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lunes, 4 de mayo de 2015

Sarmiento: mito, personaje y barbarie

 Dr. Gonzalo García
"Amaba a la Patria, pero no a sus compatriotas; a la educación, pero no a los maestros; a la humanidad, pero no a sus semejantes". Opinión que Roca habría vertido sobre Sarmiento en varias oportunidades, citado por varios autores.
  Domingo Faustino Sarmiento poseía una idiosincrasia especial. Ninguna persona que lo conoció pondría en duda esta afirmación, todos sus biógrafos hacen referencia a esto. Que ése temperamento le puso una impronta a un período de la historia argentina tampoco se puede dudar.
La historia es forjada por la marcha de los pueblos no por individuos aislados, héroes o antihéroes. Las figuras individuales son emergentes del momento histórico, son el resultado de su tiempo y de la sociedad en que vivieron y, con este criterio es preciso profundizar la imagen histórica de Sarmiento, su mundo, su controvertida personalidad, sus escritos, sus actuaciones y sus opiniones. En fin, su larguísima e intensa vida nos da elementos para comprender su tiempo y su propio mito hoy alojado en el imaginario colectivo.
Nace en San Juan en 1811. Su madre fue Paula Albarracín, que ciertamente, como luego difundió la leyenda para escolares, fue una madre laboriosa y abnegada que tuvo que hacerse cargo de todos sus hijos, a diferencia de su padre, José Clemente Sarmiento, "que ha recibido de sus antepasados dos herencias: la pobreza absoluta y el vicio de mentir".
Estudia durante nueve años en la Escuela Patria, esos son sus únicos estudios formales y es durante este tiempo que recibe la influencia de José de Oro, su tío, un presbítero pintoresco y trasgresor. Se adhiere a las filas unitarias de su provincia a pesar de descender de una familia de cuño federal y cuando en 1831 Quiroga invade San Juan opta por el exilio. Será su primer exilio chileno que dura hasta 1836.
En 1836 vuelve a San Juan. Nazario Benavidez, caudillo rosista, lo recibe benévolamente y comienza a relacionarse epistolarmente con el grupo de intelectuales románticos exiliados en Montevideo conducidos por Echevarria y Alberdi.
En 1841 recrudecen las guerras civiles y Sarmiento parte a su segundo exilio chileno que durará diez años. Durante éste largo destierro tiene una actividad prolífera como escritor y periodista, escribe su famoso "Facundo" en 1845 y ese mismo año parte para hacer un largo viaje a Europa y Estados Unidos donde estudiará por encargo del gobierno chileno los diferentes sistemas educativos en esos países. En 1848 se casa con una viuda chilena-argentina, Benita Martínez, madre de Dominguito (1), el matrimonio, de conveniencia para ambos, será un verdadero fracaso y fuente permanente de conflictos que lo perturbarán un largo trecho de su vida.
En 1850 escribe "Argíropolis" y "Recuerdos de provincia".
En 1851, cuando Urquiza se pronuncia contra el gobierno de Don Juan Manuel de Rosas, Sarmiento se incorpora al "Ejercito Grande" como boletinero con grado militar. Luego de Caseros, conoce la ciudad de Buenos Aires donde residirá corto tiempo. Decepcionado tanto de Urquiza como de los separatistas porteños decide volver a Chile como autoexiliado hasta 1855. Durante ésta, su tercera estadía chilena, se produce la polémica con Alberdi en la prensa chilena. Cuando Sarmiento vuelve a Buenos Aires, la provincia estaba separada de la Confederación y es designado por Mitre como ministro de Gobierno. En aquellos días inicia una relación amorosa con la hija de Dalmacio Vélez Sardfield, Aurelia Vélez (2).
Luego de la batalla de Pavón, Mitre se hace cargo de facto del gobierno nacional y en 1862 es nombrado Sarmiento gobernador en San Juan y Director de Guerra. Conduce la represión de las montoneras federales en Cuyo y el Noroeste argentino que termina con el asesinato del Chacho Peñaloza en Olta. Su cometido como gobernador de San Juan genera problemas complicados con los vecinos de la provincia y decide renunciar reconociendo su fracaso.
Mitre lo nombra en 1865 (año en que comienza la guerra contra el Paraguay) embajador en los Estado Unidos. En 1866 viviendo en U.S.A. se entera de la muerte de su hijo Dominguito en la batalla de Curupaitý y en 1867 se informa de su candidatura promovida por un sector del ejército y apoyada por los autonomistas.
En el año 1868 asume la Presidencia de la Nación acompañado en la Vicepresidencia por Adolfo Alsina. Su mandato dura los seis años establecidos en la Constitución. Terminada su presidencia en 1874 es nombrado Director General de Escuelas por el Presidente Avellaneda y es electo Senador por su provincia natal. A fines de la presidencia de Avellaneda, es designado Ministro del Interior para manejar desde el gobierno nacional el enfrentamiento con el gobernador porteño Carlos Tejedor.
Después de buscar sin éxito algo del poder y el protagonismo perdido, en 1880 Sarmiento se convierte en uno de los opositores más severos del roquismo. Participa activamente en la polémica sobre la educación laica o religiosa. Funda en 1885 el diario "El Censor" desde donde lleva una durísima campaña contra la política de Roca y la llamada "generación del 80".
En 1887 decide trasladarse a Asunción del Paraguay donde muere el 11 de septiembre de 1888.

  ¿Qué hay de real detrás del mito?
Se nota que tuvo Sarmiento una larga y multifacética existencia que es preciso desmenuzar para conocer que hay efectivamente detrás de tanta diversidad y presunto talento.
¿Qué hay de cierto detrás tanta actividad, tanta obra y tantos escritos? ¿Que se encuentra detrás del mito del "padre del aula? ¿Qué formación intelectual tenía el gran educador? ¿Qué hay de cierto acerca de la calidad literaria de sus escritos? Y por último ¿Qué se sabe realmente sobre su carácter estrafalario y excéntrico?

Un gran pensador liberal y democrático
Veamos primero lo referente a su formación intelectual. Sin dudas, Sarmiento era una inteligencia superior a la media, pero lo que tratare aquí es de ver si realmente era una mente brillante, forjadora de civilizaciones como afirma el liberalismo argentino.
En esta cuestión he decidido seguir los estudios que Manuel Gálvez ha plasmado en su monumental biografía "Vida de Sarmiento". Expone el escritor nacionalista, refiriéndose a las lecturas adolescentes de Sarmiento: "Pero estos estudios son caóticos. Sin dudas constituye su "bachillerato". Sin preparación alguna, Domingo ha leído hasta manuales de metafísica. Todo lo ha devorado en desorden. Muchas cosas no puede haberlas comprendido, si bien las retiene porque le sobra memoria. Esta formación intelectual deplorable, sin disciplina, marca el espíritu de Sarmiento para toda su vida". Y continúa más adelante: "Su cultura será informe, llena de lagunas y harto periodística. No es culpa suya, él se instruye como puede."
Estamos ante una formación ecléctica y superficial, una formación que no admitía conceptos doctrinarios, sistemas teóricos o ideas filosóficas. Un pragmático que vivió en perpetua contradicción ideas mal leídas y peor digeridas. Se ha escrito bastante sobre las ideas sociales de Sarmiento y de una supuesta sociología que las sustentaban. No es verdad, "su inteligencia no estaba hecha para sistemas o doctrinas. El solo comprendía ideas concretas".
Tampoco tiene una formación política sistemática y su ideología es cambiante, confusa y heterogénea. ¿Romántico, "socialista", positivista, liberal, social- cristiano? Según... las épocas, los libros leídos y la pasión que le ponía a la temática.
Para la posteridad que lo idolatró, Sarmiento fue un gran liberal y un gran demócrata, incluso sus apologistas lo consideran el padre del liberalismo argentino. Un verdadero liberal o un demócrata no son partidarios del autoritarismo ni en la teoría ni en la práctica como Sarmiento lo era. Tampoco puede ser liberal un espíritu dogmático. No puede ser liberal Sarmiento que durante años sirvió en Chile a gobiernos despóticos y autoritarios. No puede ser auténticamente democrático estando en contra del sufragio universal: deseaba prohibir el voto a los menores de 21 años, a los analfabetos y a los negros. Un genuino liberal cree en la igualdad de los hombres: para Sarmiento, racista confeso, los negros, los indios los gauchos apenas eran seres humanos que aborrecía profundamente. Un verdadero liberal republicano le niega al Estado el derecho a matar, pero durante su presidencia fueron fusiladas sin juicio previo más de 30 personas y puso precio a la cabeza de un gobernador electo por los entrerrianos: Ricardo López Jordán. No es demócrata quien quiere el máximo de poder en el gobierno y en función de esto declara sin argumentos jurídicos el estado de sitio en las provincias cada dos por tres.
En esto tenía razón Jaruretche: el problema no es Sarmiento sino los sarmientistas. Es la "posteridad" que construye el mito de Sarmiento liberal y democrático. Él siempre se expresó en sus escritos coherentemente como antiliberal y jamás renegó sus principios autoritarios que puso en práctica durante toda su vida pública.

El "Padre del aula"???
¿Fue Sarmiento, como lo expresa su posterior mitificación, un educador, el más grande educador de América, "padre del aula?" En realidad el gran mérito de la presidencia de Sarmiento fue la política educacional en el nivel secundario ya que la enseñanza primaria y superior incumbía a las provincias. Se crean durante su presidencia cinco colegios nacionales y dos colegios normales.
Pero en verdad no es suya la obra, sino de su ministro de educación Avellaneda que, en sus "Escritos y Discursos" se atribuye todo el mérito: "El nombre del señor Sarmiento al frente del gobierno era por sí solo una dirección dada a las ideas y a la opinión a favor de la educación popular; su firma al pie de los decretos era una autoridad que daba prestigio a mis actos. Su intervención se redujo, sin embargo a esta acción moral".
En síntesis, mientras ocupó la presidencia, cuanto se realizó en materia educativa fue obra de Avellaneda. Luego como Director de Escuelas de la Provincia y Superintendente General de Escuelas de la Nación poco o nada hizo.
Paúl Groussac, cuya opinión es necesario tener en cuenta ya que ocupó altos cargos en la enseñanza en vida de Sarmiento, ha escrito: "es dudoso que el autor de "Facundo" fuera el gran educacionista de nuestros estribillos". Y agrega que, en materia de enseñanza, no tuvo Sarmiento nunca una idea propia.
Lo que es innegable es la influencia que tuvo Sarmiento como publicista de la necesidad de "educar al soberano". "Fue un animador -escribe Manuel Gálvez- convenció no a muchos, pero si a quienes correspondía, de la necesidad de que todos supiesen leer y escribir".
Alberdi publica en 1871 su única novela poco conocida: "Peregrinación de Luz del Día" (3). El texto es una maravillosa parodia escrita en código que desenmascara el sistema de poder y la corrupción de la sociedad argentina en ese tiempo. A Sarmiento Presidente lo encarna un personaje de ficción al que Alberdi llama "Tartufo". Tartufo, en la novela mencionada, es un apóstol de la educación. Con detalles va exponiendo su plan de educación pública que consiste en instruir a los niños en las verdades falsificadas de las logias haciéndolos disciplinados instrumentos de su política. "¿Pero Tartufo tiene escuela de niños? - Pregunta "Luz del Día" - ¡No faltaría más - contesta éste - que yo vendiese mi tiempo y mi paciencia por $ 30 al mes, el salario del último sirviente! Yo me ocupo de la educación para lo que es exaltar y ponderar sus ventajas, porque eso produce buen efecto y da opinión. Yo me ocupo de hablar y escribir de educación, pero no de educar yo mismo; de enseñar a educar sin educar. De dirigir, de administrar, de gobernar la educación: pero no de darla, porque éste es oficio humilde, subalterno, y sobre todo, para darla, es preciso haberla recibido".

Un gran escritor
Continúo ahora, profundizando otra de las publicitadas facetas del "ilustre sanjuanino": La de escritor. Tanto su más entusiasta panegirista, Leopoldo Lugones, como su más riguroso crítico, Manuel Gálvez, se ponen de acuerdo en señalar las limitaciones de Sarmiento escritor.
Leopoldo Lugones, que fue uno de los más grandes críticos literarios de su tiempo, en "Vida de Sarmiento" opina que: "Sarmiento fue periodista antes de ser autor de libros, circunstancia cronológica que determina, como es natural, la formación del escritor, y con esto el examen crítico. Las cualidades y defectos más prominentes de aquél, son rasgos de periodista. Las peculiaridades que producían en su prosa la impresión del estilo, siempre urgente. La gala literaria, resultante de un temperamento nativo de escritor, le viene al correr de la pluma. Por eso es siempre fragmentaria y comúnmente de tosco engarce. El positivismo es también su cualidad dominante, y de aquí la escasez de metáforas. Él periodista debe decir las cosas directamente, interesando a su lector con el valor intrínseco de las mismas. Esto excluye también el sistema filosófico y literario. Las ideas, tanto como la literatura del periodista, dependen de la impresión de su día. Son fugaces por naturaleza, como la hoja que las edita. Su lógica es la de los acontecimientos, no la de las ideas."
Lo que Lugones tiene que decir obligatoriamente de manera elíptica y elegante, Manuel Gálvez lo formula sin eufemismos: "No tenía idea de la técnica literaria. No sabía componer sus párrafos. Carecía de todo orden retórico. Su prosa es inconexa, desmadejada, arbitraria, antiartística, llena de flecos inútiles, de repeticiones, de incoherencias, de faltas contra el gusto." Y continúa más adelante: "los más graves defectos en su prosa son la confusa construcción y la bárbara sintaxis. Por causa de ambos defectos, muchísimas veces no se le entiende. Es preciso releer con cuidado millares de frases suyas para saber que ha querido decir o a que persona o suceso se refería".
Pero Sarmiento que tenía voluntad para escribir y cosas para decir, a pesar de sus limitaciones literarias, escribió muchísimo (sus Obras Completas suman en total 52 tomos); ensayos sobre temas diversos, narró sus viajes, escribió biografías, su autobiografía, comentarios pedagógicos, historia, política, análisis sociológicos intuitivos, etc. Miles de páginas componen sus Obras Completas. De toda su enorme obra, "Recuerdos de Provincia" y "Facundo" son las únicas sobrevivientes, oxigenadas, por supuesto, por la currícula escolar que hizo casi obligatoria su lectura.
"Recuerdos de Provincia" es una autobiografía carente de profundidad. Contiene tantas cosas sin interés alguno que creo que su perpetuidad corre peligro. El libro fue escrito para presentarse ante sus contemporáneos como futuro presidente. Es una aburrida cronología de su ascendencia y relata algunas anécdotas de juventud con algo de color. Sirvió, entre otras cosas, para presentar al candidato como un hombre del interior, con un barniz federal.
"Facundo", su obra más afamada y sobredimensionada en sus bondades literarias es una biografía novelada y su grandeza radica en la exageración de la figura del caudillo de manera tal que termina fundando un mito popular. "Sin Sarmiento, Quiroga fuera uno de tantos caudillos valerosos y oscuros. Por él es un protagonista shakesperiano! Sublimes paradojas estas venganzas geniales!" interpreta Lugones.
Esta es su mejor obra, por su estilo moderno y ameno, para muchos la mejor del siglo XIX. En la cultura argentina se disputa con el "Martín Fierro" de José Hernández el titulo de "libro patrio", a pesar de representar antítesis políticas. Pero más allá de la polémica sobre la calidad literaria, "Facundo" fue un ensayo político sin ningún valor histórico porque está repleto de mentiras que nadie cree, un libelo, un folleto político contra Rosas que desarrolla en su antinomia de "civilización o barbarie" la teoría que justificará el posterior genocidio del gauchaje en nombre de la mentada civilización y el ansiado "progreso".

Hombre de temperamento, genio y figura
Y para terminar, su singular personalidad o el personaje construido. Sarmiento fue estigmatizado en vida como "loco" por la sociedad de su tiempo, en especial por los porteños que se burlaban permanentemente de sus ocurrencias. El mote de "loco" se fundaba en las conductas excéntricas derivadas de su expansiva personalidad.
Su extraño temperamento fue analizado por un médico legista, el psiquiatra Nerio Rojas (hermano de aquel Ricardo Rojas, autor del "Santo de la Espada" ) que en el año 1916 publicó un trabajo titulado "Sicología de Sarmiento". En el mismo comenta que, "de joven evidencia un temperamento anormal" y que, a fines de 1835 Sarmiento al enfermarse de fiebre tifoidea, las secuelas de ésta enfermedad, le pudo haber traído aparejado "depresión melancólica, seguidos de fuerte excitación psíquica". La conclusión más sugestiva del trabajo es el diagnóstico del psiquiatra: "Cenestesia de genio". Esto significa que "se sentía completamente genio, tenía autoconciencia de su genialidad y actuaba en consecuencia. Y de allí su carácter indoblegable, su férrea voluntad, el sentido de su autoridad, y el de su responsabilidad personal".
Intrigado también por la increíble personalidad de Sarmiento, Manuel Gálvez intenta rastrear la "locura" de Sarmiento en su genética, donde sí, encontramos varios cuadros patológicos: "Algunos miembros de estas familias fueron o son locos o chiflados. Un Albarracín es imbécil. Otro, el fraile Miguel, fue hereje y extravagante. Fermín Mallea, tío de Sarmiento, enloquecerá en 1848. Miguel de Oro, casado con Elena Albarracín, tiene dos locos en su familia: un hermano y una hija. El clérigo José de Oro, su hijo, está lejos de ser enteramente cuerdo, lo mismo que José Clemente Sarmiento, el padre de Domingo Faustino".
Sus apologistas encuentran y justifican sus chifladuras como el resultado de una mente genial, fuera de serie, a la que algunos, como el propio Lugones, le atribuyó dotes adivinatorias... ¡Oh Sarmiento, Genio y Figura!
Hubo un tiempo en la Argentina en que estuvo de moda hablar y escribir sobre la inescrutable personalidad de Sarmiento. De todas las explicaciones, hipótesis y calificativos dados a la misma entiendo que la de Alberdi es la más clara al juzgarlo como un "Tartufo". Como vimos, Alberdi personaliza en su novela "Peregrinación a la Luz del Día" al propio Sarmiento presidente en el personaje de la obra de Moliere. "Tartufo o el impostor" así se llama la famosa comedia francesa en que Tartufo, su personaje central, representa la simulación, la falsedad, la hipocresía. Por su malicia e hipocresía se nos hace odioso, verdaderamente execrable. Por sus engaños, es un hombre bastante listo y rastrero, que no duda en engañar y aprovecharse de los inocentes que creen en su palabra; tiene además, un especial aspecto bufonesco que divierte muchísimo al público. El personaje Tartufo describió de manera tan excelsa al ser hipócrita que este nombre es utilizado ahora en el Diccionario de la Real Academia Española para definir a la persona impostora, embaucadora y falsa. Alberdi, que sí lo conocía bien a Sarmiento, lo había tratado epistolarmente desde su juventud, sabía de sus limitaciones, sabía que simulaba.
Después de haber reflexionado estas lecturas mencionadas se puede pensar que Sarmiento, conscientemente, histriónicamente, trabajó para el público y para la posteridad su personaje de loco. Simulando serlo... actuando su "locura" que nunca le impidió perder el sentido de la realidad. Solamente una mente que exageraba su propia locura pudo escribir una carta a Mitre que aconsejaba entre otras: "No trate de economizar sangre de gauchos. Es lo único que tienen de humano. Este es un abono que es preciso hacer útil a país". El texto es injustificable, data de 1861... Y el texto lo escribe "el más grande educador de América".
El sanjuanino también escribió, con motivo de la Guerra del Paraguay, cartas como esta: "Estamos por dudar que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excresencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse".
Todo es simulación en Sarmiento que, tal vez especulaba como Nerón: "Ódienme con tal de que me teman", es de la única manera en que se puede entender que escribirse algo tan inhumano con tanta impunidad. Ni loco- demente, ni genio, ni extraño personaje, sino un simulador, un impostor, un Tartufo megalómano con una gran capacidad histriónica como varios personajes de la historia argentina la han tenido. Pero más allá de la locura simulada, no dejó de ser un asesino y genocida.

El Sarmiento del panteón liberal
Veamos ahora la construcción del mito Sarmiento perpetrada por el aparato cultural de la oligarquía portuaria. De cómo y porqué se manipuló su imagen y se inventó un "Sarmiento inmortal" que hoy se levanta en el altar de la patria como especial referente de los educadores, la escuela pública y los niños educandos.
El proceso de mitificación de su figura fue especialmente veloz. A los 20 años de su muerte ya era un personaje mitológico. En su glorificación ha contribuido el liberalismo, tal vez el poder subterráneo de la masonería de fines de siglo, pero fundamentalmente un sector de intelectuales a sueldo del régimen. Se falsificó la historia haciendo hincapié en la grandeza de su alma y se lo presentó como un "buen abuelito" amante de los niños, algo temperamental, democrático, liberal y profundamente humanista.
El Estado y el "régimen" de fines de siglo XIX en Argentina necesitaba con urgencia de personajes, historias heroicas y leyendas épicas que dieran sustento al incipiente Estado y a la ansiada "unión nacional" lograda a sangre y fuego después de Caseros. Historias y mitos que evitaran una posible disgregación ante el avance de la inmigración europea. Esta situación de posible desintegración social era muy temida por las clases dirigentes de entonces. Este escenario, no previsto por los defensores de la inmigración, concibe entonces que se organice una escuela pública donde se infunda una verdadera "religión cívica" según los dictados de la ideología liberal dominante.
José Ramos Mejía, presidente del Consejo Nacional de Educación, es un personaje clave para comprender la falsificación de la historia en la escuela pública y la introducción del mito Sarmiento, tanto en los programas escolares como en el imaginario colectivo. En algunos de sus escritos sociológicos, decididamente positivistas, propone la manipulación de la educación popular y propicia adaptarla a la sensibilidad puramente emotiva de las clases populares. Así nace la visión de la historia como una epopeya y el culto de los próceres como semidioses despojados de toda condición humana. Sarmiento incluido.
En éste proceso de glorificación de figuras históricas llevadas a cabo por el "régimen" le tocó rápido el turno a Sarmiento. A Leopoldo Lugones, escritor del diario "La Nación", el mencionado Ramos Mejía le encarga una biografía de Sarmiento. No una biografía de carácter histórico sino una exaltación de la figura del "gran sanjuanino".
"Porque se trata, ante todo, de glorificar a Sarmiento. Es este el objeto del encargo que me ha dado el señor Presidente del Consejo Nacional de Educación, doctor José Ramos Mejía, a cuya distinción quiero corresponder". (Prefacio de "Historia de Sarmiento". Leopoldo Lugones, enero de 1911.). Y no solo lo glorificó y lo trocó en mármol sagrado, sino que tuvo el atrevimiento intelectual de intentar su canonización: "Santo en efecto, a la manera de aquellos varones formidables y coléricos que iniciaron los grandes movimientos cristianos e islamitas; santo, ni por la perfección de su virtud, por la altura de su misticismo, conducentes a la vía unitiva de los teólogos en estado de contemplación inefable; si no por la abnegación valerosa que superaba todas sus imperfecciones, así como el cerro parecido saca de entre matorrales, derrumbaderos y cavernas, luminosa en la inmensidad, su punta blanca."
Y este libro, hoy quizás de dificultosa lectura por su estilo artificial y recargado, fue muy leído y también estudiado por las primeras generaciones de argentinos del siglo XX. Se instituyó como lectura canónica para educadores sin conciencia nacional, estudiantes de magisterio, alumnos e intelectuales de la pequeña burguesía urbana. Leopoldo Lugones fue para Sarmiento con su "Historia de Sarmiento" lo que Ricardo Rojas significó para San Martín con el "Santo de la Espada", salvando las distancias en cuanto a las diferencias políticas sustanciales de los personajes históricos tratados.
Así se dio el fenómeno de mitificación de Sarmiento que no logró consolidarse tanto como los poderes hubiesen deseado.
Un instrumento de la oligarquía
A principios de los sesenta (1960) la imagen de Sarmiento como apóstol de la educación y gran liberal comienza a ser cuestionada por sectores del nacionalismo. El revisionismo histórico desenmascaró al "gran sanjuanino" responsabilizándolo por el asesinato del Chacho. Se publicaron muchos ensayos críticos sobre "Facundo" demostrando el verdadero significado de la contradicción "civilización y barbarie". El exacerbado extranjerismo de Sarmiento, en especial su admiración por lo yanqui y el odio por todo lo nuestro, contribuyó para conquistarse la repulsión de todo el campo nacional y popular.
Sarmiento fue socialmente un desclazado, un marginal de la oligarquía a la que también detestaba según el mismo decía, pero fue un instrumento político de la clase dominante y después de muerto, funcional a la misma desde su dudoso bronce. El no era un hombre de la oligarquía portuaria. Por su condición de clase pertenecía a una antigua y pobre familia de provincias arruinada por el librecambio. No obstante su marginalidad, su barbarie, sus "locuras"; la oligarquía que lo ridiculizaba, lo eligió para colocarlo en el Olimpo con los otros padres de la patria como un maniquí condecorado por la Gloria. ¿Por qué?
Permita el lector que responda la pregunta Juan José Hernández Arregui en este retrato inefable, que muestra, la quintaesencia de la oligarquía argentina: "Su patriciado (el de la oligarquía) es un derecho divino y hereditario establecido por la Constitución de 1853, la ley sagrada y depósito histórico de sus privilegios codificados. Racionalista y tradicionalista a su tiempo, en el sentido relatado, ama los mausoleos de sus próceres y los adorna con epitafios sobre la libertad jacobina, desfigurando el contenido feudal de su propia función de clase con máximas progresistas. Del ahí su admiración por Sarmiento, el bárbaro culto, cuyos consejos conservan vivos en su memoria de clase: "Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos" o "Debe manifestarse un brazo de hierro y no tenerse consideración con nadie". O mejor aún "Todos los medios son buenos y deben emplearse sin vacilación". Por eso la oligarquía admira a Sarmiento." (J. J. Hernández Arregui."La formación de la conciencia nacional". Pág. 64.)

viernes, 15 de febrero de 2013

1 de febrero de 1820: Cepeda

Por el Dr. Gonzalo García

 
La Batalla de Cepeda puso fin al proyecto oligárquico del Directorio de Buenos Aires. Las montoneras de Ramírez y López entran en Buenos Aires y atan la caballada a la Pirámide de Mayo recién construida... Comienza lo que la historia liberal mitrista denominó la "anarquía del año '20″. Más que "anarquía", en el año 20 se empieza con un proceso de reencuentro con la realidad natural y desnuda de un pueblo que debía sustituir las jerarquías de la sociedad colonial por otras que contuvieran los valores igualitarios asumidos en la Revolución de Mayo.  
 "El año 20, decían los aristócratas, era el que debía marcar el fin de la revolución, estableciendo el poder absoluto para consumar nuestro exterminio repartiéndose entre si los empleos y riquezas del país a la sombra de un niño coronado que ni por sí ni por la impotente familia a que pertenece podía oponerse a la regencia intrigante establecida y sostenida por ellos mismos."  Francisco Ramírez.

El proyecto de la oligarquía porteña y la Constitución de 1819  
A mediados de la primera década del Siglo 19, el antiguo virreinato del Río de la Plata ya se perfilaba como un país, faltaba formalmente declarar la independencia de España, las condiciones internacionales apremiaban y los movimientos revolucionarios la exigían. De tal manera el Congreso reunido en Tucumán en 1816 homologa estos hechos enunciando que "las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". Y ..."declaramos solemnemente a la faz de la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli".
 
Una vez declarada la independencia quedaba un problema a resolver. La pregunta era la siguiente: ¿Qué forma de gobierno elegir? En el congreso de Tucumán se planteó seriamente la posibilidad de convertir al país en una monarquía. Napoleón había sido definitivamente vencido y en Europa señoreaba la Santa Alianza, que era un conjunto de monarquías aliadas muy reaccionarias, que se oponían a la constitución de republicas ya que éstas eran sinónimos de subversión, caos, ateismo y jacobinismo.
 
Los que estaban por la monarquía no tenían todas las mismas motivaciones. No se puede equiparar el monarquismo de San Martín, que proponía además una monarquía parlamentaria, admitiendo en la monarquía la posibilidad de un gobierno fuerte adecuado a las características y las grandes extensiones del país. No se lo puede comparar, repito, con el concepto monárquico de un Manuel José García enajenado por fuerzas internacionales. Y cosa parecida ocurría con los republicanos. Algunos de los republicanos criollos coincidían en los intereses con Inglaterra. Gran Bretaña, estaba mucho mas interesada en instalar una republica en el Plata porque resultaba un régimen de más fácil penetración y dominación en razón a las propias tendencias y contradicciones del republicanismo como sistema. Los federales de las primeras dos décadas revolucionarias eran republicanos, porque asumían en el republicanismo la tendencia popular hacia el pluralismo democrático, por reacción histórica contra el unitarismo centralista establecido por los virreyes.
 
Algunos hombres importantes, Belgrano entre ellos, aconsejaron erigir una monarquía. La propuesta tuvo algunas posibilidades de cristalizar a través de gestiones diplomáticas muy complejas en Europa; también se barajó la idea de restaurar el trono de un Inca. Sin embargo, y más allá de las tratativas, estos proyectos no fueron más que sondeos de opinión que por más exigua que fuese, repudiaba la posibilidad de un monarca en Buenos Aires: eso habría sido el fin de la Revolución iniciada en 1810 que encontraba en Mariano Moreno a su pro hombre. El Pueblo, a pesar de ser en ese entonces (como lo es ahora) una entidad heterogénea, variopinta, impalpable, rechazaba esa posibilidad y prefería una opción mas abierta y democrática.
 
De manera tal que el Congreso en principio descarta el sistema monárquico. Pero deja aun abierta la posibilidad para que sigua siendo tratada en Buenos Aires cuando sigua sesionando el Congreso para dictar una constitución.
 
Corolario de lo dicho, en abril de 1819, el Congreso sanciona una Constitución, unitaria y absolutista, que no era ni monárquica ni republicana pero que dejaba las puertas abiertas para la entrada de un príncipe o un infante. Se trataba de una Carta Magna aristocratizante, con un Senado formado por delegados por las provincias, pero que al mismo tiempo incluía personajes designados por su propio carácter, tales como: rectores de universidad, generales, obispos etc. El texto no mencionaba la palabra república.
 
La llamada constitución de 1819, no tuvo prácticamente vigencia y no funcionó porque la disidencia federal era ya muy grande, como muy profunda era también la desconfianza de los pueblos frente a las intrigas monárquicas de los porteños. Así las cosas, y después de una serie de hechos políticos y militares menores se sanciona la constitución y esto resultó una afrenta, una provocación para los pueblos del interior que conducidos por Ramírez y López marchan con sus montoneras gauchas hacia la ciudad Buenos Aires.
 
La Batalla de Cepeda, bautismo de fuego del federalismo
 
Ramírez, como lugarteniente del Protector Artigas, asumirá la función de jefe supremo del ejército federal. Estanislao López, el caudillo santafesino, se agrega a las fuerzas en calidad de aliado histórico del caudillo oriental. Se le pliegan también algunos desterrados del régimen: Alvear que prometía apoyo de importantes sectores porteños y el chileno Miguel Carreras que aporta alguna tropa y una imprenta que había comprado en Estados Unidos. Esta imprenta, volante, editaba un boletín, "La Gaceta Federal", explosivo en su contenido.
 
En octubre de 1819 se reúnen los dos jefes, Ramírez y López, en Coronda para establecer planes comunes. Días después, el entrerriano lanza una proclama declarándole la guerra al Directorio, sostén político de la constitución aristocrática y antipopular, e invitando a sus paisanos a compartir la insurrección.
 
Allí está ahora, Francisco "Pancho" Ramírez, como jefe supremo de los ejércitos federales en el umbral de la historia. Está frente a sus "Dragones de la Muerte" como se llamaban las disciplinadas montoneras entrerrianas. Conduce también a los dragones santafesinos de López, los guaraníes de Misiones, los mocovíes del Chaco y toda la montonera artiguista. En ese momento el régimen directorial se derrumba.
 
Pueyrredón renuncia al Directorio y asume Rondeau. El mismo Rondeau que nueve años antes fuera convencido por Ramírez para desertar del ejército español e ingresar a las filas revolucionaria artiguistas. El mismo Rondeau que está frente a él comandando las tropas porteñas.
 
El Director Rondeau pide auxilio a los ejércitos regulares. Ya se sabe que el General San Martín, fiel a su conducta patriótica, popular y revolucionaria, se niega a desenvainar su gloriosa espada en esta guerra civil, mucho menos en contra del pueblo. Solo le queda al Directorio el veterano Ejercito del Norte comandado por Belgrano al que Rondeau pide auxilio. Esta fuerza se niega también a participar en la contienda civil, se amotina en Arequito y esa sublevación deja al Directorio -ya debilitado políticamente- en un estado de total vulnerabilidad militar.
 
El 1º de febrero de 1820 en la cañada de Cepeda, en una atropellada de las montoneras federales se sella la suerte del Directorio oligárquico.
 
El historiador entrerriano Aníbal Vásquez escribe en su libro "Ramírez": "El triunfo de Cepeda debe considerarse como el bautismo de sangre del federalismo argentino, y como la primera afirmación colectiva de la mayoría popular a favor de la organización nacional, republicana, democrática y federal".
 
Bisagra histórica
 
La batalla de Cepeda desde el punto de vista del aspecto militar fue de las más "pobres" en la historia argentina, pero en sus proyecciones políticas fue de las más fecundas. Las milicias directoriales, formadas en mayor parte por esclavos comprados por el gobierno para convertirlos en soldados, se desbandaron ante el ataque montonero. Una sola carga bastó para desmoronar a los porteños que "en menos de un minuto" se dispersaron dejando la artillería en poder de los gauchos entrerrianos.
 
Políticamente, institucionalmente había caído por primera vez desde 1810 la autoridad nacional, por primera vez desaparecía una entidad estatal que había ejercido, a veces solo formalmente, el poder sobre todo el antiguo virreinato.
 
Los sectores oligárquicos de Buenos Aires entran en pánico ante una supuesta posibilidad de "invasión" de las tropas federales. Vicente Fidel López, el ensayista quintaesencia de la versión mitrista de nuestra historia, expresa su repugnancia cuando relata el episodio: ... "numerosas escoltas (de Ramírez y López) compuestas de indios sucios y mal trajeados a término de dar asco ataron sus caballos en los postes y cadenas de la Pirámide de Mayo mientras sus jefes se solazaban en el salón del ayuntamiento". Relato que habla por sí solo acerca del desprecio y el odio que siente la oligarquía y la antipatria por la causa federal y el recuerdo de la batalla de Cepeda.
 
Las montoneras de Ramírez y López entran en un Buenos Aires y atan la caballada a la Pirámide de Mayo recién construida...Comienza lo que la historia liberal denominó la "anarquía del año '20″. Más que "anarquía" en el año 20 se empieza con un proceso de reencuentro con la realidad natural y desnuda de un pueblo que debía sustituir las jerarquías de la sociedad colonial por otras que contuvieran los valores igualitarios asumidos en la Revolución de Mayo.
 
Ese es el valor de Cepeda y de la entrada de los caudillos del litoral a Buenos Aires. Fue una directa confrontación con la verdad nacional, que en 1820 era ruda, brava e indomable. Para aprender esa verdad no servían los doctores y sus leyes. Servían sí esos hombres espontáneamente surgidos de sus realidades comarcales. Ellos, los caudillos, tuvieron la responsabilidad histórica de encauzar de manera pragmática y progresiva esa fluida verdad nacional que desfilaba a caballos por las calles de Buenos Aires.
 
Esta es la gran gloria histórica de nuestro "Pancho" Ramírez.

jueves, 9 de agosto de 2012

San Lorenzo: la Batalla olvidada

Por Dr. Gonzalo García

A 25 kilómetros al norte de Rosario, a la altura de la desembocadura del arroyo San Lorenzo se encuentra, en la ciudad del mismo nombre, el Convento de San Carlos. Allí puede advertirse que el imponente río Paraná que baña las altas barrancas se angosta notoriamente en ese paraje.

Desde la atalaya del Convento, el entonces Coronel San Martín pudo avistar el desembarco de los "godos" en la madrugada del 3 de febrero de 1813. Al mando del capitán vizcaíno Juan Antonio Zavala irrumpieron, en son de guerra, desplegando "su rojo pabellón" 250 soldados españoles con dos piezas de artillería creyendo que iban a enfrentar y escarmentar a unos pocos milicianos de la villa del Rosario.

Pero la sorpresa de los desembarcados fue grande cuando vieron la carga de caballería que se les vino encima como un rayo. Los 125 granaderos que estaban ocultos en el convento desde la noche anterior surgieron de las penumbras "como centauros" y la carga los arrolló en menos de tres minutos. Los españoles intentaron la resistencia vanamente pero 15 minutos después estaban reembarcados dejando en el campo sus 2 cañones, la bandera de guerra, 50 fusiles, 40 muertos y 14 prisioneros. Las fuerzas de la Patria naciente tuvieron bajas: 27 heridos y 15 muertos, entre ellos el Capitán Bermúdez y el Sargento Cabral.
"No fue San Lorenzo un combate de mérito extraordinario, ni San Martín le dio más importancia que el bautismo de fuego de su regimiento" afirma José María Rosa. Pero la fama de esa carga de sable y los pormenores heroicos del combate tuvieron gran trascendencia. Fue la primera y única batalla librada por el "Gran Capitán" en suelo patrio y terminó convirtiéndose en el combate más célebre de las guerras de la independencia.
Tal vez, la razón de su gloria la encontramos en el argumento que Ricardo Rojas expone con su personal estilo en el "Santo de la Espada": "El combate de San Lorenzo fue el punto de arranque de esa carrera triunfal en que palpita el generoso espíritu sanmartiniano".

Su recuerdo, en el Convento y en San Lorenzo
El turista o cualquier curioso que hoy quiera visitar el histórico convento encontrará un edifico remozado y muy bien mantenido, que contiene un interesante y completo museo recordatorio de la gesta sanmartiniana. Se trata del "Museo Histórico del Convento San Carlos", el cual posee varias salas de exposición. Estas incluyen la Capilla Antigua, con una muestra de arte religioso; el Cementerio Conventual, donde se encuentran las tumbas de los religiosos fallecidos; y una urna, señalada con el Escudo Nacional, que contiene los restos de los caídos en el combate de San Lorenzo.
Un dato histórico memorable es el hecho de que en uno de los aposentos del convento se alojó el coronel San Martín. Por último, también está la celda donde agonizó el Capitán Bermúdez por once días.
Frente al convento se hallan el Monumento a la Batalla de San Lorenzo y el Campo de la Gloria y en la parte posterior, sobre la avenida San Martín, aún crece el pino en cuya sombra el Coronel San Martín escribió el parte de la batalla.
Todos los años, los sanlorencinos se visten de fiesta para conmemorar el 3 de Febrero, la primera y única victoria al mando del General José San Martín en suelo argentino. Y de un tiempo a esta parte se le ha agregado a los actos centrales la realización emotiva de una carga de caballería y salva de artillería a cargo de la 1º sección del Regimiento de Granaderos a Caballos.


La batalla de 1846, la de la Guerra del Paraná
Retrocedamos nuevamente en el tiempo, detengámonos ahora en 1846, en el mes de Enero de ese año. Argentina era ya una Nación independiente, conducía la Confederación don Juan Manuel de Rosas y otras eran las banderas extranjeras que remontaban nuevamente el Paraná violando la soberanía nacional sobre los ríos interiores.
A mediados de 1845 la Confederación Argentina era invadida por una poderosa escuadra anglo-francesa al mando del almirante Hotham. Las dos más grandes potencias del mundo violentaban el territorio argentino a pedido de los comerciantes, banqueros e industriales ingleses que "urgían al gobierno británico para que conjuntamente con el de Francia, adoptase medidas para limitar las restricciones puestas al comercio en el Plata".
Así comienza lo que algunos autores han denominado "La Guerra del Paraná". Esta es una guerra nacional de resistencia que el gobierno de Rosas lleva a cabo contra la agresión imperial anglo-francesa.

La dimensión de la guerra
En previsión del propósito de forzar el Paraná por parte de los invasores, el ejército argentino monta, en diferentes y estratégicos parajes del río, las defensas para detener o al menos obstaculizar la navegación de la poderosa flota invasora.
Esta verdadera guerra fluvial no declarada comienza con el apoderamiento de los barcos argentinos de la escuadra de Brown en Montevideo en agosto de 1845 y termina cuando Gran Bretaña firmó con Rosas un tratado en 1849, por el cual Inglaterra se vio obligada a evacuar la isla Martín García, reconocer la soberanía argentina sobre los ríos interiores, los derechos de Oribe para ocupar la presidencia del Uruguay, devolver los barcos argentinos y saludar en desagravio el pabellón nacional con 21 cañonazos.
Con respecto a Francia, se convino que la Argentina retiraría las tropas de la Banda Oriental cuando Francia quite las guarniciones militares de Montevideo, abandone su posición hostil y celebre un tratado de paz. Francia debió ceder después de meses de negociar ante las exigencias de Rosas. En agosto de 1850, Francia concluyó con la Confederación un tratado de paz y amistad. Rosas exigió que se formule el desagravio al pabellón nacional con 21 cañonazos en forma inmediata a lo que los franceses accedieron.

Los respectivos tratados de paz marcaron una clara victoria de la firme y digna posición en defensa de nuestra soberanía nacional llevada a cabo con férrea voluntad por Juan Manuel de Rosas como encargado de las relaciones internacionales de la Confederación.

Las batallas de la guerra
En el transcurso de esta verdadera conflagración internacional se libraron sobre las costas de los ríos Uruguay y Paraná varios encuentros armados. Una de las batallas, la de "La Vuelta de Obligado", es recordada todos los 20 de noviembre como el "Día de la Soberanía Nacional". Tal vez se eligió este combate como ícono, debido a la feroz resistencia de las tropas argentinas comandadas por Lucio N. Mansilla, el alto valor simbólico de las cadenas cortando la navegación del río y la repercusión internacional que tuvo.
Pero hubo otras batallas, no menos significativas que ésta, tanto desde el punto de vista militar o por sus posteriores proyecciones políticas. La escuadra invasora fue también hostilizada y combatida en las barrancas de "Tonelero" y "Acevedo", en "Quebracho" y en la "Batalla Olvidada" de "San Lorenzo" a la que me refiero en esta nota.

La "Batalla olvidada"
En las barrancas de la costa comprendida entre el histórico convento de San Carlos y el lugar que se llama "Punta del Quebracho", el General Mansilla, comandante de las defensas, había dispuesto ocultar los cañones bajo la maleza junto con 250 carabineros y 100 infantes.
Al mediodía de 16 de enero de 1846, cuenta Saldías en su monumental "Historia de la Confederación Argentina", aparecieron el vapor "Gordon", la corbeta "Expeditive", los bergantines "Dolphin", "King" y dos goletas armadas. La flota montaba 37 cañones de grueso calibre y custodiaban la navegación de 52 barcos mercantes.
A la altura de la desembocadura del arroyo San Lorenzo, la "Expeditive" y la "Gordon" hicieron tres disparos de bala y metralla sobre la costa para descubrir la fuerza de Mansilla. Las tropas argentinas permanecieron, según el plan, ocultas en sus puestos. Cuando todo el convoy se encontraba en la angostura del río, Mansilla mandó a romper el fuego de sus baterías dirigidas por los capitanes José Serezo, Santiago Maurice y Álvaro de Alzogaray. "El ataque fue certero; los buques mercantes rumbeaban desmantelados hacia dos arroyos próximos, aumentando con el choque de los unos con los otros las averías que les hacían los cañones de tierra." (Adolfo Saldías).
Al comenzar la tarde el combate continuaba extremadamente recio todavía. Favorecidos por el viento de popa del atardecer, el convoy invasor llegó hasta el lugar llamado "Punta Quebracho" con grandes averías en los buques de guerra y pérdidas considerables de las manufacturas para comerciar que llevaban los buques mercantes. Murieron en combate 50 hombres de las fuerzas invasoras. El contraalmirante Inglefield en su parte oficial al almirantazgo británico dice que: "los vapores ingleses y franceses sostuvieron el fuego por más de tres horas y media y apenas un solo buque del convoy salió sin recibir un balazo".
La pérdida de las fuerzas nacionales fue insignificante: una sola baja. Mansilla pudo decir con propiedad que: "hábiale tocado el honor de defender el pabellón de su patria en el mismo paraje de San Lorenzo que regó con su sangre San Martín al conducir la primera carga de sus después famosos Granaderos a caballo".

¿Nadie recuerda esta batalla?
A mediados del año 2008 fui a visitar el convento de San Carlos en la ciudad de San Lorenzo. Estuve recorriendo todas las salas del bien conservado museo, crucé la avenida y me dirigí al Campo de la Gloria donde pude admirar los diferentes monolitos que recuerdan los caídos en el primer combate de San Lorenzo.
Pensaba también encontrar alguna referencia a "la otra batalla de San Lorenzo", la que conocía a través de mis lecturas de historia. Busqué al menos una mínima referencia, una placa conmemorativa, pero no encontré nada.
Con una cuota de ánimo inquieto y curioso mantuve una conversación con personal del museo por la cual me pude enterar de que estaban en conocimiento de la "otra batalla de San Lorenzo", pero me confirmaron que ninguna referencia se podía encontrar de ella, ni en el museo, ni en la ciudad. Evaluamos con el personal del museo, a los fines de encontrar alguna prueba histórica sobre la batalla de 1846, que sería posible hallar cierta información en los libros del convento, pero los documentos se encontraban bajo guarda y pronto a ser destinados a un merecido mantenimiento, por lo que estarían inaccesibles por un buen tiempo.
La lucha por la historia
Me dirigí luego a las barrancas -desde donde se puede contemplar en toda su inmensidad el río- e imaginé desde ese mirador natural a la flota imperial anglo francesa, tratando de proseguir rió arriba, mientras las huestes de Mansilla la cañoneaba incansablemente.
Reflexioné sobre los por qué de la carencia de un recuerdo de esta gesta en el lugar... No pude terminar de creer ni de convencerme de que hoy, sólo por la obra del "aparato cultural del sistema", profundamente antirrosista, se impida que se erija un recuerdo en memoria de esos héroes olvidados. ¿Será que tal vez los argentinos no tenemos espacio para recordar dos batallas que se produjeron en el mismo lugar? ¿O será que la épica fundacional de la batalla de San Lorenzo eclipsa cualquier otra?
Desconozco las razones, tal vez no las haya y sólo se trata de otra gloria más, olvidada por los argentinos...
Pero al final del camino del razonamiento, llegué a la conclusión de que la mejor forma de homenajear a los héroes y mártires es seguir recuperando la historia, apropiándonos de su relato, combatiendo contra los olvidos maliciosamente consumados por la historia oficial desde todos sus matices y desde todas sus corrientes. Sólo poniendo luz sobre la oscuridad y sacando del ostracismo y el olvido a los grandes luchadores y a las epopeyas nacionales puede el pueblo, y en especial mi generación, romper con un discurso histórico que nos condena a la dependencia y a la derrota.
La historia de un pueblo no admite recortes ni narraciones que cultivan la desmemoria. La vida de un pueblo es una continuidad que se entiende con una lectura completa. Solamente así se puede comprender nuestro presente y se encuentran las claves para el futuro.

Bajo este faro se realiza este homenaje a aquel 16 de Enero. A los héroes y al mártir de aquella "olvidada" batalla en la cual, en el mismo campo en que San Martín luchó por la liberación de nuestra patria, hubo otros argentinos que, casi 33 años después y siguiendo los principios del Libertador, lucharon sin cuartel contra el imperialismo, defendiendo nuestra soberanía nacional.