Por Vicente D. Sierra
Por oficio de 26 de setiembre el Jefe del Ejército del Norte José Rondeau informó desde Ayohuma que, a raíz de la retirada de Pezuela a Sora-Sora, había considerado conveniente dirigir sus fuerzas rumbo a chayanta, hacia donde había enviado las divisiones de Arenales y del comandante Camargo, compuestas por fuerzas de caballería, más el cuerpo de Dragones y los N° 1 y 7 de infantería, con el “objeto de apurar a los conflictos del enemigo, cuanto para descubrir el plan que se ha propuesto, obrando según lo exijan las circunstancias”. Pezuela había tenido noticias de movimientos e intenciones de los patriotas, los que le indujeron a suponer que preparaban un acordonamiento por Yocalla a Paria, por Macha y chayanta, con el objeto de privarlo de recursos, atacar a Oruro y llevar más tarde una ofensiva general.
El 27 de noviembre las fuerzas de Pezuela comenzaron a descender las fragosidades de las cumbres de Viloma hacia el valle de Sipe-Sipe, bajo la protección de una batería colocada en la meseta a media cuesta. En ese ancho escalón de la montaña la tropa pasó la noche y al día siguiente continuó su descenso bajo el fuego de los batallones patriotas. hasta que consiguieron establecerse en el valle, sobre la boca interior de la quebrada, donde tendieron su línea casi paralelamente a la que ocupaba Rondeau. Este había coronado con artillería las lomas aisladas del centro de la llanura, y se había colocado al pie del suave plano inclinado que la domina, emboscado en las huertas de la hacienda del lugar y parapetado en parte por algunas tapias. A su derecha tenía el cauce seco de un río, de manera que un ataque frontal corría el riesgo de ser destruido.
En la mañana del 29, Pezuela inició un movimiento de flanqueo fuera del alcance de la artillería, corriendo en columna sucesiva por su izquierda hasta formar cuadro. Después de arengar a sus hombres, se desplegó en línea de batalla dando frente al cauce del río seco antes señalado. Este movimiento, que lo colocó sobre la derecha de Rondeau, neutralizó en parte las ventajas de la posición de los patriotas, por lo que se dispuso un cambio de frente, de manera que la loma principal quedó colocada al centro, dominando el llano del otro lado del barranco o cauce seco, el cual fue cubierto con guerrillas de infantería apoyadas por la artillería que atacaba los despliegues de las columnas de Pezuela. Cubierta por los accidentes del terreno la infantería fue puesta a retaguardia, y la caballería entre ambos flancos, en actitud de cargar en el momento oportuno. Pezuela avanzó resueltamente, y desplegado en batalla sufrió el fuego de la artillería, pero logró desalojar a las fuerzas situadas en el cauce seco, lanzándose sobre la derecha de la posición, que fue tenazmente defendida, pero debió ceder al fin; a tiempo que la derecha de Pezuela se corría en desfilada a lo largo de dicho cauce, a la vez que amagaba la izquierda patriota. Rota la derecha y en inacción la izquierda batalla estaba perdida para Rondeau bien lo estaba aun antes de darse, pues lo suyo no pasaba de ser un ejército desmoralizado, sin dirección, sin nervio, con una posición puramente defensiva en lugar estimado como inexpugnable. Atacado por donde no se lo esperaba, se vio obligado a seguir los movimientos que le impuso la inacción del adversario.
Fue un combate en el que los granaderos a caballo al mando de Lamadrid llevaron una de las cargas que honran al historial de la caballería argentina pero inútil, “pues ya el pavor se había apoderado de nuestros soldados infantes y no hacían sino huir desesperadamente”, dijo Rondeau en su parte de la batalla. La derrota de Sipe-Sipe fue el broche de una campaña mal dirigida, y el desastre más grande sufrido por las armas de la Revolución después del de Huaqui. El general español García Camba escribió “Fue tan mal organizada la marcha de Pezuela y tan desacertado su plan, que nuestra linea entro en batalla desordenadamente y haciendo fuego sin orden. Si Rondeau hubiese empleado su columna bien dirigida, es muy probable que el resultado hubiese sido distinto. Pero el General enemigo enemigo acreditó toda su insuficiencia, y la gente que mandaba, su inferioridad a la nuestra". Confirma esta opinión el general José María Paz al decir: “El ejército, [de Rondeau] estaba vencido antes antes de combatir, por la anarquía e insubordinación en que se hallaba. Reinaba tal desorden que nadie regía las marchas.”
