Rosas

Rosas
Mostrando entradas con la etiqueta Historiografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historiografía. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de marzo de 2022

Corrientes Historiográficas Argentinas

POR RICARDO GERACI DEL CAMPO RÍOS

Organizado por el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de 3 de Febrero y con la adhesión del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas y el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de Gral. san Martín se realizó esta conferencia del Dr. Julio R. Otaño, quien fue presentado por el Presidente del Instituto de 3 de Febrero Profesor Alberto Bertozzi. La misma se realizó en la Biblioteca Gral. San Martín de Caseros
Ante numerosa concurrencia (38 personas, un dia sábado a las 1730 hs) nos deleitarnos con una exposición concreta, detallada y pedagógica sobre quienes escribieron nuestra historia y por supuesto quienes aún lo hacen. El profesor Hizo un recorrido cronológico descriptivo sobre corrientes historiográficas, su historia, autores, posiciones y consecuencias en el saber de un pueblo que se ha servido durante décadas de referencias -algunas de las cuales- se impusieron como única verdad y otras desde la trinchera intelectual y de permanente docencia han sido la resistencia a la hermenéutica oficial. El profesor y abogado ( entre otras cosas ) definió al estudio de la historia como un acto cientifico, donde para poder alcanzar un atisbo de verdad histórica, es necesario servirse de las herramientas que la misma nos presenta, con el fin de obtener una posición (equivocada o no ) bien fundamentada. En la resultante de esta exposición que Otaño explicó con imágenes, cuadros descriptivos y modos didácticos, podríamos sacar conceptos claros, algunos de los cuales mencionaré.
● La Historia como Ciencia Social no es objetiva. El historiador es prisionero de su propio tiempo. De su contexto, coyuntura y de su propia concepción político ideológica.
● Hermenéutica y Heurística. El historiador debe iniciar con una serie de elementos el estudio de la historia de una época o coyuntura. Documentos, cartas, monumentos, relatos de tradición oral, memorias, etc. Debe con ello poder lograr una interpretación. Y es necesario ser honesto desde lo intelectual evitando la tergiversación y la mentira con el fin de acomodar mejor o peor un suceso o un personaje histórico.
La investigación y divulgación son armas del historiador para poder brindarle a su pueblo lo acontecido en el pasado, ya que sin su estudio y conocimiento, los pueblos no pueden proyectar un futuro y mucho menos comprender su presente.
CORRIENTES HISTORIOGRÁFICAS ARGENTINAS
El historiador expuso su vasto conocimiento del universo intelectual en función del estudio de la historia de las distintas escuelas de interpretación de la misma. Identificó la historia oficial o mitrista con autores, obras, diferencias y coincidencias. El porqué de la oficialidad de esta corriente (formación educativa, calles, menciones, etc) y sus consecuencias en el saber común de los ciudadanos. Pasó por todas las épocas y brindo datos formidables acerca de la influencia total de la versión liberal de nuestro pasado, en nuestra vida social y política.
Cuando llegó el turno de desarrollar al Revisionismo Histórico lo hizo desgranando posiciones ideólogicas, la coyuntura política de cada momento histórico del revisionismo y una gran descripción de autores de antaño y los del presente. Dividió inclusive al Revisionismo en diferentes construciones, aunque hermanados en ciertos aspectos. Las diferentes miradas del revisionismo sobre la historia están más vinculadas a la posición politica de cada historiador. En la misma corriente fue necesario explicar como pueden convivir tranquilamente en los estantes de una biblioteca autores como Carlos Ibarguren ( Nacionalismo católico ) o Julio Irazusta, con Manuel Gálvez o Jauretche ( FORJA y revisionismo nacional y popular ) o el colorado Abelardo Ramos, Galasso ( revisionismo de la izquierda nacional ).





En el turno de la corriente de la Historia Social, con su mayor exponente Tulio Halperin Dongui, expuso de manera categórica, las desaveniencias con el revisionismo y acercamiento o reafirmación de la versión liberal de parte de Dongui y muchos de sus discipulos ( Romero, padre e hijo, la Lobato, Hilda Sabato). Posición en cierta medida similar a quienes Jauretche llamó Mitromarxistas (historiadores como Justo, Palacios, Ingenieros, Paso, Ponce o Alvaro Yunque...todos marxistas y que adhieren a la historia oficial) ya que esa afirmación de la versión oficial más la herméutica marxista dio cierto empuje a la ya descolorida versión mitrista. También expuso sobre la corporación de historiadores que coaptaron los contenidos universitarios del estudio de nuestro pasado, referidos a esta última corriente mencionada. De todos modos fue una disertación donde el sentido ecuánime de ayudar a razonar y aprender, a relacionar autores y pensamientos, fue absolutamente categórico y donde practicamente no había dudas, acerca de lo expuesto. Las preguntas de todas maneras se fueron sucediendo y el doctor Otaño las fue respondiendo acorde a cada consulta. En tiempos donde todo tipo de conocimiento tiene precio y con el mismo algunos se capitalizan, deben ustedes comprender, que el carácter gratuito de estas reuniones, tienen que ser aprovechados por todos los interesados en el andar de la patria y ese pasado que debemos conocer. Los invitamos a ser siempre parte de estas reuniones de los Institutos Rosas, y a confraternizar con aquellos, que creemos que el tiempo que suele considerarse como perdido, es en realidad una inversión.













domingo, 2 de enero de 2022

Aspectos aclaratorios de «Historia de la historiografía»

Por el Dr. Julio Horacio Rubé

Este trabajo es una Historia de la Historiografía y un panorama de la Ciencia Histórica en sus principales momentos, con sus planteos metodológicos, con sus debates y con sus Combates por la Historia, como los denominó Lucien Febvre (1878-1956) en una de sus conocidas obras. Se parte de la afirmación de que la Historia es una ciencia, peculiar, pero ciencia al fin, y tal aserto proviene de su propia naturaleza. Tiene un método, resultado de un lapso prolongado de especulaciones y de debates acerca de cómo debería abordarse la investigación científica, un objeto y también un propósito: alcanzar o aproximarse a la verdad, con ese carácter y al igual que otras ramas del conocimiento. Pero no siempre se la tuvo como ciencia. Por eso, antes que cualquier otra cuestión y en este sentido, es esencial que se recuerde cómo se la valoró desde Heródoto, Tucídides, Jenofonte, Polibio, Tito Livio, Plutarco, etc., la especial concepción con la que se la concibió en la Antigüedad y bajo la influencia del cristianismo, en la Edad Media, en la Ilustración, durante el romanticismo, etc., hasta la contemporaneidad. Y es aquí, en la contemporaneidad, en donde debemos detenernos un poco más por la enorme gravitación que tuvieron el positivismo, el historicismo, el marxismo y la Escuela de Annales (Escuela de Estrasburgo), esta última se inició con toda su fuerza y hasta logró deslumbrarnos con sus destacadísimos representantes.  En nuestro medio y en otros, todavía gravita con bastante efectividad, pese a las críticas que desde hace tiempo se han levantado contra ella desde el viejo continente y desde otras geografías. Y, finalmente, las últimas décadas, en donde Clío estuvo por demás solicitada como consecuencia de la aparición de numerosos y sucesivos movimientos. 

  

Cabe recordar al Grupo de historiadores del Partido Comunista de Gran Bretaña, que comenzó tempranamente con sus planteos, a los propulsores del estructuralismo, del posmodernismo, de la Cliometría estadounidense, aquel planteo sobre el supuesto “fin de la historia”, etc.; y en los tiempos más próximos: el deconstructivismo, las historias alternativas: la nueva historia cultural, la nueva historia narrativa, la nueva microhistoria, la nueva historia política, la historia de la religiosidad, la historia social del lenguaje, la historia de la vida cotidiana, la historia de género, los estudios subalternos y poscoloniales, la historia del medio ambiente, la nueva historia mundial y la historia global, la historia comparada y la memoria, la historia inmediata o la historia del presente, los regresos conceptuales, etc. Acompañados estos movimientos, sumamente sorpresivos o inesperados, por autores realmente notables quienes procedían de la propia disciplina y de las ajenas, y que se creyeron con autoridad y con mérito suficiente como para intervenir con sus planteos y observaciones en el campo histórico y aventurarse incluso con diagnósticos y pronósticos. Hubiera defraudado a los lectores si no los hubiera incluido en este trabajo, entre otros, a los siguientes: a Jean W. F. Piaget, Jacques Lacan, Michel Foucault, Louis Althusser, a Ferdinand de Saussure y a Claude Lévi-Strauss, Jean-Paul Sartre, Giovanni Levi, Carlo Ginzburg, Edoardo Grendi, Carlo Poni, Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno, Pierre Bourdieu, Alain Touraine, Walter Benjamin, Jean-François Lyotard, Jacques Derrida, Jürgen Habermas, Francis Fukuyama, Paul Veyne, Elizabeth Deeds Ermarth, Dominick LaCapra, Frank Ankersmit, Hayden White, Keith Jenkins, Michel de Certeau, Alun Munslow, Joan Wallach Scott, y algunos más. La imprescindible referencia a las recientes tendencias, las de hoy, que ya se insinúan en el campo de la Historia, los evidentes retornos pero con matices a posturas de ayer, lo que tal vez nadie imaginó, etc. Dichos aspectos constituyen una parte esencial de lo que he denominado: “el estado actual de la ciencia histórica”. La exposición destinada a recordar temas que ya conocemos y otros no tan difundidos, fue condensada en dieciséis capítulos con sus respectivos títulos y parágrafos. Se le dedicó un espacio especial, específico y puntual, a cada uno de los iniciadores de la Historia Científica, por ser tales, para luego abordar en las etapas siguientes a otros autores y también el tema exclusivo de la metodología empleada en los distintos momentos. Respecto a ciertos historiadores, por su modalidad, resultó dificultoso ubicarlos en una corriente histórica determinada, por eso se utilizó el recurso de reunirlos en general en Historiadores coincidentes y concordantes con la Escuela de Annales, Historiadores y pensadores que no podrían obviarse, e Historiadores y pensadores que también hicieron su aporte, correspondientes a los capítulos XI, XII y XIII. Los lectores que deseen eludir los antecedentes de la cuestión, pueden bien comenzar directamente la lectura con los tiempos contemporáneos, a partir del Capítulo VIII: En el umbral de la verdadera Historia Científica, o por cualquier otro. En este recorrido consta una necesaria referencia biográfica de los importantes historiadores aludidos, con la implicancia de los años en que vivieron y también en que adquirieron protagonismo, con mención a sus orígenes sociales, formación, trayectoria académica, sus obras y pensamiento, en pocas palabras: sus vidas. La evocación de autores fue circunscripta a lo más significativo, la mayoría forma parte del texto y otros están referidos en las citas como un apéndice. Este último criterio se siguió especialmente en los capítulos III y IV que abarcan la Antigüedad y el Medievo. Algunos personajes, especialmente los Padres de la Iglesia, fueron ubicados a pie de página para no abrumar al lector y, como en otros casos, es necesario aclararlo, no todos tuvieron trascendencia en el campo historiográfico, pero resultaron importantes por su prédica, porque contribuyeron para cambiar o ratificar el pensamiento de la época. Vale también para los que incursionaron en nuestra ciencia desde otros ámbitos, referidos en pasajes con cierta extensión, aunque no pertenecieron directamente al campo de lo histórico, su pensamiento marcó rumbos para la época, y por lo tanto no se los podía obviar. Aunque lo más correcto sería indicar los nombres de los autores en su idioma original, en ciertos casos he preferido mantener la versión castellanizada con la que son conocidos en nuestro medio. En cuanto a las obras, a la producción bibliográfica, se mencionan las más conocidas o las de mayor trascendencia en la lengua original, y en otros idiomas, según cómo se difundieron, y también en español. A pie de página se han enunciado numerosas fuentes, la mayoría forma parte de mi biblioteca. En algunos pasajes de obras antiguas, se ha respetado la grafía de época del autor o de su traductor, como corresponde, sin el agregado del adverbio latino: sic, a diferencia de otros de mis trabajos. Varios lectores me han expresado que la tradicional fórmula entorpece la lectura, accedí entonces a este pedido. Las palabras ídem e ibíden que aparecen a pie de página en el aparato erudito, cuando se las emplea en itálica (cursiva), no llevan tilde, así y de esta forma constan en este trabajo. Por último, en el Capítulo XV, aparecen las denominadas historias alternativas que representan lo más reciente de las tendencias, sin que tenga la seguridad de que esta clasificación haya hecho fortuna y, en el Capítulo XVI, se reproduce Un diálogo radiofónico entre un historiador y un sociólogo acreditado, ante el panorama aún no del todo resuelto de la delimitación de ambos campos de estudio, que en la práctica suele replantearse por momentos. Algunos autores con la intención de evitar confusiones, emplean la palabra Historia (rerum gestarum) con mayúscula, para referirse a la ciencia, la misma modalidad se utiliza para designar a la asignatura, que también se escribe con mayúscula; y enuncian con minúscula, historia (res gestae), cuando la referencia es sobre lo acontecido. Una cosa es la ciencia que estudia el pasado: Historia, y otra lo que ocurrió: historia. El lector descubrirá a lo largo de este trabajo cuándo se trata de una o de la otra. El tema historiográfico es de por sí, inagotable, ésta es una interpretación, un planteo más y tal vez una contribución; tengo la esperanza y hago público, el ferviente deseo de que el presente trabajo resulte útil para los estudiantes de Historia, para los colegas y para todos los que abrevan a este campo impulsados por su interés en el pasado. Toda obra, por definitiva que parezca, es perfectible, por eso recibiré agradecido y con toda humildad, las sugerencias que sobre la presente investigación deseen hacerme los lectores: jrub23@yahoo.com. Finalmente, una mención a Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), por lo que tan oportunamente expresó: que “lo mejor que obtenemos de la historia es el entusiasmo que suscita”. 

lunes, 1 de mayo de 2017

"La Divisa Punzó" reportaje al Profesor Julio R. Otaño

Reportaje realizado a Julio R. Otaño, profesor de Historia y Abogado en relación al tema "la divisa Punzó".
LA DIVISA PUNZÓ
Reportaje al Dr. Julio R. Otaño (abogado)
1-¿Qué es específicamente la divisa punzó?
También llamado cintillo o escarapela federal, fue durante varios años el símbolo de la lealtad al sistema federal de gobierno, con la curiosidad de que su empleo trascendió los días de la Confederación Argentina con su Jefe, el Brigadier Gral. Juan Manuel de Rosas (Gobernador de Bs As y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación), que era donde se había originado.  Urquiza continuó utilizándola e incluso en 1880, con el intento secesionista de Carlos Tejedor muchos soldados del presidente Avellaneda lucían orgullosos su cinta punzó, especialmente los provincianos. Era una identificación plena con una argentina Nacionalista y popular y también de una genuina definición política
 2-¿era un símbolo partidario y autoritario?
Los argentinos tenemos un desconocimiento enorme de la historia Argentina: hay muchos que piensan que la famosa “grieta” es un proceso reciente descubierto por el periodista Lanata y no es así.  Desde antes de la revolución de mayo que conviven dos argentinas muy distintas y con enfrentamientos frecuentes: en las invasiones inglesas había muchos partidarios del dominio inglés, que aceptaron plácidamente la situación y la mayoría la rechazaba; ¿cuantos saben que el primer hito de la nacionalidad se desarrolló en nuestro partido de Gral. San Martín? Y que fue el combate de Perdriel (en donde hoy se ubica la fábrica Siemens sobre Ruta 8) donde gauchos y milicias fueron vencidas por los ingleses; años después vendrían el enfrentamiento entre saavedristas y morenistas; Directoriales y artiguistas; federales y unitarios; conservadores y radicales; peronistas y antiperonistas y asi siguen hasta hoy. En el período donde surge la Divisa punzó existía una guerra civil entre unitarios y federales…los primeros tenían como distintivo el color celeste y los federales el rojo punzó. Esa guerra civil se extiende entre 1828 y prácticamente 1870 y termina con la victoria final del proyecto unitario, también llamado “Liberal”.  No había “buenos y malos” sino dos proyectos enfrentados y todo comienza con el fusilamiento, sin juicio previo y de manera criminal del líder Federal Dorrego por el Jefe militar unitario Juan Lavalle.  Después de ello surgen grandes represiones de AMBOS LADOS.  La época era así…EL PARTIDISMO Y EL AUTORITARISMO ERA PRACTICADO POR AMBAS TENDENCIAS POLÍTICAS: hubo grandes represiones y actos autoritarios del bando unitario o liberal como los del Gral. Lavalle. El Gral. Paz, e incluso de Mitre y del mismísimo Presidente Domingo Faustino Sarmiento quien sostenía “no ahorre sangre de gauchos (federales) que es lo único que tienen de seres humanos. 
Resultado de imagen para la divisa punzó
3-¿Todos nombres de calles, avenidas y plazas?
Exacto y eso demuestra claramente esa verdad que sostiene que la “Historia la escriben los vencedores” y que existe por lo tanto OTRA U OTRAS HISTORIAS.  Los unitarios o liberales vencieron y Sarmiento, Mitre y Vicente F. López hicieron la “Historia Oficial”, desde 1882 hasta quizás hoy día.  Sin embargo desde hace más de 100 años surgieron movimientos culturales nacionalistas que “revisaron” la Historia y la profundizaron y ampliaron; aportando documentación y nuevas interpretaciones. Por ejemplo los historiadores nacionalistas y los del grupo FORJA.  Quienes manifestaron la importancia de la Historia y de interpretarla con un sentido Nacional,  Popular y democrático.
4-¿cómo se escribe entonces la Historia?
La historia es el relato de los sucesos, así como de su encadenamiento, ocurridos en el pasado.  La reconstrucción histórica se sostiene en dos artes o métodos: Heurística: el conjunto, acumulación y ordenamiento de testimonios que prueban la veracidad de los hechos que se relatan. Los documentos o  pruebas pueden ser: 1. Públicos: leyes, manifiestos, diarios; 2. Privados: correspondencia, contratos, objetos (casas, ropas, armas, etc.). el 2do método es la Hermenéutica: es la interpretación de ese cúmulo informativo.  Y aquí pesa la ideología, el juicio, la escala de valores del historiador.  Detrás de su relato, aun descartando su honestidad intelectual, está presente su cosmovisión ideológica
5- ¿la Historia Oficial entonces es solamente una visión o interpretación?
EXACTO.  No existe el historiador 100% imparcial y desinteresado.  Por eso existen y a Dios Gracias (sino estaríamos en una Dictadura) aún los grandes debates. Estos debates permitieron por ejemplo la revalorización de los Caudillos Federales, de los grandes intelectuales nacionalistas como José Hernández; de la lucha por el sufragio universal e incluso la valorización del radicalismo y del peronismo. En grandes momentos de nuestra historia del siglo XX, donde gobernaban Tiranías militares, esos temas o estaban prohibidos o sólo se los podía mencionar para denigrarlos y desacreditarlos
6-¿la Divisa Punzó por ejemplo?
EXACTO. Cuando yo estaba en la escuela primaria y en la secundaria en la última Dictadura Militar sólo se hablaba al mencionar la “Época de Rosas” de brutalidad, asesinatos y autoritarismo y el ÍCONO ERA LA FAMOSA “Divisa Punzó”.  Claro estaba prohibido a los docentes explicarnos que los enemigos de Rosas eran exactamente iguales o peores que el Restaurador.  JUSTAMENTE ERA IMPUESTA ESTA VISIÓN, POR LA PEOR DICTADURA MILITAR ARGENTINA DE LA HISTORIA (1976-1983).  Incluso estuvieron a punto de echarme de la Escuela Secundaria por defender la política exterior de Juan Manuel de Rosas.
7-¿Por qué se eligió ese color?
No fue Don Juan Manuel quien lo estableció sino el Padre del Federalismo, el gran prócer Oriental José Gervasio de Artigas y fundamentalmente estaba relacionado con la sangre derramada por la libertad ante España, Portugal y Brasil y por la lucha para lograr las autonomías federales de las provincias.  Además tenía su propia flor la llamada “estrella federal”.  Cuando la divisa Punzó (un rojo intenso, vivo) apareció en escena por disposición de Don Juan Manuel el color rojo aumentaba al punto de introducirse en las calles, las viviendas y en las mismas personas. Los uniformes de los escolares, los moños que lucían las damas porteñas y el chaleco de los hombres –el “chaleco federal”- eran todos de aquél color. También los carros fúnebres, la mayoría de los uniformes de los regimientos y las plumas de los caballos que trotaban por las calles.  La divisa surgió específicamente en 1832, cuando ya Rosas había vencido a las tropas unitarias y consolidado la UNIDAD NACIONAL a través del pacto federal.  Se colocaban las cintas en el pecho y hacia el lado izquierdo.  El decreto firmado por Rosas establecía “consagrar del mismo modo que los colores nacionales el distintivo federal y constituirlo, no en una señal de división y de odio, sino de fidelidad a la causa del orden y de paz y unión entre sus hijos bajo el sistema federal”. Debían usarlo, todos los empleados públicos;  Más adelante, el decreto indicaba que los militares y milicianos deberán llevar la inscripción “Federación o Muerte”, mientras que el resto solamente la palabra “Federación” en sus divisas.  Aclaremos que los unitarios se prendían un cintillo celeste y blanco en el pecho. Por ende, los federales y sus enemigos abordaban una lucha a muerte en la que las divisas cumplían, sin lugar a dudas, un rol fundamental para identificar ambos bandos en pugna.
8-¿no podemos entonces analizar el tema de la “Divisa punzó” textualmente…?
Muy bien..es así. He visto manuales de texto donde  se mostraban fotos de las divisas que se conservan y la consigna de “¿Qué opinan de ellas?” Si vemos solamente lo transcripto en las cintas o divisas y no conocemos la coyuntura política nacional e internacional o la mentalidad de la época, caeríamos en graves errores. Reitero era una guerra civil, donde “prisionero capturado era prisionero fusilado” por AMBOS BANDOS y si le añadimos el avance del Imperialismo Anglosajón y francés sobre territorios argentinos y que encima contaban con el apoyo de muchos jefes unitarios….
9-¿jefes unitarios?
Así es Lavalle, Paz, Lamadrid contaban con el respaldo del Rey Francés…cuando la increíble Flota Anglo francesa se enfrenta a los Argentinos en “La Vuelta de Obligado”, en “San Lorenzo” o en “Quebracho”, hay argentinos en los barcos invasores.  Por eso el General San Martín desde su exilio ante el patriotismo de Rosas, en su testamento legará a Don Juan Manuel “el sable” con el que liberó a Argentina, Chile y Perú…y que hoy día gracias a la hija de Rosas, los argentinos podemos admirar en el Museo Histórico Nacional
10-Evidentemente Ud. Tampoco es “neutral” y objetivo en el debate historiográfico. ¿Qué opina de Rosas?

Hace 35 años que estudio y analizo la Historia Argentina; No creo en la “neutralidad” de los historiadores, sí en la honestidad intelectual de muchos de ellos; Esa es mi consigna: permanentemente me capacito, investigo, elaboro proyectos y sobre todo leo a autores de todas las tendencias ideológicas. No creo en los hombres “Buenos” o “malos”; el maniqueísmo no es bueno.  Juan Manuel de Rosas fue un hombre de su época y producto de una sociedad rígida, inflexible.  Un Estadista con grandes virtudes y defectos y que sin embargo dejó cosas muy positivas para el país: fue el gran líder popular del siglo XIX, el gran Defensor de la Soberanía Nacional, el protector de las industrias nacionales y el forjador de la unidad territorial.  Creo que éstos fueron sus aportes y sin dudas lo ubica entre los grandes políticos de la historia.