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viernes, 11 de noviembre de 2022

"Benedicto XVI inició las transformaciones que está profundizando Francisco"

Por Ignacio Cloppet: 
El escritor opinó que no hay ruptura, sino más bien continuidad entre los pontificados, tras el fallecimiento del papa emérito. Su visión de la Iglesia y el legado de un papado controversial.

El integrante de la Academia Argentina de la Historia, Ignacio Cloppet, aseguró que Joseph Ratzinger es “el teólogo del siglo XX”, y la Iglesia debería reconocerlo como tal. A su vez, afirmó que “Benedicto XVI tuvo la grandeza de renunciar cuando consideró que su misión había concluido”.  ¿Qué representa para la Iglesia un Papa que, al mismo tiempo, no tuvo las características que hoy tiene Francisco?  Benedicto XVI fue un pontífice que cumplió su rol en la etapa que le tocó. Él fue quien custodió la fe y la moral en la Iglesia, y sucedió a Juan Pablo II en 2005, durante nueve años, en los que tuvo una actividad muy intensa a favor de la Iglesia y la humanidad.  El estilo era distinto al de Bergoglio. Ratzinger, un hombre profundo, serio, que conocía la doctrina, la vivía, la proclamaba y la compartía. La diferencia es que tanto Juan Pablo II como Francisco son papas más pastorales, menos doctrinales.  Benedicto XVI tuvo el mote del “Papa menos querido”, al menos, en lo que respecta al catolicismo en Argentina. Se lo acusaba de ser tibio en las denuncias por pedofilia y por corrupción en la Iglesia.  Hay dos características que destacan a su pontificado, muy valientes. La primera, la cuestión de la pedofilia en la Iglesia. Él es el que abre la tapa de la olla y enfrenta algo que se venía ocultando hace años. Por otro lado, el lavado de dinero en el Vaticano. Él fue el que se animó a hacerlo, a diferencia de su predecesor. Él fue el Papa que salió a enfrentar estos problemas que tenía en su seno la Iglesia, el que tuvo el coraje de hacerlo.
¿Cómo fue la condena, en ese momento, de la Iglesia con respecto a los casos de abuso?
Le pongo el ejemplo de Marcial Maciel, que había sido compañero de Juan Pablo II y tenía varias denuncias de abuso y de familias paralelas y durante el pontificado de Juan Pablo II no fue sancionado. La primera medida que toma Ratzinger fue sancionar a Marcial Maciel y reducirlo al estado laical. Una decisión completamente valiente que no habían tomado sus predecesores.
¿Y en los casos de corrupción?
Él fue el que hizo las denuncias contra el Banco Vaticano y contra el lavado de dinero. Francisco después continuó con esa tarea. Lo he tratado personalmente, cuando era cardenal. Tuve una relación bastante cercana, lo conocí hace muchos años. Quizás esos motivos son los que provocan su renuncia. Que los lobbys no le hayan perdonado esos avances, que luego Francisco continuó.
¿Por qué se sostiene que Francisco “revoluciona” la Iglesia con los cambios que incorpora?  Benedicto XVI inició las transformaciones que está profundizando Francisco. Él sigue adelante sin escatimar, poniendo toda su voluntad para que estas cuestiones se sanen de una vez. Pero no lo hubiera podido hacer sin que Ratzinger, previamente, hiciera lo que hizo.
Se dice que fue uno de los teólogos más importantes del siglo XX, y que marcó un hito al renunciar, algo que no es habitual en los pontífices. ¿Coincide con eso?
Sin ninguna duda, para mí, Benedicto XVI es el teólogo del siglo XX. La Iglesia tendría que reconocerlo así, porque le sobran méritos en sus aportes doctrinarios, filosóficos y de interpretación.
Con relación a su renuncia, desde el siglo XV que no había una renuncia de un Santo Padre. Las renuncias anteriores fueron todas condicionadas por problemas políticos o ideológicos. Esta es la primera renuncia de un pontífice hecha con libertad de conciencia. Él no se sintió presionado por nadie, sino que tuvo la grandeza de renunciar cuando consideró que su misión había concluido en 2013.
¿Cuáles son las diferencias entre Ratzinger y Francisco?
Creo que no hay grandes diferencias, la Iglesia tiene continuidad. Hay papas que son más queridos que otros, Lo que la gente quiere a mí no me preocupa.
Lo que me preocupa es que sean fieles a la doctrina y a la tradición de la Iglesia, que sean pastores de almas, que se pongan por encima de las miserias del mundo y den esperanzas. La misión del Papa es salvar almas, no es una misión política, por más que tenga que inmiscuirse en eso.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Proyección cultural y evangelizadora de los mártires rioplatenses

Por Dr. Jorge Mario Bergoglio, S.J. (Obispo auxiliar de Buenos Aires) Hoy Papa Francisco
"Los campos del Paraguay serán testigos de tres plantas de gloriosísimos mártires (primer fruto de aquellas vegas) se presentan ante V.M. como ante su Señor natural, esperando que se dignará de que lleguen a sus manos, a la manera que gusta V.M. alguna mañana tomar por su mano propia las primeras flores del verano de sus reales jardines. Guarde Nuestro Señor la católica y real persona de V.M. como la cristiandad ha menester”.  Así escribía el P. Juan Bautista Ferrufino, Procurador General de la Provincia del Paraguay, al Rey de España, para informarle sobre el martirio de los Padres Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo.
La carta del P. Ferrufino al Rey aflora la memoria de un encuadramiento histórico: no resulta difícil leer entre líneas el texto del Codicilo de Isabel I de Castilla: ..... nuestra principal intención fue ... de procurar inducir e traer los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe Cathólica, e enviar a las dichas Islas e Tierra Firme, Prelados e Religiosos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe Cathólica, e los enseñar e doctrinar buenas costumbres, e poner en ello la diligencia de vida: ... por ende suplico al Rey mi Señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la dicha Princesa mi fija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo fagan e cumplan e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e no consientan ni den lugar que los indios vezinos e moradores de las dichas Indias e Tierra Firme, ganadas e por ganar, resciban agravio alguno en sus personas ni bienes, mas manden que sean bien e justamente tratados, e si alguno agravio han rescevido lo remedien e provean por manera que no se exceda en cosa alguna... “.
Lucha espiritual embebida del espíritu de los Ejercicios, y fiesta de gloria en el anonadamiento de estas tres espigas cargadas de fruto... proyecto de dignidad. Se trata del proyecto de un corazón, no sólo del de Ignacio de Loyola, Isabel de Castilla, o del de su nieto Don Carlos I;  Es también el proyecto del corazón de un pueblo que lleva el Evangelio y sabe abrirse -porque es justicia- a la cultura de los pueblos a quienes evangeliza ... y -a la vez- el proyecto del corazón de otro pueblo que -por su parte- abre su cultura a la semilla del Evangelio, el cual -en esas latitudes- florecerá igual y distinta: será trigo ... pero de tierra rojiza. 
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 El asunceño Roque González de Santa Cruz como los dos españoles, Juan del Castillo y Alonso Rodríguez (estos dos, ex alumnos de nuestro Colegio Máximo), evocan proyecto.  El proyecto se encuadra en la realidad y en la misión de estos hombres. Reina Felipe III. Hernandarias, el hijo de la tierra, y el Provincial Diego de Torres, avalados por el oidor Alfaro (padre del jesuita Diego de Alfaro que morirá mártir de los bandeirantes en 1639) se ponen de acuerdo en tres puntos:  fundar pueblos (fronteras vivas: no olvidemos que ésta era la interpretación que de facto daba Portugal al Tratado de Tordesillas): salvar a esas gentes para devolverles la dignidad de hijos de Dios (quienes, con otros colonizadores serían esclavos); mandar los seis primeros misioneros, entre los que va Roque González, todavía novicio: “Llegando a la Asunción me pidió el Gobernador
Hernando Arias, con parecer del Obispo, que enviase seis padres a las provincias del Guayrá, Paraná y Guaycurúes ... Yo los envié luego ... Los seis religiosos son siervos de Dios ... y han ido con grande celo ... “ escribe el Provincial Diego de Torres a Felipe III
. El Provincial conocía el sistema de las Reducciones porque había estado en la misión del Julí, en Perú. Allí se hizo la primera experiencia de hacer un pueblo exclusivamente de indios. Al hablar del proyecto tampoco olvidemos que estamos en el gran momento de Suárez, y probablemente alguno de esos jesuitas haya sido alumno de él.... y todo el derecho de gentes de Suárez y Vitoria pondrá su cuota de inspiración a esta experiencia: el poder viene de Dios. El problema se plantea en el depositario del poder. Ellos sostienen que es el pueblo quien lo delega en el príncipe (en cuanto princeps, principal). Más adelante América, en el Tratado de Permuta, será testigo del trastoque de este derecho: el príncipe no buscará el bien común, y -desde las esferas de la ilustración- quedará traicionada la vida y la cultura del pueblo.   Roque González entra en este proyecto de manera natural. Se había criado allí, era un lenguaraz, poseía la lengua guaraní como la suya nativa. Se había criado entre españoles e indios, y el trato con el indio lo llevó a penetrar tan hondamente en su alma, que aprendió “su admiración por lo maravilloso (fundamento de la autoridad de sus hechiceros), el influjo que sobre sus imaginaciones
tenía la audacia y elocuencia, resorte autoritario de sus caciques; sus supersticiones, causa de las depresiones y levantamiento de sus espíritus veleidosos; y su egoísmo pueril, que con tanta frecuencia los seducía con bagatelas.  El corazón del indio, tímido, receloso, aparentemente sumiso, pero que con frecuencia oculta bajo las aguas tranquilas de esa sumisión, verdaderas tormentas de odios y de pasiones, cuando le parece que se encuentra bajo la tiranía de los vejámenes; abierto y dado hasta el heroísmo, cuando se siente prendado por la bondad que ha engendrado en su pecho el amor...Llegó a amarlos como hermanos y ellos le correspondieron con la sinceridad del amor de los hijos para con su padre”. (P. Blanco). Esta última afirmación
no es retórica: entraña el núcleo mismo de la actitud de estos tres hombres.  Sabían de ternura y de cariño para conocer el alma de un pueblo ... Hacia el fin de la historia sonará desgarradora la respuesta de los indios al P. Romero, quien fue a cerciorarse del martirio y les preguntó por los Padres: “ya no tenemos padres, que los han muerto” ... un sentimiento del corazón filial de esos
hombres y mujeres que revolvían entre los restos de la hoguera buscando reliquias mientras decían a quienes se mostraban aprensivos: “¿Cómo siendo nuestros padres habremos de tener asco?”.  García Céspedes lo expresa así: “Se ordenó de sacerdote: y luego subió a la Provincia del río arriba del Paraguay, a predicar y enseñar el Santo Evangelio en la Provincia del Maracayú, adonde estuvo algún tiempo convirtiendo aquellos indios a nuestra santa fe, y ocupándose en obras de caridad entre ellos, que le amaban tanto que hasta hoy día vive en ellos la memoria de dicho Padre”. Estoy convencido que para comprender la proyección cultural y evangelizadora de los Santos Mártires, es necesario adentrarse en esta actitud de su corazón: la paternidad. Si quisiéramos decirlo en lenguaje corriente
afirmaríamos que se jugaron a tener hijos, y eso implica cariño, ternura, capacidad de dar la propia vida. Son los Santos Mártires, porque fueron (y son) los padres de un pueblo. Todo proyecto de paternidad entraña necesariamente una dimensión de grandeza, cuya raíz es la aceptación del autotrascenderse. El proyecto de estos hombres es un proyecto de grandeza, distinto de cualquier
proyecto de tipo inmanente, mezquino en sí mismo. Partiendo de esta realidad: la paternidad que les confiere grandeza; tiende necesariamente a dar vida, a hacer crecer en libertad. Es un proyecto de libertad, de liberación cristiana... y no creo falsear la historia si -anacrónicamente- digo que es un proyecto de liberación. La pregunta viene sola: ¿qué teología de libertad, y qué teología de liberación,
subyacen en este proyecto? Puesto que la médula es la paternidad, se trata de un proyecto definitivamente opuesto a los proyectos ilustrados de cualquier signo, los cuales, prescinden del calor popular, del sentimiento, y de la organización y trabajo del pueblo. No implementaron un proceso de repliegue sobre la propia cultura (en este caso la de los indios) olvidando el destino de universalidad de todo proyecto cultural: éste sería, p. ej., el papel jugado por los marxismos indigenistas que reniegan de la importancia de la fe en el sentido trascendente de la cultura de los pueblos, y reducen la cultura a un campo de confrontación y lucha, en el cual, la dimensión manifiesta del ser, adquiere un valor meramente mundano y materialista, desprovisto de todo sentido de
integración y trascendencia.
Tampoco se trata de un proyecto que facilite la absorción fácil de estilos de vida ajenos, y que por tanto rechaza el conf1icto tan fundamental de ser uno mismo y -a la vez- confirmar las diferencias. Este tipo de proyecto marca una postura claudicante que niega la riqueza de lo diverso. El proyecto de los tres Mártires es un proyecto de libertad cristiana, de
hacer libres a los hombres, y que tendrá su centro en las Reducciones. Estas llegarán a ser 30. De ellas, 15 caían en el actual territorio argentino, 7 en Brasil y 8 en Paraguay.
Libertad que implica crecer en capacidad de librarse, zafarse, de todo tipo de esclavitud. El pecado no mira al color de la piel sino al color del alma, y en este caso era tan opresor un bandeirante, un encomendero venal o un hechicero. Esclavizaba tanto el yugo de una servidumbre humillante, como la superstición de una brujería o el hambre o la peste de viruelas. En todas estas direcciones se movió el trabajo de liberación.   Roque, siendo cura en Asunción, atiende tanto a indios como a españoles.
Y no le faltará coraje para -luego ya en sus correrías por el monte- detener una guerra de indios como frenar la ambición de los encomenderos (recuérdese el incidente con el Gobernador Céspedes). Ruiz de Montoya se refiere al problema de los encomenderos, e indicaba: “los efectos de estos agravios... El uno no querer los naturales recibir el Evangelio... El otro sea, los ya cristianos detestarlo; porque si por el oído oyen la justificación de la ley divina, por los ojos ven la contradicción humana ejercitada en obras. En muchas Provincias hemos oído a los naturales este argumento, y visto retirarse de nuestra predicación, infamada por los malos cristianos”. Roque no era un revoltoso, y -si bien debía enfrentar conflictos muy serios- no se dejaba enredar en ellos. Sabía decir las verdades como padre cuando se refiere a la defensa de sus hijos.  Roque libera al indio de la usura de los encomenderos. Escribe a su hermano, Don Francisco González de Santa Cruz, Gobernador interino de Asunción: “No es de ayer sino muy antiguo a esos señores encomenderos y soldados quejarse contra la Compañía (de Jesús) por volver por los indios y por la justicia que tienen de ser libres. Y estos debates crecieron más después que los de la Compañía como vasallos de Su Majestad apoyaron lo que justísimamente mandó por su visitador (Alfaro), que los indios fuesen libres de la servidumbre. Y como los indios fuesen entendiendo la libertad en que el Rey les ponía, pagando su tributo, temiéronse los encomenderos que les habíamos de ser de graves daños los de la Compañía. Nuestro Señor, que lo sabe todo, enviara remedio, y no está lejos el día en que se castigarán agravios, particularmente hechos contra los pobres. Verá V.M. cómo se han informado mal los encomenderos (quizás engañados de su pasión) diciendo que no tienen los indios con qué pagarles los muchos años de tributos que les deben. Lo cual no ha causado en mí pequeña admiración, porque sé cierto que con cuanto tienen, aunque se queden en camisa, no pudieran satisfacer lo mucho que deben a los indios. Y el estar en esta ceguedad tan grande los encomenderos, es la causa de que no los quiere confesar gente que sabe, y de mí digo que no confesaré ninguno, porque han hecho el mal y aún reconocerlo no quieren, cuanto más restituir y enmendarse. Allá lo verán por su mal, si no se componen antes con los indios, delante del que, por ser infinitamente sabio, no hay (caso de) echarle dado falso”. Expresiones fuertes, una teología de la confesión sólida y  una referencia al juicio de Dios. Llama la atención cómo San Roque da vuelta el argumento: no son los indios quienes deben a los encomenderos, sino éstos a aquéllos. La exigencia de conversión del corazón es el momento espiritual de liberación del pecado propio y liberación del mal que sufren los indios. A través de esa conversión, se da el cambio de estructura pecaminosa de la relación económica: no son los indios los que deben pagar lo que han trabajado, sino el encomendero valorar el sujeto trabajador que acrecienta su riqueza.  El endeudamiento no puede ser mirado en relación al producto objetivo en juego, sino a los sujetos afectados. Es la misma paternidad quien le inspira este camino distinto, la paternidad que atiende las heridas de la injusticia
tanto para los que la sufren como para el que las comete, la paternidad que induce a los indios a asumir en su cultura la conciencia de justicia y libertad. Desde su corazón sacerdotal, celoso de la conversión de las almas, cambia las estructuras mismas de la injusticia e incultura los valores evangélicos.  Y junto a esta re-pristinación de la justicia, los tres santos trabajan incansablemente
en un proyecto de promoción humana. Porque conocían el alma del indio sentían sus necesidades. De ahí que pongan manos a la obra en la construcción de las Reducciones.

sábado, 13 de octubre de 2018

"El cura, el dictador y la profecía"

Por José Luis Muñoz Azpiri (H)
Conferencia dictada el 16 de noviembre de 2018 en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas"
"Amar la patria
es el amor primero
y es el postrer amor
después de Dios,
y si es crucificado
y verdadero
ya son un solo amor,
ya no son dos.
Amar la patria
hasta jugar el cuero
del puro patrio
Bien Común en pos
y afrontar marejada
y majadero
eso se inscribe
al crédito de Dios"
(Leonardo Castellani)
Decían los antiguos griegos que lo contrario a la verdad no era la mentira propiamente dicha sino el olvido. Y es por ello que hoy nos alejamos de las letanías fúnebres, de la marmolería funeraria y de las evocaciones con hedores de sepulcro. Hoy conmemoramos el natalicio del Chesterton criollo de una de las más estilizadas y certeras plumas de la Argentina, que dada la ingratitud de muchos de sus hijos o lo que es peor, el odio y la envidia mezquina, ha sido condenada a las mazmorras del recuerdo.
Nacido en 1899 en la provincia de Santa Fe, Leonardo Luis Castellani, luego de hacer sus primeras letras de manos de una señora en su casa (algo nada extraño para la época), pasó por la escuela primaria, época de la que siempre rescató a un sacerdote Salaverri ("Muy buen docente, que me puso algunos conocimientos capitales en la cabeza”, dirá). En 1913 inicia sus estudios secundarios en la Colegio de la Inmaculada (de la Compañía de Jesús) en Santa Fe de donde egresaría de bachiller.

El 27 de Julio de 1919 se inicia en el noviciado de los Jesuitas en la ciudad de Córdoba. De ese período surgen las fábulas "Camperas” y "Historia del Norte bravo” con sus viajes de vacaciones en el Chaco santafesino siendo seminarista.
A partir de 1924 enseña filosofía en el Colegio del Salvador, cursó teología en el seminario de Villa Devoto y en 1929 el provincial de la Compañía, al advertir su capacidad para el estudio, lo envía a Roma para continúe su formación en la Universidad Gregoriana donde es ordenado sacerdote el 31 de Julio de 1930 en la Iglesia de San Ignacio.
Allí, luego de estudiar a las órdenes de prestigiosos docentes, obtiene el doctorado en teología en 1932.
Sobre esto, dijo alguna vez Irene Caminos –que fuera su secretaria y ayudante-, vale destacar que el padre Leonardo Castellani es el único argentino que conquistó con su esfuerzo dos títulos doctorales en dos centros de los más encumbrados de la intelectualidad europea: la Sorbona de Paris y la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Castellani, con notas sobresalientes, obtuvo el título más alto que la Iglesia Católica otorga a los más sabios de los doctores. Un diploma con la firma del Papa Pio XII y el Propósito General de la Compañía de Jesús acreditan queLeonardo Castellani es Doctor Sacro Universal que lo habilita a enseñar filosofía y teología sin reválida. El mismo le da derecho a publicar sus escritos sin censura previa.
En 1932 fue a Francia a estudiar donde obtendría su diploma de estudios superiores en filosofía sección psicología. "La psicología en los años ’30 no era una ciencia autónoma –dice Bonomi-, independiente”.
Cuando regresa a la Argentina se dedica a la enseñanza en diversos sitios (el Colegio del Salvador, el seminario de Villa Devoto, el Colegio Máximo de San Miguel), a traducir una parte de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, a escribir en la revista Criterio y en el suplemento literario de La Nación (1941).
Castellani recurrió al uso de seudónimos a la hora de escribir algunos versos y escritos varios. Uno de ellos fue Jerónimo del Rey y otro Militis Militorum.
Interesado en la más alta política, fue tentado a ser candidato a diputado nacional, lo que motivó en 1946 el inició de un ciclo de desventuras: el superior de la orden jesuita lo "invita” a abandonarla por "poca obediencia a la censura”.
Confinado a Manresa (España), en un convento de los jesuitas, allí estuvo separado por desobediente e iniciando una serie de males físicos que lo acompañaron toda su vida.
En 1949, a instancias de unos amigos, escapó de su confinamiento y volvió a la Argentina donde, paulatinamente, retornó a la docencia, primero en Salta y luego en Buenos Aires.
En 1952 retorna a sus cátedras en distintos colegios e instituciones pero no se le permitía aún oficiar misa, es por ello que asiste a la Iglesia de Santa Catalina y en Nuestra Señora de la Piedad como un feligrés mas. De los comentarios que elaboraba sobre el Evangelio dominical surgiría el libro "El Evangelio de Jesucristo” y "Las parábolas de Jesucristo”. Junto a Fermín Chávez "Las mejores poesías de la lírica argentina”.
En 1961 vuelve a decir misa en Buenos Aires y, finalmente, en 1966, su relación con la Iglesia Católica se restablece totalmente. Un año después comenzaría la edición de la revista "Jauja”, que dirigiría durante tres años.
Cuando el secuestro de Haroldo Conti, y a los pocos días del mismo, Borges, Sábato y el Padre Castellani fueron llamados a almorzar con el dictador Videla. "Yo por entonces - dice Vicente Zito Lema en una entrevista a la Agencia Paco Urondo - compartía con Eduardo Galeano la dirección de la revista Crisis y Haroldo era parte de nuestra revista. Lo llamé a Borges, lo llamé a Sábato… y los dos con burlas y con malos tratos se negaron a aceptar el pedido que yo les hacía, cuando yo tenía relación tanto con Borges como con Sábato que publicaban habitualmente en nuestra revista. Bueno, la realidad concreta es que cuando salen del almuerzo, están los archivos y están las cámaras de entonces, Borges y Sábato dicen que había sido una conversación y un almuerzo espléndido en el que intercambiaron ideas. Cuando le preguntan al Padre Castellani, como tercero, aunque parecía que la prensa no tenía nada que preguntarle, Castellani dice “fue realmente una farsa, yo le hablé de los desaparecidos, de los escritores y especialmente de Haroldo Conti, como me pidieron sus compañeros de Crisis, y el General Videla se negó siquiera a contestarme.”
También hay que recodar para quienes les gusta investigar, las críticas que hiciera Sábato al libro del almirante Massera en el diario La Opinión, en donde habla de la aparición de un nuevo filósofo que había leído muy bien a Nietzche. Eso lleva la firma de Sábato.
No quiero enojarme con nadie, porque es muy confuso este país, y entonces a veces para tomar opiniones sólidas es importante tener buen material. Quizás yo contribuya con esto que digo sin apasionamientos, sin odios, pero sí tratando de que las cosas tengan un equilibrio, porque después de todo eso, que el señor Ernesto Sábato haya escrito y firmado el informe de la CONADEP me parece realmente una vergüenza y una afrenta a los que han luchado y sufrido por la defensa de los derechos humanos. Considero que él era indigno. Hay que reconocer que allí se instaura la teoría de los demonios, surge de ese prólogo de Sábato, así que también de eso es responsable. Lo que no quita que, siempre las contradicciones, yo lo desconsidere como autor de El túnel, El informe sobre ciegos, la épica aventura de Lavalle que él la cuenta de una manera literariamente perfecta. Como es perfecto el Facundo de Sarmiento, por más que uno no pueda compartir nada de las monstruosas cosas que ha escrito en contra de los pueblos originarios.
Ambas cosas conviven, la buena escritura misteriosamente convive con ciertas posturas éticas, políticas o filosóficas que uno piensa que desde una lectura humanística no van de la mano de los valores que uno deposita en los buenos escritores."
Hacemos especial hincapié en estas declaraciones, dado que el lema de los organismo de derechos humanos es "Verdad, memoria y Justicia" con el que estamos esencialmente de acuerdo, pero no con una memoria hemipléjica que omita mencionar la valiente actitud del clérigo o directamente lo defina como "un cura facho" según los han expresado ciertos integrantes de "Carta Abierta" y en especial un periodista de sinuosa trayectoria y de particular inquina hacia la figura del Papa Francisco.
“Jorge Bergoglio no fue el primer papa argentino”, advirtió Álvaro Abós hace algunos años es un interesante artículo publicado en un matutino porteño (1). Cuando en 1963 murió Ángelo Roncalli, aquel amado Juan XXIII, el Cónclave eligió a un papa argentino, un jesuita que ejercía su ministerio en el barrio de San Telmo, un teólogo excepcional, cuyo nombre era Ducadelia. Pio Ducadelia, que al ser elegido papa, toma el nombre de Juan XXIV.
Al menos, esto sucede en un libro publicado en 1964, “Juan XXIII. Juan XXIV. Una fantasía”. El autor fue un compatriota y cofrade de Bergoglio, Leonardo Castellani, sacerdote, escritor y periodista, hombre de vastísima erudición y autor de obras memorables, algunas de las cuales, como Su Majestad Dulcinea y San Agustín y nosotros, al parecer influyeron en el discurso de Francisco tal como se trasluce en algunas de sus ideas más difundidas.
El 28 de marzo, en la misa crismal, Francisco pidió a los sacerdotes que “olieran a oveja”; coincidentemente, en el Evangelio de Jesucristo en el comentario al domingo segundo de Pascua, Leonardo Castellani explica que Cristo dijo que los malos pastores “son como lobos disfrazados de ovejas, aludiendo a la costumbre de los pastores palestinos de ponerse una chaqueta de piel de oveja (zamarra) para hacerse seguir por el olor. Él se puso la zamarra de nuestra carne para que los siguiéramos, pero en Él no era disfraz, era realidad”.
Del mismo modo, el 19 de mayo, en la misa de Pentecostés, Francisco alertó del peligro de una “Iglesia autorreferencial” que reiteraba también como arzobispo de Buenos Aires, de que hay que ir “a las periferias existenciales, para anunciar la vida de Jesucristo”. El padre Carlos Biestro, quien desde hace años coordina las ediciones y reediciones de la obra castellaniana se pregunta “si, cuando el Papa dice que la Iglesia no debe ser autorreferencial sino que debe salir a la periferia de la existencia, no hay un eco de las reflexiones de Castellani”. Y al respecto lee este pasaje de Castellani por Castellani: “Santa Teresa buscó amistades en todas partes, porque las necesitaba. Uno de los reproches más vehementes que contra ella concibieron era que buscaba amistades no monjiles, y ¡hasta masculinas! El creer que el claustro, la clase o el clan al que pertenezco es un mundo completo, agota toda la creación y en él se halla todo cuanto un hombre puede necesitar es una de las vanidades más ridículas y siniestras. Según la palabra de Cristo, la misma Iglesia Católica es una cosa abierta y fuera de sus recintos se encuentran almas que le pertenecen sin saberlo.
El cura Pío Ducadelia, personaje de Castellani que aparece en otros libros del autor, es un sacerdote que ha tenido problemas con la jerarquía de la Compañía de Jesús por opiniones y actitudes juzgadas irreverentes ¿Cómo llega Ducadelia al papado sin siquiera ser cardenal? En su fantasía digna de un guión cinematográfico, Castellani imagina una situación mundial caótica no muy diferente a la actual y real. Francia ha ganado una guerra contra la Unión Soviética, que desaparece, y los Estados Unidos han invadido América del Sur (Ya los tenemos en nuestro territorio, el Atlántico Sur y la Amazonia) Ducadelia se encuentra en Montevideo, pero el arzobispo de Buenos Aires lo va a buscar y le pide que lo acompañe a Roma, como asesor en el Concilio que ha de elegir al sucesor de Roncalli, dado que Ducadelia es un teólogo eximio. Y el cónclave, dada la situación excepcional del mundo y de la Iglesia lo elige Papa.
Bergoglio ya era jesuita, pero no sacerdote cuando en 1966 a Castellani se le restituyó el ejercicio del sacerdocio que había perdido al ser expulsado de la Compañía de Jesús en 1949. En 1971 le es ofrecido a Castellani el reingreso en la orden, que rechaza por razones de salud, y en 1973 el padre Bergoglio, quién había sido ordenado en 1969, se convierte en el provincial de los jesuitas en la Argentina, cargo que desempeñará durante seis años, dejándolo en 1979. Dos años después muere Castellani.
Por tanto, no es casual que Ducadelia en otro libro, durante su suspensión en la función sacerdotal (el personaje es inescindible de su creador) y llevado por su afición por las novelas policiales, había abierto una agencia de detectives, en sociedad con un indio mataco y un abogado recién salido de la cárcel donde había purgado una condena. Castellani es uno de los grandes autores del policial argentino, género en el que Rodolfo Walsh lo consideraba “un maestro” A esa condición se refirió Borges en una irónica muestra de desprecio al finalizar el famoso almuerzo con Videla el 19 de mayo de 1976, donde no ahorró elogios para el dictador, mientras el sacerdote exigía información sobre el paradero de Haroldo Conti, escritor que aún permanece desaparecido.
Juan XXIII, Juan XXIV. Una fantasía. narra el constante sabotaje de la burocracia vaticana (Castellani dixit) a las reformas que impulsa el Papa criollo sus intentos de humanizar y modernizar la Iglesia. Porque Ducadelia entiende la necesidad de reformar la institución partiendo de la acepción original de la palabra Iglesia, que significa asamblea, es decir, reunión de los fieles. Quiere anular los privilegios, eliminar la pompa, retornar a la austeridad pastoral, revalorizar la tarea de los laicos, disminuir las rigideces dogmáticas, vocifera contra el pecado eclesial (“es una vergüenza que el cristianismo sea usado para legitimar malos gobiernos”) sale por las noches a caminar por Roma a observar las condiciones de vida de los pobres y compartirlas con ellos, motivo suficiente para generarse una obstinada oposición.
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Ya Juan XXIII había hecho una afirmación teológica y eclesialmente revolucionaria el 11 de septiembre de 1962 al afirmar: “La Iglesia se presenta, para los países subdesarrollados, tal como es y quiere ser: como la Iglesia de todos y , particularmente, la Iglesia de los pobres”. Con ello estaba marcando el camino a seguir por el Concilio Vaticano II cuya inauguración tuvo lugar un mes después. Desde muy pronto se conformó un grupo de obispos que consideraba prioritario escuchar el clamor de los pobres. Ese grupo creía, al igual que Ducadelia, que el principal desafío de la Iglesia en ese momento era la violencia estructural, generadora de pobreza y desigualdad creciente, sobre todo en el Tercer Mundo, y que la actitud del cristianismo no podía ser otra que la opción por el mundo de la marginación y la exclusión.
El 16 de noviembre de 1965, tres semanas antes de la clausura del concilio, en torno a 40 obispos, insatisfechos con la orientación eurocéntrica y el optimismo desarrollista que imperaba en el aula conciliar y descontentos con la centralidad dada a cuestiones teologales en detrimento de las desigualdades sociales, se reunieron discretamente, casi de manera clandestina, en la Catacumba de Santa Domitila en Roma, bajo la inspiración de Helder Cámara, quien no pudo asistir, pero sí lo hizo Enrique Angelelli asesinado durante la dictadura iniciada en 1976 y obispos provenientes de todos los continentes con predominio del Hemisferio Sur. Los reunidos celebraron una eucaristía y firmaron el “Pacto de las Catacumbas. Por una Iglesia pobre y servidora” apoyado posteriormente por más de 500 obispos.
En el Pacto asumieron una serie de compromisos que afectaban a su vida personal y a su trabajo pastoral. En el plano personal renunciaban a las riquezas, tanto en las apariencias como en la realidad, a poseer bienes en propiedad, rechazaban los títulos que expresan poder como eminencia, excelencia, monseñor; en las relaciones sociales, se comprometían a evitar preferencia por los ricos y poderosos y optaban por el uso de símbolos evangélicos, nunca de metales preciosos. Tal como pudieron advertir Ducadelia-Bergoglio – si se nos permite el paralelismo en la fantasía de Castellani – al asumir el trono de Pedro, esta iniciativa no pasó de ser una expresión de deseos.
Leonardo Castellani sigue siendo un escritor desconocido para la mayoría dado que nunca gozó de difusión o publicidad, contrariamente a los escribas de la “intelligentzia” liberal que él tanto despreciaba y que siempre gozaron del dominio de los grandes medios. Nunca se le perdonó el eximio ejercicio de la ironía que irremediablemente le generó antipatías y odios subalternos. “Nunca le faltaron lectores, pero como escritor terminó solo, o quizás peor aún, prisionero de grupos que lo monopolizaron para justificar pensamientos reaccionarios” (2) Castellani no fue peronista, entre otras razones porque durante el primer peronismo estuvo fuera del país, dedicado a despejar los malentendidos con la Compañia, pero fue una de las atalayas intelectuales del llamado “nacionalismo católico” argentino, tradición en la que bebió el nucleamiento “Guardia de Hierro” (aunque incorporó elementos ajenos a ella) del peronismo, donde Bergoglio colaboró en su juventud. Fue un gran escritor que eludió todo tipo de corsés o encuadramientos por lo que merece una lectura desprejuiciada y desapasionada y esa independencia de criterio y rechazo a todo tipo de banderías lo estigmatizó a derecha e izquierda. Juan XXIII, Juan XXIV. Una fantasía tal vez no sea una de sus obras más destacables, pero conmueve su visión profética y la belleza de estilo de un escritor cuya reivindicación y cabal comprensión está aún pendiente.
El Padre Castellani se dedicó al periodismo, a la docencia, a la teología, con auténtica pasión. Se inició en la psicología, cuando esta aún no era una disciplina tan extendida, ocupándose de unir la Fe y el estudio de la psiquis en la formación de los sacerdotes en el seminario de Villa Devoto.
El Padre Castellani publicó muchos libros, entre los cuales cabe mencionar ”El Evangelio de Jesucristo", "Cristo ¿vuelve o no vuelve?", "El Apokalypsis de San Juan", ”Las parábolas de Cristo", "San Agustin y Descartes", ”Conversación y crítica filosófica", "Elementos de metafísica", "El libro de las oraciones", ”Esencia del liberalismo”, "Sentir la Argentina. Leopoldo Lugones", "La reforma de la enseñanza", ”El nuevo gobierno de Sancho", ”Las canciones de Militis", "La catarsis católica en los ejercicios espirituales de Ignacio de Layola", "Freud en cifra", "Historias del Norte bravo" y "Camperas", entre muchos otros.
El prolífico sacerdote falleció el 15 de Marzo de 1981 y sus restos fueron llevados al cementerio de La Recoleta. Posteriormente, a instancias de allegados, se lo trasladó a la ciudad de Reconquista (Santa Fe).

martes, 6 de febrero de 2018

Frases Inmortales

Por el Dr. Norberto Chindemi
• “Dos cosas fundamentan el imperialismo inglés: la conciencia de su reino y la traición de nuestros dirigentes” (Raúl Scalabrini Ortiz).

 • Del testamento de Imán Alí (muerto en 662) a sus hijos Hussein y Hassan: “que sean siempre enemigos de los opresores y sean ayuda para los oprimidos”.

• “Al imperialismo no le interesa las verdades que podamos decir ni las duras palabras que podamos proferir; a “Clarín” no le interesa escuchar que le diga que miente; al neoliberalismo no le hace mella que los pobres sean más pobres y que los indigentes vayan en aumento. De corazón pétreo, no habrán de cambiar el mismo por uno de carne, como quiere la Biblia. Ni la pobreza, ni la desesperación, ni el hambre, ni la desocupación pueden mellar a los asistentes a la Sociedad Rural Argentina, porque el neoliberalismo es cruel, perverso, genocida”. (Néstor Chávez).


• Hay que reducir el crecimiento demográfico. “Si la población no se controla voluntariamente, habrá que controlarla mediante el aumento de las enfermedades, el hambre, la guerra” (Felipe, esposo de la Reina Isabel II de Inglaterra, 21-XII-1981).


• “Mi sueño es el de la Patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero preferentemente para los que no pueden congraciarse con la Patria porque carecen de pan y de justicia” (De las últimas palabras de José Antonio cuando iba a ser fusilado el 20-XI-1936 en la cárcel de Alicante).
 
• "Un hombre solo no puede salvar a una sociedad de la ruina; pero un hombre solo puede ser vuelto por Dios una señal de que una sociedad va a la ruina” (Leonardo Castellani, 4-X-1955).

 • “Ilum est optimum quod est maxime umum” (“lo mejor es lo que está sólidamente unido”).
“Ex multis oculis, oculus” (“muchos ojos mirando con uno solo”).
Este ojo es la Doctrina Nacional, Popular, Humanista y Cristiana.


• “¡Cuánto hubiera cambiado el destino de España si un acuerdo entre nosotros hubiese sido tácitamente posible, según los deseos de Primo de Rivera!” (Dirigente izquierdista Abad de Santillán en “Por qué perdimos la guerra”).

• “Los que rompen sus lazos con la historia, tendrán dificultad para relaciones estables y a no reconocerse que no son dueños de la realidad. La falta de memoria histórica es un gran defecto de nuestra sociedad. No somos sin memoria” (Papa Francisco, 2016).

• “Dos cosas fundamentan la majestad de España: el peso del Consejo y la fuerza de la monarquía” (Richellieu, Cardenal francés).

• Dos cosas fundamentan la fuerza de la Patria: la presencia del Pueblo organizado y la Unión Iberoamericana (Perón).


• Las cortes “son un espectáculo de frivolidad” hay que clausurarlas (José Antonio, 24-VI-1936).