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viernes, 31 de mayo de 2024

Pancha Garmendia y Francisco Solano López....

Por Claudio Hernández
El gran amor de FRANCISCO SOLANO LÓPEZ fue PANCHA (FRANCISCA) GARMENDIA, antes que la irlandesa Elisa Lynch.. Era hija del español JUAN FRANCISCO GARMENDIA a quien JOSÉ GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA, en 1830, mandó fusilar. Su padre se llamaba como su abuelo. Su madre era DOLORES DUARTE. Solano López se habría enamorado de ella, sobre todo de su hermosura física (Alta, blanquísima, de cabellos muy negros y ojos profundamente azules), pero ella lo resistió, pues consideraba más importante su honesta virginidad que negociar su amor por intereses materiales o sociales, al convertirse en una de las numerosas amantes del hijo del presidente. Pero Solano López se sintió despechado por aquel osado rechazo de una mujer, era la primera vez que ocurría, tan despechado que se lo cobraría muy caro en el futuro. A pesar de la terca insistencia del hijo del Presidente CARLOS ANTONIO LÓPEZ, ella se mantuvo inalterable en el no que le había dado una y otra vez. Pancha le había dicho a Francisco Solano López que pretendía "ser esposa del elegido de su corazón, no la esclava de nadie". Temple no le faltaba a la Garmendia.
La GUERRA DEL PARAGUAY -como se conoció lo que también se llamó LA GUERRA GRANDE o LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA o contra la TRIPLE ALIANZA-, de 1864 a 1870, fue una desigual lucha en la que el gran derrotado fue el pueblo paraguayo. Era falso lo que decía el texto del Tratado de Alianza contra el Paraguay firmado por representantes plenipotenciarios de Argentina, Brasil y Uruguay al señalar que la contienda bélica no era "contra el pueblo del Paraguay sino contra su gobierno" (Artículo VII). Si solo hubiese sido contra López y su entorno ¿por qué la población de 800.000 almas quedó reducida a 14.000 hombres y 148.000 mujeres nada más?.
Ya inmerso en la trinchera de la guerra, López peleaba en dos frentes: con los enemigos externos que se abalanzaban sobre su ejército y con los internos, que conspiraban para derrocarlo. O que él creía que lo hacían. El Tribunal de Sangre de San Fernando fue uno de los capítulos más negros de esta triste historia.
PANCHA GARMENDIA había logrado sobrevivir por encima de las acusaciones y las intrigas. El mismo López pudo haber intervenido para ponerla a salvo, ya que su voluntad estaba por encima del parecer de sus acólitos.

No pudo, sin embargo, llegar viva al final de la guerra. En ITANARÃ, cerca de VILLA YGATIMI -que hoy está en el Departamento de Canindeyú- se vio envuelta en un intento de envenenamiento del Mariscal quien le mandó decir -a estar por lo que contaba el exfiscal, coronel SILVESTRE AVEIRO-, que le perdonaría si contaba lo ocurrido e involucraba a inocentes. Ella negó su participación en el hecho investigado y también se negó a seguir las instrucciones recibidas. "El coronel Aveiro afirma que al fin lloró y dijo que todo lo que se le preguntaba era cierto", cuenta Fidel Maíz . El castigo fue la despiadada muerte a lanzazos el 11 de diciembre de 1869.

martes, 31 de enero de 2023

1ro de Marzo de 1870: muere Francisco Solano López y termina la guerra fratricida

por el Prof. Jbismarck
El 1° de marzo de 1870, en las riberas del Aquidabán, el mariscal Francisco Solano López fue muerto por un lanzazo de Chico Diabo. Esta es la versión oficial, pero hay testimonios que la contradicen. José Francisco Lacerda (1848-1893), apodado Chico Diabo, fue un cabo en el Ejército Imperial de Brasil quien peleó en la Guerra de la Triple Alianza, ganando fama por matar al presidente paraguayo Francisco Solano López en el Combate de Cerro Corá. Chico nació en una familia pobre. En 1865, Chico se unió a un destacamento de Voluntarios de la Patria. En 1870, Chico, siendo cabo, ganó fama por dar muerte a Francisco Solano López con una lanza en el Combate de Cerro Corá​. La herida fue aparentemente fatal, luego el soldado João Soares también le disparó con un revolver al Presidente López. ​ Es posible que Chico halla fallado a la hora de obedecer las órdenes, ya que se demandaba que Francisco Solano López sea capturado vivo. Chico fue premiado al igual que cientos de jóvenes que participaron en batalla (llamados "vaquilhonas"). El también tomo el oro que conlleva haber ultimado al dictador. El oro fue grabado con las iniciales " FL " que por coincidencia también coinciden con las iniciales de Chico. La lanza usada para matar a solano se encuentra en el Museo Histórico Nacional (Brasil), en Río de Janeiro. Al mismo tiempo, el nombre de Chico fue ensalzado con canciones a su nombre como "O Cabo Chico Diabo, do diabo Chico deu cabo". Después de volver de Paraguay in 1871, Chico se casó con su prima, Isabel Vaz Lacerda, con quien tuvo cuatro hijos, y trabajo como capataz en distintos ranchos de la zona. El murió repentinamente en 1893 cuando estaba en Uruguay al servicio de Joca Tavares. Años después, su viuda contrato a un uruguayo que trajera los restos a tierras brasileñas. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la guardia, in Bagé. En 2002, la sociedad de investigadores locales coloco una placa memorial sobre su tumba).
Los testigos oculares de la muerte de López niegan que éste haya sido muerto por un lanzazo de José Francisco Lacerda. Por ejemplo, la declaración del mayor José Portes de Lima Franco, refiere que "el 1° de marzo de 1870 yo formaba parte del Estado Mayor del general Cámara, como su amanuense, y, con el mismo general, asistí a la muerte del Dictador, que murió por heridas de bala y no por un lanzazo. Cayendo junto a la zanja del Aquidabán; fue López alcanzado por el Estado Mayor de Cámara y nosotros, los de ese Estado Mayor, verificamos que el Dictador estaba herido de bala. Entonces, aproximándose, dijo el general al mariscal paraguayo: '-Entregue su espada. Yo, general que comando estas fuerzas, le garantizo su vida'. A lo que respondió el mariscal: '-¡Muero por mi patria!' y lanzando un golpe de espada, ésta tocó la fusta del general Cámara, que se encontraba cerca. Entonces, dijo el general: ' Desarmen a ese hombre y tráiganlo a las tiendas'. En ese momento, un soldado se aproximó a López y lo hirió nuevamente, diciendo: '-Incluso usted, mi general tiene contemplaciones para con este hombre!', y, de esta forma, López cayó al suelo herido de muerte. Posteriormente, su cadáver fue saqueado y colocado boca arriba, siendo cercado por media docena de oficiales. Un alférez del norte se aproximó rápidamente al cadáver y con un facón cortó la oreja izquierda del mariscal paraguayo, diciendo: '-Fue una promesa que hice en mi tierra, llevar la oreja de López!'. 
Luego que López murió, llegó el coronel Jóca Tavares y señalando la herida que el mariscal tenía en el vientre, dijo a unos médicos que hasta allí llegaron: '-¿No es una herida de lanza?'. Respondiéndosele: '-Parece'. Los médicos apenas observaron el cadáver, sin examinarlo. Verifiqué luego la herida. Era de bala. Llegando la madre y las hermanas de López, aquella se mostró muy conmovida e inconsolable, al tiempo que una hermana suya decía, sin signo alguno de piedad: llores madre, que este hombre no supo ser ni hijo ni hermano!'. Madama Lynch, obsequiándome un paquete de habanos que tenía en su carruaje, y sabiendo que el general Cámara me había encargado la misión de enterrar el cadáver de López, me pidió encarecidamente que enterrase juntos a padre e hijo (López y el coronel Panchito).  Atendí a su pedido, ordenando que la fosa fuera abierta por paraguayos y asistí al entierro de ambos. Al día siguiente, cuando nos marchábamos a Concepción, el coronel Jóca Tavares dijo en el Estado Mayor: '-Quien mató a López fue mi trompetista mayor, Chico Diabo. Le había prometido un ciento de Reis en dinero, pero le daré eso en ganado, para que no gaste muy de prisa'. El general Cámara y el mayor José Simeáo se volvieron hacia Jóca Tavares, pero no dijeron nada, a pesar de saber que López no había sido muerto por Chico Diabo, porque el coronel Jóca era violento, impulsivo y muy temido. Era un valiente militar. Días después, José Simeáo fue el encargado de redactar el velatorio o parte oficial para que el general Cámara lo firme. Escrito en tiras de papel, lo copié y lo entregué, siendo firmado por el general, con fecha de 13 de marzo de 1870. Así, como testigo ocular de la muerte de López, afirmo bajo mi fe de veterano de la patria y de hombre de bien, que Chico Diabo (José Francisco Lacerda) no fue el ultimados de López, que pereció victimado por un tiro y no por lanzazo".    Según el testimonio del ayudante Franklin Merma Machado, hecha el 26 de mayo de 1920 y publicado en el Jornal do Commercio, de la dudad de Pelotas, "Atacando el paso del Aquidabán y tomando a la fuerza, pudimos felizmente, llegar al campamento de López. El Dictador, en ese instante, habiendo sido encontrado por el coronel Joao Silva y su Estado Mayor, trató entonces de huir, escuchándose de todos los lados gritos de '-¡Ahí va López!'. El general Cámara ordenó perseguir implacablemente a López; entonces, yo y el teniente Alfredo Miranda Pinheiro da Cunha, también ayudante del general, y dos plazas más, uno de ellos Francisco Lacerda, nos adelantamos en la dirección que suponíamos conducía a López. Llegando a cierto lugar, vimos 'a una cierta distancia, cerca del bosque a López caminando y sin sombrero, y acompañado de dos ayudantes. Más tarde, él y sus ayudantes se dirigieron hacia la tienda del Aquidabán. Bajando a dicho barranco, López se volvió con sus ayudantes y, con la espada en guardia, nos enfrentó. En este instante dirigí al grupo que estaba a diez pasos más o menos, un disparo de revólver, que hirió a López gravemente en el vientre, zona que se tiñó inmediatamente de sangre; volví a disparar, verificando que también había alcanzado a López en el vientre. En ese momento, el tirano cayó de rodillas, pero empuñando todavía la espada. Uno de sus ayudantes huye y el otro cae muerto por una bala disparada por el soldado Joao Soares. En ese ínterin, llega el general Cámara e intima a López a rendirse, diciéndole que garantiza su vida y que él es el comandante de aquellas fuerzas; López respondió que no se rendía y que iba a morir por su patria. Ordenó, entonces, el general Cámara a un soldado del 9° Batallón de Infantería que lo desarmara. El Dictador hizo movimiento con intenciones de herir al general Cámara; acto seguido, dicho soldado le sacó la espada y López cayó a tierra, agonizante. Estaba sin gorro, de pantalones azules con galón de oro, camisa fina, chaleco, botas Millie. En el bolsillo del chaleco tenía un reloj de oro, que el general Cámara obsequió a uno de los museos de la Corte. En la tapa superior, se veían las tres letras iniciales de la firma F.S.L.; en la otra, los escudos de la República: el gorro frigio sobre un mástil, cuyo pie descansaba al lado del león de Castilla y las palabras: Paz y Justicia; en el anverso: República del Paraguay. En el bolsillo de la blusa había dos estilógrafos, un anillo de marfil con la habitual inscripción de vencer o morir, que el coronel Tavares recogió y ofreció a Su Alteza, además de algunos papeles en blanco".
La declaración de otro protagonista de Cerro Corá, el mayor José Simeáo de Oliveira confirmando que el mariscal López fue muerto por los tiros de revólver disparados por el alférez Franklin. Recibiendo orden de rendirse y desobedeciendo a tal orden, luchó con un soldado que intentaba desarmarlo, siendo herido más una vez con un tiro en la región clavicular izquierda, expirando en esa ocasión, siendo su último agresor el soldado limo Soares".  Según el parte enviado por el general fosé Antonio Correia da Cámara, redactado el mismo día de la finalización de la guerra, dio cuenta lo siguiente: 'Campamento en la izquierda del Aquidabán, de marzo de 1870. "Ilustrísimo y Excelentísimo Señor: "Escribo a V. E. desde el campamento de López en medio de la sierra. El tirano fue derrotado y no queriendo entregarse fue muerto al instante. Le intimé la orden de rendirse cuando ya estaba completamente derrotado. Doy los parabienes a V.E. por la terminación de la guerra, por el completo desagravio que ha tomado el Brasil del tirano del Paraguay. El general Resquín y otros jefes están presos. Dios guarde a V.E. José A. Correia da Cámara Al excelentísimo Mariscal de Campo Victorino José Carneiro Monteiro (Archivo Militar)".
En correspondencias posteriores confirma que no fue Chico Diabo el asesino del mariscal López. Por ejemplo, en una carta a un periodista del diario La Nación de Buenos Aires, fechada el 4 de abril de 1870 refiere que López "procurando resistir, fue muerto. Y así las balas de nuestros soldados pusieron término a la vida de López". Años después, seguía sosteniendo la misma versión. En una carta dirigida al consejero Schneider el 9 de marzo de 1883, decía: "El cabo Francisco Lacerda no fue quien ultimó al mariscal López. López murió por herida de bala recibida en el vientre y de esa exposición verídica nadie tiene derecho a dudar para creer en lo que dicen los mal informado?. El Ministerio de Guerra brasileño confirma las versiones contrarias a que fue Chico Diabo el asesino del mariscal. Según documentos del Ministerio de Guerra brasileño, fechados en 1871: "El último tiro disparado en las márgenes del río Aquidabán fue realizado por un soldado brasileño, que así puso término a la guerra de cinco años, la cual nos provocó y nos hizo el feroz dictador del Paraguay.   Por su parte, el general Francisco Alves de Nacimiento Pinto, teniente cuando los hechos de Cerro Corá, a pedido del profesor Francisco Assis Cintra declaró que "estando en Concepción en ocasión de la muerte de López y del regreso de las tropas del general Cámara de Ceno Corá, escuché de los testigos que el Dictador había muerto por tiro y no por un lanzazo enviado por Chico Diabo".
La versión de que fue Chico Diabo el autor del asesinato del mariscal López provino de una imprudencia del príncipe Gastón de Orleáns, conde D'Eu y generalísimo de las fuerzas aliadas: En un parte oficial, fechado el 13 de marzo de 1870, señaló que "Por comunicaciones verbales y otras sin carácter oficial, pasibles de error, constan los siguientes pormenores:... El ex dictador, no queriendo atender a la orden de rendirse, fue muerto por un cabo del cuerpo 19° de Caballería, conocido por el nombre de Chico Diabo".
Bibliografia
Benítez, Justo Pastor. Carlos Antonio López
Cristaldo Domínguez, César (2011). Colección PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA. Francisco S. López.
García Mellid: Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay
Herrera: El Drama del 65, la Culpa Mitrista
O'Leary, Juan: El Mariscal Francisco Solano López 
Pomer: Guerra del Paraguay. Estado, Política y Negocios
Resquín: Datos Históricos de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza
Rosa José María: Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas 
Thompson: La Guerra del Paraguay 
 Whigham Thomas- La Guerra de la Triple Alianza

jueves, 31 de marzo de 2022

1859. Solano López: La forja de un agresor.

 Por Jorge Enrique Deniri y Dardo Ramírez Braschi

Abril es un mes agridulce para la Ciudad de Corrientes. A las mieles del día tres, con la conmemoración de la fundación de la ciudad, la única en el Río de la Plata que lo fue por mano de un Adelantado, el legendario Juan Torres de Vera y Aragón, lo sigue el acíbar del ataque a traición perpetrado por el ejército y la armada paraguayas el día 13, por orden del tirano Francisco Solano López. A la hora de sacar las cuentas, la Historia es pródiga en agresores aleves e invasiones perpetradas a traición. Desde el prusiano Federico II invadiendo Silesia (Polonia), hasta Putín haciendo lo propio con la vecina Ucrania. La única diferencia es que Federico invadió sigilosamente, y el ruso estuvo haciendo alardes desde un tiempo antes como si dijéramos “practicando” con su ejército concentrado en la frontera, pero, claro, siempre negando enfáticamente lo que pensaba hacer. ¿Y cuáles eran las motivaciones de aquel Federico del siglo XVIII? Diríamos que son modélicas al momento de la interpretación histórica, y fueron reseñadas en su momento por los estudiosos del pasado. Parafraséandolos: Un corazón ávido, una bolsa repleta y un ejército preparado. En ambos casos, desde luego que podrían argüirse muchos elementos más, pero lo que muestran en común ambos invasores es la falta de escrúpulos, el ruso suma el cinismo y el doblez.
Por su notoria destreza militar, Federico II, merecidamente o no, ha pasado a la Historia como “El Grande”. Putín…habrá que ver, porque hasta ahora es algo así como “el hombre de la bolsa” para Occidente, a pesar de la poderosa campaña de desinformación que desarrollan los servicios y espías del ex KGB, fabulando teorías conspiranoicas según las cuales los tenebrosos estadounidenses operan en Ucrania, ¡mediante neonazis!, laboratorios tipo Wuhan donde se busca clonar seres humanos, crear falsas vacunas que conviertan en zombis a los que se las apliquen, y cosas así. ¿Y qué tiene todo esto que ver con las notas que venimos pergeñando? Vale aquí recurrir a Cervantes, maestro de maestros, cuando habla de la Historia como maestra del pasado y advertencia de lo porvenir. Evocación o augurio, lo cierto es que para nuestro arbitrio, entre Federico y Vladimir, aparece un personaje que siempre da para señalar algo más: Francisco Solano López.
Insistimos en que fue un agresor, y fue un invasor, a usanza del prusiano de ayer y del ruso de hoy. Y siempre recurriendo al ataque aleve, sin declaración de guerra, sin aviso alguno. A Brasil lo invadió en el Matto Grosso, pese a que sus presuntas justificaciones las estableció autoproclamándose campeón de la causa de uno de los sectores en pugna en la Banda Oriental, como quien dice, bien pero bien al sur, y, más que con escasa, con ninguna conexión con los diferendos que sostenía con el Brasil, que derivaban de la pretensión paraguaya de negar a los brasileños la navegación del río Paraguay, lo que en aquella época les hacía casi imposible mantenerse en contacto con su provincia matogrosense. Por cierto que, buena, mala o peor, esa pretensión de vallar el río sí es posible vincularla con un interés directo del dictador paraguayo en contra del Brasil, pero ¿qué tenía eso que ver con el Uruguay? Presumiblemente, esa autoproclamación lopista como adalid o campeón de un sector de los orientales, viniera a cuento o no, el proclamarse paladín de la causa de un tercero ajeno, se asentaba sobre el papel que había jugado cinco o seis años antes, en 1859, al haber intervenido como mediador entre Urquiza y Mitre durante los sucesos relacionados con la batalla de Cepeda, que condujeron al Pacto de San José de Flores, escenario en el que Solano López desempeñó un papel tal como para almibarar su megalomanía, justificándole, presumiblemente, auto percibirse como una figura de relieves continentales. Una publicación argentina, exalta esa actuación de Solano López afirmando que “Terminada tan felizmente su misión diplomática, resolvió Solano López, regresar a su país. El día de su partida…el pueblo de Buenos Aires le preparó una grandiosa despedida. Desde su alojamiento hasta el puerto, las calles fueron adornadas con arcos triunfales, siendo profusamente embanderada la ciudad. Cuando apareció el ministro paraguayo, se organizó una inmensa columna, que le acompañó entusiasmada…Al subir a bordo del Tacuarí, el pueblo estalló en un viva clamoroso al Paraguay y al general Francisco Solano López, mientras la banda de músicos ejecutaba el himno nacional paraguayo y la plaza atronaba con una imponente salva de artillería.
Bajo tan gratas impresiones, la gallarda nave paraguaya levó anclas, contestando con otra salva de artillería, mientras en lo más alto de su mástil la bandera tricolor, acariciada por las brisas del Plata, parecía también agitarse en un gesto de cariñosa despedida…”.
¿Fue “tan”así? Porque mientras se embelesa con las mieles de su actuación como mediador, Solano López resulta víctima de las secuelas del incidente paraguayo con la corona inglesa por el asunto Canstatt, un súbdito británico nacido en la Banda Oriental, al que por cuestiones de negocios Carlos Antonio, el dictador, reduce a prisión, acusándolo de estar comprometido en una conspiración para asesinarlo. A comienzos de agosto de 1859, el cónsul inglés en Asunción intima a López padre para que en un plazo perentorio libere a Canstatt y lo indemnice, pero éste se niega, enconando el conflicto. A todo esto, el 27 de septiembre, el vapor de guerra Tacuarí, conduce a Buenos Aires a Francisco Solano, acompañado de un ampuloso “séquito”, según lo califican publicaciones lopistas, para actuar como negociador entre Urquiza y Mitre. En ese momento no hay arreglo sin embargo, y el 23 de octubre Urquiza resulta vencedor en la batalla de Cepeda.
La actuación posterior de Francisco Solano lo expone como un diplomático dedicado y eficiente, contrariamente al escrito de Alberdi, que en 1856 informa desde París que el entonces general paraguayo se halla en aquella capital, pintándolo como un “mozalbete malísimo y calavera, que no promete al Paraguay más que derrotas”. Abad de Santillán por su parte, afirma que “se consideraba nacido para desempeñar un gran papel histórico, como el establecimiento de un gran imperio, para lo cual gestionó el casamiento con una princesa imperial brasileña”. Demás está decir que nunca obtuvo contestación de los Braganza, que a buen seguro lo consideraban un arriviste. Autor hay, que sin mayores elementos de prueba considera que el ataque pirático al Marqués de Olinda y la subsiguiente artera invasión al Matto Grosso, guardan relación con ese desaire que debe haber resultado insoportable para su sobrevaluado ego.
Como sea, su protagonismo en relación con el Pacto que finalmente se firma entre Buenos Aires y la Confederación, el de San José de Flores, resulta insoslayable y realmente le hace honor. Pero, en medio de esa atmósfera de inciensos, el almirante inglés de estación en el Río de la Plata decide capturarlo para convertirlo en rehén por el conflicto Canstatt, y el 29 de noviembre de 1859, dos naves de guerra británicas atacan al Tacuarí cuando intenta abandonar el puerto. Solano López debe poner pies en polvorosa, abandonando el vapor, que queda bloqueado por los británicos. Él, se ve compelido a viajar por tierra hasta Paraná y allí abordar el Igureí, para, sin pompa alguna, oscuramente, retornar a la Asunción. El Tacuarí sólo será devuelto después que Canstatt es liberado en Corrientes, el 30 de enero de 1860.
Creemos que este incidente, que esmerilaba severamente los recién forjados laureles lopistas, omitido en las historizaciones comunes, tanto paraguayas como argentinas, evidencia cuál era realmente el “prestigio” y la influencia que detentaba Solano López ante el principal proveedor de técnicos y maquinarias y armamentos europeo del Paraguay. Porque – hay que decirlo -, la realidad es que, desde el mismo Tacuarí, botado en un astillero británico, hasta los cañones taladrados por los paraguayos durante la guerra de 1865 – 1870, eran obra de ingleses. Y la misión oficial de Solano López en Europa, además de tomar posesión del Tacuarí, había consistido en llevar adelante la contratación de técnicos e ingenieros ingleses y la adquisición de armamentos y maquinarias británicas para dotar los arsenales y promover el desarrollo industrial paraguayo. Pese a ello, a la hora de resolver un entredicho por un oscuro comerciante hijo de británicos, los ingleses lo trataron como a un forajido común y corriente, un bandolero sudamericano más.
Queda por justipreciar en qué medida su contacto con Urquiza y Mitre con ocasión del pacto, tuvo influencia para que, apenas un lustro más tarde, creyese posible hacer su voluntad, convirtiendo en un aliado al uno y plegando a su capricho la conducta presidencial del otro.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Fuego contra fuego: Corrientes y el Paraguay

 Por Junta de Historia de la Pcia. de Corrientes: Dr. Jorge Enrique Deniri (Presidente): Dr. Dardo Ramírez Braschi (Secretario).  

Desde el mes de mayo de este año, venimos desgranando una serie de notas englobadas a partir de septiembre bajo el título de “Fuego contra fuego”, que aspiran no sólo a dar respuesta, sino especialmente a hacer docencia sobre la verdadera Historia de las duras relaciones entre el Paraguay y Corrientes, desde su mismo origen en los tiempos coloniales, pero en particular a partir del año 1810 y hasta la agresión, invasión y ocupación paraguaya de la provincia, perpetrada por el ejército paraguayo cumpliendo las órdenes del tirano paraguayo Francisco Solano López, el 13 de abril de 1865.

El disparador de las notas, que como tales se constituyeron en ajustadas investigaciones semanales incluso de contiendas poco menos que desconocidas, como la guerra de los Virasoro en 1849, fue lo que ya entonces calificamos de “demanda absurda”, perpetrada ante tribunales argentinos por un ignoto “Instituto Paraguayo Amigos de los Niños, Adolescentes y Jóvenes “I.P.A.N.”  a través de un abogado ¿argentino? llamado Juan Carlos Muro Segovia, con asistencia de algunos letrados paraguayos, todos residentes en Asunción.  El absurdo parte del reclamo de ciento cincuenta billones de dólares ¡150 billones!, pero sobre todo de la naturaleza misma de la demanda, que arranca de la exégesis de hechos que se pretenden ocurridos, desde la misma entraña del pasado colonial, hasta una actitud de victimización unilateral y absoluta del Paraguay, como “víctima inocente” de una guerra que habría sido querida y declarada no por Paraguay sino por otras tres naciones que se unieron para aplastarlo gracias a la sumatoria de sus ejércitos, llevando a cabo un verdadero “genocidio”.   Muy sintéticamente, ya dijimos meses atrás que esa demanda constituye “una formulación negacionista. Novedosa, porque acopia y desarrolla todos los argumentos según los cuales Paraguay fue una víctima de sus vecinos poco menos que indefensa, y hace de Francisco Solano López, en vez de un déspota sanguinario que no dudó en asesinar incluso a sus familiares más cercanos, un héroe de leyenda”. Allí germinó el encabezamiento reiterado de nuestra labor periodística, “para establecer cuáles deberían ser las bases de una contra demanda un “fuego contra fuego” de Corrientes, por los indescriptibles daños y perjuicios sufridos durante la ocupación paraguaya, entre mediados de abril y fines de octubre del año 1865”.   Abundamos entonces, destacando que aunque el “relato” impuesto por la historia novelada paraguaya y sus simpatizantes,  corifeos y crédulos de la Argentina, “insiste y persiste una y otra vez en que nuestro país no sólo devolvió los trofeos conquistados con su sangre por nuestros soldados en aquella infausta guerra no provocada por nosotros, sino en que  condonó al Paraguay la deuda de guerra que libremente había aceptado pagar”, esa es simplemente la siempre falsa “historia oficial”, porque  “la deuda del Paraguay con los correntinos, con los “privados” que fueron requisados, saqueados, robados, violados y demás, en aquellos meses infernales en que el invasor paraguayo holló con su bota el suelo de nuestra provincia, esa deuda nunca se menciona, no aparece por ningún lado, se la omite a tal punto que es prácticamente desconocida no sólo de los correntinos, sino de todos los argentinos, y, peor aún, de todos los habitantes de las otras naciones que integran nuestra cultura, el Mundo Occidental, que creen ciegamente que sólo el Paraguay sufrió, y que ese sufrimiento fue totalmente inmerecido, gratuito, e impuesto por la crueldad de los vencedores”.

Pero… ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “historia novelada” y en qué difiere y cuánto se aproxima a la “novela histórica”. El problema es en qué medida estamos hablando de la historia como ciencia o como literatura: Años atrás, el doctor Carlos María Vargas Gómez dedicó largo tiempo a identificar claramente cuándo estamos en presencia de una novela histórica y cuándo enfrentamos una historia novelada. Muy escuetamente, concluyó en que la novela histórica rellena los vacíos históricos documentales con conjeturas creíbles pergeñadas por el escritor, que hacen más entretenida o atractiva la narración, mientras que la historia novelada persigue una finalidad, busca alcanzar un fin  a través de la invención de eventos, motivaciones y personajes, tiene una intención demasiadas veces inconfesada.

Por eso, aseveramos que luego de la contienda, el Paraguay, atraviesa historiográficamente una prolongada etapa revulsiva, en que la figura del déspota Francisco Solano López es ampliamente investigada y durísimamente enjuiciada por los mismos historiadores paraguayos. “El estado de postración y abatimiento en que cayera el Paraguay como consecuencia de la guerra, potenció en los sobrevivientes, junto al sentimiento de humillación por la derrota, un odio visceral a la figura de Francisco Solano López”.

Luego, con el nuevo siglo, el llamado “novecentismo”, desarrolla un proceso histórico reivindicador, por obra de un hijo del déspota, Enrique Solano López (vuelto al Paraguay en 1885), partiendo de su periódico, “La Patria”, con el auxilio erudito aunque mercenario de Juan Emiliano O’ Leary, cabeza de un revisionismo tan potente y exitoso que sería llamado “El Reivindicador”.

La vindicación final de Solano López es obra de un nuevo dictador, Alfredo Stroessner, con lanzamiento oficial el 1 de marzo de 1970, cuando en horas de la mañana todo el Paraguay guarda “un minuto de silencio en homenaje a la memoria de Francisco Solano López, muerto exactamente un siglo atrás”.

Ese revisionismo reivindicador,  Stroessner lo asocia a la figura de Bernardino Caballero, “un general de Solano López que, caso excepcional, logró sobrevivir a las sangrientas purgas del déspota, y luego de caer prisionero, se transformó prontamente en agente brasileño y fundador del Partido Colorado paraguayo”.

El relato elaborado por O’ Leary y los intelectuales asunceños identificados como “los novecentistas”, es asumido como emoliente primero y como exaltación después de una nueva épica paraguaya, capaz de restañar las heridas producidas por la guerra en la autoestima nacional, partiendo de la apoteosis de  Francisco Solano López. Reivindicado el tirano y repuesto como figura paradigmática, héroe epónimo del patriotismo ultramontano paraguayo, las izquierdas antiimperialistas de la guerra revolucionaria cubana lo proponen después, falsamente como paladín antibritánico.

De la compleja trama que ofrece tan extenso proceso histórico, sólo, desarrollamos hasta ahora los episodios que evidencian el carácter de agresor sistemático que el Paraguay asume respecto a Corrientes, desde que se inicia el proceso emancipador en 1810, – gesta revolucionaria continental de la cual Paraguay no participa - , hasta el año 1865.

Así, primero con Gaspar Rodríguez de Francia, luego con Carlos Antonio López, finalmente con Francisco Solano López, el Paraguay, una y otra vez, contra lo que aduce la fábula, - el “relato” negacionista de su revisionismo -, invade Corrientes una y otra, y otra vez, y debe ser repelido y expulsado por la fuerza de las armas, aunque en definitiva termina ocupando y manteniendo “manu militari”, una franja del suelo del Norte de Corrientes, entre los ríos Paraná y Uruguay, desde la Tranquera de Loreto hasta el Aguapey. La Guerra del Paraguay devuelve ese espacio a Corrientes, hasta que los dislates negacionistas del revisionismo paraguayo reciente, vuelven a ponerlo sobre el tablero, como está sucediendo ahora en relación con los continuos incidentes en torno a la isla Apipé.

No cabe ninguna duda que con lo expuesto hasta ahora, fundamentamos apropiadamente aseverar que Solano López fue quien atacó a la provincia de Corrientes sin excusa ni justificación alguna, por más que haya pretendido después culpar al gobierno argentino de entonces por no haber accedido a sus demandas de cederle soberanía para atravesar el territorio nacional. En todos los hechos que analizamos, el agresor, el atacante y siempre por sorpresa, “a traición” como se dice vulgarmente, fue, por turno, uno de los dictadores paraguayos.......

viernes, 30 de julio de 2021

La guerra "olvidada" de Paraguay contra la Confederación Argentina

 Por Emilio urdapilleta   

Contrariamente a lo que se estableció en la historiografía paraguaya, nuestro país tuvo muy pocos momentos de paz a nivel internacional desde que se inició su Independencia en 1810. El Dr. Francia enfrentó con las armas varias amenazas extranjeras, contra los bandoleros de Artigas (su prisionero de guerra) y el Gral. Ferré.  Murió convencido de que «los cañones eran la mejor protección para la Patria antes que los Santos». Y aunque el llamado «Restaurador de las Leyes» de Buenos Aires, Gral. Juan Manuel de Rosas, tenía una gran consideración hacia el pueblo paraguayo y su Supremo Dictador, eso no evitó que Paraguay y los Porteños entraran en una guerra abierta y declarada que duró más de seis años.

Siguiendo la tradición política del país, una Junta Militar encabezada por Medina, Ortiz y Roque Alonso (con diferencias entre ellos) convocaron al Congreso Nacional para elegir al nuevo gobernante del país.   De idéntica manera a lo ocurrido en el Primer Consulado, el más prestigioso Jefe Militar era el Cnel. Mariano Roque Alonso, quien conformó el Gobierno con el más prestigioso de los civiles, el Dr. Carlos Antonio López Ynsfrán, ahijado del Supremo Dictador, ex profesor de Teología del Colegio de Asunción y abogado del fuero civil. Todo se siguió meticulosamente. Los paraguayos, siguiendo la línea de su tradición, hicieron desaparecer al Consulado cuando el Jefe Militar Roque Alonso entregó todos los poderes al Jefe Civil, con aprobación del Congreso (tal cual ocurrió 30 años antes, cuando el Cnel. Fulgencio Yegros entregó todo el poder civil al Dr. Francia).

Se podría decir que los Jefes Militares eran como «senescales» que resguardaban el «trono» hasta que el legítimo «Regente» fuera establecido. Don Carlos intentó por todos los medios negociar pacíficamente con Juan Manuel de Rosas. Desde 1842 hasta 1844, todo fue diplomacia y búsqueda de amistad.  Incluso envió una comitiva a Buenos Aires, encabezada por su primo hermano Manuel Pedro de la Peña y en la que se encontraba el joven de 15 años de edad, Francisco Solano López Carrillo, recién egresado de la escuela del Prof. Escalada. Al estilo de las monarquías tradicionales, el joven delfín iba para ser «ojos y oídos» del regente.    Conoció en persona al Dictador Porteño, que desde entonces sintió profundo cariño hacia el joven por sus modales, rectitud y cultura. Manuel Pedro de la Peña entró en contactos con los exiliados del Dr. Francia (los que posteriormente serían llamados «los legionarios») y además realizó un malgasto del dinero de la delegación.

Esto no pasó desapercibido por el «delfín» quien informó plenamente a Don Carlos. La consecuencia fue que Manuel Pedro de la Peña fue severamente reprendido a su regreso a Asunción y despojado de sus cargos políticos.

Este decidió auto-exiliarse y luego declaró una guerra personal contra los López, que quedó registrada en varios de sus escritos. Lo cierto es que a pesar de todos estos intentos, Rosas no reconocía la independencia paraguaya para desesperación del Gobierno Nacional. Error político y diplomático del Restaurador Porteño que fue prontamente aprovechado por los avezados e insidiosos agentes de Itamaraty.

El Imperio del Brasil, en larga guerra contra Rosas, vio una posibilidad para poder debilitar y quizás destruir a los Porteños. Sin pérdida de tiempo envió a un prestigioso diplomático, José Pimienta Bueno, como el Ministro Plenipotenciario de Brasil ante Paraguay. (Cabe recordar que el Dr. Francia mantuvo relaciones cordiales con Brasil, incluso llegó a tener un Chargé d’Affaires acreditado en Asunción, Antonio Correa da Cámara).

El resultado de ese approach fue que Brasil fue la primera potencia internacional en reconocer la Independencia Paraguaya (de facto ya la había reconocido, como hemos mencionado, en tiempos del Dr. Francia). Pero ese reconocimiento oficial no venía gratis.

De manera secreta Don Carlos concretó una Alianza Ofensiva y Defensiva con Brasil y los disidentes argentinos que eran enemigos de Rosas y que tenían en Corrientes su cuartel general. Así, en Diciembre de 1845, Paraguay declara guerra al Gobierno de Buenos Aires y envía al joven Cnel. Francisco Solano López Carrillo como Jefe Expedicionario de Paraguay, unos 5.000 soldados que se unirían a las tropas antirrosistas lideradas por los generales Paz y Madariaga.

Juan Manuel de Rosas, retrato de 1842. De Raymond Auguste Quinsac Monvoisin – Este archivo, parte de la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes, ha sido publicado en Wikimedia Commons gracias a una colaboración entre el Museo Nacional de Bellas Artes y Wikimedia Argentina., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40768056

Las tropas paraguayas desembarcan en Corrientes desde Paso de Patria en Enero de 1846. Los problemas no se hicieron esperar. José María Paz y Madariaga tenían constantes diferencias. Los paraguayos fueron enviados a un mero rol defensivo a pesar de su número y poco o nada comunicaban al joven Cnel. Solano López sobre los planes militares. Esto obedecía a las eternas desavenencias políticas entre los argentinos: Madariaga bamboleaba entre bandos como hoja ante el viento de verano. Aceptando su rol defensivo, López tuvo tiempo de ver algunos combates menores en los que sus tropas lograban capturar convoyes enemigos e intercambiar tiros con los adversarios.

El combate más importante de los paraguayos fue en la zona de Jaguarete Cora, que dejó unos 50 muertos y heridos entre los argentinos con bajas despreciables entre los guaraníes. En esta expedición se unió a los paraguayos el Cnel. Pedro Abad Oro, instructor militar colombiano pero que daba mala espina por su condición de liberal y progresista de la época. López lo aceptó para aprender de él ciertas cuestiones militares, pero rápidamente fue expulsado del Ejército al ser descubierto dando discursos revolucionarios ante la tropa.

Esto aparentemente tuvo efecto pues algunos paraguayos desafectos con los López, aprovechando la situación, iniciaron una rebelión que fue bastante grave. El mismo Cnel. Solano López debió introducirse en medio de las tropas rebeldes, arriesgando su vida. Les enfrentó personalmente con su guardia personal, les derrotó y desarmó.

Carlos Antonio López. De Imp. Simonau & Toovey – Alfred Louis Hubert Ghislain baron Marbais du Graty – La República del Paraguay, J. Jacquin, 1862 (https://books.google.com.br/books?id=AimyGxVKnpgC&hl=pt-BR&source=gbs_navlinks_s), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=44787422

En juicio sumarísimo, siguiendo la draconiana disciplina que le caracterizó toda la vida, el futuro Mariscal hizo fusilar a todos los implicados, directos o indirectos. Fue la última acción en esa primera campaña, por órdenes de Don Carlos, a mediados de 1846 regresan los expedicionarios a Paso de Patria. La actividad del joven Solano López no terminó allí.  Mientras recibía instrucción del R.P. Bernardo Pares, el «delfín» se preparaba para organizar al nuevo Ejército. Cuando concluyó sus estudios regresó al frente y modernizó las defensas de Paso de Patria y la organización militar del Ejército.

La acción más temeraria de los paraguayos contra Rosas fue a inicios de 1848. El Gral. Solano López hacía largo tiempo buscaba recuperar el territorio de las Misiones, abandonado en manos de los porteños. Con la llegada de un emisario del Imperio Austrohúngaro (primera potencia europea en reconocer la Independencia Paraguaya, de la mano del Príncipe Klemens von Metternich, gran ariete de los reaccionarios europeos y artífice de la derrota de Napoleón en el Congreso de Viena), Cnel. Franz Wisner von Morgenstern, quien se puso bajo las órdenes del futuro Mariscal.

Este le dio la directiva de avanzar hasta la línea del Río Uruguay, en camino recto desde los antiguos caminos de San Borja y la Trinchera de los Paraguayos, más allá de la abandonada Fortaleza de San José. Wisner intentó avanzar sobre una posición rosista llamada «El Hormiguero», en la frontera con Entre Ríos, siguiendo la línea del Río.

En esa línea, atrincherados esperaban los hombres del Cnel. Virasoro, jinetes expertos que eran la primera línea de defensa de Rosas. La vanguardia paraguaya liderada por Wisner fue emboscada y estuvo a punto de ser aniquilada. El austrohúngaro pidió auxilio al Gral. Solano López, quien llegó milagrosamente al rescate, liberando a los asediados y emprendiendo retirada hasta la Trinchera de los Paraguayos, que partía casi por la mitad a las Misiones que hoy son de Argentina.

El futuro Gral. Virasoro cometió el mismo error que el Cnel. Wisner: lanzó una persecución a los paraguayos hasta su posición defensiva, y allí estos los esperaban preparados. Tuvieron su venganza, pues Virasoro se retiró con terribles bajas, unas 250 entre muertos y heridos. Esa fue la última y sangrienta acción. Luego, hubo una tácita tregua entre ambos bandos.

Los paraguayos ya habían cumplido ampliamente su parte para 1850 en la lucha contra Rosas. Pero Brasil volvió a acercarse a los López para solicitar una nueva Alianza. Don Carlos en esta ocasión fue más pedigüeño: la Alianza sólo sería defensiva, Paraguay quería recibir entrenamiento y modernización militar de Brasil y que su Independencia fuera reconocida por más países. A cambio, daría víveres y armas a los rebeldes, pero no aportaría soldados.

Brasil aceptó todo, no estaba para dar vueltas al asunto. Ese Tratado fue la base para que Paraguay y Brasil se hicieran «garantes» de la Independencia de Uruguay (fue recordado por el Mariscal López al estallar la Guerra de la Triple Alianza) y también para que varias potencias europeas reconocieran la Independencia Paraguaya. De allí la gran importancia que tuvo para el Gobierno de Asunción. Para Brasil en cambio, sólo era una herramienta más para derrocar a Rosas.

Barón de Coimbra, Gral Portocarrero, fue el instructor personal del Mariscal López. Le enseñó todo lo que conocía sobre artillería y fortalezas, y sus consejos fueron de vital importancia para la modernización de la Fortaleza de Humaita y el famoso «Cuadrilátero».

De allí que muchos brasileños siempre afirman que Humaita en parte, fue una obra brasileña. Aunque exagerado, no deja de tener algo de realidad. El Mariscal López y el Gral. Portocarrero se tuvieron inmenso respeto e incluso cariño.

El líder paraguayo siempre se refería a él como «mi maestro», y Portocarrero incluso tras la postguerra, nunca habló mal sobre López. Al contrario, destacada sus virtudes personales y como militar a pesar de que fueron adversarios. La ironía también cayó en este aspecto: en 1864 el Mariscal López ordenó el contraataque sobre Mato Grosso, cuyo principal defensor era «su maestro» Portocarrero en el Fuerte Coimbra. Los paraguayos sufrieron graves bajas en esa fortaleza pero el Gral. Portocarrero, considerando que no se podía defender la posición, ordenó abandonarla.

Fue sometido a «Corte Marcial», sospechado de «entenderse» con su ex pupilo Solano López, pero los cargos fueron levantados: era evidente que los brasileños iban a ser arrasados por los paraguayos en el durísimo Mato Grosso (lo que se volvió a demostrar en la trágica «Retirada de Laguna»).

El 3 de Febrero de 1851, Juan Manuel de Rosas fue definitivamente derrotado en Caseros. Paraguay hizo su parte importante desde 1845 para que eso se logre, y los López festejaron con todo derecho, legítimamente, la gran victoria diplomática y militar que obtuvieron. El Imperio del Brasil otorgó en persona al Gral. Solano López el título de Caballero de la Orden de Cristo, y enviaron por correo la Gran Cruz de dicha orden a Don Carlos. En 1853 – 1855, gracias a ese tratado entre Brasil y Paraguay, se pudo obtener el reconocimiento de la soberanía guaraní a nivel internacional por las grandes potencias europeas.

Era una victoria, pero no sin ironía. Los mismos que fueron aliados contra Rosas, terminarían aliándose contra Paraguay 15 años después. Pero esa es otra historia…