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miércoles, 30 de junio de 2021

A 200 años de la muerte del General Francisco "Pancho" Ramírez

 Por el Prof. Jbismarck

Francisco Ramírez nació en 1786, en Concepción del Uruguay (Entre Ríos). No hay retrato del Supremo Entrerriano. Algunos dicen que era achinado y bajo; otros, que blanco y rubio. Todos coinciden, en cambio, en reconocer que era simpático y muy enamorado. Sólo tres escasos años duró, su deslumbrante carrera: tres años que difundieron el nombre de Pancho Ramírez en las Provincias Unidas. Cuando ejerció el poder supremo de la “República de Entre Ríos”, se preocupó de crear escuelas, montó las bases de una administración pública que duraría muchos años y fue prolijo y reglamentarista en el manejo de las cosas oficiales. Pasó como una deslumbrante estrella en la noche de las guerras civiles y cayó a los 34 años de edad, defendiendo a su mujer, en el momento más alto de su ambición y su gloria.

Era hijo de un comerciante paraguayo y de una dama de apellido Jordán, que después volvería a casarse teniendo entre otros hijos a Ricardo López Jordán, militar de importante actuación junto a su hermanastro y padre del general del mismo nombre; En Arroyo de la China recibió Francisco Ramírez una regular educación. Fue correísta de Artigas, en los primeros momentos del levantamiento de la campaña oriental.  Ramírez estuvo con el Protector en el campo de Ayuí. en ocasión del Éxodo del Pueblo Oriental; y sin duda lo frecuentó cuando Artigas instaló su sede en Arroyo de la China por breve tiempo. Cuando el Directorio lanzó contra esta provincia un ejército mandado por el Barón de Holmberg, Ramírez los sitió en un islote sobre el Ibicuy y les infligió una tremenda derrota, obligándolos a refugiarse cerca de Gualeguay, desde donde los invasores pidieron refuerzos a. Buenos Aires.  Poco más tarde habría de defender su pueblo natal contra un ataque de los portugueses, que no contentos con ocupar el territorio de la Banda Oriental avanzaban en incursiones aisladas sobre la margen derecha del río Uruguay. Pronto tomaría Ramírez la ofensiva en esa larga guerra contra el Directorio. El régimen cuyas intrigas monarquistas, cuyo centralismo y permanente alianza con el portugués repudiaban los pueblos, estaba llegando al límite de su desprestigio. La sanción de la Constitución —abril de 1819— determinó el rompimiento: su estructura, preparada para el advenimiento de algún príncipe europeo, resultaba odiosa a las provincias. Santa Fe —es decir, Estanislao López— y Entre Ríos —Francisco Ramírez— asumirán tácitamente la representación de los pueblos interiores en esta confrontación con el poder porteño. Faltará Artigas a la lucha, acosado como está por los invasores portugueses; pero es con el espíritu e instrucciones de Artigas con que los caudillos avanzarán sobre la orgullosa Buenos Aires.  Ramírez, como lugarteniente del Protector, asumirá la función de jefe supremo del ejército federal; En octubre de 1819 se reúnen Ramírez y López en Coronda para establecer los planes comunes. El oscuro capitanejo de Artigas está ahora a punto de ingresar a la historia al frente de los Dragones santafecinos, los guaraníes de misiones, los mocobíes del Chaco y los montoneros de las selvas entrerrianas.

El Director Rondeau llamó en su auxilio al Ejército del Norte. Pero esta fuerza se niega a participar de la guerra civil, en Arequito (7 de enero de 1820), y esa sublevación deja al Directorio casi en estado de indefensión. Sólo faltaba el empujón final. El 1 de febrero de 1820, en la cañada de Cepeda, el régimen directorial se derrumba. Diego Luis Molinari ha llamado a este encuentro ‘la batalla de un minuto” porque bastó una gran atropellada federal para que. las fuerzas de Rondeau se dispersaran. Ante la noticia de Cepeda se viven en Buenos Aires horas de terror. Pero la actitud de estos bárbaros criollos fue magnánima. En los veinte días que mediaron entre la batalla de Cepeda y el tratado del Pilar, un desfile de increíbles intrigas y personajes se sucedió. En su campamento, Ramírez y López asistían serenamente a estas fantasmagorías. Exigían que el poder nacional (Congreso y Directorio) se disolviera definitivamente; que Buenos Aires eligiera sus propios gobernantes para tratar en igualdad de posición con Santa Fe y Entre Ríos las bases de la futura organización federal del país y que se levantara un proceso público a los responsables de las intrigas monarquistas. Omitían, en cambio, hablar de un punto, la guerra contra los portugueses, el obsesivo tema de Artigas. Sin embargo, meses antes, Ramírez había escrito al Protector que “no admitiré otra paz que la que tenga como base la declaración, de guerra al rey don Juan, como V.E. lo quiere...” Asume como gobernador interino Manuel Sarratea —el viejo enemigo de Artigas— los caudillos firmaron el Tratado del Pilar, cuyos dos grandes principios eran los de nacionalidad y federación. Luego entraron a Buenos Aires. El pueblo porteño vio con alivio esa pacífica entrada. Pero no perdonó este agravio: que los montoneros ataran sus fletes en la reja de la Pirámide de Mayo...Ramírez regresa a Entre Ríos. En los días que precedieron se produce la derrota de Artigas en Tacuarembó y el pasaje del jefe vencido a Entre Ríos y ya en pie de guerra. El caudillo entrerriano cuenta con los auxilios de armas y dinero que le ha provisto Sarratea, en cumplimiento de las cláusulas secretas del Tratado del Pilar.  Es difícil determinar quién estaba en la verdad. El Protector hacía una cuestión fundamental de la guerra contra los portugueses; Ramírez, en cambio, veía en la guerra un problema que exigía condiciones previas, para su solución. La lucha contra el portugués suponía la constitución de una nueva autoridad nacional, asistida por la confianza de los pueblos y apta para enfrentar el poder de los invasores.

Artigas fue derrotado por su antiguo lugarteniente y se libraba Buenos Aires de su peor adversario.  Mansilla jugó un papel decisivo en la derrota final de Artigas, en Las Tunas, cuando su pequeña y disciplinada fuerza llevó adelante el ataque definitivo contra; el jefe oriental quien se exilia en el Paraguay los últimos 30 años de su vida.  El 30 de noviembre de 1820, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, en la localidad del, Tala, el caudillo proclama el nacimiento de la República de Entre Ríos que comprende Entre Ríos, Corrientes y Misiones, pronto tendrá una bandera propia —con cuarteles blancos, azules y encamados— y un escudo cuyo signo heráldico es una pluma de avestruz: signo indescifrable, de inspiración campera —los montoneros de Ramírez y López solían usar una pluma de avestruz en el sombrero— Sanciona reglamentos para el orden militar, político, económico y tributario. Declara abolidos los derechos a la introducción de efectos del interior del país, prohíbe la matanza de vacunos, manda practicar el primer censo del territorio, promueve la cría de ganado y la plantación de árboles. Crea la administración judicial y el servicio de correos. Determina procedimientos para el ingreso y egreso de los fondos públicos, organiza oficinas recaudadoras y fija el valor del papel sellado. Impone la enseñanza obligatoria hasta “saber leer, escribir y contar”. Pero la ambición del Supremo no estaba limitada por las fluviales fronteras de su territorio. Aspiraba a una gloria más vasta: continuar la obra de Artigas expulsando a los portugueses de la provincia; oriental y reintegrar la virtualmente segregada provincia del Paraguay a la comunidad nacional.

En Buenos Aires, Sarratea debió ceder el poder a un gobernador surgido de elecciones, produciéndose el resurgimiento del partido directorial: fueron los días de ‘los tres gobernadores” y del caos civil en la orgullosa provincia porteña. En setiembre, después de la batalla del Gamonal, desastrosa para Buenos Aires, la mediación del cordobés Bustos y la garantía de un joven estanciero del sur llamado Juan Manuel de Rosas, consiguieron establecer la "paz perpetua” entre Buenos Aires y Santa Fe mediante el convenio de Benegas. Martín Rodríguez, el nuevo gobernador bonaerense, significaba el predominio de la facción moderada de los antiguos directoriales, ahora entendidos con López y Bustos —cada uno jugando su juego de ambiciones particulares en torno a la futura organización nacional. La nueva entente porteña-cordobesa-santafecina apuntaba a asfixiar al Supremo Entrerriano;

Ramírez, enterado ya del Convenio de Benegas, vuelve a oficiar a Martín Rodríguez insistiendo ahora en la necesidad de declarar la guerra a Portugal. Ni él ni su antiguo amigo López le contestan….Dice Ernesto Palacio: “Los mediocres intereses localistas se sobreponen en el ánimo del mediocre personaje, a los grandes objetivos nacionales; sacrificaba a su aliado en los principios, por las pingües achuras de las vacas de Rosas”.

Pancho Ramírez decide enfrentarse con todos. Buenos Aires que ha armado dos ejércitos formales al mando del coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid el uno, y del gobernador Martín Rodríguez el otro. Los temibles Dragones de López constituyen otra fuerza respetable. Y desde - Córdoba, Bustos se apresta también a enfrentar al entrerriano.  Ramírez sólo contaba con sus propias fuerzas y quizás el chileno Carreras, que después del Convenio de Benegas se había lanzado a convulsionar el sur de Buenos Aires, y de Córdoba, esperando engrosar sus fuerzas con indios y desesperados como él, para pasar a Chile.  Envía al coronel Anacleto Medina para que se alce con toda la caballada de López, concentrada en el Rincón de Coronda. La operación tiene pleno éxito y de un día para otro el santafecino queda desmontado. Ramírez avanza rápidamente hacia el sur, hacia Rosario. El 8 de mayo de 1821 las fuerzas del Supremo topan con la columna de Lamadrid, y lo vence, pero poco más tarde su pequeña flotilla era destruida por la escuadra porteña y sus comunicaciones con Entre Ríos quedaban definitivamente cortadas, dejándolo en territorio enemigo acosado por distintas fuerzas, cada una de ellas superiores en número a su columna. Pero no sería fácil vencerlo. Desgastada su fuerza por la ruda campaña —apenas contaba ya con 700 hombres— y sin poder recibir la menor ayuda de Paraná, Ramírez acampa por unos días en Coronda. Cada refriega, aunque llevara el signo del triunfo significaba un deterioro en hombres; y en Santa Fe sólo era dueño del terreno que pisaba. López, en cambio, estaba al frente de un ejército intacto; le quedaban 400 soldados entre ellos, el coronel Medina y su mujer, la bella Delfina, serena en medio de la derrota. El Supremo la había tomado como botín en una de sus batallas contra los portugueses y desde entonces la llevaba en todas sus campañas: era una riograndesa blanca y pelirroja. Ramírez rumbeó a Córdoba.  Allí encuentran un refuerzo inesperado: Carreras con 700 hombres, que había desistido de cruzar a Chile al saber que su amigo estaba peleando contra Buenos Aires. Carreras se había acercado hacia el litoral en una carrera vertiginosa desde San Luis; había llegado tarde para auxiliar a Ramírez en el momento decisivo pero todavía podían componer entre los dos una fuerza respetable. Lo demostraron días después, el 16 de junio, cuando atacaron a Bustos, gobernador de Córdoba, en una acción indecisa en su resultado.  Pero Ramírez y Carreras eran caracteres fuertes y sus intereses no eran coincidentes. El chileno insistía en volver a su patria, teniendo en cuenta la persecución de López y Lamadrid, sumada ahora a la de Bustos. Ramírez quería continuar con su itinerario y ofrecía seguro asilo en Entre Ríos.  Resolvieron separarse. Cada uno marchó hacia su trágico destino. Carreras fue interceptado en Mendoza: lo ultrajaron prolijamente antes de fusilarlo y Godoy Cruz hizo trinchar sus despojos para ser exhibidos en diversos puntos de la provincia de su mando. En cuanto a Ramírez, su fin era cuestión de días. El 10 de julio (hace justo 200 años), cerca de Río Seco una fuerza cordobesa alcanza a Ramírez y lo derrota. Ahora apenas tenía una docena de hombres a su lado.  Sin darle respiro lo persiguen. Y es entonces cuando el Supremo Entrerriano cae herido en el cuello, cubierto con su poncho rojo, para salvar a su amante rezagada. Una bella muerte para este joven caudillo que siempre jugó su destino sin retáceos, sin reserva...

Medina rescató del lance a la Delfina mientras su jefe agonizaba prendido del cogote de su flete, y llevó a la muchacha hasta Entre Ríos cruzando los páramos santiagueños y los montes fangosos del Chaco. Durante muchos días Estanislao López recibió a sus amigos en su campamento, al lado de una mesa de tijera donde se exhibía la degollada cabeza de Francisco Ramírez. Porque señalemos que para que el espectáculo pudiera durar más tiempo había encargado a un sangrador habilidoso la tarea de embalsamar esa carroña.

RELACION DEL GASTO OCASIONADO PARA PRESERVAR DE CORRUPCION LA CAVEZA DEL FINADO SUPREMO DE ENTRE RIOS FRANCO. RAMIREZ, EL QUE HE VERIFICADO POR MANDATO DEL SOR. COMANDANTE DEL 2P ESCUADRON DE DRAGONES DE LA INDEPENDENCIA, DN. JOSE RAMON MENDEZ, GOBERNADOR SUBSTITUTO DE ESTA PROVINCIA. 

Por veinte pesos de mi trabajo personal por las operaciones que he executado con la expresada Caveza, como son la del Trépano y demás Cirúrgicas cuyo valor es sumamente ínfimo como lo descontará qualesquiera Facultativo en el dicho Ramo         

IMPORTA PESOS 42

Por manera que según la Cuenta que precede asciende esta a la cantidad de cuarenta y dos pesos y por ser asi firmo el presente documento en la'Ciudad de Santa Fe a 23 de Julio de 1821. .

Manuel Rodríguez.

(Fuente: ANIBAL VAZQUEZ, Ramírez. El original obra en el Archivo de la Provincia)

martes, 1 de octubre de 2019

¿cómo murió el Supremo Entrerriano?

El General Ramírez, fundador de la República de Entre Ríos, se encontraba por entonces preparándose en Corrientes, para invadir y reincorporar el Paraguay aislado desde 1811 de las demás provincias. Cuando el Supremo Entrerriano, tomo conocimiento que el tratado del Pilar firmado en febrero de 1820, del que fue, uno de sus principales protagonistas, había sido ignorado, desapareciendo con la firma de un nuevo pacto (Benegas, 24 de noviembre 1820). Que dicho convenio se había realizado sin su participación, ni acuerdo, y que además las provincias signatarias (Buenos Aires; Santa Fe; Córdoba) conformaban una “Entente”, sumamente peligrosa para la vida de su República de Entre Ríos. Decidió cambiar el rumbo que se había establecido, y llevar la guerra nuevamente al otro lado del Paraná.
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El 6 de mayo pudo cruzar el río con 2.000 jinetes y 1.000 infantes desembarcando en la costa santafecina. Las primeras acciones de la campaña, le fueron favorables. Sin embargo las informaciones que comenzaron a llegarle desde el norte, debieron intranquilizarlo. La toma de la ciudad de Santa Fe había fracasado.  Lo que ocurrió luego dio motivo a muchas conjeturas e interrogantes. Lo cierto es que las órdenes impartidas por Ramírez no fueron cumplidas, poniendo en serio riesgo el plan integral de campaña. Años más tarde las memorias del General Lucio Mansilla, entonces Coronel porteño, al servicio del entrerriano después del Pilar, arrojó luz sobre lo acontecido en aquella jornada. Mansilla reveló su deliberada actitud contrariando los planes establecidos con el fin de favorecer a su provincia de origen; traicionando a su general en Jefe.
A partir de entonces, Ramírez se encontró solo con sus hombres en tierra extraña, sin poder repasar el río, pues la escuadrilla de Buenos Aires se lo impedía. Mientras a sus espaldas el Gobernador de Santa Fe, Estanislao López, avanzó desde el norte y las fuerzas de Buenos Aires recuperadas de su primer contraste lo hicieron desde el sur. Solo le quedaba a Ramírez lograr el pronto apoyo de su amigo el chileno José Miguel Carrera, que sabia se encontraba con sus montoneras actuando al sur de la provincia de Córdoba, si bien Carrera recibió el mensaje y se puso en marcha en su ayuda, esta no pudo llegar a tiempo…
Aislado totalmente, con poco más de 500 jinetes, Ramírez estaba abandonado a su suerte. Agazapado como un tigre herido, luchaba dando “zarpazos desesperados” enfrentado fuerzas muy superiores en número, que lo fueron desangrando inexorablemente. La batalla de Coronda o del Colastiné como también suele conocérsela, marcó el principio del fin, de la rutilante estrella del caudillo entrerriano. En la retirada hacia el interior del país, a la cabeza de los restos de su ejército, fueron quedando jirones de su efímera gloria.
El 7 de junio Ramírez, pudo encontrarse con su amigo Carrera en el paso de Ferreira, muy cerca de Villa María en la provincia de Córdoba; intentaron algunas acciones contra el Gobernador Juan Bautista Bustos pero la suerte de las armas, les fue totalmente esquiva. Ambos caudillos, se reunieron y después de largas deliberaciones decidieron separarse. José Miguel Carrera, decidió continuar camino de Chile, donde morirá en el intento, traicionado, arrestado y fusilado antes de cruzar la cordillera. Por su parte Ramírez, si bien no existe certeza de su plan, se cree que posiblemente pretendía eludir con los 200 hombres que le quedaban el accionar de sus enemigos regresando a su República de Entre Ríos, buscando realizar un amplio rodeo para acercarse al río Paraná.
Pero no pudo ser….El 10 de julio de 1821, el Supremo Entrerriano es sorprendido con los primeros rayos del sol, en las cercanías de San Francisco en la Provincia de Córdoba, en el Paraje conocido como Río Seco.
Los instantes finales de su vida están aún por develarse, ya que existen versiones diferentes sobre lo ocurrido en aquella mañana de julio. El norteamericano William Yates, que oficiaba como secretario del Chileno Carrera y tuvo oportunidad en aquellos febriles días de conocer a Ramírez y a su amante doña Delfina, se entera de lo ocurrido a mediados de julio y dice al respecto lo siguiente: “En San Luis tuvimos noticias de la muerte del General Ramírez en un combate –si podía llamarse tal- contra santafecinos y cordobeses. Las circunstancias de su muerte fueron las siguientes: Alcanzaba ya la frontera de Santiago del Estero y se había adelantado a una considerable distancia de su división, cuando sorprendieron y atacaron súbitamente cuatrocientos hombres en el Río Seco. La guardia no pudo resistir el ataque y fue derrotada. Ramírez que llevaba siempre con el su preciosa carga (doña Delfina), no la abandonó ni rehuyó el peligro, aunque bien debió advertir que su solo esfuerzo no era bastante para salvarlo en aquel trance. Peleó por doña Delfina desesperadamente y derribó a varios de sus enemigos, pero terminó por caer bajo los golpes de la despiadada turba que lo acosaba”
Yates da una de las versiones más difundidas, de la cual se han hecho eco historiadores de fuste, que han cimentado una imagen romántica y valiente del hombre que juega su vida por salvar el de su compañera. Esta circunstancia, su trágica desaparición en plena juventud cuando solo tenía 35 años y el ensañamiento de que fue víctima el cadáver , han contribuido a generar un mito que desborda los caminos polvorientos de la historia , para vivir eternamente en las trasnochadas noches de los fogones , en los arpegios de las guitarras y en los emocionados versos de los poetas.
Es indudable que esta versión que llegó a los oídos de Yates, sobre la muerte de Ramírez no resultaría descabellada, si el propio Comandante y leal soldado Anacleto Medina no lo desmintiera.
El por entonces Teniente Coronel don Anacleto Medina, estuvo junto al caudillo entrerriano en todos sus lances guerreros, cumpliendo fielmente con sus disposiciones, hombre valiente y aguerrido brindó enorme servicios a la nación hasta el final de sus días. Pero…Anacleto Medina era analfabeto, en 1895, bajo el título “Muerte del General Ramírez” aparecieron unos apuntes que se le atribuían y que se decían habían sido dictados por este a su Secretario Machado. En la narración supuestamente de Anacleto Medina, el General Francisco Ramírez no muere por salvar a su querida en aquella alocada retirada del Río Seco, sino por cargar con un puñado de sus hombres contra todo un escuadrón que lo perseguía y que era dirigido por un traidor. Ramírez al reconocerlo decidió enfrentarlo y cayó peleando en el entrevero. Sin duda, que de poder probarse que lo señalado por Medina le pertenece, tendríamos que darle la derecha ya que fue testigo y protagonista de aquellos sucesos. Si bien el Comandante Anacleto Medina no estaba entre los siete u ocho soldados que acompañaron a Ramírez, recibió de ellos el parte inmediatamente de ocurrido el penoso final del entrerriano
Pero como si esto no alcanzara para sembrar dudas sobre la verdad de los acontecimientos de aquella trágica mañana de julio de 1821, traemos el relato confuso de alguien que dice haber estado en el lugar de los hechos y haber presenciado con dolor la muerte del Supremo. Nos referimos a J. Antonio King, un aventurero del cual tenemos serias dudas sobre los eventos que describe a lo largo de sus años en el Río de La Plata.
Si lo que transcribimos a continuación es una fábula, si tergiversa o confunde King los sucesos con otros hechos de los que fue protagonista, o se acerca a la realidad aún reconociendo que existen gruesos errores en la narración , producto según sus propias afirmaciones de haber perdido muchas veces sus papeles y rearmar sus vivencias “de memoria” ; jamás lo sabremos . Cabría entonces preguntarnos ¿fue verdaderamente King soldado de Ramírez? , y si así ocurrió, ¿pudo olvidarse o tergiversar la muerte atroz que sufrió su comandante en Jefe , tan minuciosamente como lo hace, si realmente estuvo allí?. El mismo jefe a quien llama “El bondadoso y valiente General Ramírez”.
Ponemos entonces a consideración del lector estas líneas poco conocidas, sobre la muerte del General Ramírez narradas, por J. Antonio King:
¡Pobre Ramírez! Todos presenciamos su suerte. Aquellos carniceros no necesitaron ceremonia alguna; y sin debates, sin convocar un consejo que diese a esa condena la apariencia de una ejecución, tan pronto como paso la escaramuza, se lo condujo al frente de los pequeños restos de sus ejército, con los brazos maniatados, se le coloco un centinela a su lado y una hilera de soldados que marchaban a su retaguardia. Levanté mis manos al cielo y murmuré una oración por su alma. No pronunció palabra; pero cuando el valiente se arrodillo delante de sus asesinos, dirigióme tan larga y ardiente mirada que jamás olvidaré, y un instante después cayó muerto delante de mí. El degüello del bizarro oficial se llevó a cabo, pero el diabólico designio de su asesinato no estaba cumplido. La cabeza inanimada de Ramírez fue separada del tronco en este mismo lugar, y como supe después paseada como un trofeo por todas las ciudades sediciosas de la República”
Muerto el Supremo Entrerriano en Río Seco, su cuerpo fue mutilado, y su cabeza enviada al Gobernador López de Santa Fe, quien después de hacerla embalsamar la exhibió durante un tiempo como trofeo de guerra.
La impensada desaparición física de Francisco Ramírez, mentor y creador de la República de Entre Ríos, provocó sacudimiento y el rápido resquebrajamiento de toda su estructura. Las provincias triunfadoras no estaban dispuestas a tolerar su continuidad institucional y muy pronto dispusieron su disolución.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

LA MUERTE DE PANCHO RAMÍREZ

Por Jorge Pelfort
"Junto al ceibal florecido, /
cara al cielo y solitario, /
riega con sangre caliente /
la rosa azul de su canto; /
el grito muerde las carnes:
/Delfina!, Delfina! ... Pancho! /
y el hombre se vuelve tigre /
y el tigre vuelve matando.../
silencio, montes y ríos, /
los pumas están llorando".

La décima que leemos al pie del monumento al general Francisco Ramírez en la entrerriana ciudad de Gualeguaychú, es, sin duda, muy bonita, aunque dista de reflejar la verdad histórica por más que ha sido tácitamente aceptada por la mayoría de los historiadores argentinos. Cuenta dicha leyenda, a la que el propio Mitre dio su espaldarazo de su "Historia de Belgrano" que, perseguido Ramírez muy de cerca por las fuerzas del gobernador cordobés Francisco Bedoya, fue boleado el caballo de su amante la brasileña Delfina Menchaca, al quedar algo rezagada del grupo perseguido. Al sentir sus desesperados gritos, presa del enemigo, Ramírez habría dado "vuelta cara"  para, cargando enfurecido sobre sus captores, caer muerto de un balazo en el corazón, según algunos, en el cuello según otros. Hasta aquí la leyenda. Porque Doña Delfina no fue capturada. Volvió a Entre Ríos con el resto de las fuerzas de Ramírez, ahora al mando de su lugarteniente el oriental Anacleto Medina, luego de una penosa odisea de 19 días por tierra santiagueña y correntina.
Creímos también nosotros durante mucho tiempo en la leyenda la cual a más de hermosa dentro de lo trágico del episodio, parecía veraz dada la unanimidad con que es aceptada por los estudiosos del tema en el país hermano. Solo un aspecto de la versión nos rechinaba: ¿Pudo el valiente entrerriano haberse adelantado en la huida a su amante dejándola a tiro de boleadoras del enemigo el, que como nuestro Lavalleja, ha de haber sido siempre "el primero en las cargas y el último en las retiradas" ? Por suerte, como no siempre sucede en el terreno histórico, la duda es fácil de disipar. Porque aquel oriental Anacleto Medina quien, desde un primer momento ayudó a Ramírez a organizar las luchas independentistas en Entre Ríos, dejó escritas unas breves memorias de la referida campaña, que pueden ser consultadas en nuestra Biblioteca Nacional.

Trágico personaje también este descendiente de indios charrúas que llegó a ostentar el grado de Brigadier General de nuestro ejército, veterano de múltiples jornadas bélicas en el escenario platense; bravo coracero en Ituzaingó, donde es ascendido a coronel, factor decisivo de la victoria unitario-colorada en Cagancha, comandante de la caballería urquicista en Caseros. Fiel a Ramírez conspirará con el medio hermano de éste, López Jordan, contra el nuevo gobernador de Entre Ríos impuesto por Buenos Aires, el porteño Lucio Mansilla, futuro héroe de la Vuelta de Obligado y cuñado de Rosas. Descubierto y apresado es inquirido por Mansilla acerca de qué pena cree merecer. "¡La muerte!, le espeta airado y altivo al rostro de su captor.
Protagonista principalísimo del controvertido drama de Quinteros, hallará terrible e inhumano fin, octogenario ya, a manos de sus ex - correligionarios tras el combate de Manantiales, en su nativo departamento de Colonia (A. Saldías lo considera erróneamente como misionero). Analfabeto, en uno de sus destierros en suelo entrerriano, donde gozaba de distinguida consideración de Urquiza, dictó a su secretario Gregorio Machado las referidas "memorias" o "apuntes" con el largo título de: "Muerte del General Francisco Ramírez llevando la guerra con 700 hombres a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe  Córdoba, 1821".
Pasemos a ellas en lo que concretamente motiva este tema:

Respecto a lo que se dijo que la muerte del General Ramírez fue por salvar a la mujer que lo acompañaba, es incierto, porque después de  ese hecho, cuando se retiraba con 6 u 8 hombres buscando mi incorporación, lo persiguió una mitad de tiradores al mando del oficial porteño que, siendo su ayudante lo había traicionado pasándose al enemigo: Conociéndole al General, le dijo a los pocos hombres que le acompañaban: 'Volvamos cara y carguemos a ese pícaro traidor que nos viene persiguiendo'. Así fue pero en la carga que les dio, los perseguidores hicieron una descarga, resultando él solo herido y como a las 2 cuadras de distancia cayó del caballo. Esta fue la declaración de los soldados del piquete que lo acompañaban y que resultó exacta".

Como en tantos episodios del pasado, la historia documentada y la leyenda hablan lenguajes diferentes. No fue, pues el sublime sentimiento del amor, sino el más pedestre de la venganza, el que precipitó a la muerte a Pancho Ramírez. Su cabeza embalsamada ($42 costó la operación) fue enviada en una jaulita a su rival, el santafecino Estanislao López. Es que eran los tiempos de aquella "barbarie" por la que, años después, anatematizaría duramente Sarmiento a los caudillos y sus drásticos procedimientos... lo cual no obstaría para que él aplaudiera alborozado la decapitación del noble patriarca riojano Angel Vicente Peñaloza, el famoso Chacho.
Que si la leyenda se ha nutrido siempre del vuelo imaginativo, su hermana bastarda, la pseudo - historia, supo hacerle, además, de bien orquestados  silencios.