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sábado, 18 de abril de 2020

Repatriación de los restos del Restaurador y Reivindicación Histórica

por Gonzalo V. Montoro Gil 
Contaba mi abuela Malvina Raquel, “Cota” (tataranieta de J.M, bisnieta de J. Bautista y nieta de J.M. León) que su padre, Rodolfo Molina Salas, tenía PROHIBIDO EN LA FAMILIA HABLAR DE J.M. de ROSAS, NI SIQUIERA PODIAN NOMBRARLO En la propia casa, y en honor a la verdad, continuaba diciendo mi abuela, no se hablaba ni a favor ni en contra de J.M. Su vida y obra era un tema tabú que no se tocaba. Esto me fue confirmado por mis familiares mayores: en nuestros hogares no se hablaba de J.M, en ese sentido reinaba un silencio absoluto.  Seguramente la familia debe haberse debatido en una contradicción afectiva y cultural. Por un lado, como descendientes directos del Restaurador sentirían cierto grado de afecto, pero, por otro lado, la educación recibida desde el ingreso escolar les inculcaba una mirada negativa. Su nombre era sinónimo de “tirano” y y su régimen se calificaba como una feroz “dictadura“, dando a entender con tal término que su gobierno era ilegal. Evidentemente no se conocía lo que significan los términos “tiranía” y “dictadura“.  “El tirano, es una persona que es un intruso en el ejercicio del gobierno y que no ordena al bien común la multitud que le está sometida sino al bien privado de él mismo” (Santo Tomas de Aquino).
Quedó ratificado en los hechos y no sólo en las palabras, que J.M. de Rosas no ha sido tirano. Accedió al gobierno luego de haberse negado a ello en más de una oportunidad, y finalmente lo hizo ante el ruego de la gente de todo el país. Es dable destacar que, durante su gestión, las finanzas públicas fueron tan ordenadas, que hubo superávit en su último año de gobierno. Algo inédito en nuestra historia, como lo aceptan, aun a disgusto, sus propios enemigos.  La “dictadura” , la “tiranía” de Rosas fue elegida por la Legislatura antes de ser nombrado Gobernador y ratificada por un plebiscito los días 26, 27 y 28 de Marzo de 1835, cuyo resultado fue contundente: 9.324 votos y solo hubo 4 en contra, algo que fue reconocido hasta por el propio Sarmiento (“No se tiene aún noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar al plebiscito del 26, 27 y 28 de marzo de 1835 en Buenos Aires por el cual la ciudadanía se pronunció en concederle la Suma del Poder Público a Rosas” ).  Yo mismo, como autor de este trabajo, para comprender y conocer la historia, debí transitar la época de Rosas con mis propias ideas y recursos investigativos, lo que supuso luchar contra un ambiente cultural y social algo adverso en algún sentido.
Volviendo a los relatos familiares, contaba mi tía abuela María (“Mima“) que una vez, siendo ella muy pequeña, le preguntó a su abuelo J.M. León, si J.M. había sido un tirano, y éste le contestó con ternura “El tiempo lo dirá, m’hija…el tiempo lo dirá”.  Esta anécdota nos demuestra indirectamente que en la sociedad de entonces estaba incorporada férrea y dogmáticamente en el imaginario social la creencia que Rosas era un tirano. Con seguridad, esos términos los habría oído la entonces niña María, y de allí surgió la necesidad de consultar a su abuelo.  Podemos afirmar que el tiempo respondió a la pregunta que ‘Mima’ le hizo a su abuelo J. M. León. La figura del Restaurador fue reivindicada y cuando sus restos fueron repatriados desde Inglaterra, se les brindó una espontánea recepción nunca antes –ni después- vista. En Rosario, primero, el 30 de septiembre y luego en Buenos Aires, el 1 de octubre de 1989. Acompañada por sus hijos, “Mima“, ya con 86 años, siendo la mayor descendiente en ese momento, pudo ser testigo, gracias a Dios, de este acontecimiento histórico. Presenció la repatriación y el amor desbordante del pueblo que festejaba en las calles, en los balcones, en las plazas, con unción el regreso con honra del que consideraban su padre.  No tengo presente que el pueblo se haya manifestado con tanto entusiasmo (en realidad con ningún entusiasmo) por figuras como Mitre, Sarmiento, Urquiza o Roca a quienes se les han erigido muchos monumentos en su honor. A pesar de intentar dar una imagen falsa sobre J.M. y su gobierno durante años y años; a pesar de bombardear culturalmente a través de libros, diarios y textos escolares denostando la figura del Restaurador de las Leyes, no pudieron apagar el amor de su pueblo por él. Amor dormido que, como un volcán, subió a la superficie con la repatriación de sus restos. Para el pueblo, quien volvía no era un cadáver en un ataúd, era la personificación viva de Don J.M. de Rosas.   Podemos afirmar que la presión por parte de los unitarios con su intento de “lavar” (sic) la cabeza de los argentinos durante décadas inculcando el odio a J.M. hasta en nuestros días, han sido en vano. Pretendieron borrar de nuestra historia sus actos heroicos y hasta su nombre, pero como puede verse, la verdad finalmente salió a la luz.  Todo el pueblo, a pesar de la educación falseada de la historia con que lo martirizaron desde el 3 de febrero de 1852 (a las 15 horas), llevó siempre internamente en su alma una cintilla punzó.  Esto puede graficarse con la anécdota de un político y escritor inglés quien comentaba que muchísimos años después de Caseros, había oído a los gauchos en la frontera de Bahía Blanca y en otros lugares del interior entrar a las pulperías, clavar su facón en el mostrador, beber aguardiente o caña y luego de mirar al gringo de reojo y en modo desafiante gritar ¡¡VIVA ROSAS!! (R.B. Cunningham Graham “El Río de La Plata”-editorial Wertheimer, Lea y Cía., Londres 1914 -pag.5).
Esto también ha sido vislumbrado por Manuel Gálvez: “Don Juan Manuel de Rosas no ha muerto. Vive en el espíritu del pueblo, al que apasiona con su alma gaucha, su obra por los pobres, su defensa de nuestra independencia, la honradez ejemplar de su gobierno y el saber que es una de las más fuertes expresiones de la argentinidad.” (Manuel Gálvez).
También fue reivindicado por Ernesto Quesada, que había sido educado en el odio a Rosas por su padre el “antirrosista” Vicente Quesada y quien cuando era ministro de Buenos Aires en 1877 fue promotor de declarar a J.M. “reo de lesa patria“.
Ernesto conoció a Rosas en Inglaterra cuando lo visitó junto a su padre –Vicente- siendo un niño. En esa oportunidad tomó nota escrita de las conversaciones entre ambos (Vicente y J.M.) Ya de adulto las recuerda, y vistas a la distancia con el correr de los años, le permitieron tomar conciencia de la real dimensión de la figura del Restaurador y su importancia política.  Podemos dar algunas precisiones poco conocidas respecto al momento en que la historia finalmente le hizo justicia a Rosas, es decir cuando se realizó la repatriación de sus restos.  Los trámites a tales fines comenzaron muchos años antes de que ese acontecimiento histórico se concretara.Los restos de J.M. salieron de Inglaterra, pasaron por París para llegar finalmente a nuestro país el 30 de septiembre de 1989 a la ciudad de Rosario. Antes de partir del lugar de su exilio, se tomaron fotos de su residencia en Southampton: Rockstone House que se encontraba en un barrio bastante elegante llamado ‘Carlton Crescent’.
Carlos Ortiz de Rozas se ocupó tanto de restaurar y cuidar la bóveda en Inglaterra como de mantener el Mausoleo en el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires.  Finalmente, llega el día en que el cuerpo del Ilustre Restaurador de las Leyes, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, regresa con todos los honores primero a Rosario y luego a Buenos Aires. La vida puso las cosas en su lugar:
J.M. no quiso ser enterrado en su patria HASTA que se reconociera –ya que en vida no pudo obtenerlo- “…la justicia debida a mis servicios. Entonces será enviado a ella previo permiso de su Gobierno y colocado en una sepultura moderada, sin lujo ni aparato alguno, pero sólida, segura y decente” (testamento del 22 de Abril de 1876).  
“Llegará el día en que desapareciendo las sombras sólo queden las verdades, que no dejarán de conocerse por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias.” (Juan Manuel de Rosas. 1857).
Los restos mortales de Don Juan Manuel tuvieron que aguardar hasta 1989 para que pudieran descansar en la tierra que lo vio nacer, cumpliéndose así su última voluntad.   Rosas recuperó su honor y su lugar en nuestra historia: descansa en nuestra tierra, bendecido por su pueblo. Tiene sus monumentos, y su nombre está en sus calles, sus edificios y escuelas, sus barrios…
Ese merecido recibimiento que no pudo ser hecho en vida, fue concretado después de muerto. La nación, el pueblo interiormente y con plena consciencia nunca lo olvidó, a pesar de los esfuerzos de aquellos miopes que intentaron en vano que así lo hicieran.
Al recuperar la faz humana de J.M., con sus fortalezas y debilidades, lo enaltecemos. Recordemos que, en aquellos tiempos del destierro, tuvo que sobreponerse ante muchas adversidades prácticamente solo, sosteniendo sobre su alma el dolor de haber dado tanto por su nación. ¿Qué le devolvió ésta en pago? El rechazo y desprecio de las clases políticas desde su caída, pero no el de su pueblo, que con silencio resignado lo guardó en su corazón y su mente, y transmitió dichos sentimientos a sus descendientes, hecho que posibilitó que hoy día El Restaurador sea fielmente reivindicado por los herederos de aquellos.
Recordemos la idea expuesta al respecto por el músico y escritor argentino contemporáneo Litto Nebbia, en una de sus obras: “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oír que oiga.”
Hoy los restos de Rosas descansan en paz y tal como lo quiso, con el reconocimiento de su pueblo. Se encuentran en la cripta familiar del Cementerio de la Recoleta, según consta en el certificado de titularidad.

extraido de "Revisionistas"

miércoles, 15 de abril de 2020

Documentos sobre el Restaurador

Por Gonzalo V. Montoro Gil
-DOCUMENTACIÓN ENCONTRADA EN LA ACTUALIDAD- LUGAR DONDE SE ENCUENTRA-
En estos últimos años se ha conocido fehacientemente que Rosas tenía en el exilio un enorme archivo con documentación que había tenido la precaución de llevarse a Inglaterra. Incluía tanto documentos personales propios y de Encarnación Ezcurra y su familia, como otros relativos a su gestión de gobierno.
Parte de dicha documentación había quedado en Buenos Aires. Existe una carta manuscrita de Máximo Terrero que explica el derrotero la misma.
Según consta en la esquela, en el año 1857 el Gobierno del Escribano Victorino Cabral retiró todos los expedientes, sin conocerse su localización hasta 1883 cuando llegaron sin saber cómo a manos de Terrero, quien los conservó en su propia oficina.  En 1881, Manuelita le envió una parte de la documentación que estaba en Inglaterra a Adolfo Saldías, que se la había solicitado para su enjundiosa obra sobre la Confederación Argentina.
Ese material incluía no solo la documentación original producida en las épocas en que Rosas estaba en el país, sino también la que se acumuló durante los 25 años del exilio (cartas, órdenes políticas y de manejo administrativo de sus propiedades, los títulos que acreditan la propiedad de J.M. de sus bienes y sobre todo del predio de Palermo, que le había sido entregado por el Virrey Liniers. Propiedades que fueron confiscadas vilmente por el Estado Gobernado por el Odio de Mitre, Avellaneda, Sarmiento... a lo largo de los años.
Cuando murió Manuelita, su marido Máximo Terrero remitió a Saldías todos los baúles, que contenían 20 cajas con los documentos faltantes del Archivo de J.M.   Posteriormente, toda la documentación quedó en manos de J. M. León Ortiz de Rozas, nieto de Rosas.   Al fallecer J. M. León, todo recayó en sus hijos: primero en Ricardo Ortiz de Rozas; luego en Sara Ortiz de Rozas (casada con Alejandro Cesar Fernández Sáenz). Después, llegó a manos de la hija mayor de ésta, Ana Rosa Fernández Sáenz de Abriani y posteriormente a sus descendientes Alejandro Fernández Sáenz Ortiz de Rozas y Arturo Abriani.
Todos ellos vivieron en departamentos ubicados en el edificio de la calle Juncal 2100/70 en la ciudad de Buenos Aires

Entre los años 2000 y 2002 al conocerse donde se encontraba toda esa voluminosa documentación, tomó intervención una comisión ad-hoc presidida por el Gral. Oscar R. Chinni, que procedió a evaluarla y contabilizarla. Asimismo, sugirió dónde entregar todo, sin tener en cuenta que se trataba de documentación privada y no pública.    Entre otros documentos, allí se encuentran, tal como se adelantó, el testamento de Encarnación Ezcurra, cartas públicas y privadas de J.M. de Rosas y de su familia, detalles precisos de la rendición de cuentas durante su gestión de gobierno, entre otros escritos personales.
La familia Abriani, sin autorización del resto de los herederos de Rosas, procedieron a fin del año 2016 a donar inconsultamente a la Academia Nacional de Historia, todo el material en cuestión. De este modo, se perdió irremediablemente la posibilidad de hacer visible, en forma documentada, los derechos y los actos de J.M. tanto en el país como en el exilio.
Otro elemento que influyó en contra de la exposición al público de ese gigantesco material, por calidad y volumen, y de altísimo valor histórico, fue la postura contraria a la persona y la actuación de Rosas y la Confederación, que siempre ha mantenido la Academia.
Ese error o desinterés por parte de los Abriani al elegir esa institución como depositaria, ha imposibilitado ver o estudiar los documentos tanto antes como después de su entrega. Situación que sigue vigente actualmente en el año 2018.
La citada Academia ha informado en Julio de 2019 que hasta que no se “pongan en orden” (sic) todos esos documentos, el público-ni siquiera su familia- podrá acceder a su lectura y estudio. Culminada la organización y ordenamiento del material, no habría inconvenientes para exponerlos.
Con el tiempo se sabrá si esto es verdad….
“Y LA HISTORIA JUZGÓ”…(G.V.M.G.) 
“Si la historia es la que juzga
pues que juzgue como es debido:
quienes nos inculcaron
el renegar de nuestro hispanismo
y quien elevó ese valor íntimo
que a nuestros hijos ha ennoblecido!
Quienes quisieron con parricida instinto
que fuera de Bs.As. no hubiera argentinos
y quien unió a las provincias
y dio a la patria, su digno sentido!
Para quienes juego de salón era
con reglas de afuera, patria y destino
y quien venció a los anglo-franceses
a fuerza de sangre y diez cañoncitos!
Quien se unió al extranjero
allá en Caseros, mi amigo
y quien luchó junto a un criollo
que solo a traición pudo ser vencido!

Así es que la historia juzgó
Juzgó como era debido
a un Brigadier General, y a su sable
que heredó con honor altísimo
con el que restauró a la bandera, el sol
y su orgullo de haber nacido!”

extraido de "Revisionistas"