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miércoles, 30 de junio de 2021

A 200 años de la muerte del General Francisco "Pancho" Ramírez

 Por el Prof. Jbismarck

Francisco Ramírez nació en 1786, en Concepción del Uruguay (Entre Ríos). No hay retrato del Supremo Entrerriano. Algunos dicen que era achinado y bajo; otros, que blanco y rubio. Todos coinciden, en cambio, en reconocer que era simpático y muy enamorado. Sólo tres escasos años duró, su deslumbrante carrera: tres años que difundieron el nombre de Pancho Ramírez en las Provincias Unidas. Cuando ejerció el poder supremo de la “República de Entre Ríos”, se preocupó de crear escuelas, montó las bases de una administración pública que duraría muchos años y fue prolijo y reglamentarista en el manejo de las cosas oficiales. Pasó como una deslumbrante estrella en la noche de las guerras civiles y cayó a los 34 años de edad, defendiendo a su mujer, en el momento más alto de su ambición y su gloria.

Era hijo de un comerciante paraguayo y de una dama de apellido Jordán, que después volvería a casarse teniendo entre otros hijos a Ricardo López Jordán, militar de importante actuación junto a su hermanastro y padre del general del mismo nombre; En Arroyo de la China recibió Francisco Ramírez una regular educación. Fue correísta de Artigas, en los primeros momentos del levantamiento de la campaña oriental.  Ramírez estuvo con el Protector en el campo de Ayuí. en ocasión del Éxodo del Pueblo Oriental; y sin duda lo frecuentó cuando Artigas instaló su sede en Arroyo de la China por breve tiempo. Cuando el Directorio lanzó contra esta provincia un ejército mandado por el Barón de Holmberg, Ramírez los sitió en un islote sobre el Ibicuy y les infligió una tremenda derrota, obligándolos a refugiarse cerca de Gualeguay, desde donde los invasores pidieron refuerzos a. Buenos Aires.  Poco más tarde habría de defender su pueblo natal contra un ataque de los portugueses, que no contentos con ocupar el territorio de la Banda Oriental avanzaban en incursiones aisladas sobre la margen derecha del río Uruguay. Pronto tomaría Ramírez la ofensiva en esa larga guerra contra el Directorio. El régimen cuyas intrigas monarquistas, cuyo centralismo y permanente alianza con el portugués repudiaban los pueblos, estaba llegando al límite de su desprestigio. La sanción de la Constitución —abril de 1819— determinó el rompimiento: su estructura, preparada para el advenimiento de algún príncipe europeo, resultaba odiosa a las provincias. Santa Fe —es decir, Estanislao López— y Entre Ríos —Francisco Ramírez— asumirán tácitamente la representación de los pueblos interiores en esta confrontación con el poder porteño. Faltará Artigas a la lucha, acosado como está por los invasores portugueses; pero es con el espíritu e instrucciones de Artigas con que los caudillos avanzarán sobre la orgullosa Buenos Aires.  Ramírez, como lugarteniente del Protector, asumirá la función de jefe supremo del ejército federal; En octubre de 1819 se reúnen Ramírez y López en Coronda para establecer los planes comunes. El oscuro capitanejo de Artigas está ahora a punto de ingresar a la historia al frente de los Dragones santafecinos, los guaraníes de misiones, los mocobíes del Chaco y los montoneros de las selvas entrerrianas.

El Director Rondeau llamó en su auxilio al Ejército del Norte. Pero esta fuerza se niega a participar de la guerra civil, en Arequito (7 de enero de 1820), y esa sublevación deja al Directorio casi en estado de indefensión. Sólo faltaba el empujón final. El 1 de febrero de 1820, en la cañada de Cepeda, el régimen directorial se derrumba. Diego Luis Molinari ha llamado a este encuentro ‘la batalla de un minuto” porque bastó una gran atropellada federal para que. las fuerzas de Rondeau se dispersaran. Ante la noticia de Cepeda se viven en Buenos Aires horas de terror. Pero la actitud de estos bárbaros criollos fue magnánima. En los veinte días que mediaron entre la batalla de Cepeda y el tratado del Pilar, un desfile de increíbles intrigas y personajes se sucedió. En su campamento, Ramírez y López asistían serenamente a estas fantasmagorías. Exigían que el poder nacional (Congreso y Directorio) se disolviera definitivamente; que Buenos Aires eligiera sus propios gobernantes para tratar en igualdad de posición con Santa Fe y Entre Ríos las bases de la futura organización federal del país y que se levantara un proceso público a los responsables de las intrigas monarquistas. Omitían, en cambio, hablar de un punto, la guerra contra los portugueses, el obsesivo tema de Artigas. Sin embargo, meses antes, Ramírez había escrito al Protector que “no admitiré otra paz que la que tenga como base la declaración, de guerra al rey don Juan, como V.E. lo quiere...” Asume como gobernador interino Manuel Sarratea —el viejo enemigo de Artigas— los caudillos firmaron el Tratado del Pilar, cuyos dos grandes principios eran los de nacionalidad y federación. Luego entraron a Buenos Aires. El pueblo porteño vio con alivio esa pacífica entrada. Pero no perdonó este agravio: que los montoneros ataran sus fletes en la reja de la Pirámide de Mayo...Ramírez regresa a Entre Ríos. En los días que precedieron se produce la derrota de Artigas en Tacuarembó y el pasaje del jefe vencido a Entre Ríos y ya en pie de guerra. El caudillo entrerriano cuenta con los auxilios de armas y dinero que le ha provisto Sarratea, en cumplimiento de las cláusulas secretas del Tratado del Pilar.  Es difícil determinar quién estaba en la verdad. El Protector hacía una cuestión fundamental de la guerra contra los portugueses; Ramírez, en cambio, veía en la guerra un problema que exigía condiciones previas, para su solución. La lucha contra el portugués suponía la constitución de una nueva autoridad nacional, asistida por la confianza de los pueblos y apta para enfrentar el poder de los invasores.

Artigas fue derrotado por su antiguo lugarteniente y se libraba Buenos Aires de su peor adversario.  Mansilla jugó un papel decisivo en la derrota final de Artigas, en Las Tunas, cuando su pequeña y disciplinada fuerza llevó adelante el ataque definitivo contra; el jefe oriental quien se exilia en el Paraguay los últimos 30 años de su vida.  El 30 de noviembre de 1820, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, en la localidad del, Tala, el caudillo proclama el nacimiento de la República de Entre Ríos que comprende Entre Ríos, Corrientes y Misiones, pronto tendrá una bandera propia —con cuarteles blancos, azules y encamados— y un escudo cuyo signo heráldico es una pluma de avestruz: signo indescifrable, de inspiración campera —los montoneros de Ramírez y López solían usar una pluma de avestruz en el sombrero— Sanciona reglamentos para el orden militar, político, económico y tributario. Declara abolidos los derechos a la introducción de efectos del interior del país, prohíbe la matanza de vacunos, manda practicar el primer censo del territorio, promueve la cría de ganado y la plantación de árboles. Crea la administración judicial y el servicio de correos. Determina procedimientos para el ingreso y egreso de los fondos públicos, organiza oficinas recaudadoras y fija el valor del papel sellado. Impone la enseñanza obligatoria hasta “saber leer, escribir y contar”. Pero la ambición del Supremo no estaba limitada por las fluviales fronteras de su territorio. Aspiraba a una gloria más vasta: continuar la obra de Artigas expulsando a los portugueses de la provincia; oriental y reintegrar la virtualmente segregada provincia del Paraguay a la comunidad nacional.

En Buenos Aires, Sarratea debió ceder el poder a un gobernador surgido de elecciones, produciéndose el resurgimiento del partido directorial: fueron los días de ‘los tres gobernadores” y del caos civil en la orgullosa provincia porteña. En setiembre, después de la batalla del Gamonal, desastrosa para Buenos Aires, la mediación del cordobés Bustos y la garantía de un joven estanciero del sur llamado Juan Manuel de Rosas, consiguieron establecer la "paz perpetua” entre Buenos Aires y Santa Fe mediante el convenio de Benegas. Martín Rodríguez, el nuevo gobernador bonaerense, significaba el predominio de la facción moderada de los antiguos directoriales, ahora entendidos con López y Bustos —cada uno jugando su juego de ambiciones particulares en torno a la futura organización nacional. La nueva entente porteña-cordobesa-santafecina apuntaba a asfixiar al Supremo Entrerriano;

Ramírez, enterado ya del Convenio de Benegas, vuelve a oficiar a Martín Rodríguez insistiendo ahora en la necesidad de declarar la guerra a Portugal. Ni él ni su antiguo amigo López le contestan….Dice Ernesto Palacio: “Los mediocres intereses localistas se sobreponen en el ánimo del mediocre personaje, a los grandes objetivos nacionales; sacrificaba a su aliado en los principios, por las pingües achuras de las vacas de Rosas”.

Pancho Ramírez decide enfrentarse con todos. Buenos Aires que ha armado dos ejércitos formales al mando del coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid el uno, y del gobernador Martín Rodríguez el otro. Los temibles Dragones de López constituyen otra fuerza respetable. Y desde - Córdoba, Bustos se apresta también a enfrentar al entrerriano.  Ramírez sólo contaba con sus propias fuerzas y quizás el chileno Carreras, que después del Convenio de Benegas se había lanzado a convulsionar el sur de Buenos Aires, y de Córdoba, esperando engrosar sus fuerzas con indios y desesperados como él, para pasar a Chile.  Envía al coronel Anacleto Medina para que se alce con toda la caballada de López, concentrada en el Rincón de Coronda. La operación tiene pleno éxito y de un día para otro el santafecino queda desmontado. Ramírez avanza rápidamente hacia el sur, hacia Rosario. El 8 de mayo de 1821 las fuerzas del Supremo topan con la columna de Lamadrid, y lo vence, pero poco más tarde su pequeña flotilla era destruida por la escuadra porteña y sus comunicaciones con Entre Ríos quedaban definitivamente cortadas, dejándolo en territorio enemigo acosado por distintas fuerzas, cada una de ellas superiores en número a su columna. Pero no sería fácil vencerlo. Desgastada su fuerza por la ruda campaña —apenas contaba ya con 700 hombres— y sin poder recibir la menor ayuda de Paraná, Ramírez acampa por unos días en Coronda. Cada refriega, aunque llevara el signo del triunfo significaba un deterioro en hombres; y en Santa Fe sólo era dueño del terreno que pisaba. López, en cambio, estaba al frente de un ejército intacto; le quedaban 400 soldados entre ellos, el coronel Medina y su mujer, la bella Delfina, serena en medio de la derrota. El Supremo la había tomado como botín en una de sus batallas contra los portugueses y desde entonces la llevaba en todas sus campañas: era una riograndesa blanca y pelirroja. Ramírez rumbeó a Córdoba.  Allí encuentran un refuerzo inesperado: Carreras con 700 hombres, que había desistido de cruzar a Chile al saber que su amigo estaba peleando contra Buenos Aires. Carreras se había acercado hacia el litoral en una carrera vertiginosa desde San Luis; había llegado tarde para auxiliar a Ramírez en el momento decisivo pero todavía podían componer entre los dos una fuerza respetable. Lo demostraron días después, el 16 de junio, cuando atacaron a Bustos, gobernador de Córdoba, en una acción indecisa en su resultado.  Pero Ramírez y Carreras eran caracteres fuertes y sus intereses no eran coincidentes. El chileno insistía en volver a su patria, teniendo en cuenta la persecución de López y Lamadrid, sumada ahora a la de Bustos. Ramírez quería continuar con su itinerario y ofrecía seguro asilo en Entre Ríos.  Resolvieron separarse. Cada uno marchó hacia su trágico destino. Carreras fue interceptado en Mendoza: lo ultrajaron prolijamente antes de fusilarlo y Godoy Cruz hizo trinchar sus despojos para ser exhibidos en diversos puntos de la provincia de su mando. En cuanto a Ramírez, su fin era cuestión de días. El 10 de julio (hace justo 200 años), cerca de Río Seco una fuerza cordobesa alcanza a Ramírez y lo derrota. Ahora apenas tenía una docena de hombres a su lado.  Sin darle respiro lo persiguen. Y es entonces cuando el Supremo Entrerriano cae herido en el cuello, cubierto con su poncho rojo, para salvar a su amante rezagada. Una bella muerte para este joven caudillo que siempre jugó su destino sin retáceos, sin reserva...

Medina rescató del lance a la Delfina mientras su jefe agonizaba prendido del cogote de su flete, y llevó a la muchacha hasta Entre Ríos cruzando los páramos santiagueños y los montes fangosos del Chaco. Durante muchos días Estanislao López recibió a sus amigos en su campamento, al lado de una mesa de tijera donde se exhibía la degollada cabeza de Francisco Ramírez. Porque señalemos que para que el espectáculo pudiera durar más tiempo había encargado a un sangrador habilidoso la tarea de embalsamar esa carroña.

RELACION DEL GASTO OCASIONADO PARA PRESERVAR DE CORRUPCION LA CAVEZA DEL FINADO SUPREMO DE ENTRE RIOS FRANCO. RAMIREZ, EL QUE HE VERIFICADO POR MANDATO DEL SOR. COMANDANTE DEL 2P ESCUADRON DE DRAGONES DE LA INDEPENDENCIA, DN. JOSE RAMON MENDEZ, GOBERNADOR SUBSTITUTO DE ESTA PROVINCIA. 

Por veinte pesos de mi trabajo personal por las operaciones que he executado con la expresada Caveza, como son la del Trépano y demás Cirúrgicas cuyo valor es sumamente ínfimo como lo descontará qualesquiera Facultativo en el dicho Ramo         

IMPORTA PESOS 42

Por manera que según la Cuenta que precede asciende esta a la cantidad de cuarenta y dos pesos y por ser asi firmo el presente documento en la'Ciudad de Santa Fe a 23 de Julio de 1821. .

Manuel Rodríguez.

(Fuente: ANIBAL VAZQUEZ, Ramírez. El original obra en el Archivo de la Provincia)

martes, 1 de octubre de 2019

¿cómo murió el Supremo Entrerriano?

El General Ramírez, fundador de la República de Entre Ríos, se encontraba por entonces preparándose en Corrientes, para invadir y reincorporar el Paraguay aislado desde 1811 de las demás provincias. Cuando el Supremo Entrerriano, tomo conocimiento que el tratado del Pilar firmado en febrero de 1820, del que fue, uno de sus principales protagonistas, había sido ignorado, desapareciendo con la firma de un nuevo pacto (Benegas, 24 de noviembre 1820). Que dicho convenio se había realizado sin su participación, ni acuerdo, y que además las provincias signatarias (Buenos Aires; Santa Fe; Córdoba) conformaban una “Entente”, sumamente peligrosa para la vida de su República de Entre Ríos. Decidió cambiar el rumbo que se había establecido, y llevar la guerra nuevamente al otro lado del Paraná.
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El 6 de mayo pudo cruzar el río con 2.000 jinetes y 1.000 infantes desembarcando en la costa santafecina. Las primeras acciones de la campaña, le fueron favorables. Sin embargo las informaciones que comenzaron a llegarle desde el norte, debieron intranquilizarlo. La toma de la ciudad de Santa Fe había fracasado.  Lo que ocurrió luego dio motivo a muchas conjeturas e interrogantes. Lo cierto es que las órdenes impartidas por Ramírez no fueron cumplidas, poniendo en serio riesgo el plan integral de campaña. Años más tarde las memorias del General Lucio Mansilla, entonces Coronel porteño, al servicio del entrerriano después del Pilar, arrojó luz sobre lo acontecido en aquella jornada. Mansilla reveló su deliberada actitud contrariando los planes establecidos con el fin de favorecer a su provincia de origen; traicionando a su general en Jefe.
A partir de entonces, Ramírez se encontró solo con sus hombres en tierra extraña, sin poder repasar el río, pues la escuadrilla de Buenos Aires se lo impedía. Mientras a sus espaldas el Gobernador de Santa Fe, Estanislao López, avanzó desde el norte y las fuerzas de Buenos Aires recuperadas de su primer contraste lo hicieron desde el sur. Solo le quedaba a Ramírez lograr el pronto apoyo de su amigo el chileno José Miguel Carrera, que sabia se encontraba con sus montoneras actuando al sur de la provincia de Córdoba, si bien Carrera recibió el mensaje y se puso en marcha en su ayuda, esta no pudo llegar a tiempo…
Aislado totalmente, con poco más de 500 jinetes, Ramírez estaba abandonado a su suerte. Agazapado como un tigre herido, luchaba dando “zarpazos desesperados” enfrentado fuerzas muy superiores en número, que lo fueron desangrando inexorablemente. La batalla de Coronda o del Colastiné como también suele conocérsela, marcó el principio del fin, de la rutilante estrella del caudillo entrerriano. En la retirada hacia el interior del país, a la cabeza de los restos de su ejército, fueron quedando jirones de su efímera gloria.
El 7 de junio Ramírez, pudo encontrarse con su amigo Carrera en el paso de Ferreira, muy cerca de Villa María en la provincia de Córdoba; intentaron algunas acciones contra el Gobernador Juan Bautista Bustos pero la suerte de las armas, les fue totalmente esquiva. Ambos caudillos, se reunieron y después de largas deliberaciones decidieron separarse. José Miguel Carrera, decidió continuar camino de Chile, donde morirá en el intento, traicionado, arrestado y fusilado antes de cruzar la cordillera. Por su parte Ramírez, si bien no existe certeza de su plan, se cree que posiblemente pretendía eludir con los 200 hombres que le quedaban el accionar de sus enemigos regresando a su República de Entre Ríos, buscando realizar un amplio rodeo para acercarse al río Paraná.
Pero no pudo ser….El 10 de julio de 1821, el Supremo Entrerriano es sorprendido con los primeros rayos del sol, en las cercanías de San Francisco en la Provincia de Córdoba, en el Paraje conocido como Río Seco.
Los instantes finales de su vida están aún por develarse, ya que existen versiones diferentes sobre lo ocurrido en aquella mañana de julio. El norteamericano William Yates, que oficiaba como secretario del Chileno Carrera y tuvo oportunidad en aquellos febriles días de conocer a Ramírez y a su amante doña Delfina, se entera de lo ocurrido a mediados de julio y dice al respecto lo siguiente: “En San Luis tuvimos noticias de la muerte del General Ramírez en un combate –si podía llamarse tal- contra santafecinos y cordobeses. Las circunstancias de su muerte fueron las siguientes: Alcanzaba ya la frontera de Santiago del Estero y se había adelantado a una considerable distancia de su división, cuando sorprendieron y atacaron súbitamente cuatrocientos hombres en el Río Seco. La guardia no pudo resistir el ataque y fue derrotada. Ramírez que llevaba siempre con el su preciosa carga (doña Delfina), no la abandonó ni rehuyó el peligro, aunque bien debió advertir que su solo esfuerzo no era bastante para salvarlo en aquel trance. Peleó por doña Delfina desesperadamente y derribó a varios de sus enemigos, pero terminó por caer bajo los golpes de la despiadada turba que lo acosaba”
Yates da una de las versiones más difundidas, de la cual se han hecho eco historiadores de fuste, que han cimentado una imagen romántica y valiente del hombre que juega su vida por salvar el de su compañera. Esta circunstancia, su trágica desaparición en plena juventud cuando solo tenía 35 años y el ensañamiento de que fue víctima el cadáver , han contribuido a generar un mito que desborda los caminos polvorientos de la historia , para vivir eternamente en las trasnochadas noches de los fogones , en los arpegios de las guitarras y en los emocionados versos de los poetas.
Es indudable que esta versión que llegó a los oídos de Yates, sobre la muerte de Ramírez no resultaría descabellada, si el propio Comandante y leal soldado Anacleto Medina no lo desmintiera.
El por entonces Teniente Coronel don Anacleto Medina, estuvo junto al caudillo entrerriano en todos sus lances guerreros, cumpliendo fielmente con sus disposiciones, hombre valiente y aguerrido brindó enorme servicios a la nación hasta el final de sus días. Pero…Anacleto Medina era analfabeto, en 1895, bajo el título “Muerte del General Ramírez” aparecieron unos apuntes que se le atribuían y que se decían habían sido dictados por este a su Secretario Machado. En la narración supuestamente de Anacleto Medina, el General Francisco Ramírez no muere por salvar a su querida en aquella alocada retirada del Río Seco, sino por cargar con un puñado de sus hombres contra todo un escuadrón que lo perseguía y que era dirigido por un traidor. Ramírez al reconocerlo decidió enfrentarlo y cayó peleando en el entrevero. Sin duda, que de poder probarse que lo señalado por Medina le pertenece, tendríamos que darle la derecha ya que fue testigo y protagonista de aquellos sucesos. Si bien el Comandante Anacleto Medina no estaba entre los siete u ocho soldados que acompañaron a Ramírez, recibió de ellos el parte inmediatamente de ocurrido el penoso final del entrerriano
Pero como si esto no alcanzara para sembrar dudas sobre la verdad de los acontecimientos de aquella trágica mañana de julio de 1821, traemos el relato confuso de alguien que dice haber estado en el lugar de los hechos y haber presenciado con dolor la muerte del Supremo. Nos referimos a J. Antonio King, un aventurero del cual tenemos serias dudas sobre los eventos que describe a lo largo de sus años en el Río de La Plata.
Si lo que transcribimos a continuación es una fábula, si tergiversa o confunde King los sucesos con otros hechos de los que fue protagonista, o se acerca a la realidad aún reconociendo que existen gruesos errores en la narración , producto según sus propias afirmaciones de haber perdido muchas veces sus papeles y rearmar sus vivencias “de memoria” ; jamás lo sabremos . Cabría entonces preguntarnos ¿fue verdaderamente King soldado de Ramírez? , y si así ocurrió, ¿pudo olvidarse o tergiversar la muerte atroz que sufrió su comandante en Jefe , tan minuciosamente como lo hace, si realmente estuvo allí?. El mismo jefe a quien llama “El bondadoso y valiente General Ramírez”.
Ponemos entonces a consideración del lector estas líneas poco conocidas, sobre la muerte del General Ramírez narradas, por J. Antonio King:
¡Pobre Ramírez! Todos presenciamos su suerte. Aquellos carniceros no necesitaron ceremonia alguna; y sin debates, sin convocar un consejo que diese a esa condena la apariencia de una ejecución, tan pronto como paso la escaramuza, se lo condujo al frente de los pequeños restos de sus ejército, con los brazos maniatados, se le coloco un centinela a su lado y una hilera de soldados que marchaban a su retaguardia. Levanté mis manos al cielo y murmuré una oración por su alma. No pronunció palabra; pero cuando el valiente se arrodillo delante de sus asesinos, dirigióme tan larga y ardiente mirada que jamás olvidaré, y un instante después cayó muerto delante de mí. El degüello del bizarro oficial se llevó a cabo, pero el diabólico designio de su asesinato no estaba cumplido. La cabeza inanimada de Ramírez fue separada del tronco en este mismo lugar, y como supe después paseada como un trofeo por todas las ciudades sediciosas de la República”
Muerto el Supremo Entrerriano en Río Seco, su cuerpo fue mutilado, y su cabeza enviada al Gobernador López de Santa Fe, quien después de hacerla embalsamar la exhibió durante un tiempo como trofeo de guerra.
La impensada desaparición física de Francisco Ramírez, mentor y creador de la República de Entre Ríos, provocó sacudimiento y el rápido resquebrajamiento de toda su estructura. Las provincias triunfadoras no estaban dispuestas a tolerar su continuidad institucional y muy pronto dispusieron su disolución.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Francisco Ramírez (1786-1821)


Por Ernesto Palacio
Había debido retirarse del sitio de Buenos Aires a raíz de su ruptura con Artigas. Instalado en Entre Ríos, éste le había reprochado violentamente la firma, sin su consentimiento, del Tratado del Pilar, que no tenía otro objeto —afirmaba— que "confabularse con los portugueses para destuir la obra de los pueblos y traicionar al jefe supremo que éstos se habían dado".    Ramírez le replicó negándole autoridad y marchó sobre Entre Ríos.  Después de algunos combates en que la suerte le fue desfavorable, el entrerriano infligió a su antiguo jefe una seria derrota que lo obligó a replegarse en desorden. Desde ese momento no le dio tregua para reponer sus fuerzas, y en una violenta y rápida persecución lo llevó hasta los confines de Corrientes. El Protector de los Pueblos Libres se vio forzado a cruzar el río y a pedir asilo al Paraguay, cuyo dictador don Gaspar Francia lo confinó en la villa de Caraguataí. Allí debía permanecer hasta su muerte, a los 85 años, a quien le corresponde sin disputa el título de fundador de nuestro federalismo republicano y que fue un valiente guerrero y un gran patriota.
Pero su ciclo había terminado, por mera acción del tiempo. Ramírez, en cambio, no menos patriota ni valiente, era joven, lleno de bríos y se hallaba exento de la huraña obsesión localista que achicaba la visión y había vuelto rutinaria y estéril la acción del Protector.  Enriquecido por la experiencia de su campaña reciente contra Buenos Aires, en la que había humillado el orgullo porteño, entrando con sus montoneras hasta el Fuerte, oteaba un horizonte más amplio.  Sin esfuerzo, asumió la sucesión del caudillo oriental. Tenía bajo su mando toda la región mesopotámica y ramificaciones en la otra banda, entre las guerrillas artiguistas. El 30 de noviembre, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario de la localidad del Tala, proclamó  la República de Entre Ríos.   Además de los recursos militares de la zona, disponía de la escuadrilla que le había cedido Buenos Aires a raíz del Tratado del Pilar, a la que unió las embarcaciones quitadas al Protector.  Se propuso entonces llevar a cabo el gran propósito que había inspirado la acción contra el directorio y que los acontecimientos posteriores amenazaban frustrar:  la guerra decisiva contra el invasor portugués.   El Tratado de Benegas nada decía sobre este punto. Al tal efecto, dirigió una nota al gobierno de Buenos Aires, en la que condenaba la política dilatoria de esta provincia frente a la ocupación de una fracción del territorio nacional por el tradicional enemigo; se manifestaba dispuesto a llevar adelante la guerra hasta desalojarlo, y expresaba su confianza en que se le prestaría para este objeto toda la ayuda necesaria, en tropas, armas y dinero.   El general don Marcos Balcarce, que actuaba en ese momento como gobernador delegado, le contestó en una nota de tono mesurado en la que le expresaba un completo acuerdo en principio sobre la finalidad propuesta; pero le advertía que todas las fuerzas militares de la provincia estaban comprometidas en la campaña que el gobernador titular, general Rodríguez, había emprendido contra los indios, quienes capitaneados por don José Miguel Carrera asaltaban las poblaciones del sur; y que por lo demás consideraba que correspondía al próximo- congreso decidir sobre esa guerra, cuyo término feliz haría necesario el concurso de todas las fuerzas de la nación. El general Carrera, en efecto, obligado por López a salir de Santa Fe con sus chilenos, acudía a los medios desesperados a que lo llevaban las circunstancias, con el fin de abrirse paso con fuerzas y recursos suficientes hasta la cordillera y ganar su tierra natal. Se había corrido hasta el desierto y aliado a tribus pampas y ranqueles, asaltado el pueblo de Salto, donde los indios mataron y saquearon, llevándose cautivas y hasta los vasos sagrados de las iglesias. Evidentemente, el caudillo chileno, urgido por proveerse de recursos, no lograba disciplinar los elementos incontrolables a quienes lo unía la fatalidad, ni evitar sus tropelías.   Rodríguez había salido a campaña para perseguirlo, con el auxilio de las milicias de Rosas.   EL  general don Francisco Ramírez, jefe de Entre Ríos —o Supremo Entrerriano, como se le llamaba— había concebido un vasto proyecto de unificación nacional bajo su influencia, sobre la base de la empresa común contra el enemigo histórico. — Pensó en el primer momento en llevar una campaña contra el Paraguay, para obtener los recursos de esa provincia, principalmente en hombres de guerra; luego, en un ataque inmediato a las misiones, ocupadas por los portugueses desde la derrota de "Andresito".  Pero ambas acciones significaban dejar a las espaldas enemigos, o amigos dudosos. Se decidió por intentar primero la realización de la unidad interna bajo su hegemonía. Las circunstancias se presentaban favorables gracias a la impopularidad notoria del sistema de Buenos Aires. A ello lo impulsaban los refugiados en su provincia a raíz del motín de Pagola, como el doctor Agrelo; y los emigrados a la Banda Oriental, como Alvear, antes enemigos y a la sazón reconciliados contra el adversario común y que esperaban las noticias del primer éxito para precipitarse a la capital, según lo cuenta Iriarte, que vivió esos días de esperanzas, zozobras y decepciones.   Pero quedaba para Ramírez una incógnita que previamente debía resolver: el caudillo de Santa Fe. Este había ganado todos sus galones en la lucha contra los ataques de los porteños y se hallaba unido al entrerriano por viejos pactos que seguían vigentes. Sus antecedentes lo obligaban a secundar la empresa, cuyas posibilidades de éxito habrían sido entonces incontrastables, y su intervención debía, si no arrastrar a Bustos, por lo menos  neutralizarlo. Ramírez lo invitó a que se le uniera Para derribar al gobierno de Buenos Aires (que por sí mismo constituía una violación irritante del Tratado del Pilar), provocar su reemplazo y llevar adelante la campaña contra los portugueses por la recuperación de la Banda Oriental. López le replicó invocando los pactos que acababa de firmar con Buenos Aires y Córdoba (y cuya violación ya estaba preparando la otra parte).  
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Los mediocres intereses localistas se sobrepusieron, en- el ánimo del mediocre personaje, a los grandes objetivos nacionales: sacrificaba a su aliado en los principios por las pingües achuras de las vacas de Rosas.   El gobernador Rodríguez, por su parte, se aprestó para resistir. El 3 de marzo de 1821 publicó un bando por el que se obligaba a todos los habitantes de la ciudad, incluso españoles y extranjeros, a tomar las armas. Como Ramírez dominaba los ríos con su escuadrilla, debió formar otra, que puso a las órdenes del coronel Zapiola, cerró las comunicaciones con Entre Ríos y formó un ejército de vanguardia al mando de Lamadrid, mientras él mismo se situaba en Luján con el resto de las fuerzas. Envió también dinero y armas al gobernador López, que reorganizaba su ejército en Santa Fe.   El general. Carrera había atravesado entre tanto la pampa con 400 hombres, la mayor parte indios, internándose en la provincia de Córdoba.   Allí recibió una comunicación de Ramírez, invitándolo a que se le uniese para invadir Buenos Aires. Resolvió aceptar. Al pasar Carrera por Córdoba, Bustos se replegó sobre la ciudad eludiendo el combate. Carrera saqueó la campaña y se dirigió al encuentro del entrerriano. El campamento de Ramírez estaba en Punta Gorda. De allí mandó un destacamento de vanguardia que cruzara el Paraná, tomara el pueblo de Coronda y se proveyea de caballadas; y a la escuadrilla del coronel Mansilla, con tropas de desembarco, a ocupar la ciudad de Santa Fe. Luego invadió él mismo la provincia, al frente de una fuerte columna de caballería.    El general Ramírez había llegado ya a Rosario donde enfrentó a una división de caballería santafesina que le salía al encuentro, dispersándola, y se dirigió a Coronda, donde esperaba que se le uniría Carrera. Sin embargo la carrera victoriosa del Supremo Entrerriano había llegado a su fin. Dos días después entraría en batalla con el grueso de las fuerzas de López, en posición desfavorable y terreno desventajoso, y sería derrotado con grandes pérdidas al cabo de un encarnizado combate.   Con poco más de 400 hombres se replegó hacia Córdoba. El 7 de junio se encontró con el destacamento errante de Carrera en Río Segundo, a diez leguas de la capital de la provincia.  Desde ese momento la suerte les fue adversa. Ambos compañeros parecían signados por la fatalidad. Decidieron atacar a Bustos, para copar sus tropas y llevar una nueva campaña contra Santa Fe. Pero Bustos se había fortificado en Cruz Alta, donde lo atacaron el 16 y fueron rechazados con grandes bajas, debiendo retirarse., Fraile Muerto se separarían, por no ponerse de acuerdo sobre el rumbo que habrían de seguir: a cada uno le tiraba su tierra. Carrera marchó en dirección a Cuyo, y Ramírez hacia el norte, buscando el rumbo de Entre Ríos por el Chaco.   Sus enemigos despacharon dos columnas en su persecución. Con este objeto había salido de Córdoba una división de caballería al mando del gobernador delegado coronel Bedoya. Después de una marcha tenaz, alcanzó el 10 de julio al resto de las tropas del caudillo entrerriano en Río Seco, donde las destrozó completamente. Ramírez lograba escapar, gracias a la superioridad de su montado, seguido de unos pocos soldados y de su compañera "la Delfina", que vestida de oficial lo acompañaba en todas sus campañas. Un tiro de boleadoras hizo  rodar el caballo de ésta, que cayó en manos de sus perseguidores. Ramírez volvió grupas y atropelló a lanzazos al tropel enemigo, en un intento desesperado por salvarla, en cuya circunstancia fue muerto de un pistoletazo en el pecho.        
El varón cabal perece
dichoso en la adversidad,
si le abren sus puertas de oro
patria, amor y libertad.                                     
Leopoldo Lugones ha cantado el episodio y comenta así esa muerte envidiable.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Partes enviados al Restaurador desde Vuelta de Obligado

El combate de la Vuelta de Obligado -20 de noviembre de 1845- donde tropas del ejército y milicianos defendieron con gran valentía y denuedo dicho punto, no ha sido recordado y valorado en su justa medida, muy probablemente por el hecho de haberse producido bajo el gobierno de Rosas.  Una página de heroicidad se escribió en Obligado y por dicho motivo y en recuerdo de ella, publicamos los partes enviados por el Comandante de la Defensa, General Lucio Mansilla

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¡ Viva la Confederación Argentina !

¡ Mueran los salvajes unitarios !

Baterías, Noviembre 20 de 1845.

Año 36 de la Lib., 30 de la Independencia y 16 de la Confederación Argentina

Al General Primer Edecán de S. E. D. Juan Manuel Corvalán.

Sírvase V. S. Elevar al Superior conocimiento del Exmo. Señor Gobernador y Capitan General de la Provincia, Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, que hace tres horas nos estamos batiendo con los Anglo-Franceses, y que hasta ahora no se han podido acercar a la línea de atajo; pero que tengo el sentimiento que empeñado el combate de un modo violento, tendré que suspenderlo por falta de municiones.    Dios guarde a V. S. muchos años.

Lucio Mansilla





¡ Viva la Confederación Argentina!

¡ Mueran los salvajes unitarios!

Campamento, Noviembre 21 de 1845

Año 36 de la Lib., 30 de la Independencia y 16 de la Confederación Argentina

Al General Primer Edecán de S. E. D. Manuel Corvalán.

El infrascripto ha mandado ayer un obstinado combate durante ocho horas contra la Escuadra Inglesa y francesa que atacó vigorosamente las baterías de la Vuelta de Obligado.  La situación del infrascripto, a causa de una herida que ha recibido, no le permite estender el parte; y remito a V. S. el que ha ordenado al Coronel Jefe de las baterías, D. Francisco Crespo, que pase a V. S. para que se sirva elevarlo al supremo conocimiento del Exmo. Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia, Brigadier D. Juan Manuel de Rosas.  La Escuadra Francesa e Inglesa ha tomado y domina el punto de las baterías y está sitiada de parte de tierra en la circunferencia del alcance de sus cañones por fuerzas nuestras suficientes que no dejan a los invasores otro terreno que pisar que el que pueden defender con sus fuerzas de artillería.   Dios guarde a V. S. muchos años.

Lucio Mansilla





¡ Viva la Confederación Argentina!

¡ Mueran los salvajes unitarios !

Campamento, Noviembre 21 de 1845

Año 36 de la Lib., 30 de la Independencia y 16 de la Confederación Argentina

Al Sr. General primer Edecán de S. E., D. Manuel Corvalán.

El infrascripto ha recibido orden del Sr. Comandante en Jefe accidental del Departamento del Norte, General D. Lucio Mansilla, de dirigir a Ud. el parte del combate que han sostenido ayer las Baterías en la Vuelta de Obligado contra las Escuadras invasoras Inglesa y Francesa combinadas. No siendo posible al Sr. General pasar el parte, a causa de haber sido herido, dando a esta División un ejemplo de valor heroico, toca al infrascripto este honor.   El 18 del corriente fondeó la Escuadra combinada francesa e inglesa, a dos tiros de cañón de nuestras Baterías.  Dispuso el Sr. General que tres embarcaciones pequeñas explorasen hasta medio tiro de cañón de las Escuadras enemigas, su actitud y disposición. Estas les hicieron fuego y las persiguieron, y al punto se replegaron sobre las Baterías sin contestarlo.  El 19 se preparó el enemigo para atacar; y el 20 a las ocho de la mañana toda su Escuadra maniobró hábilmente sobre las baterías. A la vanguardia estaban en línea cuatro bergantines de guerra, uno inglés y tres franceses; al centro los vapores Fulton,  Gorgon y Firebrand; y en la retaguardia dos corbetas y dos bergantines.  A las nueve y media de la mañana, estando el Sr. General al frente de las fuerzas de las Baterías, se entonó el Himno Nacional de la Confederación Argentina, la banda de música tocó dianas, y se empezó el combate.   El enemigo atacó con intrépido arrojo, y con el poder de 113 cañones de los calibres de 24, 32, 48, 64 y 80, sosteniendo sin intermisión de un instante, un bien dirigido, vivísimo y abrasante fuego de toda la línea sobre el frente y flancos de nuestras baterías.   A este fuerte ataque, opusieron las Baterías un vigoroso fuego de 35 cañones de los calibres de a 4, 8, 10, 12,16, 18 y 24, y los soldados argentinos sus pechos heroicos sobre las esplanadas. Estos, y el primero, el Sr. General, se disputaban los peligros del combate y el honor de sostener la dignidad del pabellón argentino. Después de ocho horas de un encarnizado combate, valeroso de una y otra parte, el dominante fuego del enemigo apagó los nuestros, desmontó una parte de nuestros cañones, desmontó los merlones, y nuestros artilleros quemaron los últimos cartuchos, quedando concluídas así todas nuestras municiones.  Entonces se arrojó el enemigo a un desembarco, protegido por su poderosa artillería. El Sr. General al conducir valientemente en persona, en ese acto, la infantería para cargar a la bayoneta, fue derribado por un golpe de metralla sobre el estómago, que desgraciadamente lo dejó sin sentido y fuera de combate.  El infrascripto, que acabado de recibir una contusión, tomó el mando, y ordenó al Coronel Edecán de S. E. D. Ramón Rodríguez, que se opusiese a las fuerzas enemigas de desembarco. Asi lo enfrentó, arrastrando el fuertísimo fuego de la artillería enemiga y sus proyectiles. Cubierto el enemigo con este poder, estando apagados ya nuestros fuegos, desmontada parte de nuestra artillería, sin municiones, y puestos fuera de combate por muertos y heridos en su mayor parte nuestros improvisados artilleros, logró el enemigo penetrar en el punto de las baterías destruidas por sus fuegos. Se le resistió con todo, disputándole siempre el terreno, y salvando toda la artillería volante.  Las Escuadras inglesa y francesa, descargaron incesantemente sobre nuestras

frágiles esplanadas, una lluvia de bombas, granadas, balas y proyectiles, con la prontitud, buena dirección y destreza de sus expertos artilleros. Esta inmensa desproporción no sirvió sino para enardecer el valor de nuestros Jefes, Oficiales y soldados, y del Sr. General que dignamente las ha comandado con tanto denuedo; y que en un momento tan importante cayó gloriosamente herido. El Comandante del Bergantín Nacional de Guerra “Republicano”, D. Tomás Creig, después de haber consumido todas sus municiones, quemó el buque, y arrastrando intrépidamente los fuegos enemigos, se incorporó a las fuerzas de tierra.  El Coronel D. Ramón Rodríguez y todos los Comandantes de las Baterías, todos los Oficiales y soldados han llenado heroicamente su deber. Los enemigos han sufrido gran pérdida de vidas. Continuamente se les veía arrojar de a bordo de sus buques los cadáveres de los muertos que flotaban en las aguas del Paraná. Se calcula el número de los muertos y heridos del enemigo en más del doble que los nuestros. Tres de sus buques salieron fuera de combate y los demás han sufrido considerables averías y detrimento en su arboladura, velamen y cascos.  Los Jefes, Oficiales y tripulaciones del enemigo han correspondido en este fuerte combate al renombre y fama del valor de las marinas de Inglaterra y de Francia. Los enemigos han visto la defensa heroica que ha hecho esta División del Ejército Argentino de la independencia, soberanía y honor nacional.  Por nuestra parte han muerto peleando con heroica valentía el Teniente de Marina D. José Romero, los Subtenientes D. Marcos Rodríguez y Faustino Medrano, los

Alfereces Martínez y Sánchez y sesenta soldados de las Baterías, fuera de los que han muerto con igual denuedo dentro del Monte de Obligado donde se sostuvo el fuego hasta media noche. Su número, incluso los de las baterías, se calculan ciento cincuenta. Han recibido honrosas heridas, combatiendo valientemente, el Mayor D. Avelino Garmendia, Ayudante del Señor General, los Tenientes de Marina D. Javier Gómez y D. N. Correa, el Subteniente D. Víctor Fernando Elizalde, los Guardias Marinas D. Tomas Hallet y D. Fernando Pastor, el Teniente D. Juan Gainzal, el Alferez D. Francisco Estevez y noventa y tres individuos de tropa.  También han muerto con heroicidad varias virtuosas mujeres, que se mantuvieron en este sangriento combate, al lado de sus esposos, hijos o deudos, socorriendo a los heridos, y ayudando a los combatientes en la defensa del honor argentino. El infrascripto cumple con el deber de presentar por el órgano de V.S., y por orden de su valiente Jefe el Sr. General D. Lucio Mansilla, a la consideración del Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia, Brigadier Dn. Juan Manuel de Rosas, la virtud y denodado valor de los Jefes, Oficiales y soldados que han combatido en esta jornada de honor y gloria, contra enemigos, aunque iguales en valor, muy superiores en medios de destrucción y personal de artillería. Dios guarde a V.S. muchos años.                                               Francisco Crespo

jueves, 21 de septiembre de 2017

Lucio Norberto Mansilla


Lucio Norberto Mansilla comenzó su carrera militar prestando servicio durante las Invasiones Inglesas de 1806 bajo las órdenes de Santiago de Liniers en las jornadas del 10,11 y 12 de agosto, en el Tercio de Gallegos. En octubre del mismo año, participó en la misión de aprehender al virrey Rafael de Sobremonte, bajo las órdenes del teniente coronel Prudencio Murguiondo. Al año siguiente, en las invasiones de 1807, participó en el combate de los corrales de Miserere el 2 de junio de ese año y posteriormente en las acciones del 5 y 6 de julio.
En el año 1809, fue nombrado agrimensor patentado, por el virrey Liniers, previo examen ante peritos. El mismo año con su título de agrimensor, se presentó al Cabildo y obtuvo el permiso para abrir y regentear una Escuela rudimentaria de matemáticas.
Al producirse la Revolución de mayo de 1810 se sumó a la misma, al respecto dice en sus Memorias:
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"...al grito de LIBERTAD, ceñí la espada, abandonando el halagüeño porvenir, y la posición social obtenida, y me puse al servicio de mi patria."
En 1812, ya con el grado de teniente, bajo las órdenes del general Don José Artigas hizo la campaña contra las fuerzas portuguesas que habían invadido ese territorio. Posteriormente pasó bajo el mando de José Rondeau en el sitio y posterior liberación de la ciudad fortificada de Montevideo, capital de la Banda Oriental, la cual se encontraba en poder de los realistas.
En 1813 pasó a las órdenes del coronel Domingo French, hizo la campaña para atacar la fortaleza denominada "El Quilombo" situada a orillas del río Yaguarón (actualmente en la frontera con el Brasil). En el asalto, llevado a cabo el 12 de mayo de dicho combate, fue herido gravemente por una bala de fusil que le atravesó el cuerpo. Por su valor fue recomendado por el gobierno y dada a conocer públicamente la distinción, en el periódico La Gaceta del 5 de junio de 1813. Una vez repuesto de sus heridas, volvió al ejército sitiador y sirvió en él hasta la capitulación de los realistas, ocurrida el 23 de julio de 1814. Por sus acciones durante el sitio fue reconocido por el gobierno con un escudo de plata y la condición de "Benemérito a la Patria en grado heroico".Participó en la organización del Ejército de los Andes, a las órdenes del general José de San Martín. Mansilla, nombrado mayor de Plaza en San Juan, instruyó 600 reclutas, para el futuro ejército y que pasaron a formar parte de los célebres regimientos 7 y 11. Inmediatamente fue designado comandante político y militar del pueblo de San José de Jáchal. En dicha localidad, logró reclutar 400 voluntarios y fue nombrado por el General San Martín como "Comandante General de las Cordilleras del Sud de los Andes".
Debido a su óptima respuesta a las labores encargadas, el general San Martín lo designó 2º Jefe de la 1.ª división de Vanguardia, a pesar no de ser sino graduado de mayor. Como 2° Jefe de la mentada división, participó en la célebre batalla de Chacabuco y en el sitio de Talcahuano
Fue ascendido al grado de general del Ejército Argentino y en 1826 fue designado "Comandante General de la Costa", cargo en el cual organizó varios cuerpos para el ejército, remitiendo al cuartel general todo el parque, armamento, vestido y caballadas. Finalmente fue él mismo al frente de una división y se incorporó al "Estado Mayor" del Ejército Argentino a las órdenes de Carlos María de Alvear el "Río Grande do Sul" en la Guerra del Brasil. Con posterioridad se desempeñó como jefe del asedio a la ciudad fortificada de Montevideo que se encontraba ocupada por los brasileños.
Como General de División, tomó parte principal en la batalla de Camacuá, acción por la cual mereció la recomendación del gobierno argentino. Posteriormente, el General Alvear lo destacó alal frente de la división fuerte del ejército, que contaba con unos 1.800 hombres. Con esta división se batió en la batalla de Ombú contra la mejor caballería del Imperio del Brasil (compuesta por muchos nobles del "Río Grande do Sul") al mando del famoso general brasileño Bento Manuel Ribeiro, derrotándolo.2​ Participó en la batalla de Ituzaingó3​ donde se desempeñó en forma tan satisfactoria que fue distinguido con el uso de un escudo y cordones de oro, siendo después nombrado "Jefe de Estado Mayor" hasta la retirada del ejército a cuarteles de invierno en 1827.
Más tarde ese mismo año, previa consulta al gobierno, renunció a su puesto en el ejército al ser nombrado diputado por la provincia de La Rioja a la Convención Constituyente de Santa Fe.
El hecho más destacado que le cupo protagonizar a Lucio Norberto Mansilla fue conducir como Jefe del Departamento del Norte a las tropas argentinas que enfrentaron a la flota anglo-francesa, en la batalla de la Vuelta de Obligado, llamada hoy la Batalla de la Soberanía, acontecida el 20 de noviembre de 1845.
Ante la inminencia del avance de la flota invasora, Mansilla decide fortificar un recodo del río Paraná de 700 metros llamado la "Vuelta de Obligado",5​ contando para ello con tan solo 21 viejos cañones de bronce y unos 2.000 hombres. También ordenó cruzar el río con tres gruesas cadenas de costa a costa, para lo cual un italiano de apellido Alberti, amigo de Mansilla, proporcionó gran parte de los pontones y "barquichuelos" empleados al efecto....
Se embarcó en el mismo barco inglés que Rosas, FIEL A LA CAUSA FEDERAL.... A diferencia de éste, se estableció en Francia, donde residió muchos años. Napoleón III y su corte imperial, lo recibieron con honores y le concedieron un trato preferencial, pese a haber sido su enemigo, por considerar que había defendido a su patria de la invasión extranjera. Incluso medió en el casamiento de Napoleón III y su esposa española, María Eugenia de Montijo.
Pasadas las pasiones que generaron la caída del gobierno rosista, años después retornó a su país de nacimiento, donde residió hasta el día de su muerte, ocurrida el 10 de abril de 1871, víctima de la feroz epidemia de fiebre amarilla. Sus restos descansan en el mausoleo familiar en el Cementerio de la Recoleta junto a su esposa Agustina y su hijo Lucio Victorio Mansilla.

lunes, 27 de febrero de 2017

Batalla del "Quebracho" 4 de junio de 1846

Por el Dr. Julio Otaño
El 4 de junio de 1846, las tropas de la Confederación Argentina, a cargo del general Lucio Mansilla, en una batalla que duró más de tres horas, derrotaron a una escuadra anglo-francesa que navegaba río arriba para abrir paso a una flota mercante.  La Batalla del Quebracho (de Punta Quebracho o de la Angostura del Quebracho) contra la escuadra invasora anglo-francesa, ocurrió a una legua al norte de  San Lorenzo; hoy cercanías de la  localidad de Puerto General San Martín, a 35 km. aguas arriba de Rosario, en la provincia de Santa Fe. Las naves anglo-francesas volvían hacia el Río de la Plata después de haber sido su campaña un total fracaso económico y militar, ocho meses después de haber forzado el paso hacia el norte en la Vuelta de Obligado.
 
El 2 de junio de 1846, las autoridades de Goya, Provincia de Corrientes, la que se encontraba enfrentada con la Confederación Argentina liderada por el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, ofrecieron una recepción y  baile de despedida  en honor de la flota Anglo-Francesa. Esta última partió con 95 navíos escoltados por 16 barcos de guerra británicos y franceses incluyendo el vapor HMS Gorgon totalizando 37 cañones.
El 4 de junio la avanzada de la flota compuesta por 12 navíos y 95 barcos mercantes llenos de mercaderías, trataron de forzar su paso a través del Paso Angostura del Quebracho.
Los primeros barcos de guerra aparecieron a las 10.30 de la mañana: el  HMS Firebrand, HMS Gorgon y el  HMS Alecto seguidos del San Martin, HMS Fanny y el Prócida, en la retaguardia la Corbeta Coquette y los Vapores Lizard y Harpy.
Las fuerzas confederadas del General Lucio Norberto Mansilla, tenían tres baterías con 17 cañones lideradas por el Coronel Manuel Virto, en el centro estaba el Coronel de Marina Juan Bautista Thorne con dos baterías y dos compañías de infantería y, en el otro lado, los Cuerpos de  Santa Fe, comandados por el Coronel Martín Isidoro de Santa Coloma y Lezica.
Aproximadamente a 300 metros del canal se encontraban agazapados, 750 hombres de la Confederación Argentina.
A las 10.45 hs el Ayudante Mayor de Marina Álvaro Alzogaray abrió  fuego sobre el HMS Gorgon con cohetes Congreve. Después de 2 horas de combate la flota Anglo-Francesa debió retroceder para cubrir a los mercantes restantes. El HMS Harpy fue seriamente dañado, también fueron hundidos dos barcos mercantes y otros 4 fueron incendiados para no ser capturados por las fuerzas de la Confederación. La flota Anglo-Francesa sufrió 60 bajas y las fuerzas de la Confederación tuvieron un solo hombre muerto y cuatro heridos entre ellos a Juan Bautista Thorne quien sufrió de una herida de metralla en su espalda.
El encuentro del Quebracho, aparte de su enorme importancia militar y política, fue el sello definitivo del desastre económico-comercial de una empresa injusta y prepotente, llevada a cabo por quienes, seguros de su enorme superioridad material y atropellando sin consideraciones humanas ni jurídicas todos los derechos de la Confederación Argentina, se proponían un cuantioso dividendo.
Parte de Guerra del Paraná - Combate de Punta del Quebracho:
Fecha: 4 de junio de 1846.
Lugar: Río Paraná - Una legua al Norte de San Lorenzo - Prov. de Santa Fe.
Resultado: Victoria de la Confederación Argentina.
Beligerantes: Confederación Argentina - Reino Unido + Francia.
Comandantes: Gral. Lucio Norberto Mansilla + Cnel. de Marina Juan Bautista Thorne.
Fuerzas Argentinas en combate: 17 cañones + 600 infantes + 150 carabineros.
Bajas: 1 muerto - 2 heridos.
Fuerzas Invasoras Anglo francesas: 6 buques hundidos y 60 muertos.
Consecuencias:
Como resultado de esta acción se termina la invasión de las fuerzas navales anglo-francesas en el río Paraná, y poco después, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Thomas Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Juan Manuel de Rosas el pedido de:
  "el más honorable retiro posible de la intervención naval conjunta anglo francesa".
  El gobierno argentino consigue de esta forma:
  Poner fin al bloqueo naval de Francia e Inglaterra a los puertos argentinos y al Río de la Plata.
Recuperar la Flota Argentina capturada ilegalmente durante tratativas diplomáticas de los beligerantes frente a Montevideo.
Recuperar la Isla Martín García.
Recibir frente a Buenos Aires, un saludo de 21 cañonazos a la Bandera Argentina por parte de cada una de las Flotas invasoras.
El reconocimiento a la Soberanía de Argentina y a sus derechos exclusivos sobre la navegación de los ríos interiores.
  http://www.sinmordaza.com/imagesnueva/noticias/grandes/64047_cordon-industrial.jpg
Otras consecuencias:
El 13 de julio de 1846 arribó la misión de Thomas Samuel Hood abordo del navío HMS “Devastation” la cual acepto que nuestros ríos fueran sometidos a las reglamentaciones argentinas, aunque la tendencia europea de la época era permitir la libre navegación de todas las banderas tal el caso del río Rin, presentado en el Congreso de Viena de 1815.
A William Gore Ouseley y al barón francés Defaudis se les ordenó volver a Europa.
Los Almirantes Laine (Francia) e Inglefield (Inglaterra), fueron reemplazados por los Almirantes Lepredour y Herber, respectivamente.
En mayo de 1847 arribaron a la Argentina los comisionados conde Alexandre Joseph Colonna-Walewski (Francia) y  Lord Howden (Inglaterra) y el 14 de julio de 1847 cesó el bloqueo británico al Río de la Plata. Francia cesó el bloqueo el 16 de junio de 1848.
En noviembre de 1848 arribó a Buenos Aires el comisionado británico Southern. Las fuerzas británicas evacuaron la isla Martín García, devolvieron nuestros barcos capturados ilegalmente y rindieron homenaje a la bandera de la Confederación Argentina.
El Almirante británico Reynold arribo a bordo del HMS Southampton y devolvió nuestro Bergantín ARA  “25 de Mayo” el cual vino remolcado por el vapor HMS Harpy.
El 6 de marzo de 1849 se firmo el pacto Arana-Southern y en 1851 el Arana-Lepredour.
En 1851, los franceses devolvieron al Bergantín ARA Maipú.
Los nacionalistas consideran a esta batalla como un hito en la lucha por "la independencia y la soberanía que sostenía Juan Manuel de Rosas", cuando las pretensiones anglofrancesas eran navegar y comerciar sin controles las aguas de los ríos interiores.
 Los triunfos diplomáticos mas importantes de toda la Historia Argentina.

jueves, 3 de noviembre de 2016

El Día de la Soberanía

Por Julio R. Otaño

El 20 de noviembre, se recuerda el Aniversario de la "Guerra del Paraná" que diera lustre a nuestra Patria con los distintos hechos que marcaron significativamente nuestro pasado. Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Vuelta de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía.   Allí el 20 de noviembre de 1845 en las costas del Río Paraná, se batieron con alma y vida las tropas argentinas hasta quedar sin munición, y vencidos por la superioridad de las fuerzas invasoras, con armas de alta tecnología como los nuevos "barcos de guerra a vapor" y los cañones estriados de carga posterior.

La Flota Inglesa al mando del Almirante Inglefield y la francesa al mando del almirante Lainé. Después del bombardeo y al desembarco, las cargas de bayoneta se repitieron y los principales jefes argentinos fueron heridos en combate. Los gritos de Viva la Patria se repetían y en medio del combate, la banda de Música del Regimiento Nº 1 de Patricios por orden del General Lucio Norberto Mansilla, tocó el Himno Nacional Argentino, coreado a gritos de rabia por los bravos que defendían la posición. Por eso el 20 de noviembre, recordamos en nuestra Patria, el 160º Aniversario del Día de la Soberanía Nacional ".
El Dr. Sabino O'Donnell, a quienes algunos consideran nuestro primer cronista de guerra, deja un valioso testimonio sobre el combate:
“Hoy he visto lo que es un valiente. Empezó el fuego a las 9 y media y duró hasta las 5 y media de la tarde en las baterías, y continúa ahora entre el monte de Obligado el fuego de fusil (son las 11 de la noche). Mi tío ha permanecido entre los merlones de las baterías y entre las lluvias de balas y la metralla de 120 cañones enemigos.  Desmontada ya nuestra artillería, apagados completamente sus fuegos, el enemigo hizo señas de desembarcar; entonces mi tío se puso personalmente al frente de la infantería y marchaba a impedir el desembarco, cuando cayó herido por el golpe de metralla; sin embargo se disputó el terreno con honor, y se salvó toda la artillería volante.  Nuestra pérdida puede aproximarse a trescientos valientes entre muertos, heridos y contusos; la del enemigo puede decirse que es doblemente mayor; han echado al agua montones de cadáveres (...)   Esta es una batalla muy gloriosa para nuestro país. Nos hemos defendido con bizarría y heroicidad”
Al día siguiente de la batalla llegarían los doctores Mariano Martínez y Claudio Silva, del Hospital del cuartel de Santos Lugares, enviados por Rosas. Sostendrán una junta médica con O´Donnelll y con el doctor Mariano Marenco y el profesor Cornelio Romero. El informe a Palermo, fué el siguiente:
“El doctor D. Sabino O´Donnell que había asistido al Sr. General desde los primeros momentos, nos hizo la historia de los accidentes que había sufrido y los medios que había empleado para evitar perniciosas consecuencias. El Sr. General Mansilla recibió en la tarde del 20 un golpe de metralla (la que hemos visto y pesa más de más de una libra) en el lado izquierdo del estómago, sobre las distintas costillas, y según hemos reconocido, ha sido fracturada una de estas. Cayó sin sentido, sufrió por muchas horas desmayos, vómitos, y otros molestos accidentes que fueron calmando gradualmente; se le ha aplicado un vendaje apropiado para remediar la fractura de la costilla, y se emplean los medios que aconseja el arte”
Fue una honrosa derrota de las Fuerzas de la Confederación Argentina , pero no fue el fin de la Guerra. La victoria de las Fuerzas Navales Franco-Inglesas fue un gran problema, porque forzaron el paso del Río Paraná y dominaron todo el río, para proteger sus buques mercantes, pero NO podían avanzar tierra adentro fuera de las costas, comerciando con sus cien buques cargados de mercaderías en los principales puertos de la Mesopotamia , el Paraguay y el Uruguay. Pero el sentimiento de toda la Nación Argentina se oponía a ello.
Soberanía Nacional que defiende el Brigadier Juan Manuel de Rosas por la ambición desmedida de los Gobiernos de Gran Bretaña, de Francia y del Imperio de Brasil. Oportunidad donde se deshace: el proyecto de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores extranjeros en el tratado de Alcarás, entre Urquiza y Jefes unitarios. Se termina la intervención naval Anglo-Francesa. Y poco después, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas "el más honorable retiro posible de la intervención naval conjunta". Que el Restaurador de las Leyes lo haría pagar en un bien ganado "precio de laureles". Donde finaliza la posibilidad de Intervenir al Paraguay, y que el Uruguay pase a ser una colonia francesa.
Previamente las potencias europeas se habían desligado del Imperio de Brasil y no le permiten intervenir en la contienda y las "utilidades comerciales" del ambicioso proyecto. Teniendo que definir la ocupación definitiva de las Misiones Orientales recién después de Caseros, con la colaboración de Urquiza,cuando derrotan al Gral Oribe en el Uruguay primero y a Rosas en la Confederación Argentina.
El anciano General San Martín desde Francia envió una carta a Rosas el 11 de enero de 1846, donde le escribía sobre: "...la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y de la Francia contra nuestro país...". Tal fue su sentimiento que en carta anterior a la contienda, ofreció su espada y que se subordinaba a Rosas para combatir al enemigo que acechaba y atacaba a nuestra Patria.
El fin de la Guerra del Río Paraná se logró luego de la derrota de los invasores el 4 de Junio de 1846 en el combate en "El Quebracho", lo que llevaría al cese de las hostilidades por parte de Gran Bretaña y luego Francia y el posterior reinicio de las relaciones comerciales y amistosas con la Confederación Argentina , y con el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, defensor de la Soberanía Nacional.
San Martin y el Bloqueo anglofrances.
Un prominente comerciante inglés, Jorge Federico Dickson, dirigió una respetuosa carta al Gral. San Martín requiriendo su opinión sobre la invasión anglofrancesa al Río de la Plata, sabiendo el comerciante que la opinión del Libertador, reconocido militar americano autoexiliado en Europa, tendría enorme influencia en las legislaturas de ambos países agresores y en la opinión pública, y desalentaría las intenciones de los más belicistas (en noviembre ya se había producido la guerra del Paraná y se temía una invasión terrestre). San Martín no perdió el tiempo y le contestó a dicho comerciante el 28 de diciembre de 1845 con el siguiente análisis:
“...Bien es sabida la firmeza del carácter del Jefe que preside la República Argentina...con siete u ocho mil hombres de caballería...fuerza que con gran facilidad puede mantener el General Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres, salga a más de treinta leguas de la capital, sin exponerse a una ruina completa por falta de recursos, tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará a menos (como es de esperar) que el nuevo ministro inglés, no cambie la política seguida por el precedente...”.
Esta carta a Dickson, como era de esperar, provocó un gran revuelo. En carta a Guido del 10 de mayo de 1846 le expresa:
“...ya sabía la acción de Obligado, de todos los interventores habrán visto por este echantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el abrir la boca...”
En enero de 1845 Francia e Inglaterra deciden la intervención militar a la Confederación Argentina , y que debían adoptar la insólita forma de una impuesta "mediación" forzosa.
Gran Bretaña designó como "mediador" a Sir William Gore Ouseley, quien fue el primero en partir en el vapor de guerra "Firebrand". Francia nombró al Barón Deffaudis, partidario del Ministro Thiers y de brillante actuación en México cuando el conflicto con Francia de 1838. Ouseley llegó a Montevideo el 27 de abril de 1845 y algo después arriba Deffaudis al Plata. Los "mediadores" se apoyaban en imponentes escuadras navales de guerra. La Inglesa al mando del Almirante Inglefield y compuesta por nueve buques a vela y tres vapores de guerra, con 136 cañones último modelo estriados y de retrocarga "Peysar".
La Francesa al mando del Almirante Lainé, se componía de 3 grandes fragatas, cinco corbetas y bergantines a vela y dos vapores de guerra, con 282 cañones-obuses estriados y de retrocarga "Paixhans" que disparaban balas de 80 libras .
El 12 de mayo Ouseley, presentó una nota amenazante al gobierno de Buenos Aires, reclamándole el cese de la guerra en la Banda Oriental y el retiro de tropas y fuerzas navales.
El 17 de junio ambos comisionados ordenaron la inmediata suspensión de hostilidades en el Uruguay.
El 21 de Julio los ahora "interventores" presentan un "ultimátum" a Rosas. Conceden 10 días para el retiro de tropas argentinas y el retiro de los barcos de Brown de Montevideo.
El 22 de julio la marinería anglo-francesa desembarca en el Uruguay para reforzar las defensas de Montevideo. El 2 de agosto la Flota Naval franco-inglesa captura la escuadra de río del Alte Brown, quien había recibido órdenes expresas de "evitar todo incidente y no abrir el fuego".
Era la guerra disfrazada de mediación.
Ante ese hecho Juan Manuel de Rosas elevó los antecedentes a la Legislatura de Buenos Aires, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.
El 30 de agosto, después del bloqueo naval de los puertos del General Oribe, Colonia del Sacramento es saqueada por Garibaldi y los mercenarios extranjeros contratadas por los unitarios. El 5 de setiembre le toca el turno a Martín García, el 20 a Gualeguaychú y a fines de octubre a Salto. Sólo Paysandú resistió los embates del aventurero italiano y evitó su saqueo y depredación.
El 13 Rosas suspende los pagos de los bonos de la deuda externa (incluidos los pagos a la Casa Baring Brothers de Londres).
El 17 de octubre Rosas ordena al embajador argentino en Londres Dr Manuel Moreno que reclame enfáticamente y si no tiene respuesta satisfactoria que exija sus pasaportes.
El 18 se concreta el bloqueo naval de todos los puertos argentinos.
El restaurador logra el apoyo del cuerpo diplomático extranjero en Buenos Aires, incluso del francés M. Mareuil, y de unos 15 mil residentes galos y británicos, que firman un petitorio solicitando la No intervención.
El 20 de octubre Sir William Gore Ouseley informa al Foreing Office sobre: "El reconocimiento del Paraguay como nación Independiente, conjuntamente con el posible reconocimiento de Entre Rios y Corrientes y su erección en Estados Independientes, asegura la navegación del río Parana y del río Paraguay"
(John F. Cady – "La intervención extranjera en el Río de la Plata " – Ed Losada.)
El 23 se retira del país el embajador francés (firmante del petitorio a favor de Rosas)
Los "interventores" recibieron refuerzos en barcos y en hombres, al llegar el Regimiento Británico Nº 45 y muy pronto tras la Flota Naval Conjunta, se reunieron más de 90 navíos con mercaderías de diversas banderas, listos para vender en el litoral y en el Paraguay.
Para el desembarco los ingleses recibieron 600 infantes de marina y los franceses 200. También sumaron una Batería de cohetes a la Congreve. Y comenzaron la navegación, por el río Paraná. 160 años del Combate de "Vuelta de Obligado" – Día de la Soberanía Nacional "

La defensa de la "Vuelta de Obligado":
ElBrigadier Gral. Juan Manuel de Rosas ordena organizarla sobre el río Paraná en el lugar denominado Vuelta de Obligado (San Pedro), donde las fuerzas al mando del Gral Lucio Norberto Mansilla habían fortificado la costa y colocado una fila de chalupas y pontones sosteniendo gruesas cadenas de costa a costa, para impedir el paso de los buques.
De buques de guerra se habían desmontado los cañones para la defensa, eran 5 baterías con un total de 30 cañones antiguos, lisos y de avancarga, con balas de calibres de 8 a 20 libras servidas por 100 artilleros al mando del Capitán de marina Thorne y lo protegían tropas de Infantería y de caballería para repeler posibles desembarcos.
El Regimiento Patricios al mando del Coronel Rodríguez, la caballería a cargo del Coronel Martin Isidro Santa Coloma los cuerpos de milicias rurales al mando del Tte Facundo Quiroga (el hijo del Tigre de los Llanos), fueron los más destacados.
El 20 de noviembre el combate comenzó a las 8 de la mañana con intenso fuego de artillería desde los buques, los cañonazos se confundían con los gritos del paisanaje a órdenes de Mansilla, con vivas y cantos a la Patria.
Barcazas con cadenas cortando el Paraná La Banda militar de Patricios toca los compases del Himno Nacional que es coreado a grito pelado, mientras las muerte los rodeaba. A la tarde comenzó el desembarco de los invasores. Fueron quedando sin municiones y destruídas las baterías. La pelea se prolongó hasta caer la tarde y con lucha cuerpo a cuerpo, con contraataques de la caballería. Derrocharon heroísmo, dejando a sus jefes heridos, con 250 muertos (incluído el Héroe de la recuperación de Malvinas y Soldado de Patricios, el "gaucho" Antonio Rivero y 400 heridos de un total de 2.160 combatientes criollos.
El parte de Batalla del Jefe Francés Trehouart a su gobierno, es el mejor homenaje e los héroes argentinos, que dice: "Siento vivamente que esta gallarda proeza, se halla logrado a costa de tal pérdidas de vidas, pero considerando la fuerte oposición del enemigo y la obstinación con que fue defendida la plaza, debemos agradecer a la Divina Providencia que no haya sido mayor".
Mientras el Almirante inglés Inglefield, en su informe de guerra lo califica, "Bizarro hecho de armas, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos. Tantas pérdidas han sido debidas a la obstinación del enemigo", informa a la Corona Inglesa el bravo marino.
Al amanecer del día siguiente continuaron su navegación por el Paraná. Los buques de guerra atacantes sufrieron serias averías y de los 90 mercantes que acompañaban la Flota , solo 52 pudieron pasar de inmediato, por el paso forzado. Comerciaron libremente con Entre Ríos, Corrientes y el Paraguay pero no estuvieron tranquilos, siendo atacados en forma contínua desde la costa.
"La Guerra del Paraná" se desarrolla, con los combates del 2 de enero de 1846 , el "2do encuentro de Vuelta de Obligado" con los argentinos al mando de Thorne, con artillería volante y lanceros de caballería que enfrentan el desembarco de 300 infantes de marina al mando del Cap Honthan, que continuará con los combates de "Tonelero" , "Acevedo" , "San Lorenzo" y la "Angostura del Quebracho" donde el 4 de junio de 1846 el Gral Mansilla los enfrenta nuevamente, desde la barrancas del Quebracho, al norte de San Lorenzo. Logrando una aplastante victoria argentina, que significa el fin de la aventura colonialista.
"Obligado" fue para Inglaterra y Francia, una victoria militar y una grave derrota política y comercial.
Consecuencias de la Guerra :
El Brigadier Juan Manuel de Rosas, defiende la Soberanía Nacional ante la ambición desmedida de los Gobiernos de Gran Bretaña, de Francia y del Imperio de Brasil.
Se opone e impide con las fuerzas que dispone, que las potencias realicen la "libre navegación" de los ríos interiores de la Confederación Argentina. Que las Grandes Naciones no puedan comerciar libremente con las Provincias Mesopotámicas, sin pagar impuestos ni hacer Aduana.
Hasta Caseros la Confederación Argentina, no reconoció la Independencia del Uruguay y del Paraguay, la incorporación de las Misiones Orientales al Imperio del Brasil y la anexión del Brasil de grandes extensiones de territorio del Norte de Uruguay. ( ex -Misiones Jesuíticas gobernadas desde Buenos Aires antes y durante el Virreynato del Río de la Plata – "Los 30 Pueblos Jesuitas" - )
Finaliza el proyecto "secreto" de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores de Francia e Inglaterra en el "Tratado de Alcarás", y firmado entre Urquiza y las Provincias mesopotámicas con acuerdo con los Jefes unitarios exiliados en el Uruguay y Brasil.
Se termina la intervención de las Fuerzas navales anglo-francesas, y poco después, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas: "el más honorable retiro posible de la intervención naval conjunta".
A lo que el Restaurador de las Leyes les haría pagar con un buen precio ganado, "en honores y de laureles":
- El fin del Bloqueo Naval de Francia e Inglaterra a los puertos argentinos.
- Devolver la Flota Argentina capturada.
- Devolver la Isla Martín García.
- Saludar la Bandera Argentina con 21 cañonazos, por parte de cada una de las Flotas intervinientes.
- Reconocer la Soberanía Argentina y la NO navegación de los ríos interiores.

Finaliza la posibilidad de Intervenir al Paraguay, y que el Uruguay pase a ser una colonia francesa. Las potencias europeas alejan la posibilidad de la ingerencia del Imperio del Brasil.
Es el momento del máximo poder interno y de la admiración de los pueblos de América y de Europa, hacia el Brigadier General don Juan Manuel de Rosas.
"A aquellos argentinos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer." (Carta de San Martín a Rosas. 10 de Junio de 1839).


En marzo de 1849, Rosas contestó una carta al Libertador en los siguientes términos:
"Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y dignidad de las repúblicas del Plata, y cuando más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano. Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo.
Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal que, nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes."
(Juan Manuel de Rosas).

sábado, 9 de enero de 2016

Hallaron al Glorioso "Republicano"

"El 23 de octubre pasado y mientras realizábamos una recorrida habitual por el Paraná en tareas de reconocimiento y filmación para el Museo, un equipo de sonar de barrido lateral detectó un elemento delgado y recto que se hallaba en el fondo del río, en cuya base se podía apreciar un elemento rectangular", Dijo José Luis Aguilar, quien junto con su hijo Felipe, Javier Saucedo y Marcelo Duca efectuaban el rastrillaje.  El barco de la flota argentina "Republicano", que combatió en la histórica batalla de la Vuelta de Obligado en 1845, donde las tropas argentinas enfrentaron a una poderosa escuadra anglo-francesa a la altura de la localidad bonaerense de San Pedro, fue encontrado en el fondo del río Paraná casi en el mismo lugar donde las referencias históricas aseguran que se hundió por decisión de su comandante, para evitar ser capturado por el enemigo.

  Tres cadenas gruesas cruzaban el Paraná de costa a costa, sostenidas sobre 24 embarcaciones. De un lado, la escuadra anglofrancesa; del otro, las fuerzas de la Confederación Argentina. Detrás de las cadenas, en primera línea de cara al enemigo, se ubicó el Republicano, uno de los buques encargados de defender la soberanía nacional. Su capitán era Tomás Craig, un marino de origen irlandés nacionalizado argentino. Los primeros ataques fueron a las 8 de la mañana; pasado el mediodía, ya sin municiones y para evitar que los enemigos tomaran el barco, Craig detonó sus últimos explosivos y lo hundió.El histórico hallazgo fue presentado el viernes pasado en la Municipalidad de San Pedro por las autoridades del Museo Paleontológico de esa localidad, que localizaron la embarcación, la comuna local y autoridades del ministerio de Defensa de la Nación y la Armada Argentina.   La embarcación hallada es del tipo "Bergantín Goleta" y había sido ubicada por el general Lucio Mancilla en uno de los extremos de la línea de cadenas dispuesta a lo largo del Paraná para reforzar e impedir que la flota anglo francesa corte esa línea y avance aguas arriba del río.
El comandante de la nave Tomas Craig, al mando de 40 hombres, una vez que agotó las municiones de sus seis cañones y registrandose un incendio en el sector de proa por el fuego enemigo, tomó la decisión de hacer estallar el barco como estrategia de combate y antes de que fuera tomado por la flota anglo francesa.
Saucedo destacó que "cuando vimos la primera imagen enseguida dedujimos que era algún elemento de la batalla" y Aguilar refirió que "luego visualizamos que el elemento delgado era un mástil con su punta a unos 8,50 metros de la superficie y su base a unos 18,5 metros de profundidad". Posteriores imágenes emitidas por el sonar "revelaron que la base rectangular del mástil era la sección de popa de un casco de navío semienterrado que podía tener una longitud de unos 11 metros".
Aguilar destacó que "ninguna de las embarcaciones, salvo el Republicano, que dispuso Mansilla en la batalla para custodiar la hilada de cadenas tenía mástil, tampoco se produjo durante la batalla el hundimiento de ninguna embarcación enemiga, ni ninguna de ellas perdió un mástil, al tiempo que no se registraron naufragios en la zona con posterioridad a la batalla, el 20 de noviembre de 1845".
El comandante del área naval fluvial de la Armada, Germán Cibeira, destacó que "las evidencias son más que elocuentes, el Republicano fue un buque que perteneció a la Comandancia de Marina de aquella época y estuvo en la defensa en ese combate histórico, por lo que lo primordial para nosotros es rescatar ese patrimonio".
"Después de 170 años poder encontrar un navío hundido ex profeso como una táctica de combate es algo muy importante, probablemente no podamos reflotar la totalidad del barco, pero si recuperar sus partes como el mástil o el cañón para exponerlo en un museo", destacó Cibeira.
Javier Saucedo es un ex combatiente de Malvinas y fue uno de los que estuvo arriba de la lancha que descubrió el barco que protagonizó esa epopeya patriótica, por lo que el hallazgo le despertó sensaciones mas especiales. "Esta es la segunda vez que la vida me pone como un actor en primer plano de una porción de la historia argentina. Cuando era muy joven, a los 19 años, con mi querida Fuerza Aérea, tuve la oportunidad de vivir en primer plano una lucha tan cara a los argentinos", dijo Saucedo.
Y añadió: "Ahora, por esas cosas de la vida por segunda vez el destino me vuelve a brindar la oportunidad de reflotar este tipo de cosas. El día del hallazgo nos sentimos niños de nuevo, como sampedrino el amor a la Patria nos toca muy profundamente, porque para mí es como un viejo soldado que desde otro lugar sigue luchando".
El hallazgo fue corroborado en diciembre por la Armada Argentina, y ayer lo hicieron público las autoridades del Museo junto con funcionarios de la Armada, Ministerio de Defensa, el Senado provincial y el intendente de San Pedro. 
Si se observan las cartas náuticas de la zona, se puede ver que el punto de hallazgo se corresponde con el sector donde operó el Republicano. El hecho de que hoy se encuentre en el medio del río obedece a que, en estos 170 años, la costa frente a Obligado perdió más de 200 metros tierra adentro. Al momento de ser hundido por su capitán, el Republicano estaba anclado a una distancia de entre 50 y 80 metros de la costa de 1845”.
Solo medio barco quedó a salvo de que lo cubriera la sedimentación del río. “Esto puede obedecer a que la explosión inducida por Tomás Craig infligió mayor daño desde la mitad del buque hacia proa, mientras que la zona de popa se mantuvo entera. Al caer al fondo, el buque queda con su mitad anterior desarmada y aplastada, que luego será sedimentada con el pasar de los años, pero su mitad posterior, al mantener su altura, escapó del limo y todavía yace a la vista del sonar”, señaló Aguilar.
Según concluyeron los expertos, en todos estos años el Republicano no se movió porque estaba doblemente anclado para poder apuntar al enemigo y soportar la corriente del río sin moverse. Eso hizo que se hundiera en el mismo lugar donde combatía. El informe de los autores del hallazgo describe que el buque está sumergido en el fondo del Paraná “inclinado hacia proa y notablemente escorado hacia estribor”.
Luego de Obligado, Tomás Craig siguió sirviendo en la armada argentina y se mantuvo leal a Rosas. Alguna calle de Capital lleva su nombre; sin embargo, la figura de Craig es apenas recordada. Tal vez ahora adquiera otro relieve, gracias a ese mástil del Republicano que permaneció erguido durante 170 años, como sosteniendo la memoria de una batalla clave para que la Argentina fuera algún día un país independiente y soberano.