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domingo, 31 de octubre de 2021

Julio R. Otaño "Rosas y el Paraguay" - Primer Foro de Integración Correntino - Paraguaya organizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción (FACSO - UNA) y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE)

 En la mañana de hoy tuve oportunidad de participar en el Primer Foro de Integración Correntino - Paraguaya organizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción (FACSO - UNA) y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y que se llevó a cabo de forma virtual este 26 y 27.11. Este foro contó con la Adhesión del INSTITUTO NACIONAL DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS JUAN MANUEL DE ROSAS Y EL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS JUAN MANUEL DE ROSAS DE GRAL SAN MARTÍN. Y EN REPRESENTACIÓN DE DICHAS INSTITUCIONES PARTICIPÉ DEL Debate sobre los vínculos, la historia y las construcciones sociales que involucran a la Provincia de Corrientes de Argentina y el Paraguay. Debate en el marco en el proyecto de Extensión de la FACSO-UNA, del mismo nombre. Con destacados historiadores y Profesores Universitarios como Jorge Deniri, Dardo Ramírez Braschi, Daniel Manzur, Andrés Salvador, Fabián Nieves , Walter Aragor, Virginia Cabrera, Gabriela Quiñones, Ruth Carina Martínez Jiménez, Fabián Hamm y el prestigioso historiador Estadounidense Thomas Whigham del Departamento de Historia de la Universidad de Georgia.



viernes, 20 de abril de 2018

José Gaspar Rodríguez de Francia

por Teodoro Boot
[El 20 de septiembre de 1840]  moría en Asunción Gaspar Rodríguez de Francia, que sin haber declarado la independencia del Paraguay puede con justicia ser considerado el padre de la misma, así como el principal artífice de su secesión de las Provincias Unidas.
El caso de este doctor en Teología y Filosofía no será raro en la historia de América. Denostado hasta la infamia y la tergiversación por las gentes decentes y principales (hasta el punto de haberse destruido el monumento que señalaba la ubicación de sus restos, cuyo paradero en la actualidad se desconoce) fue intensamente amado por los hombres y mujeres sencillos, hasta el punto de que sólo otras dos personalidades recibieron el honroso título de Karaí Guasú (Gran Señor o Señor Grande) por el que los pueblos de linaje guaraní conocieron a quienes habían sido sus líderes y benefactores: José Gervasio Artigas y Francisco Solano López.  Y por esas cosas del azar o acaso de la clarividencia popular, el destino de estos dos hombres estuvo signado por la elección que hizo Francia ante las opciones que se le presentaban al Paraguay de su época.
Paraguay en 1810 Para el momento en que tiene lugar en Buenos Aires la Revolución de Mayo, Asunción ocupaba el lugar de la última de las periferias de un sistema extractivo que tenía como embudo el puerto de Buenos Aires, gobernado por una bur­guesía intermediaria, dueña del negocio de la importación y exportación, y por intelectua­les y políticos imbuidos de la ideología de la Ilustración y seducidos por las teorías del liberalismo económico británico. Tradicionalmente satélite de Cádiz y concentradora de las riquezas producidas por el conjunto del virreinato, Buenos Aires se integra con facilidad como satélite al siste­ma del Imperio Británi­co. Desde allí se exportan las ma­terias primas producidas en el interior y se importan las manufacturas inglesas que luego se revenden en todo el ámbito de las Provincias Unidas. Y así como In­glaterra es metrópoli de Buenos Aires, ésta es, a su vez, submetrópoli de las capitales de provincia donde actúan burguesías interme­diarias asociadas a la de la gran ciudad-puerto.
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El historiador uruguayo Vivian Trías lo explicaría así: “Las capitales de provincia ope­ran según la misma ambigüedad de Buenos Aires. Son satélites de aquélla, pero submetrópolis de los pueblos y villas de la campaña. Y éstos, a su vez, son satélites de las capitales provinciales y submetrópolis de su periferia rural. De esa manera, una cadena de metrópolis-satélites y satélites-metrópolis ar­ticula los intereses de la City londinense con el trabajo de los pro­ductores rurales, los peones, arrie­ros, pastores, boyeros, etc.” Pero no se trataba únicamente de que se mantuviera constante el flujo de materias primas hacia la metrópoli de ultramar y de que, por la misma ruta, en sentido inverso, las manufacturas inglesas fueran libremente comercializadas sino de que, siguiendo a Trías, “cada economía creciera ‘hacia afuera’, especializándose en la producción de aquellas materias primas para las cuales era más apta y que podía vender más barato, de que aceptara el dominio de las finanzas inglesas, el diseño de los ferrocarriles ingleses y cumpliera religiosamente con las reglas del patrón oro”. Básicamente, lo que se ha dado en llamar “división internacional del trabajo”.
Sin embargo, aun con la complicidad de una clase domi­nante de terratenientes, comercian­tes, mineros, banqueros y políticos, no sería tan sencillo desplumar la gallina sin que chillara. Y así como el sistema colonial español había acabado por provocar las revoluciones independentistas y autonomistas, era dable esperar que este sistema neocolonial despertara resistencias, las que dieron origen en las Provincias Unidas a una larga guerra civil que no cesaría sino hasta 1880. Cabe apuntar que con la federalización del puerto y la aduana de  Buenos Aires terminaron los enfrentamientos armados pero sin que fuera suprimida la distorsión que los había provocado.
Unitarios y federales  Ya desde los primeros momentos posteriores a Mayo, Buenos Aires se arrogó la facultad de gobernar a las provincias, actuar en su nombre e imponerles sus gobiernos,  tendencia que se acentuó con la instauración del Primer Triunvirato y dio origen al unitarismo, expresión política de esa estructura dependiente. Se trataba de instaurar un gobierno centralizado del conjunto de las provincias, a las que revender las manufacturas británicas y de las que extraer las materias primas según las fuera requiriendo la metrópoli. Es así que bajo los auspicios de Rivadavia se exportan cebos y cueros y se importan botas, ponchos tejidos en los telares industriales de Manchester y hasta patines para hielo. La incipiente industria criolla, incapacitada de competir con las manufacturas británicas, quedó arruinada por la libre importación, y con ella, las provincias, ya que para los unitarios, el puerto y las rentas de aduana eran patrimonio exclusivo de Buenos Aires. De ese modo, las rentas derivadas de la riqueza que las provincias producían y de las manufacturas que compraban, quedaban en Buenos Aires.  Semejante sistema afectaba en forma tan notable los intereses y necesidades de los pueblos del interior, que éstos reaccionaron encolumnándose detrás del más lúcido caudillos argentino: José Artigas.
El programa de Artigas La reacción artiguista fue instantánea, prácticamente simultánea a los primeros intentos de instauración del sistema unitario y es Artigas quien primero advierte dónde se encuentra el origen de los males que se abaten sobre los pueblos del interior: el dominio del puerto y de los ríos por parte de una burguesía intermediaria, la apertura aduanera y el sistema en el cual medran las clases dominantes locales, que al tiempo que son esquilmadas por la metrópoli son a su vez las encargadas de esquilmar a sus propios satélites.  En consecuencia, el programa artiguista consistió en nacionalizar las rentas de aduana, proteger las artesanías y pequeñas industrias, abrir la navegación de los ríos de manera de habilitar otros puertos, distribuir la tierra entre los más humildes y organizar a las provincias en una gran nación federal dotada de un gobierno único capaz de expresar y respetar las autonomías provinciales. Su lema “naides es más que naides” tenía un doble significado, el de una nación donde rigiera la igualdad entre los hombres pero también la igualdad entre regiones, y no un país compuesto de metrópolis y satélites, submetrópolis y subsatélites.
La guerra civil provocada por proyectos tan disímiles, que comienza con el desconocimiento y encarcelamiento de los delegados orientales a la asamblea constituyente y la complicidad de los gobernantes porteños con la invasión portuguesa a la Banda Oriental, es el escenario en el cual Gaspar Rodríguez de Francia hará su opción política y desarrollará su estrategia.
II. El Dr. Francia y el aislamiento del Paraguay Probablemente ninguna otra ciudad del virreinato se opuso más terminantemente que Asunción a la pretensión hegemónica de la Junta de Mayo. Era lógico: si bien confinada en un margen del sistema español y arruinada tras la expulsión de los jesuitas, había sido desde Asunción desde donde se fundaron las ciudades del litoral argentino, incluida la veleidosa Buenos Aires, y desde donde el asunceno Hernandarias había regido los destinos de la Gobernación del Río de la Plata y el Paraguay, así como era también nacido en Asunción un nieto de Domingo Martínez de Irala y de Leonor, una de sus concubinas de origen guaraní, el cronista Ruy Díaz de Guzmán, primero en denominar Argentina a su región natal y primero entre nosotros en usar la palabra patria para referirse a ella. Por otra parte, desde sus mismos orígenes el Paraguay tenía una fuerte tradición autonomista que le venía de la temprana rebelión de Irala, la experiencia jesuítica y la revolución comunera.  Fue debido a estos antecedentes y a la situación de último satélite del sistema de exacción virreinal que tenía como principal submetrópoli a Buenos Aires, que Paraguay no se plegó al movimiento revolucionario de Mayo, fue invadida por Buenos Aires y derrotó al pequeño ejército comandado por Manuel Belgrano.  Poco después, al influjo de las conversaciones con Belgrano y de las promesas de poder comercializar libremente la yerba y el tabaco, la oligarquía asuncena ins­tauraba una Junta revolucionaria en la que Gaspar Rodríguez de Francia va cobrando preeminencia y pronto dirige en los hechos la política exterior paraguaya. En principio, el nuevo gobierno revolucionario firma un tratado con Buenos Aires que es considerado el primer antecedente del federalismo y luego, lenta y perseverantemente, Francia va imponiendo su idea aislacionista. Fiel a su lema de que “el Paraguay no quiere paz ni guerra con nadie”, hace lo imposible por no verse involucrado en la guerra civil que ya entonces anarquiza a las Provincias Unidas, impidiendo su desarrollo.
¿Qué la “anar­quía al modo de ver de Francia? No otra cosa que el choque entre el proyecto neocolonial y el independentista, que toma la forma de un enfrentamiento cada vez más violento entre las elites comerciales y terratenientes apoyadas en ejércitos de línea, y los pueblos desposeídos conducidos por sus caudillos. La consecuencia del afán aislacionista de Francia, empeñado en mantener al Paraguay a salvo de la guerra civil, es la elección de una estrategia contraria a la de los unitarios porteños, pues se tratará entonces de “crecer hacia adentro”, para lo cual se hace necesario adoptar o más precisamente llevar a la práctica el programa artiguista, aunque en el caso de Paraguay esto se hará con una sustancial salvedad que, según se mire, desencadenará a la postre la tragedia.
A la vez que Francia rechaza la invitación de Artigas a sumar al Paraguay a la Federación de los Pueblos Libres, se le hace evidente que para perseverar en el aislamiento y propiciar un desarrollo autónomo deberá enfrentar a la clase dominante local, vinculada comercialmente con la metrópoli británica o en su defecto, la submetrópoli porteña. Valido de su prestigio como distinguido abogado que nunca ha cobrado honorarios a los pobres, se apoyó en los campesinos, mayoritariamente indígenas, peones, artesanos, modestos indus­triales y comerciantes. Y no vaciló en reprimir la conjura de 1820, sancionando con el patíbulo, la cárcel, el destierro, y muy especialmente la confiscación de bienes, a lo más granado de la elite paraguaya.  Su actitud ante las diversas clases sociales no dejaba lugar a dudas. En un furibundo panfleto publicado en Buenos Aires, el opositor Fray Mariano Velazco escribía: "A vosotros consta por experiencia que cuando llega a sus puertas un rústico o torpe campesino, al punto le franquea su trato familiar y la licencia para estrecharse con él. Admira el ver a este hombre encapotado y taciturno, rebosando de alegría. ¡Con qué cariño recibe a su gran huésped! Lo toma de la mano, lo introduce en su mismo estudio, lo acaricia, lo halaga, lo palmea, lo llena de satisfacción, le sienta a su lado... Por el contrario, si pide audiencia un ciudadano culto y noble, lo veis ya transformado en una figura muy diferente y tan feroz como su genio”.
El crecimiento hacia adentro El aislamiento político tenía necesariamente que derivar en el aislamiento económico, pero la estrategia del doctor Francia no consistió solamente en “prohibir” los vínculos con el exterior sino en sustituir el “crecimiento hacia fuera” por el “crecimiento hacia adentro”, tarea que no podía ser encarada por una elite revendedora de las mercaderías europeas importadas y expor­tadora de yerba y tabaco. Sostiene el historiador Vivian Trías: "No había en el Paraguay una verdadera burguesía nacional e industrial. De ahí que para ensayar la autarquía hubiera que quebrar el espinazo a la elite asuncena y poner en manos del Es­tado, apoyado en las masas, la direc­ción de la nueva política económi­ca”.  Esa nueva política consistió en disminuir o directamente eliminar la apropiación de los intermediarios internos del Paraguay (comerciantes españoles, acopiadores, grandes hacendados y la Iglesia como propietaria, financista y cobradora de diezmos y otros beneficios) transfiriendo los beneficios a los productores primarios mediante el arrendamiento a bajo precio de las tierras expropiadas, y la eliminación de los intermediarios externos mediante el monopolio estatal del comercio exterior y el manejo de las licencias comerciales, la fijación de precios mínimos para los productos de exportación y de máximos para los de importación.  El Estado comenzó a ser un gran actor en el mercado, tanto en la compra como en la venta, utilizando las Estancias de la Patria y los Almacenes del Estado. Asimismo, intervino en la demanda de mano de obra, en la fijación de salarios, las tarifas de los arrendamientos, y para, evitar las fluctuaciones derivadas de los tiempos de escasez y la consiguiente especulación, el establecimiento de precios máximos a bienes de primera necesidad como la carne, el maíz, la mandioca y la sal. Esto provocó una importante redistribución de la riqueza hacia los campesinos y artesanos, que fueron también beneficiados con una reforma impositiva de carácter progresivo. El resultado fue la conformación de un Estado lo suficientemente fuerte como para impedir la concentración o la fuga de las riquezas.
III. La enseñanza paraguaya El aislamiento –que en rigor de verdad no fue tal, pues Francia no prohibió el comercio exterior, sino que lo nacionalizó–, supuso inevitablemente la desarticulación de la oligarquía, concitó el apoyo popular y propició el desarrollo económico autónomo. A fin de un mayor control y desconcentración, se establecieron dos puntos de comercio exterior, anteriormente concentrado en Asunción: uno en Itapúa, para el tráfico con Brasil, y el otro en Pilar, para el comercio con el litoral argentino.
El im­puesto sobre las importaciones era de un 19% sobre el precio de la mercadería, pero podía modificarse en cada caso, mientras que las exportaciones, también muy controladas a fin de reducir evasiones, eran gravadas con un 9%, prohibiéndose el pago en metales preciosos y, como modo de evitar el monopolio comercial de extranjeros y la escasez de plata, se estableció el trueque obligatorio por productos paraguayos.
Los dueños de la tierra  Una de las primeras medidas de Francia había sido la de revertir el proceso de concentración de tierras que tuvo lugar luego de la expulsión de los jesuitas, para lo que comenzó por apoderarse de las tierras que habían pertenecido a las misiones, y expropiar y multar a los grandes propietarios, incluida la Iglesia, a un ritmo tal que para 1840 más de la mitad de las tierras de la Región Oriental y la totalidad del territorio del Chaco pertenecían al Estado. Estas tierras eran arrendadas a los campesinos con la condición de ser dedicadas a cultivos decididos por el Estado tendientes a lograr el completo autoabastecimiento del país. Fue así que el arroz el maíz, las legumbres, el algodón que anteriormente debían comprarse en el exterior, al promediar el período francista se producían en el país en cantidad suficiente para cubrir las necesidades de la población y aun ser exportados. Asimismo, con la organización de las Estancias de la Patria, se impulsó la producción ganadera y se reinstauró la práctica jesuítica de hacer dos cosechas anuales.
Educación popular y desarrollo industrial La educación pública primaria se hizo obligatoria y gratuita y se extendió a todos los niveles de la sociedad. En un principio, las municipalidades locales fueron encargadas de abonar a los maestros y los jueces locales de construir nuevas escuelas de manera tal que a menos de quince años de la revolución prácticamente la totalidad de los paraguayos estaban alfabetizados. Para 1835 el Estado abonaba salarios uniformes a 140 maestros rurales, a los que también proveía de vestimenta y ganado, que enseñaban a 5000 alumnos. Durante el gobierno del doctor Francia se creó la primera Biblioteca Pública del Paraguay en base a herencias en favor del Estado, a confiscaciones a la clase ilustrada, así como a la biblioteca personal del propio Francia.
Junto al notable incremento de la producción agraria y al régimen de tenencia de la tierra que benefició básicamente a la población campesina, al cesar la importación de numerosas manufacturas, se produjo un desarrollo impensado de la producción artesanal e industrial.
A la muerte de Francia, ocurrida el 20 de septiembre de 1840, el Paraguay estaba listo para el gran salto industrializador que impulsaría Carlos Antonio López, quien profundizó y sistematizó la política económica francista.
Carlos Antonio López completó la estatización de prácticamente la totalidad de las tierras, que eran cedidas en explotación a los campesinos por ocho años renovables, dio a los pueblos indígenas la nacionalidad paraguaya, otorgándoles la igualdad de derechos, y con los recursos del comercio exterior construyó importantes obras de infraestructura, como el alto horno de Ibicuy, los astilleros desde los que se armó una importante flota fluvial, el tendido del primer ferrocarril de Sudamérica y de una amplia red telegráfica, y se financió un desarrollo industrial inusitado para época y la región.  Pero el sistema de Francia constituyó también una limitación. Como pudo comprobarse dos décadas después, la derrota de la oligarquía local en base al aumento del poder popular, la justicia social, la defensa de la soberanía y el desarrollo industrial no serían suficientes para consolidar un país independiente si simultáneamente no se construía una nación, la Patria Grande republicana y federal que proponía Artigas.   Fue así como al no llegarse a una solución justa al problema del puerto y los ríos para que dejaran de ser privilegio porteño y fueran patrimonio de to­das las provincias, el desarrollo y la independencia paraguaya serían trágicamente truncados por obra de las elites mercantiles frente a las cuales el doctor Francia había dejado solo a José Artigas.  Además de mantener una sorprendente actualidad, la experiencia paraguaya muestra de qué modo son posibles el desarrollo industrial, la igualdad social y la soberanía política mediante el fortalecimiento del Estado, el empoderamiento de los sectores populares, la destrucción de las oligarquías nativas y la apropiación por parte del conjunto de la sociedad de las rentas del comercio exterior. Pero muestra también las enormes dificultades de ese sistema para prolongarse en el tiempo si paralelamente no se lleva a cabo un simultáneo proceso de integración regional, justa y equitativa, que diluya las desigualdades y dé forma a una nación sudamericana de carácter republicano y federal. Si los pueblos, diría el Dr. Francia, no se organizan según sus aspiraciones y necesidades, serán organizados según los intereses y propósitos de las potencias.

lunes, 29 de febrero de 2016

Juan Manuel de Rosas, creador de la Política Exterior Nacional (Part. 2)

Por Luis Oscar Buján
Objetivos de la Política Exterior de la Confederación rosista

1. Mantenimiento de la integridad territorial. Seguridad de las fronteras.
Después de las pérdidas territoriales experimentados por el que fuera el territorio original del Virreinato del Río de la Plata, donde los desaciertos políticos de los ideólogos enervaron los sentimiento autonómicos, la política exterior de Rosas se orientará en la conservación de la integridad del territorio que recibiera al comenzar su mandato. Para ello, el gobierno encargado de las Relaciones Exteriores deberá desplegar una acción enérgica en el plano interno que abarcaria lo político, lo económico e incluso, llegado el caso, la militar. Los sentimientos de algunos de los dirigentes provinciales que llegaban a confundir autonomía con independencia, encontraron aliados poderosos en las naciones ultramarinas interesadas en el establecimiento de colonias, o bien de la balcanización que les aseguraría buenos negocios y mayores posibilidades de inversión financiera. También las naciones limítrofes vieron que la situación interna en la Confederación podría ofrecerles la posibilidad de ampliar sus territorios a expensas de la Argentina; palabras aparte merece la actitud del Brasil que veía en la figura de Rosas y su política un obstáculo en su pretendida hegemonía en la Cuenca del Plata. Serían emigrados argentinos en esos países quiénes alentarían la mayoría de las veces la segregación de territorios de la Confede­ración, mentes egoístas que con tal de obtener su metas políticas no repararon las promesas de enajenación territorial, olvidando que la misión primera de todo político es la conservación del patrimonio territorial.
Un caso distintivo de la política exterior lo constituiría la relación con el Paraguay, que gozaba de una total autonomia desde 1811 sin que se hubieran presentado problemas hasta el momento en que Carlos Antonio López declarará la independencia de la provincia argentina, La oportunidad el pronunciamiento paraguayo y las consecuencias que este acarreaba, dado que su reconocimiento llevaria a la apertura de la navegación del Río Paraná, objetivo que perseguía Gran Bretaña motivaría que Rosas mantuviera una actitud de intransigencia con la nación guaraní. A las dificultades que esta situación planteaba, Arana le escribía a Guido lo siguiente: "persuadido está de lo que importa a ambas países la incorporación del Paraguay a la Confederación el Gobierno de Buenos Aires jamás pretenderá obligar con armas a aquél país a que la confederacion y que sus relaciones siempre serán conducidas con amistosa benevolencia. Combinando los principios de neutralidad con el de conservación del territorio, dejó “Rosas carecía de fórmulas para resolver la gravísima cuestión planteada por la independencia del Paraguay, pero en su videncia de la realidad política, estaba convencido que el Paraguay autónomo era imposible”, confiaba en que los dirigentes paraguayos advirtieren que el enemigo del Paraguay no eran las provincias argentinas, sino el enemigo común el Imperio del Brasil como quedaría demostrado treinta años más tarde


2.Evitar la ingerencia de los extranjeros en los asuntos internos.
Así como Rosas evitó la intervención argentina en asuntos internos de los Estados vecinos, de la misma manera exigiría de otros estados la política correspondiente; ese derecho soberano sin embargo, no encontrará correspondencia, y tanto en la política desarrollada por la Banda Oriental cuando pasa a ser gobernada por Fructuoso Rivera, como el Brasil, pero fundamentalmente por Francia y por Gran Bretaña, obligarán a que el gobernador de Buenos Aires deba usar todos los métodos de la política para hacer respetar la soberanía nacional. En realidad, la participación de extranjeros en nuestros asuntos sería promovida por gobiernos provinciales, como los casos de Corrientes y de Cullen, en 1838, o por los emigrados que pretendieron conformar una gran coalición internacional contra Rosas, como fue el caso de la misión de Florencio Varela ante las cortes europeas. Este principio de autodeterminación sería sostenido con tesón en todo momento; son bastos conocidos las posiciones ante los reclamos franceses y británicos en 1838 y 1845, pero su actitud fue una constante del gobierno de Rosas lo explica Clemente Basile en ocasión de mediación inglesa ante la guerra con Bolivia: “...la aceptación de la mediación de Inglaterra, si Rosas exigiera tales garantías, habría significado una claudicación para el gobernador, una aprobación de las intromisiones de un país extraño para resolver asuntos que eran privativos soberanía argentina” .

3.Defensa de los derechos argentinos
La defensa de los derechos de la Confederación Argentina como nación soberana sería otro de objetivos propuestos por el gobierno de Rosas. En el planteo de los reclamos ante Gran Bretaña por los derechos argentinos sobre las Malvinas; en la exigencia de revisar el tratado de 1825 para anular las cuestiones de la libertad de culto y las ventajas comerciales que se le habían otorgado a la nación europea; en los reclamos; las agresiones extranjeras buscando tratados leoninos; en fin, en la permanente exigencia al reconocimiento de los derechos nacionales, el gobierno de Rosas se caracterizaría como pocos en nuestra historia diplomática. Esta posición sería claramente precisada por el Gobernador cuando en la respuesta a la oferta de mediación propuesta por Inglaterra en el conflicto con el Mariscal Santa Cruz, dijo: “...un Estado no tiene derecho para entrometerse en los arreglos internos del Perú y Bolivia separados e independientes; que estas dos naciones tienen derecho a formarse en una Confederación de Estados si lo creen conveniente, es una doctrina que el gobierno argentino jamás ha negado (.. y cuando se trata de principios fundados sobre la justicia universal, no puede ser vituperable América lo que los gabinetes europeos admiten como texto de su diplomacia”. Ante la insistencia que se aceptara esa mediación, en carta al gobernador de Tucumán, Heredia en 6 de junio de ese mismo año, Rosas le dice: “ ...o habíamos de renunciar a nuestra dignidad y a nuestra independencia política, o necesariamente debíamos apelar a las armas” .


4. Respeto e igualdad jurídica entre las naciones.
De los objetivos anteriores se desprende este principio de reciprocidad. En ocasión de producirse el primer bloqueo francés al Río de la Plata, el objetivo oculto de la nación gala, era demostrar el principio de superioridad del derecho francés sobre el derecho argentino . Arana respondería al Cónsul francés en 8 de enero de 1839: “Cualquier concesión a las pretensiones exigidas por el Consulado (...) determinaría no solamente menoscabar su soberanía, su independencia y su dignidad, sino también reducir a los ciudadanos de la Confederación a una condición mucho más triste y más degradante que aquella en la cual vivían como colonos bajo la dominación española...”
La firma de tratados que garantiza la igualdad jurídica de los Estados sería una de las condiciones reclamadas e impuestas por el gobierno rosista, cuando se trate de resolver conflictos, sosteniendo que no se podía reclamar por la fuerza o los cañones, privilegios que solamente pueden concederse por tratados. El triunfo de esta posición quedaría concretado con la firma de los tratados de 1840 y 1849-1850. Consecuentemente con esta exigencia, y habiendo experimentado su gobierno los riesgos que producía el permitir que los gobiernos toman partido por alguna facción local, Rosas evitaría comprometer a su diplomacia en actitudes semejantes.
En este sentido, uno de los ejemplos más claros lo tendremos en las instrucciones dadas a los enviados ante Chile y Bolivia, en las que el propio Rosas recomendaba: “...presentarse siempre neutrales ante los partidos políticos del lugar” .

Los Principios
Es académicament
e aceptado que los principios generales de la política Exterior deben ser siempre:

-Formular siempre una política realista, ya que no sólo importan los valores contenidos en ella, sino también el éxito final de la misma.

-Definir la política exterior en términos de Interés Nacional, que responda a los intereses permanentes del país, y no de grupos o de individuos .

Para esto el Estado dispone de tres instrumentos: la Diplomacia, la propaganda y los armamentos. De estos se desprenderá la capacidad real de negociación que pueda tener un estado, después de haber:

a) fijado prioridades;

b) guiado a la opinión pública;

c) aplicado una diplomacia eficiente y profesional;

d) haber obtenido una capacidad real de negociación.

Dos serían las prioridades de la política rosista, que estaban además en correspondencia con los objetivos que hemos analizado. El primero de ellos:

a) Neutralidad con los países vecinos.
Durante el período rosista los conflictos que la Confederación debió enfrentar fueron innumera­bles; destaquemos los conflictos con Francia y con Gran Bretaña por su carácter de potencias y por la acción desarrollada por los emigrados, que alentando los afanes expansionistas implicaban la posibilidad de un conflicto agregado con los vecinos. Es este sentido, Rosas trató siempre de no comprometer la acción política con situaciones que pudiesen desembocar en un conflicto bélico, prefiriendo la negociación diplomática al uso de la fuerza. Así en la cuestión de la Banda Oriental apelaría sólo a la guerra cuando Rivera, aliado a Francia y los unitarios, la declarara e inicie acciones sobre la Mesopotamia. Otro tanto ocurrirá con el Paraguay, que en actitud similar a la uruguaya, en 1847 invade las Misiones; aquí la prudencia aconsejaba no hacer uso de la fuerza, y esperar la oportunidad de negociar. Con Chile, a pesar de su proyección sobre el Estrecho de Magallanes y la Patagonia, sólo motivaron enérgicas protestas, pero ninguna acción armada. Un juicio sobre esta política la ofrece el “Annuarie des Deux Mondes”, al decir: “...en lo que concierne a las dificultades que pueden surgir entre los estados hispanoamericanos, ligados por una nacionalidad e intereses comunes, afecta no admitir en principio sino la vía de las negociaciones amistosas” En el caso de la cuestión planteada con la Confederación Peruano-Boliviana, la respuesta y los métodos utilizados serían diferentes ya que también era diferente la situación. Bolivia tenía pendiente de solución la cuestión de Tarija, anexada a ese país desde 1825, originándose una disputa territorial. En 1836, Santa Cruz entra en guerra con Chile y la Argentina. En esa ocasión Rosas escribe a Heredia en 28 de diciembre de 1836: “.. .la guerra que ésta República debe hacer no a Bolivia sino a la administración del Presidente Santa Cruz ..”. Pensaba sin duda en la posibilidad futura de arreglar la cuestión pendiente, y la prudencia aconsejaba no despertar odios irreductibles entre dos pueblos hermanados.
Esta misma actitud le llevó a evitar situaciones que pudieran comprometer la neutralidad futura, y en ese sentido escribía a Oribe en 12 de enero de 1842: “...respecto de Tarija, no es digno de la República Argentina reincorporarla por la fuerza, ni reclamar nuestros derechos en circunstancias que Bolivia se encuentra afligida y envuelta en anarquía. Que esto debe ser obra de la paz, por negociaciones pacíficas, dignas y honorables”. Se sentaba así uno de los principios rectores de la política exterior nacional: “no utilizar la fuerza ante un país hermano con dificultades no obstante que asiste la razón y el derecho”.

b) Desarrollo de una política americanista.
Escribía el Diputado Garrigós a Guido en 1839: “Los gobiernos de Europa nos tratan como sus subalternos con el más alto desprecio, considerándonos como salvajes o berberiscos; y es porque somos débiles. Deberíamos pues pensar en hacernos fuertes (...) y esto lo conseguiríamos haciendo causa común los americanos (..) deber nuestro es marcar a los gobiernos de América la línea de conducta que deben observar, si es que quieren realmente ser libres e independientes”. Las políticas desarrolladas por Rosas en este sentido, respondieron a su punto de vista americanista del que dio varias y repetidas muestras a lo largo del período en que le tocó gobernar y dirigir la política exterior argentina. En esta política no sólo estaba comprometido el gobernador, sino también a todos los hombres que compartían con él la responsabilidad del gobierno. Coincidiendo con Garrigós, Anchorena afirmaba que: “La causa que actualmente sostenemos es la de toda la Confederación, es la de todas las repúblicas americanas” . Vicente Sierra sostenía al respecto que: “No era esta una literatura que buscara trascendentalizar hechos por razones menguadas de política interna, sino expresión de un alto pensamiento americanista, tendiente a establecer que no habría problemas argentinos, chilenos, peruanos o bolivianos que no fueran problemas continentales, sobre todo si se trataba de fortalecer una unidad dispuesta a enfrentar presiones exteriores” .
Es también Guido quien vuelve a plantear el tema de la unidad continental y de los peligros esta representaba para las potencias europeas: “...preveo muy claramente cuál será la política del Gobierno Británico, que no omitirá medios cuando no para impedir la reunión del congreso(convocado por el Perú), al menos para debilitarlo y desacreditarlo (...) bien conocen los soberanos europeos cuanto les vale en el Nuevo Mundo la subdivisión de los estados y la influencia come que ejercen” .

La Cancillería brasilera, el gobierno de Montevideo y el grupo unitario emigrado le atribuía a Rosas la intención de reconstruir el Virreinato del Río de la Plata, con el afán de producir la radicalización de la posición británica contra éste. Fue en realidad un argumento utilizado por los franceses para colocarse a la cabeza de la coalición antirosista. Irazusta en cambio sostiene “Rosas no tenía el plan de reconstruir el virreinato de Buenos Aires; sino uno mucho más elevado que era el de la confraternidad americana a todo trance, sobre la base de la integridad territorial del país tal como se hallaba cuando él empezó a gobernarlo”.
Si siempre la consideró una provincia argentina, seguramente esperaba que el tiempo haría comprender a los orientales, como también a los paraguayos, la conveniencia de volver al se la Confederación Argentina, por propia decisión y no como resultado de una imposición militar o diplomática.
Hispanoamérica era la expresión de un Estado que había estallado por la acción de los local disolventes o las presiones extranjeras; esta entidad había quedado reducida a una veinte estados que luchaban por constituirse como tales al tiempo que constituir alguna forma de unidad les permitiese defenderse de las amenazas externas, Esto le permitió afirmar a Sierra que: “ al defender principios argentinos, defendió principios americanos. No sólo defendió a la Argentina o al Uruguay, sino a Hispanoamérica en su oposición a la agresividad de las potencias en los afanes expansivos de su comercio. Intuyó como necesaria la unidad de los Estados americanos comprendió que esa tarea no correspondía a su época. Sería obra del futuro”.

Conclusión
Creemos haber demostrado a lo largo del trabajo que Rosas ha sido el creador de la Política Exterior de la Argentina, al darle los atributos que conforman la misma: objetivos, principios, y los elementos fundamentales que la constituyen. Y fue en el Río de la Plata, el lugar donde la misma debió desarrollarse y ponerse de manifiesto.
La relación con el Paraguay para evitar su segregación, la especial relación con Uruguay incluía a Oribe. Hemos visto también que los principios se encarnaron en los hombres a los cupo protagonizar el drama político creado por argentinas, orientales, brasileños y europeos. Carlos Pereyra advertía que “Los hombres de 1810, los directoriales y los unitarios, no se dieron cuenta lo que significaba políticamente dejar al Paraguay en la órbita del Brasil, y alentar en el Uruguay propósitos de autonomía que fatalmente, debían convertirse en facilidades expansión del elemento portugués” .
La defensa de Rosas a Oribe y su política hacia el Paraguay, fueron pensadas para evitar que cayeran en la órbita del Brasil que era lo mismo que caer en la órbita de Europa; fueron pensados para que pudieran insertarse en una política americanista, ya que era la única posibilidad de conservar la Independencia. Independencia que comienza a perderse a partir de Caseros, continúa con Cerro Corá, y culmina con las presidencias liberales y el Ochenta.