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jueves, 14 de julio de 2022

Perón entre la sangre y el tiempo: los días previos al golpe de 1955

Por Facundo Giampaolo
A principios de 1955, la caída del gobierno constitucional que presidía el general Juan Domingo Perón era impensada. La prensa internacional se hacía eco de la situación argentina y el diario estadounidense The New York Times comentaba en su editorial del 5 de febrero de 1955 que los opositores a Perón tenían nulas chances de poder sacarlo del gobierno como tanto anhelan. El líder justicialista contaba, en primer término, con gran apoyo popular en los sectores obreros y de clase media y también controlaba el Ejército, el Poder Legislativo, el Poder Judicial y la mayoría de la prensa oral y escrita, analizaba el prestigioso diario. Además, unos meses antes, en abril de 1954, Perón había propuesto por primera vez en la historia que se eligiera por votación el cargo de vicepresidente, que había quedado vacante dos años antes con la muerte de su compañero de fórmula Hortensio Quijano, que no llegó a asumir. El candidato peronista a la vicepresidencia fue Alberto Teisaire y el candidato opositor fue el radical Crisólogo Larralde. El resultado fue contundente: el peronismo arrasó en las urnas con el 64% de los votos contra el 32% de Larralde. Se trataba de un formidable respaldo al gobierno en las primeras elecciones sin Evita, fallecida en 1952. 
En materia económica, los salarios de los trabajadores eran los mejores de la historia argentina y la inflación, que había tenido un pico fuerte en 1953, logró ser dominada con una fuertísima campaña contra el agio y la especulación. Sin embargo, a finales de 1954, desde el Vaticano habían ordenado la creación del partido Demócrata Cristiano en diversos países de América Latina, incluido en la Argentina. En esta circunstancia, Perón entendió que el Vaticano y la jerarquía católica argentina querían crear un partido opositor para derrocarlo. Por aquellos días, el presidente mantuvo una reunión con el cura jesuita Hernán Benítez, quien le dijo que no le diera importancia al nuevo partido político porque no tenía chances electorales y que se trataba de una provocación de los obispos. Perón no tomó en cuenta los consejos del antiguo confesor de Evita y el gobierno entró en un conflicto con la curia católica, que se fue acrecentando mes tras mes.  La oposición, que no tenía chances de ganarle electoralmente al peronismo, aprovechó el conflicto y se hizo más católica que nunca y, junto a los obispos, comenzaron a incitar a sectores de la Fuerzas Armadas para que derrocaran al gobierno constitucional. En abril de 1955, varios funcionarios peronistas abandonaron el gobierno, en disidencia con la postura de Perón con el clero. Uno de ellos fue el joven ministro de Comercio, Antonio Cafiero, que cambió al presidente por la Iglesia y se fue del gobierno. Desde los púlpitos de las iglesias se llamaba a derrocar al gobierno mientras que desde los sindicatos se convocaba a defenderlo hasta el último aliento. El 11 de junio de 1955, la escalada de enfrentamiento llegó a su punto máximo cuando la Iglesia convirtió la tradicional procesión de Corpus Christi en un acto opositor, en el que reunió 50 mil católicos. En la marcha, grupos de la Acción Católica llegaron al Congreso y quemaron la bandera argentina, al mismo tiempo que izaron la bandera del Vaticano y arrancaron una plaqueta en homenaje a Eva Perón.
La CGT llamó a un paro general para el 14 de junio en apoyo al gobierno y a un acto en la Plaza de los dos congresos, en desagravio al panteón nacional y a Eva Perón. La situación en la República Argentina hacía presagiar el inminente estallido de una rebelión contra Perón, que tenía como objetivo derrocarlo y aniquilar todas las conquistas sociales que el peronismo había logrado para los sectores más humildes. El 16 de junio de 1955 a las 12:40, 34 aviones de la Marina de Guerra iniciaron el bombardeo y ametrallamiento sobre Plaza de Mayo con el único objetivo de matar al presidente, el general Perón. Si bien no lograron su cometido, este brutal ataque dejó un saldo de más de 350 muertos y más de 1.000 heridos. Una vez fracasada la asonada golpista, Perón analizó la situación con sus generales leales, Franklin Lucero, Arnaldo Sosa Molina, José Embrioni y el gobernador de Buenos Aires, Carlos Aloé. A ellos se sumaron más generales y coroneles que exigieron la pena de muerte para los sublevados. Perón se negó terminantemente a que hubiera más sangre en la Argentina y también se negó a aplicar la pena capital a los responsables de los bombardeos. Pero no solo eso: ordenó al jefe de la Policía Federal, Miguel Gamboa, llenar la ciudad de cientos de policías para que no hubiera más incidentes y controlar a los miles de peronistas con sed de venganza. El presidente no solo no fusiló a nadie, sino que en un discurso radial por cadena nacional pidió por la paz y la unidad nacional, y manifestó, entre otras cosas, que la revolución peronista había finalizado. “Comienza ahora una nueva etapa que es de carácter constitucional, sin revoluciones porque el estado permanente de un país no puede ser la revolución. Yo dejo de ser el jefe de una revolución para pasar a ser el presidente de todos los argentinos, amigos o adversarios”, expresó.  Sus adversarios eran los mismos que habían inundado la Plaza de Mayo con cadáveres, que se envalentonaron cuando vieron a un Perón débil y continuaron conspirando, ya que entendían que el presidente estaba muy debilitado. El General promovió un recambio ministerial influido por sus camaradas de armas, quienes le solicitaron ministros más moderados. Renunciaron Ángel Borlenghi, Armando Méndez San Martín, Jerónimo Remorino y Raúl Apold, entre otros. La pacificación que planteaba Perón dio lugar a que los principales dirigentes opositores se expresaran en radio, por cadena nacional. Las voces del radical Arturo Frondizi, el conservador Vicente Solano Lima y el socialista Alfredo Palacios aparecieron en todas las radios argentinas y no hubo condena alguna al magnicidio del 16 de junio y, por el contrario, culparon al presidente de lo sucedido y exigieron su renuncia. Durante agosto de 1955, los comandos civiles antiperonistas continuaron con los actos de sabotaje contra el gobierno y no aceptaron ninguna tregua. Perón, sintiéndose acorralado por una oposición violenta y golpista que no le aceptó la tregua, hizo una de sus jugadas favoritas. El 31 de agosto presentó ante la CGT y el partido peronista su renuncia a la primera magistratura del país. Inmediatamente, la CGT decretó el cese de actividades y la movilización a Plaza de Mayo. Cerca de las 18 horas, millares de trabajadores se habían reunido en la histórica plaza para que Perón permaneciera en la presidencia. Allí, en un durísimo discurso, el General rompió la tregua y decidió continuar en el gobierno. El 7 de septiembre, la CGT ofreció reservas voluntarias para defender la legalidad, Perón rechazó formar milicias obreras, un hecho que hubiera cambiado el curso de la historia argentina del siglo XX.
La Marina de Guerra, que tres meses atrás había bombardeado la Casa de Gobierno, siguió conspirando y, ante el temor de que Perón formara las milicias obreras y que la institución naval fuese desmantelada, buscó poner fecha a un nuevo levantamiento militar contra el presidente. Sin embargo, antes se aseguraron de sumar miembros del Ejército al complot, como los generales Eduardo Lonardi, Pedro Aramburu y el converso Videla Balaguer. La fecha elegida para el levantamiento militar fue el 16 de septiembre de 1955 con Eduardo Lonardi y el contraalmirante Isaac Rojas como los jefes del golpe, al que llamaron Revolución Libertadora. En las primeras horas del 16, los golpistas se habían hecho fuertes en la provincia de Córdoba, donde tomaron varias guarniciones militares de la provincia, radios y, después de arduos combates con la policía cordobesa, tomaron la Casa de Gobierno y diversas instalaciones gubernamentales. A pesar de lo que sucedía, el panorama para el gobierno era alentador y, salvo Córdoba, el resto de las guarniciones militares se mantenían leales al gobierno. En Corrientes, Aramburu quiso sublevar la guarnición de Curuzú Cuatiá y fue reprimido por los suboficiales peronistas. Por el otro lado, las tropas leales a Perón eran comandadas por el general Lucero, que entre el 17 y 18 de septiembre encargó al general Ángel Miguel Iñíguez cercar a los rebeldes de Córdoba y al general Juan Eriberto Molinuevo encargarse de los marinos. Los golpistas se sintieron acorralados y amenazaron con bombardear la destilería de petróleo de Dock Sud y bombardear Mar del Plata. Perón tenía presente los recientes recuerdos del bombardeo naval de junio y sabía que no iban a titubear en masacrar de nuevo a la población civil. El presidente llegó al ministerio de Ejército el 19 de septiembre a las 5:30 y se reunió con los generales Lucero, Molina, Whirth y el gobernador de Buenos Aires Aloé, a quienes les anunció que renunciaría al cargo presidencial si fuese necesario para alcanzar la paz y la concordia nacional. Los generales leales le explicaron el panorama favorable en el plano militar y le informaron que el general Iñiguez se encontraba en Alta Gracia, dispuesto al asalto final sobre Córdoba. Perón les agradeció su lealtad, pero les expresó que no quería la muerte de miles de inocentes y la destrucción de costosísimas obras si se producía el anunciado bombardeo de la marina rebelde. Además, les recordó a sus generales el miedo a una guerra civil como la española, que terminó con una España pobre y devastada, y el miedo a un nuevo bombardeo indiscriminado contra una ciudad abierta, sometida a la acción de cañones navales y bombas aéreas. Perón les recordó que en “la doctrina justicialista, primero está la patria, segundo el movimiento y, por último, los hombres”. “Es hora de cumplirla”, dijo. El ministro de Ejército, Lucero, convocó a una junta de generales, a los que les comunicó que, ante la amenaza del bombardeo a la Ciudad de Buenos Aires, el general Perón renunciaría al cargo de presidente de la República y les daría la potestad de negociar un cese de hostilidades con los sediciosos. Dicha junta de generales aceptó la dimisión de Perón. Lamentablemente, muchos militares leales a la constitución creyeron en un pacto de honor entre militares y, al poco tiempo de llegar sus camaradas al gobierno, se dieron cuenta del gravísimo error de entregarle el gobierno a Lonardi y Rojas. Perón se asiló en la embajada del Paraguay prácticamente solo dado que la CGT y el partido peronista, comandado por Alejandro Leloir, no convocaron a una huelga general. Tampoco hicieron una manifestación en apoyo al presidente, dejándolo en un estado de soledad absoluta.     “Mire mi hijo, entre la sangre y el tiempo, prefiero el tiempo. Si he sido malo no volveré, pero si he sido bueno voy a volver”, manifestó Perón asilado en la embajada paraguaya a su ayudante, el mayor Cialceta.
Finalmente, Perón no estaba equivocado y retornó al país el 17 de noviembre de 1972. Casi un año más tarde, el 12 de octubre de 1973 asumió por tercera vez la presidencia de la República, con un mensaje para las generaciones futuras argentinas: “Para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino”.

lunes, 4 de mayo de 2020

El Peronismo II

Por Julio R. Otaño
María Eva Duarte (1919-1952), política y actriz argentina, segunda esposa de Juan Perón. Nacida en Los Toldos (Buenos Aires), Juan Domingo Perón y María Eva Duarte se conocieron en una función a beneficio de los damnificados por el terremoto de San Juan (enero de 1944), y poco tiempo después comenzaron a vivir juntos.
En una sociedad prejuiciosa y estructurada, ambos debieron haberse sentido «diferentes »; Perón por ser hijo «natural» igual que su hermano mayor y Evita, cuya madre nunca estuvo casada con su padre, sino que era, junto con sus cuatro hermanos, hija de una relación «ilícita» (su padre estaba casado con otra mujer, en otra ciudad). Eva buscó apoyo para su marido durante la campaña presidencial, logrando con ello una gran popularidad personal. Tras la investidura presidencial de Juan Domingo Perón (1946), comenzó a desempeñar un papel muy activo en el gobierno, convirtiéndose en su enlace con los sindicatos, creando la Fundación de Ayuda Social Eva Perón y organizando la rama femenina del partido peronista. En 1949, 'Evita' (como se la llamaba cariñosamente) ya era la segunda figura más influyente de Argentina y la más querida por las clases trabajadoras, a las que llamaba los 'descamisados'. Aunque nunca llegó a ostentar un cargo oficial, en la práctica fue responsable de los ministerios de Sanidad y Trabajo. 
A 100 años del nacimiento de Evita, la carta de amor de Juan Perón ... Juan Domingo Perón político en la encuesta - la opinión pública en ...
 Adorada por sus seguidores, en su mayoría clases obreras, fue en cambio odiada por sus rivales, la elite tradicional, que se sintieron ofendidos cuando cortó las subvenciones gubernamentales a la Sociedad de Beneficencia.  Logró la sanción de los derechos políticos de las mujeres. La quisieron hacer vicepresidente en 1951, apoyada por la Confederación General del Trabajo (CGT) pero el Ejército la obligó a retirar su candidatura. Además, estaba muy enferma.  Murió en Buenos Aires en 1952 a los 33 años.   
La república se oscureció bajo un luto sofocante; el dolor de las grandes masas se mezcló con el servilismo de los eternos adulones. José Espejo, secretario de la CGT propuso cuando el pobre cadáver embalsamado ya pedía reposo, velarla por turno en todas las capitales de provincia. Perón ordenó sepultarla. Eva tuvo paz por fin.
El traslado de su cadáver a Italia y más tarde a Madrid (España) tras su secuestro por militares, hizo crecer su figura mítica dentro del pueblo argentino.  En 1975, María Estela Martínez de Perón, la tercera esposa de Juan Domingo y entonces presidenta de Argentina, hizo trasladar los restos de Evita nuevamente a su país.
 La Constitución de 1949
El 08 de septiembre de 1947 se sancionó de 1947 la ley 13.010 del voto femenino, por medio del cual las mujeres obtuvieron los mismos derechos políticos que los hombres y quedaron sujetas a las mismas obligaciones cívicas, debiendo ser empadronadas y documentadas mediante la libreta cívica.  Por medio de esta ley se incorporaron a la vida política 3.816.654 mujeres sufragantes que votaron por primera vez en 1951.
Los primeros antecedentes corresponden a proyectos socialistas olvidados y hubo también hacia 1927 en la provincia de San Juan una primera experiencia durante la gestión de gobierno del doctor Cantoni.  El 3 de septiembre de 1948 Perón anunció al país la próxima reforma de la Constitución Nacional.  El 24 de enero de 1949 quedó constituida la Convención Reformadora, presidida por el coronel domingo Mercante.  La oposición negó la validez del cuerpo legislativo y se retiró de la Convención. Por lo tanto el 09 de marzo de 1949 se aprobaron sin discensos las reformas propuestas.  Las principales reformas incorporadas incluían los derechos del trabajador, la familia y la ancianidad, el derecho a la propiedad privada con una función social y el capital al servicio de la economía nacional.   Por el artículo 40 se nacionalizaban los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas y las demás fuentes de energía exceptuando los vegetales. Nacionalizaba también los servicios públicos y prohibía su enajenación o concesión a particulares.
No estableció un monopolio rígido estatal sino que prohibió el lucro privado permitiendo sociedades mixtas o cooperativas.  En el plano político permitía la reelección presidencial y constituía también a la Suprema Corte de Justicia como un tribunal de casación.  Establecía, también, que el voto para presidente debía ser directo.
La reelección presidencial  con sufragio femenino, la fórmula Perón-Quijano obtuvo el 62,5% de los votos, la totalidad de los senadores y el 90% de los diputados. El espectacular triunfo de 1952 se vio enturbiado por la muerte de Evita el 26 de julio, a los 33 años de edad, por un cáncer de útero
Las nacionalizaciones; El significado de la política económica de Perón se puede analizar mucho mejor por contraste con la del gobierno anterior: durante la Década Infame el Banco Central, estaba dominado por capitales privados, muchos de los cuales eran de origen británico, y no tenía la capacidad de dar préstamos al gobierno argentino. Con Perón (antes de su presidencia pero bajo su influjo) se nacionalizó el Banco Central, y sus fondos fueron dispuestos en función de la economía nacional.  Los ferrocarriles británicos a pesar del tiempo, no habían perdido su importancia decisiva para una política de soberanía y de remodelación del país.  Constituían una palanca decisiva de la vida económica argentina: a través de su política tarifaría regulaba la prosperidad o la agonía de cualquier región de la república.    Además, desde las locomotoras hasta los más insignificantes artículos sanitarios debían ser adquiridos en Reino Unido.  Cuando el gobierno peronista menciona su compra un verdadero clamor se elevó desde las tribunas antinacionales: “Perón había pagado una fortuna por ese hierro viejo”.  La situación de Reino Unido no era justamente la mejor: su deuda externa como consecuencia de la guerra ascendía a 1.900 millones de libras esterlinas.  El gran economista Keynes antes de morir aconsejó la depreciación de la libra y el control de cambios. Además de una gracia de 10 años para comenzar a abonar la deuda. En tales circunstancias la deuda bloqueada de Reino Unido con nuestro país ascendía a 250 millones de libras, las que podrían servir como moneda de pago para los  ferrocarriles, además, expiraba pronto la ley Mitre.   Los británicos lograron la concesión de abastecimientos de carne por un periodo de 18 meses.     Sir Montague Eddy señalo “Me voy de esta tierra en la que tanto he trabajado. Con nosotros se va una página de Historia, pero no he de ser yo, no tendré tiempo”.   Un historiador contemporáneo Skupch señaló: “La nacionalización aparece como una medida de defensa de la industria nacional surgida durante la guerra sobre la base de la sustitución de importaciones, en gran medida británicas, dentro de la estrategia de industrialización".  Como señalo Scalabrini Ortíz: “Argentina había comprado soberanía”.  La argentina no solo adquiría los ferrocarriles con la nacionalización.   En la compra se adquirían varios puertos, entre ellos dos en Bahía Blanca, las empresas eléctricas y de aguas corrientes, los tranvías, empresas empacadoras de frutas de Río negro, campos petrolíferos y destilerías de comodoro Rivadavia, los expresos Villalonga Furlong, campos, chacras,hoteles, terrenos de un enorme valor y gran cantidad de edificios. Al nacionalizarse los ferrocarriles un empleado encargado de preparar los inventarios en las oficinas de los ferrocarriles, encontró en una caja de hierro un paquete con toda las acciones de la editorial Haynes, propietaria de revistas, radios, etc. Y el diario “El Mundo”. Era la “yapa”.   De esta forma gobernaban la opinión pública 
Un Estado nuevo - 631 - El Orden PeronistaHistoria Argentina - El peronismo - Primera presidencia de Perón ...Instituto Argentino de Promoción del Intercambio - Wikipedia, la ...
En materia cerealera se creó el IAPI (Instituto argentino para la promoción del intercambio) Su objeto era terminar con los acopiadores: 180.000 chacareros y colonos eran explotados por 3.000 acopiadores, que a su vez dependían de 4 firmas exportadoras: Bunge y Borne, Dreyfus, Cereal del Plata y De Ridder. A través del IAPI el Estado protegió los precios de los productores; se reservó las ganancias  absorbidas por los monopolios y las utilizo para financiar otras obras de interés público; finalmente, cuando los precios bajaron en Europa, el IAPI trabajó a pérdida, para defender el ingreso del productor argentino.   Luego siguieron otras nacionalizaciones, como la de los teléfonos (comprados a la ITT, Internacional Telegraph and Telephone), Gas del Estado –a la que se impulsó construyendo un gasoducto desde Comodoro Rivadavia– distintas compañías de electricidad y servicios públicos. Las empresas que ya eran nacionales, incrementaron su patrimonio, como la Flota Mercante. Perón compró los barcos de la compañía privada de navegación Dodero y adquirió buques-tanques petroleros para YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales).  Además construyó una destilería en La Plata, creó la empresa estatal Aerolíneas Argentinas, construyó el Aeropuerto de Ezeiza, nuevos aeródromos y aeropuertos en las provincias.  Se crea la fábrica militar de aviones de Córdoba que reclutó diseñadores, ingenieros y pilotos alemanes que habían trabajado en la industria aeronáutica nazi y construyeron el Pulqui II. También produjo vehículos nacionales (el rastrojero, el auto «Justicialista», jeep y camiones para el ejército, tractores y la moto Puma).
Elecciones de 1952: Los partidos opositores presentaron las siguientes fórmulas:     * Conservadores: Reinaldo Pastor - Vicente Solano Lima      * Socialista: Alfredo Palacios - Américo Ghioldi    * Demócratas Progresistas: Luciano Molinas - J.J. Díaz Arana       *  Comunistas: Rodolfo Ghioldi - Alcira de la Peña      * Unión Cívica Radical: Ricardo Balbín - Arturo Frondizi Los últimos tramos de la campaña estuvieron marcados por el agravamiento de la salud de Evita, quien poco antes de los comicios tuvo que internarse. El 11 de noviembre del mismo año se efectuó el acto eleccionario con los siguientes resultados: La fórmula Perón-Quijano obtuvo 4.745.157 votos (62%) contra el candidato de la U.C.R. que cosechó 2.406.050 (32%). El resto de los participantes llegaron, en conjunto, al 4% de los sufragios.  Por primera vez las mujeres votaron en el país, y lo hicieron mayoritariamente por el peronismo, en una proporción que relativamente había superado al voto masculino. También, con esta elección llegaron por primera vez mujeres al Congreso: 6 en el Senado y 21 en Diputados, todas de extracción peronista.
 LA REVOLUCIÓN SANITARIA: El Dr. Ramón Carrillo (1906–1956)
Nació el 7 de marzo de 1906, en la ciudad de Santiago del Estero.  Se recibió de médico, en 1929, con medalla de oro, siendo su especialidad el campo de la cirugía del sistema nervioso. Alterna, por esos años, su formación científica con su sólida formación humanista, cultural y política. Entabla una entrañable amistad con Homero Manzi. Políticamente abreva en el nacionalismo de la década del 30: advierte que somos un país cultural y económicamente colonial.  En 1930, obtuvo la Beca Universitaria de Buenos Aires para perfeccionar sus estudios en París, Ámsterdam y Berlín, regresando a Buenos Aires, en 1933, en plena “Década Infame”.
A partir de 1939, se hace cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central. En el año 1942, quedó vacante la cátedra de profesor titular de Neurocirugía de la Facultad de Ciencias Médicas porteña. Se llamó a concurso y lo gana Carrillo. Tenía tan solo 36 años.  El 4 de junio de 1943 se produce la revolución militar que derrocó el régimen conservador que presidía Castillo. En 1944, Carrillo conoce al coronel Juan Perón y acepta la oferta de este para colaborar con el gobierno militar en la planificación y organización de la política sanitaria. Allí empieza una asociación que durará diez años, entre Perón y Carrillo.  Hasta ese momento, la medicina era considerada tradicionalmente como una profesión y actividad privada, destinada al enfermo individual. El país presentaba un estado sanitario deplorable.  La mortalidad infantil alcanzaba índices similares a los que se registraban en los países europeos en guerra. La tuberculosis, el paludismo, la fiebre amarilla y la enfermedad de Chagas, extendidos en amplias regiones y sectores de la población, eran enfermedades endémicas no afrontadas social y sistemáticamente. Nac&Pop | RAMÓN CARRILLO: FUNDADOR DE LA MEDICINA SOCIALmancuso: RAMÓN CARRILLO: MEDICINA Y POLÍTICA Cinco leprosarios aislaban sólo a la décima parte de los afectados. Los enfermos mentales sobrevivían recluidos y hacinados en establecimientos anacrónicos.  Al hacerse cargo de la Secretaría, luego convertida en Ministerio decidió revertir esta situación. Trabajó en ello, incansablemente, durante ocho años coronando con éxito su propósito. “Los médicos debemos pensar socialmente”. “La medicina social es activa, dinámica, y debe ser necesariamente preventiva”. Los logros más significativos de su gestión estuvieron vinculados con las campañas masivas de carácter nacional para erradicar enfermedades endémicas.  El ejemplo mayor los constituyó el paludismo, que diezmaba a la población del noreste del país, en tres años la enfermedad fue derrotada en una acción que tuvo repercusión internacional.   Campañas similares se desarrollaron contra los brotes de fiebre amarilla en la frontera con Bolivia, las enfermedades venéreas, la tuberculosis, la viruela, la rabia.  Otro éxito notable fue el drástico descenso del índice de mortalidad infantil, que bajó del 90 por mil, al 56 por mil en 1955. Se debió no sólo a la acción sanitaria directa, sino también – como lo destacaba el propio Carrillo – a una política general que había elevado los índices de nutrición, higiene, bienestar y condiciones de vida, en un país que en 1946 tenía un tercio de su población subalimentada. Junto a las campañas masivas y urgentes, encaró un plan orgánico de construcciones y creación de servicios hospitalarios y de asistencia a la salud.  El 15 de octubre de 1954 renunció al ministerio y viajó a Estados Unidos, en busca de descanso y recuperación para su salud. Desde 1951 padecía una enfermedad grave y progresiva: una hipertensión arterial maligna que lo obligó frecuentemente al reposo, debido a pertinaces e intensísimas cefaleas. Aceptó un puesto de médico en la ciudad brasileña de Belem, cerca de la desembocadura del río Amazonas.  Mientras tanto, en Buenos Aires, su gestión y su conducta son sometidas a las comisiones investigadoras creadas en 1955, fraguándose una acusación por ¡comercio ilegal de naftas! Sin embargo, sus bienes permanecerán interdictos durante diez años, como los de su esposa a pesar de ser bienes propios. Estos hechos lo derrumban moralmente. El 28 de noviembre de 1956 sufre una hemorragia cerebrovascular, falleciendo el 20 de diciembre de 1956.  No sólo se silencia la obra realizada, no sólo ignora sus libros sino que decreta el exilio de su cadáver. Ante la intención de sus familiares de retornar sus restos al país, el gobierno de Aramburu la prohíbe y recién lo autorizan, en 1972, bajo el gobierno de Lanusse.  “La cultura y la ciencia de los argentinos -sostiene Fermín Chávez- están en déficit con la vida y obra de Ramón Carrillo”.
 La crisis:   La insistencia de Perón de mantenerse independiente y no querer integrarse al FMI (Fondo Monetario Internacional) dificulta la venta de granos a los países europeos auxiliados por los Estados Unidos mediante el Plan Marshall. Además, los altos precios anteriores habían estimulado a Brasil y a Estados Unidos al cultivo de trigo y lino respectivamente, por lo que se achicaba el mercado para la Argentina.  La baja del precio del cereal en 1949 había reducido la rentabilidad, y con ella, las áreas cultivadas. Los grandes propietarios eran opositores a Perón y no incrementaron el cultivo pese a los créditos que ofrecía el IAPI para hacerlo. El problema se agudizó cuando en 1951 y 1952 el país fue azotado por grandes sequías.  Perón solicitó la colaboración del pueblo estimulando el ahorro al máximo.  Los sectores de menos recursos sintieron la crisis consumiendo el muy recordado pan negro de mijo. También recurrió a las inversiones extranjeras, abandonando el proyecto de crear una industria automotriz nacional. En 1954 firmó un convenio con Fiat y en 1955 con la estadounidense Kaiser para crear una empresa automotor mixta (estatal-privada) El impulso dado a YPF fue insuficiente con relación al crecimiento de la actividad industrial dado que se requería una mayor producción para evitar la importación, por lo que se llegó a un déficit de un 60% de combustibles líquidos.  Frente a la necesidad de la importación de petróleo –que el gobierno subsidiaba y procuraba racionar debido a su escasez–, presionado por las circunstancias, comenzó a negociar con los Estados Unidos y puso a YPF en un plano de igualdad con los monopolios. Estos contratos no se llevaron a cabo, fueron objeto de duras críticas por los sectores nacionalistas, que se sumaron a la oposición.
La preparación del golpe militar  La oposición de la Iglesia
LA OPOSICIÓN AL RÉGIMEN: En ningún momento la oposición había abandonado la esperanza de derrocar por la violencia al peronismo. Con el apoyo moral y político del exterior se gestaron diversos complots, campañas o sediciones. En setiembre de 1951 un golpe militar encabezado por Benjamín Menéndez obliga a Perón a reprimirlo. Los tribunales militares condenaron a varios años de cárcel a los oficiales comprometidos entre ellos: Alejandro Lanusse. La implicación de Juan Duarte en oscuros negociados, descubierta en 1953 hizo estallar un escándalo que condujo al suicidio al hermano de Evita.  En ese momento pareció que Perón estaba dispuesto a limpiar el aparato estatal de oportunistas y parásitos “estoy rodeado de alcahuetes y adulones” declaró en los balcones de la Casa de Gobierno.  Perón ahogaba al mismo tiempo todas las formas de pensamiento independiente dentro de su  propio movimiento, lo que resultó a la postre más funesto que ahogar la voz de la oposición, que nada podía ya decir al país: el destino de FORJA y de Arturo Jauretche y de Raúl Scalabrini Ortíz los pensadores más notables de su época, condenados a la inacción son bien ilustrativos. Comienza un conflicto con la Jerarquía eclesiástica (vinculada durante tanto tiempo con la oligarquía dominante) ya que el bajo clero simpatizaba con Perón en virtud de la implementación  de la enseñanza religiosa en las escuelas. Este conflicto adquirió un franco carácter oficial cuando Perón reunió en la quinta presidencial de Olivos a los gobernadores de provincias, altos funcionarios, autoridades de la CGT, y del partido peronista y denuncia la injerencia de la Iglesia en los sindicatos y en la educación. 
Los partidos e instituciones OPOSITORAS se precipitaron  con inocultable júbilo a unir las fuerzas con el nuevo aliado. Notorios liberales, socialistas, masones, ateos, comunistas y radicales marcharon meses después, en el día de CORPUS, en la procesión católica a la Catedral bajo el lema de “CRISTO VENCE”.  Una columna al salir de la catedral iza la bandera del Vaticano al mismo tiempo que aparece una bandera argentina semiquemada.   Esto ocasiona un gran escándalo. El gobierno expulsa a algunos sacerdotes como Tato y Novoa.   El 16 de junio de 1955 la aviación militar bombardea la Casa de Gobierno, la Plaza de Mayo y el Ministerio de Hacienda. Cifras extraoficiales hacían ascender a 400 los muertos y más de 2000 heridos. Esta revolución fue organizada por la marina, y algunos grupos de civiles y fracasó.   Al anochecer grupos de provocadores encabezados por la ALN Y dirigidos por siniestros personajes como Patricio Kelly, ante la deliberada indiferencia de la Policía y los bomberos, asaltaron la Curia Metropolitana, la incendiaron y destruyeron por completo. También incendiaron  los templos de Santo Domingo, San Francisco, San Roque, San Ignacio, y otras Iglesias.  Perón toma medidas que fueron criticadas por la Iglesia Católica 
16 DE JUNIO: ATAQUE A LA POBLACIÓN CIVIL – BRUTAL BOMBARDEO A ...62 AÑOS DEL BOMBARDEO A LA PLAZA DE MAYO
Establecimiento del divorcio vincular
Supresión de la discriminación sobre los llamados hijos naturales o no. Quienes tendrán los mismos derechos que los hijos legítimos
Supresión de numerosos feriados religiosos
Derogación de la enseñanza religiosa en las escuelas. Supresión de los subsidios a los colegios e institutos católicos
Derogación de la exención impositiva a las instituciones católicas
Autorización de instalación, bajo controles sanitarios oficiales de casa de “tolerancia”
LA Coalición DE FUERZAS CREADA EN 1945 CON EL NOMBRE DE PERONISMO Tendía A PERDER DOS DE SUS BALUARTES: EL EJÉRCITO Y LA IGLESIA
La oposición radical reclama por la “ausencia de la libertad”.  Decidido a otorgarle cierta libertad Perón autorizó a algunos dirigentes políticos el uso de las radios (cadena oficial) para exponer sus puntos de vista.
Así expusieron Frondizi, Solano Lima y Luciano Molinas quienes responsabilizaron al gobierno por el clima de violencia reinante. Alfredo Palacios representante de los socialistas consideraba que la única solución posible era el alejamiento de Perón.   Dentro del ejército se desarrollaban dos conspiraciones encabezadas por los generales Lonardi y Aramburu.   Este último grupo que podría calificarse como LIBERAL y contaba con el respaldo de la marina;  Lonardi por su parte se proponía conciliar con la CGT peronista, buscar un respaldo católico/nacionalista y respaldarse en la Iglesia.   Una nube agobiante de panfletos, volantes y folletos injuriosos, eran producidos por los grupos opositores.
  Revolución Libertadora (Argentina) - Wikipedia, la enciclopedia libre LONARDI .ARAMBURU
 Las escasas fuerzas de Lonardi ocuparon sin resistencia Córdoba, pero sus elementos de combate eran prácticamente inexistentes ya que carecían de infantería y rodeado de fuerzas superiores Lonardi le dice a su ayudante “Bueno Osorio, creo que hemos perdido, pero no nos rendiremos, Vamos a morir aquí”.   La fortaleza golpista se encontraba en la marina donde el Almirante Isaac Rojas intimó la rendición a Perón “so pena de bombardear la destilería de La Plata y los objetivos militares de la capital: usinas de Italo y Segba y desde ya la  Casa Rosada”.  
A 38 años del Hundimiento del Crucero Gral. Belgrano | Ahora Noticias   La CGT llamó a la calma y el toque de queda redujo toda posibilidad de apoyo popular al gobierno.  En los acontecimientos que sucedieron predominó la fatiga psíquica de Perón por una parte y la traición de sus generales por la otra.    Perón había creado una nueva legislación obrera, una nueva política industrial, un sistema de empresas del estado, había iniciado la investigación atómica, escrito una nueva Constitución, pero las estructuras de los grupos de Poder no habían sido destruidos. 
Perón rechazó la idea de destruir a los rebeldes, derramar sangre argentina renunció y entregó el poder a una Junta de Generales; ésta entregó el gobierno constitucional y todo el ejército al aislado Jefe de un pequeño núcleo militar.  EL 23 DE SETIEMBRE DE 1955 EL GENERAL LONARDI JURABA SU CARGO ANTE UNA GRAN MULTITUD: LA CLASE MEDIA DE BUENOS AIRES Y SU CLASE ALTA, FESTEJARON HASTA EL DELIRIO “LA caída DEL TIRANO”.  Perón se había refugiado en la embajada del Paraguay. Luego se embarcó en una cañonera de la misma bandera que lo trasladó a Asunción más tarde a Panamá, a Caracas y luego a España, donde FRANCO LE Brindó ASILO.
“LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA” La revolución Libertadora, fue llevado a cabo por una alianza integrada por civiles y militares nacionalistas y liberales. El golpe fue apoyado por la mayoría de los partidos políticos que se habían opuesto al peronismo, la Iglesia, la Sociedad Rural, las cámaras empresarias, la banca y la embajada de los Estados Unidos Y Gran Bretaña.  El general Lonardi, que ocupó la presidencia de la Nación, representaba al sector nacionalista, mientras que el sector liberal por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas.
  Ni vencedores ni vencidos» - La Revolución Libertadora | Eduardo ...

viernes, 10 de noviembre de 2017

La "Revolución Libertadora"

Roberto Bardini
 
El 16 de septiembre de 1955, el general retirado Eduardo Lonardi -hijo de un músico italiano y perteneciente a la rama de artillería- dirige en Córdoba un levantamiento militar que se extiende a Buenos Aires y a otras ciudades. El movimiento golpista contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón recibe apoyo de la marina de guerra al mando del contralmirante Isaac Francisco Rojas. La flota naval bombardea Mar del Plata y amenaza con destruir la destilería de petróleo de La Plata. Rojas ha descubierto su repentino antiperonismo después de la insurrección militar del 16 de junio de ese mismo año. Tres años antes, en mayo de 1952, el secretario general de la Confederación General del Trabajo, José Espejo, había realizado una visita a la base naval de Puerto Belgrano. El jefe de la instalación, el entonces capitán de navío Rojas, le entregó como obsequio la réplica de un mástil con las insignias de la marina de guerra y destacó la satisfacción que le producía la presencia de Espejo porque traía el saludo de los trabajadores. El oficial naval, que se definía como peronista y había sido edecán de Eva Duarte, brindó por Perón, Evita y la CGT. En sus épocas de asistente militar su servilismo llegaba al punto de ofrecerse para cuidar a los sobrinos de la Primera Dama.
Ni vencedores ni vencidos El 19 de septiembre Perón ofrece su renuncia y se refugia durante pocos días en la embajada de Paraguay. De ahí, pasa a una cañonera de ese país anclada en Puerto Nuevo. Cuatro días después, Lonardi asume como presidente provisional de la autodenominada Revolución Libertadora con el lema Ni vencedores ni vencidos, y designa al contralmirante Rojas como vicepresidente. Lonardi, un militar retirado, recto y austero, carece de experiencia política pero tiene claro que su mandato deberá ser breve y buscar soluciones que no excluyan a los peronistas.  El gobierno de facto disuelve el Congreso e interviene los gobiernos provinciales, las universidades y los medios de prensa oficiales. Las provincias Eva Perón y Presidente Perón vuelven a ser denominadas La Pampa y Chaco. El economista Raúl Prebisch, director del Banco Central durante la Década Infame, se transforma en asesor de nuevo régimen. Por su intermedio, Argentina inicia su tormentosa relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El 3 de octubre, Perón vuela en un hidroavión paraguayo rumbo a Asunción. La Revolución Libertadora manifiesta su desagrado al gobierno de Paraguay por la presencia en su territorio del presidente derrocado. El 4 de noviembre, el general abandona el país vecino y viaja a Venezuela. De ahí, se traslada a Panamá, donde estará nueve meses.
Lonardi sólo permanece 50 días en el gobierno. El 13 de noviembre un golpe palaciego lo obliga a renunciar abruptamente. Ni vencedores ni vencidos, su lema conciliador, nunca se pondrá en vigencia. Los altos mandos quieren participar de todos los resortes del poder y, desde allí, impulsar planes que no tienen nada que ver con la reconciliación. Después, el militar explica: "Comunico al pueblo que no es exacto que haya presentado mi renuncia al cargo de presidente provisional, o que mi salud tenga algo que ver con mi retiro de la Casa de Gobierno. El hecho se ha producido exclusivamente por decisión de un sector de las fuerzas armadas".
Ese sector militar es duro y pide revancha. El general Pedro Eugenio Aramburu, jefe del Estado Mayor del Ejército, ocupa la presidencia y confirma al contralmirante Rojas como vicepresidente. Juntos iniciarán una implacable cacería de peronistas, que continuarán gobiernos posteriores. Durante años habrá ganadores y derrotados.

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Lo curioso es que Aramburu, que había sido el principal conspirador contra Perón y quien debería haber encabezado la sublevación, consideró en septiembre que no contaba con suficientes fuerzas para el intento. Actuó con cautela, dirán algunos; se comportó como un cobarde, afirmarán otros. Fue Lonardi, un general que no estaba en actividad y que ya presentaba los síntomas de un cáncer que en cuatro meses lo mataría, quien se arriesgó e inmediatamente asumió el liderazgo. Aramburu, además, se encontraba en Paso de los Libres (Entre Ríos) y, según sus propios camaradas de armas, tuvo una participación bastante deslucida durante la insurrección.

"Queremos convertirlos en piltrafas humanas" Después del golpe de septiembre de 1955, el ex diputado John William Cooke y el sindicalista Armando Cabo habían intentado organizar la resistencia clandestina a los militares subversivos, pero ambos terminan presos.
A mediados de octubre, la policía descubre que El Bebe Cooke ha buscado refugio en el departamento del historiador José María Rosa y los detiene a los dos. Cooke, que se disponía a viajar a Paraguay para entrevistarse con Perón, es encerrado en la Penitenciaría Nacional. A fines de ese año, por órdenes del contralmirante Rojas, es trasladado con otros prisioneros políticos a la cárcel de Ushuaia, 3 mil 600 kilómetros al sur de Buenos Aires.
Jorge Antonio, un hombre de negocios de origen sirio, es otro de los detenidos y trasladados. En su juventud había sido enfermero y luego un audaz vendedor de autos que había logrado la radicación de la Mercedes Benz alemana para fabricar camiones en el país. En 1955, los "comandos civiles" le queman su chalet en Mar del Plata. En un libro publicado en 1970, el empresario describe el presidio de Ushuaia: "Durante el gobierno peronista se había suprimido el penal, donde antes, en los tiempos de la implacable oligarquía, se enviaba a los condenados a cadena perpetua. Un lugar feroz en nuestra geografía, donde los que intentaban huir a la fiereza de los guardianes, perecían a manos de la crueldad del clima o perdidos, atrapados por las montañas y los lagos, cruzados por las ráfagas de viento a más de cien kilómetros, por las ventiscas de nieve o las largas noches casi polares". Otro prisionero, Oscar Albrieu, ex ministro del Interior, contará años después que en Ushuaia la temperatura llegaba a 40 grados bajo cero pero los guardiacárceles no encendían las estufas para los prisioneros. Los presos se lavaban junto a un cañito del que salía agua de deshielo. En vez de camas o catres, les dieron colchonetas para que durmieran en el suelo. Entre los carceleros -relata Jorge Antonio- había un teniente de apellido Esquivel, quien les repetía: "Estamos tratando de deprimirlos. Queremos hacerles bajar las cabezas, humillarlos definitivamente, convertirlos en piltrafas humanas. Cuando esto ocurra serán como muñecos en nuestras manos y no habrá necesidad, siquiera, de tenerlos encerrados". El teniente Esquivel, quien revistaba con los militares "liberales" que derrocaron al "fascista" Perón, constituye un lejano antecedente de lo que dos décadas después, a partir de marzo de 1976, se convertirá en método sistemático en los campos de concentración clandestinos y en la Escuela de Mecánica de la Armada.
"¿Dónde están las armas?" El Gallego Armando Cabo también es uno de los primeros detenidos por los "libertadores". Y en los años siguientes se convertirá en un habitual huésped de la cárcel. Los policías que lo apresan, obsesionados, insisten con la misma pregunta mientras le aplican la picana eléctrica. Quieren saber dónde están ocultas las 5 mil pistolas y las mil 500 ametralladoras de la Fundación Eva Perón. La misma pregunta le hacen después, entre golpe y golpe, sus interrogadores de la marina.En octubre de 1955, Perón formula en el destierro paraguayo las primeras declaraciones a la prensa desde su derrocamiento y se refiere a las milicias sindicales que él mismo había vetado. En una entrevista a El Día, de Montevideo, asegura que ha querido evitar un baño de sangre: "Bastaría pensar en lo habría ocurrido si hubiera entregado armas de los arsenales a los obreros decididos a empuñarlas". En ese entonces, se calculaba que las tropas leales y los trabajadores peronistas triplicaban a las fuerzas militares subversivas.

Mucho tiempo más tarde, Cabo recordó en una entrevista periodística: "La mayor parte de la cúpula que había jurado en la Plaza de Mayo dar la vida por Perón, no apoyó los intentos de convocar la huelga general en defensa del pueblo y finalmente cayó sin pena ni gloria". En 1956, el sindicalista está detenido en un barco y un capitán de navío le dice irónicamente: "La insurrección militar no la ganamos nosotros, sino que la perdieron ustedes". Cabo reconoció que, en parte, el oficial de marina estaba en lo cierto.

Por esas mismas fechas, Perón le envió una carta a John William Cooke y acusó a dos generales supuestamente leales a él, Franklin Lucero y Horacio Sosa Molina, de haberse opuesto a la entrega de armas a los trabajadores.
Tierra arrasada
La Revolución Libertadora se dedica a desmontar la maquinaria justicialista y a borrar todo lo que recuerde al gobierno derrocado. El Partido Peronista es disuelto. El ejército interviene la CGT y designa como responsable a un capitán de navío de doble apellido, Alberto Patrón Laplacette. Miles de dirigentes obreros son destituidos. Grupos civiles, entre los que se encuentran conservadores, radicales y comunistas, asaltan sindicatos. Se desata la cacería: funcionarios, dirigentes políticos, empleados públicos, gremialistas, militantes y simples simpatizantes son perseguidos y encarcelados; aumentan las denuncias sobre torturas brutales. El 5 de marzo de 1956, el decreto 4161 decide que "en su existencia política, el Partido Peronista ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino". La medida prohíbe en todo el país "la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones peronismo, peronista, justicialismo, justicialista, tercera posición". La prohibición se extiende a "las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las marchas Los muchachos peronistas y Evita capitana, los discursos del presidente depuesto y su esposa". El nuevo régimen castiga con cárcel el hecho de nombrar a Juan Domingo Perón y a María Eva Duarte, y de exhibir los símbolos partidarios "creados y por crearse". Durante años, el periodismo escrito y radial se referirá al general derrocado como "el dictador depuesto" y "el tirano prófugo". Se destruyen monumentos y se queman libros escolares. La Ciudad Infantil Evita es arrasada y se clausura la Fundación de Ayuda Social Eva Perón. El militar que asume como interventor elabora un informe en el que menciona el derroche peronista que significaba darles de comer carne y pescado todos los días a los chicos y, además, bañarlos y ponerles agua de colonia. El interventor contrata una cuadrilla para romper a martillazos toda la vajilla con el sello de la institución.
Se crean 50 comisiones investigadoras. Al contrario de las normas del derecho, no son los acusadores quienes tienen que probar el delito sino los acusados quienes deben demostrar su inocencia. Durante el mandato de Aramburu y Rojas se acusa a Perón de 121 delitos, se le inicia un juicio por "traición a la patria" y se le prohíbe el uso del grado militar y el uniforme. En las fuerzas armadas, comienza una depuración que continuará durante varios años. Los vencedores divulgan públicamente el contenido del guardarropa de Evita y hacen un inventario de sus joyas. El nacionalista Juan Carlos Goyeneche, secretario de Difusión, anuncia que en la residencia presidencial se hallaron "20 millones de dólares dejados por Perón". El hecho nunca se prueba y luego es olvidado, pero la técnica de las "revelaciones" continúa y se instala en la cabeza de los que no necesitan ver para creer. El nuevo régimen asegura públicamente, aunque nunca presenta pruebas, que el ex presidente de casi 60 años mantenía una relación sentimental con una niña de 14, alumna de secundario.  El cadáver de Evita, que aguardaba en el segundo piso de la CGT, en Azopardo al 800, la construcción de un mausoleo, es vejado por un grupo de militares, escondido en diversos lugares y, finalmente, sacado furtivamente fuera del país. El motivo: evitar que su sepultura se convierta en un lugar de peregrinación peronista. Los profanadores, entre los que se encuentra el capitán de navío Francisco Manrique, mantendrán el cuerpo oculto en Europa durante 16 años. Durante esos largos años, ella también fue una desaparecida, una tumba sin nombre, una N.N.  El diario La Prensa, que en abril de 1951 había sido expropiado y entregado a la CGT, vuelve a manos de sus dueños. El ministerio del Interior reparte los medios de comunicación peronistas y a cada sector ideológico le asigna un órgano de información. La Época pasa a los socialistas; El Mundo, a un grupo demócrata cristiano; La Razón, a los radicales (años después, por una turbia maniobra comenzará a ser controlada por el Servicio de Inteligencia del Ejército). Democracia, conocido como "el diario de Evita", corre una suerte incierta y, más adelante, desaparece. El escritor Ernesto Sábato es nombrado director de la revista Mundo Argentino. Lo mismo sucede con las radios; varias emisoras van a manos de la marina o a sectores vinculados a ella. Los vencedores tienen el control total de la prensa. Los vencidos, nada; sólo el resentimiento, el rumor y el comentario boca a boca. Se prohibe la circulación de medios impresos simpatizantes de "la segunda tiranía". Lo único que se logra es que prolifere una gran cantidad de panfletos clandestinos y que las paredes de la ciudad amanezcan con enormes pintadas de alquitrán negro. En voz baja, mientras tanto, la Revolución Libertadora pasa a ser denominada "la Liberta... dura".