En la mañana de hoy tuve oportunidad de participar en el Primer Foro de Integración Correntino - Paraguaya organizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción (FACSO - UNA) y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y que se llevó a cabo de forma virtual este 26 y 27.11. Este foro contó con la Adhesión del INSTITUTO NACIONAL DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS JUAN MANUEL DE ROSAS Y EL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS JUAN MANUEL DE ROSAS DE GRAL SAN MARTÍN. Y EN REPRESENTACIÓN DE DICHAS INSTITUCIONES PARTICIPÉ DEL Debate sobre los vínculos, la historia y las construcciones sociales que involucran a la Provincia de Corrientes de Argentina y el Paraguay. Debate en el marco en el proyecto de Extensión de la FACSO-UNA, del mismo nombre. Con destacados historiadores y Profesores Universitarios como Jorge Deniri, Dardo Ramírez Braschi, Daniel Manzur, Andrés Salvador, Fabián Nieves , Walter Aragor, Virginia Cabrera, Gabriela Quiñones, Ruth Carina Martínez Jiménez, Fabián Hamm y el prestigioso historiador Estadounidense Thomas Whigham del Departamento de Historia de la Universidad de Georgia.
Rosas
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domingo, 31 de octubre de 2021
Julio R. Otaño "Rosas y el Paraguay" - Primer Foro de Integración Correntino - Paraguaya organizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción (FACSO - UNA) y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE)
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Otaño Julio R.,
Rosas y el Paraguay
viernes, 20 de abril de 2018
José Gaspar Rodríguez de Francia
por Teodoro Boot
[El
20 de septiembre de 1840] moría en Asunción Gaspar Rodríguez de
Francia, que sin haber declarado la independencia del Paraguay puede con
justicia ser considerado el padre de la misma, así como el principal
artífice de su secesión de las Provincias Unidas.
El
caso de este doctor en Teología y Filosofía no será raro en la historia
de América. Denostado hasta la infamia y la tergiversación por las
gentes decentes y principales (hasta el punto de haberse destruido el
monumento que señalaba la ubicación de sus restos, cuyo paradero en la
actualidad se desconoce) fue intensamente amado por los hombres y
mujeres sencillos, hasta el punto de que sólo otras dos personalidades
recibieron el honroso título de Karaí Guasú (Gran Señor o Señor Grande)
por el que los pueblos de linaje guaraní conocieron a quienes habían
sido sus líderes y benefactores: José Gervasio Artigas y Francisco
Solano López. Y
por esas cosas del azar o acaso de la clarividencia popular, el destino
de estos dos hombres estuvo signado por la elección que hizo Francia
ante las opciones que se le presentaban al Paraguay de su época.
Paraguay en 1810 Para
el momento en que tiene lugar en Buenos Aires la Revolución de Mayo,
Asunción ocupaba el lugar de la última de las periferias de un sistema
extractivo que tenía como embudo el puerto de Buenos Aires, gobernado
por una burguesía intermediaria, dueña del negocio de la importación y
exportación, y por intelectuales y políticos imbuidos de la ideología
de la Ilustración y seducidos por las teorías del liberalismo económico
británico. Tradicionalmente
satélite de Cádiz y concentradora de las riquezas producidas por el
conjunto del virreinato, Buenos Aires se integra con facilidad como
satélite al sistema del Imperio Británico. Desde allí se exportan las
materias primas producidas en el interior y se importan las
manufacturas inglesas que luego se revenden en todo el ámbito de las
Provincias Unidas. Y así como Inglaterra es metrópoli de Buenos Aires,
ésta es, a su vez, submetrópoli de las capitales de provincia donde
actúan burguesías intermediarias asociadas a la de la gran
ciudad-puerto.

El
historiador uruguayo Vivian Trías lo explicaría así: “Las capitales de
provincia operan según la misma ambigüedad de Buenos Aires. Son
satélites de aquélla, pero submetrópolis de los pueblos y villas de la
campaña. Y éstos, a su vez, son satélites de las capitales provinciales y
submetrópolis de su periferia rural. De esa manera, una cadena de
metrópolis-satélites y satélites-metrópolis articula los intereses de
la City londinense con el trabajo de los productores rurales, los
peones, arrieros, pastores, boyeros, etc.” Pero
no se trataba únicamente de que se mantuviera constante el flujo de
materias primas hacia la metrópoli de ultramar y de que, por la misma
ruta, en sentido inverso, las manufacturas inglesas fueran libremente
comercializadas sino de que, siguiendo a Trías, “cada economía creciera
‘hacia afuera’, especializándose en la producción de aquellas materias
primas para las cuales era más apta y que podía vender más barato, de
que aceptara el dominio de las finanzas inglesas, el diseño de los
ferrocarriles ingleses y cumpliera religiosamente con las reglas del
patrón oro”. Básicamente, lo que se ha dado en llamar “división
internacional del trabajo”.
Sin
embargo, aun con la complicidad de una clase dominante de
terratenientes, comerciantes, mineros, banqueros y políticos, no sería
tan sencillo desplumar la gallina sin que chillara. Y así como el
sistema colonial español había acabado por provocar las revoluciones
independentistas y autonomistas, era dable esperar que este sistema
neocolonial despertara resistencias, las que dieron origen en las
Provincias Unidas a una larga guerra civil que no cesaría sino hasta
1880. Cabe apuntar que con la federalización del puerto y la aduana de
Buenos Aires terminaron los enfrentamientos armados pero sin que fuera
suprimida la distorsión que los había provocado.
Unitarios y federales Ya
desde los primeros momentos posteriores a Mayo, Buenos Aires se arrogó
la facultad de gobernar a las provincias, actuar en su nombre e
imponerles sus gobiernos, tendencia que se acentuó con la instauración
del Primer Triunvirato y dio origen al unitarismo, expresión política de
esa estructura dependiente. Se trataba de instaurar un gobierno
centralizado del conjunto de las provincias, a las que revender las
manufacturas británicas y de las que extraer las materias primas según
las fuera requiriendo la metrópoli. Es así que bajo los auspicios de
Rivadavia se exportan cebos y cueros y se importan botas, ponchos
tejidos en los telares industriales de Manchester y hasta patines para
hielo. La
incipiente industria criolla, incapacitada de competir con las
manufacturas británicas, quedó arruinada por la libre importación, y con
ella, las provincias, ya que para los unitarios, el puerto y las rentas
de aduana eran patrimonio exclusivo de Buenos Aires. De ese modo, las
rentas derivadas de la riqueza que las provincias producían y de las
manufacturas que compraban, quedaban en Buenos Aires. Semejante
sistema afectaba en forma tan notable los intereses y necesidades de
los pueblos del interior, que éstos reaccionaron encolumnándose detrás
del más lúcido caudillos argentino: José Artigas.
El programa de Artigas La
reacción artiguista fue instantánea, prácticamente simultánea a los
primeros intentos de instauración del sistema unitario y es Artigas
quien primero advierte dónde se encuentra el origen de los males que se
abaten sobre los pueblos del interior: el dominio del puerto y de los
ríos por parte de una burguesía intermediaria, la apertura aduanera y el
sistema en el cual medran las clases dominantes locales, que al tiempo
que son esquilmadas por la metrópoli son a su vez las encargadas de
esquilmar a sus propios satélites. En
consecuencia, el programa artiguista consistió en nacionalizar las
rentas de aduana, proteger las artesanías y pequeñas industrias, abrir
la navegación de los ríos de manera de habilitar otros puertos,
distribuir la tierra entre los más humildes y organizar a las provincias
en una gran nación federal dotada de un gobierno único capaz de
expresar y respetar las autonomías provinciales. Su lema “naides es más
que naides” tenía un doble significado, el de una nación donde rigiera
la igualdad entre los hombres pero también la igualdad entre regiones, y
no un país compuesto de metrópolis y satélites, submetrópolis y
subsatélites.
La
guerra civil provocada por proyectos tan disímiles, que comienza con el
desconocimiento y encarcelamiento de los delegados orientales a la
asamblea constituyente y la complicidad de los gobernantes porteños con
la invasión portuguesa a la Banda Oriental, es el escenario en el cual
Gaspar Rodríguez de Francia hará su opción política y desarrollará su
estrategia.
II. El Dr. Francia y el aislamiento del Paraguay Probablemente
ninguna otra ciudad del virreinato se opuso más terminantemente que
Asunción a la pretensión hegemónica de la Junta de Mayo. Era lógico: si
bien confinada en un margen del sistema español y arruinada tras la
expulsión de los jesuitas, había sido desde Asunción desde donde se
fundaron las ciudades del litoral argentino, incluida la veleidosa
Buenos Aires, y desde donde el asunceno Hernandarias había regido los
destinos de la Gobernación del Río de la Plata y el Paraguay, así como
era también nacido en Asunción un nieto de Domingo Martínez de Irala y
de Leonor, una de sus concubinas de origen guaraní, el cronista Ruy Díaz
de Guzmán, primero en denominar Argentina a su región natal y primero
entre nosotros en usar la palabra patria para referirse a ella. Por
otra parte, desde sus mismos orígenes el Paraguay tenía una fuerte
tradición autonomista que le venía de la temprana rebelión de Irala, la
experiencia jesuítica y la revolución comunera. Fue debido a estos
antecedentes y a la situación de último satélite del sistema de exacción
virreinal que tenía como principal submetrópoli a Buenos Aires, que
Paraguay no se plegó al movimiento revolucionario de Mayo, fue invadida
por Buenos Aires y derrotó al pequeño ejército comandado por Manuel
Belgrano. Poco
después, al influjo de las conversaciones con Belgrano y de las
promesas de poder comercializar libremente la yerba y el tabaco, la
oligarquía asuncena instauraba una Junta revolucionaria en la que
Gaspar Rodríguez de Francia va cobrando preeminencia y pronto dirige en
los hechos la política exterior paraguaya. En
principio, el nuevo gobierno revolucionario firma un tratado con Buenos
Aires que es considerado el primer antecedente del federalismo y luego,
lenta y perseverantemente, Francia va imponiendo su idea aislacionista.
Fiel a su lema de que “el Paraguay no quiere paz ni guerra con nadie”,
hace lo imposible por no verse involucrado en la guerra civil que ya
entonces anarquiza a las Provincias Unidas, impidiendo su desarrollo.
¿Qué
la “anarquía al modo de ver de Francia? No otra cosa que el choque
entre el proyecto neocolonial y el independentista, que toma la forma de
un enfrentamiento cada vez más violento entre las elites comerciales y
terratenientes apoyadas en ejércitos de línea, y los pueblos desposeídos
conducidos por sus caudillos. La
consecuencia del afán aislacionista de Francia, empeñado en mantener al
Paraguay a salvo de la guerra civil, es la elección de una estrategia
contraria a la de los unitarios porteños, pues se tratará entonces de
“crecer hacia adentro”, para lo cual se hace necesario adoptar o más
precisamente llevar a la práctica el programa artiguista, aunque en el
caso de Paraguay esto se hará con una sustancial salvedad que, según se
mire, desencadenará a la postre la tragedia.
A
la vez que Francia rechaza la invitación de Artigas a sumar al Paraguay
a la Federación de los Pueblos Libres, se le hace evidente que para
perseverar en el aislamiento y propiciar un desarrollo autónomo deberá
enfrentar a la clase dominante local, vinculada comercialmente con la
metrópoli británica o en su defecto, la submetrópoli porteña. Valido de
su prestigio como distinguido abogado que nunca ha cobrado honorarios a
los pobres, se apoyó en los campesinos, mayoritariamente indígenas,
peones, artesanos, modestos industriales y comerciantes. Y no vaciló en
reprimir la conjura de 1820, sancionando con el patíbulo, la cárcel, el
destierro, y muy especialmente la confiscación de bienes, a lo más
granado de la elite paraguaya. Su
actitud ante las diversas clases sociales no dejaba lugar a dudas. En
un furibundo panfleto publicado en Buenos Aires, el opositor Fray
Mariano Velazco escribía: "A vosotros consta por experiencia que cuando
llega a sus puertas un rústico o torpe campesino, al punto le franquea
su trato familiar y la licencia para estrecharse con él. Admira el ver a
este hombre encapotado y taciturno, rebosando de alegría. ¡Con qué
cariño recibe a su gran huésped! Lo toma de la mano, lo introduce en su
mismo estudio, lo acaricia, lo halaga, lo palmea, lo llena de
satisfacción, le sienta a su lado... Por el contrario, si pide audiencia
un ciudadano culto y noble, lo veis ya transformado en una figura muy
diferente y tan feroz como su genio”.
El crecimiento hacia adentro El
aislamiento político tenía necesariamente que derivar en el aislamiento
económico, pero la estrategia del doctor Francia no consistió solamente
en “prohibir” los vínculos con el exterior sino en sustituir el
“crecimiento hacia fuera” por el “crecimiento hacia adentro”, tarea que
no podía ser encarada por una elite revendedora de las mercaderías
europeas importadas y exportadora de yerba y tabaco. Sostiene el
historiador Vivian Trías: "No había en el Paraguay una verdadera
burguesía nacional e industrial. De ahí que para ensayar la autarquía
hubiera que quebrar el espinazo a la elite asuncena y poner en manos del
Estado, apoyado en las masas, la dirección de la nueva política
económica”. Esa
nueva política consistió en disminuir o directamente eliminar la
apropiación de los intermediarios internos del Paraguay (comerciantes
españoles, acopiadores, grandes hacendados y la Iglesia como
propietaria, financista y cobradora de diezmos y otros beneficios)
transfiriendo los beneficios a los productores primarios mediante el
arrendamiento a bajo precio de las tierras expropiadas, y la eliminación
de los intermediarios externos mediante el monopolio estatal del
comercio exterior y el manejo de las licencias comerciales, la fijación
de precios mínimos para los productos de exportación y de máximos para
los de importación. El
Estado comenzó a ser un gran actor en el mercado, tanto en la compra
como en la venta, utilizando las Estancias de la Patria y los Almacenes
del Estado. Asimismo, intervino en la demanda de mano de obra, en la
fijación de salarios, las tarifas de los arrendamientos, y para, evitar
las fluctuaciones derivadas de los tiempos de escasez y la consiguiente
especulación, el establecimiento de precios máximos a bienes de primera
necesidad como la carne, el maíz, la mandioca y la sal. Esto provocó una
importante redistribución de la riqueza hacia los campesinos y
artesanos, que fueron también beneficiados con una reforma impositiva de
carácter progresivo. El resultado fue la conformación de un Estado lo
suficientemente fuerte como para impedir la concentración o la fuga de
las riquezas.
III. La enseñanza paraguaya El
aislamiento –que en rigor de verdad no fue tal, pues Francia no
prohibió el comercio exterior, sino que lo nacionalizó–, supuso
inevitablemente la desarticulación de la oligarquía, concitó el apoyo
popular y propició el desarrollo económico autónomo. A
fin de un mayor control y desconcentración, se establecieron dos puntos
de comercio exterior, anteriormente concentrado en Asunción: uno en
Itapúa, para el tráfico con Brasil, y el otro en Pilar, para el comercio
con el litoral argentino.
El
impuesto sobre las importaciones era de un 19% sobre el precio de la
mercadería, pero podía modificarse en cada caso, mientras que las
exportaciones, también muy controladas a fin de reducir evasiones, eran
gravadas con un 9%, prohibiéndose el pago en metales preciosos y, como
modo de evitar el monopolio comercial de extranjeros y la escasez de
plata, se estableció el trueque obligatorio por productos paraguayos.
Los dueños de la tierra Una
de las primeras medidas de Francia había sido la de revertir el proceso
de concentración de tierras que tuvo lugar luego de la expulsión de los
jesuitas, para lo que comenzó por apoderarse de las tierras que habían
pertenecido a las misiones, y expropiar y multar a los grandes
propietarios, incluida la Iglesia, a un ritmo tal que para 1840 más de
la mitad de las tierras de la Región Oriental y la totalidad del
territorio del Chaco pertenecían al Estado. Estas
tierras eran arrendadas a los campesinos con la condición de ser
dedicadas a cultivos decididos por el Estado tendientes a lograr el
completo autoabastecimiento del país. Fue así que el arroz el maíz, las
legumbres, el algodón que anteriormente debían comprarse en el exterior,
al promediar el período francista se producían en el país en cantidad
suficiente para cubrir las necesidades de la población y aun ser
exportados. Asimismo, con la organización de las Estancias de la Patria,
se impulsó la producción ganadera y se reinstauró la práctica jesuítica
de hacer dos cosechas anuales.
Educación popular y desarrollo industrial La
educación pública primaria se hizo obligatoria y gratuita y se extendió
a todos los niveles de la sociedad. En un principio, las
municipalidades locales fueron encargadas de abonar a los maestros y los
jueces locales de construir nuevas escuelas de manera tal que a menos
de quince años de la revolución prácticamente la totalidad de los
paraguayos estaban alfabetizados. Para 1835 el Estado abonaba salarios
uniformes a 140 maestros rurales, a los que también proveía de
vestimenta y ganado, que enseñaban a 5000 alumnos. Durante
el gobierno del doctor Francia se creó la primera Biblioteca Pública
del Paraguay en base a herencias en favor del Estado, a confiscaciones a
la clase ilustrada, así como a la biblioteca personal del propio
Francia.
Junto
al notable incremento de la producción agraria y al régimen de tenencia
de la tierra que benefició básicamente a la población campesina, al
cesar la importación de numerosas manufacturas, se produjo un desarrollo
impensado de la producción artesanal e industrial.
A
la muerte de Francia, ocurrida el 20 de septiembre de 1840, el Paraguay
estaba listo para el gran salto industrializador que impulsaría Carlos
Antonio López, quien profundizó y sistematizó la política económica
francista.
Carlos
Antonio López completó la estatización de prácticamente la totalidad de
las tierras, que eran cedidas en explotación a los campesinos por ocho
años renovables, dio a los pueblos indígenas la nacionalidad paraguaya,
otorgándoles la igualdad de derechos, y con los recursos del comercio
exterior construyó importantes obras de infraestructura, como el alto
horno de Ibicuy, los astilleros desde los que se armó una importante
flota fluvial, el tendido del primer ferrocarril de Sudamérica y de una
amplia red telegráfica, y se financió un desarrollo industrial inusitado
para época y la región. Pero
el sistema de Francia constituyó también una limitación. Como pudo
comprobarse dos décadas después, la derrota de la oligarquía local en
base al aumento del poder popular, la justicia social, la defensa de la
soberanía y el desarrollo industrial no serían suficientes para
consolidar un país independiente si simultáneamente no se construía una
nación, la Patria Grande republicana y federal que proponía Artigas. Fue
así como al no llegarse a una solución justa al problema del puerto y
los ríos para que dejaran de ser privilegio porteño y fueran patrimonio
de todas las provincias, el desarrollo y la independencia paraguaya
serían trágicamente truncados por obra de las elites mercantiles frente a
las cuales el doctor Francia había dejado solo a José Artigas. Además
de mantener una sorprendente actualidad, la experiencia paraguaya
muestra de qué modo son posibles el desarrollo industrial, la igualdad
social y la soberanía política mediante el fortalecimiento del Estado,
el empoderamiento de los sectores populares, la destrucción de las
oligarquías nativas y la apropiación por parte del conjunto de la
sociedad de las rentas del comercio exterior. Pero muestra también las
enormes dificultades de ese sistema para prolongarse en el tiempo si
paralelamente no se lleva a cabo un simultáneo proceso de integración
regional, justa y equitativa, que diluya las desigualdades y dé forma a
una nación sudamericana de carácter republicano y federal. Si
los pueblos, diría el Dr. Francia, no se organizan según sus
aspiraciones y necesidades, serán organizados según los intereses y
propósitos de las potencias.
lunes, 29 de febrero de 2016
Juan Manuel de Rosas, creador de la Política Exterior Nacional (Part. 2)
Por Luis Oscar Buján
Objetivos de la Política Exterior de la Confederación rosista
1. Mantenimiento de la integridad territorial. Seguridad de las fronteras.
Después de las pérdidas territoriales experimentados por el que fuera el territorio original del Virreinato del Río de la Plata, donde los desaciertos políticos de los ideólogos enervaron los sentimiento autonómicos, la política exterior de Rosas se orientará en la conservación de la integridad del territorio que recibiera al comenzar su mandato. Para ello, el gobierno encargado de las Relaciones Exteriores deberá desplegar una acción enérgica en el plano interno que abarcaria lo político, lo económico e incluso, llegado el caso, la militar. Los sentimientos de algunos de los dirigentes provinciales que llegaban a confundir autonomía con independencia, encontraron aliados poderosos en las naciones ultramarinas interesadas en el establecimiento de colonias, o bien de la balcanización que les aseguraría buenos negocios y mayores posibilidades de inversión financiera. También las naciones limítrofes vieron que la situación interna en la Confederación podría ofrecerles la posibilidad de ampliar sus territorios a expensas de la Argentina; palabras aparte merece la actitud del Brasil que veía en la figura de Rosas y su política un obstáculo en su pretendida hegemonía en la Cuenca del Plata. Serían emigrados argentinos en esos países quiénes alentarían la mayoría de las veces la segregación de territorios de la Confederación, mentes egoístas que con tal de obtener su metas políticas no repararon las promesas de enajenación territorial, olvidando que la misión primera de todo político es la conservación del patrimonio territorial.
Un caso distintivo de la política exterior lo constituiría la relación con el Paraguay, que gozaba de una total autonomia desde 1811 sin que se hubieran presentado problemas hasta el momento en que Carlos Antonio López declarará la independencia de la provincia argentina, La oportunidad el pronunciamiento paraguayo y las consecuencias que este acarreaba, dado que su reconocimiento llevaria a la apertura de la navegación del Río Paraná, objetivo que perseguía Gran Bretaña motivaría que Rosas mantuviera una actitud de intransigencia con la nación guaraní. A las dificultades que esta situación planteaba, Arana le escribía a Guido lo siguiente: "persuadido está de lo que importa a ambas países la incorporación del Paraguay a la Confederación el Gobierno de Buenos Aires jamás pretenderá obligar con armas a aquél país a que la confederacion y que sus relaciones siempre serán conducidas con amistosa benevolencia. Combinando los principios de neutralidad con el de conservación del territorio, dejó “Rosas carecía de fórmulas para resolver la gravísima cuestión planteada por la independencia del Paraguay, pero en su videncia de la realidad política, estaba convencido que el Paraguay autónomo era imposible”, confiaba en que los dirigentes paraguayos advirtieren que el enemigo del Paraguay no eran las provincias argentinas, sino el enemigo común el Imperio del Brasil como quedaría demostrado treinta años más tarde
2.Evitar la ingerencia de los extranjeros en los asuntos internos.
Así como Rosas evitó la intervención argentina en asuntos internos de los Estados vecinos, de la misma manera exigiría de otros estados la política correspondiente; ese derecho soberano sin embargo, no encontrará correspondencia, y tanto en la política desarrollada por la Banda Oriental cuando pasa a ser gobernada por Fructuoso Rivera, como el Brasil, pero fundamentalmente por Francia y por Gran Bretaña, obligarán a que el gobernador de Buenos Aires deba usar todos los métodos de la política para hacer respetar la soberanía nacional. En realidad, la participación de extranjeros en nuestros asuntos sería promovida por gobiernos provinciales, como los casos de Corrientes y de Cullen, en 1838, o por los emigrados que pretendieron conformar una gran coalición internacional contra Rosas, como fue el caso de la misión de Florencio Varela ante las cortes europeas. Este principio de autodeterminación sería sostenido con tesón en todo momento; son bastos conocidos las posiciones ante los reclamos franceses y británicos en 1838 y 1845, pero su actitud fue una constante del gobierno de Rosas lo explica Clemente Basile en ocasión de mediación inglesa ante la guerra con Bolivia: “...la aceptación de la mediación de Inglaterra, si Rosas exigiera tales garantías, habría significado una claudicación para el gobernador, una aprobación de las intromisiones de un país extraño para resolver asuntos que eran privativos soberanía argentina” .
3.Defensa de los derechos argentinos
La defensa de los derechos de la Confederación Argentina como nación soberana sería otro de objetivos propuestos por el gobierno de Rosas. En el planteo de los reclamos ante Gran Bretaña por los derechos argentinos sobre las Malvinas; en la exigencia de revisar el tratado de 1825 para anular las cuestiones de la libertad de culto y las ventajas comerciales que se le habían otorgado a la nación europea; en los reclamos; las agresiones extranjeras buscando tratados leoninos; en fin, en la permanente exigencia al reconocimiento de los derechos nacionales, el gobierno de Rosas se caracterizaría como pocos en nuestra historia diplomática. Esta posición sería claramente precisada por el Gobernador cuando en la respuesta a la oferta de mediación propuesta por Inglaterra en el conflicto con el Mariscal Santa Cruz, dijo: “...un Estado no tiene derecho para entrometerse en los arreglos internos del Perú y Bolivia separados e independientes; que estas dos naciones tienen derecho a formarse en una Confederación de Estados si lo creen conveniente, es una doctrina que el gobierno argentino jamás ha negado (.. y cuando se trata de principios fundados sobre la justicia universal, no puede ser vituperable América lo que los gabinetes europeos admiten como texto de su diplomacia”. Ante la insistencia que se aceptara esa mediación, en carta al gobernador de Tucumán, Heredia en 6 de junio de ese mismo año, Rosas le dice: “ ...o habíamos de renunciar a nuestra dignidad y a nuestra independencia política, o necesariamente debíamos apelar a las armas” .
4. Respeto e igualdad jurídica entre las naciones.
De los objetivos anteriores se desprende este principio de reciprocidad. En ocasión de producirse el primer bloqueo francés al Río de la Plata, el objetivo oculto de la nación gala, era demostrar el principio de superioridad del derecho francés sobre el derecho argentino . Arana respondería al Cónsul francés en 8 de enero de 1839: “Cualquier concesión a las pretensiones exigidas por el Consulado (...) determinaría no solamente menoscabar su soberanía, su independencia y su dignidad, sino también reducir a los ciudadanos de la Confederación a una condición mucho más triste y más degradante que aquella en la cual vivían como colonos bajo la dominación española...”
La firma de tratados que garantiza la igualdad jurídica de los Estados sería una de las condiciones reclamadas e impuestas por el gobierno rosista, cuando se trate de resolver conflictos, sosteniendo que no se podía reclamar por la fuerza o los cañones, privilegios que solamente pueden concederse por tratados. El triunfo de esta posición quedaría concretado con la firma de los tratados de 1840 y 1849-1850. Consecuentemente con esta exigencia, y habiendo experimentado su gobierno los riesgos que producía el permitir que los gobiernos toman partido por alguna facción local, Rosas evitaría comprometer a su diplomacia en actitudes semejantes.
En este sentido, uno de los ejemplos más claros lo tendremos en las instrucciones dadas a los enviados ante Chile y Bolivia, en las que el propio Rosas recomendaba: “...presentarse siempre neutrales ante los partidos políticos del lugar” .
Los Principios
Es académicamente aceptado que los principios generales de la política Exterior deben ser siempre:
-Formular siempre una política realista, ya que no sólo importan los valores contenidos en ella, sino también el éxito final de la misma.
-Definir la política exterior en términos de Interés Nacional, que responda a los intereses permanentes del país, y no de grupos o de individuos .
Para esto el Estado dispone de tres instrumentos: la Diplomacia, la propaganda y los armamentos. De estos se desprenderá la capacidad real de negociación que pueda tener un estado, después de haber:
a) fijado prioridades;
b) guiado a la opinión pública;
c) aplicado una diplomacia eficiente y profesional;
d) haber obtenido una capacidad real de negociación.
Dos serían las prioridades de la política rosista, que estaban además en correspondencia con los objetivos que hemos analizado. El primero de ellos:
a) Neutralidad con los países vecinos.
Durante el período rosista los conflictos que la Confederación debió enfrentar fueron innumerables; destaquemos los conflictos con Francia y con Gran Bretaña por su carácter de potencias y por la acción desarrollada por los emigrados, que alentando los afanes expansionistas implicaban la posibilidad de un conflicto agregado con los vecinos. Es este sentido, Rosas trató siempre de no comprometer la acción política con situaciones que pudiesen desembocar en un conflicto bélico, prefiriendo la negociación diplomática al uso de la fuerza. Así en la cuestión de la Banda Oriental apelaría sólo a la guerra cuando Rivera, aliado a Francia y los unitarios, la declarara e inicie acciones sobre la Mesopotamia. Otro tanto ocurrirá con el Paraguay, que en actitud similar a la uruguaya, en 1847 invade las Misiones; aquí la prudencia aconsejaba no hacer uso de la fuerza, y esperar la oportunidad de negociar. Con Chile, a pesar de su proyección sobre el Estrecho de Magallanes y la Patagonia, sólo motivaron enérgicas protestas, pero ninguna acción armada. Un juicio sobre esta política la ofrece el “Annuarie des Deux Mondes”, al decir: “...en lo que concierne a las dificultades que pueden surgir entre los estados hispanoamericanos, ligados por una nacionalidad e intereses comunes, afecta no admitir en principio sino la vía de las negociaciones amistosas” En el caso de la cuestión planteada con la Confederación Peruano-Boliviana, la respuesta y los métodos utilizados serían diferentes ya que también era diferente la situación. Bolivia tenía pendiente de solución la cuestión de Tarija, anexada a ese país desde 1825, originándose una disputa territorial. En 1836, Santa Cruz entra en guerra con Chile y la Argentina. En esa ocasión Rosas escribe a Heredia en 28 de diciembre de 1836: “.. .la guerra que ésta República debe hacer no a Bolivia sino a la administración del Presidente Santa Cruz ..”. Pensaba sin duda en la posibilidad futura de arreglar la cuestión pendiente, y la prudencia aconsejaba no despertar odios irreductibles entre dos pueblos hermanados.
Esta misma actitud le llevó a evitar situaciones que pudieran comprometer la neutralidad futura, y en ese sentido escribía a Oribe en 12 de enero de 1842: “...respecto de Tarija, no es digno de la República Argentina reincorporarla por la fuerza, ni reclamar nuestros derechos en circunstancias que Bolivia se encuentra afligida y envuelta en anarquía. Que esto debe ser obra de la paz, por negociaciones pacíficas, dignas y honorables”. Se sentaba así uno de los principios rectores de la política exterior nacional: “no utilizar la fuerza ante un país hermano con dificultades no obstante que asiste la razón y el derecho”.
b) Desarrollo de una política americanista.
Escribía el Diputado Garrigós a Guido en 1839: “Los gobiernos de Europa nos tratan como sus subalternos con el más alto desprecio, considerándonos como salvajes o berberiscos; y es porque somos débiles. Deberíamos pues pensar en hacernos fuertes (...) y esto lo conseguiríamos haciendo causa común los americanos (..) deber nuestro es marcar a los gobiernos de América la línea de conducta que deben observar, si es que quieren realmente ser libres e independientes”. Las políticas desarrolladas por Rosas en este sentido, respondieron a su punto de vista americanista del que dio varias y repetidas muestras a lo largo del período en que le tocó gobernar y dirigir la política exterior argentina. En esta política no sólo estaba comprometido el gobernador, sino también a todos los hombres que compartían con él la responsabilidad del gobierno. Coincidiendo con Garrigós, Anchorena afirmaba que: “La causa que actualmente sostenemos es la de toda la Confederación, es la de todas las repúblicas americanas” . Vicente Sierra sostenía al respecto que: “No era esta una literatura que buscara trascendentalizar hechos por razones menguadas de política interna, sino expresión de un alto pensamiento americanista, tendiente a establecer que no habría problemas argentinos, chilenos, peruanos o bolivianos que no fueran problemas continentales, sobre todo si se trataba de fortalecer una unidad dispuesta a enfrentar presiones exteriores” .
Es también Guido quien vuelve a plantear el tema de la unidad continental y de los peligros esta representaba para las potencias europeas: “...preveo muy claramente cuál será la política del Gobierno Británico, que no omitirá medios cuando no para impedir la reunión del congreso(convocado por el Perú), al menos para debilitarlo y desacreditarlo (...) bien conocen los soberanos europeos cuanto les vale en el Nuevo Mundo la subdivisión de los estados y la influencia come que ejercen” .
La Cancillería brasilera, el gobierno de Montevideo y el grupo unitario emigrado le atribuía a Rosas la intención de reconstruir el Virreinato del Río de la Plata, con el afán de producir la radicalización de la posición británica contra éste. Fue en realidad un argumento utilizado por los franceses para colocarse a la cabeza de la coalición antirosista. Irazusta en cambio sostiene “Rosas no tenía el plan de reconstruir el virreinato de Buenos Aires; sino uno mucho más elevado que era el de la confraternidad americana a todo trance, sobre la base de la integridad territorial del país tal como se hallaba cuando él empezó a gobernarlo”.
Si siempre la consideró una provincia argentina, seguramente esperaba que el tiempo haría comprender a los orientales, como también a los paraguayos, la conveniencia de volver al se la Confederación Argentina, por propia decisión y no como resultado de una imposición militar o diplomática.
Hispanoamérica era la expresión de un Estado que había estallado por la acción de los local disolventes o las presiones extranjeras; esta entidad había quedado reducida a una veinte estados que luchaban por constituirse como tales al tiempo que constituir alguna forma de unidad les permitiese defenderse de las amenazas externas, Esto le permitió afirmar a Sierra que: “ al defender principios argentinos, defendió principios americanos. No sólo defendió a la Argentina o al Uruguay, sino a Hispanoamérica en su oposición a la agresividad de las potencias en los afanes expansivos de su comercio. Intuyó como necesaria la unidad de los Estados americanos comprendió que esa tarea no correspondía a su época. Sería obra del futuro”.
Conclusión
Creemos haber demostrado a lo largo del trabajo que Rosas ha sido el creador de la Política Exterior de la Argentina, al darle los atributos que conforman la misma: objetivos, principios, y los elementos fundamentales que la constituyen. Y fue en el Río de la Plata, el lugar donde la misma debió desarrollarse y ponerse de manifiesto.
La relación con el Paraguay para evitar su segregación, la especial relación con Uruguay incluía a Oribe. Hemos visto también que los principios se encarnaron en los hombres a los cupo protagonizar el drama político creado por argentinas, orientales, brasileños y europeos. Carlos Pereyra advertía que “Los hombres de 1810, los directoriales y los unitarios, no se dieron cuenta lo que significaba políticamente dejar al Paraguay en la órbita del Brasil, y alentar en el Uruguay propósitos de autonomía que fatalmente, debían convertirse en facilidades expansión del elemento portugués” .
La defensa de Rosas a Oribe y su política hacia el Paraguay, fueron pensadas para evitar que cayeran en la órbita del Brasil que era lo mismo que caer en la órbita de Europa; fueron pensados para que pudieran insertarse en una política americanista, ya que era la única posibilidad de conservar la Independencia. Independencia que comienza a perderse a partir de Caseros, continúa con Cerro Corá, y culmina con las presidencias liberales y el Ochenta.
Objetivos de la Política Exterior de la Confederación rosista
1. Mantenimiento de la integridad territorial. Seguridad de las fronteras.
Después de las pérdidas territoriales experimentados por el que fuera el territorio original del Virreinato del Río de la Plata, donde los desaciertos políticos de los ideólogos enervaron los sentimiento autonómicos, la política exterior de Rosas se orientará en la conservación de la integridad del territorio que recibiera al comenzar su mandato. Para ello, el gobierno encargado de las Relaciones Exteriores deberá desplegar una acción enérgica en el plano interno que abarcaria lo político, lo económico e incluso, llegado el caso, la militar. Los sentimientos de algunos de los dirigentes provinciales que llegaban a confundir autonomía con independencia, encontraron aliados poderosos en las naciones ultramarinas interesadas en el establecimiento de colonias, o bien de la balcanización que les aseguraría buenos negocios y mayores posibilidades de inversión financiera. También las naciones limítrofes vieron que la situación interna en la Confederación podría ofrecerles la posibilidad de ampliar sus territorios a expensas de la Argentina; palabras aparte merece la actitud del Brasil que veía en la figura de Rosas y su política un obstáculo en su pretendida hegemonía en la Cuenca del Plata. Serían emigrados argentinos en esos países quiénes alentarían la mayoría de las veces la segregación de territorios de la Confederación, mentes egoístas que con tal de obtener su metas políticas no repararon las promesas de enajenación territorial, olvidando que la misión primera de todo político es la conservación del patrimonio territorial.
Un caso distintivo de la política exterior lo constituiría la relación con el Paraguay, que gozaba de una total autonomia desde 1811 sin que se hubieran presentado problemas hasta el momento en que Carlos Antonio López declarará la independencia de la provincia argentina, La oportunidad el pronunciamiento paraguayo y las consecuencias que este acarreaba, dado que su reconocimiento llevaria a la apertura de la navegación del Río Paraná, objetivo que perseguía Gran Bretaña motivaría que Rosas mantuviera una actitud de intransigencia con la nación guaraní. A las dificultades que esta situación planteaba, Arana le escribía a Guido lo siguiente: "persuadido está de lo que importa a ambas países la incorporación del Paraguay a la Confederación el Gobierno de Buenos Aires jamás pretenderá obligar con armas a aquél país a que la confederacion y que sus relaciones siempre serán conducidas con amistosa benevolencia. Combinando los principios de neutralidad con el de conservación del territorio, dejó “Rosas carecía de fórmulas para resolver la gravísima cuestión planteada por la independencia del Paraguay, pero en su videncia de la realidad política, estaba convencido que el Paraguay autónomo era imposible”, confiaba en que los dirigentes paraguayos advirtieren que el enemigo del Paraguay no eran las provincias argentinas, sino el enemigo común el Imperio del Brasil como quedaría demostrado treinta años más tarde
2.Evitar la ingerencia de los extranjeros en los asuntos internos.
Así como Rosas evitó la intervención argentina en asuntos internos de los Estados vecinos, de la misma manera exigiría de otros estados la política correspondiente; ese derecho soberano sin embargo, no encontrará correspondencia, y tanto en la política desarrollada por la Banda Oriental cuando pasa a ser gobernada por Fructuoso Rivera, como el Brasil, pero fundamentalmente por Francia y por Gran Bretaña, obligarán a que el gobernador de Buenos Aires deba usar todos los métodos de la política para hacer respetar la soberanía nacional. En realidad, la participación de extranjeros en nuestros asuntos sería promovida por gobiernos provinciales, como los casos de Corrientes y de Cullen, en 1838, o por los emigrados que pretendieron conformar una gran coalición internacional contra Rosas, como fue el caso de la misión de Florencio Varela ante las cortes europeas. Este principio de autodeterminación sería sostenido con tesón en todo momento; son bastos conocidos las posiciones ante los reclamos franceses y británicos en 1838 y 1845, pero su actitud fue una constante del gobierno de Rosas lo explica Clemente Basile en ocasión de mediación inglesa ante la guerra con Bolivia: “...la aceptación de la mediación de Inglaterra, si Rosas exigiera tales garantías, habría significado una claudicación para el gobernador, una aprobación de las intromisiones de un país extraño para resolver asuntos que eran privativos soberanía argentina” .
3.Defensa de los derechos argentinos
La defensa de los derechos de la Confederación Argentina como nación soberana sería otro de objetivos propuestos por el gobierno de Rosas. En el planteo de los reclamos ante Gran Bretaña por los derechos argentinos sobre las Malvinas; en la exigencia de revisar el tratado de 1825 para anular las cuestiones de la libertad de culto y las ventajas comerciales que se le habían otorgado a la nación europea; en los reclamos; las agresiones extranjeras buscando tratados leoninos; en fin, en la permanente exigencia al reconocimiento de los derechos nacionales, el gobierno de Rosas se caracterizaría como pocos en nuestra historia diplomática. Esta posición sería claramente precisada por el Gobernador cuando en la respuesta a la oferta de mediación propuesta por Inglaterra en el conflicto con el Mariscal Santa Cruz, dijo: “...un Estado no tiene derecho para entrometerse en los arreglos internos del Perú y Bolivia separados e independientes; que estas dos naciones tienen derecho a formarse en una Confederación de Estados si lo creen conveniente, es una doctrina que el gobierno argentino jamás ha negado (.. y cuando se trata de principios fundados sobre la justicia universal, no puede ser vituperable América lo que los gabinetes europeos admiten como texto de su diplomacia”. Ante la insistencia que se aceptara esa mediación, en carta al gobernador de Tucumán, Heredia en 6 de junio de ese mismo año, Rosas le dice: “ ...o habíamos de renunciar a nuestra dignidad y a nuestra independencia política, o necesariamente debíamos apelar a las armas” .
4. Respeto e igualdad jurídica entre las naciones.
De los objetivos anteriores se desprende este principio de reciprocidad. En ocasión de producirse el primer bloqueo francés al Río de la Plata, el objetivo oculto de la nación gala, era demostrar el principio de superioridad del derecho francés sobre el derecho argentino . Arana respondería al Cónsul francés en 8 de enero de 1839: “Cualquier concesión a las pretensiones exigidas por el Consulado (...) determinaría no solamente menoscabar su soberanía, su independencia y su dignidad, sino también reducir a los ciudadanos de la Confederación a una condición mucho más triste y más degradante que aquella en la cual vivían como colonos bajo la dominación española...”
La firma de tratados que garantiza la igualdad jurídica de los Estados sería una de las condiciones reclamadas e impuestas por el gobierno rosista, cuando se trate de resolver conflictos, sosteniendo que no se podía reclamar por la fuerza o los cañones, privilegios que solamente pueden concederse por tratados. El triunfo de esta posición quedaría concretado con la firma de los tratados de 1840 y 1849-1850. Consecuentemente con esta exigencia, y habiendo experimentado su gobierno los riesgos que producía el permitir que los gobiernos toman partido por alguna facción local, Rosas evitaría comprometer a su diplomacia en actitudes semejantes.
En este sentido, uno de los ejemplos más claros lo tendremos en las instrucciones dadas a los enviados ante Chile y Bolivia, en las que el propio Rosas recomendaba: “...presentarse siempre neutrales ante los partidos políticos del lugar” .
Los Principios
Es académicamente aceptado que los principios generales de la política Exterior deben ser siempre:
-Formular siempre una política realista, ya que no sólo importan los valores contenidos en ella, sino también el éxito final de la misma.
-Definir la política exterior en términos de Interés Nacional, que responda a los intereses permanentes del país, y no de grupos o de individuos .
Para esto el Estado dispone de tres instrumentos: la Diplomacia, la propaganda y los armamentos. De estos se desprenderá la capacidad real de negociación que pueda tener un estado, después de haber:
a) fijado prioridades;
b) guiado a la opinión pública;
c) aplicado una diplomacia eficiente y profesional;
d) haber obtenido una capacidad real de negociación.
Dos serían las prioridades de la política rosista, que estaban además en correspondencia con los objetivos que hemos analizado. El primero de ellos:
a) Neutralidad con los países vecinos.
Durante el período rosista los conflictos que la Confederación debió enfrentar fueron innumerables; destaquemos los conflictos con Francia y con Gran Bretaña por su carácter de potencias y por la acción desarrollada por los emigrados, que alentando los afanes expansionistas implicaban la posibilidad de un conflicto agregado con los vecinos. Es este sentido, Rosas trató siempre de no comprometer la acción política con situaciones que pudiesen desembocar en un conflicto bélico, prefiriendo la negociación diplomática al uso de la fuerza. Así en la cuestión de la Banda Oriental apelaría sólo a la guerra cuando Rivera, aliado a Francia y los unitarios, la declarara e inicie acciones sobre la Mesopotamia. Otro tanto ocurrirá con el Paraguay, que en actitud similar a la uruguaya, en 1847 invade las Misiones; aquí la prudencia aconsejaba no hacer uso de la fuerza, y esperar la oportunidad de negociar. Con Chile, a pesar de su proyección sobre el Estrecho de Magallanes y la Patagonia, sólo motivaron enérgicas protestas, pero ninguna acción armada. Un juicio sobre esta política la ofrece el “Annuarie des Deux Mondes”, al decir: “...en lo que concierne a las dificultades que pueden surgir entre los estados hispanoamericanos, ligados por una nacionalidad e intereses comunes, afecta no admitir en principio sino la vía de las negociaciones amistosas” En el caso de la cuestión planteada con la Confederación Peruano-Boliviana, la respuesta y los métodos utilizados serían diferentes ya que también era diferente la situación. Bolivia tenía pendiente de solución la cuestión de Tarija, anexada a ese país desde 1825, originándose una disputa territorial. En 1836, Santa Cruz entra en guerra con Chile y la Argentina. En esa ocasión Rosas escribe a Heredia en 28 de diciembre de 1836: “.. .la guerra que ésta República debe hacer no a Bolivia sino a la administración del Presidente Santa Cruz ..”. Pensaba sin duda en la posibilidad futura de arreglar la cuestión pendiente, y la prudencia aconsejaba no despertar odios irreductibles entre dos pueblos hermanados.
Esta misma actitud le llevó a evitar situaciones que pudieran comprometer la neutralidad futura, y en ese sentido escribía a Oribe en 12 de enero de 1842: “...respecto de Tarija, no es digno de la República Argentina reincorporarla por la fuerza, ni reclamar nuestros derechos en circunstancias que Bolivia se encuentra afligida y envuelta en anarquía. Que esto debe ser obra de la paz, por negociaciones pacíficas, dignas y honorables”. Se sentaba así uno de los principios rectores de la política exterior nacional: “no utilizar la fuerza ante un país hermano con dificultades no obstante que asiste la razón y el derecho”.
b) Desarrollo de una política americanista.
Escribía el Diputado Garrigós a Guido en 1839: “Los gobiernos de Europa nos tratan como sus subalternos con el más alto desprecio, considerándonos como salvajes o berberiscos; y es porque somos débiles. Deberíamos pues pensar en hacernos fuertes (...) y esto lo conseguiríamos haciendo causa común los americanos (..) deber nuestro es marcar a los gobiernos de América la línea de conducta que deben observar, si es que quieren realmente ser libres e independientes”. Las políticas desarrolladas por Rosas en este sentido, respondieron a su punto de vista americanista del que dio varias y repetidas muestras a lo largo del período en que le tocó gobernar y dirigir la política exterior argentina. En esta política no sólo estaba comprometido el gobernador, sino también a todos los hombres que compartían con él la responsabilidad del gobierno. Coincidiendo con Garrigós, Anchorena afirmaba que: “La causa que actualmente sostenemos es la de toda la Confederación, es la de todas las repúblicas americanas” . Vicente Sierra sostenía al respecto que: “No era esta una literatura que buscara trascendentalizar hechos por razones menguadas de política interna, sino expresión de un alto pensamiento americanista, tendiente a establecer que no habría problemas argentinos, chilenos, peruanos o bolivianos que no fueran problemas continentales, sobre todo si se trataba de fortalecer una unidad dispuesta a enfrentar presiones exteriores” .
Es también Guido quien vuelve a plantear el tema de la unidad continental y de los peligros esta representaba para las potencias europeas: “...preveo muy claramente cuál será la política del Gobierno Británico, que no omitirá medios cuando no para impedir la reunión del congreso(convocado por el Perú), al menos para debilitarlo y desacreditarlo (...) bien conocen los soberanos europeos cuanto les vale en el Nuevo Mundo la subdivisión de los estados y la influencia come que ejercen” .
La Cancillería brasilera, el gobierno de Montevideo y el grupo unitario emigrado le atribuía a Rosas la intención de reconstruir el Virreinato del Río de la Plata, con el afán de producir la radicalización de la posición británica contra éste. Fue en realidad un argumento utilizado por los franceses para colocarse a la cabeza de la coalición antirosista. Irazusta en cambio sostiene “Rosas no tenía el plan de reconstruir el virreinato de Buenos Aires; sino uno mucho más elevado que era el de la confraternidad americana a todo trance, sobre la base de la integridad territorial del país tal como se hallaba cuando él empezó a gobernarlo”.
Si siempre la consideró una provincia argentina, seguramente esperaba que el tiempo haría comprender a los orientales, como también a los paraguayos, la conveniencia de volver al se la Confederación Argentina, por propia decisión y no como resultado de una imposición militar o diplomática.
Hispanoamérica era la expresión de un Estado que había estallado por la acción de los local disolventes o las presiones extranjeras; esta entidad había quedado reducida a una veinte estados que luchaban por constituirse como tales al tiempo que constituir alguna forma de unidad les permitiese defenderse de las amenazas externas, Esto le permitió afirmar a Sierra que: “ al defender principios argentinos, defendió principios americanos. No sólo defendió a la Argentina o al Uruguay, sino a Hispanoamérica en su oposición a la agresividad de las potencias en los afanes expansivos de su comercio. Intuyó como necesaria la unidad de los Estados americanos comprendió que esa tarea no correspondía a su época. Sería obra del futuro”.
Conclusión
Creemos haber demostrado a lo largo del trabajo que Rosas ha sido el creador de la Política Exterior de la Argentina, al darle los atributos que conforman la misma: objetivos, principios, y los elementos fundamentales que la constituyen. Y fue en el Río de la Plata, el lugar donde la misma debió desarrollarse y ponerse de manifiesto.
La relación con el Paraguay para evitar su segregación, la especial relación con Uruguay incluía a Oribe. Hemos visto también que los principios se encarnaron en los hombres a los cupo protagonizar el drama político creado por argentinas, orientales, brasileños y europeos. Carlos Pereyra advertía que “Los hombres de 1810, los directoriales y los unitarios, no se dieron cuenta lo que significaba políticamente dejar al Paraguay en la órbita del Brasil, y alentar en el Uruguay propósitos de autonomía que fatalmente, debían convertirse en facilidades expansión del elemento portugués” .
La defensa de Rosas a Oribe y su política hacia el Paraguay, fueron pensadas para evitar que cayeran en la órbita del Brasil que era lo mismo que caer en la órbita de Europa; fueron pensados para que pudieran insertarse en una política americanista, ya que era la única posibilidad de conservar la Independencia. Independencia que comienza a perderse a partir de Caseros, continúa con Cerro Corá, y culmina con las presidencias liberales y el Ochenta.
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