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viernes, 19 de agosto de 2022

La Masonería y su influencia en la Batalla de Pavón

Por el Prof. Jbismarck
El historiador masón Martín V. Lazcano, en su obra sobre las Sociedades Secretas de Buenos Aires13, informó que en una Tenida blanca del 21 de julio de 1860, posterior a la batalla de Cepeda, una logia del recientemente instalado Gran Oriente de la Masonería Argentina otorgó la distinción del grado treinta y tres de la Orden -de modo honorario- a Mitre, Urquiza, Derqui, Sarmiento y Gelly y Obes (ministro de guerra de Buenos Aires). Esa Tenida fue denominada de Unidad Nacional, dado que su propósito era superar la división territorial argentina. Obviamente, tal reunificación se haría sobre la base de la aceptación por el resto del país de la supremacía de Buenos Aires. O sea: que no habría más lucha entre ambos bandos, dado que uno de los contendientes quedaba impuesto.  Decisión que Urquiza habría aceptado eventualmente. Luego, el resultado de Pavón quedaría allí asentado.  Por si acaso, para ejecutar aquella decisión masónica, un oscuro personaje apellidado Yateman, de nacionalidad estadounidense, a mediados de setiembre de 1861, se situó en las proximidades del arroyo de Pavón. Pues, resulta que el aludido Yateman, en obvia función mediadora, fue visto yendo y viniendo de un campo al otro, en los días previos al combate. 
La deducción de esa gestión de la Orden la han colocado historiadores revisionistas como José María Rosa o Fermín Chávez. 
Esto es, que la mediación de las Logias fue la determinante de la suerte de Pavón y de la Argentina en adelante. Por si quedaran dudas, el historiador oficioso de la Masonería Argentina, Alcibíades Lappas, al tratar de Urquiza, confirma los datos sobre la Tenida de 21 de julio de 1860. A continuación apunta que tras Cepeda: (…) también el general Urquiza supo dar la victoria a las armas de la Confederación en los campos de Pavón. Pero no obstante eso, el general victorioso, en magnífico gesto de autosacrificio y renunciamiento, se retiró a Entre Ríos dejando el campo de batalla a las fuerzas opuestas comandadas por Mitre, convencido de que esa era la única manera de terminar con las disidencias y obtener la meta ideal de la pacificación definitiva
El dato más curioso lo aporta otro historiador masón, Emilio J. Corbière, al informar que: Fue el general Urquiza quien alentó la formación de logias como fórmula de entendimiento mutuo y fraternización a fin de poder enfrentar un proceso de unidad nacional en medio de un país dividido, disgregado, sometido a toda clase de presiones externas y con un partido porteñista en la búsqueda de lograr la hegemonía política y control de la Aduana. 
Otro bello gesto unificador. Claro que acá la iniciativa masónica queda de mano de Urquiza y no de Buenos Aires. Por otra parte, tanto Mitre como Derqui fueron destacados masones. 
¿Se aplicaría aquello de quien mejor masonice, mejor masonificador será?, ¿O no?... Como diría un afamado líder sindical: Ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario…
Bien. Volvamos a los hechos, en el punto donde los dejáramos.  Urquiza renunció a su cargo militar confederal, pero permaneció como Gobernador (perpetuo, democráticamente eterno) y Capitán General de Entre Ríos, no molestado por el Presidente Mitre. También subsistió como jefe del Partido Federal, aunque sus subordinados, Peñaloza, Varela y López Jordán, junto a los intelectuales de la Generación federal de 1865 (Carlos Guido y Spano, Francisco F. Fernández, Miguel Navarro Viola, José y Rafael Hernández, Olegario Víctor Andrade, Ovidio Lagos, etc.), lo consideraran un traidor. En todo caso, era la segunda vez que traicionaba  (Caseros, y también por motivos económicos; ver: misiones de Cuyás  y Sampere).  Mitre fue Gran Maestre y Gran Comendador de la Orden.  
Derqui, por su lado, presentó la renuncia al cargo presidencial el 5 de noviembre de 1861 y se exilió en Montevideo, donde vivió dos años en la pobreza. En 1867 murió en Corrientes a los 58 años de edad. Tan pobre estaba que no había con qué pagar el entierro que, en definitiva, abonaron sus amigos.
Por treinta y ocho días, siguió la Confederación de la mano del vicepresidente el Grl. Juan Esteban Pedernera, hasta el 12 de diciembre de 1861, en que renunció, previo disolver el Estado Confederal.  
Cuando Urquiza sea asesinado en abril de 1870 en su palacio de San José, José Hernández en carta a Ricardo López Jordán, del 7 de octubre de 1870, sostendrá que Urquiza era: el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo, el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido, debía por lo tanto iniciarse con un acto de moral política, como era el justo castigo al Jefe Traidor  

viernes, 31 de diciembre de 2021

EL GENERAL SAN MARTIN ¿MASÓN - CATÓLICO — DEÍSTA?

 Por GUILLERMO FURLONG S.J.

Armando Tonelli, en su bien documentado libro sobre El General San Martín y la Masonería, trata a fondo, lo referente a la religiosidad del héroe de Maipú, y no titubea en considerarle católico y católico práctico; el doctor Horacio F. Delfino, es el autor de un substancioso artículo sobre la Religiosidad del General San Martín, aparecido en Cátedra, Buenos Aires, 23 de abril de 1943, no trepida en considerarle como católico apostólico; coincide con Tonelli y Delfino, el coronel Juan Beverina y otro tanto hemos de decir del señor J. Luis Trenti Rocamora, quien consagró al general San Martín el primero y el más interesante de los capítulos de su libro Las convicciones religiosas de los proceres argentinos. Sobre el mismo platillo, sobre el que pesa la autoridad de estos escritores, menos conocidos, pero no menos autorizados, en lo que respecta a las ideas religiosas y a la conducta religiosa del general San Martín, pues han estudiado ex profeso este aspecto sanmartiniano. San Martín fue un católico, y un católico práctico.  

Ni un solo hecho nos autoriza a considerar a San Martín como un deísta; nada nos autoriza a aceptar que fue un católico despreocupado de su religión. Mucho menos, claro está, el considerarle masón. Por otra parte:

1) Si consideramos que no hay en toda su vida, ni un solo acto, ni un solo escrito, ni una sola frase, que acuse o indique irreligiosidad, o que denote desprecio o despreocupación religiosa;

2) Si consideramos que siempre que, en el andar de su existencia, vino en contacto con prácticas o manifestaciones religiosas, obró como católico, sin ambages y sin reticencias de ninguna índole;

3) Si consideramos que en su vida pública, lo mismo que en la privada, se atuvo rigurosamente a la moral católica, habiendo superado a Belgrano, en ese respecto;

4) Si consideramos que, por su propia iniciativa sólo o principalmente, por motivos religiosos, prohibió el duelo o desafío entre militares, y la blasfemia contra Dios y contra la Virgen, y los santos;

5) Si consideramos que, aun fuera de las épocas prescriptas por la Iglesia, se acercó a la recepción de los sacramentos, y mandó cantar o rezar misas por los soldados muertos en Ios campos de batalla;

6) Si consideramos que era, tan íntima como sincera, su devoción a la Madre de Dios, como va hemos expuesto, y bastaría para comprobar este aserto, aquellas frases de su carta a Guido: "Cuénteme lo que haya de Europa, y dedique para su amigo media hora cada correo, que Dios y Nuestra Madre de Mercedes se lo recompensarán";

Si consideramos todo esto, hemos de aseverar que San Martín no sólo fue un católico práctico o militante, sino que fue, además, un católico ferviente y hasta apostólico.

Nada hay en la vida privada y pública del general San Martín, esto es, en su pensar, querer y obrar, de que tengamos los católicos que avergonzarnos, y sobre lo que una patriótica consideración o una religiosa piedad nos impele a echar el manto del olvido. Como hombre, y hombre de grandes concepciones y de grandes realizaciones, pudo tener sus debilidades y sus caídas, pero su robusta personalidad y acendrado espíritu religioso le redimieron de esas fallas, si es que las tuvo, y le llevaron al plano de los varones fuertes y cristianos que viven habitualmente de acuerdo a los postulados de la conciencia y a las leyes de Dios. "Nadie es malo, a no ser que se pruebe", dice el viejo adagio jurídico, e históricamente no es posible probarle a San Martín una sola falla de carácter moral. Esto no implica el que declaremos a nuestro prócer máximo un hombre santo, ya que santo es aquel que, en grado heroico posee y ejercita, o se esfuerza en poseer y ejercitar, todas las virtudes y, según se lo permitan las circunstancias, se esfuerza en propagar la doctrina y la moral católicas. El objetivo de nuestro estudio no ha sido el poner de manifiesto la "santidad" sino la "catolicidad" del general José de San Martín, y opinamos que, por lo que a esta respecta, le corresponde el primer lugar si no en el orden de méritos, ciertamente en el orden cronológico, en el elenco de los grandes católicos del laicado argentino:  San Martín, Belgrano, Pueyrredón, Dorrego, Félix Frías, José Manuel Estrada, Pedro Goyena, Tristán Achaval Rodríguez, Juan Thompson, Emilio Lamarca, Juan B.Estrada, Bernardino Bilbao, Juan B. Terán, Rafael García, José María Cantilo, Ernesto Padilla, Gustavo Martínez Zuviría, Pedro Chutro, Guillermo Basombrío, Enrique Udaondo, y tantos otros, ni pocos en número, felizmente, ni mediocres en su vida cristiana.

jueves, 28 de febrero de 2019

Urquiza y la masonería


Por Federico Ibarguren
 Era necesario asegurarse, además, y sobre todo, el renunciamiento completo del jefe federal máximo, a los designios del Gobierno invisible. Y para esto, Mitre, que ya había ingresado en la masonería tiempo atrás, maniobró con gran tenacidad y sagacidad política. Complicó en el asunto a Dalmacio Vélez Sarsfield, a quien envió a Entre Ríos para que tuviera audiencias personales con el vencedor de Cepeda en el Palacio San José, convenciéndolo —en aras de la paz de la nación— a enrolarse en la misma logia masónica donde a la sazón militaba Mitre.    Sobre este asunto completamente desconocido, hasta hace unos años, por el público, don Antonio Castro (historiador urquicista que fue nada menos que director del Museo Sarmiento) escribió en el número 2 de la revista Historia, a cargo del académico Raúl Molina, un artículo titulado Urquiza y la masonería, en el cual da pruebas fehacientes —basándose en documentos auténticos en poder del autor— del ingreso secreto de don Justo José a la masonería (Logia Confraternidad Argentina) en la sesión porteña del 21 de julio de 1860; es decir: 14 meses antes de su derrota en Pavón a manos de Mitre.  
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 Escribe a este respecto don Antonio Castro: "Después de la batalla de Cepeda, el 23 de octubre de 1859, y de la firma del Pacto de Unión, en San José de Flores, el 11  noviembre de 1859, que puso fin a la larga separación de Buenos Aires, uniéndose la Nación, y antes de la batalla de Pavón, el 17 de setiembre de 1861. donde las fuerzas de la Confederación Argentina, al mando de Urquiza, abandonaron el campo estando triunfante su caballería, en un gesto que aún no ha desentrañado la Historia, pero existiendo la documentación precisa que puede interpretar el doloroso suceso —y manifestamos que la poseemos en nuestro archivo y oportunamente la publicaremos— en el lapso de estos acontecimientos, repetimos, se produce el acto de la incorporación del general Urquiza a la orden masónica de la República Argentina, el 21 de julio de 1860. Antes de proseguir, es necesario relatar los pasos previos llevados a cabo para preparar el ambiente y disuadir a Urquiza de la conveniencia de aceptar su ingreso a la masonería, proyecto iniciado en seguida de la firma del Pacto de Unión. En el escrutinio de las elecciones efectuadas para elegir el segundo presidente constitucional de la República, realizada el 6 de febrero de 186O, resulta electo el doctor Santiago Derqui, presidente, y el general Juan E. Pedernera, vice, que son proclamados el 8 de ese mismo mes y año para el período 1860-66. en medio de general y unánime aprobación y tranquilidad. El 14 de junio llega el doctor Dalmacio Vélez Sarsfield al Palacio San José, residencia del general Urquiza en Entre Ríos, comisionado del. gobernador Mitre ante el presidente Derqui, con el pretexto de invitar a ambos personajes a visitar  Bueños Aires, pero con el exclusivo fin, oculto, secreto, de sondear el pensamiento de Urquiza y fortalecer su ánimo alarmado por las proposiciones que le habían llegado de ingresar a la masonería, ya que su fe católica le impedía tal acción. El astuto e inteligente Vélez Sarsfield debió haberlo convencido, indudablemente, arguyendo que la Iglesia no prohibía [sic] a sus fieles formar parte de esa clase de sociedades secretas, ya que, en ese momento, servían como instituciones de carácter benéfico, o por lo menos así se disfrazaban... y no las había prohibido expresamente la Santa Sede [?]. Sabemos bien de la capacidad intelectual del sabio cordobés, extraordinario dialéctico, que no se paraba en pelillo más o menos para la consecución de sus fines, demostrada en su dilatada actuación pública. Y creemos que convenció a Urquiza. El 8 de julio el presidente Derqui y el organizador Urquiza llegan a Buenos Aires como invitados especiales del gobernador, Mitre, que los agasajó muy cordialmente durante quince días. Uno de los actos más cuidadosamente preparados en honor de sus huéspedes fue el realizado el 21 de julio de ese año de 1860, es decir, el ingreso de Urquiza a la masonería, juntamente con el otorgamiento al grado 33 a Derqui, Mitre, Sarmiento y Gelly y Obes".
En efecto: el 21 de julio do 1860 ingresa Urquiza, como se verá, a la Logia Confraternidad Argentina, convencido por Mitre. Sobre esta tenida masónica, el investigador católico padre Matías E, Suárez, inteligente historiador v archivista que se maneja con documentos de la época, en su esclarecedor libro Sarmiento, ese desconocido, Buenos Aires, Ediciones Theoría, año 1964, nos relata a través de los discursos pronunciados aquel día lo siguiente: "El 21 de julio de 1860 el antiguo Teatro Colón. ubicado en el solar que hoy ocupa la casa matriz del Banco de la Nación Argentina, vestía sus mejores galas para conferir el grado 33: 'a los ilustres Hermanos Santiago Derqui, presidente de la Nación Argentina; al general Bartolomé Mitre, gobernador del Estado de Buenos Aires v a Domingo Faustino Sarmiento, ministro de Gobierno de Buenos Aires; al general Juan A. Gelly y Obes, ministro de Guerra del mismo Estado, y regularizó en el mismo grado al gobernador de Entre Ríos, general en jefe de los ejércitos de mar y tierra, Ilustre Hermano Justo José de Urquiza'.  En la oportunidad, el masón Roque Pérez, como lo recuerda el legista Fabián Onsari, pronunció 'un gran discurso que felizmente se ha conservado íntegro'. Así dijo el citado jerarca; 'Si en épocas no muy lejanas, ellos han representado ideas políticas divergentes; si en el campo de la lucha han chocado sus espadas, la hidalguía de sus corazones y la altura de sus ideas les han hecho concebir que ésas son luchas estériles para los pueblos, de las que la humanidad sólo recoge lágrimas y despojos. Sólo la concordia, la fraternidad y la libertad en él orden han podido producir bienes perpetuos. Y abrazando con fe sus leyes y principios, esos hombres y sus adictos se presentan a nuestros ojos como los Verdaderos Masones, como los obreros de la paz y los re constructores de la sociedad. . ¡Sí, felices vosotros que al fundar la Masonería en este país, dábais a su primera logia el nombre de «Unión del Plata» y a su hija primogénita el de «Confraternidad Argentina». Estos dos nombres simbolizan lo que véis hoy realizado, después de cinco años de lucha desgarradora; y esas dos logias, que desde un principio manifestaban nuestros votos por la Unión Nacional aún existen vivas y florecientes para recibir en su seno, la una al Jefe de la República, la Unión del Plata; la otra, a los dos guerreros que cruzando sus espadas en el campo de batalla, firmada la paz, se daban el abrazo de hermanos y condujeron a la República al estado de felicidad en que hoy se encuentra, estableciendo la verdadera confraternidad argentina. Es que ambos eran «hermanos» al ligar sus esfuerzos para derrocar la espantosa tiranía que oprimía a los argentinos y para alzar en alto el pendón de la ley, de la libertad, del progreso y del orden, en la sociedad que les confiere sus destinos... El acto de hoy —concluye Roque Pérez— tiene pues un alcance y una importancia solemne, que dando realce a nuestra institución, nos obliga a ser fieles cooperadores de la obra colosal de sellar para siempre la revolución de nuestros pueblos y de mantener elevado y puro él pendón de nuestros padres [?], su creencia y su fe. política, al crear una grande y poderosa República unida por el vínculo indisoluble de la Constitución Nacional. Nos impone, antes que todo, el deber de acallar nuestras pasiones, de no desmentir en ninguna ocasión los principios profesados por él verdadero masón de trabajar con constancia para conseguir el imperio de la ley, de ¡a libertad y de la concordia, sin el cual toda sociedad es un caos; todo derecho, una mentira absurda; todo ascenso, un favoritismo repugnante en que se sacrifica la virtud y el mérito a la adulación y a la bajeza".
Bueno, señores, creo que después de lo leído se explica suficientemente el famoso "misterio" que envuelve la derrota de Urquiza en Pavón. Aquí está la causa verdadera —oculta— de por qué Urquiza abandonó el campo de batalla en 1861, en favor de su "Hermano Mitre", refugiándose en Entre Ríos y entregándole en definitiva el poder político de la Argentina al jefe porteño, su enemigo —ya que Mitre era más antiguo en la masonería y probablemente así lo exigió la central de la logia que los recibió a ambos—. Ésa es la razón, por lo demás también, del asesinato posterior de Urquiza por sus parciales que él había traicionado.

viernes, 1 de febrero de 2019

La Masonerìa en España

Por el Prof. Jbismarck
Luego de la Paz de Utrech y la llegada de los Borbones a España , se origina la llegada de la masonería en España En España se abrió la logia filial de Inglaterra en 1728. La figura más saliente de la masonería española fue el conde de Aranda, ministro del rey Carlos III y agente principal de la expulsión de los jesuitas en combinación con el marqués de Pombal, primer ministro y Gran Maestre de 1a masonería en Portugal. El masón D'Alembert había dicho: "Los jesuitas son la tropa de línea bien disciplina que bajo el estandarte de la "superstición", forman la falange macedónica, cuyo exterminio importa sobremanera". En Francia los había expulsado, en 1762, en número de 1.000, el primer ministro de Luis XV, el duque de Choiseul. Pombal los había desterrado de Portugal en 1759; en número de 1.100, descuartizando, además, a cinco y dejando morir en la cárcel un centenar.
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Los reinos borbónicos de Nápoles, Sicilia y Parma harán otro tanto en 1768, siguiendo el ejemplo de Aranda, que había expulsado, en 1767, a 7.000 de España y América, por las burdas calumnias y ridículas fábulas que configuraron el complot urdido por el duque de Alba.  Sus mismos autores, antes de morir, confesaron su perfidia; y la historia se ha encargado de demostrar hasta la evidencia la falsedad de sus acusaciones. El cerebro de esta conjura masónica era Pombal, principal "punto" del triángulo masónico: Pombal - Aranda - Choiseul.
Los masones aseguran que con tal expulsión y supresión de los jesuitas ganaron la principal batalla del siglo, pues ellos eran los que más se oponían a su penetración. Los llamaban ‘jenízaros del Papa’ y ‘granaderos del fanatismo y la intolerancia’.  El ministro de Gracia y Justicia, Manuel de Roda, escribía Choiseul, el 17 de diciembre de 1767: "Hemos matado al hijo; ya no nos queda más que hacer otro tanto con la madre, Nuestra Santa Iglesia Romana". Aranda cambió el rito inglés por el escocés filosófico primitivo y fundó, en 1780, con el ministro Campomanes, la primera Gran Logia Española, de la que fue Gran Maestre. El 24 de junio de 1780 fundó el Gran Oriente Español, que dependió de Francia.  Terminadas las guerras de la independiente se disolvieron estas logias, quedando tan sólo las nacionales masónicas.  Las filiales españolas de los carbonarios recibieron también el nombre de "ventas", o sea, mesones o posadas de leñadores y carboneros. En 1824 -después de la siniestra experiencia del gobierno masónico de 1820 - 1823 - el rey Fernando VII decretó la disolución de todas las logias y exigió la declaración jurada a todos sus súbditos de que no pertenecían a la masonería: pues, el ser masón, era delito de lesa majestad. Los masones españoles emigraron entonces a Londres y París, como lo han hecho bajo el régimen de Franco. Al morir Fernando VII, en 1833, se organizaron nuevamente las logias; provocando, en 1834 y 1835, las históricas matanzas de sacerdotes y frailes. De 1840 a 1854 las logias españolas sufren la triple influencia masónica de Inglaterra, Francia y Portugal. A sus sicarios se debió el atentado de la reina Isabel 1, que había clausurado las logias, y el conjunto de leyes antirreligiosas del primer ministro judío y masón Juan Mendizábal. Después de la revolución de 1868 se organizaron nuevamente y ejecutaron en 1870, el asesinato del ministro Juan Prim, que quiso restaurar la monarquía.

domingo, 7 de octubre de 2018

Domingo F. Sarmiento y la Masonería

  Por Jordán Bruno Genta
EL ESPIRITU MASONICO RESPECTO DE LA RELIGION CATOLICA, APOSTOLICA Y ROMANA, ILUSTRADO POR D O M I N G O F A U S T I N O S A R M I E N T O . 3 3
"Cada convento y monasterio (en Córdoba) tenía una ranchería contigua, en que estaban reproduciéndose ochocientos esclavos de la orden, negros, zambos, mulatos y mulatillos de ojos azules, rubias, rozagantes, de piernas bruñidas como el mármol: verdaderas circasianas dotadas de todas las gracias, con una dentadura de origen africano que servía de cebo a las pasiones humanas, para mayor honra y provecho del convento a que estas huríes pertenecían". "Facundo", 11 parte, cap. 3, pág. 152 (Edic. "La Cultura Argentina", Bs. As.)

"Añádese que durante toda la revolución, Córdoba ha sido el asilo de los españoles, en todas las demás maltratados. Estaban allí como en su casa. ¿Qué mella haría la revolución de 1810 en un pueblo educado por los jesuítas, y enclaustrado por la naturaleza, la educación y el arte? ¿Qué asidero encontrarían las ideas revolucionarias, hijas de Rousseau, Mably, Reynal y Voltaire, si por fortuna atravesaban la pampa para descender a la catacumba española en aquellas cabezas disciplinadas por el peripato para hacer frente a toda idea nueva en aquellas inteligencias que, como su paseo, tenían una idea inmóvil en el entro, rodeado de un lago de aguas muertas que estorbaba penetrar hasta ellas? ("Facundo", 11 parte, cap. 3, paz. -54)

"¿Hubo cuestión religiosa en la Argentina? Yo lo niego redondamente si no supiese que cuanto más bárbaro y, por tanto, más religioso " es un pueblo, tanto más susceptible es de preocuparse y fanatizarse". ("Facundo", II parte, cap. 5, pág. 182)
Así pensaba Sarmiento en 1845; veamos ahora su pensamiento cuarenta años despues en la última década de su vida, cuando sus méritos lo consagraron Gran Maestre de la Masonería Argentina, para el período 1882- 1885:
"El Santo Sepulcro era la idea religiosa.  Hoy la razón, tal como la han formado los nuevos elementos que " entran en el juicio, se abisma de pensar que el poema satírico del caballero andante e ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha sea "nuestra Ilíada de la Edad Media. Como él, toda la cristiandad persiguió " diez generaciones una quimera generosa y pasablemente absurda".

  " 1543 - MARTÍN LUTERO: " . . . Escandalizado por los horrores de la Prostituta, como le llamarían en adelante a la Roma de los Borgia, y haciéndose eco de los pueblos estrujados y esquilmados con un sistema de ventas de perdones de todos  los crímenes en indulgencias, que dieron los doscientos millones de c: fuertes que costó San Pedro, abre la época del examen de los antecedentes y títulos de esas creencias que permiten tanto desorden. Sin alejandro no hay Lutero.   La reforma sólo pide más cristianismo, más moral, más pureza, menos misterios, menos autoridad y jerarquía religiosa.
 1565 - REACCIÓN RELIGIOSA: " . . .El jesuitismo, como táctica moral, proclamó por medio de sus teólogos casuistas, este principio: " El fin justifica los medios. " Ensayó la colonización del Paraguay, bajo el gobierno teocrático de la Edad Media, que se propuso restaurar. " Edificaba sobre arena. He visto unos naranjales donde fueron las Misiones". "Conferencia leída en el Teatro Nacional,después de la muerte de Darwin,el 30 de mayo de 1881".
 "Con Torquemada, es el sentido moral el que aconseja quemar a " los hombres, si pensaron, si se sospecha que piensan, porque el que cree no piensa sobre lo que cree. . . Pero Torquemada es una fisonomía del pensamiento. El asegurar la salvación del alma quemando el cuerpo
" es una pobre idea de vieja solterona, cuyo sentimiento de la maternidad " tomaría la forma del amor celeste. Torquemada es como los Papas que " le preceden, es un hombre de Estado".
" . . . ¡ Oh! Newton, Humboldt, Cuvier, Darwin, ¿por qué no nacistéis " en la España del siglo xv? Torquemada os hubiera descubierto en la cuna. Qué mirada de réprobos habría dicho al ver vuestros ojos por" donde asomaba ya el alma curiosa e inquisitiva".  Es interesante apreciar en distintos pasajes de un mismo discurso, el desenfado con que Sarmiento, 33, se contradice una y otra vez, haciendo alarde de su irreverencia para con los principios y normas más elementales de la argumentación y abusando de las frases como meros instrumentos
ideológicos y oportunistas: "Si la masonería ha sido instituida para destruir el culto católico
"—desde ahora declaro que no soy masón". Y en seguida de declamar esta adulación para uso de las' gentes desprevenidas o demasiado prevenidas, entra a discutir con su habitual grosería, la palabra de la Santa Sede:"No debo disimular que S. S., el Sumo Pontífice se ha pronunciado
" en contra de estas sociedades. Con el debido respeto a las opiniones " del Jefe de la Iglesia, debo hacer cierta salvedad para tranquilizar a " los espíritus." . . . Pero el que redactó el SYLLABUS se guardó muy bien de excomulgar de la comunidad católica a las naciones cuyas instituciones están fundadas sobre la libertad del pensamiento humano por miedo de quedarse solo en el mundo con el SYLLABUS en la mano". "Conflictos y Armonías de las Razas en
América", cap. III, pág. 114 y 116. OBRAS COMPLETAS, t. 37, Bs. As. 1900. "Discurso pronunciado por Domingo F. Sarmiento, 33, el 29 de septiembre de 1868, días antes de ocupar la Presidencia de la República en un banquete

 Su menosprecio hacia la Iglesia Católica, Apostólica v Romana lo
lleva a las expresiones más groseras y repugnantes, como puede verse en el siguiente pasaje que transcribimos del capítulo vi, de "Conflictos y Armonías de las Razas en América": " La religión debía experimentar una revisión de afirmaciones; pues la razón que leía era otra que la que había escrito. "El primer paso, después de protestar contra los abusos que clamaron " al cielo, como la venta de la entrada a la gloria de Dios, con los pasaportes llamados indulgencias, fué volver a leer la Biblia que contenía " los documentos originales, y siete años consagraron cuatro profundos
" hebraístas a confrontar, depurar, castigar y limpiar los textos arameo, " copto o griego, de los excrementos que los siglos hubiesen depuesto, o" la usura del tiempo destruido".  "La primera edición impresa de la Biblia, hecha como resultado " de aquella verificación de su texto, cambió para siempre la faz del mundo, pues será intérprete el que hubiese a las manos un ejemplar. " He: aquí el origen del movimiento más asombroso, más fecundo, más
" irresistible dado a la inteligencia humana, acabando por las ciencias experimentales, las matemáticas y la química cuando de hechos rotundos se trata".