Rosas

Rosas
Mostrando entradas con la etiqueta Berón de Astrada Genaro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Berón de Astrada Genaro. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de julio de 2022

Los Degolladores

Por Juan Manuel Vigo

Como se degollaba, don Pascasio?
Esta pregunta se la oímos hacer hace medio siglo a don Pascasio Rivas, un cordobés que anduvo en muchas y que también vio muchas ,
—Y... lo más fácil. Se le metía el cuchillo debajo de la oreja, detrás de la carretilla y se lo hacia bandear al otro lado. Después no había más que cortar p’adelante. Igual que a las ovejas.
El famoso gaucho alzado Ledesma, un temible asesino que, por el destino, fue a morir en duelo criollo a manos de un pobre agente de policía (allá por mil ochocientos noventa y tantos), contaba en los fogones de las islas de Verde, frente a Saladero Cabal:
—Yo he degoyau de todo y a veces por curiosidá. M’entretenia hasta con loj perroj y cualisquier bicho. Y dispuej loj soltaba pa ver ande iban a parar. El que va a cáir maj le Jo ej el cristiano'*.
En nuestra historia del siglo pasado abundan los casos de degüellos, tal vez porque fuimos durante ese lapso un pueblo eminentemente ganadero. La mayor industria que tuvimos en el litoral, por no decir la única importante, el saladero, era una verdadera orgia de sangre. Al animal se lo enlazaba, desjarretaba y degollaba en medio de una batahola de gritos y perros, y entre charcos de sangre y pisando achuras y residuos. La muchachada de la ciudad y de los pueblos iba a los saladeros y mataderos a entretenerse viendo degollar reses. Se simulaban yerras, y naturalmente se “degollaban reses”, para lo cual no faltaban los que se prestaban a ser novillos y los que la oficiaban de “degolladores”.
Alguna vez oimos a nuestras abuelas referirse a los tiempos en que eran niñas: —“Teníamos que esconder las muñecas porque los muchachos las degollaban para jugar”.
Cuando habla que sacrificar un animal no se pensaba sino en degollarlo, aunque se tratase de un caballo de carrera que habla sufrido una quebradura incurable. El dueño lo mandaba degollar, porque asi lo determinaba la costumbre. Y no se le ocurría abreviarle a la pobre bestia los sufrimientos pegándole un tiro, aunque estuviese con el revólver en el cinto y los ojos llenos de lágrimas.
Un tal Argumedo, hijo de un comandante entrerriano, contaba.
—“Mi padre me enseñó a degollar. La primera volada me la dio cuando tenia catorce años. Al principio cuesta y uno se embadurna entero. Pero después se hace baquiano”.
Ha sido precisamente un pintor entrerriano, Cesáreo Bernardo de Quirós, quien ha dejado uno de los documentos más dramáticos de esos tiempos. Se trata de los cuadros “Los degolladores y “El matadero’, que se exhiben en el Museo Nacional de Bellas Artes. El de “Los degolladores”, sobre todo, horroriza por su tremendo realismo, acentuado por el violento colorido, con predominio del rojo, como casi toda la obra de ese artista. Allí se ve también una manta extendida sobre los pastos, donde se han ido arrojando las prendas de plata quitadas a los condenados. Era el pago que a veces recibían los degolladores para cumplir su oficio.
Cesáreo Bernaldo de Quirós tuvo buenos motivos de inspiración en su tierra natal, sobre todo con los procedimientos de don Justo José de Urquiza, que, según la tradición, mandaba degollar a los ladrones. Se cuenta que hubo quien perdió la cabeza por haberle robado una sandía. A Santa Fe fue a parar uno que se escapó arañando de que don Justo lo hiciese degollar por uno de estos delitos. Cayó a la ciudad de Estanislao López ostentando un gran claro sobre la frente, donde no le había quedado sino uno que otro pelito. Tomado firmemente de los cabellos, en el momento en que le arrimaron el cuchillo dio un tremendo cabezazo hacia atrás y escapó. El frustrado degollador se quedó bramando de indignación con el mechón entre los dedos, mientras el otro ganaba el monte con tan buenas ganas de disparar que no lo alcanzaron ni con perros. “Jamás volveré a degoyar sin haberlos maneado antes”, fue el amargo comentario del burlado...
No es para extrañarse de que aquél dejase el jopo en manos de su presunto degollador. En trance de morir, el ser humano suele adquirir fuerzas descomunales. Cuando degollaron en Cayastá, siglo pasado, al conde Tessieres de Bois Bertrand con toda una numerosa familia, en uno de los hechos más dramáticos que es posible imaginar, un muchacho de catorce años, en un descuido de los asesinos que habían cerrado todas las puertas de la residencia para no dejar uno vivo, escapó a través de una sólida reja doblando los hierros. Cuando después se hizo la reconstrucción del crimen, el pobre chico no pudo hacer pasar siquiera la cabeza por el sitio por donde él mismo había escapado en un momento de desesperación.
Muchas veces, por circunstancias especiales —venganzas personales, odios políticos profundos, etc.-— los degolladores prolongaban el suplicio. Tal es lo que ocurrió en Tucumán con el doctor Marco Avellaneda. Dicen que lo ultimaron con un cuchillo desafilado y mellado, y como el degollador, probablemente a propósito, demoraba la faena, el doctor Avellaneda le gritó: “Apure, apure. ”
Degüello también por venganza fue el que ocurrió en La Cimbra (Santa Fe> con el hotelero suizo Antonio von Will, quien había venido de Nueva York para atender un negocio de su hermano, que debia viajar a Suiza. En esos días se produjo la revolución de 1893 y los radicales tomaron el pueblo de Helvecia, distante 16 kilómetros de Cayastá. El gobierno mandó tropas, a las que se agregaron varios cientos de irregulares y merodeadores. Von Will aprovechó que se detuvieron en las proximidades de Cayastá y corrió a avisar a Helvecia. Allí los revolucionarios esperaron prevenidos a sus adversarios y les hicieron treinta muerto, entre los que cayó el comandante de milicias Camilo Romero. Retomado más tarde el gobierno, su hermano Benito, también comandante, sacó una noche sigilosamente a von Will y lo hizo degollar junto a un arroyo. En venganza por la muerte de su hermano —y también, sin duda, por ser gringo y meterse en las cosas nuestras— ordenó al victimario:
—Degoyalo a lo chancho y removele el cuchiyo.
Es decir, que le clavara el cuchillo en la garganta, hacia abajo, y le hurgara la herida hasta verlo morir.
En condiciones también muy crueles —si es que se puede agregar mayor crueldad a un degüello— fue muerto el coronel Santa Coloma, apenas terminó la batalla de Caseros.
No bien cayó prisionero, fue llevado a presencia del traidor Urquiza, quien ordenó secamente:
—Deguellenló por la nuca. Asi paga las que ha hecho.
No era faena fácil eso de degollar por la nuca. Había que cortar primero los músculos de la parte posterior del cuello, para abrir camino hasta la columna vertebral. Alli, con el filo del cuchillo, se buscaba una articulación de las vértebras para seccionar la columna y llegar luego a la garganta. Si el degollador le erraba a la articulación en los primeros intentos o se ponia nervioso, como el verdugo que, según Maurois, decapitó a María Estuardo, el trabajo se prolongaba. Lo más probable entonces, era que se decidiese a cortar en cualquier parte hachando a machetazos el espinazo. La sección de la médula abreviaba la agonía.
En su historia de Corrientes, el doctor Florencio Mantilla relata las alternativas del degüello de Pago Largo, de acuerdo a lo que le refiriera un testigo. Dice que alinearon a los prisioneros y los fueron contando. Cada diez sacaban uno y lo degollaban. Cuando llegaron al otro extremo, comenzaron de nuevo en sentido Inverso. La oficialidad de las fuerzas entrerrianas presenciaba el espectáculo, festejando lo que le causaba gracia. También andaba entreverado el mayor Calventos, quien se paseaba sobando cuidadosamente una lonja de, piel fresca:
-Esta se la saqué del lomo a Berón de Astrada.. .
Se dice que con ella fabricó una manea que mandó a Rosas.
En el cuadro de Quirós los degollados aparece con las manos atadas a la espalda y los pies también amagados. Asi se los degollaba más fácil, pues los prisioneros —sobre todo si eran de agallas se defendían como podían.
Por ejemplo, el valiente coronel Chllavert, que murió atacando a sus verdugos a puñetazos y puntapiés, había sido jefe de la artillería rosista en Caseros. Pero Chllavert se resistió por un motivo distinto; Urquiza quiso hacerlo fusilar por la espalda. Cayó acribillado a bayonetazos, golpes de sable y culatazos. Pero no le dio a Urquiza, el gran traidor, el gusto de que lo vieran morir como un traidor, que nunca lo había sido y menos a su Patria. Todo lo que se acaba de relatar causa horror y no es para menos. Pero ello no ha sido algo exclusivo de los argentinos y menos de “los tiempos del rosismo”. Tampoco nuestros comandantes de campaña eran tan refinados cómo para inventar suplicios como los que los hombres de toga mandaron aplicar a Tupac Amarú, condenándolo a ser descuartizado atando sus miembros a cuatro caballos, mientras mandaron cortar la lengua y después degollar a su esposa, sus hijitos y todos los parientes más o menos cercanos. El caballero don Martín de Alzaga, héroe durante las Invasiones Inglesas, mandó aplicar tormento a un pobre infeliz acusado de difundir noticias de la Revolución Francesa. Rodeado de toda la aparatosidad legal y procesal de circunstancias, el verdugo le amarró las manos y le fue introduciendo cuñas de hierro debajo de cada uña. La sesión indagatoria se repitió dos veces. En la primera se le destrozaron las uñas de los dedos de una mano; en la segunda se le mutiló la otra. Encima resultó que el pobre prójimo era inocente.
El ambiente en que se vivió durante el siglo pasado en nuestro país bien pudo producir gente insensible y bárbara. Pero de alguna pasta muy buena debe estar amasado el espíritu de nuestro pueblo cuando, a pesar de ello, jamás permitió un linchamiento ni acepta la pena de muerte y ni siquiera admite que se realicen corridas de toros... No deja de ser alentador este largo camino recorrido por los argentinos desde la frecuentación de esos degüellos que hemos relatado y el respeto por la vida ajena que actualmente forma parte de nuestra modalidad nacional.

viernes, 30 de abril de 2021

Pago Largo.....profanación de los restos de Berón de Astrada

 Por Marcos Azcona

El Gobernador correntino coronel Berón de Astrada reunió a su Ejército en la loca­lidad de Ábalos, organizándolo de la siguiente manera: la infantería de 450 plazas mandada por el coronel Tiburcio Rolón. La artillería estaba servida por dos Compañías a órdenes del teniente coronel Juan Navarro. En la caballería el grueso eran los contingentes milicia­nos, más los Regimientos regulares de Granaderos a Caballo y de Rebajados (veteranos retirados del servicio), el último de los cuales montaba caballos de un solo pelo blanco. Era su jefe el coronel Manuel de Olazábal, secundado por ­los coroneles Vicente Ramírez y José López. Toda la tropa usaba gorros pla­nos con la divisa “Ejército Libertador", y uniforme de color celeste. 

En Entre Ríos su Gobernador el general Echagüe reunía unos 7.000 hom­bres de las tres armas, bien equipados, y reforzado por contingentes de Bue­nos Aires y emigrados orientales. La mayoría de sus integrantes había partici­pado en numerosas acciones de guerra, por lo que su instrucción y disciplina era mejor que la de sus adversarios.

Berón de Astrada contaba con el movimiento que su aliado el general Ri­vera debía efectuar sobre el río Uruguay, amenazando o atacando el llanco de­recho entrerriano. Desgraciadamente para su confianza, Fructuoso Rivera no se movió de sus lejanas posiciones: una total pasividad fue su conducta.  La única provincia que podía haber ayudado a Corrientes, Santa Fe, estaba ya en ma­nos del nuevo Gobernador Juan Pablo López. Al iniciar la campaña, Berón de Astrada y su Ministro Pedro Díaz Colodrero difundieron una proclama fecha­da el 28 de marzo, justificando su actitud, bajo el lema ¡Viva la Federación Ar­gentina! Era una larga expresión de agravios: incriminaba a Rosas haber des­conocido la autonomía de la Provincia de Córdoba, no cumplir el Pacto Federal  su declaración de guerra contra Santa Cruz, y su conducta en la cuestión francesa.  

Para fines de marzo de 1839, ambos Ejércitos enemigos se aproximaron a la frontera que los separaba. El de Corrientes fuerte en alrededor de 5.000 efec­tivos, y el de Entre Ríos en algo más de 6.000.  Ninguna noticia se tenía del general Rivera en el Estado Oriental. El 30 de marzo las fuerzas de Berón de Astrada acampa­ron sobre el camino que conducía a Entré Ríos, cerca de la margen sur del arroyo Pago Largo. Próximos estaban los montes aledaños al río Mocoretá, lí­mite entre ambas provincias.

El día 31 por la mañana, el general Pascual de Echagüe abandonó sus po­siciones, y marchando por el camino indicado, invadió Corrientes, arrollando a la caballería de Ramírez.  Éste se replegó en confusión sobre el Ejército Correntino. Era ya cerca de mediodía y las fuerzas de Berón de Astrada se disponían a comer, cuando tras el primer parte de su vanguardia se pudo escuchar el tiroteo que anunciaba la proximidad del enemigo. Echagüe avanzaba en tres columnas paralelas, y sin variar este dispositivo entró en batalla. El Gobernador de Entre Ríos conducía la columna de la iz­quierda, el general Servando Gómez (oriental) el centro, y el general Justo J. de Urquiza la derecha.  El coronel Vicente Ramírez se retiraba en desorden y lo hizo sobre el ala derecha de sus camaradas, ocasionando confusión en sus filas, pero el centro correntino avanzó disparando sus fusiles y cañones. Pronto la caballería de Corrientes abandonó el campo de batalla con sus jefes Olazábal, Ramírez y López. No ocurrió lo mismo en el centro: allí mu­rieron el propio coronel Berón de Astrada, y los coroneles Navarro y Rolón. La infantería correntina fue dividida, y la que no se entregó prisionera en los primeros momentos, comenzó a retirarse hacia los montes vecinos al río Mo­coretá para buscar la salvación en ellos.

Un grupo de infantes que se rindió primero al norte del arroyo Pago Largo fue rodeado por la caballería entrerriana y pasado a cuchillo.  Un oficial entrerriano de apellido Calvento con una larga tira de cuero blanco que sobaba con empeño, y haciendo gala de su entretenimiento decía rién­dose: ¡Éste es el cuero del salvaje unitario Berón de Astrada!”.  Juan Bautista Botello, quien siendo mozo de 15 años recorrió el campo de batalla tres días después de librada:

"El campo estaba cubierto de cadáveres, en grupos más o menos gran­des: había muchos degollados y también mujeres degolladas. En la costa del arroyo Pago Largo vi muchos muertos. Se hallaba el cuerpo del Gobernador Berón de Astrada, y el del coronel Navarro; ambos sobre un cuero de garras, los dos completamente desnu­dos. El de Berón estaba boca abajo: un cuerpo muy blanco, sin una oreja, y notándose que le habían sacado una lonja como de cuatro dedos de an­cho desde la raíz de la nuca hasta la rabadilla".

El entonces joven oficial de la artillería correntina (luego General oriental) Ventura Rodríguez escribió en sus Memorias que al cadáver del Go­bernador “un tal Calvento le sacó una lonja de la piel de las espaldas para ha­cerle una manea al Restaurador". El general Paz alude durante su campaña en Entre Ríos en 1842 a “un comandante de los tiempos de Artigas y Ramírez, de tristísima celebridad”, que era el teniente coronel Mariano Calvento.  El degüello de prisioneros, que orde­nó el general Urquiza: éste mismo, al tiempo de negar la afrenta al cadáver de Berón, admitió su responsabilidad en lo último.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Genaro Berón De Astrada

Por Horacio Antúnez
El Mártir de Pago Largo, Juan Genaro Berón de Astrada nació el 19 de septiembre de 1801, eran sus padres Juan Vicente Berón de Astrada, trabajador rural de temple valeroso, y María Paula Camelo, moza de hogar, con impresionantes ojos claros, grandes y expresivos, que nuestro prócer, héroe y mártir heredo.    Fray José de la Quintana educó e instruyó a Berón de Astrada. Es oportuno acotar que Fray José, antes de vestir los hábitos franciscanos fue lava copas en una pulpería de Buenos Aires.  Siendo joven, Berón de Astrada trabajó en una casa de comercio de la ciudad y luego en Bs. As. Regreso a Corrientes en 1822, cuando se incorporó al Batallón Cívico. Durante el primer gobierno de Ferré fue ascendido a ALFÉREZ. En 1827 hizo la campaña a Curuzú Cuatiá contra los indios del sur de la provincia. En 1833 fue ascendido a Teniente Coronel. Participó en el levantamiento de RIVERA contra ORIBE en 1836. Fue un joven de recomendables cualidades personales, inteligente, estimado por sus compañeros, de carácter accesible y prudente. Alguna relación vincula a Urquiza, su vencedor, y a Berón de Astrada: jóvenes, los dos fueron modestos empleados de comercio, pero ya hombres los años perfilan sus características diferentes, a Urquiza lo gobierna el pensamiento, a Berón de Astrada el sentimiento: uno es su cerebro, el otro un corazón.  
 BERÓN DE ASTRADA.
En 1837, cuando la legislatura lo designó para reemplazar al gobernador ATIENZA Astrada fue ascendido a Coronel. Tenía 36 años, debió jurar el 16 de enero a las 09,00hs de la mañana, pero solamente lo hizo cinco días después, el 21 a la misma hora, invocando en justificación de la tardanza, estar rodeado de impedimentos... ¿imaginan cuales eran esos impedimentos? Carecía de ropa adecuada para vestir en la trascendente ceremonia de asumir el mando. Hombres como nuestro prócer, héroe y mártir, que coadyuvaron con la patria, que le dieron su organización, sus leyes, su conformación de estado, su independencia, que pelearon y murieron por ella, eran generalmente pobres- lo que hay que resaltar y tener siempre presente en nuestro constante recuerdo.   El 31 de marzo de 1839 se libró la Batalla de Pago Largo en el Departamento de Curuzú Cuatiá, entre el primer ejército libertador de las fuerzas Correntinas al mando del Gobernador Astrada y el de la Confederación, comandado por ECHAGÜE Y URQUIZA. Vencieron los federales, quienes trataron con gran saña a los vencidos. El primer Ejercito Libertador quedó completamente destrozado, perecieron Berón de Astrada y 1900 correntinos más, entre oficiales y tropas. Además cayeron 800 prisioneros que luego fueron degollados, se perdió el archivo de Berón de Astrada, un estandarte, 160 tercerolas o carretas y 4000 caballos.
Los datos históricos dicen que llegado el día del combate, Genaro Berón de Astrada se encontraba sereno y entusiasta, a la vez que con la grandeza profunda de su causa, creía con fe intensa en la justicia, en la razón que lo acompañaba. Así, recorrió montado en su hermoso caballo bayo el frente de sus tropas, arengándolas con frases ardientes y bravas.
La batalla duró cuarenta y cinco minutos. El cuerpo sin vida del Gobernador no fue respetado ni considerado su honor y jerarquía; una vez muerto en el campo de batalla, su cuerpo tenía18 lanzazos, fue mutilado, los oficiales federales por orden de Urquiza le sacaron una oreja y una lonja de piel de su espalda, con que luego hicieron una manea para obsequiar al Brigadier Gral Rosas quien la usaría en su caballo.
Este mes de marzo se cumple 180 años de su muerte en el campo de batalla, son recordadas las palabras dichas a sus hombres en momentos que se dio cuenta que estaba todo perdido, que la derrota era inminente. ”He venido a vencer o morir”. Alguien, no se sabe quién, dícese que fue un humilde sacerdote quien arriesgo la vida, una vez finalizado el combate escondió el cuerpo destrozado y a fin de que no cayera en las manos asesinas de los triunfadores, lo seccionó colocando los pedazos en una bolsa con cal y en esa forma los condujo, a caballo, desde Curuzú Cuatiá hasta Corrientes. Llegó tarde; esperó que se hiciera de noche y cerca de las doce, entregó los despojos a la dos hermanas de nuestro prócer, héroe y mártir, permitiéndoles a las señoritas Niella que cortaran unos cabellos de la hermosa cabeza destrozada, luego estas piadosas mujeres lo trasladaron al cementerio de La Cruz, colocándolo en el sepulcro junto a su madre. Los restos del Mártir Berón de Astrada descansan en la iglesia Catedral de Corrientes

  

jueves, 28 de diciembre de 2017

Genaro Berón de Astrada y la Batalla de Pago Largo

Por Martiniano Ruiz Moreno



Al producirse el Bloqueo francés al Río de la Plata el gobernador Correntino Genaro Berón de Astrada intento llegar a un entendimiento con la flota francesa a través del ministro santafesino Cullen pero todo quedó en nada a la muerte del gobernador Estanislao López.  Berón de Astrada se alzó contra el Restaurador, con la anuencia del congreso provincial, el 28 de diciembre de 1838.  Firmó un tratado de alianza con los emigrados unitarios de Montevideo y con el general  Fructuoso Rivera. Éste forzó la renuncia al gobierno del general Oribe, mientras Berón organizaba un ejército de unos 5.000 hombres, cerca de Curuzú Cuatiá, en el sur de la provincia.  Falto de oficiales experimentados — los únicos con los que contaba eran el general Olazábal y algunos tuvichás (caciques) guaraníes — enfrentó al gobernador entrerriano Echague en la Batalla de pago Largo. Este, que contó con la participación clave del entonces coronel Urquiza, lo derrotó completamente en una cruenta batalla, en la que resultaron muertos varios oficiales y muchos cientos de soldados.  Al ver la derrota, Berón de Astrada huyó, pero fue alcanzado y muerto. 
El 31 de marzo de 1839 se libró la Batalla de Pago Largo en el Departamento de Curuzú Cuatiá, entre el primer ejército libertador de las fuerzas Correntinas al mando del Gobernador Astrada y el de la  Confederación Argentina, comandado por ECHAGÜE Y URQUIZA. Vencieron los federales, quienes trataron con gran saña a los vencidos. El primer Ejercito Libertador quedó completamente destrozado, perecieron Berón de Astrada y 1900 correntinos más, entre oficiales y tropas. Además cayeron 800 prisioneros que luego fueron degollados, se perdió el archivo de Berón de Astrada, un estandarte, 160 tercerolas o carretas y 4000 caballos.
Los datos históricos dicen que llegado el día del combate, Genaro Berón de Astrada (1801-1839) se encontraba sereno y entusiasta, a la vez que con la grandeza profunda de su causa, creía con fe intensa en la justicia, en la razón que lo acompañaba. Así, recorrió montado en su hermoso caballo bayo el frente de sus tropas, arengándolas con frases ardientes y bravas.

Juan Genaro Beron de Astrada.jpg La batalla duró cuarenta y cinco minutos. El cuerpo sin vida del Gobernador no fue respetado ni considerado su honor y jerarquía; una vez muerto en el campo de batalla, su cuerpo tenía18 lanzazos, fue mutilado, los oficiales federales, supuestamente cumpliendo órdenes de Urquiza, le sacaron una oreja y una lonja de piel de su espalda, con que luego hicieron una manea para obsequiar al Restaurador Rosas quien la usaría en su caballo.
El "Mártir de Pago Largo", Juan Genaro Berón de Astrada nació el 19 de septiembre de 1801, eran sus padres Juan Vicente Berón de Astrada, trabajador rural de temple valeroso, y María Paula Camelo, moza de hogar, con impresionantes ojos claros, grandes y expresivos, que nuestro prócer, héroe y mártir heredo.    Fray José de la Quintana educó e instruyó a Berón de Astrada. Es oportuno acotar que Fray José, antes de vestir los hábitos franciscanos fue lava copas en una pulpería de Buenos Aires.    Siendo joven, Berón de Astrada trabajó en una casa de comercio de la ciudad y luego en Bs. As. Regreso a Corrientes en 1822, cuando se incorporó al Batallón Cívico. Durante el primer gobierno de Ferré fue ascendido a ALFÉREZ. En 1827 hizo la campaña a Curuzú Cuatiá contra los indios del sur de la provincia. En 1833 fue ascendido a Teniente Coronel. Participó en el levantamiento de RIVERA contra ORIBE en 1836. Fue un joven de recomendables cualidades personales, inteligente, estimado por sus compañeros, de carácter accesible y prudente. Alguna relación vincula a Urquiza, su vencedor, y a Berón de Astrada: cuando jóvenes, los dos fueron modestos empleados de comercio, pero ya hombres los años perfilan sus características diferentes, a Urquiza lo gobierna el pensamiento, a Berón de Astrada el sentimiento: uno es su cerebro, el otro un corazón.
En 1837, cuando la legislatura lo designó para reemplazar al gobernador ATIENZA Astrada fue ascendido a Coronel. Tenía 36 años, debió jurar el 16 de enero a las 09,00hs de la mañana, pero solamente lo hizo cinco días después, el 21 a la misma hora, invocando en justificación de la tardanza, estar rodeado de impedimentos... ¿imaginan cuales eran esos impedimentos? Carecía de ropa adecuada para vestir en la trascendente ceremonia de asumir el mando. Hombres como nuestro prócer, héroe y mártir, que coadyuvaron con la patria, que le dieron su organización, sus leyes, su conformación de estado, su independencia, que pelearon y murieron por ella, eran generalmente pobres- lo que hay que resaltar y tener siempre presente en nuestro constante recuerdo.
Este mes de marzo se cumple 179 años de su muerte en el campo de batalla, son recordadas las palabras dichas a sus hombres en momentos que se dio cuenta que estaba todo perdido, que la derrota era inminente. ”He venido a vencer o morir”. Alguien, no se sabe quién, dícese que fue un humilde sacerdote quien arriesgo la vida, una vez finalizado el combate escondió el cuerpo destrozado y a fin de que no cayera en las manos asesinas de los triunfadores, lo seccionó colocando los pedazos en una bolsa con cal y en esa forma los condujo, a caballo, desde Curuzú Cuatiá hasta Corrientes. Llegó tarde; esperó que se hiciera de noche y cerca de las doce, entregó los despojos a la dos hermanas de nuestro prócer, héroe y mártir, permitiéndoles a las señoritas Niella que cortaran unos cabellos de la hermosa cabeza destrozada, luego estas piadosas mujeres lo trasladaron al cementerio de La Cruz, colocándolo en el sepulcro junto a su madre. Los restos de Genaro Berón de Astrada descansan en la iglesia Catedral de la Provincia.

jueves, 1 de junio de 2017

Brigadier Gral Pascual Echague

por el Profesor Jbismarck
Nació en Santa Fe en 1797.  En 1818 se graduó de Dr. en teología en la Universidd de Córdoba. Fue maestro por poco tiempo, y después secretario y luego ministro del gobernador Estanislao López. Representó a su provincia en la firma de los tratados de 1823 con Entre Ríos, y el Pacto Federal de enero de 1831.   Se unió al ejército por primera vez en la campaña de 1829 contra los unitarios de Lavalle, luchando en Puente de Márquez. Acompañó al ejército contra córdoba, y fue el encargado de negociar la rendición de la capital tras la prisión del general Paz, influyendo en el buen trato que se les dio a los prisioneros.   Pasó por primera vez a Entre Ríos en diciembre de 1831, enviado por López para imponer la paz en la provincia.  Fue electo gobernador en 1832.  Habría que ponerse a revisar si existe otro caso similar al de Pascual Echagüe, que fue gobernador de dos provincias y de manera LEGAL (no de facto como por ejemplo Paz) 
 Resultado de imagen para pascual echague
Pero el caso de Don Pascual es muy llamativo, porque gobernó primero Entre Ríos entre 1832 y 1841, para pasar después a dirigir su provincia natal, Santa Fe, desde 1842 a 1851. Es decir que, por casi veinte años, fue mandatario en forma casi ininterrumpida en la región del Litoral. Lo más llamativo es que quien se mantuviera en tan relevante posición política durante tanto tiempo no contó, como López en Santa Fe o Urquiza en Entre Ríos, con un poder propio. Fue promocionado al gobierno de Entre Ríos por Estanislao López en 1832 y, cuando tomó distancia de éste, hacia 1836, se sostuvo con el apoyo de Juan Manuel de Rosas.    El hombre fuerte de Buenos Aires fue quien lo llevó a la gobernación de Santa Fe después de mandarlo con tropas suficientes como para deponer a su nuevo enemigo, don Juan Pablo López, cuando aún se disputaba la sucesión política de Estanislao López, fallecido en junio de 1838. Todavía habría de tener Echagüe oportunidad de gobernar una tercera provincia en 1859, cuando actuó como interventor nacional en Mendoza, designado por el gobierno de la Confederación.  Fue descripto por sus contemporáneos como un hombre moderado y mereció menciones elogiosas de Sarmiento, del General Paz, su adversario en Caaguazú, y de Garibaldi, quien fue su prisionero. Rosas le aplicó el mote de “Badana” en referencia a su lenidad, que contrastaba con las prácticas violentas de hombres tan notorios como el mismo Rosas, Oribe, Urquiza o Quiroga.   Teniendo en cuenta su tiempo y sus circunstancias, la obra administrativa de Echagüe en Entre Ríos fue progresista. Saneó las finanzas, mejoró la recaudación fiscal, fomentó la educación, tomó medidas aduaneras en concordancia con la ley de Rosas, fundó las ciudades de La Paz y Diamante, habilitó el puerto de Concordia, diseñó la bandera provincial, practicó reformas al Estatuto de la provincia, reorganizó la Justicia y las comandancias militares, instaló una imprenta y propició la edición de libros y periódicos. 
 Resultado de imagen para pascual echague
Se enfrentó al separatismo correntino: Durante casi tres años de guerra, Echagüe derrotó primero a Berón de Astrada en Pago Largo en 1839, pasó después al Uruguay y se enfrentó con Rivera en Cagancha, sin resultado definido, y regresó para confrontar con Lavalle en Don Cristóbal y Sauce Grande, sin poder impedir que cruzara Entre Ríos en su marcha hacia Buenos Aires. Volvió a invadir Corrientes, pero el cordobés general unitario Paz lo venció el 28 de noviembre de 1841, en Caá guazú. La caballería entrerriana no pudo maniobrar y se perdió casi completa. Echagüe renunció a su cargo de gobernador y se refugió en Buenos Aires. En su lugar fue nombrado Urquiza
Al pasar a gobernar la provincia de Santa Fe, después de vencer a Juan Pablo López, Echagüe procuró no fomentar los enfrentamientos y propició la amnistía política. Continuó aplicando medidas progresistas en materia educativa y cultural, para lo que fundó una biblioteca, un establecimiento de educación preparatoria y varios periódicos que contaron con protección oficial. Tuvo que rechazar una invasión de Juan Pablo López en 1845 y ese mismo año coordinó con Rosas las acciones defensivas contra la flota anglofrancesa que produjeron los combates de la Vuelta de Obligado y de la Angostura del Quebracho, este último en la ribera santafesina.   Después del Pronunciamiento de Urquiza en 1851, y cuando avanzaba el Ejército Grande, Echagüe se dirigió a Buenos Aires con muy pocos hombres. Acompañó a Rosas al destierro y, luego de recorrer parte de Europa, regresó en 1854 convocado por el presidente Urquiza. Durante su ausencia, su familia se había instalado en Paraná, ya que en Santa Fe sus bienes estuvieron bajo embargo hasta 1857.  Radicado nuevamente en Entre Ríos, Echagüe formó parte del Congreso de la Confederación como senador por Catamarca hasta 1861. Fue además, como queda dicho, interventor en Mendoza en 1859, convencional constituyente por La Rioja en 1860 y senador por Santa Fe cuando, paralelamente, se desempeñaba como ministro de Guerra del presidente Derqui, en el momento de la crisis consecuente de la batalla de Pavón.   Los vínculos de Pascual Echagüe con la provincia de Entre Ríos fueron muy sólidos y se prolongaron después de su mandato. Al regreso del exilio hizo de Paraná su residencia permanente, aunque, después de Pavón, vivió parte de su retiro en su estancia San Gabriel, en el departamento La Paz, donde falleció en julio de 1867. Sus restos fueron sepultados en la ciudad de Paraná, donde se encuentran actualmente.