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miércoles, 3 de abril de 2019

EL PAN Y LA UCR

Por el Prof. Jbismarck
El primer partido político principal de la Argentina fue el Partido Autonomista Nacional (PAN). Para fines del siglo diecinueve el PAN se había convertido en el vehiculo electoral dominante de los hacendados de la Pampa, quienes dominaron la cconomia floreciente de exportaciones de cereales y carnes.   El PAN era un partido de directores más bien que un partido de masas. Como lo explica Natalio Botana, no era “una organización diseñada para la movilizaciòn de la población, sino un instrumento que usaban las oligarquías regionales para comunicarse entre ellos”. Entre 1880 y 1909 el PAN adulteró los censos electorales, compró votos y usó la intimidación (aprovechándose de que no existía la votación secreta) para socavar a los candidatos que postulaban bajo etiquetas partidarias opositoras efimeras. El sufragio universal para hombres había existido desde 1857, pero la concurrencia a votar variaba entre el 10% y el 25% de los votantes calificados’.
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El PAN sobrevivió hasta 1909 cuando se dividió, formando una multitud de partidos provinciales conservadores que dependían de los hacendados locales y grupos de aliados comerciales y profesionales. En vez de una competencia entre partidos, la Argentina desarrolló una serie de hegemonías de partidos gobernantes: el PAN después de 1880, el radicalismo después de 1916 y el peronismo despues de 1946. Se pueden dilucidar los orígenes de dicho patrón de desarrollo político comparando la vida política argentina de fines del siglo diecinueve con las de Chile y Uruguay, que sí desarrollaron sistemas eficaces de competencia partidaria y que en el siglo veinte pudieron mantener períodos de gobierno democrático que, según normas tanto europeas como latinoamericanas, resultaron ser bastante duraderos. Las razones por las cuales se implantó la competencia partidaria con menos fuerza en la Argentina que en Chile o uruguay son complejas; sin embargo, vale la pena señalar que en la Argentina fue sólo a fines del siglo diecinueve que los partidos que perdían las elecciones se evaporaban o eran absorbidos por los partidos gobernantes. En Uruguay y Chile los partidos perdedores reaccionaban frente a la derrota reteniendo sus identidades partidarias y organizaciones partidarias incipientes y renovando su esfuerzo competidor en una fecha posterior. Para 1880, cuando el PAN asumió el poder, quienquiera que controlara el poder ejecutivo a nivel nacional controlaba también el poder político y militar a través de todo el país. Tal no era el caso en Uruguay, donde, no pudiendo ganar una victoria militar decisiva sobre su rival, el partido Colorado entregó el control de las jefaturas en algunas provincias al interior del país a cambio de la promesa del partido Blanco de no rebelarse. Este tipo de convenio no sólo permitió que los Blancos sobrevivieran a pesar de no controlar directamente el poder ejecutivo a nivel nacional. sino también fomentó las disposiciones para la participación en el gobierno del partido perdedor que ayudó a mantener la competencia partidaria en el siglo veinte. La amenaza de una rebelión armada en Chile a fines del siglo diecinueve era menor que en Uruguay; sin embargo, entre 1891 y 1925 Chile contaba con un gobierno semiparlamentario que contrastaba directamentc con el sistema presidencial altamente centralizado de la Argentina. Al hacer más visible el poder político, el poder parlamentario en Chile reforzó el sistema multipartidista incipiente, mientras que en la Argentina el predominio abrumador del poder ejecutivo nacional reforzó la larga tradición en ese país de un hegemonía de una sola fuerza política. La tradición hegemónica afectó la cultura política argentina. Ya que no existía ninguna oposición efectiva, el PAN comenzó a visualizarse como un movimiento que personificaba todo lo bueno de la Argentina más bien que simplementc una parte de una organización política donde las fuerzas opositoras también tenían derecho a un espacio legitimo (o al menos duradero). En contraste, en Chile y Uruguay la fuerza política gobernante no podía ni destruir ni absorber a sus rivales. En esos países, la tenacidad de los partidos perdedores facilitó el surgimiento de una cultura política donde el derecho a establecer una oposición política precondición crucial para la institucionalización de un sistema de partidos, se valorizaba más. La presencia de fraudes electorales durante el periodo de la hegcmonía del PAN también contribuyó al escepticismo en cuanto a que la actividad partidaria pudiera conducir al control de los recursos del Estado. En consecuencia, cuando en 1889 surgió una alianza reformadora, que pronto se convertiría en la UCR.  Inicialmente, la UCR fue conformada por elementos de la clase media y miembros disidentes de la elite pampeana, y fueron estos últimos los que controlaron el liderazgo del partido hasta fines de la década del veinte” Cuando Yrigoyen asumió el control de la UCR en 1898, siguió con las políticas de “intransigencia” y “abstención”, según las cuales el radicalismo rechazaba explícitamente el camino electoral a favor de la insurrección armada. Dichas políticas en parte constituían reacciones frentc a los abusos electorales del PAN, que hacían muy poco probable que los candidatos opositores tuvieran éxito, pero también reflejaban la perspectiva de los líderes de la UCR de que se trataba de un movimiento y no de un partido. Como insistía Yrigoyen: “La Unión Cívica Radical no es un partido propiamente tal en un sentido militante; es un conjunto de fuerzas que emergen de la opinión de la nación”“. La política de intransigencia y abstención de los radicales “respondía a la firme convicción de que la masa popular tenía aspiraciones que la oligarquía no podía satisfacer y exigencias que podrían lograrse con el triunfo total. Así comenzó a cobrar cada vez más vigor la idea de que la Unión Civica Radical era un movimiento político excepcional, encarnación verdadera de la mayoría del país y. en consonancia, su auténtica representación politica. Esta percepción de sí mismos que sustentaban los radicales recordaba aquella del PAN, prefiguraba aquella de los peronistas y subrayó la debilidad en la política argentina del concepto de una oposición legítima. En 1905, cuando ciertos miembros de la elite pampeana comenzaron a abogar por reformas políticas, la UCR emprendió una rebelión armada. Aunque no tuvieron éxito, la rebelión cambió el ímpetu hacia el conjunto de fuerzas políticas, económicas y sociales que produjeron las reformas electorales de 1912. También contribuyó la belicosidad de la clase obrera liderada por anarquistas que hizo que muchos argumentaran que una reforma electoral podría prevenir una revolución social. Los sindicatos surgieron en las décadas de 1870 y 1880, mucho antes que los partidos políticos de masas, de esa manera estableciendo una tradición donde los sindicatos eclipsaban a los partidos como vehículos para promover los intereses de los obreros. En 1894 se fundó un Partido Socialista, pero debido al fraude electoral y al hecho de que casi dos tercios de la clase obrera no tenía derecho a votar por haber nacido fuera del país (mayoritariamente en Italia y España), no existía mucha probabilidad de que los socialistas pudieran obtener suficientes votos corno para llevar a cabo la legislación pro obrera por la cual abogaban. El anarquismo, cuyas tecnicas de insurrección no requerían de ciudadanía ni elecciones leales, se convirtió en la fuerza dominante del movimiento obrero durante la primera década del siglo veinte Los obreros, negada la posibilidad de promover sus intereses mediante los votos, se lanzaron a las calles en manifestaciones masivas y a menudo violentas que inquietaron profundamente a la elite. En parte porque temían que continuar con el fraude electoral podría consolidar el apoyo de los obreros al anarquismo, y en parte porque estaban confiados (nunca habiendo perdido una elección de importancia) de que podrían ganar unas elecciones leales, los conservadores promulgaron las reformas electorales de 1912, que transformaron el fundamento del régimen político argentino del fraude, la intimidación, los pactos entre bambalinas y la apatía electoral a la inscripción honesta de votantes, el conteo leal de votos, la votación obligatoria y la votación secreta. Puesto que la numerosa población extranjera de la Argentina todavía no tenía derecho a votar, las reformas electorales no constituyeron una ruptura total con el pasado. No obstante, produjeron un repunte repentino en la participación electoral, que aumentó del 21% del universo calificado en 1910 al 69% en 191 215. La competencia partidaria también floreció cuando los radicales dejaron a un lado su política de abstención, fortalecieron la organización en las provincias al Interior del paíss, y aumentaron la entrega de alimentos y otras formas tradicionales de prebendaje político Al acercarse las elecciones presidenciales de 1916, la UCR se estaba convirtiendo rápidamente en el primer partido argentino de masas y estaba bien encaminado para reemplazar al PAN como la fuerza política dominante del país.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen Alem

Por Miguel Landro Lamoureaux
Siguiendo a su tío, Leandro N. Alem , comienzan su vida política como miembros del Partido Autonomista, conducido por Adolfo Alsina. 
Nació el 12 de julio de 1852 y falleció el 3 de julio de 1933. Hijo de Martín Yrigoyen y de Marcelina Alem. Su padre era un inmigrante de origen vasco francés que se casó con la hija de Leandro Alem , padre de Leandro N. Alem y abuelo de Hipólito Yrigoyen.
Juan Hipólito nació y se crió en el suburbio de Balvanera, cuidad de Buenos Aires.
Siguiendo a su tío, Leandro N. Alem , comienzan su vida política como miembros del Partido Autonomista, conducido por Adolfo Alsina. Un partido de base popular enfrentado al Partido Nacional de Bartolomé Mitre. En 1872, cuando Alem es elegido diputado provincial, Hipólito Yrigoyen, con 20 años, fue nombrado gracias a la influencia de su tío, Comisario (Policía) de Balvanera. En 1877 Alem e Yrigoyen se enfrentan con el sector oficial del Partido Autonomista, llevando como candidato propio a Aristóbulo del Valle y sosteniendo una actitud de intransigente oposición a los acuerdos entre dirigentes.
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El enfrentamiento interno termina con la exoneración de Yrigoyen. Al año siguiente Yrigoyen es elegido diputado provincial por el Partido Republicano, pero muerto Alsina, retorna al autonomismo. Yrigoyen ingresó también a la masonería de la mano de su tío.
Al federalizarse Buenos Aires y frente a la llegada de Julio A. Roca a la presidencia, Alem abandona la política, en tanto que Yrigoyen acepta la federalización y resulta elegido diputado nacional por el ahora reorganizado Partido Autonomista Nacional en 1880, siguiendo a Roca. Dos años más tarde , desencantado de Roca, abandona la política.
Para 1882, Yrigoyen había finalizado las materias teóricas de la carrera de Abogacía en la Universidad de Buenos Aires .Años atrás había trabajado en el estudio jurídico que compartían Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, pero nunca disfrutó la abogacía.
Con 30 años, era una persona de escasos recursos, que había comenzado a trabajar como profesor de Historia Argentina, Instrucción Cívica y Filosofía en el Colegio Normal de Maestras, designado por Sarmiento, y que seguía viviendo en la casa de su tío. Los salarios que percibía eran donados al Hospital de Niños.
En ese momento descubre el pensamiento filosófico de Krause, a través de los krausistas españoles: Ahrens y Giner de los Ríos, que influirán considerablemente en sus ideologías.
En 1883 emprende su negocio propio dedicándose enteramente a la invernada de vacunos.
Compró tres estancias: El trigo ( provincia de Buenos Aires), La Seña ( San Luis) y El quemado ( cerca de Bahía Blanca). Yrigoyen realizó una verdadera fortuna de varios millones de pesos que fueron utilizados casi completamente en la actividad política.
Su relación con las mujeres ha sido sumamente discutida y atacada públicamente por sus opositores. Yrigoyen mantuvo una gran cantidad de aventuras amorosas.
En una de esas relaciones informales tuvo una hija que lo acompañó en toda su vida: Elena Irigoyen.Nunca admitió tener otros hijos, aunque se sabe que tuvo muchos más, al menos seis. mudó a su propia casa, frente a lo que hoy es la Plaza de los dos Congresos en la Ciudad de Buenos Aires, en la calle que lleva su nombre, al 1.600.
Por esa época entabla una profunda amistad con Carlos Pelegrini y Roque Sáenz Peña. 
Participó activamente en la Revolución de 1890 y en la de 1893. En esta última organizó, condujo y financió un ejército radical de 8.000 hombres.Fue uno de los fundadores, siguiendo a su tío y a Aristóbulo del Valle, tanto de la Unión Cívica como de la Unión Cívica Radical .A pesar del afecto que sentía por su tío, desconfiaba de sus condiciones para el liderazgo, lo que lo llevó a enfrentarse políticamente y a organizar la Unión Cívica Radical de la provincia de Buenos Aires como un partido político autónomo.ras el suicidio de su tío Leandro Alem y la muerte de Aristóbulo del Valle( 1886), Hipólito Yrigoyen, profundamente en desacuerdo con la orientación acuerdista que le impone Bernardo de Irigoyen, disuelve el Comité de la UCR de la provincia de Buenos Aires, debido a lo cual el partido radical dejó prácticamente de existir. En 1903 Yrigoyen comienza a reorganizar la UCR y financia las campañas políticas con su propio dinero, como la Revolución de 1905, que fracasa. Sin embargo, el miedo a un nuevo levantamiento armado de Yrigoyen, lleva a su amigo y presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, a sancionar la Ley del Voto Secreto en 1912, más conocida como Ley Sáenz Peña, que lo llevará a la presidencia en 1916. 
  presidencia de Yrigoyen (1916-1922)
El impulso inicial de la conquista de los derechos democráticos se ve frenado al no controlar el Senado y la gobernación de muchas provincias. Yrigoyen recurre a la intervención federal, ahondando el enfrentamiento con los sectores conservadores. En lo económico, el gobierno de Yrigoyen se caracterizó por su "Plan de Tierra y Petróleo", en el que el Estado se reserva un rol de intervención decisivo.El radicalismo mostró una tendencia económica que se apartaba del liberalismo clásico, a partir de la idea de intervención del Estado en la economía. En los fundamentos al voto de la ley ferroviaria de 1920, Yrigoyen dice:"La política del P.E. es mantener en poder del Estado la explotación de fuentes naturales de riqueza, cuyos productos son elementos vitales del desarrollo del país. El Estado debe adquirir una posición cada día más preponderante en las actividades industriales que respondan principalmente a la realización de servicios públicos".
La decisión más destacada y de la cual el radicalismo habría de hacer una bandera, fue la creación en 1922 de la empresa estatal petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) , que en el futuro sería la más grande del país con 50.000 empleados, designando al General Enrique Mosconi al frente de la misma y abriendo toda una línea de políticas económicas nacionalistas. También se llevan a cabo una serie de leyes de arrendamientos rurales para proteger a los colonos y chacareros frente a los grandes propietarios de tierra. Se reorganiza el Banco Hipotecario Nacional para que apoye crediticiamente a los pequeños propietarios rurales. En 1918, por primera vez, el Estado interviene como vendedor único de la cosecha de cereales al exterior.Adicionalmente, se crea la Marina Mercante Nacional.
Yrigoyen impulsó una política de expansión y fortalecimiento de los ferrocarriles estatales y se enfrentó con las poderosas empresas ferroviarias extranjeras, al vetar la ley de formación de una empresa de ferrocarriles mixta, sancionada por la oposición.
Construye el conocido Tren de las Nubes (Huaytiquina), del Ferrocarril General Belgrano, conectando Salta con el océano Pacífico en Antofagasta (Chile).
En cuanto a la educación, estalla en Córdoba el movimiento de Reforma Universitaria de 1918.Yrigoyen apoya los reclamos de autonomía universitaria y aprueba los primeros estatutos reformistas.
La política internacional de Yrigoyen fue motivo de fuertes discusiones, incluso en el seno del radicalismo. Yrigoyen básicamente sostuvo una política de fuerte acento sobre la independencia e igualdad de las naciones frente a las grandes potencias, que la oposición interna y extrapartidaria criticaba sosteniendo que llevaría al aislamiento del país .
Sobre esa base:
– Mantuvo la neutralidad en la Primera Guerra Mundial pero con fuertes reclamos de los países beligerantes de ambos bandos.
– En 1917 convocó a un Congreso de Naciones Latinoamericanas no beligerantes para fijar una posición común frente a la Primera Guerra Mundial, que fracasó debido a la fuerte oposición de Estados Unidos.
– Frente al Tratado de Versalles y la creación de la Liga de las Naciones, la posición argentina del gobierno radical sostuvo la separación entre ambos actos: el Tratado era una cuestión que debería limitarse a los países que lucharon, la Liga de las Naciones, por el contrario, debería ser una asociación igualitaria y voluntaria de todas las naciones del mundo, hecho que llevó a un polémico retiro de la delegación argentina.
La política laboral del gobierno radical fue sumamente contradictoria.
Por un lado impulsó la sanción de leyes laborales y envió al Congreso un proyecto de Código de Trabajo, reclamado por los socialistas y el movimiento obrero.
Actuó como mediador en numerosos conflictos laborales, promoviendo la negociación de acuerdos basados en la justicia social.
Pero, por otro lado, mantuvo relaciones muy conflictivas con el Partido Socialista, que tenía una importante representación parlamentaria, y con el sector mayoritario del movimiento obrero, negándole a la FORA su derecho de representar a los trabajadores argentinos en el acto de constitución de la OIT (1919), por lo que el gobierno argentino fue seriamente reprendido por el organismo internacional.
Se disolvió la Federación de Obreros Petroleros (FOP) y reprimió las protestas en YPF.

jueves, 20 de julio de 2017

Hipólito Yrigoyen ¿que es el Radicalismo?

Por Hipólito Yrigoyen
                                                                                Buenos Aires, setiembre de 1909
Señor doctor Pedro C. Molina
Distinguido doctor:  […] En la extremada degeneración porque pasa el país, muchas aberraciones se verán todavía, entre las que se ha confundido usted; pero lo que no se verá jamás es que en nuestras frentes llegue a rendirse o abatirse siquiera en lo mínimo, la enseña más sagrada que pueblo alguno de la tierra se haya dado para redimir la afrenta que lo ha difamado ante el mundo, le ha cerrado sus horizontes y le tiene expuesto a todos los desastres, enseña a la que hemos consagrado la plenitud de la vida y la integridad de nuestra existencia.
¡El día que aquello pudiera suceder, que Dios nos fulmine y la Patria nos execre!
Sí, porque los que subyugan y detentan a las sociedades en su marcha progresiva, llevan el sello del eterno delito; y los que abjuran de su fe redentora, son los Judas malogradores de las más justas y santas inspiraciones.   Era usted el correligionario que más obligado estaba a todos los merecimientos hacia el Partido y sus hombres, porque ha tenido incongruencias de todo orden y disparidades de todo género, que aun me complazco en no consignarlas, y no sólo se le han tolerado, sino que hasta se ha cohonestado aparentemente con ellas, guardándole siempre los mejores comedimientos, las mayores distinciones y las más amplias generosidades.  Se aleja cuando por todas partes repercuten las vibraciones del sentimiento nacional, que por medio de sus delegaciones llegara hasta el altar de la Patria, a renovar sus votos de honor y de austeridad ciudadana en aras de su redención.  Deja su puesto cuando la conjuración oficial tramada desde el primer día, acometiendo y arrasando desaforadamente con todo lo que ha creído y cree necesario a su plan, se descubre reproduciéndose con procederes tan indignos y temerarios que me quedo absorto de que los consienta, y no estalle todo el pueblo argentino arrojando para siempre de su seno tamañas felonías contra la majestad soberana de la Nación.  Procede usted así porque un diario escrito por los radicales ha dado cabida a una tesis económica distinta de la que sostiene el suyo.  Nunca una Nación soportó más duros golpes, pero tampoco el esfuerzo humano hizo más grandes sacrificios para resistirlos; ni hubo mayores transgresiones a las leyes que rigen las sociedades, pero tampoco mejores comprensiones de deberes para combatirlas; ni causas más graves determinaron la acción general, ni oposición alguna estuvo a más altura para repararlas, que las de ese movimiento.   ¿No sabe usted que del principio democrático del sistema republicano y del régimen federal, de ese vasto monumento científico ideado por el saber humano, bajo cuyos auspicios y enseñanzas tienden a llenar su cometido todas las sociedades libres, no queda ya en la nuestra más que la tradición y su leyenda? Adoptado desde la aurora de la independencia por la nacionalidad argentina y cimentado después de cincuenta años de cruentas vicisitudes, de dolorosas alternativas y de inquietudes, todo ha sido derribado y se posa sobre sus ruinas el más disoluto predominio de que haya de consumir, dilapidar y usurpar… no tiene más miraje que el peculado y la logrería, sea lo que fuere, pase lo que pase y suceda lo que suceda, con tal que haya que consumir, dilapidar y usurpar… (!) ¡sumido y abyecto hasta la vileza dentro de su imperio, como procaz y agresivo con la opinión pública y vandálico en todas las formas, gravita sobre la Nación, en vorágine devastadora de la más nefasta fatalidad!
Todo se ha concusado y subvertido, respirando relajación y desconcierto; todo sentimiento de respeto, de bien y de justicia ha sido profanado.  Tan hondos trastornos políticos y morales no sólo producen múltiples males y dejan irreparables lesiones, sino que amenazan mayores peligros, sobre los que detengo la pluma; pero que evidenciaría en tribunal de fuero interno patentizando su magnitud y sus consecuencias. Los perversores de los pueblos nunca transformaron su acción en regeneradora; millares de veces lo prometieron, y tantas otras fueron conversos al bien general. Es natural que así suceda, porque no puede sinceramente sostenerse la posibilidad de transiciones tan acentuadas, ni el cambio de condiciones tan distintas.  Las acciones humanas se manifiestan según los factores psicológicos que las determinan y no germinan, sino aquellas que le dieron vida. La escuela que se aprende, o el ejemplo que se recibe, es el mismo que se propaga.   Los actos y los hechos que se dejan consumar, es de rigurosa exactitud que se produzcan, y el ambiente en que se vive, es el que satura la existencia.  Con la tendencia a olvidar el pasado, porque a todos conviene, desde que contados son los que no tienen participación en el punto de partida o en los sucesivos, con el dominio del poder y sus atracciones, en recursos, elementos y medios de todo orden y con la impunidad por delante, nadie puede dudar de lo que seguirá siendo y de la posteridad que nos depara.    Sólo los mentecatos y los malvados pueden ignorar o hacerse los desentendidos para comprender hasta dónde hayan penetrado las raíces de la depravación de esta progresiva “crisis de progreso”.   La corrupción continuará avanzando y todo irá precipitándose mientras haya pendiente,  porque los discípulos aventajarán consecutivamente a sus maestros y los hechos verdaderamente portentosos anuncian sin ambigüedad cuál será el fin de esa batahola infernal.  Hace treinta años que recíprocamente se imputan las responsabilidades en que igualmente han incurrido y cometen la sarcástica ironía de referirse a ellas en las asonadas que alternativamente se hacen, concluyendo para convertirse en juez el que tiene la fuerza, al cual los que ayer le desdeñaban se le rinden hoy y le repudiarán mañana, para posternarse ante el nuevo omnipotente.  Es un proceso que lleva entre sus entrañas el germen productor de todas las perversiones.  Un hacinamiento en que se confunden gobiernos, grupos y hombres, con denominaciones de Acuerdos, Paralelas, Uniones Provinciales, Republicanos, Partidos Unidos,
Liberales, Autonomistas, Coalicionistas, Conservadores, Unión Nacional y tantas otras buscando en figuraciones y desfiguraciones encubrir su delincuencia y hacer prevalecer sus móviles utilitarios, variando por momentos, según las mejores ventajas y oportunidades para la posesión o participación en los gobiernos.  Todo, todo eso causa un estado morboso incurable por sí mismo, tan infeccioso que cada vez se esparcirá más ocasionando a la República los perjuicios consiguientes, y por fin quedará sepultado en la fosa común de esta época con la lápida del oprobio.  Pero a su frente, con el lema de la Unión Cívica Radical, perdurará una pirámide de proyecciones tan luminosas y de perspectivas tan vastas, como su propia idealización levantada por las más caras consagraciones del espíritu y el alma, de la frente y el pecho de la personificación humana y sobre su cúspide la razón, la justicia y el derecho, como antorcha permanente de la civilización argentina.  Tal es la síntesis de esta crisis moral y política, a la que seguirán crisis económicas, porque ésa es una de sus fatales consecutivas. Para honor y bien de la Nación, se caracteriza en el más opuesto antagonismo contra las fuerzas destructoras por las creaciones reparadoras. Así debía ser, porque si la resistencia no tuviese ese carácter, habría demostrado que los gobiernos eran apropiados y lógicos a la Nación, y ambas entidades, situación y oposición, hubieran merecido igual juicio y caído en el mismo nivel de depresión y de desdoro.  Ahí tiene usted el programa de la Unión Cívica Radical; y debe ser el de todo ciudadano que tenga sangre en las venas, patriotismo en el pecho y pundonor en la frente.  El único camino es la UCR para libertarla, arrancándola de las garras de sus malhechores y tránsfugas; lo demás, todo lo demás es mentira, es deshonra y es especulación, entregándola indefensa a todas las traficaciones y sin resguardo a las suspicacias de toda especie que crecientemente la circundan, amparadas y estimuladas por su desmedro y desgobierno.  En tal situación, tampoco se conciben ni se justifican las tendencias partidarias, ni las propensiones singulares; porque deben callar esos intereses, volviendo todos sobre los de la Nación, antes de que sea demasiado tarde para evitar el peso de una mayor calamidad y lamentarla recién cuando ya no hay remedio; ni pueden desenvolverse sino sometiéndose para participar de la concupiscencia o gastándose estérilmente en las acciones aisladas y sustrayéndose a las que obran en sentido general.
Son tan ciertas esas proposiciones, que todos los ciudadanos que no profesan el credo de la Unión Cívica Radical, contribuyen, directa o indirectamente, en una forma o en otra, a afianzar el régimen imperante y se hacen causantes como los mismos autores. Habiéndose congregado ese movimiento para fines generales y comunes y siendo cada vez más definido en sus objetivos, no sólo son compatibles en su seno todas las creencias en que se diversifican y sintetizan las actividades sociales, sino que le dan y le imprimen su verdadera significación. La denominación de “Unión Cívica” expresa su origen, y el agregado “Radical” es el vivo anatema de las atroces felonías de que ha sido víctima dentro de su propia entidad, haciéndole malograr acciones ya decididas en su favor y obligándola a prolongar su azarosa vida, multiplicándole sus crucificaciones e infiriendo a la Patria muchos más sensibles y grandes males que aquellos que motivaron su convocatoria.   Su causa es la de la Nación misma y su representación la del poder público. Así será juzgado y así pasará a la Historia como fundamento cardinal y resumen entero de la heroica resistencia que el pueblo argentino hiciera a la más odiosa de las imposiciones; porque no tiene ni una sola atenuante, y sí todas las agravantes. ¡Es sublime la majestad de su misión, y a ella entrega sus fervores infinitos! Por eso perdura su obra y son poderosos sus esfuerzos, se robustece y vivifica constantemente en las puras corrientes de la opinión: es la escuela y el punto de mira de las sucesivas generaciones y hasta el ensueño de los niños y el santuario cívico de los hogares! Precisamente, uno de los inmensos bienes que ha hecho, y que bastaría para su eterna culminación, es haber consolidado la unión nacional y su identificación orgánica de tal modo que ya nadie podrá explotar la criminal perfidia que tanta sangre argentina ha hecho verter: porque la solidaridad está definitivamente consolidada ––no por las bacanales victoriosas contra ella misma, sí por los infortunios y las desventuras, por los esfuerzos y los sacrificios en unísono pensar y sentir, en una sola alma: la de la Patria y en un solo espíritu: ¡el de Dios!  Hemos sufrido dolorosos desgarramientos, que han lacerado nuestros pechos y nos han dejado imborrables impresiones; pero sin un instante de vacilación o incertidumbre, erguidos siempre por el deber, estamos en su senda cada vez más fuertes, y templados hasta por la misma adversidad que se cierne sobre nosotros y que al fin será la precursora de todas las prosperidades.   Es un espectáculo interesante ante propios y extraños y digno de la mayor  admiración, el de esa fuerza que, desprovista de toda función de gobierno y alentada tan sólo por el espíritu público, persiste desde hace veinte años con absoluta abnegación. Sostiene la más cruenta oposición que se conozca, y apartando de sí todas las compensaciones y aceptando todos los sinsabores, hace de esto su sólido punto de apoyo. Inaccesible a todas las seducciones, prefiere antes las inexorables persecuciones, agresiones, abusos y desamparos. Jamás un movimiento de opinión ha ocupado la escena con más suma de calidades ni mayores desprendimientos ni más intensos sacrificios. Será una figura histórica de imperecederas irradiaciones tanto más fulgurantes, cuanto que su obra es eminentemente nacional, perseguida con el más acendrado desinterés, y a impulsos de los más generosos afanes y de los más nobles sentimientos.
Hemos luchado imperturbables y perseverantes con el emblema del honor, de la justicia y de las instituciones, y guiados por su credo y abrazados a la bandera de la Patria, hemos consagrado nuestra vida, reposo, bienestar y patrimonio, renunciando mil veces y siempre a todos los halagos, a trueque de las más crueles proscripciones e inmolaciones!  Esa lucha no sólo es con los adueñados de los poderes que tienen subyugados y sometidos a su servicio todos los resortes oficiales, sino también a despecho de sus aliados, las malevolencias, diatribas, infidencias, perfidias, defecciones, deslealtad y traiciones, que son exponentes de la degradación reinante; más los indiferentes, apáticos, parasitarios y decrépitos, y aun esa masa de gente rendida a los éxitos y egoísta a las contiendas que no sean mercenarias, con aplausos a todos los triunfadores y fustigaciones a todos los infortunados, álbumes para los que suben y censura para los que bajan. Contra toda esa parte, en fin, de la humanidad que nace muerta a la vida moral y del espíritu, a la que tiene que sobrellevar a cuestas la que llenando su cometido, conforme con los designios de la Providencia, forma y reforma las sociedades, reconstituyendo el mundo y perfeccionando el Universo sobre la base inmutable de la libertad y de la justicia.  Hemos ido sucesivamente a la acción armada y muchas otras a los comicios difundiendo en la próspera, como en la adversa suerte, enseñanzas benéficas en todo sentido, y después de veinte años de continuo batallar, no tenemos la más leve sombra en la trayectoria tan luminosa que viene siempre a nuestra mente a manera de brisa fortificante en tan ruda y profunda labor.  En todos los momentos, desde los primordiales hasta los más trascendentales, así como en las prisiones, confinamientos, expatriaciones, tropelías y crueldades que se nos han hecho sufrir, hemos dejado también la estela indeleble de la elevada conducta y correcta cultura.  Nunca hemos deseado mal a nadie, porque no está en nuestra índole, ni tenemos un solo latido que nos mueva a ello: nuestros actos llevan solamente, los ardores del firme cumplimiento de deberes y del recto ejercicio de derechos, fuera de cuya órbita no se puede legalmente pretender que vivamos, y si la fuerza ciega, torpe y criminosa nos oprime, no por eso nos hará desistir.  No dañamos intereses ni pretensiones legítimas ni buscamos posiciones, a todas las que hemos declinado siempre, porque lejos, muy lejos de ser legionarios de nadie, ni de bandería alguna, somos legionarios de la sacrosanta causa por que nos debatimos en bien de todos, desde que es por y para la Patria.  Relevantes inspiraciones y justísimos anhelos de reparación, es lo que anima e induce a ese movimiento: y potente en sus fuerzas y en el principio que las ha producido, permanece invulnerable en ellas, siendo la imagen fiel de todo cuanto de altivo ha palpado la Nación en estos treinta años.  La clarísima visión con que ha previsto y seguido los acontecimientos, teniendo en ellos las notas más altas, serenas y dignas, así como su probidad y alejamientos de todas las menguas y supercherías. Se levanta y se mantiene arriba de todas las brumas y estrechas miras en la más pura atmósfera del patriotismo, simbolizando la grandeza moral de la Nación, sus verdaderas energías y el juicio que presidirá sus destinos. Que los espíritus que estudian las acciones humanas a través de los arcanos de la existencia para grabar sus caracteres esenciales, digan cuánto hay de genio, de virtud y de fortaleza en esa obra guiada por las más augustas concepciones, coronadas por las mayores austeridades y santificada por todas las consagraciones. Ha dado un ejemplo tan notable en las lides, por las libertades y derechos humanos, que difícilmente será superado, y no hay en sus anales otro cometido encuadrado en principios y reglas tan uniformes y con gentilezas, hidalguías y nobilidades llevadas a tal grado.  Sobre esa cumbre de gloriosas rutas hacia todas las ascenciones, es que usted ha blasfemado; y de los artífices, sus compatricios y correligionarios es que usted ha renegado. Maldiga, entonces, a la patria misma; porque no es posible concebir mayor identidad.
[…] Los acontecimientos humanos enseñan en su constante sucesión, que lo que triunfa después de todo es la virtud, la integridad y el patriotismo. Cuando podamos asistir a un orden de cosas enteramente nuevo, respecto del que acabamos de pasar, se podrá entonces apreciar bien, la importancia de esa transición y los mismos que la resisten la aplaudirán ante la realidad de sus inmensos y saludables beneficios para todos.  Es indispensable luchar en todas partes, pero no parcialmente, sino en completa unidad de acción y en la forma conducente para llegar hasta el origen y el fondo de donde el mal procede. Las mejores intenciones, siendo inadecuadas e insuficientes, no harán más que preparar mayores inconvenientes, y así lo comprueban los años corridos. Hay que reconocer las causas con plena lealtad ciudadana y con toda decisión y eficacia buscar la reparación de tan deplorable, alarmante y vergonzoso estado, porque las tentativas para orillar las dificultades, servirán nada más que para aumentar los odios del elemento opuesto.
No es el caso de mejorar los efectos de las causas, sino de extirpar las causas para que no se produzcan los efectos.  La manera de alcanzar los bienes como de conjurar los males, es siempre igual, y debe ser conforme a la naturaleza de ellos.  Nunca ningún esfuerzo bien dirigido y encaminado, ha dejado de ser fructífero, y siempre ha dado al hombre y a las sociedades mayor conciencia de sí mismos. No debemos esperar que nos impelan apremiantes necesidades, ni tener que ir detrás de los sucesos, sino delante de ellos, para llevarlos por los cauces correspondientes, como han hecho todas las sociedades sabias y previsoras.  Lo esencial es reconquistar ese carácter constitucional, fundamento de la legitimidad de todos los poderes y que ha sido a tal punto desnaturalizado, que los gobernantes proceden nada más que por su exclusiva cuenta y propio interés.   Es indispensable entonces recuperar el mecanismo electoral, legalmente ejercido, bajo los principios democráticos, con lo que la paz y el orden público serán perdurables, extinguiéndose desde luego los vicios actuales.  La República dejará de ser el gobierno de un hombre, de círculos o de facciones, que no son sino despojos y absorciones contra la igualdad política, y hacen ilusorias todas las libertades y derechos; será el gobierno de la voluntad popular por medio de partidos o de corporaciones con el confortante y vivificante prestigio de llevar simultáneamente a su seno todas las representaciones de la opinión. A conseguir ese resultado, a preparar esa escena y a abrir ese certamen, deben concurrir en unidad de acción todos los ciudadanos que no miren a la Patria con indiferencia; y ésa será la primicia de la ansiada redención que fecundará todos los bienes.     Hipólito Yrigoyen
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"Testamento Político" de Leandro N. Alem

He terminado mi carrera, he concluido mi misión… Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí! que se rompa pero que no se doble. 
He luchado de una manera indecible en estos últimos tiempos, pero mis fuerzas ––tal vez gastadas ya–– han sido incapaces para detener la montaña… ¡y la montaña me aplastó…!
He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir a un hombre, y al fin mis fuerzas se han agotado… ¡y para vivir inútil, estéril y deprimido es preferible morir!
¡Entrego decorosa y dignamente lo que me queda, mi última sangre, el resto de mi vida!
Los sentimientos que me han impulsado, las ideas que han alumbrado mi alma, los móviles, las causas, y los propósitos de mi acción y de mi lucha ––en general––, en mi vida, son, creo, perfectamente conocidos. Si me engaño a este respecto será una desgracia que yo no podré ya sentir ni remediar.
Ahí está mi labor y mi acción desde largos años, desde muy joven, desde muy niño, luchando siempre de abajo. No es el orgullo que me dicta estas palabras ni es debilidad en estos momentos lo que me hace tomar esta resolución. Es un convencimiento profundo que
se ha apoderado de mi alma en el sentido que lo enuncio en los primeros párrafos, después de haberlo pensado, meditado y reflexionado mucho, en un solemne recogimiento.
Entrego, pues, mi labor y mi memoria al juicio del pueblo, por cuya noble causa he luchado constantemente.
En estos momentos el Partido Popular se prepara para entrar nuevamente en acción, en bien de la patria.
Esta es mi idea, éste es mi sentimiento, ésta es mi convicción arraigada, sin ofender a nadie; yo mismo he dado el primer impulso, y sin embargo, no puedo continuar.   Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales. 
¡Adelante los que quedan!
¡Ah! Cuánto bien ha podido hacer este partido si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores… ¡No importa! Todavía puede hacerse mucho. Pertenece principalmente
a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra. ¡Deben consumarla!

viernes, 30 de junio de 2017

Balbinismo y frondizismo

Por el Dr. Abelardo Gerez Rojas
A los catorce meses de producirse el golpe de Septiembre de 1955, estaba agotado. Las divergencias entre Rojas y Aramburu reproducían, en cierto modo, el antagonismo entre Lonardi y Aramburu o entre el Ejército y la Marina. Aramburu representaba, en ese período posterior a los fusilamientos, el ala moderada, frente a la sed de revancha de la oligarquía, cuyos intereses reflejaba más directamente
el Almirante Rojas. Mediante una maniobra de palacio, Aramburu se desembarazó, en enero de 1957, del control de la Junta Militar, que era su poder detrás del trono, y buscó una vinculación con el radicalismo balbinista de la Provincia de Buenos Aires. De ese modo, llega a ser Ministro del Interior de la dictadura, el Dr. Alconada Aramburu, dirigente radical bonaerense, mano derecha del Dr. Balbín y consuegro de Raúl Alfonsín. El dilema era claro: o encontraba una salida electoral con cierta base política, o podrían sobrevenir acontecimientos que pusiesen en peligro a todos los responsables de innumerables crímenes. Así es como se planea una Convención Constituyente que permita un «recuento globular», según la expresión de Américo Ghioldi, «el socialista».
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 ¿Existía el peronismo todavía? Había que comprobarlo en una elección que lo proscribiese y que al mismo tiempo permitiera, por la representación proporcional, el acceso de todos los partidos «democráticos» a la misma, incluido el Partido Comunista, que era el más «democrático» de todos.  En el seno del radicalismo se habían producido, en tanto, importantes acontecimientos. La vieja Unión Cívica Radical se había escindido en dos alas: el radicalismo intransigente, cuyo jefe notorio era Arturo Frondizi y el radicalismo del Pueblo, un complicado sistema de alianzas sostenido en ese momento por el balbinismo agrario de la Provincia de Buenos Aires, el sabattinismo de Córdoba y los unionistas liberales de todo el país, fuertes sobre todo en la Capital Federal. Importantes corrientes de la pequeña burguesía vinculadas a la economía industrial o a los sectores agrarios más modernos se agrupaban en el «Frondizismo».  La caída de Perón y la Revolución Libertadora, con sus atrocidades, habían liberado a vastos sectores de la clase media tanto de su antiguo odio hacia el peronismo como de sus ilusiones sobre el 16 de septiembre. Se esbozaba un proceso de «nacionalización ideológica» de la pequeña burguesía, que al parecer Frondizi podía canalizar en el futuro. Concluida la Convención Constituyente con el retiro de los convencionales de la UCRI y el voto en blanco del peronismo que, como correspondía a un comicio democrático, había sido proscripto, el radicalismo
del Pueblo, convertido en partido oficial, estimó posible su triunfo en comicios libres. Frondizi fue proclamado candidato a presidente en Tucumán muchos meses antes de las elecciones, que finalmente se fijan para el 23 de febrero de 1958. Esa decisión de los intransigentes divide en dos sectores a la Unión Cívica Radical. Por su parte, se funda la Unión Cívica Radical del Pueblo, que proclama candidato a presidente a Ricardo Balbín.  Para ambos contendientes, se trataba de obtener dos cosas de naturaleza opuesta: para Balbín, lograr la abstención electoral del peronismo; para Frondizi, su concurrencia. En este último caso, la opción por su candidatura era inevitable. A Balbín lo apoyaban la clase media agraria, la oligarquía terrateniente y comercial y los más enconados enemigos del peronismo. Por gestión del periodista Ramón Prieto y de John William Cooke, el
radicalismo dirigido por Frondizi llega a un acuerdo con el General Perón. Se trataba de formalizar un pacto entre el caudillo exiliado y el candidato radical a Presidente. Frondizi se comprometía a promulgar una Ley de Asociaciones Profesionales, dar garantías de legalidad progresiva al peronismo y avanzar en la perspectiva de una política económica nacional.  El apoyo de Perón a Frondizi se expresó por medio de una carta autógrafa que circuló profusamente en los días anteriores a las elecciones del 23 de febrero de 1958. Al mismo tiempo, el gobierno y los enemigos de Frondizi hacían circular otra carta autógrafa de Perón, en la que recomendaba el voto en blanco. De todos modos, un sector importante del peronismo procedió de ese modo. Pero bastó que sólo una parte del gran movimiento se inclinara por Frondizi, como medio de condenar a la Revolución Libertadora que aparecía simbolizada por Balbín, para que el triunfo de la UCRI fuese categórico. La caída de Perón había dejado sin representación a los intereses del empresariado nacional. Para la clase obrera, la proscripción del peronismo equivalía a su propia exclusión. El gobierno de Frondizi apareció como una alianza de los sectores nacionales de la burguesía, la pequeña burguesía y el proletariado.
Ese fue el sentido que Perón asignó a su apoyo a Frondizi. Pero en esa alianza, donde la clase obrera –sin otra opción–, se movilizaba una vez más para decidir el curso de los acontecimientos, faltaba un ingrediente fundamental: el Ejército. La milicia de 1945 había sido aniquilada en 1955,  la burguesía no puede enfrentar por sí misma al Ejército y desenvolver sin él su programa. El «pacto nacional» de 1958 nacía así herido de muerte. Derrotados en las urnas, los oficiales facciosos del 16 de septiembre rodearían con un cerco de hierro al gobierno triunfante y lo transformarían en un espectro de sí mismo, arrancándole poco a poco los últimos jirones de su arrogante programa. Recuperado de su agotamiento bélico de 1945, el imperialismo mundial  iniciaba su pleno restablecimiento. En el orden local, el resurgimiento político  de la oligarquía muestra su poder económico intacto. El Ejército se transforma en una guardia pretoriana del viejo orden. Tal es el cuadro nacional e internacional en
cuyos límites deberá actuar el gobierno de Frondizi.