estrechan sus fronteras"

            La rapidez con que, después de Caseros, se aprueban los tratados suscriptos el 10 de julio de 1853 con Gran Bretaña y Francia sobre libre navegación de los ríos demuestra, inobjetablemente, que el espacio para los unitarios jamás constituyó una prioridad nacional, como lo fueron las definiciones estratégicas de Chile y Brasil para circunscribir la cuestión a la región.

            En 1835, tres caudillos se destacaban en el país: Facundo Quiroga, asentado en el Norte y Cuyo, Estanislao López en el Litoral y Córdoba y Juan Manuel de Rosas en la provincia de Buenos Aires.

            Tanto Rosas como Quiroga y López representaban la oposición al "progreso", no por la supuesta barbarie con la que los estigmatizó Sarmiento, sino porque advertían que tras el romanticismo de los salones literarios y las declamaciones de los apologistas del libre cambio, se agazapaba la injerencia de los intereses foráneos.  trascendía el marco de la patria chica y se insertaba en un contexto continental. La concepción política de los caudillos (que en carácter de tal constituían la expresión máxima de la democracia) trascendía el marco de la patria chica y se insertaba en el contexto continental. Al igual que José de San Martín, se llamaban a sí mismos "americanos" pues subsistía en ellos el espíritu de unidad de la antigua anfictionía hispánica.

            Lejos de lo que la falsificación histórica del liberalismo ha difundido, el período de la Confederación Argentina constituyó no solo un proyecto de desarrollo (Ley de Aduanas de 1835, Banco de la Provincia de Buenos Aires, Ley Agraria, desarrollo de manufacturas, etc.) sino también de afianzamiento de la unidad nacional y desarrollo de la cultura. Al respecto, basta la lectura de la "Carta de la Hacienda e Figueroa" del propio Rosas y los trabajos del maestro Fermín Chávez sobre la cultura durante el predominio federal.

            Al contrario, la enunciación y los métodos de los partidarios del iluminismo adquiría, a veces, visos de ingenuidad y desconocimiento de la realidad americana y en otras oportunidades se revestía de racismo y metodologías terroristas que hubieran espantado a os mismos protagonistas de la Revolución Francesa. Un testigo de la época, refiriéndose a Sarmiento lo describe diametralmente diferente al retrato de la mitología liberal:

             "El Sr. Sarmiento, que tanto se jacta de imitar a los norteamericanos, parece inspirarse más bien en las ideas de Rosseau que de Jefferson: Es partidario de la intolerancia política, es un inquisidor, un Robespierre, un Torquemada político. Es Un civilizador a cañonazos bayonetazos" ( Alejo Peyret, "Cartas sobre la intervención a la provincia de Entre Ríos", publicadas con el seudónimo "Un extranjero". Buenos Aires.1873).

            El 3 de febrero de 1852, con la derrota nacional de Caseros, se derrumbó el gran proyecto de la Confederación. El aparato político forjado por Juan Manuel de Rosas, bajo la advocación del federalismo, que había constituído la génesis de un Estado Nacional es desmantelado por constitucionalistas exasperados que ya habían colaborado con las intervenciones anglo-francesas desde Montevideo. Paradójicamente, el mal llamado "Período de organización nacional" se transforma en el de la desorganización nacional. Nuevamente Buenos Aires por un lado y el resto del país por el otro, la tajante opción de civilización o barbarie creada por Sarmiento impedía establecer un diálogo entre provincianos y porteños.

            Bartolomé Mitre - hombre clave del unitarismo en la década del 60 - tras la defección de Urquiza en Pavón, asume las riendas del país. Su gobierno se caracterizará por el absoluto control de nuestra política exterior por parte del Imperio Británico, por el brutal sometimiento y represión en las provincias y por la cruenta guerra de la Triple Alianza.

            El aislamiento del Paraguay, iniciado por Gaspar Rodríguez de Francia y continuado hasta Francisco Solano López había evolucionado a un estado autártiquico que transformó a la nación guaraní en generadora de manufacturas y bienes artesanales.

            El Paraguay construyó arsenales y astilleros, flotas fluviales y de ultramar, telégrafos, fábricas de pólvora, papel. loza, azufre y tintes. Estableció fundiciones en Ibicuy para el tratamiento de carbón de madera y mineral de hierro. Desarrolló el primer ferrocarril de América del Sur. Alcanzó un alto grado de alfabetización y monopolizó en manos del Estado el comercio exterior. Es decir, estableció un modelo de nación independiente, absolutamente inverso al nos impuso posteriormente la celebrada generación de 1880. En consecuencia, y más allá de su cuestionable autoritarismo y sistema dictatorial, la dirección elegida en el terreno económico constituía un ejemplo peligroso de imitar por las naciones vecinas. Su proceso de desarrollo independiente desarticulaba la política comercial británica, que necesitaba imperiosamente de mercados externos para colocar los excedentes del maquinismo industrial. Sin la existencia de la India y de las naciones hispanoamericanas como mercados de consumo, el desarrollo capitalista de Inglaterra hubiera sido imposible.

            Mitre, fiel representante de los intereses británicos, elaboró una política de provocaciones que culminó en la guerra del Paraguay. No tuvo escrúpulos en declarar públicamente sus razones:

             "Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña, a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptos en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor felicidad de los hombres"

 

Miles de argentinos regaron de sangre las trincheras y los esteros paraguayos para que los obreros de Manchester y Liverpool no perdieran sus fuentes de trabajo, al igual que hace cuarenta años los soldados se congelaban en las turberas de Malvinas mientras los representantes de la Trilateral Commission regían el destino económico del país.

En nombre de la civilización; Brasil, con sus cuatro millones de  esclavos y la Argentina, que degollaba a las montoneras en las provincias, arrasaron con el último proyecto americano de envergadura. Semejante crimen histórico, en el que los "voluntarios" debían ser enviados engrillados al frente de batalla, fue resistido por los últimos representantes de la Argentina Federal: Ángel Vicente Peñaloza - el Chacho - Felipe Varela y Ricardo López Jordán.

            Es inexacto que redujeron el país a mezquinas concepciones localistas. Estos caudillos se levantaron por la unidad nacional y americana, no contra ella. Constituyeron el último resplandor de la memoria orgánica de la América Hispana otrora unida y ya descuartizada. Sus manifiestos aún resultan proféticos.; Felipe Varela, en 1863, durante la inauguración de la Sociedad de la Unión Americana en Sucre, proclamó:

 

            "¡Si, señores! Ambas aves cuentan numerosas victorias, ambas son el emblema de la gloria, pero hay una diferencia. Cuantas veces el águila imperial remontándose a las alturas, ha tendido la vista sobre el hemisferio, ha sido solo para divisar donde hay un pueblo indefenso que desgarrar. Al contrario, cuantas veces el cóndor republicano, desde las cumbres de Los Andes ha tendido su vista sobre el continente, solo ha sido para ver donde hay un pueblo oprimido que liberar. El águila es el representante del pasado y el cóndor es del presente y el provenir; aquel anuncia conquistas, éste libertad. El águila representa la usurpación y el cóndor el derecho".

 

            ¿Era este el pensamiento de la anarquía y el atraso? ¿Era éste el testimonio de la barbarie? Tal vez, si consideramos que en los países periféricos determinados conceptos deben considerarse a la inversa del significado que le atribuyen las usinas centrales que las emiten. La "barbarie montonera se transformó posteriormente en la "chusma radical" y el "aluvión zoológico" peronista. Alem fue "el hijo del mazorquero", Yrigoyen el paladín de la chusma y Perón el "tirano depuesto", el "gran corruptor", categorías que en el leguaje político de la oligarquía se aplican a quienes representan las luchas de los pueblos por su autoconciencia.

           

 

 

                                                                                               Pepe Muñoz Azpiri.

 

jueves, 10 de febrero de 2022

22 de Febrero, Día de La Antártida Argentina

Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

Este es un homenaje a todos nuestros compatriotas que con esfuerzo y sacrificio han estado o están ahora, ejerciendo soberanía en la Artántida por 121 años. Un enorme abrazo a los integrantes de la Dotaciones de Base Marambio, Matienzo, Brown, Orcadas, Melchior, Petrel, Sobral, entre otras.  El polo Sur es un lugar solitario. En todas las direcciones se dilata un escenario de absoluta desolación, una extensión plana de hielo y nieve barrida por los vientos, cegadoramente blanca bajo el claro verano del Ártico, envuelta en la sombra impenetrable durante la larga noche antártica. Repelente. Inhóspita. Y desafiante.  No obstante, cuando en julio de 1816 nuestro país declaró la independencia de España, se constituyó de hecho en heredero de esos territorios que correspondían a la Madre Patria, dentro de los límites del Virreinato del Río de la Plata y que llegaban hasta el mismo Polo Sur en virtud de las Bulas Intercaeteras del año 1493 y el Tratado de Tordesillas.  


Casi todo el siglo XIX sólo conoció expediciones de aventureros y cazadores de focas en las islas Shetland y continente antártico entre los cuales los foqueros del Río de la Plata (a bordo del “Espíritu Santo”, “San Juan Nepomuceno” y otros) estuvieron allí antes que los europeos y norteamericanos (William Smith, Bellingshausen y Palmer) se atribuyeran el descubrimiento. Es decir, que lo que hoy consideramos como Sector Argentino de la Antártida, y lo fue desde que la patria nació y no necesita otra fundamentación por más que las haya y en abundancia.  Recién a fines del siglo XIX y comienzos del XX se reavivó el interés sobre el Sexto Continente que había sido previamente abandonado con el exterminio del codiciado lobo de dos pelos o foca peletera, con la instalación de un faro y un observatorio en la isla Observatorio del grupo Año Nuevo en 1901 y la intervención del alférez Sobral en la expedición del Dr. Nordenskjöld durante 1901 a 1903. Y allí nuevamente la Argentina, pese a ser un país de recursos limitados, sin los medios con que contaban otras poderosas naciones, estuvo presente en 1903 con la corbeta Uruguay, comandada por el entonces teniente de Navío y luego vicealmirante Julián Irízar, para rescatar la expedición sueca del nombrado Nordenskjöld que debió invernar forzosamente al ser destruido su barco Antartic. De esta manera, nuestro país efectivizó su participación en la gran Expedición Antártica Internacional. Un año después, el 22 de febrero de 1904, se izó la bandera nacional en la estación meteorológica de la isla Lauría, del grupo de las Orcadas del sur, ubicadas dentro del área considerada y comenzó así, la ocupación permanente más antigua en la Antártida de nación alguna, reafirmándose nuestra vocación de ejercer soberanía sobre lo que nos pertenecía. Durante 40 años fue ésa la única base permanente, recién en 1944 Inglaterra inauguró Faraday.   Al mismo tiempo que el observatorio, empieza a funcionar allí la primera estafeta postal antártica y en 1927 la primera estación radiotelegráfica oficial. En 1907 la Oficina Meteorológica Nacional establece otro observatorio meteorológico en Grytviken, Georgias del Sur. Durante esos años la corbeta Uruguay mientras realiza el relevo de las dotaciones de Orcadas y busca a la expedición de Charcot en las Shetland del Sur en 1905, efectúa levantamiento hidrográficos y trabajos específicos que darán lugar a la publicación en 1916 de la primera carta náutica argentina del Antártico, a las que siguieron otras de años posteriores; estas cartas, los faros y señales establecidas por nuestra marina de guerra en todo nuestro sector, fueron valiosas ayudas para los navegantes de todo el mundo que surcaron las rutas australes, con la seguridad que le ofrecían los datos meteorológicos de Orcadas.  En 1948 se incluye en la jurisdicción de la autoridad del Gobernador Marítimo del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, el Sector Antártico Argentino y las Islas del Atlántico Sur. Para esa fecha ya funcionan dos destacamentos navales argentinos en el Sexto Continente, Melchior y Decepción, y en 1951 la Primera Expedición Científica a la Antártida Continental Argentina funda la primera base en aquel continente bautizada General San Martín, gracias al tesón y la voluntad inquebrantable de un militar visionario: el general Hernán Pujato. Este soldado memorable fundó, asimismo, el Instituto Antártico Argentino, primera institución Científica del mundo dedicada exclusivamente a las investigaciones antárticas. El Instituto Antártico tiene una base permanente, Jubany, establecida a fines de 1953 en la isla 25 de Mayo, de las Shetland del Sur. El 29 de octubre de 1969 se fundó la Base Marambio. Y el 11 de abril de 1970 aterrizó allí el primer avión Hércules C-130. Aún en los peores meses de invierno, el Hércules C-130 va y viene de Marambio, es que en esa base existe una pista de aterrizaje de tierra compactada, de 1.20 kilometros de longitud y 40 de ancho, que permite el arribo de aviones con tren de aterrizaje convencional, es decir, con ruedas,. Entre las bases antárticas y Marambio se realizan vuelos con el DHC-6 Twin Otter, un avión que utiliza esquíes con lo que puede descender sobre el hielo. Durante la campaña de verano, se usan también helicópteros Bell 212 entre los campamentos científicos, las bases, Marambio y el eventual rompehielos que reemplaza momentáneamente al malogrado Irízar.   El 1° de diciembre de 1959 se firmó el Tratado Antártico, que entró en vigor el 13 de junio de 1961. Los países signatarios originales fueron la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Sudáfrica y la Unión Soviética.   Básicamente el tratado compromete a las naciones a no utilizar al continente para otros fines que no sean de investigación científica y cooperación internacional, y prohíbe toda forma de contaminación o de actividad bélica. Un acuerdo firmado en Madrid en 1991 complementa este tratado y consagra a la Antártida como “reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia.”    Sin embargo, a cuarenta años de la guerra de Malvinas, Gran Bretaña ya reclama el control soberano de casi un millón de kilómetros cuadrados del lecho marino encuadrado dentro de la porción del continente antártico hoy reivindicada por nuestro país. Cabe recordar que con fecha 20 de octubre de 2010 el Honorable Senado de la Nación Argentina sancionó la Ley N° 26651, que establece la obligatoriedad de utilizar en todo los niveles y modalidades del sistema educativo, como así también su exhibición pública en todos los organismos nacionales y provinciales, el mapa bicontinental de la República Argentina que fuera confeccionado por el Instituto Geográfico Nacional, el cual muestra el sector antártico en su real proporción con relación al sector continental e insular. Es por ello que debemos permanecer alertas. La Antártida, en ese sentido, nos ofrece una gran oportunidad: es uno de los pocos espacios donde existe una política de Estado que se ha mantenido a lo largo de cien años, un proyecto que comparten los sectores políticos, científicos y militares. Y eso no es poco.

sábado, 30 de octubre de 2021

jueves, 30 de septiembre de 2021

La Batalla de la DIGNIDAD

por José Luis Muñoz Azpiri (h)

El principal episodio bélico de la intervención anglo-francesa de 1845 fue la batalla de la Vuelta de Obligado, empeñado en el Paraná el 20 de noviembre de 1845, a los pocos meses de haberse roto las hostilidades. La victoria favoreció a los invasores. Los cañones atacantes eran de mayor alcance que las baterías patriotas y transformaron el combate, durante algún tiempo, en una carnicería impune. Los primeros defensores murieron en las barrancas cantando el Himno Nacional; los últimos, faltos ya de municiones, tras ocho horas de combate, cayeron contraatacando a las tropas de desembarco. Fue el episodio más heroico y más dramático de la historia argentina. José de San Martín, telamón de la patria, escribió a Rosas desde Europa, al conocer el denuedo de la jornada: “Los interventores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca…. Es contienda es en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.

       Florencio Varela y otros iniciadores de la tradición autolesionista que aún nos aflige, saludaron como un triunfo de la civilización la derrota y el luto de Obligado. Sin embargo, debieron confesar que nunca, desde la paz napoleónica, la “Grande Paix”, como se decía entonces, los ingleses y franceses habían hallado tal resistencia ante un ataque armado. En nombre de los argentinos expatriados en el Uruguay, Varela había viajado precisamente a Europa para solicitar la intervención armada contra sus compatriotas, ofreciendo en pago la creación de un Estado mesopotámico libre que mantendría vínculos comerciales directos con Londres, a través de los ríos liberados.

       El 28 de septiembre de 1845 los almirantes de las escuadras interventoras Inglefield y Lainé bloquearon los puertos y costas de la provincia de Buenos Aires y se dispusieron a abrir a cañonazos la navegación del Paraná, para llevar auxilios a Corrientes, aliada de Montevideo, y en guerra, a la sazón, contra Buenos Aires. Era deseo de éstos franquear por la fuerza una vía libre hacia el lejano Paraguay, especie de Eldorado para la imaginación europea de aquel entonces. Las naves extranjeras recorrían ya a título de soberanas las aguas del río Uruguay y habían conseguido ocupar con mercenarios italianos la isla de Martín García, llave de los ríos, además de asaltar e incendiar a Gualeguaychú – repugnaba a los ingleses saquear en persona a sus connacionales que eran dueños del comercio -, cosechando un botín de decenas de miles de libras.
“Who by murder earn their bread and by robbery
British lads so sharp and keen
Gringos too, so base and mean
To count the money yet unseen and shame defy”
(¿Quiénes mediante el crimen y el robo ganan su pan con el escándalo y la vergüenza? 
Pues jóvenes británicos, ladinos y ansiosos, junto con gringos tan bajos y ruines como para contar las monedas de un botín que todavía no ha caído en sus manos).
Esta letrilla apareció publicada en el “British Packet” del 14 de febrero de 1846.
       Rosas se propuso detener o entorpecer el avance de las fuerzas navales aliadas a través del Paraná y con tal propósito, ordeno emplazar una treintena de cañones, en baterías improvisadas, en la Vuelta de Obligado, punto del distrito bonaerense de San Pedro donde el río tiene una anchura de unos ochocientos metros y forma un codo acentuado, en dirección norte, muy difícil de remontar con la navegación a vela. Dispuso, a la vez, tender de costa a costa una cadena sostenida por veinte lanchones, botes y chatas, no tanto con el propósito de que sirvieran de obstáculo al paso de los barcos enemigos cuanto para demostrar simbólicamente que la llave de los ríos era argentina y sólo podría manejarla el extranjero mediante el uso de la violencia.

       La escuadra invasora, fuerte de diez barcos, cuatro de ellos vapores, armada con cien cañones y proyectiles novísimos, como el obús “Paixhan”, protegía un convoy de noventa naves, organizado en Montevideo para transportar artículos comerciales y pertrechos y armas a Corrientes y el Paraguay. El río debía abrirse por la fuerza, conforme a órdenes recibidas por el capitán Charles Hothman, jefe, en la ocasión, de las fuerza inglesas, y R. Tréhouart, de las de Francia. En la antevíspera del encuentro, el general Lucio Mansilla, héroe de la independencia y hermano político de Rosas que comandaba la defensa del paso, redactó una arenga de tono encendido y contenido preciso, en la recordaba que “los insignificantes restos de salvajes unitarios que han podido salvar de la persecución de los victoriosos ejércitos de la Confederación y Orientales Libres en las memorables batallas de Arroyo Grande, India Muerta, y otras… han procedido infame y brutalmente y son el origen de la intervención armada con que los marinos de Francia e Inglaterra vienen navegando las aguas del Gran Paraná, sobre cuyas costas estamos para privar la navegación bajo de otra bandera que no sea la nacional”.
       La locución señalaba con exactitud el origen de la intervención, la doctrina de los ríos y el deber del patriotismo nacional.

       Se repetía la historia de Trafalgar, donde las naves españolas eran cazadas y hundidas a distancia por bocas de fuego de mayor alcance. Después de ocho horas de rudo cañoneo, cuando las granadas aliadas habían producido una horrorosa mortandad y no quedaban ya proyectiles a la defensa, ésta última cedió y la marinería inglesa desembarcó en la costa. Los atacados, con su jefe a la cabeza cumplieron entonces “un último y desesperado esfuerzo”, según el corresponsal de guerra de “El Nacional” de Montevideo que fue testigo del encuentro. El general Mansilla, resuelto evidentemente a no sobrevivir al desastre, encabezó un ataque a la bayoneta y cayó herido en el vientre, por una granada, antes de poder superar la barrera de proyectiles. Prácticamente todos los defensores de las baterías murieron en sus puestos, inclusive varias mujeres cantineras que se negaron a abandonar a sus esposos, hijos o hermanos al iniciarse el bombardeo. El río, la costa, el talud, la barranca, el monte, se transformaron virtualmente en un cementerio de cadáveres insepultos.
       El parte del almirante aliado rindió involuntariamente testimonio del heroísmo de los defensores al declarar: “Siento vivamente que esta gallarda proeza se haya logrado a costa de tal pérdida de vidas – se refería a las bajas del atacante -; pero, considerada la fuerte posición del enemigo y la obstinación con que fue defendida, debemos agradecer a la Providencia que no haya sido mayor”.

       Por la mañana se efectuó un nuevo desembarco con participación de la infantería de marina francesa, la cual conquistó algunas banderolas que se alzaban al frente de las tiendas y fueron exhibidas hasta no hace mucho, como trofeo de guerra, junto al sepulcro de Napoleón, en París, y llevó prisioneros a un sargento semimoribundo y varias mujeres heridas. Un cuadro dantesco se descubrió ante uno de los oficiales que pisó tierra: “Nuestros hombres vieron más de quinientos cadáveres; el sitio estaba completamente cubierto de muertos, gran número de los cuales yacía hecho trizas por efecto de las bombas”, el mismo testigo calculó que el número de heridos superaba el millar.
       La escuadra prosiguió su avance hacia el Norte. Al llegar a San Nicolás, en el paso del Tonelero, fue cañoneada nuevamente, esta vez con éxito, y el bombardeo se repitió en san Lorenzo, frente al campo de batalla de San Martín. Toda la ribera, hasta el río Paraguay, se mostró hostil a los invasores; día a día resonaba la metralla entre el juncal y los talas. La operación comercial resultó un “fiasco” clamoroso en Corrientes y Asunción, donde Hotham y sus intérpretes se esforzaron en demostrar inútilmente que los ríos quedaban abiertos a la navegación; pero, ¿quién habría de arriesgarse a mantener y solventar un tráfico que necesitaba, para sostenerse, del apoyo de toda una flota de cien cañones?
       Al fracaso comercial se unió, posteriormente, el militar. Al pasar la armada de vuelta, por Quebracho, la fuerza de Mansilla le disparó mil cuatrocientos cañonazos y más de veinte mil tiros de fusil, consiguiendo desorganizar el convoy e incendiar siete barcos, con las únicas bajas de un muerto y cuatro heridos. Para entonces Urquiza derrotaba en Laguna Limpia a la vanguardia correntina del general Paz, director de la guerra contra Rosas, que había firmado un convenio secreto con el Paraguay, mediante el cual se comprometía a despojar a Corrientes de parte de su territorio a cambio de diez mil soldados.
La escuadra encontróse de retorno en Montevideo, al año de la partida, diezmada por el hambre, el fuego, el escorbuto y el desaliento producido por el fracaso de la operación comercial. A partir de entonces, ni una sola barca se atrevió a remontar los ríos.
       La consecuencia más importante de la batalla de Obligado y encuentros conexos, según asegura un estudioso norteamericano, fue exaltar el patriotismo del pueblo argentino hasta un grado sin precedentes, pues, como dijo San Martín, “todas las facciones se unieron para oponerse a los extranjeros que trataban de desmembrar el país.”
       La batalla se libró en 1845, el mismo año de la aparición del “Facundo” y la instalación del primer molino de harina y primer alambrado. Las fuerzas nacionales defendieron el principio de la soberanía de los ríos, actualmente reconocido por el derecho internacional y aplicado en la jurisdicción del territorio bajo su dominio. Fue un combate librado contra un enemigo externo, que hizo declarar al Libertador su estupor, al no poder concebir “que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria… Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”, a las órdenes de un guerrero de la Independencia, que comandaba tropas del ejército y la armada y de los partidos del norte de la provincia. La batalla no resultó un triunfo, pero si la guerra de la cual Obligado fue el episodio culminante: Mansilla y San Pedro ganaron, en realidad, la Guerra del Paraná. En tal modo debemos festejar esta guerra como una victoria argentina ¿No se celebran acaso como fastos nacionales la campaña paraguaya de Belgrano y el triunfo de Mitre sobre López, al recordar las gloriosas derrotas de Tacuarí y Curupaytí?

       La guerra de 1845 terminó, en efecto, con las victoriosas convenciones Arana-Southern y Arana-Lepredour, por las cuales el invasor reconocía los derechos argentinos y se comprometía respetarlos en lo sucesivo, saludando con 21 añonazos la bandera adversaria. Los triunfos argentinos en los combates de San Lorenzo, Quebracho y Costa Brava, a más de la gran victoria moral de Obligado y la inteligente guerra diplomática empeñada por el canciller Arana, decidieron ese resultado.
       Al igual que en Malvinas, esperemos que ese grito de “O juremos con gloria a morir”; que aún sobrevive en esas voces acalladas por la metralla injusta y cuyo eco decidiera la guerra de Obligado y Malvinas, concite el sentimiento patriótico argentino en este nuevo aniversario de la batalla y borre con el oportuno desagravio el trazado de la infausta política del “realismo periférico” que no hace mucho ha injuriado los sepulcros y la memoria de nuestros muertos.

 

sábado, 22 de agosto de 2020

"Extremos"

 por José Luis Muñoz Azpiri (Buenos Aires. Argentina)

“Todo lo que es exagerado es insignificante.” Charles Maurice de Talleyrand
La Argentina es un país de extremos, en un suspiro pasamos de desmantelar el monumento a Colón a pedirle disculpas al abdicado Rey (ya en Retiro Efectivo) por declarar la independencia en el exacto día que se conmemoraba el bicentenario de su nacimiento como nación independiente. Un país que sin solución de continuidad viró de un altisonante y provocador antiimperialismo de sobremesa a un realismo y pragmatismo que suena más a la resignación de la derrota o la conveniencia colaboracionista de los traidores y perduellis, que en estas pampas solemos denominar como "cipayos". No obstante, se porfía sin solución de continuidad, en recitar el mantra de la Leyenda Negra, acompañado por carnestolendas de supuestos integrantes y representantes de los "pueblos originarios" que han surgido en las últimas décadas como una lluvia de meteoritos, por su número y por su súbita aparición en una sociedad donde siempre se los consideró "criollos".
Esta novedosa etimología fantástica que últimamente de impone con singular rigor, nos tiene particularmente hartos. La definición “políticamente correcta” de “pueblos originarios, implica un contrasentido, dado que según los iletrados que la utilizan (que van desde las más altas magistraturas hasta los militantes del común), aborigen significaría “sin origen”. Ab es preposición latina que significa “desde”, es decir, aborigen es el que está desde los orígenes, ya sean habitantes, plantas o animales. Las llamas eran aborígenes, pero las vacas no, por ejemplo.
Los romanos llamaban aborígenes a los primeros habitantes, prerromanos, de Italia y consideraban esta palabra equivalente a indigenae (etimológicamente “nacidos u originarios del lugar”) y al griego autóchthones (”de la tierra misma”). Ahora se les ha dado por hablar de pueblos originarios, creo que por “corrección política”, de la misma forma que el eufemismo de “matrimonio igualitario” para parejas del mismo sexo, o “carenciado social” para las personas en situación de marginalidad, pues no entienden que significa aborigen y les parece que indígena tiene una connotación despectiva (lo relacionan erróneamente con indio, palabra que etimológicamente no tiene nada que ver). Y como suele suceder en estos casos, el remedio es peor que la enfermedad, porque el adjetivo originario necesita una indicación del lugar, y los inmigrantes y sus descendientes también son originarios de un lugar, aunque el lugar sea otro.
Pero la insistencia en su utilización no responde solo a un criterio equivocado, a un moda pasajera o a la frívola necesidad de aparentar ser novedosos (costumbre bastante extendida en ciertos escribas e intelectuales avante la lettre de las orillas del Plata), sino que reconoce un origen más remoto. Destacaba Fermín Chávez, cuya fisonomía distaba mucho de ser la de los personajes del Conde de Gobineau que "En la primera mitad de 1825 llegó a México un yanqui cuarentón, oriundo de Carolina del Sur, nombrado primer embajador estadounidense ante la República hacía dos años proclamada. Se llamaba Joel Roberts Poinsett y tendría mucho que hacer en el flamante Estado. No bien llegó se dedicó a crear logias nuevas, afiliadas al rito masónico de York, para oponer a las probritánicas existentes. Pero el acto más llamativo del diplomático tuvo lugar durante la primera recepción que ofreció en su Embajada, hizo colocar en un extremo del salón el retrato de Moctezuma. Y a partir de allí dicho agente fue alentando el indigenismo como impulso e política antihispánica y anticatólico, con el fin de ocupar ideológicamente el espacio cultural vacío que la ruptura de la continuidad histórica provocaría."
La inteligencia anglosajona y protestante (la misma que hoy opera desde la CIA y ciertas ONGs europeas) había hallado una tesis adecuada que jamás abandonaría hasta el presente ¿Fue un hallazgo y una originalidad? En modo alguno, la "Leyenda Negra" fue concebida como una serie de leyendas, manipulaciones y medias verdades sobre la historia de España. En su versión más extrema - que en los últimos tiempos y en particular en la península Ibérica por esa aberración de llamar "Nacionalismos" a particularismos sin consistencia histórica - la leyenda ve a los españoles, principalmente a los castellanos y a veces por extensión a los hispanos en general, como fanáticos religiosos crueles y sin escrúpulos y como oscurantistas contrarios a la ilustración, a las ciencias y a la verdad. En principio fue una reacción al poder imperial español del siglo XVI y a la amenaza que representaba para las demás naciones europeas, sobre todo Gran Bretaña. Lo que distingue a la Leyenda Negra de otras - larga es la historia de la infamia - es tanto su extensión e influencia como su persistencia en el tiempo. Una leyenda que, curiosamente, no es imputada - o si lo es, atenuadamente - a Portugal, nación católica también, pero que nunca fue fuente de debate enardecido como su vecina en la península. En Portugal actuó la inquisición, también fueron expulsados los judíos, la esclavitud fue más importante que en las colonias españolas, hubo conquistadores violentos como Alfonso de Albuquerque y gobernantes brutales como Men de Sá. La única explicación que encontramos a esta suerte de memoria histórica hemipléjica es la larga amistad, por no decir alianza, entre los ingleses y lusitanos, contubernio que se hizo evidente en el siglo XX en el enfrentamiento entre las naciones "autoritarias" (Alemania, Italia, España) con las "democráticas o parlamentarias" (Gran Bretaña, Francia) mientras Portugal, gobernado férreamente por Antonio Oliveira Salazar, permaneció en un limbo hasta la denominada "Revolución de los Claveles". La tesis tuvo fortuna en el México de Benito Juárez y de los liberales que hicieron suya la estrategia "poinsetista", y después también en el México de la Revolución, en su etapa final, con burgueses progresistas de la talla de un Diego Rivera, cuyos murales bajan línea anticolonial y antiespañola, pro no antianglosajona, puesto que en ellos el imperialismo yanqui prácticamente desaparece. Y es coherente, si nos atenemos a los criterios de su maestro y profeta político:
"En América hemos presenciado la conquista de México, la que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país semejante sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. Es en interés del desarrollo de toda América que los Estados Unidos, mediante la ocupación de California, obtienen el predominio sobre el Océano Pacífico". [Engels. Del artículo "Die Bewegungen von 1847", publicado el 23 de enero de 1848 en la Deutsche Brüsseler Zeitung. MEW, t. IV, p. 501.] Tomado de Karl Marx, Friedrich Engels, Materiales para la historia de América Latina, Cuadernos Pasado y Presente, Siglo XXI Editores, 1980,
"¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella? ; ¿lo es que los enérgicos yanquis, mediante la rápida explotación de las minas de oro que existen allí, aumenten los medios de circulación, concentren en la costa más apropiada de ese apacible océano, en pocos años, una densa población y un activo comercio, creen grandes ciudades, establezcan líneas de barcos de vapor, tiendan un ferrocarril desde Nueva York a San Francisco, abran en realidad por primera vez el Océano Pacífico a la civilización y, por tercera vez en la historia, impriman una nueva orientación al comercio mundial? La "independencia" de algunos españoles en California y Tejas sufrirá con ello, tal vez; la "justicia" y otros principios morales quizás sean vulnerados aquí y allá, ¿pero, qué importa esto frente a tales hechos histórico-universales?". [Engels. De la primera parte del artículo "Der demokratische Pauslawismus", publicada el 15 de febrero de 1849 en la Neue Rheinische Zeitung MEW, t. VI, p, 273-274.] Tomado de Karl Marx, Friedrich Engels, Materiales para la historia de América Latina, Cuadernos Pasado y Presente, Siglo XXI Editores, 1980, pp. 189-190.
"Así terminaron, por ahora y muy probablemente para siempre, las tentativas de los eslavos de Alemania para recobrar una existencia nacional independiente. Restos dispersos de numerosas naciones cuya nacionalidad y vitalidad política estaban agotadas desde tiempo atrás y que, por ello, se habían visto obligadas, durante casi un milenio, a seguir las huellas de una nación más poderosa que los había conquistado —tal como los galeses en Inglaterra, los vascos en España, los bajo-bretones en Francia y en un período más reciente los criollos españoles y franceses en las partes de Norteamérica ocupadas por la raza angloamericana— esas nacionalidades agonizantes, los bohemos, carintios, dálmatas, etc., habían intentado aprovechar la confusión universal de 1848 para restablecer su status quo político del Anno Domini 800. La historia de un milenio tendría que haberles mostrado que una regresión tal era imposible, que si bien todo el territorio al este del Elba y del Saale había estado otrora ocupado por eslavos vinculados entre sí, ello sólo demuestra la tendencia de la historia y al mismo tiempo la capacidad física e intelectual de la nación alemana para someter, absorber y asimilar a sus viejos vecinos orientales; que esta tendencia de los alemanes a la absorción constituyó siempre, y constituía aún, uno de los más poderosos medios de propagar la civilización de Europa Occidental en el este del mismo continente; que esta tendencia sólo se detendría cuando el proceso de germanización hubiera alcanzado los confines de naciones grandes, compactas e incólumes, capaces de una vida nacional independiente, tal como los húngaros y, hasta cierto punto, los polacos; y que por lo tanto el destino natural e ineluctable de estas naciones moribundas era dejar que se consumara ese proceso de disolución y absorción por vecinos más poderosos que ellas". [Engels y Marx. Del artículo de la serie Germany -Revolution and Counter-Revolution, publicado el 24 de abril de 1852 en The New-York Daily Tribune. Traducido del original inglés, que tornamos de F. Engels, The German Revolutions, University of Chicago Press, 1967, p. 209-210.] Tomado de Karl Marx, Friedrich Engels, Materiales para la historia de América Latina, Cuadernos Pasado y Presente, Siglo XXI Editores, 1980, pp. 199-200.
"Anteayer recibí por fin los dos tomos de la Mexican War de Ripley , aproximadamente 1.200 páginas, de gran formato. Ripley me parece a mí — por lo tanto opinión puramente profana— haberse formado plus ou moins tras las huellas de Napier como historiador militar. El libro es sensato y, a mi juicio, no carece de sentido crítico. Dana seguramente no lo ha leído. Si lo hubiera hecho, habría visto que su héroe, el general Scott, by no means neither como comandante en jefe ni como gentleman, aparece bajo una luz favorable. Me interesa especialmente esta historia, porque hace poco he leído en Antonio de Solís, Conquista de México, la campaña de Fernando Cortez. Se puede realizar comparaciones muy interesantes entre las dos conquistas'. Por otra parte, aunque los comandantes en jefe —Taylor 200 tanto como Scott— me resultan muy mediocres, toda la guerra constituye seguramente una digna obertura para la historia bélica de la gran Yanquilandia". De Marx a Engels, 30 de noviembre de 1854, tomado de Karl Marx, Friedrich Engels, Materiales para la historia de América Latina, Cuadernos Pasado y Presente, Siglo XXI Editores, 1980, p. 201.
"Los españoles están completamente degenerados. Pero, con todo, un español degenerado, un mexicano, constituye un ideal. Todos los vicios, la fanfarronería, bravuconería y donquijotismo de los españoles a la tercera potencia, pero de ninguna manera lo sólido que éstos poseen. La guerra mexicana de guerrillas, una caricatura de la española, y aun las huidas de los regular armies infinitamente superiores. En esto, empero, los españoles no han producido ningún talento como el de Santa Anna". De Marx a Engels, 2 de diciembre de 1854, tomado de Karl Marx, Friedrich Engels, Materiales para la historia de América Latina, Cuadernos Pasado y Presente, Siglo XXI Editores, 1980, p. 201.
Opiniones sin duda impiadosas, inflamadas del etnocentrismo y racismo que cierta izquierda tarada dice combatir y que autores como Eduardo Galeano (que adjuró de su obra poco antes de su muerte) no mencionan. Parecería que fueron españoles los cazadores de cabelleras que saboreaban el refrán: "The best indian in the dead indian".
No hace mucho, en vísperas del V Centenario, un grupo de diputados (algunos de ellos ya fallecidos) encabezados por Roberto Digón y secundados por Rabanaque Caballero, Riutort de Flores, Spila, Arabolaza, entre otros, pidieron al Poder Ejecutivo que se declare el día 11 de octubre como el Día de la Soberanía de América Latina y el Caribe, por representar éste "el último día de la libertad y soberanía de los originarios habitantes de nuestro continente". Los diputados sostenían que la llegada de los españoles a América inició una etapa histórica signada por la destrucción el saqueo y las matanzas. A tal punto fue así, aseguraban, que los "70 millones y quizás más" de aborígenes que vivían aquí "ya en los primeros años de esta cruzada civilizatoria, la población hubiera quedado reducida a un 25 por ciento" Cifras que serían envidiadas por los "SS" del Tercer Reich., ya que significaba 2.877 muertos por día, 120 por hora, dos por minuto, uno cada treinta minutos.
Al margen de opiniones de antropólogos como el desparecido Darcy Ribeiro, autor de una obra cardinal como "Las Américas y la civilización", que sostenía que la población americana, al descubrimiento no superaba los ocho millones de aborígenes, y al margen también de la extensa bibliografía norteamericana y hasta inglesa sobre los orígenes de la "Leyenda Negra" elaborada por los estrategas británicos para fomentar el pánico que favoreciera su expansión ultramarina, los ilustrados "tribunos de la plebe" argentinos entendían que el desembarco de Cristóbal Colón significó un cubrimiento de la auténtica historia americana, el inicio de una era de oprobio. Así, sostenían que "el conquistador trajo una cultura que le otorgará a su acto de avasallamiento una justificación en la superestructura legitimándolo en el plano institucional.".
En este espíritu, Día del Respeto a la Diversidad Cultural es el nombre que recibe en Argentina el 12 de octubre, (anteriormente denominado "Día de la Raza"), a partir del Decreto Presidencial 1584/2010 publicado el 3 de noviembre de 2010, firmado por Cristina Fernández de Kirchner.
Dentro de las consideraciones tomadas, se destaca un extracto del citado decreto el cual expresa:
"[...] asimismo, se modifica la denominación del feriado del día 12 de octubre, dotando a dicha fecha de un significado acorde al valor que asigna nuestra Constitución Nacional y diversos tratados y declaraciones de derechos humanos a la diversidad étnica y cultural de todos los pueblos."
A todas luces un concepto ambiguo, que pretende ser objetivo y no lo es y obedece a los imperativos con la que cierta propaganda subliminal y también explícita pretende minar los cimientos de nuestra identidad.
Dice el chileno Pedro Godoy P., profesor universitario y miembro del Centro de Estudios Chilenos Cedech La conmemoración reflota la fobia antihispana y, de yapa, pro indígena. De fuera vienen los invasores y los explotadores. Hoy la moda es posar de indigenista y, en consecuencia, mirar la fecha como maldición. Lo cierto, no somos conquistadores� ni conquistados. Sin embargo, quienes con más entusiasmo agitan aquellas banderolas de odio y amor son los mestizos. Hasta esa tipificación los pone sobre ascuas. Se saben no aborígenes, sin embargo, repudian a quienes -a partir de la hazaña colombina- fundan Hispanoamérica. No quieren ser lo que son. Padecen de crisis de identidad. Creen que nuestra historia comienza en 1810. Las minorías amerindias son el 5% de nuestra America. Eso de pueblos originarios� es otro error: los hijos de la mezcla� somos también originarios. Constituimos la mayoría étnica� con 500 millones. No es nostalgia virreinal y tampoco indolatría, sino asumir el mestizaje. No somos españoles. Tampoco amerindios, sino -como lo advierte Bolívar “ un pequeño género humano mixto".
El izquierdista o liberal proanglosajon, mononeuronal y binario, rechazará siempre este planteo. Necesita una cosmovisión de opuestos, que haga más fácil su comprensión de lo complejo e impredecible: la historia como expresión máxima de la existencia humana. sí, en este espíritu, buscará héroes y villanos, absolutos e incomovibles, sin posibilidad de evolución, conversión o, incluso regresión. Necesita un molde fijo, imperturbable y eterno, como su ideología, que le resuelva todo que le facilite las tareas para las cuales está negado como el pensamiento y la reflexión. pero, fundamentalmente, necesita las herramientas para distraer y justificar la cobardía de su trayectoria política, la felonía de su acción, la mendacidad de sus dichos, la obscenidad de su ambición, la voracidad de fortuna (ajena) maquillada de altruismo, solidaridad y "revolución"
Pensamos que estas clase de desatino obedecían tan solo a una pandemia de "meningitis cultural" iberoamericana, pero no salimos de nuestro asombro cuando una amiga española acaba de comunicarnos que la estatua de Cristóbal Colón de la Plaza de Barcelona será removida "porque la alcaldesa del lugar ha propuesto cambiarla por la estatua de un indígena, como si a la idiota esa le importase algo más que poner su culo nacionalista burgués en un asiento remunerado." Es decir, se intenta balcanizar a España con el mismo mecanismo con que se pretende desmantelar los ya de por si fallidos Estados Nacionales Iberoamericanos.
De España copiamos la manía de crear banderitas de comunidades inexistentes, de fundar una Vexilología más propia de las novelas de Tolkien que de la crónica histórica. De América han importado ellos esta suerte de iconoclastia barata de la "Desmonumentación" (por usar una suerte de neologismo) para desarmar la estructura identitaria que cohesiona a las comunidades. Y todo utilizando soportes teóricos que lejos de ser genuinos están sedimentados en interpretaciones imaginativas, capciosas o directamente ridículas con las que ciertos traficantes de emociones lucran en base a los funerales del indio desaparecido.
El gaucho Fermín Chávez solía referirse a ellos con la sorna y picardía de un Viejo Vizcacha:
" Miro - gracias a nuestra Biblioteca Nacional - el "Manifiesto of de Communist Party", de Marx y Engels, edición de 1888 anotada por Engels, y velay, leo horrorizado: El descubrimiento de América y circunnavegación del Cabo..." (The Discovery of America, the rouding of the Cape...")
Estos bárbaros tampoco se acordaron de Moctezuma, ni de los demás de este lado del charco, que no tuvimos la suerte de "descubrir" al Viejo Mundo y hacer que Marx y Engels hablaran por lo menos el Ki- ché. Y que al final leyéramos no el Manifiesto de 1848, sino el Popol Vuh, salvado, a la final por un invasor casi olvidado: el dominico fray Francisco Jiménez".

viernes, 16 de agosto de 2019

“La Victoria de la Raza”

por Pepe Muñoz Azpiri“Que la Raza está en pie y el brazo listo,
que va en el barco el capitán Cervantes
y arriba flota el pabellón de Cristo”
Así contempló Darío a la galera de la Raza. Marchaba a través de la tormenta hacia la Atlántida española. Vio también el símbolo de la Cruz sobre la arboladura del barco a la manera del viejo marinero de la balada de Coleridge transfigurado por la visión del manto de la Virgen sobre la nao condenada. Fe e idioma nos salvarán. A una la representa la cruz. Al otro, Cervantes. El idioma es el “pneuma”, es decir, el soplo de Dios, el espíritu. Cervantes elevó a pobres y desgraciados al sitial de protagonistas de la literatura universal. La plebe bárbara, la “santa canalla”, ingresa en el arte merced a su pluma. Europa vivía en la mentira y el Quijote arrasó con la inmoralidad de la patraña o el embuste. Pero esta historia de un desgraciado narrada por otro desgraciado, es, a su vez, paradójica. Al elevar los episodios de la vida cotidiana de hombres humildes y oscuros a la dignidad de la epopeya, el escritor imagina un libro de caballería similar a aquellos que intentaba desterrar. Mejor dicho, compone la novela de caballería definitiva y triunfante. La gran locura de la redención humana nace de los sueños y actos de los hombres que deben todo a sí mismos. Esto es la revolución.
El Día de la Raza que se conmemora en este mes de octubre, suscita como cada año intensos debates cuya máxima expresión se dio durante el gobierno anterior con el desmontaje de la estatua de Colón. El 30 de junio de 2013, bajo la idea soterrada y no tanto de que Cristóbal Colón fue punta de lanza del genocidio indígena, comenzó el desmantelamiento de la escultura del legendario navegante, culminación del “relato” instalado por charlatanes de la historia, operadores políticos e ignorantes dispuestos a acompañar a los flautistas de Hamelín vernáculos -en este caso, al igual que la leyenda encarnado por un anciano “germano-mapuche” desaparecido recientemente – de manera tal de instalar en forma definitiva, bajo un patético intento de reemplazar la historia por la Antropología, el arcaico y pertinaz discurso iniciado en el momento mismo del Descubrimiento y repetido como una letanía a lo largo de cinco siglos: “América no fue descubierta sino encubierta”.Un desquite tardío e innecesario al que se intenta suavizar modificando el nombre de la fecha con el difuso nombre de “Día de la Diversidad Cultural”. En realidad toda una raza, hasta hace poco desvalida, toma consciencia de sí misma y de su propia pujanza en el “Día de la Raza”. El símbolo es claro y poco tiene que ver la antropología y aún la etnografía, el símbolo configura una categoría histórico cultural. Destaca Juan José Hernández Arregui que: “La época hispánica, no encaja por entero, dentro del despectivo rótulo de “colonial” como la ha denominado la oligarquía liberal, ya que, para la corona, estas tierras eran provincias del reino y así se la definía. La tesis misional, por su parte, se refuta a sí misma por la situación de las masas indígenas que integraron la clase verdaderamente explotada. Pero la historia no es un idilio, sino una galería cuyas luces y sombras agrandan o desdibujan los objetos , según el prisma ideológico que los refracta. Junto a la acometida sobre la raza de bronce sojuzgada, España trajo a estas tierras una de sus virtudes más grandes, el espíritu de independencia. y las instituciones que lo resguardaron. Un antecedente de esta actitud altiva y libre, que América Hispánica recibió como legado, se encuentra ya en Lope de Aguirre, al tratar de igual a igual, en 1561, a Felipe II: “Te aviso, rey español, que tus reinos de la India tienen necesidad de justicia y equidad para tantos y tan buenos vasallos como en ellos moran. En cuanto a mí y mis compañeros, no pudiendo sufrir más las crueldades de tus oidores y gobernantes, nos hemos salido de hecho de tu obediencia y nos hemos desnaturalizado de nuestra tierra que es España, para hacerte aquí la más cruel guerra que nuestras fuerzas nos consientan(…) En estas tierras damos a tus pendones menos fe que a los libros de Martín Lutero”. Es decir, en América el español se “desnaturaliza” y se integra a la nueva geografía en la cual se hunde para resurgir transfigurado en lo que Vasconcelos denominó “La Raza Cósmica.” El americanismo de Vasconcelos aspiró siempre a una integración y fusión del elemento español con la cepa indígena, obrada siempre bajo el símbolo del espíritu y la señal de la Cruz y la lengua. La fórmula del pensador: “Por mi raza hablará el espíritu” figura todavía hoy en las insignias de varias universidades americanas, a modo de blasón educativo. Pese a su formación católica y su hispanofilia integral -no en balde se denominó durante tres siglos a su patria como la “Nueva España”, y fue la antigua Tenochtitlán, su capital, la más fastuosa ciudad del orbe español hasta bien entrado el siglo XIX, Vasconcelos resultó uno de los voceros y luminarias espirituales de la Revolución Mexicana y uno de los propulsores de las reivindicaciones indigenistas de su patria. Lamentablemente, éstas, como se sabe, se tiñeron en su patria y en otras latitudes de un barniz rojo, en la faz social y de una coloración sombría, en el aspecto histórico, al adjurarse de las creencias y tradiciones locales provenientes de la Europa caballeresca y cristiana.

Es curioso que comparada con otras colonizaciones similares, la colonización portuguesa, nunca ha sido fuente de debate en la medida en que lo ha sido la española, pese a integrar las dos el universo católico y como tal, en Portugal también existió la Inquisición, también fueron expulsados los judíos, la esclavitud fue mucho más importante que en las colonias hispanas, existieron protagonistas violentos como Alfonso de Albuquerque y gobernadores brutales como Mem de Sá. Es probable que la larga amistad entre Portugal e Inglaterra permita explicar la visión indulgente a su expansión ultramarina contrariamente a la española, escarnecida y maldecida por la llamada leyenda Negra, cuyos ecos resonaron en las inmediaciones de la Casa Rosada cuando se desmontaba el monumento al navegante genovés.
Pocas leyendas apócrifas como la que crearon los clérigos y políticos de la Reforma, ha tenido tal persistencia en el tiempo. Los ecos de la Leyenda Negra aún resuenan en nuestra época. Philip Wayne Powell, en su libro “Tree of hate” (El árbol del odio) afirma que la cultura norteamericana ha heredado la leyenda negra de la colonización británica. Estos prejuicios anglosajones contra los españoles, se transfirieron contra los mexicanos en el siglo XIX. Hay quien afirma que los medios de comunicación y el gobierno de Estados Unidos han propagado la leyenda para justificar las acciones norteamericanas contra España y América Latina, como en las guerras de México, España o la colonización de las Filipinas tras la guerra contra España. Todavía en 1985, estando en Nicaragua bajo el gobierno Sandinista, tuvimos oportunidad de enterarnos que los Misquitos, Sumos y Ramas de la Costa Mosquito que operaban para la “contra” financiados por la CIA, denominaban a los integrantes del gobierno contra los cuales combatían como “los españoles” (En realidad así llaman a la población de la zona Occidental del país) y a los sacerdotes que integraban la Junta de Gobierno como “los Inquisidores”.
El historiador norteamericano William S. Maltby comenta en su libro de 1982″ “The Black Legend in England” (La leyenda negra en Inglaterra): “Como muchos otros norteamericanos, he absorbido en anti-hispanismo de películas y de la literatura folklórica mucho antes de que el prejuicio fuera contrastado con un punto de vista distinto en las obras de historiadores competentes, que sorpresa más grande para mí; cuando llegué a conocer las obras de los hispanistas, mi curiosidad no tuvo límites. Los hispanistas han achacado siempre a los enemigos de España la tergiversación de los hechos históricos y los prejuicios contra España en el mundo”.
Decía Salvador de Madariaga que antihispanismo de los propios hispanoamericanos no había que buscarlo en una Sociología de la Cultura sino en un tratado de Psicología. Porque las causas que advertía eran dos: el mestizaje y el separatismo.
El mestizo es un español prisionero de un indio; y un indio prisionero de un español. Esta situación crea entre la dos vertientes de su ser una tensión constante. Así se explica, la diferencia con Inglaterra y con Portugal; porque Inglaterra aniquila a los indígenas; y Portugal, por las condiciones especiales del Brasil, construye un Imperio mucho más mulato que mestizo. Añádase que, en los casos más importantes, los españoles se encuentran con naciones indias más consolidadas y conscientes que la que encontraron otros pueblos conquistadores.
En el Río de la Plata, un indigenismo de mercado de carácter inédito, dado que ha cobrado bríos en las últimas décadas, es agitado por escritores de apellidos y nombres profundamente “originarios” como Eduardo Galeano Hughes y Osvaldo Bayer, con un objeto más cultural que social: la demolición de la tradición histórica. Y entendemos la tradición como el impulso que el río humano que llamamos pueblo o nación, recibe del pasado y transmite al provenir. En ella se cimenta la construcción de nacionalidad y ciudadanía. Ya no se trata de Cristóbal Colón, los encomenderos, los conquistadores y fundadores. Ahora se trata de quitar el nombre a la Plaza de los Virreyes, reemplazar el monumento a Roca por el de la “mujer originaria”, eliminar la bandera de la ciudad de Buenos Aires porque porta un símbolo religioso, rebajar la figura de Rosas a la de un “Restaurador” (pero del orden colonial), acusar a Yrigoyen de asesino de obreros y a Perón de fascista camuflado que engañó a un pueblo de “cabecitas negras” (evidenciando un racismo larvado), definir el malón como una “empresa económica” y no como un latrocinio instrumentado por intereses foráneos (y huincas) y hasta acusar de ladrón y asesino al benemérito Francisco Pascasio Moreno. Se denigra al soldado, se exalta al partisano, se degradan arquetipos y como resultado de semejante devastación – convenientemente financiada por los aportes de ONGs del exterior – nos quedamos huérfanos y dueños de la nada.
En las últimas décadas se desarrolló en el subcontinente una nueva categoría de intervención encubierta: los “golpes blandos” generalmente instrumentados para mantener la balcanización y de esa forma imponer formas neoliberales de administración económica en su versión más cruda y salvaje. Para instrumentar esta maniobra se han perfeccionado sutiles herramientas que operan como ONGs trasnacionales con filiales locales.
Ecologistas, indigenistas, defensores de la “diversidad” (étnica, sexual, religiosa, etc.) en versiones extremas, operan, muchas “sin saberlo” como arietes de las potencias anglosajonas, del GT y de la Unión Europea, para perpetuar el subdesarrollo crónico, prefabricar divisiones y profundizar e incluso inventar odios internos en el tejido de nuevos pueblos. Y la prueba palmaria es que mientras se habla de recorrer nuevamente la senda de los Libertadores, de reconstituir la Patria Grande, de borrar fronteras y terminar con los colonialismos internos, surgen organizaciones e “intelectuales” que atizan conflictos invocando reclamos legítimos, como el acceso a la tierra, pero no en su condición de compatriotas y campesinos desplazados, sino como integrantes de grupos étnicos que ya estaban integrados al torrente sanguíneo de las poblaciones nacionales o que son directamente inventados y manipulados desde el exterior. Uno de los pueblos originarios más promocionados a nivel internacional es la “nación” mapuche, la que tiene su sede en 6 Lodge Street, Bristol, Inglaterra. Su Secretario General es Reinaldo Maniqueo, de origen araucano, mientras que el resto de los integrantes absolutamente británicos (ver www.mapuche-nation.org/). No es casual que la sede de la “nación Mapuche" funcione en el Reino Unido, que tienen vitales intereses geopolíticos en el Atlántico Sur, razón por la que, gracias a su poderío atómico y al de la OTAN, ocupa las islas Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur, que pertenecen a la nación del Plata. Cabe añadir los enormes intereses empresariales de USA y Gran Bretaña en la zona cordillerana. Los araucanos, hoy denominados mapuches, llegaron de Chile a territorio argentino a partir del siglo XVII. Este proceso, conocido como “araucanización de la pampa”, ocasionó el casi exterminio de los puelches, tehuelches, ranqueles y pampas. Por esta razón, testigos de la época como Estanislao Severo Zeballos, Lucio Mansilla o Manuel Prado, no mencionan a los mapuches como pueblo originario de la Argentina. Todo parece que se quiere englobar a los pueblos aborígenes de la región para impulsar una “nación mapuche”, en territorios argentinos y chilenos, dentro de los planes trazados en Bristol y apoyados por las Embajadas británicas en Chile y la Argentina “¿Cuál sería la reacción británica – se preguntaba el boliviano Andrés Solís Rada – si el gobierno argentino propiciara en Buenos Aires el funcionamiento de la sede central de separatistas irlandeses del Reino Unido y proyectara sus actividades a territorio británico?”
Al respecto, vale recordar que un magnífico escritor, que porta en su ADN más genes originarios que todos los indigenistas de marquesina que pululan por esta latitudes, el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, ya decía hace más de medio siglo:
“Las sangres indígenas e ibéricas y todas las llegadas a nuestro crisol se añejan como el vino y muestran ya unidad y pujanza en las creaciones nacionales y en la lucha antiimperialista para conquistar la segunda emancipación. Somos el equilibrio de lo indígena y lo español, la fusión de dos ríos inmersos en nosotros. Yo no defiendo ninguna sangre sino la razón. El cauce fue forjándose y las sangres mezclaron sus fuerzas contrarias en nuevo rumbo favorable. La nacionalidad se ha ido forjando por conciencia del pasado, de mitos vernáculos y creaciones y aspiraciones comunes. Conquista y fundación de ciudades, y lengua y religión hasta llegar al mestizo. Yo no hablo del quiché, del cakchiquel y del español como de un extranjero, sino como uno de mis antepasados. Ambos, son mis compatriotas y yo soy, y quiero ser, sólo guatemalteco. Odiar a España es tan necio como odiar al indígena. Injuriar a España es mentarnos la madre. José Carlos Mariátegui recuerda que no renegamos de la herencia española, sino de la herencia feudal. Yo no pienso como indio, ni como criollo, mestizo o español sino, simplemente, como guatemalteco. Ninguna oriundez es limitación, sino una realidad accidental que nos desborda cuanto más dueños somos de la herencia de todos. Si lo guatemalteco fuera tan específicamente singular que pudiera llegar a ser extraño a las otras culturas ¿qué diablos tendríamos? Pero esto es una absurda fantasía. Y nuestro patrimonio es el universo. Y para nadie existe la evasión, y los intentos fallidos siempre, son una manera pusilánime de vivir los hechos. No deseo idea preconcebida sobre el espíritu nacional, ni sobre el guatemalteco: lo sé y lo ignoro viviéndolo cada día. Comienza a evidenciarse la confianza, la espontaneidad, sin preocuparnos de cánones yanquis o europeos, sacudiéndonos la sumisión afirmada hasta en el resentimiento. Primeros pasos hacia una Guatemala integral. El pueblo ha sabido impulsar a sus guías, ser protagonista con imprecisa conciencia algunas veces, pero con experiencia real, sangrante de sus problemas, por el profundo desgarramiento de su vida. Por obra y acción de tradiciones. Y si exaltamos la nacionalidad es por natural etapa de crecimiento para defender lo nuestro: desde la raíz de la personalidad y la cultura, hasta la propia existencia libre y soberana. Anhelo de responsabilidad y definido propósito de maduración. No me afano sólo en que el guatemalteco sea guatemalteco, sino en que su destino sea el de Hombre” (2)
Confieso que al repasar estas líneas no dejo de pensar en los vaivenes y las tragedias políticas argentinas. El autor mexicano citado anteriormente, que visitó nuestro país en reiteradas oportunidades, la última de las cuales durante la presidencia del general Perón, como participante del Congreso de Filosofía de Mendoza, opinó sobre la crisis política de 1955 – en el periódico montevideano “Marcha” – que ésta se había generado al extraviar nuestro país la línea nacional que supo seguir durante sus épocas más prósperas y vigorosas. El nacionalismo integral del argentino era para Vasconcelos una suerte de categoría aristotélica de nuestro intelecto, ahora corroída por una iconoclastia que, tras la derrota de Malvinas, arrasa todo sin propósito cierto, por desilusión, nihilismo o porque sirve a intereses ajenos. Días atrás recibimos comunicación de Santiago de Chile del muy querido profesor Pedro Godoy: Su reflexión no pudo ser más atinada: “Antaño se expresaba Fiesta de la Raza. No faltaba quién preguntara ¿Cuál Raza? Había que explicarle que era la nuestra. Esa que comienza a plasmarse con la hazaña de Isabel y Colón en 1492. La conmemoración la repudian indígenas e “indigenistas”. Sin embargo, en toda nuestra América los que se autodenominan “pueblos originarios” no pasan del 5% y de ese contingente apenas el 25% habla su dialecto. Lo predominante de la Patagonia a México es la condición mestiza de los tres componentes fundantes: ibérico, amerindio y afronegro.
Estados Unidos da trascendencia al día de Acción de Gracias – comienzo del poblamiento británico – más que al 4 de julio – Día de la Independencia. Ello quizá explica la sólida personalidad del Coloso del Norte. Pese a sus millones de inmigrantes, consolida su perfil. No reniega de sus semillas sino que las exalta. Esto no es un detalle de calendario, sino un dato duro que, contrario sensu, podría explicar nuestro naufragio identitario. Se expresa en autodenigración, es decir, en un complejo de inferioridad y desconocimiento o desprecio, por nuestras raíces. Ello reafirma el error de creernos nacidos en 1810 desconociendo o abominando, de los tres siglos que lo anteceden”.
Nada más real. Hispanoamérica nació el 12 de octubre de 1492, cuando un continente habitado aproximadamente por 15.000.000 de habitantes según los cálculos del historiador argentino Ángel Rosemblat, fue hollado en Guanahani por los hombres que habían navegado las aguas procelosas del Mar Tenebroso y que, al cabo de meses de encierro llegaban a una tierra paradisíaca. No es errado pensar que es día mismo se engendraron los primeros mestizos., los primeros hispanoamericanos, cuando aquellos varones que habían dejado sus mujeres en España se fundieron con otra raza, cuyo buen porte y mansedumbre Colón describió en su Diario de Navegación. En ese momento comenzó a existir una estirpe nueva en el planeta, dado el carácter universalistas de las tripulaciones mediterráneas. En su momento destacó el venezolano Arturo Uslar Pietri:
“Haber logrado que en no mucho más de medio siglo las poblaciones indígenas y africanas se hicieran cristianas, hablaran español y entraran a formar parte de una nueva realidad social es un hecho sin paralelo en la historia moderna, que constituye el rasgo más importantes y original de la historia americana”. Sin embargo se sigue repitiendo a machamartillo “la destrucción de las culturas precolombinas”, hecho indudable que si bien lamentamos también lo consideramos inevitable, dada las prácticas tanáticas de estas civilizaciones que las habían conducido a un definitivo “rigor mortis”. Lo que no impidió la supervivencia de estas culturas -muchas signadas por el primitivismo – fue precisamente lo que se le achaca a España: el sincretismo. Los españoles aculturalizaban a los indígenas de sus territorios, los franceses los expulsaban de sus territorios y los ingleses directamente aniquilaban a los indígenas de sus territorios. Y esta es la característica que define a la “Raza” tal como la concebimos o como la consideran mexicanos que viven en el territorio usurpado por la América anglosajona: la fusión.
De modo que quién habla castellano, reza a Jesucristo y está acostumbrado a decir “si” o “no” a tiempo y con firmeza, cualesquiera sea el tinte de su piel o la región donde haya nacido (La Pampa, California, el País Vasco o Filipinas, blanco, cobrizo, talago o mulato) integra legítimamente esa raza de la que hablamos. Entendemos que el decreto del Día de la Raza de Hipólito Yrigoyen, quién no era protagonista de ningún Walhalla wagneriano ni aspiró nunca a asumir la categoría de héroe de Gobineau, está concebido en el cuadro de la amplitud de criterio que comentamos. “Castilla”, “católico” y “no importa” son sinónimos o metáforas de universalismo. Martín Fierro hablaba la lengua de Santa Teresa, se santiguaba y asumía el castellano sentimiento caballeresco de la vida. Pertenecía al pueblo de Cervantes, a la comunidad de la raza. No es poco.
(1) Hernández Arregui, Juan José “¿Qué es el ser nacional” Buenos Aires. Plus Ultra. 1973
(2) Cardoza y Aragón, Luis “Guatemala, las líneas de su mano” México. FCE. 1955