Rosas

Rosas
Mostrando entradas con la etiqueta Saá Juan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Saá Juan. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de octubre de 2023

JUAN SAÁ (1819-1884)

Por Norberto Galasso
Nace en San Luis, el 20 de mayo de 1819. Cursa estudios en la provincia y luego se incorpora a las luchas militares.  En 1855, es teniente coronel de las fuerzas provinciales. En 1859, se suma a las fuerzas de la Confederación enfrentadas a la segregada Buenos Aires. Participa en la batalla de Cepeda, donde se destaca en la persecución de las fuerzas de Mitre.
El 25 de febrero de 1860 es designado gobernador de la provincia de San Luis. Nombra ministro de gobierno al Dr. Carlos Juan Rodríguez. En noviembre de ese año, producida la insurrección liberal que dirige Antonino Aberastain en San Juan que derroca y asesina al gobernador Virasoro, el presidente Derqui designa a Saá, en el cargo de interventor, para restablecer el orden. El 11 de enero de 1861, Saá derrota a los insurrectos en la “Rinconada del Pocito”. Mientras él se dirige a la Capital, Aberastain queda preso bajo custodia del comandante Clavero. Poco después, Saá se informa que ante la sublevación de Aberastain, Clavero decide fusilarlo, sin sumario previo, junto a los demás presos sublevados. Cutolo señala que algunos autores sostienen que en su informe sobre lo sucedido, Saá le escribe al Presidente que “Aberastain ha sido ejecutado a lanza seca” y que de allí provendría el apodo –“Lanza Seca”- con el cual se lo conocerá posteriormente, aunque considera que esto no se halla debidamente fundamentado.
Convertido en uno de los principales jefes de la Confederación, Saá participa, poco después, en la batalla de Pavón, donde vuelven a enfrenarse la Confederación y Buenos Aires. Allí juega un rol destacado, pero Urquiza se va al galope de los campos de Pavón, dejándole a Mitre el camino libre hacia el poder. El presidente Derqui juega su última carta designándole a Saá como jefe del ejército de las columnas centrales de la Confederación, pero ya todo está perdido. Años después, Alberdi se refiere a Saá como “el verdadero vencedor de Pavón”.
Pocas semanas más tarde, mientras Mitre se encarama al poder, “Lanza Seca” se exilia en Chile. Sin embargo, desde allí pasa a la Banda Oriental, poniéndose a las órdenes del presidente Berro, del Partido Blanco. Esta actitud no debe llamar la atención pues para Saá, como para Varela, las fronteras de las “patrias chicas” carecen de importancia frente a la gran causa común hispanoamericana.
Allí, enfrenta a Venancio Flores, expresión del partido colorado oriental en estrecha vinculación con Mitre. Poco tiempo después, junto a su hermano –Felipe Saá- participa de la “revolución de los colorados”, que estalla en Cuyo bajo la dirección de Carlos Juan Rodríguez y otros jefes montoneros, entre ellos Felipe Varela, creando una difícil situación al gobierno de Mitre. Sarmiento escribe exasperado: “… Felipe Varela, Juan Saá, Solano López… son las fuerzas íntimas del alma de la vieja América”.  Pero las fuerzas mitristas, mucho mejor pertrechadas, sofocan el levantamiento. Saá y sus compañeros vuelven a exiliarse en Chile.
En 1877, se presenta un petitorio, con 6000 firmas, para la rehabilitación militar de Saá, pero es denegada por el Congreso. Saá lleva ya diez años de exilio. En 1880, después de trece años, regresa a la Argentina e intenta nuevamente que se le vuelva a asignar su grado militar, pero otra vez el Congreso Nacional se manifiesta negativamente.
Reside un tiempo en San Luis, pero, el 6 de julio de 1884, hallándose en Villa María, localidad de Córdoba, fallece repentinamente.
Cutolo señala que “la figura del General Saá ha sido calumniada sistemáticamente, considerándosele un personaje nefasto, ominoso, carente de todo sentimiento humano, cuya acción –se dijo- estuvo permanentemente al servicio de la barbarie”. Por supuesto, ¿qué otra cosa podría decir la historia mitrista de un hombre que fue enemigo acérrimo de Mitre, contra el cual luchó en defensa del federalismo provinciano? Pero hay algo aún más grave que esos dicterios: el silenciamiento, el ocultamiento de su figura porque si los estudiantes no saben siquiera que existió, es menor aún la posibilidad de que intenten investigar la verdad y concluyan reivindicándolo.
Cutolo señala que José María Tissera, en sus memorias, lo juzga “poseedor de una caballerosidad, valentía y hombría de bien, de indiscutibles méritos y cuya acción fue realmente merecedora de toda consideración”. Otro historiador señala “Era un tipo activo, valiente, generoso y nobilísimo, quizás su bondad era su defecto… A ninguno de los tres hermanos Saá, jamás nadie les atribuyó acciones canallescas”.
Como se aprecia, se trata de “un maldito”, una víctima más del control que la clase dominante ejerce sobre la Historia que se enseña en los diversos niveles de la enseñanza, difundida, además a través de los medios de comunicación y la nomenclatura de calles y plazas.

sábado, 1 de mayo de 2021

Santiago Derqui

 Por el Prof. Jbismarck

Fue de hecho y formalmente el primer presidente de la Nación Argentina, puesto que promulgó la reforma de 1860, con la presencia de Buenos Aires, y gobernó de acuerdo con ella.  Había nacido en la ciudad de Córdoba el 9 de julio de 1810, en el hogar formado por don Manuel Derqui y doña Josefa Rodríguez. A los 22 años se graduó de doctor en jurisprudencia en la Universidad de su ciudad natal, en la que poco después se desempeñó como catedrático. En 1835 era miembro de la Legislatura provincial, al producirse el asesinato de Juan Facundo Quiroga, hecho que se proyectó directamente en la vida política de Córdoba a través de los hermanos Reinafé.  Derqui, que venía actuando en la provincia bajo la bandera del federalismo, ocupó cargos oficiales durante la administración de José Vicente Reinafé; también se recuerda su actuación como encargado del recurso de fuerza contra el obispo Lascano, en conflicto con el gobernador. Cuando el 7 de agosto de 1835 el congreso de Córdoba dio por terminado el mandato de Reinafé, fue elegido gobernador Pedro Nolasco Rodríguez; pero el parentesco de éste con el anterior determinó su alejamiento, lo que abrió paso a un nuevo gobierno, que desempeñó el doctor Derqui, a quien le tocó designar los conjueces para juzgar a los Reinafé. Posteriormente, al ser elegido gobernador, por presión de Rosas, el coronel Manuel López (alias Quebracho), y producida la captura de tres de los Reinafé, el doctor Derqui y Pedro Nolasco Rodríguez fueron remitidos a Buenos Aires, acusados de complicidad en el crimen. Tiempo después, Derqui fue puesto en libertad y tomó el camino del exilio. En el Estado Oriental actuó al lado de Rivera, de quien fue secretario hasta el momento de ser designado en una misión ante el gobernador Ferré, de Corrientes, con quien formalizó un tratado de alianza contra Rosas. En esta provincia se desempeñó luego como secretario y auditor de guerra del general José María Paz, quien lo designó ministro.   Después de la derrota unitaria de Arroyo Grande buscó asilo en el Brasil.    Tras la caída de Rosas, en abril de 1852 el Director provisional Urquiza lo nombró en misión especial ante el gobierno del Paraguay, previa a! reconocimiento de la independencia de aquella república. Poco después, el mismo Urquiza lo distinguió con una banca al Congreso Constituyente de Santa Fe, ocupando la vacante dejada por el doctor Barros Pazos, que renunció. Durante el gobierno constitucional de Urquiza fue interventor nacional en la provincia de San Juan y ministro de Instrucción Pública y del Interior.


Cuando en 1859 surgieron las candidaturas de Mariano Fragueiro, Salvador María del Carril y Derqui para la presidencia, Urquiza se decidió por este último.   Acompañado por el general Juan Esteban Pedernera, pudo gobernar la Confederación durante dieciocho meses, es decir hasta la disolución del gobierno de Paraná, en noviembre de 1861. En los últimos meses de su presidencia, se separó políticamente de Urquiza. El 20 de octubre de 1861, hizo una delegación de poder a nombre del general Juan Saá, uno de los jefes del interior que había luchado hasta el fin en Pavón. Pero el 5 de noviembre de 1861, ante la imposibilidad de apuntalar militarmente la Confederación, se alejó del país y se radicó en Montevideo. Allí, a fines de 1863. asistió a los funerales realizados en memoria del general Angel Vicente Peñaloza, según consignan las crónicas periodísticas de la época. Vivió pobremente en Montevideo hasta 1864, año en que pasó a Corrientes. En esta ciudad lo sorprendió la invasión paraguaya de abril de 1865. En esta oportunidad, Derqui se negó a prestar toda colaboración al mariscal Francisco Solano López, pero se vio envuelto en un proceso que lo llevó a la cárcel, donde permaneció algunos meses. Tal era la pobreza en que se hallaba cuando ocurrió su muerte, el 5 de setiembre de 1867, que su viuda no pudo costear su entierro y fue necesario hacerlo, después de tres días, por suscripción popular.