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miércoles, 11 de octubre de 2023

cuanto valía la cabeza de José Hernández para Sarmiento?

Por el Prof. Jbismarck
José Hernández (nacido como José Rafael Hernández y Pueyrredón el 10 de noviembre de 1834 fallecido el 21 de octubre de 1886) fue un militar, periodista, poeta y político. En su homenaje, el 10 de noviembre —aniversario de su nacimiento— se festeja en la Argentina el Día de la Tradición. Los Hernández militaban en el federalismo; uno de sus tíos Juan José moriría en Caseros vivando al Restaurador.  En 1843 falleció su madre. El niño padecía un problema en el pecho, que por prescripción médica debía ser tratado con un cambio de clima, lo que lo obligó en 1846 a abandonar sus estudios y trasladarse a las pampas de la provincia de Buenos Aires. Se fue con su padre, que era mayordomo de las estancias del gobernador Rosas en la zona de Camarones y laguna de los padres. Esto le permitió entrar en contacto con los Gauchos; aprendió a andar a caballo y a realizar todas las tareas que éstos realizaban. Además fue la base de sus profundos conocimientos de la vida rural y del cariño por el paisano que demostró en todos sus actos. En ese período tuvo una visión directa de la realidad del hombre de campo, donde pudo «captar el sistema de valores, lealtades y habilidades que cohesionaban a la sociedad rural»    Participó junto con su hermano Rafael en la carnicería de Cañada de Gómez en la que también fueron derrotados por los mitristas.  En Entre Ríos formó parte de la ultima rebelión gaucha que intentó defender la autonomía de esa provincia contra los embates del presidente Sarmiento. Fue liderada por Ricardo López Jordán, y su primer acto fue el homicidio de Urquiza. José Hernández mostró a lo largo de su vida una especial preocupación por los sectores menos favorecidos de la sociedad. Ya fuera como poeta, como periodista o volcándose de lleno a la arena política y militar, el autor del Martín Fierro consagró su vida a mejorar la situación de los gauchos y a la defensa de las ideas federales.  Domingo F. Sarmiento, quien pronto elevaría un proyecto de ley poniendo precio a las cabezas de los sublevados, entre ellas, la de Hernández, que fue valuada en mil pesos fuertes.
Sarmiento, luego del abrazo con Urquiza, y creyendo que contaría de ahí en más con el prestigio y las lanzas del caudillo entrerriano para fortalecer el poder central, inicia una ofensiva desde la prensa porteña contra la oposición mitrista. Pero Justo José de Urquiza ya no era respaldo; su entrega a la burguesía comercial de la ciudad puerto era harto evidente. El 11 de abril de 1870 las ilusiones del sanjuanino estallaban en el aire ante la conmoción de esta noticia: el caudillo entrerriano había sido muerto de un trabucazo en su palacio de San José. El ex gobernador de Córdoba, Simón Luengo, y un grupo de federales exaltados por su traición a la causa, son los que lo ultiman. Ante los críticos acontecimientos la Legislatura entrerriana nombra gobernador al general Ricardo López Jordán, hijo del hermanastro del caudillo Francisco Ramírez. El nuevo magistrado, de cuarenta y seis años, era un veterano de las lides guerreras: Arroyo Grande, Caseros, Cepeda y Pavón, atestiguaban su coraje y pericia. Diputado de su provincia, presidente de la Legislatura, todo menos gobernador del recelo de don Justo a su federalismo consecuente. En la proclama que dirigió a los entrerrianos afirmó que había hecho la revolución en la que desgraciadamente había muerto Urquiza, bajo las banderas de la libertad, el federalismo y la autonomía provincial. La mayoría del pueblo, que el sacrificio de San José no conmovió, respaldará desde el primer momento a López Jordán.  Sarmiento, presa de cólera y de los consejos de Mitre, interviene a Entre Ríos el 14 de abril: “El Gobierno Nacional estará entre vosotros con todo su poder, para evitar que el mal se agrave…No deis oídos a sugestiones de ambiciosos oscuros e ignorantes; para quienes el odio es un principio, el crimen un medio”.
Aunque resistido y mirado con desconfianza por la oligarquía porteña, Sarmiento llega a un acuerdo con ella frente a la cuestión de Entre Ríos; nombra al general Emilio Mitre jefe del Ejército de Observaciones, “que vigilará las costas del Uruguay”. Detrás de esta miserable fachada se pretendía ocultar el verdadero fin de la invasión militar a la provincia.
Desde las columnas de El Río de la Plata, Hernández alertará bajo una nueva faz sobre los peligros de la política iniciada: “Nos hemos pronunciado abiertamente contra el asesinato del general Urquiza, porque aparte del hecho mismo, no creemos que sobre la sangre pueda cimentarse jamás nada sólido ni duradero… Pero estamos también en contra de la intervención armada… Se cae en el error profundo de considerar el movimiento revolucionario de Entre Ríos, como un propósito de reacción contra el orden existente en la República, y se le coloca al Gobierno Nacional frente de uno de ellos para sofocar supuestas tentativas del otro… Para nosotros no se trata de una lucha interior, de partidos, sino de la desmembración o integración de la República. Y porque, desde que Entre Ríos no ha requerido la intervención del Gobierno Nacional, al verse amenazado y envuelto en una guerra desastrosa, no será extraño que en sus mismas plazas públicas firme el acta de su independencia… La muerte del general Urquiza, la segregación de esas provincias o su destrucción por la guerra, coloca al Brasil en posesión quieta, segura y perdurable de la asolada República Paraguaya, y si él no ha sido instigador… ¿habrá quién no reconozca que él va a cosechar espléndidos resultados de esos hechos?”  Fracasadas las gestiones de conciliación iniciadas por los jordanistas, la Legislatura entrerriana rechaza la arbitraria intervención, autorizando al gobernador López Jordán a repelerla con la fuerza provincial. Convocado el pueblo, 14 mil hombres se reunieron prontamente para enfrentar a los 16 mil de las fuerzas interventoras.  Gran parte de los recursos del gobierno central son destinados a financiar el aplastamiento de Entre Ríos. Mientras tanto, desde el interior del país, llegaban partes dando cuenta de la sublevación de batallones en solidaridad con la causa jordanista. Pero Buenos Aires estaba preparada. Ya la tacuara montonera debía enfrentarse a los remingstons adquiridos en el extranjero. Por gestión del general Gainza – “Don Ganza”, como lo llamara Martín Fierro – todo el ejército nacional es provisto del moderno armamento. Este hecho, inserto en el contexto histórico de la época, marcará la declinación final del paisanaje montonero. Las cargas triunfales de la caballería gaucha se volverán eco en la historia.
Sauce, Concepción del Uruguay, Santa Rosa, Don Cristóbal, fueron campos de combate y de muerte. López Jordán “tenía conquistada la libertad de ir a donde quisiera, en una guerra de cansancio, lo que no impedía que la prensa porteña, aleccionada cuando el gobierno nacional no ganaba un combate, la sacara “empardada”, siendo el caso que en Sauce, Santa Rosa, y Don Cristóbal los ejércitos nacionales quedaron estáticos, petrificados, inmovilizados sin caballadas, formando cuadros irreductibles cañones Krupp, recientemente introducidos al país” (Aníbal S., Vázquez, José Hernández en los entreveros jordanistas). En esta lucha, como miliciano, se enrolará el más grande escritor de nuestra historia: José Hernández.   El 26 de enero de 1871 en laguna Ñaembé, Corrientes, tras una cruenta batalla, -en la que el paisanaje federal no pudo superar la efectividad de la artillería de Viejobueno y del 7 de línea al mando de Roca-, las fuerzas de Buenos Aires lograron un triunfo completo: las fuerzas jordanistas se dispersaron deshechas . “Junto a López Jordán estuvieron ese día Francisco F. Fernández, Pedro C. Reina, Evaristo López, José V. Díaz, Anastasio Cardáis, el “tigre” Villanueva, Pedro Ezeiza y José Hernández.” (Fermín Chávez, José Hernández- Periodista, político y poeta).    Cabalgando en fuga, con la derrota a su espalda, pasarán el río Uruguay por el Rincón de Santa Eloísa, buscando la frontera salvadora.   López Jordán, Hernández, y un puñado de hombres hallarán refugio en Santa Ana do Libramento, en Brasil. En el exilio político se gestará Martín Fierro.  Diez meses permaneció Hernández en Santa Ana do Libramento, desde abril de 1871 a enero del siguiente año, compartiendo con el caudillo entrerriano y otros federales los avatares del exilio.  
El primer día de mayo de 1873 el general Ricardo López Jordán, insistiendo en su lucha, pasó a Entre Ríos por el Alto Uruguay. Mientras esto ocurre, Hernández, ante una orden de prisión dictada contra él por el gobierno, se refugia en Montevideo. Hacia fines del mes señalado Sarmiento remite un proyecto de ley a la Legislatura poniendo precio a las cabezas dirigentes de la revolución entrerriana: 100 mil pesos fuertes para la de López Jordán, 10 mil para la de Mariano Querencio, y mil para las de los demás alzados principales, entre ellos se encuentra el autor del Martín Fierro.  A poco de concluir el gobierno de Sarmiento, el país se enfrentaba al dilema de la sucesión presidencial. Mitre ya había anticipado los trabajos de su candidatura, concitando el invariable apoyo de los comerciantes, importadores, burgueses del puerto y socios de la rubia Albión. La intelligentzia, en la antípoda hernandiana, se veía representada por él. Adolfo Alsina, gobernador de la provincia, cabeza del partido autonomista, de los “crudos” –prolongación de los “chupandinos” de hacía dos décadas- se constituirá en el adversario político del mitrismo. Describe Ramos: “Alsina, hijo del cerrado don Valentín, aquél prototipo del rivadaviano, encarna otras fuerzas y otras ideas de su padre Adolfo Alsina orador nato, de arrastre popular, tiene su base en los barrios pobres de la ciudad, en los grande ganaderos de tradición federal de la provincia y en el peonaje bonaerense”. Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen, abrazarán las banderas del autonomismo; más tarde lo hará Hernández.   Puestas en el tapete las postulaciones presidenciales, se vio que Avellaneda concitaba el apoyo de diez provincias; Alsina el de la provincia bonaerense, y Mitre, a su turno, el de la parte céntrica de la ciudad de Buenos Aires, su “tribuna de doctrina”, ciertos sectores de oficiales porteños del ejército y las provincias de San Juan, Santiago del Estero y Corrientes, en manos de su círculo. Es entonces que Alsina vuelca su apoyo a la fórmula Avellaneda-Acosta, hecho que resultará decisivo y constituirá al mismo tiempo el empalme del Partido Autonomista Nacional, esto es la fusión de la débil burguesía terrateniente provinciana con el pobrerío del puerto, las peonadas y ganaderos bonaerenses de tradición federal. Es por entonces que aparece en Buenos Aires la primera fábrica de tejidos de lana (en el sentido capitalista de la palabra). …el interior se empobrece cada vez más.
Con el apoyo mayoritario de las provincias triunfa la fórmula Nicolás Avellaneda-Mariano Acosta, con 146 lectores, contra 79 del binomio Mitre-Torrent. El fallo comicial no fue aceptado por el mitrismo, que acusó al autonomismo de fraude en complicidad con el gobierno. Es entonces que el candidato vencido proclama la revolución y se traslada a Montevideo. Desde La Patria, Hernández comentará los hechos.  Así las cosas, Mitre logra por fin desembarcar en el puerto del Tuyú, dirigiendo al país una de sus caracterizadas proclamas. Este documento merecerá el tratamiento hernandiano.   Sarmiento, con la ayuda de los coroneles José Inocencio Arias y Julio Argentino Roca vence rápidamente la revuelta mitrista. La plana mayor de los insurrectos es tomada prisionera. Mitre será condenado a muerte, pero Avellaneda, al asumir la presidencia de la República, conmutará la pena. Tan sólo cuatro meses estará preso el jefe de los sediciosos. Cabe sí, lo dicho por Hernández: “Mereció ser juzgado en Sierra Chica, mereció ser acusado y procesado por las fechorías que ordenó o consintió en el interior: mereció un consejo de guerra, en Curupayty, y alguna vez ha de llegar el día en que la Justicia Nacional se cumpla”.
Ya el comandante Arias había contenido con sólo 600 hombres al ejército encantado de Mitre, en la batalla de La Verde: el coronel Roca había deshecho las tropas de Arredondo en Santa Rosa; la revolución iniciada y epilogada en tal forma era la comidilla sarcástica de los hombres de entonces cuando Avellaneda se colocaba la banda presidencial.   Sarmiento, al entregarle el mando le manifestó: “Sois el primer presidente que no sabe manejar una pistola”. Seis años más tarde, en 1880, el apacible intelectual tucumano calzaba revólver. Había aprendido que a Buenos Aires no se le podía someter sólo con discursos.  Hernández publica a mediados del 75 la segunda edición de su Vida del Chacho, en momentos en que en la prensa y en el parlamento la discusión entre los defensores del federalismo y los del unitarismo alcanzaba un tono inusitado. Esta nueva edición no llevará el prólogo del 63, que comenzaba: “Los salvajes unitarios están de fiesta…”, seguramente por considerarlo anacrónico o impolítico por el momento que se vivía.  Puesto el “Chacho” nuevamente en la lucha, el diario de los Varela, La Tribuna, lo recibirá con un chispeante comentario en el que refulgía el odio de la facción porteña.   Tres días más tarde la misma Tribuna publicaba un suelto titulado “La reacción” en donde transcribía el prólogo suprimido de la edición del 63, y acusaba a Hernández de jordanista y partidario de la “situación”, esto es partidario de Avellaneda y del Partido Autonomista Nacional.
El imponente hombretón de cuarenta y un años utilizará entonces las columnas del diario La Libertad de Buenos Aires – dirigido por el chileno Manuel Bilbao – para enviarle un dardo de su estado al redactor de La Tribuna, que pensaba que era el ex presidente, bajo el título: “Señor Sarmiento: porque mataron1!    “Dice Ud., como un sarcasmo, que Avellaneda debería comprar una cantidad de folletos de la vida de Peñaloza y repartirlos en las oficinas y yo le digo que esa ironía no me hiere, porque recuerdo que bajo tres presidentes he vivido sin garantías, que bajo la presidencia de Sarmiento fui perseguido seis años y desde que soy hombre, el único gobierno bajo el que vivo tranquilo, con mis opiniones buenas o malas, es el del Dr. Avellaneda, y de ahí que soy partidario de la situación, como usted me llama.
“Cuando los que mataban, los que aplaudían la matanza y los que predicaban la justicia me llamaban a mí mazorquero porque condenaba aquellos excesos y defendía en tantos desgraciados el derecho de vivir, yo no podía ni debía quedarme sin retribuir el sangriento apóstrofe. Era una injuria recíproca. Recibía una y le devolvía otra que era correlativa.
“Pero los que mataron, Sr. Sarmiento, los que mataron son más culpables, cualquiera que sea la forma en que lo hicieron, que los que condenaron a los matadores, cualesquiera que sean los términos en que escribieron… Si no querían oír la condenación, señor Sarmiento, ¿por qué lo mataron…?”

martes, 3 de octubre de 2023

Bartolomé Mitre según Miguel Angel De Marco (liberal)

Da pena que en este momento Mitre tenga tan poca prensa en medios oficiales y escuelas. Por eso es conveniente hablar de él donde se pueda, porque encarna ideales necesarios para que la Argentina salga adelante. Su presidencia fue la de un hombre maduro, que no abandonaba su pasión intelectual. A lo largo de su existencia, mientras peleaba en los campos de bata­lla, regía los destinos de su provincia y del país, participaba en las luchas parlamentarias, se desempeña­ba como diplomá­tico y presidía uno de los grandes partidos políticos de su tiempo, echaba las bases de la historia científi­ca en la Argentina, redacta­ba perió­dicos de cultura y de combate y daba vida a un órgano destina­do a sobrevivirlo: LA NACION. Además, fundaba insti­tuciones, inspiraba iniciativas y mantenía fluido contacto epistolar sobre los más variados temas con ilustres personajes del país y el extranjero”.
Los temas vinculados con la historia naval argentina y americana preocuparon a Mitre desde su juventud, cuando había sido testigo junto con sus hermanos, en la infancia, de la batalla de Carmen de Patagones, en que se produjo el ataque a esa ciudad por parte de la marina del Imperio del Brasil para combatir a los corsarios que respondían a las órdenes del almirante Brown en desproporcionada lucha contra la marina de aquel país.  Mitre se convirtió en uno de los defensores de Montevideo sitiado por las fuerzas del general Manuel Oribe y comenzó a escribir el Diario de la juventud en que anotaba sus vivencias de combate y sus lecturas frente al enemigo. Durante su exilio en la Banda Oriental entrevistó a figuras que habían participado junto a San Martín en la formación de la escuadra libertadora al Perú, y conoció a los intelectuales y políticos “proscriptos” por el rosismo, como Esteban Echeverría y josé Mármol. Sus apuntes y los documentos que recogió sirvieron para trazar el perfil de figuras como Manuel Blanco Encalada, Thomas Cochrane e Hipólito Bouchard entre otros.
Después de Caseros, conoció en Buenos Aires al almirante Guillermo Brown.  Lo visitó varias veces en su quinta de Barracas, escuchó los relatos de sus fantásticas aventuras por los mares del mundo, estimuló al viejo marino a que escribiera sus memorias sobre las luchas navales en que había intervenido y lo despidió en la hora de su muerte. A lo largo de su existencia, en medio de sus obligaciones cívicas y militares, e incluso durante la presidencia de la Nación, se ocupó de reunir memorias e instar a los actores sobrevivientes a que las redactaran, lo cual le permitió ampliar los testimonios documentales que poseía. Mitre entrevistó, al marino y político José Matías Zapiola, el doctor Victorio Anastasio Echavarría y la esposa de Bouchard, Norberta Merlo. “Mitre no era un historiador frío sino también un hombre de letras, dueño de una prosa sensacional”.  
Militar, escritor, gobernante/larga serie de triunfos evoca/ Y por si ello no fuera bastante/ nos tradujo el poema del Dante/ y se puso de acuerdo con Roca”.

domingo, 1 de octubre de 2023

Mitre Historiador, segun el revisionismo de la Izquierda Nacional

Por el Prof. Jbismarck

Comienza con “Historia de Belgrano y la independencia argentina”, de la cual aparecieron adelantos hasta que se publicó completa, en 1876. Resulta un importante trabajo heurístico, con 3000 fuentes. Respecto a la interpretación se caracteriza por: una Historia impulsada por grandes hombres;  La Revolución de Mayo dirigida al comercio libre, antihispánica y probritánica;  Moreno, “el numen de Mayo”; liberal y probritánico, pero sin el Plan de Operaciones.;  Visión porteñista; Antiartiguismo, “No era una idea lo que impulsaba a los pueblos por este camino (el de Artigas); era un instinto ciego en las masas y una ambición bastarda en sus directores... Esa federación no era sino una logia de mandones, dueños de vidas y haciendas, que explotaban las aspiraciones de las multitudes, sometidas a la dominación despótica y absoluta de Artigas”, “El Protector era el jefe natural de la anarquía permanente... Enemigo de todo gobierno general y de todo orden regular” El defecto de la historia de Belgrano es estar sacada de los documentos oficiales... en los que nunca aparece la verdad histórica. A su vez, Alberdi sostuvo: “La ‘Historia de Belgrano’ es leyenda documentada, fábula revestida de certificados”. La otra obra importante de Mitre es la “Historia de San Martín y la emancipación sudamericana” (1877). Sobre esta obra puede señalarse: un perfil antilatinoamericano, marcando un claro antagonismo entre San Martín y Bolívar. San Martín, con su plan de “nueva constelación de estados independientes”, opuesto al “sueño delirante de la ambición de Bolívar”. Reniega de la tradición hispánica que habría traído “absolutismo y servidumbre feudales”, mientras que “más feliz, la América del Norte, fue colonizada por una nación que tenía nociones prácticas de libertad y por una raza viril, mejor preparada para el gobierno de lo propio, impregnada de un fuerte espíritu moral que le dio temple y carácter”. 

Retoma la concepción civilización y barbarie. “Rivadavia es el más grande hombre civil de los argentinos”.  Agravios a Artigas, en la “Historia de Belgrano”.  Elogio al capital inglés en un discurso pronunciado en la inauguración del Ferro-Carril del Sud de Buenos Aires, “¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso? Señores: es el capital inglés. Desearía que esta copa fuese de oro, no para adorarla como al becerro de la antigüedad, sino para poderla presentar más dignamente como el símbolo de las relaciones amistosas entre la Inglaterra y el Río de la Plata, nuestra amiga cuando éramos colonias, y nuestra mejor amiga durante la guerra de la independencia. En 1806 y 1807 los ingleses nos trajeron hierro en forma de espadas y bayonetas, y plomo y bronce en forma de balas y cañones, y recibieron en cambio hierro, bronce, plomo y fuego, y su sangre y la nuestra derramada en las batallas fue oreada por el pampero en las calles de Buenos Aires.  Después vinieron con hierro en formas de picos y palas, con algodones, con paños y se llevaron en cambio nuestros productos brutos para convertirlos en mercaderías en sus manufacturas. Esto sucedía en 1809. desde entonces quedó sellado el consorcio entre el comercio inglés y la industria rural del país. Los derechos que los negociantes ingleses abonaron en aquella época a la Aduana de buenos aires, fueron tan cuantiosos que fue necesario apuntalar las paredes de la Tesorería por temo de que el peso que soportaban las echase al suelo. Esta fue la primera hazaña del capital inglés en estos países, que presagiaba la caída de las antiguas murallas y el advenimiento de una nueva época. Verdaderamente, señores, el capital inglés es un gran personaje anónimo cuya historia no ha sido escrita aún (...). Pido solamente al terminar mi tarea, dejar al país con doce millones de rentas, con treinta mil inmigrantes, con quinientas millas de ferrocarril gozando de paz y prosperidad y quedaré satisfecho, como ahora lo estoy al brindar por el fecundo consorcio del capital inglés y el progreso argentino”. Crítica a Rosas, imponiendo la execración a la “Tiranía”.  Exaltación de Lavalle.  Panegírico del comercio libre. “En la guerra del Paraguay... ha triunfado no sólo la República Argentina... sino también los grandes principios del librecambio... Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la ovación merecida que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del librecambio han proclamado para mayor gloria y mayor felicidad de los hombres porque también esos principios han triunfado”

sábado, 2 de septiembre de 2023

Cementerio de Recoleta; Bóveda de Bartolomé Mitre (1821-1906). Su muerte y entierro...

Por Julio R. Otaño
En este mausoleo descansan también los restos de su esposa Delfina de Vedia. Ejecutado en mármol, sus esculturas fueron realizadas por Edoardo Rubino (1871 – 1954), nacido en Turín, y representan “La Libertad” en el centro, flanqueada por “El Deber” y “La Justicia”. En su parte superior, se encuentra enmarcado entre figuras aladas, el nombre del discutido creador de la “Historia Oficial” y del Diario “La Nación”. Su muerte: El hombre que dio la novedad a los argentinos que aguardaban amontonados en la casa de la calle San Martín fue el comandante Fortunato, ayudante de Bartolomé Mitre. A los 64 años (en 1886) se presentaron los síntomas de una afección que lo acompañaría hasta la tumba, derrames de las articulaciones, especialmente la del codo, que fueron diagnosticadas como abscesos fríos. Estos debieron ser drenados quirúrgicamente. El doctor sospechaba un proceso tuberculoso pero nunca se lo pudo confirmar. A los 84 años Mitre entonces le confesó a su médico que sus grandes placeres, el estudio y la meditación, le estaban vedados, los dolores que sufría en su brazo izquierdo eran atroces. Días después cayó postrado. Ya no probaba bocado y apenas bebía, pero su fuerte complexión prolongó la agonía cincuenta y cuatro días. El Dr. Piñero llamó en consulta al Dr. Luis Güemes para compartir la asistencia. Los dos facultativos coincidieron, poco se podía hacer. El general conservó su lucidez hasta que la debilidad y la fiebre lo dominaron, entonces pronunciaba palabras incomprensibles. Se lo escuchaba nombrar a Rawson y a Sarmiento, con los que parecía mantener extensos diálogos. Los signos de la insuficiencia renal eran evidentes, poco se podía hacer. Considerando la situación, La Nación comenzó a escribir partes diarios sobre el estado de salud del expresidente. Llegó el nuevo año y el general apenas pudo levantarse para saludar a los suyos. El calor lo agobiaba. El día quince de enero todo hacia anunciar un pronto desenlace. A pesar de su condición de masón, Mitre no era ni enemigo ni aliado de la Iglesia, de hecho, durante se presidencia recibió al delegado apostólico Monseñor Marini “con señales de benevolencia”. Sin embargo, durante su gobierno, se dictó la ley de secularización de cementerios para evitar conflictos sobre a quien no y a quien sí enterrar en Campo Santo. 

 
Versiones como las de J. Echeverri dicen que Mitre murió masón, “sin cruz y sin esperanza”. Otra versión confirma que Monseñor Romero fue a la casa del general, a pedido de la familia, el 4 de diciembre de 1905 y permaneció a solas con Mitre durante dos horas, confesándose debidamente. Al día siguiente, el obispo celebró misa en la habitación del general que comulgó en la oportunidad El 18 de enero por la noche, el general abrió sus ojos tristes y sin hablar, hizo un gesto de despedida. Toda su familia lo rodeaba –hermana, hijos, nietos– esperando el momento final que llegó la madrugada del 19. Durante ese viernes 19 de enero de 1906, fue velado en su famosa biblioteca. A las 10 de la mañana del día siguiente fue llevado hasta la Casa de Gobierno. La capilla ardiente se instaló en el Gran Vestíbulo y ofrecía un aspecto imponente. El presidente Quintana, enfermo en cama, se vio impedido de participar del proceso funerario. En su lugar estuvo el vicepresidente José Figueroa Alcorta, quien pronto sería presidente, justamente, por el fallecimiento del primer mandatario. El cajón llevaba la bandera argentina, el uniforme, y el infaltable chambergo de paisano. Era ese sencillo sombrero negro el símbolo más reconocible del general, que luego sería donado al Museo Nacional. Lo cargaron estoicamente sus familiares durante todo el trayecto. El recorrido se inició por la Plaza de Mayo, donde se detuvieron un instante. Detrás de la banda de música iban diferentes secciones de artillería, caballería y la escuela naval, antiguos guerreros de la guerra contra Paraguay, ministros, presidentes y comisiones de las cámaras. Después marcharon hasta la Avenida de Mayo y giraron a la derecha en Callao. Al llegar a la Avenida República (hoy llamada Manuel Quintana) doblaron a la izquierda y se encaminaron hacia el Cementerio de Recoleta. En el peristilo leyeron sus discursos Carlos Pellegrini (que también estaba enfermo y próximo a partir), el coronel uruguayo Gómez, el brasileño Bocayuva, Figueroa Alcorta y el doctor Agustín Álvarez, entre otros. La bóveda fue bendecida por monseñor Romero y luego se introdujo el féretro que contenían los restos de don Bartolomé Mitre en la tumba de la familia. Tenía reiteramos: 84 años-

miércoles, 2 de agosto de 2023

La Historia Oficial, Liberal o Mitrista

por el Prof. Julio R. Otaño

Es "oficial” porque: Se enseña desde hace décadas en los diversos niveles de la enseñanza; predomina en los medios masivos de comunicación; está presente, en los discursos y en la iconografía oficial; se yergue en las estatuas de las plazas y denominaciones de calles y localidades.   Es "liberal” porque interpreta y valora los acontecimientos históricos desde un enfoque ideológico liberal-conservador; pero se impregna de una concepción elitista y antipopular. En lo cultural, es europeísta y antilatinoamericana. Es “mitrista” porque Bartolomé Mitre fue su principal propulsor junto con Vicente Fidel López. 

Esta historia ofrece una visión de nuestro pasado desde la óptica de la oligarquía, integrada por los grandes estancieros y los grandes comerciantes importadores y exportadores de Buenos Aires. Y es también la historia escrita por los Triunfadores “LA HISTORIA ESCRITA POR QUIENES GANAN”. 

Todos o casi todos descendientes de unitarios y liberales. De esta manera legítiman su pasado, haciendo la apología de personajes como Rivadavia (El hombre civil más importante según Mitre) y adjudicándole defectos infernales a sus enemigos, como con Juan Manuel de Rosas (Tirano sangriento y corrupto) apostando a perpetuarse en el futuro.  Así exalta a un puñado de hombres pluscuamperfectos entre los cuales se destacan: Bernardino Rivadavia, Domingo Faustino Sarmiento y el propio Bartolomé Mitre. Aparecen también, pero deformados y vaciados de su auténtico contenido: José de San Martín, Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan Bautista Alberdi.  La iconografía oficial junta los retratos de unos y otros como si hubiesen compartido proyectos y amistad. No fue así. San Martín y Rivadavia se odiaban. También Moreno era anti-rivadaviano. Y el mismo sentimiento de odio existía entre Mitre y Alberdi.   Fueron artífices de una Argentina blanca, europeizada, desvinculada del resto de América latina, construida a través de un proceso resistido por las masas “bárbaras” y sus caudillos, quienes no comprendieron la necesidad del “progreso y la civilización” que permitiría asemejarnos a los grandes países del mundo (el lema de Sarmiento: “civilización o barbarie”). Juan Manuel de Rosas, Juan Facundo Quiroga, José Gervasio Artigas, Angel Vicente Peñaloza y Felipe Varela. Los primeros, pasarán a los cuadernos escolares, con las figuritas recortadas de la revista “Anteojito” y vestirán las paredes de las aulas. Los segundos injuriados  -Rosas y Quiroga- despreciados -Artigas-, u ocultados –Felipe Varela-. El pueblo, los caudillos, las “chusmas” resultan el antiprogreso, lo irracional, lo ignorante, lo “democrático” peyorativamente.  

Rosas para la “Historia Oficial” es un caudillo ignorante que tiene como antecedente la “inmundicia artiguista”,  jefe de bandoleros (los “colorados del monte”) quienes saqueaban poblados, sin dar cuenta a nadie de sus actos; Rosas fue un malvado, un caudillo nómade y sanguinario, señor de horca y cuchillo, de vidas y haciendas, aborrecido por las clases cultas y europeizantes.  El pueblo rosista era una “masa informe y grosera, brutales, integradas por gauchos sucios e ignorantes, afrodescendientes atrevidos e insolentes e indios salvajes y violadores de cautivas blancas” El Restaurador es un asesino serial..la Mazorca era una organización represiva con miles de muertos (imaginados por José Marmol o José Rivera Indarte) donde se ofrecían sandias (cabezas de unitarios) o se manchaba con alquitrán o bosta los cabellos de las jóvenes “unitarias”. 

Por inspiración de “La Nación” el diario creado por Mitre y de Ricardo Levena, se legitima académicamente a la historia “Oficial” en 1938 al crearse la Academia Nacional de la Historia, integrada en su totalidad por 40 miembros MITRISTAS.  Los principales elementos de difusión de esta historia son los Medios de información y la Educación primaria, secundaria y universitaria. Asimismo, “la pedagogía de las estatuas”, es decir el monopolio del mármol y el bronce por parte de los próceres liberales. Asimismo, la nomenclatura catastral: Rivadavia (tiene 120 cuadras, a 4 carteles por cuadra: 480 carteles), Bartolomé Mitre, Sarmiento, Lavalle, Viamonte, Monroe, Riestra, Liniers, etc. Frente al escaso o nulo recordatorio de los luchadores populares. 

Fui testigo como la avenida de ingreso a Chascomús se llama “Juan Manuel de Rosas” pero no existe ningún cartel indicador…lo mismo sucede en San Nicolás con la avda costanera y en San Miguel del Monte, luego de 20 años recién ahora tiene nomenclatura la avda que bordea la laguna.  

En Caba por ejemplo entre 1973 y 1976 (ultimo gobierno peronista la calle Monroe, ex presidente de USA fue reemplazada por el nombre del Restaurador y la Dictadura Genocida Videlista le quitó este nombre…recién hoy existe una estación de subterraneo con su nombre…en la ciudad donde Rosas nació).  

La Historia Oficial permanece vigente hoy, más allá de ciertos afeites y ciertas concesiones otorgadas por la “Historia Social” de Halperín Donghi y Luis Alberto Romero. El Moreno del librecomercio, el San Martín "santo de la espada”, el Rivadavia "progresista”, el Sarmiento "civilizador” y el Mitre "unificador del país” y "padre de la organización nacional” mantienen sus estatuas.

jueves, 23 de febrero de 2023

Falucho ¿existió?.....su estatua.

Por el Prof. Jbismarck
Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, Falucho –nombre de guerra del soldado afrodescendiente Antonio Ruiz, mártir del Ejército de los Andes– era uno de los héroes militares más honrados por el pueblo argentino. En 1897, se le realizó una estatua en Buenos Aires. Al presente, pocos argentinos reconocen su nombre. La “desaparición” afroargentina se suele explicar mediante diversas hipótesis. Entre las principales explicaciones de la supuesta inexistencia afro en el país se encuentran la muerte a gran escala como resultado de las diferentes epidemias de las últimas décadas del siglo XIX, la utilización de los afrodescendientes como “carne de cañón” en las guerras de ese siglo, el mestizaje o el bajo índice de masculinidad de la población afro. La figura de Falucho está indisociablemente ligada a la de Bartolomé Mitre (1821-1906). Quien plasmó por vez primera la historia del héroe. Mitre publicó por primera vez la crónica de la muerte heroica de Falucho en 1857. Según su relato, Falucho era un soldado negro que habría muerto el 7 de febrero de 1824 durante la sublevación del Callao (Perú), cuando suboficiales y soldados se amotinaron debido al atraso en los pagos de salarios, lo que derivó en la recuperación del sitio por parte del ejército español. En esas circunstancias, Falucho se inmoló por el honor del “pabellón argentino” al romper su fusil y gritar de rodillas frente a los traidores “¡Viva Buenos Aires!”, por lo que fue inmediatamente fusilado. Recordado porque “prefirió morir como héroe y con honor antes de hacer traición a su bandera”
Promocionar a Falucho era simultáneamente elogiar a Mitre. Esa es la historia que siempre se conoció. Sin embargo, otras investigaciones dudan de que ese soldado negro asesinado en El Callao haya sido Antonio Ruiz. Afirman que en ese regimiento sólo había un soldado con ese nombre quien, en 1819, ya era cabo segundo, lo que hace imposible que, en febrero de 1824 (cuando ocurrió el asesinato en la torre) ese hombre estuviera en el puesto de guardia. Y también mencionan que no hubo tal fusilamiento sino que el soldado fue muerto a bayonetazos. Y para agregar más polémica a la cuestión citan un testimonio del general Miller quien, en 1830, dijo que el Negro Falucho se paseaba aún por las calles de Lima. Lo más probable es que el soldado negro que dio su vida en El Callao haya sido otro Falucho y no Ruiz. Es que en el ejército libertador de San Martín hubo unos 1.500 negros criollos quienes, agradecidos porque la revolución les había dado la libertad, se integraron a esa campaña, tanto en el Ejército del Norte que comandó Manuel Belgrano como en el de Los Andes, que lideró José de San Martín. La leyenda del Negro Falucho atravesó la historia. Los intelectuales afroporteños eran conscientes de que Falucho era el héroe negro con mejores posibilidades de ser monumentalizado. Ejemplo de ello es que iniciativas posteriores para erigir un monumento a Barcala no prosperaron a pesar de que se tratara de un militar elogiado por Sarmiento en su Facundo. Ese mismo año de 1889 surgieron voces contrarias al proyecto de monumento. Adolfo P. Carranza y Manuel F. Mantilla publicaron dos artículos en la Revista Nacional indicando la posibilidad de que Falucho no hubiera existido, o de que la identidad del soldado no hubiera estado bien comprobada por Mitre.
La estatua de Falucho, realizada en bronce por el escultor Lucio Correa Morales, fue inaugurada el 16 de mayo de 1897. La inauguración de la estatua fue un evento que atrajo a gran cantidad de gente y se pronunciaron varios discursos que culminaron con el de Mitre, se ejecutó la marcha sinfónica Falucho, compuesta por el músico afroporteño Zenón Rolón, se colocaron tres placas de bronce y se distribuyeron medallas conmemorativas. La ubicación elegida también resaltaba su importancia. El monumento se erigió frente a la estatua ecuestre del General San Martín, ubicada aún sobre su sencillo pedestal original, en la plaza que lleva su nombre. La misma había sido realizada por el escultor francés Louis Joseph Daumas e inaugurada en 1862. Hoy está presente un monumento en su honor entre las avenidas Santa Fe y Luis María Campos, en la ciudad de Buenos Aires Está allí desde el 23 de mayo de 1923 y es la primera obra íntegramente realizada por artistas argentinos. Hecha en bronce fundido también en talleres argentinos, la obra fue iniciada por Francisco Cafferata (1861-1890), quien se suicidó a los 29 años. La continuó su discípulo Lucio Correa Morales. De este modo, Falucho es, sin duda, un gesto de reconocimiento en la memoria nacional del aporte militar de los negros, pero su carácter anónimo y “raso” es también una forma de anunciar la desaparición de los negros. Falucho es la cabeza visible que emerge como mito que consolida el relato de la desaparición de la población negra.,,,

sábado, 31 de diciembre de 2022

La Confederación Argentina contra el Estado Unitario de Bs As. Cepeda (1859)

Por el Prof. Jbismarck
En la situación, de tirantez política que mantenían Buenos Aires y la Confederación, Urquiza era instado por parte de los dirigentes de su partido para que sometiera por la fuerza al estado separatista. Sirvió de motivo principal para la declaración de guerra una ley de represalias que el gobernador porteño, Valentín Alsina, dictó en contra de la ley de derechos diferenciales que en 1856 aprobó el Congreso de Paraná.  Mientras Bs as vive sin ahogos, la segunda — que comprende el resto del país — sufre, como siempre, escasez. El Congreso de Paraná, buscando una forma de mejorar sus finanzas y fomentar el desarrollo del puerto de Rosario, aprueba en 1856 un ley llamada de “derechos diferenciales”, por la cual se recargaban en la Confederación los derechos de aduana ya pagados a Buenos Aires — si no seguían directamente a aquélla—en la introducción de mercaderías procedentes de “cabos adentro” (cabos Santa María y San Antonio, al entrar al Plata), con excepción de las procedentes de Brasil, Uruguay y Paraguay, y las que llegaran directamente desde fuera de esos cabos; Rosario fue abierto al tráfico de ultramar. Esto ahondó los resentimientos y provocó un decreto de represalias de Buenos Aires. A fines de 1858 la atmósfera política estaba cada vez más cargada y se comprendía que el “statu quo” debía resolverse sólo por las armas, ya que Buenos Aires quería suprimir a Urquiza y readquirir la supremacía nacional, en tanto que los federales no se resolvían a perder sus posiciones. 
El 22 de octubre de 1858 se produjo el asesinato del general rosista Nazario Benavídez en San Juan, hombre de notorio prestigio en Cuyo, cuya actuación conocemos, asesinato que se atribuyó, al dinero e influencias de dirigentes de Buenos Aires, a raíz de lo cual y en atención a los preparativos militares de este estado, el Congreso de Paraná autorizó al general Urquiza para que resolviera pacíficamente o por la fuerza, si así era necesario, la incorporación del estado disidente a la Confederación. Por ley del 6 mayo de 1859, la Legislatura de Buenos Aires autorizó a su vez al gobierno a repeler por la fuerza la guerra “declarada de hecho por el gobierno” confederal. Una mediación del ministro de Estados Unidos (agosto) y otra de Francisco Solano López, de Paraguay (octubre), no produjeron resultado favorable para evitar las hostilidades, porque Buenos Aires erigía, entre otras cosas, la renuncia de Urquiza. los mas exaltados era el "viejo unitario" Valentín Alsina y el tísico Bartolomé Mitre.
A mediados de 1859 la escuadrilla de Buenos Aires dominaba los ríos Uruguay y Paraná, momento en que la Confederación empezó a armar algunos barcos en Montevideo. En el segundo de los ríos dos buques porteños, el General Pinto y el Buenos Aires, trataban de impedir el pasaje de las fuerzas de Urquiza hacia Santa Fe. El 7 de julio la tripulación del General Pínto, el mayor de los dos, se sublevó, hiriendo al almirante Murature, comandante de la flotilla, y se pasó a las autoridades nacionales, cambiando la situación naval.  El gobierno de Alsina había designado a Mitre \ ascendido a coronel mayor, siendo ministro de guerra, para comandar su ejército de operaciones. Este llegó a tener 9000 hombres (4.700 infantes y 4.300 jinetes, es decir, el primer ejército numeroso de llanura en que el arma de infantería es numéricamente superior a la de caballería) y 24 cañones. 
Cepeda. Mitre ba avanzado también hacia la frontera santafecina, pasando por Luján y Pergamino, y se encuentra próximo al arroyo del Medio (50 Km. sudeste de Rosario); espera cerrar desde dicho obstáculo el camino de Urquiza hacia Buenos Aires. No desconoce la pequeña superioridad numérica del adversario, que cuenta en realidad con 11000 plazas (10.000 jinetes y 1000 infantes) y 32 a 35 cañones — procedentes de Paraná — y sabe de la acometividad que caracteriza a la famosa caballería gaucha en tremaría, probada en tantos combates gloriosos, arma que desempeña todavía un papel preponderante en el combate, conferido por sus generales, y contra la cual la numerosa pero inferior caballería porteña, hará estériles esfuerzos; de ahí su resolución de permanecer a la defensiva.  En octubre una fracción mitrista, pasando el arroyo del Medio, sorprendió a una de Urquiza. El 23 del mismo mes Virasoro, por su parte, salió de cañada Rica y desalojó a- tropas de Buenos Aires de la orilla derecha del arroyo del Medio, las que se replegaron sobre el grueso en cañada de Cepeda — afluente del arroyo antes citado —. Este pasaje de las tropas adelantadas de Urquiza induce a Mitre a tomar una formación de combate que sirva para esperar el choque enemigo y que responda por lo pronto, a la necesidad de hacer frente a la masa de jinetes adversarios que han rechazado sin dificultad a la vanguardia de las fnerzas de Buenos Aires y que continúa su avance llevando una gran delantera a su infantería y artillería. El general de Buenos Aires no juzga prudente hacer medir en campo abierto a su caballería con la entrerriana, pues sería condenarla inevitablemente a la derrota. Prefiere reservarla en proximidades de la infantería para cuando se produzca la acción decisiva del atacante. Los batallones más amenazados por un posible ataque de aquella caballería han adoptado la formación más indicada para estos casos: el cuadro. El ejército de la Confederación, mientras tanto, se ha aproximado al campo de batalla. Los jinetes entrerrianos, una vez llegados a la vista de los porteños, han creído prudente esperar la llegada de las otras armas, para actuar simultáneamente, con más probabilidades de éxito. La formación de ataque es adoptada tranquilamente a 1.200 metros de la posición enemiga, donde se está fuera del alcance de la artillería de la defensa. Varias horas se emplean en los preparativos, pues hay que esperar también la llegada de las carretas del parque con la munición para reabastcccr a la artillería e infantería.
Mitre, por su parte, al ver que el adversario avanza hacia el centro de su línea, hace tomar la definitiva formación de combate desplegando en batalla a toda su infantería y artillería.
Terminados sus preparativos, Urquiza avanza al ataque. Pero al entrar sus tropas de infantería al sector de fuego de la artillería de la defensa, especialmente de la batería del centro, se ven eficazmente batidas por ella, y sin la cooperación de la propia artillería, que aún no está en condiciones de contrabatirla con eficacia. Adoptó entonces la resolución de hacer el vacío frente a la batería central enemiga; buscando por una marcha oblicua y divergente llevar el ataque contra ambas alas de la infantería. A su vez, la caballería atacante, adelantándose a las demás tropas, busca los flancos y la retaguardia de la posición defensiva, manteniéndose fuera de la zona de los fuegos enemigos. El ataque con la derecha lo realiza Urquiza mismo. La desbandada de la caballería porteña no tarda en producirse y la defensa queda con sus flancos desguarnecidos.
Mitre desorientado y sin reacción no es ya suficiente para salvar de la derrota al ejército porteño que, completamente cercado, debe aprovechar la noche (23 horas), para intentar abrirse paso, en una formación adecuada contra empresas de la caballería victoriosa, buscando hacia San Nicolás (80 Km,), el apoyo de sus fuerzas fluviales, donde llega el 26, luego de 36 horas de marcha continuada Allí se sostuvo un combate indeciso entre las escuadrillas de ambos bandos.  El 29 de octubre las fuerzas de Buenos Aires que se salvaron estaban de regreso en la capital para cooperar .en su defensa.  Pero el general Mitre obtiene el poder alejarse por la falta de una persecución tenaz y a fondo del día siguiente por parle de Urquiza, tendiente sobre todo, a disolver esa masa en retirada por medio de un intenso fuego de artillería, etc. Pero aún así no conseguirá el general porteño, sino a costa de grandes sacrificios, disponer de menos de la cuarta parte de su ejército, pues apenas 2.000 hombres y seis piezas de artillería llegarán a San Nicolás, habiéndose dispersado, caído en el campo de batalla o quedado en poder del enemigo todo el resto. Urquiza persiguió después con sus tropas, llegando a San José de Flores el 7 de noviembre, y no intentó conquistar la ciudad de Buenos Aires temiendo tal vez una gran efusión de sangre, bastándole observar la plaza con su poderoso ejército de unos 20.000 hombres. También es verdad que la ciudad, en que quedó un pequeño ejército de reserva, había sido reforzada con los infantes venidos de Cepeda (2.000) y sus milicias, y Mitre, artillero, se había ocupado de artillarla y fortificarla. Sería, pues, tarea muy ardua para un ejército con escasa infantería y artillería, conquistarla. Pudo sin ello Urquiza lograr su propósito: llegar a un avenimiento, exigiendo la renuncia del gobernador de Buenos Aires, que fué presentada acto continuo y aceptada por la Legislatura. El 10 de noviembre de 1859 se firmaba un pacto de Unión Nacional (reintegro de Buenos Aires a la Nación) en San José de Flores, ratificado el 11. Inmediatamente Urquiza sacó de la provincia la masa de su ejército. Fué actuante oficioso en las negociaciones el general Francisco Solano López, hijo del dictador de Paraguay. Mitre expresó en seguida en una proclamé: El adversario se retira “sin poder pisar el recinto sagrado déla ciudad de Buenos Aires".
El pacto citado establecía la incorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina con la sola condición de que, en el término de veinte días, se reuniría una Convención provincial de Buenos Aires para proponer las reformas convenientes a la Constitución Nacional dictada por el Congreso de Santa Fe, las que, a su vez, serían sometidas a la sanción definitiva de una Convención Nacional. Era la revisión del acuerdo ríe San Nicolás.  La victoria decisiva de Cepeda había permitido sitiar y bloquear simultáneamente Buenos Aires, para hacerla caer e imponerle su ingreso a la Confederación sin condiciones. En cambio, el pacto político, con la subsiguiente retirada de las fuerzas de Urquiza, dejó nuevamente a la rica provincia — dominada por los unitarios (liberales).— en aptitud de reponerse prontamente y reemprender la guerra, con cualquier motivo — como ocurrió — para volver a ejercer la supremacía en el país.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Mitre el golpista….su fracaso increíble en “la Verde”

 Por el Prof. Jbismarck

La derrota electoral de Bartolomé Mitre en las elecciones de 1874 frente a Nicolás Avellaneda hizo estallar una revolución de su partido, con la excusa de que éste había triunfado gracias al fraude. El fraude había existido, pero lo habían usado ambos bandos y el propio candidato derrotado lo había utilizado casi siempre en el pasado.  La fecha programada para la revolución era al día siguiente de la asunción de Avellaneda, ya que aceptaban como legal al gobierno de Sarmiento; pero como sus preparativos fueron descubiertos, se lanzaron a la rebelión antes de esa fecha. Poco después estallaba otra en San Luis y el sur de la provincia de Córdoba, dirigida por el general Arredondo. Rivas reunió casi 5500 hombres en el sur de Bs As.  Pero las provincias que habían comprometido a apoyar al tísico (así lo llamaba Urquiza) especialmente Corrientes y Santiago del Estero, no se unieron a la revolución.  El general Rivas, desde Tapalqué, siguió por Saladillo hacia Chivilcoy, siguió incorporando en el trayecto algunos contingentes con los que llegó a aumentar su numerosa tropa. Tomó hacia Las Flores, donde se le incorporó el cacique Catriel con 1.500 indios armados de lanza. Pero, ante la aproximación del coronel Luis María Campos, con una agrupación de las tres armas, que venía de Mercedes, aquel jefe rebelde, con su ejército insurrecto y golpista, se retiró hacia Rauch (S.), evitando una lucha.  Entre tanto, el golpista general Mitre había desembarcado en Tuyú (70 Km. al este de Dolores) a fines de octubre, viniendo de Montevideo. Reunió allí algunas fuerzas y de todas ellas y de las de Rivas, asumió el mando en jefe en Médanos (al sur de Tuyú).  Comenzó una marcha hacia el oeste para dominar algunos partidos de allí y buscar su reunión con Arredondo.  Podían reunir casi 15000 hombres de lucha.         

 La Verde.  El comandante José Inocencio Arias se dirigió a la Estancia de La Verde (40 Km. De Las Flores), porque tuvo noticias dé la presencia allí de una fuerza adversaria que esquivó la lucha. Estando en La Verde se enteró Arias de la aproximación del ejército de Mitre, en marcha al norte, perseguido por Julio Campos, y frente a fuerzas tan superiores, optó por improvisar un frente y ocupar posición con sus 800 hombres esperando el ataque del enemigo.  En la madrugada del 6 de noviembre el Ejército Insurrecto rebelde, fuerte de 5.800 plazas, se ponía en marcha para atacar a ese adversario.  Mitre habíase dispuesto en tres columnas; de infantes, la del centro, y de caballería las de las alas. Intimada su rendición a Arias, éste la rechazó. (5800 los insurrectos mitristas y 800 los defensores de la constitución)  A algo más de un kilómetro del enemigo, Mitre detuvo su marcha y poco después tomó el dispositivo en círculo en el que la infantería está situada delante de la masa principal de la caballería. Adelantado el coronel Borges, comandante de la infantería, para intimar nuevamente rendición al jefe legal y no habiendo éste consentido en ella, empezó el combate con el ataque de la infantería mitrista. El fuego se hizo vivísimo desde un comienzo por ambas partes y con grandes bajas para el atacante sembrado de muertos y heridos, a causa de los Remington enemigos, arma que tenían en mucha cantidad los 800 legales, no así los mitristas insurrectos rebeldes. En ambos cuerpos caen varios jefes y oficiales; el mismo Borges rinde su vida. (estamos hablando del abuelo del luego famoso escritor George Luis Borges)-   A pesar de las pérdidas, los atacantes se aproximan a la posición, pero sin que el fuego del defensor disminuya en intensidad y eficacia. Ocupando su posición, defendido por una palizada y por un foso de más de un metro de profundidad y otro tanto de ancho, y protegido además por la tierra extraída del foso, el atacado era sumamente fuerte y poco vulnerable, y sus fuerzas novicias sentían fortalecido el ánimo.  Mientras en el combate la infantería actuaba como queda dicho, en el resto del frente tenían lugar episodios provocados por la caballería rebelde; por todas partes el ataque detenido o rechazado con fuertes bajas. A las 7 se había iniciado el combate y media hora después, según algunos, o a las 10 conforme a otros, la acción había terminado, cuando el general Mitre, viendo el triunfo imposible y ante la amenaza de los coroneles Campos, que se aproximaban, ordenó la retirada en dirección a 9 de Julio (noroeste).  Mitre con su ineficacia había perdido 1.500 plazas. En el campo del combate habían quedado cerca de 300 y durante la noche del 28 desertaron más de 1.000 guardias nacionales. Las pérdidas de Arias no pasaron de cuarenta.   Mitre capitula. — El general golpista y rebelde, batido su ejército y temiendo ser rodeado y atacado por los coroneles Campos, se retiraba. Arias, lo persigue, lo flanquea y hostiliza, reforzado durante el camino. En esos momentos (1ro de diciembre), Julio Campos llegaba a 9 de Julio y Luis María se aproximaba a Junín desde el este, en busca de los rebeldes para cortarles la retirada. Arredondo estaba aún en Mendoza y al general Mitre no le quedaban sino 2.500 hombres, pues el resto se le había desgranado en la retirada. Así, el 2 de diciembre, éste firma con Arias una capitulación en Junín, entregándole su espada y rindiendo sus armas todo el Ejército golpista y rebelde. El 14 de diciembre el jefe vencedor hacía BU entrada en la capital de la República con el 6 de infantería.  A mediados de noviembre la escuadra legal, compuesta de cinco unidades, había perseguido a la de los sublevados (dos barcos) hasta el este de Maldonado (Uruguay) donde abandonó la caza. Pero el comandante Erasmo Obligado, con la Paraná, en la oscuridad, se dirigió a Buenos Aires, donde se rindió el 18 de noviembre.   En esta, proeza de Arias se comprueban el valor y los resultados que pueden obtenerse con la defensa frente a un enemigo muy superior numéricamente, si se hace un hábil empleo del terreno y la fortificación, lo mismo que de las armas y los fuegos, y, sobre todo, de la influencia moral del jefe, si está resuelto a luchar y sucumbir, antes que rendirse — ya que esto es declararse vencido sin combatir — frente a una intimación. El jefe legal tuvo la decisión de vencer a pesar de la enorme inferioridad de sus efectivos.  Se evidencia también en este lance táctico que sin artillería —Mitre había tenido que abandonar sus pocos cañones en el camino por el pésimo estado de éste y de sus caballos — y con un ejército con predominio de caballería, es decir-, de poca infantería, y ésta con armamento anticuado, es sumamente difícil conquistar una posición que debe ser ablandada suficientemente. Terminado el combate, vuelve a contrariar órdenes, al perseguir al vencido con fuerzas muy inferiores y a marchas forzadas, oportunidad en que su triunfo pudo transformarse en derrota, porque ahora podía producirse un combate en campo abierto, pero, bien explotado el éxito, consiguió rendir al vencido, supremo objetivo de la persecución. Al felicitarle por sus triunfos el mismo presidente Avellaneda reconoció que los había obtenido “procediendo por propia inspiración” y “guardando las instrucciones del gobierno en la valija”.  La Verde fué vencida la agrupación principal de los revolucionarios; en Junín se rendía poco después el general Mitre con todas sus fuerzas; la cañonera defeccionada se había entregado a la autoridad; los revolucionarios de Corrientes se disolvían; López Jordán no había invadido, tal vez por todo esto; en cuanto a las tropas de Taboada, en presencia de los reveses en el resto del país, eran licenciadas sin combatir; y finalmente, los rebeldes que operaban en Cuyo eran igualmente vencidos en la segunda Santa Rosa.   El consejo de guerra a que fué sometido el general Mitre y demás jefes sublevados, condenó al primero a ocho años de destierro (tendría que haber sido fusilado…como él lo hizo con gerónimo Costa), pero Avellaneda, en procura de la paz interna y de la conciliación, dispuso su amnistía y las de los jefes y oficiales, y su reincorporación al ejército en mayo de 1877. Arias fue premiado con el ascenso a coronel; llegaría a ser general y gobernador de la provincia de Buenos Aires. La carrera política de Mitre pasó a un franco segundo plano desde entonces, convertido en una especie de leyenda histórica viviente, que distintos grupos usaron para sus propios fines; pero nunca realmente volvió a reunir apoyos personales tan importantes como hasta esa fracasada revolución. En cuanto a Rivas, su carrera llegó ese día a su fin, y moriría seis años más tarde en un cargo administrativo secundario.

 

viernes, 19 de agosto de 2022

La Masonería y su influencia en la Batalla de Pavón

Por el Prof. Jbismarck
El historiador masón Martín V. Lazcano, en su obra sobre las Sociedades Secretas de Buenos Aires13, informó que en una Tenida blanca del 21 de julio de 1860, posterior a la batalla de Cepeda, una logia del recientemente instalado Gran Oriente de la Masonería Argentina otorgó la distinción del grado treinta y tres de la Orden -de modo honorario- a Mitre, Urquiza, Derqui, Sarmiento y Gelly y Obes (ministro de guerra de Buenos Aires). Esa Tenida fue denominada de Unidad Nacional, dado que su propósito era superar la división territorial argentina. Obviamente, tal reunificación se haría sobre la base de la aceptación por el resto del país de la supremacía de Buenos Aires. O sea: que no habría más lucha entre ambos bandos, dado que uno de los contendientes quedaba impuesto.  Decisión que Urquiza habría aceptado eventualmente. Luego, el resultado de Pavón quedaría allí asentado.  Por si acaso, para ejecutar aquella decisión masónica, un oscuro personaje apellidado Yateman, de nacionalidad estadounidense, a mediados de setiembre de 1861, se situó en las proximidades del arroyo de Pavón. Pues, resulta que el aludido Yateman, en obvia función mediadora, fue visto yendo y viniendo de un campo al otro, en los días previos al combate. 
La deducción de esa gestión de la Orden la han colocado historiadores revisionistas como José María Rosa o Fermín Chávez. 
Esto es, que la mediación de las Logias fue la determinante de la suerte de Pavón y de la Argentina en adelante. Por si quedaran dudas, el historiador oficioso de la Masonería Argentina, Alcibíades Lappas, al tratar de Urquiza, confirma los datos sobre la Tenida de 21 de julio de 1860. A continuación apunta que tras Cepeda: (…) también el general Urquiza supo dar la victoria a las armas de la Confederación en los campos de Pavón. Pero no obstante eso, el general victorioso, en magnífico gesto de autosacrificio y renunciamiento, se retiró a Entre Ríos dejando el campo de batalla a las fuerzas opuestas comandadas por Mitre, convencido de que esa era la única manera de terminar con las disidencias y obtener la meta ideal de la pacificación definitiva
El dato más curioso lo aporta otro historiador masón, Emilio J. Corbière, al informar que: Fue el general Urquiza quien alentó la formación de logias como fórmula de entendimiento mutuo y fraternización a fin de poder enfrentar un proceso de unidad nacional en medio de un país dividido, disgregado, sometido a toda clase de presiones externas y con un partido porteñista en la búsqueda de lograr la hegemonía política y control de la Aduana. 
Otro bello gesto unificador. Claro que acá la iniciativa masónica queda de mano de Urquiza y no de Buenos Aires. Por otra parte, tanto Mitre como Derqui fueron destacados masones. 
¿Se aplicaría aquello de quien mejor masonice, mejor masonificador será?, ¿O no?... Como diría un afamado líder sindical: Ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario…
Bien. Volvamos a los hechos, en el punto donde los dejáramos.  Urquiza renunció a su cargo militar confederal, pero permaneció como Gobernador (perpetuo, democráticamente eterno) y Capitán General de Entre Ríos, no molestado por el Presidente Mitre. También subsistió como jefe del Partido Federal, aunque sus subordinados, Peñaloza, Varela y López Jordán, junto a los intelectuales de la Generación federal de 1865 (Carlos Guido y Spano, Francisco F. Fernández, Miguel Navarro Viola, José y Rafael Hernández, Olegario Víctor Andrade, Ovidio Lagos, etc.), lo consideraran un traidor. En todo caso, era la segunda vez que traicionaba  (Caseros, y también por motivos económicos; ver: misiones de Cuyás  y Sampere).  Mitre fue Gran Maestre y Gran Comendador de la Orden.  
Derqui, por su lado, presentó la renuncia al cargo presidencial el 5 de noviembre de 1861 y se exilió en Montevideo, donde vivió dos años en la pobreza. En 1867 murió en Corrientes a los 58 años de edad. Tan pobre estaba que no había con qué pagar el entierro que, en definitiva, abonaron sus amigos.
Por treinta y ocho días, siguió la Confederación de la mano del vicepresidente el Grl. Juan Esteban Pedernera, hasta el 12 de diciembre de 1861, en que renunció, previo disolver el Estado Confederal.  
Cuando Urquiza sea asesinado en abril de 1870 en su palacio de San José, José Hernández en carta a Ricardo López Jordán, del 7 de octubre de 1870, sostendrá que Urquiza era: el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo, el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido, debía por lo tanto iniciarse con un acto de moral política, como era el justo castigo al Jefe Traidor  

lunes, 28 de febrero de 2022

"Los funerales de la Argentina federal"

 Por Pepe Muñoz Azpiri

        "Como órgano del pueblo y de la multitud popular, el caudillo es del tipo opuesto al militar, que es por esencia órgano del gobierno, de quien siempre depende.

            El caudillo supone la democracia, es decir, que no hay caudillo popular sino donde el pueblo es soberano, mientras que el militar es de todos los gobiernos, y especialmente del despótico y monárquico. 

 

            El caudillaje que apareció en América con la democracia, no puede ser denigrado por los que se dicen partidarios de la democracia, sin el más torpe contrasentido (...)"

 

                                                                                   Juan Bautista Alberdi

 

Desde la aparición en el escenario universal de nuestra nación como nación independiente, coexisten dos proyectos de país antagónicos. Tanto en el plano político como económico, dos realidades se enfrentaron sangrientamente. Esta contradicción subsiste hasta el día de hoy. "La división argentina, no es política, es geográfica, no son dos partidos, son dos países" reflexionó amargamente el tucumano Juan Bautista Alberdi, al analizar el federalismo de los caudillos y la política unitaria de los grupos portuarios.

            Buenos Aires desarrolló un modelo hegemónico, basado en una burguesía mercantil, con el propósito de establecer un modelo librecambista que favoreciera su crecimiento económico. Su sustento ideológico era el racionalismo de la ilustración, las "luces" de la "civilización" que llegaban de Europa, a las cuales el país debía amoldarse. Esta teoría ahistórica del "progreso indefinido" fue impuesta al resto del país mediante bayonetas y expediciones punitivas. Se pretendió encajonar a la Argentina es esquema teóricos importados "en la filosofía sensualista de Condillac - decía José María Rosa - la ética utilitaria de Bentham, el liberalismo constitucional de Constant" como si la realidad histórica de un país se desarrollara en base a postulados predeterminados.

            Este fue un esquema de país, el puerto importador de manufacturas y la pampa productora de materia prima. La "granja próspera", la factoría "elegante" para la cual el resto del país no importaba

            La otra realidad fue el país real, el interior, cuyo incipiente desarrollo artesanal ya sufría la retracción económica producida por la apertura a las mercaderías británicas decretada por la administración borbónica.

            Su concepción de nacionalidad era telúrica, basada en el arraigo a la tradición de las antiguas comunas castellanas (Patria es el lugar donde se nace) y, en consecuencia, diametralmente opuesta a las concepciones intelectuales de los cenáculos portuarios.

            "El tema del espacio fue siempre vital para los federales. Parecían condicionados por definiciones geopolíticas precisas, - comenta Marcelo R. Lascano - animados por la previsión enunciada por Montesquieu. El espacio es destino, según el pensador, luego el alma de una nación cambia en la misma proporción en que su extensión aumenta o disminuye, en que se ensanchan o se estrechan sus fronteras"

            La rapidez con que, después de Caseros, se aprueban los tratados suscriptos el 10 de julio de 1853 con Gran Bretaña y Francia sobre libre navegación de los ríos demuestra, inobjetablemente, que el espacio para los unitarios jamás constituyó una prioridad nacional, como lo fueron las definiciones estratégicas de Chile y Brasil para circunscribir la cuestión a la región.

            En 1835, tres caudillos se destacaban en el país: Facundo Quiroga, asentado en el Norte y Cuyo, Estanislao López en el Litoral y Córdoba y Juan Manuel de Rosas en la provincia de Buenos Aires.

            Tanto Rosas como Quiroga y López representaban la oposición al "progreso", no por la supuesta barbarie con la que los estigmatizó Sarmiento, sino porque advertían que tras el romanticismo de los salones literarios y las declamaciones de los apologistas del libre cambio, se agazapaba la injerencia de los intereses foráneos.  trascendía el marco de la patria chica y se insertaba en un contexto continental. La concepción política de los caudillos (que en carácter de tal constituían la expresión máxima de la democracia) trascendía el marco de la patria chica y se insertaba en el contexto continental. Al igual que José de San Martín, se llamaban a sí mismos "americanos" pues subsistía en ellos el espíritu de unidad de la antigua anfictionía hispánica.

            Lejos de lo que la falsificación histórica del liberalismo ha difundido, el período de la Confederación Argentina constituyó no solo un proyecto de desarrollo (Ley de Aduanas de 1835, Banco de la Provincia de Buenos Aires, Ley Agraria, desarrollo de manufacturas, etc.) sino también de afianzamiento de la unidad nacional y desarrollo de la cultura. Al respecto, basta la lectura de la "Carta de la Hacienda e Figueroa" del propio Rosas y los trabajos del maestro Fermín Chávez sobre la cultura durante el predominio federal.

            Al contrario, la enunciación y los métodos de los partidarios del iluminismo adquiría, a veces, visos de ingenuidad y desconocimiento de la realidad americana y en otras oportunidades se revestía de racismo y metodologías terroristas que hubieran espantado a os mismos protagonistas de la Revolución Francesa. Un testigo de la época, refiriéndose a Sarmiento lo describe diametralmente diferente al retrato de la mitología liberal:

             "El Sr. Sarmiento, que tanto se jacta de imitar a los norteamericanos, parece inspirarse más bien en las ideas de Rosseau que de Jefferson: Es partidario de la intolerancia política, es un inquisidor, un Robespierre, un Torquemada político. Es Un civilizador a cañonazos bayonetazos" ( Alejo Peyret, "Cartas sobre la intervención a la provincia de Entre Ríos", publicadas con el seudónimo "Un extranjero". Buenos Aires.1873).

            El 3 de febrero de 1852, con la derrota nacional de Caseros, se derrumbó el gran proyecto de la Confederación. El aparato político forjado por Juan Manuel de Rosas, bajo la advocación del federalismo, que había constituído la génesis de un Estado Nacional es desmantelado por constitucionalistas exasperados que ya habían colaborado con las intervenciones anglo-francesas desde Montevideo. Paradójicamente, el mal llamado "Período de organización nacional" se transforma en el de la desorganización nacional. Nuevamente Buenos Aires por un lado y el resto del país por el otro, la tajante opción de civilización o barbarie creada por Sarmiento impedía establecer un diálogo entre provincianos y porteños.

            Bartolomé Mitre - hombre clave del unitarismo en la década del 60 - tras la defección de Urquiza en Pavón, asume las riendas del país. Su gobierno se caracterizará por el absoluto control de nuestra política exterior por parte del Imperio Británico, por el brutal sometimiento y represión en las provincias y por la cruenta guerra de la Triple Alianza.

            El aislamiento del Paraguay, iniciado por Gaspar Rodríguez de Francia y continuado hasta Francisco Solano López había evolucionado a un estado autártiquico que transformó a la nación guaraní en generadora de manufacturas y bienes artesanales.

            El Paraguay construyó arsenales y astilleros, flotas fluviales y de ultramar, telégrafos, fábricas de pólvora, papel. loza, azufre y tintes. Estableció fundiciones en Ibicuy para el tratamiento de carbón de madera y mineral de hierro. Desarrolló el primer ferrocarril de América del Sur. Alcanzó un alto grado de alfabetización y monopolizó en manos del Estado el comercio exterior. Es decir, estableció un modelo de nación independiente, absolutamente inverso al nos impuso posteriormente la celebrada generación de 1880. En consecuencia, y más allá de su cuestionable autoritarismo y sistema dictatorial, la dirección elegida en el terreno económico constituía un ejemplo peligroso de imitar por las naciones vecinas. Su proceso de desarrollo independiente desarticulaba la política comercial británica, que necesitaba imperiosamente de mercados externos para colocar los excedentes del maquinismo industrial. Sin la existencia de la India y de las naciones hispanoamericanas como mercados de consumo, el desarrollo capitalista de Inglaterra hubiera sido imposible.

            Mitre, fiel representante de los intereses británicos, elaboró una política de provocaciones que culminó en la guerra del Paraguay. No tuvo escrúpulos en declarar públicamente sus razones:

             "Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña, a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptos en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor felicidad de los hombres"

 

Miles de argentinos regaron de sangre las trincheras y los esteros paraguayos para que los obreros de Manchester y Liverpool no perdieran sus fuentes de trabajo, al igual que hace cuarenta años los soldados se congelaban en las turberas de Malvinas mientras los representantes de la Trilateral Commission regían el destino económico del país.

En nombre de la civilización; Brasil, con sus cuatro millones de  esclavos y la Argentina, que degollaba a las montoneras en las provincias, arrasaron con el último proyecto americano de envergadura. Semejante crimen histórico, en el que los "voluntarios" debían ser enviados engrillados al frente de batalla, fue resistido por los últimos representantes de la Argentina Federal: Ángel Vicente Peñaloza - el Chacho - Felipe Varela y Ricardo López Jordán.

            Es inexacto que redujeron el país a mezquinas concepciones localistas. Estos caudillos se levantaron por la unidad nacional y americana, no contra ella. Constituyeron el último resplandor de la memoria orgánica de la América Hispana otrora unida y ya descuartizada. Sus manifiestos aún resultan proféticos.; Felipe Varela, en 1863, durante la inauguración de la Sociedad de la Unión Americana en Sucre, proclamó:

 

            "¡Si, señores! Ambas aves cuentan numerosas victorias, ambas son el emblema de la gloria, pero hay una diferencia. Cuantas veces el águila imperial remontándose a las alturas, ha tendido la vista sobre el hemisferio, ha sido solo para divisar donde hay un pueblo indefenso que desgarrar. Al contrario, cuantas veces el cóndor republicano, desde las cumbres de Los Andes ha tendido su vista sobre el continente, solo ha sido para ver donde hay un pueblo oprimido que liberar. El águila es el representante del pasado y el cóndor es del presente y el provenir; aquel anuncia conquistas, éste libertad. El águila representa la usurpación y el cóndor el derecho".

 

            ¿Era este el pensamiento de la anarquía y el atraso? ¿Era éste el testimonio de la barbarie? Tal vez, si consideramos que en los países periféricos determinados conceptos deben considerarse a la inversa del significado que le atribuyen las usinas centrales que las emiten. La "barbarie montonera se transformó posteriormente en la "chusma radical" y el "aluvión zoológico" peronista. Alem fue "el hijo del mazorquero", Yrigoyen el paladín de la chusma y Perón el "tirano depuesto", el "gran corruptor", categorías que en el leguaje político de la oligarquía se aplican a quienes representan las luchas de los pueblos por su autoconciencia.

           

 

 

                                                                                               Pepe Muñoz Azpiri.