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miércoles, 11 de octubre de 2023

cuanto valía la cabeza de José Hernández para Sarmiento?

Por el Prof. Jbismarck
José Hernández (nacido como José Rafael Hernández y Pueyrredón el 10 de noviembre de 1834 fallecido el 21 de octubre de 1886) fue un militar, periodista, poeta y político. En su homenaje, el 10 de noviembre —aniversario de su nacimiento— se festeja en la Argentina el Día de la Tradición. Los Hernández militaban en el federalismo; uno de sus tíos Juan José moriría en Caseros vivando al Restaurador.  En 1843 falleció su madre. El niño padecía un problema en el pecho, que por prescripción médica debía ser tratado con un cambio de clima, lo que lo obligó en 1846 a abandonar sus estudios y trasladarse a las pampas de la provincia de Buenos Aires. Se fue con su padre, que era mayordomo de las estancias del gobernador Rosas en la zona de Camarones y laguna de los padres. Esto le permitió entrar en contacto con los Gauchos; aprendió a andar a caballo y a realizar todas las tareas que éstos realizaban. Además fue la base de sus profundos conocimientos de la vida rural y del cariño por el paisano que demostró en todos sus actos. En ese período tuvo una visión directa de la realidad del hombre de campo, donde pudo «captar el sistema de valores, lealtades y habilidades que cohesionaban a la sociedad rural»    Participó junto con su hermano Rafael en la carnicería de Cañada de Gómez en la que también fueron derrotados por los mitristas.  En Entre Ríos formó parte de la ultima rebelión gaucha que intentó defender la autonomía de esa provincia contra los embates del presidente Sarmiento. Fue liderada por Ricardo López Jordán, y su primer acto fue el homicidio de Urquiza. José Hernández mostró a lo largo de su vida una especial preocupación por los sectores menos favorecidos de la sociedad. Ya fuera como poeta, como periodista o volcándose de lleno a la arena política y militar, el autor del Martín Fierro consagró su vida a mejorar la situación de los gauchos y a la defensa de las ideas federales.  Domingo F. Sarmiento, quien pronto elevaría un proyecto de ley poniendo precio a las cabezas de los sublevados, entre ellas, la de Hernández, que fue valuada en mil pesos fuertes.
Sarmiento, luego del abrazo con Urquiza, y creyendo que contaría de ahí en más con el prestigio y las lanzas del caudillo entrerriano para fortalecer el poder central, inicia una ofensiva desde la prensa porteña contra la oposición mitrista. Pero Justo José de Urquiza ya no era respaldo; su entrega a la burguesía comercial de la ciudad puerto era harto evidente. El 11 de abril de 1870 las ilusiones del sanjuanino estallaban en el aire ante la conmoción de esta noticia: el caudillo entrerriano había sido muerto de un trabucazo en su palacio de San José. El ex gobernador de Córdoba, Simón Luengo, y un grupo de federales exaltados por su traición a la causa, son los que lo ultiman. Ante los críticos acontecimientos la Legislatura entrerriana nombra gobernador al general Ricardo López Jordán, hijo del hermanastro del caudillo Francisco Ramírez. El nuevo magistrado, de cuarenta y seis años, era un veterano de las lides guerreras: Arroyo Grande, Caseros, Cepeda y Pavón, atestiguaban su coraje y pericia. Diputado de su provincia, presidente de la Legislatura, todo menos gobernador del recelo de don Justo a su federalismo consecuente. En la proclama que dirigió a los entrerrianos afirmó que había hecho la revolución en la que desgraciadamente había muerto Urquiza, bajo las banderas de la libertad, el federalismo y la autonomía provincial. La mayoría del pueblo, que el sacrificio de San José no conmovió, respaldará desde el primer momento a López Jordán.  Sarmiento, presa de cólera y de los consejos de Mitre, interviene a Entre Ríos el 14 de abril: “El Gobierno Nacional estará entre vosotros con todo su poder, para evitar que el mal se agrave…No deis oídos a sugestiones de ambiciosos oscuros e ignorantes; para quienes el odio es un principio, el crimen un medio”.
Aunque resistido y mirado con desconfianza por la oligarquía porteña, Sarmiento llega a un acuerdo con ella frente a la cuestión de Entre Ríos; nombra al general Emilio Mitre jefe del Ejército de Observaciones, “que vigilará las costas del Uruguay”. Detrás de esta miserable fachada se pretendía ocultar el verdadero fin de la invasión militar a la provincia.
Desde las columnas de El Río de la Plata, Hernández alertará bajo una nueva faz sobre los peligros de la política iniciada: “Nos hemos pronunciado abiertamente contra el asesinato del general Urquiza, porque aparte del hecho mismo, no creemos que sobre la sangre pueda cimentarse jamás nada sólido ni duradero… Pero estamos también en contra de la intervención armada… Se cae en el error profundo de considerar el movimiento revolucionario de Entre Ríos, como un propósito de reacción contra el orden existente en la República, y se le coloca al Gobierno Nacional frente de uno de ellos para sofocar supuestas tentativas del otro… Para nosotros no se trata de una lucha interior, de partidos, sino de la desmembración o integración de la República. Y porque, desde que Entre Ríos no ha requerido la intervención del Gobierno Nacional, al verse amenazado y envuelto en una guerra desastrosa, no será extraño que en sus mismas plazas públicas firme el acta de su independencia… La muerte del general Urquiza, la segregación de esas provincias o su destrucción por la guerra, coloca al Brasil en posesión quieta, segura y perdurable de la asolada República Paraguaya, y si él no ha sido instigador… ¿habrá quién no reconozca que él va a cosechar espléndidos resultados de esos hechos?”  Fracasadas las gestiones de conciliación iniciadas por los jordanistas, la Legislatura entrerriana rechaza la arbitraria intervención, autorizando al gobernador López Jordán a repelerla con la fuerza provincial. Convocado el pueblo, 14 mil hombres se reunieron prontamente para enfrentar a los 16 mil de las fuerzas interventoras.  Gran parte de los recursos del gobierno central son destinados a financiar el aplastamiento de Entre Ríos. Mientras tanto, desde el interior del país, llegaban partes dando cuenta de la sublevación de batallones en solidaridad con la causa jordanista. Pero Buenos Aires estaba preparada. Ya la tacuara montonera debía enfrentarse a los remingstons adquiridos en el extranjero. Por gestión del general Gainza – “Don Ganza”, como lo llamara Martín Fierro – todo el ejército nacional es provisto del moderno armamento. Este hecho, inserto en el contexto histórico de la época, marcará la declinación final del paisanaje montonero. Las cargas triunfales de la caballería gaucha se volverán eco en la historia.
Sauce, Concepción del Uruguay, Santa Rosa, Don Cristóbal, fueron campos de combate y de muerte. López Jordán “tenía conquistada la libertad de ir a donde quisiera, en una guerra de cansancio, lo que no impedía que la prensa porteña, aleccionada cuando el gobierno nacional no ganaba un combate, la sacara “empardada”, siendo el caso que en Sauce, Santa Rosa, y Don Cristóbal los ejércitos nacionales quedaron estáticos, petrificados, inmovilizados sin caballadas, formando cuadros irreductibles cañones Krupp, recientemente introducidos al país” (Aníbal S., Vázquez, José Hernández en los entreveros jordanistas). En esta lucha, como miliciano, se enrolará el más grande escritor de nuestra historia: José Hernández.   El 26 de enero de 1871 en laguna Ñaembé, Corrientes, tras una cruenta batalla, -en la que el paisanaje federal no pudo superar la efectividad de la artillería de Viejobueno y del 7 de línea al mando de Roca-, las fuerzas de Buenos Aires lograron un triunfo completo: las fuerzas jordanistas se dispersaron deshechas . “Junto a López Jordán estuvieron ese día Francisco F. Fernández, Pedro C. Reina, Evaristo López, José V. Díaz, Anastasio Cardáis, el “tigre” Villanueva, Pedro Ezeiza y José Hernández.” (Fermín Chávez, José Hernández- Periodista, político y poeta).    Cabalgando en fuga, con la derrota a su espalda, pasarán el río Uruguay por el Rincón de Santa Eloísa, buscando la frontera salvadora.   López Jordán, Hernández, y un puñado de hombres hallarán refugio en Santa Ana do Libramento, en Brasil. En el exilio político se gestará Martín Fierro.  Diez meses permaneció Hernández en Santa Ana do Libramento, desde abril de 1871 a enero del siguiente año, compartiendo con el caudillo entrerriano y otros federales los avatares del exilio.  
El primer día de mayo de 1873 el general Ricardo López Jordán, insistiendo en su lucha, pasó a Entre Ríos por el Alto Uruguay. Mientras esto ocurre, Hernández, ante una orden de prisión dictada contra él por el gobierno, se refugia en Montevideo. Hacia fines del mes señalado Sarmiento remite un proyecto de ley a la Legislatura poniendo precio a las cabezas dirigentes de la revolución entrerriana: 100 mil pesos fuertes para la de López Jordán, 10 mil para la de Mariano Querencio, y mil para las de los demás alzados principales, entre ellos se encuentra el autor del Martín Fierro.  A poco de concluir el gobierno de Sarmiento, el país se enfrentaba al dilema de la sucesión presidencial. Mitre ya había anticipado los trabajos de su candidatura, concitando el invariable apoyo de los comerciantes, importadores, burgueses del puerto y socios de la rubia Albión. La intelligentzia, en la antípoda hernandiana, se veía representada por él. Adolfo Alsina, gobernador de la provincia, cabeza del partido autonomista, de los “crudos” –prolongación de los “chupandinos” de hacía dos décadas- se constituirá en el adversario político del mitrismo. Describe Ramos: “Alsina, hijo del cerrado don Valentín, aquél prototipo del rivadaviano, encarna otras fuerzas y otras ideas de su padre Adolfo Alsina orador nato, de arrastre popular, tiene su base en los barrios pobres de la ciudad, en los grande ganaderos de tradición federal de la provincia y en el peonaje bonaerense”. Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen, abrazarán las banderas del autonomismo; más tarde lo hará Hernández.   Puestas en el tapete las postulaciones presidenciales, se vio que Avellaneda concitaba el apoyo de diez provincias; Alsina el de la provincia bonaerense, y Mitre, a su turno, el de la parte céntrica de la ciudad de Buenos Aires, su “tribuna de doctrina”, ciertos sectores de oficiales porteños del ejército y las provincias de San Juan, Santiago del Estero y Corrientes, en manos de su círculo. Es entonces que Alsina vuelca su apoyo a la fórmula Avellaneda-Acosta, hecho que resultará decisivo y constituirá al mismo tiempo el empalme del Partido Autonomista Nacional, esto es la fusión de la débil burguesía terrateniente provinciana con el pobrerío del puerto, las peonadas y ganaderos bonaerenses de tradición federal. Es por entonces que aparece en Buenos Aires la primera fábrica de tejidos de lana (en el sentido capitalista de la palabra). …el interior se empobrece cada vez más.
Con el apoyo mayoritario de las provincias triunfa la fórmula Nicolás Avellaneda-Mariano Acosta, con 146 lectores, contra 79 del binomio Mitre-Torrent. El fallo comicial no fue aceptado por el mitrismo, que acusó al autonomismo de fraude en complicidad con el gobierno. Es entonces que el candidato vencido proclama la revolución y se traslada a Montevideo. Desde La Patria, Hernández comentará los hechos.  Así las cosas, Mitre logra por fin desembarcar en el puerto del Tuyú, dirigiendo al país una de sus caracterizadas proclamas. Este documento merecerá el tratamiento hernandiano.   Sarmiento, con la ayuda de los coroneles José Inocencio Arias y Julio Argentino Roca vence rápidamente la revuelta mitrista. La plana mayor de los insurrectos es tomada prisionera. Mitre será condenado a muerte, pero Avellaneda, al asumir la presidencia de la República, conmutará la pena. Tan sólo cuatro meses estará preso el jefe de los sediciosos. Cabe sí, lo dicho por Hernández: “Mereció ser juzgado en Sierra Chica, mereció ser acusado y procesado por las fechorías que ordenó o consintió en el interior: mereció un consejo de guerra, en Curupayty, y alguna vez ha de llegar el día en que la Justicia Nacional se cumpla”.
Ya el comandante Arias había contenido con sólo 600 hombres al ejército encantado de Mitre, en la batalla de La Verde: el coronel Roca había deshecho las tropas de Arredondo en Santa Rosa; la revolución iniciada y epilogada en tal forma era la comidilla sarcástica de los hombres de entonces cuando Avellaneda se colocaba la banda presidencial.   Sarmiento, al entregarle el mando le manifestó: “Sois el primer presidente que no sabe manejar una pistola”. Seis años más tarde, en 1880, el apacible intelectual tucumano calzaba revólver. Había aprendido que a Buenos Aires no se le podía someter sólo con discursos.  Hernández publica a mediados del 75 la segunda edición de su Vida del Chacho, en momentos en que en la prensa y en el parlamento la discusión entre los defensores del federalismo y los del unitarismo alcanzaba un tono inusitado. Esta nueva edición no llevará el prólogo del 63, que comenzaba: “Los salvajes unitarios están de fiesta…”, seguramente por considerarlo anacrónico o impolítico por el momento que se vivía.  Puesto el “Chacho” nuevamente en la lucha, el diario de los Varela, La Tribuna, lo recibirá con un chispeante comentario en el que refulgía el odio de la facción porteña.   Tres días más tarde la misma Tribuna publicaba un suelto titulado “La reacción” en donde transcribía el prólogo suprimido de la edición del 63, y acusaba a Hernández de jordanista y partidario de la “situación”, esto es partidario de Avellaneda y del Partido Autonomista Nacional.
El imponente hombretón de cuarenta y un años utilizará entonces las columnas del diario La Libertad de Buenos Aires – dirigido por el chileno Manuel Bilbao – para enviarle un dardo de su estado al redactor de La Tribuna, que pensaba que era el ex presidente, bajo el título: “Señor Sarmiento: porque mataron1!    “Dice Ud., como un sarcasmo, que Avellaneda debería comprar una cantidad de folletos de la vida de Peñaloza y repartirlos en las oficinas y yo le digo que esa ironía no me hiere, porque recuerdo que bajo tres presidentes he vivido sin garantías, que bajo la presidencia de Sarmiento fui perseguido seis años y desde que soy hombre, el único gobierno bajo el que vivo tranquilo, con mis opiniones buenas o malas, es el del Dr. Avellaneda, y de ahí que soy partidario de la situación, como usted me llama.
“Cuando los que mataban, los que aplaudían la matanza y los que predicaban la justicia me llamaban a mí mazorquero porque condenaba aquellos excesos y defendía en tantos desgraciados el derecho de vivir, yo no podía ni debía quedarme sin retribuir el sangriento apóstrofe. Era una injuria recíproca. Recibía una y le devolvía otra que era correlativa.
“Pero los que mataron, Sr. Sarmiento, los que mataron son más culpables, cualquiera que sea la forma en que lo hicieron, que los que condenaron a los matadores, cualesquiera que sean los términos en que escribieron… Si no querían oír la condenación, señor Sarmiento, ¿por qué lo mataron…?”

jueves, 5 de octubre de 2023

JUAN SAÁ (1819-1884)

Por Norberto Galasso
Nace en San Luis, el 20 de mayo de 1819. Cursa estudios en la provincia y luego se incorpora a las luchas militares.  En 1855, es teniente coronel de las fuerzas provinciales. En 1859, se suma a las fuerzas de la Confederación enfrentadas a la segregada Buenos Aires. Participa en la batalla de Cepeda, donde se destaca en la persecución de las fuerzas de Mitre.
El 25 de febrero de 1860 es designado gobernador de la provincia de San Luis. Nombra ministro de gobierno al Dr. Carlos Juan Rodríguez. En noviembre de ese año, producida la insurrección liberal que dirige Antonino Aberastain en San Juan que derroca y asesina al gobernador Virasoro, el presidente Derqui designa a Saá, en el cargo de interventor, para restablecer el orden. El 11 de enero de 1861, Saá derrota a los insurrectos en la “Rinconada del Pocito”. Mientras él se dirige a la Capital, Aberastain queda preso bajo custodia del comandante Clavero. Poco después, Saá se informa que ante la sublevación de Aberastain, Clavero decide fusilarlo, sin sumario previo, junto a los demás presos sublevados. Cutolo señala que algunos autores sostienen que en su informe sobre lo sucedido, Saá le escribe al Presidente que “Aberastain ha sido ejecutado a lanza seca” y que de allí provendría el apodo –“Lanza Seca”- con el cual se lo conocerá posteriormente, aunque considera que esto no se halla debidamente fundamentado.
Convertido en uno de los principales jefes de la Confederación, Saá participa, poco después, en la batalla de Pavón, donde vuelven a enfrenarse la Confederación y Buenos Aires. Allí juega un rol destacado, pero Urquiza se va al galope de los campos de Pavón, dejándole a Mitre el camino libre hacia el poder. El presidente Derqui juega su última carta designándole a Saá como jefe del ejército de las columnas centrales de la Confederación, pero ya todo está perdido. Años después, Alberdi se refiere a Saá como “el verdadero vencedor de Pavón”.
Pocas semanas más tarde, mientras Mitre se encarama al poder, “Lanza Seca” se exilia en Chile. Sin embargo, desde allí pasa a la Banda Oriental, poniéndose a las órdenes del presidente Berro, del Partido Blanco. Esta actitud no debe llamar la atención pues para Saá, como para Varela, las fronteras de las “patrias chicas” carecen de importancia frente a la gran causa común hispanoamericana.
Allí, enfrenta a Venancio Flores, expresión del partido colorado oriental en estrecha vinculación con Mitre. Poco tiempo después, junto a su hermano –Felipe Saá- participa de la “revolución de los colorados”, que estalla en Cuyo bajo la dirección de Carlos Juan Rodríguez y otros jefes montoneros, entre ellos Felipe Varela, creando una difícil situación al gobierno de Mitre. Sarmiento escribe exasperado: “… Felipe Varela, Juan Saá, Solano López… son las fuerzas íntimas del alma de la vieja América”.  Pero las fuerzas mitristas, mucho mejor pertrechadas, sofocan el levantamiento. Saá y sus compañeros vuelven a exiliarse en Chile.
En 1877, se presenta un petitorio, con 6000 firmas, para la rehabilitación militar de Saá, pero es denegada por el Congreso. Saá lleva ya diez años de exilio. En 1880, después de trece años, regresa a la Argentina e intenta nuevamente que se le vuelva a asignar su grado militar, pero otra vez el Congreso Nacional se manifiesta negativamente.
Reside un tiempo en San Luis, pero, el 6 de julio de 1884, hallándose en Villa María, localidad de Córdoba, fallece repentinamente.
Cutolo señala que “la figura del General Saá ha sido calumniada sistemáticamente, considerándosele un personaje nefasto, ominoso, carente de todo sentimiento humano, cuya acción –se dijo- estuvo permanentemente al servicio de la barbarie”. Por supuesto, ¿qué otra cosa podría decir la historia mitrista de un hombre que fue enemigo acérrimo de Mitre, contra el cual luchó en defensa del federalismo provinciano? Pero hay algo aún más grave que esos dicterios: el silenciamiento, el ocultamiento de su figura porque si los estudiantes no saben siquiera que existió, es menor aún la posibilidad de que intenten investigar la verdad y concluyan reivindicándolo.
Cutolo señala que José María Tissera, en sus memorias, lo juzga “poseedor de una caballerosidad, valentía y hombría de bien, de indiscutibles méritos y cuya acción fue realmente merecedora de toda consideración”. Otro historiador señala “Era un tipo activo, valiente, generoso y nobilísimo, quizás su bondad era su defecto… A ninguno de los tres hermanos Saá, jamás nadie les atribuyó acciones canallescas”.
Como se aprecia, se trata de “un maldito”, una víctima más del control que la clase dominante ejerce sobre la Historia que se enseña en los diversos niveles de la enseñanza, difundida, además a través de los medios de comunicación y la nomenclatura de calles y plazas.

sábado, 25 de marzo de 2023

Sarmiento el Gran MaestrE

 Por Federico Ibarguren

Vayamos ahora a Sarmiento, que esta absolutamente retratado en este discurso que voy a citar enseguida.
En 1882, nuestro “prócer” asume el mas alto grado de la Masonería en la Argentina.
Para Sarmiento –el “ídolo” escolar de mi infancia-, estimulado con semejante titulo directivo: “…ya la ambigüedad no cabe y por mas que él se aferre a sostener que no es ni contrario ni enemigo de la Iglesia Católica, sus actos lo van a demostrar claramente como un enemigo encarnizado de la fe de sus mayores -escribe Pedro de Paoli en su libro: Sarmiento, su gravitación en el desarrollo nacional- ¿Es la masonería la que exige esta actitud? ¿La asume él, Sarmiento, por obediencia a esta institución? Sarmiento, que jamás perteneció a ningún partido, porque él, como realmente lo ha sostenido siempre ha sido en todo momento DON YO, ¿ahora es carne y alma de la masonería y obedece como fiel hijo de ella a sus mandatos? ¿O es que ese sentimiento en contra de la iglesia católica ha venido incubando desde su juventud y ahora hace eclosión al mismo tiempo, que se lo ordena la logia? Sea lo que fuere, el caso es que ahora, sin cortapisa y sin reticencias, Sarmiento, a la luz del día es un encarnizado enemigo de la Iglesia Católica. Y es a partir de este año de 1882 en que él consagra los más de sus esfuerzos a esa lucha. Toda otra actividad suya hasta el día de su muerte carece de mayor relieve. Como ya lo hemos reseñado, desde “El nacional”, diario que él dirigía, atiza el fuego contra los católicos del Congreso Pedagógico presidido por el masón prominente Onesimo Leguizamón. Desligase (Sarmiento) de toda actividad política y personal, y se dedica exclusivamente a la campaña anti-católica; ya no esta en “maestro” ni en político, ahora esta en masón. Se da al cumplimiento de esa misión, su misión (yo diría que desde ese momento no es Sarmiento el gran “maestro” como se nos ha enseñado en el colegio, sino mas bien el “EL GRAN MAESTRE”).
La masonería, institución internacional, tiene tentáculos en todos los países del mundo, así como los tiene en Uruguay, o los tenía; país que por ser fronterizo con el nuestro conviene unirlo en la campaña anti-católica. Por eso, la masonería organiza en Montevideo un acto con la invitación especial de Sarmiento, quien tendrá a su cargo el discurso central. Y así ocurre. Lo invita la escuela de artes y oficios de Montevideo para que presida los exámenes. Sarmiento pronuncia un discurso que quiere ser especializado y no lo logra, se deshace en vulgaridades y gestos un tanto grotescos; pero es que la masonería sabe lo que hace y tiene oculto el verdadero espectáculo, el que se da enseguida; y es una invitación a pronunciar una conferencia en la escuela Normal de mujeres. Este es el verdadero motivo de la invitación y Sarmiento la aprovecha, pues, para cumplir con su misión a saber: un bárbaro (porque bárbaro es) ataque a la enseñanza religiosa y a las hermanas religiosas educacionistas como las de la Santa Unión del Sagrado Corazón. Ahora bien, en 1883, año de esta conferencia de Sarmiento, es el año de la cúspide, de la parábola que el liberalismo traza en su lucha contra todo lo que formó la educación tradicional de la sociedad cristiana, católica por antonomasia. Al decir liberalismos decimos masonería. Pero es también la época en que la Iglesia Católica, acosada en todas partes por la masonería, retempla su vigor y sale a la palestra en defensa de sus principios evangélicos. Es época de misiones educacionales; de propagación de la fe por medio de las congregaciones de la Santa Unión, de las hermanas del Huerto, de la Misericordia, de los hermanos de las escuelas Cristianas, de los Salesianos, etc. Hombres y mujeres, hermanos y hermanas cuya misión inmediata en la vida de evangelización es la educación de la niñez y la juventud según la sagrada doctrina moral y divina de Cristo. De Francia, de España y de Italia sobre todo, salen continuamente estas misiones hacia todo el mundo, una de cuyas partes es nuestro país. La masonería argentina nota enseguida esta expansión de la educación religiosa y les sale al cruce.
Tal el verdadero motivo de Sarmiento en Montevideo. Da su conferencia en la escuela Normal de mujeres. ¿Y de que ha de hablar un maestro de maestros, el educador de América, en un acto de tal naturaleza? -sigo citando a De Paoli-. Pues, ¿De métodos pedagógicos, de didáctica, de metodología? Pues no, Sarmiento no ha de hablar de nada de eso. Primero porque de eso no entiende nada. Y segundo, porque su misión verdadera no es esa, sino la de combatir la enseñanza religiosa católica. Y como no es capaz de hacerlo en forma elevada, con sabiduría, lo hará como es su estilo: chabacanamente, en forma gruesa y hasta soez, concretándose a un ataque inconcebible por lo insultante contra las hermanas religiosas educacionistas. Y así dice que -ahora vienen las comillas, que es lo interesante-: “Se están introduciendo de Europa compañías de mujeres, (“compañías de mujeres” ¿Qué les parece?, como si se tratara de un negocio ilícito de tratantes de blancas), las hermanas de las congregaciones religiosas, para explotar comercialmente el ramo de la educación. Mi deber es indicar ese peligro que amenaza esterilizar las escuelas normales. Estas congregaciones docentes son la filoxera de la religión y el cardo negro de la pampa que es necesario extirpar. ¿Qué vienen a enseñar a nuestras niñas esas figuras desapacibles, hermanas de caras feas, aldeanas y labriegas en sus tierras? ¿Qué pueden enseñarles a nuestras niñas estas ignorantes? Así se mata la civilización.
Aquellas formas de mortajas no pueden servir para educar damas y señoritas. –Continua Sarmiento- vienen de todos los rincones de Europa donde están barriendo y echando a la calle las basuras. Las hermanas que van llegando han dejado de embrutecer chicuelas en las aldeas de Francia y vienen ahora a cumplir esta triste misión entre nosotros. (Bueno, este es el procer argentino de los liberales, ahora el “gran” Sarmiento). Otra vez escribe: “¿Dónde esta el criadero de estos enjambres de abejas machorras, las hermanas educacionistas que vienen a comerse la miel de la enseñanza? Y continua: “...banda de mujeres emigrantes confabuladas que se apoderan de todas nuestras mujeres. En Francia les han quitado la enseñanza porque no valían nada fuera de bordar escapularios. Recuas de mujeres contratadas en Europa, hermandades de extranjeros, de machos y especuladores tonsurados y de hembras neutras. Todas estas comunidades deben ser desconocidas por el Congreso y alejadas de la educación, porque en diez años mas estarán en su poder todas las escuelas del país. Hermanas y hermanos emigrantes, lavanderas y mozas de labor, enganchadas en Irlanda para venir a enseñar a nuestras hijas lo que no saben, en lugar de ser mucamas, para lo que tampoco sirven gran cosa. Las hermanas son intrusas, falsarias, mujeres colectadas en Europa a pretexto de religión, para ganar plata en América.”
Estas arremetidas de Sarmiento –comenta De Paoli- en contra de todo lo que fuese culto católico, no eran acciones aisladas y de francotiradores. Al contrario, obedecían a un PLAN MASONICO bien organizado y bien meditado. Era la preparación del clima psicológico para el gran ataque que bien pronto se llevaría contra la enseñanza religiosa, y el medio de probar cuanta era la fuerza católica con la que se iba a tener que combatir. Cada ataque de Sarmiento era contestado por el diario “La Unión” de los católicos: escribían en ese diario: Estrada, Goyena, Frias, Achaval, Lamarca, y otros de la misma altura intelectual. Frecuente se hacían reuniones católicas las que eran tenidas en cuenta por los liberales masones para calcular el caudal cualitativo y cuantitativo del adversario.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Obras de José Hernández y traducciones del Martín Fierro.

Por el Prof. Julio R. Otaño
Rasgos biográficos del general D. Angel V. Peñaloza (colección de artículos publicados en "El Argentino)". Paraná, 1863. [En la "Vida del Chacho", José Hernández arremete contra Sarmiento, su enemigo irreconciliable, a la sazón gobernador de la provincia de San Juan. El Chacho Peñaloza, caudillo regional, se ha alzado contra el gobierno, y Mitre, presidente de la nación, da instrucciones a Sarmiento y le confía el cargo de "director de guerra", para reducir el conflicto a un acto meramente policial. El Chacho es apresado; lo maniatan, lo atraviesan con una lanza, los soldados disparan contra su cuerpo agonizante, y luego le cortan la cabeza para exhibirla como trofeo, clavada en una lanza (1863). El hecho tuvo repercusiones en todo el país. Sarmiento, como "director de guerra", tenía para Hernández la responsabilidad política. Escribió entonces, al correr de la pluma, varios artículos en "El Argentino" de Paraná, responsabilizándolo de esa muerte.]

El gaucho Martín Fierro. Buenos Aires: Imprenta de La Pampa, 1872. [El "Martín Fierro" señala la culminación del género gauchesco en la literatura en el Río de la Plata. Fue creado y publicado en dos partes: "El gaucho Martín Fierro" (1872) y "La vuelta de Martín Fierro" (1879).

La vuelta de Martín Fierro. Primera edición, adornada con diez láminas. Buenos Aires: Librería del Plata, 1879. "La vuelta de Martín Fierro". En ella, al cabo de un tiempo el personaje regresa a la civilización y cuenta su vida en las tolderías, las costumbres aborígenes, una epidemia en la que muere su amigo Cruz, , la matanza de un indio que maltrataba a una ‘cristiana’ y la huida con ella. El posterior encuentro con sus hijos que narran también sus aventuras, parte en donde aparece el Viejo Vizcacha ...]

Instrucción del estanciero. Buenos Aires: Carlos Casavalle editor, 1881. [La obra Instrucción del estanciero es una especie de manual destinado a transmitir a los hombres de campo experiencias y conocimientos en materia rural, naturaleza de los campos bonaerenses, pastos, construcciones rurales, ganado vacuno, marcas y señales, cría del ganado caballar, ganado lanar y manejo de personal.

José Hernández puede servir muy bien como paradigma del escritor en el que militancia política, estilo de vida, quehacer periodístico y creación literaria forman todavía un sistema perfectamente coherente y solidario. Ciertamente, en Hernández, como en tantos otros precursores del periodismo en la Argentina, la labor aparece no como profesión sinónimo de medio de vida, sino como vocación pura al servicio de los ideales: Hernández ha sido un batallador que, afirmado en sus íntimas convicciones, bregó por las causas que consideró justas en cada momento de su vida. Podría decirse que fue un pragmático que ajustó su posición y sus actos a cada situación histórica y tomó partido por la causa que en ese marco vislumbró como más justa: Propuso desde El Río de la Plata la distribución de tierras parceladas para ganar el desierto mediante la colonización y no por la fuerza depredadora, al tiempo que fustigó el mecanismo de la leva para la formación de los contingentes de frontera. Apoyó a López Jordán en su defensa del concepto republicano federal que entendía traicionado por Urquiza y desde el exilio, en La Patria de Montevideo, combatió a Mitre y a Sarmiento y confió en la unión del Autonomismo con el Partido Nacional que respaldaba a Avellaneda como encuentro reconstitutivo del cuerpo socio político argentino. Polemizó desde La Libertad con La Tribuna, defendiendo su apologética visión del general Peñaloza como baluarte federal y criticó al fin todo lo que consideró pernicioso en el gobierno desde El Bicho Colorado y el Martín Fierro, pese a su adhesión al nuevo Partido Autonomista Nacional. De este modo, durante veinte de los cincuenta y dos años de su vida, luchó a través del periodismo, desde sus primeros pasos en La Reforma Pacifica hasta sus últimos y satíricos intentos conocidos en El Bicho Colorado y Martín Fierro.
Ediciones del Martín Fierro en otros idiomas

Martín Fierro e La Vuelta de Martín Fierro. Prologa, italianiza, anota Folco Testena. Buenos Aires: A. Guidi Buffarini, 1935.

Martín Fierro. Versión húngara. Con láminas entre texto, Prefacio y edición de Ladislao Szabó y Andrés Vér. Buenos Aires, 1944.

Martín Fierro. The argentine gaucho epic. Translated Into English Prose with Introduction and Notes by Henry Alfred Holmes. Hispanic Institute in the United States, New York, 1948,

Martín Fierro. Poema nazionale argentino. Introducción y traducción al italiano de Mario Todesco. Parma: Rebellato, 1959.

The gaucho Martín Fierro. Adapted from the spanish and rendered into english verse by Walter Owen, with drawings by Alberto Güiraldes. Buenos Aires: Pampa, 1960.

Martín Fierro, versión en lengua gallega. Buenos Aires: Anxo Casal, 1980.

Martín Fierro. Traducido al eslovaco por Stanislav E. Jancaérik. Buenos Aires: Nákladom Slovenského Kultúrneko Spolkv V, 1982.

Martín Fierro: la ida – la partenza. Traducción al italiano y comentarios de Giovanni eo Zilio, Buenos Aires: Asociación Dante Alighieri, 1985.

Martín Fierro: la vuelta. Testo originale con traduzione, commenti e note di Giovanni Meo Zilio (español-italiano). Buenos Aires: Asociación Dante Alighieri, 1986.Hoy el Martín Fierro se lee en el mundo en 49 idiomas

Indostano, bantú, ruso y chino son sólo algunos. Un 12 de enero de 1873, la obra de José Hernández empezó a distribuirse en las pulperías.

¿A cuántas lenguas se tradujo el Martín Fierro? Sara Iriarte, becaria doctoral en el Instituto de Estudios Críticos en Humanidades (IECH, CONICET-UNR), analiza las relecturas del libro de José Hernández. Pero la cuestión pasa por indagar cuáles son las dificultades para traducir el Martín Fierro y cuál es la mirada de las distintas culturas sobre el personaje más conocido de la literatura gauchesca. La investigadora Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) estudia las traducciones al portugués, italiano, francés e inglés del libro de José Hernández.

El Martín Fierro "fue traducido a treinta y tres lenguas. La que tiene más traducciones es el portugués con seis, todas hechas en Brasil. Luego sigue el italiano y el inglés con cuatro traducciones completas cada uno. También hay una en francés. Yo trabajo con estas cuatro lenguas y considero como traducción completa si al menos tiene el primer libro: "El Gaucho Martín Fierro".

-¿Cuál fue la primera traducción? La primera fue en 1919 la hizo Folco Testena, un italiano residente en Argentina. La publicación se hace aquí, era para un público que habla italiano, pero no vivía en Italia.

-¿Cuál fue la intención de esa primera traducción? Esto no lo puedo demostrar todavía, pero una de la hipótesis que barajo es que tiene que ver justamente con la llegada de los inmigrantes y la necesidad de compartir algo entre los argentinos y los italianos. En ese momento se dan las migraciones internas del campo a la ciudad donde se empiezan a recuperar los héroes gauchos que para 1919 ya no existían.

-¿Qué limitaciones se presentan al traducir el Martín Fierro sobre todo teniendo en cuenta el lenguaje que utiliza? En la época de Hernández no existía el concepto de dialecto o sociolecto, pero es justamente lo que él identifica: capta la forma de expresión de los gauchos para poder representarlos de la forma en que le interesa. La cuestión de los dialectos se piensa mucho dentro de la traducción literaria. Los diferentes traductores lo resolvieron de distintas maneras en el caso del Martín Fierro. Por ejemplo, Walter Owen, el primer traductor al inglés, elige utilizar expresiones coloquiales pero que no sean representativas de un lugar específico. En cambio, Meo Zilio que lo traduce al italiano a finales de los 70 mezcla expresiones de distintos dialectos de Italia para que el lector de su país pueda tener una sensación de vernáculo. De alguna manera, busca producir el efecto que causa en el lector de la lengua de origen esa lectura, sin elegir un dialecto en particular.

-¿Qué imagen de Martín Fierro reflejan las distintas traducciones? Para nosotros Martín Fierro es un ídolo y lo vemos como una víctima del sistema, pero no nos podemos olvidar que, por ejemplo, él mata gratuitamente. Cuando las otras culturas ven a Martín Fierro desde afuera hay características que les llaman profundamente la atención. Por ejemplo, en el caso de Brasil, el asesinato del Negro en el contexto de una fiesta donde Martín Fierro lo provoca verbalmente y luego se baten a duelo, lo hace un personaje controvertido. Ellos tienen una relación con la raza negra pensada desde la esclavitud, entonces cuando se encuentran con este gaucho que mata a otras personas que sufren la misma injusticia que él les produce un conflicto. Hay que tener en cuenta que Brasil en el estado de Rio Grande do Sul tiene toda una cultura gaucha y para ellos el gaucho es un personaje muy idealizado ya que su literatura lo representa de una forma mucho más romántica.

¿Cómo es en inglés? Walter Owen, que hizo la primera traducción al inglés en 1935, tiene otra visión. En esa época, en Inglaterra, prácticamente no se conocía la existencia de los gauchos. La información que tenían sobre los gauchos provenía de algunos escritos en formato de crónica de viaje que resumían una mezcla muy amplia de información que iba desde la fauna del país hasta la economía. Eran relatos de ingleses que viajaban o habían inmigrado a Argentina y que tenían como principal público a interesados en hacer negocios en el país. Cuando Owen escribe su traducción ve la necesidad de explicar qué es un gaucho. Es muy interesante porque tiene notas muy exotizantes: lo compara con los asiáticos, con los árabes y toma también información de las crónicas de viaje de los ingleses. Owen trata de formular una imagen del gaucho con lo que ya había en la cultura de ellos y resulta una cosa bastante exótica. Él, inclusive, cuando prologa la edición para Estados Unidos que se publica un año después que la de Inglaterra, brevemente compara al gaucho con el cowboy.

-¿Cómo es Martín Fierro para los traductores italianos? El bandido es un personaje que aparece en la literatura mundial y es muy frecuente en Italia. De hecho, Eric Hobsbawn, que es el autor que descubre esta categoría, encuentra mucha de la información que necesita para crear este concepto en Italia: son los banditti. Una hipótesis que estoy trabajando es que podría servir como una categoría universal de personaje para interpretar a Martín Fierro. Los cowboys serían también bandidos en Norteamérica. El problema es que el gaucho Martín Fierro es un bandido muy particular que no termina de encuadrar en esta categoría. En general, los bandidos son personas que están fuera de la ley y si pueden permanecer tanto tiempo así es por la ayuda de sus congéneres que no lo consideran una persona mala. Siempre viven en los bordes de los poblados y como tienen que sobrevivir de alguna manera atacan a otros que son pensados como enemigos, por ejemplo, los ricos o los aristócratas. El bandido guarda una expresión contradictoria porque dependiendo de quién lo juzgue va a ser considerado o no como un delincuente.


Versiones del «Martín Fierro» al inglés
en un artículo de 1972, al ocuparse de las traducciones del Martín Fierro al francés, Elsa Tabernig resumió las enormes dificultades con que tropieza un empeño de esta índole. Luego de señalar que «La traducción no es sólo versión de textos de una lengua a otra, es traducción de un mundo cultural a otro», destacaba: «La lengua de Martín Fierro -señala Tabernig- no tiene equivalente exacto en ningún área lingüística de otro país. [...] Cualquier intento de asimilación del lenguaje gauchesco al de un grupo regional de otra cultura implicaría una desnaturalización del espíritu del original». Pese a ello, fueron varios los osados que, desde 1923 en adelante, procuraron verter esta «poesía vernácula» al inglés.
En 1935, el escocés Walter Owen publica en Londres y Nueva York la versión que, con el tiempo, sería reeditada (y plagiada) más que ninguna otra. Algunas de sus ediciones fueron ilustradas con los célebres dibujos de Alberto Güiraldes. En 1948, Henry Alfred Holmes intenta una segunda traducción completa, en prosa y muy distinta de la de 1923. 5) En 1974, se da a conocer en Nueva York una edición bilingüe traducida por C. E. Ward, cuya primera publicación databa de 1967, y que en esta ocasión fue revisada y anotada por Frank G. Carrino y Alberto J. Carlos. Por el momento, queda consignado el despliegue de las distintas posibilidades, que cada cual evaluará según sus propios patrones idiomáticos y poéticos. Sin olvidar que, por mucho que se hayan alejado estas versiones de lo que los argentinos sentimos al leer el Martín Fierro, permitieron al mundo intuir una época histórica, un tipo de vida, un paradigma humano que habitó estas lejanas pampas hasta no hace tanto tiempo, y que se comunicó con sus congéneres por medio de la poesía y el canto.

miércoles, 31 de agosto de 2022

SARMIENTO CONTRA URQUIZA ¿PORQUE ASESINÓ A CHILAVERT?

 Carta de YUNGAY....SARMIENTO SINCERO....LE PREGUNTA AL TRAIDOR ¿PORQUE ASESINÓ A URQUIZA? ¿PORQUE COLGÓ A CIENTOS DE SOLDADOS EN PALERMO DE SAN BENITO?


Sarmiento y sus Mujeres...

Por el Prof. Julio R. Otaño
Nacido el 14 de febrero de 1811 en San Juan, aunque anotado al día siguiente, lo que convierte al 15 como la fecha oficial, vio el mundo como Faustino Valentín, por el día de su nacimiento. Sarmiento escribió “No creo en la duración del amor, que se apaga con la posesión. Yo definiría esta pasión así: un deseo por satisfacerse. Parta usted del principio de que no se amarán por siempre. Cuida de cultivar el aprecio de su mujer y apreciarla por sus buenas cualidades. Oiga usted esto, su felicidad depende de la observancia de este precepto: no abuse de los goces del amor; no traspase los límites de la decencia; no haga a su esposa perder el pudor a fuerza de hacerla prestarse a todo género de locuras. Cada nuevo goce es una ilusión perdida para siempre; cada favor nuevo de las mujeres es un pedazo que se arranca del amor. Yo he agotado algunos amores y he concluido con mirar con repugnancia a mujeres apreciables que no tenían a mis ojos más defectos que haberme complacido demasiado. Los amores ilegítimos tienen eso de sabroso: que siendo la mujer más independiente aguijonea nuestros deseos con la resistencia”-
El papel de la mujer en la vida de Domingo Faustino Sarmiento ocupó un espacio vital y trascendental. Desde su nacimiento recibe las fuertes influencias de su madre, Paula Albarracín de Sarmiento, y de sus cuatro hermanas: Paula, Vicenta Bienvenida, María del Rosario y Procesa.
La primera relación seria, 1831, la mantuvo con María Jesús del Canto, una joven de veinte años, nacida en Valparaíso, Chile, con quien tuvo a su primera hija Ana Faustina. dejada al cuidado de su abuela y tías y volver, al poco tiempo, a Chile.   Ya, hacia 1845, Sarmiento inicia el viaje por Europa, Asia y Estados Unidos por encargo del gobierno chileno tardando tres años en regresar. En 1848, conoce a Julio Belín, un hombre joven francés, que se enamora de su hija, Ana Faustina con quien se casa. Antes de iniciar el gran viaje, en 1845, Sarmiento conoció a Doña Benita Martínez Pastoriza, argentina, casada con Don Domingo Castro y Calvo, unión de la que nació Domingo Fidel. Por el nombre del niño podemos inferir que el romance entre ambos ya se había iniciado. De esta manera, el año 1848 fue para Sarmiento, un año de doble casamiento: el de su hija Ana Faustina con Julio Belín y el suyo con Doña Benita quien había enviudado hacía poco tiempo. La debilidad de Domingo Faustino Sarmiento por su hijo, Domingo Fidel, no conoció límites, le dio su apellido y, años más tarde, escribirá un libro en su memoria, Vida de Dominguito, luego de su muerte el 22 de septiembre de 1866 en Curupaytí, durante el desarrollo de la Guerra de la Triple Alianza. No tuvo un feliz matrimonio con Benita. A tal punto que en su testamento aclaró que “estuve separado de mutuo consentimiento desde el año 60”. Es que la relación se rompería por otro romance que tendría su esposo.
En 1853, hizo nacer un nuevo amor por Aurelia Vélez Sarsfield. La hija de un viejo amigo, el doctor Dalmacio Vélez Sarsfield. “La Petisa”, de una vasta formación cultural y que supo hacerse de un lugar en un mundo dominado por los hombres, a tal punto que estaba separada de su marido, que era además su primo. A Aurelia la había conocido en 1840 en Montevideo siendo ella una niña de nueve años pero en 1850, la niña ya era una mujer culta, inteligente y de gran interés por la política. ¡Era la mujer ideal, la siempre soñada! Ella tenía 19 y él 44, y comenzaron un romance intenso, aunque oculto. Sin embargo, no podían disimular esa atracción innata. En 1857, la esposa de Sarmiento, Benita Martínez Pastoriza, descubrió el amorío a partir de unas cartas que había encontrado de ambos. Fue una de las polémicas más resonadas de ese año, la cual terminó con la separación del matrimonio. No obstante, la unión entre Aurelia y Domingo Faustino jamás se quebró.
En Estados Unidos, se enamora de Ida Wickersham, casada con un médico. El romance con Ida duró bastante tiempo y tan profundo era el sentimiento de ella que al llegar Domingo Faustino Sarmiento a la presidencia de la nación en 1868, le escribió una carta en la que le relataba sobre su divorcio y le solicitaba formar parte del grupo de maestras norteamericanas que se preparaba para venir al país. El pedido fue rechazado.    El amor por Aurelia era mucho más profundo pero la diferencia de años y la férrea negativa del padre de Aurelia- el renombrado Dalmacio Vélez Sarfield, eran obstáculos insalvables.
Poco y nada le preocupaba al Presidente lo que dijeran sus enemigos. Pero debía cuidar las formas porque, además de los opositores, rondaba Benita Agustina Martínez Pastoriza, su ex mujer, quien aún reclamaba privilegios conyugales. De hecho, se quedó con doscientos pesos de cada sueldo del mandatario. Sarmiento la calificaba de insaciable y de ser “un veneno corrosivo” que destruía hasta el recipiente que lo contenía. El papel de primera dama lo asumió Rosario Sarmiento, la hermana soltera del cuyano, quien vivía en la casa del Presidente, junto a la hija del prócer Ana Faustina —viuda— y los seis nietos.
Lo cierto es que a Mandinga Vélez Sarsfield la responsabilidad del ministerio le pesaba mucho. Por empezar, Dalmacio fue el ministro del Interior durante uno de los mayores atentados de la historia argentina: el asesinato de Justo José de Urquiza y de dos de sus hijos. También ocupaba esa compleja cartera cuando la fiebre amarilla causó tan fatales consecuencias en Buenos Aires y alrededores. Los Vélez debieron abandonar la ciudad y se instalaron en sus campos de la magnífica localidad de Arrecifes, a ciento ochenta kilómetros de Buenos Aires. Sarmiento, por su parte, se ubicó en la ciudad bonaerense de Mercedes, a ciento veinticinco kilómetros de la Casa Rosada y de la peste.
Las visitas de Sarmiento a la casa de Aurelia eran tan habituales, que fue objeto de un plan criminal. Dos inmigrantes italianos contratados en Montevideo se aprestaron a matar al Presidente en la noche del sábado 23 de agosto de 1873. Cargaron la pistola con suficiente pólvora, bañaron dos puñales en veneno y se apostaron en el trayecto, a la espera de la clásica visita de Sarmiento a los Vélez.
El sanjuanino vivía entonces en Maipú al 600, entre Tucumán y Viamonte. La casa de Aurelia estaba en la actual Perón y Maipú, es decir, se hallaba a cinco cuadras. Tres marinos italianos de 21 años, Luis Casimir y Francisco y Pedro Guerri (que no eran hermanos como suele decirse), aguardaron al coche presidencial y, antes de que cruzara Corrientes, a mitad de camino, dispararon. Con tan mala suerte —para ellos— que el arma explotó en la mano de Francisco Guerri (le voló el pulgar) y la bala no llegó a destino, lo que nos permite afirmar que una bala perdida frustró un magnicidio.
Sarmiento, que ya estaba bastante sordo, ni se enteró de lo que había ocurrido. Fue advertido recién al descender en la casa de su amante. Los magnicidas fueron detenidos, acusados de intentar matar al Presidente.
En cuanto culminó su mandato, Manuel Ocampo, secretario de Sarmiento (quien sería abuelo de Victoria), le entregó veintiocho mil pesos de su salario que había ahorrado en una cuenta bancaria. Con ese dinero, Domingo se compró una casa en la céntrica calle Cuyo número 53 —hoy calle Sarmiento y Libertad—, a seis cuadras de la de su amiguita Aurelia.
La ex del sanjuanino puso el grito en el cielo: le inició un juicio por alimentos, alegando que desde que terminó la presidencia, dejó de enviarle los doscientos pesos mensuales. El ataque de Benita se basaba en que Sarmiento, cuando se casaron en mayo de 1848, no tenía un peso. Y que gracias a la fortuna que había heredado ella por la muerte de su primer marido Castro y Calvo, su segundo marido había podido llevar adelante su carrera, sus negocios en el campo periodístico y la publicación de libros. La relación con Aurelia continuó, con menos pasión, pero con más libertad que en otros tiempos. Con edad suficiente para no andar preocupados por las murmuraciones, viajaron juntos a Montevideo en 1883. Ella lo acompañó en una charla que dio en la Escuela Normal. Aurelia visitó Europa en dos oportunidades (no viajó con Sarmiento), durante los años 1885 y 1888. Del último paseo regresó en agosto y encontró una carta de su eterno amante, quien la invitaba a Asunción. Domingo Faustino se había construido una casa donde solía pasar el invierno, por cuestiones de salud. “Venga, juntemos nuestros desencantos”, le rogaba el cuyano.  Domingo y Aurelia se despidieron. Ella regresó a Buenos Aires. Dos semanas más tarde recibió el telegrama que le anunció la muerte del hombre al que amó con locura.
Ella se quedó sola y en libertad (en Libertad 1277, entre Arenales y Juncal, a un costado del Colegio Nacional Sarmiento) hasta el 6 de diciembre de 1924.

bibliografía

Belucci, Mabel (1997), “Sarmiento y los feminismos de su época”

Bellotta Aracelli Aurelia Vélez la mujer que amo a Sarmiento

De Paoli Pedro “Sarmiento su gravitación en el desarrollo Nacional”

Fernández, Javier (1997), “Viajando con Sarmiento”, Todo es Historia,

Galvez Manuel “Vida de Sarmiento”

García Hamilton Ignacio “Cuyano Alborotador”

martes, 28 de junio de 2022

Mariquita Sánchez entre Rosas y Sarmiento.....

Por el Prof. JBismarck

Daguerrotipo realizado por Antonio Pozzo en 1854.María Sánchez de Mendeville,viuda de Thompson (1786-1868) Tradicionalmente se dijo que en su casa, se interpretó el Himno Nacional Argentino por primera vez. Sin embargo, algunos historiadores aseguran que Mariquita Sánchez no dejó ningún escrito en el que menciona ese hecho tan importante. (En la instalación del episodio tuvo mucho que ver el cuadro de Pedro Subercaseaux pintado en 1910, basado en las Tradiciones Argentinas de don Pastor Obligado y que hoy puede verse en el Museo Histórico Nacional). Fue una mujer con personalidad y opinión propia. A los 14 años se enamoró de su primo Martín Thompson. 
Contra la opinión de sus padres logró casarse gracias a un “juicio de disenso” resonante en su época. El trámite fue saldado el 20 de julio de 1804, al dar el virrey Sobremonte su permiso para la boda contra la voluntad paterna.
Con la autoridad que le daba esta resolución de su caso, la mujer del himno escribirá años más tarde: “El padre arreglaba todo a su voluntad. Se lo decía a su mujer y a la novia tres o cuatro días antes de hacer el casamiento; esto era muy general. Hablar de corazón a estas gentes era farsa del diablo; el casamiento era un sacramento y cosas mundanas no tenían que ver en esto, ¡ah, jóvenes del día!, si pudieras saber los tormentos de aquella juventud, ¡cómo sabrías apreciar la dicha que gozáis! Las pobres hijas no se habrían atrevido a hacer la menor observación; era preciso obedecer. Los padres creían que ellos sabían mejor lo que convenía a sus hijas y era perder tiempo hacerles variar de opinión. Se casaba una niña hermosa con un hombre que ni era lindo ni elegante ni fino y además que podía ser su padre, pero hombre de juicio, era lo preciso. De aquí venía que muchas jóvenes preferían hacerse religiosas que casarse contra su gusto con hombres que les inspiraban aversión más bien que amor. ¡Amor!, palabra escandalosa en una joven el amor se perseguía, el amor era mirado como depravación”.  Enviudó en 1819. A los 6 meses, Mariquita contrajo nuevas nupcias con Washington de Mendeville, un francés muy cuestionado por sus labores diplomáticas en el exterior. Con él tuvo tres hijos, Julio, Carlos y Enrique, pero una pareja infeliz. Era amiga de Juan Manuel de Rosas (era 7 años mayor que el Restaurador) pero se exilia en Montevideo ante el conflicto entre la Confederación Argentina y Francia (1838-1840) Así, el Restaurador la trata de “francesita parlanchina y coqueta” en una carta de 1838, cuando los franceses anuncian el bloqueo, a la cual Mariquita contesta: “No quiero dejarte en la duda de si te ha escrito una francesa o una americana. Te diré que, desde que estoy unida a un francés, he servido a mi país con más celo y entusiasmo aún, y lo haré siempre del mismo modo, a no ser que se ponga en oposición de la Francia, pues, en tal caso, seré francesa, porque mi marido es francés y está al servicio de su nación. Qué harías si Encarnación se te hiciese unitaria? Yo sé lo que harías. Así, mi amigo, en tu mano está que yo sea americana o francesa. Te quiero como a un hermano y sentiría me declararas la guerra. Hasta entonces permíteme que te hable con la franqueza de nuestra amistad de la infancia”.
Sarmiento la conoce en Montevideo en 1846 y dice lo siguiente “Por la mañana de ayer desayunada en casa de Mariquita Sánchez de Thompson. Nos encontrábamos solos, sentados en un sofá, hablando mientras ella ponderaba y mentía con la gracia que sabe hacerlo. Pese a sus sesenta años me sentí víctima de una erección, ¡vamos, a cualquiera le puede pasar! y entonces estuve a punto de violarla. Pero, justo en ese instante, felizmente alguien irrumpió en la sala y me salvó de tamaño atentado.” (carta a Juan María Gutiérrez)
Participó de la sociedad de beneficencia y continuó luchando con un espíritu independentista, y liberal, en contra de muchos de los principios culturales establecidos en la región rioplatense de fines del siglo XIX.  Falleció a los 81 años, el 23 de octubre de 1868

viernes, 29 de abril de 2022

"LOS NOBLES ODIOS" Monumento a Sarmiento en tierras de Rosas.

 POR RICARDO GERACI DEL CAMPO RIOS

La historia nacional no ha podido escaparse de los revanchismos y las causas basadas -en algunos casos- por el total desprecio hacia el "otro" como recurso ideológico. La escuela historiográfica mitrista se ha encargado bien en poner el acénto en la construcción de antagonismos, héroes y villanos. Pero no hay un sólo responsable en la fabricación de un relato aprobioso contra los vencidos. Los mal llamados "Vencedores de Caseros" (*) no fueron los mismos que erigieron el parque Tres de Febrero o el monumento a Sarmiento donde antes estuvo la casona del Restaurador en Palermo de San Benito. Si, la misma linea antirrosista se fue amalgamando y estableciéndose con más fuerza, en tiempos donde era visible, el fin de la época criolla.
Basta con indagar variedad de fuentes en relación al emplazamiento del monumento a Sarmiento para establecer un tufillo a morbo y a revancha. Y no justamente de parte del sanjuanino, que fue enemigo político de Rosas, pero que no dudó en utilizar la honestidad intelectual cuando reconoció en don Juan Manuel aquello imposible de ocultar, o cuando él mismo dio a entender que muchas de sus críticas estaban infundadas.
¿Fue Palermo de San Benito el lugar físico usado por los vencedores de Rosas y posteriores liberales, para el manoseo, la burla, la revancha sedienta y sín límites? ¿fue el lugar simbólico que eligieron para denostar, ocultar , defenestrar y tergiversar a Rosas?. Creo que no cabe duda que sí. Pero ¿porqué?. La Comandancia de Rosas de los Santos Lugares fue quizás el lugar físico más importante desde lo político y militar. Desde allí se comandó la Guerra del Paraná y desde allí salieron las milicias que iban a defender el régimen rosista en Caseros. Palermo fue el centro de las relaciones sociales y diplomáticas del periodo 1843-1852. Por su cercanía al casco urbano de la ciudad, también podría que su utilización difamante, tuviera que ver con ello. Rosas era dueño, amo y señor de toda la campaña. En la ciudad los negros, mulatos y orilleros, más una acotada pero leal comitiva de "buenos apellidos"
eran sus únicos seguidores. El resto durante el período que abarcó desde 1835 hasta 1852 (excluyendo a un importante número de comerciantes nacionales y en su mayoría extranjeros) lo odió con firmeza y desdeño.
¿SE PUEDE OCULTAR EL PASADO CON EL EMPLAZAMIENTO DE UN MONOLÍTO?
El primer error que los vencedores cometieron y siguieron sus acólitos a lo largo de las décadas no fue la confiscación ilegal de los bienes de Rosas, sino el premeditado ocultamiento de los hechos. Con Rosas prohibido, negado, ninguneado, lo único que lograron fue estimular en las expresiones políticas que se sucedían, una permanente relación con el pasado punzó.
El emplazamiento del monumento a Sarmiento expone de manera categórica a Rosas y lo cubre con velo al "padre del aula". Si el objetivo era construir sobre una parte muy importante del periodo rosista que fue Palermo de San Benito, un monumento impactante desde la intención psicológica de lo social y que determine una sola visión del pasado, entonces ello ,que por décadas se trató de establecer con discursos escolares y desde la Academia Nacional de Historia, no tuvo ni tendrá el impacto que quiso dársele a perpetuidad.
En 1855 se creó el Municipio de Belgrano y las tierras del caserón de Rosas ya confiscadas conservaban el casco. Pertenecían a dicho municipio por ley de la Legislatura de Buenos Aires. De a poco se fue utilizando el predio para diversas tareas o exposiciones y le seguía siempre la idea de hacer provecho de los grandes espacios verdes, para convertir gran parte del predio en un parque público. Esto merece una aclaración. Las tierras de Palermo de San Benito, si bien su dueño -desde la adquisición de las tierras a Domingo Palermo- era Rosas, lo hizo un paseo en grandes extensiones de carácter público. De hecho, la mesa de todas las noches estaban abiertas a sesenta comensales. El avance de la modernidad fue mejorando luminaria y el suelo, más allá de que el piso de conchilla utilizado por el Restaurador fue de una calidad suprema, se fue mejorando los caminos, aún así, antes que todo eso sucediera, tuvo mucho que ver el trabajo faraónico de darle calidad de habitat a unas tierras inhabitables por parte del rosisno en su totalidad Es vergonzoza la falta de sinceridad en las investigaciones acerca de las tierras en cuestión. Se ocupó parte del edificio como lugar de instrucción del Ejército que sería antecedente del Colegio Militar de la Nación. También pegado a los terrenos de la Casona El “Buenos Aires Cricket Club” arrienda al Municipio de Belgrano una franja de Palermo
vecina al lago de la residencia de Rosas, donde hoy funciona el Planetario Galileo
Galilei. En esos terrenos se jugará en 1866 el primer partido de fútbol en territorio
argentino, organizado por el Buenos Aires Foot Ball Club.
Por decreto-ley, la antigua residencia de Rosas se convierte en sede del Colegio Militar.
Permanecerá allí hasta 1892. En 1875 el Presidente Nicolás Avellaneda inaugura el Parque 3 de febrero en honor (el nombre) a la fecha en que se efectuó la batalla de Caseros. la Comisión Administradora del Parque 3 de febrero llevaban la firma de su Presidente Domingo Faustino Sarmiento y su Secretario Carlos Pellegrini. Lo que siguió fue una permanente acentuación de los valores liberales en función del trato a nuestra historia. En la plaza de los Portones ( hoy Plaza Italia ) el Congreso Nacional autoriza en 1897 al Ejecutivo a erigir en aquella plaza un monumento a Garibaldi. Invasor, mercenario y asesino de gauchos. Está de más decir que los reconocimientos y monolitos se iban efectuando, acentuando más los odios para nada nobles, que el mismo Mitre había fomentado. Se seguía combatiendo a Rosas y lo que representaba. aún con el caudillo vencido y hasta fallecido. Cada acto de aprobio hacia el Restaurador estaba solapado por la intencionalidad en reconocer a aquellos que lo habian enfrentado. Como mueca burlona, intencionada desde el odio, se sucedian los nombres y homenajes. Se intentaba romper cada molécula de rosismo como tratando de borrar en la memoria colectiva, cualquier alusión o atisbo de tal concepto.
El 3 de febrero de 1899 en la madrugada, se inició el derrumbe definitivo del Caserón de Rosas en Palermo. Un año después. el 25 de mayo del 1900 se inauguró sobre los restos del Caserón el monumento a Sarmiento. Sarmiento ¿es culpable? pues no, fallece un 11 de septiembre de 1888. Ni de eso lo podemos responsabilizar ni de la bochornosa inauguración. Dejemos que Pablo Tour un historiador palermitano nos de una idea de que fue lo que ocurrió:
" El monumento generó descontento popular debido a la falta de parecido del rostro de Sarmiento. El día de la inauguración estaba organizado como un verdadero festejo, incluyó la iluminación de la parte céntrica de la ciudad y de la Casa de Gobierno. Todas las celebraciones se vieron empañadas por el comentario generalizado de los asistentes al acto, cuando el monumento fue descubierto, la exclamación fue generalizada: ‘¡Ese no es Sarmiento!' ".
El trabajo hecho por Rodin en Francia que suscitó algunas críticas tuvo la justificación artística del autor. Según Tour, Rodin expresaba: “para mí la escultura moderna no debe ser una imitación de la fotografía. El artista no solamente tiene que trabajar con su mano, sino, sobre todo, con su inteligencia”.
El Sarmiento digno de una pose yendo hacia adelante como aparece en la obra de Rodin, urgido como el vencedor de la civilización frente a la barbarie, tampoco es obra del sanjuanino. Toda intencionalidad estuvo manifestada desde distintos sectores que contribuyeron a unificar el relato antirrosista. Los "nobles odios" de Mitre fueron la llama precursora de la tergiversación de los hechos históricos en pos de la conveniencia político-ideológica. Lo ironico es que han combatido al realismo político de Rosas, con ideas y elucubraciones, intrigas de por medio. Lo han seguido combatiendo aun fallecido el caudillo pampa desde la perspectiva ideológica. Eregir un monumento a instancias de disciplinar a la chusma y manipularla en el afán del desconocimiento de las causas reales, no es otra cosa, que favorecer el oscurecimiento del espíritu de un pueblo que ha sabido pelear siempre del lado correcto. Más allá de a quien o quienes hayan seguido, el pueblo jamás se equivoca.
Nunca será una solución fomentar los "nobles odios". De frente se encuentran hoy Sarmiento y Rosas cada uno reconocido en monumentos. Sigamos escribiendo la historia sin militar por las causas resentidas.
Ricardo Geraci.
(*) Los vencedores en el Palomar de Caseros fueron los entrerrianos, orientales y brasileños. No se puede afirmar que el gobierno nacional de Julio Argentino Roca sea esa linea.
Fuentes consultadas:
Sarmiento / Espacio y Política dirigido por Estela Pagani. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Año 2010
Schávelzon-Ramos/ El Caserón de Rosas.
Historia Palermo/ Pablo Tour Net

lunes, 28 de febrero de 2022

"Los funerales de la Argentina federal"

 Por Pepe Muñoz Azpiri

        "Como órgano del pueblo y de la multitud popular, el caudillo es del tipo opuesto al militar, que es por esencia órgano del gobierno, de quien siempre depende.

            El caudillo supone la democracia, es decir, que no hay caudillo popular sino donde el pueblo es soberano, mientras que el militar es de todos los gobiernos, y especialmente del despótico y monárquico. 

 

            El caudillaje que apareció en América con la democracia, no puede ser denigrado por los que se dicen partidarios de la democracia, sin el más torpe contrasentido (...)"

 

                                                                                   Juan Bautista Alberdi

 

Desde la aparición en el escenario universal de nuestra nación como nación independiente, coexisten dos proyectos de país antagónicos. Tanto en el plano político como económico, dos realidades se enfrentaron sangrientamente. Esta contradicción subsiste hasta el día de hoy. "La división argentina, no es política, es geográfica, no son dos partidos, son dos países" reflexionó amargamente el tucumano Juan Bautista Alberdi, al analizar el federalismo de los caudillos y la política unitaria de los grupos portuarios.

            Buenos Aires desarrolló un modelo hegemónico, basado en una burguesía mercantil, con el propósito de establecer un modelo librecambista que favoreciera su crecimiento económico. Su sustento ideológico era el racionalismo de la ilustración, las "luces" de la "civilización" que llegaban de Europa, a las cuales el país debía amoldarse. Esta teoría ahistórica del "progreso indefinido" fue impuesta al resto del país mediante bayonetas y expediciones punitivas. Se pretendió encajonar a la Argentina es esquema teóricos importados "en la filosofía sensualista de Condillac - decía José María Rosa - la ética utilitaria de Bentham, el liberalismo constitucional de Constant" como si la realidad histórica de un país se desarrollara en base a postulados predeterminados.

            Este fue un esquema de país, el puerto importador de manufacturas y la pampa productora de materia prima. La "granja próspera", la factoría "elegante" para la cual el resto del país no importaba

            La otra realidad fue el país real, el interior, cuyo incipiente desarrollo artesanal ya sufría la retracción económica producida por la apertura a las mercaderías británicas decretada por la administración borbónica.

            Su concepción de nacionalidad era telúrica, basada en el arraigo a la tradición de las antiguas comunas castellanas (Patria es el lugar donde se nace) y, en consecuencia, diametralmente opuesta a las concepciones intelectuales de los cenáculos portuarios.

            "El tema del espacio fue siempre vital para los federales. Parecían condicionados por definiciones geopolíticas precisas, - comenta Marcelo R. Lascano - animados por la previsión enunciada por Montesquieu. El espacio es destino, según el pensador, luego el alma de una nación cambia en la misma proporción en que su extensión aumenta o disminuye, en que se ensanchan o se estrechan sus fronteras"

            La rapidez con que, después de Caseros, se aprueban los tratados suscriptos el 10 de julio de 1853 con Gran Bretaña y Francia sobre libre navegación de los ríos demuestra, inobjetablemente, que el espacio para los unitarios jamás constituyó una prioridad nacional, como lo fueron las definiciones estratégicas de Chile y Brasil para circunscribir la cuestión a la región.

            En 1835, tres caudillos se destacaban en el país: Facundo Quiroga, asentado en el Norte y Cuyo, Estanislao López en el Litoral y Córdoba y Juan Manuel de Rosas en la provincia de Buenos Aires.

            Tanto Rosas como Quiroga y López representaban la oposición al "progreso", no por la supuesta barbarie con la que los estigmatizó Sarmiento, sino porque advertían que tras el romanticismo de los salones literarios y las declamaciones de los apologistas del libre cambio, se agazapaba la injerencia de los intereses foráneos.  trascendía el marco de la patria chica y se insertaba en un contexto continental. La concepción política de los caudillos (que en carácter de tal constituían la expresión máxima de la democracia) trascendía el marco de la patria chica y se insertaba en el contexto continental. Al igual que José de San Martín, se llamaban a sí mismos "americanos" pues subsistía en ellos el espíritu de unidad de la antigua anfictionía hispánica.

            Lejos de lo que la falsificación histórica del liberalismo ha difundido, el período de la Confederación Argentina constituyó no solo un proyecto de desarrollo (Ley de Aduanas de 1835, Banco de la Provincia de Buenos Aires, Ley Agraria, desarrollo de manufacturas, etc.) sino también de afianzamiento de la unidad nacional y desarrollo de la cultura. Al respecto, basta la lectura de la "Carta de la Hacienda e Figueroa" del propio Rosas y los trabajos del maestro Fermín Chávez sobre la cultura durante el predominio federal.

            Al contrario, la enunciación y los métodos de los partidarios del iluminismo adquiría, a veces, visos de ingenuidad y desconocimiento de la realidad americana y en otras oportunidades se revestía de racismo y metodologías terroristas que hubieran espantado a os mismos protagonistas de la Revolución Francesa. Un testigo de la época, refiriéndose a Sarmiento lo describe diametralmente diferente al retrato de la mitología liberal:

             "El Sr. Sarmiento, que tanto se jacta de imitar a los norteamericanos, parece inspirarse más bien en las ideas de Rosseau que de Jefferson: Es partidario de la intolerancia política, es un inquisidor, un Robespierre, un Torquemada político. Es Un civilizador a cañonazos bayonetazos" ( Alejo Peyret, "Cartas sobre la intervención a la provincia de Entre Ríos", publicadas con el seudónimo "Un extranjero". Buenos Aires.1873).

            El 3 de febrero de 1852, con la derrota nacional de Caseros, se derrumbó el gran proyecto de la Confederación. El aparato político forjado por Juan Manuel de Rosas, bajo la advocación del federalismo, que había constituído la génesis de un Estado Nacional es desmantelado por constitucionalistas exasperados que ya habían colaborado con las intervenciones anglo-francesas desde Montevideo. Paradójicamente, el mal llamado "Período de organización nacional" se transforma en el de la desorganización nacional. Nuevamente Buenos Aires por un lado y el resto del país por el otro, la tajante opción de civilización o barbarie creada por Sarmiento impedía establecer un diálogo entre provincianos y porteños.

            Bartolomé Mitre - hombre clave del unitarismo en la década del 60 - tras la defección de Urquiza en Pavón, asume las riendas del país. Su gobierno se caracterizará por el absoluto control de nuestra política exterior por parte del Imperio Británico, por el brutal sometimiento y represión en las provincias y por la cruenta guerra de la Triple Alianza.

            El aislamiento del Paraguay, iniciado por Gaspar Rodríguez de Francia y continuado hasta Francisco Solano López había evolucionado a un estado autártiquico que transformó a la nación guaraní en generadora de manufacturas y bienes artesanales.

            El Paraguay construyó arsenales y astilleros, flotas fluviales y de ultramar, telégrafos, fábricas de pólvora, papel. loza, azufre y tintes. Estableció fundiciones en Ibicuy para el tratamiento de carbón de madera y mineral de hierro. Desarrolló el primer ferrocarril de América del Sur. Alcanzó un alto grado de alfabetización y monopolizó en manos del Estado el comercio exterior. Es decir, estableció un modelo de nación independiente, absolutamente inverso al nos impuso posteriormente la celebrada generación de 1880. En consecuencia, y más allá de su cuestionable autoritarismo y sistema dictatorial, la dirección elegida en el terreno económico constituía un ejemplo peligroso de imitar por las naciones vecinas. Su proceso de desarrollo independiente desarticulaba la política comercial británica, que necesitaba imperiosamente de mercados externos para colocar los excedentes del maquinismo industrial. Sin la existencia de la India y de las naciones hispanoamericanas como mercados de consumo, el desarrollo capitalista de Inglaterra hubiera sido imposible.

            Mitre, fiel representante de los intereses británicos, elaboró una política de provocaciones que culminó en la guerra del Paraguay. No tuvo escrúpulos en declarar públicamente sus razones:

             "Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña, a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptos en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor felicidad de los hombres"

 

Miles de argentinos regaron de sangre las trincheras y los esteros paraguayos para que los obreros de Manchester y Liverpool no perdieran sus fuentes de trabajo, al igual que hace cuarenta años los soldados se congelaban en las turberas de Malvinas mientras los representantes de la Trilateral Commission regían el destino económico del país.

En nombre de la civilización; Brasil, con sus cuatro millones de  esclavos y la Argentina, que degollaba a las montoneras en las provincias, arrasaron con el último proyecto americano de envergadura. Semejante crimen histórico, en el que los "voluntarios" debían ser enviados engrillados al frente de batalla, fue resistido por los últimos representantes de la Argentina Federal: Ángel Vicente Peñaloza - el Chacho - Felipe Varela y Ricardo López Jordán.

            Es inexacto que redujeron el país a mezquinas concepciones localistas. Estos caudillos se levantaron por la unidad nacional y americana, no contra ella. Constituyeron el último resplandor de la memoria orgánica de la América Hispana otrora unida y ya descuartizada. Sus manifiestos aún resultan proféticos.; Felipe Varela, en 1863, durante la inauguración de la Sociedad de la Unión Americana en Sucre, proclamó:

 

            "¡Si, señores! Ambas aves cuentan numerosas victorias, ambas son el emblema de la gloria, pero hay una diferencia. Cuantas veces el águila imperial remontándose a las alturas, ha tendido la vista sobre el hemisferio, ha sido solo para divisar donde hay un pueblo indefenso que desgarrar. Al contrario, cuantas veces el cóndor republicano, desde las cumbres de Los Andes ha tendido su vista sobre el continente, solo ha sido para ver donde hay un pueblo oprimido que liberar. El águila es el representante del pasado y el cóndor es del presente y el provenir; aquel anuncia conquistas, éste libertad. El águila representa la usurpación y el cóndor el derecho".

 

            ¿Era este el pensamiento de la anarquía y el atraso? ¿Era éste el testimonio de la barbarie? Tal vez, si consideramos que en los países periféricos determinados conceptos deben considerarse a la inversa del significado que le atribuyen las usinas centrales que las emiten. La "barbarie montonera se transformó posteriormente en la "chusma radical" y el "aluvión zoológico" peronista. Alem fue "el hijo del mazorquero", Yrigoyen el paladín de la chusma y Perón el "tirano depuesto", el "gran corruptor", categorías que en el leguaje político de la oligarquía se aplican a quienes representan las luchas de los pueblos por su autoconciencia.

           

 

 

                                                                                               Pepe Muñoz Azpiri.