Rosas

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sábado, 27 de octubre de 2018

Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas

por Oscar Juan Carlos Denovi
El 6 de agosto de 1938, se fundaba, en el restaurante Zum Edelweiss, de la calle libertad 431 de Buenos Aires, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.  Se se constituyó la primera comisión directiva del Instituto, presidida por el general Ithurbide, constituida por personas ilustres de las letras y la historia, como el coronel Evaristo Ramírez Juárez, Manuel Gálvez, Ramón Doll, Ernesto Palacio, Julio Irazusta, Roberto de Laferrere, Ricardo Font Ezcurra, Carlos Steffens Soler, Rodolfo Irazusta, Mario Lassaga, Isidoro García Santillán, Alberto Ezcurra Medrano, Alberto Contreras, Alfredo Villegas Oromí y Luis María de Pablo Pardo, algunos en escala ascendente, en aquella época; otros, ascendiendo en años posteriores, pero todos ellos destacados en el arte literario y en el conocimiento del pasado argentino.   Un altísimo nivel académico que nutrió la acción que llevó adelante en sus publicaciones (su famosa revista), periódicos, folletos o en sus conferencias y actos. 
  
 A través de sus publicaciones o de las publicaciones particulares de sus principales dirigentes o socios, la producción de historia de los miembros del Instituto Rosas fue ganando posiciones académicas frente a la historia oficial, aquella construcción de la propaganda unitaria (y sus continuadores liberales) que renegaba de Rosas y de todo lo hecho en la Confederación Argentina, atribuyendo al período 1829-1852 un carácter análogo al que se atribuyó a la Edad Media en la historia europea: un período histórico obscuro, donde reinaron la ignorancia y la superchería.
Hoy, ya no se concibe así, en la historia de Europa, a la Edad Media. Y en nuestro país, en ámbitos académicos, la versión de la historia oficial, construida por Mitre y, en menor medida, por Vicente Fidel López, fue derrotada por la mayor profundidad y exactitud de la nueva escuela, nacida a partir de la enjundiosa obra de Adolfo Saldías y las últimas de Juan Bautista Alberdi y continuada, años más tarde, por los Quesada, padre e hijo.   Obras como Vida política de Juan Manuel de Rosas, según su correspondencia, de Julio Irazusta; Historia de la Argentina, de Vicente Sierra; Juan Manuel de Rosas, su vida, su drama su tiempo, de Carlos Ibarguren; Vida de Don Juan Manuel de Rosas, de Manuel Gálvez; Historia Argentina, de José María Rosa, e innumerables trabajos de este último autor, de José Luis Molinari, Atilio García Mellid, Luis Alem Lascano, Elena Bonura, Ernesto Palacio, Alberto Mondragón, Manuel Bilbao, José Luis Busaniche, Carlos Steffens Soler, Rómulo Caballero, Ricardo D. Carbia, Dardo Corvalán Mendilaharzu, Pedro De Angelis, Pedro De Paoli, Alberto Ezcurra Medrano, Ricardo Font Ezcurra, Guillermo Furlong Cardiff, Dermidio T. González, Mario César Grass, Roberto de Laferrere, Martín Victoriano Lascano, Alberto H. Marfany, José Luis Muñoz Azpiri, Juan Pablo Oliver, Antonio Pérez Amuchastegui, René Orsi, Arturo Jauretche, Erich W. Poenitz, Gabriel Puentes, Evaristo Ramírez Juárez, Emilio Ravignani, Jorge Rivas, Atilio Aníbal Rottjer, Raúl Scalabrini Ortiz, Luis Miguel Soler Cañas, Manuel Benito Somoza, Roberto Tamagno, Estanislao Severo Zeballos y dos de nuestros académicos, que, por habernos abandonado hace poco, para reunirse con Dios, los mencionaremos especialmente: estos fueron Fermín Chávez y Alberto De Paula.   Muchos más, que no hemos nombrado, contribuyeron a derribar los mitos, ocultamientos y tergiversaciones de la historia oficial sobre Rosas y su época, y contribuyeron, en una tarea de igual valor, a revelar muchos aspectos de la historia de la Patria; es decir, contribuyeron a la victoria académica del revisionismo sobre la historia oficial.   Muchos no pertenecieron al Instituto, pero se inspiraron en la lucha por la verdad histórica que, sin lugar a dudas, este inspiró.
No podemos ignorar que, desde el interior, se reivindicó tanto a Rosas como a los caudillos; sobre todo, a los jefes provinciales contemporáneos al conductor de la Confederación.  Estos historiadores contribuyeron también a esclarecer nuestro pasado y sumaron su labor, voluntariamente, la mar de las veces; involuntariamente, también.
Los nombres de los mencionados en el listado de arriba lo dicen todo; al lector atento y ávido por conocer le bastará informarse por los distintos medios a mano, pero, para quienes esto resulta un obstáculo de magnitud difícil de superar, les diremos que la gran mayoría de esos hombres del pasado de este instituto han sido personas distinguidas como profesionales, padres de familia (los que la tuvieron), funcionarios, políticos y sacerdotes (1).
El actual cuerpo académico cuenta con notables hombres, pero dejamos su enunciación taxativa para ser juzgados oportunamente por el público, los medios y las instituciones.   Lo cierto es que la "batalla" por la verdad histórica documentada está ganada en el terreno académico.
Pero aún falta una enorme tarea, que cuenta con obstáculos de magnitud igual o superior a los que presentó la lucha contra la historia oficial.
Falta una gran tarea de difusión, de la síntesis de los personajes que acompañaron al Restaurador, de las motivaciones de su dictadura, de las mentiras de sus enemigos, de las intrigas de los unitarios más extremistas en oposición a los federales (como los que ordenaron a Lavalle el asesinato de Dorrego), de la obcecación de la oligarquía comercial de Buenos Aires por imponer a Buenos Aires por encima de las demás provincias a cualquier precio, origen de nuestros males del pasado y embrión de nuestros males del presente, y, sobre todo, el carácter particular de nuestra estructura social, que no permite el trasplante exitoso de ninguna institución cuya vida en otra sociedad haya sido o es apta para el buen funcionamiento de la sociedad.
Si la democracia es el régimen preferible a cualquier otro, esa democracia debe ser conforme las características del pueblo argentino.  No vale aquí la democracia según la practican los norteamericanos o los franceses o los alemanes o los italianos.  Tampoco el éxito del régimen parlamentario en Inglaterra asegurará un resultado similar en la Argentina.
Estamos en condiciones de sentenciar, en ese sentido, que un sistema semejante no producirá otra cosa que un lamentable y ruinoso fracaso.
La Argentina necesita un jefe de gobierno, un jefe republicano, que exija de la Legislatura el tratamiento de las leyes y que emplace a la justicia al pronunciamiento en tiempo y forma de las respectivas sentencias. Lógicamente, todo esto encuadrado en una legislación regulatoria del funcionamiento mencionado.  Nada fácil, desde ya. La figura del Restaurador inspira ese cuadro de instituciones en las que él obtenía esa funcionalidad: otra época, sin las complejidades actuales.
De la anarquía y del ideologismo, extrajo una nación y formó un Estado. Este fue su ejemplo y legado para la posteridad.
Todo esto debe ser conocido por el pueblo argentino. Estas serán las batallas de los próximos años de este instituto, hoy Nacional, desde hace once años, y con varios triunfos parciales en su derrotero que incluyen ese carácter obtenido en 1997 (por la constancia y el dinamismo del brigadier Carlos Rubén French), lo que transmite la imagen de un curso de triunfos, pero aún insuficientes.
Rosas debe entrar en el corazón de los argentinos por la puerta grande: por el conocimiento de sus acciones; por la defensa de la Nación (quizás el aspecto más conocido de él); por el engrandecimiento logrado en su época; por los adelantos conseguidos en todo orden; por el progreso de la educación, la sanidad popular, la prosperidad económica.

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(1) Algunas de las biografías sintéticas de estos hombres pueden ser consultadas en la página web www.juanmanuelderosas.org.ar.
(2) Este aspecto se ve agravado por el desconocimiento y la desinformación en que vive gran parte de la población; sobre todo, joven, que incluye a educandos y educadores; estos últimos, deformados por, además de los factores indicados, una mala formación que proviene del izquierdismo cultural, predominante en las escuelas de formación docente de Buenos Aires ciudad y Provincia, hasta donde el autor de este artículo conoce.
 Oscar Denovi es profesor titular de historia política argentina en la Universidad Católica de La Plata, subsede San Martín; ejerce la secretaría general de la comisión directiva del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.

jueves, 25 de octubre de 2018

Entrega de diplomas de los nuevos miembros del Cuerpo Académico del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.

El pasado martes 20 de noviembre en la sede del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas se conmemoró el 173 aniversario de la batalla de la Vuelta de Obligado y se entregaron los diplomas de los nuevos miembros del Cuerpo Académico. El Dr. Alberto Gelly Cantilo coordinó la actividad y pronunciaron discursos alusivos los Dres. Arturo Pellet Lastra, Carlos G. Frontera y el Prof. Carlos Pesado Palmieri. Entre los concurrentes se encontraron el el Prof. Jorge Sulé, el Dr. Sandro Olaza Pallero, el Dr. Julio Otaño, el Dr. Carlos A. De Santis, el Dr. Hugo Esteva, el Dr. Ignacio Cloppet, el Tte. Cnel. Horacio Morales, el Prof. Carlos Adamo Barbera, el Lic. Pablo A. Vázquez, el Sr. Bernardo Lozier Almazán, el Prof. Sebastián Miranda, el Prof. Rubens Basanta, el Prof. Miguel A. Lentino, el Dr. Omar Kraiker, el Prof. Cristian Iturralde y la Prof. Cristina Vega. El Instituto Juan Manuel de Rosas de Gral. San Martín cuenta con 4 integrantes: Dr. Carlos De Santis (2012), Dr. Julio R. Otaño (2016), Tte Cnel Horacio Morales (2017) y Prof. Carlos Barbera (2018)


 
 
 
 


viernes, 19 de octubre de 2018

LA EFEMÉRIDE DE LA SOBERANÍA NACIONAL: ¿UN EUFEMISMO?

por Carlos Pesado Palmieri (*)

En la evocación del glorioso acontecimiento en que celebramos los buenos argentinos el DÍA de la SOBERANÍA NACIONAL, en éste, el ara intelectual patrio de las justas reivindicaciones de la Verdad Histórica, que siempre vence, no me dedicaré en los quince minutos que requiero de vuestra atención, a memorar un hecho que los revisionistas clásicos tenemos sabido y asumido, sobre el Combate de Obligado en la Guerra del Paraná, conflicto bélico donde se jugó el honor y la independencia nacional. A corazón abierto honramos a todos los héroes de esa gesta en los tiempos áureos de la Confederación Argentina y de su Arquetipo por excelencia, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Quiero evitar los datos fácticos que conocemos, no referirme a esa estupidez de los liberales enemigos coetáneos del Restaurador, que minimizaron o directamente desconocieron esa epopeya, o de los necios de la misma escuela que se sorprenden ante la conmemoración solemne de una derrota, como si la afirmación de la lucha perenne por la soberanía, fuera un tema de feriado y fuegos de artificio.
 Nada menos que ellos, capaces de programar un carnaval histórico de festejos, con la infausta guerra que produjimos al Paraguay de Solano López, aquél que supo mediar ante el mismo Urquiza, para que no fuera sometida Buenos Aires después de la segunda Cepeda, en 1859, segregada por la insensatez de los unitarios como Alsina y Mitre.     No, hoy nuestra conmemoración me obliga a algunas ríspidas inquisiciones, como exordio de esta alegría que compartimos todos los presentes, con la incorporación y reconocimiento a Miembros de Número, de real prestigio en el campo de la investigación histórica y de la difusión de la historiografía comprometida con el Pensamiento Nacional.
Nuestro presente histórico se caracteriza por el supuesto erróneo de la agonía del Estado Nación, existiendo círculos áulicos de intelectualidad posmoderna, que ajenos a toda tradición, redefinen valores y desprecian el tramado entrañable de nuestro pasado histórico, que no es breve, ni simple, ni se adecua a manipulaciones ideológicas, explícitas o inconfesas.
Son todos aquellos extraños o indiferentes a la construcción épica de la nacionalidad, etapa fundacional de la Argentina independiente lograda a sangre, fuego y lágrimas en la primera mitad del siglo XIX.  Llevan ellos en su espíritu la coloración sepia de la Patria olvidada. He repetido varias veces que las Patrias no nacen por decreto, ni son clonadas ni surgen por generación espontánea. La Patria originaria venía de siglos. ARGENTINA era un nombre inmenso desde el siglo XVI. “Un monograma de sangre y fe bordado sobre el suelo”. 
Pero su nombre como Estado Nacional, nace, se afirma y se defiende contra las agresiones extranjeras de las dos potencias más grandes del mundo en tiempos de la Confederación Argentina. La historia de nuestra tierra costó torrentes de lágrimas, penas sin nombre, ríos de sangre. La Paz de nuestra Argentina épica fue bien ganada. Y una bien ganada paz es forja artífice de un pueblo, aunque padezcan los creadores de patrias de probeta, esa burda miopía propia de los indagadores de épocas aún con plenitudes bíblicas, las que no reconocen o se obstinan en desconocer.
Pero es claro que hubo una “Patria” primigenia de los “hijos de la tierra”, vivenciada hasta el paroxismo aún por aquellos no nacidos en este suelo.
Y la hay, y está viva en NOSOTROS, los que aquí la honramos con nuestra Fe, con nuestra conducta, con las familias que formamos y los hijos que concebimos, SÍ NOSOTROS, los aquí congregados que revivimos el fervoroso grito nacionalista, SOMOS LA PATRIA.
 “un temor que ha despertado...un amor en el umbral, un pimpollo terrible y un miedo que nos busca.” “La Patria, -decía Marechal-, es un peligro que florece...”
Sus riesgos, sus costos, su sacrificio y su gloria quedaron explícitos en las páginas de epopeya de nuestra historia nacional. Sí, esa Patria que como la cantara Marechal aún es en Nosotros
Porque convengamos amigos que esa PATRIA encarnada en nosotros es algo más superadora que la democracia débil de un presente, donde coexisten también otras bastardas realidades con defecciones entreguistas y claudicaciones institucionales y quiebre de afectos, lucha de intereses, corrupción evidente y juicios categóricos irreconciliables, aunque todos Nosotros seamos leales a la patria identitaria que encarnamos. 
Pero, sincerémosnos, ¿Aquella SOBERANÍA NACIONAL con tanta sangre, dolor, traiciones y llanto conseguidos, es un eufemismo en la actualidad?
¿Qué         palabra maldita es la que se reemplaza con su mención, porque a nadie le gusta reconocer como existente en la realidad que vivimos? El término justo, la herida profunda: ¡DEPENDENCIA!!!
No tengo voluntad en los pocos minutos que ocuparé vuestra atención, en lidiar con concepciones teóricas sobre la Soberanía.
De Jean Bodin a nuestros días se desarrollaron múltiples estudios e interpretaciones sobre la misma, más teniendo nosotros hombres de la magnitud intelectual de los doctores Bandieri o Frontera, por citar eruditos amigos presentes, abandono esa senda, presurosamente.
¿Qué Soberanía Nacional estamos evocando aquí históricamente? Sin duda: la POLÍTICA. Algunos de los miembros de número del Instituto dirán prestos: “La primera de las banderas que fueron lema del Justicialismo, otrora”.
Pero yo compendio tan noble concepto en algo más profundo, simple y elemental, como ese instinto primordial del hombre, de conservar su vida, y es la de estar unida a la defensa del terruño, del hogar en que se habita, con poca o mucha libertad. Soberanía territorial al fin que en dos palabras signan las encendidas gestas que en su defensa en los tiempos hispanos y en la Argentina Épica nos enfrentaron a portugueses, ingleses, franceses, brasileños, el estado tapón araucano, y a más de un trasnochado personaje del Olimpo liberal, con decididas acciones segregacionistas de la tierra heredada acorde al uti possidetis iuris. Para los gringos de corazón y de mente, que se creyeron a pie juntillas lo de los “argentinos descendimos de los barcos”, esos personajes tan atávicos como los prediluvianos indigenistas políticos, que nos consideran a todos extranjeros, y que en definitiva se han negado siempre a reconocer ambos, ser partes de un todo, descalificando ese grande nosotros que nos identifica, porque viven como todos aparte.
Todos esos personajes ignoran la ARGENTINA ÉPICA, la de la cerril defensa de su soberanía territorial que cuando previo a su génesis, en la patria original pelearon por el Rey de España como hispanoamericanos, y luego en esa Patria Nueva Originada, criollos, indios, mestizos y alguno que otro europeo asimilado, lucharon por la libertad y la emancipación.
Luchas por la Soberanía territorial de largo medio siglo antes de que la inmigración europea sumara en plenitud, su sangre y su laboriosidad a esta Grande Argentina que también tuvo su destino manifiesto, vergonzosamente abandonado.
                                      Y aquello no fue gratis. Para nada.
No se consiguió por acuerdo de cancillerías, este extenso y bendito país que Dios nos concediera, probándonos con algunos de nuestros llamémosle “Conciudadanos” jugando en contra de su destino.
Más bien cada vez que litigamos perdimos territorios.
Ya desde el tiempo de los españoles. Recuerden el Tratado de Permuta, el de San Ildefonso. Y en la Patria nueva, con excepción de Felipe Arana y la conducción de Don Juan Manuel, nuestras Relaciones Exteriores fueron de fracaso en fracaso.
Pero hubo muchas muertes, innumerables levas, pérdida de cuantiosos bienes, heroísmos anónimos múltiples para ganarnos la libertad, defendiendo en todos los siglos hispanos y en el siglo XIX, con uñas y dientes, con sangre derramada a caudales, Autonomía y Libertad.
En pocas palabras: ser dueños del lugar que nos era propio.
Cierto es que, en lo económico, en lo cultural y hasta en nuestras añejas tradiciones cada vez fuimos más dependientes de ideologías, sistemas económicos, y pautas culturales foráneas.
A lo que se sumaban los que vivían con “nostalgias de las patrias ajenas” como los calificara Pedro Goyena, y los cipayos de toda laya que nunca faltan, que nos entregaron sin arrepentimiento alguno, todo el siglo pasado y el presente a la voracidad extranjera.
 Más aún, algunos de esos promiscuos dirigentes que pulularon sin pudor, mientras nos vendían por el plato de lentejas de sus treinta monedas de oro, intentaron convencernos de una Argentina Soberana, que escribía las páginas históricas más brillantes de su historia moderna.
 Las generaciones pusilánimes y carentes de ideales jamás han sobrevivido a la indigencia moral; su memoria es oprobiosa. Quizá pertenezca quien esto dice a una de ellas, poblada por hombres con bisagras en lugar de vértebras en su espina dorsal, capaz de flexionarse tanto como se los doble.
Por asquearse de semejantes seres genuflexos algunos argentinos de bien, pegándose un tiro prefirieron romperse.
         Como afirmara Aníbal Fosbery:
“el honor justifica y hace perenne la vida de un Pueblo, aunque para sostenerlo deba éste sacrificar su comodidad, su riqueza y hasta su vida, que, además, también en el caso contrario, terminan siendo sacrificadas aunque sin sentido”
Pero compatriotas amigos míos, después de la segunda independencia   afirmada, por Don Juan Manuel de Rosas, y la extensión soberana de nuestro territorio nacional que consolidara, mal que les pese a algunos, Julio Argentino Roca, que cada cual elija los protagonistas de relieve en su sostenimiento, en los últimos ciento cuarenta años.
Han sido pocos.
Por eso es que nosotros tomamos como ancla sostén y vuelo incitador:
                             El 20 DE NOVIEMBRE DE 1845
Efeméride del Combate de la Vuelta de Obligado en la Guerra del Paraná
 Como:                    DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL.
Que no aceptamos como eufemismo conformista que disfraza lisa y llanamente nuestras visibles Dependencias de la extranjería, en esta Aldea Global que nos limita y también hay que decirlo: nos oprime.
Que quizá sea válida y confortable para un numeroso grupo de habitantes censados en nuestra tierra, pero nunca para NOSOTROS
Ya que es una presencia viva, una poderosa fuerza colectiva latente en miles de Compatriotas milites en su Defensa.
Defensa de una ARGENTINIDAD alerta para mostrarle al Mundo la indomeñable voluntad forjada por el Pensamiento Nacional, y que, alentada por el ideario sanmartiniano y la ejemplaridad del Restaurador, nutre a este Pueblo, la de los hombres del Plata, que como reclamaba Lugones, poseen: “ojos mejores para ver su Patria”, sabiéndose no ser simples empanadas, que pueden ser comidas “en un abrir y cerrar de boca”
La Argentina encarnada como la llamo y vivo, se sintió espontáneamente congregada en torno a sus Bicentenarios fecunda simiente de nuestra heroica forja de la independencia nacional, que fuera reafirmada en la victoria final de la Guerra del Paraná.
Con justicia merecen tales hechos nuestro recuerdo y nuestra celebración, y merece lo hagamos en comunión, sin odios ni rencores, en defensa de un estilo de vida que debemos definitivamente recuperar para norte perenne de la nacionalidad.
Qué en nosotros, la ARGENTINA ENCARNADA tenga siempre, hálitos de eternidad. Que sea incitación permanente a la dignidad y al coraje, en medio del “revival” anarquista, el terrorismo, el FMI y el poderoso G-20, que espero solo nos visite sin dejarnos otro lastre más que los gastos que ocasione su estadía.  
Que podamos vivenciar esa ARGENTINA ENCARNADA por sobre nuestras debilidades cotidianas, su valerosa inseguridad, su probada honra, sus definiciones perdurables.
Que en verdad sintamos en nuestro corazón y en nuestros brazos el alborozado grito de la libertad prístina, concebida por una voluntad colectiva insobornable.
Y porque logremos albergar esa libertad dentro de cada uno de nosotros, en el júbilo y en el dolor, en el traspié como en los logros, en la fatiga y en el gozo, y al confundirse con nuestras propias lágrimas y alegrías, esté presente, en cada día nuevo de labor.
                                                                                                                  LAUS DEO

(*) Discurso pronunciado en el Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas el 20 de noviembre de 2018.

sábado, 13 de octubre de 2018

Los afro-argentinos, gentes de Rosas.

Por Carlos Pistelli

Es innegable el apoyo recíproco que se tuvieron Rozas y negros en los tiempos que le tocó al Restaurador gobernar Buenos Aires. Rosas les dio visibilidad política y cultural, con lo cual se ganó el cariño eterno en los candombes. Además que los usaba como espías de las familias descarriadas, quienes empezaron a sentir un hondo desprecio humano hacia sus esclavos. La situación se tornaría insostenible a la derrota en los campos de Morón.   Ahora bien, ¿En qué consistía ese apoyo que Rosas le daba a los negros?    En términos generales la posibilidad de que participen de la vida activa porteña, ya es un aliciente. Particularmente la decisión de poner fin a la compra y venta de negros sirvió a mejorar la situación. Pero esclavos seguía habiendo, y su importancia en la economía también.
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  Tampoco Rosas se caracterizó por darles derechos que a posteriorise les brindaron. Seguía prohibido el casamiento entre ellos, excepto que sean libres, y la posibilidad de comprar su libertad dependía exclusivamente del amo, y no de una resolución gubernamental. Entonces, ¿De qué hablamos cuando hablamos de las mejoras que se vivieron en los tiempos rosistas pa’ lo’ negro’ del Restaurador?.
 Movilidad social en tiempos de Rosas.      Ya sea porque Rosas estaba convencido o primó su conveniencia pragmática, o ambas, un dato que se pierde de los tiempos rosistas es el mejoramiento sustancial de la vida nativa bonaerense.    Eso no quiere decir que Rosas era Don Juan Domingo. But. Boys. Vean como mejoró la cosa.   En esa estadística que Rivadavia manda hacer en su efímero paso “presidencial”, se constata:
  • Un capitán de los ejércitos regulares, como su par, un capataz de estancia, ganaba cien pesos de la época. Un soldado raso, un peón anual, ganaba diez pesos mensuales. Una diferencia de 10-1 clara y contundente.
  • Haciendo una especie de índice big mac de la época.
    Nota al pie: Recordemos que es esto del big mac. Se toma el precio de una big mac en un país y se lo cruza con el sueldo medio nacional pa’ tomar en cuenta las hamburguesas que pueda comprarse. Es un índice que debe tomarse con pinzas. En 2013 un brasileño medio compraba las mismas big mac que un sueco. Con lo cual, es relativo el dato, pero se toma en consideración.
     Con ese sueldo mensual de cien pesos, un capitán necesitaba hasta tres sueldos para comprarse un costal de harina, y por lo menos dos para comprarse una negra esclava.
  • En la década del ’40 rosista eso cambia significativamente, dependiendo de los bloqueos, pero siempre favoreciendo a las clases populares. Hay etapas inflacionarias, más que nada para que tomen en consideración los datos siguientes. El sueldo de ese capitán se duplica. La diferencia salarial disminuye a menos de 2-1; Y con un sueldo mensual el capataz se compra aquel costal de harina que le costaba tres en tiempos prerrosistas. La cosa ha mejorado. 
  • A la caída de Rosas todo vuelve a como estaba. La diferencia salarial vuelve a incrementarse y llega a niveles nunca vistos: 15-1 y hasta 20-1 en un año en particular. Y el costal de harina se va a la miércoles. La vida popular se torna más que difícil.  

 Rosas sí permitirá a las “Naciones” participar activamente de la vida social porteña y comprar la libertad de esclavos que sean ‘pareja’ de los libres. En 1837 se prohibió definitivamente la compra de personas para servir como esclavos, y en 1840 se terminó el libre ingreso de esclavos al firmarse con Gran Bretaña un tratado. Ya no entraron esclavos a Buenos Aires y nadie podía ser obligado a servir como tal si ya no lo era desde antes.

Sorpresivamente, o no tanto, la vida de un esclavo era mejor que la de un negro libre. Y eso pese a los beneficios que se vivían en tiempos del Restaurador. Servir en los ejércitos seguía siendo el mejor bienestar posible a futuro, porque Don Juan Manuel no descuidó a su soldadesca. En las estancias, bastión de su poder, sus instrucciones se seguían a rajatabla; Y no fueron pocas las veces que el Tirano omnipresente, dueño y amo de la vida y la muerte, debió discutir “paritarias” porque la peonada pedía mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. Un dato de color es el intercambio epistolar del Gobernador con un famoso capataz de estancia, capitán a su vez de los extraordinarios Colorados del Monte. 

 El Gobernador más honesto de los caudales públicos del páis, se entera de un problema no menor en sus haciendas. La que administraba el “Carancho” González. 

 Óigame, González, pudo decirle, cómo es eso que tengo ocupas en mis campos. Haga algo hombre, que sí paso por justo, tampoco me tomen por sonso. Efectivamente gentes de campo vivían de usurpadores en los campos del Restaurador, viviendo de su ganado, y hasta subalquilando parcelas a extraños. González respondió dando a entender la impotencia de perseguir ocupas. Rosas quedaba en una impensada encrucijada. En la Buenos Aires pueblerina donde todo se sabe, no puede expulsar a la gente en la que sostenía su poder, porque el mito de “padre de los pobres” se le vendría a pique. Pero sus negocios sufrían una merma significativa para quien había descuidado sus asuntos particulares en aras de administrar el estado provincial. Se llegó a un acuerdo tácito, en medio de reclamos salariales, por el cual González cobraría un canon a la gente que viviera de ‘prepo’. Pero lo mejor está por venir.
 Desde un  matadero del sur, ése que tal vez Echeverría describiera tan genial, y ficcionalmente, le llega información que se está vendiendo de manera ilegal ¡Ganado marcado rosista! Óigame, González! El amo y señor de la vida de Buenos Aires debe aceptar impotente que haya arriesgados que vendan su ganado y haya quien lo comercie en el matadero oficial. Cosas que pasan.   

 Todo eso terminaría con su derrota en los campos de Morón. El desamparo de los vencedores para con los negros rosistas, sería tremendo. 

"El cura, el dictador y la profecía"

Por José Luis Muñoz Azpiri (H)
Conferencia dictada el 16 de noviembre de 2018 en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas"
"Amar la patria
es el amor primero
y es el postrer amor
después de Dios,
y si es crucificado
y verdadero
ya son un solo amor,
ya no son dos.
Amar la patria
hasta jugar el cuero
del puro patrio
Bien Común en pos
y afrontar marejada
y majadero
eso se inscribe
al crédito de Dios"
(Leonardo Castellani)
Decían los antiguos griegos que lo contrario a la verdad no era la mentira propiamente dicha sino el olvido. Y es por ello que hoy nos alejamos de las letanías fúnebres, de la marmolería funeraria y de las evocaciones con hedores de sepulcro. Hoy conmemoramos el natalicio del Chesterton criollo de una de las más estilizadas y certeras plumas de la Argentina, que dada la ingratitud de muchos de sus hijos o lo que es peor, el odio y la envidia mezquina, ha sido condenada a las mazmorras del recuerdo.
Nacido en 1899 en la provincia de Santa Fe, Leonardo Luis Castellani, luego de hacer sus primeras letras de manos de una señora en su casa (algo nada extraño para la época), pasó por la escuela primaria, época de la que siempre rescató a un sacerdote Salaverri ("Muy buen docente, que me puso algunos conocimientos capitales en la cabeza”, dirá). En 1913 inicia sus estudios secundarios en la Colegio de la Inmaculada (de la Compañía de Jesús) en Santa Fe de donde egresaría de bachiller.
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El 27 de Julio de 1919 se inicia en el noviciado de los Jesuitas en la ciudad de Córdoba. De ese período surgen las fábulas "Camperas” y "Historia del Norte bravo” con sus viajes de vacaciones en el Chaco santafesino siendo seminarista.
A partir de 1924 enseña filosofía en el Colegio del Salvador, cursó teología en el seminario de Villa Devoto y en 1929 el provincial de la Compañía, al advertir su capacidad para el estudio, lo envía a Roma para continúe su formación en la Universidad Gregoriana donde es ordenado sacerdote el 31 de Julio de 1930 en la Iglesia de San Ignacio.
Allí, luego de estudiar a las órdenes de prestigiosos docentes, obtiene el doctorado en teología en 1932.
Sobre esto, dijo alguna vez Irene Caminos –que fuera su secretaria y ayudante-, vale destacar que el padre Leonardo Castellani es el único argentino que conquistó con su esfuerzo dos títulos doctorales en dos centros de los más encumbrados de la intelectualidad europea: la Sorbona de Paris y la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Castellani, con notas sobresalientes, obtuvo el título más alto que la Iglesia Católica otorga a los más sabios de los doctores. Un diploma con la firma del Papa Pio XII y el Propósito General de la Compañía de Jesús acreditan queLeonardo Castellani es Doctor Sacro Universal que lo habilita a enseñar filosofía y teología sin reválida. El mismo le da derecho a publicar sus escritos sin censura previa.
En 1932 fue a Francia a estudiar donde obtendría su diploma de estudios superiores en filosofía sección psicología. "La psicología en los años ’30 no era una ciencia autónoma –dice Bonomi-, independiente”.
Cuando regresa a la Argentina se dedica a la enseñanza en diversos sitios (el Colegio del Salvador, el seminario de Villa Devoto, el Colegio Máximo de San Miguel), a traducir una parte de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, a escribir en la revista Criterio y en el suplemento literario de La Nación (1941).
Castellani recurrió al uso de seudónimos a la hora de escribir algunos versos y escritos varios. Uno de ellos fue Jerónimo del Rey y otro Militis Militorum.
Interesado en la más alta política, fue tentado a ser candidato a diputado nacional, lo que motivó en 1946 el inició de un ciclo de desventuras: el superior de la orden jesuita lo "invita” a abandonarla por "poca obediencia a la censura”.
Confinado a Manresa (España), en un convento de los jesuitas, allí estuvo separado por desobediente e iniciando una serie de males físicos que lo acompañaron toda su vida.
En 1949, a instancias de unos amigos, escapó de su confinamiento y volvió a la Argentina donde, paulatinamente, retornó a la docencia, primero en Salta y luego en Buenos Aires.
En 1952 retorna a sus cátedras en distintos colegios e instituciones pero no se le permitía aún oficiar misa, es por ello que asiste a la Iglesia de Santa Catalina y en Nuestra Señora de la Piedad como un feligrés mas. De los comentarios que elaboraba sobre el Evangelio dominical surgiría el libro "El Evangelio de Jesucristo” y "Las parábolas de Jesucristo”. Junto a Fermín Chávez "Las mejores poesías de la lírica argentina”.
En 1961 vuelve a decir misa en Buenos Aires y, finalmente, en 1966, su relación con la Iglesia Católica se restablece totalmente. Un año después comenzaría la edición de la revista "Jauja”, que dirigiría durante tres años.
Cuando el secuestro de Haroldo Conti, y a los pocos días del mismo, Borges, Sábato y el Padre Castellani fueron llamados a almorzar con el dictador Videla. "Yo por entonces - dice Vicente Zito Lema en una entrevista a la Agencia Paco Urondo - compartía con Eduardo Galeano la dirección de la revista Crisis y Haroldo era parte de nuestra revista. Lo llamé a Borges, lo llamé a Sábato… y los dos con burlas y con malos tratos se negaron a aceptar el pedido que yo les hacía, cuando yo tenía relación tanto con Borges como con Sábato que publicaban habitualmente en nuestra revista. Bueno, la realidad concreta es que cuando salen del almuerzo, están los archivos y están las cámaras de entonces, Borges y Sábato dicen que había sido una conversación y un almuerzo espléndido en el que intercambiaron ideas. Cuando le preguntan al Padre Castellani, como tercero, aunque parecía que la prensa no tenía nada que preguntarle, Castellani dice “fue realmente una farsa, yo le hablé de los desaparecidos, de los escritores y especialmente de Haroldo Conti, como me pidieron sus compañeros de Crisis, y el General Videla se negó siquiera a contestarme.”
También hay que recodar para quienes les gusta investigar, las críticas que hiciera Sábato al libro del almirante Massera en el diario La Opinión, en donde habla de la aparición de un nuevo filósofo que había leído muy bien a Nietzche. Eso lleva la firma de Sábato.
No quiero enojarme con nadie, porque es muy confuso este país, y entonces a veces para tomar opiniones sólidas es importante tener buen material. Quizás yo contribuya con esto que digo sin apasionamientos, sin odios, pero sí tratando de que las cosas tengan un equilibrio, porque después de todo eso, que el señor Ernesto Sábato haya escrito y firmado el informe de la CONADEP me parece realmente una vergüenza y una afrenta a los que han luchado y sufrido por la defensa de los derechos humanos. Considero que él era indigno. Hay que reconocer que allí se instaura la teoría de los demonios, surge de ese prólogo de Sábato, así que también de eso es responsable. Lo que no quita que, siempre las contradicciones, yo lo desconsidere como autor de El túnel, El informe sobre ciegos, la épica aventura de Lavalle que él la cuenta de una manera literariamente perfecta. Como es perfecto el Facundo de Sarmiento, por más que uno no pueda compartir nada de las monstruosas cosas que ha escrito en contra de los pueblos originarios.
Ambas cosas conviven, la buena escritura misteriosamente convive con ciertas posturas éticas, políticas o filosóficas que uno piensa que desde una lectura humanística no van de la mano de los valores que uno deposita en los buenos escritores."
Hacemos especial hincapié en estas declaraciones, dado que el lema de los organismo de derechos humanos es "Verdad, memoria y Justicia" con el que estamos esencialmente de acuerdo, pero no con una memoria hemipléjica que omita mencionar la valiente actitud del clérigo o directamente lo defina como "un cura facho" según los han expresado ciertos integrantes de "Carta Abierta" y en especial un periodista de sinuosa trayectoria y de particular inquina hacia la figura del Papa Francisco.
“Jorge Bergoglio no fue el primer papa argentino”, advirtió Álvaro Abós hace algunos años es un interesante artículo publicado en un matutino porteño (1). Cuando en 1963 murió Ángelo Roncalli, aquel amado Juan XXIII, el Cónclave eligió a un papa argentino, un jesuita que ejercía su ministerio en el barrio de San Telmo, un teólogo excepcional, cuyo nombre era Ducadelia. Pio Ducadelia, que al ser elegido papa, toma el nombre de Juan XXIV.
Al menos, esto sucede en un libro publicado en 1964, “Juan XXIII. Juan XXIV. Una fantasía”. El autor fue un compatriota y cofrade de Bergoglio, Leonardo Castellani, sacerdote, escritor y periodista, hombre de vastísima erudición y autor de obras memorables, algunas de las cuales, como Su Majestad Dulcinea y San Agustín y nosotros, al parecer influyeron en el discurso de Francisco tal como se trasluce en algunas de sus ideas más difundidas.
El 28 de marzo, en la misa crismal, Francisco pidió a los sacerdotes que “olieran a oveja”; coincidentemente, en el Evangelio de Jesucristo en el comentario al domingo segundo de Pascua, Leonardo Castellani explica que Cristo dijo que los malos pastores “son como lobos disfrazados de ovejas, aludiendo a la costumbre de los pastores palestinos de ponerse una chaqueta de piel de oveja (zamarra) para hacerse seguir por el olor. Él se puso la zamarra de nuestra carne para que los siguiéramos, pero en Él no era disfraz, era realidad”.
Del mismo modo, el 19 de mayo, en la misa de Pentecostés, Francisco alertó del peligro de una “Iglesia autorreferencial” que reiteraba también como arzobispo de Buenos Aires, de que hay que ir “a las periferias existenciales, para anunciar la vida de Jesucristo”. El padre Carlos Biestro, quien desde hace años coordina las ediciones y reediciones de la obra castellaniana se pregunta “si, cuando el Papa dice que la Iglesia no debe ser autorreferencial sino que debe salir a la periferia de la existencia, no hay un eco de las reflexiones de Castellani”. Y al respecto lee este pasaje de Castellani por Castellani: “Santa Teresa buscó amistades en todas partes, porque las necesitaba. Uno de los reproches más vehementes que contra ella concibieron era que buscaba amistades no monjiles, y ¡hasta masculinas! El creer que el claustro, la clase o el clan al que pertenezco es un mundo completo, agota toda la creación y en él se halla todo cuanto un hombre puede necesitar es una de las vanidades más ridículas y siniestras. Según la palabra de Cristo, la misma Iglesia Católica es una cosa abierta y fuera de sus recintos se encuentran almas que le pertenecen sin saberlo.
El cura Pío Ducadelia, personaje de Castellani que aparece en otros libros del autor, es un sacerdote que ha tenido problemas con la jerarquía de la Compañía de Jesús por opiniones y actitudes juzgadas irreverentes ¿Cómo llega Ducadelia al papado sin siquiera ser cardenal? En su fantasía digna de un guión cinematográfico, Castellani imagina una situación mundial caótica no muy diferente a la actual y real. Francia ha ganado una guerra contra la Unión Soviética, que desaparece, y los Estados Unidos han invadido América del Sur (Ya los tenemos en nuestro territorio, el Atlántico Sur y la Amazonia) Ducadelia se encuentra en Montevideo, pero el arzobispo de Buenos Aires lo va a buscar y le pide que lo acompañe a Roma, como asesor en el Concilio que ha de elegir al sucesor de Roncalli, dado que Ducadelia es un teólogo eximio. Y el cónclave, dada la situación excepcional del mundo y de la Iglesia lo elige Papa.
Bergoglio ya era jesuita, pero no sacerdote cuando en 1966 a Castellani se le restituyó el ejercicio del sacerdocio que había perdido al ser expulsado de la Compañía de Jesús en 1949. En 1971 le es ofrecido a Castellani el reingreso en la orden, que rechaza por razones de salud, y en 1973 el padre Bergoglio, quién había sido ordenado en 1969, se convierte en el provincial de los jesuitas en la Argentina, cargo que desempeñará durante seis años, dejándolo en 1979. Dos años después muere Castellani.
Por tanto, no es casual que Ducadelia en otro libro, durante su suspensión en la función sacerdotal (el personaje es inescindible de su creador) y llevado por su afición por las novelas policiales, había abierto una agencia de detectives, en sociedad con un indio mataco y un abogado recién salido de la cárcel donde había purgado una condena. Castellani es uno de los grandes autores del policial argentino, género en el que Rodolfo Walsh lo consideraba “un maestro” A esa condición se refirió Borges en una irónica muestra de desprecio al finalizar el famoso almuerzo con Videla el 19 de mayo de 1976, donde no ahorró elogios para el dictador, mientras el sacerdote exigía información sobre el paradero de Haroldo Conti, escritor que aún permanece desaparecido.
Juan XXIII, Juan XXIV. Una fantasía. narra el constante sabotaje de la burocracia vaticana (Castellani dixit) a las reformas que impulsa el Papa criollo sus intentos de humanizar y modernizar la Iglesia. Porque Ducadelia entiende la necesidad de reformar la institución partiendo de la acepción original de la palabra Iglesia, que significa asamblea, es decir, reunión de los fieles. Quiere anular los privilegios, eliminar la pompa, retornar a la austeridad pastoral, revalorizar la tarea de los laicos, disminuir las rigideces dogmáticas, vocifera contra el pecado eclesial (“es una vergüenza que el cristianismo sea usado para legitimar malos gobiernos”) sale por las noches a caminar por Roma a observar las condiciones de vida de los pobres y compartirlas con ellos, motivo suficiente para generarse una obstinada oposición.
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Ya Juan XXIII había hecho una afirmación teológica y eclesialmente revolucionaria el 11 de septiembre de 1962 al afirmar: “La Iglesia se presenta, para los países subdesarrollados, tal como es y quiere ser: como la Iglesia de todos y , particularmente, la Iglesia de los pobres”. Con ello estaba marcando el camino a seguir por el Concilio Vaticano II cuya inauguración tuvo lugar un mes después. Desde muy pronto se conformó un grupo de obispos que consideraba prioritario escuchar el clamor de los pobres. Ese grupo creía, al igual que Ducadelia, que el principal desafío de la Iglesia en ese momento era la violencia estructural, generadora de pobreza y desigualdad creciente, sobre todo en el Tercer Mundo, y que la actitud del cristianismo no podía ser otra que la opción por el mundo de la marginación y la exclusión.
El 16 de noviembre de 1965, tres semanas antes de la clausura del concilio, en torno a 40 obispos, insatisfechos con la orientación eurocéntrica y el optimismo desarrollista que imperaba en el aula conciliar y descontentos con la centralidad dada a cuestiones teologales en detrimento de las desigualdades sociales, se reunieron discretamente, casi de manera clandestina, en la Catacumba de Santa Domitila en Roma, bajo la inspiración de Helder Cámara, quien no pudo asistir, pero sí lo hizo Enrique Angelelli asesinado durante la dictadura iniciada en 1976 y obispos provenientes de todos los continentes con predominio del Hemisferio Sur. Los reunidos celebraron una eucaristía y firmaron el “Pacto de las Catacumbas. Por una Iglesia pobre y servidora” apoyado posteriormente por más de 500 obispos.
En el Pacto asumieron una serie de compromisos que afectaban a su vida personal y a su trabajo pastoral. En el plano personal renunciaban a las riquezas, tanto en las apariencias como en la realidad, a poseer bienes en propiedad, rechazaban los títulos que expresan poder como eminencia, excelencia, monseñor; en las relaciones sociales, se comprometían a evitar preferencia por los ricos y poderosos y optaban por el uso de símbolos evangélicos, nunca de metales preciosos. Tal como pudieron advertir Ducadelia-Bergoglio – si se nos permite el paralelismo en la fantasía de Castellani – al asumir el trono de Pedro, esta iniciativa no pasó de ser una expresión de deseos.
Leonardo Castellani sigue siendo un escritor desconocido para la mayoría dado que nunca gozó de difusión o publicidad, contrariamente a los escribas de la “intelligentzia” liberal que él tanto despreciaba y que siempre gozaron del dominio de los grandes medios. Nunca se le perdonó el eximio ejercicio de la ironía que irremediablemente le generó antipatías y odios subalternos. “Nunca le faltaron lectores, pero como escritor terminó solo, o quizás peor aún, prisionero de grupos que lo monopolizaron para justificar pensamientos reaccionarios” (2) Castellani no fue peronista, entre otras razones porque durante el primer peronismo estuvo fuera del país, dedicado a despejar los malentendidos con la Compañia, pero fue una de las atalayas intelectuales del llamado “nacionalismo católico” argentino, tradición en la que bebió el nucleamiento “Guardia de Hierro” (aunque incorporó elementos ajenos a ella) del peronismo, donde Bergoglio colaboró en su juventud. Fue un gran escritor que eludió todo tipo de corsés o encuadramientos por lo que merece una lectura desprejuiciada y desapasionada y esa independencia de criterio y rechazo a todo tipo de banderías lo estigmatizó a derecha e izquierda. Juan XXIII, Juan XXIV. Una fantasía tal vez no sea una de sus obras más destacables, pero conmueve su visión profética y la belleza de estilo de un escritor cuya reivindicación y cabal comprensión está aún pendiente.
El Padre Castellani se dedicó al periodismo, a la docencia, a la teología, con auténtica pasión. Se inició en la psicología, cuando esta aún no era una disciplina tan extendida, ocupándose de unir la Fe y el estudio de la psiquis en la formación de los sacerdotes en el seminario de Villa Devoto.
El Padre Castellani publicó muchos libros, entre los cuales cabe mencionar ”El Evangelio de Jesucristo", "Cristo ¿vuelve o no vuelve?", "El Apokalypsis de San Juan", ”Las parábolas de Cristo", "San Agustin y Descartes", ”Conversación y crítica filosófica", "Elementos de metafísica", "El libro de las oraciones", ”Esencia del liberalismo”, "Sentir la Argentina. Leopoldo Lugones", "La reforma de la enseñanza", ”El nuevo gobierno de Sancho", ”Las canciones de Militis", "La catarsis católica en los ejercicios espirituales de Ignacio de Layola", "Freud en cifra", "Historias del Norte bravo" y "Camperas", entre muchos otros.
El prolífico sacerdote falleció el 15 de Marzo de 1981 y sus restos fueron llevados al cementerio de La Recoleta. Posteriormente, a instancias de allegados, se lo trasladó a la ciudad de Reconquista (Santa Fe).

domingo, 7 de octubre de 2018

Domingo F. Sarmiento y la Masonería

  Por Jordán Bruno Genta
EL ESPIRITU MASONICO RESPECTO DE LA RELIGION CATOLICA, APOSTOLICA Y ROMANA, ILUSTRADO POR D O M I N G O F A U S T I N O S A R M I E N T O . 3 3
"Cada convento y monasterio (en Córdoba) tenía una ranchería contigua, en que estaban reproduciéndose ochocientos esclavos de la orden, negros, zambos, mulatos y mulatillos de ojos azules, rubias, rozagantes, de piernas bruñidas como el mármol: verdaderas circasianas dotadas de todas las gracias, con una dentadura de origen africano que servía de cebo a las pasiones humanas, para mayor honra y provecho del convento a que estas huríes pertenecían". "Facundo", 11 parte, cap. 3, pág. 152 (Edic. "La Cultura Argentina", Bs. As.)

"Añádese que durante toda la revolución, Córdoba ha sido el asilo de los españoles, en todas las demás maltratados. Estaban allí como en su casa. ¿Qué mella haría la revolución de 1810 en un pueblo educado por los jesuítas, y enclaustrado por la naturaleza, la educación y el arte? ¿Qué asidero encontrarían las ideas revolucionarias, hijas de Rousseau, Mably, Reynal y Voltaire, si por fortuna atravesaban la pampa para descender a la catacumba española en aquellas cabezas disciplinadas por el peripato para hacer frente a toda idea nueva en aquellas inteligencias que, como su paseo, tenían una idea inmóvil en el entro, rodeado de un lago de aguas muertas que estorbaba penetrar hasta ellas? ("Facundo", 11 parte, cap. 3, paz. -54)

"¿Hubo cuestión religiosa en la Argentina? Yo lo niego redondamente si no supiese que cuanto más bárbaro y, por tanto, más religioso " es un pueblo, tanto más susceptible es de preocuparse y fanatizarse". ("Facundo", II parte, cap. 5, pág. 182)
Así pensaba Sarmiento en 1845; veamos ahora su pensamiento cuarenta años despues en la última década de su vida, cuando sus méritos lo consagraron Gran Maestre de la Masonería Argentina, para el período 1882- 1885:
"El Santo Sepulcro era la idea religiosa.  Hoy la razón, tal como la han formado los nuevos elementos que " entran en el juicio, se abisma de pensar que el poema satírico del caballero andante e ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha sea "nuestra Ilíada de la Edad Media. Como él, toda la cristiandad persiguió " diez generaciones una quimera generosa y pasablemente absurda".

  " 1543 - MARTÍN LUTERO: " . . . Escandalizado por los horrores de la Prostituta, como le llamarían en adelante a la Roma de los Borgia, y haciéndose eco de los pueblos estrujados y esquilmados con un sistema de ventas de perdones de todos  los crímenes en indulgencias, que dieron los doscientos millones de c: fuertes que costó San Pedro, abre la época del examen de los antecedentes y títulos de esas creencias que permiten tanto desorden. Sin alejandro no hay Lutero.   La reforma sólo pide más cristianismo, más moral, más pureza, menos misterios, menos autoridad y jerarquía religiosa.
 1565 - REACCIÓN RELIGIOSA: " . . .El jesuitismo, como táctica moral, proclamó por medio de sus teólogos casuistas, este principio: " El fin justifica los medios. " Ensayó la colonización del Paraguay, bajo el gobierno teocrático de la Edad Media, que se propuso restaurar. " Edificaba sobre arena. He visto unos naranjales donde fueron las Misiones". "Conferencia leída en el Teatro Nacional,después de la muerte de Darwin,el 30 de mayo de 1881".
 "Con Torquemada, es el sentido moral el que aconseja quemar a " los hombres, si pensaron, si se sospecha que piensan, porque el que cree no piensa sobre lo que cree. . . Pero Torquemada es una fisonomía del pensamiento. El asegurar la salvación del alma quemando el cuerpo
" es una pobre idea de vieja solterona, cuyo sentimiento de la maternidad " tomaría la forma del amor celeste. Torquemada es como los Papas que " le preceden, es un hombre de Estado".
" . . . ¡ Oh! Newton, Humboldt, Cuvier, Darwin, ¿por qué no nacistéis " en la España del siglo xv? Torquemada os hubiera descubierto en la cuna. Qué mirada de réprobos habría dicho al ver vuestros ojos por" donde asomaba ya el alma curiosa e inquisitiva".  Es interesante apreciar en distintos pasajes de un mismo discurso, el desenfado con que Sarmiento, 33, se contradice una y otra vez, haciendo alarde de su irreverencia para con los principios y normas más elementales de la argumentación y abusando de las frases como meros instrumentos
ideológicos y oportunistas: "Si la masonería ha sido instituida para destruir el culto católico
"—desde ahora declaro que no soy masón". Y en seguida de declamar esta adulación para uso de las' gentes desprevenidas o demasiado prevenidas, entra a discutir con su habitual grosería, la palabra de la Santa Sede:"No debo disimular que S. S., el Sumo Pontífice se ha pronunciado
" en contra de estas sociedades. Con el debido respeto a las opiniones " del Jefe de la Iglesia, debo hacer cierta salvedad para tranquilizar a " los espíritus." . . . Pero el que redactó el SYLLABUS se guardó muy bien de excomulgar de la comunidad católica a las naciones cuyas instituciones están fundadas sobre la libertad del pensamiento humano por miedo de quedarse solo en el mundo con el SYLLABUS en la mano". "Conflictos y Armonías de las Razas en
América", cap. III, pág. 114 y 116. OBRAS COMPLETAS, t. 37, Bs. As. 1900. "Discurso pronunciado por Domingo F. Sarmiento, 33, el 29 de septiembre de 1868, días antes de ocupar la Presidencia de la República en un banquete

 Su menosprecio hacia la Iglesia Católica, Apostólica v Romana lo
lleva a las expresiones más groseras y repugnantes, como puede verse en el siguiente pasaje que transcribimos del capítulo vi, de "Conflictos y Armonías de las Razas en América": " La religión debía experimentar una revisión de afirmaciones; pues la razón que leía era otra que la que había escrito. "El primer paso, después de protestar contra los abusos que clamaron " al cielo, como la venta de la entrada a la gloria de Dios, con los pasaportes llamados indulgencias, fué volver a leer la Biblia que contenía " los documentos originales, y siete años consagraron cuatro profundos
" hebraístas a confrontar, depurar, castigar y limpiar los textos arameo, " copto o griego, de los excrementos que los siglos hubiesen depuesto, o" la usura del tiempo destruido".  "La primera edición impresa de la Biblia, hecha como resultado " de aquella verificación de su texto, cambió para siempre la faz del mundo, pues será intérprete el que hubiese a las manos un ejemplar. " He: aquí el origen del movimiento más asombroso, más fecundo, más
" irresistible dado a la inteligencia humana, acabando por las ciencias experimentales, las matemáticas y la química cuando de hechos rotundos se trata".