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viernes, 19 de agosto de 2022

El Restaurador en el exilio: LEALES Y MISERABLES...la Confiscación de sus bienes.

Por el Profesor Jbismarck
Su principal colaboradora epistolar es Josefa Gómez, y los temas claves su indignación por la confiscación de sus bienes en Buenos Aires; su situación de pobreza económica, falto de recursos, y su necesidad de ayuda departe de sus amigos; Pepita era ama de llaves de Felipe Elortondo y Palacio, deán del Cabildo Eclesiástico. En 1843, nace una hija, Juana Josefa (Pepita), a la que le pone el apellido de su difunto marido y hace figurar como adoptada.  La confiscación de los bienes de Rosas Por Decreto del gobernador provisional de la provincia de Buenos Aires, presidente del Superior Tribunal de Justicia, Dr. Vicente López y Planes, nombrado por el general vencedor en Caseros, Justo J. de Urquiza, y su ministro Valentín Alsina, ordenan la confiscación de todos los bienes del general Rosas declarándolos de propiedad pública. 
Inmediatamente, varios de los amigos de Rosas, Juan N. Terrero, Josefa Gómez y José M. Roxas y Patrón, le escriben al general Urquiza, quien somete esta cuestión a diversos estudiosos Tomás Guido, analizando el origen social y legal del gobierno de Rosas, opina que: Si el general Rosas ha hecho mal uso de la suma del poder […] sería responsable no sólo el general Rosas, sino la Junta de Representantes y toda la provincia, que expresa o individualmente le confirió ese poder, y toda la nación que lo sostuvo con su propia fuerza y aún lo estimuló con vivos y prolongados aplausos.   
Salvador María del Carril, aquel que aconsejó al general Lavalle el fusilamiento del gobernador Dorrego en 1828, dijo: Opino por la devolución de los bienes detenidos a don Juan Manuel de Rosas porque aun cuando él ha aturdido a la generación contemporánea con sus horribles crímenes, no debe olvidarse que estaba investido del mando supremo e irresponsable de esta nación sobre la que ha imperado un cuarto de siglo, dominándola con sus propios elementos y recursos y sujetándola con las fuerzas físicas y morales que ella encierra
Urquiza ordena, con fecha de 7 de agosto de 1852, la devolución de los bienes del general Rosas a su apoderado Juan N. Terrero y nombrar como defensor de oficio a Tiburcio de la Cárcova, antiguo partidario del general. Rosas le escribe a Urquiza el 3 de noviembre de 1852 agradeciendo su consideración. Pero esto no se concretaría. El 4 de septiembre de 1852, Urquiza delega el gobierno de la provincia en el general José Miguel Galán, con el objeto de ocuparse de los preparativos del Congreso Constituyente que se llevaría a cabo en la ciudad de Santa Fe. En su ausencia, estalla la revolución del 11 de septiembre de 1852, conducida por Valentín Alsina (inmundo unitario), quien asume como gobernador y separa a la provincia de Buenos Aires de la Confederación hasta el 23 de septiembre de 1860. El nuevo gobierno de Buenos Aires, por ley del 21 de septiembre de 1852, deja sin efecto todas las disposiciones que se habían tomado bajo el gobierno de Urquiza. Con fecha de 18 de diciembre de 1853, Rosas eleva, al nuevo gobierno, su reclamo, que no fue considerado ni contestado. 
El 12 de abril de 1854 Buenos Aires promulga su Constitución, por medio de la cual Pastor Obligado (ex secretario de Ciriaco Cuitiño) fue elegido gobernador y en 1857 nuevamente V. Alsina. En 1856, el gobierno de Buenos Aires decide someter a proceso público a Juan Manuel de Rosas. El 28 de julio de 1857 se sanciona la ley por la cual se declara a Rosas reo de lesa patria por la tiranía sangrienta que ejerció sobre el pueblo durante el período de su dictadura y traidor a la independencia de su patria, se le vuelven a confiscar todos sus bienes, los cuales fueron declarados de propiedad pública. Desde este punto de vista, las tierras se venderían en pública subasta y los inmuebles de la ciudad, incluida la Quinta de Palermo, pasarían al poder municipal. En la vereda de los acusadores se encontraban tanto antiguos partidarios del Restaurador como sus enemigos de siempre. De la mano del Dr. Rufino de Elizalde, se lo enjuicia en ausencia, condenándolo en rebeldía a la pena de muerte en calidad de aleve. Rosas redacta su defensa en tres idiomas (español, inglés y francés). Considera que ese juicio solo compete a Dios y a la historia. “No hay Ley anteriór que prescríba, ni la sustáncia del juício, ni las fórmas que déban observarse. Porqué no pueden constituírse en jueces, los enemigos, ni los amígos de Rósas, las mísmas víctimas que se dícen, ni las que pueden ser tachádas de complicidad en los delítos” (Carta de J.M. de Rosas a J.M. Roxas y Patrón) Ante la falta de tribunales de apelación y revisión, a Rosas solo le quedan las cartas para protestar contra los actos de deshonor, las acusaciones y el despojo de sus bienes. Los defensores de Rosas en Buenos Aires Josefa Gómez, Juan N. Terrero y José María Roxas y Patrón se convierten en los defensores del honor, los derechos y la protesta del general Rosas en Buenos Aires. En 1857 reanuda el intercambio epistolar con Urquiza y le manda copia de su protesta. Lo mismo hace con Juan Bautista Alberdi. Urquiza le contesta a Rosas el 24 de agosto de 1858 en donde vierte importantes conceptos. Allí le dice que recibió algunos ejemplares de la protesta que publicó en Europa respecto a “las injustas y violentas medidas tomadas contra sus propiedades y las de sus hijos, por el Gobierno Irregular de Buenos Aires”. Urquiza se compromete a enviarle anualmente y mientras pueda 1.000 libras para su socorro. Si bien él mismo contribuyó a su caída, sin embargo no olvida la consideración que se le debe en razón del servicio que hizo en defensa de los derechos de soberanía e independencia nacional. Rosas nunca dejó de agradecer este reconocimiento, además de su ayuda. Él mismo relata en estos términos su situación actual: No fumo, no tomo rapé, vino ní lícor algúno, no asísto a comídas, no hago visítas, ni las recíbo, no paséo, ni asisto a teatros, ni a diversiones de clase algúna. Mi rópa es la de un hombre común. Mis mános y mi cara son bien que mádas y bién acredítan cuál y como es mi trabajo diario incesante, para en algo ayudarme. Mi comída es un pedazo de carne asáda, y mi mate, Náda mas En la granja que arrendaba, instaló un tambo, con vacas, caballos y útiles, que subarrendaba, y lo producido semanalmente por ésta le servía para costear el cultivo del resto de la chacra.  Informa que en su testamento dejó claras instrucciones sobre cómo tiene que ser su funeral, sin pompa ni aparato, y dónde deben descansar sus restos. Posteriormente en 1873 agrega en un condicilio, que sería “hasta que en mi patria se reconozca y acuerde por el gobierno la justicia debida a mis servicios”.Pide que sus restos sean repatriados a Buenos Aires y puestos a la par de los restos de su compañera Encarnación y los de sus padres.
Rosas sufre EN EL EXILIO LA MISERIA DE LOS HOMBRES A QUIENES ENCUMBRÓ Y LE comenta a Josefa Gómez la iniciativa de su yerno, Máximo Terrero, y de su amigo y consuegro, Juan N. Terrero, de hacer una suscripción en Buenos Aires para ayudarlo en el destierro. “Así se sabrá si tengo o no tengo amigos, y si los tengo, quienes, y como son […] porqué se sabrá ó empezará ya también á conocer que los que se decían mis amigos, al morir, ni antes, nada, absolutamente nada, me han dejado” (Carta de J.M. de Rosas a J. Gómez, Southampton, 22/05/1866) Aquí se refiere a Nicolás Anchorena, quien nunca le escribió ni pagó los más de 60.000 pesos fuertes metálicos que le debía. Tampoco su esposa, Estanislada Arana, ni sus hijos se hicieron cargo de la deuda. También menciona a sus cuñados, María Josefa y José María Ezcurra, y a su hermano, Gervasio Rozas, que murieron sin pagar sus deudas. En su auxilio no solo acudió el general Urquiza y José María Roxas y Patrón, sino también Juan N. Terrero y su esposa, Juanita Rábago, quienes le enviaban 500 libras anuales (Carta de J.M. de Rosas a J. Gómez, Southampton, 20/09/1866). Rosas le envía a Josefa Gómez los nombres de algunas personas que puede contactar, entre ellos, Margarita y Juanita Ezcurra, Petrona Ezcurra de Urquiola y Mariquita Ezcurra, Andrés Costa Arguibel (sus sobrinos), Alejandro Baldez (su sobrino), Dolores Fernández de Quiroga, Federico Terrero (hijo de Juan N. Terrero), Mateo García de Zúñiga, Antonino Reyes, hijos del coronel Santiago Villamayor. Quienes fueron respondiendo uno a uno con envíos de letras a nombre del general Rosas. Otros se sumaron voluntariamente a medida que se enteraban como el coronel Prudencio Arnold, Leonardo Pereyra, Gregorio y Marcelino Rodríguez, Carlos Ohlsen (secretario de Urquiza). Su compromiso era devolver el dinero una vez que el gobierno de Buenos Aires le reintegrara sus propiedades. Dentro de este grupo es necesario señalar la incondicionalidad de las hermanas Ezcurra, a quienes Rosas consideraba como suyas propias- Lo mismo puede decirse de los Terrero, ya que a la muerte de Juan N. Terrero, su viuda, Juanita Rábago, seguía auxiliándolo; cuando esta fallece en 1872, lo hacen sus hijos. La misma actitud vale encontrar en Roxas y Patrón, quien deja una cláusula en su testamento de continuar socorriendo al general Rosas en el destierro hasta su muerte o hasta cuando este lo indique. También es importante resaltar la presencia de Petrona Villegas, quien formaba parte del círculo íntimo de Manuelita Rosas junto a Juanita Sosa, Pepita Gómez y Rosa Arana, con quienes mantuvo una asidua correspondencia. El grupo que compartía veladas de cabalgatas y guitarreadas en Palermo se componía además de Micaela y Juana Cascallares; Máxima González; Dolores, Mercedes y Rosa Fuentes; Carmen Zelaya; Telésfora Sánchez; Marica Mariño y Sofía Frank. Muchos otros no contestaron, como Laureano Ramírez, Andrea Ortiz de Rozas de Saguí (quien fallece en 1868), Isabel Fuentes de Ezcurra (su ahijada). En este punto, hace referencia a su nuera Mercedes Fuentes y a la indiferencia con que educó a su único hijo, llamado también Juan Manuel y que jamás recordó a su abuelo. Manifiesta sentir la indiferencia de muchas personas. También se siente apenado por la ausencia de su amigo Mateo García de Zúñiga, hasta que se entera que había sufrido quebrantos económicos, como tantos otros que no pudieron aportar nada, o que tuvieron que interrumpir la ayuda o reducirla. También hubo decepciones, como Carlos Horne, en Montevideo, quien dudó ante Josefa Gómez de la letra y firma del general Rosas. En carta del 27 de noviembre de 1861, Roxas y Patrón comparte con Rosas la decepción por aquellos que en su momento fueron considerados amigos, hombres ricos como Nicolás Anchorena o Felipe Vela, cuyas fortunas fueron promovidas por la política económica, y en especial de tierras, de Rosas y, ante la desgracia y el infortunio, miraron hacia otro lado. Dn. Nicolas se declaró mi enemigo, y qdo. Se encontraba conmigo hombro á hombro en la calle, hacía la vista á un lado en señal de desprecio. Por último, es importante remarcar las ausencias. Entre las más importantes, la de su hijo, Juan Bautista Ortiz de Rozas, quien si bien partió con su padre y hermana hacia Southampton en 1852, a los tres años decidió regresar al Río de la Plata con su esposa, Mercedes Fuentes, y su hijo Juan Manuel. Primero se estableció un tiempo en Santa Catarina (Brasil) y en 1859 llega a Buenos Aires, donde se establece y fallece en 1870. Tampoco se sabe nada de su hermano Prudencio Ortiz de Rozas, quien había sido un estrecho colaborador de su gobierno, en donde tuvo una destacada actuación militar. Después de Caseros, Prudencio vende todas sus propiedades y emigra a España, instalándose en Sevilla, donde lleva una vida cómoda y holgada. Es muy extraño que no haya habido correspondencia entre los hermanos y que Prudencio, que se dedicó a viajar, jamás haya ido a visitar a Rosas en Southampton, Urquiza se pregunta “¿qué se han hecho los amigos del general Rosas, a quienes colmó de fortuna en su época? Entre los primeros que cambiaron de postura se encuentran los Anchorena. También el Dr. Rufino de Elizalde, rosista en su tiempo, asiduo concurrente de las fiestas de Palermo, compuso la “Canción Federal” que bajo tapas de terciopelo rojo le dedicó y entregó a Manuelita Rosas, fue diputado provincial, pero después de Caseros se pasó al bando contrario y fue fiscal de estado. Curiosamente, hombres que habían militado en las filas unitarias, como Salvador María del Carril, Félix Frías o el Dr. Carlos Tejedor, se opusieron al juicio contra Rosas. Para Frías, “a los hombres de principios no les es permitido todo contra los tiranos; no les es permitido imitarlos”. Para Tejedor, La lista de cómplices de Rosas es muy grande y supone castigar a un pueblo entero. De todos modos, la causa de Rosas pasó a la justicia ordinaria y los jueces ratificaron la condena, la cual debería ejecutarse en Palermo habida la ausencia de Rosas en el país e imponiéndole, además, la obligación de restituir lo robado al tesoro público. ¿Cuál no habrá sido la sorpresa del hombre de todos los poderes cuando vio que sus principales acusadores habían sido partícipes de sus veladas en Palermo? Algunos, incluso, integrantes de su gobierno; otros, agraciados con favores, vieron aumentadas sus fortunas y propiedades. Así sucedió con el Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield, amigo. Honor, prosperidad y protección, Incluso, inician un intercambio epistolar, con afectuosas expresiones de amistad, hasta que esta se corta abruptamente al enterarse Manuela de que Vélez se había convertido en uno de los principales perseguidores de su padre y que llegó a acusarlo de la muerte del Dr. Maza. Por el intercambio epistolar entre ambas amigas, se sabe que cuando a Rosas le confiscaron sus bienes, el Dr. Vélez Sarsfield le pidió a Máximo Terrero poderes para iniciar la defensa judicial, algo que Terrero no podía otorgar. Ante esto, Manuela Rosas escribe a Josefa Gómez: “Si en 1852, y aún después, el señor Vélez creía justo defender nuestros intereses, yo no sé qué nuevas faltas pueden imputarse por nuestra parte para haber vuelto de uno que se decía amigo celoso, en un enemigo rencoroso, y lo que es peor aún calumniante a sabiendas, sin corazón y sin conciencia”.También se pregunta cómo es que “muchos de los personajes de la actualidad, frecuentaban mi sociedad, bailar y divertirse en ellas sin causarles horror las supuestas mutilaciones de las víctimas, cuya piel desollada, cuyas orejas curtidas, cuyas cabezas sangrientas servían de adorno en los salones del reo? A fe que tú misma veías a Elizalde y muchos otros visitar esos salones noche a noche y al mismo doctor Vélez, que tantas veces se llamó mi amigo”   Para Rosas, según le hace saber a su amiga Josefa Gómez en carta del 19 de enero de 1870,“Sabido es, que el Señor Doctor Velez, ha sido siempre mi enemigo, tanto más injusto, cuánto más alta ha sido su posición entre los hombres distinguidos que han ocupado, y ocupan el poder”.  Más allá de todo, en el interior de la pampa, seguían resonando los ¡vivas! a Rosas
Bibliografia
dellepiane, Rosas en el destierro
Fitte Ernesto Confiscación de los bienes de Rosas
Fradkin,Gelman "Rosas, la construccción..."
Irazusta Julio "Vida de Juan Manuel de Rosas"
Lynch John "Juan Manuel de Rosas"
Raed José "Cartas del exilio"
Reguera Andre "Testamento de Rosas"
Ternavasiao Marcela "Correspondencia de Rosas"

miércoles, 30 de junio de 2021

Un gran Patriota, no tan conocido: General Tomás Guido 1788 - 1866 -

 Por Julio R. Otaño

Militar, diplomático y político nacido en Buenos Aires. Participó en las principales acciones de la Historia Argentina durante la primera mitad del siglo XIX: las invasiones inglesas, adhirió a la Revolución de Mayo y acompañó a Mariano Moreno en su misión trunca. Luego fue mano derecha de San Martín en la organización del Ejército de los Andes y en las campañas de Chile y Perú. El Libertador lo consideraba su amigo y confiaba plenamente en él, nombrándolo consejero de Estado y ministro de Guerra y Marina ascendiéndolo a General. En 1824 fue Jefe del Estado Mayor del General Necochea (Mariscal del Perú), regresando a las Provincias Unidas en 1826. Anti rivadaviano como su venerado amigo San Martín, fué convocado por el gobierno de Manuel Dorrego (1827-1828), de quién fue ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, y luego en la difícil misión de plenipotenciario ante la Corte de Río de Janeiro junto con Juan Ramón Balcarce, para celebrar la convención preliminar de paz. También durante el gobierno de Balcarce y Viamonte fue Ministro y diplomático ante el gobierno imperial. 
daguerrotipo cuya autoría se atribuye a Carlos Enrique Pellegrini realizado en 1854, forma parte de la colección del Museo Histórico Nacional 

Con posterioridad, colabora con la Confederación Argentina, Liderada por Juan Manuel de Rosas, desempeñándose durante varios años como representante diplomático en Brasil (1840-1851). En todo ese período, mantiene correspondencia con San Martín, ya radicado en Europa. Con motivo del atropello de las escuadras inglesa y francesa, en el Paraná, en 1845, Guido se solidariza con la posición de San Martín en defensa de la soberanía: “En mi larga carrera política no he visto violaciones más escandalosas de la moral y del derecho público que las acometidas por los agentes de dos renombradas naciones: Inglaterra y Francia en el Río de la Plata… ¿cuál es la causa positiva de estos desafueros?: La aduana de Montevideo. Las adquisiciones de una compañía inglesa. El tratado de comercio y navegación celebrado por Inglaterra con el gobiernillo de aquella plaza. El interés mercantil y político de aquella nación… Ahí tiene usted la clave de tanta inquietud. Cualquier otro pretexto es historia de viejas o engañabobos”. Guido desempeñó una tarea difícil y ardua, siempre a la altura de los más puros intereses nacionales. Más que a su amigo Rosas, sirvió a la Confederación, como antes lo había hecho junto a San Martín. La figura de Tomás Guido se agranda en cualquiera de los tiempos en que se la considere; aun después de Caseros, en que luchó por la unidad nacional cuando el partido portuario segregó el Estado de Buenos Aires. En la Confederación urquicista, surgida del acuerdo de San Nicolás, Guido cumplió labor destacada, en el Senado y en la diplomacia. El más digno cierre de la reseña de la vida de Tomás Guido son las palabras que dirigiera la hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce, a Pilar Spano de Guido:

Usted, mi querida amiga, pierde al mejor de los maridos; nosotros, al amigo más querido de mi buen padre, al que más apreciábamos y respetábamos; y la Patria, una de sus glorias, y ya uno de los últimos de aquellos hombres heroicos y patriotas que le dieron la libertad y el ser”

viernes, 28 de agosto de 2020

Juan Manuel de Rosas y el primer homenaje a Cornelio Saavedra

Por Julio R. Otaño 

29 de marzo de 1829. En Buenos Aires muere Cornelio Saavedra. Nadie, en ese momento, toma en cuenta la desaparición del hombre que jugó un papel decisivo en el triunfo de la revolución que puso en marcha el proceso de la emancipación argentina. 

Saavedra desaparece en momentos en que el país se encuentra envuelto en la enconada lucha civil provocada por el golpe unitario que encabeza Juan Lavalle

Sin embargo, las honras a Saavedra no tardan en efectuarse. A poco de asumir el gobierno de Buenos Aires, Rosas expide este decreto: 

“Buenos Aires, 16 de diciembre de 1829. El primer comandante de patricios, el primer presidente de un Gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el pais se hallaba. Después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar a ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a su mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes, que supo consagrar entera al servicio de su patria. El gobierno, para cumplir con un deber tan sagrado, acuerda y decreta: Art. 1-) En el Cementerio del Norte se levantará, por cuenta del gobierno, un monumento en que se depositarán los restos del Brigadier General D. Cornelio Saavedra. Art. 2*) Se archivará en la Biblioteca pública un manuscrito autógrafo del mismo Brigadier General, con arreglo a lo que previene el decreto de 6 de Octubre de 1821. Art. 39) Comuniqúese y publiquese — Rosas — Tomas Guido."

El 13 de enero de 1830 se celebran en la iglesia de la Merced solemnes funerales para honrar a Saavedra. A ellos asisten, como lo registra el diario El Lucero: “El Excmo. Señor Gobernador (Juan Manuel de Rosas) acompañado de los señores ministros Guido y Balcarce, y un gran número de generales, jefes y oficiales”

El mismo periódico agrega la siguiente noticia: “Por una singular coincidencia estos honores postumos de un benemérito ciudadano se tributarán el día mismo en que a petición del señor Coronel Celestino Vidal, los batallones cívicos de la Capital reasumían el título de Regimiento de Patricios. Hubiese sido difícil hacerlo revivir más oportunamente".

Bibliografía:

Furlong Guillermo. Cornelio De Saavedra. El Padre De La Patria

domingo, 28 de junio de 2020

Rosas en el exilio: el odio y revanchismo unitario y la actitud de Justo José de Urquiza


Por Julio R. Otaño
El Restaurador mantuvo correspondencia con varias personas.  Los temas presentes en las cartas son, los referidos a su nueva vida en Inglaterra; su indignación por la confiscación de sus bienes en Buenos Aires; su situación de pobreza económica, falto de recursos, y la necesidad de ayuda departe de sus amigos; la aclaración sobre ciertos hechos ocurridos durante su gobierno; y sus opiniones políticas respecto a lo que ocurre tanto en el Plata como en el mundo. 
Por Decreto del 16 de febrero de 1852, el gobernador Dr. Vicente Lopez y Planes, nombrado por el general Justo J. de Urquiza, y su ministro Valentin Alsina, ordenan la confiscacion de todos los bienes del general Rosas declarándolos de propiedad publica. Inmediatamente, varios de los amigos de Rosas, Juan N. Terrero, Josefa Gomez y Jose M. Roxas y Patron, le escriben o se hacen presentes ante el general Urquiza, quien somete esta cuestion al estudio del Consejo de Estado. Este Consejo de Estado estaba formado en gran parte por antiguos partidarios del general Rosas, entre ellos, Felipe Arana,  Tomas Guido, Eduardo Lahitte y Nicolas Anchorena. 
Historia Argentina - La organización Nacional - Presidencia de ...
 La opinión unánime del Consejo le sirvio a Urquiza para ordenar, con fecha de 7 de agosto de 1852, la devolucion de los bienes del general Rosas a su apoderado Juan N. Terrero.  Rosas le escribe a Urquiza el 3 de noviembre de 1852 agradeciendo su consideracion. Pero esto no se concretaría:  El  11 de septiembre de 1852, conducida por Valentin Alsina, quien asume como gobernador y separa a la provincia de Buenos Aires de la Confederacion hasta el 23 de septiembre de 1860. El nuevo gobierno de Buenos Aires, por ley del 21 de septiembre de 1852, deja sin efecto todas las disposiciones que se habian tomado bajo el gobierno de Urquiza.  Con fecha de 18 de diciembre de 1853, Rosas eleva, al nuevo gobierno, su reclamo, que no fue considerado ni contestado. El 12 de abril de 1854 Buenos Aires promulga su Constitucion, por medio de la cual Pastor Obligado (ex secretario de Ciriaco Cuitino) fue elegido gobernador y en 1857 nuevamente V. Alsina.
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En 1856, el gobierno de Buenos Aires decide someter a proceso publico a Juan Manuel de Rosas. El 28 de julio de 1857 se sanciona la ley por la cual se declara a Rosas "reo de lesa patria por la tiranía sangrienta que ejerció sobre el pueblo durante el periodo de su dictadura y traidor a la independencia de su patria", se le vuelven a confiscar todos sus bienes, los cuales fueron declarados de propiedad publica.  Desde este punto de vista, las tierras se venderian en publica subasta y los inmuebles de la ciudad, incluida la Quinta de Palermo, pasarian al poder municipal. En la vereda de los acusadores se encontraban traidores al Restaurador como sus enemigos de siempre. De la mano del Dr. Rufino de Elizalde, se lo enjuicia en ausencia, condenándolo en rebeldía a la pena de muerte en calidad de aleve (Antiguamente se usaba por alevosía. | Como adjetivo equivale a pérfido, inicuo, traidor. alevoso; y se aplica no sólo a las personas, sino también a acciones).  
Rosas redacta su defensa en tres idiomas (español, ingles y francés). Considera que ese juicio solo compete a Dios y a la historia. “No hay Ley anterior que prescriba, ni la sustancia del juicio, ni las formas que deban observarse. Porque no pueden constituirse en jueces, los enemigos, ni los amigos de Rosas, las mismas victimas que se dicen, ni las que pueden ser tachadas de complicidad en los delitos”  (Carta de J.M. de Rosas a J.M. Roxas y Patron, Southampton, 03/10/1862). 
Ante la falta de tribunales de apelación y revisión, a Rosas solo le quedan las cartas para protestar contra los actos de deshonor, las acusaciones y el despojo de sus bienes.  Los defensores de Rosas en Buenos Aires Josefa Gomez, Juan N. Terrero y José María Roxas y Patrón se convierten en los defensores del honor, los derechos y la protesta del general Rosas en Buenos Aires.
José María Roxas y Patrón - Wikipedia, la enciclopedia libre 
Terrero era amigo, compadre, socio y apoderado de Rosas, con quien se escribia frecuentemente. Rosas, en su testamento, lo considera su primer amigo, y a quien lega el sable del general San Martín. Por su parte, Jose Maria Roxas y Patron –ministro de hacienda de Rosas durante su segundo gobierno- Se compadece de la situación personal por la que esta atravesando el general en el destierro y se siente en deuda con Rosas y agradecido por favores que recibió le solicita que acepte el envío de una cantidad anual para mejorar su situación.  En 1857 reanuda el intercambio epistolar con Urquiza y le manda copia de su protesta. Urquiza le contesta a Rosas el 24 de agosto de 1858 en donde vierte importantes conceptos.  Allí le dice que recibió algunos ejemplares de la protesta que publicó en Europa respecto a “las injustas y violentas medidas tomadas contra sus propiedades y las de sus hijos, por el Gobierno Irregular de Buenos Aires”. También lamenta que el gobierno nacional que preside nada pueda hacer al respecto, pero creo que V. no debe perder la esperanza de que sus conciudadanos vuelvan sobre sus actos que como expresión de venganza y de odios mezquinos, infaman al pueblo en que se cometen. Debe confiarse en que cuando los sentimientos de verdadero nacionalismo prevalezcan sobre las pasiones de círculo que agitan hoy a los que gobiernan a Buenos Aires, los actos que han ofendido los derechos de V. serán corregidos como los demás errores de autoridades reaccionarias". Ambos coinciden en destacar que es importante dispersar ese círculo perverso que se ha apoderado del gobierno de la provincia de Buenos Aires y que la ha hecho “teatro de toda violencia, de todo desorden, de toda persecución y se mantiene como un foco corrompido de perturbación para el resto de la República y las vecinas”.  
Urquiza se compromete a enviarle anualmente y mientras pueda 1.000 libras para su socorro. Si bien él mismo contribuyó a su caída, sin embargo no olvida la consideración que se le debe en razón del servicio que hizo en defensa de los derechos de soberanía e independencia nacional.  Rosas nunca dejó de agradecer este reconocimiento, además de su ayuda. 
Bibliografía:

DELLEPIANE, A. 1936.Rosas en el destierro.

FITTE, E.J. 1973. El proceso a Rosas y la confiscación de sus bienes. Buenos Aires, Emecé,
GRASS MARIO CÉSAR 1950 "Rosas y Urquiza"
IRAZUSTA, J. 1970 [1941]. Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia
LYNCH, J. 1986.Juan Manuel de Rosas, 1829-1852.Buenos Aires, Hyspamérica
RAED, J. 1974  Juan Manuel de Rosas: Cartas del Exilio, 1853/1875. Buenos Aires, Rodolfo Alonso
REGUERA, A. 2009.Por el testamento habla la red: Estancias, bienes y vínculos...
TERNAVASIO, M. 2005.Correspondencia de Juan Manuel de Rosas. Buenos Aires, Eudeba, 233 p

sábado, 31 de agosto de 2019

SILUETAS DE PRÓCERES POR UN OFICIAL SUECO: SAN MARTÍN. O’HIGGINS. BALCARCE. GUIDO

Por José Luis Busaniche
SAN MARTÍN :
Este general llegó de Chile a Buenos Aires (mayo de 1818) unos días antes de lo que se esperaba, para evitar los homenajes preparados. Se fué directamente al Palacio Directorial. El día siguiente fui presentado a él y lo vi en los días siguientes casi a diario, siendo yo muy amigo y huésped frecuente de don Antonio de Escalada, su suegro.  Don Antonio me invitó a comer en su casa y así tuve la ocasión de ver a San Martín y conversar largamente con él, una vez casi todo un día. San Martín es hombre de estatura mediana, no muy fuerte, especialmente la parte inferior del cuerpo, que es más bien débil que robusta. El color del cutis algo moreno con facciones acentuadas y bien formadas. El óvalo de la cara alargado, los ojos grandes, de color castaño, fuertes y penetrantes como nunca he visto. Su peinado, como su manera de ser en general, se caracterizan por su sencillez y es de apariencia muy militar. Habla mucho y ligero sin dificultad o aspereza, pero se nota cierta falta de cultura y de conocimientos de fondo.  Tiene un don innato para realizar planes y combinaciones complicados. Es bastante circunspecto, tal vez desconfiado, prueba de que conoce bien a sus compatriotas. Con los soldados sabe observar una conducta franca, sencilla y de camaradería. Con personas de educación superior a la que él posee, observa una actitud reservada y evita comprometerse. Es impaciente y rápido en sus resoluciones. Algo difícil de fiarse en sus promesas, las que muchas veces hace sin intención de cumplir. No aprecia las delicias de una buena mesa y otras comodidades de la vida, pero, por otro lado, le gusta una copa de buen vino. Trabaja mucho, pero en detalles, sin sistema u orden, cosas que son absolutamente necesarias en esta situación recientemente creada. Hay motivos para reprocharle no haber actuado con energía y aprovechado las
victorias que sus tropas han ganado en Chacabuco y Maipú. Es difícil juzgar si esto tiene su origen en falta de energía o en intrigas políticas, demasiado complicadas para exponer aquí. Sus costumbres y sus hábitos de vida son sencillos, y lo han hecho sumamente popular. Espero tener ocasión de conocerlo mejor en Chile.

O’HIGGINS
O’Higgins, Director Supremo de Chile, es hombre de unos treinta y dos años, de estatura mediana, bastante corpulento, con cara redonda y rosada, que poco se asemeja a la de los criollos en general. Su rostro no da la impresión de un carácter firme ni apasionado. O’Higgins da la impresión de ser lo que es, un soldado bueno, honrado y franco. Ama la comodidad, cuando puede gozar de ella, y le repugna toda ocupación en que haya de concentrarse, lo mismo que los problemas complicados. Por eso se deja muchas veces convencer y acepta planes de cuyos propósitos o maquinaciones no se ha dado cuenta muy bien. San Martín ejerce mucha influencia sobre O’Higgins, especialmente porque este último está muy agradecido a su compañero de armas argentino, a quien es deudor de su elevación política actual. Sin embargo, ahora está tratando de independizarse de su compañero de armas argentino, con gran descontento de este último.
ANTONIO G. BALCARCE
Al salir de casa de O’Higgins me fui a hacer una visita al general Balcarce, jefe militar interino que tuve ocasión de conocer hace dos años en Buenos Aires siendo él Director interino. Este general, a pesar de su juventud, es un jefe lerdo, limitado y sin energía cuyo mérito principal consiste en haber
ganado la primera batalla sobre los españoles en la primera campaña de 1810 (Suipacha). Y basta de comentarios sobre este general que fuma y dormita.
TOMÁS GUIDO
Mi próxima visita fué a casa de don Tomás Guido, coronel, y ministro del gobierno de Buenos Aires ante el gobierno de Chile. Le entregué una carta de San Martín. Me recibió de manera muy cortés y diplomática y al día siguiente me retribuyó la visita. Este hombre no tiene otra cosa de notable que ser un debutante diplomático de un estado nuevo en un mundo nuevo. Como quizá he de ocuparme de él más adelante, daré aquí algunos de sus rasgos característicos, tal como pude observarlos. Es, literalmente, hombre pequeño, grave, cortés y ceremonioso, con una expresión de rostro entre mística y diplomática. Habla con voz muy apagada y ceceando, hace largas pausas, cuidado y prevenido a veces, en tono de misterio y con frecuencia en tono confidencial. En ocasiones parece advertir que se ha descuidado y se detiene en mitad de la frase. Estoy seguro de que podría contar mucho si quisiera y si no tuviera temor en hacerlo. También aparenta no tener conocimiento de cosas que todo el mundo sabe y de que él asimismo está informado, y habla confidencialmente sobre asuntos que uno sabe perfectamente bien que él no conoce sino de manera muy superficial.
JEAN ADAM GRAANER.

viernes, 27 de abril de 2018

Reflexiones sobre Rosas

 Por Alberto Ezcurra Medrano
C
reo que Rosas fue el prócer más grande de la Argentina. Y digo esto sin desmedro de San Martín, que fue, junto con Bolívar uno de los grandes próceres de América. Pero creo que Rosas fue más netamente un prócer argentino. Es un error suponer que cuando Rosas asumió el gobierno existía una República Argentina, al menos tal como la conocemos ahora. Ya se había desmembrado bastante el  Antiguo Virreynato. Y en lo que quedaba no había unión. Las ‘Provincias Unidas de Sud América’ estaban en realidad profundamente desunidas. Tal es así que en el Congreso que declaró su independencia faltaron cuatro de ellas.  Los Caudillos, con sentimientos más localistas que nacionales, lucharon entre sí. Y no faltaron más adelante quienes quisieron  que San Juan y Mendoza se incorporaran a Chile; Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca a Bolivia; y que Entre Ríos, y Corrientes, junto con el Uruguay, formaran una república independiente. Esa era la realidad. El Poder Ejecutivo de Rivadavia no fue más que una ficción. Rivadavia sólo gobernó en Buenos Aires, donde pretendió implantar la civilización europea, y desconoció en absoluto la realidad del interior, que naturalmente lo rechazó.  En tales condiciones Rosas recibió el gobierno. Sobre la base del Pacto Federal de 1831 y la delegación del manejo de las relaciones exteriores que le hicieron las provincias, organizó la Confederación Argentina. Rechazando la obsesión constitucionalista de los teorizadores se tuvo a la realidad y emprendió una larga lucha por la ‘restauración’ de la unidad y de la autoridad. “No se sabe bien –dice Julio Irazusta- hasta que punto esa maniobra es admirable en su mezcla  de inteligencia, fuerza y derecho”. La reconoce el propio Sarmiento cuando dice, en carta íntima al doctor García, que Rosas ‘reincorporó la Nación’. Cuando cayó el país estaba naturalmente constituido y por eso fue posible darle una constitución escrita, y quizás porque se la dio demasiado pronto y no del todo adecuada  a su constitución natural, hubo de soportar aun varios años de división y de guerra civil.
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P
ero no sólo logro Rosas la unión y la autoridad. Un país en plena disolución como era el que recibió al asumir el gobierno, no podía dejar de tentar a las grandes potencias imperialistas de Europa, entonces en pleno tren de expansión. A esto se debieron los conflictos con Francia primero y luego con Francia e Inglaterra. La forma admirable –extraordinaria combinación de diplomacia y de fuerza con que Rosas supo defender  y hacer triunfar la soberanía nacional, quizás aun no ha sido suficientemente valorada en todo su alcance, como no lo fue en su tiempo, aun para muchos de sus amigos y partidarios.
N
aturalmente Rosas, para consumar tan titanica obra no pudo usar siempre guantes blancos, como no lo hizo ningún forjador de naciones. Hubo rebeldes, y muchos de ellos fueron además traidores a la patria naciente. No hay porqué hacer de Rosas el ‘chivo emisario’ de una época en que todos empleaban los mismos métodos, salvo la traición a la patria, que fue obra exclusiva de sus adversarios. San Martín, con profética  clarividencia preció y justificó a Rosas, aun antes de que este asumiera su segundo gobierno. En carta a Tomás Guido, de fecha 1º de febrero 1834, cuyos subrayados son del propio San Martín, expresa lo siguiente: 
“Maldita sea la tal libertad, no será hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona. Hasta que no sea establecido un gobierno que los demagogo llaman tirano y que me proteja contra los bienes que brinda la actual libertad… el hombre que establezca el orden en nuestra patria, sean cuales sean los métodos que para ello emplea, es él sólo que merecerá el noble título de Libertador”.
H

e aquí como San Martín previó a Rosas, supo que le llamarían tirano, le cedió en cuanto a la Argentina respecta su título de Libertador, y lo confirmó más tarde con el legado de su sable. ¡Qué admirable lección para los antirrosistas de todos los tiempos!+

lunes, 30 de octubre de 2017

El general San Martín y la cultura popular

Norberto Galasso
  Ha transcurrido un nuevo aniversario del fallecimiento del General San Martín y varios han sido los actos y artículos en su homenaje. Pero lo popular de San Martín no ha despertado el interés de la mayor parte de sus panegiristas. Conviene, pues, una vez más, volver sobre este aspecto: el San Martín popular.
Ha transcurrido un nuevo aniversario del fallecimiento del General San Martín y varios han sido los actos y artículos en su homenaje. Pero lo popular de San Martín no ha despertado el interés de la mayor parte de sus panegiristas. Conviene, pues, una vez más, volver sobre este aspecto: el San Martín popular.
A poco de regresar a Buenos Aires –en 1812– la aristocrática familia Escalada lo invitó a cenar y él llevó a su edecán. Mandaron a este a la cocina y cuando San Martín supo eso, se levantó, fue también a la cocina y se sentó al lado de su edecán, con los sirvientes. En vano, intentaron hacerlo levantar. Él les dijo: "Donde come mi edecán, como yo." Esto le valió el apoyo de "El Plebeyo", que le impusieron peyorativamente los hermanos de Remedios. Una descendiente de los Escalada lo recordaba diciendo: "Era un ordinario, un grosero… Para el casamiento (los padres) le encargaron a tía Remedios un ajuar de Europa, vestidos paquetísimos, lencería de puntillas, escarpines de  raso… Él lo devolvió todo diciendo que "la mujer de un soldado no puede andar calzada de seda"
 
Del mismo modo, a lo largo de sus luchas, los enemigos, como forma de intentar denigrarlo, lo apodaron "indio misionero", "tape de Yapeyú", "cholo de Misiones", así como la oligarquía chilena, a modo de vituperio, lo llamaba "El Paraguayo". No sería de extrañar que algún vecino "culto" y de tez blanca de la Recoleta o Belgrano lo preciara hoy como "negro" o "cabecita negra" o, más elegantemente, "hombre oscuramente pigmentado". Así procedió, por ejemplo, el jefe absolutista de Chile, Marcó del Pont, al entregarle una nota a un oficial del Ejército Unido, argentino (de los Andes)–chileno, diciéndole con desdén: "Yo firmo con mano blanca, no como San Martín, que la suya es negra."
Interesa recordar, asimismo, una anécdota referida por el propio General. Cuenta que muchos años  después, en Francia, "llegó a verme un papeluchista que traía documentos que me atribuían antepasados nobles… Harto fastidiado por el papeluchista, observando que nadie nos oyera y alzando los ojos al cielo, al pedir interiormente perdón a mi  honrada madre… grité, zamarreando al falsificador de noblezas: 'Mire, señor, yo no soy el tal conde de San Martín porque soy hijo de una gran re…cluta,  que hacía la guardia con mi padre en Misiones'."
"San Martín no tenía nada que ver con los intereses de los terratenientes", señala el historiador Joaquín Pérez al referirse a las evasivas de aquella oligarquía ante su reclamo de apoyo para avanzar en la campaña hacia el Perú. De ahí también su controversia con el aristócrata europeizado don Bernardino Rivadavia –disidencia de proyectos  políticos y hasta de costumbres– con quien estuvo a punto de batirse a duelo, en Londres, en 1825, por las persecuciones de que había sido objeto durante su gobierno. Tiempo después, le escribe a su amigo Tomás Guido: "Usted más que nadie, que  ha estado cinco años a mi lado, debe haber conocido mi odio  a todo lo que es lujo y distinción, en fin, a todo los que es aristocracia."
En estos momentos que vive la Patria, cuando el imperialismo financiero lanza sus buitres –en connubio con los buitres que habitan nuestro suelo para arrasar con nuestra soberanía y nuestros recursos– creo que es conveniente recuperar a ese San Martín popular, aquel que vinculaba la libertad nacional con lo popular, en aquella proclama de 1819: "Si no tenemos dinero, carne y tabaco no nos han de faltar; cuando se acaban los vestuarios nos vestiremos con esas bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota, como nuestros hermanos los indios. ¡Seamos libres y lo demás no importa nada!"