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viernes, 3 de julio de 2020

El Juicio del Mono


Por Pepe Muñoz Azpiri     “Natura abhorret a vacuo”  Principio de física, anterior a Torricelli
 “¡Hablar del mejoramiento de la especie! ¡Vamos! La raza que nosotros, hombres y mujeres, representamos, la vieja raza anglosajona, es la mejor especie del mundo entero…y nos ha hecho superiores al resto del mundo”
Sir Charles Adderley
En 1925 tuvo lugar en Dayton, Tennessee, en los propios Estados Unidos, el llamado Monkey Trial (El juicio del Mono). En el mismo se condenó al maestro de escuela John Scopes a una multa de 100 dólares por haber comentado en clase la teoría de Darwin Si bien el docente perdió el juicio, fue la oportunidad (recreada en la citada película “Heredarás el viento”) para que dos formidables abogados debatieran sobre el creacionismo y la teoría evolutiva: Clarence Darrow y Arthur Garfield Hays.  Darrow perdió el juicio, pero hizo que Dayton y todo el estado de Tennesse se convirtieran en el hazmerreír del mundo entero ante preguntas de puro sentido común: ¿cree usted que el mundo fue creado por Dios sólo 4004 años antes de Cristo y que el diluvio universal se produjo aproximadamente 1650 años después?, ¿cómo cree usted que Caín consiguió esposa, si no había otra mujer que Eva sobre la Tierra? Y así. Recuérdese que en 1650 el arzobispo James Ussher, basándose en la Biblia, más precisamente en la edad de los profetas, calculó que la creación del mundo debió tener lugar el 26 de octubre del año 4004 antes del nacimiento de Jesucristo, a las 9 de la mañana. Sin entrar en tantos detalles, ya en 1599 hacía decir Shakespeare a un personaje de su comedia Como gustéis: “Este pobre mundo tiene unos seis mil años”.
El nuevo juicio del mono - ABC Revista - ABC ColorEl juicio del mono. Creacionismo vs. evolucionismo, primer asalto ...
Sin embargo, para muchos norteamericanos toda mención a la evolución o algo parecido, sigue siendo indigerible. Si bien en 1966 una profesora de biología de Alabama, Miss Susan Epperson había logrado tras su apelación, que el 12 de noviembre de 1968 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declarara “anticonstitucional” toda ley que se opusiera a la enseñanza de la teoría de Darwin, aún hoy estados como Florida, Mississippi, Missouri, Illinois, Kentucky y Oklahoma omiten la palabra “evolución” de sus programas de estudio y el 2004 el sistema escolar del condado de Cobb, en Georgia, fue por más.
Sus autoridades obligaron a que todos los libros que aludieran a la teoría de la evolución llevasen un aviso que advirtiera que se trata apenas de una entre tantas otras posibles explicaciones sobre el origen de la vida. Entre las teorías a la que implícitamente alude la advertencia, figura de manera prominente una denominada “diseño inteligente”.
El término apareció por primera vez en 1984, en el libro “El misterio del origen de la vida: un reexamen de las teorías actuales”, escrito por Charles B. Thaxton, Walter L. Bradley y Roger L. Olsen. Los autores son tres bioquímicos que se proclaman “cristianos renacidos” y argumentan que la diversidad de las cosas vivas es tan abundante y tan compleja que no puede haber evolucionado como resultado de un proceso azaroso y gradual. El concepto fue abrazado con entusiasmo por los defensores del creacionismo, doctrina que propone una interpretación literal de la Biblia, como una forma de conferirle un peso “científico” a lo que de otra manera, sería meramente una interpretación teológica. Aunque estos intentos vienen de larga data. “A la necesidad de pruebas experimentales, algunas sectas dieron respuestas que pretendieron ser científicas, tales como un pequeño juego de las cifras llamado gematría. Manipulando las fechas y las cifras. Literales o simbólicas, que abundan en la Biblia (y en la historia de la humanidad), es posible demostrar lo que se quiera. ¿No se ha probado que la Bestia del Apocalipsis (13,18), cuyo número es 666, designa a Nerón, a tal o cual Papa, a Hitler, Stalin y aún a Henry Kissinger”. (3)
Origen de la Vida en el Universo: El juicio del mono
Sucede que tal como hemos visto en el comentario de Garaudy, la ciencia todavía no lo explica todo, es más genera sorpresas, imponderables y enigmas todavía irresolubles ¿con que prodigioso juego de casualidades consiguió la Naturaleza crear un órgano tan perfecto como el ojo de los vertebrados superiores?  Darwin confesaba que no podía pensar en esto sin que le entrara la fiebre. Pero, contrariamente a sus acérrimos adversarios, era un intelectual carente de fanatismo, prodigiosamente abierto y aventurero, que hacía, solo por ver lo que el llamaba “experimentos idiotas”, como tocar la trompeta a unas enredaderas. Y Wallace, tan abierto como él, fue un pionero de Parapsicología.
En la actualidad, los teólogos reconocen como error de aquella época el haber tomado a la Biblia como un libro de ciencias naturales, y las relaciones entre ciencia y religión son de mutuo respeto.  Es por ello que pese al empecinamiento de los funcionarios escolares de varios estados, que consideran que repetir la teoría de Darwin en exclusividad, año tras año, constituye un fraude para los estudiantes y proponen contraponerla a la teoría del diseño inteligente como una forma de “presentar un cuadro más balanceado”, se ha manifestado la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos sosteniendo que no es otra cosa que el viejo creacionismo con nuevo envase.
Contrariamente a lo que se supone, salvo sectores integristas, la Iglesia Católica no se opone taxativamente al evolucionismo. Y aunque parezca mentira, fue un Papa estigmatizado por muchos como excesivamente conservador, Pío XII, quien en la encíclica Humani Generis (1950) expresó:
“La Iglesia no prohíbe que la teoría de la evolución, que trata del origen del cuerpo humano como resultado de otra formas vivas preexistentes, sea investigada y discutida por los expertos, en la medida que lo permita el estado actual de las ciencias humanas y de la teología sagrada”
El Génesis expone metáforas. Lo que son días para Dios son millones de años para los hombres. Pese a ello, Juan Pablo II, dijo en 1996 que la evolución era apenas una hipótesis y que sólo debía ser aceptada cuando se encontraran evidencias.
 En realidad, este cambio de parecer, responde a hechos concretos: “Desde comienzos de los años 90 se ha ido formando un frente de evangélicos y católicos que asesoran al presidente (norteamericano). Uno de ellos, el padre Richard John Neuhaus, pastor luterano hasta 1988 y sacerdote católico desde 1991, es una figura tan cercana a Busch que, según el semanario Times, “nadie lo ayuda tanto a articular sus ideas religiosas”. La preocupación central de Neuhaus – quien dirige el semanario ultraconservador First Things (Primeras cosas) – es cómo enderezar una nación de apóstatas, cuya cultura ha sido corrompida durante más de un siglo. La respuesta es simple: hay que gobernarla moralmente aún a contracorriente de sus propios designios. La ciencia debe basarse en la fe y no a la inversa: ésa es la bandera de la nueva revolución. El combate ha empezado antes aún del 11 de septiembre de 2001, mediante los severos recortes del gobierno a los gastos de investigación en terrenos tan sensibles como el calentamiento global, la emisión o derrame de residuos tóxicos y la contraconcepción. Ahora, en todas las dependencias oficiales que controlan los medicamentos, la salud y el medio ambiente, se respeta una agenda férrea que se opone al aborto – por supuesto – a los programas de prevención del sida, al uso de preservativos, a cualquier educación sexual que no preconice la abstinencia, a la llamada píldora del día siguiente y a la fertilización artificial”. (4)
 Desde luego que para quienes integran este frente político-religioso el “diseño inteligente” no admite discusión. Sin embargo, no todas las opiniones son simétricas, muchos católicos han criticado este pastiche, entre ellos el reverendo George Coyne, un jesuita que dirige el Observatorio Vaticano, “El diseño inteligente no es ciencia, aunque pretenda serlo. Debe transmitirse dentro de la enseñanza de la religión o de la historia cultural, no en el campo de la ciencia”, afirmó. Convengamos (seamos creyentes o no) que los jesuitas tienen una formación tanto teológica como profana…. un poquito mejor que la de los predicadores de Arkansas o algún otro lugar del Medio Oeste norteamericano.
No obstante, para un new born Cristian, un cristiano renacido que recién dejó la botella como Busch, meditar sobre los meandros y enigmas de la existencia a la luz de la ciencia, puede representar el peligro de un derrame cerebral.
“Por medio de Karl Rove, su mano derecha, el presidente está trazando una alianza de hierro con los grupos más conservadores de la Iglesia Católica.  Rove se había acercado a Juan Pablo II a través del Opus Dei, de los Legionarios de Cristo y de Comunicación y Liberación. Junto a todos ellos, ha celebrado ahora la consigna según la cual Benedicto XVI prefiere una iglesia con menos feligreses, pero todos ellos incondicionales y absolutamente fieles a la doctrina. Así es también la revolución que Busch predica, tanto en contra del terrorismo como a favor de la moral conservadora: que sean pocos, pero dispuestos a todo” (5).

(3) Woodrow, Alain “Las nuevas sectas”. México. Fondo de Cultura Económica.1993
(4) Martínez, Tomás Eloy “La creación según Busch”. En: diario “La Nación” 24/9/05
(5) Ibíd.
 El increíble escándalo del Juicio del Mono: cuando un maestro fue ... El juicio del mono. Creacionismo vs. evolucionismo, primer asalto ...
El “diseño inteligente”   “Una palabra más sobre ‘leyes diseñadas’. Veo un pájaro que quiero para comer, cojo mi escopeta y lo mato: lo hago diseñadamente. Un hombre bueno e inocente se sienta bajo un árbol y muere por un rayo ¿Cree usted (y la verdad es que me gustaría oírlo) que Dios mató a ese hombre diseñadamente? ¿Piensa que cuando una golondrina se zampa un mosquito lo hace porque Dios diseñó que esa golondrina se zampara ese mosquito en particular en ese momento en particular?”  Carta de Charles Darwin al Dr. Gray (julio.1860)
 Durante los 23 años que transcurrieron entre el viaje del Beagle, cuando Darwin empezó a pergeñar sus primeras hipótesis y la publicación de El origen de las especies, su pensamiento sobre la religión se fue modificando. Paradójicamente, quien posteriormente sería considerado “con Shakespeare y Newton, la mayor contribución británica al mundo” era un joven aspirante a clérigo al que un hecho fortuito (el viaje del Beagle), lo llevó a elucubrar una de las teorías más revolucionarias que haya concebido el ser humano: la selección natural como explicación en la evolución de las especies. Dice el filósofo John Dupré en su reciente El legado de Darwin: “Cualesquiera hayan sido los propósitos de Darwin (…) el desarrollo de la teoría evolutiva que él inició y difundió ha asestado una herida fatal a las pretensiones de la religión”.   Mientras estudiaba, se había sentido atraído por las ideas de William Paley, quién a principios del siglo XIX desarrolló la teoría del diseño inteligente: la naturaleza había sido concebida de manera deliberada por una inteligencia superior o deidad.  “Como entonces no albergué la menor duda sobre la verdad estricta y literal de cada palabra de la Biblia – dice Darwin en su Autobiografía -, me convencí inmediatamente de que debía aceptar nuestro credo sin reservas”. Y agrega: “Por lo demás me agradaba la idea de convertirme en un cura rural”.   Más tarde, mientras reunía toneladas de material documental sobre la selección natural, Darwin comenzó a cuestionar aquella idea de un diseñador inteligente y en la creencia literal de la Biblia. Y a medida que avanzaba en sus descubrimientos se afianzó cada vez más en él la sospecha de que la naturaleza no le debía nada a ninguna voluntad exterior a sí misma.  Según su hijo Francis que mutiló muchísimos párrafos de las memorias de su padre en una actitud “política y victorianamente correcta”, Darwin estaba convencido que la religión era una cuestión privada. Pero no dejaba por eso de responder a sus corresponsales epistolares a preguntas sobre el tema. En una ocasión dijo: “En mis fluctuaciones (de opinión) más extremas nunca he sido un ateo en el sentido de negar la existencia de un Dios. Creo que (…) agnóstico sería la descripción mas correcta de mi estado mental”.
En otra carta sostuvo: “Soy consciente de que aún admitiendo una Primera Causa, la mente sigue anhelando saber de donde y cómo surgió”. Y en otra correspondencia narra cómo fue variando su pensamiento desde su creencia en la Biblia a pies juntillas hasta su agnosticismo, pasando por el relativismo religioso: “Entre 1836 y 1839 llegué gradualmente a ver que el Antiguo Testamento y los libros sagrados hindúes merecían igual nivel de confianza”.
Más adelante, Darwin relata su pasaje definitivo hacia el agnosticismo: “La incredulidad fue poco a poco adueñándose de mi, hasta ser total. Y el proceso fue tan lento que no me provocó ningún tipo de ansiedad.”
Finalmente, a los 67 años. Discute directamente el argumento de Paley que le había fascinado cuando estudiaba. Paley sostenía que una piedra hallada en el camino podría haber estado allí desde el origen de los tiempos, pero que si encontramos un reloj, era seguro de que éste habría sido fabricado por alguien. Y de  allí la consecuencia lógica: los animales y las plantas también debían de ser obra de un diseñador inteligente, es decir, Dios.
Darwin, en 1876, refuta con firmeza al teólogo Paley: “No podemos seguir afirmando que la bella charnela de una concha bivalva es el resultado de la creación de un ser inteligente, igual que la bisagra de una puerta es el resultado de la mano del hombre. La variabilidad de los seres vivos, y la acción de la selección natural, parecen no tener otro diseño que la dirección hacia donde sopla el viento”.  A comienzos de 2006, el periódico oficial del Vaticano publicó un artículo en el que calificó de correcta la decisión de un juez de Pennsylvania que establece que el diseño inteligente no debe enseñarse como alternativa científica a la evolución. “Si el modelo propuesto por Darwin no se considera suficiente, debemos buscar otro”, escribió Fiorenzo Facchini, profesor de Biología Evolutiva de la Universidad de Bolonia, en L´Osservatore Romano.
“Pero desde el punto de vista metodológico no es correcto desviarse  del campo de la ciencia cuando se pretende hacer ciencia” escribió, con lo que calificó al diseño inteligente de teoría no científica. “Eso solo crea confusión entre el plano científico y los planes que pueden ser filosóficos o religiosos”.  El artículo no se presentó como postura oficial de la Iglesia. Pero en el mundo sutil y deliberadamente ambiguo del Vaticano, el comentario resultó notable, dado su incidencia sobre un tema delicado que es objeto de acalorados debates desde la asunción de Benedicto XVI.
Los defensores de la enseñanza de la evolución recibieron con júbilo el artículo. “Facchini señala que no hay necesidad de ver una  contradicción entre las enseñanzas católicas y la evolución”, dijo el doctor Francisco Ayala, profesor de biología de la Universidad de California y ex sacerdote dominico.  L´Osservatore Romano es el periódico oficial del Vaticano y básicamente representa sus posturas, aunque no todos sus artículos reflejen la política oficial de la Iglesia. Al mismo tiempo, no se espera que se ofrezca un artículo que disienta profundamente de esa política.
El 20 de diciembre de 2005, un juez federal norteamericano determinó que las escuelas no podían presentar   el “diseño inteligente” como alternativa de la teoría de la evolución. En el artículo de L´Osservatore, Facchini escribió que los científicos no podían descartar el “diseño superior” divino en la creación, pero agregó que el pensamiento católico no excluía la posibilidad de un diseño modelado por medio de un proceso evolutivo.
En julio del mismo año, Christoph Schöenborn, un cardenal austríaco próximo a Benedicto XVI, puso en cuestión la enseñanza oficial de la Iglesia durante años: que el catolicismo y la evolución no son necesariamente contradictorios.  En un artículo de opinión en The New York Times desmereció la importancia de una carta de 1996 en la que el Papa Juan Pablo II decía que la evolución era “más que una hipótesis”. Schoenborn escribió: “La evolución puede ser verdadera en el  sentido de un linaje común, pero la evolución en el sentido neodarwiniano, como un proceso arbitrario y no planificado de variación azarosa y selección natural, no es verdadera”. 
El nuevo juicio del mono - ABC Revista - ABC Color
No existe ningún cuestionamiento científico creíble de la idea de que la evolución explica la diversidad de la vida en la Tierra, pero los defensores del “diseño inteligente” plantean que la vida biológica es tan compleja que seguramente fue diseñada y planificada por un autor inteligente.
Al menos dos veces Benedicto XVI ha señalado su preocupación por este tema. Cuando fue formalmente designado Papa, dijo que los seres humanos “no son un producto casual e insignificante de la evolución”. Posteriormente dijo que la creación del universo era un “proyecto inteligente”, palabras que fueron celebradas por los partidarios de esa tendencia.
Muchos científicos católicos han criticado el diseño inteligente, entre ellos el reverendo George Coyne, un jesuita que dirige el Observatorio Vaticano. “El diseño inteligente no es ciencia, aunque pretenda serlo. Debe transmitirse dentro de la enseñanza de la religión o de la historia cultural, no en el campo de la ciencia”, afirmó.
Schoenborn quiso esclarecer sus propios comentarios diciendo que no pretendía cuestionar la ciencia de la evolución sino lo que denominó “evolucionismo”, el intento de usar la teoría para refutar el protagonismo de Dios en la Creación. “No veo dificultades para unir la creencia en el Creador con la teoría de la evolución, pero con el prerrequisito de que se mantengan los límites de teoría científica”, dijo en una alocución.
Kenneth R. Miller, profesor de biología y católico, comparte esa opinión. “Mientras la ciencia no pretenda ser capaz de responder a temas espirituales, está bien”, dijo. Miller, quién prestó testimonio en el juicio desarrollado en Dover, Pennsylvania, que cuestionaba la enseñanza del “diseño inteligente”, dijo que Facchini, Coyne y Shöenborn estaban confirmando “el pensamiento católico tradicional”.
“El proyecto de la Creación de Dios puede desarrollarse por medio de causas secundarias del curso natural de los acontecimientos, sin tener que acudir a intervenciones milagrosas que apuntan hacia una u otra dirección”, escribió ( ).
“A comienzos de julio pasado, el arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, expuso al fin los principios de la llamada intervención inteligente que Busch abrazaría con tanto entusiasmo. No es una refutación de Darwin sino una corrección religiosa de sus teorías. En la evolución de las especies – sostiene el cardenal Schönbrorn – hay brechas, vacíos que sólo la mano de Dios podría explicar. De otro modo, dice, no se entendería el abismo abierto entre la simplicidad de los microorganismos y la complejidad del ojo humano, por ejemplo. La evolución existe, pero el Señor la guía. Los críticos del cardenal han señalado que su tesis le hace flaco favor a Dios, porque, a medida que la ciencia vaya cerrando esas brechas, sus providencias irán pareciendo menos relevantes y porque, además, si las erupciones volcánicas, las epidemias, los huracanes y las eras glaciares son pasos inevitables en la mutación de las especies, entonces el Creador es más maligno que misericordioso. El padre Neuhaus transmitió esos conceptos al presidente en una versión sencilla, a su alcance, e hizo de él un rápido converso. Un New born Christian, un cristiano que acaba de recibir la Luz, como Busch, es una esponja muy sensible para esas revelaciones”. ( )
( ) “El diseño inteligente no es una teoría científica dicen en Roma”. En: diario “La Nación”20/1/06  ( ) Martínez, Tomás Eloy Op. Cit.
  Pero en algún punto de la confusión de su conciencia nacional, los norteamericanos saben que están atrapados en la pequeña contradicción de amar a Jesús los domingos y codiciar una fortuna el resto de la semana
Renunciar a la bebida puede haber sido el acto más heroico de la vida de George W. Busch – dijo en algún momento Norman Mailer – pero ahora los Estados Unidos podrían estar pagando el precio. La religiosidad de George W. se convirtió en un ungüento que cubre toda la locura del alcohólico en recuperación que aún respira en su interior.


martes, 26 de mayo de 2020

El periodismo y el amanecer de Mayo


por José Luis Muñoz Azpiri (h)*
Un detalle del Espíritu de Mayo es la Libertad de Prensa y Expresión, no solo los forjadores de la nacionalidad sino casi todos los forjadores del alma patria han encontrado en la prensa el instrumento de su predestinación. Hay quien  ha supuesto inclusive que, en nuestro país, la historia del periodismo se confunde con la historia de la nación.. La cultura argentina es fruto del pensamiento español y americano, con influencias francesas e inglesas, aplicadas a la acción social. La especulación "in abstracto" apenas ha tenido campo de actividad en nuestro país. Y el periodismo ha sido, fundamentalmente, vocero de dicha inquietud social.
Gazeta de Buenos Ayres - Wikipedia, la enciclopedia libre
 Cuando a un hombre como Mitre, que había sido militar, político, gobernante, poeta e historiador, se le pregunta en un registro electoral de parroquia, cuál es su profesión , responde: "Tipógrafo", o sea, periodista, ciudadano dedicado a difundir y multiplicar los actos del pensamiento, merced a los cuales la vida se transforma en verdad. Ejerció Mitre el periodismo en cuatro repúblicas durante setenta años de ininterrumpido batallar ciudadano y político, su carrera de hombre de prensa abarca, en verdad, su vida toda. Y casi lo mismo podría afirmarse de Sarmiento, cuya obra capital apareció, por entregas, en un periódico y de Echeverría, de Alberdi, de los Gutiérrez y los Varela, como antes pudo haberse sostenido opinión equivalente, de Moreno, Belgrano, Monteagudo o Vieytes.
            Moreno es el patrono civil del periodismo nacional, funda la "Gazeta de Buenos Aires" el 7 de junio de 1810. A pocos días de la Revolución de Mayo, acontecimiento del cual  se celebran 210 años en la actualidad, se dio a publicidad una orden de la Junta, firmada por el Secretario de la misma en la cual se decía:
            "Ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de "Gazeta de Buenos Aires", el cual, sin tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el "Semanario de Comercio", anuncie al público las noticias interiores y exteriores que deben mirarse con algún interés. En él se manifestarán igualmente las discusiones oficiales de la Junta con los demás jefes y gobiernos, el estado de la Real Hacienda y medidas económicas para su mejor y franca comunicación de los motivos que influyan en sus principales providencias, y abrirá las puertas a las advertencias que desea  de cualquiera que pueda contribuir con sus luces a la seguridad del acierto."
            Dicha orden se publicó el día 2.  En la primera página del periódico se reprodujo una sentencia de Tácito, Autor muy difundido en dicha época, al igual que todos los latinos, referente a los "raros tiempos" en que hay libertad para "decir lo que se siente", frase extraída del libro primero de las "Historias". En España escribió también Quevedo:
            "¿Siempre se ha de pensar lo que se dice,
            nunca se ha de decir lo que se piensa?"
 La histórica Gaceta de Buenos Aires y el Día del Periodista ...   Precisamente, para poder decir "lo que se piensa", apareció "La Gazeta". Dos principios paralelos definieron el programa del periódico: el primero de los cuales se sostenía que "el pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes"; y el por el segundo, se defendía y fomentaba "la libertad de escribir". Uno y otro anhelo constituyen actualmente los pilares de todo periodismo bien encaminado.
            En la edición del 25 de octubre de dicho año, se pide "que el funcionario tema la censura pública, que el magistrado sea inexorable en sostener los derechos de la justicia; el gobernador, infatigable en promover el bien de su pueblo; el ciudadano siempre dispuesto a sacrificar a la patria sus bienes; que conozcan todos que los empleos no honran sino al que se honra a sí mismo por sus virtudes; que un hombre desconocido, pero con virtudes y talentos, no sea jamás postergado por otro en quien el lustre de su casa no sirve sino para hacer más chocante la deformidad de sus servicios; que se promueva a toda costa el honor y la ilustración de la milicia, el respeto del clero, la seguridad del artesano, los privilegios del labrador y la libertad del comerciante". Es prosa ésta forjada en los modelos neoclásicos, a través del filtro francés, y puesta al servicio de los más altos ideales de patria y republicanismo.
            Al efecto que el funcionario "tema la censura pública", la Revolución dictó, en octubre de 1811, la libertad de imprenta. El decreto respectivo, inspirado en las lecciones de Mariano Moreno, es de fecha 26, y su artículo primero reza así: "Todo hombre puede publicar sus ideas libremente sin censura previa. Las disposiciones contrarias a esta libertad quedan sin efecto". Para entonces, el fundador de la "Gaceta" había sido reemplazado en la dirección del periódico por el diputado por Córdoba, Gregorio Funes, y el abogado porteño Pedro José Agrelo, sucesivamente.
            La Constitución de 1819 estableció la libertad de prensa como "esencial para la conservación de la libertad civil en el Estado". Hoy día, como sabemos, el delito de prensa supuestamente no existe en el país. Un periodista sólo puede ser sancionado por aquellos delitos comunes que haya cometido mediante la letra impresa, como la calumnia, la injuria, la extorsión, la incitación al crimen violaciones todas de lay que son sancionadas por el Código penal. Bajo ningún concepto resulta lícito "dejar en paz al incendiario y procesar a quienes lanzan las campanas al vuelo para anunciar un incendio" según ejemplificaba el moralista francés Nicolás Chamfort. Un diario expresa la opinión popular, no la crea o inventa. Aceptar la existencia del delito de prensa equivaldría, por ejemplo, a tipificar una ley acerca de los homicidios cometidos con arma blanca y otra sobre los homicidios realizados por arma de fuego.
            El pensamiento de los fundadores de la nacionalidad entrevió en esta libertad la condición primera y esencial para el mantenimiento de la pureza en la vida pública. Ya se había manifestado al respecto, un siglo antes en la Cámara de los Comunes, un insigne orador británico:
            "Concededme tan sólo la libertad de prensa y permitiré que el primer ministro mantenga una Cámara de los Lores venal. Le dejaré también una Cámara de los Comunes corrompida y servil. Consentiré en que se use y se abuse de su oficio. Le dejaré todos los poderes que le ha conferido su posición para comprar sumisiones y abolir, mediante la intimidación, toda resistencia. Pese a ello y armado únicamente con la libertad de prensa, iré adelante, solo y sin miedo y atacaré a todo su poderosos aparato político. Abatiré la corrupción y la sepultaré bajo la ruina de los abusos que pretendía encubrir".
            Mediante la prensa, recordaba Sarmiento "los pueblos mandan, la opinión se forma y los gobiernos la siguen mal se su agrado..." Cierta vez Bismarck se refirió a los gobiernos que tenían que pagar los platos rotos por el periodismo, pero olvidó sin duda las veces en que el periodismo ha debido pagar por los platos rotos de los gobiernos, con restricciones, censuras, persecuciones y, en los ominosos años de las dictaduras, con las "desapariciones", tanto de los medios de comunicación como directamente de la propia existencia en este mundo.
            Por otra parte, patria, nación, liberalismo o democracia hoy son palabras polisémicas cuyo significado es absolutamente dispar dependiendo de quién las pronuncia, por lo que se hace imprescindible definir perfectamente qué queremos decir con ellas cuando somos nosotros los que las utilizamos puesto que quien quiera capitalizar nuestro hartazgo no sé parará a hacerlo y las empleará como mejor le convenga para sus intereses. Antes de plantear siquiera una discusión o una protesta debemos saber qué significado se da a las palabras que se utilizan en el contexto que nos rodea. De lo contrario, podemos encontrarnos en Plaza de Mayo proclamando consignas libertarias y estar defendiendo la tutela externa o desfilar por Av. de Mayo gritando “¡Abajo el gobierno!” para defender más de lo mismo.
             En esto días que se recuerdan los 210 años del acontecimiento fundamental de nuestro pasado, convocatoria que no habrá de ser desoída por ningún compatriota cualesquiera sean su ideología o condición social y la cual habrá de representar, sin duda, una prenda de paz y de unión entre los argentinos, asociados, en conformidad de esfuerzo y de pensamiento, bajo el signo de la vocación republicana y la libertad, nos resulta sobremanera grato evocar el destello de Mayo que ha representado el funcionamiento de un periodismo libre, digno y severo en nuestro país. Merced a él pudo tener pié de ejecución y convincente logro el anhelo expresado por los integrantes de la Asociación de Mayo y su fundador en la "Ojeada retrospectiva" y "El Dogma Socialista" a través de la serie de proposiciones eslabonadas a la manera de los modelos de Lamennais, que transcribe en dichos escritos:
            "Queríamos que el pueblo no fuese, como había sido hasta entonces, un instrumento material del lucro y poderío para los caudillos y mandones, un pretexto, un nombre vano invocado por todos los partidos para cohonestar y solapar ambiciones personales, sino lo que debía ser, lo que quiso que fuese la Revolución de Mayo: el principio y fin de todo. Y por pueblo entendemos, hoy como entonces, socialmente hablando, la universalidad de los habitantes del país; políticamente hablando, la universalidad de los ciudadanos; porque no todo habitante es ciudadano, y la ciudadanía proviene de la institución democrática.... Queríamos descentralizar el poder, arrancárselo a los tiranos y usurpadores para entregárselo a su legítimo dueño: el Pueblo"
            Tal, el sentido de la fecha que conmemoramos hoy.

* Miembro de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas" del Ministerio de Cultura de la Nación.


sábado, 28 de septiembre de 2019

La Paz de Obligado

Por José Luis Muñoz Azpiri
Triunfante en París, la revolución de febrero de 1848, que da por tierra la monarquía orleanista y el ministerio de Guizot, Manuel de Sarratea, enviado argentino en Francia y amigo personal del nuevo Ministro de relaciones Exteriores, Alphonse de Lamartine, comunica a Buenos Aires que luego de una entrevista con el flamante Canciller, ha arribado al convencimiento de que toca a su fin la aventura en el Plata.  El gobierno provisional lo ha recibido oficialmente, dice, y, al despedirse la guardia del Ayuntamiento lo ha aclamado con un estentóreo “¡Vive la Republique Argentine!”. El vitor representa una expresión de solidaridad y simpatía con una victima triunfante de la prepotencia orleanista, unida con los republicanos en su victoria contra el enemigo común. Los libres del mundo responden: ¡Al gran pueblo argentino, salud! Así como en la revolución liberal de 1830, se coreó, en París, el nombre de Bolívar, recordábanse ahora los de la Argentina y Rosas, como llamas que ardían jubilosas junto al “feu sacré des republiques” encendidos entre las barricadas de Francia.
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Sarratea extrae de los sucesos revolucionarios el mayor caudal de ventajas convencido de que la intervención platense es una aventura impopular en Francia – denomínase así a todo acto de gobierno que no triunfa – la cual a sido promovida y sustentada por el gabinete de Londres y la resignada complicidad del Rey Burgués y Guizot. París ha sido arrastrada al conflicto por la política de intimidación del “Foreing Office” cometiendo lo que el lúcido Tomás Guido, confidente de San Martín, definiría desde la corte del emperador brasileño como “el extravío más insensato y la afrenta más necia a la voluntad de su rival”. Toda abdicación es gravosa, tanto más si resulta improductiva, como ésta realizada por Guizot, quien ha visto agitarse contra su política claudicante la bandera subversiva del nombre y la causa del general Rosas, junto con los símbolos de la revolución republicana.
La táctica de Sarratea consiste en explotar los sentimientos populares contra Londres y tratar de provocar una fisura en la coalición, a ejemplo de lo sucedido en Buenos Aires, donde se ha abrumado a la inversa a los negociadores ingleses con el espectáculo de los “execrables” designios de Francia, opuestos a las intenciones de su aliado, con la conciencia de que todo el integrante de una gavilla recela de los movimientos de su colega. El enviado argentino se pone de acuerdo con Manuel Moreno, ministro de la Confederación en Londres y hermano del prócer de Mayo, para encontrarse en Aquisgrán y preparar un plan conjunto de acción destinado a separar a los aliados. La técnica del “divide ut imperam” permite tanto que reine el fuerte como que pueda defenderse mejor el débil.
El clima era propicio y Sarratea, viejo y venerable artista de combinaciones insospechadas, resulta un experto en beber los vientos. El “acuerdo cordial” que regía las relaciones de Inglaterra y Francia había comenzado a resquebrajarse desde tiempo antes., cuando manifestaciones y actos internacionales de Guizot relativos a Italia, Polonia y Suiza empezaron a ilustrar la contramarcha de Francia hacia el autoritarismo y la represión política. Lamartine había declarado en el Parlamento que la nación se había hecho “gibelina en Roma, clerical en Berna, austríaca en el Piamonte y rusa en Cracovia, pero en ninguna parte francesa y, en todas, contrarrevolucionaria”. Los errores denunciados por la oposición no se enmendaban y sólo habrían de desaparecer con la destrucción del régimen.
La política interna tampoco contribuían a reforzar el fondo liberal del “acuerdo” Francois Guizot, más empeñado en perdurar en el poder que en hacer buen uso de él y más cuidadosote la paz de su administración que la del país, gobernaba mediante la corrupción, acaso porque, en su tiempo, tal como aseguró Macaulay del primer Walpole, no existiese otra manera de gobernar. Se sostenía merced al apoyo que alcanzaba en las cámaras, formadas por parlamentarios cuyas actas representaban un sistema de compromiso culpable entre el dinero y el gobierno. Los personajes activos y egoístas, intrigantes y serviles de Balzac, obsesionados por la sed de oro y el escalamiento de posiciones públicas personificaban los ideales de esa sociedad que prosperaba en un clima de vicios y abusos. Acaudalados comerciantes, financieros y ricos industriales, decidían en toda cuestión de índole nacional a través de sus personeros burocráticos. Los principios de la representación política estaban cercenados y los campeones del derecho – así se presentaban en el Río de la Plata – no reconocían libertad de reunión ni de asociación, ni siquiera opción al trabajo, a sus propios compatriotas. Como las manos de los Cresos no eran ociosas, solían a veces perder sentido del tacto y .aparecían sus dedos untuosos mezclados en clamorosos casos de cohecho, peculado y venalidad.
¿Qué sucedía mientras tanto en la otra orilla respecto de la política con Sudamérica? Henry Palmerston, un heredero de la vieja familia de los Temple, ocupaba ahora el gobierno. Sus sentimientos eran contrarios a Guizot y a la prosecución de la alianza. En marzo de 1846 había censurado acremente en la Cámara de lo Pares ante Robert Peel, presidente del consejo de ministros, la intervención en América, demostrando que los hechos de los marinos ingleses eran actos bélicos, aún cuando el gobierno se empeñase en demostrar lo contario. Había existido un bloqueo, desembarco de tropas y asalto de baterías, captura de buques de guerra y oferta de venta de dichas naves, tal como si se tratase de presas de guerra; la oposición gubernativa no podía imaginar por cuales razones toda esta virulencia y actividad combativa debía interpretarse solamente como un experimento de persuasión diplomática.
A dicha interpelación había respondido Peel candorosamente que no existía guerra, por cuanto no se la había declarado, y que las naves debieron venderse por no existir personal apto para mantenerlas o cuidarlas; ninguna operación bélica había sido prevista, autorizada o aprobada por el gobierno de S.M., el cual confiaba galantemente en que los opositores no se asieran de esta oportunidad para provocar una discusión que “en la actualidad mucho lastimaría”.
John Russell, otro parlamentario, se sumó a los ataques de Palmerston, quién resultaba con este acto, sorpresivo amigo de un país que se oponía a la expansión imperial de la Corona, sin meditar aún en el proyecto que acariciaría con posterioridad, de despojar a dicha nación de la parte austral de su territorio, es decir, de la Patagonia. Sir John alegó que la venta de los barcos era una medida de guerra que no podía verificarse sin la previa reunión y autorización del consejo, noción elemental del derecho de naciones y medida administrativa que el presidente no podía menos que conocer y respetar. El primer ministro, acosado, optó por eludir la respuesta y formuló un elogio hacia la conducta de los soldados ingleses “cualesquiera hayan sido las instrucciones de su gobierno”, sin ver que no se trataba precisamente de los soldados, sino por el contrario, de las instrucciones y del gobierno.
Más tarde el diputado Cobden aportó leños a la hoguera y lo mismo hizo un sector de la prensa británica. El “Daily News” publicó un artículo importante sobre las negociaciones del Río de la Plata y la falsa política de Lord Aberdeen, origen del conflicto, a través del cual venía a luz todo el revés del tapiz diplomático. Manuel Moreno remitió el recorte a Arana recomendándolo por la justicia de sus ideas y la perfecta exactitud con que exponía la engañosa política de la intervención con el pretexto de la presunta garantía de independencia del Uruguay, por parte de Inglaterra y la menos presunta que se arrogaba, sin ningún derecho, Francia.
Desde que el “Morning Chronicle” donde se publicara una carta de San Martín sobre el conflicto, hacía más de dos años que no había aparecido en la prensa de Europa un artículo sobre nuestros problemas tan importante y oportuno que el que publicaba el “Daily” del 9 de agosto de 1849, por cuanto el medio usado por los agentes montevideanos en Londres para confundir la cuestión y desvirtuar los tratados propuestos, era el argumento de garantía de dicha independencia por los interventores y quedar la misma, sujeta a grave peligro. Aberdeen, al ver que el asunto no adelantaba, había pretendido dar marcha atrás con la misión Hood, pero luego, estimulado por la oposición a Palmerston e influido por los agentes orientales, pretendió desde las cámaras, dar a la intervención un peso que no podía tener en la balanza pública ni en los arreglos territoriales de Europa, tal como lo denunciaba, con precisión y firmeza, el “Daily News”.
En una palabra, el “acuerdo” incomodaba a Francia, tanto en su aspecto europeo como en la aparcería americana, y, en Inglaterra, desde Palmerston a un sector de la opinión pública y periodística, sin citar el comercio y las finanzas – los cariacontecidos accionistas del empréstito de los Baring –deseaban poner punto final al incidente. Una expedición “colonial”, equipada con los cañones y las banderas de Trafalgar, que no logra imponer la victoria después de tres años, compromete la política, el erario y el propio prestigio. Palmerston, sabiamente, ordenó la retirada y, un año más tarde, el 29 de noviembre de 1849 se firma la Convención Arana-Southern o Paz de Obligado que puso fin a la guerra.
El repliegue británico no alteraba, de cualquier modo, principios fundamentales de convivencia internacional o de política, por cuanto los motivos de la intervención no se relacionaban con la defensa de tratados y derechos humanos y, si, con algunas menudencias, como las que supo enumerar Guido en una carta que escribió a San Martín, desde Río de Janeiro, en 1846:
“La aduana de Montevideo. Las adquisiciones de una compañía inglesa. El tratado de comercio y navegación celebrado por Inglaterra con el gobiernillo de aquella plaza. El interés mercantil y político de aquella nación es que gobierne en la Banda Oriental una gavilla de hombres prostituidos miserablemente al extranjero. Si Oribe (presidente constitucional) triunfa, no será tan ancho el campo para los especuladores ingleses, ni habrá la docilidad de sus adversarios a la política de Inglaterra. Cualquier otro pretexto es historia de viejas, o, como decían nuestros padres, engañabobos…”.
Y como anticipándose a los argumentos de Sir Robert Peel en Londres y a los de sus prosélitos porteños del siglo XXI, embobados con los beneficios de una supuesta globalización, desautorizaba las intenciones pacíficas de “tales misioneros”, cuando encendían la guerra en la Banda Oriental, “cuando transportan expediciones militares a ocupar los puntos principales, cuando entran a sangre y fuego en nuestros ríos interiores, cuando se demuelen a cañonazos nuestras baterías y nos matan por cientos nuestros soldados y cuando saquean y queman nuestros buques neutrales y nacionales dentro de nuestros puertos; cuando se nos apresan y destruyen nuestras embarcaciones, cuando bloquean nuestras costas; por último, cuando habilitan al caudillo Rivera y le conducen de un punto al otro con una columna de extranjeros para invadir su propio país. ¿Si todo esto hacen en paz, qué se reservan estos caballeros para tiempos de guerra?"
Por lo visto, nada

jueves, 11 de abril de 2019

QUE SIGNIFICÓ EL 4 DE JUNIO DE 1946

por Pepe Muñoz Azpiri
Últimamente y al calor de las necesidades electorales, han surgido una suerte de "opinators" y analistas de ascensor o baño público - algunos con doctorados en filosofía pero ganándose la chaucha como analistas futboleros en televisión, otros, charlatanes fabricados por la Casandra apocalíptica del Chaco - que intentan describir y apostrofar al Peronismo y a toda manifestación de soberanía, conquista social o expresión de las mayorías utilizando herramientas baratas o categorías del hemisferio norte mal expuestas y peor comprendidas. Desde describir a Perón como un Mussolini de cabotaje y a Evita como una Carmen Miranda de suburbio a los intentos actuales de emularlo a una suerte de estalinismo caribeño del Plata. El Peronismo supo tener adversarios de fuste como Jorge Luis Borges y Exequiel Martínez Estrada hasta degradar en los tiempos actuales a Federico Andahazi, Fernando Iglesias o Baby Etchecopar, una señal más de que el Fin de los Tiempos se aproxima. Es por ello que para comenzar esta breve reseña sobre la fecha que nos convoca hemos preferido exhumar el libelo publicado en la Tribuna de Doctrina hace más de una década cuando "La Nación" aún poseía cagatintas de mediana redacción.
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“En su reciente discurso leído en la cena anual de camaradería de las Fueras Armadas, el presidente de la República enumeró los golpes de Estado que se produjeron en nuestro país, omitiendo dos: el de 1943, que derrocó al presidente Ramón Castillo, y el de 1962, que derrocó al presidente Arturo Frondizi.
La visión parcial del presidente Kirchner está estrechamente relacionada con su pertenencia al movimiento justicialista, que desde sus orígenes se identificó como el heredero del golpe del 4 de junio de 1943. Y es que este pronunciamiento militar, del que activamente participó el entonces coronel Juan Domingo Perón, se produjo para evitar la proclamación de la fórmula presidencial de Robustiano Patrón Costas y Manuel de Iriondo, cuya eventual victoria en las urnas en los comicios de 1944 hubiera significado el ingreso de la República Argentina en el campo de los aliados que combatían al eje nazi-fascista en la Segunda Guerra Mundial.(...) El golpe de Estado de 1943 no fue una asonada para sustituir gobernantes, sino para implantar por la fuerza un proyecto de dictadura nacionalista, inspirado en los ejemplos de la Italia fascista de Mussolini, la Francia del Mariscal Pétain y la España de Francisco Franco, los países “espirituales” que luchaban contra potencias materialistas encarnadas en Estados Unidos y la Unión Soviética. La adhesión de los Argentinos a los aliados, para la visión nacionalista, hubiera significado combatir por una causa materialista, representada por la democracia capitalista y el totalitarismo comunista por igual. Este “espiritualismo” era pues la llamada “tercera posición”.
El peronismo se proclamó heredero de este golpe de Estado, tal como lo declararon siempre sus voceros desde 1946 en adelante, que incluso establecieron la fecha del 4 de junio como feriado nacional. En sus propios términos, la “revolución nacional” había comenzado esa jornada de 1943. El proyecto nacionalista buscó destruir definitivamente los principios del orden constitucional liberal, algo que José Félix Uriburu intentó en 1930 con su idea de implantar el corporativismo en la Argentina. Es llamativo, entonces que este episodio singular de nuestra historia política haya pasado inadvertido en el discurso escrito del primer magistrado de la República”.
Ricardo López Göttig, ¿Por qué no 1943? (“La Nación” 29/7/06)
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La “tribuna de doctrina” de los Mitre no deja de desconcertarnos. Por un lado intenta copiar a “Pagina 12”, publicando a los vástagos progresistas de la Unión Democrática y por el otro desentierra del Parque Triásico (el más antiguo), a los ancestros de los dinosaurios.
Las líneas que anteceden son la más perfecta antología de pelotudeces y lugares comunes en las que se nutre el discurso antiperonista. Si ya eran insostenibles en la década del 50, en la actualidad adquieren la categoría de códice medieval o la arenga de un predicador fanático y analfabeto instando a una cruzada contra los albigenses u otros endemoniados.
“La historia es la narración de los acontecimientos escrita con dignidad” decía Samuel Jonson en su primer diccionario de lengua inglesa en el siglo XVIII. Sin fuentes, sin datos, sin documentos, no hay historia. Hay ideología.
Un golpe es un golpe y una revolución es una revolución. No es una diferencia semántica, es conceptual.
Confundir el golpe de Uriburu, visceralmente antipopular, cerrilmente clasista y con olor a petróleo, con la Revolución de 1943, es un chiste. Pero decir que la fórmula Robustiano Patrón Costa – Manuel Iriondo representaba el orden constitucional liberal, ya entra en el terreno de lo grotesco. Al menos que entendamos por éste al “fraude patriótico” y el gobierno de una minoría que gobernaba el país como una Estancia y entregaba la administración de sus riquezas al gerenciamiento externo.
La noticia que el senador por Salta sería el “número puesto” del presidente Castillo, causó una pésima impresión en muchos círculos (incluso algunos vinculados al oficialismo). Al respecto Marcelo Sánchez Sorondo escribió: “La fórmula Patrón Costa- Iriondo es un museíto colonial de provincia costeado por los ingleses que siempre aciertan con los colores locales”. Se consideraba a Patrón Costa una suerte de barón feudal en su lejana provincia, pero además, tal como plantea el autor de la nota, se lo tenía por un aliadófilo encubierto y suponíase que al poco tiempo de ejercer el gobierno habría de ceder a las presiones de Estados Unidos. Y como nota final, se descontaba que la elección de Patrón Costas habría de hacerse sobre un gigantesco fraude electoral, al que el Ejército debía asistir impávido.
El historiador Potasch señala un hecho que agudizó el malestar en las filas del Ejército: ocurrió el 29 de mayo, día en que el presidente Castillo concurrió a una ceremonia militar que se efectuó en los cuarteles de Palermo. Con Castillo apareció en el palco Robustiano Patrón Costas, el candidato imposible, intragable no solo para los nacionalistas, sino para todos los militares que rechazaban las prácticas fraudulentas y la corrupción del régimen liberal. No olvidemos que en el GOU militaban jefes de filiación radical, como los hermanos Miguel Ángel y Juan Carlos Montes, alineados en una tendencia que, taxativamente, definiríamos como nacionalismo popular. Ambos tenían vinculaciones con la tendencia intransigente del radicalismo, a través de Amadeo Sabattini.
Además adscribir al neutralismo no significaba en absoluto veladas simpatías con el Eje, como plantea el “historiador norteamericano” Tulio Halperín Donghi y el autor de las líneas que comentamos, funcional a alguna fundación que le paga las expensas (manifiesta ser investigador (¿) de la Fundación Hayek). Estos intelectuales orgánicos a las políticas del Departamento de Estado (al menos sus expresiones políticas coinciden con las políticas del ente citado) desconocen o arteramente ocultan, la profusa literatura referente a los protagonistas del nacionalismo popular, compuesto por las mas variadas expresiones políticas.
Decía Scalabrini Ortiz: “En el orden interno argentino somos decididos adversarios del nazismo y del fascismo. Hemos demostrado y demostramos que son fórmulas gubernamentales perjudiciales para nuestro país” (noviembre de 1939). Pero de allí a mandar argentinos a morir en una lucha ajena, hay un abismo que escasamente pueda llenarse con invocaciones más llenas de palabras que de contenido.
Aún nadie me ha explicado cual hubiera sido el beneficio para la Argentina en caso de haber ingresado en la Segunda Guerra Mundial ¿Inversión industrial? Pero si uno de los motivos invocados por los golpistas del 55 era que Perón había cometido el disparate de aposta a una “industria flor de ceibo” cuando el destino del país era agroexportador (sic). ¿Inserción en el mundo? ¿En cuál? ¿Bajo qué condiciones? ¿O acaso estábamos en el planeta Marte cuando la soldadesca británica sobrevivía gracias a nuestro “corner-beef?”.
Cuando ingresamos en una contienda para recuperar lo nuestro en 1982 nos “caímos del mundo”, pero cuando nos negamos a participar en una guerra ajena o a enviar tropas “de paz” para tranquilizar los desaguisados que armaron otros, “nos caemos del universo”. Evidentemente somos una asamblea de tarados.
Es que los operadores nativos de la ideología mundialista, entendida esta como una adscripción acrítica a una mal entendida occidentalización, aplicaron el alineamiento automático con los Estados Unidos – que con el lenguaje propio de un pederasta denominaron “relaciones carnales” – en la ingenua presunción de que la genuflexión ante el amo era el pasaporte para acceder a su despensa. Y este es el verdadero “pensamiento mágico”, tal falto de racionalidad como el del supuesto populismo que tanto denostan.
No nos cabe la menor duda que el “analista” López Göttig habrá apoyado fervorosamente, en su momento, el envío de naves al Golfo. ¡Al fin abandonábamos el engendro criollo de la tercera posición!.
Sin consultar a sus vecinos y aliados naturales – que prudentemente se abstuvieron de involucrarse en el conflicto – el gobierno menemista en una muestra de obsecuencia y servilismo que hubiera asqueado al mismísimo Gunga Din, decidió enviar buques de guerra al Golfo. Para ello se montó una intensa campaña mediática donde lenguaraces rentados de antaño y hogaño, mas una serie de “movileros” desconocidos y olvidables, pontificaban sobre la inserción argentina en el Primer Mundo. Ningún rédito favorable obtuvo nuestro país de su participación en esta aventura, excepto la pérdida de una balanza sumamente favorable con Irak, los peores atentados que sufrió la Argentina en toda su historia y una participación patética en el “Desfile de la Victoria” de Nueva York. De no ser trágica la situación de la Argentina en su momento, hoy llamaría a risa las declaraciones del entonces Canciller Guido Di Tella: “La argentina participará en la reconstrucción de Irak”. Los vencedores no nos dejaron instalar ni un puesto de choripan.
La Nación del Plata fue el alumno más aplicado de la cátedra del FMI, incluso accedió a la curiosa categoría de “aliado extra-OTAN”. Los beneficios están a la vista.
Pero volviendo a la Revolución de 1943 y la famosa cantinela del nazi-fascismo, a la cual ya nos hemos referido en otro lugar y dado que el comentarista presume ser investigador de la Fundación Hayek, le recomendamos repasar ¿o leer? A Peter Waldmann quien en su obra “El Peronismo” resalta:
“La ideología de Perón, la doctrina peronista, fue una fuente de influencia nada desestimable para el régimen. Para comprender la importancia que le había concedido Perón es necesario tener en cuenta la gran hipoteca ideológica que pesó sobre su gobierno al comienzo. Todos los partidos y agrupaciones políticas, con excepción de una parte de los sindicatos, contemplaban dicha doctrina como un intento de imponer en la Argentina un orden estatal y social de corte fascista. Se consideraba un hecho indiscutible que Perón imitaría con todas sus fuerzas a Hitler y Mussolini, y que solo una resistencia cerrada de los partidos le impediría concretar sus propósitos. Otra amenaza casi tan importante como ésta era la receptividad de los estratos más bajos a la prédica comunista. La doctrina peronista surgió del esfuerzo por liberarse de esa doble carga ideológica: el fascismo y el comunismo. Por eso creó una doctrina propia para su movimiento, una doctrina social argentina.”
En vista que el autor, en su panfletito de “La Nación” se presenta como Doctor en Historia, nos preguntamos si el título se lo otorgó la Pitman o lo gano en una rifa, pues los episodios históricos y los autores que comentamos son del conocimiento de cualquier estudiante que promedie alguna carrera de Ciencias Sociales o Filosofía y Letras. Caso contrario, el autor manifiesta una aviesa y primaria mala fe.
Antes de 1943 el país no fabricaba prácticamente nada, hasta importábamos las alfileres y los servicios estaban en manos de compañías extranjeras. Fue este supuesto ¿golpe? El que creó empresas como Gas del Estado, la Flota Aérea Mercante Argentina (en enero de 1946, posteriormente transformada en Aerolíneas Argentinas) y obras de infraestructura como el gasoducto Comodoro Rivadavia-Buenos Aires y el aeropuerto internacional de Ezeiza, puerta de salida y entrada de quienes asisten al Consenso de Washington o al Foro de Davos a memorizar el libreto de la globalización y la “integración al mundo”como factoría periférica. Fue este gobierno de facto el que realizó el primer dique de Nihuil de Mendoza (iniciado en 1943) y el dique Florentino Ameghino de Chubut (terminado en 1950). Se construyeron escuelas, policlínicos y centros de salud, sobre todo en el abandonado interior, y centros recreativos como el de Chapadmalal y Rio Tercero. Dice “Falucho” Luna: “En materia de obras públicas, la política peronista era coherente con el sentido social que inspiraba su filosofía general”.
El país se industrializó. En una década se montó toda una industria liviana y se echaron los cimientos de la gran siderurgia con los altos hornos de San Nicolás, el hierro de Sierra Grande y el carbón de Río Turbio. De 85.000 establecimiento industriales en 1946 se llegó a casi 145.000 en 1954. Realizaciones curiosamente escamoteadas, sea por la sevicia opositora o por la ignorancia de muchos compañeros. El peronismo, surgido de la denostada Revolución del 43 no vino a socializar los medios de producción, sino a crearlos, mancomunadamente con sus MILITARES y sus TRABAJADORES.

sábado, 23 de febrero de 2019

"Una Mirada Austral" Excelente espacio conducido por Pepe Muñoz Azpiri y Erika Blum: entrevista a Julio Otaño

Abogado (UBA) y Profesor de Historia; Integrante del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas y del Instituto Juan Manuel de Rosas de Gral San Martín.

sábado, 15 de septiembre de 2018

ERNESTO QUESADA (1858-1934)

Por José Luis Muñoz Azpiri (H)
El 1° de junio de 1858, hace ya 160 años, nacía en Buenos Aires, Ernesto Ángel Quesada –conocido como Ernesto Quesada– hijo del escritor y diplomático Vicente Gaspar Quesada, de quien recibió notable influencia en su amplia y rica formación intelectual, convirtiéndose así en uno de los más brillantes intelectuales de su época, la llamada generación del 80.  En 1872, su padre por entonces Director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires –antecesora de la Biblioteca Nacional– pidió licencia a fin de poder viajar a Europa con su hijo para ocuparse de su educación.
En este primer viaje al viejo continente, en los años 1873 y 1874, Ernesto estudió en un instituto en Sajonia, regresando a Buenos Aires en 1875 donde continuó su formación en el Colegio Nacional de Buenos Aires, recibiéndose de Bachiller.  En los años siguientes fue ayudante de bibliotecario en la biblioteca del cual su padre era director y participó en círculos literarios. Siendo muy joven, en 1878 escribió su primer libro “La sociedad romana en el primer siglo de nuestra era” y en ese año ingresó en la Facultad de Humanidades y Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires.
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Al año siguiente, suspendió sus estudios y volvió a Europa donde ingresó en las prestigiosas universidades de Leipzig, Berlín y París y a su regreso, continuó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, graduándose de abogado en 1882, con una tesis sobre el Régimen de Quiebras.
Al año siguiente se casó con Eleonora Pacheco Bunge, nieta del general Ángel Pacheco.
Fue una persona de una vasta cultura habiendo escrito más de 600 libros, artículos, novelas, publicaciones periodísticas, que versan sobre distintos temas: sociales, políticos, jurídicos, históricos, entre otros.
Fue abogado, Juez y Fiscal de la Cámara de Apelaciones de la Capital. En 1880 fue designado profesor de Literatura extranjera en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde dictó clases durante cuatro años.
Se desempeñó como profesor de Economía Política de la Universidad de la Plata, además de ser el iniciador de los cursos de la primera cátedra de sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, por lo que se lo considera como principal promotor y primer titular, siendo gran defensor de esta disciplina como ciencia autónoma, también fue presidente de la Academia de Filosofía y Letras; en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires fue profesor de Legislación y Tratados Internacionales, llegando a ser Decano e integrante del cuerpo Académico.
Fue cofundador de la Academia Argentina de la Lengua y miembro Correspondiente de la Real Academia Española.
Integró asimismo diversas Instituciones y Academias de historia, lengua, jurídicas, de España, Chile, Brasil, Uruguay, Estados Unidos, Alemania.
También se desempeñó en la diplomacia en diversos cargos y destinos. Se destacó también como viajero incansable.
Fue intendente en el Partido de General Sarmiento.
En España recibió la Orden de Isabel la Católica, como así también distinciones en otros países.
Intervino en diversos Congresos que se desarrollaron en diversos países.
Desengañado, por la poca consideración que se le tenía en su propio país, decidió retirarse a Europa con su segunda esposa, una periodista y escritora alemana, radicándose en Suiza en 1928 o 1929, donde falleció el 7 de febrero de 1934.
Llegó a poseer una biblioteca de más de 60.000 volúmenes propios y heredados de su padre y cerca de 18.000 manuscritos. Después de ofrecer tan valioso material a la Universidad de Buenos Aires para que tomara a su cargo la “Biblioteca y el Museo Quesada” y no encontrando en las autoridades de nuestro país un real interés en todo ese rico material, decidió donarlo a la Universidad de Berlín, la que creó en 1930 el “Ibero-Amerikanische Institut”, para contener tan importante acervo cultural. Parte de esa colección se perdió durante la segunda guerra mundial.
Una revista muy importante de aquella época “Caras y Caretas”, en su edición N° 1846 del 17 de febrero de 1834, así recordaba a Ernesto Quesada, con motivo de su fallecimiento ocurrido pocos días antes:
“Ha muerto el doctor Ernesto Quesada, una vida dedicada por entero a la pluma, al libro y a la cátedra. Hijo de don Vicente Quesada, heredó de su progenitor su amor por las letras y, después de la obtención del título de doctor en derecho y ciencias sociales, preocupóse en acrecentar el material de cultura que había recibido con orgullo de bibliófilo…Entre nosotros su figura era bien conocida en los círculos universitarios e intelectuales, por su actividad incansable, y en las aulas estudiantiles y en los salones de conferencias, los más variados auditorios supieron estimar su erudición, su tenacidad laboriosa y su sentido crítico. Su biblioteca, que donara hace algunos años a Alemania, era la más rica de las particulares del país y la prueba más elocuente de su personalidad de estudioso y de escritor infatigable”.
Quesada y la historia
En su primer viaje a Europa, los Quesada tuvieron la oportunidad de visitar en su chacra en Swathling, cerca de Southampton a Juan Manuel de Rosas en febrero de 1873 y tambiéna la hija de José de San Martín, radicada en París.
En esa visita al exiliado exgobernante argentino, el joven Quesada contaba solo con 14 años y presenció la conversación que su padre mantuvo con el “tirano” Rosas, tomando apuntes sobre lo hablado, que años más tarde le permitió reconstruir todo lo allí dialogado y las interesantes opiniones de Rosas, sobre su persona y su actuación al frente de su gobierno (ER N° 44). Los Quesada provenían de familia unitaria, no obstante y por encontrarse cerca de donde residía Rosas decidieron visitarlo, aclarando también que éste en su exilio, recibía a todos aquellos que quisieran conocerlo, no haciendo distinción por su pertenencia política.
Años después, fallecido Rosas en el exilio el 14 de marzo de 1877, sus familiares anoticiados de ese deceso, quisieron hacerle un funeral en su memoria en Buenos Aires, el que fue prohibido por las autoridades de la ciudad, suscribiendo Vicente G. Quesada como ministro de gobierno, el decreto respectivo.
Diez años después de haber presenciado la charla entre Rosas y su padre, su casamiento en 1883 con la nieta del general Ángel Pacheco, personaje éste importantísimo en la historia, ya que fue oficial del ejército sanmartiniano y uno de los principales generales de la Confederación Argentina, le permitió a Quesada acceder a los archivos historiográficos atesorados por esa familia, que incluían no solo todo lo referente al ámbito familiar y al General Pacheco en lo que hacía a su actuación como militar, sino también los archivos de Juan Lavalle y Gregorio Aráoz de Lamadrid, que se les habían tomado a estos generales unitarios después de ser vencidos en las batallas de Quebracho Herrado y Rodeo del Medio respectivamente.
Aquella charla que había presenciado en su juventud y la documentación que llegó a sus manos a través de su esposa años después, evidentemente influyeron en el pensamiento de Ernesto Quesada, diferenciándose del que su padre tenía sobre el exgobernante porteño. El estudio de esa documentación fehaciente, le permitió tener una visión más objetiva de la historia pasada.
Así en el año 1898, publicó su libro “La época de Rosas: su verdadero carácter histórico”, que es considerada su obra más importante y reconocida como tal. Fue un libro revolucionario y también transgresor para la época. En ese momento era difícil defender y justificar la actuación y el gobierno de Rosas, pues era ir contra la corriente, por lo que se necesitaba mucha valentía y convicción para defender esa posición. Por ello, es considerado como uno de los padres de la corriente revisionista en la historia argentina y muchos intelectuales de aquella época lo consideraron un historiador “federal”.
Su obra, producto de una tarea patriótica y de honestidad intelectual, tiene bases sólidas, sin embargo en su tiempo fue ignorado y dejado de lado por “rosista”. En ella hizo un estudio de éste hombre público, del medio y de la época en la que le tocó gobernar, comparándola y haciendo un paralelo con la del rey francés Luis XI –artífice de la unidad de Francia y del fortalecimiento de la corona– y de Felipe II de España.
Para Quesada, la época y la sociedad lo hicieron a Rosas y también lo explicaron. Así, Rosas es el producto de la sociedad y de una época. El libro como años antes había sucedido con la obra publicada por Adolfo Saldías “Historia de Rozas y su época“, hirió la sensibilidad de gran parte por no decir la casi totalidad de la intelectualidad de aquél entonces que seguía considerando a Rosas como un tirano y opresor.
Retrato literario de Rosas.
Del Rosas octogenario tenemos también una breve descripción, escrita por Ernesto Quesada, quien, junto con su padre Vicente G. Quesada, visitó al desterrado en febrero de 1873. Tenía Ernesto apenas catorce años de edad y conservó de la entrevista un apunte juvenil que dio a conocer medio siglo después de conocer a Rosas.
"Rosas residía todo el año - escribe - en su chacra, que tenia una treintena de cuadras y en la que cuidaba animales, viviendo del producto de la modesta explotación granjera; su casa se componía de unos ranchos criollos grandes, con su alero típico; y el aspecto de todo era el de una pequeña estancia argentina."
Viene luego el recuerdo del personaje:
"La única criada inglesa que le atendía nos introdujo a una pieza donde tenía estantes atiborrados de papeles y una mesa grande; allí acostumbraba a trabajar después de recorrer la chacra a caballo.
Era entonces aquel octogenario un hombre todavía hermoso y de aspecto imponente; cultísimo en sus maneras; el ambiente modesto de la casa en nada amenguaba su aire de gran señor, heredado de sus mayores. La conversación fue animada e interesantísima, y, como era de esperar, concluyó por referirse a su largo gobierno”.
Ernesto Quesada redactó sus apuntes al regreso al hotel de Southampton, a pedido de su padre...
Rosas y el cuadernito de la Constitucion
Tanto en su época como posteriormente, y por distintos historiadores, a Rosas se le recriminó “no haber querido constituir el país” y haberse negado a dictar una constitución. Rosas si embargo pensaba antes debía organizarse bajo el “Pacto Federal” y recién cuando el país este libre de conflictos internos y dictadas las leyes provinciales, recién entonces dictar la Constitución Nacional. Sin esas condiciones previas, de nada serviría dictar “un cuadernito”. Para muchos eso solo era “una excusa del dictador”.
En febrero de 1873, Vicente G. Quesada y su hijo Ernesto visitan a Rosas en su destierro inglés. En la ocasión, esto es, veintiún años después de la batalla de Caseros, Rosas pasa revista a su gestión de gobierno y reitera su concepción del gobierno autocrático, de fuerza y paternal.
“Señor –le dijo de repente mi padre-, celebro muy especial esta visita y no desearía retirarme sin pedirle que satisfaga una natural curiosidad respecto de algo que nunca pude explicarme con acierto. Mi pregunta es esta; desde que usted, en su largo gobierno dominó al país por completo, ¿Por qué no lo constituyó usted cuando eso le hubiera sido tan fácil, y sea dentro o afuera del territorio, habría podido entonces contemplar satisfecho su obra con el aplauso de amigos y enemigos?
-Ah!- replico Rosas, poniéndose súbitamente grave y dejando de sonreír- lo he explicado ya en mi carta a Quiroga.
Esa fue mi ambición, pero gasté mi vida y mi energía sin poderla realizar. Subí al gobierno encontrándose el país anarquizado, dividido en cacicazgos hoscos y hostiles entre si, desmembrado ya en parte y en otras en vías de desmembrarse, sin política estable en lo internacional, sin organización interna nacional, sin tesoro ni finanzas organizadas, sin hábitos de gobierno, convertido en un verdadero caos, con la subversión mas completa en ideas y propósitos, odiándose furiosamente los partidos políticos; un infierno en miniatura.
La provincia de Buenos Aires tenia, con todo, un sedimento serio de personal de gobierno y de hábitos ordenados, me propuse reorganizar la administración, consolidar la situación económica, y poco a poco, ver que las demás provincias hicieran lo mismo. Si el partido unitario me hubiera dejado respirar, no dudo de que, en poco tiempo, hubiera llevado el país hasta su completa normalización; pero no fue ello posible, porque la conspiración era permanente y en los países limítrofes los emigrados organizaban constantemente invasiones. Fue así como todo mi gobierno se pasó en defenderme de esas conspiraciones, de esas invasiones y de las intervenciones navales extranjeras; eso insumido los recursos y me impidió reducir los caudillos del interior a un papel más normal y tranquilo. Además, los hábitos de anarquía, desarrollados en veinte años de verdadero desquicio gubernamental, no podían modificarse en un día.
Todas las constituciones que se habían dictado eran de carácter unitario. Pero el reproche de no haber dado al país una constitución, me pareció siempre fútil porque no basta dictar “un cuadernito”, como decía Quiroga, para que se aplique y resuelva todas las dificultades; es preciso antes preparar al pueblo para ello, creando hábitos de orden y de gobierno, porque una constitución no debe ser el producto de un iluso sino el reflejo exacto de la situación del país.
Nunca pude comprender ese fetichismo por el texto escrito de una constitución, que no se requiere buscar en la vida práctica sino en el gabinete de los doctrinarios; si tal constitución no responde a la vida real de un pueblo, será siempre inútil lo que sancione cualquier asamblea o decrete cualquier gobierno. El grito de “constitución”, prescindiendo del estado del país, es una palabra hueca”. (JM Rosas)