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miércoles, 1 de julio de 2020

El Congreso de Oriente y la Declaración de la Independencia de 1815

Por Pacho O'Donnell

La historia oficial argentina, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX, los unitarios liberales, centralistas, extranjerizantes, porteñistas, la confeccionaron como un aparato ideológico (Althusser) para justificar su proyecto de organización nacional. Esa direccionalidad politizada hace que sean muchos los aspectos deformados que merecen ser revisados. Ello no es banal, ya que muchos de los problemas actuales de nuestra patria tienen sus raíces en un pasado falsificado y perturban la proyección futura.  El denominado Congreso “de los Pueblos Libres” también conocido como Congreso “de Oriente”, reunido a partir del 29 de junio de 1815 en la ciudad de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, constituyó un acontecimiento de gran importancia histórica, debiendo ser considerada como la Primera Declaración de Independencia del Río de la Plata.
Reivindicar el congreso entrerriano convocado por el caudillo oriental José Gervasio Artigas no supone devaluar el del 9 de julio en Tucumán, ya que a ojos vistas son complementarios pues el primero reunió a las provincias andinas, las cuyanas, las del noroeste y las altoperuanas, a las que se sumó Buenos Aires luego del fracaso de su intención de organizarlo en su territorio. En cambio el de Concepción del Uruguay convocó a las provincias litorales: la Banda Oriental, las misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, a las que se agregó una parte de Córdoba. Es evidente la pareja representatividad de ambos.  Las reunidas en el Congreso “de los Pueblos Libres” eran federalistas, razón por la cual nuestra historia oficial escrita por sus vencedores unitarios y porteñistas decidió no reivindicarlo. La misma estrategia de condenar al ostracismo histórico al “Protector de los Pueblos Libres” Artigas, un prócer de dimensión rioplatense y latinoamericana, suponiéndolo sólo relevante dentro de los límites de la memoria uruguaya.Los que se oponen a reconocer esta declaración independentista argumentan que no hay actas que den pruebas del mismo. Pero es de tener en cuenta que eran tiempos de guerra y de comunicaciones por chasques, propensos a la pérdida o destrucción. Así sucedió con las actas originales del Congreso de Tucumán, que fueron portadas hacia Buenos Aires por el ayudante mayor del Regimiento 8, Cayetano Grimau, quien fue asaltado en el camino y despojado de su encomienda, que nunca fue encontrada. Pudieron ser reconstruidas por una providencial copia en manos del secretario Serrano. Además en Concepción del Uruguay los participantes tenían una identidad más popular, gauchesca y originaria, poco propensos a los actos formales, con la concurrencia de muy escasos hombres de leyes.  Otro argumento cuestionador es que en la correspondencia de Artigas de esos días no hay referencia a la declaración independentista. El motivo de ello es que la acuciante preocupación del caudillo en aquellos días era lograr un acuerdo con Buenos Aires para fortalecerse ante la inminente invasión del imperio portugués desde Brasil. De allí que sus menciones se refirieran a la constitución de una delegación que saliera del Congreso para una mediación condenada al fracaso pues el deseo de los políticos porteños era justamente la destrucción de Artigas con la colaboración de los lusobrasileros.
Por otra parte el oriental y sus seguidores no necesitaban declarar la independencia pues estaban convencidos de que esa había sido la intención de la insurrección de mayo de 1810, ajenos a las especulaciones políticas de los doctores porteños. Así lo evidenciaron las Instrucciones artiguistas para la Asamblea del Año XIII, en las que, ya en su encabezamiento, antes del articulado, se leía: “Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y familia de los Borbones, y que toda conexión política entre ellas y el Estado de España deber ser totalmente disuelta”.  Esta posición se afirmó en la memorable oración inaugural al Congreso “de Tres Cruces”, celebrado tres años antes del de Concepción del Uruguay, cuando el caudillo oriental expresó: “La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada, como objeto único de nuestra revolución; la unidad federal de todos los pueblos e independencia no sólo de España sino de todo poder extranjero”.
Si bien, como queda escrito, Artigas y la Banda Oriental no debían declarar lo que ya habían declarado, el Congreso de los Pueblos Libres fue la oportunidad para que lo hicieran las otras provincias federalistas, litorales.
Así el Cabildo de Corrientes dejó sentado las conclusiones de los debates sostenidos en Concepción del Uruguay: “Viéndose penetrado de la utilidad y necesidad de convenir, consultando la beneficencia del pueblo, su representado, con las benéficas y liberales ideas con que el señor General (Artigas) promueve la santa causa de los pueblos, para colocarlos en el goce pacífico de sus primeros derechos, las cuales ni son opuestas al sistema esencial de la América, ni distintas de las que se adoptaron en la primera época de la instalación del gobierno provisorio de la capital de Buenos Aires, se resolvió declarar la independencia bajo el sistema federativo y al General Don José de Artigas por Protector”.
A su vez las instrucciones que llevó el delegado santafesino reproducían casi literalmente las enviadas en 1813 a la Asamblea reunida en Buenos Aires: “1º Pedirán la declaración absoluta de la independencia de la Corona de España y familia de los Borbones”. Pocas dudas quedan que las demás provincias habrán propuesto y votado iniciativas similares ya que la declaración de la independencia era un eje clave de la unión federal.  Otro de los aspectos notables del Congreso “de los Pueblos Libres” que lo diferencian claramente del tucumano de 1816 es que mientras éste fue conformado por delegados elegidos “a dedo” por las respectivas oligarquías dominantes en las provincias concurrentes, en el entrerriano el sistema de elección de representantes fue por voto popular en asambleas de amplia convocatoria.
Otra diferencia es que mientras en Tucumán los debates estuvieron centrados en la forma de gobierno, consensuándose que la monarquía constitucional era la mejor, fuese con soberano europeo o americano, también en cómo negociar, no oponerse, con el invasor luso brasilero que acababa de irrumpir en la Banda Oriental, en Concepción del Uruguay se trató la política agraria y el comercio interprovincial y con el extranjero. Se resolvió que se confeccionara un Reglamento para el fomento de la campaña, poblada por inmensos latifundios que despoblaban y no explotaban las feraces pampas litorales. El mismo, aprobado el 10 de septiembre de 1815, constituyó la primera reforma agraria de Latinoamérica. Consistía en la confiscación de propiedades de “malos europeos y peores americanos”, adversarios de la revolución patriota, para distribuirlas y así ser leales con las bases populares que constituían la fuerza del artiguismo. En su artículo 6º. podía leerse que “los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia”. El artículo 7º establecía que “serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieran hijos. Serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros, y éstos a cualquier extranjero”.
Cuando Artigas tomó conocimiento de la Declaración de Independencia en San Miguel de Tucumán el 9 de julio de 1816 , escribió al Director Supremo en Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón el 24 de ese mes: “Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su Superior conocimiento”.
El hecho de que ninguna de las provincias que asistieron al “Congreso de Oriente” o “de los Pueblos Libres” concurriera al de Tucumán es evidencia de que ya consideraban cumplido el trámite independentista. Por otra parte eran las que propugnaban una organización y constitución federal, republicana, popular y americanista, lo que no coincidía, salvo excepciones, con las concurrentes a Tucumán. La presencia de los delegados porteños en ésta tampoco era un aliciente ya que la liga federal de los “Pueblos Libres” se encontraba en guerra con el puerto y no ignoraba que la invasión portuguesa desde el Brasil era alentada desde allí.
No es banal, entonces, rescatar que hubo en nuestro pasado un vigoroso proyecto constitucional de organización federal y popular.

sábado, 30 de mayo de 2020

El Congreso de Oriente

Por Carlos Pistelli

¿Hubo declaración o juramento independentista en Arroyo de la China?. No tenemos mayores registros de la reunión. Si uno sigue la línea de los congresos anteriores convocados por Artigas, el formalismo de esos tiempos requiere Jurar la Independencia, como pasa en Peñarol o Tres Cruces. Es decir, nadie discute la línea independentista del Patrón Oriental. Lo que se cuestiona en esta nota final, es el hecho de querer agrandar al Congreso de Oriente para nublar al de Tucumán.

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DATOS.

  Artigas hace referencia a la reunión en carta-respuesta a Pueyrredón, con respecto al informe de éste sobre la Declaración del 9 de julio de 1816, “Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su Superior conocimiento“. Obsérvese que tampoco hace referencia, tal vez por error del escribiente o desmemoria del Caudillo, a Arroyo de la China o los Pueblos Libres, sino a “La Banda Oriental”. También es cierto que ninguno de los diputados que notificaron inmediatamente del inicio de sesiones (Andino y Cabrera) notifica a sus gobiernos de la declaración, ni tampoco el propio Artigas lo hace al Cabildo de Montevideo (con el que estaba en conflicto) el 30 de junio, ni tampoco en la carta que se cita a continuación, a Buenos Aires. Es decir, un día después de tamaña resolución, no se menciona el episodio trascendente que nos venden(mos) como tal.

   Como los registros de Archivo del Congreso se perdieron tras la invasión portuguesa, es posible que:

   Efectivamente se hayan perdido, destruido, o el propio Artigas haya tomado la decisión de destruirlos para que no cayeran en poder enemigo valiosos documentos. Piénsese que los portugueses le tomaron el cuartel general, no una, no dos, sino en tres oportunidades. Piénsese que Arroyo de la China fue destruida en 1818.

   O están atesorados en el Brasil, siempre dispuesto para guardar información precisa para ser utilizada en el momento más oportuno (para sus intereses, claro está)

  O, conociendo como se han manejado los primeros historiadores de la Región en el Siglo XIX, hayan sido destruidos a propósito.

Entonces, ¿Qué carajo pasó en los casi cincuenta días reunidos?.

Artigas busca la Unión Independentista.

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Como se ve en la carta que grafica este párrafo, Artigas le dice a Álvarez, Ansioso siempre del restablecimiento de la concordia he puesto en ejecución todos los medios, y reuniendo a este fin el Congreso General de los Pueblos y Provincias que se hayan bajo mis órdenes y protección, penetrados todos de exigencia tan santa, resolvieron enviar cerca de V.E. una diputación para tratar tan importante negocio (…) Ya espero que V.E. tendrá la dignación de ver en este paso una muestra de mis ardientes deseos para restablecer la fraternidad y la unión. Una unión tanto más preciosa que no hay un solo motivo que no se emplee en mandarla, y cuyas consecuencias bienhechoras deben hacernos dignos a todos de la regeneración de la América, y de las bendiciones de la posteridad, que la filantropía sea lo que caracteriza nuestra gloria, y nos presente el laurel, y que anunciemos al mundo edificado entre nosotros el templo augusto de la paz para nuestros mutuos anhelos”.

  Era una gran carta, para una gran consolidación de la Causa futura, como solía decir Artigas en la pluma de sus primeros escribas. Lamentablemente, el “capón” que mandaba en Baires, no era quien efectivamente mandaba, ni tenía “la dignación” que Artigas le pedía.

  El Congreso envió esa delegación ante Álvarez Thomas, y sufrió un destrato diplomático que enervó a Artigas: “Si yo amo la paz tampoco temo la guerra… Si al recibo de ésta no pone en cualquier punto de esta Banda a los diputados, daré principio, a las hostilidades de un modo escandaloso”. Era la guerra, La triste guerra civil. 

Clausura del Congreso.

   No pasó más nada en Arroyo de la China. Artigas cruzó el charco (el 30 ya estaba en Paysandú nuevamente), con los diputados acompañándolo en su campamento volante. El 12 de agosto, al conocerse el fracaso de las negociaciones con Buenos Aires, clausuró el Congreso. El agrandado Congreso de Oriente, había finalizado.

Importancia del Congreso.

  No caben dudas que los intentos organizativos de Artigas fundan una Nación Popular, aunque otra sea la historia que nos quieran contar. Del Congreso el cual hablamos, hay diputados de las tribus originarias que respondían a su mandato, elegidas por sus pueblos, y que comparten tareas con algunos “copetudos” que nunca faltan. Es que Artigas creía en la voluntad popular como ninguno de los próceres de la Independencia. Podríamos agregar, a una de las tantas adjetivaciones que se hacen de su carrera, que su Revolución, “Es la Revolución de los Cualquiera”: No hace falta ser un doctor, con apellido de abolengo (él mismo tiene uno), médico, funcionario, militar de prestigio. Hace falta sentir la Patria. Ésa por la que morían y peleaban quiénes lo siguieron, A Él, y a tantos otros grandes de la Epopeya, como San Martín, Belgrano, Güemes. Los sueños de los Pueblos conjugan realidad, y los Caudillos elegidos (algunos se ‘hacen’ elegir) lideran los procesos. Peones, capataces, sin tierras, vagos, perseguidos, presos por causas ilícitas, pescadores, copetudos, curas, negros, zambos, mulatos, blancos, indios. Es la Revolución que esbozan los cualquiera, porque cualquiera debe luchar por su Patria, y más cuando la conduce el inquebrantable José Artigas.

  La convocatoria del Congreso, y su breve reunión, establece en el Río de la Plata:

  1. La Democracia Popular mediante el sufragio universal masculino, Hito americano de proyección mundial.

  2. La Confederación de los Cabildos, que es diferente a la Federación de los Estados Provinciales que se firma el 4 de Enero de 1831.

  3. Y la posibilidad de un proyecto social y cultural, político, que contemple a las mayorías como libres realizadoras de su Destino, mediante una política económica (La Ley de Tierras de Septiembre), que pone al Estado como regulador de la economía, a la política como realizadora del Quehacer Nacional, y al Pueblo como artífice de la Causa Grande Americana.

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 Todo eso, es el Congreso de Oriente. Aún en la imposibilidad de encontrar sus actas, el Proyecto de una Nación que fenece en el tratado de Pilar, para dar nuevas esperanzas, porque la Argentina, es una esperanza eterna.