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viernes, 31 de octubre de 2014

Las semejanzas y diferencias entre Marx y Keynes

Por Vicente Navarro

Existe bastante confusión, resultado de una sorprendente falta de conocimiento histórico en la enseñanza española, de las diferencias existentes entre las escuelas económicas basadas en la interpretación del capitalismo de Karl Marx y las que se originan con John Maynard Keynes. Cuando, por ejemplo, se habla de que la crisis actual se debe a la falta de demanda, inmediatamente se atribuye esta observación a una visión keynesiana de la economía, cuando en realidad fue Karl Marx el que habló de la crisis del capitalismo como resultado de la descendente demanda, consecuencia de la bajada de los salarios de la mayoría de la población, perteneciente a la clase trabajadora. Fue Karl Marx el que claramente vio lo que ahora ha descrito y documentado Thomas Piketty en su libro sobre la evolución del capital en el siglo XXI, Capital in the Twenty-First Century. En El Capital, Karl Marx indicaba que la lógica del sistema capitalista lleva a una concentración del capital a costa de una “inmiseración” de la clase trabajadora, lo cual, añadía Karl Marx, creaba un enorme problema de demanda. Esta postura queda resumida en su frase de que “La causa final de toda crisis es siempre la pobreza y el limitado consumo de las masas”. Uno de los economistas que mejor predijo la crisis actual, Nouriel Roubini, así lo indicó en su entrevista en el Wall Street Journal: “Karl Marx llevaba razón. El capitalismo puede destruirse a sí mismo, pues no puedes tener una constante absorción de las rentas del trabajo por parte de las del capital, sin crear un exceso de capacidad y una falta de demanda. Y esto es lo que está ocurriendo… el salario del trabajador es el motor del consumo”. No es pues, John Maynard Keynes, sino Karl Marx, el que indicó que el empobrecimiento de la población supone un grave problema para el capitalismo: la escasa demanda. John Maynard Keynes habló también, más tarde, de la escasez de la demanda, pero poco de la concentración del capital. Y todavía menos de la relación entre esta concentración y el empobrecimiento de la población trabajadora. Esta era una de las grandes diferencias entre Karl Marx y John Maynard Keynes.
Otra gran diferencia entre Karl Marx y John Maynard Keynes, además del entendimiento de la crisis bajo el capitalismo (siendo el análisis de Karl Marx más completo que el de John Maynard Keynes), es en la solución a la crisis. Karl Marx creía que la solución a la crisis era una solución sistémica, que requería el cambio de la propiedad del capital, pasando de ser propiedad del capitalista a ser propiedad de los trabajadores (definidos como un colectivo que crea y produce el capital). Este cambio de propiedad era descrito esquemáticamente en el Manifiesto Comunista (el libro más vendido en la historia de la humanidad), que establecía una serie de principios, excesivamente simplificados, aunque presentados con una narrativa movilizadora. Pero (y es un enorme “pero”), Karl Marx no detalló cómo realizar dicha transición en el sistema de propiedad. Ni tampoco mostró qué políticas debían realizarse para trascender el capitalismo.
John Maynard Keynes, por el contrario, nunca se planteó la sustitución del capitalismo por otro sistema. Creía que el problema de la demanda podía resolverse con el intervencionismo del Estado, con un aumento, por ejemplo, del gasto y la financiación públicos, es decir –tal como indicó- “el gobierno y los bancos centrales pueden resolver el problema de la escasa demanda, bien directamente, con un aumento del gasto público, bien indirectamente, a través de la financiación de inversiones en programas de infraestructura”. Y la experiencia ha mostrado que el problema de la demanda podría resolverse, como se vio en la manera como se salió de la Gran Depresión (y también en la manera como no se está saliendo de la Gran Recesión actual, con sus absurdas políticas de austeridad). Ahora bien, aun cuando Karl Marx subestimó la capacidad de resistencia del capitalismo, el hecho es que todos los casos de salidas de las crisis han requerido una redistribución del capital hacia el mundo del trabajo, revirtiendo la redistribución (que Karl Marx llamó, con razón, “explotación”) del mundo del trabajo por parte del capital, que creó esas crisis. (Ver mi artículo “La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades”. 
La mejor y más eficaz forma de estímulo de la demanda es precisamente el enriquecimiento (en lugar del empobrecimiento) de las masas (como diría Karl Marx) a costa de los intereses del capital, excesivamente concentrado hoy en día. Y el que mejor ha analizado este hecho ha sido Michal Kalecki, un economista polaco que claramente se merecía el Premio Nobel de Economía pero que ni siquiera fue considerado para ello por vérsele demasiado “rojo”. Pero hoy, y tal como ha reconocido Paul Krugman (el keynesiano más conocido hoy en el mundo) fue Michal Kalecki y no John Maynard Keynes el que mejor explicó las crisis del capitalismo, detrás de las cuales el conflicto Capital-Trabajo juega un papel fundamental. (Ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, Julio 2013.
Estas diferencias son claves para entender lo que está ocurriendo en el capitalismo y por qué. Karl Marx explicó claramente los orígenes de la crisis, causada por el enorme declive de las rentas del trabajo a causa del enorme crecimiento de las rentas del capital y su concentración. Subestimó, en cambio, la capacidad de respuesta, como bien ilustró John Maynard Keynes. Este, sin embargo, no fue consciente del contexto político, desarrollado por Michal Kalecki , el mayor y mejor analista del capitalismo.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Crisis 2008, Marx y Perón


Por Enrique Oliva

Vale la pena agregar algunas consideraciones más a la justa apreciación de Marx sobre las crisis del capitalismo tal como se evidenció en 1929 y en la actualidad. En mi nota del 22 de este mes de marzo del 2008, transcribía unas líneas por él escritas en 1867 en su obra El Capital. Al respecto es de recordar que Marx murió en 1883. Es decir, 46 años antes de la crisis de 1929.
Es sabido que  Marx  popularizó la expresión alemana “lumpen”, incorporada al diccionario de la Real Academia Española, definiéndola como “capa social más baja sin conciencia de clase”. El término lo usó  contra México, al justificar la invasión y anexión a sangre y fuego de la mitad de su territorio a mediados del siglo XIX por parte de EEUU.
Es que Marx estaba convencido, e insistía vehementemente en ello, que la revolución de clases comenzaría en un país industrial avanzado, dando por probables a Inglaterra, Alemania o Estados Unidos. No creía en la capacidad revolucionaria de pueblos mayoritarios de lumpenproletarios. Por eso cuando unos socialistas le hablaron de intentarlo en Rusia, consideró la idea disparatada.
Creo necesario pensar que esta crisis actual puede llegar, como abundan las opiniones en esa dirección, a provocar el comienzo del fin del capitalismo salvaje. El desempleo y hambre genera, como lo vemos en la historia del siglo pasado, convulsiones caóticas que pueden llevar al poder a oportunistas con fuerzas políticas minoritarias pero con el dominio de las calles. Eso se dio con la revolución rusa y el nazismo germano, que sin contar ninguno de ellos con mayoría para llegar por vía eleccionaria al gobierno, tanto los bolcheviques como los nazis lo lograron. ¿O NO?    

El caso Juan Perón: Sin especulación política alguna, me atrevo a arriesgar el ridículo  ante la tilinguería reinante, por recordar cómo y porqué el General Juan Perón  fue plebiscitado por tercera vez presidente, hasta con votos de ex enemigos acérrimos: por ser  el único político estimado con influencia real y capacidad de lograr un mínimo de orden para encaminar al país con la consigna popular de “ni yanquis ni marxistas, peronistas”.          Además, Perón poseía la autoría de las tres banderas que siguen significando toda una  genial síntesis de política nacional expresada en seis palabras: soberanía política, independencia económica, justicia social. Desgraciadamente la muerte se lo impidió y volvimos a las desuniones. Pero sigue vivo su ejemplo, dejando la opción inevitable de que “el siglo XXI nos encontrará unidos o dominados”. ¡No queda tiempo para vacilaciones!

Interrogantes para un futuro cercano
¿A nadie se le ocurre que pueda repetirse en este siglo, o mañana o pasado, porque al punto determinante del inicio de las revoluciones no se les puede dar fecha precisa?
¿Es descabellado suponer la repetición de que, una situación  caótica generada en un gran país industrializado desemboque en una crisis a nivel planetario?  ¿Estamos los argentinos preparados para unirnos entre nosotros con un mínimo de políticas de estado para salir lo mejor librados posible de los males que afectarán al mundo, convenciéndonos que nuestra vía es la Patria Grande Suramericana que soñaron San Martín y Bolívar?  Esta posibilidad se hace más creíble por la carencia en estos momentos dramáticos de verdaderos estadistas a niveles internacionales, con el agravante de poseer cabezas nucleares.  La caída de un  dólar sin respaldo por el exceso de emisión descontrolada, con masiva desocupación, carencia de techos familiares, saqueos de hambrientos y encima discriminaciones raciales ¿no crearían el momento sorpresa de una revolución surgida de las calles, o una alteración caótica en algún país altamente industrializado, como pensaba Marx?